Inicio

Primus inter pares

1 comentario

Martes 17 de julio, 20:00 horas. Verano en Oviedo 2018, Claustro del Museo Arqueológico de Asturias: La Real Cámara (Emilio Moreno, violín y maestro de concierto).

Crítica para La Nueva España del jueves 19, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva:

El nombre de Emilio Moreno va unido a la música antigua española, su reconocimiento es internacional por descubrir, defender y difundir nuestro patrimonio musical que sigue siendo todavía el gran desconocido. La formación que disfrutamos en este primer concierto del verano carbayón, estuvo compuesta por el propio Emilio Moreno más Enrico Gatti (violín), Mercedes Ruiz (chelo) y los hermanos Zapico (Aarón al clave, Pablo a la guitarra barroca y trioba), la misma que grabó hace tres años en nuestro auditorio un disco dedicado a Francisco José de Castro “Spagnuolo” (ca. 1670-ca. 1730), un jesuita sevillano que se iría a Brescia donde traduciría a los místicos españoles y participaría como violinista en la Academia “dei Formati”, componiendo unas triosonatas emulando a su maestro Arcangelo Corelli, con quien podemos decir que compitió y compartió calidad sin perder nunca el regusto hispano.

Del Trattenimenti Armonici da Camera, diez sonatas compuestas por el llamado “Corelli español” La Real Cámara eligió seis reuniéndolas con las del italiano para poder comprender mejor el calificativo del español en igualdad de condiciones pues el estilo de ambos es equiparable tras lo escuchado en el claustro del antiguo Monasterio de San Vicente. Distintas tonalidades mayores y menores del sevillano, coloridas y sentidas como “sonatas de iglesia” al igual que las de su modelo, todas de la Opus 2, con tiempos claramente contrapuestos para disfrutar de una escritura violinística a dúo limpia y brillantemente ejecutada por Moreno y Gatti sin rivalidades, alternando primero y segundo con total continuidad, normalidad y empaste; el impecable chelo de Ruiz completaría el trío desde la gravedad clara con momentos protagonistas emulando al dúo; finalmente para revestir cada una de las nueve obras seleccionadas, el continuo de los hermanos Zapico dándoles mayor empaque: el clave de Aarón siempre ornamentando en el lugar exacto con verdaderas perlas cultivadas, un imprescindible de Moreno con quien ha grabado a Boccherini, y Pablo jugando con tiorba y guitarra barroca según aires, ritmos y obras para completar el gusto español de Castro o hispanizar a Corelli en una visión de programa global donde resultó difícil distinguir entre maestro y alumno.

Hasta en Viena apareció un manuscrito de otro José de Castro, probablemente el sevillano con el que La Real Cámara nos regaló fuera de programa otra joya más para despertar esta música dormida que Emilio Moreno saca a la luz en una labor impagable de musicólogo e intérprete, rodeándose siempre de unos músicos que han trabajado este repertorio desde el rigor y pasión por continuar descubriendo esta música atemporal que sigue gustando al público, numeroso y variado que completó las dos alas del claustro con visibilidad y buena parte de las “ciegas” aunque respirando el mismo aire. Sonatas a tres del español, con sonoridades plenas y variadas, aires contrapuestos con regustos de danzas que fueron desgranándose junto a las del italiano.

Las sonatas 6 en do mayor, 1 en re menor y 7 en mi menor sonaron tan modernas como la Sinfonía à 3 Wo O6bis en re mayor de Corelli, manuscrito de la Biblioteca Nacional de Cataluña, o su Ciacona op. 2/12 en sol mayor colocada en mitad del concierto cual bisagra estilística más por la forma que por el fondo, pleno barroco puro de sonido ideal con este quinteto de lujo, texturas y dinámicas amplias que resultaron perfecto acompañamiento vespertino. La sonata quinta en sol menor del “spagnuolo” seguida de la sexta en re menor del italiano compartieron buen gusto y danzas (allemanda o giga) antes del broche final del “Corelli español”, la sonata 4 en re mayor y la 3 en si bemol mayor, modos mayores de un tiempo que abraza la tonalidad olvidándose modos renacentistas pero ganando en lumínico virtuosismo como el disfrutado en el Arqueológico a cargo de Emilio Moreno y La Real Cámara.

El verano musical ovetense brilla más que el climatológico aunque siga siendo “La Viena del Norte”. Entre estas piedras ideales en acústica quedan siete conciertos (este jueves Laura Mota al piano) hasta finales de agosto, dos más en el Museo de Bellas Artes de lo más interesantes, sin olvidarme del de órgano en La Corte para esta amplia oferta que cuenta con muchos intérpretes de casa y todos de calidad contrastada.

Ilusiones compartidas y mucho futuro

Deja un comentario

Miércoles 11 de julio, 20:00 horas. Patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón: VII Concurso Internacional de Música Antigua. Ronda final. Entrada libre y aforo completo.

Uno de los platos fuertes del XXI Festival de Música Antigua de Gijón es el concurso internacional ya en su séptima edición, pasando a la ronda final dos de los cuatro grupos escuchados el día anterior, de nuevo con predominio de flautas e interesantes propuestas interesantes por repertorio y formaciones que volvieron a actuar en el orden del día anterior. Tengo que romper una lanza a favor de las «desconocidas» flautas dulces, realmente flautas de pico, que se verían relegadas por los traversos y todavía hoy asociadas al ámbito escolar (cosas de Carl Orff), cuando fueron las reinas desde el medievo hasta la llegada del clasicismo y la mayoría de edad de todos los instrumentos que conformarán las orquestas sinfónicas donde las flautas de pico no encontrarían acomodo.

El jurado estuvo formado por Pilar Montoya (catedrática de clavicémbalo y profesora de danza histórica en el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León) como presidenta más los vocales Aziz Samsaoui (director artístico del Festival de Música Antigua de Granada y del grupo Veterum Mvsicae) y Alfonso Carraté (director de la revista «Melómano» y del Festival de Música Tres Cantos), quienes tuvieron difícil el veredicto que se hizo esperar con los nervios lógicos y abundante presencia del público que hizo su votación el día anterior coincidiendo con mi apuesta como dejé reflejado en mi anterior entrada y dejando a continuación la foto con Eduardo García Salueña director del festival, el jurado y Montserrat López concejala de educación y cultura junto al trío valenciano.

Ante la calidad de los grupos que tienen a su favor juventud, amor por la música y una trayectoria previa grande, decidieron dar el premio ex aequo a Vox Tremula e Ibera Auri que en la final volvieron a gustar y deleitarnos con unas obras de dificultad como es de esperar en un concurso, junto al aplomo de un concierto a partes iguales de casi treinta minutos cada uno, sin repetir nada del día anterior.

Vox Tremula, trío de flautas formado en el Conservatorio Superior de Sevilla en 2012 y compuesto por Elena Escartín Díez, Judith Milena Cord-to-Krax y Gonzalo Martín Llao, combinaciones de flautas por parte de este consort internacional con dominio de todas las tesituras, alternando instrumentos de registros variados, abriendo en pie con el madrigal a tres voces Una panthera de J. Ciconia (c. 1370-1412), flautas cantando sin necesidad de letra.

Si el día anterior sus «contrincantes» optaron por una obra del portugués Cancionero de Elvas, ellos lo hicieron con Se do mal que me queréis, donde Milena realizó la voz grave desde una polifonía rica de matices, para proseguir con La canción del emperador de J. des Prez (c.1450-1521) / Luys de Narváez (1500-c.1555) cambiando a la grave Gonzalo, nueva muestra del magisterio por parte de los tres en toda la familia de las «incomprendidas» flautas de pico.

Impresionante el Contrapunto XIII de J. S. Bach (1685-1750) donde las tres flautas emularon el órgano no ya tímbricamente sino con el virtuosismo de Milena desde el grave cual pedalero coprotagonista, «El arte de la fuga» que Mein Gott escribe para todas las combinaciones posibles y «vox trémula» han hecho suya. La guinda de la técnica al servicio de la partitura nada menos que con la Sonata op. 1 nº 12, «La Follia» de A. Vivaldi (1678-1741), agudos en pie y necesariamente sentada con el bajo Elena, demostrando la riqueza de sonidos que guardan las flautas casi emulando un trío de cuerda, incluso con los pizzicati soplados porque el virtuosismo de los tres músicos alcanzó también los graves mientras los agudos flotaban cual pájaros inalcanzables desde los arcos, versión matizada, madura y dejándonos mayor riqueza que en la semifinal, comprendiendo las dificultades del jurado por acertar en su veredicto.

Mis preferidos y del público también Ibera Auri cerraban semifinal desde Valencia en Gijón, también trío pero «con flautas» y más completo al doblar clave o cantando también, variando todavía más las combinaciones posibles, apostando por obras breves variadas de estilo y también alguna conocida para los aficionados a la llamada «música antigua» que es cada vez más moderna. Lidia Rodrigo Royo en la final tuvo de nuevo protagonismo desde el clave pero también con la flauta en la segunda de las obras, el tenor Gabriel Belkheiri García del Pozo alternando e incluso duplicando papel con flauta de pico y su voz más Laia Blasco López, mezzo de voz natural, cálida y también virtuosa de las flautas de pico.

En la final comenzaron con el  Antoine Boësset (1587-1643) de quien interpretaron el dúo À la fin cette bergère con acompañamiento de clave casi guitarra o laúd por sonoridad y estilo, Laia cantando junto a Gabriel bien empastados, afinados y además con excelente vocalización y dramatización, casi dialogada, creída y creada.

Como flautistas nos dejaron la Trio sonate op. 3 nº 7 de Antoine Dornel (1685-1765), cuatro movimientos  (I Vivement – II Lentement – III Chaconne – IV Gigue) perfectamente complementarios y contrapuestos como buen barroco, mostrándose cómodos desde una ejecución impecable y muy trabajada. Nuevo salto de calidad con Passava amor su arco desarmado (recogido en «A musicall banquet»por Robert Dowland), un Anónimo del siglo XVI para mezzo, flauta y clave realmente delicioso por parte de los tres intérpretes que repetirían formato en Sosieguen, Descansen de Sebastián Durón (1660-1716), otra joya que me descubriese Raquel Andueza como a tantos de sus fieles seguidores, donde Laia Blasco puso todo el sentimiento, la flauta de Gabriel los perfectos toques coloristas y el clave de Lidia Rodrigo todo un muestrario de buen ornamento y armonía precisa.

Para terminar nada mejor que la Marizápalos, una joya anónima  del XVII que mi admirada navarrica canta como nadie y este trío plantea con alternancia de flautas y voz más el sustento imprescindible de un clave portentoso junto a dos voces cantando y contando la historia.
De nuevo un placer comprobar la seriedad interpretativa de esta generación joven y preparada que siguen ampliando o renovando proyectos sin perder nunca frescura ni calidad, alzándose con este premio que les dará todavía mayor visibilidad y conciertos, a fin de cuentas el mejor premio.
Aún queda festival en el patio del Antiguo Instituto Jovellanos aunque personalmente me despido agradeciendo el trabajo de toda la organización y colaboradores en seguir, no ya con este concurso sino apostando por un festival de música antigua que demuestra cada verano la buena respuesta del público, siempre fiel en Gijón.

Mucha flauta en semifinales

1 comentario

Martes 10 de julio, 20:00 horas. Patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón: VII Concurso Internacional de Música Antigua. Ronda Semifinal. Entrada libre hasta completar aforo.

Dentro del XXI Festival de Música Antigua de Gijón se celebra este concurso internacional que llega ya a su séptima edición, pasando a la penúltima ronda cuatro grupos con predominio de flautas y algunas propuestas interesantes no ya por el repertorio donde abundó el Renacimiento, sino por las formaciones que actuaron por sorteo en el orden siguiente que paso a comentar.

Vox Tremula, un trío de flautas formado en el Conservatorio Superior de Sevilla allá por 2012 por la aragonesa Elena Escartín Díez, la alemana Judith Milena Cord-to-Krax y el argentino casi asturiano Gonzalo Martín Llao, quien también cantó De tous biens playne de Hayne van Guizeghem (c.1445-1476-97) antes de la versión instrumental de Alexander Agricola (c. 1445-1506) con la que abrieron la velada.

Combinaciones de flautas por parte de los tres músicos que continuaron con Calata ala spagnola (ditto Terzetti) de Joan Ambrosio Dalza (f. 1508), The eagles’s force & a gigg (William Byrd, 1543-1623) de virtuosismo a trío jugando con las dos danzas, y finalizar con la conocida Aria sopra «La Bergamasca« del barroco Marco Uccelini (1603/10-1680), apuesta arriesgada por los instrumentos con buenos resultados interpretativos pese a cierta «monotonía» tímbrica bien resuelta por las arreglos de las obras elegidas, ricas en polifonía y ritmos sumadas a la calidad y virtuosismo de este consort internacional.

El Dúo Acciaccatura que ya ganase el premio del público el pasado año, está conformado por la violinista madrileña Berta Ares López y el tiorba oscense Ignacio Laguna Navarro, también guitarra barroca aunque no la tañese este martes, personalmente el más original pero técnicamente algo flojo, puede que por la presión del concurso, poco volumen en la tiorba comiéndose algunas notas, y mayor presencia del violín barroco con ligeras imprecisiones en arco pero sobre todo de pulsación que dieron lugar a armónicos indeseados aunque sin perder nunca una musicalidad e ímpetu admirables, sobre todo en la violinista.

Las dos obras elegidas fueron sendas sonatas barrocas francesas de cuatro movimientos: Jean-Féry Rebel (1666-1747), la nº 6 en si menor, y de Jean Marie Leclair (1697-1764) la Sonata VIII en re mayor (Troisieme Livre de Sonates op. 5) de mayor exigencia para ambos intérpretes, sentidos los tiempos lentos y vívidos los rápidos destacando el final virtuoso a unísono que resolvieron bien pese a no lucir la tiorba como si de una viola da gamba o un clave para el acompañamiento se tratase.

Más flautas en el Ensemble Melante con Daniel Riquelme Delgadoy Juan Miguel Illán Calado (flauta de pico y fagot barroco en la segunda de las obras) más la viola da gamba de Andrés García Fraile, juego tímbrico de viento y cuerda para la Suitte II en sol menor (Pièces en trio) de Marin Marais (1656-1728), tripartita (I Prélude / II Sarabande / III Air gay) bien contrapuestas y sentidas aunque poco agradecidas por su escritura y textura que pese al virtuosismo del compositor en la viola da gamba no tuvo el protagonismo esperado mientras las flautas completaron una partitura no muy inspirada,

en contraposición a la impresionante Trio Sonata TWV42:F3 para flauta de pico, viola da gamba y continuo (Essercizii Musici) de Georg Philipp Telemann (1681-1767), mucho mejor al contraponer la flauta protagonista junto al continuo del fagot barroco y «la madre del cello» en tres movimientos impactantes y bien ejecutados por el ensemble: I Vivace / II Mesto / III Allegro, destacando los extremos por virtuosismo y docta escritura por parte del compositor alemán bien leída por este trío.

Cerrando semifinal desde Valencia otro trío con flautas pero con clave y cantando también, variando combinaciones y apostando sobre seguro en el repertorio con obras breves, variadas e incluso conocidas presentadas orden cronológico, mi personal votación como público, Ibera Auri con Lidia Rodrigo Royo (clave y también flautas aunque no para las obras elegidas), Gabriel Belkheiri García del Pozo (flautas de pico y tenor) y Laia Blasco López (mezzo y flautas de pico).

Comenzaron con el anónimo del siglo XV Por qué llorax blanca niña en la voz femenina con el clave casi laúd y la flauta de perfecta ambientación sefardí, continuando con Por que não me vês Joana del Cancionero de Elvas otro anónimo del XVI alternando las flautas y voces, mejor la mezzo que el tenor pero ambos con naturalidad, fraseando después las flautas como el texto más el siempre presente y seguro clave, aparcando momentáneamente las flautas para cantarnos Frescos ayres del pradode Antoine Boësset (1587-1643), antes de las dos conocidas obras para el final, las instrumentales y virtuosas Folias para Dña. Tarolilla de Carallenosde Andrea Falconieri (1585-1656) y Trompicavalas amor de Juan Hidalgo de Polanco (1614-1685) con Laia Blasco cantando junto a la flauta de Gabriel y el clave de Lidia en una versión que madurará con ellos porque hay tantas versiones que todavía será inalcanzable la propia con este trío joven.

Al finalizar de escribir desconozco quiénes pasarán a la final del miércoles donde también se dará a conocer el premio del público que nuevamente abarrotó el patio del Antiguo Instituto Jovellanos aunque escuchase algunos despistes, mayormente jubiladas, confundiendo el clave con un piano de cola o la tiorba con un laúd… pero disfrutando todos de cuatro formaciones con mucha flauta.

P. D.: Vox Tremula e Ibera Auri finalistas para este miércoles 11.

Programa para celebrar 20 años

Deja un comentario

Oviedo sigue siendo «La Viena del Norte» español, y los Conciertos del Auditorio junto a las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» llegan a sus veinte años con una programación muy completa que hará las delicias de todos los melómanos no solo asturianos sino de los muchos que acuden a la capital del Principado ante su excelencia musical que también tiene una Primavera Barroca camino de los seis años, más ópera y zarzuela en su amplia oferta junto a un festival de verano próximo a comenzar que busca también un hueco estival en los museos arqueológico y de Bellas Artes, incluso un concierto de órgano en La Corte, todo citas para apuntar en las agendas.

De los pianistas que siguen sumando a la amplia nómina que Oviedo ha tenido siempre a lo largo de su dilatada historia, para la temporada extraordinaria de los 20 años las jornadas que llevan el nombre de nuestro recordado Luis Iberni contaremos con la donostiarra Judith Jáuregui que continúa asentando una carrera internacional de primera sin olvidarse de nuestra tierra que lleva visitando hace años en distintos ciclos, abriendo las jornadas con el Cuarteto Singnum en noviembre, continuando con Piotr Anderszewski, el surcoreano Kun-Woo Paik con la Oviedo Filarmonía (OFil), orquesta residente del ciclo, un marzo con el siempre esperado San Sokolov en solitario o Daniil Trifonov nada menos que con la orquesta del Mariinski de San Petersbrugo y Valeri Giergiev a la «batuta», para ir avanzando primavera con Javier Perianes en solitario, otro pianista conocido y querido en Asturias, y mi adorada Gabriela Montero en mayo a dúo con el chelista Gautier Capuçon, pareja reconocida que se unen en un broche de oro a estas jornadas.

En el ciclo paralelo (conjunto para quien quiera abonarse a ambos) de los Conciertos del Auditorio , las grandes voces tienen su terreno propio junto a distintos solistas instrumentales y formaciones orquestales de alto voltaje. Del universo lírico abrirá temporada en octubre Gregory Kunde que sigue disfrutando de una segunda juventud, las sopranos Patricia Petibon con La Cetra y Andrea Marcon, Julia Lezhneva o Ermonela Jaho con la OFil en febrero y abril respectivamente, con Michael Antonenko dirigiendo a la primera y compartiendo programa con el tenor Benjamin Bernheim la segunda, otro más de los conocidos como el tenor Ian Bostridge con Fabio Biondi y Europa Galante, o la estrella de los contratenores Philippe Jarouskky que vuelve a Oviedo, esta vez con el Ensemble Artaserse, para cerrar temporada con el concierto extraordinario de Juan Diego Flórez y Vincenzo Scalera al piano.
Tomar nota de los instrumentistas de altura como la violista Isabel Villanueva que actuará con la OFil y Yaron Traub a la batuta, la violinista Veronika Eberle con la Filarmónica de Hamburgo y el incombustible Kent Nagano en la dirección, o la virtuosa Hilary Hahn con la Filarmónica de Radio Francia y Mikko Franck; el flautista Emmanuel Pahud vendrá con la Orquesta de Cámara de París y el director escocés Douglas Boyd, el chelista Nicolas Altstaedt que también hará de director con la OFil, más la esperada visita de la Gustav Mahler Orchestra con la dirección del excelente Jonathan Nott y la participación del Coro de la FPA, sin dejarme en el tintero el regreso de René Jacobs que nos traerá un cuarteto vocal con su Orquesta Barroca de Friburgo y el RIAS Kammerchor de Berlín, uno de los mejores coros del mundo, en un mes de mayo para no perdérselo.

En pleno verano, al menos de calendario, felicitar a la organización de estos conciertos y tocando madera para evitar cancelaciones que en el mundo musical son más frecuentes de lo deseado trastocando el trabajo de meses y obligando a encontrar otras fechas o intérpretes que no siempre son igual de bien recibidos aunque seamos comprensivos.

Cuando menos es más

Deja un comentario

Domingo 17 de junio, 19:00 horas. Santa María La Real de La Corte, Oviedo: Ensemble vocal In Paradisum, Elena Mitrevska (directora). Obras de: Rheinberger, Nielsen, Grieg, Alfvén, Casals, Villa-Lobos, Poulenc, Béla Bartók, Mendelssohn y Diéguez.

Si hace nada me quejaba de la elevada media de edad en los coros salvo honrosas excepciones, nada mejor que acudir a escuchar al Ensemble vocal In Paradisum, cantera coral de la Escolanía de Covadonga que debutó en marzo de 2017 sumándose voces graves hasta las nueve que pudimos disfrutar este domingo veraniego de amplia oferta en la capital, porque este coro de cámara aúna lo mejor que se puede pedir: juventud, gusto por el canto, calidad y repertorio poco escuchado, con la suerte de «fichar» a la macedonia Elena Mitrevska, directora de enorme experiencia que llegó a nuestra tierra como una bendición para ser elegida titular del Coro de la Ópera y sumarla a este proyecto reciente presentado en el programa por otro antiguo escolano como Guillermo Alonso Ares, con buena presencia de familias y amigos del mundo coral hecho desde un nivel envidiable y encomiable.

El empaste que dan los coros de voces iguales es único, en el caso de los hombres su tesitura alcanza el cimiento de los registros profundos, aunque solamente hubiese dos bajos, y la luz de los tenores, cinco divididos en tres y dos aunque plenamente intercambiables como si de violines se tratase. La argamasa entre extremos la ponen otros dos barítonos y el resultado es un color homogéneo ideal.

Los años de trabajo desde la infancia en escolanías y otros coros ya adultos consiguen una técnica y educación necesarias desde una formación vocal completa para unirse todos ellos y afrontar cualquier tipo de repertorio, de lo religioso a lo profano en todas las épocas hasta nuestros tiempos. No me extraña que Mitrevska se encuentre literalmente «en el Paraíso» Natural que es Asturias y en el coral de estos nueve hombres que pueden cantar lo que les traiga y más, en todos los idiomas y combinaciones porque la grandeza musical así lo permite, disfrutando de un concierto extraordinario en el amplio sentido del término.

La propia directora en un español perfecto pese al poco tiempo entre nosotros, nos presentó tras el Herz Jesu Hymne del alemán Joseph Gabriel Rheinberger el viaje musical a realizar, incidiendo en el itinerario global con unos temas donde textos originales y traducciones se nos entregaron con el programa demostrando la importancia de gozar con todo, música y palabra, también leída por distintos componentes del ensemble, siendo de agradecer el esfuerzo del detalle, programas de calidad pareja a la interpretativa sin escatimar nunca trabajo porque el pago va implícito desde al amor por la música.

Un verdadero placer escuchar y contemplar el entendimiento de voces y directora, claridad de gesto, intención, dicción, gamas dinámicas llenas de sutilezas, la música realzando la palabra o el texto elevado por la melodía, juegos onomatopéyicos y reminiscencias gregorianos en una polifonía nórdica que sigue siendo referente coral, sin olvidarse compositores para quienes la voz «a capella» ha sido el mejor instrumento posible. Así fuimos escuchando el Ave Maria de Rheinberger en latín, Aftenstemning del danés Carl Nielsen, Min Dejligste Tanke del noruego Edvard Grieg, la canción folclórica Uti Vàr Hage arreglada por el sueco Hugo Alfvén, Na Bahia Tem… del brasileño Heitor Villa Lobos, O Vos Omnes de nuestro Pau Casals universal que siempre tuvo la voz presente en su obra, Quatre Petites Prières de Saint François d’Assise del francés Francis Poulenc, siempre «a capella» sin echar de menos el piano de las Five Slovak Folksongs del húngaro Béla Bartók, y finalizando pletóricos con Zwei Geistliche Choere del alemán Felix Mendelssohn, sin olvidar la propina asturiana de La filandera de Leoncio Diéguez, un leonés en Asturias con Covadonga y la música en su periplo vital desde la docencia hasta la composición pasando por la dirección.

Pequeñas estampas vocales y enormes obras musicales, lo bueno si breve y cuando menos es más, paisajes evocadores de unas tierras que adoro tanto como su cultura donde la música se integra en la formación personal sin discusiones políticas, desde los ateos a los creyentes, porque cantar a coro es compartir y escucharse. trabajo en común por el bien intelectual y espiritual de todos. Nadie mejor para explicar lo sentido como Guillermo, el escolano leonés con Covadonga como su familia, quien escribe en las notas «(…) sensibilidad y cariño consiguiendo transportarnos a toda una variedad de espacios soñados. Sumiéndonos en calma, mostrándonos un sonido hermoso, embaucador y placentero» ordenándonos disfrutarlo pues no cabe otra cosa, como si hubiese estado físicamente presente en este gozo para los sentidos.

Santander espera

1 comentario

Jueves 7 de junio, 20:00 horas. Salón de Actos, Casa de la Música, Mieres: Juan Barahona (piano). Obras de Mozart, Beethoven, Ravel, Albéniz y Liszt.
Mi más enorme gratitud hacia Juan Andrés Barahona Yépez (París,1989), musicalmente Juan Barahona por volver a acordarse de Mieres y brindarnos un concierto cercano, duro, entregado, casi familiar y todo un privilegio poder seguir su evolución imparable, preparando el camino que le llevará por segunda vez al Concurso Internacional de Piano de Santander «Paloma O’Shea» en su decimonovena edición, siendo uno de los 20 finalistas mundiales, todo un premio estar de nuevo entre lo mejor de los jóvenes intérpretes sin dejar de trabajar, estudiar, dar conciertos, en una carrera internacional que no tiene más límites que los que quiera ponerse, y de momento no lo parece.

En esta parada mierense del músico «ovetense» sus alforjas venían llenas de un mundo pianístico variado en estilos, todos bellos y exigentes, demostrando la versatilidad y respeto por todos ellos aunque los gustos personales, del intérprete pero también del público, nos hagan sentirnos más identificados. Cada uno representa un microcosmos, un universo que debe explorarse, y cada vez distinto aunque se afronte periódicamente, pues el directo siempre es único e irrepetible. Los recitales previos a los concursos me recuerdan las pretemporadas deportivas con encuentros amistosos en distintos terrenos de juego, por comparar campos y pianos distintos, pues solo unos pocos genios se permiten viajar con su propio piano caso de Zimerman, diseñarlo como Barenboim o exigir un modelo concreto para traerse incluso afinador propio. La mayoría de pianistas se encuentran instrumentos de todo tipo y solamente la profesionalidad les hace sacar de cada uno lo mejor independientemente del estado en el que se encuentre, algo que Juan consigue siempre.

Quería hacer ese comentario previo porque el piano de un conservatorio pequeño como el nuestro, no suele ser el mejor de los instrumentos para un concertista aunque esté bien ajustado y afinado, lo mínimo para sacar todo el partido a las obras elegidas. El de Mieres aguantó el chaparrón hasta la tormenta final, incluso soportó excelentemente la propina, porque Barahona esculpe los sonidos y busca ese lenguaje específico de cada compositor. La Sonata nº 9 en re mayor, KV 311 de Mozart requiere limpieza y velocidad, pedales en su sitio, fraseos, ataques, discursos diferenciados y todo lo exigido para unas obras de engañosa facilidad porque esconden mucha más música de la que aparenta. La firma del genio se percibe en los tres movimientos de «receta clásica», incluso podemos imaginarnos su música camerística y hasta la ópera, melodías cantabiles con orquesta reducido todo a las 88 teclas sin perder nada de sentido. Así entendió Juan Barahona esta sonata de 1777 donde el llamado estilo clásico tiene la marca mozartiana como ejemplo perfecto.
Avanzando un paso adelante en el tiempo del piano será Beethoven el elegido, la misma forma sonata como un mismo paisaje pero con visiones distintas, la Sonata nº 27 en mi menor, op. 90 en dos movimientos, romanticismo, fuerza interior llena de claroscuros que deben aflorar, indicaciones en alemán que más que aclarar el aire o tempo parecen exigir mayor introspección y dudas para encontrar el punto justo, «con vitalidad y completo sentimiento y expresividad» para el primero liviano contrastado con el «no demasiado rápido y cantable» del segundo perfectamente traducido en la interpretación de Barahona, llena de colorido, sutileza y musicalidad sin tópicos para el de Bonn entendido como la normal evolución tras el genio de Salzburgo conviviendo en la Viena capital mundial de la música.
No podía faltar en este viaje por el universo multicolor desde el blanco y negro pianístico la parada en el impresionismo francés, nada menos que tres obras de Ravel que también rinden tributo a otros músicos sin perder estilo propio y romper sin extremismos. A la manera de Borodin, A la manera de Chabrier vals parisino, y la bellísima Pavana para una infanta difunta, recuerdos rusos, franceses y realeza española pintados por el pianista Ravel y felizmente recreados por Barahona que se desenvuelve en esta música como pez en el agua transmitiendo plenitud, bienestar y felicidad ante unas partituras de las que traduce como pocos ese ambiente y «maneras» compuestas por un gran orquestador del que el piano más que herramienta es maqueta previa.

Una parada necesaria antes de la segunda parte para tomar aire, refrescarse y sin perder la magia sonora francesa, la visión andaluza de un catalán con el Mediterráneo unificando lo etéreo, Almería de Albéniz perteneciente al segundo cuaderno de Iberia, el mayor monumento pianístico al que muchos intérpretes han dedicado toda su vida, otros dejándolo para una madurez que parece no llegar nunca, y los jóvenes acercándose poco a poco en un itinerario que exige más vida que técnica aunque ésta sea imprescindible. Barahona nos deleitó recreando el sonido francés que Albéniz se trajo de los vecinos del norte para traspasarlo a la piel de toro ibérico, siendo Almería una de las perlas que más me siguen gustando por la hondura definida con líneas bien delimitadas y precisas que presagian más etapas de un viaje interior por el que todo solista debe transitar aunque el viaje pueda resultar más duro que la satisfacción de prepararlo.
Y si hablamos de dureza, sacrificio, virtuosismo, nadie mejor que Liszt y Après une lectura de Dante: Fantasia quasi Sonata cuya fama de intérprete viajaba con su música, inalcanzable y enrevesada, tortura para aflorar entre tantas notas las precisas en dinámicas imposibles sin dejarse ninguna, «Años de peregrinaje» para esta fantasía donde la imaginación e inspiración literaria daría para filosofar con la música del húngaro que llenaba teatros y enamoraba. Juan Barahona cerca de la frontera mágica de los 30 años tiene descaro para tocar y madurez para interpretar, por lo que su Liszt brilló con luz propia en toda la gama cromática, enérgica, lírica y estilística tras este viaje pianístico que terminará pronto en Santander para seguir demostrando el excelente momento por el que está pasando.

La impresionante propina tras un recital pleno de «cantabiles» uniría a Liszt con Verdi del que el virtuoso tomaría el cuarteto «Bella figlia…» de Rigoletto para su Paráfrasis sobre Rigoletto S 434, paráfrasis
como «explicación con palabras propias del contenido de un texto para aclarar y facilitar la asimilación de la información contenida», en este caso propia música a partir de la ópera desde un piano casi imposible que rehace y engrandece al reducir, género que estuvo de moda en muchos virtuosos popularizando músicas de otros, y Barahona generoso tras el esfuerzo de todo el recital, sumando otro trabajo impecable merecedor de lo mejor.

Gracias Maestro y «MUCHO CUCHO©» para Santander
(quienes me conocen no necesitan traducirlo).

Un acierto de desconcierto

2 comentarios

Miércoles 30 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto 103, clausura temporada 17-18 de la Sociedad Filarmónica de Gijón. Desconcierto para piano y voz: Rocío Márquez (cantaora), Rosa Torres Pardo (piano), Luis García Montero (recitador). Obras de Granados, Falla, Turina, Albéniz, García Lorca y García Montero.

Triángulos mágicos de cante, poesía y música, Huelva, Granada y Madrid, la perfección de la forma, geometría pura y Arte con mayúsculas. Con cierto desconcierto para un público que llenaba el teatro del Paseo de Begoña en una tarde desapacible abierta no solo a los socios de la centenaria sociedad, donde el concierto rodaría como la rueda poética. Desconcierto de un programa donde los tres bloques sin descanso estaban enlazados, los García (Lorca y Montero) sumaban Torres mientras Rocío rimaba con quejío. Aplausos contenidos cual respiraciones entrecortadas, ímpetu escénico con susurros del alma rotos por otros fuegos escritos que no queman, iluminan.
Rosa Torres Pardo (Madrid, 1960), el talento del piano desde el centro de la piel de toro, la musicalidad plena, el sentimiento hispano femenino y universal capaz de enlazar Granados y Falla, hilarlo con Albéniz en un sinfín armónico, seguir con la orgía de Turina y ambientar los poemas granadinos bien elegidos, elegías y saetas de siempre, hacer del piano poesía para conjugar en plural el texto ajeno invitado al rincón íntimo y sumarle pitos y palmas sordas con un flamenco de sangre y oro.

Rocío Márquez Limón (Huelva, 1985) es pasión y océano, pulsión e ímpetu con una voz inimitable, personal, única, escena y sentimiento, afinación clásica para el cante jondo en el que los músicos españoles de este concierto bebieron, poniendo el flamenco como un lied único que enamora, con un piano cercano cual guitarra pero poderosamente armado por nuestros grandes, inspiración de un pueblo al fin culto, ganado por la sabiduría de la música que llamamos pellizco, duende, magia, neblina u orpín.

Luis García Montero (Granada, 1958) artesano de palabras, poeta andaluz de ahora, prestidigitador lírico capaz de armar este triángulo con momentos solitarios tumultuosamente compartidos en primera persona. «Antes del concierto está el desconcierto, la necesidad de ponerse de acuerdo, de buscar un sentido, de que tu cinco y mi cuatro midan lo mismo«, nuestro tres en Gijón acertado y multiplicado por esperanza.

Puntualidad británica en el inicio, pianista intentando asentar rezagados con un arpegio, el poeta arrancando «Sabe el mundo vivir en unas manos» junto a esa grandiosa poesía vestida de Granados, cantada goyesca andaluza enlazando partituras y cante, fandangos de concierto y acento onubense, barrio de «Lavapiés» madrileño acogiendo andaluces en altas Torres, majos sin mantilla, guitarras de teclas y palabras desde el vientre que da vida.
Lorca y Poesía para ensamblar «Lorquiana» donde Albéniz en el piano de Rosa Torres Pardo es para regodearse, el Tango gaditano de poniente con la Almería del levante, García Montero poniendo la imagen del verso que habitó entre nosotros, Iberia y «Las palmeras navegan y nadan en el viento«, el estrecho de puertas abiertas como la onubense, canciones del norte y el sur en feliz convivencia, una sefardí anónima unidas a las «Canciones populares antiguas» del Lorca pianista con La Argentinita además de poeta, enamorado de Iberia, sentidas por estos artistas. Increíble el pupurri enlazando El Vito, Zorongo, Jota (de Falla), La tarara y Las tres hojas que en Asturias sentimos llegar por la Ruta de la Plata embaladas con un piano volador sobre el que cabalga la voz plateada en la «Huerta de San Vicente» de García Montero encontrando la ciudad buscada igual que la palabra.

Momentos mágicos de Albéniz y Falla, El Corpus Christi en Sevilla de saeta, pitos y palmas sordas con el arrebato pianístico, después la calma de arrullo, la Nana, placentera y murmurada como mecida por el mismo viento de Montero.
El amor brujo del Falla que embruja, dolores de Rocío con fuegos rituales y fatuos bien atizados por Pardo, Fandango Montero y Cantares de Turina con los barrios de Huelva entre dos patrias de una misma piel bravía. Si hace años «La Jurado» encendió a Saura y guardo el CD como una joya sinfónica entendiendo al gaditano como nadie, en este siglo XXI una Rocío onubense, «La Márquez» con Rosa son el Falla racial universal desde un canto que no rompe, desgarra con el piano candente, elementos de la naturaleza vividos en una concepción que saliendo del Moguer de Juan Ramón Jiménez vuelve a unir mundos en este mestizaje que mejora la raza musical y la propia vida. «El dogmatismo de las ideas» explicando Luis la prisa con pies de plomo, aplomo sin prisas de Falla para las damas.

Un trabajo conjunto donde Rosa Torres Pardo atesora el vagaje suficiente y la musicalidad en cada poro que le permite solear, solapar temas que fluyen como uno solo, modular con total naturalidad sin perder unidad (de ahí cierta sorpresa en unos aplausos que tras la Danza del fuego parecieron romper la complicidad, las entradas y salidas de la cantaora), adornar la poesía en primera persona con el acento granadino de García Montero y el timbre grave de dicción rotunda, para felizmente acompañar un cante íntimo, sentido por Rocío, casi imposible otro nombre de mujer en Huelva, fresco de la mañana y también Su Señora de Almonte, Márquez de apellido poético sin García, que lo pusieron Lorca y Montero, con un decir de clásica como un palo flamenco sin necesidad de desgarro, solo el vertido por las letras goyescas, populares y universales. Un verdadero espectáculo que lleva mucho recorrido y el ensamblaje resultó perfecto.

Concierto tras el desconcierto, «tu cinco y mi cuatro» reducidos a nuestro tres con par femenino para Volver, melodía de tango, imagen manchega de Almodóvar pero Puro Arte fusionando Rosa y Rocío, Torres con Márquez, mano a mano taurino incluso jugando con propios y artistas sobre la escena, Rocío Torres Montero clausurando con este cartel una temporada filarmónica gijonesa que ha apostado fuerte desde la renovada directiva buscando ampliar públicos, sumándose el Teatro Jovellanos que con este espectáculo «triangular» hace feliz a tantos omnívoros musicales como el que suscribe.

La orquesta universitaria en Mieres

4 comentarios

Domingo 20 de mayo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Mieres: Orquesta de la Universidad de Oviedo, Maximilian Von Pfeil (chelo), Pedro Ordieres (director). Obras de Beethoven, Tchaikovsky y Schubert. Entrada gratuita.

Agenda apretada la de este domingo veraniego con la mañana de Primavera coral infantil a cargo de la Fundación y el Corín local (que me perdí por ser las fiestas de Santa Rita en mi aldea de Siana), y tarde sinfónica que hacía años no teníamos, con la Orquesta de la Universidad de Oviedo para recordar que en Mieres también hay Campus desde hace muchos años y seguimos reivindicando el mantenimiento de unas instalaciones infrautilizadas, capaces de seguir creciendo en titulaciones.

La labor universitaria de acercar la cultura a toda la sociedad también incluye la música, con un coro que no nos visita hace años, y desde un «avance» en las Navidades de 2016 para repetir en las pasadas cosolidándose en este curso académico, una orquesta también universitaria dirigida por Pedro Ordieres dando el relevo a su padre Alfonso Ordieres Rivero, presente y feliz en el auditorio mierense con su esposa, fundador allá por 1979 de la entonces pionera en España como tal orquesta universitaria, felizmente recuperada y que en tan poco tiempo, pero con la ilusión sumada al talento, está ofreciendo conciertos de calidad. En Mieres se presentaban con un programa de altura, ideal en la formación de intérpretes y público, bien adaptado a una plantilla que espero ver crecer cada curso, pues no hay muchas oportunidades de tocar en orquestas y la universitaria ofrece algo único que además revierte en beneficio de todos.

La Obertura «Egmont», op. 84 (Beethoven) sonó clara, precisa y poderosa, rica en matices, valiente en los tiempos y contrastes, dejando el sonido impregnando los silencios para marcar dramatismos inherentes a la partitura del sordo genial, con un Ordieres dominando toda la paleta expresiva que sus músicos asimilaron por claridad en el gesto y experiencias compartidas, contando con Fernando Zorita de concertino y una buena sonoridad en la cuerda así como en las secciones de viento, tanto la madera como el metal.

Contar con Maximilian von Pfeil de violonchelo solista para las Variaciones sobre un tema Rococó, op. 33 (Tchaikovsky) es un verdadero lujo, trasciende el compañerismo para disfrutar con La Música, con mayúsculas, implicado en este proyecto con la misma calidad y entrega que en otros compromisos profesionales. Ante una obra exigente para todos por los continuos cambios de ritmo, compás, tempo, intención y todo lo que cabe en la forma así conocida como variaciones, siete más la coda, complicidad entre todos dejó una versión de altura. El sonido y profundidad del alemán con un instrumento penetrante, de sonido hermoso y presencia absoluta en sus solos ponen la piel de gallina, como en la variación quinta; estuvo bien contrapesado por una orquesta empastada, escuchándose para unificar intenciones, atentos unos a otros (excelentes clarinete y flauta) con total respeto por esta maravillosa composición del ruso para lucimiento del chelo que aún fue mayor por la feliz conjunción instrumental global, bisando como regalo la sexta variación con la cuerda en pizzicato y la madera aún mejor que la primera vez.

Y el sinfonismo siempre tendrá una deuda con Franz Schubert cuya Sinfonía nº 8 «Incompleta» sigue siendo maravillosa de escuchar y supongo que de interpretar, tanto en los atriles como desde la batuta. Dos movimientos que saben a poco pero capaces de emocionar a una audiencia que respondió a esta llamada orquestal. Las bases románticas de una forma que viene del clasicismo y que Beethoven junto a Schubert empujarán para llenar todo el siglo XIX, dejando una herencia y modelo todavía vigente. La «Incompleta» sonó redonda, rica, contrastada, saboreando las intervenciones solistas (muy bien el oboe) y con una cuerda, especialmente la grave (Maximilian se unió a los chelos), flexible y compacta, melódica bien subrayada por Ordieres, con las dinámicas en el punto justo de equilibrio entre lo poco superfluo y lo mucho principal en la música del vienés. Satisfacción completa para este domingo al fin primaveral donde la banda sonora la puso esta orquesta que espero pueda seguir disfrutando y crecer, pues con estos mimbres ya se puede armar un concierto excelente, así que imaginarme metas más altas es de lógica.

La belleza del cuarteto

2 comentarios

Miércoles 16 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto 1.602, «Grandes cuartetos de cuerda II»: Cuarteto Quiroga. Obras de Bartók y Schubert.

Un cuarteto de cuerda es un organismo múltiple que funciona con un solo corazón, todo encajado al milímetro y dotado de un alma intangible que surge de la unión de virtuosos en cada instrumento capaces de sentir como uno. No hay muchos cuartetos así, pues a menudo se juntan cuatro músicos, mejores o virtuosos, incluso grandes solistas, pero la diferencia entre el verdadero y el ocasional reside en un trabajo muy duro a base de compartir gustos, dialogar en el amplio sentido del verbo, consentir, ceder para crecer y a fin de cuentas convivir para disfrutar felices.
El Cuarteto Quiroga es como una familia que funciona todos a uno, la unión hace la fuerza, encuentros bien programados y conciertos que exceden el ámbito puramente musical para convertirse en una reunión de afectos compartidos. Sus discos reflejan también todo este ambiente y trabajo previo antes de registrarse para convertirse en algo atemporal, pero su directo siempre es irrepetible.

Aitor Hevia, Cibrán Sierra, Josep Puchades y Helena Poggio volvieron a recordarnos la belleza del cuarteto, no solo la musical que puede provocar un «Síndrome Quiroga«, sino también plástica, visual, una verdadera danza de arcos y cuerpos fundidos con cada instrumento, respiraciones al unísono, compases hirientes y silencios profundos, sosiego tras la tensión para un espectáculo único de feliz conjunción a cuatro para alcanzar momentos mágicos. Una breve gira por Gijón, Avilés y Lugo con dos páginas increíbles, difíciles, esforzardas, que interpretan con ese sello único, el segundo de Bartók y el decimocuarto de Schubert.

Dejo aquí arriba escaneadas las notas al programa de Andrea García Torres para centrarnos en la génesis previa a la escucha, si bien Cibrán Sierra, estudioso de este género y formación histórica, nos habló antes de comenzar sobre el nexo entre ambas compositores y las obras elegidas, que podría parecer extraño pero no lo fue haciéndonos ver el nexo común de la inspiración en el folklore y lo popular, la música de la tierra, Terra como su último disco donde aparece el mismo «cuarteto gijonés», la inspiración de Bartok y Schubert en sus países y viajes, también la de los intérpretes en este viaje sin retorno.

El Cuarteto nº 2, Op. 17, Sz. 667 de Béla Bartók es de una exigencia total desde el primer compás del Moderato inicial, el hilo sonoro que va tomando cuerpo, creciendo, fundiendo sensaciones, ritmos, fraseos, ligaduras, matices extremos desde una ternura ingenua a la tensión dramática, unidad y variedad en ese instrumento único del cuarteto de cuerda, percibiendo cada uno y el todo, tomando palabras del libro de Sierra, un viaje a la dinámica interna del cuarteto de cuerda. El Allegro molto capriccioso. Prestissimo eleva las exigencias para los intérpretes y el público, ritmos centroeuropeos, juegos tímbricos, esfuerzo compartido, pulsación con razón, complicidad permanente para afrontar este «capricho» que hace posible lo imposible hasta en los guiños cómicos de cada componente, frases intercambiadas, diálogos a pares, empuje unitario en pasajes a unísono increíblemente y perfectamente encajados. Y terminar con el Largo de cortar la respiración, ese «cuarteto como conversación» que «Los Quiroga» regalan en cada concierto, volver al hilo inicial que se deshace tenue y rasgado con delicadeza, colores ocres como la tierra seca llena de esa belleza del húngaro que el cuarteto eleva a obra maestra, pinceladas combinadas en cada instrumento, en cada tesitura, formando una estampa uniformemente variada, magia de maestros.

En su libro el profesor Sierra escribe sobre cómo construir una interpretación o cómo se configura el carácter de grupo, pero no solo la teoría sino desde la práctica docente y real con este cuarteto que surgió en Llanes, se precocinó unos años antes en este mismo escenario de Gijón entre el gallego y la madrileña (como recordaba el orensano) en aquellas concursos de Juventudes Musicales, y acabó convirtiéndose en este cuarteto que triunfa merecidamente allá donde va, creciendo su fama en igual medida que su calidad por la convivencia de este ser vivo irrepetible solamente posible por un mismo latir que rompe barreras y distancias.

El Cuarteto nº 14 en re menor D. 810 «La muerte y la doncella» (Franz Schubert) es probablemente de las partituras camerísticas del vienés más utilizadas en el cine, haciéndose por ello popular pero que nunca cansas de disfrutar en vivo. Tras el Bartók de la primera parte, el Cuarteto Quiroga afrontaría esta segunda retrocediendo en el tiempo pero avanzando en hondura, madurez y sentimiento. Siguen asombrando por la precisión corpórea en unísonos, la unidad tímbrica del grupo sin renunciar al papel individual, el ímpetu y tensión puntual, mantenida hasta el último golpe de arco, los pianissimi unificados como si de un solo instrumento se tratase, magia y trabajo del cuarteto, los planos en su sitio con sutileza, sin brusquedad, el balance ideal que pasa del papel al instrumento y de éste al público. El Allegro luminoso, cómplices a pares, brillante y aterciopelado, el Andante con moto cantado y variado, agitación con terrores que la música subraya; ritmo puro como la forma Scherzo (Allegro molto) buscando plasmar desesperación, agonía, belleza en el centro, detalles extremos para disfrutar del colorido cuarteto, tan usado en el cine, antes de enlazar con el Presto virtuoso, mágico, desenfrenado, tempestad que todavía corre hasta la muerte final exacta, casi la de Aitor y un arco de guadaña, tal resultó la entrega que tuvo la recompensa de unos larguísimos aplausos por parte de un público respetuoso que casi llenó el coliseo del paseo de Begoña.

Aún hubo tiempo y fuerzas para un villancico, la Panxoliña para o Nadal de José Pacheco, del archivo de Mondoñedo con aires vecinos de muñeira que el Cuarteto Quiroga hace eterno lo popular cuando se interpreta y siente como ellos saben. Un concierto que a la salida muchos pedían repetirse en la próxima temporada de la que ya hay avance (Juan Pérez Floristán, Cuarteto de Leipzig, Emilio Moreno y Aarón Zapico o una Gala Lírica Asturiana con Beatriz Díaz y Alejandro Roy acompañados por el maestro Álvarez Parejo). Espero seguir contándolo desde aquí…

La Serenissima Oviedo

Deja un comentario

Jueves 10 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara, V Primavera Barroca, Accademia Bizantina, Ottavio Dantone (clave y dirección): Anónimo veneciano: obras de Vivaldi, Albinoni, B. Marcello, G. B. Platti y B. Galuppi.

Jugando con la historia-ficción, la Serenísima República de Oviedo fue una ciudad-estado situada en el norte de España, a orillas del mar Cantábrico, y que luego reunió bajo su dominio a todos los vénetos de Gijón, Avilés, más las cuencas del Nalón y Caudal formando un ocho que aglutinaría la mayor parte de la población astúrica. Su capital fue la ciudad de Vetusta, y existió como estado independiente desde el siglo IX hasta 1797. También se la conoce con el nombre de Serenissima Repubblica di San Mateo, pues es su santo patrono aunque el Salvador reine sobre todos. Paralelismo con Venezia aunque falten dogos y sobren jabalíes, pero la vida musical de esta república no tenía nada que envidiar a otras europeas, fuesen repúblicas, condados, monarquías o estados independientes.

Volviendo a la cruda realidad y saltando fronteras espacio temporales, Oviedo sigue siendo «La Viena del Norte» por la amplia oferta que esta semana arranca de jueves y termina el domingo, intentando contarlo todo desde aquí. El cura pelirrojo y músico veneciano más famoso moriría en la capital austríaca, y este jueves sería casi homenajeado en compañía de varios paisanos suyos.
Porque ya es «Primavera Barroca» en Vetusta, ciudad de película, casi un lejano séptimo sestiere de la fotogénica e invadida Venecia a la que nos transportaba allá por 1970 «Anónimo Veneciano«, una película de Enrico María Salerno con música original de Stelvio Cipriani protagonizada por la guapísima Florinda Bolkan y Tony Musante, en el papel de oboísta moribundo que nos descubriría a muchos la hermosísima música de Benedetto Marcello. Rememorando película y música llegaba la impresionante Accademia Bizantina de Ottavio Dantone, el barroco veneciano para hacer un repaso del concierto italiano en sus tres formas principales, concerto grosso, concerto ripieno y concierto con solista como bien explica mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón en las notas al programa que dejo aquí.

Nuevo lleno en la sala de cámara ideal para este formato que tiene un público fiel, educado y entendido, con presencia de asistentes internacionales al «Congreso Internacional sobre las orquestas y la música sinfónica del siglo XIX en Europa» de la Universidad de Oviedo (también colaboradora con el CONSMUPA de las conferencias previas a estos conciertos primaverales) acompañados entre por los catedráticos Ramón Sobrino y Mª Encina Cortizo, así como el Concejal de Cultura Roberto Sánchez Ramos Rivi junto a Cosme Marina como director artístico de la Fundación Municipal de Cultura, y Antonio Moral, el director del CNDM que organiza este ciclo en colaboración con el Ayuntamiento de Oviedo, que esperemos deje ya firmada la sexta edición de esta primavera que resulta todo un éxito como pudieron comprobar «in situ», aunque haya comunicado su decisión de no seguir en el cargo.

La música nos transporta donde queramos, y continuando con imágenes muy personales, salían a escena los académicos bizantinos, doce apóstoles con su guía Dantone, todos de negro riguroso como las góndolas venecianas, respeto y tradición que no luto, para compartir con nosotros este nuevo testamento instrumental. Cada discípulo un virtuoso, Alessandro Tampieri concertino y casi mano derecha a la izquierda del Maestro, evangelizando junto a Lisa Ferguson, Diego Mecca y el otro Alessandro, Palmeri, más Tiziano Bagnati «discordante» por laúd, cuerda punteada frente al resto frotada e igual de fiel que el resto de compañeros.
Música cual palabra divina, serena, única, jugando con las formas desde un sonido cuidado, lleno de matices, limpieza en los planos, dinámicas en su punto capaces de convencer y vencer silencios, sonido bellamente moldeado por cada «sección» en el número ideal: tres primeros violines, tres segundos, para puntualmente actuar dos solistas, y seguir a pares con violas y cellos, más un contrabajo en perfecta comunión, el citado laúd que brilló siempre, especialmente en las dos propinas, y el «capo Ottavio» al clave, mandando con gestos, manos, respiraciones, trabajo de orfebre tímbrico en cada compositor y obra. Vivaldi en mayoría, para inaugurar cada parte (genial la Sinfonia de «Dorilla in Tempe», RV 709 con el guiño primaveral final) y cerrar este «concilio veneciano». El Concierto nº 5 en la mayor para dos violines, RV 519 no pudo ser mejor broche, antes de las dos propinas, excelencia de solistas con uniformidad sonora y artística, pero también Albinoni y su Sinfonia a 4 en fa mayor, el imprescindible Benedetto Marcello de esta «película» con el Concerto grosso en mi menor, op. 1 nº 2 reconstruido por el propio Dantone, ejerciendo de virtuoso solista en el Concierto para clave y cuerdas en la mayor, I-57 nº 6 de Giovanni B. Platti, nuevo asombro de dinámicas, balances y textura para irnos al descanso con excelente sabor de boca.

El barroco de libro, las tres formas mostradas en plenitud, los tiempos alternados, duraciones breves que hacen de estas músicas las ideales para un consumo responsable cuando se interpretan con esta calidad, trece virtuosos más que suma de doce y uno para conseguir un sonido genuino, empastado, agradable al más exigente, haciendo reconocible hasta el propio Anónimo veneciano del Concierto en sol menor reconstruido por el Maestro Ottavio con sus adláteres, receta de tres tiempos con aroma propio, misma tonalidad que la de «Il Buranello» Galuppi con su Concierto nº1 a 4 en sol menor que en compañía de famosos brilló al mismo nivel. Grandeza de una música no siempre respetada, manida sin contemplaciones, explotada comercialmente de reclamo para todo, que cuando se interpreta como lo hacen Dantone y sus doce apóstoles la convierten más en «palabra de dios barroco», sin tomar su nombre en vano y santificando estas primaveras de la Serenissima Oviedo.
Atentos que cada día hay ceremonias en El Templo de Beca, esperando no nos expulsen…

Older Entries Newer Entries