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El ciclón gijonés

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Domingo 20 de noviembre, 19:00 h. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G, Iberni». Martín García García (piano). Obras de Chopin y Rajmáninov.

Reseña telefónica con Franco Torre para La Nueva España del lunes 21 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Un ciclón musical pasó anoche por Oviedo. El ojo de la tormenta estaba en el Auditorio Príncipe Felipe, en una sala principal que registró lleno absoluto. Sobre el escenario, un único instrumento, el gran Steinwway© de cola, y un maestro nacido a la orilla del Piles y que se ha coronado en los mejores escenarios antes de volver para ser profeta en su tierra: Martín García. Un pianista que puso en pie el Auditorio ovetense con un concierto memorable, de más de dos horas (dos y media con el descanso) y que cerró con tres propinas, entre las ovaciones de un público entregado.
A días de cumplir los 26, Martín García retornaba a Oviedo tras engordar de forma descomunal su currículo en los últimos años. En 2021 llegó su consagración internacional tras lograr el primer lugar en el Cleveland International Piano Competition y el tercer lugar en el Concurso Internacional de Piano Fryderyk Chopin. La expectación en «la Viena española» era máxima, y el pianista no defraudó. Al contrario: el nivel excelso de su música incluso sorprendió a los melómanos, impactados por la fuerza del pianista y ante la espléndida madurez que ha alcanzado en los últimos años. El gijonés, instalado ya en la élite del instrumento, apunta maneras para convertirse en uno de los grandes.
La primera parte del concierto estaba dedicada a Frédéric Chopin, en un guiño indisimulado al certamen que le coronó en Varsovia un año atrás. Interpretó las cuatro «Mazurkas» op. 33, «Barcarolle» en fa sostenido mayor, op. 60, cuatro de los «Preludes» op. 28, y la «Sonata n.º 2» en si bemol menor, op. 35. Para definir su nivel solo hay un calificativo:tremendo.

Llegó la tregua del descanso y parecía difícil que García mantuviese el nivel en una segunda parte dedicada a Serguéi Rajmáninov, pero lo logró. Interpretó de forma absolutamente impresionante los dos «Moment Musicaux» op. 16 nº 3 y nº 2, en este orden, y la «Sonata n.º 1» en re menor, op. 28. Todo perfecto salvo por la inesperada competencia que le salió al pianista desde el patio de butacas, donde se improvisó un concierto de toses (había todo un coro, con toses agudas, graves y hasta algún “staccato”) y móviles, con la irrupción ocasional, menos molesta, de algún niño que preguntaba si era hora ya de aplaudir.

Los aplausos llegaron, y a raudales. Todo el auditorio en pie, rompiéndose las manos, dedicando sonoros «¡bravos!» y hasta un inoportuno, por el momento, «Grande!» al pianista y reclamando su retorno al escenario. Martín García, con una sudada más propia de un extremo que se hubiese pateado la banda en el mundial de Qatar que de un pianista, en prueba fehaciente de su entrega sobre las tablas, volvió al escenario para dar una propina al agradecido público ovetense a base de Rajmáninov y talento. La operación se repetiría otras dos veces, con el músico ya en camisa sin quitarse la pajarita, sin bajar ni un ápice el pistón, instalado en la excelencia a tiempo completo a lomos de ese Steinway© poderoso, luciendo una madurez impresionante que se traduce no solo en ese virtuosismo, también en una musicalidad al alcance de muy pocos pianistas.

A la salida, una ciudad fría y lluviosa recibió al respetable. El común de los mortales lo achacaría a este otoño que ya quiere ser invierno, pero los agradecidos asistentes al concierto sabían la verdad: eran las secuelas de ese ciclón musical que anoche pasó por Oviedo.

Kantorow, fuego en el camino

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Sábado 12 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Concierto inaugural de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandre Kantorow (piano). Obras de Liszt, Scriabin y Schubert.

Crítica para La Nueva España del lunes 14 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

No se pudo elegir mejor pianista ni programa para arrancar estas jornadas de la llamada “Temporada del rencuentro” que el francés Alexandre Kantorow (Clemont-Ferrand, 20 de mayo de 1997), un prodigio que comenzó su carrera profesional con solo 16 años para ser el primero de su país en ganar el prestigioso Concurso Internacional Chaikovski en 2019, y que llegaba a Oviedo en su gira con tres compositores “fetiche” donde se mueve con una madurez impresionante y técnica puesta al servicio de unas interpretaciones soberbias, modelando el sonido, recorriendo verdaderos pasajes interiores llenos de puro romanticismo. Los cambios en el programa previsto funcionaron de forma homogénea y dándole un sentido global a un recital que puso al público a sus pies tras una velada intensa además de sentida, llegando a regalar hasta tres propinas (ahora se les llama “encores”).

Liszt es un referente para los pianistas por sus exigencias para entresacar de sus obras todos los avances de su época y Kantorow, al que la crítica del magazine Fanfare le ha bautizado como “Liszt reencarnado”, comenzaría con Weinen, Klagen, Sorgen, Zagen S.179, basado en el tema de la cantata 12 de Bach, la contundencia unida a la devoción por el padre de todas las músicas, inicio de un peregrinaje que el joven virtuoso proseguiría con el Soneto nº 104 del Petrarca, perteneciente a los “Años de Peregrinaje” S.161 del abate, clara reminiscencia chopiniana, pleno de contrastes en una penumbra total que ayudaría a un silencio sepulcral poco habitual en el auditorio, con el piano en el centro del escenario sin mover la caja escénica, iluminado levemente en un rectángulo que impresionaba al escuchar todo lo que de él brotaba en las manos del francés. Sin respiros, con una gama amplísima de matices donde primó siempre la musicalidad, para “redondear” este camino literario con Après une lecture du Dante, fantasía en el amplio sentido, tres etapas donde disfrutar de la pasión, fuerza y delicadeza de un sonido limpio, trabajado, rotundo y delicado, mimando cada nota, los pedales realzando y dibujando desde su técnica impecable una primera parte poderosa y llena de claroscursos expresivos al alcance de pocos intérpretes de su edad.

La segunda parte finalizaría el recorrido por el húngaro que enamoraba en los salones parisinos con su endiablada técnica volviendo al íntimismo y hondura expresivas tras la que podríamos llamar pirotecnia pianística, Abschlied que adapta una melodía popular rusa breve y compleja, nuevamente con dualidades bien contrastadas al final de su vida, nostálgica y evocadora, al igual que La lúgubre góndola, la oscuridad llena de amargura, austeridad frente a la opulencia juvenil, donde el pianista francés enamoraría a los melómanos asturianos, ofreciendo la otra cara de la moneda para reflejar el dominio de la globalidad del piano de Liszt, el ocaso del genio premonitorio de la muerte de Wagner dos meses después de finalizarla.

El peregrinaje pianístico daría un salto sin perder la homogeneidad temática con Fers la Flamme, op. 72 del ruso Scriabin, el sinfonismo desde las 88 teclas que canta el triunfo del resplandor sobre la oscuridad, acordes sombríos donde cada nota toma cuerpo para ir moviéndose hasta el estallido emocional de Kantorow.

Y sólo podía poner punto final a este tortuoso camino de luces y sombras el otro Franz, Schubert con su Fantasía “Wanderer” (caminante) D. 760 que alude al lied homónimo. Un homenaje pianístico al primer romanticismo del que todos beberían, el virtuosismo exigente que canta sin palabras toda la gama emocional en tres movimientos para un solo tema que en manos de Kantorow resultó una verdadera lección interpretativa, deslumbrante, sentida de principio a fin cerrando un recital de verdadero peregrinaje íntimo, donde todo los colores posibles sonaron y brillaron llenos de vida.

Bravos y aplausos más que merecidos para regalarnos una etapa extra del “camino francés” desde un pianismo razonado, pues el lied de Schubert Letanía en arreglo del propio Liszt sería el mejor colofón del concierto.

De otro gran virtuoso e improvisador como fue Gyorgy Cziffra, su arreglo del Vals triste a partir de una canción popular húngara volvió a impactar y epatar a un público totalmente rendido a Alexandre “el grande”, este joven francés que aún tendría fuerzas para seguir emocionándonos con su tercer regalo tras un concierto maratoniano para todo pianista: el final de El pájaro de fuego de Stravinski en arreglo de Guido Agosti (1901-1989), el fuego mágico que crea sombras, dando luz y calor además de color. Mejor inauguración para las jornadas de piano imposible.

El peregrino Kantorow

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Sábado 12 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Concierto inaugural de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandre Kantorow (piano). Obras de Liszt, Scriabin y Schubert.

Reseña para La Nueva España del domingo 13 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” de esta temporada arrancaron con el pianista Alexandre Kantorow, premio «Tchaikovsky» en 2019 con tan solo 22 años, el primer francés en ganar la medalla de oro y el Grand Prix del prestigioso Concurso Internacional, algo que solo había sucedido en tres ocasiones en la historia del certamen.

Declarado por la crítica como el “joven zar del piano” o “Liszt reencarnado”, Oviedo sigue siendo La Viena española y parada obligada en esta gira de conciertos por las mejores salas de todo el mundo entre las que está el Auditorio de la capital asturiana.

Kantorow no defraudó en un concierto con excelente entrada y público en un respetuoso silencio solo roto por algún estertor, asombrando no solo por el virtuosístico sino la profundidad y rotundidad de este joven que debutó con 16 años y que asombra por su madurez interpretativa.
Con cambios en el orden previsto y Liszt casi protagonista único en la primera parte e inicio de la segunda, que cerrarían Scriabin y Schubert. Si el abate húngaro arrebataba en los salones parisinos del XIX, el francés lo hizo en la Vetusta del XXI.

Penumbra que ayudó al silencio y el gran Steinway enmarcado con la mínima luz para paladear el Liszt de Kantorow, pleno de romanticismo, claroscuros increíbles con matices extremos y la fuerza juvenil capaz de pasar al intimismo mágico en un peregrinaje interior (de Petrarca a Dante) bien ejecutado y transmitido con el fuego fatuo y arrebatador del virtuoso francés.

No rebajó entrega ni intensidad tras la necesaria pausa para retomar fuerzas, con una góndola lúgubre, premonitoria del entierro de su yerno Wagner, de compleja sencillez, después la llama de Scriabin cual sucesor virtuoso desde el frio, para finalizar con ese Caminante (Wanderer) de Schubert que nos llevaría al romanticismo inicial e inspirado(r) de este pianista que no deberemos perderle la pista porque está llamado a ser uno de los grandes de nuestro siglo.

Una delicia de interpretación que levantó bravos y merecidísimos aplausos respondidos por no dos sino tres “encores” resumiendo la técnica al servicio de la música con todo el lirismo de nuevo de Schubert en arreglo de Liszt, una popular de Cziffra y hasta el fuego de Stravinsky y su pájaro sobrevolando con piruetas elegantes un final de concierto apoteósico.

Buena música para Alarcos

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Martes 11 de octubre, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo (Teatro Filarmónica), concierto 13 del año, 2.038 de la sociedad: Orquesta Filarmonía Ibérica, Melani Mestre (piano y director). Concierto homenaje a Emilio Alarcos Llorach en el centenario de su nacimiento. Obras de: Herschel, García Gago, Jenkins, Mozart y Cases.

Reseña para La Nueva España del miércoles 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
En Oviedo todos conocían a Alarcos, y más los más los melómanos, de los que formaba parte, por lo que este concierto a él dedicado recogía parte de la música que le acompañaría en su vida (tal y como comentaba ayer su viuda y directora de la Cátedra que lleva su nombre, Josefina Martínez, desde estas mismas páginas, quien también tendría palabras de agradecimiento y recuerdos al principio de la velada donde no faltó reivindicación ni pedagogía, tras las de Santiago González del Valle, presidente de la Sociedad y el del RIDEA, además de socio de esta Filarmónica, Ramón Rodriguez).

 

La Filarmonía Ibérica, orquesta camerística compuesta por una excelente selección de músicos de cuerda de las últimas hornadas españolas y europeas, formados en las principales instituciones docentes, tiene como objetivo no solo redescubrir el legado y patrimonio musical ibérico desde el barroco más desconocido sino también nuestros compositores, históricos y actuales. Con el maestro y pianista barcelonés Melani Mestre (1976), tras su ingente tarea de recuperación e investigación previa, pudimos disfrutar este martes de su magisterio y buen hacer al frente de su orquesta.
La Sinfonía 8 en do menor del alemán F. W. Herschel (1738-1822) es una de las obras “oscurecidas” por sus compatriotas y contemporáneos Haydn o Mozart o Beethoven, pese a emigrar con 20 años a Inglaterra donde le nombrarían “Sir” más por astrónomo que músico. Tres movimientos (Allegro assai-Andante-Presto assai) en la línea de otras con más enjundia, de las 24 que compuso, pero interesantes, breves y de ágil interpretación.
La Tocata y fuga del berciano afincado en Barcelona Josep García Gago (1921-1999), un avanzado que recupera esta forma barroca desde su cátedra compositiva, que sonó contundente y clara por los once instrumentistas cual órgano de arcos.
El Concerto Grosso “Palladio” (1995) del galés Karl Jenkins (1944), arquitectura sonora de líneas inconfundibles e inspiración barroca del gran compositor británico bien dibujadas y contrastadas, con una excelente concertino.
Para la segunda parte ya con Mestre desde el teclado llegaría su propio arreglo para esta orquesta del conocido Concierto para piano nº 21 en do mayor, K. 467 “Elvira Madigan” de Mozart (1756-1791) que Alarcos tenía entre sus preferidos. El equilibrio entre solista y cuerda con la hondura melódica del genio de Salzburgo desde una interpretación muy cuidada aunque no todo lo limpia desde el piano, especialmente la cadencia del Allegro maestoso, que no desmerece esta personal visión y amor por tan bella página.
Y cerrando concierto la interesante Suite Barroca para piano y orquesta del ecléctico compositor catalán Carles Cases (1958), la modernidad de lo antiguo con perspectiva amplia desde el llamado neoclasicismo con aires cinematográficos.
Intérpretes y obra ideales para cerrar un concierto del que Don Emilio hubiera disfrutado hasta de la propina del marplatense Piazzolla Jeanne y Paul.
LN

La música en el Camino de los Derechos Humanos

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Jueves 1 de septiembre, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. Isabel Pérez Dobarro (piano), Devorah Sasha (cantante).
Se presentaba en la capital asturiana, Origen del Camino de Santiago, el Proyecto de la Fundación ISHR con sede en Miami, «»Ruta de los Derechos Humanos» en el Camino Primitivo» con la intención de escuchar a la pianista Isabel Pérez Dobarro y el estreno mundial de Perfect World, obra compuesta por el malogrado italovenezolano Pablo Manavello (Treviso 1950-Miami 2016) inspirado en los Derechos Humanos (DDHH) a cargo de la cantante caraqueña afincada en Miami Devorah Sasha (1957), pero ya se sabe que estos eventos donde confluyen muchos intereses y agradecimientos, ocupa más la parte protocolaria que la musical, siendo realmente el broche del acto que pese a todo resultó interesante aunque excesivamente largo.

Con algo de retraso sobre la hora prevista, se visionó un vídeo previo con Devorah Devo Sasha y Elizabeth Sánchez Vegas, hablando del camino primitivo y su experiencia, de los DDHH más necesarios que nunca en estos tiempos de guerras, su fundación International Solidarity for Human Rights (ISHR) de la que son directora y presidenta respectivamente, que como apuntarían antes de que sonase la música, un sueño que arrancaría en 2015 y al fin pudieron lograr este primero de septiembre siete años después.

Antes de la presentación y bienvenida a parte del equipo directivo y comentando la marca «Oviedo Origen del Camino«. No faltó al acto el mierense universal Padre Ángel, aplaudido por una sala llena, y que ayer celebraba los 60 años de su propia Fundación que arrancaría con el «otro Ángel», Silva, desde aquella Cruz de los Ángeles que no ha parado de sumar alas.
Hubo momento para recordar al rey asturiano Alfonso II El Casto, auténtico fundador de este camino a Santiago hace doce siglos y llegarían los discursos, primero Alfredo García Quintana, concejal de turismo del Ayuntamiento de Oviedo, ante la ausencia del alcalde Canteli, sumándose a esta presentación dando la bienvenida a los alcaldes y concejales, asturianos y gallegos por donde transcurre este Camino Primitivo, autoridades varias y las empresas implicadas además del público que llenó la sala de cámara. Nada menos que 30 placas de Eladio de Mora con cada uno de los DDHH en ese Camino y además en esta ciudad de melómanos la presentación mundial del Himno con su intérprete y después el piano de la pianista gallega Isabel Pérez Dobarro (Santiago de Compostela, 1992).
Continuaría Elizabeth Sánchez Vegas como presidenta de ISHR animando a todos a ser “voceros” de su proyecto y divulgación, a continuación el artista Eladio de Mora con los respectivos agradecimientos a la presidenta de ISHR y su granito de arena al proyecto inspirado en el propio camino, explicando los motivos en bronce de las treinta placas con una estrella, la concha de peregrino rodeando la leyenda «»Camino de los Derechos Humanos» donde figura cada uno de los 30 artículos en inglés y español.

Benjamin Alba Menéndez, empresario y peregrino, contaría sus experiencias junto a su esposa desde el Hotel Palacio de Merás en Tineo convertido en albergue de peregrinos y con la placa número 7 («Tengo derecho a ser igual ante la ley»).

Begoña Panea de la plataforma WhereIs celebrando los 10 años de su empresa y hoy logrando al fin esta presentación tras el parón de la pandemia con agradecimientos a todos los presentes y leyendo cada alcalde de los municipios por los que transcurre este peregrinaje dentro de la Asociación de Empresarios del Camino Primitivo.

No podía faltar la autoridad autonómica pertinente, esta vez José Antonio Garmón Fidalgo, director general de gobernanza pública, transparencia, participación ciudadana y agenda 2030 (menudo cargo) glosando el origen del camino, los DDHH, la declaración de la ONU o las dos placas en Oviedo.
Y tras cuarenta y cinco minutos al fin llegaría la esperada parte musical. Isabel Pérez Dobarro nos hablaría de lo interesante de este evento y del camino como compostelana y música, activista en el amplio sentido de la palabra, hablándonos con su soltura habitual, algo que siempre se agradece en EEUU y comentando el desarrollo musical de su programa del que habló en Harvard, de la conexión musical desde el Códice Calixtino y el público asistente a su conferencia en la prestigiosa universidad yanqui, tantas nacionalidades distintas que habían hecho precisamente ese camino, mostrando todo su apoyo a la iniciativa por lo que supone.
Su viaje musical internacional lo centraría como es habitual en su larga trayectoria concertística (estuvo hace once años en Gijón como alumna del asturiano José Ramón Méndez que la llevaría a los EEUU y el pasado año dando un concierto para su Filarmónica), recuperando a compositoras olvidadas tras indagar en ellas cual arqueóloga del piano. Un placer escuchar su selección que comenzaría con dos francesas poco conocidas: Mel Bonis (1858-1937), apoyada por César Franck en el Conservatorio de París y amiga de Debussy, con su Preludio op. 10, y Hélène de Montgeroult (1764-1836), de estilo clásico pero obras ambas de virtuosismo y fuerza, reflejo del lenguaje de la época en que vivieron y dignas de escucharse junto a los habituales caballeros, pues es hora de reivindicar el acallado talento femenino en la historia de la música.
La tercera compositora en «descubrir» nos pidió primero adivinarla, y tras escuchar ese «aire chopiniano» nos contaría quién fue la polaca María Szymanowska (1789-1831), casada con Josef Szymanowski, tras su Nocturno en si bemol mayor anterior al propio Chopin del que se considera su precursora, y que triunfaría en San Petersburgo como la primera pianista de la Corte Imperial Rusa donde moriría.
Otra francesa de «inspiración polaca» pero más cercana, la pequeña de la familia de Manuel GarcíaPauline Viardot de la que su Mazurca volvió a demostrar la calidad de esta cantante y compositora en la interpretación de Isabel Pérez Dobarro, una de las pocas triunfadoras en vida que está por fin siendo habitual en los programas, siendo la gallega su mejor embajadora en América.
Si este camino de derechos y arte, de música y meditación que une Asturias y Galicia, nada mejor que otras dos obras de nuestro tiempo, primero del cántabro afincado en nuestra tierra Israel Lopez Estelche y una de sus Plegarias al piano una verdadera exquisitez en las manos de la compostelana, para seguir con su paisana Carme Rodriguez, una página encargada a ella, Alalá das paisaxes verticais, maravillosamente interpretada por Isabel.
Para concluir una obra también actual del tinerfeño Juan Antonio Simarro, Cuatro acordes para expresarme, apostando tanto por las compositoras de antaño como por obras actuales, disfrutando y haciendo disfrutar con todas, y ya pasadas las nueve de la noche antes del esperado estreno.
El himno compuesto por el tristemente desaparecido Pablo Manavello, hoy en otra dimensión pero presente con su música, pregrabada pero con la voz en vivo de Devorah Sasha, cantada en inglés y el recitado en español, seis años para un sueño cumplido al fin, la defensa de los DDHH por esta venezolana comprometida y el himno Perfect World, la voz sentida con una música muy del gusto estadounidense.
Y el colofón sorpresa del ovetense coro femenino astur-venezolano de la Asociación Sociocultural AVAO dirigido por Daniel Josué Lugo Añaez, cantando nuestro himno asturiano con el público en pie. Me hubiese gustado más música y menos discurso pero el evento así estaba programado.

Juan Durán en femenino plural

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JUAN DURÁN: «(di)Versos Femeninos». NURIA LORENZO, mezzo; ALEJO AMOEDO, piano. Sello RDC; referencia MG-2201.

El compositor Juan Durán Alonso (Vigo, 19/09/1960) de amplio y variado catálogo, miembro de la denominada «Generación de la apertura» y fundador de la Asociación Gallega de Compositores en 1987, encuentra en la poesía un camino propio en lo que podríamos llamar el «lied actual», voz y piano donde la música engrandece unos textos siempre bien elegidos, aunque en esta última grabación no vengan incluidos (sí en el programa del pasado 8 de mayo de 2021 en Homenaje a las víctimas del Covid celebrado en Nigrán, donde interpretaron las obras aquí grabadas), con dos intérpretes también pontevedreses.
En un formato poco habitual, este disco grabado en el Auditorio Municipal Carmen Estévez de Vilalba (Lugo) el 6 de junio de 2021, recoge diez canciones de seis poetisas (hoy parece que se debe escribir poetas) musicadas con anterioridad y ahora en la voz de la mezzo Nuria Lorenzo con el piano de Alejo Amoedo, un dúo de larga trayectoria para unas partituras de protagonismo compartido como así se debe entender, conocedor Durán del registro vocal y color de una cantante poderosa en timbre, carnoso, de buena dicción, microdramas sentidos en su escritura global. Sumemos un pianista perfecto complemento musical y subrayando el ambiente de cada poema, sugiriendo, remando en la misma dirección de presencia justa y equilibrada con la voz en todas sus diversas expresiones. El resultado es otra aportación de Durán a un repertorio que crece y donde los compositores actuales encuentran el vehículo idóneo para dar a conocer este formato de salón, ideal en las salas camerísticas.
Cada una de las obras están perfectamente analizadas en la parte musical por el siempre docto y ameno Arturo Reverter, otro pontevedrés de pro para redondear una grabación que bien podría llevar la etiqueta de «Galicia calidade«. Me limitaré a esbozar mis impresiones de cada uno de los diez cortes, destacando la calidad de la toma de sonido amén de los propios intérpretes, y el universo poético de Juan Durán, nuevamente acertado en la fusión poesía y música, lírica en estado puro y cercano con este dúo vigués.
1. Julia Uceda (Sevilla, 1925): Antígona. La poesía de la andaluza es música en cada verso y el compositor vigués evoca aires románticos cual aria de fuerza en la voz rotunda de Nuria y el piano apasionado de Alejo.
2. Alfonsa de la Torre (Cuéllar, Segovia, 1915-1993: Engrandecí con lágrimas, nostalgia preparada al teclado y continuada con unos fraseos vocales de los versos, creciendo en intensidades contenidas, jugando con la métrica tan musical como los propios pentagramas con un final perdiéndose.
3. Alfonsina Storni (Capriasca, Argentina, 1892-1938): Versos a la tristeza de Buenos Aires, la saudade o mejor «morriña» desde ambos lados del Atlántico, el hermanamiento del emigrante sentido desde Galicia con los aires del tango universal que la voz grave y profunda de la mezzo interpreta arropada por un piano muy bien tratado, dibujando y vistiendo de salón de baile esa tristeza intrínseca de la siempre recordada Alfonsina.
Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-1885), «Tríptico rosaliano«: 4. Cada noite eu chorando pensaba; 5. Tecín soya a miña tea; 6. Lúa descolorida, con explicación en vídeo del compositor, así como la interpretación por Nuria y Alejo, la expresión del pueblo gallego, tradición y canción como las cantigas a modo de «lied gallego». La primera acunando los versos desde el piano que hasta en los silencios subraya ese sentimiento de tristeza. Poder pasar del andar al bailar lo consigue la siguiente, el piano abre el paso calmado que prosigue la voz casi de puntillas, amplios escalones desgarrados desde el canto casi imperceptible que crece en intensidad emocional y aire hasta esa danza culminando sentimientos hechos música. Para concluir, la delicadeza iniciada desde el teclado que prepara una melodía fraseada con esos versos de la gran Rosalía aún más etéreos con los arpegios del piano realzando la voz cuidada además de matizada con gusto y un color propio.
7. Marica Campo (Val do Mao, O Incio, Lugo, 1948): Baixei ao teu amor. Un torbellino de emociones plasmadas tanto en el poema como la propia escritura musical, un inicio pianístico brillante preludio de la aparición vocal que toma vuelo, nostalgias gallegas, cambios de tempo ayudando a reflejar un amor atemporal. Un piano digno de sonar solo que en este caso la voz completa estas palabras tan musicales e introvertidas como esta séptima canción del disco.
Gabriela Mistral (Vicuña, Chile,1889-1957), «Tres poemas de amor y ausencia«: 8. Vergüenza; 9. Ausencia; 10. Balada. Cierre poético también con la magia del tres, primero rítmico y animado, melodía casi de bolero con piano, diálogo vocal e instrumental bien entendido. Otro ambiente presenta el segundo poema, protagonismo de Alejo en solitario desde una introducción íntima, casi recordándonos a Schumann, después Nuria casi recitando sobre unos pocos acordes en rubato, paréntesis que reflejan esa ausencia rellenada con versos que animan el desarrollo en intensidad siempre contenida por parte de los dos intérpretes. Para cerrar ciclo y disco una balada, «es una forma de expresar el canto cortesano del final de la Edad Media en Europa, que aparece en el siglo XIV. La poesía es disociada de la música, pero la musicalidad es creada en la escritura misma del poema»; con esta definición de la socorrida Wikipedia© entiende Durán el poema de la chilena, contratiempos sudamericanos, melodía brillante con acompañamiento muy apropiado y también en solitario, aires de danza que empujan la canción hasta un final luminoso.
Un disco para escuchar y leer esos (di)versos que Juan Durán vuelve a engrandecer y nos han dejado  grabado para guardar esta pareja de largo recorrido y experiencia: la mezzo Nuria Lorenzo, ideal en color y tesitura además de sentimiento, con el pianista Alejo Amoedo, solvente en las partes solas y riguroso en la vestimenta necesaria de la voz. Y muy recomendable el directo donde poder disfrutar de esta nueva aportación a nuestra «canción de concierto».
P.D. La foto de portada es de Xoan Piñón; el técnico de sonido Pablo Barreiro y el diseño de Antonio Cid.

Arriondas sinfónico

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Jueves 28 de julio, 21:30 horas. Plaza Venancio Pando de Arriondas: «ARRIONDAS SINFÓNICO», Carmen Yepes (piano), Vanessa del Riego Ledo (soprano), Bárbara Fuentes (mezzo), Laura Rodríguez Armas (contralto),
Adrián Begega (tenor), Gaspar Braña (tenor), Jorge Trillo Valeiro (bajo), Coral Polifónica de Arriondas, Orquesta Clásica de Arriondas, Sergio Vazquez (director). Obras de Bellini, Bizet, Guillermo Martínez y Beethoven.
Es muy loable programar conciertos al aire libre en verano y más en el oriente asturiano donde la capital parraguesa se convierte en un destino turístico internacional. De hecho esta noche de temperatura agradable y buscada por los enemigos del calor, fueron muchos los aficionados que acudieron a este Arriondas musical que tuvo varios inconvenientes pero ilusión a raudales.
La plaza donde se encuentra el famoso cañón que da la salida al Descenso Internacional de Sella tiene cafeterías con su bullicio veraniego y niños jugando, la cercanía de un concurrido mercado más la carretera con tráfico, por lo que evidentemente la acústica natural no propicia el mejor sonido para un concierto como el que ofrecía el Excelentísimo Ayuntamiento de Parres y el Principado de Asturias con la siempre necesaria colaboración de alguna entidad financiera, en este caso la Caja Rural de Asturias que se mantiene en cabeza tras la desaparición o huída de otras que no hace mucho eran sponsors habituales. Por ello la empresa gijonesa PRONORTE fue la encargada de iluminar y amplificar un tipo de música de por sí difícil, haciendo engañosos los planos de sonido, el volumen de las voces e incluso el color vocal de cada una de ellas, y no digamos en el caso del piano cuyos graves no sonaron contundentes sumándose la ausencia de luz para la solista asturiana que hubo de luchar no ya con Beethoven sino contra todos los elementos, pues en la prueba de sonido previa aún había luz natural. Añadamos mosquitos y algo de brisa por lo que los músicos hubieron de recordar las antiguas pinzas de la ropa que no faltaban en ninguna romería asturiana.
En la parte vocal por un lado solistas casi todos conocidos a los que citaré posteriormente, más la Coral Polifónica de Arriondas en la impresionante fantasía del sordo genial, evidentemente reforzada por coralistas y aficionados que no quisieron perderse poder cantar una de las obras que Beethoven utilizaría como «banco de pruebas» de su pionera novena sinfonía. Y la Orquesta Clásica de Arriondas que debutase en este marco en 2019 antes que el maldito covid quebrase una continuidad necesaria que se ha logrado mantener contra viento y marea, con instrumentistas jóvenes que gracias a formaciones como esta, también reforzados por algún «veterano», consiguen adquirir experiencia para futuros proyectos a los que en la actualidad no pueden acceder de no ser por las mal llamadas «orquestas de bolos», por otra parte muy normales en el mundo musical. Todo un concierto ilusionante dirigido por el maestro Sergio Vázquez Castañón (Oviedo 1990), alma mater de estos conciertos parragueses, a quien no hay más que aplaudir.
Con casi media hora de retraso y tras las palabras de Emilio García Longo, Alcalde de Parres, fue Ángel Lueje Corral el encargado no ya de presentar cada obra sino de comentarla al público, que llenó la plaza, y compartir su pasión y conocimiento con todos los presentes.
La primera parte comenzaría con dos escenas operísticas: primero el dúo Ah! Crudel d’onor raggioni…
de «I Capuleti e i Montecchi» de Vincenzo Bellini
, en las voces de Julieta Vanessa del Riego y Romeo Bárbara Fuentes, donde la comentada amplificación impide cualquier comentario más allá de la profesionalidad de ambas así como el buen hacer de la madera, y después Pres des remparts de Seville
de «Carmen» de Bizet
,  de nuevo Bárbara en el papel protagonista de la gitana sevillana con la breve intervención del Don José a cargo de Adrián Begega, conocido por sus intervenciones en distintos cursos de canto en Asturias, aplicando otro tanto sobre la amplificación. En ambos dúos la orquesta tampoco sonó como hubiésemos querido aunque el maestro Vázquez concertó siempre atento a los solistas.
A quienes me conocen y leen saben de mi admiración por Guillermo Martínez, con una capacidad  creativa que abarca todos los géneros y estilos desde la cercana Covadonga, hoy también presente en varias partes interpretativas y de público, así como haber estrenado parte de su amplia producción en estos conciertos en Arriondas. De su Serenade «Pprincipio e maggio»
para mezzo-soprano y orquesta, la versión original con para voz y piano se escuchó precisamente en este mismo marco y con la mezzo Bárbara Fuentes acompañada por María Cueva, pudiendo escucharla gracias a La Castalia a la que Guillermo Martínez siempre ha sido uno de sus pilares y disfrutado siempre que he podido, esta última en noviembre pasado con Janeth Zúñiga y la profesora Tomchuk, que este jueves se estrenaba en su arreglo sinfónico, engrandeciendo aún más ese homenaje de Guillermo para el centenario del gran Caruso. Contar de nuevo con la voz de la mezzo Bárbara Fuentes (que llevó casi todo el protagonismo del concierto) era un seguro de interpretación que las razones antes apuntadas evitaron un mayor disfrute de mi admirado escolano.
Y para la segunda parte, con la necesaria pausa para la incorporación de todos, nada menos que la Fantasía coral en do menor para piano, solistas, coro y orquesta, Op. 80 (Beethoven) que estrenase el propio compositor al piano, esta vez con mi querida Carmen Yepes, a la que pude escuchar esta misma obra en el Teatro Monumental de Madrid hace ya ocho años, en mejores condiciones para esta partitura donde el piano comienza verdaderamente fantástico, pleno y lleno de matices, para incorporarse la orquesta con melodías de «emperador» antes de ese final con el sexteto solista y el enorme coro revestido de una orquesta poderosa.
Lástima no poder escucharla en toda su magnitud aunque la generosidad y entrega de todos siempre sean de aplaudir. De hecho se bisó esta parte final majestuosa donde al menos los técnicos de sonido pudieron encontrar mejor equilibrio y todos los intérpretes parecieron saber que estaban ante un evento irrepetible.

Juventud divino tesoro musical

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Jueves 13 de julio, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo: JONDE encuentro III/2022. Elisabeth Leonskaja (piano), Pablo González (director). Obras de Beethoven y Mahler. Entrada libre.

Tercera y última parada en esta gira de la JONDE tras el trabajo previo del tercer encuentro anual y el objetivo final del concierto, con el director ovetense Pablo González Bernardo (1975) esta vez en casa, con el patrocinio del INAEM y el propio Ayuntamiento de Oviedo.

Programa de altura con dos colosos y un mundo sinfónico para disfrutar todos, primero Beethoven y su Concierto para piano nº 4 en sol mayor, op. 58 nada menos que con la eternamente joven Elisabeth Leonskaja (Tifilis, 1945) para comprobar cómo debe acompañarse al piano y si es con un excelente concertador como Pablo González, inmejorable prueba de fuego. La pianista georgiana siempre sorprende y más con el paso de los años, mandando y escuchando, enseñando en cada compás desde el inicio en solitario del I. Allegro Moderato que marcaría el tempo e intención para una JONDE perfectamente encajada con la dama del piano. Cada solo era digno de grabarse, las cadencias un verdadero lujo, el II. Andante con moto de sutileza y musicalidad en cada nota, perfecta transición del clasicismo al romanticismo igualmente entendida tanto por Leonskaja como por el maestro González, complice de solista y orquesta, llevándolos de la mano antes del III. Rondó. Vivace, otra lección de entendimiento, pues la rusa jugó con el tempo y la JONDE respondió guiada por el carbayón con un verdadero empuje juvenil, tres generaciones haciendo música juntos, disfrutándola, sintiéndola, primor de atemporalidad cuando se unen la experiencia del piano, la ductilidad de una orquesta madura pese a la media de edad y el incansable ímpetu desde el podio, contagiando gusto y saber hacer en unos encuentros que son la verdadera selección de los futuros atriles ya preparados para dar el salto a «la absoluta», esta vez con invitados de Italia, Rumanía y Portugal fruto del intercambio MusXchange de la Federación Europea de Jóvenes Orquestas Nacionales (ENFYO).

La maestra Leonskaja dejó su última lección en solitario manteniendo el mejor Beethoven del tercer movimiento (Allegretto) de su Sonata nº 17 en re menor,  op. 31 nº 2 «La Tempestad», la magia del piano, el fraseo, las dinámicas, la pureza de una tormenta juvenil por esta rusa afincada en Austria que sigue asombrando por su entrega y magisterio compartido, prolongación casi obligada tras el «cuarto» que marcó no ya estilo sino historia.

Puedo decir que hoy en día el mejor director mahleriano español es Pablo González, por lo que no era nada raro su trabajo con los 94 músicos de la JONDE en la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor, op. 55 del genio bohemio, una obra de hace 110 años que sigue impactando cuando se la escucha con todo detalle y el amor del director asturiano por Mahler. No podía perderme otra oportunidad de comprobar no ya la sabiduría del ovetense en este compositor sino esa faceta pedagógica de transmitir la pasión a una formación que no perdió detalle para un sobresaliente de esta «Quinta» para recordar, tras estos encuentros donde cada sección trabajó con los mejores profesores y Santiago de Compostela fue el primer «examen» antes del final ovetense que logró una excelente entrada de público (haciendo larga y ordenada cola 45 minutos antes del inicio). Hace años que podemos presumir de una juventud muy preparada y en música seguimos exportando talento. La convivencia y trabajo duro para estos conciertos dio su fruto: 61 músicos de cuerda con el arpa, 29 de viento y 5 percusionistas sonaron como adultos en cada uno de los cinco movimientos de esta sinfonía llena de emociones que trascienden los pentagramas, auténtica montaña  rusa que va pidiendo en cada familia orquestal una entrega ciega al podio, algo que Pablo González logró desde el primer movimiento que comenzaba con un solo del trompeta solista dejándole «gustarse». El equilibrio de dinámicas perfectamente balanceadas, los cambios de tempo, todo lo que Mahler dejó escrito fue dibujado al detalle por González con respuesta impecable de toda una JONDE adulta. No hubo duda ninguna en los solistas, con un septeto de trompas para «fichar al completo», todo el metal redondo de sonoridades según las exigencias desde el podio, la madera ensamblada igualmente con primeros atriles dúctiles y precisos, la percusión toda a una crecida en el momento oportuno, pero sobremanera la cuerda. Un acierto la colocación enfrentando violines, con cellos y violas enfrente de la tarima más los contrabajos atrás a la izquierda y el arpa en el opuesto.

Puede que el Adagietto esté sobrevalorado pero es emocionante siempre y cómo sonó en esa cuerda mimada por González tardaré tiempo en olvidarlo. Y eso que el Scherzo ya apuntó maneras con un trompa solista listo para entrar en cualquier «grande» sumando la calidad en la respuesta global de cada sección a los aires vieneses con matices para dar y tomar. El Rondó-Finale: Allegro giocoso resultó la guinda a este pastel nunca empalagoso y totalmente juvenil, contagioso, emocionante, firmado por una JONDE madura llevada por un Pablo González que crece exponencialmente en cada concierto y más con «nuestro» Mahler.

No son habituales los regalos sinfónicos y parte del público estaba más atento al reloj que a lo que se avecinaba, perdiéndose dos propinas de distinta enjundia. Tras la exhibición de la cuerda nada mejor que el conocido «Intermezzo» de Cavalleria Rusticana (Mascagni) que subió aún más la nota mahleriana con el conocimiento y confianza que siempre confirió el maestro González.

El fin de fiesta español llegaría con un curioso y animado arreglo del conocido pasodoble Amparito Roca (Teixidó) sinfónico, no bandístico ni de pulso y púa, que pondría el adecuado además de animado punto final a esta «mini gira» tras dos semanas de intenso y duro trabajo con un equipo capitaneado por Pablo González que continuarán en sus casas cada uno de estos músicos de la JONDE (las mujeres siguen dominando) para seguir creciendo profesional y humanamente, pues mal no hay donde la música suena.

Dejo a continuación toda la plantilla y el excelente equipo académico de este tercer encuentro:

Alexander Bader, flautas y clarinetes; Guilhaume Santana, oboes y fagotes; Kalervo Kulmala, trompa; Reinhold Friedrich, trompeta; Hans Nickel, tuba; Marianne Ten Voorde, arpa; Rainer Seegers, percusión; Gjorgi Dimcevski, violines I;  Jennifer Moreau, violines II; David Quiggle, viola; Troels Svane, violoncello; Mihai Ichim, contrabajo.

Con Carneiro

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Viernes 20 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XI «Emperador», OSPA, Vadim Kholodenko (piano), Joana Carneiro (directora). Obras de Beethoven y Stravinsky.

Regresos y recuperaciones en el undécimo de abono, la directora portuguesa y el esperado pianista ucraniano cuya vida es una tragedia pero la música ayuda a sobreponerse siempre. Un «Emperador» difícil pero agradecido para un Beethoven siempre necesario y nuevamente Frederieke Saeijs de concertino invitada.

Carneiro fue la auténtica emperatriz tras una Leonora, obertura nº 3, op. 72 b triunfadora. La portuguesa triunfó de principio a fin conocedora de la orquesta y del programa, llevando por los difíciles vericuetos las dos composiciones a cual más exigente precisamente por lo transitadas a lo largo del tiempo, la obertura clara, precisa, con todos los claroscuros y la «preparación» ideal ante lo que se avecinaba a continuación.

En el Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73, «Emperador» un Kholodenko de rubatos increíbles y difíciles de concertar pero increíbles de ajuste por la lusa. El pianista afrontó desde una personal visión esta página del sordo genial jugando con los tiempos y fraseos en un equilibrio inestable o  si se quiere de inestabilidad equilibrada, pues así entendió el ucraniano este quinto muy transitado donde parece difícil aportar personalidad, pero que consiguió por la excelente concertación de Carneiro. La orquesta conocedora y la maestra atenta sacarían en un trono musical un emperador distinto, encajado  casi milagrosamente desde sensaciones perturbadoras de este ucraniano introvertido pero distinto en el difícil encaje de su personal rubato «perfectamente inestable».

La propina tenía que ser también Beethoven y la Bagatela para Piano, op. 33 nº 3 en fa mayor igualmente sentida, personal, en tiempo y forma ideales para disfrutar del esperanzado Kholodenko.

La Petrushka (rev. 1947) de Stravinsky está muy rodada, pero con el empuje portugués (espero se mantenga) la OSPA sacó músculo, asintiendo y sintiendo, con la percusión impactante, piano y celesta también, más un viento ideal tanto en la madera siempre exquisita y unos metales seguros además de poderosos, que necesitarían una cuerda más precisa especialmente en los pasajes rápidos, no tan limpios como desearíamos, aunque redondearían una buena interpretación, de nuevo gracias a una Carneiro con las ideas claras que supo transmitir en todo el concierto. Una lástima que hubiese poco público, puede que se decantasen por el ballet del Campoamor en otra contraprogramación municipal frente a la orquesta de todos los asturianos.

Balada por los trasterrados

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Viernes 22 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono IX: OSPA, «Ballade», Nicolai Luganski (piano), Perry So (director). Obras de Médtner y Schumann.

La RAE define Trasterrar  o transterrar(de trans- y tierra) como «Expulsar a alguien de un territorio, generalmente por motivos políticos» y este noveno de abono con la OSPA fue verdaderamente una «Balada por los trasterrados», compositores e intérpretes, sirviendo para ver cómo la música y los músicos son ciudadanos del mundo, y el tiempo parece poner todo en su sitio.

Este viernes volvían a la OSPA varios conocidos, primero el director chino Perry So (Hong Kong, 1982), «eterno aspirante» a titular desde 2011 (al fin lo tenemos, pero será Nuno Coelho) en aquellos tiempos esperanzados esperando acertar en la elección. Pero un cocinero «vúlgaro» fue minándonos al quitarnos los mejores deseos, especialmente durante la anterior visita del pianista ruso Nicolai Luganski (Moscú, 1972) que me dejó muy mal sabor de boca por la malísima dirección del innombrable. Y al fin se hizo justicia con ambos en este concierto de Médtner. Qué distinto hubiese sido entonces de coincidir como hoy la entrega del ruso, el buen hacer del chino y una OSPA universalmente asturiana que vuelve a esperanzarnos, aunque sigamos sin concertino, esta vez nuevamente invitado nuestro admirado Aitor Hevia. Las invitaciones de la orquesta a So siempre han traído veladas de calidad y buena química entre todos, algo que el público, de nuevo escaso para disfrutar de nuestra orquesta, se lo agradeció al final con largos y cálidos aplausos que le obligaron a salir varias veces a saludar. Bienvenido Perry y gracias.

El Concierto para piano nº 3 en mi menor, op.60 «Balada» del ruso Nikolái Kárlovich Médtner (1880-1951) no pudo tener mejor solista que su compatriota Nicolai Luganski, uniones de dos trasterrados que desde su pasión por el piano nos ofrecieron esta joya tan poco programada pese a la belleza, dificultad y todas las razones para hacerla tan atractiva. Tres movimientos sin pausa, entrelazados, que nos recuerdan la excelencia musical rusa, el paso adelante en los albores del pasado siglo de Scriabin y sobre todo Rachmaninov, y que por lo escuchado bebería de las mismas fuentes que Médtner. Concierto con todos los ingredientes para disfrutarlo, sonoridad siempre plena en el solista, la fusión orquestal en muchos momentos, el balance perfecto entre todas las secciones desde el inicio al que se van sumando efectivos con una delicadeza previa al posterior discurrir emocional, y una dirección de So precisa, cómplice con el piano y concertando con exactitud por los intrincados vericuetos, especialmente en el inmenso Finale: Allegro molto, Svegliando, eroico que aporta las novedades propias del compositor tras su «tributo» y herencia de sus contemporáneos: cambios de compás, de ritmo y tempo donde piano y orquesta funcionaron y se fusionaron como si llevasen años interpretando esta «Balada» rusa. Impresionante el sonido de Luganski, la elegancia, el rubato justo, su conmovedora entrega a la música que parece sentirse más honda en la distancia y el dolor, con este último de los conciertos para piano de su paisano Médtner que lo compondría en los primeros años 40 del pasado siglo, tan preocupantes como esta segunda década actual.

Y si el concierto de los dos rusos fue de altos vuelos y lejanos sentimientos, la propina nuevamente de otro trasterrado, luminosamente introspectiva y esperanzadora: la Fantasía Impromptu en do sostenido menor, Op. 66 de Chopin, la belleza del dolor expresada desde el piano magistral de un Luganski técnicamente perfecto y enorme su romántica interpretación como buen heredero de la tradición y «escuela rusa», aportando una personalidad tan grande como la música para su instrumento del polaco, un enamorado más de las 88 teclas.

Manteniendo el orden habitual de los programas donde faltó un estreno o introducción breve, la segunda parte sería una Sinfonía, en este caso la nº 2 en do mayor, op. 61 de Robert Schumann
(1810-1856) para poner claro que la OSPA funciona cuando está en buenas manos, de nuevo el maestro So sacando lo mejor de cada sección con una visión luminosa y tensa de la segunda del atormentado romántico por excelencia, con los tiempos ajustados a la literalidad indicada: el primer movimiento a la velocidad exacta de crucero para dejar fluir en equilibrio viento y cuerda, un segundo rápido sin sobrepasar los límites, con una cuerda ajustada y redonda (se nota el refuerzo en las graves), el tercero una maravilla de expresividad con oboe y clarinete verdaderamente líricos en sus inspiradas intervenciones, sana pugna por el mejor sonido, más ese cuarto y último movimiento, poderoso en velocidad punta, bien de revoluciones para rugir como un coche de carreras pero respetando las señales, caballos de potencia bien controlados por las manos maestras de Perry So, un campeón sobre el podio conduciendo una OSPA a punto.

El tiempo pone todo en su sitio pero siempre nos quedan los interrogantes ¿cómo hubiera sido si…? Al menos nos quitó la primera de las dudas mientras esperamos acertar con el concertino ya con el portugués fichado por tres temporadas.

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