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Arte del cuarteto vienés en Gijón

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Miércoles 25 de octubre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto nº 1671 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: Cuarteto Iberia. Obras de Mozart, Webern y Schubert.

El cuarteto de cuerda es una formación que en España está creciendo en cantidad y calidad, pese al sacrificio que supone trabajar esta unidad desde las individualidades, pero sobre todo con «la pasión compartida por la música de cámara». En una mini gira por dos de las centenarias filarmónicas asturianas  a las que debemos agradecer su enorme esfuerzo por mantener esta ardua tarea de formar y difundir nuestros intérpretes, iniciaba ayer en Oviedo y llegaba a la de Gijón el joven Cuarteto Iberia, fundado en Madrid allá por 2018 y manteniendo la tradición camerística de sus respectivos maestros. Tras su paso por la cátedra de cuarteto de cuerda de la Universität Mozarteum Salzburg con el
profesor Cibrán Sierra, integrante del Cuarteto Quiroga, tras ganar en junio de 2021 la ansiada plaza, no han parado de formarse, actuar y ganar distintos premios, desde un amplio repertorio de compositores y estilos diversos del que en Asturias se ha podido disfrutar una muestra con instrumentos modernos de Cremona (Pascal Hornung, Diego
Taje y Martin Gabbani) y un violín de autor desconocido del siglo XVIII de Mittenwald.

Las obras y autores elegidos para Gijón indican la versatilidad de este cuarteto que en cinco años ha alcanzado un altísimo nivel, debiendo felicitar de nuevo a la Filarmónica por las excelentes notas al programa, esta vez a cargo de Daniel Jaime Pérez, que siempre conviene guardar en papel por una calidad paralela a la de los programas que nos ofrecen los intérpretes.

El Iberia comenzaba con Mozart presentando Luis Rodríguez el conocido como «Cuarteto de la Primavera» (1782), obra en homenaje a «papá Haydn», juvenil como el propio cuarteto, lleno de guiños, bromas pero con la complicada aparente sencillez del genio de Salzburgo. Excelente conjunción de los intérpretes, compenetración en las escalas veloces fruto de muchos ensayos, muy matizado, afinado, perfecto equilibrio en los «protagonismos», colorido desde el clasicismo como base musical que el Iberia dominó en sus cuatro movimientos cual cuarteto vocal operístico, especialmente en el Andante, expresividad y lirismo bien entendidos y el último Molto Allegro donde la fuga sonó clara, precisa y arriesgando en el tempo porque técnica les sobra.

Otro mundo del también vienés Anton Webern y sus Cinco movimientos, op. 5 (1909), la ruptura de las formas y la expresividad llevada al límite tímbrico además de emocional. Si el clasicismo y romanticismo estaban periclitados, más para el cuarteto de cuerda, estas miniaturas son exigentes por los todos los recursos empleados, complejo en cada detalle y pieza, efectos bien resueltos y nuevamente un encaje perfecto entre los Iberia que volvieron a mostrar la versatilidad pasando de la jovialidad mozartiana a este expresionismo acervado de Webern lleno de bruscos contrastes dinámicos tan exigentes para los intérpretes como para un público que se comportó con respeto para una obra que sigue siendo más de cien años después perturbadora y plenamente vigente, al alcance de pocas formaciones.

La segunda parte, presentada por Arnold Rodríguez nos traería el conocidísimo cuarteto de La muerte y la doncella (1824) de Schubert tras la lectura del texto que canta la doncella en el lied homónimo compuesto en 1817 del que el tercer vienés de esta noche toma los motivos, apelación a la muerte llena de claroscuros, romanticismo en estado puro y una interpretación arriesgada (sobre todo en el Presto final), pletórica, cual encaje de bolillos lleno de detalles por parte del joven cuarteto que seguramente haya escuchado y trabajado la versión de sus maestros y «vecinos» en el Lázaro Galdiano. La tragedia hecha música llena de belleza, emocional, optimista por momentos, cantabile en el Andante con moto y con una energía propia de su juventud sin obviar una madurez digna de encomio para una formación que lleva tan «poco tiempo» juntos. Los unísonos, las amplias dinámicas, el latir común son ya señas de identidad del Cuarteto Iberia que aún dará mucho que hablar en los circuitos nacionales e internacionales.

Y de regalo otra prueba de fuego con la Polka del ballet «La Edad de Oro» (Shostakovich),  presentada por Aurora Rus, un placer sonoro para una complicada obra que ejecutaron con un magisterio y entrega que fueron la línea mostrada a lo largo de una velada de dos horas llena de entusiasmo, musicalidad, hasta plasticidad por cómo finalizan cada movimiento cual fotograma congelado disfrutando del último aire emanado, entrega total no exenta de humor y sobre todo esta pasión vienesa por la música para cuarteto de cuerda en el último viernes de octubre.

PROGRAMA

Wolfgang Amadeus MOZART (1756-1791): Cuarteto de cuerda n.º 14 en sol mayor, K. 387 (1782)

I. Allegro vivace assai; II. Menuetto; III. Andante cantabile; IV. Molto allegro

Anton WEBERN (1883-1945): Cinco movimientos, op. 5 (1909)

I. Heftig bewegt; II. Sehr langsam; III. Sehr lebhaft; IV. Sehr langsam; V. In zarter Bewegung

Franz SCHUBERT (1797-1828): Cuarteto de cuerda nº 14 en re menor, D. 810, La muerte y la doncella  (1824)

I. Allegro; II. Andante con moto; III. Scherzo. Allegro molto – Trio; IV. Presto – Prestissimo

CUARTETO IBERIA:

Marta Peño, violín – Luis Rodríguez, violín – Aurora Rus, viola – Arnold Rodríguez, violonchelo

Primer vermut camerísico

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Domingo 22 de octubre, 12:30 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: Vermut de cámara: Quinteto VentArt (Myra Sinclair, flauta; Juan Ferriol, oboe; Andreas Weisgerber, clarinete; Vicent Mascarell, fagot; José Luis Morató, trompa). Obras de Klughardt, Arnold, Hindemith y Medaglia. Entrada: 12 €.

Primero del nuevo ciclo de conciertos de cámara organizado por la OSPA con el título de «Vermut de cámara» donde sus solistas conformando distintas agrupaciones nos ofrecerán a las 12:30 de la mañana y a razón de uno mensual (hasta el 16 de junio) estas sesiones con el precio de 12€ y que por lo visto este domingo de octubre, solo llenaron medio aforo de la sala de cámara, donde no faltaron compañeros de la orquesta, jóvenes estudiantes y los melómanos incombustibles.
Para abrir boca llegaría uno de los grupos más afianzados como el quinteto de viento VentArt  que lleva lustros juntos y a quienes ya pude disfrutarlos hace un año en la Filarmónica de Gijón con este mismo programa (e incluso las dos propinas) por lo que aprovecharé algunas de mis anotaciones de entonces.
Siempre digo que la música de cámara no solo es un «banco de pruebas» para los autores, también una excelente forma de trabajar el pequeño formato y una verdadera delicia para los melómanos que se acercan a este formato bien por afición o por la curiosidad de escuchar «nuevas sonoridades», tan necesarias para todos y más cuando hay obras originales, como esta vez, para el quinteto de viento (las maderas más una trompa), con un programa interesante y «cercano en el tiempo» para poder comprobar la evolución en la composición para esta formación abarcando desde el período romántico hasta finales del pasado siglo. Si el cuarteto de cuerda es la prueba de fuego, está claro que la riqueza tímbrica del quinteto de viento, unida a la amplia capacidad dinámica y los recursos que ofrece, son para disfrutar con el estilo propio de cada compositor y mostrar el dominio y conocimiento instrumental así como de las formas musicales usadas en cada obra.
Un programa sin pausas que volvió a demostrar el feliz entendimiento de estos cinco «asturianos» de adopción (para mí desde el pasado siglo con sus nombres propios: Myra, Andreas, Vicent, José Luis y Juan) que llevan tantísimos años de compañeros y manteniendo este grupo que incluso actuó en El Vaticano, ya peinando canas como todos, con la madurez del trabajo diario, el entendimiento y no ya una técnica magistral en cada uno de ellos, que podemos comprobar en los conciertos sinfónicos, sino un mismo amor por la música que se transmite al público, premiando cada obra presentada brevemente por el maestro Morató.
La primera obra sería del alemán August Klughardt
(1847-1902) y su Quinteto de viento, op. 79, obra publicada en 1901, por tanto tardía pero plenamente romántica con muchos «recuerdos» tanto de Brahms como de Mendelssohn en sus cuatro movimientos (I. Allegro non troppo
II. Allegro vivace
III. Andante grazioso
IV. Adagio – Allegro molto vivace
). Impresionantemente bien tratados cada uno de los instrumentos, permitió que disfrutásemos con juegos de timbres, diálogos y contestaciones en los cinco intérpretes, estructurando este quinteto de forma académica, muy bien escritos, destacando el último movimiento con una introducción lenta antes de atacar el virtuoso final donde degustar el virtuosismo individual de este conjunto siempre al servicio de la música.
Del británico Sir Malcom Arnold
(1921-2006), un trompetista que también compondría bandas sonoras, destacan estas tres «Canciones marineras», Three Shanties for Woodwind Quintet, op. 4 que el público disfrutó recordando estas melodías populares tan cercanas a la angloastur Myra: I. Allegro con brio («What Shall We Do with a Drunken Sailor»), un tango o habanera que va creciendo y jugando con la tímbrica del quinteto, II. Allegretto semplice («Blow the Man Down / Boney was a Warrior») de contagioso ritmo ternario, simpático, brillante, con el tema pasando por los cinco instrumentos, y el  III. Allegro vivace («Johnny Come Down to Hilo») virtuosístico, humorístico y casi cinematográfico en su concepción, muy aplaudido y con la deseada alegría contagiosa de esta obra del compositor británico en una interpretación  colorista y muy matizada.
A continuación VentArt nos ofrecerían a uno de los grandes del pasado siglo, el violista, musicólogo y compositor alemán Paul Hindemith
(1895-1963) con la Kleine Kammermusik, op. 24 nº 2 («Pequeña Música de cámara») creada para sus compañeros de la orquesta de la ópera de Frankfurt estrenada en Colonia el 12 de junio de 1922. Rompedora en su tiempo por sus armonías, toques de jazz, referencias al mejor Stravinsky y de nuevo el toque de humor que prevaleció en este primer vermut de octubre. Música camerística que solo pequeña en el título, con cinco movimientos exigentes tanto individualmente como en conjunto, demostrando la necesaria compenetración del quinteto en interpretarnos esta maravilla de obra con la «curiosidad» de utilizar el piccolo en el segundo movimiento con Myra Sinclair «haciéndonos olvidar a Peter» más allá del apellido, y maravillándonos con la sonoridad del oboe de Juan, el toque bufón de Andreas, el lirismo de Vicent y el «soporte tímbrico» de José Luis. Maravillosa partitura para ir disfrutando de cada movimirnto: I. Lustig. Mäßig schnell Viertel, el vals satírico y también lírico del II. Walzer. Durchweg sehr leise, la muerte inspiradora del III. Ruhig und einfach, de ritmo vital casi marcial, el interludio IV. Schnelle Viertel para degustar la calidad del quinteto con tantas partituras compartidas en su larga trayectoria, hoy unidos en esta joya del compositor alemán, concluyendo con el enérgico V. Sehr lebhaft, la lógica evolución romántica que en su momento fue revolución y el tiempo nos la ha dejado cercana, agradecida de escuchar y seguir disfrutando con la excelente interpretación de VentArt.
Y nada mejor para cerrar el programa que el brasileño Julio Medaglia (São Paulo, 1938), también muy cinematográfico, formado en la Europa de la llamada «vanguardia» con Berlín de capitalidad musical. Todas las obras son del gusto del quinteto y cada una igual o más de exigente, que en este  caso Medaglia partiendo de tres danzas populares en sudamérica a principios del pasado siglo (tango, vals paulista y chorinho), compondrá para el quinteto de viento de «Los Berliner» su Belle Epoque en Sud-America, tres aires que nos suenan conocidos por la cercanía cultural y reconocibles incluso en su escritura: I. El Porsche Negro (Tango), porteño y casi «plagio» de una Cumparsita con «buenos vientos» tanto individuales como en conjunto; II. Traumreise nach Attersee (Vals Paulista) reposado, cantado con el aire instrumental y un «rubato» bien entendido por este quinteto, más el III. Requinta Maluca (Chorinho), derroche de virtuosismo de Andreas en diálogo con sus cuatro compañeros con un desenfreno musical que levantó los mayores aplausos tanto para el solista de la OSPA como para sus amigos en esta travesía musical por el quinteto de viento.
Con el regusto argentino que me ha hecho «continuar» en esa tierra, nada mejor que el excelente arreglo de Adiós Nonino de Astor Piazzolla (1921-1992) que VentArt tiene desde sus inicios casi como «obligado» en su repertorio, muestra de la pujanza de la música hispana trabajada en la Europa académica y engrandecida por los compositores de nuestro tiempo.
Aún quedaría tiempo para un segundo regalo: la «Aragonesa» de G. Bizet (1838-1875), cuya Suite nº 1 de Carmen en arreglo para quinteto sonó sinfónica en la interpretación de estos cinco maestros hoy reunidos para este primer vermut musical carbayón que sigue de «desarme» y con ecos principescos. El siguiente será el 19 de noviembre con el Cuarteto Cethair.

Con necesidad de paz

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Miércoles 18 de octubre, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo: Ensayo General del XXXI Concierto Premios Princesa de Asturias. Con cierto sabor a paz: Verity Wingate (soprano), Paul Grant (barítono), Coro de la FPA (maestro de coro: José Esteban García Miranda), OSPA, Martyn Brabbins (director). Obras de Ralph Vaughan Williams. Entrada libre con invitación.

Hacía tiempo que no escuchaba al «Coro de la Fundación» que tantos años lleva dirigiendo mi querido Pepu, y el «Concierto de los Premios» siempre es una buena ocasión para afrontar esas obras sinfónico-corales que tanto gustan a todos los públicos, lo que se confirmó con el lleno total para el ensayo general junto a una OSPA que sigue esperanzando, en un monográfico del británico Ralph Vaughan Williams (1872-1958) que además contó con un cast procedente del Reino Unido: la soprano holandesa afincada en Londres Verity Wingate, el barítono Paul Grant y el director Martyn Brabbins (13 de agosto de 1959).

Tras el protocolario «Himno Nacional» siempre impactante en versión sinfónica, comenzaría el ensayo con la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis (1909)  a cargo de la cuerda de la OSPA que contó con un octeto ubicado en el palco lateral del primer piso. Obra que está en el repertorio habitual la última vez que tengo constancia escrita hace dos años, y que este miércoles de nuevo fue impecable por la sonoridad, los tempi, el detalle minucioso  con el que Brabbins sonsacó toda la rica orquestación del compositor inglés que encontró tan bien inspiración en el folklore de su país junto a la música renacentista y barroca, de la que fue un estudioso. Ideales los contrastes entre el doble grupo de cuerda (que acudiría raudo a sus puesto en el escenario tras finalizarla) y la sonoridad a la que la orquesta de todos los asturianos nos tiene acostumbrados cuando algún maestro británico la exprime como esta vez, además todo un especialista en Vaughan-Williams.

Pese a seguir sin concertino (hoy repetía Jordi Rodríguez Cayuelas) ni ayudante (Daniel Jaime esta vez), plaza que además ha salido a concurso, la calidad que atesora la cuerda asturiana pudo disfrutarse en esta fantasía donde destacó especialmente en sus solos la viola de Vicente Alamá así como el concertino murciano, jugando con ese melodismo instrumental de clara textura polifónica junto a las imitaciones entre el tutti y el grupo camerístico. Muy aplaudida esta interpretación a la que no hubo necesidad de corregir nada en este general.

La cantata Dona nobis pacem (1936) compuesta para dos voces solistas, coro y orquesta «reúne fragmentos bíblicos con poemas de Walt Whitman, referidos a la guerra de Secesión, y con extractos del discurso que John Bright pronunció, en 1855, en la Cámara de los Comunes en contra de la guerra de Crimea y que se erige como poderosa formulación política de rechazo a
los conflictos bélicos que amenazaban la convivencia»
, como bien explica la catedrática Nieves Pascual León en las notas al programa, y que en estos tiempos, especialmente esta semana, parece necesitar más que nunca que la música tenga sabor a paz.

Cantata en seis movimientos, donde todos estuvieron a gran altura, desde la lírica Wingate con una emisión clara, muy matizada y cantando con gusto, Grant un joven barítono de timbre redondo, graves convincentes y agudos limpios, el coro en su totalidad que le permitió afrontar los tutti con volumen pero igualmente delicado en las partes «a capella», y una OSPA al completo con todas las secciones ajustadas, equilibradas en balances, todo bajo la impecable dirección del maestro Brabbbins. La instrumentación al servicio de las palabras -que pudimos seguir desde el teléfono (en modo avión, por supuesto) en la versión «on line» del programa– permitió disfrutar de combinaciones tímbricas perfectas en su escritura: el inicial «Danos la paz» ya con la primera entrada de la soprano en piano seguida por el coro y la cuerdas con forte súbitos, percusión y viento metal del segundo movimiento (“Beat!, Beat!, Drums! Blow!, Bugles!, Blow!”), la madera colorista del tercero («Reconciliation») y nuevamente la cuerda grave que junto a la percusión invocan al Ángel de la Muerte («The Angel of the Death «) en el penúltimo. Interesante la fórmula de Vaughan-Williams de combinar el latín con la lengua de Shakespeare, pues el compositor siempre adapta la melodía al texto, bien articulado por los cantantes, con toda la carga expresiva de los distintos aires y letra, con maravillosos juegos de tresillos que dan esa rítmica tan rica. Igual de matizados y expresivos los acentos y las transiciones hacia las partes corales «a capella», con la plenitud del «Glory to God» en el último movimiento («Nation shall not lift up a sword against nation») donde «la sección final irrumpe como renovada entonación de la soprano la plegaria inicial; la ausencia de acompañamiento dota de emotividad este solitario canto a la esperanza» como escribe la valenciana Pascual León.

Excelente ensayo que culminaría con el «Asturias patria querida«, himnos inicial y final que levantan al público y siempre arrancan ovaciones. Nada que objetar a una hora de música invocando una paz desde la música que tampoco debe entrar en guerras…

Sin riesgo no hay emoción

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Viernes 13 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 1: OSPA, Javier Perianes (piano), Nuno Coelho (director). Obras de Brahms, Ligeti y Bartók.

Con ilusión arrancaba este viernes al fin otoñal la segunda temporada del director portugués Nuno Coelho al frente de la OSPA y con un encuentro previo 45 minutos antes con el público en la sala de cámara, que como el propio maestro indicó, en compañía de la gerente Ana Mateo, se repetirán antes de cada abono con la presencia de los invitados, solistas y respondiendo a las dudas o aclarando las obras a escuchar, como en el caso de este primero, algo que repetiría al inicio de la segunda parte, una de las tres novedades junto a los conciertos de cámara dominicales a las 12:30 horas, que serán mensuales en esta misma sala donde poder disfrutar de los músicos de nuestra orquesta, y el Concierto de San Xuán el 21 de junio del próximo año donde sonará música de su país con Camané & Trío en el espectáculo «Fado» junto a la dupla OSPA-Coelho donde cada abonado que traiga otro nuevo se le regalarán dos entradas.

Este primer concierto, con escasa presencia de público que comienza a ser precupante, independiente de que en el Campoamor hubiese la función «joven» titulada «Viernes ópera», traía un arriesgado programa tanto por las obras como por la apuesta personal del propio director, contando en la primera parte con Javier Perianes como solista del Concierto para piano y orquesta nº 1 de Brahms (1833-1897). El regreso del onubense como colaborador de la OSPA –que sigue sin concertino, estando hoy el  murciano Jordi Rodríguez y de ayudante Fernando Zorita (no como indicaba el programa de mano, más pequeño y delgado que en temporadas anteriores)- parece no fue suficiente para llenar más butacas, una verdadera lástima porque el excelente momento por el que atraviesa el de Nerva unido al trabajo del maestro de Oporto que ya comienza a notarse en la orquesta, era un motivo más que suficiente.

Con un Maestoso poderoso en la OSPA y algo titubeante el arranque del pianista, las líneas divergentes  con unos pedales no muy claros, fueron confluyendo y caminando paralelas a medida que avanzaba este primer movimiento, casi una sinfonía por escritura y auténtico duelo de titanes que el maestro Coelho concertó a la perfección, manteniendo unas dinámicas muy equilibradas y sacando el mejor Brahms. Pero sería el Adagio la maravilla del programa donde Perianes y la OSPA mostraron una amplísima paleta de matices, pianissimi de cortar el aire con una línea melódica plena y riquísima. Más arriesgado por tempi el último Rondó: Allego non troppo que pese a «caerse alguna nota» no impidió volver a disfrutar del equilibrio dinámico entre piano y orquesta de nuevo con un total dominio de la partitura por parte del director portuense, caídas a tempo, encajes perfectos y llevando este primero de Brahms a buen puerto con todas las aristas que conlleva para los intérpretes pero que el onubense amalgamó desde su amplio bagaje con todas las referencias de Brahms a Mozart, Beethoven o la propia Clara Schumann tan excelentemente retratada en el adagio central. Una lección de piano contundente a cargo de un Perianes que saldría al descanso camino del aeropuerto asturiano para tomar un vuelo a Barcelona (donde interpretará el «Emperador» junto a la Orquesta Sinfónica del Liceu bajo la batuta de Josep Pons) con una agenda de lo más apretada que nos lo traerá de nuevo a Oviedo el 10 de mayo junto al Cuarteo Quiroga.

Aún hubo tiempo para el homenaje de Perianes a la centenaria Alicia de Larrocha con el Notturno de Grieg, el nº 4 de las «Piezas líricas», libro V, op. 54, una perla sentida, delicada, con los claroscuros «marca de la casa» que siempre me han llevado a llamarle «el Sorolla del piano«.

Arriesgada segunda parte magiar, comenzando por San Francisco Polyphony (1973-74) de György Ligeti (1923-2006), aprovechando otro centenario como el del húngaro nacionalizado austriaco, obra escrita para conmemorar el 60º aniversario de la Orquesta Sinfónica de San Francisco estrenada el 18 de enero de 1975 por el entonces titular Seiji Ozawa, con el que Haruki Murakami, Premio Princesa de Asturias de las Letras este año, conversa en su obra Música, sólo música como bien recuerda en las notas al programa Pablo Gallego. Esta obra de Ligeti no  está al alcance de cualquier orquesta ni director pues exige un control absoluto de los registros en cada sección e instrumentos, y el juego polifónico obliga a un permanente balance en el punto exacto, más allá de virtuosismos, silencios y hasta la textura sinfónica, que el húngaro teje como pocos en todas sus obras, tanto camerísticas como sinfónicas, en esa denominada «angustiosa incomodidad» de su escucha. Sin imágenes para esta «otra banda sonora» no utilizada por Kubrick pero que bien podría haberlo hecho, OSPA y Coelho apostaron por el riesgo de la dificultad para emocionar con música del pasado siglo que sigue estando demasiado ausente en el actual y que aplaudo haber programado en este #Ligeti100 del que disfruté y mucho este verano en Granada, con un final para anotar: los músicos y el director «congelados» literalmente tras el final, fotografía musical que perduró para disfrutar también del silencio en una auténtica «Atmóspher» final.

Y para rematar emociones, orquestaciones impresionantes, calidades de la mejor Hungría, trabajo minucioso de orquesta y director, así como otra «banda sonora» con imágenes terroríficas tras una primera guerra mundial, de la que seguimos sin aprender nada en estos días, la suite de El mandarín maravilloso, op. 19, Sz. 73 (1918-24) de Béla Bartók (1881-1945), «música infernal», depravación humana tan tristemente actual, caótica en expresión pero perfectamente ordenada a cargo de Coelho y una OSPA musculada de gran plantilla en donde el clarinete de Andreas Weisgerber nos subyugó y sedujo como a los vagabundos del ballet, riesgo asumido por todas las secciones a la misma altura (triples vientos, cuatro percusionistas, celesta y piano), partitura muy trabajada que nos dejó impactados y emocionados con este mandarín maravilloso que nos «robó» el final trágico de la pantomima original.

La próxima semana volverá la OSPA para el llamado «Concierto de los Premios», aunque me conformaré con el ensayo general, pero el programa (Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis y Dona nobis pacem de Ralph Vaughan Williams) y el director (Martyn Brabbins) merecerá la pena para seguir comprobando el nivel ya recuperado por la orquesta de todos los asturianos.

Que no nos falte Puccini

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Martes 10 de octubre de 2023, 19:30 horas. 76ª Temporada Ópera de Oviedo, Teatro Campoamor: segunda función de «Il tabarro» (1910) / «Gianni Schicchi» (1910), música de Giacomo Puccini. Entrada butaca: 139€. Fotos Miki López / Iván Martínez para Ópera de Oviedo, y propias.

Segunda función de la septuagésimo sexta temporada ovetense con el programa doble perteneciente a “Il trittico” de Giacomo Puccini (1858-1924), y esperando mejoría respecto a la «premiere» del pasado sábado (de la que escribí para ÓperaWorld©), volvía al Teatro Campoamor para seguir disfrutando del genio del compositor de Lucca, aunque siga echando de menos tener a “Suor Angelica” para redondear verdaderamente esta trilogía, y como siempre comprobando que el directo es irrepetible, único, con la esperanza de comprobar si había mejoría tras mis desiguales impresiones.
Evidentemente con el montaje ya rodado y supongo que por la confianza que se va ganando con las representaciones, este martes con menor temperatura exterior, un público que ni patea ni aplaude la alocución en asturiano antes del comienzo, bastante gente joven que seguramente no ha escuchado ninguna de las dos obras, todo fue a más respecto al sábado aunque siga habiendo carencias que espero puedan superarse, pero la impresión que diría en mis tiempos docentes es la de «mejora adecuadamente».
En esta segunda pude contemplar detalles que se me escaparon, y así el infierno del Sena parisino no solo me convenció con el agua delante y un juego de luces que tiene su importancia en la dramaturgia, también corroboró al excelente Michele del barítono José Antonio López que no solo mantuvo su excelente nivel del sábado sino que incluso escénicamente juega con ese papel de marido engañado, celoso y desconfiado. Voz poderosa e igual de claro con una orquesta algo más contenida que en la primera función, volviendo a bordar su atormentado personaje.
La Giorgetta de Beatriz Díaz sigue siendo un seguro de calidad y entrega, pues siempre digo que tiene la voz ideal para Puccini, y con este rol que completa un año con el genio de de Lucca, pienso que sigue siendo la única en poder cantar hoy en día la “trilogía pucciniana”. Su registro grave ha ganado volumen, y sus agudos llenos de tantos matices son más que suficientes, por lo que defendió su papel con solvencia y entrega, sin olvidarme del empaste ideal con el resto de voces, sobre todo con el Michele del barítono murciano.
Ana Ibarra como La Frugola volvió a convencer con una línea de canto sin aristas, una emisión clara y el volumen perfecto tanto en solitario como en los dúos y concertantes, con la pareja ideal del asturiano Miguel Ángel Zapater como Talpa, buena réplica a la pareja anterior.
A diferencia del sábado, el tenor de Bakú, Azer Zada al menos ganó algo en volumen y se mostró un poco más seguro, aunque sus agudos siguen siendo cortos y poco precisos, con la sensación calante más un color que no resulta bien para un de Luigi cercano al verismo. Escénicamente sigue siendo tosco pero supongo que bien orientado en la elección de roles y puliendo técnicamente sus carencias, al menos saldrá indemne de las críticas que en Oviedo no han sido lo que se dice buenas. Qué diferencia con Josep Fadó en el papel del borracho Tinca, volumen suficiente, emisión clara y entrega plena a un personaje que redondea los roles principales.
De nuevo cumplieron en este infierno el vendedor de canciones y enamorado (Facundo Muñoz) al que esta vez se le escuchó claro y preciso fuera de escena, así como la Enamorada Laura Brasó.
El Coro “Intermezzo” igualmente fuera, sonó suficiente, afinado y empastado, extrañándome no saludasen al final.
La homogeneidad de todo el reparto vocal, hecha la salvedad del azerbaiyano, ganó en esta segunda función, también con la ayuda de un foso más contenido en dinámicas por el maestro José Miguel Pérez-Sierra que sacó lo mejor de la Orquesta Oviedo Filarmonía, con buenas intervenciones de los primeros atriles para volver a disfrutar de la bellísima orquestación de Puccini corrigiendo los excesos sonoros en este tabardo de la primera parte.
Gianni Schicchi es el contraste necesario, paraíso y comedia tras el drama inicial y con la ambientación en las cloacas florentinas, de nuevo con el agua al frente, de ahí los personajes de Schicchi, Giorgetta, el doctor Spinelloccio, el notario Amantio di Nicolao y hasta los testigos con botas de agua que gracias a mi tocayo vasco se llaman katiuskas. Un retablo de las debilidades humanas personificando las ansías de poder y la hipocresía, con un movimiento sobre las tablas por momentos excesivo pero que causó más que sonrisas entre el público. Escenas por momentos histriónicas como el juego de Schicchi moviendo al difunto, la orquesta de jazz más un trío femenino cual «hermanas Fleta» usando un micrófono radiofónico de los años 40, en esta ópera muy coral del Puccini que compone estos retratos adorables de todos sus personajes.
Gianni Schicchi sacó a relucir la faceta cómica del protagonista, José Antonio López con peluquín y bigote postizos, sin aumento de nariz, dominando toda la escena desde su primera aparición con su hija, riqueza vocal incluso en los «falsetes» imitando al difunto Donati, siendo nuevamente el triunfador de esta dupla pucciniana.
Beatriz Díaz como la Lauretta enamorada de Rinuccio, pese al menor protagonismo, la conocida aria O mio babbino caro volvió a ser la única aplaudida en los dos títulos. Impresionante su gama dinámica, de proyección impecable y plenamente pucciniana además de una inconmensurable actriz (no me gusta el abuso del adjetivo «pizpireta» con el que se la suele describir, aunque ciertamente su papel en este Puccini sea «alegre, vivaz y algo coqueto»). Sus agudos sonaron no solo claros ante el inmenso sinfonismo del foso sino también «solidarios» con sus compañeros desde una emisión cristalina y poderosa que gana enteros en cada función.
De los cantantes que repetían los dos títulos, Ana Ibarra en un momento vocal perfecto como Zita, con un color que luce dentro de este «coral florentino», y otro tanto el Simone de Miguel Ángel Zapater pasando del rol oscuro inicial al «gioccoso» del paraíso final, redondo vocal y escénicamente, escanciando un culete en escena (un guiño de Paul-Émile Fourny a nuestra tierra). Y muy bien Josep Fadó junto a Laura Brasó en los roles de Gherardo y Nella respectivamente, que completaron un reparto muy homogéneo y compacto, donde de nuevo Azer Zada como Rinuccio bajó un poco el listón aunque vocalmente intentó desde sus escasos recursos brillar un poco más, pese a un color opaco y de agudos forzados y cortos.
El resto del elenco estuvo simpático, equilibrado, acertado en los conjuntos con otro valor de la cantera infantil de “Divertimento” el Gherardino hoy interpretado por Rodrigo Méndez junto a los siempre convincentes y muy queridos en el Campoamor Marina Pardo en el papel de La Ciesca, Carlos Daza, como Marco o Vicente Esteve Corbacho en su corto papel de doctor Spinelloccio.
No quiero dejarme tampoco las intervenciones breves de Mikel Zabala el notario Amantio di Nicolao con un latín bien cantado o los testigos Pinellino (José Manuel Álvarez) y Guccio (Pablo Joel de Bruine).
Musicalmente este martes el maestro José Miguel Pérez-Sierra sacó más detalles a  este Puccini  colorista, casi precursor de las bandas sonoras, con la Oviedo Filarmonía que sonando más precisa, compacta y entregada.
La segunda función sirvió para quitarme el mal sabor de boca sabatino y poder reflejar mis sensaciones algo más positivas y más fáciles de describir. Final feliz donde triunfó de nuevo la picaresca porque no nos puede faltar el humor… ni la música de Puccini.
FICHA:
Martes 10 de octubre de 2023, 19:30 horas. 76ª Temporada Ópera de Oviedo, Teatro Campoamor:
«Il tabarro» (1910), música de Giacomo Puccini; libreto de Giuseppe Adami, basado en la obra “La houppelande” (1910) de Didier Gold. Ópera en un acto, estrenada en el Metropolitan Opera House de Nueva York, el 14 de diciembre de 1918. Producción de la Opéra-Théâtre Eurométropole de Metz.
«Gianni Schicchi» (1910), música de Giacomo Puccini; libreto de Giovacchino Forzano, basado en el Canto XXX, 1.32 del “Inferno” de Dante (c. 1307-21). Ópera en un acto, estrenada en el Metropolitan Opera House de Nueva York, el 14 de diciembre de 1918. Producción de la Opéra-Théâtre Eurométropole de Metz.
FICHA ARTÍSTICA:
”Il tabarro”
Michele: José Antonio López – Luigi: Azer Zada – Tinca: Josep Fadó -Talpa: Miguel Ángel Zapater – Giorgetta: Beatriz Díaz – La Frugola: Ana Ibarra – Vendedor de canciones, enamorado: Facundo Muñoz– Enamorada: Laura Brasó.
”Gianni Schicchi”
Gianni Schicchi: José Antonio López – Lauretta: Beatriz Díaz – Zita: Ana Ibarra – Rinuccio: Azer Zada – Gherardo: Josep Fadó – Nella: Laura Brasó – Gherardino: Rodrigo Méndez – Betto: Javier Povedano – Simone: Miguel Ángel Zapater – Marco: Carlos Daza – La Ciesca: Marina Pardo – Spinelloccio: Vicente Esteve Corbacho – Amantio di Nicolao: Mikel Zabala – Pinellino: José Manuel Álvarez – Guccio: Pablo Joel de Bruine.
Dirección musical: José Miguel Pérez-Sierra – Dirección de escena: Paul-Émile Fourny – Diseño de escenografía e iluminación: Patrick Méëus – Diseño de vestuario: Giovanna Fiorentini.
Orquesta Oviedo Filarmonía – Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo), dirección del coro: Pablo Moras.

Un menú coral de muchas estrellas

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Domingo 8 de octubre, 20:00 horas. Colegiata de San Juan Bautista, Gijón. Concierto de inauguración de la Temporada 2023-2024 de Aurum y El León de Oro (cuarta  bajo el mecenazgo de SATEC). «Menú degustación», obras de varios autores. Directores: Elena Rosso y Marco A. García de Paz. Fotos de Beatriz Montes y propias.

Domingo de temperatura veraniega empezando octubre y nueva escapada a Gijón, esta vez para disfrutar de un menú degustación a cargo del coro femenino Aurum que dirige Elena Rosso, y Marco A. García de Paz con El León de Oro (LDO), quien también presentaría cada uno de los tres grandes bloques en que se estructuró este concierto donde hubo música renacentista y contemporánea, con algunos «aperitivos» de los programas que nos esperan, algunos ya escuchados en distintos festivales corales nacionales.

Tanto Aurum como el LDO siguen manteniendo sus altos niveles de calidad: empaste, afinación, amplios matices, dominio absoluto del repertorio, musicalidad, y una renovación de voces condservando el «núcleo duro» que amalgama y permite a este proyecto afrontar tanto el repertorio «de siempre» como nuevas obras, sin perder nunca la esencia de una forma de vida coral única en estos más de cinco lustros, continuando una proyección internacional que ningún otro coro español tiene.

Abrían un menú musical Aurum con dos obras de su programa «¡¡¡CAN-TA-TE!!»: Cantate Domino de Hans Leo Hassler (1564-1612) y el motete Sancta et inmaculata de Francisco Guerrero (1528-1599), voces iguales pero de amplia tesitura, sonoridad perfecta y cuerdas de emisión cristalina.

Punto y aparte dos obras del gallego Julio Domínguez (1965), uno de los compositores de cabecera de los gozoniegos, para el Pregón de las Fiestas del Socorro en el Luanco de donde partió este sueño coral: primero Rompeolas, con los habituales cambios de posiciones siempre buscando sonoridades distintas, después esa maravillosa D’Alborada que incluye efectos como silbidos, taconeo o movimiento mientras reconocemos temas asturianos como «Esta noche ha llovido», «Ayer vite na fonte»  reagrupándose en cuatro grupos cual diálogos escénicos con la solista María Peñalver San Cristóbal, o un final asombroso con «Dónde vas por agua» rítmico y obra perfecta para las féminas doradas que nos dejaban con buen sabor de boca con el de Ponteareas.

El segundo bloque, ya con el LDO (donde se sumarían varias voces de Aurum) se centraría en la música del renacimiento, una de las señas de identidas del coro gozoniego, el «Kyrie» de la Missa Praeter rerum seriem (George de La Hèle, 1547-1586) dentro del proyecto «Praeter rerum seriem» que ya ha interpretado el pasado año y durante el actual, después movimientos de los componentes para otro plato fuerte dentro de «Cadere ad inferos» que llevaron a Álava y Estella: el Incipit lamentatio de Thomas Tallis (c. 1505-1585), el tactus renacentista bien entendido por Marco de Paz, con las voces extremas que abrazan esa sonoridad única que culmina con un Jerusalem que nos redime de todo mal. El último plato que llevarán pronto al CD dentro de su contrato con Hyperion© y a Madrid, la «segunda capital» del director, son «Los Maestros Flamencos en la Corte Española» con el Regina Caeli de Philippe Rogier (1561-1596) a doble coro, la versatilidad de los luanquinos y la apuesta por unas obras que nunca son iguales y por algo eran las preferidas de una corte más culta que la actual.

El tercer bloque aún traería más contundencia, como los buenos menús, al centrarse en obras contemporáneas y un «aperitivo» con piano del repertorio sinfónico coral donde LDO también está muy solicitado. Primero Nunc Dimittis de Arvo Pärt (1935), uno de los compositores preferidos del director que con su coro suenan sencillos pese a la complejidad de la sencillez buscada por el estonio, unos fragmentos del Réquiem de Verdi (1813-1901) que podremos disfrutar en Oviedo dentro de los «Conciertos del Auditorio» el próximo 24 de noviembre y de nuevo a la Oviedo Filarmonía y Lucas Macías el 28 de abril próximo, hoy «suplida» con el piano de Óscar Camacho, al que se sumará el Joven Coro de Andalucía para redondear casi 80 voces en la monumental misa del de Le Roncole. Esta «versión reducida» sonó igual de impactante desde el inicio, el Dies Irae verdaderamente «terrorífico» sin excesos pese a la enorme sonoridad mostrada por «los leones» o el Libera me que redondeó  esta especie de «sorbete» entre platos, contando nuevamente con la solista María Peñalver, nerviosa por la responsabilidad de «emular» a la prevista para Oviedo Dinara Alieva, y que no empañó un avance de lo que nos espera en la capital asturiana, agradeciendo el apoyo municipal carbayón al Concejal de Cultura David Álvarez presente entre el público.

El postre, con presentación aparte, vendría con Sator, obra escrita por el noruego Bodvar D. Moe (1951) a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 que está basada en el palíndromo de origen y significado inciertos
“Sator Arebo Tenet Obera Rotas”, invocación que se utiliza en Laponia para restañar las hemorragias, y aquí por extensión para detener el derramamiento de sangre. Con múltiples efectos sonoros incluyendo un rítmico pandero, esta obra sonará en la «Jornada de Puertas Abiertas» que celebrará el LDO el próximo mes de noviembre en Lugones y Avilés, y al que están invitados aquellos cantores amateurs que quieran disfrutar como «leones» con obras tan actuales y emocionantes como este Sator.

Aún quedaría el regalo cual café con chupito del prolífico Eric Whitacre (1970) y su Sainte-Chapele, un encargo para los 40 años tan bien cantado por Peter Philips y The Tallis Scholars como estos fieles y aventajados alumnos del LDO y Marco A. García de Paz.

Una temporada que intentaremos degustar al completo, «arrancando» el Día del Pilar con Los Peques y Aurum en la Catedral de Oviedo, y que este domingo de verano en octubre pudimos saborear cual restaurante de muchas estrellas corales para mostrarnos la excelente carta de El León de Oro y Aurum con sus respectivos «master chefs».

Del infierno al paraíso

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Sábado 7 de octubre de 2023, 19:00 horas. 76ª Temporada Ópera de Oviedo, Teatro Campoamor: «Il tabarro» (1910) / «Gianni Schicchi» (1910), música de Giacomo Puccini.

Crítica para ÓperaWorld del domingo 8 con los añadidos de fotos (propias , de Iván Martínez para Ópera de Oviedo, y de las RRSS), links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Segundo título de la septuagésimo sexta temporada ovetense con un programa doble perteneciente a “Il trittico” de Giacomo Puccini (1858-1924), y que solamente se han representado una ocasión en el Teatro Campoamor: “Gianni Schicchi” en 1966 e “Il tabarro” en 1980, quedándonos pendiente recuperar “Suor Angelica” para poder revivir el estreno neoyorquino al que Puccini no pudo asistir por la primera guerra mundial. Escucharlas juntas era una ocasión única de disfrutar nuevamente con el genio del compositor de Lucca en un año que nos parece preparar el próximo centenario de la muerte del último operista del pasado siglo, aunque sigue siendo de los compositores más programados en los coliseos de todo el mundo.
Hacia 1910, Puccini tuvo la idea de componer una trilogía siguiendo el “Infierno”, “Purgatorio” y “Paraíso” de la «Divina Comedia» de Dante. Prescindiendo del “abolido” purgatorio nos quedan por un lado Il tabarro tenebroso y naturalista reflejando las terribles condiciones de vida de las clases bajas en París, la gran ciudad moderna, con la música de Puccini influida por el impresionismo francés, reflejando esa oscuridad y sordidez del libreto que finaliza con el horrible crimen consecuencia de la traición y el adulterio en un infierno también musical.
Y la segunda obra de este díptico asturiano, Gianni Schicchi inspirada en la “Commedia dell’arte”, comedia que ha pasado a formar parte de esta larga tradición de la literatura universal, con la familia del adinerado Buoso Donati, uno de los cinco ladrones florentinos que cita Dante, configurando un retablo de las debilidades humanas personificando las ansías de poder y la hipocresía, por las que no pasa el tiempo y donde Puccini consigue unos retratos adorables de sus personajes.
El infierno bien ambientado nos trajo un enorme Michele en la voz del barítono José Antonio López que mantuvo su excelente nivel, poderoso, convincente, de amplios matices y siempre claro incluso con la orquesta en “fortisimi”, bordando ese personaje atormentado en todas sus intervenciones; la Giorgetta de Beatriz Díaz en un rol que completa su propia “trilogía pucciniana” tuvo altibajos, registros graves donde perdió volumen pero que compensó con una proyección exquisita y el empaste ideal con el resto de voces, sobre todo con Michele, siendo una lástima no lograr la necesaria “réplica” de Luigi con un Azer Zada de escasa escena, agudos cortos que apenas llegaban a medio patio de butacas y poca matización. Convincente y cómoda La Frugola de Ana Ibarra, equilibrada y bien “contestada” escénicamente por el Talpa de Miguel Ángel Zapater que tampoco tuvo problemas con el Tinca de Josep Fadó. Cumplieron en este infierno tanto el vendedor de canciones y enamorado (Facundo Muñoz) como la breve Enamorada Laura Brasó. El Coro “Intermezzo” fuera de escena sonó preciso y suficiente, pero en general faltó homogeneidad en el reparto vocal con un foso de calidad al mando del maestro José Miguel Pérez-Sierra que cayó en la tentación de la grandiosidad orquestal de Puccini pecando precisamente en el exceso dinámico.
El paraíso llegó con el esperado Gianni Schicchi que de nuevo encumbró a José Antonio López mostrando escena, musicalidad, gracia, recursos, llevándole a ser el gran triunfador de esta dupla pucciniana. Mejor Beatriz Díaz como Lauretta, la única aplaudida tras su conocida aria “a papito”, actriz inconmensurable y siendo probablemente la única soprano capaz en estos momentos de interpretar “Il trittico” completo. También repitieron Ana Ibarra como Zita, igual o mejor que en el infierno, Simone de Miguel Ángel Zapater más redondo vocal y escénicamente o Josep Fadó con Laura Brasó en los roles de Gherardo y Nella respectivamente. Decepcionó de nuevo Azer Zada como Rinuccio, con las mismas carencias que su Luigi, quedándome con las ganas de poder disfrutar de un tenor más pucciniano. El resto del amplio y coral elenco estuvo no solo simpático sino bien equilibrado en los conjuntos. Destacar de la cantera infantil de “Divertimento” el Gherardino de Julián Avedillo y los siempre seguros en el Campoamor Carlos Daza, Marina Pardo o Vicente Esteve Corbacho.
Las dos producciones procedente de la Ópera de Metz resultaron adecuadas, incluso ayudaron al paraíso con una escena loca más cercana en el tiempo que en la Florencia dantesca porque los testamentos y sus disputas siguen siendo motivos de conflictos. Lograda la dirección de escena a cargo de Paul-Émile Fourny así como la escenografía e iluminación de Patrick Méëus. El vestuario diseñado por Giovanna Fiorentini sobrio en el infierno y más colorido para el paraíso dantesco. Musicalmente el maestro José Miguel Pérez-Sierra pudo sacar más partido a la Oviedo Filarmonía que no estuvo cómoda aunque sonase compacta.
Sin purgatorio y con final feliz donde la picaresca también triunfa, resultó un domingo pucciniano con dos horas pasando del infierno, incluso térmico, al paraíso que pecó desigual aunque sin penitencia porque la benevolencia también estuvo en Puccini.
FICHA:
Sábado 7 de octubre de 2023, 19:00 horas. 76ª Temporada Ópera de Oviedo, Teatro Campoamor:
«Il tabarro» (1910), música de Giacomo Puccini; libreto de Giuseppe Adami, basado en la obra “La houppelande” (1910) de Didier Gold. Ópera en un acto, estrenada en el Metropolitan Opera House de Nueva York, el 14 de diciembre de 1918. Producción de la Opéra-Théâtre Eurométropole de Metz.
«Gianni Schicchi» (1910), música de Giacomo Puccini; libreto de Giovacchino Forzano, basado en el Canto XXX, 1.32 del “Inferno” de Dante (c. 1307-21). Ópera en un acto, estrenada en el Metropolitan Opera House de Nueva York, el 14 de diciembre de 1918. Producción de la Opéra-Théâtre Eurométropole de Metz.
FICHA ARTÍSTICA:
”Il tabarro”
Michele: José Antonio López – Luigi: Azer Zada – Tinca: Josep Fadó -Talpa: Miguel Ángel Zapater – Giorgetta: Beatriz Díaz – La Frugola: Ana Ibarra – Vendedor de canciones, enamorado: Facundo Muñoz– Enamorada: Laura Brasó.
”Gianni Schicchi”
Gianni Schicchi: José Antonio López – Lauretta: Beatriz Díaz – Zita: Ana Ibarra – Rinuccio: Azer Zada – Gherardo: Josep Fadó – Nella: Laura Brasó – Gherardino: Julián Avedillo – Betto: Javier Povedano – Simone: Miguel Ángel Zapater – Marco: Carlos Daza – La Ciesca: Marina Pardo – Spinelloccio: Vicente Esteve Corbacho – Amantio di Nicolao: Mikel Zabala – Pinellino: José Manuel Álvarez – Guccio: Pablo Joel de Bruine.
Dirección musical: José Miguel Pérez-Sierra – Dirección de escena: Paul-Émile Fourny – Diseño de escenografía e iluminación: Patrick Méëus – Diseño de vestuario: Giovanna Fiorentini.
Orquesta Oviedo Filarmonía – Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo), dirección del coro: Pablo Moras.

Embajador de la guitarra con alma

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Miércoles 4 de octubre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto nº 1670, inaugural de la temporada 2023-24 de la Sociedad Filarmónica Gijonesa. Pablo Sáinz-Villegas (guitarra). Obras de Villa-Lobos, J. S. Bach, I. Albéniz, J. Rodrigo, A. Barrios y C. Domeniconi.

El guitarrista riojano Pablo Sáinz-Villegas era nombrado el pasado mes de junio «Embajador de la mierensía» por la asociación «Mierenses en el mundo» y llegaba a mi villa este lunes junto a su esposa mi muy querida Sarina Illana, para recoger el galardón aprovechando el viaje para este concierto inaugural de la Filarmónica Gijonesa junto a un encuentro con el público y aficionados el día anterior. Pese a su agenda tan apretada es de agradecerle siempre su generosidad, que pudo demostrar en el Teatro Jovellanos con una excelente entrada y un extraordinario concierto «dedicado a la memoria de Marcelino Gutiérrez, quien abrió con generosidad las páginas de El Comercio a la difusión de las actividades filarmónicas» con un inesperado fallecimiento a la edad de 48 años, emoción que embargó al artista al dedicarle junto a su familia presente, la obra de Agustín Barrios esperando esté en esa floresta del compositor guaraní. Generoso hasta en la impresionante propina de la Jota (F. Tárrega), tributo a su Rioja natal que incluso pidió al público la grabase y difundiese en su perfil de Instagram© y quedándose firmando discos así como a charlar o fotografiarse con los muchísimos aficionados llegados hasta la capital de la Costa Verde rondando las once de la noche.

Concierto pleno de emociones, pues la Sociedad Filarmónica pierde una ayuda y, sobre todo, un buen amigo como era Marcelino, aumentando la carga emotiva con la presencia de la guitarra en la historia musical local, como bien desgrana en las excelentes notas al programa mi admirado Ramón Avello, abriendo con el poema de Gerardo Diego La guitarra es un pozo / con viento de agua, repasando nombres que han tocado en este escenario gijonés: desde Andrés Segovia en 1919, Regino Sáinz de la Maza en 1938 reinaugurando tras la Guerra Civil la temporada de la Filarmónica, junto a otros grandes como David Russell o más recientemente Rafael Aguirre, una de nuestras actuales figuras mundiales de las seis cuerdas.

Pero en esta larga lista faltaba el riojano Pablo Sáinz-Villegas, bautizado como «embajador mundial de la guitarra española» por la Revista Billboard y heredero de Segovia, con un programa donde mi tocayo fue presentando cada obra y con algunas frases que he entrecomillado, emprendiendo un viaje musical desde el «padre de todas las músicas» en el Weimar donde estudió el intérprete español (con un arreglo propio de la inmensa Chacona) hasta el italiano Domeniconi y su tributo a la Turquía de su mujer, en cierto modo también a nuestra mierense presente en la sala junto a muchos desplazados por «La minera» para no perderse un concierto para el recuerdo.

La guitarra de Sáinz-Villegas, construida en 2007 por el afamado luthier alemán Matthias Dammann, sonó poderosa y delicada en cada obra en una sala con acústica perfecta sumándose una técnica propia que dándole la tensión justa a cada cuerda proyecta el sonido hasta el último rincón. Jugando con los tempi apropiados como en el Brasil de Villa-Lobos y sus cinco conocidos preludios, nos dejó unas imágenes sonoras recreadas por el riojano con una musicalidad intrínseca a su propio caracter.

En este viaje del «alma de la guitarra española» su Asturias de Albéniz hubo de detenerse porque «El silencio es el espacio donde habita la música», algo que parece estar perdiéndose, pandemias de teléfonos y toses disruptivas que no se van de las salas, llegando incluso a pedir que no aplaudiesen para poder degustar no ya el silencio sino también la música que queda flotando al finalizar cada obra. La sonoridad propia de esta «Leyenda» española en mi menor (frente al sol menor pianístico) que más que Asturias o Logroño es Andalucía en estado puro.

En este periplo guitarrístico no podía faltar el gran Rodrigo cuya Invocación y Danza desveló y reveló cual poesía sonora, tanto hablada en la descripción previa como interpretada en «la alemana» tan hispana como pocas: armónicos como estrellas y la magia de la inspiración flamenca que parece va unida a nuestro instrumento más universal elevada a las grandes salas de conciertos y hasta grandes estadios donde Sáinz-Villegas la sigue llevando.

Si hasta ese momento cada página era un disfrute para los melómanos, Un sueño en la floresta de   Barrios Mangoré pareció aumentar las pulsaciones, dedicatoria ya comentada y el hechizo propio pues «La música es el lenguaje de las emociones». El compositor e intérprete paraguayo es toda una leyenda en el mundo de las seis cuerdas y Sáinz-Villegas se envolvió del Espíritu Supremo de Tupá en ese juego de armónicos increíbles, trémolos y melodías infinitas con la afinación peculiar de la sexta cuerda en re y la quinta en sol, plenitud técnica que le permite disfrutar y contagiar tanta musicalidad.

Aún quedaba Carlo Domeniconi y su suite Koyunbaba, op. 19 para finalizar en Turquía con el pastor solitario (baba) junto a su rebaño de ovejas (Koyun) en Anatolia, composición del compañero y amigo de Pablo en Berlín, afinando la guitarra como un oud (de la sexta a la prima do#, sol#, do#, fa#, do# y mi) que le da una sonoridad única a una música casi de ritual llena de virtuosismo, ritmos, tímbricas y todo un espíritu en cuatro «cuadros» pintados con la maestría del intérprete bautizado como «embajador mundial de la guitarra española» por la Revista Billboard y desde ahora también «embajador de la mierensía».

Público entusiasmado, respetuoso en general, entregado a Sáinz-Villegas con la ya citada propina de la jota universal que triunfa siempre, y más en su interpretación que, como el buen vino, va madurando con los años para conervirse en un Gran Reserva. Gracias y enhorabuena familia, esperando volver a encontrarnos.

PROGRAMA

I

Heitor VILLA-LOBOS (1887-1959):

Cinco preludios, W419:

I. Andantino expressivo en mi menor: Homenagem ao sertanejo brasileiro; II. Andantino en mi mayor: Homenagem ao malandro carioca; III. Andante en la menor: Homenagem a Bach; IV. Lento en mi menor: Homenagem ao indio brasileiro; V. Poco animato en re mayor: Homenagem ao vida social.

Johann Sebastian BACH (1685-1750):

Chacona, BWV 1004 (arr. Pablo Sáinz-Villegas).

II

Isaac ALBÉNIZ (1860-1909): Asturias (Leyenda), de la Suite Española op. 47.

Joaquín RODRIGO (1901-1999):

Invocación y Danza: Homenaje a Manuel de Falla.

Agustín BARRIOS Mangoré (1885-1944):

Un sueño en la floresta.

Carlo DOMENICONI (1947): Koyunbaba, op. 19:

I. Moderato

II. Mosso

III. Cantabile

IV. Presto

Manon no envejece

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Domingo 10 de septiembre, 19:00 horas. 76ª Temporada Ópera de Oviedo, Teatro Campoamor: «Manon» (1884), música de Jules Massenet; libreto de Henri Meilhac y Philippe Gille, basado en la novela “Manon Lescaut” (1731) del Abate Prévost. Opéra Comique en cinco actos y seis cuadros, estrenada en la Opéra-Comique de París el 19 de enero de 1884. Producción de la Ópera de Oviedo, Teatro Municipal de Santiago de Chile y Auditorio de Tenerife.

Crítica para ÓperaWorld del lunes 11 con los añadidos de fotos (propias y de las RRSS), links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

 

Con este título de Massenet se alzaba el telón un 18 de septiembre de 1948 en el Teatro Campoamor tras las obras de reconstrucción del coliseo ovetense destrozado con la Revolución del 34 y la Guerra Civil. Hace 75 años integraban el reparto de aquella función inaugural artistas como Victoria de los Ángeles, Giacinto Prandelli o Manuel Ausensi que dejaron un sabor especial según las crónicas de entonces, con un brillo especial para esta celebración. Esta Manon del 10 de septiembre de 2023 volverá a ser recordada como la función de platino ante la calidad global de la representación donde todo fue sobresaliente, emocionante y al fin redonda, sin nada que envidiar a las anteriores ocho funciones en la historia de la ópera asturiana que arrancaba desde esta efeméride la septuagésimosexta temporada. Espero que para el centenario mantenga vivo este “drama de inocencia y corrupción” como lo titula Emilio Sagi en el programa de mano editado por la Ópera de Oviedo, otro para la colección con artículos y firmas que son también legado bibliográfico.
Esta première de la “Manon de 2023” lo tuvo todo bueno, comenzando por la escena, sencilla y efectiva de Sagi y Bianco, cuatro escaleras en módulos que como un puzzle se movían y encajaban para ambientar los cinco actos y seis cuadros, moviéndose a la vista como ya hiciese el asturiano en la “Bohème alicantina” que comenté desde estas páginas. La iluminación de Bravo ayuda a recrear cada ambiente según el respeto escrupuloso del libreto (especialmente la brillante fiesta del tercer acto), reforzado por el adecuado y elegante vestuario de Pablo Núñez, que en el caso de la protagonista recordaba el traje de 1948 (actualizado en color) y que lucía la soprano navarra en los carteles y página Web de la ópera ovetense.
La partitura de Massenet es una auténtica joya, con el texto siempre claro para todos los cantantes, con las partes habladas perfectamente medidas y encajadas dentro de una orquestación esplendorosa, llena de guiños a la Francia de la Regencia (1715-1723) y todo un derroche musical donde coros, concertantes, cuartetos, dúos y arias están llenos de melodías que desde el foso se arroparon a la perfección bajo una dirección excelente del debutante Nuno Coelho al frente de una OSPA, de la que es titular hace dos años, donde brillaron todas las secciones de nuestra formación comandada esta vez por Héctor Corpus de concertino. Si ya el preludio inicial premonizaba una “ópera grande”, de sonoridad clara y precisa, el maestro portugués mimó toda la obra y escena, favoreciendo la riqueza de matices y el lucimiento de todo el reparto vocal sin excepción. Auguramos una exitosa carrera a la joven batuta que está dejando ilusionada tanto a la orquesta asturiana como a los operófilos que este domingo comprobaron el talento y detalle de un trabajo primoroso desde la dirección musical de esta festejada “Manon”.
El coro titular de la ópera ovetense (Coro Intermezzo) bajo la dirección de Pablo Moras es otra de las apuestas seguras de las últimas temporadas, y esta vez pudimos disfrutar del buen estado de forma tanto vocal como escénico: seguro en los conjuntos, incluyendo el Magnificat del tercer acto fuera de escena o el inicial coro de damas del mismo acto. Un coro compacto, convencido, entregado, afinado, poderoso y matizado así como equilibrado en número, siendo otro protagonista del éxito dominical.
La amplia figuración además de la ambientación adecuada dotó a la escena de la grandiosidad precisa en sus apariciones, moviéndose con soltura por el escenario, y especialmente destacable la presencia asturiana en los llamados comprimarios y secundarios, desde el bajo barítono mierense Abraham García como buen posadero, portero discreto y hasta crupier digno de un casino internacional, de gran presencia vocal y escénica, hasta el trío femenino de demi-mondaines Poussette, Javotte y Rosette, voces de casa con profesionalidad y carreras asentándose, simpatía y excelente empaste a cargo de la soprano ovetense Ana Nebot con dilatada trayectoria y muchas tablas, más las mezzos María Heres (de Oviñana) que va asentando sus prometedores inicios, y la gijonesa Serena Pérez, de color personal complementando estas tres “libertinas” de buen entendimiento conjunto, que contribuyeron a engrandecer cada intervención, desde un gran primer acto al pletórico cuarto en el Hòtel Transylvanie junto a Manon. Ópera asturiana que también ofrece un elenco propio para exportar con total garantía, incluyendo a la soprano del coro Elisabeth Expósito como sirvienta.
Impresionante el Conde Des Grieux de Roberto Scandiuzzi, un bajo de verdad, que no abundan, buen cantante y actor, con registro poderoso y color perfecto para este padre que recuerda el Germont verdiano (y con muchos puntos en común incluso en el argumento de esta “Manon”) en sus dos apariciones.
Llegando al cuarteto protagonista masculino es difícil encontrar unas voces tan idóneas, redondas, afinadas, actoralmente impecables y con una línea de canto precisa, sin nasalizar un francés siempre complicado, comenzando por el De Brétigny del bajo barítono mallorquín Pablo López, buen lírico equiparado y constraste idóneo del corrupto Guillot de Morfontaine del tenor granadino Moisés Marín, ambos convincentes, desenvueltos, con sus personajes bien asentados y defendidos.
Punto y aparte el barítono barcelonés Manel Esteve como Lescaut en un momento vocal perfecto, fue el verdadero tercer apoyo de los protagonistas Manon y Des Grieux, aportando toda la gama dramática de un personaje lleno de aristas que su voz y presencia le valieron una de las grandes ovaciones de esta primera función, emulando al mejor Manuel Ausensi que lo cantase hace 75 años (y repitiese en 1956) cuando toda la temporada se celebraba en torno a las fiestas locales de San Mateo tras su paso por la de Bilbao.
No vamos a descubrir a estas alturas al gran tenor tinerfeño Celso Albelo, casi un asturiano más por sus muchos vínculos de su dilatada carrera con esta región, y que debutaba en“su Oviedo” al Caballero Des Grieux. Su voz ha ganado cuerpo y potencia, la gama dinámica sigue siendo admirable y amplia, la pronunciación impecable y totalmente creíble en un rol que parecía llevase años cantándolo. Sobresaliente alumno del siempre querido y recordado Alfredo Kraus en este mismo papel allá por 1964 y 1967 en la capital del Principado, cantado incluso por Pavarotti con Mirella Freni en 1970 y ya más cercano en el tiempo y memoria personal Jaime Aragall en 1975 con Jeanette Pilou. La química necesaria entre Des Grieux y Manon cuando funciona nos deja recuerdos imperecederos, y Albelo junto a “La Puértolas” será uno de ellos. Flechazo vocal y emocional, “siempre nos quedará París”, dúo impactante de tenor y soprano, con el muy sentido segundo acto, la evolución dramática reflejada en la línea de canto, lirismo y pasión, impactante y aún mayor el acto tercero en la escena del Seminario, y rompedor el quinto que remataría esta exitosa première.
La auténtica estrella, protagonista eterna y siempre joven Manon estuvo encarnada por la soprano navarra Sabina Puértolas que volvió a enamorarnos. Casi omnipresente, encantadora, embaucadora, inocente y corrupta, elegante y decadente, siempre refinada, dominadora de la escena de principio a fin, su voz se paseó por todos los estados de ánimo del personaje. Desde el dúo con su primo Lescaut, la delicada aria a la mesita «Adieu notre petite table” del segundo acto, la conocidísima y bellísima “Profitons bien de la jeunesse” del tercer acto, lo más aplaudido del domingo, cada intervención de la navarra era un placer para el oído y la vista, emociones desde Saint-Sulpice hasta el final “Je sena une puré flamee” de la arrepentida y dual Manon para poner el broche final de una celebración que pasará a la historia de la ópera en Oviedo.
FICHA
Domingo 10 de septiembre de 2023, 19:00 horas. 76ª Temporada Ópera de Oviedo, Teatro Campoamor: «Manon» (1884), música de Jules Massenet; libreto de Henri Meilhac y Philippe Gille, basado en la novela “Manon Lescaut” (1731) del Abate Prévost. Opéra Comique en cinco actos y seis cuadros, estrenada en la Opéra-Comique de París el 19 de enero de 1884. Producción de la Ópera de Oviedo, Teatro Municipal de Santiago de Chile y Auditorio de Tenerife.
FICHA ARTÍSTICA
Manon Lescaut: Sabina Puértolas – El Caballero Des Grieux: Celso Albelo –
El Conde Des Grieux: Roberto Scandiuzzi – Lescaut: Manel Esteve – Guillot de Morfontaine: Moisés Marín – De Brétigny: Pablo López – Un Posadero, Portero, Crupier: Abraham García – Poussette: Ana Nebot – Javotte: María Heres – Rosette: Serena Pérez – Guardia jugador: Gaspar Braña – Una sirvienta: Elisabeth Expósito.
Dirección musical: Nuno Coelho – Dirección de escena: Emilio Sagi – Diseño de escenografía:
Daniel Bianco – Diseño de vestuario: Pablo Núñez – Diseño de iluminación: Eduardo Bravo.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias – Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo), dirección del coro: Pablo Moras.

A celebrar 25 años de excelencia

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Este primero de septiembre al mediodía en la sala de cámara se presentaban los Ciclos «Conciertos del Auditorio» y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», una temporada marcada por las bodas de plata del edificio diseñado por Rafael Beca sobre los antiguos depósitos de agua, y que marcaría a Oviedo como capitalidad musical o como la he bautizado en «La Viena Española».

Peinando canas aún recuerdo la inauguración aquel ya lejano 29 de abril de 1999 con nuestra OSPA dirigida entonces por el chileno Max Valdés, y dos días después vendría Riccardo Muti con la Filarmónica de La Scala, un verdadero lujo que abriría un ciclo por donde han pasado casi todas las grandes formaciones y figuras internacionales a lo largo de estos 25 años, algunos desde aquí reseñados desde 2008. Recordar también que seis años antes Oviedo fue  pionera en organizar las primeras jornadas dedicadas en exclusiva al piano en España en el Teatro Campoamor, que con el Auditorio pasarían a celebrarse aquí, sin olvidarnos del primer gestor que fue el siempre recordado (esta mañana también) Luis G. Iberni, a cuya memoria llevan el nombre del gran musicólogo y crítico aragonés afincado en nuestra tierra donde llegó en la primera promoción de los estudios de Musicología en la Universidad de Oviedo con Emilio Casares al frente.

Tenía que ser este Auditorio, y mejor aún en su Sala de Cámara de acústica excelente, la presentación de este ciclo doble del 25 aniversario, que además arrancaría, como no podía ser menos, con música (el Rondeau, tercer movimiento del Cuarteto para oboe y cuerdas en fa mayor de Mozart ) a cargo de Lucas Macías, director de la Oviedo Filarmonía (OFil), hoy al oboe junto a tres grandes músicos de sa orquesta que va unida tanto a los dos ciclos como a la ópera y zarzuela: Andrei Mijlin (concertino), Rubén Menéndez (viola principal) y Gabriel Ureña (chelo principal) que inauguraba informalmente la temporada, esperando ya el 31 de octubre del primer Concierto del Auditorio.

En el acto tomaron la palabra David Álvarez, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y Presidente de la Fundación Municipal de Cultura, un reconocido melómano al frente del auténtico motor cultural de la capital del Principado y buen fichaje de su alcalde Alfredo Canteli. En sus palabras también recordó y enseñó el abono de aquella primera temporada más el sueño de llegar a presentar 25 años después este ciclo que ha colocado a Oviedo en el mapa mundial de la música por su oferta y calidad  envidiable para una ciudad de su tamaño. También hablaron el responsable de la Fundación EDP en Asturias Juan García-Ovies Sarandeses, tan necesario el apoyo privado a la música en Asturias, el jefe de Oviedo del periódico La Nueva España Álvaro Faes, otro pilar importante en la difusión y publicidad desde su medio de comunicación que presta todos sus recursos a la actividad musical, María Ablanedo como vicepresidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, resaltando el protagonismo femenino tanto en la plantilla de la OFil como en tantos excelentes intérpretes de nuestra tierra, espejo en el que se miran los estudiantes de los distintos centros educativos del Principado, también autores de quienes se estrenarán obras así como de compositoras que tienen su sitio ganado por su calidad, y por supuesto el director artístico de los ciclos, el incombustible Cosme Marina, un gestor digno heredero de Iberni que sigue organizando y trayendo a este Auditorio lo mejor del circuito europeo y mundial, con Oviedo parada obligada que algunas veces fue la única en esas giras que siguen reafirmando a «La Viena Española».

Imposible desgranar lo que nos deparará esta temporada 2023-24, aunque dejo el enlace o link al avance, el Dossier de Prensa que se nos entregó a la entrada y algunas de las fotos que realicé durante la presentación. Las notas del concejal tituladas «El poder de la música» y de Cosme «Un viaje fascinante» expresan a la perfección lo que suponen estas bodas de plata y las líneas maestras de este doble ciclo, donde destacan:

TEMPORADA EXTRAORDINARIA por los 25 años del Auditorio Príncipe Felipe con una temporada muy especial que traerá a Oviedo algunos de los grandes artistas y de las mejores formaciones orquestales de nuestro tiempo, y que no tendrá como en otras ocasiones ningún concierto extraordinario porque toda la temporada lo es.

UN CICLO SOSTENIBLE. Con la deseada y esperada llegada del AVE a Asturias, permitirá, a partir del próximo mes de enero, un diseño de las giras de conciertos con el fin de que la mayoría de las orquestas lleguen a Oviedo en medios de transporte menos contaminantes, sustituyendo el avión por el tren, en un compromiso del ciclo con la sostenibilidad, tal y cómo se está haciendo en los festivales y temporadas de referencia en Europa, y que el responsable de la Fundación EDP también destacó.

GRANDES SOLISTAS. Esta temporada pasarán por Oviedo nombres como Jakub Józef Orlinski, István Várdai, Christina Pluhar, Ermonela Jaho, Antonio Corianò, Christian Tetzlaff, Javier Camarena, Ellinor D’Melon, Dorottya Lang, Alison Oakes, Jakob Pilgram, María Dueñas, Jean-Ghihen Queyras, Dinara Alieva, Ekaterina Semenchuk o Rolando Villazón, entre otros muchos.

Algunos de ellos repiten (están con mis links) conocedores de lo que supone actuar en Oviedo por la historia tan musical de esta ciudad, y otros lo harán por primera vez, convencido que volverán porque así lo atestiguan los años de experiencia de los que mis canas puede dar fe.

DIRECTORES DE REFERENCIA. Maestros de primer nivel estarán en la ciudad: Kirill Petrenko, Sir John Eliot Gardiner, esperando retome su agenda tras el «parón autoimpuesto» por su incidente, Paavo Järvi, Alan Gilbert, Alondra de la Parra, Kahchum Wong, Ádám Fischer, Jaime Martín, Andrea Marcon, Lucas Macías y Aarón Zapico.

En las columnas del Auditorio figuran algunos nombres de grandes batutas que han dirigido en este templo musical asturiano, y seguro que aún queda sitio para poner alguna placa más.

LAS MEJORES ORQUESTAS. Una de las características del ciclo de conciertos de Oviedo es la presencia de formaciones orquestales y camerísticas de referencia: Philharmonia de Londres, NDR Elbphilharmonie Orchestra, Sinfónica de Düsseldorf, Orquesta Nacional de España, Gustav Mahler Jugendorchester, la Cetra Barockorchester, Il pomo d’oro, L’Arpeggiata, Oviedo Filarmonía –como orquesta residente-, Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, Forma Antiqva. También acudirán formaciones corales como El León de
Oro, el Joven Coro de Andalucía y el Vokalensemble Basel.

Como también apuntarían Ablanedo o Marina, Oviedo ha defendido a músicos de nuestra tierra porque la calidad en su paso por el escenario quedó refrendada siempre e incluso dando el salto internacional, caso de Forma Antiqva con Aarón Zapico, El León de Oro con Marco Antonio G. de Paz o la pianista  avilesina Noelia Rodiles, sin olvidarnos de la propia OFil con Lucas Macías que ha supuesto «una bendición» para el panorama musical asturiano, así como el principal invitado Iván López-Reynoso.

EL GRAN REPERTORIO. A lo largo de la temporada se ofrecerán obras que abarcan desde el barroco a nuestros días. Del repertorio tradicional se interpretarán tres de las grandes sinfonías de Dvorák, el Réquiem de Verdi, la Sinfonía Fantástica de Berlioz, la Sinfonía italiana de Mendelssohn, arias de autores como Verdi, Puccini, Bizet, Mascagni o Catalani, la Fantasía Coral de Beethoven, la Quinta Sinfonía de Shostakóvich, la Primera Sinfonía de Brahms, el segundo acto de la ópera Tristán e Isolda de Wagner, La Pasión según San Juan de J. S. Bach, el Concierto para violín de Beethoven, el Concierto para violonchelo de Schumann o la
Quinta Sinfonía de Schubert, entre otras muchas.

ESTRENOS Y MÚSICA ESPAÑOLA. Cómo es habitual, la música española y los estrenos absolutos tendrán fuerte presencia, desde el repertorio barroco hispanoamericano pasando por el estreno de Cloches, concierto para piano y orquesta de Manuel Martínez Burgos, la “Danza ritual del fuego” de El Amor Brujo de
Falla, un estreno que forma parte del “Mapa sonoro de Vetusta” de la canaria Laura Vega o el Preludio del tercer acto de Follet de Granados.

JORNADAS DE PIANO. Las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» se abrirán con el protagonismo de Noelia Rodiles y Oviedo Filarmonía. Además, en clave de piano orquestal también estará Igor Levit, a quien escuché en solitario este verano en Granada, y a Oviedo vendrá con la NDR Elbphilharmonie, más una incursión en el mundo del clave con Diego Ares y Forma Antiqva.

Los recitales tendrán un peso significativo con el más reciente ganador del Premio Chopin y su debut en España, Bruce Liu, y con muy pocos días de diferencia compartiendo con el decano de los pianistas españoles en activo, Joaquín Achúcarro, muy querido en Oviedo y su Sociedad Filarmónica donde es el artista que más veces ha actuado desde aquel primer viaje de casi ocho horas en el FEVE, entonces «Económicos» de Bilbao a Oviedo, que sigue recordando tardaba tanto como sus viajes a Detroit (ironizaba Cosme que en esto no ha habido muchos cambios), además de la presentación en las Jornadas de
Yulianna Avdeeva y la presencia de una leyenda viva del teclado como es la portuguesa Maria João Pires acompañada por el catalán Ignasi Cambra.

ABONOS Y ENTRADAS. A partir de mañana 2 de septiembre se iniciará la renovación del abono conjunto, y la venta para nuevos abonados a partir del 22 de septiembre. Se mantienen, además, a partir del 2 de octubre, el abono separado de Jornadas de Piano y Conciertos del Auditorio. Además, se vuelve a incluir el abono Firmamento Lírico y, por primera vez, se ofrecerá un ABONO
JOVEN
, para menores de 30 años. De este modo habrá abonos
desde 86 euros y localidades sueltas desde 10 euros.

Oviedo será destino de muchos melómanos venidos de todas partes, por lo que no está mal recordar que la música es una inversión y el mejor reclamo turístico, generador de riqueza. En breve volveré a pasar por taquilla para renovar mi abono para otra temporada en #LaVienaEspañola como pongo de etiqueta o hastag en el antiguo Twitter© (mal llamado ahora X), y también el acuñado por David Álvarez #CapitalidadMusical que intentamos entre todos difundir para mantener la capital asturiana en el mapa musical mundial. Que la Gustav Mahler Jugendorchester (Joven Orquesta Mahler) cierre ciclo con Kirill Petrenko (titular de la Filarmónica de Berlín) iniciando una gira donde solamente Oviedo, San Sebastián y Granada serán sus paradas, tal y como ya se ha anunciado en la capital alemana, da una idea de lo que supone el trabajo de estos 25 años que son continuadores de los más de 100 de nuestra Sociedad Filarmónica Ovetense o los 76 de la Ópera, semillas tan bien plantadas como el carbayón (roble en asturiano) símbolo de la capital del Principado.

 

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