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Juventud divino tesoro musical

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Jueves 13 de julio, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo: JONDE encuentro III/2022. Elisabeth Leonskaja (piano), Pablo González (director). Obras de Beethoven y Mahler. Entrada libre.

Tercera y última parada en esta gira de la JONDE tras el trabajo previo del tercer encuentro anual y el objetivo final del concierto, con el director ovetense Pablo González Bernardo (1975) esta vez en casa, con el patrocinio del INAEM y el propio Ayuntamiento de Oviedo.

Programa de altura con dos colosos y un mundo sinfónico para disfrutar todos, primero Beethoven y su Concierto para piano nº 4 en sol mayor, op. 58 nada menos que con la eternamente joven Elisabeth Leonskaja (Tifilis, 1945) para comprobar cómo debe acompañarse al piano y si es con un excelente concertador como Pablo González, inmejorable prueba de fuego. La pianista georgiana siempre sorprende y más con el paso de los años, mandando y escuchando, enseñando en cada compás desde el inicio en solitario del I. Allegro Moderato que marcaría el tempo e intención para una JONDE perfectamente encajada con la dama del piano. Cada solo era digno de grabarse, las cadencias un verdadero lujo, el II. Andante con moto de sutileza y musicalidad en cada nota, perfecta transición del clasicismo al romanticismo igualmente entendida tanto por Leonskaja como por el maestro González, complice de solista y orquesta, llevándolos de la mano antes del III. Rondó. Vivace, otra lección de entendimiento, pues la rusa jugó con el tempo y la JONDE respondió guiada por el carbayón con un verdadero empuje juvenil, tres generaciones haciendo música juntos, disfrutándola, sintiéndola, primor de atemporalidad cuando se unen la experiencia del piano, la ductilidad de una orquesta madura pese a la media de edad y el incansable ímpetu desde el podio, contagiando gusto y saber hacer en unos encuentros que son la verdadera selección de los futuros atriles ya preparados para dar el salto a «la absoluta», esta vez con invitados de Italia, Rumanía y Portugal fruto del intercambio MusXchange de la Federación Europea de Jóvenes Orquestas Nacionales (ENFYO).

La maestra Leonskaja dejó su última lección en solitario manteniendo el mejor Beethoven del tercer movimiento (Allegretto) de su Sonata nº 17 en re menor,  op. 31 nº 2 «La Tempestad», la magia del piano, el fraseo, las dinámicas, la pureza de una tormenta juvenil por esta rusa afincada en Austria que sigue asombrando por su entrega y magisterio compartido, prolongación casi obligada tras el «cuarto» que marcó no ya estilo sino historia.

Puedo decir que hoy en día el mejor director mahleriano español es Pablo González, por lo que no era nada raro su trabajo con los 94 músicos de la JONDE en la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor, op. 55 del genio bohemio, una obra de hace 110 años que sigue impactando cuando se la escucha con todo detalle y el amor del director asturiano por Mahler. No podía perderme otra oportunidad de comprobar no ya la sabiduría del ovetense en este compositor sino esa faceta pedagógica de transmitir la pasión a una formación que no perdió detalle para un sobresaliente de esta «Quinta» para recordar, tras estos encuentros donde cada sección trabajó con los mejores profesores y Santiago de Compostela fue el primer «examen» antes del final ovetense que logró una excelente entrada de público (haciendo larga y ordenada cola 45 minutos antes del inicio). Hace años que podemos presumir de una juventud muy preparada y en música seguimos exportando talento. La convivencia y trabajo duro para estos conciertos dio su fruto: 61 músicos de cuerda con el arpa, 29 de viento y 5 percusionistas sonaron como adultos en cada uno de los cinco movimientos de esta sinfonía llena de emociones que trascienden los pentagramas, auténtica montaña  rusa que va pidiendo en cada familia orquestal una entrega ciega al podio, algo que Pablo González logró desde el primer movimiento que comenzaba con un solo del trompeta solista dejándole «gustarse». El equilibrio de dinámicas perfectamente balanceadas, los cambios de tempo, todo lo que Mahler dejó escrito fue dibujado al detalle por González con respuesta impecable de toda una JONDE adulta. No hubo duda ninguna en los solistas, con un septeto de trompas para «fichar al completo», todo el metal redondo de sonoridades según las exigencias desde el podio, la madera ensamblada igualmente con primeros atriles dúctiles y precisos, la percusión toda a una crecida en el momento oportuno, pero sobremanera la cuerda. Un acierto la colocación enfrentando violines, con cellos y violas enfrente de la tarima más los contrabajos atrás a la izquierda y el arpa en el opuesto.

Puede que el Adagietto esté sobrevalorado pero es emocionante siempre y cómo sonó en esa cuerda mimada por González tardaré tiempo en olvidarlo. Y eso que el Scherzo ya apuntó maneras con un trompa solista listo para entrar en cualquier «grande» sumando la calidad en la respuesta global de cada sección a los aires vieneses con matices para dar y tomar. El Rondó-Finale: Allegro giocoso resultó la guinda a este pastel nunca empalagoso y totalmente juvenil, contagioso, emocionante, firmado por una JONDE madura llevada por un Pablo González que crece exponencialmente en cada concierto y más con «nuestro» Mahler.

No son habituales los regalos sinfónicos y parte del público estaba más atento al reloj que a lo que se avecinaba, perdiéndose dos propinas de distinta enjundia. Tras la exhibición de la cuerda nada mejor que el conocido «Intermezzo» de Cavalleria Rusticana (Mascagni) que subió aún más la nota mahleriana con el conocimiento y confianza que siempre confirió el maestro González.

El fin de fiesta español llegaría con un curioso y animado arreglo del conocido pasodoble Amparito Roca (Teixidó) sinfónico, no bandístico ni de pulso y púa, que pondría el adecuado además de animado punto final a esta «mini gira» tras dos semanas de intenso y duro trabajo con un equipo capitaneado por Pablo González que continuarán en sus casas cada uno de estos músicos de la JONDE (las mujeres siguen dominando) para seguir creciendo profesional y humanamente, pues mal no hay donde la música suena.

Dejo a continuación toda la plantilla y el excelente equipo académico de este tercer encuentro:

Alexander Bader, flautas y clarinetes; Guilhaume Santana, oboes y fagotes; Kalervo Kulmala, trompa; Reinhold Friedrich, trompeta; Hans Nickel, tuba; Marianne Ten Voorde, arpa; Rainer Seegers, percusión; Gjorgi Dimcevski, violines I;  Jennifer Moreau, violines II; David Quiggle, viola; Troels Svane, violoncello; Mihai Ichim, contrabajo.

Con Carneiro

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Viernes 20 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XI «Emperador», OSPA, Vadim Kholodenko (piano), Joana Carneiro (directora). Obras de Beethoven y Stravinsky.

Regresos y recuperaciones en el undécimo de abono, la directora portuguesa y el esperado pianista ucraniano cuya vida es una tragedia pero la música ayuda a sobreponerse siempre. Un «Emperador» difícil pero agradecido para un Beethoven siempre necesario y nuevamente Frederieke Saeijs de concertino invitada.

Carneiro fue la auténtica emperatriz tras una Leonora, obertura nº 3, op. 72 b triunfadora. La portuguesa triunfó de principio a fin conocedora de la orquesta y del programa, llevando por los difíciles vericuetos las dos composiciones a cual más exigente precisamente por lo transitadas a lo largo del tiempo, la obertura clara, precisa, con todos los claroscuros y la «preparación» ideal ante lo que se avecinaba a continuación.

En el Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73, «Emperador» un Kholodenko de rubatos increíbles y difíciles de concertar pero increíbles de ajuste por la lusa. El pianista afrontó desde una personal visión esta página del sordo genial jugando con los tiempos y fraseos en un equilibrio inestable o  si se quiere de inestabilidad equilibrada, pues así entendió el ucraniano este quinto muy transitado donde parece difícil aportar personalidad, pero que consiguió por la excelente concertación de Carneiro. La orquesta conocedora y la maestra atenta sacarían en un trono musical un emperador distinto, encajado  casi milagrosamente desde sensaciones perturbadoras de este ucraniano introvertido pero distinto en el difícil encaje de su personal rubato «perfectamente inestable».

La propina tenía que ser también Beethoven y la Bagatela para Piano, op. 33 nº 3 en fa mayor igualmente sentida, personal, en tiempo y forma ideales para disfrutar del esperanzado Kholodenko.

La Petrushka (rev. 1947) de Stravinsky está muy rodada, pero con el empuje portugués (espero se mantenga) la OSPA sacó músculo, asintiendo y sintiendo, con la percusión impactante, piano y celesta también, más un viento ideal tanto en la madera siempre exquisita y unos metales seguros además de poderosos, que necesitarían una cuerda más precisa especialmente en los pasajes rápidos, no tan limpios como desearíamos, aunque redondearían una buena interpretación, de nuevo gracias a una Carneiro con las ideas claras que supo transmitir en todo el concierto. Una lástima que hubiese poco público, puede que se decantasen por el ballet del Campoamor en otra contraprogramación municipal frente a la orquesta de todos los asturianos.

Balada por los trasterrados

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Viernes 22 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono IX: OSPA, «Ballade», Nicolai Luganski (piano), Perry So (director). Obras de Médtner y Schumann.

La RAE define Trasterrar  o transterrar(de trans- y tierra) como «Expulsar a alguien de un territorio, generalmente por motivos políticos» y este noveno de abono con la OSPA fue verdaderamente una «Balada por los trasterrados», compositores e intérpretes, sirviendo para ver cómo la música y los músicos son ciudadanos del mundo, y el tiempo parece poner todo en su sitio.

Este viernes volvían a la OSPA varios conocidos, primero el director chino Perry So (Hong Kong, 1982), «eterno aspirante» a titular desde 2011 (al fin lo tenemos, pero será Nuno Coelho) en aquellos tiempos esperanzados esperando acertar en la elección. Pero un cocinero «vúlgaro» fue minándonos al quitarnos los mejores deseos, especialmente durante la anterior visita del pianista ruso Nicolai Luganski (Moscú, 1972) que me dejó muy mal sabor de boca por la malísima dirección del innombrable. Y al fin se hizo justicia con ambos en este concierto de Médtner. Qué distinto hubiese sido entonces de coincidir como hoy la entrega del ruso, el buen hacer del chino y una OSPA universalmente asturiana que vuelve a esperanzarnos, aunque sigamos sin concertino, esta vez nuevamente invitado nuestro admirado Aitor Hevia. Las invitaciones de la orquesta a So siempre han traído veladas de calidad y buena química entre todos, algo que el público, de nuevo escaso para disfrutar de nuestra orquesta, se lo agradeció al final con largos y cálidos aplausos que le obligaron a salir varias veces a saludar. Bienvenido Perry y gracias.

El Concierto para piano nº 3 en mi menor, op.60 «Balada» del ruso Nikolái Kárlovich Médtner (1880-1951) no pudo tener mejor solista que su compatriota Nicolai Luganski, uniones de dos trasterrados que desde su pasión por el piano nos ofrecieron esta joya tan poco programada pese a la belleza, dificultad y todas las razones para hacerla tan atractiva. Tres movimientos sin pausa, entrelazados, que nos recuerdan la excelencia musical rusa, el paso adelante en los albores del pasado siglo de Scriabin y sobre todo Rachmaninov, y que por lo escuchado bebería de las mismas fuentes que Médtner. Concierto con todos los ingredientes para disfrutarlo, sonoridad siempre plena en el solista, la fusión orquestal en muchos momentos, el balance perfecto entre todas las secciones desde el inicio al que se van sumando efectivos con una delicadeza previa al posterior discurrir emocional, y una dirección de So precisa, cómplice con el piano y concertando con exactitud por los intrincados vericuetos, especialmente en el inmenso Finale: Allegro molto, Svegliando, eroico que aporta las novedades propias del compositor tras su «tributo» y herencia de sus contemporáneos: cambios de compás, de ritmo y tempo donde piano y orquesta funcionaron y se fusionaron como si llevasen años interpretando esta «Balada» rusa. Impresionante el sonido de Luganski, la elegancia, el rubato justo, su conmovedora entrega a la música que parece sentirse más honda en la distancia y el dolor, con este último de los conciertos para piano de su paisano Médtner que lo compondría en los primeros años 40 del pasado siglo, tan preocupantes como esta segunda década actual.

Y si el concierto de los dos rusos fue de altos vuelos y lejanos sentimientos, la propina nuevamente de otro trasterrado, luminosamente introspectiva y esperanzadora: la Fantasía Impromptu en do sostenido menor, Op. 66 de Chopin, la belleza del dolor expresada desde el piano magistral de un Luganski técnicamente perfecto y enorme su romántica interpretación como buen heredero de la tradición y «escuela rusa», aportando una personalidad tan grande como la música para su instrumento del polaco, un enamorado más de las 88 teclas.

Manteniendo el orden habitual de los programas donde faltó un estreno o introducción breve, la segunda parte sería una Sinfonía, en este caso la nº 2 en do mayor, op. 61 de Robert Schumann
(1810-1856) para poner claro que la OSPA funciona cuando está en buenas manos, de nuevo el maestro So sacando lo mejor de cada sección con una visión luminosa y tensa de la segunda del atormentado romántico por excelencia, con los tiempos ajustados a la literalidad indicada: el primer movimiento a la velocidad exacta de crucero para dejar fluir en equilibrio viento y cuerda, un segundo rápido sin sobrepasar los límites, con una cuerda ajustada y redonda (se nota el refuerzo en las graves), el tercero una maravilla de expresividad con oboe y clarinete verdaderamente líricos en sus inspiradas intervenciones, sana pugna por el mejor sonido, más ese cuarto y último movimiento, poderoso en velocidad punta, bien de revoluciones para rugir como un coche de carreras pero respetando las señales, caballos de potencia bien controlados por las manos maestras de Perry So, un campeón sobre el podio conduciendo una OSPA a punto.

El tiempo pone todo en su sitio pero siempre nos quedan los interrogantes ¿cómo hubiera sido si…? Al menos nos quitó la primera de las dudas mientras esperamos acertar con el concertino ya con el portugués fichado por tres temporadas.

Barahona de Oviedo a Madrid

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Miércoles 20 de abril, 13:15 horas. Auditorio del CONSMUPA, Oviedo. Juan Barahona (piano). Obras de Mozart, Schubert y Liszt.

Entre las muchas ventajas del jubilado está poder asistir a conciertos matutinos como el del pianista Juan Barahona antes de su presentación el próximo día 29 de abril en Madrid dentro del 20 Ciclo de Jóvenes Intérpretes de la Fundación Scherzo, con un programa exigente y bien «armado» en cuanto a cronología y dificultades, comenzando con Mozart siempre agradecido para los dedos y el alma, un potente Schubert donde Barahona mostró su hondura, para finalizar con Liszt del que también sería la propina.

El 18 de Abril nos han dejado los pianistas Radu Lupu y Nicholas Angelich, ambos ligados al «Ciclo de Grandes Intérpretes» de la propia Fundación Scherzo, pero siempre nos queda la esperanza de contar con una generación joven dando el relevo a los grandes, ley de vida que el tiempo volverá a encumbrar tanto talento aún en un largo camino de inicio para quienes el ciclo de jóvenes abre una puerta siempre necesaria en la capital de España, y que Oviedo ya ha disfrutado de casi todos ellos.

A Juan Barahona le sigo desde sus inicios y puedo asegurar que está en un momento de madurez interpretativa que le hace más que merecedor de figurar en la lista de pianistas actuales, bien formados, trabajadores, implicados e imbricados en su tiempo, con programas variados tanto como solistas, trabajando distintas formaciones y afrontando los grandes conciertos con orquesta, sin olvidar la faceta docente. En «su casa ovetense» nos anticipó lo que sonará en el Auditorio Nacional de Música de Madrid (Sala de cámara).

De Mozart comenzaría con las 12 Variaciones sobre «Ah vous dirai-je, Maman» en Do Mayor, K. 265/300e, el virtuosismo clásico sobre la «Campanita del lugar» que el genio de Salzburgo siempre atesoró desde una alegría infantil imperecedera, engrandeciéndolo con su inimitable creación; continuaría con la Sonata en do mayor KV 330, lenguaje único de engañosa facilidad (como todo Mozart), tempi justos y limpieza pianística en sus tres movimientos que Barahona afrontaría con su escrupulosa búsqueda de sonido claro y ejecución impecable, primera etapa de este viaje pianístico de Oviedo a Madrid.

Un paso adelante con Schubert del que nuestro pianista seleccionaría cuatro impromptus que sacaron a la luz al intérprete  ya maduro que es Juan Barahona, contrastados en intensidades y emociones, primero dos Impromptus op. 90, D. 899, el nº 1 en do menor (Allegro molto moderato) y nº 3 en sol bemol mayor (Andante), amplitud de color y fraseo, claroscuros bien entendidos siempre moldeando el sonido como buen «lector» del mejor Lupu, más otros dos del D. 935, el nº 1 en fa menor (Allegro moderato) y el nº 3 si bemol mayor (Andante con variaciones), hondos, complejos y completos, ricos de matices y sonoridades delicadamente rotundas de las que el también desaparecido recientemente Bashkirov hubiese disfrutado en la interpretación de su aventajado alumno.

Para cerrar este viaje por todo lo alto, última etapa hasta Liszt y dos obras profundas donde la técnica siempre es necesaria pero el talento aún más para poder ahondar en unas páginas llenas de complicaciones emocionales: el Sonetto 123 del Petrarca (de “Années de pèlegrinage II”, S.161/6) y Funerailles (de “Harmonies poétiques et religieuses III”, S.173/7), alto voltaje donde el húngaro repasa desde ese pianismo orquestal su plenitud vital, guiños de polonesa a su «hermano Chopin» en un «funeral poético» escrito sobre el blanco y negro del teclado y la partitura, fuerza física casi maratoniana y todavía mayor la mental, fuerza psicológica para hacer sonar tanta música desde la preparación que el duro trabajo diario supone.

No podía faltar la propina en casa para los suyos, también Liszt, el Valse caprice Nº 6, S. 427 de las «Soirées de Vienne«, la fragilidad poderosa del baile único en la capital mundial de la música desde «La Viena Española». Madrid disfrutará de Juan Barahona como lo hicimos esta matiné de un lluvioso miércoles (ya se sabe que En abril aguas mil) donde el piano puso la luz y el goce de seguir a una juventud que pide paso.

Explorando piano y saxo

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Martes 29 de marzo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: Concierto 6 del año 2022, 2.031 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. Dúo Saxperience: Antonio Cánovas (saxofón), Elena Miguélez (piano). Obras de: Amy Beach, J. J. Solana, A. Guinovart, J. A. Amargós, T. Yoshimatsu y P. Iturralde.

Interesante programa el ofrecido por el Dúo Saxpierence para la sociedad filarmónica ovetense, apostando por un equilibrio interpretativo entre piano y saxo con obras tanto originales como transcripciones que dan una visión de la evolución de un instrumento moderno que se ha convertido en imprescindible en todos los repertorios, desde la llamada clásica, especialmente desde el Impresionismo, hasta el jazz con todas sus fusiones, incluyendo el flamenco, la música ligera, las bandas de musica que serían impensables sin él, y obras actuales pensadas para su peculiar timbre y expresividad en cada tesitura, este martes con los alto y soprano.

Las obras elegidas por Cánovas y Miguélez demostraron la perfecta simbiosis y entendimiento de los dos profesores, una vida en común por y para la música con partituras muy exigentes para ambos, donde poner la técnica al servicio de unas músicas que encantaron a un público variopinto con presencia de estudiantes de los distintos conservatorios asturianos, formando a las nuevas generaciones en ambos lados de la música, desde el trabajo del escenario hasta la butaca, el ocio que tantas alegrías nos dan.

Antonio Cánovas ejerció igualmente de anfitrión y docente, presentándonos cada una de las obras interpretadas. De la compositora norteamericana Amy Beach (1867-1944) decir que está sonando cada vez más en los auditorios y teatros desde todas sus facetas, siendo la camerística igual de interesante que la sinfónica. Su Romance Op. 23 (1893) para violín y piano es muy popular y la transcripción para saxo alto del propio Cánovas mostró la versatilidad de su instrumento, capaz de descubrir sonoridades propias sin «traicionar» el original, siempre con un piano presente de graves redondos y un brillo complementando las texturas del saxo.

El compositor madrileño Juan José Solana Gutiérrez (1957), actual presidente de la Fundación SGAE, compuso en 2015 Gran Vía 6 a.m. para saxo alto y piano dedicado a este dúo que la estrenaría en Madrid. La historia que esconde es la larga espera en esa parada del bus madrileño tras perder el último de las noche y observar el latido de la capital de España a esas horas, auténtica banda sonora del despertar al trabajo y la cotidianidad, música llena de matices y ambientes que los destinatarios compartieron con todos los presentes, poniendo cada uno de nosotros las imágenes para el recuerdo en una partitura muy trabajada como en el maestro Solana es habitual.

Para cerrar la primera parte el catalán Albert Guinovart (1962), su Fantasía sobre «Goyescas» (1997) para clarinete y piano que con el permiso del compositor por la complementariedad sonora del saxo soprano, no puso reparos al cambio de instrumento. Si la obra original de Granados es una maravilla tanto orquestal como al piano, mantenerlo y variar sus melodías con el soprano en unas armonizaciones actuales, auténtica fusión o visión mediterránea del catalán que mantiene todo el protagonismo pianístico enriquecido aún más con el timbre de un saxo que canta igualmente «jondo» y operístico, enamorando como las majas del ilerdense que el barcelonés reviste de moderno testimonio.

Todavía quedaba mucho más por disfrutar pues la segunda parte nos trajo a dos compositores actuales cuya música explota todos los recursos del saxo alto con un piano capaz de recordarnos al mejor Debussy o Mompou unido con Montoliú o las armonías del lejano oriente plenamente New Wave. Del segundo barcelonés del concierto, Joan Albert Amargós (1950), tengo grabaciones suyas en todos los formatos, estilos y épocas, dominador del clarinete y el piano además de excelente orquestador del que viví los arreglos asturianos disfrutando igualmente con su dirección, En su faceta compositiva, este Homenatge a Lorca (1998) es una joya para el piano y el saxo, los tres cantos populares del granadino universal, otro enamorado de la música como buen poeta, resultan actuales sin perder la esencia, desde Los cuatro muleros rítmicos, variados, casi individualizados, totalmente jazzísticos, piano inmenso y saxo estratosférico, pasando por el Zorongo cual «música callada» de teclas intimistas hasta el desbordante Anda Jaleo que Cánovas y Miguélez llevaron al culmen, auténtica experiencia con el saxo, unísonos y escalas a dos engrandecidas por la precisión y encaje de ambos gracias al magisterio de armonías del catalán.

Y el fin de fiesta con un japonés, Takashi Yoshimatsu (1953), con su Fuzzy Bird Sonate (1991), tres movimientos de estos «pájaros borrosos» que corren, cantan y vuelan, tal y como indica el compositor en cada uno de los cuadros sonoros. Dúo perfecto de saxo y piano por los ambientes creados, (di)fusionando lo tradicional y universal desde el lejano oriente que sigue dándonos compositores interesantes, búsqueda de sonidos explotando los instrumentos y melodías eternas vestidas de modernidad. un piano rítmico y exigente completando el virtuosismo del saxo, jugando con percusiones y un vuelo incesante casi de vencejos por su coordinación en esta interpretación para asombro de todos a la altura de estos dos profesionales.

Un concierto completo, original donde no podía faltar un tributo al gran Pedro Iturralde (1929-2020),  nuestro saxofonista de referencia que hubiese disfrutado con estas obras, docente, compositor e innovador, un espejo para tantos que llegarían después, fallecido sin el merecido homenaje en vida que un emocionado Antonio Cánovas le rindió con el primero de los movimientos del tríptico Memorias con el sonido siempre único del soprano para esta melodía tan sentida en escritura e interpretación.

Pintando sentimientos musicales

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Viernes 18 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono VII OSPA Matías el Pintor: Alba Ventura (piano), Jordi Francés (director). Obras de E. Soutullo, Prokofiev y Hindemith.

Continuamos con un año pandémico, imprevisible, trágico por lo que está sucediendo en Ucrania, y donde todo parece ir a peor, pues la reciente huelga del transporte por carretera iniciada el pasado lunes nos afecta en todo y también a la música, impidiendo que se celebrase ayer este mismo concierto en Gijón (logística instrumental), que siempre se nota en Oviedo. Al menos resultó positivo ver cómo se ha podido renovar el convenio con el CONSMUPA para que varios de sus estudiantes se sumen a los efectivos de la OSPA.

En lo relativo a este séptimo de abono pocas cosas nuevas pues seguimos esperando director titular y concertino, aunque este viernes Marina Gurdzhiya, violinista de Oviedo Filarmonía, sería la invitada. Al menos la teníamos cerca. Y del programa organizado como hace lustros o décadas: estreno, concierto con solista y sinfonía, que algún día podría replantearse el orden para ir adecuándonos a los «tiempos modernos». Con todo pude disfrutar de principio a fin en un concierto casi pictórico, dominando todas las técnicas y estilos, con distintas superficies sobre las que plasmar las notas musicales como colores materiales.

Del compositor vasco Eduardo Soutullo (Bilbao, 1968) es estrenaba en Asturias Alén, obra ganadora del X Premio de Composición AEOS -Asociación Española de Orquestas Sinfónicas- de la Fundación BBVA. Compositor muy valorado dentro y  fuera de nuestras fronteras, que asistió entre el público supongo feliz porque tanto Jordi Francés como la OSPA pudieron reflejar la magia que esta obra guarda. A Portalén o Porta do Alén en galego significa «Puerta del más allá», un lugar mágico y mitológico de la tierra vecina que se relaciona con la obra del premiado compositor, colores sobre arpillera, con texturas variadas, sonoridades nada habituales cual brochazos sin perfilar en un cuadro al que bien pudieran servir de banda sonora ambientando este céltico «Stonehelm pontevedrés».

Tenía ganas de escuchar en vivo a la pianista catalana Alba Ventura (1978), y no defraudó su Concierto para piano nº 3 en do mayor, op. 26 de Sergei Prokofiev (1891-1953). Obra complicada que podría llamarse «Cuaderno de pintor» pues sus tres movimientos (I. Andante – Allegro; II. Tema y variaciones. Andantino; III. Allegro, ma non troppo ) suenan como un muestrario de la evolución del compositor ruso en la misma obra: cambios de ritmos, recurrencias a sus ballets con Jordi Francés casi bailarín y concertando perfectamente las complejas entradas orquestales. Una auténtica exposición de formas y colores donde en el Allegro Ventura fue delineando primero con delicadeza, después coloreando con fuerza cada aparición; mientras tanto las variaciones del segundo parecían acuarelas con tinta china que pasando las hojas de este particular cuaderno concertístico, tomarían geometrías y pinceladas más gruesas, intensas antes del último gran lienzo, sin pincel ni brocha, directamente sobre descomunal superficie en blanco y negro del piano, mujer sobre fondo neutro pintada en todo tipo de superficies que la OSPA iba generando con un Francés evitando salirse del marco para completar el resto de un auténtico mural musical.

Brillante interpretación esta de la pianista catalana que, para dar continuidad al colorido «tercero de Prokofiev«, nos regalaría la novena de las 10 Piezas de «Romeo & Julieta», Op. 75, Danza de las chicas con lirios, interiorizada, matizada y sacando del piano una paleta aún mayor si cabe desde su intimismo  preclaro, limpio, fresco, compartido con un público que, pese a completarse con los «indemnizados gijoneses», sigue siendo cada vez menos. Una lástima que se esté perdiendo.

Y en la segunda parte tocaba sinfonía, al menos de las que conviene programar cada cierto tiempo: la potente Sinfonía «Matías, el pintor» de Paul Hindemith (1895-1963). Bien analizada en las notas al programa del pianista, organista y musicólogo jienense Álvaro Flores Cotelo. que dejo enlazadas al inicio  de esta entrada (en obras) y con los seis refuerzos del CONSMUPA más algunos coprincipales de plantilla actuando hoy de solistas, el director alicantino volvió «a sacar petróleo» de nuestra OSPA, continuó su personal taller pictórico casi como homenaje al propio Matthias Grünewald a lo largo de los tres intensos y poderosos movimientos (I. Engelskonzert; II. Die Grablegung; III. Versuchung des heiligen Antonius). Una obra que parece seguir vigente en plena tercera década del tercer milenio, cual castigo de obligarnos a repetir la historia aunque la conozcamos. El clima de represión artística que se estaba viviendo en Alemania en los años 30 del siglo pasado, que no pasó por alto el gobierno nazi para quien Hindemith, pese a ser de uno de los creadores más jóvenes e internacionales del momento, no dudó en condenar su obra como «música degenerada». Tantos artistas censurados también en nuestros días, confundiendo al pueblo con sus dirigentes, degeneración que está en las mentes de los sátrapas y quienes les sustentan. Francés llevó el color y dolor de cada «pintura musical» escrita en 1934, exprimiendo toda la paleta del compositor alemán: el primer Concierto de los ángeles levantando el vuelo con una cuerda capaz de dibujar terciopelo y arpillera, maderas brillando y metales de seda y tapiz, percusión dándole el cuerpo y presencia, planos sonoros muy trabajados y equilibrados; el posterior Entierro del renacentista Grünewald remarcaría los claroscuros y el dolor, música para nuestros sentimientos actuales; finalizando con Las Tentaciones de San Antonio en este retablo de Isenheim (1512-16) casi daliniano por expresionista y adelantado a su época, donde la OSPA mostró en su mejor versión y visión, tal vez con «el trazo» entrenado tras el esfuerzo alpino, que Francés llevó firme y seguro.

La primavera es el reinicio anual, ciclo natural lleno de esperanza y vida, que esperemos alcance a todas las artes y seres humanos. Su color es único y la sinestesia nos hace mezclar los sentidos como en este concierto pictórico.

Goethe en el lied

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Miércoles 16 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Concierto nº 1648: «La Lírica de Goethe». Lieder sobre textos de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832). Paula Iragorri (mezzo), Marcos Suárez (piano). Obras de Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Tchaikovsky, Grieg, H. Wolf y Camilo Comas.

No cabe duda que el alemán Goethe, de quien se conmemora este año el 190 aniversario de su muerte, está unido a la historia del lied y muchos compositores tomaron su obra para musicarla, siendo el triunvirato por excelencia el formado por Schubert, Schumann y Hugo Wolf como así nos lo contaba mi admirado profesor Emilio Casares en aquellos felices años de facultad.

Evidentemente la lírica de Goethe resultó ideal por su propia musicalidad como bien explica el musicólogo Jorge Trillo Valeiro en las notas al programa de este concierto de la filarmónica gijonesa, apostando por la calidad de cada concierto y la importancia de la voz en una temporada digna de elogio.

De no afrontar un ciclo completo, siempre muy exigente para un concierto de lieder, elegir las obras con Goethe como inspirador resultó una auténtica lección donde pudimos escuchar otros compositores en la voz de la mezzo donostiarra Paula Iragorri Bascarán y el pianista langreano Marcos Suárez, el protagonismo compartido de todo lied que exige además un dominio idiomático, «genético» en Paula, y un compañero de viaje capaz de afrontar cada partitura como una obra solista para poder dialogar, subrayar el texto, completar el espíritu de cada poema, y brillar a la misma altura, disfrutando además de la proyección de Alejandro Carantoña con la traducción de cada canción, otro tanto a favor de la centenaria sociedad gijonesa que además apoya económicamente la rehabilitación de la capilla de San Esteban del Mar en colaboración con el Rotary Club local, cuyo presidente presentó antes del concierto agradeciendo igualmente el apoyo del consistorio.

Muy interesantes tanto las obras como los compositores elegidos, siguiendo un orden cronológico que además, tal y como nos contó al descanso David Roldán, los de la primera parte siendo más jóvenes que Goethe, murieron mucho antes, mientras en la segunda avanzamos hasta un desconocido para mí abogado catalán nacido probablemente en 1880, Camilo Comas y Mora (o de Mora), «distinguido aficionado a la bella música«, pianista entre otros instrumentos más, y compositor rescatado por María Sanhuesa y la propia Paula Iragorri, que indagando por Internet me encuentro algún dato curioso como haber sido miembro de la delegación española en el Patronato del Festival de Bayreuth creado para sufragar el estreno de Parsifal (Wagner), posteriormente su breve paso como juez de instrucción en Ibiza, donde además de dar un concierto vocal e instrumental en el Círculo Agrícola con un programa donde aparece otra obra suya, también parece que estrenaría en la catedral una Pasión según San Juan en 1901, indicando Mossèn Francesc Xavier Torres Peters en su artículo: «El Sr. Comas en las piezas que cantó y en las que ejecutó, demosstrónos nueva vez que, más que aficionado a la música slecta y al canto, es un acabadísimo profesor y un artista consumado«. La obra que cerraría el concierto, Gretchen, Op. 15, inspirada en el Faust de Gounod, con traducción al francés, demostraría no ya el conocimiento musical de sus «vecinos del norte» sino la inspiración y el excelente tratamiento musical con un piano efectista y una melodía vocal compuesta para mezzo, al mismo nivel que sus compañeros de programa en Gijón.

Comienzo con los pioneros Mozart (Das Veilchen, K, 476) y Beethoven para conocer el camino por el que discurriría el lied, la voz con la tesitura vocal central (habitualmente barítonos pero también mezzosopranos) y el piano casi sonatístico, siempre con la música al servicio del texto como así lo entendieron Iragorri y Suárez, transitando al dramatismo romántico del Egmont. Y el culmen de la primera parte con Schubert, que exprimiría a Goethe en sus casi 80 lieder a él dedicados, eligiendo aquí una pequeña muestra, desde el juvenil Wandrers Nachtlied sencillo y honda declaración de amor, hasta el conocido e impactante Erlkönig D. 328 que la mezzo «vivió» jugando con una amplia gama dramática con el piano brillando de forma frenéticamente segura, eligiendo un tempo exigente para ambos y verdadera joya del malogrado compositor vienés. La propina, en esta misma línea de feliz conjunción lírica, An die musik, paso del estilo final clásico al romanticismo del Sturm und Drang, modelos de lied que ocuparán todo el XIX impregnando de poesía las músicas de salón más allá de lo germano.

Variedad temporal y geográfica duranre la segunda parte, primero Schumann, de quien escucharíamos tres de los ocho lied de su Myrtheu, Op. 25, feliz continuador de Schubert, el piano tan poético como la voz, expresividad de Marcos cual narrador descriptivo y subrayado de Paula, cómoda en su canto pese a la exigencia interpretativa. Continuaría la influencia de las «canciones de Goethe» hasta Tchaikovsky, escuchando el último de los 6 romances, Op. 6 (Nur wer die Sehnsucht kennt), optando la mezzo por la traducción al ruso de este rey melódico, la Mignon casi operística con un piano orquestal, más la quinta de las 6 canciones, op. 68 (Zur Rosenzeit) del noruego Grieg, exprimiendo la dramaturgia del texto que el dúo así interpretó, con dominio estilístico y lingüístico de la mezzo de la mano de un piano poderoso, rico en matices, claro y disfrutando ambos de una escritura que ayuda a lucirse.

Palabras mayores, también en lo musical, las de Hugo Wolf y su noveno número, Mignon: Kennst du das Land? (de los Goethe-Lieder, IHW 10), el último romántico del lied camerístico que abriría puertas a los sinfónicos, el culmen de un recital para disfrutar de este género tan difícil, exigente, ideal para la tesitura y color de Paula Iragorri que encontró en Marcos Suárez su igual y fiel acompañante, dos caminantes a los que también cantaría Schubert.

Broche final el agradable «rescate» ya comentado, Gretchen, Op. 15 del citado Camilo Comas, que puso a este catalán al mismo nivel emocional de sus compañeros de programa compartiendo la lírica de Goethe, sin vender almas y girando en la rueca como Margarita. Así lo defendieron y sintieron Paula y Marcos en un programa atractivo para los amantes de este género, feliz conjunción de voz y piano, que como escribió el Padre Sopeña en su estudio El lied romántico (1973), también citado por Trillo, «la música como autobiografía con genial capacidad de transmigración, es lo que hace de la música romántica novedad y constante a la vez«.

Una «schuvertida»

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Miércoles 23 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: CIMCO (Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo), Schubertiada. Enol Ensemble, Carlos Dávila (actor). Entrada: 8 €.

El CIMCO es un nuevo ciclo y apuesta municipal en la sala de cámara que, como indica su acrónimo, es interdisciplinar, aunando espectáculos con la música como nexo, «vanguardista y prejuicios» tal como se presenta.

Y este miércoles bajo el título de Schubertiada, hizo cual «Ministerio del Tiempo» un viaje al Oviedo actual del romántico Franz Schubert encarnado por Carlos Dávila de Higiénico Papel, con una ambientación mínima pero suficiente, incluso con una iluminación muy cuidada, aunando en su música la lectura traducida de cuatro lieder cantados por Ana Nebot y el piano de Mario Bernardo, con una saltarina trucha última que sirvió para escuchar finalmente el quinteto homónimo a cargo de esta formación adaptable a distintos repertorios e intérpretes conocidos de los melómanos asturianos. Una reunión en el «salón de casa» con amigos haciendo música y muchos más disfrutándola (con una excelente entrada a precio asequible), sin prejuicios, aplaudiendo incluso entre movimientos, buena propuesta que completa la gran oferta de «La Viena española» dentro de la siempre didáctica y necesaria música camerística.

Tras la presentación de Franz Dávila recordando el texto del programa «on line», comenzaría la reunión con una selección de cuatro lieder y textos leídos previamente, que la soprano ovetense «vivió» además de cantar, dramatización musical bien arropada por el piano de un compañero habitual en tantos años de profesionales, amigos disfrutando de An die Musik D. 547 (Von Schober), sosiegoy gusto, Lied der Mignon D. 877 (Goethe) delicado personaje femenino que Nebot casi nos susurró arrulada por Bernardo, y Die Fiorelle D. 550 (Schubart), saltarina y vital, naturaleza hecha música. Canciones válidas para cualquier voz, habitualmente masculinas aunque siempre resultan tentadoras para las femeninas, y que con Ana Nebot brillaron desde ese ambiente íntimo y cómplice con el piano, cómoda tanto en estos lieder schubertianos como en las francesas que también le van a su voz y ya hemos disfrutado igualmente.

Y una vez lanzada la caña al río finalmente el anzuelo funcionó para escuchar el Quinteto con piano en la mayor, Op. 114, D. 667 «La trucha», inspirada composición del vienés en esta formación poco habitual para una de sus obras más conocidas y versionadas, con un piano propio siempre muy presente y el cuarteto de cuerda bien ensamblado donde todos tienen su protagonismo individual y el necesario entendimiento, que entre amigos no presentó problemas. Los cuatro movimientos (Allegro Vivace; Andante; Scherzo. Presto; Tema con variaciones; Finale. Allegro giusto) fueron «in crescendo» en complicidad y entrega, especialmente las variaciones del lied antes de un final brillante, diría que plateado cual trucha de nuestros ríos a cargo de un ensemble con nombre de lago asturiano y emblemático.

Otro disfrute musical en este divertida schubertiada que podríamos unir en una velada «schuvertida» para un público agradecido que no falla, mascarillas incluidas con las que el Schubert «transportado» al siglo XXI hizo la chanza inicial de su viaje en el tiempo al salón ovetense.

Enol Ensemble: Ana Nebot (soprano), Fernando Zorita (violín), Cristina Gestido (viola), Teresa Valente-Pereira (chelo), Ximo Clemente (contrabajo), Mario Bernardo (piano).

El invierno de la vida

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Jueves 3 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Matthias Goerne (barítono), Markus Hinterhäuser (piano). Winterreise (Viaje de invierno), D. 911 (Franz Schubert).

Inscribir este concierto o recital dentro de las Jornadas de Piano tiene todo el sentido, aunque estemos ante uno de los grandes ciclos de lieder, pues la voz no puede ser protagonista sin el hermanamiento con el piano en los 24 poemas de Wilhem Muller a los que la música del «Príncipe del Lied» eleva a la máxima categoría lírica camerística.
Hace años que conozco este Schubert romántico en la voz de Dietrich Fischer-Dieskau y su «alter ego» Gerald Moore, disfrutar de la reedición digitalizada, mi acercamiento a la lengua de Goethe y el estudio concienzudo publicado (y agotado) en Alianza Música del barítono alemán al que siempre hay que volver, más aún para este recital lleno de emociones vitales con los actuales «defensores» del género musical y poético por excelencia junto a Ian Bostridge, el alumno aventajado Goerne y el pianista Hinterhäuser.
Recital intimista con menos público del esperado para un excelente tándem Goerne-Hinterhäuser, la conjunción schubertiana de la poesía marcando cada nota, cada palabra, cada verso, momentos pictóricos donde el piano pinta el paisaje y la voz los personajes, todo un lienzo sonoro con sobretítulos y traducción que nos hicieron valorar más cada uno de los poemas de Muller.
Sin pausa pero sin prisas, comenzando con las «Buenas noches» que cierran y abren ciclos vitales, la despedida del molinero que el arroyo acoge y un nuevo adiós del último viaje, el caminante, de la mano voz y piano, ya en la madurez, las metáforas del invierno como última etapa no exenta de recuerdos a su amada y «sueños primaverales» con simbolismos bien dramatizados por un Goerne casi bardo, explorando cada registro, su grave potente, los agudos filando la sílaba exacta, con un piano de por sí romántico, nada «veleta» en buena compenetración, postura encogida como el alma de Schubert, subrayando intenciones, paleta desde la amplia pincelada al brochazo expresivo, pudiendo escucharse con un actor declamando y sintiendo las dos docenas escénicas.
Primera parte de versos fluidos como un «torrente» y tranquilamente brillante cual «tilo» totémico, con «descanso» tras el «fuego fatuo» y antes de las flores soñadas hasta la «Soledad» sonora. El caminante Goerne con el bastón de Hinterhäuser, versos escalofriantes para un Schubert enfermo, tránsito lleno del dolor espiritual, el del alma que parece más intenso.
Las otras doce canciones aún más introspectivas (recomendables las siempre acertadas palabras de mi querido Luis Suñén en las notas al programa), reflexivas, la crisis invernal con «la cabeza gris», Goerne dramatizando con su amplio canto y gestualidad tan personal como su acercamiento a Schubert, el arranque tras «El correo» bien anunciado por Hinterhäuser, recordándome a Mahler, la amenazante compañera «corneja» que oscurece y enerva con una melodía intrigante, los cambios de tono y de color que en la voz del barítono alemán encuentran la pincelada exacta para mantener la «Ultima esperanza«, la rápida parada «En el pueblo» y volver al miedo de una «Mañana de tormenta«, la gama de grises del piano y la voz que no quitan nunca «ilusión» pues en este viaje invernal cada vez se atisba más claramente el final.
Una referencia del trecho andado es «El mojón» y por supuesto mucho «Coraje» que no sería aún el adiós sino la última escena de la rueca de la zanfona, de la molinera, la del organillo callejero o del ciego zanfonista (Der Leiermann) al que se une el canto solidario acompañado por un piano casi quejumbroso tras «Los falsos soles» en un viaje que rompe el hielo para una inmersión profunda y personal.
El lied como máxima expresión dramática compartida y reducida al salón romántico en el que Matthias Goerne y Markus Hinterhäuser convirtieron el auditorio, y donde los móviles volvieron a romper la magia siempre en los momentos más delicados. Si las mascarillas parece vinieron a acallar toses, habrá que esperar una pandemia telefónica para que se silencien, pues la educación y saber estar parecen perdidos en un siglo tecnológico, deshumanizado, donde solo parece primar lo inmediato. El viaje de invierno es lento pero inevitable, y su disfrute no admite interferencias.

Francia a cuatro manos

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Jueves 20 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni». Lucas & Arthur Jussen (dúo de piano), Ensemble de la Filarmónica de Berlín. Obras de: Dvořák, Poulenc, Ravel y Saint-Saëns.

Volvían a Oviedo para celebrar los 30 años de estas Jornadas de Piano los hermanos Jussen (tras su paso por Barcelona), von una compañía de auténtico lujo como los ocho componentes de «los berliners» entre los que se encontraba un conocido de la afición ovetense, el violista Joaquín Riquelme, auténtico «dinamizador» de sus compañeros que casi ejerció de maestro de ceremonias. Lucas Jussen (27 de febrero de 1993) y Arthur Jussen (28 de septiembre de 1996) nunca defraudan y menos en las obras elegidas, todas francesas y en combinaciones para disfrutarlos a pares: a cuatro manos, con dos pianos y en formato camerístico rodeados de un ensemble auténticamente formidable que hizo las delicias de un público que vuelve con hambre de música recuperando aforos y manteniendo la mascarilla entre otras medidas de prevención.

Para abrir boca y gozar de los «berlineses«, el quinteto de cuerda puso la nota checa con Dvořák y su Quinteto de cuerda nº 2 en sol mayor, op. 77, cuatro movimientos que sonaron «de disco», tal es el entendimiento y sonido de estos cinco virtuosos del arco, fraseos delineados, sonoridades compactas ricas  en matices, minuciosos en la afinación (tras cada movimiento) y detallistas que sacaron de esta perla camerística lo mejor de ella, fuego en el primer movimiento, vértigo unificado en el segundo, la calma de una «respiración única» en el tercero y un final sobresaliente, auténtica lección y aperitivo para paladares exquisitos dentro del menú francés que trajeron los hermanos holandeses.

La Sonata para piano a cuatro manos, FP8 (Poulenc) comenzó impetuosa, casi sin respiro con el Prélude enérgico donde la «coreografía» iba no ya en las manos sino en los propios gestos de los hermanos. Como escribía el gran Sir Neville Marriner «Te das cuenta de que no es normal. No son sólo dos buenos pianistas tocando juntos: ambos sienten exactamente los detalles más sutiles de la interpretación del otro». Maravilla de sonata con el sello inconfundible del Rústique Poulenc capaz de volcar en 20 dedos todo un mundo orgánico coronado en el vertiginoso, además de virtuoso Final que estos hermanos interpretan desde la unidad genética que tantos ejemplos ha dado en este repertorio.

Aún quedaban dos pianos, el de Ravel, inspirado escribiendo igualmente para una mano izquierda como en esta versión de La Valse, M.72 (en Barcelona los Jussen optaron por las cuatro manos de Mi madre la oca, más imbricada con la última obra del programa ovetense), el mundo sinfónico lleno de color que con un piano a pares consigue una cercanía difícil de alcanzar pero tan rica y sentida dentro de ese encaje perfecto de los hermanos. Impresiona cerrar los ojos para escuchar el «piano imposible», duplicado y casi en espejo, con el hermano mayor siempre de «grave sustento» para hacer brillar al pequeño, la luminosidad por partida doble.

La juventud tiene en estos dos holandeses (desconozco el gentilicio de los Países Bajos como ahora denominan al país de los tulipanes) buen reflejo para sus contemporáneos y seguidores, especialmente en las hoy cenagosas redes sociales donde verles y escucharles es un oasis entre tanta miseria humana. Elegir El carnaval de los animales (Saint-Saëns) creo que es una excelente opción más allá del carácter didáctico que pueda tener, pues contar con un octeto de tanta altura como el que trajeron para ofrecernos la versión original, fue un regalo para todo melómano.

Simon Rössler al «glockenspiel» y marimba solamente para esta obra, como el flautista Egor Egorkin con algo más de protagonismo, son lujos casi inalcanzables, y no digamos el principal berlinés de clarinete Wenzel Fuchs, un «cuco» de ensueño con el nivel de este solista mundial que también puso el toque de comicidad incluso marcándole la pulsación en las escalas del menor de los Jussen en los Pianistas animales. No podemos olvidarnos de cada intervención estelar, irreprochables y perfectas, desde El elefante Gunars Upatnieks, pasando por los cacareos de gallinas y rebuznos de asnos (nada burros) con Luis Felipe Coelho y Álvaro Parra, más el emocionante cisne de Solène Kermarrec. Por supuesto completaron este elenco de figuras internacionales los hermanos en los pianos sonando como uno desde la grandeza y entendimiento rozando la deseada perfección en su ejecución, realmente todo el conjunto, disfrutando y sonando impecable, encajado y «ensamblado» con el rigor germano aunque con «mano de obra» internacional.

El ejemplo del trabajo en equipo sintiendo y viviendo la música con una calidad «brutal» (como dice ahora la gente joven) se coronó con ese Finale bisado tras un nuevo éxito de los hermanos Jussen con una compañía de ocho inmensos solistas unidos para ofrecernos la crème de la crème del mundo camerístico.

P. D.: Dejo a continuación el artículo publicado el pasado martes en el diario La Nueva España.

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