Inicio

Los caramelos viajeros de Cecilia

Deja un comentario

Jueves 23 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. «Un viaje por 400 años de música italiana«: Cecilia Bartoli (mezzo), Antoni Parera Fons (piano).

Cada visita de la mezzo romana asegura lleno allá donde vaya, independientemente de lo que se programa. En esta gira española eligió un programa de música variada, la que ha cantado como solo ella sabe, con simpatía y buen gusto, técnica apabullante, pianísimos que enamoran y acallan toses o móviles, potencia la justa en vivo y esta vez con piano.

Pero está visto que en Oviedo parecemos gafados y el habitual acompañante Sergio Ciomei tras una indisposición obligó a retocar un programa (dejo los dos arriba) con el que el compositor, productor y pianista Antoni Parera Fons (Manacor, 1943) hubo de lidiar tomando algunas propinas para incorporarlas, sustituyendo la Fantasía en re menor de Mozart (que en Oviedo no aparecía) por T’estim i t’estimarem  y con toda la profesionalidad (los modernos dirían «el marrón») adaptarse a la diva que al principio hubo de tranquilizar a su acompañante accidental.

Se notó al mallorquín cauto, en cierto modo apagado abusando del pedal izquierdo como temiendo tapar a «La Bartoli» incluso con la tapa bajada, en un repertorio barroco donde el instrumento no es ideal aunque los estudiantes de canto tienen que estudiar estas obras desde este formato. Selve amiche de Caldara, las dos de Bellini, la encantadora y personal versión donizettiana del Me voglio fa na casa o el «hit» de Händel Lascia la spina que la propia mezzo se basta para cantarlas como sólo ella sabe desde sus inicios. Cierto que a una artista integral como Cecilia Bartoli cuesta acompañarla así de improviso y seguirla en sus acelerandos, pausas no escritas y ornamentos imprevisibles, pero ella siempre ayuda y esta vez se tornaron los papeles en cuanto al temple pero brillando «la diva«.

Nos perdimos por el camino esos esperados Vivaldi o Mozart de Parto, ma tu ben mio («La Clemenza di Tito») que el docto Arturo Reverter comentaba en las notas al programa, aunque con piano hubieran resultado «distintos», y apareció el Rossini de La danza que no nos hace olvidar a los grandes tenores aunque Cecilia no teme repertorios de voces «ajenas» pues siempre los hace suyos. El recuerdo de mi infancia radiofónica resultó el Munasterio ‘e Santa Chiara (Alberto Barberis) de Claudio Villa que aquí hizo famoso y traducido Jorge Sepúlveda aunque tras la versión a dúo romano-barcelonés me quedo con «la Bartoli de cámara», mejor incluso que Mina o Vittorio De Sica que también la (re)interpretaron entre muchos más italianos famosos.

Tras las «chuches» de la primera parte y el cambio de vestuario, seguiríamos con el Puccini melódico e inspirado, descanso vocal incluido con el Piccolo valzer a cargo de Parera con la conocida aria de Musetta enlazada ya con «La Bartoli» y su peculiar Lauretta para otro «hit» como O mio babbino caro. Mejoría con un Tosti que siempre destila belleza en cualquier registro (su Aprile de lo mejor) y que Cecilia siente, canta y transmite incluso en el gesto, grande hasta los mínimos detalles. Después Donaudy, Parera Fons más tranquilo con unas páginas menos exigentes y traidoras, la conmovedora Santa Lucia luntana o simpática Tammurriata nera, ambas de E. A. Mario (1884-1961) napolitanas tan populares y cercanas a toda una generación como las de De Curtis (del que también regaló Non ti scordar di me) o el «Volare» de Modugno que Parera Fons acompañó como si fuese suya y Cecilia la destinataria, antes de las siempre esperadas propinas (algunas «reutilizadas» cual reciclaje obligado): O sole mio que no puede faltar en este recorrido de cuatro centurias de música italiana, la seguidilla de «Carmen» verdaderamente carnosa en la voz de «La Bartoli» apurando al pianista con el taconeo, y Mamma además del citado De Curtis, redondeando una fiesta italiana con pianista manacorí, plagada de dulces que Cecilia Bartoli eleva a delicadezas.

En Asturias diríamos caxigalines con ingredientes y presentación de alta repostería. Como ha pedido en Madrid o Barcelona nos encantaría escucharla en una ópera, aunque con la orquesta en el foso no creo que luciese tanto y el banquete podría atragantarse. Pero siempre nos queda DiDonato que cerrará los Conciertos del Auditorio, parece que manteniendo ese «duelo» en el ciclo ovetense que las suele traer juntas ¡pero distanciadas!. Las grabaciones están bien pero siempre comento que el directo es irrepetible… y sino que se lo digan al bueno de Parera Fons, verdadero héroe para sobrevivir al volcán italiano.

Viva Durón, un «piacere» en primavera

2 comentarios

Lunes 20 de marzo, 20:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: IV Primavera Barroca: Durón 300 – Muera Cupido. Accademia del Piacere, Fahmi Alqhai (quintón, viola da gamba y dirección), Nuria Rial (soprano). Obras de Sebastián Durón, José de Torres, Santiago de Murcia,  F. Alqhai y Bononcini. Abono: 67,50 € (58,50 € para abonados al Ciclo y JJPiano).
El inicio de la primavera en Asturias es siempre barroco desde hace cuatro años. La sala de cámara registra entradas impensables demostrando de nuevo que Oviedo es la Viena del Norte por oferta, una inversión que el CNDM capitaneado por Antonio Moral ha entendido desde 2014, y a la vista de los resultados es obvio que se debe continuar en esta línea.

He asistido a varios conciertos del ciclo «Durón 300» y este lunes ponía punto y seguido porque además de cerrar su aniversario servía para abrir esta cuarta edición de barroco primaveral en Oviedo con la formación que comandan el pequeño de los Alqhai, más una de las voces españolas ideales para sentar cátedra en este repertorio como es la catalana Nuria Rial, sumándose a Raquel Andueza, Marta Almajano o Eugenia Boix que también han celebrado a Sebastián Durón (1660-1716), protagonista de este recital de Accademia del Piacere reflejado en un pequeño folleto que recoge el ciclo del 300 aniversario desde Brihuega a Oviedo.

Sin entrar en detalles para cada una de las obras seleccionadas, que dejo aquí escaneadas, se sigue apostando por arreglos, adaptaciones, investigación y recuperación histórica de nuestro repertorio (siempre con el apoyo del CNDM), y la formación elegida para estos programas estuvo conformada por Rodney Prada (quintón), Rami Alqhai (violón), Johanna Rose (viola da gamba), Miguel Rincón (guitarra barroca), Javier Núñez (clave) y Fahmi Alqhai (dirección musical y quintón más viola da gamba puntual en un tema permutándose con Johanna), sirviendo este banquete musical donde hubo desde verdaderos atracones hasta delicateseen para todos los paladares.
Hay que reconocer que la acústica no siempre juega a favor de los músicos ni la elección de los instrumentos arropando la voz por ser muy personal (recordar que el barroco siempre está abierto a múltiples interpretaciones) y cada concierto es distinto del anterior. El apunte quería hacerlo porque hubo momentos que resultaron pesantes al intervenir todos los músicos, con frecuencias y timbres desiguales, duplicando voces en el grave o acordes repetidos en guitarra y clave que enturbiaban el discurso, más aún cuando la catalana se unía al conjunto perdiéndose dicción ante la avalancha sonora. Mejor resultaron las combinaciones con menos instrumentación que favorecen fraseo vocal y visten más adecuadamente unas melodías hermosas, especialmente en la voz de la tarraconense Nuria Rial.

La calidad de los músicos del «piacere» la conocemos desde hace tiempo y las intervenciones solistas resultaron una lección de virtuosismo y buen gusto, especialmente el clave de Núñez y la guitarra de Rincón, capaz de «vestir de flamenco» cada solo suyo aportando la rítmica tan nuestra que enriquecen las visiones barrocas desde nuestro tiempo. Poder paladear en este «ciclo Durón» las distintas recetas y acentos para la conocidísima Ay, que me abraso de amor en la llama vuelve a demostrar la riqueza de este repertorio, aires sevillanos, navarros o catalanes para un mismo cuerpo, vestimentas adaptadas a las voces e ingredientes de cada formación.
No faltaron xácaras, folías, marionas o canarios instrumentales que rellenan programa y descansan la voz, pero también Tarantella y fandango de Santiago de Murcia con sabor y aliño andaluz de Fahmi para unos platos conocidos y cocinados con sello propio. Como entremeses de este banquete pudieron resultar excesivos, aunque Durón en la voz de Rial se encargaba de cantarnos Sosieguen, descansen, palabras mágicas y momentos para las dosis en su punto justo, como también el recitado y aria de El imposible mayor en amor, le vence Amor de José de Torres pero mal atribuido a Durón (aunque ya sabemos que Raúl Angulo ayudó a poner las autorías en su sitio) o el aria que daba título al programa «Muera Cupido» de Salir el amor del mundo, bien cocinado y servido por la Accademia del Piacere con Nuria Rial enamorando también en Oviedo.

Del variado menú tampoco quiero olvidarme la Pastorella che tra le selve (G. Bononcini) rescatada de la BNE, manuscrito 2246, que bisarían para comprobar que la música escénica española en los tiempos de Durón reunía lo mejor del momento, gastronomía musical al más alto nivel, y con una formación capaz de templar gaitas con cuerdas varias, en parte por los sevillanos Alqhai quienes hicieron puntero y roncón con quintón más violón, estilos populares elevados al gran salón como una buena fabada cocinada a la andaluza porque los climas necesitan adaptar estos menús.

El convite primaveral solo acaba de servir el primer plato pero el éxito está asegurado, músicas sin complejos y bien servidas que se digieren a la perfección resultando la mejor terapia para todas las edades.

Buenos imprevistos

3 comentarios

Domingo 19 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni». Lucas Debargue (piano), Gidon Kremer (director artístico y violín), Kremerata Baltica. Obras de Mozart, Schubert y Weinberg.

La esperada Martha Argerich, de las pocas grandes del piano que quedaban por visitar las Jornadas de Oviedo que llevan el nombre de nuestro añorado Luis G. Iberni, cancelaba por problemas de salud en esta gira de la Kremerata Baltica, siendo sustituida por el pianista francés Lucas Debargue (23 octubre 1990) con algunas entradas devueltas porque para muchos resultaba pasar de lo mítico a lo futurible, si bien se perdieron una velada donde el piano resultó protagonista incluso cuando no estaba. Los bálticos de Gidon volvían por tercera vez al auditorio donde siempre han dejado buen sabor de boca.

Mozart por «la Argerich» es bocatto di cardenale para muchos paladares, pero también debemos saborear otros cocineros para un manjar de plato. Esta vez el Concierto para piano nº 8 «Lützow», en do mayor, K. 246 venía condimentado por una de las mejores orquestas de cámara del momento, la fundada por el violinista Gidon Kremer como inacabable cantera joven de instrumentistas bálticos pero esta vez dirigidos desde el propio piano por Debargue añadiendo ese plus o grado de dificultad aunque la Kremerata Baltica casi funciona sola desde el concertino (con Madara Petērsone en la primera parte y en la segunda Džeraldas Bidva), aunque el francés domina Mozart desde su arranque como figura emergente, tanto sus compañeros, dejándonos entre todos este «Lützow» impecable, con una cuerda camerística más trompas y oboes a pares para aportar la frescura que aún tiene este octavo que no obstante perfila el nuevo lenguaje que tomaría el concierto para solista. Sonoridades perfectas para todos, fraseos claros del francés con un pedal por momentos algo sucio pero sin empañar en ningún momento el resultado del conjunto. Si el Allegro aperto fue marcado desde el piano, el Andante dejó fluir la música para la «camerata» hablando el mismo idioma y mejor aún el Rondeau, Tempo di Menuetto que cerraba la estructura clásica así como la ejecución de un Mozart que Argerich seguramente hubiese elevado a los altares.

Y para continuar Schubert y su Fantasía para violín y piano en do mayor, D. 934 con Kremer de solista pero ¡en un arreglo para violín y orquesta! de Victor Kissine (1953), una lástima porque teníamos piano y pianista además del propio Gidon que ejerció de invitado manteniendo magisterio como solista y docente, con sus músicos sonando realmente camerísticos, un quinteto de veintitrés músicos arropando al Maestro y haciendo gala de todas las técnicas de la cuerda frotada, con unos pianissimi imperceptibles y donde los trémolos sonaron increiblemente precisos y empastados. El arreglo como tal no aportó nada a esta hermosa fantasía salvo poder escuchar ese Amati de 1641 aterciopelado y mágico en los dedos y arco del letón, lección magistral para tantos músicos esta tarde entre el público, con la cuerda capaz de rememorar y «variar» el sonido original del piano.
Aunque lo mejor volvería a ser su admirado Piazzolla, de nuevo la propina del Oblivion en una versión que por ella sola mereció el concierto, entendiendo al argentino como pocos en un arreglo donde la camerata es seda vistiendo el sueño musical contado por Kremer.

Al compositor Mieczyslaw Weinberg (Varsovia, 1919 – Moscú, 1996) del que Shostakovich, profesor, protector y amigo suyo, afirmó era uno de los mejores compositores de su época, Gidon Kremer y sus chicos le han dedicado un disco que nos permite disfrutar de un «desconocido» por estos lares, pues el violinista letón siempre ha creído en los nuevos repertorios apostando por programas poco transitados, y en directo es siempre irrepetibe.

Esta vez sí había piano para el Quinteto para piano op. 18 pero en versión con orquesta de cuerda y percusión del propio Kremer más el solista de la Kremerata Andrei Pushkarev, arreglo que sí enriqueció el original de por sí completo. Poder conseguir que veinte músicos suenen como cinco es algo admirable que conlleva trabajo a raudales y con esta juventud báltica todo es posible. Las pinceladas de los timbales, caja o temple-blocks engrandecen cada uno de los cinco movimientos, con reminiscencias de Prokofiev, Gershwin y hasta Brahms tamizadas por un lenguaje actual que tanto la cuerda como el piano se encargaron de elevar a lo casi sinfónico en una delicia interpretativa donde el francés casi ejerce de solista con sonoridades impactantes perfectamente ensambladas con ese quinteto multiplicado: dos contrabajos, cuatro cellos, cuatro violas, y trece violines (7+6) capaces de dinámicas impresionantes y esta vez Lucas Debargue mandando… o tal vez los bálticos disciplinados dejándose llevar.

Un acierto de versión la del polaco-ruso antes de dos propinas con Debargue solo al piano: verdadero sabor romántico ruso con Tchaikovsky y el Valse sentimentale, Op. 51 nº 6, y un ragtime de jazz que tanto le gusta al francés, pues esta generación ha crecido con la música sin etiquetas, haciendo «clásico» todo lo que sea anterior a su nacimiento. Esta vez no hubo notas al programa, supongo que los recortes llegan al papel y también a los colaboradores…

Forma Antiqva: café en La Felguera

1 comentario

Sábado 18 de marzo, 20:00 horas. Nuevo Teatro de La Felguera (El Maripeña): «Café Telemann», Forma Antiqva. Entrada: 5 € más 0,60 € por gestión (desde mi casa y paseo hasta un cajero para retirarlas, es decir, ¡Liberbank nunca pierde! y siempre pagamos nosotros). Obras de Georg Philipp Telemann (1681-1767).

Forma Antiqva siguen en plena erupción tras el CD titulado The Volcano Symphony (para el sello alemán Winter & Winter del que son artistas exclusivos) interpretando una composición original calificada como «poema sinfónico» del holandés Ernst Reijseger (1954), que recomiendo escuchar con detenimiento por lo que supone hacer música de hoy con instrumentos de ayer y hoy en feliz conjunción atemporal, tal como hicieron en la propina de este sábado desde «la otra Cuenca» para los de ésta, uniendo dos temas asturianos: la popular Santa Bárbara Bendita (desde el minuto 39:26 del enlace) y un Fandango de Leitariegos. Porque no hay etiquetas para los langreanos que volvían a su casa con otros dos «adoptados» encontrando por fin el apoyo merecido a su trabajo de difusión del concejo, del Principado y de la que muchos llaman #MarcaEspaña pero olvidando a menudo la música y sus intérpretes. Por cierto que pese a la agenda tan apretada de la formación y sus integrantes con distintos programas, están metidos estos días en la grabación del nuevo CD volviendo a apostar fuerte, titulado Poem of a cell con música de Vivaldi, Mozart, Haydn, Fumio Ysadu, Fabio Nieder y Uri Caine (el mismo de las exitosas Estaciones Zapico) en el Estudio Uno de Colmenar Viejo que espero escuchar en cuanto salga.

Ya había degustado el pasado verano este «Café Telemann» que este sábado servían a un público venido de toda Asturias con la misma formación que entonces: Alejandro Villar (flauta de pico), Daniel Pinteño (violín), Daniel Zapico (tiorba), Pablo Zapico (guitarra barroca) y Aarón Zapico (clave), del que tuve además el honor de realizar mi crónica para el diario La Nueva España, aunque la total libertad de espacio que me da el blog supuso una entrada con múltiples enlaces a toda la repostería que acompañaba cada café.

Como los reconocidos baristas, este café puro se preparó en cuatro entregas con postres por parte de Forma Antiqva, bloques de distintas sonatas bien organizadas para poder saborear las combinaciones que ese quinteto, para la ocasión, pueden realizar a partir de la música de Telemann, en el año de celebración de los 250 años de su muerte (porque los grandes genios siempre siguen vivos).

Si en el mes de julio me asombraban con estas joyas, destacando la búsqueda no ya de repertorio sino de cómo presentarlo, con el paladar hecho a este café alemán volvíamos a degustar las sonoridades tan logradas que permiten no ya el lucimiento individual a modo de dulce, sino los diálogos entre violín y flauta uniendo virtuosismo en los pasajes rápidos y lirismo en los lentos.

Escuchar la tiorba a dúo con el violín abre nuevos sabores más allá de la decoración florida, que también. Y las intervenciones de los hermanos Zapico en solitario fueron impecables además de virtuosas, especialmente Aarón que sacó del clave sonidos impensables, ataques dinámicos (para que opinen los expertos), otros secos jugando con la resonancia junto a acordes tenidos que iban quedando en la nota principal.

Por supuesto reencontrar a Alejandro Villar en este repertorio barroco para situarle entre los virtuosos de la flauta de pico, asombrándonos el fiato, las dinámicas y la musicalidad amén del empaste con el violín de Daniel Pinteño, otro músico impresionante que Forma Antiqva ficha en estas formaciones que crecen desde el trío, tanto como su propio repertorio. Excelente café antes de una Guinness© en «mi oficina» de Mieres.

Boleros y especialmente coplas

Deja un comentario

Jueves 16 de marzo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Casa de la Cultura, Mieres. Semana Internacional de la voz, «Tardes de Coplas… y Boleros»: Chus Serrano (voz) y Marcos Suárez (piano). Entrada: 5 €.

Continúa la semana de la voz con un artista integral como Chus Serrano, actor, cantante y logopeda, reuniendo tres facetas plenamente ligadas a esta celebración musical, y esta tarde con boleros y coplas que todos tenemos en nuestra memoria, microrrelatos donde además de cantar unos textos que son «puro teatro» también se deben escenificar, hacer creíbles. 

Como bien me comentaba Elena Pérez-Herrero, coordinadora de esta semana y maestra de canto de muchos de los participantes, hubiéramos necesitado un Astor Piazzolla para nuestra copla que la elevase al sitio que merece como hizo el argentino con el tango.
No abundan buenas partituras y menos arreglos para piano de estas «pequeñas» piezas de nuestra vida, lo sé por experiencia, apenas la melodía y los acordes (siempre pensando en la guitarra) que ni siquiera están todos ni bien… con un poco de suerte algunos arreglos para aquellas orquestinas donde el guión de piano servía para eso, guiar unas armonías que como el tiempo, también han evolucionado, y no hablemos de las editoriales de partituras, casi siempre aprovechando las presentadas en «Autores» (la SGAE) donde solo se exige melodía y bajo «cifrado», que además tienen poca venta ante el pirateo de las redes donde todo es gratis… y así nos luce el pelo.

Recordaba escuchando esta velada que registró la mejor entrada hasta el momento, cómo estos géneros han sido un poco el Guadiana, la música de nuestra infancia que algunos grandes intérpretes la han sacado del olvido volviendo a ponerla de moda, aunque sea atemporal, y siempre nos pasa que seguimos sin saber venderlo. Luis Miguel o Alejandro Fernández han colocado el bolero en la memoria de su generación, retomando la historia de la mexicana María Grever ¡discípula de Debussy! que llegó a escribir un libro titulado «Aprenda Ud. español por medio de la música» tan influyente en los años 40 y 50 en EE.UU. donde Mario Lanza, Frank Sinatra y especialmente Nat King Cole, Dean Martin tenían el mismo acento para aquellos temas que pusieron nuestro idioma de moda, también José Feliciano, actualizado y renovado con una rusa: «El idioma es música«. Y es que el bolero no pasa de moda, es mestizaje, sigue generando mucha y buena literatura, documentada, porque es un poco la banda sonora de nuestras vidas además de la mejor promoción del español.
También han coqueteado con el bolero desde Gloria Estefan a Tamara o Alejandro Sanz, Los Sabandeños, los leoneses Café Quijano e incluso los dos Davides «triunfitos» Bisbal y Bustamante, amén de nuestro cubano Antonio Machín o unos incombustibles Los Panchos que seguimos asociando al bolero, incluso un dúo irrepetible entre Tete Montoliú y Mayte Martín, aunque para mí el maestro siga siendo Armando Manzanero.

Y en la copla tengo que mencionar a nuestro añorado Carlos Cano otro grande de la copla recuperada, sin olvidarme de Martirio que le da a todos los palos su impronta personal (también al bolero como Miguel Poveda) e incluso el asturiano Joaquín Pixán que la elevó también al campo sinfónico. Muy importante la labor de los arreglistas para vestir correctamente estos cuerpos protagonistas de auténticos dramas (y aprovecho para recordar que significa escenificación o teatralización, con dramas cómicos y trágicos aunque parezca que solo sean tales éstos) y sobre todo darle el estilo o aire de dos géneros tan especiales y eternos como el bolero o la copla, de los que Serrano fue contándonos cada historia.

Un placer escuchar la voz fresca, natural, sin amaneramientos de un Chus Serrano que destila arte desde el momento de pisar el escenario, incluso su apellido respira aire propio. No imita a nadie sino que hace suyo cada tema, el bolero y sobre todo la copla, los adornos sinceros e innatos, como el movimiento de las manos en los bailarines, buscando unas tonalidades perfectas para un color de voz espontáneo aunque muy trabajado. Marcos Suárez tuvo que hacer lo que buenamente pudo, con distintos resultados pero siempre respetando al cantante, desnudez en su momento para comprobar que no se necesitan aditivos cuando se canta desde el corazón, aunque deseando encuentren los arreglos que se merecen estos temas inmortales.
Una docena de temas que como suelo hacer, dejo con los enlaces a algunas versiones disponibles en la red y ¡cómo no! unas letras (enlazadas en los autores) que debemos entender en su momento, porque en estos tiempos que corren muchos de ellos estarían metidos en pleitos por machistas, acosadores o incitadores… Tristemente se olvidan de la historia, y el bolero como la copla no pueden cambiarla pero si seguir recordándola para no repetirla.

Cada uno tenemos nuestras versiones pero todas irrepetibles y menos en directo. De regalo Chus Serrano nos dejó el deseo de conocer GRANADA (Agustín Lara) desde la sencillez y convencimiento de una voz propia no solo para el bolero o la copla…

La voz cruzando el océano

Deja un comentario

Miércoles 15 de marzo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Casa de la Cultura, Mieres. Semana Internacional de la voz, «Transatlántico»: José Miguel Llata (voz) y Marta Gutiérrez (piano). Obras de Giulio Caccini (1550-1618), A. Scarlatti (1660-1725), Ch. Gounod (1818-1893), C. Saint-Saëns (1836-1921), Roger Quilter (1877-1953), L. Bernstein (1918-1990), S. Barber (1910-1981), Geoffrey Wright (1912-2010), Manuel Ponce (1882-1948), F. Obradors (1897-1945), Joaquín Turina (1882-1949), F. Paolo Tosti (1846-1916) y Antón García Abril (1933). Entrada: 5 €.

Segundo concierto tras el del martes con más público en esta semana de la voz, esta vez masculina y seleccionando páginas vocales de ida y vuelta en un viaje variado como describen el el programa que dejo aquí (también se nos brindaron las letras traducidas así como la presentación de las dos «etapas»: el Orient-Express de Venecia a Le Havre, cruzar a Southampton y embarcarnos en un crucero tipo «Titanic» que casi se hunde antes de Nueva York, con vuelta haciendo escala en Veracruz, Cádiz, Barcelona y Nápoles cruzando el charco con el sobrecargo Llata y la capitán Gutiérrez.

Con todo el respeto que me merecen todos aquellos que se suben a un escenario, sean estudiantes, aficionados o profesionales, esta tarde el viaje no fue todo lo plácido que aventuraba el mapa pese a navegar por mares conocidos aunque traicioneros. A José Miguel Llata no me atrevo a llamarle tenor porque su color para el repertorio elegido no siembre se adaptó. En Venecia hizo agua porque Amarilli mia bella (Caccini) o Le Violette de la ópera «Pirro e Demetrio» (A. Scarlatti) exigen unas agilidades para no caerse además de sentir unas páginas que creo deben tener otra expresión.
Está bien sacar del olvido páginas poco escuchadas como Venise (Gounod) o Soireé en mer (Saint-Saëns) porque en el hilo argumental del recorrido geográfico y musical están bien ubicadas, pero la variedad rítmica o tonal también hay que transmitirla, más allá de la partitura, sin importarme que el original esté escrito para una voz u otra.
Mejor y más cómodo en el repertorio británico por gusto y «cercanía» como las dos páginas de Roger Quilter (Now Sleeps The Crimson Petal y Music, When Soft Voices Die) que van mejor al estilo de Llata aunque el piano de Gutiérrez también debería darle un aire más allá del propio acompañamiento. Difícil pese al título de Simple Song (de la Misa de Bernstein) por la afinación y un piano cercano al jazz, nuevamente más sentido que interpretado, para ir calentando «en tierra» con Solitary Hotel (Barber) con texto de Joyce, de difíciles armonías, y esa nana Transatlantic Lullaby del británico G. Wright ambientando la cubierta del barco, un estilo más adecuado a la voz del cántabro afincado en Asturias que además pareció sentirse cómodo o así lo percibí, aunque la dicción no siempre fue correcta.

Había mucho que cantar en la segunda parte tras una mínima pausa para un atraque rápido, obras de enjundia y poderío que requieren mucho recorrido por parte de los dos intérpretes, saliendo a flote por la propia música aunque estilísticamente hubo reparos por quien suscribe. Las referencias de cada una de las partituras son demasiado exigentes y no puedo evitarlas, aunque Llata y Gutiérrez pusieron a toda máquina su vuelta a casa. Lejos de tí (Ponce) una de las más bellas melodías mejicanas escritas, la Saeta en forma de Salve a la VIrgen de Turina con letra de los Hermanos Quintero cual lied andaluz junto al catalán donde piano y voz se equiparan en la sentida Del cabello más sutil (Obradors) nuevamente con el listón muy alto aunque aplaudo la valentía interpretativa, para cerrar con el gran Tosti y dos napolitanas que solo necesitarían una mandolina o un acordeón para viajar también mentalmente: Malia más Il pescatore canta, antes de la propina española de Antón García Abril con el hermoso tema asturiano No te pares a mio puerta, de pianismo exquisito para una melodía tan nuestra que el turolense ha hecho internacional como tantas otras, captando a la perfección la riqueza de nuestro folklore para llevarla a la sala de conciertos.

No tuve que usar chaleco salvavidas porque en el Mediterráneo y el Cantábrico hubo calma chicha pese a la amenaza de tormenta. La música vocal sigue de celebración y cuando está tan bien escrita merece la pena un periplo como el elegido por Llata y Gutiérrez, porque el riesgo forma parte de la aventura y llegamos sanos a buen puerto. Mañana tomamos otros aires con coplas y boleros…

Mieres celebra la semana internacional de la voz

Deja un comentario

Martes 14 de marzo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Casa de la Cultura, Mieres. Semana Internacional de la voz, «España, fuente de inspiración»: Elisabeth Expósito (soprano) y Omar Navarro (piano). Obras de Á. Émbil, O. Navarro, E. Granados, W. A. Mozart, G. Bizet y G. Rossini. Entrada: 5 €.

Aunque el día mundial de la voz se celebra el 16 de abril, todo los días debemos concienciarnos de su cuidado porque es nuestra principal herramienta de comunicación, y no digo para los muchos profesionales de ella (profesores, locutores, actores, cantantes…), por lo que no es baladí celebrar una semana de la voz en Mieres que esperemos tenga continuidad cada año, buscando todos los aspectos relacionados con un instrumento que cuando se hace musical para a convertirse en arte.
Las fechas para este 2017 coincidían con el periodo vacacional de la Semana Santa, por lo que encontrar huecos en el auditorio mierense se hacía difícil, así que serán estos días donde podamos disfrutar de varios conciertos, como así nos los presentó Elena Pérez-Herrero, una mierense de pro, cantante, profesora y coordinadora de esta semana que desde Haragei, con sede en Oviedo pero extendiéndose por toda España, continúa formando a generaciones de cantantes.

Este primer concierto nos trajo a Elisabeth Expósito y Omar Navarro que prepararon un programa titulado «España, fuente de inspiración» que daría para muchísima música, por lo que la elección se adecuó al repertorio donde no faltaron páginas líricas ni guiños a nuestra tierra, presentando cada obra dándole también ese aspecto didáctico que siempre se agradece.

Anxelinos es una añada o canción de cuna asturiana compuesta por Ángel Émbil Ecenarro (1897-1980), un guipuzcoano de Zumaia afincado en Asturias desde los diez años y asentado en Pola de Siero, quien además de crear escuela y dejarnos obras vocales para distintas formaciones, supo captar nuestro folklore como pocos, dejándonos esta delicia coral en su versión para soprano y piano.

Un placer escuchar obras nuevas, contemporáneas, más en las manos del propio compositor, Omar Navarro (Oviedo, 1983), quien además estrenaba en la versión con acompañamiento de piano Ya toda me entregué y dí,  con texto de Santa Teresa de Jesús que Navarro convierte en un lied donde la voz de Elisabeth y el piano se complementan engrandeciendo desde la música las palabras de la Santa de Ávila.

Granados sigue de celebración porque su música es atemporal, y de sus Goyescas escuchamos el Intermezzo por Omar Navarro, haciéndonos recordar desde el piano la riqueza que en versión orquestal atesora esta joya, y con Elisabeth Expósito La maja y el ruiseñor, también llamadas quejas, casi continuación de las llamadas canciones de salón que tan de moda estuvieron a finales del siglo XIX, nuevo diálogo más que acompañamiento entre soprano y piano para una voz que gana quilates con el tiempo, fraseando estas páginas del catalán, completando este homenaje con la conocida Andaluza, la Danza nº 5.

El bloque final lo pondría la ópera con Sevilla siempre protagonista, desde Mozart con Don Giovanni y las arias «Vedrai, carino, se sei buonino» o «Batti, batti, o bel Masetto» con ingenuidad equívoca, o Las bodas de Fígaro y el «Venite, inginocchiatevi«, recreaciones escénicas de una Expósito que siempre ha elegido bien su repertorio, hasta la famosa «Una voce poco fa» de El Barbero de Sevilla (Rossini) con endiabladas agilidades y mucho sentimiento, sin dejar constancia de la barbaridad que suponen las reducciones orquestales para piano. No podía faltar tratándose de Sevilla la Carmen (Bizet) entre los genios de Salzburgo y Pésaro, con la versión para piano solo de Leopold Godowsky, un verdadero virtuoso para «recrear» los números de Escamillo («Toreador») y Don José («La fleur que tu m’avais jetée»), casi cantadas mentalmente en un ejercicio de vocalización interior tan importante para el estudio.
Recomiendo a quienes puedan acercarse estos días a esta celebración donde la voz tiene Música, con mayúsculas y sin etiquetas, distintos estilos y épocas para disfrutar como en casa.

Díaz-Jerez, enólogo de Albéniz

3 comentarios

Miércoles 8 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Sociedad Filarmónica de Gijón, año 109, concierto nº 1.586. Gustavo Díaz-Jerez (piano): Iberia (Albéniz).
Es difícil personalizar y aportar novedades a la Biblia del piano que es la Suite «Iberia» de Albéniz, el verdadero testamento del compositor catalán y obra que no todos se atreven hasta entrada la plena madurez e incluso a la que muchos vuelven con la visión que da el tiempo, como con los vinos.

Todos tenemos «nuestras iberias» de referencia en vinilo o redigitalizadas cual añadas especiales y grandes reservas, entre las que atesoro Alicia de Larrocha, Guillermo González, Rafael Orozco, Esteban Sánchez o más recientemente  Luis Fernando Pérez o Rosa Torres Pardo, incluso algunos directos pero más con piezas sueltas que al completo (tengo que revisar mi archivo para recordar cuándo fue la última vez).
El compositor y pianista tinerfeño Gustavo Díaz-Jerez (1970) será otro enólogo musical que pasará a engrosar mi lista de grandes intérpretes de Iberia, con un DVD novedoso en los medios utilizados (el primero rodado en alta definición) y tras registrarla hace ocho o nueve años en CD, esta vez pasándola por su tierra para darle un cuerpo distinto a unos viñedos canarios que rezuman musicalidad. El propio intérprete hablaba de este DVD comentando que «cuenta como grandes alicientes con las imágenes «de máxima calidad» y con planos poco habituales como los cenitales en que se aprecia en toda su magnitud las enormes dificultades técnicas que entraña para cualquier pianista salir vivo de los saltos, cruces de manos y sucesiones de acordes ‘imposibles’ que ideó Albéniz». Las doce impresiones en cuatro libros suponen la universalización del pianismo español y su escucha casi obligatoria para todo melómano además del examen permanente de todos los que se enfrentan a tan magna obra, y disfrutar del DVD todo un placer.

Pero el directo siempre es diferente y lo degustado en Gijón, abriendo las taquillas al público (la entrada a 20 €) en una excelente iniciativa de la Sociedad Filarmónica gijonesa, pasará a los anales porque pocos pianistas se atreven a afrontar Iberia completa en vivo, organizando los cuatro cuadernos casi como una carta de las Bodegas Albéniz expandiendo viñedos musicales por la piel de toro y que las distintas variedades de uva con el enólogo Díaz-Jerez pudiesen ofrecernos doce tipos de vinos jóvenes, frutados, reservas, excelencias e incluso el cava catalán con la receta francesa del gigante de Campodrón (Girona) para brindarnos una cata increíble.
El primer cuaderno con «Evocación», «El Puerto» y «El Corpus Christi en Sevilla» parecieron ofrecernos los vinos dulces de Jerez o la manzanilla de Sanlúcar bien presentados, vinos jóvenes y aromáticos ideales para abrir boca en cualquier estación del año, como calentando boca a medida que pasábamos de una provincia a otra.
Colocar el cuarto a continuación supuso mejorar el paladar, «Málaga», «Jerez» y «Eritaña» como si de un Pedro Ximénez seco pusiese el néctar hecho sol de la capital en el piano de Gustavo, brillo y profundidad, a continuación un Palo Cortado de alta graduación y generoso, color caoba brillante como los sonidos tamizados por Albéniz, antes de repos(t)ar en la famosa venta sevillana donde el vino se convierte en licor, verdadero y potente una vez abiertas las papilas auditivas, sacando toda la graduación sonora de un piano lleno de matices y la técnica al servicio de una partitura con muchos secretos por desvelar. Un placer el fraseo, el rubato en su sitio sin amaneramientos y la búsqueda del color en cada nota con un manejo de los pedales capaz de brillar en todas las tonalidades.

Tras el primer viaje por el sur y la parada necesaria, la segunda parte colocó los cuadernos centrales en el descubrimiento de nuevos olores, el enólogo del piano jugando con variedades propias, el toque personal de Gustavo Díaz-Jerez porque hasta el apellido tiene nombre vinícola. «Rondeña», «Almería» y «Triana» suenan al pronunciarlos y en el piano del tinerfeño con la hondura del flamenco tan unido al vino. Vinos de Ronda con denominación de origen Málaga, serranía abrupta y blana como la de Albéniz, pero llamados tranquilos y a partir de uvas francesas, el aroma de esta rondeña. Viajando hacia el levante por la costa llena de recovecos hasta Almería encontramos viñas en pleno desierto, y Gustavo Díaz-Jerez logra un vino espectacular como el choque climático, sabor propio con acento francés, el silencio como pidiendo otro trago que rompa en boca desde la profundidad musical. Y no se puede nadie olvidar de volver a Triana para disfrutar olores en el ambiente y en la copa, servida con azahar y naranjos, el ritmo y la magia sevillana en el mapa sonoro de Albéniz, creciendo en las manos del canario.
Plentamente metidos en ambiente, público, intérprete y obra remataríamos con el tercer cuaderno, «El Albaicín» granadino, cuestas llevaderas contemplando y respirando cante jondo, romero y taconeo percusivo además de la vista impresionante de Sierra Nevada, sinfonía de color y sabor, saber vivir esta página tan brillantemente escrita e interpretada por Díaz-Jerez (que como Albéniz sabe aunar lo francés con lo catalán) que el público rompió en aplausos antes de comenzar «El Polo», madurez compositiva de exigencia máxima para florecer entre tantas notas la hondura y amargura desde la distancia de un catalán que supo entender lo español sin tópicos, al igual que nuestro pianista volviendo a despertar pasiones entre los veteranos que siguen sintiendo estos conciertos como en el salón de casa. Y finalmente «Lavapiés«, habanera gaditana de ida y vuelta, el ritmo interior, las pausas, los contrastes sonoros de luces y sombras, colores de uva de la cepa a la mesa, limpieza con brillo en una verdadera lección de gusto interpretativo creciendo a lo largo de las doce imágenes sonoras, visuales, mentales con todos los sentidos.

De regalo y para brindar con las mismas Bodegas Albéniz nada mejor que un cava catalán también con aires de habanera como el Tango del que Gustavo Díaz-Jerez nos decía que tiene menos notas pero igual hondura, la aparente sencillez de la belleza.

Bohemia capital Bilbao (4)

2 comentarios

 

 

Sábado 4 de marzo, 13:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 28, Sala A-3. Nadège Rochat (violonchelo), Judith Jáuregui (piano). Obras de A. Dvořák. y L. Janáček. Entrada: 6 €.

Verdadero descubrimiento de obras e intérpretes, especialmente la chelista francosuiza Nadège Rochat que debutaba en España con la donostiarra Judith Jáuregui, una pianista a la que sigo hace años y habitual en estas ediciones de «Musika-Música» tan solvente de solista como acompañante o con orquesta, en un repertorio donde se comparte magia a partes iguales, investigando, grabando y trabajando duro para seguir asentándose entre la larga lista de intérpretes internacionales.

L. Janácek: Pohadka – Fairy Tale, verdadero cuento de hadas por fuerza y vigor, inspirada en el poema del ruso Zhukovsky «El cuento del zar Berdyev» está cargado de ese mundo de fantasía de nuestra infancia y las dos intérpretes hicieron sonora una historia compuesta tras la pérdida de la segunda hija del compositor unido al rechazo de sus óperas, otra vida de película para un músico incomprendido que desde el dolor es capaz de escribir partituras tan mágicas como este dúo para cello y piano.
A. Dvořák: Lasst mich allein opus 82, B.157 y Silent Woods opus 68 nº 5, obras «liederísticas» por sus melodías tan cantábiles de tiempo lento o medio retomando aires sosegados para hacer emerger temas vocales desde el chelo, la música de salón donde Rochat emociona dialogando con el piano de Jáuregui, dos páginas con historia propia contadas por ellas mismas incluso en las notas al programa para las cuatro obras elegidas: «… en pocos días hubo de componer el Rondó en sol menor, arreglar dos de sus Danzas Eslavas y terminar también el arreglo de «Silent Woods», original del ciclo para piano a cuatro manos «From the Bohemian Forest». Las cuatro obras dejan percibir cuán y cómo se sentía Dvořák escribiendo para el cello como instrumento solista, la tesitura es alta y las cualidades líricas del instrumento están explotadas al máximo. El arreglo del lied Lasst mich allein no pertenece al autor pero es de gran interés ya que su melodía inspiró el Adagio del Concierto en si menor, pieza clave del repertorio para cello». Si la elección del repertorio supone un hallazgo, la interpretación fue sorpresivamente emocionante.

Tras una breve pausa volvía Judith Jáuregui en solitario para otro descubrimiento de Janáček, En la niebla, rememorando el estilo evolucionado de Chopin a Debussy (también lo recogen las notas que dejo al final del párrafo), el virtuosismo más el impresionismo de salón conjugando técnica y pasión en un idioma que se afianzará a lo largo del siglo XX e incluso me recordaba por momentos al mejor Albéniz parisino. «En la niebla da muestra de la catarsis en la que se encontraba (…) y evidencia cómo de la melancolía y la falta de autoestima nace una de sus obras más importantes, un ciclo en cuatro movimientos escrito en tonalidades «nebulosas» en las que encontramos la influencia del impresionismo de Debussy». Si la pianista donostiarra nos ha dejado hace poco su «éXtasis» espero que Janáček sea la siguiente grabación en su propio sello discográfico (Berlimusic), apostando por la belleza del dolor.

Para cerrar la mañana otras dos obras de Dvořák, el Rondó en sol menor opus 94, eslavo y moldavo, virtuoso con un entendimiento digno de alabar en ambas intérpretes que cantaron esta página con tanto sabor, pero sobre todo las dos Danzas eslavas opus 46, B. 172, «Polka» y «Furiant» tocadas independientemente con verdadero sabor y perfección, especialmente la última conocida en la versión orquestal, donde piano y cello sonaron sinfónicamente camerísticos.
Un dúo donde el violonchelo de Nadège Rochat resultó cálido y presente, humano y cercano, además de bello (del que ya escribí en el prefacio de estas notas), y el piano de Judith Jáuregui todo un lujo solo y compartiendo pentagramas.

Bohemia capital Bilbao (3)

3 comentarios

Sábado 4 de marzo, 11:45 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 27, Sala A-3.  Isabel Villanueva (viola), Vlach Quartet Prague. Obras de Dvořák. Entrada: 6 €.


La música de cámara es una escuela para los compositores y para el público entre el que me encuentro, las raíces y base antes de dar el salto a lo sinfónico, la cercanía de los solos, dúos, tríos o quintetos como este para la ocasión con la violista pamplonesa Isabel Villanueva (1988) sumándose al Cuarteto Vlach de Praga (Jana Vlachová, violín – Karel Stadtherr, violín –  Jiří Kabát, viola – Mikael Ericsson, cello) en un programa plenamente Bohemio, el Dvořák que asombraría en el nuevo mundo pero cuyo trabajo camerístico sigue siendo un referente, músicos integrales como estos checos que también han trabajado a nuestro gran Arriaga, más la laureada violista que está llevando el instrumento, un Enrico Catenar de 1670 al que «hace hablar al mismo nivel que su hermano mayor», a rescatar repertorios como el de esta mañana sabatina en una de las salas de cámara del Euskalduna.

A. Dvořák: Terzetto en do mayor opus 74, B. 148.
Trío y triángulo, la mínima perfección con dos violines y una viola, la que tocaba el propio Antonin que se unió a los dos vecinos de su finca para componer esta joya, con un I. Introduzione. Allegro ma non troppo etéreo y explorando el registro, para las «danzas» populares rítmicas y contrastadas, casi «nupciales» (recordándome a Mendelssohn), perfección y entendimiento. El II. Larghetto plenamente camerístico con la economía de medios aprovechada al máximo antes del III. Scherzo rico, con la primer violín casi solista, movimiento y trío pleno además de brillante.

A. Dvořák: Quinteto de cuerdas en mi bemol mayor opus 97, B. 180.
Con sello propio, vibrante, compacto cual quintaesencia del nuevo mundo en el I. Allegro non tanto que arranca la viola antes de sumarse el cuarteto, igual que el II. Allegro vivo, escritura y ejecución impecables, solos de viola y violín arropados con redondez y ritmo. III. Larghetto cual ensayo grave y reconfortante creciendo en todo y todos, llegando en forma para el IV. Finale. Allegro giusto y gusto tras el progreso del anterior movimiento, resultando plenamente actual más de cien años después de su estreno, internacional desde su estancia neoyorquina para un quinteto quasi sinfónico, ensamblado desde la calidad y la calidez, técnica y musicalmente, «melodioso y sencillo» como la propia Isabel Villanueva recoge en las notas al programa, sumándose a los de Praga para hablar juntos el único lenguaje universal que existe además del único capaz de llegar al alma.

Salir de la sala para volver al siguiente… ¡en el capítulo 4!

Older Entries Newer Entries