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El piano de ayer y hoy

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Miércoles 7 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1657: Noelia Rodiles (piano). Obras de Sánchez Allú, Rueda y Schubert.

La pianista avilesina Noelia Fdez. Rodiles (1985) volvía a casa con un programa hispano alemán que aunaba el romanticismo y la visión actual, demostrando estar en plena madurez vital y artística, mostrando las dotes que la han encumbrado entre las mejores de nuestro panorama, que sigue exportando talento desde hace décadas, asombrando con su trabajo minucioso al afrontar obras de distinto calado con las que se encuentra igual de «cómoda», sin etiquetas, aunque está claro que su Schubert no podía faltar, recordándome a otra pianista del pasado siglo como fue Alicia de Larrocha.
Y es que Rodiles continúa en su línea, melodismo puro, pasión y delicadeza, sonido muy trabajado en cada detalle, entrega total más una honestidad al afrontar cada partitura digna de elogio. Así comenzaba su concierto en el Jovellanos con la Sonata para piano op. 1 en mi bemol mayor del salmantino Martín Sánchez Allú (1823-1858), una maravilla recuperada por la asturiana gracias a la Fundación Juan March, pianismo con recuerdos de Mozart o Beethoven, estructura de sonata clásica en cuatro movimientos pero muy bien elaborada, con momentos profundos que Noelia Rodiles exprime desde su conocimiento y las notas al programa de  María Alonso Bustamante ayuda a comprender aún mejor. Al escuchar estas obras rescatadas del polvo, siempre me pregunto qué hubiera sido de Sánchez Allú si su vida fuese un poco más longeva y de cuánto nos privó su joven muerte. Patrimonio hispano a la altura del alemán que Noelia Rodiles interpretó de manera magistral.
La Sonata nº 5 «The Butterfly Effect» (2017) del madrileño Jesús Rueda (1961) ya la conocía por ser una de las que conforman el CD del año 2020 con el mismo título y su escucha en vivo siempre resulta deliciosa por la destinataria de esta inspirada obra en tres movimientos con las «Mariposas» de Schumann como feliz disculpa, Wings impresionista, Evanescent y etéreo de sonoridades propias donde el pedal debe ir en el lugar justo, y el virtuosismo del Perpetuum Mobile, un verdadero ciclón donde dudo entre calificarlo como delicadamente pasional o pasionalmente delicado. No hubiera estado mal escuchar las otras dos obras de encargo (Magrané y David del Puerto), pero Schubert nos esperaba toda la segunda parte.
La versatilidad refinada de Noelia Rodiles le permite reunir como ella dice, «ofrecer el gran repertorio… junto con obras que se han quedado olvidadas o perdidas», y lo grande vendría con los Seis momentos musicales, D. 780, op. 94 de Franz Schubert (1797-1828). No es cuestión de poner en duda el orden pues el presentado fue alternando aires y expresión con una limpieza infinita, reposado el más conocido de ellos como el nº3, arriesgado como el quinto y vibrante el último, siempre «cantabile» incluso en los más rápidos, aportando ese buen hacer y elegancia de la avilesina en este repertorio tan exigente que con su aparente sencillez lo hace todavía más grande.
Las propinas otras dos joyas de ayer y hoy, hispana y alemana, la Rapsodia Asturiana de Benjamín Orbón (1879-1944), paisano suyo que siempre se agradece escucharlas aunque sea de propina, pues «la tiene siempre en dedos«, y el maravilloso arreglo que el gran Wilhelm Kempf hiciese sobre la Danza de los espíritus bienaventurados o Sgambati del «Orfeo y Euridice» de Gluck.
De nuevo el piano de ayer y hoy, de siempre, gran repertorio con obras que no pueden olvidarse ni perderse, el compromiso de Noelia Rodiles en este último del año en Gijón, que siempre se lo agradezco. Espero que 2023 siga siendo tan fructífero como este que vamos acabando, con música por supuesto.

Bach resiste 300 años

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Jueves 24 de noviembre, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Jazz Xixón, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1658: «Bach (Re)Inventions», Moisés P. Sánchez Invention Trío.

Hace 300 años que «Mein Gott» Bach escribiese sus quince invenciones a dos voces en Köthen, una pequeña ciudad muy cerca de Leipzig donde poder alejarse de la su oficio de kantor y disfrutar con la música instrumental donde estas lecciones para la formación de su hijo Wilhelm Friedeman, explorando el contrapunto, la independencia de manos y los movimientos de danza, conforman un «corpus» no ya didáctico sino de pura exploración para cualquier músico.

A lo largo del tiempo J. S. Bach sigue reafirmándose como el padre de todas las músicas, y hace años que mantengo mi propia teoría que sus obras soportan todos los estilos para acercarse a ella, bien directamente con interpretaciones en sintetizadores (W. Carlos), vocales (Bobby McFerrin), mezclas africanas (Lambarena) o con ritmos cubanos, pasando por el rock y evidentemente el jazz, dejo fotografías de algunas grabaciones de mi fonoteca, donde Jacques Louissier marcó un estilo con su trío que en cierto modo me recordó este nuevo acercamiento de la Filarmónica de Gijón dentro del Festival de Jazz con el trío de Moisés P. Sánchez, como ya hiciesen hace cinco años con Chopin los pianistas Pepe Rivero y Judith Jáuregui.

La apuesta gijonesa atrajo al teatro del paseo de Begoña tanto a los más fieles del jazz asturiano, que va recuperando espacios, como a los socios de la sociedad, para quien Moisés P. Sánchez (Madrid, 1979) no solo dejó unas excelentes notas al programa (escritas para MarchVivo en 2021) sino también palabras dichas con humor y retranca, agradecimientos y piropos a nuestra tierra donde no faltó la gastronomía, preguntándose qué haría o diría Bach en nuestro siglo XXI. Por lo escuchado al finalizar, parece no pudo convencer a todos aunque personalmente creo que Mein Gott disfrutaría tanto como yo con estas (re)invenciones, inspiraciones o recreaciones partiendo de las quince Invenciones BWV 772-782 con el añadido de la improvisación que tan importante era en el barroco como en el jazz, con un formato de trío donde los dos Pablo’s (Pablo Martín Caminero al contrabajo y Pablo Martín-Jones a la percusión) compartieron el buen gusto y hacer del pianista madrileño. La música después de Bach ya estaba pre-escrita (que no prescrita) y el tiempo la ha ido colocando en cada época sin que nunca prescriba porque siempre es actual.

En una de sus recientes entrevistas Moisés Patricio Sánchez (aunque la P. le da todo el misterio, simbología y hasta marketing en convertir el apellido como marca propia junto al primer nombre) decía que ‘La emoción viene de lo que escuchas de pequeño’, y de formación académica muy seria parecía que el jazz le ha dado toda la libertad que la mal llamada clásica no permite, aunque su música no necesita etiquetas ni tiene fronteras. Mi querido Mario Guada me bautizó hace años como «omnívoro musical», y así lo entendió Carlos Santos quien en su ya finalizado programa nocturno «Entre dos luces» le dedicó precisamente a Moisés el último especial titulado El piano omnívoro de Moisés P. Sánchez, artista residente del CNDM para esta temporada, donde disfrutar de este polifacético intérprete en vivo y en directo, sonando parte del Bach «reinventado» que con Bartok y Beethoven conforman las tres B del artista madrileño. Me alegró mucho que nuestro común amigo aplicase este calificativo que refleja a la perfección la ya larga trayectoria del pianista, y especialmente el espíritu de este trabajo, encargo de la Fundación March en 2018 y finalmente llevado al disco con su propio sello, que abarca, como su propio Canal March, épocas y estilos variados.

Las invenciones no sonaron todas ni en orden, pero siempre son distintas, reconocibles porque «todo está en Bach», pasajes de solos increíbles, desde el delicadamente poderoso contrabajo de Martín Caminero (utilizando también el arco magistralmente), a la kalimba virtuosa de Martín Jones, percusión total, acústica y electrónica perfectamente combinada en la dosis exacta, más el piano sin límites de Moisés P. Sánchez, amplificación igualmente cuidada para jugar con estilos amplios surcando el universo bachiano, un caleidoscopio siempre arrebatador e inspirador como el jazz, más una iluminación sencilla pero muy cuidada.

Si cada una de las invenciones las toma como un standard de todas las épocas e historia, las quince invenciones suenan rockeras como la segunda, «con pellizco» como la cuarta en re menor, sintonía de un programa radiofónico en la pública, digna de Chick Corea, Dorantes o Chano Domínguez a ritmo de bulerías donde no faltó el cajón peruano que Paco de Lucía con Tino di Geraldo acabaría haciendo flamenco, juegos de voces entre piano y contrabajo, vuelos de otros grandes como Bill Evans compartiendo su Waltz for Debby con el de «papá Bach», el virtuosismo elegante de Moisés con guiños al mejor Brad Mehldau. Arreglos muy trabajados y libres en el vivo, la electrónica breve y muy bien utilizada en distintos loops desde la percusión o el flanger del contrabajo para pensar en Steve Reich. Apuestas actuales con 300 años como las de tantos clubs nórdicos que me llevaron a Copenhague y Tete Montoliú fichando al danés Niels Henning Ørsted Pedersen (NHOP) que tantas alegrías nos dio dejándonos un legado del que todos hemos bebido.

Pulsación, ritmos, melodías, todo puede reinventarse, rehacerse desde la libertad del jazz y el universo de Moisés P. Sánchez, un músico sin límites esta vez en trío. Invenciones evocadoras que acabarían con la nº 5 en mi bemol mayor para regalarnos como propina la nº 15 en si menor, etapas e itinerarios múltiples por los que optar por una ruta u otra, tonalidades sólo referentes para modular, viajar por los mapas de Bach y volver al inicio tras recorrer paisajes musicales que soportan 300 años y los que vengan.

El vehículo utilizado este jueves me hizo volver a casa tarareando el Bach de Moisés en el CD firmado y dedicado, con la emoción de la música eterna.

Piano espectacular y potente

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Domingo 20 de noviembre, 19:00 h. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G, Iberni». Martín García García (piano). Obras de Chopin y Rajmáninov.

Crítica para La Nueva España del martes 22 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Un lleno espectacular en el auditorio este domingo para disfrutar del mejor piano romántico con el gijonés Martín García García (1996), que sigue madurando como el buen vino, esta vez dejándonos a dos compositores, Chopin y Rajmáninov, con los que se encuentra cómodo, confiado, entregado, sin perder aún la pasión juvenil y unas interpretaciones siempre con un toque personal, no importan algunas imperfecciones mínimas, llegando y emocionando aunque tengamos que seguir sufriendo un amplio repertorio de toses en todas las tesituras, tonalidades (domina el flemol), caídas de paraguas y bolsos, luces más tonos de móviles incluso con conversaciones… hasta niños que preguntan o se suman al coro de estertores en su registro más agudo, haciéndonme anhelar aquellos conciertos de aforo reducido y mascarillas (deberían volver) que llegué a pensar, inocente e ingenuo de mí, vendrían para retornar a la escucha de la música desde el silencio, el respeto, la educación… y la salud. El Covid sigue, la gripe nunca se fue pero la esperanza en el necesario civismo que nos permita disfrutar como se debe, ya se ha perdido del todo convirtiéndose en la verdadera pandemia.

Dos románticos para degustar ocupando cada una de las partes del concierto con el piano protagonista absoluto, iluminación cenital y resto en penumbra. Chopin toda la primera, bien organizada comenzando con las cuatro Mazurkas, op. 33 muy contrastadas en aires y rubati muy apropiados, una brillante Barcarola en fa sostenido mayor, op. 68, cuatro de los Preludios op. 28 igualmente ordenados por sus “tempi” buscando ese ambiente contrastante y hasta lúgubre de los días en Valldemosa, donde la tisis pareció contagiar en el túnel del tiempo al “coro de asistentes”, para cerrar con la conocida “Sonata nº 2 en si bemol menor op. 35”, cuya famosa Marcha fúnebre del tercer movimiento, Martín García le dio toda la pasión y visión personal, más el Presto final donde el virtuosismo es necesario pero la musicalidad aún más. Momentos casi sinfónicos con pasajes que el polaco utilizará en sus dos conciertos para piano junto al intimismo de otros en buena conjunción e interpretación del asturiano.

Y el “Chopin de Broadway”, Rajmáninov, que comparte con el polaco la nostalgia desde el exilio, las añoranzas por “la amada Polonia” o “la madre Rusia” transmitidos en su piano de tragedias y depresiones volcadas por un Martín García pletórico, potente, amplio de dinámicas, desde los dos “Momentos Musicales” op. 16, primero el nº 3 en si menor, después el nº 2 en mi bemol menor, nuevamente buscando los claroscuros románticos en el último de los intérpretes virtuosos además de compositores, el melodismo inimitable del ruso canturreado por el gijonés, al igual que con el polaco, como otra seña de identidad de nuestro joven virtuoso, pasajes inconfundibles que evocan también las páginas con orquesta (en especial las Variaciones sobre un tema de Paganini). Todavía quedaba la “Sonata nº 1 en re menor op. 28” para rematar la faena, sonido muy trabajado, ímpetu e introspección en perfecto equilibrio, música a borbotones, juventud con recorrido y mucho estudio para un recital titánico que levantó a todo el público de sus butacas con bravos y hasta un merecido e inoportuno “¡Grande!” rompiendo la unidad del “momento”, y es que las emociones no entienden de buenos modales.

Sin chaqueta salió Martín para agradecer el entusiasmo que levantó y nos regaló tres propinas en una línea argumental acorde con este concierto puramente romántico por todo lo que escuchamos, incluyendo el “coro de ruidos”. Primero el Étude-Tableau, op. 39, nº 8 en re menor, limpio y cristalino; después el Preludio nº 3 en re menor, poderoso, enérgico, arriesgado “tempo di menuetto”, elefantiásico cual las manos de Serguéi transmutado al gijonés como si comenzase el concierto dos horas después; y si se me permite la expresión, desmelenado pero reposado volviendo a la intimidad con la camisa sudada y la tercera del ruso, de sus siete piezas de salón, la op. 10 nº 6, una delicadísima Romanza en fa menor cuyo “Andante doloroso” más que mosso, solo lo rompió un infantil estornudo que no empañó un concierto para el recuerdo que las notas al programa, felizmente en papel, de mi compañera Andrea García Torres tituló “El virtuosismo expresivo”.

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El ciclón gijonés

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Domingo 20 de noviembre, 19:00 h. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G, Iberni». Martín García García (piano). Obras de Chopin y Rajmáninov.

Reseña telefónica con Franco Torre para La Nueva España del lunes 21 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Un ciclón musical pasó anoche por Oviedo. El ojo de la tormenta estaba en el Auditorio Príncipe Felipe, en una sala principal que registró lleno absoluto. Sobre el escenario, un único instrumento, el gran Steinwway© de cola, y un maestro nacido a la orilla del Piles y que se ha coronado en los mejores escenarios antes de volver para ser profeta en su tierra: Martín García. Un pianista que puso en pie el Auditorio ovetense con un concierto memorable, de más de dos horas (dos y media con el descanso) y que cerró con tres propinas, entre las ovaciones de un público entregado.
A días de cumplir los 26, Martín García retornaba a Oviedo tras engordar de forma descomunal su currículo en los últimos años. En 2021 llegó su consagración internacional tras lograr el primer lugar en el Cleveland International Piano Competition y el tercer lugar en el Concurso Internacional de Piano Fryderyk Chopin. La expectación en «la Viena española» era máxima, y el pianista no defraudó. Al contrario: el nivel excelso de su música incluso sorprendió a los melómanos, impactados por la fuerza del pianista y ante la espléndida madurez que ha alcanzado en los últimos años. El gijonés, instalado ya en la élite del instrumento, apunta maneras para convertirse en uno de los grandes.
La primera parte del concierto estaba dedicada a Frédéric Chopin, en un guiño indisimulado al certamen que le coronó en Varsovia un año atrás. Interpretó las cuatro «Mazurkas» op. 33, «Barcarolle» en fa sostenido mayor, op. 60, cuatro de los «Preludes» op. 28, y la «Sonata n.º 2» en si bemol menor, op. 35. Para definir su nivel solo hay un calificativo:tremendo.

Llegó la tregua del descanso y parecía difícil que García mantuviese el nivel en una segunda parte dedicada a Serguéi Rajmáninov, pero lo logró. Interpretó de forma absolutamente impresionante los dos «Moment Musicaux» op. 16 nº 3 y nº 2, en este orden, y la «Sonata n.º 1» en re menor, op. 28. Todo perfecto salvo por la inesperada competencia que le salió al pianista desde el patio de butacas, donde se improvisó un concierto de toses (había todo un coro, con toses agudas, graves y hasta algún “staccato”) y móviles, con la irrupción ocasional, menos molesta, de algún niño que preguntaba si era hora ya de aplaudir.

Los aplausos llegaron, y a raudales. Todo el auditorio en pie, rompiéndose las manos, dedicando sonoros «¡bravos!» y hasta un inoportuno, por el momento, «Grande!» al pianista y reclamando su retorno al escenario. Martín García, con una sudada más propia de un extremo que se hubiese pateado la banda en el mundial de Qatar que de un pianista, en prueba fehaciente de su entrega sobre las tablas, volvió al escenario para dar una propina al agradecido público ovetense a base de Rajmáninov y talento. La operación se repetiría otras dos veces, con el músico ya en camisa sin quitarse la pajarita, sin bajar ni un ápice el pistón, instalado en la excelencia a tiempo completo a lomos de ese Steinway© poderoso, luciendo una madurez impresionante que se traduce no solo en ese virtuosismo, también en una musicalidad al alcance de muy pocos pianistas.

A la salida, una ciudad fría y lluviosa recibió al respetable. El común de los mortales lo achacaría a este otoño que ya quiere ser invierno, pero los agradecidos asistentes al concierto sabían la verdad: eran las secuelas de ese ciclón musical que anoche pasó por Oviedo.

Kantorow, fuego en el camino

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Sábado 12 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Concierto inaugural de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandre Kantorow (piano). Obras de Liszt, Scriabin y Schubert.

Crítica para La Nueva España del lunes 14 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

No se pudo elegir mejor pianista ni programa para arrancar estas jornadas de la llamada “Temporada del rencuentro” que el francés Alexandre Kantorow (Clemont-Ferrand, 20 de mayo de 1997), un prodigio que comenzó su carrera profesional con solo 16 años para ser el primero de su país en ganar el prestigioso Concurso Internacional Chaikovski en 2019, y que llegaba a Oviedo en su gira con tres compositores “fetiche” donde se mueve con una madurez impresionante y técnica puesta al servicio de unas interpretaciones soberbias, modelando el sonido, recorriendo verdaderos pasajes interiores llenos de puro romanticismo. Los cambios en el programa previsto funcionaron de forma homogénea y dándole un sentido global a un recital que puso al público a sus pies tras una velada intensa además de sentida, llegando a regalar hasta tres propinas (ahora se les llama “encores”).

Liszt es un referente para los pianistas por sus exigencias para entresacar de sus obras todos los avances de su época y Kantorow, al que la crítica del magazine Fanfare le ha bautizado como “Liszt reencarnado”, comenzaría con Weinen, Klagen, Sorgen, Zagen S.179, basado en el tema de la cantata 12 de Bach, la contundencia unida a la devoción por el padre de todas las músicas, inicio de un peregrinaje que el joven virtuoso proseguiría con el Soneto nº 104 del Petrarca, perteneciente a los “Años de Peregrinaje” S.161 del abate, clara reminiscencia chopiniana, pleno de contrastes en una penumbra total que ayudaría a un silencio sepulcral poco habitual en el auditorio, con el piano en el centro del escenario sin mover la caja escénica, iluminado levemente en un rectángulo que impresionaba al escuchar todo lo que de él brotaba en las manos del francés. Sin respiros, con una gama amplísima de matices donde primó siempre la musicalidad, para “redondear” este camino literario con Après une lecture du Dante, fantasía en el amplio sentido, tres etapas donde disfrutar de la pasión, fuerza y delicadeza de un sonido limpio, trabajado, rotundo y delicado, mimando cada nota, los pedales realzando y dibujando desde su técnica impecable una primera parte poderosa y llena de claroscursos expresivos al alcance de pocos intérpretes de su edad.

La segunda parte finalizaría el recorrido por el húngaro que enamoraba en los salones parisinos con su endiablada técnica volviendo al íntimismo y hondura expresivas tras la que podríamos llamar pirotecnia pianística, Abschlied que adapta una melodía popular rusa breve y compleja, nuevamente con dualidades bien contrastadas al final de su vida, nostálgica y evocadora, al igual que La lúgubre góndola, la oscuridad llena de amargura, austeridad frente a la opulencia juvenil, donde el pianista francés enamoraría a los melómanos asturianos, ofreciendo la otra cara de la moneda para reflejar el dominio de la globalidad del piano de Liszt, el ocaso del genio premonitorio de la muerte de Wagner dos meses después de finalizarla.

El peregrinaje pianístico daría un salto sin perder la homogeneidad temática con Fers la Flamme, op. 72 del ruso Scriabin, el sinfonismo desde las 88 teclas que canta el triunfo del resplandor sobre la oscuridad, acordes sombríos donde cada nota toma cuerpo para ir moviéndose hasta el estallido emocional de Kantorow.

Y sólo podía poner punto final a este tortuoso camino de luces y sombras el otro Franz, Schubert con su Fantasía “Wanderer” (caminante) D. 760 que alude al lied homónimo. Un homenaje pianístico al primer romanticismo del que todos beberían, el virtuosismo exigente que canta sin palabras toda la gama emocional en tres movimientos para un solo tema que en manos de Kantorow resultó una verdadera lección interpretativa, deslumbrante, sentida de principio a fin cerrando un recital de verdadero peregrinaje íntimo, donde todo los colores posibles sonaron y brillaron llenos de vida.

Bravos y aplausos más que merecidos para regalarnos una etapa extra del “camino francés” desde un pianismo razonado, pues el lied de Schubert Letanía en arreglo del propio Liszt sería el mejor colofón del concierto.

De otro gran virtuoso e improvisador como fue Gyorgy Cziffra, su arreglo del Vals triste a partir de una canción popular húngara volvió a impactar y epatar a un público totalmente rendido a Alexandre “el grande”, este joven francés que aún tendría fuerzas para seguir emocionándonos con su tercer regalo tras un concierto maratoniano para todo pianista: el final de El pájaro de fuego de Stravinski en arreglo de Guido Agosti (1901-1989), el fuego mágico que crea sombras, dando luz y calor además de color. Mejor inauguración para las jornadas de piano imposible.

El peregrino Kantorow

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Sábado 12 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Concierto inaugural de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandre Kantorow (piano). Obras de Liszt, Scriabin y Schubert.

Reseña para La Nueva España del domingo 13 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” de esta temporada arrancaron con el pianista Alexandre Kantorow, premio «Tchaikovsky» en 2019 con tan solo 22 años, el primer francés en ganar la medalla de oro y el Grand Prix del prestigioso Concurso Internacional, algo que solo había sucedido en tres ocasiones en la historia del certamen.

Declarado por la crítica como el “joven zar del piano” o “Liszt reencarnado”, Oviedo sigue siendo La Viena española y parada obligada en esta gira de conciertos por las mejores salas de todo el mundo entre las que está el Auditorio de la capital asturiana.

Kantorow no defraudó en un concierto con excelente entrada y público en un respetuoso silencio solo roto por algún estertor, asombrando no solo por el virtuosístico sino la profundidad y rotundidad de este joven que debutó con 16 años y que asombra por su madurez interpretativa.
Con cambios en el orden previsto y Liszt casi protagonista único en la primera parte e inicio de la segunda, que cerrarían Scriabin y Schubert. Si el abate húngaro arrebataba en los salones parisinos del XIX, el francés lo hizo en la Vetusta del XXI.

Penumbra que ayudó al silencio y el gran Steinway enmarcado con la mínima luz para paladear el Liszt de Kantorow, pleno de romanticismo, claroscuros increíbles con matices extremos y la fuerza juvenil capaz de pasar al intimismo mágico en un peregrinaje interior (de Petrarca a Dante) bien ejecutado y transmitido con el fuego fatuo y arrebatador del virtuoso francés.

No rebajó entrega ni intensidad tras la necesaria pausa para retomar fuerzas, con una góndola lúgubre, premonitoria del entierro de su yerno Wagner, de compleja sencillez, después la llama de Scriabin cual sucesor virtuoso desde el frio, para finalizar con ese Caminante (Wanderer) de Schubert que nos llevaría al romanticismo inicial e inspirado(r) de este pianista que no deberemos perderle la pista porque está llamado a ser uno de los grandes de nuestro siglo.

Una delicia de interpretación que levantó bravos y merecidísimos aplausos respondidos por no dos sino tres “encores” resumiendo la técnica al servicio de la música con todo el lirismo de nuevo de Schubert en arreglo de Liszt, una popular de Cziffra y hasta el fuego de Stravinsky y su pájaro sobrevolando con piruetas elegantes un final de concierto apoteósico.

Buena música para Alarcos

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Martes 11 de octubre, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo (Teatro Filarmónica), concierto 13 del año, 2.038 de la sociedad: Orquesta Filarmonía Ibérica, Melani Mestre (piano y director). Concierto homenaje a Emilio Alarcos Llorach en el centenario de su nacimiento. Obras de: Herschel, García Gago, Jenkins, Mozart y Cases.

Reseña para La Nueva España del miércoles 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
En Oviedo todos conocían a Alarcos, y más los más los melómanos, de los que formaba parte, por lo que este concierto a él dedicado recogía parte de la música que le acompañaría en su vida (tal y como comentaba ayer su viuda y directora de la Cátedra que lleva su nombre, Josefina Martínez, desde estas mismas páginas, quien también tendría palabras de agradecimiento y recuerdos al principio de la velada donde no faltó reivindicación ni pedagogía, tras las de Santiago González del Valle, presidente de la Sociedad y el del RIDEA, además de socio de esta Filarmónica, Ramón Rodriguez).

 

La Filarmonía Ibérica, orquesta camerística compuesta por una excelente selección de músicos de cuerda de las últimas hornadas españolas y europeas, formados en las principales instituciones docentes, tiene como objetivo no solo redescubrir el legado y patrimonio musical ibérico desde el barroco más desconocido sino también nuestros compositores, históricos y actuales. Con el maestro y pianista barcelonés Melani Mestre (1976), tras su ingente tarea de recuperación e investigación previa, pudimos disfrutar este martes de su magisterio y buen hacer al frente de su orquesta.
La Sinfonía 8 en do menor del alemán F. W. Herschel (1738-1822) es una de las obras “oscurecidas” por sus compatriotas y contemporáneos Haydn o Mozart o Beethoven, pese a emigrar con 20 años a Inglaterra donde le nombrarían “Sir” más por astrónomo que músico. Tres movimientos (Allegro assai-Andante-Presto assai) en la línea de otras con más enjundia, de las 24 que compuso, pero interesantes, breves y de ágil interpretación.
La Tocata y fuga del berciano afincado en Barcelona Josep García Gago (1921-1999), un avanzado que recupera esta forma barroca desde su cátedra compositiva, que sonó contundente y clara por los once instrumentistas cual órgano de arcos.
El Concerto Grosso “Palladio” (1995) del galés Karl Jenkins (1944), arquitectura sonora de líneas inconfundibles e inspiración barroca del gran compositor británico bien dibujadas y contrastadas, con una excelente concertino.
Para la segunda parte ya con Mestre desde el teclado llegaría su propio arreglo para esta orquesta del conocido Concierto para piano nº 21 en do mayor, K. 467 “Elvira Madigan” de Mozart (1756-1791) que Alarcos tenía entre sus preferidos. El equilibrio entre solista y cuerda con la hondura melódica del genio de Salzburgo desde una interpretación muy cuidada aunque no todo lo limpia desde el piano, especialmente la cadencia del Allegro maestoso, que no desmerece esta personal visión y amor por tan bella página.
Y cerrando concierto la interesante Suite Barroca para piano y orquesta del ecléctico compositor catalán Carles Cases (1958), la modernidad de lo antiguo con perspectiva amplia desde el llamado neoclasicismo con aires cinematográficos.
Intérpretes y obra ideales para cerrar un concierto del que Don Emilio hubiera disfrutado hasta de la propina del marplatense Piazzolla Jeanne y Paul.
LN

La música en el Camino de los Derechos Humanos

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Jueves 1 de septiembre, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. Isabel Pérez Dobarro (piano), Devorah Sasha (cantante).
Se presentaba en la capital asturiana, Origen del Camino de Santiago, el Proyecto de la Fundación ISHR con sede en Miami, «»Ruta de los Derechos Humanos» en el Camino Primitivo» con la intención de escuchar a la pianista Isabel Pérez Dobarro y el estreno mundial de Perfect World, obra compuesta por el malogrado italovenezolano Pablo Manavello (Treviso 1950-Miami 2016) inspirado en los Derechos Humanos (DDHH) a cargo de la cantante caraqueña afincada en Miami Devorah Sasha (1957), pero ya se sabe que estos eventos donde confluyen muchos intereses y agradecimientos, ocupa más la parte protocolaria que la musical, siendo realmente el broche del acto que pese a todo resultó interesante aunque excesivamente largo.

Con algo de retraso sobre la hora prevista, se visionó un vídeo previo con Devorah Devo Sasha y Elizabeth Sánchez Vegas, hablando del camino primitivo y su experiencia, de los DDHH más necesarios que nunca en estos tiempos de guerras, su fundación International Solidarity for Human Rights (ISHR) de la que son directora y presidenta respectivamente, que como apuntarían antes de que sonase la música, un sueño que arrancaría en 2015 y al fin pudieron lograr este primero de septiembre siete años después.

Antes de la presentación y bienvenida a parte del equipo directivo y comentando la marca «Oviedo Origen del Camino«. No faltó al acto el mierense universal Padre Ángel, aplaudido por una sala llena, y que ayer celebraba los 60 años de su propia Fundación que arrancaría con el «otro Ángel», Silva, desde aquella Cruz de los Ángeles que no ha parado de sumar alas.
Hubo momento para recordar al rey asturiano Alfonso II El Casto, auténtico fundador de este camino a Santiago hace doce siglos y llegarían los discursos, primero Alfredo García Quintana, concejal de turismo del Ayuntamiento de Oviedo, ante la ausencia del alcalde Canteli, sumándose a esta presentación dando la bienvenida a los alcaldes y concejales, asturianos y gallegos por donde transcurre este Camino Primitivo, autoridades varias y las empresas implicadas además del público que llenó la sala de cámara. Nada menos que 30 placas de Eladio de Mora con cada uno de los DDHH en ese Camino y además en esta ciudad de melómanos la presentación mundial del Himno con su intérprete y después el piano de la pianista gallega Isabel Pérez Dobarro (Santiago de Compostela, 1992).
Continuaría Elizabeth Sánchez Vegas como presidenta de ISHR animando a todos a ser “voceros” de su proyecto y divulgación, a continuación el artista Eladio de Mora con los respectivos agradecimientos a la presidenta de ISHR y su granito de arena al proyecto inspirado en el propio camino, explicando los motivos en bronce de las treinta placas con una estrella, la concha de peregrino rodeando la leyenda «»Camino de los Derechos Humanos» donde figura cada uno de los 30 artículos en inglés y español.

Benjamin Alba Menéndez, empresario y peregrino, contaría sus experiencias junto a su esposa desde el Hotel Palacio de Merás en Tineo convertido en albergue de peregrinos y con la placa número 7 («Tengo derecho a ser igual ante la ley»).

Begoña Panea de la plataforma WhereIs celebrando los 10 años de su empresa y hoy logrando al fin esta presentación tras el parón de la pandemia con agradecimientos a todos los presentes y leyendo cada alcalde de los municipios por los que transcurre este peregrinaje dentro de la Asociación de Empresarios del Camino Primitivo.

No podía faltar la autoridad autonómica pertinente, esta vez José Antonio Garmón Fidalgo, director general de gobernanza pública, transparencia, participación ciudadana y agenda 2030 (menudo cargo) glosando el origen del camino, los DDHH, la declaración de la ONU o las dos placas en Oviedo.
Y tras cuarenta y cinco minutos al fin llegaría la esperada parte musical. Isabel Pérez Dobarro nos hablaría de lo interesante de este evento y del camino como compostelana y música, activista en el amplio sentido de la palabra, hablándonos con su soltura habitual, algo que siempre se agradece en EEUU y comentando el desarrollo musical de su programa del que habló en Harvard, de la conexión musical desde el Códice Calixtino y el público asistente a su conferencia en la prestigiosa universidad yanqui, tantas nacionalidades distintas que habían hecho precisamente ese camino, mostrando todo su apoyo a la iniciativa por lo que supone.
Su viaje musical internacional lo centraría como es habitual en su larga trayectoria concertística (estuvo hace once años en Gijón como alumna del asturiano José Ramón Méndez que la llevaría a los EEUU y el pasado año dando un concierto para su Filarmónica), recuperando a compositoras olvidadas tras indagar en ellas cual arqueóloga del piano. Un placer escuchar su selección que comenzaría con dos francesas poco conocidas: Mel Bonis (1858-1937), apoyada por César Franck en el Conservatorio de París y amiga de Debussy, con su Preludio op. 10, y Hélène de Montgeroult (1764-1836), de estilo clásico pero obras ambas de virtuosismo y fuerza, reflejo del lenguaje de la época en que vivieron y dignas de escucharse junto a los habituales caballeros, pues es hora de reivindicar el acallado talento femenino en la historia de la música.
La tercera compositora en «descubrir» nos pidió primero adivinarla, y tras escuchar ese «aire chopiniano» nos contaría quién fue la polaca María Szymanowska (1789-1831), casada con Josef Szymanowski, tras su Nocturno en si bemol mayor anterior al propio Chopin del que se considera su precursora, y que triunfaría en San Petersburgo como la primera pianista de la Corte Imperial Rusa donde moriría.
Otra francesa de «inspiración polaca» pero más cercana, la pequeña de la familia de Manuel García, Pauline Viardot de la que su Mazurca volvió a demostrar la calidad de esta cantante y compositora en la interpretación de Isabel Pérez Dobarro, una de las pocas triunfadoras en vida que está por fin siendo habitual en los programas, siendo la gallega su mejor embajadora en América.
Si este camino de derechos y arte, de música y meditación que une Asturias y Galicia, nada mejor que otras dos obras de nuestro tiempo, primero del cántabro afincado en nuestra tierra Israel Lopez Estelche y una de sus Plegarias al piano una verdadera exquisitez en las manos de la compostelana, para seguir con su paisana Carme Rodriguez, una página encargada a ella, Alalá das paisaxes verticais, maravillosamente interpretada por Isabel.
Para concluir una obra también actual del tinerfeño Juan Antonio Simarro, Cuatro acordes para expresarme, apostando tanto por las compositoras de antaño como por obras actuales, disfrutando y haciendo disfrutar con todas, y ya pasadas las nueve de la noche antes del esperado estreno.
El himno compuesto por el tristemente desaparecido Pablo Manavello, hoy en otra dimensión pero presente con su música, pregrabada pero con la voz en vivo de Devorah Sasha, cantada en inglés y el recitado en español, seis años para un sueño cumplido al fin, la defensa de los DDHH por esta venezolana comprometida y el himno Perfect World, la voz sentida con una música muy del gusto estadounidense.
Y el colofón sorpresa del ovetense coro femenino astur-venezolano de la Asociación Sociocultural AVAO dirigido por Daniel Josué Lugo Añaez, cantando nuestro himno asturiano con el público en pie. Me hubiese gustado más música y menos discurso pero el evento así estaba programado.

Juan Durán en femenino plural

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JUAN DURÁN: «(di)Versos Femeninos». NURIA LORENZO, mezzo; ALEJO AMOEDO, piano. Sello RDC; referencia MG-2201.

El compositor Juan Durán Alonso (Vigo, 19/09/1960) de amplio y variado catálogo, miembro de la denominada «Generación de la apertura» y fundador de la Asociación Gallega de Compositores en 1987, encuentra en la poesía un camino propio en lo que podríamos llamar el «lied actual», voz y piano donde la música engrandece unos textos siempre bien elegidos, aunque en esta última grabación no vengan incluidos (sí en el programa del pasado 8 de mayo de 2021 en Homenaje a las víctimas del Covid celebrado en Nigrán, donde interpretaron las obras aquí grabadas), con dos intérpretes también pontevedreses.
En un formato poco habitual, este disco grabado en el Auditorio Municipal Carmen Estévez de Vilalba (Lugo) el 6 de junio de 2021, recoge diez canciones de seis poetisas (hoy parece que se debe escribir poetas) musicadas con anterioridad y ahora en la voz de la mezzo Nuria Lorenzo con el piano de Alejo Amoedo, un dúo de larga trayectoria para unas partituras de protagonismo compartido como así se debe entender, conocedor Durán del registro vocal y color de una cantante poderosa en timbre, carnoso, de buena dicción, microdramas sentidos en su escritura global. Sumemos un pianista perfecto complemento musical y subrayando el ambiente de cada poema, sugiriendo, remando en la misma dirección de presencia justa y equilibrada con la voz en todas sus diversas expresiones. El resultado es otra aportación de Durán a un repertorio que crece y donde los compositores actuales encuentran el vehículo idóneo para dar a conocer este formato de salón, ideal en las salas camerísticas.
Cada una de las obras están perfectamente analizadas en la parte musical por el siempre docto y ameno Arturo Reverter, otro pontevedrés de pro para redondear una grabación que bien podría llevar la etiqueta de «Galicia calidade«. Me limitaré a esbozar mis impresiones de cada uno de los diez cortes, destacando la calidad de la toma de sonido amén de los propios intérpretes, y el universo poético de Juan Durán, nuevamente acertado en la fusión poesía y música, lírica en estado puro y cercano con este dúo vigués.
1. Julia Uceda (Sevilla, 1925): Antígona. La poesía de la andaluza es música en cada verso y el compositor vigués evoca aires románticos cual aria de fuerza en la voz rotunda de Nuria y el piano apasionado de Alejo.
2. Alfonsa de la Torre (Cuéllar, Segovia, 1915-1993: Engrandecí con lágrimas, nostalgia preparada al teclado y continuada con unos fraseos vocales de los versos, creciendo en intensidades contenidas, jugando con la métrica tan musical como los propios pentagramas con un final perdiéndose.
3. Alfonsina Storni (Capriasca, Argentina, 1892-1938): Versos a la tristeza de Buenos Aires, la saudade o mejor «morriña» desde ambos lados del Atlántico, el hermanamiento del emigrante sentido desde Galicia con los aires del tango universal que la voz grave y profunda de la mezzo interpreta arropada por un piano muy bien tratado, dibujando y vistiendo de salón de baile esa tristeza intrínseca de la siempre recordada Alfonsina.
Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-1885), «Tríptico rosaliano«: 4. Cada noite eu chorando pensaba; 5. Tecín soya a miña tea; 6. Lúa descolorida, con explicación en vídeo del compositor, así como la interpretación por Nuria y Alejo, la expresión del pueblo gallego, tradición y canción como las cantigas a modo de «lied gallego». La primera acunando los versos desde el piano que hasta en los silencios subraya ese sentimiento de tristeza. Poder pasar del andar al bailar lo consigue la siguiente, el piano abre el paso calmado que prosigue la voz casi de puntillas, amplios escalones desgarrados desde el canto casi imperceptible que crece en intensidad emocional y aire hasta esa danza culminando sentimientos hechos música. Para concluir, la delicadeza iniciada desde el teclado que prepara una melodía fraseada con esos versos de la gran Rosalía aún más etéreos con los arpegios del piano realzando la voz cuidada además de matizada con gusto y un color propio.
7. Marica Campo (Val do Mao, O Incio, Lugo, 1948): Baixei ao teu amor. Un torbellino de emociones plasmadas tanto en el poema como la propia escritura musical, un inicio pianístico brillante preludio de la aparición vocal que toma vuelo, nostalgias gallegas, cambios de tempo ayudando a reflejar un amor atemporal. Un piano digno de sonar solo que en este caso la voz completa estas palabras tan musicales e introvertidas como esta séptima canción del disco.
Gabriela Mistral (Vicuña, Chile,1889-1957), «Tres poemas de amor y ausencia«: 8. Vergüenza; 9. Ausencia; 10. Balada. Cierre poético también con la magia del tres, primero rítmico y animado, melodía casi de bolero con piano, diálogo vocal e instrumental bien entendido. Otro ambiente presenta el segundo poema, protagonismo de Alejo en solitario desde una introducción íntima, casi recordándonos a Schumann, después Nuria casi recitando sobre unos pocos acordes en rubato, paréntesis que reflejan esa ausencia rellenada con versos que animan el desarrollo en intensidad siempre contenida por parte de los dos intérpretes. Para cerrar ciclo y disco una balada, «es una forma de expresar el canto cortesano del final de la Edad Media en Europa, que aparece en el siglo XIV. La poesía es disociada de la música, pero la musicalidad es creada en la escritura misma del poema»; con esta definición de la socorrida Wikipedia© entiende Durán el poema de la chilena, contratiempos sudamericanos, melodía brillante con acompañamiento muy apropiado y también en solitario, aires de danza que empujan la canción hasta un final luminoso.
Un disco para escuchar y leer esos (di)versos que Juan Durán vuelve a engrandecer y nos han dejado  grabado para guardar esta pareja de largo recorrido y experiencia: la mezzo Nuria Lorenzo, ideal en color y tesitura además de sentimiento, con el pianista Alejo Amoedo, solvente en las partes solas y riguroso en la vestimenta necesaria de la voz. Y muy recomendable el directo donde poder disfrutar de esta nueva aportación a nuestra «canción de concierto».
P.D. La foto de portada es de Xoan Piñón; el técnico de sonido Pablo Barreiro y el diseño de Antonio Cid.

Arriondas sinfónico

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Jueves 28 de julio, 21:30 horas. Plaza Venancio Pando de Arriondas: «ARRIONDAS SINFÓNICO», Carmen Yepes (piano), Vanessa del Riego Ledo (soprano), Bárbara Fuentes (mezzo), Laura Rodríguez Armas (contralto),
Adrián Begega (tenor), Gaspar Braña (tenor), Jorge Trillo Valeiro (bajo), Coral Polifónica de Arriondas, Orquesta Clásica de Arriondas, Sergio Vazquez (director). Obras de Bellini, Bizet, Guillermo Martínez y Beethoven.
Es muy loable programar conciertos al aire libre en verano y más en el oriente asturiano donde la capital parraguesa se convierte en un destino turístico internacional. De hecho esta noche de temperatura agradable y buscada por los enemigos del calor, fueron muchos los aficionados que acudieron a este Arriondas musical que tuvo varios inconvenientes pero ilusión a raudales.
La plaza donde se encuentra el famoso cañón que da la salida al Descenso Internacional de Sella tiene cafeterías con su bullicio veraniego y niños jugando, la cercanía de un concurrido mercado más la carretera con tráfico, por lo que evidentemente la acústica natural no propicia el mejor sonido para un concierto como el que ofrecía el Excelentísimo Ayuntamiento de Parres y el Principado de Asturias con la siempre necesaria colaboración de alguna entidad financiera, en este caso la Caja Rural de Asturias que se mantiene en cabeza tras la desaparición o huída de otras que no hace mucho eran sponsors habituales. Por ello la empresa gijonesa PRONORTE fue la encargada de iluminar y amplificar un tipo de música de por sí difícil, haciendo engañosos los planos de sonido, el volumen de las voces e incluso el color vocal de cada una de ellas, y no digamos en el caso del piano cuyos graves no sonaron contundentes sumándose la ausencia de luz para la solista asturiana que hubo de luchar no ya con Beethoven sino contra todos los elementos, pues en la prueba de sonido previa aún había luz natural. Añadamos mosquitos y algo de brisa por lo que los músicos hubieron de recordar las antiguas pinzas de la ropa que no faltaban en ninguna romería asturiana.
En la parte vocal por un lado solistas casi todos conocidos a los que citaré posteriormente, más la Coral Polifónica de Arriondas en la impresionante fantasía del sordo genial, evidentemente reforzada por coralistas y aficionados que no quisieron perderse poder cantar una de las obras que Beethoven utilizaría como «banco de pruebas» de su pionera novena sinfonía. Y la Orquesta Clásica de Arriondas que debutase en este marco en 2019 antes que el maldito covid quebrase una continuidad necesaria que se ha logrado mantener contra viento y marea, con instrumentistas jóvenes que gracias a formaciones como esta, también reforzados por algún «veterano», consiguen adquirir experiencia para futuros proyectos a los que en la actualidad no pueden acceder de no ser por las mal llamadas «orquestas de bolos», por otra parte muy normales en el mundo musical. Todo un concierto ilusionante dirigido por el maestro Sergio Vázquez Castañón (Oviedo 1990), alma mater de estos conciertos parragueses, a quien no hay más que aplaudir.
Con casi media hora de retraso y tras las palabras de Emilio García Longo, Alcalde de Parres, fue Ángel Lueje Corral el encargado no ya de presentar cada obra sino de comentarla al público, que llenó la plaza, y compartir su pasión y conocimiento con todos los presentes.
La primera parte comenzaría con dos escenas operísticas: primero el dúo Ah! Crudel d’onor raggioni…
de «I Capuleti e i Montecchi» de Vincenzo Bellini
, en las voces de Julieta Vanessa del Riego y Romeo Bárbara Fuentes, donde la comentada amplificación impide cualquier comentario más allá de la profesionalidad de ambas así como el buen hacer de la madera, y después Pres des remparts de Seville
de «Carmen» de Bizet
,  de nuevo Bárbara en el papel protagonista de la gitana sevillana con la breve intervención del Don José a cargo de Adrián Begega, conocido por sus intervenciones en distintos cursos de canto en Asturias, aplicando otro tanto sobre la amplificación. En ambos dúos la orquesta tampoco sonó como hubiésemos querido aunque el maestro Vázquez concertó siempre atento a los solistas.
A quienes me conocen y leen saben de mi admiración por Guillermo Martínez, con una capacidad  creativa que abarca todos los géneros y estilos desde la cercana Covadonga, hoy también presente en varias partes interpretativas y de público, así como haber estrenado parte de su amplia producción en estos conciertos en Arriondas. De su Serenade «Pprincipio e maggio»
para mezzo-soprano y orquesta, la versión original con para voz y piano se escuchó precisamente en este mismo marco y con la mezzo Bárbara Fuentes acompañada por María Cueva, pudiendo escucharla gracias a La Castalia a la que Guillermo Martínez siempre ha sido uno de sus pilares y disfrutado siempre que he podido, esta última en noviembre pasado con Janeth Zúñiga y la profesora Tomchuk, que este jueves se estrenaba en su arreglo sinfónico, engrandeciendo aún más ese homenaje de Guillermo para el centenario del gran Caruso. Contar de nuevo con la voz de la mezzo Bárbara Fuentes (que llevó casi todo el protagonismo del concierto) era un seguro de interpretación que las razones antes apuntadas evitaron un mayor disfrute de mi admirado escolano.
Y para la segunda parte, con la necesaria pausa para la incorporación de todos, nada menos que la Fantasía coral en do menor para piano, solistas, coro y orquesta, Op. 80 (Beethoven) que estrenase el propio compositor al piano, esta vez con mi querida Carmen Yepes, a la que pude escuchar esta misma obra en el Teatro Monumental de Madrid hace ya ocho años, en mejores condiciones para esta partitura donde el piano comienza verdaderamente fantástico, pleno y lleno de matices, para incorporarse la orquesta con melodías de «emperador» antes de ese final con el sexteto solista y el enorme coro revestido de una orquesta poderosa.
Lástima no poder escucharla en toda su magnitud aunque la generosidad y entrega de todos siempre sean de aplaudir. De hecho se bisó esta parte final majestuosa donde al menos los técnicos de sonido pudieron encontrar mejor equilibrio y todos los intérpretes parecieron saber que estaban ante un evento irrepetible.

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