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Novedoso y original

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Viernes 18 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Abono 3 “Divertimento”, OSPA, Juan Ferriol (oboe), Nil Venditti (directora). Obras de Ibert, Françaix, Puccini y Say.

Reseña para La Nueva España del sábado 19 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Interesante, original y poco habitual programa este tercero de abono OSPA con la turco-italiana Venditti de directora invitada más el solista de la orquesta Juan Ferriol en L’Horloge de Flore de Jean Françaix (1912- 1997), nueva demostración de la calidad de los primeros atriles de la formación asturiana aunque siga sin concertino, esta vez la norteamericana Mirabai Wesmehl.

Obras poco o nada escuchadas, comenzando por el Divertimento de Ibert que abría velada y daba título al programa, agradecido de escuchar para una orquesta colorista y camerística más la verdadera animadora Venditti animando a participar dando palmas a los asistentes en un torbellino de “music hall” fresco y realmente divertido.

Otra obra francesa, la de Françaix, cumbre en el repertorio de oboe que Juan Ferriol bordó en una lección magistral de gracejo y musicalidad junto a sus compañeros, incluyendo el excelente diálogo con el clarinete de Weisgerber, bien llevados por una batuta derrochando simpatía y complicidad, latiendo con este “reloj floral” de siete horas lleno de perfumes parisinos más el regalo del ya eterno Morricone con el “Juan’s oboe” mejor que el Gabriel original.

La segunda parte mantuvo novedades y la simpatía de la directora presentando cada obra con calidad y entrega orquestal, desde el joven Puccini recuperado por Muti, sinfónico de trabajo académico y espíritu wagneriano antes de la apuesta necesaria por la música actual, la del siempre rompedor pianista y compositor turco Fazil Say -al que escuchamos en febrero de 2016– con cuyas cuatro Danzas sinfónicas op. 64 muestran su inspiración en el folklore de su tierra no tan lejano al nuestro, pleno de paisajes evocadores como las especias. Orquestación poderosa, rítmica desbordante, entendimiento total con la directora y una velada novedosa e interesante.

Triunfó la directora Nil Venditti y la música nada habitual. Lástima las muchas butacas vacías, desconozco si por el frío que llegó de pronto o el desconocimiento de este concierto que resultó original y de calidad, esperando que en los próximos recuperemos el aforo de los buenos tiempos sinfónicos antes del tedio o la pandemia que aún habita entre nosotros.

Vientos del norte

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Miércoles 2 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón. Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1654: Quinteto VentArt (Myra Pearse, flauta; Juan Ferriol, oboe; Andreas Weisgerber, clarinete; Vicent Mascarell, fagot; José Luis Morató, trompa). Obras de Klughardt, Arnold, Hindemith y Medaglia.

Tercero de los conciertos de esta temporada en la filarmónica gijonesa con un quinteto de viento (del que el COVID nos privó el pasado mayo) formado por profesores de la OSPA que llevan lustros juntos y ya peinan canas, como todos, convirtiendo la música de cámara en una delicia tan necesaria para ellos como para los aficionados que disfrutamos con un programa muy interesante y «cercano en el tiempo» viendo la evolución en la composición para esta formación desde el período romántico hasta finales del pasado siglo, donde no faltó un compositor vivo que, como otros muchos de nuestro tiempo, escriben para estas agrupaciones, formación de quinteto de viento que se remonta al checo Anton Reicha en 1811 como bien cuenta la profesora Andrea García Alcantarilla en las buenísimas notas al programa (toda una seña de identidad de la centenaria sociedad que me hace guardarlas como auténtica fuente de información).
Un programa dividido en dos partes con dos regalos, demostrando el feliz entendimiento de estos cinco «asturianos» de adopción (para mí desde el pasado siglo con sus nombres propios: Myra, Andreas, Vicent, José Luis y Juan) que llevan tantísimos años de compañeros, manteniendo no ya una técnica magistral sino un amor por la música que transmiten al público.
Comenzaron con el alemán August Klughardt
(1847-1902) y su Quinteto de viento, op. 79, obra publicada en 1901, por tanto tardía pero plenamente romántica con muchos «recuerdos» tanto de Brahms como de Mendelssohn en sus cuatro movimientos (I. Allegro non troppo
II. Allegro vivace
III. Andante grazioso
IV. Adagio – Allegro molto vivace
). Impresionantemente bien tratados cada uno de los instrumentos, permite disfrutar juegos de timbres, diálogos y contestaciones en los cinco, estructurados de forma académica pero muy bien escritos, destacando el último movimiento con esa introducción lenta antes de atacar el virtuoso final donde disfrutamos del virtuosismo individual de este conjunto al servicio de la música.
Del británico Sir Malcom Arnold
(1921-2006), un trompetista que también compondría bandas sonoras, destacan estas tres «Canciones marineras», Three Shanties for Woodwind Quintet, op. 4 que el público disfrutó recordando estas melodías populares: I. Allegro con brio («What Shall We Do with a Drunken Sailor»), un tango o habanera que va creciendo y jugando con la tímbrica del quinteto, II. Allegretto semplice («Blow the Man Down / Boney was a Warrior») de contagioso ritmo ternario, simpático, brillante, con el tema pasando por los cinco instrumentos, y el  III. Allegro vivace («Johnny Come Down to Hilo») virtuosístico, humorístico y casi cinematográfico en su concepción, muy aplaudido y con la deseada alegría contagiosa de esta obra del compositor británico.
La segunda parte nos traerían a uno de los grandes del pasado siglo, el violista, musicólogo y compositor alemán Paul Hindemith
(1895-1963) con la Kleine Kammermusik, op. 24 nº 2 («Pequeña Música de cámara») creada para sus compañeros de la orquesta de la ópera de Frankfurt estrenada en Colonia el 12 de junio de 1922. Rompedora en su tiempo por sus armonías, toques de jazz, referencias al mejor Stravinsky y de nuevo el toque de humor que prevaleció en este primer miércoles de noviembre. Música camerística solo pequeña en el título, sus cinco movimientos exigentes tanto individualmente como en conjunto, demostraron la necesaria compenetración del quinteto en interpretarnos esta maravilla de obra con la «curiosidad» de utilizar el piccolo en el segundo movimiento con Myra «compitiendo con Peter«, y maravillándonos con la sonoridad del oboe de Juan, el toque bufón de Andreas, el lirismo de Vicent y el «soporte tímbrico» de José Luis. Así fuimos disfrutando del I. Lustig. Mäßig schnell Viertel, el vals satírico y también lírico del II. Walzer. Durchweg sehr leise, la muerte inspiradora del III. Ruhig und einfach, de ritmo vital casi marcial, el interludio IV. Schnelle Viertel para degustar la calidad de los cinco músicos, con tantas partituras en su trayectoria, unidos en esta joya del compositor alemán, concluyendo con el enérgico V. Sehr lebhaft, la lógica evolución romántica que en su momento fue revolución y el tiempo nos la ha dejado como cercana, agradecida de escuchar y disfrutando de la excelente interpretación de VentArt.
Y nada mejor para cerrar el programa que el brasileño Julio Medaglia (São Paulo, 1938), también muy cinematográfico, formado en la Europa de la llamada «vanguardia» con Berlín de capital musical. Partiendo de tres danzas populares en sudamérica a principios del pasado siglo (tango, vals paulista y chorinho), compondrá para el quinteto de viento de «Los Berliner» su Belle Epoque en Sud-America,  tres aires que nos suenan conocidos por la cercanía cultural por reconocibles incluso en su escritura:  I. El Porsche Negro (Tango), porteño y casi «plagio» de una Cumparsita con buenos vientos tanto individuales como en conjunto, II. Traumreise nach Attersee (Vals Paulista) reposado, cantado con el aire instrumental y un «rubato» bien entendido por este quinteto, más el III. Requinta Maluca (Chorinho), derroche de virtuosismo de Andreas en diálogo con sus cuatro compañeros en un desenfreno musical que levantó los mayores aplausos tanto para el solista de la OSPA como para sus amigos en esta travesía musical por el quinteto de viento.
Con ese regusto argentino nada mejor que un excelente arreglo de Adiós Nonino de Astor Piazzolla (1921-1992) que VentArt tienen desde sus inicios casi como «obligado» en su repertorio, la pujanza de la música hispana trabajada en la Europa académica y engrandecida por los compositores de nuestro tiempo.
Pero aún quedaba el último regalo de la «Aragonesa» de G. Bizet (1838-1875), cuya Suite nº 1 de Carmen en arreglo para quinteto, sonó sinfónica en la interpretación de estos cinco maestros hoy reunidos como buen viento del norte en Gijón.

Más allá de Beethoven

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“The Ninth Wave, Ode to Nature”, Soundart after Ludwig van (Beethoven). Dedicado a Christophe Desjardins (1962-2020). Music Edition Winter&Winter, Neue Klang Kunst. N° 910 268-2. CD, 2022.

La música después de Beethoven es siempre un reto y el propio Stefan Winter escribe y dirige un espectáculo con la música del japonés Fumio Yasuda (Tokio, 1953), nuevo trabajo del sello Winter&Winter grabado en vivo los días 17 y 18 de diciembre de 2020 bajo la dirección musical del asturiano Aarón Zapico al frente de un grupo de músicos con nueve obras organizadas en una trilogía de tres colores (azul, verde y rojo) tituladas: Infinite Blue, Deep Green y Red Zone, tres partes preparadas para interaccionar con pinturas en vivo, danza y sonidos con la naturaleza verdadera protagonista e inspiradora, bella y trágica.

Imágenes reflejadas en los cuerpos (las fotografías están en el CD) igualmente etiquetados junto a cada obra, que se inspira en la tragedia de la Isla de Lampedusa del 3 de octubre de 2013 y toda una serie de referencias que van desde el propio Himno de Europa (la Oda a la Alegría), recuerdos de la propia novena del sordo genial, el famoso cuadro de Gericault La balsa de la medusa y hasta «La Divina Comedia» de Dante.

Interesante la elección del grupo instrumental con piano a cuatro manos (las hermanas Ferhan & Ferzan Önder), dos
violas (Kelvin Hawthorne y Klaus-Peter Werani), clarinete (Joachim Badenhorst) y clarinete bajo (Gareth Davis), todos ellos bajo la dirección del mayor de los Hermanos Zapico con una toma de sonido verdaderamente excelente para un directo, tal como nos tiene acostumbrados el sello alemán. En YouTube© se puede ver la “performance” que tuvo lugar en Munich al día siguiente de la grabación discográfica el 19 de diciembre de 2020, dedicado al fallecido violista francés Christophe Desjardins en febrero de ese año horrible para todos.

La música de Yasuda, con efectos sonoros variados e impactantes sigue la línea del sello alemán Winter&Winter de inspirarse en obras clásicas (como comenzaron con Las Cuatro Estaciones de Forma Antiqva junto a Uri Caine), aquí toda una una recreación de obras más allá del último movimiento de “La Novena” sin necesidad de narrador o diálogos, simplemente el arte sonoro para toda una experiencia de escucha.

Así encontramos la Cantata op. 112, “Mar en calma y viaje feliz” (Meeresstille und Glückliche Fahrt), titulada “Water an Air”, la Sonata para piano nº 30, op. 109, “Afterlife”, interesante recreación a cuatro manos, o el Cuarteto de Cuerda nº 14 op. 131 junto a la Gran Fuga op. 134, “Seafoam”, conformando Infinite Blue, con las imágenes “Creation”, “Finiteness” y “Beauty”.

El Coro de Prisioneros de Fidelio, “Forest”, el segundo movimiento de “La Quinta”, “Wandering”, y “Under the Waterfall” con el Benedictus de la Missa Solemnes, op. 123 para Deep Green, con bailarines que proyectan “Forlornness”, “Escape” y “Search” de nuevo con esa combinación instrumental y de efectos de sonido no ya novedosas sino impactantes.

Finalmente Red Zone donde vislumbramos el segundo movimiento de “La Séptima” con el sugerente título “At the Bank of River Styx”, de nuevo el Coro de Prisioneros de Fidelio, “Red Rain”, una delicia de recreación, y concluyendo con “The Great Wave”, la Oda a la alegría de “La Novena” y el poder del rojo con “Powerlessness”, “Hatred” y “Desolation”.

Tríptico musical evocador e inspirador de por sí, que con la puesta en escena hace aún más impresionante este acercamiento desde nuestros días a la música después de Ludwig.

Buena música para Alarcos

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Martes 11 de octubre, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo (Teatro Filarmónica), concierto 13 del año, 2.038 de la sociedad: Orquesta Filarmonía Ibérica, Melani Mestre (piano y director). Concierto homenaje a Emilio Alarcos Llorach en el centenario de su nacimiento. Obras de: Herschel, García Gago, Jenkins, Mozart y Cases.

Reseña para La Nueva España del miércoles 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
En Oviedo todos conocían a Alarcos, y más los más los melómanos, de los que formaba parte, por lo que este concierto a él dedicado recogía parte de la música que le acompañaría en su vida (tal y como comentaba ayer su viuda y directora de la Cátedra que lleva su nombre, Josefina Martínez, desde estas mismas páginas, quien también tendría palabras de agradecimiento y recuerdos al principio de la velada donde no faltó reivindicación ni pedagogía, tras las de Santiago González del Valle, presidente de la Sociedad y el del RIDEA, además de socio de esta Filarmónica, Ramón Rodriguez).

 

La Filarmonía Ibérica, orquesta camerística compuesta por una excelente selección de músicos de cuerda de las últimas hornadas españolas y europeas, formados en las principales instituciones docentes, tiene como objetivo no solo redescubrir el legado y patrimonio musical ibérico desde el barroco más desconocido sino también nuestros compositores, históricos y actuales. Con el maestro y pianista barcelonés Melani Mestre (1976), tras su ingente tarea de recuperación e investigación previa, pudimos disfrutar este martes de su magisterio y buen hacer al frente de su orquesta.
La Sinfonía 8 en do menor del alemán F. W. Herschel (1738-1822) es una de las obras “oscurecidas” por sus compatriotas y contemporáneos Haydn o Mozart o Beethoven, pese a emigrar con 20 años a Inglaterra donde le nombrarían “Sir” más por astrónomo que músico. Tres movimientos (Allegro assai-Andante-Presto assai) en la línea de otras con más enjundia, de las 24 que compuso, pero interesantes, breves y de ágil interpretación.
La Tocata y fuga del berciano afincado en Barcelona Josep García Gago (1921-1999), un avanzado que recupera esta forma barroca desde su cátedra compositiva, que sonó contundente y clara por los once instrumentistas cual órgano de arcos.
El Concerto Grosso “Palladio” (1995) del galés Karl Jenkins (1944), arquitectura sonora de líneas inconfundibles e inspiración barroca del gran compositor británico bien dibujadas y contrastadas, con una excelente concertino.
Para la segunda parte ya con Mestre desde el teclado llegaría su propio arreglo para esta orquesta del conocido Concierto para piano nº 21 en do mayor, K. 467 “Elvira Madigan” de Mozart (1756-1791) que Alarcos tenía entre sus preferidos. El equilibrio entre solista y cuerda con la hondura melódica del genio de Salzburgo desde una interpretación muy cuidada aunque no todo lo limpia desde el piano, especialmente la cadencia del Allegro maestoso, que no desmerece esta personal visión y amor por tan bella página.
Y cerrando concierto la interesante Suite Barroca para piano y orquesta del ecléctico compositor catalán Carles Cases (1958), la modernidad de lo antiguo con perspectiva amplia desde el llamado neoclasicismo con aires cinematográficos.
Intérpretes y obra ideales para cerrar un concierto del que Don Emilio hubiera disfrutado hasta de la propina del marplatense Piazzolla Jeanne y Paul.
LN

Una dama asturiana y universal

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Martes 13 de septiembre, 19:30 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Segunda función: La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

Reseña para Ópera World del miércoles 14 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

El pasado domingo, tal y como contamos desde aquí, tuvo lugar el estreno absoluto de la ópera del gijonés Luis Vázquez del Fresno (1948) «La dama del alba» basada en el “retablo” homónimo de Alejandro Casona (Besullo, 1903 – Madrid, 1965) y volvíamos al Teatro Campoamor para escuchar el resto del “doble reparto” igualmente muy trabajado, con algunos de ellos repitiendo este martes 13 en plenas Fiestas de San Mateo de la capital asturiana.

La ópera contemporánea ya suma otro título y, como en toda obra, siempre resulta bueno escucharla de nuevo, pues cada interpretación es única, irrepetible y personal pero también la recepción del público, que acudió igualmente ilusionado ante este acontecimiento histórico. Como canta Martín en el primer acto Vale más sembrar una cosecha nueva que llorar por la que se perdió, y esta segunda función personalmente me llenó incluso más que el estreno. Los motivos sobre los que trabaja el compositor se tararean al salir y partir de las notas de nuestro “se oye sonar una gaita” (también “sal a bailar buena moza”) crea melodías que pasan de unos personajes a otros, a la orquesta, trabajándose desde todos los lenguajes que Vázquez del Fresno vuelva en este “retablo musical”.

La escenografía comandada por el asturiano universal Emilio Sagi volvió a convencer y enamorar con su estilo inimitable (sobretelón, espejos…), buenos movimientos organizados por Bianco y la impresionante iluminación de Faura, sin olvidarme esta vez del vestuario de otra carbayona, Susana de Dios, engrandeciendo todo ello la magna partitura del compositor gijonés junto a una OSPA de gran plantilla (con piano, arpa, amplia percusión y hasta saxo) en las manos del avilesino Rubén Díez, verdadero conocedor y concertador de esta ópera, haciendo música en mayúscula tanto instrumentalmente en solitario, caso del inicio, como en el interludio del segundo acto tras el descanso (que marca el paso estacional del invierno al verano en la siempre mágica noche de San Juan), con sonoridades plenas y matizadas, como acompañando las voces, mimándolas ante las dificultades técnicas que supone cada intervención del elenco, coro y solistas, todos con registros extremos donde los graves resultan a veces imperceptibles ante una masa sinfónica siempre controlada desde el foso.

Del estreno dominical repetían en roles breves, pero intensos, la excelente y natural Dorina de la soprano tinerfeña Ruth González que mantiene ese color ideal para encabezar el trío infantil con los cantores de la ovetense Escuela de Música “Divertimento”, en esta función Rita García como Andrés y Carla Gutiérrez en el papel de Falín, pequeñas grandes profesionales; también el siempre seguro tenor sierense Juan Noval-Moro como Quico, nuevamente sobrado en volumen y gusto, más dos de los “pesos pesados” de esta ópera que merecen un aparte.

La Peregrina del contratenor donostiarra Mikel Uskola, algo más potente este martes y buenos cambios de registro aunque adoleciendo de mayor volumen para su protagonismo casi total (nos quedamos con las ganas de haberlo escuchado interpretado por el inicialmente “pensado” Carlos Mena), pero dejándonos dos dúos con el abuelo y Angélica de mucho calado emocional; el tenor uruguayo Santiago Vidal como el “viudo” y enamorado Martín, de nuevo entregado, con un timbre de color agradable y buenos agudos, destacando en el dúo de amor que tiene junto a Adela.

Los debutantes en esta segunda función, con más peso escénico y vocal, fueron el bajo malagueño Luis López Navarro (abuelo), rotundo y potente; la mezzo cántabro-asturiana Marina Pardo (Telva) convincente en toda la tesitura de graves poderosos, muy integrada con su personaje tan cercano a nuestra tierra; la soprano valenciana Maite Alberola (madre) que personalmente fue lo mejor de la velada por su gusto en el canto, variedad expresiva para un rol que la necesita, proyección clara, volumen suficiente en toda la gama de matices, siendo un acierto su elección para contrastar colores; la también soprano y malagueña Berna Perles (Adela), salvada de las aguas, que elevó la calidad del elenco para esta partitura, con un registro de voz corpórea en toda la extensión de su tesitura, brindándonos un emocionante dúo con Martín.

Destacable la breve pero intensa aparición de Angélica que cantó otra asturiana, la soprano María Zapata, con el dramatismo expresado desde el desgarro lógico del personaje, seguridad sobre la escena y dominio vocal para redondear el poderío femenino de esta ópera tan universal como asturiana.

Buena elección de las paletas vocales para cada personaje, defendidos todos y cada uno con entrega, solvencia y seguridad desde unos registros al límite, junto a una “cantilena” donde las “pocas notas” se van modulando sin apenas referencias desde el foso, lo que exige un lirismo común a todas ellas.
Volver a aplaudir el importantísimo papel del Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” dirigido por el ovetense Pablo Moras, hoy más presente fuera de la escena, con los ecos claros, intensidades bien equilibradas y, por supuesto una escena con la danza de San Juan que junto al final coral de apoteosis con todas las voces, resultó un final digno de esta obra de perfumes asturianos y universales.

Encontrar el equilibrio y la homogeneidad global de todos los que han estrenado con tanta calidad esta ópera de Vázquez del Fresno es un verdadero triunfo, aunque todavía haya público que se pierda lo mejor marchándose al descanso. Los aficionados disfrutaron y aplaudieron merecidamente esta segunda función, de nuevo con buena entrada, volviendo a citar lo escrito por Casona en la voz de Martín: “Vale más sembrar una cosecha nueva que llorar por la que se perdió”. Porque nada es igual, cada representación es única, así que volver a disfrutar «La dama del alba» un martes y trece no fue sino una verdadera suerte.

Ficha:

Teatro Campoamor, Oviedo, martes 13 de septiembre de 2022, 19:30 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: segunda función “La Dama del Alba” (música de Luis Vázquez del Fresno y libreto inspirado en la obra de teatro homónima escrita por Alejandro Casona). Ópera en tres actos. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.

Reparto:

PEREGRINA: Mikel Uskola; ABUELO: Luis López Navarro; TELVA: Marina Pardo; MADRE: Maite Alberola; ADELA: Berna Perles; MARTÍN: Santiago Vidal; ANGÉLICA: María Zapata; QUICO: Juan Noval-Moro; DORINA: Ruth González; ANDRÉS: Rita García*; FALÍN: Carla Gutiérrez*.
COMPOSITOR: Luis Vázquez del Fresno; DIRECCIÓN MUSICAL: Rubén Díez; DIRECCIÓN DE ESCENA: Emilio Sagi; DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Daniel Bianco; DISEÑO DE VESTUARIO: Susana de Dios; DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Albert Faura.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras); * Escuela de Música “Divertimento”.

Heinrich Walther sigue impartiendo magisterio

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Domingo 2 de octubre, 17:00 horas. XIV Ciclo de Conciertos «Órganos de Covadonga»: Heinrich Walther. Obras de Antonio de Cabezón, Jan Pieterszon Sweelinck, J. S. Bach, Usandizaga y Víctor de Zubizarreta.

Segundo de los conciertos asturianos del ciclo de Covadonga que alcanza su decimocuarta edición, echando de menos nuestro desaparecido Festival de Órgano aunque Valdediós parece haber recuperado el pulso organístico. También segundo concierto del organista alemán con otra lección de buen hacer interpretativo  con un programa donde nos dejó seis obras que volvieron a poner a prueba el Acitores de la Basílica  con el propio Federico a pie de obra para que nada fallase.

Un auténtico placer volver a escuchar el gran órgano capaz de expresar como pocos los diferentes estilos y épocas, comenzando con nuestro Cabezón (1510-1556) y su Salve Regina,  el renacimiento hispano del órgano ibérico con registros emulando los de su época que Walther eligió a la perfección con una ornamentación clara y aire reposado, con la inestimable ayuda de Fernando Álvarez, titular del instrumento.

El compositor y organista holandés Jan Pieterszoon Sweelinck (1561-1621) prepararía el camino para el barroco posterior, y en su Psalm 23 (Tres diferencias) podemos apreciar un rico lenguaje modal con una trompetería clara de su época y la técnica de la variación que posteriormente alcanzaría niveles de auténtico virtuosismo. Walther mantuvo la «línea argumental» hispana trasladada a nuestra Covadonga.

Si Johann Sebastian Bach (1685-1750) es un referente musical en general y organístico en particular, de las obras más complicadas de ejecución y registro son sus seis Sonatas a trío, y Heinrich Walther eligió para este primer domingo de octubre la BWV 527 en re menor, una maravilla sus tres movimientos (Andante-Adagio-Vivace) donde eligió con mimo los registros adecuados para poder degustar cada voz, de digitación impecable y duraciones exactas para apreciar todo lo que «mein Gott» volcó en el papel, especialmente el último tiempo de exquisita tímbrica, donde los registros, incluso el «diabólico» pedal, estuvieron perfectamente equilibrados en el Acitores que respondió perfectamente a las exigencias del maestro alemán.

Volvía a sonar la transcripción de 2022 que el propio Walther realizó del I. Andante (1908) perteneciente a la Fantasía para violonchelo y orquesta del donostiarra José María Usandizaga (1887-1915), que en el órgano de Soto del Barco ya me encantase pero con los registros del de la Cuna de España aún brilló más. Sin perder nada de la original, como buen profesor de instrumentación el profesor Herr Heinrich supo darle la sonoridad del órgano con sabor vasco-francés (me transportó a los Cavaillé-Coll) donde el potencial del Acitores puede rendir a tope, y hasta la Voz Celeste o la Voz Humana con el trémolo apropiado, logra una paleta tímbrica más rica que la orquestal con unos Violones que realmente nos llevaban al fraseo del arco desde el pedal o el teclado I mientras los otros dos sugerían toda la plantilla sinfónica.

Sin dejar el País Vasco, del bilbaíno Víctor de Zubizarreta Arana (1899-1970), organista, compositor, pedagogo y director de orquesta y coros, disfrutamos de su Epitalamio, registros para sonoridades propias con las que Walther se identifica plenamente mostrando no ya el amor y conocimiento de las obras  de Guridi, Usandizaga y el propio Zubizarreta, sino el profundo conocimiento del estilo entre siglos con el «aroma francés» que marca estas composiciones.

Para finalizar de nuevo «Bach, mein Gott» y su Preludio y Fuga en mi bemol mayor BWV 552, la contención luterana sin sacrificar el «más puro sonido alemán», registración justa para una nueva lección de claridad expositiva, del sugerente y luminoso preludio a la trabajada meditación de la fuga con que nos deleitó a un público ensimismado con Heinrich Walther, segunda jornada de esta su personal peregrinación asturiana que el martes nos llevará al Grenzing de Pola de Siero.

De oro y plata: espejos y reflejos

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Sábado 1 de octubre, 20:00 horas. Colegiata de San Juan Bautista (Espacio Liberbank) de Gijón. Espejos y reflejos: El León de Oro (LDO), Marco A. García de Paz (director). Obras de varios autores. Fotos propias y cortesía de Beatriz Montes.

No se puede comenzar mejor este octubre que asistiendo al primero de los conciertos de la temporada del LDO en sus bodas de plata, 25 años que nos han pasado volando, o mejor «en un cantar», un pedazo de mi historia como «leónigan» viéndoles crecer, asentarse, renovarse y siempre sorprendiendo por su permanente búsqueda de la perfección y la belleza, buscando la excelencia con el buen hacer que les acompaña como sello inconfundible desde sus inicios en el bar homónimo de Julio García de Paz en Luanco, convirtiéndoles en todo un referente coral con su proyecto (Aurum y Los Peques) además de  reconocerles como uno de los mejores coros españoles (yo diría europeos sin que me ciegue la pasión).
El título del concierto, Espejos y reflejos, lo describe el propio Marco en las notas al programa: «Celebramos lo que hemos sido, lo que somos y lo que esperamos llegar a ser», un programa donde pasaron revista a las obras que «nos acompañaron en nuestros inicios, que nos hicieron madurar, aprender, enfrentarnos a retos que parecían imposibles, que nos hicieron destacar y crearnos un nombre y que marcan el camino por el que queremos  seguir transitando». Fieles siempre a un estilo propio, conjugando pasado, presente y futuro con un relevo generacional que mantiene la base inamovible y segura, necesaria para el aprendizaje de las incorporaciones.
El pasado, más presente que nunca, con sus interpretaciones del Renacimiento español que les abrió puertas en Inglaterra de la mano de Peter Phillips, un hito y colaboración más allá de lo discográfico, un amigo. Este sábado Vivanco, celebrando el cuarto centenario de su muerte, Guerrero que junto a Victoria (sólo faltaba Morales) completan la «trilogía dorada» que sigue brillando en sus voces: abriendo concierto O quam suavis de Sebastián de Vivanco (1551-1622), empaste ideal, vocalización precisa y la afinación inconmensurable; Mi ofensa es grande y Sancta et immaculata de Francisco Guerrero (1528-1599), la segunda con unas voces blancas siempre impresionantes por unos agudos penetrantes pero aterciopelados y las graves como diría mi compañera de silla, «dulces», para finalizar este bloque con el Regina coeli de Tomás Luis de Victoria (1546 -1611), marca de la casa, el fraseo impoluto, el empaste y equilibrio que dan las voces extremas a modo de sustento perfecto para la edad de oro de la polifonía a cargo de unos leones con muchos quilates.
Presente de compositores que han encontrado en el LDO la mejor formación coral para sus obras y el coro asturiano caminos explorados sin etiquetas, otra trilogía actual con Vila, Dubra y Busto, dedicándole Marco a Óscar Camacho este segundo bloque «presente» en el que causas más cinéticas que «cinégeticas» obligaron a nuestro querido compañero a «chupar banquillo» pero reconociéndole públicamente su trabajo en la sombra a lo largo de tantos años con sus amigos: In Paradisum de Josep Vila i Casañas (1966) verdadera maravilla del sabadellense que en estas voces resulta realmente «paradisíaco», el llamado arcón del que siempre salen obras que han marcado el devenir del coro luanquín; continuarían con un estratosférico Stetit Angelus de Rihards Dubra (1964) en la línea polifónica báltica de nuestros días con este letón que parece componer a medida de los «leones», cómodos en estas obras arriesgadas pero verdadera apuesta por la música actual en las voces con más futuro: para rematar este segundo bloque O magnum mysterium de Javier Busto (1949), la partitura que está en los genes de nuestro coro y el propio doctor de Ondarribia sigue asombrándose por la interpretación de un LDO sonando cada vez mejor, como comentaría el propio Marco, pues en estos tiempos sigue luchando por superarse.
Y futuro esperanzador manteniendo la labor de transmitir nuestro legado español transitando todas las épocas con la misma entrega y calidad, repertorios actuales que conocen de primera mano trabajando duro para afrontar obras que están al alcance de muy pocos coros, desde la apuesta por Ugalde (las mujeres al fin protagonistas) y Alcaraz hasta el icono coral de nuestro tiempo, Whitacre, siempre en busca de la excelencia: como muestra de calidad el Miserere de Eva Ugalde (1973) a cargo de ellas, parte de las Aurum integradas en LDO incluyendo a la propia Elena Rosso (un auténtico placer escucharla entre iguales); el Ecce quomodo moritur justus de Albert Alcaraz (1978) constituye otra de las obras del  compositor alicantino con el que este coro se identifica y hace suyas todas sus obras; finalmente Sainte-Chapelle de Eric Whitacre (1970), polifonía de hoy para coros con solera entre los que se encuentran los asturianos, arranque gregoriano digno de abadías, coralidad impregnada de buen gusto y una interpretación con mucho recorrido antes de engrosar el amplio arcón que en estos 25 años tienen los gozoniegos.
Tres bloques diferenciados, escuchados cada uno con un silencio respetuoso por un público ensimismados ante la calidad de unas voces que hoy, sin llegar a 30, sonaron equilibradas, afinadas y entregadas en un marco de belleza y acústica ideal para un repertorio que constituye la espina dorsal de este coro asturiano e internacional.
Agradecimientos a los mecenas, entre ellos SATEC, a los socios protectores, las administraciones públicas, a los colaboradores, amigos, y por supuesto a la irreemplazable Adela Sánchez. Y un regalo que no hacía falta presentar: Fariñona y marañueles del citado Alcaraz, con solo de Elena, la mejor estampa asturiana comprendida por el noveldense que tantos otros coros interpretan y el LDO lleva siempre en la mochila.
Y para despedirnos, del gran Jesús Gavito Feliz, docente, compositor, director y bajo fundador de estos «leones», En toda la Quintana que se estrenase en este mismo recinto, con solo de Sandra Álvarez, timbre ideal para esta obra nuestra armonizada «a medida» por el músico parragués que puso el mejor broche de oro para esta temporada de plata que los «leónigans» disfrutaremos todo lo que se pueda, esperando llegar a celebrar con ellos los 50 años. Hay cantera, ilusión y el objetivo de alcanzar la excelencia.
FELICIDADES LEONES

Heinrich Walther de nuevo en Asturias

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Viernes 30 de septiembre, 19:00 horas. Iglesia Parroquial de San Pedro de Soto del Barco. Concierto de órgano: Heinrich Walther. Obras de BachUsandizaga y Franck.

Cada visita del organista Heinrich Walther (1959) a nuestra tierra es un verdadero acontecimiento para los amantes del instrumento rey, siempre fieles a la cita, y en esta estancia que arrancaba en un ayuntamiento melómano que siempre ha apoyado al órgano, el músico alemán pasará los próximos días por los órganos de Covadonga, Pola de Siero para recalar finalmente en Avilés (que me perderé por coincidencia con mi «calendario musical»), instrumentos que conoce como pocos.

Sería el alcalde Jaime José Menéndez Corrales quien también organista e impulsor de estos conciertos  en su concejo, presentaría el primero de la gira asturiana de Heinrich Walther, recordando que el órgano parroquial se inauguró en 2010 (reaprovechando el antiguo de Santo Tomás de Avilés) y desde entonces han dado conciertos en él grandes intérpretes nacionales e internacionales, incluyendo el propio Walther en los años 2012 y 2019. Aplaudir a Jaime por volcarse con los necesarios cuidados de un instrumento que necesita seguir sonando, funcionando y en perfecto estado de mantenimiento, pudiendo tomar nota tantas autoridades que están dejando pudrirse literalmente otras joyas organísticas, algunas a pesar de ser «Bien de Interés Cultural«.

El trabajo de un organista no sólo consiste en la técnica y especialmente la registración, nunca hay dos instrumentos iguales. Sumemos el el trabajo diario en busca de repertorio nuevo o la ardua labor de transcribir obras de otros instrumentos para el órgano o directamente las páginas sinfónicas que en el instrumento rey alcanzan nuevos colores.

Heinrich Walther eligió para el «resucitado Acitores de Soto» tres compositores ideales para un órgano que se ha asentado con el tiempo y mejorado sonoridades, comenzando con «el padre de todas las músicas», Johann Sebastian Bach (1685-1750), imprescindible para intérpretes y melómanos, esta vez el Preludio y Fuga en mi bemol mayor, BWV 552. Sin necesidad de muchos cambios en los registros, el maestro Walther afrontó con claridad de fraseos, combinaciones y transiciones de teclado increíbles y pedal en su justa presencia, tanto el impresionante preludio como la siempre exigente fuga, en una gama de matices que el instrumento sacó a relucir como pocas otras veces. Respeto total al estilo de El kantor en este órgano a la orilla del Nalón que nos transportó de la Alemania luterana a la Asturias católica desde la espiritualidad que sólo la música de órgano alcanza. Primera lección vespertina con «Mein Gott».

Hace años que el profesor Walther se enamoró de la música de José María Usandizaga (1887-1915), del que está transcribiendo muchas de sus obras, caso de la Fantasía para cello y orquesta de 1908, cuyo primer movimiento (Grave, Andante) ya estrenó este año en Logroño, siendo nuevamente un placer escuchar el trabajo del alemán para recrear una obra como la del donostiarra. La sabia elección de los registros (ayudado por José María Martínez a lo largo de todo el concierto) nos permitió descubrir matices nuevos con todo el respeto al original pero que escuchado al órgano tiene todo el aire francés de los compositores que acudieron a la Schola Cantorum parisina por la que también pasaron varios españoles como el propio Usandizaga.

Y manteniendo en el aire ese aroma francés del compositor vasco, nada mejor que César Franck (1822-1890) y su Sinfonía en re menor para concluir este concierto en tres movimientos: Lento-Allegro non troppo; Allegretto; Allegro non troppo, la última versión de 2020/21 con la que Walther lleva muchos años de trabajo casi cual orfebre, y no es de extrañar porque la labor de transcripción alcanza cotas increíbles de calidad, otra auténtica recreación de esta sinfonía orquestal. La obra original, de la que se atacó la orquestación juzgándola de «espesa» por sus largos desarrollos y continuas modulaciones, calificándose también de «wagneriana», se ha escrito igualmente que «llegó a ocupar un lugar privilegiado en el repertorio de las grandes orquestas, aunque en la actualidad está de nuevo un tanto «olvidada»». La explotación de un tema único consigue rememorar sinfonías de Bruckner y evita también la fragmentación, y Walther la entiende a la perfección con una increíble combinación de registros y pedal de expresión que nos descubren tímbricas propias engrandeciendo las orquestales. A cada movimiento le otorga un sentido propio pero manteniendo claro el motivo principal que pasa de un teclado a otro con un juego sonoro donde el órgano del Bajo Nalón se comportó a la perfección. Los arreglos y adaptaciones tecnológicas al «Acitores» han hecho posible todo un abanico de sonidos que no sólo recuerdan las distintas secciones orquestales sino las casi infinitas posibilidades del órgano. Flautados penetrantes, un violon celestial, lengüetas afinadas y en general toda la tubería respondió a la paleta desplegada por el maestro alemán, fiel a la partitura orquestal a la que dota de nueva vida sin perder nunca la sonoridad francesa tan reconocible. Una verdadera lección que sólo este viernes hemos tenido en Soto del Barco. El domingo Covadonga volverá a recibirle y la música del órgano llenará la cuna de España en manos del otro alemán al que ya consideramos hijo adoptivo de nuestra tierra.

Ampliando el repertorio coral asturiano

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Jueves 22 de septiembre, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo: Presentación de Lluna d’abril, «12 pieces corales» de Carlos Rubiera. Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», José Manuel San Emeterio (director), María Alvarez Santiago (acordeón). Entrada libre.

Se presentaba en el Teatro Filarmónica de Oviedo el último trabajo de José Carlos Rubiera Tuya (Caldones, 2 de febrero de 1956), para todos Carlos Rubiera, un álbum de partituras con doce piezas corales suyas que ha contado con el apoyo tanto de la Dirección General de Política Llingüística como de la Academia de la Llingua Asturiana (ALLA), que lo publica con el número 16 de su colección «Collecha Asoleyada«, un paso adelante del polifacético músico gijonés que con el título de Lluna d’abril se atreve con obras nuevas propias o adaptadas para seguir ampliando el repertorio coral.

Tras los discursos (en asturiano, pues se trataba de un acto «Fechu en Asturies») primero de Xosé Ramón Iglesias Cueva, secretario de la ALLA, y de Antón García Fernández, director general de política lingüística, el propio compositor comenzaría haciendo una breve presentación de esta aportación suya con letras en asturiano, criticando el asturiano amestau (la mezcla de asturiano y castellano que cohabita en nuestra tierra) de muchas otras obras populares. En el prólogo (o antoxana) el propio Carlos Rubiera escribe: «abúltame que n’Asturies nun andamos sobraos de repertoriu coral propiu; a pesar de ser la nuestra una comunidá con una llarga tradición d’agrupaciones corales populares y onde la xente yera (más de lo que ye) aficionao a cantar. Ye verdá qu’hai un repertoriu coral asturianu prestosu pa la xente y valoratible dende’l puntu de vista musical. Pero, too hai que dicilo, nel sen poéticu y llingüísticu, na música coral asturiana hai poco onde escoyer si se quier llevar pel mundu alantre con “arguyu de pais”», que también lo leería dejando claras sus intenciones y antes de dar paso a la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo« con su director José Manuel San Emeterio que cantarían ocho de las 13 partituras (el título dice 12 cantares pero La Capitana figura como bien explicó el propio Rubiera, en versión doble), trabajadas con el cariño que se necesita para un coro que va renovándose poco a poco en plantilla pero también en su repertorio.

El concierto comenzaría con dos canciones del oriente astur (Ribadesella y Llanes) para 4 voces «a capella»:
La Ponte que pasa el Sella y Virgen de Guía, melodías propias, que en versión coral, especialmente la segunda, toman otro rumbo al que nos tiene acostumbrado el cantautor gijonés.

Seguiría presentando Carlos Rubiera las siguientes obras: primero un Ave María profano que intenta remarcar tanto el empoderamiento femenino como la figura de La Deva o diosa astur antes del enfoque católico de la mujer como madre de dios.

A continuación Cuando pienso, una adaptación (como ya hiciese al español la cretense Nana Mouskouri) pero al asturiano del famoso coro de esclavos del «Nabucco» verdiano, el famoso Va Pensiero que ya estaba publicada «En Clave de Lluna» (2019), habitualmente con acompañamiento de piano y que ahora rehizo para cuatro voces y acordeón, con María Alvarez Santiago fiel al «original» y todo lo que supone un instrumento capaz de respirar con las voces cual órgano o armonio, consiguiendo crescendi imposibles en un piano, con un coro algo desajustado aunque mejorarían al bisarlo como regalo.

Tras la emoción confesada tras este canto de libertad por el mismo Rubiera, continuaría comentándonos que de las doce obras, la mitad son habaneras, narrándonos el origen de esta forma y de la emigración tan nuestra a Cuba, haciendo de este género algo no solo del norte de Peñas al Golfo de Vizcaya sino también del Mediterráneo, canciones con mucha tradición en nuestras formaciones pero donde faltaba cantarlas en asturiano, recordando la suya (desde 1987), La Capitana que no suele faltar en muchas fiestas desconociendo muchos que es suya la autoría pese a ser considerada, y lo es, una habanera asturiana popular. Explicaría que le ha dado otro sentido desde una estrofa popular que él mismo hizo crecer, y que al menos ya queda documentada «oficialmente», escrita coralmente con el acordeón que le da todo el sabor marinero, escrita con dos versiones: a 5 voces en la tonalidad de sol mayor, más exigente en los agudos, y otra más cantabile a 4  voces en re mayor. Esta tarde sonaría junto a otras tres, comenzando con De Candás a Torrevieja, un viaje musical del Cantábrico a la capital de las habaneras, Americanu del pote, la crítica a los emigrantes que no fueron indianos ni tampoco ricos, con la crítica necesaria, «coña marinera», y el inconfundible espíritu habanero para finalizar igualmente crítico con Rey del pantalán, en cierto modo los llamados «toreros de salón» trasladados a los marineros de tierra firme que presumen sin salpicarse de salitre (y nada que ver con el emérito navegante).

Y finalmente llegaría a capella la versión «difícil» de la más popular de sus habaneras, La Capitana que ahora llega a «Generala» con una adaptación exigente en la tesitura más aguda (quedó algo gritada) pero engrandecida para la habitual «de chigre». Quedaría sin escucharse, aunque la citase, otra como
Van pa La Habana. No pude tener las partituras y los títulos están tomados en el teléfono según iba presentándolas Carlos Rubiera.

Tras las palabras de despedida del director del coro y los aplausos merecidos, repetirían con Verdi al que también en las sidrerías adaptamos al asturiano («Va pa Siero, camín de Noreña…») que escuchando Cuando pienso adquiere el mismo hipnotismo hímnico del risorgimento italiano trasladado a una Asturias que también necesita renacer. La cultura es la mejor arma, «quien canta su mal espanta» y los coros el mejor ejército armado con nuevas partituras que Carlos Rubiera sabe de su alcance sin más deseos que actualizar la munición «fecha en Asturies». Por finalizar en nuestra llingua: Nun ye momentu de falar, meyor cantar.

Asturias ópera universal

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Domingo 11 de septiembre, 19:00 horas. LXXV Temporada de la ópera de Oviedo: Teatro Campoamor. Estreno mundial La Dama del Alba (Luis Vázquez del Fresno).

Reseña para Ópera World del lunes 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos, recortes de prensa y tipografía, cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

El gijonés Luis Vázquez del Fresno (1948) lleva media vida, con su ópera «La dama del alba» de la que los primeros esbozos datan de finales de los 80 (aunque fechada entre 1991 y 2003), que al fin se ha estrenado este domingo once de septiembre para inaugurar las Bodas de Platino de la Temporada de Ópera de Oviedo. Mi admirado Luis ha sido y sigue siendo no solo un docente y pianista de referencia sino también uno de nuestros compositores más activos y relevantes del panorama musical desde hace más de medio siglo, con repertorio y obras que abarcan prácticamente todos los géneros y estilos, desde la adaptación y asimilación de material folclórico hasta la música indeterminada. El libreto, también suyo, inspirado en la obra de teatro homónima del escritor asturiano Alejandro Rodríguez Álvarez, conocido como Alejandro Casona (Besullo, 1903 – Madrid, 1965), es un drama rural escrito en 1944 durante su exilio bonaerense y estrenado en la capital argentina el 3 de noviembre de ese año, nada menos que por Margarita Xirgu junto a Alberto Closas, Susana Canales y Amelia de la Torre, verdaderas figuras en la memoria de muchos de mi generación.
La obra teatral comienza «En un lugar de las Asturias de España. Sin tiempo» dejando claras las intenciones de Casona y del propio Vázquez del Fresno: el dónde para configurar un espacio dentro del imaginario colectivo pero no el cuándo que apenas importa, en cualquiera de nuestras «aldeas» pues Asturias siempre es inspiradora desde el exilio, sea físico o interior, con la lucha del amor como fuerza más poderosa que la muerte entre el vigor de la naturaleza que todo lo invade, energía y música vital contra el dolor y la acechanza de la parca seductora que no pierde vigencia en este “Paraíso Natural” además de atemporal, bien llevado a la escena por otro asturiano universal como Emilio Sagi en tándem con Daniel Bianco más la iluminación de Albert Faura, un auténtico acierto que encumbra este teatro cantado, conjunción de lo real y lo onírico en un bosque de robles otoñales y estivales, todo un éxito que arrancó grandes ovaciones.
La música del compositor no solo realza la prosa poética del dramaturgo de Cangas de Narcea, eliminando escenas y diálogos pero manteniendo lo esencial, siempre respetando los textos a base de motivos reconocibles y pegadizos cual leit motiv o idea fija desde sus años de formación parisina, evocando las notas de la melodía asturiana “sal a bailar buena moza” que encajan perfectamente en la letra que Casona pone en boca de sus personajes, también la orquesta, de plantilla amplia con gran percusión e incluyendo también piano, arpa o saxofón y hasta efectos sonoros, forma parte de la propia acción completando momentos de tensión o remanso con un estilo propio que bebe de todo tipo de recursos donde no falta un toque cinematográfico de musical. En este sentido la OSPA fue tan protagonista como las voces para una partitura realmente compleja y muy exigente para todos, especialmente para todo el elenco vocal que apenas tenía referencias, con tesituras extremas donde los graves no siempre resultaron suficientemente audibles pero que el maestro avilesino Rubén Díez siempre intentó mantener el equilibrio entre foso y escena, volcado en este estreno que puso a prueba cada intervención, destacando la obertura y un hermoso interludio del segundo acto muy aplaudido, que marcaba el cambio del invierno al verano tras las siete lunas.
De la parte vocal quiero comenzar destacando al coro titular dirigido por Pablo Moras, con mucha participación fuera de escena que supone un hándicap, contestando la acción como flotando, pero solventado con éxito y mucho ensayo previo, y no digamos su presencia protagonista como aldeanos en la Noche de San Juan o al final de la obra verdaderamente emocionante. Voces muy trabajadas y homogéneas junto a una escena que redondeó este estreno.
También importante el papel que desempeñan los niños: Ruth González como Dorina, con más protagonismo y un color natural perfecto para su rol, más Andrés y Falín cantados por Irene Gutiérrez y Gabriel Orrego de la Escuela «Divertimento», verdadera cantera infantil con una profesionalidad digna de admiración (aportando los dos repartos).
Lo más destacable de la ópera es el papel de la omnipresente muerte, “La Peregrina” que Vázquez del Fresno escribe para contratenor, una voz sugerente para la ambigüedad, de una carga dramática reflejada en su partitura con la que Mikel Uskola hubo de luchar toda la obra, especialmente en los graves poco audibles, pero compensado por los momentos de ternura como la escena con los niños. Inconmensurable su trabajo y entrega pese a su juventud, que se cura con los años, y la voz también.
Son los personajes femeninos sobre los que pivota el grueso de la acción aunque los masculinos sean el contrapunto necesario, elegidos todos en tesituras “clásicas” pero también por los distintos colores, comenzando por el abuelo de David Lagares con un peso escénico y vocal importante que el bajo onubense defendió con solvencia y buen cuerpo, el breve y efectivo Quico del tenor asturiano Juan Noval-Moro con volumen más que suficiente, y el complejo Martín del tenor uruguayo Santiago Vidal que fue de menos a más como su personaje, destacando su dúo con Adela de la escena undécima.
Las mujeres de aldea, duras, matriarcas, también tuvieron que bregar con registros no siempre cómodos y líneas de canto exigentes, luchadoras como sus personajes, comenzando con dos mezzos: la sufrida Telva de la bielorrusa y asturiana de adopción Marina Pinchuk que pasa del dolor por la pérdida de sus siete hijos en la mina (escenificados por robles) a la emoción con los niños o la complicidad con el ama y con Adela, bien reflejado en sus intervenciones; la apenada, esperanzada y finalmente convencida aunque dolorosa madre de Sandra Ferrández, papel menos agradecido pero lleno de matices con momentos de calidad y complicidad en sus dúos.
Y quedan las sopranos: Beatriz Díaz, la más internacional de las nuestras, encarnó a una Adela de tesituras extremas y no siempre agradecidas, poderosa en los agudos, pianos sobrecogedores, gusto en la escena con los niños, entrega total en el dúo con Martín y una línea de canto segura pese a unos graves demasiado exigentes, explotando su ya conocido potencial sobre escena; breve pero igualmente entregada e intensa la Angélica de la pacense Carmen Solís, desgarradora, plena de intensidad vocal y emocional, con color parecido a quien Martín la supliría en su corazón, otro acierto en la elección del elenco.
Estreno esperado de casi tres horas, con una primera parte algo lenta, como la espera de la parca que ahuyentó a parte del público, y la luminosa segunda donde fuimos reconociendo los motivos para llegar al final por todo lo alto con el Campoamor, de gala para este regalo de cumpleaños, aplaudiendo largamente esta ópera de nuestro tiempo y a todos los que hicieron posible esta “Dama de Luis” con un compositor feliz de ver cumplido un sueño. Y mi felicitación para la ópera ovetense por seguir programando obras actuales en la temporada de los 75 años.
El martes 13 asistiré, si nada lo impide, a la segunda función para escuchar y volver a disfrutar con esta obra de mi tiempo por voces de hoy para el futuro.
Ficha:
Teatro Campoamor, Oviedo, domingo 11 de septiembre de 2022, 19:00 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: Estreno mundial “La Dama del Alba” (música de Luis Vázquez del Fresno con libreto inspirado en la obra de teatro homónima de Alejandro Casona). Ópera en tres actos. Nueva producción de la Ópera de Oviedo.
Reparto:
PEREGRINA: Mikel Uskola; ABUELO: David Lagares; TELVA: Marina Pinchuk; MADRE: Sandra Ferrández; ADELA: Beatriz Díaz; MARTÍN: Santiago Vidal; ANGÉLICA: Carmen Solís; QUICO: Juan Noval-Moro; DORINA: Ruth González; ANDRÉS: Irene Gutiérrez*; FALÍN: Gabriel Orrego*.
COMPOSITOR: Luis Vázquez del Fresno; DIRECCIÓN MUSICAL: Rubén Díez; DIRECCIÓN DE ESCENA: Emilio Sagi; DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Daniel Bianco; DISEÑO DE VESTUARIO: Susana de Dios; DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Albert Faura.
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras); *Escuela de Música “Divertimento”.

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