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Merienda vienesa en Vetusta

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Domingo 8 de abril, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: Jornadas de piano “Luis G. Iberni”: Denis Kozhukhin, solistas de la Orquesta de Cadaqués. Obras de Schubert y Beethoven.

Tras el paréntesis vacacional retomaba mis conciertos, y este domingo el pianista ruso Denis Kozhukhin llegaba a las jornadas “con” piano del auditorio de Oviedo en formato camerístico con varios solistas de la Orquesta de Cadaqués y obras que podemos considerar “grandes éxitos” de la música por formar parte de nuestra memoria colectiva con Viena de nexo: el Quinteto La trucha de Schubert partiendo de la canción homónima de su penúltimo movimiento, y ya sin piano el Septimino de Beethoven del que su minueto fue usado como sintonía en la longeva serie de dibujos animados “Érase una vez…” añadiéndose la letra española cantada por los niños de entonces.

Schubert otorga al piano en este Quinteto en la mayor, D. 667 (opus 114) un papel de reparto compartido más que protagonista, especialmente para las variaciones de su “lied”, donde tiene su momento de gloria aunque las posibilidades de brillo sean superiores a sus compañeros del cuarteto de cuerda (violín, viola, chelo y contrabajo) pero igualmente agradecidos en conjunto, brillando todos al nivel esperado, sobre todo por el buen entendimiento y ajustes en cada uno de los cinco movimientos, para degustar estos “apuntes” que todo melómano (también los solistas) debe preparar antes de acometer el obligado salto sinfónico orquestal del incomprendido compositor vienés, que ni siquiera vio publicado en vida su quinteto.

El Septeto en mi bemol mayor, op. 20 del genio alemán nacido en Bonn y enterrado en Viena también sonó en la capital austriaca de inicios del XIX como hoy transportada en el túnel del tiempo musical a la del norte español, Oviedo más de 200 años después, sin piano pero con el mismo cuarteto de Schubert, sumando clarinete, fagot y trompa, siete solistas de la Orquesta de Cadaqués comandados por la violinista Sara Bitlloch en seis movimientos que se engarzaron entre las toses (im)prescindibles de un auditorio con buena entrada dominical. Emoción en el dialogante Adagio cantabile entre violinista y clarinete aún de recuerdo mozartiano, así como la trompa segura de María Rubio completando un buen trío de viento, contrapeso tímbrico del cuarteto de cuerda en una interpretación con mucho oficio de estos siete músicos sinfónicos que comparten igualmente formaciones de cámara con la misma profesionalidad, buen gusto y amor por la música.

Quedamos con ganas de más piano en esta velada de salón sin merienda para nuestra irrepetible Vetusta, la Viena del norte.

DENIS KOZHUKHIN, piano. Solistas de la Orquesta de Cadaqués:
SARA BITLLOCH, violín; CRISTINA POZAS, viola; MÀRIUS DÍAZ, cello; TONI GARCIA, contrabajo; JOAN ENRIC LLUNA, clarinete; DAVID TOMÀS, fagot; MARÍA RUBIO, trompa.

P. D.: Reseña para LNE del lunes 9 de abril de 2018.

Laura Mota, una pianista esplendorosa

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Miércoles 28 de marzo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Sociedad Filarmónica de Oviedo, concierto 6 del año 2018: Laura Mota Pello (piano). Obras de Beethoven, Schubert y Schumann.

Crítica para La Nueva España del viernes 30, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía:

La sociedad filarmónica ovetense de la calle Mendizábal es toda una escuela para melómanos desde 1907 en la que me “matriculó” mi tío Paco en 1971 para disfrutar con Joaquín Achúcarro, al que terminaría idolatrando. Por su escenario han desfilado grandes figuras de instrumentistas, voces y orquestas de renombre, aunque siempre apostando por los talentos de la tierra como las pianistas Purita de la Riva o mi querida Carmen Yepes, por citar dos generaciones muy distintas de mujeres y artistas. Laura Mota Pello (Oviedo, 2003) es la última de estas figuras debutantes en la centenaria sociedad del Teatro Filarmónica aunque de trayectoria muy amplia pese a su juventud. La descubrí dando un recital en Mieres con solo 9 años y desde entonces no he dejado de emocionarme cada vez que la escucho y no solo en Asturias, donde recuerdo suConcierto nº 23 de Mozart en el Auditorio con la Oviedo Filarmonía y Marzio Conti el 23 de enero de 2015, junto a un estreno del también joven ovetense Gabriel Ordás más la violinista y compositora inglesa Alma Deutscher, auténtica niña repollo). Laura ha asombrado desde el piano a casi toda España incluso en TVE en aquel programa “Pizzicato” presentado por Ara Malikian, con una sólida carrera de concertista acumulando premios allá donde va hasta llegar a ser la única finalista europea hace ahora un año en el “Aarhus International Piano Competition” danés, incidiendo en ello porque no es niña prodigio sino directamente un prodigio al piano, con mucho trabajo, pasión, madurez y el apoyo incondicional de sus padres, Alberto y Clara, sumando una labor de años con el maestro Francisco Jaime-Pantín, siempre tutelando esta opción de vida desde la experiencia y la sabiduría necesarias para un viaje larguísimo como es el de concertista de piano.

Para su primera actuación en la sociedad presidida por Jaime Álvarez-Buylla la joven intérprete ovetense no escatimó en esfuerzo, recursos, memoria, ni dificultades técnicas con tres autores románticos cual piedras angulares de la literatura pianística: Beethoven, Schubert y Schumann que habrán sonado muchas veces en este mismo escenario en manos de figuras como Alicia de la Rocha, con quien ya se ha comparado a Laura Mota en cuanto a trayectoria y formación, Luis Galve, Arturo Benedetti, Nikita Magaloff o el mismísimo Sergei Rachmaninoff, por citar algunos Pianistas, con mayúscula, que dejaron su firma en el “Libro de Oro” de la Sociedad Filarmónica de Oviedo.

La Sonata nº 8 en do menor, “Patética”, de Beethoven sirvió para abrir boca, suficiente para ocupar toda una parte durísima, que Laura abordó con fuerza y delicadeza, vértigo y calma romántica a más no poder, vertiginosa y sin mareos, con peso además de poso.
Schubert fue el segundo sustento vienés con dos obras igual de exigentes para todo intérprete: el Impromptu nº 3 op. 142 en si bemol mayor más la Fantasía Wanderer, op. 15, dos páginas notables, profundas y extensas pero también frescas y experimentales como las ideas que bullían en la mente del compositor con su paralelo interpretativo, hondura y madurez para abordar las líneas melódicas de cambiantes armonías e integración en la textura colorista del piano, explorando desde su juventud una sensibilidad interior propia digna de admirar que escuchándola hace olvidarnos de su edad.

Si todo lo anterior ya tenía entidad para todo un concierto, todavía sonaría el Carnaval, op. 9 de Schumann en la segunda parte. Veintiún estampas breves y complejas, arrebatadoras y serenas, juegos de homenajes a Chopin y Paganini con mariposas y marchas filisteas además de esa literatura sonora inspirada en la “Comedia dell’Arte” pintada por Laura Mota con destreza y autoridad, con desparpajo y sentimiento sin artificios, interpretando y releyendo trazos, dinámicas, sonoridades y velocidades. La primera impresión fue la de conjugar técnicas distintas de acuarela, óleo y hasta mosaico por la variedad expositiva desde el piano, esa hondura de la que carecen muchos prodigios asiáticos que tienden a impactar con una técnica vacía de sentimientos. Laura Mota asombra no por lo que toca, pese a tener ya un amplísimo repertorio para quitar el hipo, sino por cómo, algo increíble para su edad que se transmuta al piano para emocionar con cualquier época y autor, tal es su acercamiento a las obras desde una seriedad atípica en estos tiempos. El Schumann carnavalesco brilló entre los mejores recuerdos de este teatro.

Todavía con fuerzas nos regaló a Rachmaninoff por partida doble, resucitado y revivido en esta Filarmónica nada menos que con dos de los diez Preludios op. 23, el nº 4 (Andante cantabile en re mayor) lirismo en estado puro, y el nº 5 (Alla marcia en sol menor) poderoso y marcial, dos propinas plenamente integradas en el discurrir anímico de todo un concierto pleno de musicalidad, sentimiento, hondura y emociones al comprobar cuánto talento atesora Laura Mota. Un miércoles santo para comenzar estas vacaciones escolares inexistentes para los eternos y sacrificados estudiantes de música con bravos merecidos de un público veterano, educado y entendido en esta escuela de melómanos.

Laura Mota, talento adulto

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Miércoles 28 de marzo, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo, Laura Mota Pello (piano). Obras de Beethoven, Schubert y Schumann.


Presentación en sociedad
Reseña para La Nueva España del jueves 29, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía:
La pianista ovetense Laura Mota (2003) se presentaba en la centenaria Sociedad Filarmónica Ovetense con un programa duro y profundo que los socios conocen por ser piedra angular de tantos grandes concertistas que por su escenario han pasado.
La trayectoria de nuestra pianista es imparable desde 2009 porque este prodigio comenzó su andadura con seis años. Su currículo es apabullante y deslumbra allá donde actúa con una madurez y hondura que solo las grandes como nuestra Purita de la Riva o Alicia de la Rocha tenían a su edad. Su maestro Francisco J. Pantín está encauzando una carrera de mucho recorrido que el tiempo permitirá corroborarlo.

Laura Mota no es espectacular por lo que toca sino cómo, a diferencia de las asiáticas que copan premios en todos los concursos pero cual autómatas carentes de pasión.
La Patética de Beethoven abriendo concierto supuso poner sus cartas boca arriba en el debut con esta Sociedad que siempre ha apostado por músicos de nuestra tierra.

Schubert continuaría asombrando e impactando, el Impromptu 3 fresco y hondo, brillante y contrastado con la gigantesca Fantasía Wanderer, dramatismo y delicadeza, caminante sentimental en 88 teclas y casi una hora de entrega.

Todavía quedaba el Carnaval, op. 9 de Schumann por si la primera parte no fuese suficiente para todo un concierto. La evolución interpretativa de Laura Mota va en progresión geométrica y con todas las épocas y estilos, pero este programa romántico nos da una idea de un horizonte lejano que no tiene fin. Schumann es literatura sin palabras, la Comedia del Arte llevada al piano con guiños a Chopin o Paganini, mariposas coquetas o marchas de filisteos con Laura Mota intérprete de las 21 estampas, breves pero intensas de este “carnaval” en plena Semana Santa, acuarelas por el trazo, óleos por textura, mosaicos por color, obra total en estas manos infantiles de talento adulto y arrebatadora delicadeza.

Sin cansancio aparente e igual naturalidad nos regaló dos preludios (4 y 5) de Rachmaninov.
Porque cerrar los ojos nos transporta a interpretaciones de referencia en este mismo teatro… al abrirlos la impactante y agradable sorpresa de comprobar quién toca ese piano, recreando y sintiendo con poso maduro e ímpetu juvenil.

Los mejores de los nuestros

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Sábado 24 de marzo, 20:15 horas: Salón de Actos del Museo de la Evolución Humana (MEH), Burgos. «La voz de la memoria«, Homenaje a Joaquín Díaz, 70 aniversario, Diego Fernández Magdaleno (piano). Entrada libre (aforo completo).

El título de esta entrada no es mío sino de la Junta de Castilla y León en un ciclo que homenajea y premia a los suyos, a sus castellanos ilustres, a fin de cuentas también nuestros, y mucho mejor en vida porque se disfruta más.

Joaquín Díaz (Zamora, 1947) no necesita presentación en esta España nuestra de memorias televisivas en blanco  y negro y sobre todo radiofónicas, músico global aunque le etiquetemos de folklorista, hoy diríamos etnógrafo, que en un gesto de generosidad con visión de futuro legó a la Diputación de Valladolid su amplio archivo para plantar la Fundación con su nombre en la villa de Urueña, una parada obligada a medio camino entre Asturias y Madrid del que me enamoré en la primera visita, de «los museos de Joaquín» incluyendo el de campanas que creo es único en España, el de la música con instrumentos de todo el mundo, museo y casa de otro musicazo como Luis Delgado (Madrid, 1956), siguiendo la llamada del maestro, tiendas de artesanía, talleres varios, las incontables librerías de todo tipo que hacen de esta ubicación «La Villa del Libro«.
Pero también su muralla, las vistas desde ella, los atardeceres en cualquier estación, su gastronomía y alrededores donde es obligatorio visitar San Cebrián de Mazote. Este sábado burgalés se lo recordaba al homenajeado que además me firmaba el «pack» con tres compactos de grabaciones junto al DVD que recoge archivos de TVE, doble regalo porque mi admirado Florentino, un asturiano en Burgos con el que había quedado para disfrutar este evento, acababa de regalármelo sin conocer la presencia de Don Joaquín.

Y esta escapada a la capital castellana era para disfrutar una vez más de mi querido y admirado amigo Diego Fernández Magdaleno (Medina de Rioseco, 1971), al que tenía muchas ganas de volver a escuchar en directo porque sus conciertos respiran emociones, homenajes, respeto, literatura, música y honestidad. Analizar cómo organiza sus programas es todo un reto que me consta igualmente para él y quienes le seguimos. El homenajeado bromeaba con el último orden en estos conciertos festejando sus siete décadas, porque los ocho «bloques» incluían una referencia personal, geográfica incluso, visionada por el piano de Diego acompañada por compositores de nuestro tiempo perfectamente encajados con nuestro folklore. «La voz de la memoria» son Joaquín y Diego, palabras del agua que fluye como la música, que apuesta por los recuerdos (como la visita rápida tras el concierto a la casa donde vivió Antonio José), por los amigos, muchos compositores pues los vínculos establecidos con la música ofrecen regalos tangibles pero igualmente inmateriales.

El programa lo dejo escaneado como los demás «regalos», y para intentar sumarme a este homenaje dedicado a Los mejores de los nuestros destacar un poco de lo mucho que supuso el concierto junto al entorno previo y posterior.

Notas telegráficas: la sorpresa adelantada del encuentro. Inmensidad del MEH que necesitaría un día completo para disfrutarlo. La evolución humana también está marcada por la amistad y la música entre muchas cosas. La materialización física y burgalesa de dos melómanos asturianos en la ciudad del Cid. Emociones compartidas en primera fila, sintiendo las vibraciones del Steinway© en la madera del salón.

Las campanas de Urueña con Kurtág, Montague y el Gerineldo de Joaquín. La fusión de palabras y músicas tan del gusto de Diego, Caibanera por las habaneras de Cádiz y el blues de raíz a cargo de Dolores Serrano Cueto (Cádiz, 1967) con la añada asturiana Duérmete, fíu del alma y la Carta de Falla a Rubinstein de Tomás Marco (Madrid, 1942), un bloque para viajar sin equipaje.
Impensable Diego F. Magdaleno sin un estreno absoluto de un español y amigo, esta vez Espigas de luz de Jesús Legido (Valladolid, 1943) tan actual como el que más, Castilla desde un trigal cromático en blanco y negro con la explosión de Sa Ximbomba de Antonio Ruiz-Pipó (Granada 1934 – París, 1997).

El cuarto bloque redondo por encaje desde la gratitud por compartir Recuerdo de Albert Sardà (Barcelona, 1943), homenaje a Diego Fernández Piera, padre de nuestro pianista, enamorado del flamenco que el compositor catalán entendió desde los melismas que el hijo canta en el piano, como El enamorado y la muerte de Joaquín con el homenaje de «mi gemelo» Francisco García Álvarez (Valladolid, 1959) al músico zamorano festejado este sábado burgalés.

Mi «descubrimiento» de otro pucelano, Luis Villalba Muñoz (1873-1921), cuya Meditación me despertó la curiosidad para urgar en un pasado menos cercano que su música, curiosamente la más alejada cronológicamente en este concierto pero capaz de «compartir actualidad» con la conocida canción burgalesa Morito pititón visionada por el mallorquín Román Alís (1931-2006) junto al Romance del Conde Olinos. Geografías musicales manteniendo título de «los mejores de los nuestros» aunque siempre se quede alguno fuera de programa ante el obligado encaje de bolillos que siempre realiza Diego para sus conciertos.

Sesión «in crescendo» emocional y de homenajes el piano cantábrico en mis entrañas por la Clusteriana Didakus de Pedro Aizpurúa (Andoain, 1924) llena de vigor y resaca marina junto a Sabor d’amor de Ignasi Adiego (Barcelona, 1963) capaz de elevar el bolero al concierto contemporáneo con La rosa enflorece castellana bien regada musicalmente en el medio de ambas.
Último bloque el octavo que supo a poco, Joaquín con Carlos Cruz de Castro (1941) y Max Richter (1966), Diego y su intensidad emotiva, los mejores y además nuestros en sus dedos, con un público agradecido, aplausos merecidos, intercambios a vuelapluma, confidencias rápidas, tiempo para unas cañas rápidas, ilusiones compartidas y sorpresas como los mejores regalos de nuestras vidas.

La música es algo que no tiene precio y viajar el mínimo peaje por ella, para ella y con ella, incluso sin moverte de casa. Pero el directo siempre es irrepetible, palabras del agua…

Los eternos cantores de Viena

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Domingo 25 de febrero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto extraordinario: «Europa, Europa». Niños Cantores de Viena, Luiz de Godoy, dirección y piano.

Crítica para La Nueva España publicada el martes 27 añadiendo «links», fotos propias y cambiando la tipografía eliminando comillas para utilizar negrita y cursiva:

La música sigue poniendo a Oviedo en el mapa musical y este domingo sería última parada de los Niños Cantores de Viena, el coro más famoso del mundo tras una gira española de diez días recorriendo Granada, Bilbao, Zaragoza, Valladolid, Madrid y Burgos. Sus orígenes se remontan al siglo XIII y tal como los conocemos desde el siglo XV con Maximiliano de Habsburgo, reconstruyéndose en 1921 tras la caída del Imperio austrohúngaro. Integrado actualmente por 100 coristas entre 10 y 14 años divididos en cuatro grupos corales para poder dar los 300 conciertos de media anuales, arribando a la capital asturiana con 23 efectivos más el brasileño Luiz de Godoy (que trabaja además con el coro de la Konzerthaus de Viena y la Academia de Coros de la Wienner Staatsoper) al piano y dirigiendo, además de presentarnos en un castellano correcto las distintas obras, con alguna alteración y omisión sobre el programa previsto.

El auditorio estaba al completo con público de todas las edades donde no podían faltar nuestros “Niños cantores de Covadonga”, la Escolanía con su director Jorge de la Vega tomando buena nota de todo sabedores que ellos también son historia viva.

Los Niños Cantores de Viena, una de las «más consolidadas» tradiciones musicales europeas, a lo largo de los siglos han sido numerosos los músicos que han trabajado para esta institución, se han iniciado musicalmente en ella o han dedicado obras: Isaac, Mozart, Caldara, Salieri, Bruckner, Haydn o Schubert entre tantos otros, ampliando un repertorio que abarca todas las épocas y estilos. Para esta gira se centraron en un “viaje coral europeo” como comentó al inicio Luiz de Godoy.

Acallando murmullos arrancaron desde el patio de butacas, bajaron por ambas escaleras y se colocaron sobre el escenario interrumpidos cada etapa por aplausos con el canon a 3 voces O Virgo splendens de nuestro Llibre Vermell de Monserrat (s. XIII) antes de ir saltando autores y épocas para combinar en escena las 23 voces blancas a ambos lados del piano, alternando acompañamiento y canto “a capella”, puro, siempre en perfecto entendimiento con el maestro brasileño, también prodigio quien adaptó el handeliano Piangerò la sorte mía con dos solistas marca Casa Viena o el Gloria in excelsis de Vivaldi desde un piano-orquesta de toque propio y demasiado rápido. En algunas obras se les notó cansados, no por algunos solistas en ambas cuerdas (tienen un tiple increíble que brilló en tres de los cantos rusos) sino por un piano forte sin contemplaciones como en El café de Chinitas recogido por García Lorca, con atrezzo de taza y periódico al que se iba sumando un solista hasta los cuatro finales totalmente tapados por el brasileño, de espaldas a ellos.

Simpática lección coral infantil el “Contrapunto bestial”, verdadero festín animal de Banchieri (ca. 1568-1634), bien las Cuatro canciones rusas K28 de Stravinsky sin piano, sentidos los cantos religiosos del motete Cantate Domino (Buxtehude), Ave Verum Corpus (Poulenc), Salve Regina (Fux) y la casi póstuma Pequeña cantata alemana K619 (Mozart) en adaptación del austriaco Gerald Wirth (1965), autor igualmente de Carmina Austriaca –de similitud con los de Orff– en reducción pianística más percusión variada a cargo de cinco de los niños para la selección ofrecida, ya descansados para afrontar una segunda parte más variada y agradecida.

Momentos mágicos como el Gloria de Britten a ellos dedicado con un piano más discreto, el Die Kapelle del antiguo cantor Schumann y los cantos populares de Armenia (dispersos todos por el escenario aumentando sensación dinámica), Serbia (dos primeras de lujo) o Estiria, en Austria, sumándonos con las palmas, siempre mejor solos aunque con piano ayuda en afinación y presencia, dando un ropaje global, también menos trajín entre cuerdas (12+11), favoreciendo empaste y mayor claridad de emisión.

Para estos vieneses famosos no podía faltar algo de sus paisanos los Strauss, cuya popularidad máxima alcanzan el día de Año Nuevo (2012 y 2016 con Mariss Jansons para recordar los recientes), aquí piano en vez de orquesta con excelentes arreglos del citado Wirth: el conocido Vals del Emperador (Johann Strauss II), la polka En viaje de Vacaciones (Josef Strauss) y la ¿inesperada? propina de El Danubio Azul que levantó al público de las butacas, palmeando todos esa polka rápida con la que cerraron su gira en Oviedo, la Viena del norte español.

Viena y sus eternos cantores

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Domingo 25 de febrero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto extraordinario: «Europa, Europa». Niños Cantores de Viena, Luiz de Godoy, dirección y piano.

Reseña para La Nueva España publicada el lunes 26:

Los Cantores hacen historia

El coro infantil vienés, dirigido por Godoy, asombró en el Auditorio, repleto de público de todas las edades, con un concierto en el que recorrió distintos tiempos y lugares

Pablo Siana | 26.02.2018 | 17:52

Cuando una institución musical tiene tras de sí tanta historia y por la que han pasado muchos de los compositores que conforman su repertorio, es lógica la admiración y respeto hacia ella. Los Niños Cantores han cantado desde el siglo XIII siendo Maximiliano I quien los llevaría a la capital en 1498. Actualmente el coro lo forman 100 cantantes entre los 9 y 14 años, divididos en cuatro coros que dan casi 300 conciertos al año, llegando uno de 23 efectivos a Oviedo, con el brasileño Luiz de Godoy como maestro de coro y pianista, otro prodigio infantil al frente de esta excelencia vocal, finalizando una gira que denotó cierto cansancio en estos niños únicos, disciplinados y sacrificados.Y asombraron a un auditorio de todas las edades, con presencia de la Escolanía de Covadonga, y sin localidades libres cantando la historia coral universal de todos los tiempos y lugares.
Desde el inicial canon “O Virgo splendens” del Llibre Vermell de Montserrat (siglo XIII) que pasearon por las butacas al escenario, hasta obras de su compatriota G. Wirth (1965), arreglista y compositor de los «Carmina Austriaca», dos números recordando los de Orff, pasando por los folclores serbio, español de “El café de chinitas» recogido por Lorca , atrezzo incluido con suma de cuatro solistas imperceptibles con el piano, hasta el armenio donde los vieneses sí mostraron su excelencia, niños que solo crecen para la música. Godoy dirigió y acompañó con soltura además de presentar este viaje coral europeo.
Se ha dicho que cada cantor de Viena es un solista que convierte su cuerpo en un instrumento de sonido lírico, transparente, único e inspirador de los mismos compositores que agrandan su repertorio, Britten de lo mejor cantado con piano, Mozart, Schumann ideal “a capella” y tantos como este domingo pudimos disfrutar sin olvidar a la Saga Strauss de Emperador y las propinas del Danubio y polka palmeada con la que cerraron su gira en Oviedo, la Viena del norte.

Un ensamblado Enol

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Crítica para La Nueva España del jueves 15 de febrero, añadiendo mis links y fotos.

Martes 13 de febrero, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo, concierto 3 del año, 1.967 de la sociedad: «Enol Ensemble: Elena Rey (violín), Cristina Gestido (viola), Teresa Valente (cello) y Mario Bernardo  (piano). Obras de Schumann y Brahms.

El cuarteto con piano es una formación inusual, tres instrumentos de cuerda (violín, viola y violoncello) con los cuales el piano nunca acaba de empastar porque el sonido se produce de distinto modo (cuerdas frotadas unos, cuerdas percutidas el otro), lo que puede explicar que no exista literatura muy abundante para esta clase de cuarteto (Mozart, Dvorak o Fauré entre los pocos), ni tampoco agrupaciones estables dedicadas a estas obras, siendo costumbre que conjuntos de cuerdas ya consolidados inviten a un buen pianista (y prescindan del segundo violín) o bien cuatro instrumentistas independientes que se reúnan para abordar este subgénero. Ni uno ni otro, lo bueno del “Enol Ensemble” es su apertura a cualquier estilo, formación o época para hacernos llegar estos repertorios tan poco programados y tocados, un martes sin supersticiones y carnavalesco con esta formación que se estrenaba en la Sociedad Filarmónica de Oviedo, el mejor escenario para esta música.

Unir dos cuartetos de Schumann y Brahms, maestro y discípulo, no necesita justificación alguna. La amplia amistad que el joven de Hamburgo mantuvo a lo largo de toda su vida con Clara Wieck, esposa de Robert y muy pronto su viuda, junto a la fidelidad y defensa de la obra del amado maestro, siempre con la losa del “dios Beethoven” en todos sus seguidores, hechos que resaltan la compenetración de músicas tan íntimamente unidas y sin embargo tan diferentes en ambos, con esta peculiar e inusual reunión de trío de cuerda con piano, esta vez estrenando «Enol Ensemble» con veneración por los dos alemanes, pudiendo y haciendo entender que la cuna del romanticismo es germana desde una interpretación rigurosa y potente de mayoría femenina, como la vida misma.

Dos visiones de un solo mundo con este “ensemble” abierto al universo camerístico comenzando con el “Cuarteto en mi bemol” op. 47 de Schumann, el “Sostenuto assai” seguido del “Allegro ma non troppo” del arranque, el juego del “Scherzo: Molto vivace” combinando tímbricas y números, el tercer movimiento «Andante Cantabile» puede que el más nostálgico y triste del romanticismo, así transmitido sin ñoñerías, mientras el último «Finale: Vivace» supone el salto adelante preparado en los movimientos anteriores, de planos equilibrados con los protagonismos escritos desde una visión global, un buen desarrollo del discurso entre unos solistas que saben y disfrutan haciendo música juntos, con el corazón mandando sobre el nervio evitando exhibicionismos.

Seriedad y mucho ensayo necesarios para afrontar Schumann, no digamos ya del “Cuarteto en sol menor” op. 25 de Brahms que profundiza en sonoridades e individualidades alternadas, de sonido uniforme bien entendido por estos intérpretes veteranos y jóvenes, de tiempos más diferenciados que en la primera obra, pasando del enérgico «Allegro» inicial al nocturno y sombrío «Intermezzo», el “Andante con moto” cantado por los cuatro por esa inspiración o aire casi de «lied» a tres voces con el piano, y el último «Rondo alla zingarese» recordándonos el jolgorio del martes carnavalesco contrapuesto con leves momentos íntimos del caballero piano contestado con igual intención por las tres damas de los arcos, para saborear violines populares casi evocadores del címbalo húngaro, tamizados por las sutilezas del hamburgués -que estuvo al piano en su estreno- y elevaría a las grandes salas estos aires gitanos, de ritmo casi salvaje recordando sus danzas por métrica y melodías populares de este bien ensamblado Enol astur por capital (pues hay una catalana, una portuguesa y dos asturianos) con proyección internacional, triunfando en su puesta de largo.

Valientes por las obras elegidas, sobradamente preparados para afrontar cualquier repertorio con éxito y sobre todo enamorados de la música.

Tarde de estreno ovetense

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Reseña para La Nueva España del miércoles 14 de febrero con añadidos de links y fotos propias.

Martes 13 de febrero, 19:45 h. Sociedad Filarmónica de Oviedo: Enol Ensemble.

Puesta de largo del “Enol Ensemble» promocionando la música de cámara, esta vez en formato de trío de cuerda formado por Elena Rey (violín), Cristina Gestido (viola), Teresa Valente (cello) con el pianista Mario Bernardo, en la Sociedad Filarmónica de Oviedo, dónde mejor que en esta escuela de melómanos, nada menos que con dos obras intensas, inmensas y emparentadas dentro de los llamados “cuartetos con piano”, no muchos en la historia: el Cuarteto en mi bemol op. 47 de Schumann -con el «Andante Cantabile» probablemente más triste y melancólico- junto al Cuarteto en sol menor op. 25 de Brahms, tributo del alumno con una admiración no exenta de veneración (también a la viuda Clara Wieck) que este Enol asturiano elevó a la altura esperada, con final “alla zingarese” de aire carnavalesco y jovial.
Dos colosos de la música de cámara romántica para una presentación de categoría especial en una ascensión con empuje y entendimiento juvenil de este cuarteto bien “ensamblado” de mayoría femenina y carácter heroico con resultado satisfactorio.

Carnaval maduro y juvenil

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Domingo 11 de febrero, 20:00 horas. León, Fundación Eutherpe: Jóvenes intérpretes 2018. Laura Mota (piano). Obras de Beethoven, Schubert y Schumann.

La fundación que preside Margarita Morais lleva años apostando por los jóvenes talentos y por su sala de la calle Alfonso V en León siguen pasando generaciones de intérpretes, muchos de ellos asturianos, que vuelven para corroborar su evolución y agradecer el interés por ellos mostrado.

Laura Mota (Oviedo, 28 de febrero 2003) retornaba a la capital vecina con un programa hondo, potente, arriesgado y volviendo a demostrar su increíble madurez interpretativa tras su paso por Aarhus el pasado verano en su concurso internacional siendo una de las 20 finalistas de todo el mundo en la categoría A (nacidos entre 2003 y 2008), y la única no oriental en clasificarse para la final, lo que indica el nivel de nuestra joven intérprete demostrado en otros eventos donde siempre admira amén de premios o distinciones.

En la primera parte Beethoven y su Sonata para piano nº 8 en Do menor, Opus 13, «Patética», todo un hallazgo de aproximación romántica desde el I. Grave – Allegro di molto e con brio con silencios subyugantes antes de arrancar «con brío» y fuerza, un II. Adagio cantabile hondo y bien «cantado» para rematar con el III. Rondo: Allegro lleno de vitalidad y explosión sin importar las dificultades técnicas porque la música reinó sobre toda la sonata plagada de momentos hondos que cerrando los ojos hacían olvidar la edad de nuestra pianista.
Y los retos están para superarlos por lo que dentro de este programa de piano romántico en estado puro y cronología bien elegida, llegaría Schubert con la Fantasía Wanderer Opus 15 (D. 760), nueva prueba de fuego no ya por el esfuerzo físico sino por el poso necesario para afrontar esta inmensidad de partitura de la que Liszt sería gran admirador. Cuatro movimientos (I. Allegro con fuoco ma non troppo; II. Adagio; III. Presto; IV. Allegro) más exigentes que cualquier otra sonata por ese trasfondo de «caminante» en la breve vida breve del compositor con guiños a su admirado Beethoven, pero con un poso al alcance de pocos intérpretes consagrados (no suelo recordar muchos orientales) entre los que tendremos que añadir a Laura Mota, aún en un sendero del que no vislumbramos final por todo lo que le espera, pero dejando al educado y entendido público leonés boquiabierto por esa madurez en el piano que no cuadra a la vista aunque sí totalmente al oído, un escalón vienés en la evolución de la literatura para las 88 teclas.

Para concluir el concierto y en plenas «carnestolendas» la segunda parte nada mejor que el Carnaval, Opus 9 (R. Schumann) con veintidós estampas cual ilustraciones musicales variadas, breves e intensas, complicadas por la riqueza condensada y todo tipo de recursos técnicos al servicio de esas postales evocadoras de estas fiestas sin perder de vista la «Commedia dell’arte» por colorido y humor (Reconnaissance), unido a homenajes variados (Eusebius VS Florestan) con los correspondientes guiños en el pentagrama a otros grandes (Chopin tal cual o endiablado Paganini) plagados de trampas y letras danzantes, juegos rítmicos y sobre todo el piano protagonista total dibujado por Laura Mota desde esa madurez juvenil de una adolescente que sigue maravillando, Papillons casi etéreos como el tocado del pelo, Coquette, o históricos como la Marche des «Davidsbündler» contre les Philistins, evocación del emperador Beethoven y verdadera defensa de los ideales artísticos contra los formulismos y viejas teorías de los maestros rutinarios, a quienes esa sociedad secreta de Schumann designaba como “filisteos”, auténtica revolución llevada a cabo por la nueva escuela romántica de la que todo este concierto dominical fue un verdadero ejemplo de principio a fin.

Y es que si el esfuerzo no solo físico resultó maratoniano, aún tendría fuerza para regalarnos «un poco más» de Schubert, el Impromptu D. 899 op. 90 nº 2, limpio, cristalino, prodigioso y romanticismo en estado puro, digno de los muchos grandes pianistas cuyas fotos ilustran esta sala leonesa donde Laura está hace tiempo. Cada concierto suyo pone el listón más alto aunque los límites los pone ella, y Oviedo su Sociedad Filarmónica volverá a tenerla el próximo 28 de marzo.

In Memoriam Elena Herrera

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Viernes 9 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. «Sinfonismo británico«, OSPA, abono 5, Haochen Zang (piano), Carlos Miguel Prieto (director). Obras de S. Revueltas, S. Rachmaninov y W. Walton.
Pablo SIANA | 10.02.2018 | 04:09
El talento mexicano de Carlos M. Prieto le sienta bien a la OSPA.
Tras el paréntesis operístico, volvía la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) al Auditorio Príncipe Felipe para retomar su temporada de abono con el director Carlos M. Prieto y el pianista Hoachen Zhang en un programa colorista titulado “Sinfonismo británico” que tuvo sabor y homenaje mexicanos, pero también cubano (por Elena Herrera).

El concierto se inició con el particular Homenaje a Federico García Lorca de Revueltas. Un vehículo idóneo para los viajes emocionales de un compositor y un director que se encuentran en momentos distintos, bien entendidos por ambos en facetas complementarias que la OSPA, “de cámara” por número de efectivos, desveló con un acierto y un gusto bien explicados al inicio por el Maestro Prieto, y mejor interpretados con un excelente trompeta solista.

El primero de Rachmaninov, no tan popular como el segundo aunque igual de exigente para el solista chino (miembro de esa generación oriental que viene arrasando). Zhang estuvo asombroso en la expresión y además bien concertado por Prieto, que permitió al público disfrutar del virtuosismo efectivo y no efectista arropado por una orquesta inmensa en todos los sentidos. Y Mozart siempre es un buen regalo.

La primera sinfonía de Walton, más conocido por sus bandas sonoras y otro grande británico por vanguardista, nos trajo la mejor versión de una orquesta madura que afronta estos repertorios con solvencia y entrega cuando el podio conoce los secretos de partitura y formación. Un terremoto sonoro como la relación amorosa de Walton con la baronesa Doernberg, siempre británico por compostura y brillantez desde la ruptura contenida que el mexicano supo transmitir a una orquesta que con él suena de cine, majestuosa e imperial.

P. D.: El texto corresponde a mi reseña para La Nueva España sección Oviedo, de la  madrugada del sábado a la que desde casa he añadido mis fotos y los habituales «links» enlazando temas y autores, esta vez de las notas al programa publicadas en la revista 19 y el Facebook© de la OSPA escritas por Luis Suñén así como las entrevistas en el canal de YouTube© OSPATV al pianista y al director, antes del Carnaval.

Elena Herrera Peraza (Sancti Spíritus, 15 de agosto de 1948 – Oviedo, 9 de febrero de 2018).

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