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Heres más que una promesa

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Lunes 28 de febrero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: Concierto 4 del año 2022, 2.029 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. María Heres Peláez (mezzo), Mario Álvarez Blanco (piano). Obras de: Schubert, Mahler, Hugo Wolf, Milhaud, Granados, Donizetti, Saint-Säens, Penella y J. Serrano.

Siempre es interesante acudir a un recital de lírica en una voz tan auténtica como la de mezzo y aún más si es María Heres a quien sigo desde sus inicios en este difícil mundo del canto. La juventud y el trabajo tienen su premio, y debutar en esta histórica sociedad ovetense es uno de ellos. Con su pianista de cabecera, Mario A. Blanco nos trajeron un muestrario de lo que la mezzo pixueta está estudiando mientras amplía repertorio buscando siempre el más apropiado a su voz, que va ganando cuerpo en un torrente de volumen controlado con la técnica, tanteando tanto las llamadas «canciones de concierto» (lied, chanson y canción española) en los tres idiomas, como arias de ópera y romanzas de zarzuela, profundizando en el carácter que todas estas obras esconden.

La primera parte transitó por textos alemanes de Goethe («Los elfos» de Schubert), Ruckert (Mahler y su Liebst du um Schönhelt) y Morike (Verborgenheit de Wolf) musicados por tres figuras del lied que exigen una dramatización propia con el piano realzando unas letras, no siempre bien vocalizadas, estando la mezzo asturiana cómoda en las tres pero sin la visión y poso que sólo los años pueden dar a estas partituras.

Mucho más cómoda con el francés de Milhaud y sus Trois Chanson de Négresse, que sigue trabajándolas porque le van muy bien además de aplaudidas una a una para esta «mujer de negro», jovial en «Mon Histoire», más lírica en «Abandonée» y sentida «Sans feu ni lieu», mejor conexión poética con el país vecino y un piano que lleva en volandas a la voz.

Igualmente aplaudidas cada una de las tres canciones de La maja dolorosa de Granados, exigentes en tesitura pero que los crecientes graves de Heres alcanzaron con seguridad y el piano mimándola. Habrá que seguir trabajando la vocalización pero «Ay, majo de mi vida» está en el camino correcto.

Breve descanso para coger fuerzas pues vendrían dos arias de ópera donde María Heres brilló con luz propia, tanto en la Leonora de Fia dunque vero? O Mio Fernando («La Favorita» de Donizetti) donde el piano orquestal debe sufrir como sólo los maestros repetidores saben, y la Dalila de Mon coeur s’ouvre á ta voix de Saint-Saëns, ese canto de amor a Sansón que sintió en este rol al que le va tomando el pulso en cada recital.

De nuestra zarzuela otros dos números de fuste, «La Malquerida» de Penella y su romanza Él va a venir que protagoniza la mezzo de voz poderosa y doliente, dramatización entregada, y Qué te importa que no venga («Los Claveles») del maestro Serrano, perfecto cierre a este recital de la cantante de Oviñana, cómoda vocalmente, emocionada por el apoyo de un público fiel y el piano siempre.

Tras agradecer tanto a la propia sociedad como al RIDEA y La Castalia que tanto han supuesto en el apoyo musical de los jóvenes talentos asturianos, también en el de María Heres en su incipiente carrera, y especialmente a su maestra Begoña G. Tamargo, alma mater de la pronto veinteañera asociación cultural que toma el relevo a la decimonónica de la capital asturiana, dos regalos: La tarántula, el popular Zapateado de «La tempranica» (Giménez), y la bellísima Pampamapa de Guastavino que la mezzo bordó en casa, siempre con el esforzado Mario Álvarez Blanco al piano, su «mano derecha» necesaria con quien tanto ha trabajado y auténtico pilar para este estreno en la Sociedad Filarmónica de Oviedo.

Quedamos con las ganas de celebrar en apenas un mes la Gala Lírica del XX Aniversario de La Castalia en el Auditorio, donde estarán dos de sus alumnas destacadas, que ya no son promesas sino realidades, Janeth Zúñiga y la propia María Heres, otro peldaño más compartir escenario con el tenor asturiano Alejandro Roy y cantar con una orquesta como Oviedo Filarmonía que estará dirigida por Isabel Rubio y donde podremos escuchar dos estrenos de Guillermo Martínez y Gabriel Ordás, igualmente muy ligados a «La Castalia del siglo XXI«, esperando poder seguir contándolo desde aquí.

Cuando triunfa la escena

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Jueves 27 de enero de 2022, 19:30 horas. Teatro Campoamor de Oviedo, LXXIV Temporada de Ópera de Oviedo: Adriana Lecouvreur (Cilea).
Reseña para Opera World del domingo 30, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

La 74ª temporada ovetense, con fechas recolocadas por el pandémico COVID, cierra con una ópera rescatada tras muchos sin disfrutarla en el Campoamor como es Adriana Lecouvreur, la más popular de Francesco Cilea estrenada nada menos que por Caruso y recordando al Aragall de 1982, esta vez con Alejandro Roy estrenando su rol de Maurizio, primer asturiano en debutar en el MET, más el “reclamo” de la aclamada Ermonela Jaho como protagonista, tras su anterior Butterfly de la temporada pasada, y un elenco español con muchos conocidos de la afición asturiana como Nancy Fabiola Herrera o Luis Cansino, un cuarteto vocal de altura que fue creciendo a lo largo de los cuatro actos.

Cuidada y bellísima escenografía de Rosetta Cucchi donde la evolución del drama corrió pareja a los cambios de época en cada acto, y al momento vocal de los protagonistas, el recurso del teatro dentro del teatro que resultó efectista sin romper la trama. A destacar un tercero coral en el amplio sentido de la palabra, que contó además del duelo femenino con la belleza plástica del acróbata Davide Riminucci y la bailarina Luisa Baldinetti mientras se proyectaban unos vídeos homenaje al cine de los felices 20, pero especialmente el último ambientado en el París de los 70, impactante de emociones, buen gusto y originalidad donde se cierran los dos temas sobre los que gravita toda la ópera: el teatro y el amor bajo los focos, iluminación que siempre subrayó los momentos de intensidad emocional.
El teatro con sus actores, la obra de Cilea con una música pura, bella, exigente para las voces muy entregadas a sus papeles donde el triunfo del amor puro de Michonnet fue el verdadero triunfador y dominador de la escena, un Luis Cansino pleno y convincente desde su primera intervención hasta rematar un final lleno de emoción con Ermonela Lecouvreur, simbiosis total de Jaho con la Adriana que ya ha hecho suya pese a incorporarla recientemente a su repertorio. La entrega de la soprano albanesa es innegable, como su capacidad para comunicar con el público en cada aparición, declamando una Fedra en el tercer acto digna de las grandes de la escena, y una voz que fue ganando enteros a lo largo de la función, mimando los pianos y explotando sin esfuerzo su amplia tesitura. Su personaje, con un vestuario colorido de diva, culmina en la sencillez y simbolismo del negro setentero del séptimo arte, desde la “l’umile ancella” al esperado y trágico final “Poveri fiori” que arrancó los únicos aplausos tras el aria que no aparecieron en el resto, sensibilidad y buen hacer de la soprano albanesa que sigue triunfando en nuestros escenarios.
La antagonista Nancy Fabiola Herrera mantuvo el nivel homogéneo de los protagonistas, puro lirismo en su aria del segundo “Acerba voluttà” y el dramatismo necesario de su pugna por el amor de Maurizio, con dúos bien empastados en color además del buen gusto de la mezzo canaria. Será debilidad por las “malas de la película” pero tan necesarias para que brille más el amor en escena.
Alejandro Roy debutaba en su rol de Maurizio que, como el resto, fue ganando confianza a lo largo de la función. La fuerza característica del tenor asturiano es idónea en el llamado verismo, aunque puede traicionarle por momentos en los agudos a media voz, pero el tiempo acabará puliendo esos detalles a medida que se haga cada vez más con esta partitura exigente de principio a fin, situándole oculto en la escena final ya pletórico vocalmente, evolución temporal en vestuario hasta la luminosidad de la oscuridad sobre las tablas.
El cuarteto protagonista estuvo bien arropado por la Oviedo Filarmonía, dueña del foso y madurando con los años, esta vez bajo la dirección de un Daniele Callegari que supo sacar el refinamiento orquestal de Cilea sin miramientos a las voces, exprimiendo el dramatismo a todos los intérpretes, con destacables intervenciones de los primeros atriles, colorida el arpa de Miriam del Río, y sentido el violín de Marina Gurdzhiya.
Y la ópera necesita de más voces, los mal llamados secundarios que, como en el cine, dan sentido y aportan la necesaria unidad dramática, manteniendo un nivel muy homogéneo en cada personaje cantado, destacando el abate de Josep Fadó, el Príncipe de Felipe Bou o las “mademoiselles” Cristina Toledo y Marifé Nogales, la misma línea ascendente de toda la representación. El Coro Intermezzo que dirige Pablo Moras redondeó todo el elenco vocal que nos dejó una primera Adriana muy interesante, seguramente mejorando en las cuatro funciones restantes que pondrán punto final a la profesionalidad e intenso trabajo de todo el equipo de la Ópera de Oviedo, asentándose todos en esta maravillosa y poco habitual ópera de Cilea que esperemos no pasen tantos años en reponerla. Está demostrado que no hace falta salir de nuestra tierra para tener todos los elementos necesarios que la ópera necesita en esta vida que es puro teatro.
Ficha:
Teatro Campoamor de Oviedo, jueves 27 de enero de 2022, 19:30 horas. Adriana Lecouvreur. Maurizio, Alejandro Roy. Príncipe de Bouillon, Felipe Bou. Abate di Chazeuil, Josep Fadó. Michonnet, Luis Cansino. Quinault, Carlos Daza. Poisson, Albert Casals. Adriana Lecouvreur, Ermonela Jaho. Princesa de Bouillon, Nancy Fabiola Herrera. Mademoiselle Jouvenot, Cristina Toledo. Mademoiselle Dangeville, Marifé Nogales. Dirección musical, Daniele Callegari. Orquesta Oviedo Filarmonía. Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo). Dirección del coro, Pablo Moras. Dirección de escena Rosetta Cucchi. Diseño de escenografía, Tiziano Santi. Diseño de vestuario, Claudia Pernigotti. Diseño de iluminación, Daniele Naldi. Coreografía, Luisa Baldinetti. Diseñador de vídeo, Roberto Recchia. Acróbata, Davide Riminucci. Coproducción de la Ópera de Oviedo, Teatro Comunale di Bologna y Sidney Opera House.

Impagable Fagioli

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Sábado 22 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: «Naturaleza & tormentos». Franco Fagioli (contratenor), Gabetta Consort, Andrés Gabetta (violín y director). Obras de: Purcell, Vinci, Händel, Porpora, Vivaldi y Locatelli.

La capital asturiana a quien llamo hace tiempo «La Viena española» por su oferta musical amplia y variada, la misma de la que el concejal de cultura José Costillas en FITUR dice «ha quitado a la ciudad el sambenito de ciudad burguesa y aburrida en la que no pasaba nada«,  prosigue su lujo de programación con el primero de los tres conciertos dedicados a los contratenores que ahora mismo ocupan la cima de este registro, aún sorprendente para muchos.

No es cuestión de rankings pero el hispano argentino Franco Fagioli, que ya me entusiasmase en su anterior visita hace cuatro años «trayéndonos la primavera», ha dejado el listón tan alto que a punto estuve de titular esta entrada como Al filo de lo imposible pero mejor evitar confusiones con el programa de Sebastián Álvaro aunque haya retos musicales que merecen el mismo respeto. Esta vez la fusión de naturaleza y tormento fue digna de «los 14 ochomiles» demostrando de nuevo que no hay nada imposible.

El programa elegido para este tour de Barcelona a París con la parada obligada en Oviedo, está al alcance de pocos cantantes, un maratón vocal mucho más duro que toda una ópera y que exige no solo dramatizar cada personaje de las arias sino todo un esfuerzo físico que convierte a estos virtuosos en auténticos atletas del canto.

Es un placer escuchar pero también ver a Fagioli cómo respira, su gestualidad, su técnica asombrosa, sus fiatos, su perfecta dicción, su amplísimo registro donde los graves son rotundos y sus agilidades un verdadero derroche de gusto y entrega. Nada de artificio, la naturalidad del canto barroco, el auténtico bel canto de la época que instrumentaliza la voz. Y si además la arropa unos músicos como los de Andrés Gabetta al mando de este «consort», el resultado es redondo e impagable, pues hasta el violín solista cantó con la misma belleza que el contratenor argentino en Vivaldi y Locatelli.

Arias lentas y rápidas para degustar el canto legato del tucumano y corroborar la belleza de estas páginas, la genialidad de Händel, la grandeza de Vinci o el oficio del maestro Porpora. Bien organizado todo el programa que nos llevó hasta las 22:30 de la noche en un verdadero suspiro, con apenas los necesarios descansos que nos dejaron al Gabetta Consort dos conciertos vivaldianos de altura, más el de Locatelli con mi admirado Jorge Jiménez ejerciendo de concertino y la muestra de la sabia elección de los músicos por parte de su director Andrés Gabetta, no solo excelente violinista sino un perfecto concertador de esta música barroca que volvió a llenar el auditorio ovetense. De su formación también citar la impecable y bien sentida tiorba de Miguel Rincón, auténticas perlas en el continuo, y el fagot de Alessandro Nasello sobre todo en el «pastor» final de Händel así como la flauta del «ruiseñor» vinciano en feliz contestación al vocal de Fagioli.

Cada personaje, cada aria, cada intervención del contratenor logró quitarnos la respiración como si vampirizase el aire del respetable, aunque imposible apagar móviles que parecen volvernos a la post-normalidad de la pandemia. Las tres arias de Leo Vinci (1690-1730) equiparables en belleza al todopoderoso Händel de cuya Ariodante nos dejó Fagioli los momentos álgidos en un auténtico crescendo emocional incluso en el regalo Come nube de «Agripina y el triunfo del tiempo», el que detuvo este contratenor que sigue alternando escena y recital, esperando la terna completa con Jarouski y Orlinski que espero contar desde aquí, pero este frío sábado de enero con un Fagioli impagable hará difícil superarlo.

P.D.: Entrevista de este sábado en LNE:

Carta a SS.MM.

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Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:
Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es pasar cuanto antes este «bicho» del Covid que lleva ya demasiado tiempo entre nosotros y ha trastocado todas las vidas, además de llevarse muchas por delante.
Musicalmente, y a la vista de las cambiantes circunstancias, mantener toda la música posible en vivo, aunque sea con mascarillas y todas las medidas que ya hemos asimilado hasta para estar en el cole, y si puede ser con los aforos completos, aún mejor. Sé que la salud es el mejor regalo en estos tiempos.
Sin necesitar aniversarios pido, como todo los años que son como mi Scalextric, poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Universitaria ya renacida), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Princesa y también la Escolanía de Covadonga con la de San Salvador…) y nuestros solistas, de los que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Mª José Suárez, Lola Casariego, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi larga lista…
Eso sí, mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigió en Barcelona cuando estuvo de titular y ya que se despide de la OCRTVE, aprovecho para pedirles le diesen una orquesta para este 2022 y siguientes. Ya por redondear este paquete, podrían traernos otro incluyendo un concertino para la OSPA, pues llevamos huérfanos y necesitados de ambos.
Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles mucho trabajo para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando desde casa, y que sigan grabando nuevos discos.
También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes a la cabeza (de docente en Madrid), sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui o Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien trabajar mucho este recién estrenado e incierto 2022.
Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez y Gabriel Ordás que en el año pasado y pese a todas las circunstancias, han seguido de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos.
Para La Dama del Alba de mi querido Luis Vázquez del Fresno creo que ya me escucharon el pasado 2021 con la «sorpresa» de poder estrenarla al fin este año de «los dos patitos» tras tantos lustros de ilusión. Veo que la esperanza tampoco podemos perderla.
Y por mantenerla, pido para los llamados «gestores culturales» se olviden de una crisis permanente (Covid aparte), pues la intelectual sigue tan contagiosa como la Omicron, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotero barato sino por la calidad contrastada, incluso variar de agencias de contratación… y sobre todo ¡no más recortes, cancelaciones, ni cierres!, pues saben de sobra que la Cultura es Segura.
Este año no pido nada para mis jóvenes violinistas favoritos, pues están trabajando y bien (Ignacio Rodríguez, emigrado a Alemania, y María Ovín en la OSPA), creciendo y cumpliendo años… solo desearles mucho éxito.
Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que traigan 2022 y más. Además de darle las gracias de nuevo, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo (especialmente un Mozart que pido pueda llevar a las tablas) y en mayo cruzará de nuevo el charco llevando su prodigioso talento a Brasil como verdadera embajadora de Asturias y España. Que siga creciendo su agenda aunque espere mucha más ópera en el Campoamor como protagonista (de la zarzuela no me quejaré) y le llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid o el Liceu barcelonés, pues en Italia saben que es muy querida, recordándoles que en Londres, Nueva York o Viena aún no se han enterado y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla.
Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dice que ya está bien de pedir… al menos mantenerla en Asturias.
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que los envíos llegan a destino y se agradecen.
Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el ya finalizado 2021. A pesar de todo (de la Lotería no les pido que toque), que mantengan su Banda Sinfónica, dirigida por Antonio Cánovas, al mismo nivel tras tres años sin pararla ni siquiera el Covid, llevando su música, además del nombre de nuestra Villa, lo más lejos posible, con una calidad y programas que son la envidia de muchos. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no faltan.
A propósito, si pudieran dejarnos la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos como el de nueva normalidad. Me entristece ver que la Ley Celáa se impone y ya van demasiadas para empeorar progresivamente en pos de una generación de ignorantes digitales… A esta ya no me apunto y abandonaré cansado (por no decir asqueado).
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas de las que mejor no opinar y menos las que se han inventado como ¡estáticas! y hasta con Baltasar descolorido) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Y como siempre, que no se me olvide
Pablito, 12 años.

Tres Tenores Tres

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Jueves 16 de septiembre de 2021, 21:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe: SAN MATEO 2021, GALA LÍRICA DE GRANDES TENORES BAG (BROS-ANDUAGA-GANDÍA). José Bros, Antonio Gandía y Xabier Anduaga, Oviedo Filarmonía, Jaume Santonja (director).
Entrada butaca: 28€.

Espectáculo vocal nocturno en el gran coso ovetense con tres espadas que hubieron de torear auténticos morlacos de distintas ganaderías líricas con mayor y menor cuerpo, tres figuras de tres generaciones, bien arropados por una Oviedo Filarmonía veterana en estas lides y con el maestro de ceremonias el valenciano Santonja Espinos que iniciaría el «paseíllo» antes de la aparición de los diestros en el orden del cartel mateín con un ejemplar de la gran casta verdiana.

Una voz y tres timbres, de colores variados y épocas distintas con momentos cumbres que los buenos aficionados asturianos recuerdan de la otra plaza lírica, repertorio para todas las edades que haría cuajar distintas faenas para un público entregado que les haría salir por la puerta, grande independientemente de los trofeos alcanzados otorgados por el respetable sin que la presidencia del alcalde y parte de la corporación en el palco se opusiesen.

Tres estilos y tres formas de entender esta fiesta “tenoril” comenzando por el maestro catalán Bros, con mando en plaza, querido y admirado, bien asentado en el ruedo dando un recital de buen gusto, arrimándose con la distancia justa para no salir corneado, gustándose en todas los estilos, cómodo y aseado. Al final del festejo tomaría la palabra para agradecer sus 30 años de carrera donde Oviedo siempre ha estado apoyándole y la lleva en el corazón, como otras figuras mundiales.

Tomaría la alternativa el joven donostiarra Xabier Anduaga, torero de principio a fin, arriesgando para gustar y gustarse, estilista de excelente recorrido y volumen en los primeros, algo más tapado en lo hispano y faena de aliño con los italianos. Belleza y elegancia prometedora que augura éxitos en las grades plazas internacionales porque hay buena materia prima y de escuela tradicional, con buenos maestros donde inspirarse.

Completaba la terna el alicantino Antonio Gandía, complemento ideal e intermedio equilibrado, contenido, con algún susto ante el volumen nunca contenido por Santonja, dejando la bravura de las partituras que mostrasen el peligro. Entregado de principio a fin, aunque menos ovacionado que sus compañeros, tuvo una serie de naturales sentidos llenos de buen gusto más que para la galería, pero no lo suficiente para levantar los oles del graderío central totalmente opuesto a lo que sería el llamado “Tendido 7”. Son tres estilos distintos, que no distantes, para apreciar colores, continuidad en la línea siempre plena de musicalidad en el caso del maestro Gandía.

Hubo susto en el graderío bajo por un desmayo al iniciarse la segunda parte del festejo, que hizo volver a comenzar su faena a un Anduaga que no perdió la compostura.
La vuelta al ruedo al alimón nos dejó otra faena compartida para un toreo de salón con tres «sobreros» Amapola de Lacalle, Júrame de María Grever, y Granada de Agustín Lara, excelente trapío que los diestros alternaron en la línea de su lidia individual emulando el espectáculo de otros tres tenores del finiquitado siglo XX que apostaron por estadios de fútbol y un marketing que este nuevo trío de nuestro siglo XXI le da el lavado de imagen y la cercanía de los tiempos que corren pues la pandemia ha trastocado todo, pero Oviedo sigue siendo capital musical, «La Viena del norte» español.

La presidencia y el respetable tras los tres regalos fuera del programa, pidieron volver a sacar de chiqueros el indultado Moreno Torroba cual brindis por el triunfo y la gratitud del Bros Maestro abriendo las puertas grandes para una salida ordenada de un público aún recordando pases para el recuerdo. Casi parezco un currista que se conformase con un natural, una verónica o un par en todo lo alto aunque fallase en la suerte máxima. Curiosos paralelismos del Arte de Cúchares y Euterpe mal vistos hoy en día. Por lo menos espero no se prohíba lo que no gusta, pues nadie está libre de pecar…

PROGRAMA (cual ÓRDEN DE LIDIA y diestros)

* Obertura de «La forza del destino», G. Verdi.

* “Il lamento de Federico», de «L’arlesiana», F. Cilea. (José Bros).

* Una furtiva lagrima de «L’elisir d’amore», G. Donizetti. (Xabier Anduaga).

*  Pourquoi me réveiller, de «Werther», J. Massenet. (Antonio Gandía)

* Quando le sere al placido, de «Luisa Miller», G. Verdi. (José Bros).

* A mes amis, de «La fille du règiment», G. Donizetti. (Xabier Anduaga).

* M’appari tutt’amor, de «Marta», F. von Flotow. (Antonio Gandía).

* Donna non vidi mai, de «Manon Lescaut», G. Puccini. (José Bros).

* La donna è mobile, de «Rigoletto», G. Verdi. (Xabier Anduaga).

* L’amour, l’amour…Ah lève-toi soleil, de «Romeo et Juliette», Ch. Gounod (Antonio Gandía).

Pausa (sin bocadillo que Oviedo no es Iruña)

* Por el humo, de «Doña Francisquita», A. Vives. (Xabier Anduaga).

* De este apacible rincón de Madrid , de «Luisa Fernanda», F. Moreno Torroba. (Antonio Gandia).

* No puede ser, de «La tabernera del puerto», P. Sorozábal (José Bros).

* “La danza”, G. Rossini. (Xabier Anduaga).

* «L’alba separa dalla luce l’ombra”, F. P. Tosti. (Antonio Gandía).

* “Musica proibita”, S. Gastaldon. (José Bros).

* “A Vucchella”, F. P. Tosti. (Xabier Anduaga).

* “Mattinata”, R. Leoncavallo. (Antonio Gandía).

* “Non ti scordar di me”, E. De Curtis. (José Bros).

Estrenos matutinos

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Domingo 15 de agosto, 12:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, «El jardín de la música»: María Heres (mezzosoprano), Mario Álvarez (piano). Obras de: Schubert, Wolf, Fauré, García Abril, Guastavino, G. Ordás, Gounod, Sait-Saëns, J. Serrano y G. Giménez. Entrada libre (previa reserva telemática).

Enredando con los refranes, «a mal tiempo buena música» y aunque el orbayu carbayón obligó a cambiar los jardines del museo por el patio de columnas, continúa la programación de la capital asturiana dentro de su ciclo «Oviedo, Origen del Camino» y no podíamos faltar esta mañana llena de emociones por asistir a otro estreno de mi admirado Gabriel Ordás pero sobre todo al debut en solitario de la querida María Heres a quien sigo desde sus comienzos, la «Cantera de La Castalia» que sigue demostrando el talento asturiano con estos ejemplos a modo de pequeña muestra. Ahí estaban muchos de los compañeros de María y sus orgullosas profesoras con Begoña G. Tamargo disfrutando y «sufriendo» como sólo las maestras de canto saben, recogiendo sus enseñanzas de la mejor forma posible: un concierto. El público completó el aforo, aún más reducido por las medidas ante el Covid y respondió con merecidas ovaciones a cada página, premios para unos intérpretes que hicieron las delicias en horario siempre difícil para los recitales, habiéndose aclimatado como el entrenamiento de los deportistas en competición.

Programa de altura en este debut de la mezzo pixueta donde hubo de todo: la llamada canción de concierto, ópera y zarzuela, con un Mario Álvarez impecable en cada página, pianista coprotagonista en las primeras canciones, virtuoso en las obras de Ordás, que merecen capítulo aparte, y la orquesta lírica con esas reducciones orquestales al piano que parecen imposibles y sólo los grandes profesionales como él saben afrontar. Siempre mimando la voz, entendimiento obligado y entregado con María Heres, brillando con luz propia desde un plano compañero y privilegiado de compartir estos estrenos desde su posición.

Con puntualidad británica sonaría Erlkönig de Schubert para despertar emociones desde las primeras notas del piano y el poderío de María Heres, el lied alemán tan bien trabajado y sentido, al igual que Verborgenheit (H. Wolf) en la línea de expresividad y entrega musical a la poesía, piano y voz protagonizando dos páginas alemanas que muestran la evolución de la forma y la de la mezzo a lo largo de estos años.

Si el lied es prueba de fuego para los cantantes, la chanson francesa examina la dicción siempre complicada para todos los cantantes no parlantes, pero el trabajo en los idiomas es parte importantísima en la formación lírica, y María Heres es una alumna sobresaliente, dejándonos dos ejemplos de belleza indescriptible en escritura y ejecución: Tristesse (Fauré) y À Chloris (R. Hahn), el piano que viste a medida la voz y la melodía dramatizada de dos poesías que la música eleva a obras de arte como las que rodeaban el escenario.

Continuaría la lección de idiomas con dos tributos, al recién desaparecido García Abril, ligado igualmente a «La Castalia» con su Camiño longo (de las «Canciones Xacobeas«) en este año especial, y el grandísimo Guastavino cuya Pampamapa puso la piel de gallina por la entrega interpretativa, el piano rítmico y único del argentino con la voz poderosa e íntima, Álvarez y Heres en tándem campeón con una de las primeras cimas de la mañana, y que bisarían al final.

Excelente primer bloque con obras elegidas a la perfección para una voz que enamora, potente y nunca estridente, afinada y bien colocada, técnica para dominar cada partitura con una musicalidad innata, más un color homogéneo en toda su amplia tesitura como demostraría más adelante.

El «intermedio» pianístico siempre necesario en los recitales, sirvió para gozar con las músicas de Gabriel Ordás (1999), quien explicaría previamente el germen de ellas, el estreno de «Consonancias» y sus Transparencias, preciosismo cargado de virtuosismo al que Mario Álvarez dio vida, proceso creativo de pintor musical, bocetos que van delineando formas y coloreando con su característica paleta compositiva que bebe de tantas fuentes de inspiración, casi tantas como la ejecución y escucha de esta obra preciosista.

Vendrían después cinco de las «MiniMiniaturas» que así tituló Ordás estas instantáneas pianísticas de corta duración y grandeza en escritura, delineadas con trazo firme, sonoridades del piano bien logradas por Álvarez, reflejos diarios en tiempos de pandemia, Unicornio onírico de raíz astur, Etéreo el contacto del piano con el aire, Montaña de cimas y valles tan poderosas como las notas, Starship auténticamente galáctico y Amor sin más, todas paisajes interiores, juguetes de un talento desbordante y aparente facilidad que esconden complejidades interpretativas solventadas con la profesionalidad y arte de Mario Álvarez.

Y si la llamada canción de concierto es exigente para la voz, no digamos las arias y romanzas siguientes,  primero ópera francesa que para María Heres supone su «aria de confort» por dominio escénico, lingüístico e interpretativo más la orquesta pianística del maestro Álvarez: Faites-lui mes aveux de «Fausto» (Gounod) y sobre todo Mon coeur s’ouvre à ta voix de «Samson et Dalila» (Saint-Saëns), dramatismo concentrado, sentimiento a borbotones, expresión total de un aria que ya es suya, intensidad emocional y vocal con «el piano imposible» que sólo un repertorista conocedor puede amoldar al concierto.

Defendiendo nuestra zarzuela, con la calidad y dignidad que tiene, interpretada sin complejos, con gracejo y poderío, dos pequeñas muestras muy grandes de nuestro género, ¿Qué te importa que no venga? de «Los Claveles» (J. Serrano), total control de la escena para una mezzo ya madura, asentada, dominadora de la situación, entregada, y la alegría desbordante de La tarántula, el famoso Zapateado de «La tempranica» (G. Giménez), verdadero trabalenguas vocal y rompededos pianístico que Heres y Álvarez interpretaron con una frescura digna de elogio tras todo lo que llevaban hasta ese momento.

Comentaba anteriormente que la ópera francesa es ideal para el color vocal de María Heres, y así lo demostró en su propina con la famosa Habanera de «Carmen» (Bizet), profesionalidad a raudales, musicalidad desbocada para esta Mujer con mayusculas libre, enamorada y entregada, la gitana en el cuerpo de la asturiana, amor y entrega por la música con una voz privilegiada que continúa su formación dando pequeños pasos que en su profesión la llevarán a las alturas.

Ovaciones cerradas, emociones variadas en familia, compañeros, profesores, amigos, melómanos, y el bis de Guastavino pusieron este regalo de María en nuestros corazones para estos estrenos matutinos que dejarían despejado un día prometedor.

ENHORABUENA.

Aprendiendo sobre las tablas

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Lunes 26 de julio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala Principal, La Castalia: Concierto de Clausura del VI Taller Internacional de ópera y zarzuela. Entrada gratuita.

Dice el refrán «muriendo y aprendiendo» sin entender de estaciones, vacaciones ni edades. La asociación cultural La Castalia lleva casi 20 años formando voces desde Oviedo como aquella de 1871 con Víctor Sáenz dirigiéndola, antecedente del actual Conservatorio de Música, y que en 2002 con la profesora de canto Begoña García-Tamargo renacería cual ave fénix para continuar una tarea docente de perfeccionamiento y promoción de los cantantes líricos formados en Asturias sin olvidarse de impulsar la creación musical de nuestra tierra, verdadera cantera de talento recogido tras una larga historia de todo tipo de actividades vocales e instrumentales sembradas en los teatros y sociedades filarmónicas de la región.

Es un placer ver el crecimiento de la propia asociación y del nivel que se alcanza en cada curso y taller a lo largo del año, voces jóvenes que comienzan junto a veteranas siempre en formación, comprobar cada concierto final cómo progresan las promesas, el avance de las maduras que no tiene fin, el retorno de profesionales que quieren actualizar y perfeccionar nuevos repertorios o pulir los ya estudiados.

El claustro va ampliando áreas siempre en pos de la mejor formación lírica que va más allá del canto o la fonética, con el tándem Begoña García-Tamargo y Ana Cristina Tolívar desde los inicios. Dos pianistas de repertorio con larga trayectoria en el acompañamiento como Mario Álvarez y Yelyzaveta Tomchuk, sumando para este nuevo taller la escena lírica con Arantxa Atutxa, el análisis musical con Mª José Collazos, la fisioterapia con Mario Bueno y el último fichaje de Priscilla Ortiz en expresión corporal. Experiencia profesional que da el conocimiento real y verdadero para volcarlo con un alumnado mayoritariamente femenino donde conjugar juventud y veteranía, madurez precoz junto a la evolución por el camino correcto, con un repertorio de altura llevado a la escena, con vestuario y el mínimo atrezzo suficiente, al que se sumó la actriz Marina Cañada, para pisar las tablas de un auditorio que siempre impone en su gran sala tras el ensayo del día anterior.

Citar las voces por tesituras: las sopranos María Fernández, Carmen G. Calviño, Lucía G. Casanueva, Andrea Mosteiro, Vanessa del Riego y Beatriz Vázquez, las mezzos María Heres, Andrea Rey y Eugenia Ugarte, el joven contratenor Mikel Malda y el tenor Juan Carlos Santos, que nos deleitaron durante dos horas dando lo mejor de ellos, con mejores o peores resultados pero con el esfuerzo del trabajo bien hecho, nervios contenidos o desatados que el directo examina y ayuda a corregir, bien arropados desde el piano por Mario y Yelyzaveta con esas reducciones orquestales que parecen imposibles de tocar, atentos a las voces eligiendo el repertorio adecuado para cada una de ellas, no solo arias o romanzas, también dúos y hasta haciendo coros, sin desfallecer para tantas partituras, tan distintas y tan exigentes como la parte vocal.

Imposible desmenuzar el programa que como se puede comprobar arriba, abarcó épocas, idiomas y estilos siempre buscando lo mejor de cada voz. Importantes los dúos para empastar, cantar y escuchar, como los conocidísimos Pur ti miro de «L’incoronazione di Poppea» (Monteverdi) y la Barcarola de «Los cuentos de Hoffmann» (Offenbach), disfrutando de la danza de Priscilla Ortiz sumada a la escena, que creció como Mikel Malda a pasos agigantados.

Arias completas como Parto, parto de «La Clemenza di Tito» (Mozart) donde Andrea Rey se mostró segura y convincente al igual que en su empastada Malika del Dúo de las flores de «Lakmé» (Delibes) con María Fernández, o una Carmen Calviño volcada con la muy comprometida O rendetemi la speme… Qui la voce de «I Puritani» (Bellini) que ya siente como suya pese a su juventud.

Interesantes los números de «La flauta mágica» (Mozart) para una Lucía Casanueva de Reina de la Noche aún con mucho recorrido pero valiente en su aria, junto a tres genios curtidas y adaptadas en sus roles «secundarios»  y el breve Tamino de Juan Carlos Santos con la reina reconvertida y más contenida como Pamina.

Destacar de la ópera la escena y aria de «Suor Angelica» (Puccini) con dos realidades maduras en perfecto entendimiento y entrega, Vanessa del Riego que nos puso el corazón en un puño y María Heres, una Zía Principessa a la altura dramática esperada que ojalá podamos disfrutarla en la Temporada de Ópera por estar aún inédita en el Campoamor.

No se olvidó la zarzuela, igual o más exigente que la ópera, con otro título inédito en Oviedo como «El gorro frigio» (M. Nieto) donde pudimos disfrutar tanto las partes habladas, siempre endiabladas de memorizar, proyectar y convencer, como de cantar, las escenas V y VIII con el García de Juan Carlos Santos simpático y completo en sus intervenciones, Lucía Casanueva (la bailarina) y Andrea Mosteiro (el Trompeta). Rescatada en Madrid «Cecilia Valdés» (G. Roig) escuchamos de esta zarzuela cubana la salida de la protagonista con el coro (de alumnos) y Beatriz Vázquez mejor Cecilia que mi querida y ensangrentada Lucía (bravo por Mario Álvarez haciendo toda la orquesta y donde la flauta encajó magistral con la soprano).

Un número siempre agradecido es el dúo de «Don Gil de Alcalá» (M. Penella), unas mañanitas bien empastadas de Andrea Mosteiro y Andrea Rey con coro de lujo, que bisarían todos, público incluido, y el cierre de concierto de «La Malquerida» del mismo compositor, donde la romanza Él va a venir de María Heres, bebiendo de la Bernarda vivida en Oviedo, y con el excelente acompañamiento de Yelyzaveta Tomchuk puso el broche por todo lo alto de esta mezzo completa que va haciéndose su sitio en el Campoamor con papeles menores que esta vez resultaron palabras mayores, profesionalidad, entrega, trabajo y pasión, la receta para triunfar y todo un ejemplo a seguir.

Desde mi fila 15 pude escuchar todas las voces bien proyectadas, técnica diaria que nunca toma vacaciones, distintos estados anímicos, partituras bien elegidas y defendidas con toda la ilusión para disfrute de un público que con todas las medidas de prevención sigue demostrando que «La Cultura es Segura», y amando la lírica en la capital del Principado, apoyando las voces de hoy mañana porque Oviedo merece la «Capitalidad Musical» de esta Viena del norte español.

Por la puerta grande

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Jueves 24 de junio, 20 horas. Teatro Campoamor, XXVIII Festival Lírico, Oviedo: El Gato Montés. Ópera popular española en tres actos y cinco cuadros, música y libreto Manuel Penella (Estrenada en el Teatro Principal de Valencia, el 22 de febrero de 1917). Entrada butaca: 46 €.

Concluyendo curso escolar y temporada lírica carbayona, este jueves festividad de San Juan en Mieres, salía por la puerta grande esta ópera nuestra, un «gato» verdaderamente atigrado donde los registros graves triunfaron en esta representación llena de amor, pasión, violencia y muerte, con una dirección de escena a cargo de Raúl Vázquez verdaderamente bella, sin tópicos, conocedor de todos los recursos en sus muchos años de oficio, bien rodeado por una «cuadrilla» de altura, desde la escenografía (Carlos Santos) a la iluminación (Eduardo Bravo) pasando por el vestuario (Massimo Carlotto) y la coreografía (Alberto Ferrero), un círculo perfecto con todos los simbolismos, casi como darle la vuelta de género al bolero de «querer a dos hombres a la vez y no estar loca».

El maestro de espadas Lucas Macías presidió un espectáculo donde con la Oviedo Filarmonía dejó el festejo en lo más alto, la música del maestro Penella engrandecida por la adaptación orquestal del  «apoderado» Israel López Estelche, jugando con una tímbrica ideal para este verismo atemporal capaz de convertir el arpa en guitarra española y los metales en banda sinfónica para ese pasodoble universal con el título de la propia ópera, el peso de los registros graves con unos violonchelos o unas trompas dignos de dar la vuelta al ruedo.

Los miembros de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo que dirige Pablo Moras no fueron meros subalternos sino coprotagonistas de esta velada, dentro y fuera de la arena, figurantes cantantes junto al cuerpo de baile, y donde pudimos disfrutar de la Loliya de María Heres que ya pide paso en estos papeles o Víctor Urdialez entre los peones, una cantera vocal ovetense que de nuevo trajo al ruedo al Coro infantil de la Escuela de Música Divertimento (Rosa Argüello Iglesias, Nerea Fernández Amor, Guillermo Fernández Rubio, Rodrigo Méndez de la Fuente y Carlota de Miguel Busta), unos gitanillos que ya han tomado la alternativa escénica y coral en esta Fiesta tan nuestra.

Y todo un cartel de primeros espadas con Juanillo, el Gato Montés de Àngel Òdena verdadero triunfador de la tarde por poderío vocal y escénico, dominio total y barítono ideal convertido en bandolero héroe más que villano, vencedor en mano a mano con el torero Rafael Ruiz, el Macareno encarnado por un Gillen Munguía (de faena aseada y de aliño) «por el amor de una mujer», Soleá Nicola Beller Carbone convincente, creciendo en cada «tercio», entregada y querida como otra hija de esa inmensa madre, la Frasquita de Marina Pardo siempre atinada, con el destino bien leído y cantado de la Gitana Sandra Ferrández, embrujándonos para redondear ese círculo mágico de mezzos donde no quiero olvidarme de la «cuadrilla» perfectamente asentada y al quite desde «los medios» como el Hormigón de Fernando Campero y con todas las bendiciones del Padre Antón, Francisco Crespo, ensamblados para afrontar cada «mihura» de este Penella inspirado.

Por finalizar estas rápidas líneas o crónica de última hora, pues este viernes es aún lectivo, con el coso del Campoamor aplaudiendo la fiesta, pidiendo la vuelta al ruedo para todos y salida por la puerta grande (escalonada y con distancia de seguridad), ya con ganas de la próxima «feria lírica asturiana» que es este festival ovetense plenamente consolidado y cercano a los treinta años, creciendo como su orquesta y titular desde un foso  con mucha historia musical.

El propio Raúl Vázquez en el programa «digital» nos orientaba sobre su visión de esta partitura auténticamente verista y española, inspiraciones pictóricas y literarias para algo tan nuestro como la historia musicada de Penella totalmente exportable en la producción de un festival lírico que apuesta por renovar nuestro patrimonio y manteniendo en estos tiempos difíciles la actividad en un teatro que ha sabido aguantar como pocos la Pandemia, salvando puestos de trabajo, afición y demostrando, por si aún quedaban dudas, que la cultura es segura… y necesaria.

Vivica Genaux, la voz de Hasse

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Lunes 10 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: VIII Primavera Barroca – CNDM «Circuitos»: Nápoles en Dresde. Vivica Genaux (mezzosoprano), Vespres d’Arnadí, Dani Espasa (Clave y dirección). Obras de Hasse, Zelenka y Pisendel. Entrada: 15 €.

Avanza la Primavera Barroca en Oviedo, agotando entradas para la sala de cámara, ya de por sí de aforo reducido, y recibiendo tras la apoteosis madrileña del sábado a la esperada mezzo Vivica Genaux (Fairbanks, Alaska, 10 de julio de 1969) que se ha convertido en la gran defensora y voz de Johann Adolph HASSE (1699-1783), el barroco tardío donde la norteamericana no ya se siente cómoda sino que domina con una técnica apabullante un repertorio que le sigue dando alegrías y a sus seguidores aún más. Con la formación que lidera Dani Espasa traía arias de Hasse, el compositor que el agente Matthew A. Epstein le recomendó como comentaba en una entrevista a Gabriel Rangel en 2014:  “¡Debes cantar Hasse!” Y yo le pregunté: “¿Quién es Hasse?” Un mes después hice una audición con René Jacobs para una ópera de Hasse en la Ópera Estatal de Berlín y obtuve el rol«. Recital perfectamente organizado alternando arias y personajes, intercalando para el necesario respiro obras instrumentales de contemporáneos afincados igualmente en Dresde como Zelenka o Pisendel que permitieron gozar de la calidad de esta orquesta barroca, especialmente la cuerda, con un continuo compacto sin olvidarme de un fagotista excelente y los oboes que dan ese colorido especial, sumándose en algunas el par de trompas naturales, desiguales como suele suceder en este instrumento tan desagradecido y difícil en estos repertorios pero que demostraron el músculo de esta formación catalana.

Hasse abría fuego con  la Obertura de «Didone abbandonata», IJH 36 (1742), el orgánico al completo preparando la salida de una Genaux entregada, pletórica y feliz, recordando a «La Bordoni» prima donna en Dresde cantando la música de su marido, hoy personificada por la norteamericana embajadora del mismo, primero a «Cleofide», IJH 25 (1731) con el aria rápida Son qual misera colomba (acto II , escena 15) y el orgánico sin trompas, primera demostración de poderío y elegancia vocal, un registro grave carnoso, agudos delicados y unas agilidades prodigiosas que aún brillaron más en la cadenza final. Y sin apenas resuello, otro personaje y ópera, «Irene», IJH 54 (1738), con un delicado recitativo de instrumentación elaborada, Il sacrifizio si compisca (acto III , escena 4) más el aria Un sì funesto addio, tiempo lento para saborear la dicción y proyección con ese color de mezzo que no abunda y una cuerda perfecta con el continuo siempre en su sitio controlado desde el clave por el maestro Espasa.

Del checo Jan Dismas ZELENKA (1679-1745), también afincado en la Corte de Dresde, escuchamos De Ouverture à 7 concertanti en fa mayor, ZWV188 (1723), tres movimientos donde degustar la instrumentación sin trompas, colocando el movimiento rápido en el medio (Grave – Allegro – Grave), y disfrutando del barroco que nunca pasa de moda.

Vuelta al canto de Hasse con Genaux y unas Vespres al completo para «Cajo Fabricio», IJH 20 (1731), recitativo Lieto gioisci o core (acto II , escena 14) y aria Nocchier, che teme assorto, rápida y exigente de ornamentos por parte de todos, con la mezzo de emisión uniforme, agilidades de vértigo, coloratura, claridad de dicción, vocales sin trampa y la engañosa facilidad para alcanzar unos agudos que mantienen siempre su color irrepetible.

Un paréntesis de lujo poder escuchar el Allegro del «Concierto para violín en sol mayor», JunP I.4c de Johann Georg PISENDEL (1687-1755), un virtuoso del violín que triunfó en «La Florencia del Elba» interpretado por FARRAN SYLVAN JAMES, la concertino solista esperada, de sonido aterciopelado con el grosso instrumental bien equilibrado de dinámicas y paladeando un continuo realmente de calidad en esta orquesta referente de la música antigua en España.

Nueva ópera, otro rol que dramatizar por parte de una Vivica que transmite pasión y fuego, «Numa Pompilio«, IJH 69 (1741), recitativo Qual di voi prima invoco (acto II , escena 8) y aria Piange quel fonte, con el oboe de PERE SARAGOSSA siempre impecable, y la orquesta de cuerda que me trajo recuerdos, quién sabe si inspiración para el Exsultate mozartiano, bellísimos juegos y diálogos entre los dos «protagonistas», ecos y musicalidad a raudales con éxito compartido y merecido.

Interesante el Hasse instrumental con el Allegro de su Sinfonía en sol menor, op. 5 nº 6, el orgánico sin trompas y sin fisuras, el prólogo preclásico que mantiene el regusto barroco antes del último título por parte de La Genaux, «Solimano», IJH 97 (1753) con el aria Di quell’acciaro al lampo (acto I , escena 12), ensemble al completo de aire marcial, casi guerrero en otra nueva demostración de buen gusto y voz carnosa, redonda, la mezzo verdadera de anchos graves, medios poderosos y agudos seguros, los melismas vocales aún más complicados, la instrumentalización de la voz en el barroco sin perder el sentido dramático de estas heroínas operísticas que hacían las delicias de la Corte de Dresde y ahora de nuestra Corte de Oviedo siempre apoyando el barroco y demostrando que la cultura es segura.

No podía faltar la propina con sonrisa, por supuesto Hasse y de su “Viriate” la conocida aria Come nave in mezzo all’onde virtuosa sin atropellos, «sujetando el tempo», solo con la cuerda, que mantuvo el listón alto en esta verdadera locura barroca con Vivica Genaux y Vespres D’Arnadi.

Butterfly vive

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Viernes 18 de diciembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, LXXIII Temporada de Ópera de Oviedo. Madama Butterfly (Puccini).

Una noche para el recuerdo y la historia del templo operístico ovetense que cayó rendido ante la Butterfy de la asturiana Beatriz Díaz, la soprano que ha hecho suya a la gran Cio-Cio-San totalmente sublime, creciendo como su propio personaje y en un momento cumbre en su vocalidad.

Puccini es el compositor de las mujeres protagonistas, de las heroínas, y este rol no pudo encontrar mejor voz, mejor actriz y mayor entrega, sacrificio y trabajo que el de nuestra soprano, una cantante que ha luchado como el propio personaje, contra todo, con la esperanza de este debut que encumbra o hunde a quien lo escenifica. La evolución a lo largo de esta ópera, la transición de la joven Madama Butterfly a la madre adulta que se inmola como acto de amor y lealtad se reflejó de principio a fin, una evolución cantada y sentida que conmovió a un público entregado, respetuoso, en silencio, acongojado con el drama sobre el escenario tan bellamente escrito por el músico de Lucca. Beatriz Díaz es la soprano de Puccini y lo lleva demostrando hace muchos años, eligiendo el momento de cada personaje con la madurez de una carrera bien armada que con esta Butterfly ha vuelto a afianzarlo para quien quiera escucharla. Las lágrimas del público saltan cuando hay todo lo necesario para conmover y «La Díaz» volvió a hacerlo en una noche muy especial.

Espero no tengan que buscar sopranos de grandes titulares y buen marketing pero pequeña y corta implicación, de renombre y expectativas no siempre cumplidas, las tenemos en casa pero triunfando fuera. Tomemos nota este lujo para la ópera de Oviedo con este reparto de función única plenamente preparado para afrontar cualquier sustitución que en estas circunstancias tan especiales ha obligado a un esfuerzo titánico por mantener los títulos con todos los cambios imprevistos y la incertidumbre que no es buena consejera. La Butterfly del «Viernes de ópera» ha sido el mejor regalo navideño, único e irrepetible que unos pocos privilegiados hemos podido disfrutar, todo un homenaje a Puccini en la voz de Beatriz Díaz.

Imposible plasmar todo lo vivido y sentido, así que desde aquí solo me queda presumir de atesorarlo en mi memoria musical y afectiva, compartir tanto con tan poco como esta reseña aún con ese nudo en la garganta y la satisfacción de decir la consabida frase «¡Yo estuve ahí!».

Madama Butterfly cautiva desde el inicio, la Oviedo Filarmonía casi camerística y colocando parte de los efectivos en las bolsas laterales, con Óliver Díaz al frente siempre en ascenso y dominador de foso y escena. Asumieron todos el reto de pasar de Beethoven a Puccini con una profesionalidad encomiable, ilusión y muchas ganas de público con quien compartir. De hecho todo el equipo de la ópera está realizando un esfuerzo titánico para mantener viva esta llama lírica que amén de no defraudar ha puesto a la cultura segura como un ejemplo a seguir cuando las cosas se hacen bien y las autoridades lo permiten.

La escenografía de Joan Anton Rechi ayudó a crear el ambiente ideal para esta «tragedia japonesa» en el Nagasaki nuclear, sin perdernos nada de la esencia, con elegancia y subrayando un libreto que la música eleva al Nirvana dramático. La acción preparada y las voces del reparto mostrando sus credenciales, un Goro (Moisés Marín) convincente y el Pinkerton (Fabián Lara) que ya prometía una noche para el recuerdo. Suzuki (Nozomi Kato) en su papel y además japonesa, sería el vértice para dibujar el triángulo protagonista perfecto, si bien Sharpless (César Méndez Silvagnoli) apuntaba maneras y buen color pero su emisión corta oscureció un fulgor y elegancia vocal de todo el elenco.

La aparición del cortejo femenino con las mascarillas arropando a Cio-Cio-San elevó el nivel al primer escalón emocional y visual, elegancia total. Un gusto en el canto y los pianissimi de Butterfly perfectamente proyectados con la técnica necesaria y la calidad demostrada. El maestro Díaz tejiendo un sedoso shiromuku orquestal con igual pulcritud que el shironuri (el maquillaje blanco de las geishas), blancos refulgentes que la iluminación de Alberto Rodríguez subrayaría a lo largo del drama. Todo un crescendo de calidades, belleza contenida que iría desbordándose durante toda la función, la gestualidad, los diálogos, el coro (delicadísimo a bocca chiusa), el encuentro entre Pinkerton y Butterfly, dos voces para una misma emoción, la irrupción del El Bonzo (Fernando Latorre), acción trepidante sin tumultos, musicalidad a raudales.

Y la pareja enamorada y entregada, el único momento donde ambos interactúan porque Puccini escribe las emociones por separado. Lara Pinkerton convincente, poderoso, entregado, Díaz Butterfly arrebatadora con el esperado Un bel di vedremo que puso en pie al Campoamor porque no se puede hacer mejor, desde la «voz delgada cual hilo de humo» acompañada desde lejos (hay que leer a Stefano Russomano en el libreto) y la gradual ampliación sonora poniendo otro escalón en una cima de alturas musicales y sentimentales.

El efecto de la plataforma giratoria da la elipsis temporal, la orquesta de una sutileza deseada, Cio-Cio-San esperando tres años que cante el petirrojo, Suzuki desgarradoramente perfecta en su personaje, devoción, entrega y amor hecho canto con un impactante final de acto en todos los sentidos (que no quiero desvelar).

Devastadora escena entre escombros, ambiente incómodo y perturbador, la esperanza que nunca se pierde ni siquiera en los peores momentos, la aparición en escena del hijo (Rodrigo Méndez De la Fuente / Celia Gómez Arias) apabullante por su actuación madura, creíble, espontánea, engrandeciendo un acto lleno de dolor, espera y esperanza desde la atalaya con bandera americana hecha jirones, la actualidad que llega al corazón y siempre ¡LA VOZ! cual bálsamo emocional. Beatriz Díaz grande, evolución del personaje y de la cantante, poderosos graves, medios implacables e impecables, agudos sobrecogedores y sobre todo sus pianísimos que brillan y se escuchan en todos los rincones del teatro. La entrega de los sentimientos en cada nota, lágrimas no siempre contenidas en el público, flores invernales «sembrando otoño», Suzuki y Cio-Cio-San, dolor y amor, dualidad vital, final esperado, desesperado y deseado aunque de todos conocido. Goro, Pinkerton, Kate, las distancias infranqueables, el sacrificio y la muerte que trasciende para elevar triunfal esta Butterfly más viva que nunca.

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