Miércoles 4 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara: IX Primavera Barroca. De locuras y tormentos: Raquel Andueza (soprano) y La Galanía. Obras de Bailly, Monteverdi, Cavalli, Lully y anónimos.
Raquel Andueza: locura sin tormento
05/05/2022
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Egeria y su viaje musical
20/02/2022
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Sábado 19 de febrero, 19:30 horas. Centro de Cultura Antiguo Instituto (CCAI), Academia de Música Antigua de Gijón: Egeria, Ad Loca Sanctum.
Gijón es desde hace años la capital de la llamada música antigua, cada vez más moderna, y tiene su público plenamente asentado en la villa marinera. Hace tiempo que mi admirado Mario Guada me descubriese en sus reportajes y críticas para Codalario a un grupo vocal femenino centrado en la investigación de la música medieval, y aún más en el periodo llamado Ars Antiqva; tras saber que Egeria venía a Asturias no podía más que tomar la Autovía Minera para disfrutar de una época poco escuchada en vivo aunque ya en mis años jóvenes de facultad me cautivasen aquellas músicas de Leonin y Perotin en la llamada Escuela de Notre Dame de París.
La conferencia previa con Lucía Martín-Maestro Verbo no solamente nos adentró en la figura de Egeria, la noble romana (gallega o berciana) del siglo IV que peregrinó a Tierra Santa documentándonos ese peregrinaje, y hasta podría afirmar que fue la primera musicóloga de la historia. También nos explicaría el itinerario que conforma cada concierto de esta formación femenina, como no podría ser menos ante el tributo a quien les da su nombre, cuatro mujeres jóvenes y preparadas, perfectamente afinadas desde un canto natural, cuatro solistas que se encuentran y comparten estas partituras con un empaste impecable, textos en latín de la propia Egeria traducidos y cercanos, un trabajo muy logrado en obras donde el fraseo encajaría a la perfección desde el latín vulgar, casi «pseudoeclesiástico» para una mujer piadosa como la española, de complicado tactus junto a los modos rítmicos escritos que encontraron acomodo también con la sencilla percusión del pandero cuadrado sin olvidarse de una delicada lira tanto para vestir la prosa como en la monodia y polifonía incipiente del Ars Antiqva, la modernidad actual de la música medieval.
El programa Ad loca Sancta es un itinerario propio de estas Egerias actuales afincadas en París, partiendo de la Galicia romana, pasando por la pura Castilla burgalesa, la Narbona de la Occitania francesa con sus trovadores y troveros, sus leyendas, la capital gala como cuna polifónica hasta cantar a la Jerusalén fin de este peregrinaje total de la noble romana al fin redescubierta y resucitada en las voces del hoy cuarteto Egeria.
El trabajo previo de búsqueda y preparación de las etapas musicales para este santo camino interior y real, emocional además de actual, parte de dos joyas hispanas no suficientemente escuchadas en vivo y que atesoran Santiago de Compostela y Burgos, saltando hasta el París siempre envidiable que cuida y presume de lo suyo, que bien se merece una misa, una cena, o un cuarteto español que como Egeria, continúa viajando y haciéndonos viajar con la música vocal.
El punto de partida será GALLAECIA y su Códice Calixtino, un «cancionero» de mediados del siglo XII del que Egeria seleccionó tres obras y autores: Ato episcopus Trecensis (ca. 1145)
Nostra phalanx, Magister Albericus archiepiscopus Bituricensis (ca. 1141)
Ad superni regis decus y Guillelmo patriarcha Iherosolimitano (ca. 1130)
Iocundetur et laetetur. Puesta en escena casi de tránsito basilical con homofonías perfectas «a capella», la música académica que podría ser popular en este punto geográfico de inicio y final desde tiempos remotos.
Segunda etapa CASTELLA, en Las Huelgas burgalés, más palacio por entonces que convento actual, atesorando la música para su uso y disfrute más que para mostrar al peregrino. Tres anónimos que Egeria eleva y compone la banda sonora de este viaje musical propio: Eterni numinis, O gloriosa Dei genitrix y Mater, patris et filia, conductus llegados de Notre Dame y engrandeciendo este Codex de las Huelgas, otra joya hispana manuscrita antes de pasar los Pirineos donde los trovadores pondrán música a los cantos marianos entendidos como «mundanos» en la línea de las infravaloradas Cantigas de Santa María o las de Martín Códax, que no por conocidas se escuchan en su totalidad. Voces capaces de expresar el avance que supuso armar cuatro voces con un ritmo escrito, respiraciones muy trabajadas y una técnica que hace fácil lo difícil desde unos colores naturales y ricos.
Ya en PROVINTIA NARBONENSIS la música trovadoresca con sus historias, primero Peire Vidal (1150-1210)
Pois tornaz y lo que un beso supuso, después Ricardo Corazón de León (1157-1199)
Ja nus hons pris, historia y leyenda de su cautiverio pagado por su madre y no por otro trovador, pues los mitos ya funcionaban por entonces, o el Anónimo On doit la mere Dieu honorer, la lira y lírica de los juglares franceses encarnados por esta Egeria nuestra.
Otra etapa francesa de anónimos en el París luminoso del imperio romano, LUTETIA PARISORUM, músicas protagonizadas y cantadas con solos que dan el color vocal individual bien revestido de polifonías asombrosas para su época, arte «antiguo» porque así lo llamaron los siguientes autodenominados Ars Nova en contraposición, pero plenamente modernas y «rompedoras», tanto o más que interpretarlas: Iudea et Iherusalem, y Pange melos lacrimosum.
Itinerario sin pausas ni final pero con el Jerusalem que se otea en el horizonte: DUM IRET IN HIERUSALEM, dos anónimos, Iherusalem mirabilis en latín, y el francés de Chevalier, mult estes guariz (del Codex Amplonianus), más joyas de la música latina, la de entonces sin comparaciones ni engaños, manteniendo calidades y escena, voces para disfrutar solas y en conjunto, ornamentos justos para la belleza polifónica de esta banda sonora en un viaje musical de nuestra Egeria internacional desde la Francia que sigue marcando tendencias también en la música medieval.
Una alegría comprobar la agenda de Egeria a tope en estos tiempos, ávidos de recuperaciones necesarias por musicólogas e intérpretes como estas cuatro artistas. No se quedaron cortos los elogios de Mario y plenamente satisfecho por el siempre incomparable directo, continuaré siguiendo un proyecto que tiene un recorrido aún mayor que el geográfico de la peregrina (gallega o berciana).
Lucía Martín-Maestro Verbo (dirección, voz y percusión), Fabiana Sans Arcílagos (codirección, voz y percusión), Romina de la Fuente Villarroel (voz y lira), Laia Blasco López (voz).
Equilibrios sin red
16/10/2021
Asturias, clásica, conciertos, conferencias, música, sinfónica Alejandro González Villalibre, Auditorio de Oviedo, conciertos, conferencias, Elena Rey, música, música clásica, Milena Simovic, Mozart, OSPA, Prokofiev, Roman Simovic, Vaughan-Williams 2 comentarios
Viernes 15 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Seronda II: OSPA, Roman Simovic (director y violín), Milena Simovic (viola). Obras de: Vaughan Williams, Mozart y Prokofiev.
Hay vueltas que se agradecen cuando quedan recuerdos imperecederos. Tener de nuevo a Roman Simovic con la OSPA ha sido una alegría contagiosa para todos, músicos y público que pudimos valorar la sencillez y magisterio de un grande como el violinista afincado en Londres, esta vez acompañado por su mujer y en un concierto «clásico» como bien presentó Alejandro G. Villalibre en la conferencia previa, aún poco publicitada, y que fue más allá de sus notas al programa (enlazadas al inicio con las obras).
Dirigir desde el violín supone sentirse uno más, casi como un concertino (esta vez Elena Rey de nuevo), que comparte la maravillosa labor de hacer música juntos. Tocar de pie (salvo los «obligados» cellos) supone mantener el mismo nivel, sin tarimas, camerístico, con saludos conjuntos sin darse importancia, la grandeza de los grandes que no necesitan oropeles ni escalones pues la talla moral y musical es suficiente. Simovic siempre arriesgando sin red, con obras llenas de equilibrio que hacen comprender lo «clásico» desde su tiempo y como un escalón más, la tradición de la que beber y la modernidad dominando la técnica para así romper y avanzar, tal cual explicaba el doctor González Villalibre. Apliquémoslo al maestro Simovic y a las partituras elegidas.
Comenzar con esa maravillosa Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis del británico Ralph Vaughan Williams (1872 – 1958) es tributo al Renacimiento de su tierra llevando la polifonía vocal a una cuerda única, dos orquestas manejadas cual coro por el director no ya solista sino cantor (bravísimo el dúo con Alamá), ubicación perfecta de todos con la acústica ideal, devolviendo las mejores cualidades de esta sección que al fin se sintió entendida desde la igualdad y el magisterio del maestro Simovic. Riqueza de matices, sutiles texturas, la música pura y cercana que transmite emociones, desde Tallis a Vaughan Williams respirando el mismo aire atlántico de este «coro de arcos» que resultó esta OSPA.
Todos sabemos que sólo hay un genio, Wolfgang Amadeus Mozart (1756 – 1791), capaz de aunar y romper desde la forma, sinfonía y concierto que conjugan amores, el de la viola en masculino dialogando con el violín femenino en su Sinfonía concertante para violín y viola en mi bemol mayor, K 364/320d, con los Simovic, Milena y Roman arropados por una OSPA que sumaba oboes y trompas sin perder sentido camerístico, solistas y directores la pareja, complicidad única de vida y sentido musical, la magia de la convivencia y el latir compartido. Obra amorosa de Mozart hacia la viola con una orquestación que la mima, la envuelve e iguala al violín, sin géneros, dos en uno capaces de arrancar un I. Allegro maestoso contundente y preciso donde la cadenza fue un regalo mayúsculo, la tristeza del II. Andante (el sentimiento de Mozart por la pérdida de su madre) que los Simovic sintieron cual Requiem solista con el «coro sinfónico» nuevamente de solos inmensos, para volverse operístico compitiendo con «La flauta del Campoamor» explosiva del III. Presto, el «más difícil todavía» sin perder compostura desde el mejor equilibrio posible sin miedo a caminar juntos sin caer. La siempre engañosa simplicidad mozartiana que se esconde pidiendo máxima concentración y entrega, la que no les faltó ni a la pareja Simovic, triunfante viola maridada con el violín, ni a la OSPA copartícipe, esta vez sentada, para disfrutar y vivir la música del genio de Salzburgo junto a dos figuras que ejercen de compañeros.
La propina de Händel – Halvorsen, Pasacaglia de variaciones virtuosas para violín y viola resultaron el mejor regalo del corazón Simovic, música a borbotones, sincera, entregada, entendida y disfrutada, alegría de vivir la música y la propia vida. Al menos hicieron olvidar la impertinente tos que rompió el andante mozartiano para hacer reinar el silencio respetuoso desde el que apreciar la calidez de dos solistas con una gama dinámica al alcance de pocos, un virtuosismo impactante y la sonoridad de sus dos instrumentos únicos.
Y más clásicos desde su tiempo, Sergei Prokofiev (1891 – 1953) con el recuerdo y tributo al Haydn simpático, bromista, menos explorado, una misma forma que condensa todo lo anterior con el lenguaje ya innato del ruso, Sinfonía nº1 en re mayor, op. 25 «Clásica» y rompedora cual Meninas velazqueñas vistas por Picasso, reconocibles y actualizadas, cuatro movimientos que pasaron en un suspiro, OSPA en pie con maderas, metales y percusión, Roman Simovic uno más (volvió a por la partitura), tiempos casi literales y duramente exigentes: I. Allegro con brio, para saborear el lenguaje sinfónico bien entendido, II. Larghetto lleno de delicadeza y empaste total, bálsamico, contenido, preparando el III. Gavotte: Non troppo allegro, matices y acentos casi vieneses con la elegancia británica que bien conoce Simovic, dando a los músicos las mínimas indicaciones pues el sentido común emana de la propia ejecución, y por último el vertiginoso IV. Finale: Molto vivace, cuerda limpia, tersa presente, timbales encajados, viento sin aliento, muy vivaz, al pie de la letra en una sinfonía que la OSPA disfrutó con Simovic y éste con ella. En tiempos donde los ensayos son pocos y los conciertos a pares, aprovechar cada minuto para alcanzar esta calidad orquestal solo lo logran grandes músicos que conocen bien el atril y dirigir lo entienden como compartir. Mientras, la formación asturiana se engrandece de un aprendizaje desde la humildad que solo los maestros como Roman Simovic consiguen transmitir y trascender.
Las pocas novedades en tiempos de pandemia, salvo mi cambio de ubicación obligado por la organización del auditorio que impide pagar un abono individual en la zona central, se agradecen: la vuelta de Elena Rey como concertino invitada, química total con director y compañeros, un director además de solista por partida doble, a falta de titular, más la organización clásica del programa con conferencia previa, ansiosos de recuperar una normalidad siempre distinta a la que entendíamos antes del Covid.
La Castalia 2.020 bis
18/05/2021
Asturias, conferencias, lírica, música, zarzuela Asturias, Begoña García-Tamargo, conferencias, Emilio Casares, Gabriel Ordás, La Castalia, María Sanhuesa, Mª Encina Cortizo, Mª Luz González Peña, música, Ramón Sobrino, zarzuela 3 comentarios
Si el año bisiesto 2020 ya es parte de nuestra historia con todo lo que nos ha quitado y cambiado la vida, La Castalia ha reorganizado este Mayo 2020 bis para poder disfrutar de su III Ciclo de Conferencias «Patrimonio lírico hispano, ayer y hoy» tan vigente y necesario en este tiempo, tres conferencias a cargo de tres generaciones con las que tengo los vínculos que dan mis años, y en el RIDEA que apuesta por la música con la doctora María Sanhuesa como miembro correspondiente del propio Real Instituto, musicóloga y autoridad en la materia, más Begoña García-Tamargo, directora artística de La Castalia que la ha recuperado con su fuerza, tesón y lucha titánica, con cursos, conciertos y estas conferencias enriquecedoras que espero se mantengan en el tiempo si nada lo impide.
Tres martes de mayo, climatológicamente poco primaverales pero con la luz y el calor de la lírica desde tres ópticas distintas: nuestra zarzuela y su necesario archivo, la ópera española del XIX nunca suficientemente conocida ni reconocida, y la composición actual desde la juventud, divino tesoro, que mantiene viva la escena, tres conferencias con gran respuesta de público pese a las restricciones y medidas de seguridad obligadas por el Covid, charlas amenas, cercanas, gratificantes y un regalo para tantos melómanos, músicos y profesionales que siguen apoyando La Castalia del siglo XXI.
MARTES 4 DE MAYO: “10.000 zarzuelas… y algunas cosas más: El Archivo de la SGAE”. Impartida por María Luz González Peña, directora del CEDOA (Centro de Documentación y Archivo de la SGAE), licenciada en Hª del Arte y Musicología por la Universidad de Oviedo, verdadero corazón y defensora de nuestro género lírico, infatigable trabajadora, amiga y compañera de fatigas universitarias que ha dedicado media vida al archivo de la SGAE, organizando y poniendo a disposición de todos su amabilidad y buen hacer desde el Palacio de Longoria madrileño.
Mi compañera avilesina pasó revista no ya a los números apabullantes del archivo, también a los orígenes de la sociedad con fotos y anécdotas de sus fundadores, Sinesio Delgado y Ruperto Chapí, a los que saluda cada mañana como parte de su familia, el papel que la SGAE ha venido desarrollando no ya como custodia de las obras sino también de difusión de tantas obras que parecen haber recuperado el tiempo perdido y aún siguen acogiendo creaciones nuevas como el Maharajá (2017) de Guillermo Martínez que disfrutamos en el Campoamor.
Anécdotas y curiosidades como el alquiler de las partituras que estarán en los atriles de las próximas zarzuelas en los dos únicos festivales que mantienen temporada estable, Madrid y Oviedo a donde suele escaparse si su trabajo se lo permite, momentos de reencuentros familiares y amistosos donde «contarnos batallitas» o rememorar tantos momentos musicales vividos, el recorrido de la SGAE por distintos edificios y palacios hasta el actual del Longoria banquero melómano y ligado también a nuestra tierra.
Y por supuesto no podían faltar las referencias a la patria querida, a compositores asturianos pero a también los temas reflejados en muchísimas zarzuelas, libretistas y compositores, la investigación en ese magno archivo y el conocimiento de un repertorio por lo menos curioso, muchas obras conocidas, otras inéditas que han pasado por sus manos y no pierde detalle ni momento para darlas a conocer a intérpretes y estudiosos que tiene siempre la puerta abierta de mi querida Mari Luz. Fotos y recuerdos de Vital Aza, partituras que son verdaderas joyas, y por supuesto la reivindicación de personajes tan nuestros como el dramaturgo Miguel de Palacios del que no se pudo celebrar su centenario el pasado «annus horribilis«, asturiano de pura cepa nacido en Gijón y fallecido en Covadonga, autor del libreto de La Corte de Faraón entre otras muchas zarzuelas. Historia bien conservada que comienza desde 1993 a ser conocida y reconocida gracias al CEDOA bajo la entrega y dirección de Mª Luz González Peña.
MARTES 11 DE MAYO: La búsqueda de una ópera hispana: 200 años de lucha, impartida por nuestro maestro Emilio Casares Rodicio, alma mater de la Musicología española desde Asturias, docente entregado formando la mejor generación de investigadores que han tomado su relevo, fundador del Festival Internacional de Música de Asturias con el siempre recordado Luis G. Iberni, que trajeron las mayores y mejores figuras del momento en aquellos felices 80, escritor, divulgador e investigador incansable por el que no pasan los años porque mantiene el mismo espíritu y fuerza arrolladora que en mis tiempos de estudiante, rejuveneciendo ese día 40 años por las sensaciones transmitidas. Mudado a la capital de España, aunque sin perder nunca contacto con nuestro Oviedo, catedrático emérito de Musicología de su Universidad Complutense, fundaría nada más llegar el ICCMU que sigue publicando, recuperando y resucitando nuestra música española con el trabajo impagable de muchos alumnos suyos como los doctores Ramón Sobrino o Mª Encina Cortizo, fieles y dignos sucesores del «jefe«, e imposible reflejar aquí una trayectoria tan impresionante como la de nuestro profesor Casares.
La conferencia quedaría reducida por cuestiones de tiempo a 100 años de lucha, imposible contar tres volúmenes (dos ya publicados) de su «Historia de la Ópera en España» en 90 minutos, ciñéndose al siglo XIX sin olvidarse de Martín y Soler que triunfó más que Mozart, una clase magistral trufada como en él es habitual de «chismes», datos, curiosidades, vivencias en primera persona y breves audiciones para sorprendernos con este patrimonio de nuestra historia que nunca hemos sabido defender, en parte por la incultura de una clase política que nunca se interesó por la música (ni la cultura, y de la educación mejor ni hablamos) a excepción de las dos repúblicas que comentaría en su contexto de impulso para la creación de una ópera española.
El Emilio Casares de siempre, vital y crítico con el estado operístico español, hablándonos de Manuel García, embajador de la ópera, cantante y compositor con una vida apasionante y una obra siguiendo el camino italiano de su querido Rossini, también de Ramón Carnicer tomando el francés, o del valenciano José Melchor Gomis que triunfará exiliado en París. Un verdadero análisis de la evolución operística y sus modas, con Mercadante con quien estudio el catalán Marià Obiols, que en el Romanticismo cambiará el papel con estos españoles que triunfan fuera o son desconocidos hoy en día por una desidia o comodidad en no por programarlas. Números apabullantes como 55 óperas a mediados del XIX, la eclosión en España de la ópera en más ciudades que las habituales, sin olvidarse de Mahón, compositores desconocidos y borrados de nuestra historia, recordando cómo están perdidas tres óperas de Hilarión Eslava. Males endémicos de nuestra querida patria donde el Marqués de Salamanca fue el primer y único mecenas de la ópera (por entonces en el Teatro Circo), repaso a los nuevos teatros nuevos dieron paso a una cantera vocal propia, al canto en nuestro idioma y de nuestra historia, la aparición en los años 40 del gran Emilio Arrieta (del que Mª Encina Cortizo es la máxima autoridad en la obra del navarro), su paso por Milán, conocedor de Verdi y cuya ópera La conquista de Granada se representó en Alemania (gracias al tándem Sobrino-Cortizo) ante el asombro germano de su nulo eco en la piel de toro. Y anécdota como el malagueño Capa, hijo de vinateros que se irá a Nápoles a estudiar, de Serrano y Juana la loca, primera ópera española estrenada en el Liceo catalán. No faltaría tampoco la crítica al Teatro Real madrileño donde hubo que esperar 25 años sin nada español hasta la llegada de Arrieta, más por amoríos reales que defensa de lo nuestro (todo lo contrario del Garnier francés pensado solo para su ópera) y que en 2021 parece continuar como en el XIX.
Fechas, datos e historia: 1851, Barbieri y Jugar con fuego, la aparición de la zarzuela que superó a la ópera: 1096 funciones de ésta frente a las 3839. La revolución del 1868 con el nuevo cambio a favor de la ópera, las citas sobre las dos reformas musicales de calado y únicos momentos de defensa de la música en las repúblicas. Casares defendiendo la recuperación de Don Fernando el emplazado (V. Zubiaurre), fruto de un concurso por entonces y hoy nada publicitado ante la autopompa del premio al Real, la perdida ópera Moctezuma y la siempre recordada Marina de Arrieta, la amalgama o fusión ítalo española. La Restauración 1874-75 y la nueva clase social que fomenta la ópera con Sagasta gran aficionado, los compositores que van a Roma becados y viajan por Europa conociendo la actualidad del momento, calidad y cantidad de obras bien fundamentadas en el Verismo o Wagner, la escuela europea y no española, el valenciano Salvador Giner, otro desconocido al que no programa ni el Palau de Les Arts (con un coste real por butaca de 900€), nuestros Bretón y Chapí tampoco faltan en este recorrido por la ópera con historias españolas, grandes coros y arias verdianas, conocedores por supuesto de Wagner. 1885 y la gran crisis, pidiendo el primero una ópera española o magnificar la zarzuela el segundo, abriéndose las dos líneas y escuchando un fragmento de Los amantes de Teruel totalmente wagneriana y en español del Bretón maravilloso, estrenada en 1889 y recuperada en versión concierto sin ensayo previo pese a la enorme calidad que atesora.
Y la vía de Granados, Albéniz o Pedrell, el Nacionalismo español, los 90 que trajeron sus óperas,
La Dolores de Bretón contrapuesta al Henry Clifford de Albéniz o el Pedrell olvidado de Els Pirineus, donde está presente Francia, el barroco, Wagner y el folclore, recuperada por Don Emilio para el Liceu con edición prologada por Jordi Pujol con un argumento tan actual para los catalanes que ni supieron dar la importancia debida. Imposible hablar de todo o resumirlo como mal alumno tomando apuntes, pero pidiendo que se programe más ópera nuestra y menos traviatas, el Casares que no pierde momento de la certera crítica actual, de sus “chismes” con ironía o una clase política española de todo color, que nunca se interesó por la ópera pero tampoco de la literatura y poco de pintura salvo El Prado. La música es cara y recordaba la Marianela de Galdós con música de Pahísa, tras 90 años de olvido, con ganas de escucharla en el Campoamor. Triste que el dilema esté entre «toros y fútbol» aunque al menos Oviedo siga siendo una isla musical en este triste panorama patrio.
MARTES 18 DE MAYO: Un recorrido por mi obra lírica, impartida por Gabriel Ordás (Oviedo, 1999), compositor, violinista y pianista, la última generación que bebe de las anteriores, como se dice coloquialmente «mamó la música en casa», sus estrenos me siguen asombrando y su primera ópera fue subida a escena precisamente por La Castalia.
Qué interesante escuchar de primera mano a mi querido y admirado Gabriel explicar sus vivencias, su experiencia sincera desde una juventud madura, con las cosas claras y sin miedo a confesar los temores ante su acercamiento como compositor a la música vocal, con mas de 50 obras registradas pero también en el cajón, como todos los autores, caso de una ópera sobre Bodas de sangre, su admiración y gratitud al maestro Fernando Agüeria, al mundo del lied que tardó en afrontar allá por el mes de noviembre de 2016 (así fue de prematuro) en el homenaje que La Castalia hizo al siempre recordado Antón García Abril.
No faltó el repaso a sus obras sinfónicas, los estrenos de la Oviedo Filarmonía con Yaron Traub o la OSPA con Milanov. Un compositor de talento que tiene claro que hay dos mundos en su interior: el técnico y el que gusta al público, si se quiere la lucha entre lo raro y lo sencillo que el mismo resume así, intentar congeniar ambos que aún continúa. Pudimos escuchar fragmentos de esas composiciones sinfónicas cual choques de estilos incluso en la misma obra, encontrando como solución unir los dos mundos que le comentase en Covadonga Jorge Muñiz, otro gran compositor asturiano.
Afrontar la música vocal sería un reto para él, Cervantes un escalón de inspiración y responsabilidad, un reto que le hizo retomar obras «frustradas» prefiriendo partir de cero, escribir en blanco, a capella y después añadirle el piano, que domina casi tanto como el violín, su instrumento. La inspiración siempre desde la melodía añadiéndole giros armónicos, el término medio de ambos universos. Encontrar un texto de Rubén Darío dedicado a Cervantes y tras la «resaca emocional» escribir un cuarteto vocal por encargo de La Castalia. Nos contaría su intuición, el paso del Stabat Mater y Onírico que ya estaba cocinando a fuego lento para ahondar directamente en las emociones (que personalmente también me vuelven al escuchar un fragmento del primero), y así surgiría Dafne en esa misma línea melódica pero sin la carga religiosa, buscando un texto para ello (el soneto 13 de Garcilaso), los equilibrios vocales con el piano como un extra dramático sin olvidar el apoyo a los estudiantes de canto que la estrenarían, pero también como motor rítmico. Cuánto talento en Gabriel y qué gusto escucharle hablar con naturalidad de sus obras y el proceso compositivo.
Desde su humildad innata reconocería que el mundo vocal es otro, hay que interiorizar el drama, trabajar con las voces desde el piano cual repertorista, y finalmente sentir que llegó con fuerza al público porque también lo nota. Confesiones agradecidas por todos antes de continuar compartiendo su forma de trabajar, que en mi caso complementa la primera escucha de ellas, también lo enriquecedor que puede ser trabajar codo con codo junto a los intérpretes, aunque como comentaría al final María Sanhuesa, es más fácil con los muertos, pero siempre sencillo con Ordás.
Sobre su acercamiento a las óperas de cámara el proceso será distinto a todo lo anterior pero ya conocedor de la voz, mostrando sus dudas sobre el argumento y cómo encajarlo con la música. Partir de un entremés y llegar a Doña Esquina que le encantó nada más leerla; después «armarlo» e instrumentarlo a trío con piano dando no ya color instrumental sino el necesario ropaje a las voces. Nos hablaría de sus problemas con el discurso musical, pues le va más lo trágico que lo cómico, pero investigando también en el cine y sus bandas sonoras, en parte lo son, buscando cómo transmitir las emociones, el recurso al «Micky Mousing» utilizado desde su tono desenfadado sumando ritmos de danzas de toda la historia musical, su exuberante y total libertad para los recursos que él mismo describiría como «ironía discreta», supongo que heredada por vía paterna, los inesperados giros del drama a la comedia en unos compases, el humor que nunca le falta y las prisas lógicas del encargo para estrenarla, la «ópera exprés» que yo diría «sin estrés». La formación humanística de Gabriel es increíble para su edad y admirable el intento por adaptar el lenguaje del siglo XVIII a nuestros días, saber eliminar algún personaje para agilizar los treinta minutos de duración de esa joya de cámara. Fiel al verso del que toma la rítmica que siempre ayuda y hasta el uso de unos Leit motiv que no son tales sino motivos repetitivos en situaciones concretas, a fin de cuentas «pasarlo bien» contando la anécdota del chelista que en un momento deja el instrumento para tomar un «shaker» y sumarse a ese ambiente de baile. Así de fácil convierte lo difícil y lo transmite en cada composición.
Todavía nos desgranaría el proceso de su Terceto del desamor que supuso dar un paso atrás para avanzar dos, menos voces e instrumentos, dos con piano, profundizar y complementar lo anterior a partir del libreto encargado a María Abella buscando un entremés del siglo XXI, elementos usados casi de forma naif, «insignificantes pero con hipocresía», contrastes sentimentales… Toda una lección compartida de su proceso creativo centrándose en la lírica que mantiene ya un sello propio y siempre con el apoyo de La Castalia.
Una conferencia con fragmentos comentados de sus obras, sin abordar tecnicismos y con ganas de entrar a componer tragedia que es lo que realmente le va. Las dos caras del drama, la puesta en escena con una música propia que tras escucharle aún es más reconocible y hasta entendible.
Perfecto trío de conferencias estos martes de mayo con pandemia, tres generaciones y tres enfoques de la voz en la música, más la despedida a cargo del alma mater, Begoña García-Tamargo siempre luchando por La Castalia del siglo XXI, apostando por el talento de nuestra tierra y denunciando la ceguera de los políticos, la falta total de apoyo y el agradecimiento al RIDEA que es ya «la casa» de esta asociación cultural a punto de cumplir 20 años, con fuerzas para seguir programando no ya cursos con los mejores especialistas sino ofreciendo la posibilidad a muchos músicos de poder pensar en un futuro profesional, anunciando para el día 19 de junio la actuación de la pianista avilesina Henar F. Clavel en la Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. El apoyo de La Castalia no faltará a esta generación de jóvenes talentos ni tampoco de todos los seguidores de esta familia en la que nos ha convertido a todos.
Aquí dejo el link con el VÍDEO (gentileza del RIDEA) de la conferencia del 4 de mayo:
https://www.youtube.com/watch?v=FSNyOr8xwZI
El efecto Rodiles
10/03/2020
Asturias, conferencias, discos, música, piano, recital conferencias, Del Puerto, discos, Jesús Rueda, Magrané, Manuel M. Burgos, música, Mendelssohn, Noelia Fdez. Rodiles, Noelia Rodiles, piano, Schubert, Schumann 5 comentarios
Martes 10 de marzo, 19:00 horas. Club de Prensa La Nueva España: presentación del CD The Butterfly Effect, Noelia Rodiles (piano).
Sigo hace muchos años la carrera imparable de esta pianista avilesina, Noelia Fernández Rodiles, Noelia Rodiles definitivamente para el mundo musical (con permiso de su padre más orgullo materno), y aunque faltase a su último concierto en el Bellas Artes de Oviedo hace dos veranos, precisamente con las obras de este disco, no le pierdo el rastro a su trayectoria ni tampoco sus intervenciones en distintos programas de radio clásica.
El club de prensa ovetense hoy entre amigos, pues parece que empieza a cundir el pánico a salir de casa, presentaba el último trabajo discográfico para el sello Eudora, que pese a la indisposición de última hora de Cosme Marina, tuvimos sustituto de lujo con el compositor y catedrático del Conservatorio Superior de Oviedo, Manuel Martínez Burgos, que además fue profesor de Noelia.
El efecto mariposa es un concepto amplio de todos conocido basado en la teoría del caos, aunque sea mucho más poético (como el vestido que lucía Noelia para la ocasión) pensar en que «el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo» como reza el proverbio chino. Mariposas inspiradoras, fusiones románticas y actuales como en su anterior disco Ligeti – Schubert, y también el título de la Sonata nº 5 de Jesús Rueda (Madrid, 1961) que finalmente daría nombre a esta joya de grabación efectuada en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza para escucharlo (en formato SACD) como si estuviésemos tan cerca como esta tarde en Oviedo, aunque el piano vertical del periódico no sea lo que se dice apto para virtuosos como Noelia Rodiles, que pese a todo nos deleitó con un aperitivo «sin palabras» de Mendelssohn antes de dársela a la directora del Club de Prensa Maria José Iglesias, y al maestro Martínez Burgos.
Detalles de cómo surge este maridaje entre el siglo XIX y el XXI que unidos dan más sentido a las páginas elegidas, curiosamente emparejadas por los propios compositores españoles a quienes se las encargó la compositora enviando a los tres las obras románticas pensadas previamente y «acertando» en la elección de cada uno de ellos. Las mariposas, Papillons op. 2 de Schumann con la citada sonata de Rueda, las «Romanzas sin palabras» o Lieder ohne Worte, op. 20 de Mendelssohn y los Seis caprichos sin título de David del Puerto (Madrid, 1964), de quienes también escuchamos en vivo el «Canto del gondolero» más el Agitato, y finalmente el Adagio en sol mayor, D178 de Schubert con las Dues pieces per a piano del catalán Joan Magrané (Reus, 1988).
Fusiones que acercan la música de nuestro tiempo con la escucha así emparejada del mejor repertorio romántico y tan actuales unas como otras en el piano sin complejos de Noelia Rodiles, una técnica sobrada para una musicalidad y expresión madura ya desde sus tiempos de estudiante como bien recordaba el profesor Martínez Burgos, y que marca las diferencias en los pianistas sin más y los intérpretes de raza. Excelentes las notas que acompañan al disco donde los españoles nos describen sus obras.
Un riesgo no exento del placer y satisfacción en seguir apostando y promocionando a compositores actuales y además nuestros, en el mismo plano que los «clásicos» pues solo el tiempo marca las diferencias, y el directo, como el disco, dejará testigo sonoro de una categoría musical sin palabras y cual efecto mariposa donde el leve aleteo de estas páginas hispanas pero internacionales se pueden sentir en todo el mundo gracias a discos como este último de mi admirada Noelia.
Regresos esperados
22/02/2020
Asturias, clásica, conciertos, conferencias, música, sinfónica Auditorio de Oviedo, Carlos Miguel Prieto, conciertos, conferencias, CONSMUPA, Elgar, Goldmark, López Estelche, música, Ning Feng, OSPA, OSPATV, Revueltas 1 comentario
Viernes 21 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Reflejos II», abono VII OSPA, Ning Feng (violín), Carlos Miguel Prieto (director). Obras de Revueltas, Goldmark y Elgar.
Varios regresos esperados para el séptimo de abono de nuestra OSPA: Israel López Estelche (compositor y autor de las notas al programa, enlazadas en los compositores) con una conferencia previa siempre interesante y casi de obligada asistencia para comprender mejor lo que vendrá a continuación, sin olvidarse «fuera de programa» de la asturiana emigrada a México Maria Teresa Prieto (1896-1982), muy ligada a este concierto; el violinista Ning Feng (un virtuoso que nos ha dejado un CD con la OSPA para recordar y volver a disfrutar) con el concierto de Goldmark (que como todos los de la orquesta grabó RNE), verdadero triunfador del programa; el director mexicano de ascendencia asturiana Carlos Miguel Prieto (siempre bien recibido) hoy con parte de su familia entre el público, rememorando sus orígenes y donde se encontraba su padre el chelista Carlos Prieto, (sobrino y depositario de la obra de Mª Teresa Prieto) que departió amigablemente con el presidente de la Sociedad Filarmónica Ovetense Jaime A. Buylla y señora al final del concierto, más una obra de Elgar que siempre funciona con la formación asturiana (y para quien la orquesta trajo refuerzos del CONSMUPA, en la buena dirección de ayudar a completar la formación de estos músicos jóvenes, algunos de ellos entrevistados en OSPATV) para su Sinfonía nº 1 en la bemol mayor, op. 55.
Para comenzar nada mejor que el compositor mexicano Silvestre Revueltas (1899-1940) y su poema sinfónico Janitzio (1933), «una pieza tradicional que lleva el nombre una isla en un lago en México» como bien recordaba en El Comercio el maestro Prieto (Ciudad de México, 1965) así como en la entrevista para el canal de YouTube© que cada programa presenta Fernando Zorita. Música de su tierra estrenada por la orquesta de la que es titular en una página que evoca precisamente la vuelta a la tierra, reflejos como el título del séptimo de abono. Colorido instrumental, ritmos autóctonos y la sublimación de lo popular en lo sinfónico bien entendido por un director que transmite seguridad a los músicos, con la pareja de oboes evocando las trompetas del mariachi, la percusión dando las pinceladas necesarias para este fresco orquestal donde lo ternario invita al baile, y una cuerda comandada esta vez por el concertino Michael Brooks, todos plenamente integrados con unas melodías que sentimos cercanas.
López Estelche nos hablaba en la conferencia previa de compositores «independientes y solitarios», incluso autodevorados por su propio estilo siendo reconocidos por pocas obras, caso del húngaro Karl Goldmark (1830-1915) con su ópera La Reina de Saba (1875) o el Concierto para violín en la menor, op. 28 que contó con el increíble Ning Feng, siempre bien arropado desde el podio en un derroche de música, técnica al servicio de la partitura desde una modestia que no impide apreciar su grandeza como violinista. Pese a lo denso del concierto por ese estilo propio de Goldmark donde las melodías son eternas y la orquestación su punto fuerte, el virtuoso chino mantuvo la tensión y el diálogo en los tres movimientos que fueron creciendo en intensidad y entrega desde el Allegro moderato contenido y saltarín, lirismo contrapuesto a una orquesta perfectamente balanceada que permitió una amplísima gama de matices enriqueciendo un timbre aterciopelado, unos ornamentos claros y diálogos precisos donde toda la cuerda se mostró incisiva. El Air: Andante resultó conmovedor por unos pianissimi impecables, una cadenza de cortar la respiración y el sonido del violín emocionante, presente, cálido, «in crescendo» de sentimientos antes de afrontar un Moderato-Allegro que pondría la guinda del buen entendimiento, ideal el unísono con el clarinete, ensamblaje perfecto en los cambios de aire, paleta de dinámicas en solista y orquesta, vibrante entrega para un concierto que recuerda los de Mendelssohn o Brahms pero con la paleta de un solitario como Goldmark sin etiquetas ni «hogar estético«.
El público premió con una fuerte ovación que Ning Feng nos agradeció primero con el Andante BWV 1003 de Bach íntimo, nuevamente modesto e interiorizado, casi religioso, y después un entregado Paganini explosivo, el Capricho 24 mágico, endemoniado y de otra galaxia por un despliegue técnico epatante capaz de escuchar dos violines en uno.
Todavía saldría a saludar más veces antes del Der Erlkonig (Schubert) que pareció dejar en otra galaxia a un violinista cercano, valiente, virtuoso volviendo sin el instrumento al que el ayudante de concertino ofrecía el suyo (foto superior) ante la enésima salida para saludar a un respetable entusiasmado por el derroche del chino, nuevamente triunfador en Oviedo.
Y sumándose como uno más a los últimos atriles de los violines primeros, más el refuerzo joven de los trece alumnos en prácticas extracurriculares, llegaría la impresionante Sinfonía nº 1 en la bemol mayor, op. 55 de Sir Edward Elgar (1857-1934) donde Carlos Miguel Prieto extrajo lo mejor de una orquesta majestuosa con casi cien efectivos, capaces de unos piani imperceptibles y unos forti nunca exagerados pero sumando calidades en todas las secciones para una plantilla siempre deseada.
Música con la firma solemne y elegante del británico, la melodía infinita que aparece delineada por una orquestación plena y variada, exigente en cada familia, trombones y tuba compitiendo con trompetas y trompas por dotar de grandeza unos pasajes sustentados por cuerda y madera en equilibrio inestable cercano al éxtasis sonoro del primer movimiento (Andante. Nobilmente e semplice – Allegro) con esa «simplicidad» tan del Elgar de Nimrod (Variaciones «Enigma»).
El maestro mexicano fue destacando las texturas sin perder de vista el lirismo, en el Allegro molto auténtica filigrana, empuje vital donde bordó un tapiz lleno de contrastes, hilo de oro en el viento metal, plata en la madera y terciopelo en la cuerda que al fin tuvo los graves deseados, y en el siguiente Adagio remanso melódico sin necesidad de batuta, cantando evocadores paisajes ingleses de un romanticismo que se negaba a abandonar la escritura sinfónica. El último Lento – Allegro “simple en intención, noble y elevado”, sublime transición de sonoridades oscuras antes de la luz nunca cegadora de una brillante sinfonía que redondearía este séptimo de abono la mejor y deseada OSPA en busca de director. Carlos Miguel Prieto se sintió en casa.
Imágenes italianas
18/01/2020
Asturias, cine, clásica, conciertos, conferencias, música, piano, sinfónica Auditorio de Oviedo, Benedetto Lupo, conciertos, conferencias, Corrado Rovaris, Eduardo Chávarri, Elgar, música, Nino Rota, OSPA, OSPATV 2 comentarios
Viernes 17 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Horizontes II», abono V OSPA, Benedetto Lupo (piano), Corrado Rovaris (director). Obras de Elgar y Nino Rota.
Con Italia tenemos esa cercanía del Mare Nostrum y su música la sentimos casi como nuestra. De ahí llegaban director, pianista y unas obras que Eduardo Chávarri, autor de las notas al programa (enlazadas en los autores) desgranó en la conferencia previa poniendo imagen a unas partituras de por sí evocadoras y más aún cuando te las muestran e incluso analizan con detalle, máxime en la música de cine.
Evidentemente Sir Edward Elgar (1857-1934) no era italiano pero su obertura In The South «Alassio» op. 50 se inspira claramente en ese municipio italiano en el golfo de Génova donde pasó el invierno de 1903 que no fue lo que se dice benigno, pero suficientemente evocador de un imperio romano del que aún quedan vestigios, de las películas romanas que bien pudieran utilizarse como imágenes para esta música, así como de un mar capaz de pasar de ser una balsa a enfurecerse y bañar de grises un lienzo ideal. El maestro Corrado Rovaris volvía al frente de la OSPA (entrevistado en OSPA TV por Fernando Zorita) haciendo música de su tierra natal aunque en Oviedo le recuerdo básicamente en dirigiendo dos óperas: la excelente Peter Grimes de enero de 2012 y Ainadamar en diciembre de 2013 sin olvidarme tampoco de su anterior visita de marzo de 2015 con el cellista Asier Polo en un concierto donde mimó el sonido de nuestra formación. Conocedor por tanto de la orquesta, con la que se nota un feliz entendimiento, la página de Elgar sacó lo mejor de cada sección y lucimiento de los solistas a lo largo del concierto, incluso permitiéndose cambiar algunos primeros atriles. Energía inicial, con las trompas seguras, la cuerda aterciopelada y equilibrada, el viento madera en su línea habitual así como todos «los bronces» en estado de gracia, poderoso metal de evocaciones dignas de los Péplum. La viola de Alamá no solo rindió homenaje, como el propio autor, al Harold italiano de Berlioz sino que pareció imbuirse de Riquelme en el anterior concierto, dejándonos un solo bellísimo, de musicalidad máxima para poner imágenes a ese mar ambiguo y traicionero, bien contestado por la trompa solista de Rosado, dos valencianos de pura cepa con la cercanía mediterránea. Como bien describen las notas al programa esta partitura «profundizando en esa sensación de elegancia y nobleza que subyace a lo largo de toda la pieza«, elegancia de Rovaris y nobleza de una orquesta con solistas de primera.
Nino Rota (1911-1979) pasará a la historia como gran compositor de bandas sonoras pero su biografía nos muestra a un niño prodigio del piano y autor de páginas sinfónicas u operísticas de vanguardia, con una calidad que el cine parece haber confirmado, pues no me canso de repetir que son los compositores más populares del siglo XX precisamente por el séptimo arte. El Concierto Soirée para piano y orquesta (1961-1962) lo estrenó el propio Rota en el Teatro Olímpico de Vicenza (1963) y en él aparecen guiños llenos de citas musicales, de toques humorísticos y sobre todo su empeño de «hacer feliz a la gente«. Uno de sus alumnos fue Benedetto Lupo, quien ha grabado la integral para piano de su maestro, el solista ideal para este concierto (merece la pena la entrevista en OSPA TV), cinco movimientos no exentos de virtuosismo, de diálogos con la orquesta (algo más reducida) y exigente por los cambios de tempo, ritmo y dinámicas que Rovaris entendió desde su dirección clara, precisa y nunca ampulosa pero siempre efectiva. Imágenes que los propios títulos evocan, desde el Chopin del Valzer Fantasía inicial, el Ballo figurato con reminiscencias rusas incluso en la instrumentación, el romanticismo exiguo de la Romanza (que utilizará Rota en La Strada) donde el chelo de von Pfeil rivalizó en sonoridad con la viola o el corno inglés de esta primera parte, poniéndole personalmente al piano imágenes del mejor Rachmaninov tamizado también por Hollywood, final en la menor casi de fundido a negro con el paso último al mayor que Lupo devolvió al do natural en otra humorada «muy de Rota» antes de la afrancesada Quadriglia, piano emergiendo arriba y abajo con flautas más clarinetes coloreando este baile de salón que finaliza con el alegre y luminoso Can-Can para solaz de orquesta y batuta concertando a la perfección con Benedetto Lupo inspirado como todos.
El regalo del Preludio 13 de Rota recordaría el dominio melódico del maestro y beber de la fuente directamente para un Lupo poderoso y tierno, preludio cinematográfico de la segunda parte.
Las imágenes de La Strada (1954) seleccionadas por el doctor Chávarri para la conferencia nos recordaron al mejor Fellini y el genial tándem con Nino Rota cuya música conocemos a la perfección, casi siempre asociada al cine. El reparto con Giulietta Masina (Gelsomina), expresividad y delicadeza irrepetible, Anthony Quinn (Zampanò), todavía joven en el papel de forzudo tragafuegos y maltratador, y Richard Basehart (il Mato, payaso trapecista), mi almirante Nelson del submarino nuclear Seaview en la serie «Viaje al fondo del mar» de los años 60 con televisión en blanco y negro como la propia película de Fellini.
La belleza de esta banda sonora para la oscarizada como mejor película de habla no inglesa en 1956, donde hay amor, ensoñación y desengaño subrayados perfectamente por el compositor le llevaron en 1966 a escribir la Suite del ballet para orquesta a petición de La Scala de su Milán natal, partitura que Rovaris con la OSPA elevó al paraíso cinematográfico con imágenes propias. Lucimiento en cada intervención de los solistas desde el impetuoso inicio. Si la trompeta de Van Weverwijk pasaba del sonido circense al de jazz con total naturalidad, el trío de músicos que se encuentran con Gersomina, flauta, clarinete y tuba -en la película vemos un bombardino- caminan sobre el alambre sin red pero seguros en las alturas con toda la madera al encuentro de «il Mato». El swing lo marcaría Casanova a la batería secundada por unas trompetas espectaculares y el trombón de Brandhofer en su salsa, junto a los timbales de Prentice asegurando con precisión los tutti. Y la delicadeza de Massina recayó en el violín de Isabel Jiménez (que repetía de concertino invitada), contrastando con la tensión orquestal del maltratador Zampanò, el único momento donde el balance cayó hacia los «bronces» ocultando una cuerda (con piano, celesta y dos arpas) casi siempre presente y contundente. El «intermezzo» cede la melodía a la trompeta, nuevamente inspirada, antes del triste final nuevamente con el solo de violín doloroso y bello.
Rovaris diseñó una película sinfónica llena de claroscuros bien coloreados, sacando brillos y sedas, luciéndose y haciendo lucir a cada músico con los múltiples cambios de una partitura que hizo las delicias de todos. Parece perentorio ir cerrando el tema de contrataciones de un concertino titular así como de un director, al menos que sea un Maestro con mayúsculas como el de este abono («no hay quinto malo» dice el refrán), capaz de contagiar entusiasmo y confianza, conocedor de un amplio repertorio más allá del necesario «fondo de armario habitual» alternado con estrenos no siempre de calidad, para que todo funcione y podamos decir que la OSPA suena de cine.
Buenas sensaciones
11/01/2020
Asturias, clásica, conciertos, conferencias, sinfónica Auditorio de Oviedo, Bach, Brahms, Britten, conciertos, conferencias, Joaquín Riquelme, María Sanhuesa, música, Nuno Coelho, OSPA, OSPATV, Walton 4 comentarios
Viernes 10 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Lenguajes propios I», abono IV OSPA, Joaquín Riquelme (viola), Nuno Coelho (director). Obras de Britten, Walton y Brahms.
Primer concierto en vivo del año, dando por supuesto que todo melómano ya se estrenó desde su casa con el mediático vienés, y conferencia previa de la doctora María Sanhuesa, autora también de las notas al programa, sobre «Dos voces británicas» que ocuparían la primera parte del cuarto de abono de la OSPA, Britten y Walton bien traídos como en el estreno de las obras de este programa en Barcelona y nada menos que con Hindemith de solista en la viola, ese instrumento al que las nuevas generaciones están poniendo en su sitio con abanderados españoles como la pamplonesa Isabel Villanueva, el asturiano Jesús Rodolfo o el murciano Joaquín Riquelme que nos visitaría esta semana desde su atril en la Filarmónica de Berlín y concedió para el Canal en YouTube© de la OSPA una excelente entrevista.
Para arrancar la velada nada mejor que Benjamin Britten y sus Cuatro interludios marinos de «Peter Grimes», op. 33a, música que la OSPA siempre ha interpretado bien, desde un War Requiem en 2013 hasta la propia ópera hace ocho años en el Campoamor que también nos recordaba María Sanhuesa una hora antes. La excelente orquestación del británico pudimos saborearla gracias al maestro Nuno Coelho que repetía visita tras la invitación en abril del pasado año, volviendo a mostrar la química con los músicos y contagiar su energía (entrevista en OSPATV). El poso que los portugueses tienen de Inglaterra parece estar en sus genes y el director luso llevó con mano izquierda y rigor los cuatro lienzos sonoros capaces de evocar unos paisajes diría que oceánicos, más allá del interior que la ópera presenta y coloca entre sus actos. Dawn, Sunday Morning, Moonlight y Storm fueron ganando en intensidad controlando la amplia gama dinámica de unas escenas bien delineadas por una orquesta ideal en número aunque sigamos necesitando un concertino titular (esta vez la invitada fue Isabel Jiménez), con sonoridades rotundas y claras. Sucesión de escenas bien delineadas por Coelho con la formación asturiana, la calma del amanecer desde una cuerda sedosa, trombones y tuba coloreando, una madera limpia, la tranquilidad en la playa un domingo por la mañana con el sonido de pájaros (bravo por la flauta de P. Pearse) y campanas con una percusión impecable y la luz otoñal nunca cegadora, así entendida en las texturas, la luna llena que ilumina ese puerto inglés de Aldeburgh antes de la furiosa tormenta que la música describe a la perfección, pasión más externa que interna en la visión del director portugués que encontró la respuesta precisa de una OSPA cómoda con la obra y la batuta lusa.
El mismo aire de las islas nos lo trajo W. Walton con su Concierto para viola y orquesta (revisión de 1962) y Joaquín Riquelme de solista, todo un lujo de sonido, virtuosismo, elegancia y musicalidad en los tres movimientos que el contemporáneo de Britten coloca en un orden «rompedor» sin perder ni coherencia ni teatralidad, pues no quiero olvidar al Walton cinematográfico y todo un referente para las generaciones posteriores en las bandas sonoras. Comenzar con un Andante cómodo supone la puesta en escena de todo un «corpus orquestal» narrativo, con toda la acción en el Vivo, con molto preciso, el nudo argumental donde solista y formación se emplearon a fondo en calidades, balances, intensidades, todo bien concertado por el maestro Coelho que volvió a dominar la escena, hasta ese Allegro moderato donde la luz del norte ilumina de forma nítida un concierto poético incluso en su dedicatoria y verdaderamente teatral además de inimitablemente británico.
Con «permiso» de los cellos, Riquelme nos regalaría la Allemande de la Suite nº1 de Bach demostrando que la viola ha sido injustamente tratada y posee el sonido más cercano a la voz de mezzo como su hermano mayor lo sea de barítono (el violista murciano en la entrevista para OSPATV lo comparaba a la voz de un tenor italiano). Personalmente tímbrica «femenina» ideal para un repertorio que el músico de la mejor orquesta del mundo conoce como pocos, sumándose a la OSPA en su atril para la segunda parte, pasión por la música y auténtica forma de entender la vida.
La Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 73 de Brahms volvía a los atriles de la OSPA tras el regreso de Max Valdés hace casi cuatro años, esta vez con acento portugués y poso británico. Nuno Coelho tiene talento, se nota el trabajo y las ideas, como su gesto, son claras además de precisas. Conocedores de un repertorio básico en toda orquesta, el germano pone a prueba no ya todas las secciones sino el calado interpretativo al afrontar sus sinfonías, especialmente esta segunda, disfrutando de todos los solistas al encontrar las dinámicas, equilibrios y tempi adecuados a cada movimiento. El Allegro non troppo dibuja esa melodía en la cuerda que recuerda la «Canción de cuna», revestida por una madera siempre en estado de gracia junto a unos metales acertados, amplia gama de matices muy logrados con la garra justa y el sonido «de orquesta británica» que pareció impregnar todo el concierto. El Adagio non troppo perdió algo de la energía demostrada en el primer movimiento pero mantuvo la calidad sinfónica para remontar en el Allegretto grazioso (quasi Andantino) y rematar en alto con el Allegro con Spirito que devolvió ímpetu, fuerza y la sonoridad de la orquesta asturiana mostrando lo mejor en todas las secciones y la entrega a un director que sigue creciendo musicalmente postulándose entre los candidatos a la necesaria (y urgente) titularidad de una formación que sigue sin sus dos pilares básicos.
Conexiones ibéricas
24/10/2019
Asturias, clásica, conciertos, conferencias, música, piano, sinfónica António Rosado, Auditorio de Oviedo, conciertos, E. Halfter, estreno, Falla, música, Nuno Côrte-Real, OSPA, OSPATV, Stravinsky Deja un comentario
Jueves 24 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: OSPA Abono 2, Reflejos I: António Rosado (piano), Nuno Côrte-Real (director). Obras de Falla, Côrte-Real, E. Halfter y Stravinsky.
Nuestras conexiones con los portugueses son seculares y van desde la propia historia a la geografía, con unos ríos que siempre nos han unido a los vecinos más que el ferrocarril o las carreteras. Son para muchos los grandes desconocidos pese a la cercanía, y este jueves volvían a unirse nuestras tierras preparando la gira donde nuestra OSPA llevará bien alto este fin de semana el estandarte sinfónico asturiano al Festival Darcos dirigido musicalmente por el lisboeta Nuno Côrte-Real con el programa que pudimos disfrutar en este segundo de abono y que estuvo precedido por un encuentro con el director y compositor en la sala de cámara.
Conexiones de baile que nuestra OSPA tiene muy interiorizadas y de la que recuerdo su paso por el Auditorio de Santander hace siete años, los ballets rusos de Falla y Stravinsky, la escuela del gaditano seguida por Ernesto Halfter llamado el «Halfter portugués» de esta saga de grandes compositores, y del que escuchamos su Rapsodia portuguesa con el pianista de Évora quien también estrenaría la versión sinfónica de la Elegía del compositor y director Côrte-Real (interesante escucharlo en OSPATV), entroncada con la anterior por el solista además de esos aires hispanolusos mezclando saudade y morrinha galaicoportuguesa, meigas y bruxas, esplendores y angustias con la música como nexo único.
La Suite nº 1 de El sombrero de tres picos (Falla) es la obertura ideal para que toda la OSPA disfrute en cada sección, al igual que en el ballet del ruso: una cuerda compacta donde se agradece el peso en los contrabajos, la percusión magnífica que mantiene el empuje rítmico tan necesario, las maderas donde degustar el corno inglés y hasta los metales con una trompeta solista algo fría en el inicio (se desquitaría en la segunda parte), pero ajustada a las órdenes de un maestro luso que no aportó nada nuevo salvo el gusto por el equilibrio en los planos. Interpretación algo plana donde la música del gaditano universal no falla.
Llegaría el momento del piano con orquesta en dos composiciones muy diferentes pese a la conexión ibérica de ambas, primero la Elegía para piano y orquesta, Op. 33b (Nuno Côrte-Real, 1971) en su versión sinfónica tras la original escrita para el Ensemble Darcos, lleno de una tristeza que el propio compositor asoció, tanto en el encuentro previo como en la presentación de ambas obras al público, que hoy no llenó el Auditorio, con el martirio en su concepción general, obra fácil de escuchar, sin excesos tímbricos, con momentos de lucimiento de António Rosado, sonoridades de reminiscencias variadas y orquestación amplia aunque poco luminosa, tal vez por ese transfondo místico, nebuloso, aunque no siempre podemos disfrutar en nuestros días de un estreno dirigido por el propio compositor, lo que en siglos pasados era lo habitual. Me encantó el pasaje con las violas y el solista verdaderamente bien resuelto y tal vez sacado de la versión camerística que me gustaría escuchar en algún momento.
La luz vendría con la Rapsodia portuguesa de Ernesto Halfter (1905-1989), la instrumentación brillante, el piano de Rosado presente, limpio, ensoñador, las melodías populares como motivo de recreación e inspiración al igual que su maestro Falla, siempre tamizadas por el sabor español de castañuelas o pandereta como si un Ribera del Duero tomase cuerpo en las tierras vecinas, el recuerdo del Tajo lisboeta que arrastra tanto hispano, y así lo entendieron todos. Interesante contraponer dos conceptos compositivos con el piano de protagonista, donde el español dominó al luso de principio a fin antes de escuchar una propina deliciosa en sus manos con el mismo bouquet.
La banda sonora de la segunda parte la preparó el propio Côrte-Real presentando la Petrouchka (versión 1947) de Stravinsky como tal, marioneta de la protagonista incluida, simpatía portuguesa del maestro que la mantuvo en el podio y mantuvo ese toque infantil para esta joya de ballet nuevamente disfrutando de las calidades de los músicos de la OSPA, movimientos bien contrastados, paralelismos cronológicos y casi estilísticos con Falla que además mejoraron dinámicas, la agógica siempre difícil, pulsión global, buen balance en todas las secciones y un final fantasmagórico con esa Petrouchka emparentada con el Samaín celta, astur y gallego como las ánimas, tradiciones que conectan y hacen una esta Iberia siempre motivo de inspiración.



















































































