Inicio

Bohemia capital BIlbao (6)

1 comentario

Sábado 4 de marzo, 19:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 19, Auditorio. Hermine Haselböck (mezzo), Janáček Philharmonic Ostrava, Heiko Mathias Förster (director). Obras de Janáček y Mahler. Entrada: 12 €.

Las notas al programa de este extraordinario concierto  hacen referencia a los dos compositores que lo ocuparon de manera brillante. De Janáček comenta de su última ópera «Desde la casa de los muertos» que está inspirada en la novela homónima de Dostoyevski y que comienza con la llegada de Gorianchov al campo de prisioneros y termina cuando éste sale de prisión, añadiendo que la completó en mayo de 1928 muriendo al poco, siendo su estreno en Brno en 1930.

La Obertura y Suite “From the house of the Dead” (arr. Frantisek Jílek) resultó impecable por esta formación que en mi juventud diríamos «orquesta del este» y además llevando el nombre del compositor, totalmente novedosa para quien escribe. La limpieza de sonido, sumada a la acústica perfecta del Euskalduna, es digna de admiración, con una plantilla grande pero perfectamente balanceada en sus dinámicas y planos y un director que la conoce sacando de la obra momentos admirables, especialmente de una cuerda signo de identidad «bohemio» que tantas grabaciones han dejado a precios bajos pero de calidad altísima. 

Pero mi verdadero descubrimiento fue con Mahler y sus Lieder eines fahrenden Gesellen (Canciones de un caminante o Canciones de un compañero de viaje) interpretados por una de las mejores mezzos hasta el momento de este Musika-Música tan bohemio, llegando casi a preferirla sobre las versiones con voz masculina pese a que las hay estratosféricas. La austriaca Hermine Haselböck puso más que su voz a unas canciones carnosas, bien emitidas y aún más sentidas donde la orquesta sonó como si fuese de cámara, tal fue el mimo con el que Heiko Mathias Förster la llevó con cuatro números emocionantes sobre los textos de Des Knaben Wunderhorn, esas cuatro etapas del camino que es la vida a través de un héroe que resultó heroína:
1. Wenn mein Schatz Hochzeit macht (El día que mi amor se case). Schneller – Sanft bewegt. El dramatismo de la voz y la orquesta como si de la versión con piano se tratase, «la Haselböck» contagiando la madura adolescencia.
2. Ging heut’ morgen übers Feld (Esta mañana caminé por el campo). In gemächlicher Bewegung. Alegría y brillantez sentidas en cada párrafo y en cada frase, transmitida vocal e instrumentalmente, maderas pastoriles, percusión colorista y nuevamente la cuerda única, limpia, transparente pero sobre todo luminosa.
3. Ich hab’ ein glühend Messer (Tengo un cuchillo al rojo vivo). Stürmisch, wild. Si existe la sinestesia, la mezzo austriaca puso sangre en su voz redonda de color uniforme en todo el registro, expresividad, buen gusto y dramatismo en el amplio sentido de la palabra, bien subrayada por una orquesta que seguía demostrando cómo aunar calidad y calidez aunque suene reiterativo, metales redondos, presentes pero sin tapar nunca a la cantante de emisión perfecta y gusto exquisito.
4. Die zwei blauen Augen (Los ojos azules de mi amor). Mit geheimnisvoll schwermüthigem Ausdruck. Dolor siempre en el transfondo mahleriano transmitido por «la Haselböck» más íntima y la madera construyendo la cuna en la que mecer una voz que vehicula como ninguna los textos que Mahler disfrutó durante su azarosa vida con el maestro alemán Förster verdadero artesano sonoro capaz de hacer escuchar cada sección y pasaje con la misma nitidez que la voz de la mezzo austriaca.
La tarde mahleriana redondeándose y esperando el plato fuerte nada más salir de esta caminata que nunca me deja exhausto.

Un piano en la niebla

2 comentarios

Jueves 9 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» (25 años): Juan Pérez Floristán (piano), Oviedo Filarmonía, Kerem Hasan (director). Obras de Rachmaninov y Beethoven.

Llegaba a Oviedo el pianista Juan Pérez Floristán, ganador del XVIII concurso de piano de Santander el verano de 2015, para interpretar con la Oviedo Filarmonía y el director Kerem Hasan, finalista el pasado año en el prestigioso concurso de dirección Donatella Flick, dos jóvenes que dejaron buen sabor de boca, con un Concierto para piano y orquesta nº 2 en do menor, op. 18 (S. Rachmaninov) bien pactado por ambos en cuanto a tiempos, reposados exigiendo aún más concertación, apostando por la claridad más que el puro virtuosismo. La OFil estuvo reforzada y bien equilibrada en dinámicas y presencias, aunque esta vez la cuerda, especialmente la grave (cellos y contrabajos) no sonaban con claridad, como con cierta nebulosa en los pasajes con figuras rápidas, si bien las notas largas alcanzaron el «colchón» ideal para los paisajes más melódicos dialogando con el piano. El trabajo del director inglés se notó y las cadencias del pianista sevillano fueron lo mejor del conocido «segundo de Rachmaninov» que rara es la temporada que no lo escucho en vivo. Como comentaba anteriormente, todo el concierto mantuvo tiempos tranquilos, mandando el pianista desde el I. Moderato que marca el pulso a la orquesta, reposado todo él salvo los momentos puntuales de aceleración, equilibrios algo inestables o contención en el solista, puede que buscando la fusión de ambos en las partes concertadas. El II. Adagio sostenuto dejó los mejores momentos, cuerda aterciopelada, trompas empastadas y madera bien cantada (la clarinetista mantuvo un duelo lírico realmente precioso así como el oboe) para disfrutar de esas melodías tan reconocibles y criticadas entonces como de conservadoras. El III. Allegro scherzando volvió a dejarnos esa neblina en los graves pese a sonar redondos, con metales equilibrados y percusión en su sitio donde los timbales siempre marcan encajando a la perfección con un piano que mantuvo el tipo en perfecto entendimiento con el director.

Interesante la primera propina elegida sobre un tema irlandés, The Tides of Manaunaun (Henry Cowell) que posteriormente utilizaría como primer movimiento para piano y orquesta de sus Four Irish Tales, con un lenguaje rompedor para hace cien años, «clusters», inmensos en los graves sobre los que emerge de la niebla, hoy casi omnipresente, la melodía popular, sonoridades intrigantes bien llevadas por Pérez Floristán. Merecidos aplausos y segundo regalo de los conocidos Cuadros de una exposición de Moussorgsky, el juguetón Baile de los pollitos en sus cáscaras de limpieza rítmica y melódica, tiempo valiente, tímbrica bella y excelente colofón para esta parte con piano.

La Sinfonía nº 4 en si bemol mayor, op. 60 de Beethoven está «incómoda» y aislada entre dos colosos (como son la Heróica y la Quinta) como también recuerda Luis Gago en las notas al programa (enlazadas en los autores al inicio) pero con la frescura que Hasan buscó en su versión bien estudiada y trabajada para una formación ideal en estos repertorios sinfónicos entre los periodos clásicos y románticos. Literalmente fue Robert Schumann quien calificó esta obra como «la grácil criatura griega en medio de dos gigantes germánicos», una cuarta que se ha visto injustamente relegada y no ha tenido tanto favor de orquestas y público pese a ser una joya bien estructurada apuntando palabras mayores en una progresión anímica desde la orquestación hasta los tiempos de sus cuatro movimientos.

El I. Adagio preparó el ambiente beethoveniano antes de la frescura vienesa al mejor estilo de «papá Haydn», sacando lo mejor de la OFil en el ataque del Allegro vivace con los timbales mandando, dinámicas amplias, violines muy presentes ante el empuje del viento pero la claridad duraba lo que tardaban los pasajes en semicorcheas que volvían a empañar la limpieza de este movimiento. Más equilibrado resultó el II. Adagio porque los tiempos lentos son más propicios a brillar todas las secciones y el maestro inglés se encargó de sacar a la luz los motivos con mimo y precisión, balances logrados antes del III. Allegro vivace – Trío. Un poco meno allegro, encaje de bolillos para todas las orquestas y directores, diálogo entre secciones, contestaciones jugando con los matices y la evolución de tiempos dentro del mismo movimiento, todo marcado perfectamente por un Hasan de gesto claro, minucioso, un orfebre para este juguete plenamente beethoveniano aunque desde mi modesta opinión no sonó con la precisión que se transmitiía visualmente. El IV. Allegro ma non troppo puso el broche final con las mayores exigencias de una partitura endiablada que apostó por un aire arriesgado poniendo de manifiesto las «carencias» apuntadas en la orquesta y el rigor por parte del joven director inglés al que habrá que seguir de cerca. Final de una velada con un piano entre la niebla, la que parece planear en el futuro local ovetense ante los aguafiestas de políticos que siguen miopes en cuanto a la oferta musical que la capital lleva años manteniendo con calidad y rigor a la que siguen axfisiando poco a poco…

Díaz-Jerez, enólogo de Albéniz

3 comentarios

Miércoles 8 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Sociedad Filarmónica de Gijón, año 109, concierto nº 1.586. Gustavo Díaz-Jerez (piano): Iberia (Albéniz).
Es difícil personalizar y aportar novedades a la Biblia del piano que es la Suite «Iberia» de Albéniz, el verdadero testamento del compositor catalán y obra que no todos se atreven hasta entrada la plena madurez e incluso a la que muchos vuelven con la visión que da el tiempo, como con los vinos.

Todos tenemos «nuestras iberias» de referencia en vinilo o redigitalizadas cual añadas especiales y grandes reservas, entre las que atesoro Alicia de Larrocha, Guillermo González, Rafael Orozco, Esteban Sánchez o más recientemente  Luis Fernando Pérez o Rosa Torres Pardo, incluso algunos directos pero más con piezas sueltas que al completo (tengo que revisar mi archivo para recordar cuándo fue la última vez).
El compositor y pianista tinerfeño Gustavo Díaz-Jerez (1970) será otro enólogo musical que pasará a engrosar mi lista de grandes intérpretes de Iberia, con un DVD novedoso en los medios utilizados (el primero rodado en alta definición) y tras registrarla hace ocho o nueve años en CD, esta vez pasándola por su tierra para darle un cuerpo distinto a unos viñedos canarios que rezuman musicalidad. El propio intérprete hablaba de este DVD comentando que «cuenta como grandes alicientes con las imágenes «de máxima calidad» y con planos poco habituales como los cenitales en que se aprecia en toda su magnitud las enormes dificultades técnicas que entraña para cualquier pianista salir vivo de los saltos, cruces de manos y sucesiones de acordes ‘imposibles’ que ideó Albéniz». Las doce impresiones en cuatro libros suponen la universalización del pianismo español y su escucha casi obligatoria para todo melómano además del examen permanente de todos los que se enfrentan a tan magna obra, y disfrutar del DVD todo un placer.

Pero el directo siempre es diferente y lo degustado en Gijón, abriendo las taquillas al público (la entrada a 20 €) en una excelente iniciativa de la Sociedad Filarmónica gijonesa, pasará a los anales porque pocos pianistas se atreven a afrontar Iberia completa en vivo, organizando los cuatro cuadernos casi como una carta de las Bodegas Albéniz expandiendo viñedos musicales por la piel de toro y que las distintas variedades de uva con el enólogo Díaz-Jerez pudiesen ofrecernos doce tipos de vinos jóvenes, frutados, reservas, excelencias e incluso el cava catalán con la receta francesa del gigante de Campodrón (Girona) para brindarnos una cata increíble.
El primer cuaderno con «Evocación», «El Puerto» y «El Corpus Christi en Sevilla» parecieron ofrecernos los vinos dulces de Jerez o la manzanilla de Sanlúcar bien presentados, vinos jóvenes y aromáticos ideales para abrir boca en cualquier estación del año, como calentando boca a medida que pasábamos de una provincia a otra.
Colocar el cuarto a continuación supuso mejorar el paladar, «Málaga», «Jerez» y «Eritaña» como si de un Pedro Ximénez seco pusiese el néctar hecho sol de la capital en el piano de Gustavo, brillo y profundidad, a continuación un Palo Cortado de alta graduación y generoso, color caoba brillante como los sonidos tamizados por Albéniz, antes de repos(t)ar en la famosa venta sevillana donde el vino se convierte en licor, verdadero y potente una vez abiertas las papilas auditivas, sacando toda la graduación sonora de un piano lleno de matices y la técnica al servicio de una partitura con muchos secretos por desvelar. Un placer el fraseo, el rubato en su sitio sin amaneramientos y la búsqueda del color en cada nota con un manejo de los pedales capaz de brillar en todas las tonalidades.

Tras el primer viaje por el sur y la parada necesaria, la segunda parte colocó los cuadernos centrales en el descubrimiento de nuevos olores, el enólogo del piano jugando con variedades propias, el toque personal de Gustavo Díaz-Jerez porque hasta el apellido tiene nombre vinícola. «Rondeña», «Almería» y «Triana» suenan al pronunciarlos y en el piano del tinerfeño con la hondura del flamenco tan unido al vino. Vinos de Ronda con denominación de origen Málaga, serranía abrupta y blana como la de Albéniz, pero llamados tranquilos y a partir de uvas francesas, el aroma de esta rondeña. Viajando hacia el levante por la costa llena de recovecos hasta Almería encontramos viñas en pleno desierto, y Gustavo Díaz-Jerez logra un vino espectacular como el choque climático, sabor propio con acento francés, el silencio como pidiendo otro trago que rompa en boca desde la profundidad musical. Y no se puede nadie olvidar de volver a Triana para disfrutar olores en el ambiente y en la copa, servida con azahar y naranjos, el ritmo y la magia sevillana en el mapa sonoro de Albéniz, creciendo en las manos del canario.
Plentamente metidos en ambiente, público, intérprete y obra remataríamos con el tercer cuaderno, «El Albaicín» granadino, cuestas llevaderas contemplando y respirando cante jondo, romero y taconeo percusivo además de la vista impresionante de Sierra Nevada, sinfonía de color y sabor, saber vivir esta página tan brillantemente escrita e interpretada por Díaz-Jerez (que como Albéniz sabe aunar lo francés con lo catalán) que el público rompió en aplausos antes de comenzar «El Polo», madurez compositiva de exigencia máxima para florecer entre tantas notas la hondura y amargura desde la distancia de un catalán que supo entender lo español sin tópicos, al igual que nuestro pianista volviendo a despertar pasiones entre los veteranos que siguen sintiendo estos conciertos como en el salón de casa. Y finalmente «Lavapiés«, habanera gaditana de ida y vuelta, el ritmo interior, las pausas, los contrastes sonoros de luces y sombras, colores de uva de la cepa a la mesa, limpieza con brillo en una verdadera lección de gusto interpretativo creciendo a lo largo de las doce imágenes sonoras, visuales, mentales con todos los sentidos.

De regalo y para brindar con las mismas Bodegas Albéniz nada mejor que un cava catalán también con aires de habanera como el Tango del que Gustavo Díaz-Jerez nos decía que tiene menos notas pero igual hondura, la aparente sencillez de la belleza.

Bohemia capital Bilbao (5)

1 comentario

Sábado 4 de marzo, 17:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 18, Auditorio. OSPA, Perry So (director). Mahler: Sinfonía nº5 en do sostenido menor. Entrada: 12 €.

Las notas al programa de Mercedes Albaina, que pondré en cursiva y fusia, describen perfectamente lo vivido y sentido en este quinto concierto para «la quinta de Mahler«, añadida a mis anotaciones que ponen textualmente:

Redescubrimiento de «mi» OSPA con un So claro, conciso, incluso valiente en los tiempos, sabedor de la respuesta. Si la cuerda es segura y la madera la respalda, todos los trompas con un Morató inspirado, fueron la guinda de esta quinta. Cada movimiento iba creciendo en emociones, seguridad y ganas de gustar que el público notó y comentó. Formación de Champions para un Mahler eterno.

Y es que Mahler compuso esta sinfonía en plenitud de «técnica y poderes» como la orquesta asturiana que hacía poco la había interpretado en Oviedo con su titular. Pero el chino So realiza un trabajo minucioso, detallado, que siempre encuentra la respuesta deseada a sus gestos perfectos, la «expresión (…) de un poder sin paralelo de la actividad de un hombre a la luz del sol, que ha alcanzado su clímax vital«. Madurez y experiencia la de este director nacido en Hong Kong pero con una trayectoria internacional creciente a la que nuestra orquesta tiene mucho que agradecer en sus múltiples visitas a la capital asturiana, porque una misma obra en tan poco espacio de tiempo iba a pasar de la noche al día. Sinfonía que habla «de vida y por tanto se presenta al oyente repleta de sensaciones significados y emoción«, tres partes bien diferenciadas en el desarrollo así como en la interpretación comandada por el maestro chino nacido en 1982. El arranque de la Trauermarsch (Marcha fúnebre) supuso el discurrir inexorable de unos músicos entregados, para en el Stürmisch bewegt alternar «potentes climax orquestales, vehementes y tempestuosos con pasajes de sugerente refinamiento«, así fue sonando esta primera parte.

La segunda comenzó con el Scherzo: Kräftig nicht zu schnell, diríamos que «vigoroso pero no demasiado rápido» y textual en la música donde el vals se hace internacional y Perry So entendió a la perfección, jugando con el tiempo y los acentos como si Viena fuese su ciudad, ese ritmo ternario tan peculiar y difícil de hacerlo entender, pero que la formación asturiana tradujo al detalle.

La última parte comienza con el evocador por cinematográfico Adagietto que la cuerda con el arpa hicieron sentir único, delicado, aterciopelo y seda vistiendo la angustia viscontiniana, existencialista y «ofrenda de amor«, pienso que hacia la partitura por parte de So desde la excelencia y seguridad del trabajo bien hecho, antes del Rondó-Finale, «alegría de apariencia simple, que da paso a un tapiz sonoro complejo y bellísimo«,  casi describiendo al director porque la maestría está en hacer parecer fácil un mundo tan complejo para transmitir mucho más que sonidos bien tocados. Jugando con toda la tímbrica de una formación adulta, compacta, donde el tiempo que llevan juntos permite hacer sonar cada sección como si de un solo instrumento se tratase, sirvió para marcarse una quinta indescriptible con mis palabras, degustando el contrapunto marcado al detalle por Perry So, y citando también a Bruno Walter «unas veces apasionada, otras, salvaje, heróica, exuberante, ardiente, solmene o tierna, recorriendo la gama posible de emociones«. Siempre digo que la música refleja sensaciones, momentos y este concierto me hizo feliz por muchas razones más allá de las musicales. Corroborar el estado de la OSPA y la química con So merecieron haber invitado a unos amigos de Bilbao a este concierto y seguir presumiendo de esta «Marca Asturias». Suscribo como termina sus notas la doctora Albaina: «La Música como reflejo de la Vida. Disfruten de ambas«.

Bohemia capital Bilbao (4)

2 comentarios

 

 

Sábado 4 de marzo, 13:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 28, Sala A-3. Nadège Rochat (violonchelo), Judith Jáuregui (piano). Obras de A. Dvořák. y L. Janáček. Entrada: 6 €.

Verdadero descubrimiento de obras e intérpretes, especialmente la chelista francosuiza Nadège Rochat que debutaba en España con la donostiarra Judith Jáuregui, una pianista a la que sigo hace años y habitual en estas ediciones de «Musika-Música» tan solvente de solista como acompañante o con orquesta, en un repertorio donde se comparte magia a partes iguales, investigando, grabando y trabajando duro para seguir asentándose entre la larga lista de intérpretes internacionales.

L. Janácek: Pohadka – Fairy Tale, verdadero cuento de hadas por fuerza y vigor, inspirada en el poema del ruso Zhukovsky «El cuento del zar Berdyev» está cargado de ese mundo de fantasía de nuestra infancia y las dos intérpretes hicieron sonora una historia compuesta tras la pérdida de la segunda hija del compositor unido al rechazo de sus óperas, otra vida de película para un músico incomprendido que desde el dolor es capaz de escribir partituras tan mágicas como este dúo para cello y piano.
A. Dvořák: Lasst mich allein opus 82, B.157 y Silent Woods opus 68 nº 5, obras «liederísticas» por sus melodías tan cantábiles de tiempo lento o medio retomando aires sosegados para hacer emerger temas vocales desde el chelo, la música de salón donde Rochat emociona dialogando con el piano de Jáuregui, dos páginas con historia propia contadas por ellas mismas incluso en las notas al programa para las cuatro obras elegidas: «… en pocos días hubo de componer el Rondó en sol menor, arreglar dos de sus Danzas Eslavas y terminar también el arreglo de «Silent Woods», original del ciclo para piano a cuatro manos «From the Bohemian Forest». Las cuatro obras dejan percibir cuán y cómo se sentía Dvořák escribiendo para el cello como instrumento solista, la tesitura es alta y las cualidades líricas del instrumento están explotadas al máximo. El arreglo del lied Lasst mich allein no pertenece al autor pero es de gran interés ya que su melodía inspiró el Adagio del Concierto en si menor, pieza clave del repertorio para cello». Si la elección del repertorio supone un hallazgo, la interpretación fue sorpresivamente emocionante.

Tras una breve pausa volvía Judith Jáuregui en solitario para otro descubrimiento de Janáček, En la niebla, rememorando el estilo evolucionado de Chopin a Debussy (también lo recogen las notas que dejo al final del párrafo), el virtuosismo más el impresionismo de salón conjugando técnica y pasión en un idioma que se afianzará a lo largo del siglo XX e incluso me recordaba por momentos al mejor Albéniz parisino. «En la niebla da muestra de la catarsis en la que se encontraba (…) y evidencia cómo de la melancolía y la falta de autoestima nace una de sus obras más importantes, un ciclo en cuatro movimientos escrito en tonalidades «nebulosas» en las que encontramos la influencia del impresionismo de Debussy». Si la pianista donostiarra nos ha dejado hace poco su «éXtasis» espero que Janáček sea la siguiente grabación en su propio sello discográfico (Berlimusic), apostando por la belleza del dolor.

Para cerrar la mañana otras dos obras de Dvořák, el Rondó en sol menor opus 94, eslavo y moldavo, virtuoso con un entendimiento digno de alabar en ambas intérpretes que cantaron esta página con tanto sabor, pero sobre todo las dos Danzas eslavas opus 46, B. 172, «Polka» y «Furiant» tocadas independientemente con verdadero sabor y perfección, especialmente la última conocida en la versión orquestal, donde piano y cello sonaron sinfónicamente camerísticos.
Un dúo donde el violonchelo de Nadège Rochat resultó cálido y presente, humano y cercano, además de bello (del que ya escribí en el prefacio de estas notas), y el piano de Judith Jáuregui todo un lujo solo y compartiendo pentagramas.

Bohemia capital Bilbao (3)

3 comentarios

Sábado 4 de marzo, 11:45 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 27, Sala A-3.  Isabel Villanueva (viola), Vlach Quartet Prague. Obras de Dvořák. Entrada: 6 €.


La música de cámara es una escuela para los compositores y para el público entre el que me encuentro, las raíces y base antes de dar el salto a lo sinfónico, la cercanía de los solos, dúos, tríos o quintetos como este para la ocasión con la violista pamplonesa Isabel Villanueva (1988) sumándose al Cuarteto Vlach de Praga (Jana Vlachová, violín – Karel Stadtherr, violín –  Jiří Kabát, viola – Mikael Ericsson, cello) en un programa plenamente Bohemio, el Dvořák que asombraría en el nuevo mundo pero cuyo trabajo camerístico sigue siendo un referente, músicos integrales como estos checos que también han trabajado a nuestro gran Arriaga, más la laureada violista que está llevando el instrumento, un Enrico Catenar de 1670 al que «hace hablar al mismo nivel que su hermano mayor», a rescatar repertorios como el de esta mañana sabatina en una de las salas de cámara del Euskalduna.

A. Dvořák: Terzetto en do mayor opus 74, B. 148.
Trío y triángulo, la mínima perfección con dos violines y una viola, la que tocaba el propio Antonin que se unió a los dos vecinos de su finca para componer esta joya, con un I. Introduzione. Allegro ma non troppo etéreo y explorando el registro, para las «danzas» populares rítmicas y contrastadas, casi «nupciales» (recordándome a Mendelssohn), perfección y entendimiento. El II. Larghetto plenamente camerístico con la economía de medios aprovechada al máximo antes del III. Scherzo rico, con la primer violín casi solista, movimiento y trío pleno además de brillante.

A. Dvořák: Quinteto de cuerdas en mi bemol mayor opus 97, B. 180.
Con sello propio, vibrante, compacto cual quintaesencia del nuevo mundo en el I. Allegro non tanto que arranca la viola antes de sumarse el cuarteto, igual que el II. Allegro vivo, escritura y ejecución impecables, solos de viola y violín arropados con redondez y ritmo. III. Larghetto cual ensayo grave y reconfortante creciendo en todo y todos, llegando en forma para el IV. Finale. Allegro giusto y gusto tras el progreso del anterior movimiento, resultando plenamente actual más de cien años después de su estreno, internacional desde su estancia neoyorquina para un quinteto quasi sinfónico, ensamblado desde la calidad y la calidez, técnica y musicalmente, «melodioso y sencillo» como la propia Isabel Villanueva recoge en las notas al programa, sumándose a los de Praga para hablar juntos el único lenguaje universal que existe además del único capaz de llegar al alma.

Salir de la sala para volver al siguiente… ¡en el capítulo 4!

Bohemia capital Bilbao (2)

1 comentario

Viernes 3 de marzo, 20:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 3, Auditorio. Stefan Vinke (tenor), Charlotte Hellekant (mezzo), Orquesta Sinfónica de Galicia, Dima Slobodeniouk (director). G. Mahler: La Canción de la Tierra (Das Lied von der Erde).
Entrada: 12 €.




Arranque con ímpetu para esta sinfonía con voces compuesta al final de la azarosa vida de Mahler, tras dos años sin escribir ninguna sinfonía (aún se pensaba en la maldición de una décima tras Beethoven) y cuatro sin componer lied, lo que supondría cerrar un ciclo volviendo a innovar el concepto de la forma sinfonía fusionando sus dos pasiones de la forma «más personal que he creado hasta la fecha» como el propio Gustav reconocía y Pablo Sánchez Quintero recoge en las notas al programa. Por desgracia no la escucharía en vida y su tiempo aún no había llegado. Sería Bruno Walter quien la estrenaría el 20 de noviembre de 1911 en Münich mientras España tendría que esperar hasta el 24 de enero de 1924 con Fernández Arbós.
Pero Bilbao hace posible escuchar en cuatro días parte de sus obras demostrando que Mahler sigue vivo como «Musika-Música«, arrancando con ese «Canto báquico del dolor de la tierra» (Das Trinklied vom Jammer der Erde. Allegro pesante. Ganze Takte, nicht schnell) como buscando embriagarnos o dejarnos poseer cual fiesta dionisíaca con melopea orquestal.

Tierra viva de la sueca Charlotte y el cielo del alemán Stefan abriendo tenso, colores como «El solitario en otoño» (Der Einsame im Herbst. Etwas schleichend. Ermüdet) y «De la juventud» (Von der Jugend. Behaglich heiter) más en la línea esperado y con el contrapeso de la mezzo, aunque ambas voces tardaron en enraizar tapadas por la OSG a la que Dima su titular espoleaba, intentaba domar el ímpetu orquestal cual tormenta juvenil que fue tomando forma «De la belleza» (Von der Schönheit. Comodo. Dolcissimo) hasta los dos últimos números, más cercano el cielo y germinando el fruto de la tierra yerma a toque de gong regada por violines, maderas con la flauta hermana en esas melodías tan duras que por fin llegan a descubrir la flor más bella, primero «El borracho en primavera» (Der Trunkene im Frühling. Allegro. Keck, aber nicht zu schnell) con esos textos de Li-Tai-Po, y la despedida real de «El adiós» (Der Abschied. Schwer).

Obra densa para todos los intérpretes, voces tensas por momentos en los agudos y opacos en graves como un admitido «mal» generalizado pero que la belleza disipa en su totalidad, mejor la mezzo que el tenor, una orquesta con algunos desajustes fruto del brío y su director realizando el trabajo tan difícil como su apellido, Sloboeniouk, para alcanzar el triunfo de la tierra, siempre en femenino.

Bohemia capital Bilbao (1)

Deja un comentario

Viernes 3 de marzo, 18:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 2, Auditorio. Miah Persson (soprano), Orquesta Sinfónica de Euskadi, Thierry Fischer (director). Gustav Mahler: Sinfonía nº 4 en sol mayor. Entrada: 12 €.

Mi escapada a Bilbao coincidía con «La Cuarta» ovetense dentro del ciclo del Auditorio, pero esta que abría mi personal maratón musical era más esperada y cercana a la original.

Versión tejiendo el terciopelo hasta la entrada de la soprano, equilibrio y contención de dinámicas así como del aire, reposado por parte del maestro invitado Fischer con una sinfónica densa sin excesos, plantilla ideal con una concertino excelente más una cuerda redonda y cálida, especialmente en el calmado III. Ruhevoll recordando el Adagietto de «la quinta» con el arpa presentemente delicada para pintar una verdadera tabla dorada como apuntaban las notas al programa de Mercedes Albaina retomando palabras de lo escrito por Alma «interpretar su Cuarta Sinfonía como un cuadro antiguo sobre fondo de oro», o las más prosaicas de Janik y Toulmin, «un barniz de valses y de nata batida sobre el sobrehaz de una sociedad cabalgada por la desesperana», tapiz sonoro sobre el que brillaría ese inconmensurable IV. Sehr behaglich con los textos de «El cuerno mágico de la juventud» (Des Knaben Wunderhorn) realmente emocionantes, alegres juegos de madera preparando la intervención de la soprano, Fischer jugando con el rubato justo, las sonoridades en los pizzicatti fueron suficientes para convencer, esperando la aparición de la soprano sueca Miah Persson, color ideal para este Mahler, perfecta de emisión y dicción acompañada de gusto bien arropada por la formación vasca, con metales seguros, madera aseada y colorida, percusión discreta pero correcta y una cuerda bien acoplada, todos bien llevados por un Fischer que buscó la brillantez desde la deseada contención sonora para mimar la voz y poder disfrutarla en toda su belleza. Poder escuchar a la sueca en vivo pero recordó la primera vez en agosto de 2011 de la que dejé constancia en el blog, y por supuesto que «La Persson» no me decepcionó lo más mínimo, reencontrándome con Mahler.

Una excelente cuarta para abrir boca con Mahler esta larga Bohemia del fin de semana. Y en breve el segundo del viernes…

Marzo comienza en Bilbao

4 comentarios

La fiesta de la música que supone el macroevento o Festival «Musika-Música» organizado por la Fundación Bilbao 700 en el Palacio Euskalduna durante cuatro días es cita obligada para todo melómano que se precie y siempre que puedo acudo, pasando previamente por esa taquilla virtual donde además de realizar las gestiones y poner nosotros tiempo y papel, se nos cobran 0,90 € por ello, independientemente del precio (ya grabado con el abusivo 21% de IVA), por lo que mis 10 entradas por duplicado (hay que viajar siempre en compañía) les han supuesto 18€ de ganancia extra. Mejor no enfadarme pero por lo menos lo reflejo aquí. Los precios iban este año de los 12€ (auditorio) a los 4€, aunque normalmente abundan los de 6€ en las salas pequeñas, pero siempre hay actividades gratuitas una vez dentro del Euskalduna. La cafetería tiene «precios vascos» si bien alrededor hay oferta para todos los gustos y bolsillos. Como suele ser habitual, abundante presencia de turistas franceses por cercanía y disponibilidad, pero también de distintos puntos de nuestra geografía además de la excelente tradición musical vasca en general y bilbaina en particular, moviendo cada espectáculo verdaderas riadas de aficionados y familias de los estudiantes que dieron la talla como verdaderos profesionales.

Este año la «maratón musical» estuvo dedicado a la Bohemia, con todo lo que me supondrá escribir correctamente los nombres, aunque seguro que elegiré la opción «occidentalizada», agrupando a cuatro compositores clave de esa zona: Gustav Mahler, Antonín Dvořák, Leoš Jánaček y Bedřich Smetana, participando  850 músicos en 75 conciertos y actividades como conferencias, encuentros con músicos o firmas de discos (este año «los del triángulo verde» pusieron su stand, supongo que con remordimiento al comprobar que en sus establecimientos la llamada música clásica sigue menguando en oferta), sin olvidar todo el personal del Euskalduna además de afinadores donde volví a encontrarme con mi querido Jesús Ángel Arévalo, habitual desde las primeras ediciones, al que veo más en Bilbao que en Oviedo.
Y si los números son de impacto, saber que hubo más de 30.000 espectadores, colocados carteles de completo en muchos conciertos (solo estaban numerados los del Auditorio) además de la oportunidad que tienen las formaciones de distintos conservatorios de actuar y asistir en vivo a muchos de los espectáculos ofertados, es toda una alegría y un oasis a tres horas de mi casa.
Para Bilbao supone seguir siendo capital cultural con todo el impacto económico que supone (hoteles llenos, bares, cafeterías, museos…) y el gasto revirtiendo en ingresos, pese a que los políticos solo vean números fríos y se plieguen a ¿órdenes europeas? de recortar, normalmente en cultura… No podemos esperar de nuestros dirigentes algo más de cultura pero podrían pasarse por estos eventos y comprobar en primera persona o a pie de escenario todo lo que se mueve, la vida fuera de los despachos, y especialmente sembrar para la gente joven pues el futuro para ellos no es precisamente halagüeño como sigan gobernando así… Pero mejor no sigo que me enfado y la fiesta continúa.

A la vista de semejante despliegue cuesta organizar nuestro «menú a la carta», que en mi caso siguió unos criterios: Mahler porque además de gustarme especialmente, escuchar en tan breve lapso de tiempo cuatro sinfonías (1ª, 2ª, 4ª -se ofertaba también en Oviedo- y 5ª) además de los Kindertotenlieder, la «Canción de la Tierra» o las «Canciones del Caminante» son de por sí un hito, teniendo que «rechazar» varios Dvorak de referencia pero también cercanos en la amplia oferta asturiana (toco madera porque los recortes se anuncian como ¡ahorro!). Mi apuesta suele ser sinfónica, no solo apoyando a la OSPA (que ofreció tres conciertos) sino viendo el estado de otras formaciones nacionales pero también de esa Bohemia en la llamada Europa del Este, pero busco siempre un hueco para la música de cámara porque resulta la mejor escuela de compositores y público antes de las obras sinfónicas, encontrando algunas joyas que iremos comentando desde aquí. Dejo mi particular planning para que se hagan una idea, sumando la novedad de solaparse conciertos cuando en otras ediciones no coincidían y uno podía desechar menos (el bolsillo también mandaba).

La rapidez de twitter me permitió ir comentando sobre la marcha mis conciertos y algunas fotos, con la etiqueta (hastag dicen los «nativos digitales») #MusikaMúsica2017, incluso interactuando con algunos de los intérpretes y hasta avanzando noticias de última hora. Todos los detalles los iré colocando en este blog con el título «Bohemia capital Bilbao» que dan más juego, si bien tuve el humor de cargar con una libreta e ir anotando detalles para las distintas entradas, que la memoria no es la de mis años mozos y hay mucho para contar.
Así que sin prisa pero sin pausa, subiremos detallados mis eventos de esta edición que básicamente puedo resumir en:
–Mahler, siempre un seguro aunque el listón esté inalcanzable, pero cuyas obras superan interpretaciones «simplemente» notables; Dvořák más allá de sus sinfonías, la conjunción del oficio y la tradición en todos los campos; y un poco de Jánaček que siempre es mucho, esperando deje de ser una «rareza» en las programaciones, tanto sinfónicas como camerísticas, verdaderas joyas para disfrutar.

-Festival vocal pero sobre todo de mezzos, lógico con tanto Mahler (también me gustan con barítono, sobre todo en recital) y además con la cancelación para la «Resurrección» de Mª José Montiel (había levantado expectativas entre el público tras la inauguración del festival el jueves) me permitió disfrutar por partida doble a la donostiarra Ainhoa Zubillaga (en principio solo «la tenía» para el Stabat Mater dominical con lo que supone afrontar La Segunda de Mahler en estas circunstancias), calidad en todas las voces, algunas jóvenes, otras todavía formándose, varias con la agenda no tan completa como quisieran en esta España nuestra cada vez más empobrecida musicalmente (aunque sigamos exportando talento), pero especialmente el «descubrimiento» de la austriaca Hermine Haselböck en los Lieder eines fahrenden Gesellen con una orquesta (la Jánaček Philharmonic Orchestra Ostrava) y director (Heiko Mathias Förster) ideales para ese concierto.

-La constatación del nivel de unos solistas de talla internacional como la violista pamplonica Isabel Villanueva y la pianista donostiarra Judith Jáuregui que además nos trajo la presentación en España de la cellista francosuiza Nadège Rochat con un «Ex-Vatican Stradivarius» de 1703 prestado por la Academia de las Artes de Florencia bello en presencia y sonido capaz de emocionarnos en las manos de esta joven intérprete que le hace realmente cantar.
-De los asturianos citar al barítono David Menéndez en el buen cuarteto solista del Stabat Mater de Dvořák, además con «nuestra» OSPA, más los «primos hermanos» de la Sociedad Coral de Bilbao y un Perry So al frente que marcó diferencias. Los tres conciertos fueron exigentes, duros y muy trabajados por el chino que transmite no solo alegría sino profesionalidad, seguridad y por tanto calidad a la Orquesta del Principado que brilló con luz propia.

Quedan muchas entregas con fotos, detalles, mis comentarios de la agenda (no es La libreta colorá pero hace las veces) más una semana con piano, orquestas, distintas épocas para seguir este mes de marzo bastante completo antes de la Semana Santa. Y como en los viejos seriales radiofónicos, continuará…

La emoción como plena inclusión

1 comentario

Viernes 24 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Mosaico de Sonidos«. OSPA, Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Obras de E. Aragón, J. Falcone, B. Lauret y M. Mussorgski. Entrada libre previa invitación (agotadas desde semanas antes).

Escribir del proyecto «Mosaico de sonidos» ya lo han hecho mejor que yo, por lo que transcribo y completo lo ya escrito por otros:

La obra que interpretaron la OSPA y la OFIL, dirigidas por Óliver Díaz, y que abrió el concierto, fue La flor más grande del mundo (2007), una partitura compuesta por Emilio Aragón sobre texto de José Saramago, sobre la que los participantes estuvieron meses trabajando con los propios músicos de la orquesta y con sus preparadores y monitores. Patrocinada por la AEOS (Asociación Española de Orquestas Españolas) que preside la gerente de la OSPA, Ana Mateo, y la Fundación BBVA.
La intención de los responsables del proyecto es que no sea un concierto extraordinario, sino que se incluya dentro de la temporada de abono de las orquestas, para que cobre fuerza la iniciativa de integración de personas con discapacidad en la sociedad actual. «No hemos querido que se trate de un concierto extraordinario. La integración social y la visibilidad de estas personas y sus capacidades se logran mejor en un concierto ordinario», apuntó Mikel Cañada, coordinador del proyecto y que lo presenta en el número de febrero de la revista Scherzo.

Meses de duro trabajo que arrancaron en 2015 a lo largo de toda la geografía española con los profesores de las orquestas, con discapacitados plenamente capaces de integrarse e interrelacionarse con la música no ya como terapia sino como verdadero cauce de sentimientos que transmitieron a un auditorio lleno hasta la bandera don familias, amigos, docentes, músicos, melómanos y no iniciados en el mundo sinfónico disfrutando todos juntos de un concierto especial, inclusivo e irrepetible como todos los espectáculos en directo que alcanzan el premio de la esperada cima tras el esfuerzo de tantas y tantas jornadas, esperando repetir y volver a explorar unas sendas ya conocidas.

«Plena inclusión» como proyecto en el que se ha implicado la AEOS para devolvernos a la sociedad lo que tanto les damos en palabras de Ana Mateo, y realmente con creces a la vista del éxito y sobre todo la emoción. Unir en el escenario a las dos orquestas de nuestro Principado, la autonómica y la capitalina, bajo la dirección de Óliver Díaz es ya un acontecimiento (creo que para finales de junio repetirán con la Resurrección de Mahler, esperando ver algún día una de Los Mil asturianos). Implicarse en este mosaico de emociones es un premio no ya solidario o educativo sino un hito que debe repetirse como el cuento para niños de todas las edades de Saramago hecho realidad. El concierto comenzó con la proyección de un corto de Ángeles Muñiz donde se mostraba parte del trabajo previo.

El relato por parte de los actores, músicos y voluntarios fue desgranando una historia con un final de apoteosis emotiva, «La flor más grande del mundo» donde en vez de deshojarla crecía, protegía y abría deseos de los participantes, totalmente suscritos por todos los presentes, presentándose y pidiendo sonrisas, lágrimas, vida a fin de cuentas, con la música de Emilio Aragón (artista integral) nacida para el corto del mismo título pero donde las imágenes fueron otras aunque igualmente emotivas, y la banda sonora esta vez asturiana de alma y corazón. Ambientes sonoros creados por la gran orquesta para la ocasión y los chicos, coreografías, cotidiáfonos, pinceladas de música de nuestra tierra como ese A coger el trébole (2017) de John Falcone (uno de los asturianos implicados en el proyecto junto a otros que figuran en el programa que he dejado escaneado), fragmentos de las Escenas asturianas (1976) del siempre recordado Benito Lauret, pasando por un gaitero para abrir espectáculo y cerrar como en las grandes ocasiones con nuestro himno que fuimos incapaces de cantar juntos ante el cúmulo de sentimientos que te cortan la respiración, poniendo la carne de gallina por el esfuerzo y valentía de enfrentarse a este concierto, pero sobre todo cuando el maestro Óliver Díaz cedió batuta y frac a Iván Vázquez para finalizar esta «flor» desde el podio mientras Díaz se unía al relato verbal (dicción tan buena como la dirección) como uno más, todos juntos para la verdadera y PLENA INCLUSIÓN unida a la emoción. Si la música es imprescindible en esta vida, este cuento con final feliz no tiene palabras porque son irrepetibles como los sentimientos.

La parte sinfónica tras tantas emociones, la ocuparon los Cuadros de una exposición (1874) de Mussorgski interpretados por miembros de las dos orquestas cambiando algunas posiciones y concertino (Vasiliev en la primera y Miljnic en la segunda) para una plantilla ideal donde lo que más agradecimos fue la cuerda (calcular desde los ocho contrabajos el total) para alcanzar el equilibrio deseado en partituras como esta orquestada por Ravel desde el original pianístico del ruso, una maravilla ver y escuchar cada número con una gama dinámica espectacular y un entendimiento nuevamente de «plena inclusión» de unos músicos que sumaron calidades para responder perfectamente a la dirección de Óliver Díaz a quien ambas formaciones sinfónicas conocen bien, uniendo los atriles principales para regalarnos unas estampas igual de emocionantes que la primera parte.

Especialmente brillantes los ambientes sonoros alcanzados con variedad de dinámicas y tiempos, sonoridades íntimas y explosivas con intervenciones solistas de gran calidad. Me quedo con el clima de El viejo castillo, la claridad del «ballet de los polluelos» en una cuerda que parecía llevar junta muchos años, el crecimiento emotivo de las Catacumbas y la salida triunfal por La gran puerta de Kiev que puedo decir resultó como otro gran castillo de fuegos artificiales para una fiesta de inclusión en unos tiempos donde la exclusión quiere imponerse, volviendo a demostrar que la música como único lenguaje universal, consigue lo impensable desde lo más profundo del ser humano: la sensibilidad que debemos regarla como «la flor más grande del mundo».

Older Entries Newer Entries