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De princesas y emperadores

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Miércoles 21 de junio, 22:00 horas. Inauguración del 72 Festival de Granada. Palacio de Carlos V, Universo vocal (Ópera I): El retablo de maese Pedro: “Un tríptico sobre Don Quijote”. Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Alicia Amo (soprano), David Alegret (tenor), José Antonio López (barítono), Juan Carlos Garvayo (clave), Aarón Zapico (dirección musical); Compañía Etcétera, Enrique Lanz (dirección de escena, títeres, escenografía y proyecciones). Obras de Telemann, Boismortier y Falla.

Granada y Manuel de Falla forman un tándem inseparable desde que el gaditano la visitase varias veces a partir de 1915 hasta instalarse en 1921. La ciudad de Lorca uniría al poeta universal con el compositor y con el artista Hermenegildo Lanz, que llegaría a la ciudad nazarí en 1917, amistades que entre tanto talento dejarían “Los títeres de Cachiporra de Granada” junto al musicólogo Adolfo Salazar, o la “Fiesta del Día de los Reyes Magos” también con el llamado teatro guiñolesco. La princesa de Polignac encargaría a Falla El retablo de maese Pedro, especie de ópera de cámara moderna (que terminaría el 6 de enero de 1923) inspirada en estas funciones con títeres, y se estrenaría en el palacio parisino un 25 de junio de 1925, donde se utilizaron dos tipos de títeres: muñecos grandes para los personajes del público y figuras planas para los personajes del retablo.
Cien años después, “El retablo” sigue siendo palaciego, mejor en la Granada imperial de Carlos V que en el París de los “felices años 20” con la heredera de Singer (el de las máquinas de coser), invadido por el mismo espíritu original de Lorca, Lanz y Falla (muy recomendable la exposición en el Museo Casa de Los Tiros”El pasado presente” sobre el centenario del retablo hasta el 3 de septiembre) y que tenía que estar en este histórico Festival.
Todo un espectáculo en torno a la figura de Don Quijote con la OCG bajo la batuta del asturiano Aarón Zapico que pergeñaría un tríptico desde el barroco que domina desde sus inicios musicales, hasta este Falla centenario, una música global sin pausas con la inspiración literaria para unas músicas que sonaron como un “sueño de una noche de verano” con cumpleaños feliz tras detenerse las tormentas.
Con el palacio al completo en esta inauguración donde no faltó nadie ni nada, comenzaría a sonar Georg Philipp Telemann (1681-1767) y la Burlesque de Quichotte, obertura-suite en sol mayor, TWV 55:G10 (1716), la OCG ubicada atendiendo a la escenografía posterior y con las lengüetas algo separadas que tardaron en ensamblarse, con un Zapico pisando el acelerador apostando por los contrates y tempi arriesgando con una respuesta orquestal impecable y de auténtico barroco.
Sin pausas, aguantando desde la dirección la tensión que enlazaría en una unidad increíble seguiría Joseph Bodin Boismortier (1689-1755) con fragmentos de Don Quichotte chez la Duchesse, op. 97 (1743), misma tensión barroca, cuerda precisa, viento empastando mejor, percusión más “a tempo” y un clave “histórico” algo apagado pese a una amplificación suficientemente discreta que no logró el balance ideal que el Palacio de Carlos V necesitaría para esta música del XVIII con una orquesta del XXI, aunque la entrega de los músicos y su respuesta a la dirección del asturiano fue digna de admiración.
Y con la proyección en el “sobretelón” de los títeres quijotescos llegaría el esperado «El retablo de maese Pedro» (1919-1923) de Manuel de Falla (1876-1946).
El trío solista ubicado a la izquierda pero la acción de la maravillosa Compañía Etcétera de Enrique Lanz, volviéndonos niños nos hizo creer realmente que los títeres cantan, mantienen la acción en total compenetración con la música, y la amplificación que no siempre ayudó a las voces aunque la producción posterior seguramente encuentre el equilibrio justo. Con el cambio al clave “histórico” de Juan Carlos Garvayo, algo limitado en volumen pero con momentos de presencia impecable, una OCG sin limitarse en plantilla a la ideada por Falla, pues el palacio imperial necesitaba más músicos que el salón de “La Polignac” y una sincronización perfecta entre música y escena, Maese Pedro interpretado por el tenor David Alegret daría la pauta de este teatrillo al que cien años no son nada ante su actualidad en todos los aspectos, de amplificación compleja que no ayudó a disfrutar de su color ni textos. Del Trujamán interpretado por la soprano Alicia Amo comentar que tuvo la complejidad vocal de las transiciones entre un timbre de niño con los cambios dramáticos y la no siempre clara dicción, creo que debida a mi cercanía (fila 8) que mezclaba el sonido directo con el amplificado, aunque compensada por esos “cambios de registro” que ayudaron a la conjunción escénica necesaria. En cambio Don Quijote del barítono José Antonio López, siempre seguro de calidad y emisión, no tuvo las diferencias entre «natural y artificial» de su proyección y sensación de poderío, tanto corporal como de proyección, ventajas de esas voces que ni siquiera cambian el color ni la presencia tan necesarias para este Quijote de Falla.
Triunfo total de Enrique Lanz y toda su compañía, un equipo entregado hace años que volvía a dar vida a unos títeres históricos, familiares, con una escena tan creíble como bella con todo lo que conlleva mantener y actualizar un legado centenario. Espectáculo total es la ópera incluso de cámara, el Falla libre para crear esta joya tan actual como entonces desde la grandeza imperial que al fin es justa con una partitura bien leída e interpretada por un elenco al mando del maestro Zapico, conocedor de primera mano de esta producción que ya vivió e interpretó en Oviedo allá por 2009 desde el clave, y con mando absoluto este miércoles de festejos múltiples, llegada del verano para una noche primaveral donde Falla sigue presente y vigente.
La magia prosiguió en la noche granadina sin movernos de La Alhambra, asturianos y hermanos gallegos cerrando círculos y experiencias que mejor contarlas de palabra, pues hay sentimientos y casualidades en la vida que darían para una película. La banda sonora será de Falla…

Granada día 0

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Mañana 21 de junio comienza la 72 edición del Festival de Granada. Historia viva de nuestra música española y siempre unido al nombre de Manuel de Falla, el gaditano enamorado de la capital nazarí. Este 2023 y ya jubilado será todo un orgullo, además de enorme placer, asistir y contar desde aquí lo que me espera en un mes que será inolvidable y tal vez la envidia de todo melómano.

En mis años de estudiante con el profesor Casares, Granada y su festival ya eran algo para no perdérselo, y si además es parte de mi propia historia personal por estar casado con una psicóloga licenciada en esta universidad, era lógico que nos escapásemos a compartir recuerdos de juventud. Mi profesión docente estaba siempre marcada por el calendario escolar, lo que no impedía pasar algunos días de las vacaciones de navidad en esta  ciudad mágica, y mi primera vez en el festival fue en su edición 60 de 2011, conociendo en persona al siempre añorado «El Pérez» con quien comentar su monografía sobre Mahler que ya preparaba segunda edición ampliada, pudiendo escaparme al concierto que no podía perderme, puesto que mis admirados Forma Antiqva actuarían en el Auditorio con un programa que sería un hito en la historia de los langreanos y además la llevarían al disco «con un par», tras una de mis mejores experiencias musicales que reflejé en aquel blog que comenzaba su andadura en 2008 pero donde Granada sería el punto de inflexión.

Con motivo de los 70 años del Festival, ya peinando canas y próxima la jubilación, María del Mar Peña directora de «La oculta Granada» me pedía unas notas que de nuevo plasmé en este blog tras la mudanza con la que cambié de plataforma pero no de sentimientos, rememorando mi primera escapada al Festival (con mayúscula pues no hay otro igual). Ahí escribía hace dos años: «…toda una vida plena que espero volver a disfrutar cuando llegue mi esperada jubilación donde el calendario no será escolar sino plenamente melómano y los conciertos de junio y julio en la ciudad de La Alhambra sigan llenando mi mochila de viajes desde “Siana al mundo y con la música por montera”. Larga vida al Festival de Granada», y aquí estoy cumpliendo un sueño, como rezaba el titular de prensa «el sueño de varias noches de verano».

El 72 Festival arranca con una celebración única, el centenario de «El Retablo de Maese Pedro», una producción que la Ópera de Oviedo nos llevó al Auditorio en diciembre de 2009 enamorándonos de Hermenegildo Lanz y ahora su hijo, repitiendo ahora esta celebración nada menos que en el Palacio de Carlos V y con mi querido Aarón Zapico dirigiéndolo (en Oviedo estaba al clave) al frente de un plantel de voces conocidas y algunos de los principales atriles de la Orquesta Ciudad de Granada, que dirige Lucas Macías compartiéndola con la Oviedo Filarmonía (al final la conexión norte-sur funciona mejor que el tren o los aviones…).

Si hace 12 años tenía «la obligación» de asistir, este 2023 ya es «devoción». Imposible mejorar esta inauguración en una ciudad mágica, en un alojamiento increíble y agradecido a Antonio Moral, a Teresa del Río y a este Festival poder vivir en primera persona esta experiencia que ya forma parte de mi mochila musical y vital, pues «Falla no falla». Con un mes por delante lo difícil ha sido elegir entre tanta oferta magnífica y preparar mi estancia. Seré «Un asturiano en Granada» durante un mes, y esto no tiene precio.

El baúl sinfónico

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Viernes 16 de junio, Auditorio «Príncipe Felipe» de Oviedo, I Festival Universitario de Música Iberoamericana (musicUO). Clausura . 19:00 horas, Conferencia de Ramón Sobrino y Tania Perón: «Soledad Bengoechea, Mª Teresa Prieto y Pedro Miguel Marqués: tres compositores que regresan a los atriles sinfónicos». 20:00 horas, Concierto: OSPA, Néstor Bayona (director). Obras de Bengoechea, Mª Teresa Prieto y Pedro Miguel Marqués.

Junio marca el final de curso, de los campeonatos donde el fútbol sigue siendo el deporte rey, pero también de las temporadas musicales antes de los esperados festivales de verano.

Igualmente llegaba a su fin este primer festival «musicUO» que ha llevado por distintos conejos asturianos a intérpretes y obras que están saliendo del «baúl de los recuerdos», desempolvándose y hasta restaurándolas gracias a una Universidad de Oviedo donde la Musicología es pionera y de su facultad salen promociones que continúan la labor incansable y no siempre reconocida de recuperar nuestro patrimonio musical.

De nuevo el doctor Ramón Sobrino nos daría una clase para hablarnos de una poco conocida compositora madrileña como Soledad Bengoechea (1849-1893), recordarnos de nuevo al mallorquín Pedro Miguel Marqués (1843-1918), más la ovetense Mª Teresa Prieto (1896-1943) de quien su máxima conocerdora e investigadora la profesora Tania Perón completarían esta clase de «extensión universitaria», preparándonos a las obras que sonarían en el concierto posterior de la OSPA.

Tengo que calificar de interesante conocer a Soledad Bengoechea y todo su entorno vital, social y musical, de biografía curiosa y con muchas obras desconocidas donde no faltaba la música de salón, y de ella el Capricho-Scherzo (1872) original para piano, una obra de apenas cinco minutos que orquestada por otra personalidad musical de su tiempo como Casimiro Espino (1845-1888), ganó en calidad gracias al oficio de este maestro y compositor con multitud de obras estrenadas por la Sociedad de Conciertos de Madrid (SCM), siendo el doctor Sobrino uno de sus «descubridores» y artífices de este reestreno en el siglo XXI. Tanto la SCM de la que en la anterior conferencia nos habló el profesor como de la Unión Artístico-Musical y los conciertos también en el verano madrileño, darían para todo un trimestre, pero al menos situamos a la compositora y uno de sus valedores musicales, sin dejarse en el tintero las contraprogramaciones y hasta los «duelos líricos» entre el citado Casimiro Espino y su «rival» Mariano Vázquez, «conflictos musicales» con otra historia para conocerla aunque sólo disfrutásemos con las pinceladas y buen humor de nuestro Ramón. De Marqués ya escuchamos el pasado 1 de junio su poema En la Alhambra que casi termina en la basura. Al menos sus cinco sinfonías están editadas y grabadas, escuchando este viernes la tercera. Diseccionadas y analizadas nos permitieron apreciar la calidad de una generación de compositores que conocían muy bien su trabajo, lo que se hacía en Europa y aportando unas obras que correrían distinta suerte, por lo que la recuperación al menos las reubica y reconoce en nuestro tiempo.

De la compositora trasterrada a México Mª Teresa Prieto (1896-1943), la profesora Perón nos la situó sin tiempo para ahondar mucho en aquel entorno familiar de Ciudad de México y su estilo, que navegaría entre dos maestros que además creyeron en sus composiciones: Manuel M. Ponce y especialmente Carlos Chavez, el mundo nacionalista tradicional del primero frente al segundo más moderno, y que además estrenaría la obra que volveríamos a escuchar en la primera parte.

La OSPA llega a junio en el mejor estado de forma aunque con algunos cambios «en la alineación titular» de principales no habituales pero igualmente sinónimo de calidad y entrega tras una temporada llena de esperanza pero sin concertino (este viernes tomando las riendas Héctor Corpus) y bajo la dirección del ilerdense Néstor Bayona, a caballo entre Berlín y Barcelona, pianista  y batuta invitada por muchas formaciones, siendo el director residente de la NOSPR (Orquesta Sinfónica de la Radio Polaca), quien este viernes debutaba con la OSPA defendiendo un programa exigente.

El  Capricho-Scherzo (1872) de Bengoechea pese a ser como una miniatura sinfónica, el maestro Bayona ya marcaría su estilo personal, de gestos claros y muy expresivos, buscando el mejor balance orquestal para una música  agradable de escuchar.

Palabras mayores para la conocida Sinfonía nº1: Sinfonía Asturiana (1942-43) de Mª Teresa Prieto que sonaría por vez primera en su Oviedo natal de la mano del maestro Ángel Muñiz Toca al frente de «su» orquesta (entonces Orquesta Sinfónica Provincial de Educación y Descanso) un 30 de diciembre de 1951 en el Campoamor. Como bien nos contó la profesora Perón es una obra que recoge las enseñanzas e ideas de Ponce en cuanto a la cita directa y estilizada de temas folklóricos españoles, todos reconocibles en los movimientos extremos, (más en el primero Adagio-Allegro) del que la propia compositora dejó escrito que la comenzó a escribir llena de nostalgia y sentimientos de su Asturias natal. Mucho más interesante el Andante central en la línea de Chavez quien además le daría el empujón de ampliar la plantilla orquestal. Esta sinfonía asturiana vuelve más a menudo a los atriles y la OSPA con Bayona nos dejarían una interpretación muy luminosa, llena de matices, con todas las secciones presentes y respondiendo a las indicaciones de una batuta ágil aunque la gestualidad fuese completa y entregada.

La segunda parte la ocuparía la Sinfonía nº 3 en si menor (1876) de Pedro Miguel Marqués de las cinco que escribió. Cuatro movimientos «de escuela» (I. Andante non troppo. Allegro assai; II. Andante con moto; III. Tema con variaciones. Allegretto gracioso; IV, Allegro brillante), forma muy trabajada, aires evocadores por las múltiples referencias (más allá de las que nos adelantase mi admirado Ramón Sobrino como esa «marsellesa» del brillante final), papeles exigentes para todas las secciones que sonaron empastadas, limpias incluso en los pasajes más complicados, con unísonos rotundos, y destacando por lo original ese tercer movimiento donde las variaciones sirvieron para valorar la excelente escritura y oficio de Marqués en el destacado buen momento final de la formación asturiana a pleno rendimiento, con unas maderas nuevamente de sobresaliente.

Pese a la entrada libre, el auditorio no presentó buena entrada, y no creo sea disculpa el calor con tormenta a la salida. El programa era interesante, novedoso y con una orquesta de altura para disfrutar este viernes, pero supongo que la evaluación final de los responsables intentarán subsanar posibles errores y buscar soluciones para recuperar un público que se ha ido perdiendo y no solo por la pandemia que evidentemente dejó tocada parte de la afición. Al menos en otros entornos se ha recuperado y además con éxito. Decía nuestro siempre recordado e insustituible Vasiliev que «un pesimista es un optimista bien informado», pero sigo con muchas esperanzas para el próximo curso. Ahora toca cargar las pilas antes del otoño que siempre da el pistoletazo de salida, aunque estar jubilado me suponga no mirar el calendario.

Sueños y ensueños

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Viernes 2 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XIV «Nocturnos Sinfónicos»: OSPA, Alessio Bax (piano), Ruth Reinhardt (directora). Obras de Marcos Fernández Barrero, Rachmaninov y Béla Bartók.

La temporada va llegando a su fin y este viernes era el penúltimo de la OSPA, donde el compositor Marcos Fernández Barrero (Barcelona, 1984) tuvo antes del concierto un encuentro informal en la Sala de Cámara junto a la gerente Ana Mateo y unos pocos abonados. El catalán no solo nos contó sus inicios, sus influencias o «mapas sonoros» donde citó entre otros a Ginastera, Dutilleux, también a Ligeti  y John Adams, pues el catálogo del compositor abarca todos los géneros y las mochilas antes de ponerse a escribir siempre están llenas de lo que escuchamos. Por supuesto no es ajeno a otros estilos como la música celta o el pop  de Coldplay sin olvidarse de las bandas sonoras donde John Williams es referencia para todos los que se acercan a la música de cine. Interesante su forma de componer donde la noche, como a casi todos, parece ser su mayor fuente inspiradora (aunque la inspiración debe pillarnos trabajando), y la obra que escucharíamos, en principio la iba a llamar «Dreams» para finalmente titularla Nocturno Sinfónico, ganadora del IX Premio de Composición de AEOS y la Fundación BBVA en 2017, lo que supone que se programe en todas las orquesta de la asociación. Los premios siempre vienen bien por la posibilidad de innovar aunque a veces los encargos supongan estar limitados por el tiempo, pero está claro que la libertad ayuda a una creatividad que parte del piano (su instrumento) y también por otros materiales con los que experimentar, caso de ruidos procesados que luego intentará reflejar en la escritura sinfónica. Así lo comentó: “Cuando escribes libremente, no tienes objetivos claros, y esto es fantástico porque puedes reflexionar y desarrollar tu estilo. Al final, acabas haciendo algo interesante”. De las muchas obras que la OSPA le ha programado y estrenado, en todas se ha sentido a gusto con ella, resaltando que “una de las cosas que más me gusta de la OSPA es su calidad humana. Y también que es una orquesta que se interesa por la música contemporánea”. Preguntado sobre el Nocturno Sinfónico se mostró muy contento con la propia formación asturiana y con la directora Ruth Reinhardt (Saarbrücken,1988) que aportó igualmente sus ideas , siempre bien acogidas por todos, y como se reflejó en la interpretación que el propio compositor remarcó y explicó basarla en tres direcciones: «gesto, melodía y textura».

Llegado el momento de la verdad con la escucha de Nocturno Sinfónico (Londres, 2017). En las notas al programa Jonathan Mallada las titula «La música: el material con que se forjan los sueños», analiza y refleja más palabras del propio compositor: «nadie puede, ni quiere, escaparse del maravilloso acto de soñar, pero lo más fascinante es que en lo sueños todo puede suceder. Nos lo creemos hasta tal punto que a veces es mejor despertar de una pesadilla». Dos partes tituladas Somnolencia y Pesadilla nos dejan que cada uno ponga las imágenes de un duermevela, tan onírico que solo Freud podría explicarlo. Musicalmente Fernández Barrero ha conseguido un estilo propio a base de trabajar las texturas instrumentales y el manejo de ellas como si fuesen «melodías», de amplia gama dinámica y un empuje rítmico que la directora alemana (otra junto a Rakitina bajo la «tutela Dudamel») entendió a la perfección, más que sueños, ensueños, dilatando musicalmente el «tic-tac» con una orquesta en plena forma acabando la temporada. Todas sus secciones empastadas, bien balanceadas para lograr un nuevo éxito de público (nuevamente escaso), saliendo a saludar y recoger el mejor premio: volver a escuchar su obra (el día antes en Gijón) en vivo por una OSPA que siempre ha entendido su música.

Volvía a Asturias en esta era post-pandemia el pianista italiano (aunque afincado en EEUU desde 1994) Alessio Bax (Bari, 1977), hoy con alguna amistad norteamericana a mi lado, para «enfrentarse» nada menos que con el Concierto para piano nº 3 en re menor, op. 30 (1909) de Serguéi Rachmaninov (1873-1943). Desde el primer compás pude adivinar que funcionaría a la perfección y evocándome siempre «el tercero» la película de Shine (1996).

Una OSPA aterciopelada y Ruth Reinhardt precisa antes de la primera entrada del piano en el I. Allegro ma non tanto, sonido preciosista y poderoso del piano con ropaje a medida de la orquesta, balances en su sitio, protagonismos definidos, cadencias llenas del melodismo único en el pianista y compositor ruso que tocaba como pocos y escribía para él desde un prodigio natural, una auténtica «montaña rusa» de emociones y matices extremos bien ejecutados por todos, como completando la primera obra por ese paso de la somnolencia a las pesadillas, dinámicas increíbles y cambios rítmicos bien concertados por una directora de altura, atenta al solista italiano compartiendo la energía y calidez de este primer movimiento, con una orquesta impecable de cuerda inspirada (hoy capitaneada por el concertino nuevamente invitado Michael Brooks), las maderas a su altura, los metales perfectos y disfrutando todos con esta página maravillosa. El  II. Intermezzo (Adagio) iniciado por la cuerda y el oboe me transportarían a un feliz despertar, del sueño al ensueño, Reinhardt preparando el lienzo, el Rachmaninov único llevando la cuerda hasta Bax dibujando arpegios, acordes y melodías con ecos del segundo, los rubati bien encajados y concertados, orquesta casi imperceptible con el solista en unos pianissimi conseguidísimos y marcados por la alemana, respuesta global en sentimientos de «ensueño», tensionando lo justo para no perdernos nada. Y previsible escuchando cómo transcurría este tercero, llegaría el III. Finale: alla breve de vértigo, la vuelta al tema inicial, virtuosismo y vigor en el solista, respuesta de unas trompas al fin mostrando la calidad que atesoran, la cuerda imponente, cohesionada, escuchando al solista, entrando con decisión todos para el clímax esperado con unos reguladores inmensos y un piano potente en este «endiablado tercero» que sonó con toda la grandiosidad posible por parte de solista y orquesta unidos por el talento de una directora que tendremos que seguirle pa pista.

Aplausos para Alessio Bax que nunca defrauda, y tras varias salidas una propina ideal de la gran página orquestal de Falla al piano tras el esfuerzo titánico del «3Rach»: la Danza del Molinero de «El sombrero de tres picos» que sólo un artista mediterráneo y latino puede entender como hizo el italiano.

 

Un concierto con mucho que tocar y dirigir el que afrontó Ruth Reinhardt y tras la potente primera parte llegaría una segunda al mismo nivel con Béla Bartók (1881-1945) y su Concierto para orquesta, Sz. 116, BB 123 (1943), aún fresco en el oído nada menos que con la BBC y Oramo el pasado 22 de abril.  Interpretación soñada la de nuestra OSPA con Reinhardt al mando, enérgica, con las ideas claras, controlando cada uno de los cinco movimientos (I. Introduzione: Andante non troppo – Allegro vivace; II. Giuoco delle coppie: Allegretto scherzando; III. Elegia: Andante non troppo; IV. Intermezzo interrotto: Allegretto; V. Finale: Pesante – Presto) y dejando momentos para la ensoñación, los dúos de maderas y vientos perfectos (juego de parejas), sonoridad compacta, escucha colectiva y una batuta precisa con respuesta inmediata en cada pasaje hasta ese final que sigue sonándome al Cumbachero. Me encanta comprobar la preparación de esta generación joven de batutas que son capaces de defender programas tan complejos como este decimocuarto de abono. En este concierto «póstumo» de Bartók hay mucho que destacar y Reinhardt no pasó nada por alto. En palabras del propio compositor,

«El carácter general de la obra representa, además de lo sarcástico del segundo movimiento, una transición gradual desde lo estelar del primer movimiento y la lúgubre canción de muerte del tercero, a la afirmación de la vida en el último. Estos movimientos, 1º, 3º y 4º son las «secciones grandes» de la obra siendo el segundo y el cuarto los mas ligeros». Dejando fluir a la orquesta con una gestualidad clara, unida al pleno dominio de la partitura, el carácter de cada movimiento sonó con la intención interpretativa de los músicos y las indicaciones de la alemana, curtida en repertorios orquestales exigentes. Visión global de esta página tan excelsa donde poniendo a prueba nuestra OSPA, lució sus mejores galas en cada sección (incluyendo hoy dos arpas), musicalidad por doquier, contrapuntos claros, virtuosismo al servicio de la obra e interpretación perfecta para concluir este primer viernes y una semana en «La Viena Española» que aún rematará este domingo otro concierto para no perderse.

Como finaliza sus notas al programa el musicólogo Jonathan Mallada Álvarez, «Los tres compositores que conforman eta velada nos brindan la posibilidad de disfrutar de la música en compañía de los valores que la han hecho aún más grande: ilusión -en Fernández Barrero-, esfuerzo -en Serguéi Rahmaninov- y compromiso -en Béla Bartók-«.

Tiempos de guerra

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Viernes 26 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XIII OSPA, Alena Baeva (violín), Anna Rakitina (directora). «Música en tiempos de guerra»: obras de Elena Langer y Prokofiev.

Sin supersticiones llegaba el decimotercer concierto de abono de la OSPA, de nuevo con poco público que comienza a ser preocupante, con un programa donde los tiempos de guerra están presentes ayer y hoy, mujeres protagonistas desde un conflicto que continúa hace más de un año aunque parezca olvidado como es la invasión rusa de Ucrania: la violinista rusa Alena Baeva (1985) de familia musical como tantas en la antigua Unión Soviética, la propia directora Anna Rakitina (1989) otra moscovita de padre ucraniano y madre rusa, la compositora Elena Langer (1974) de quien nuestra orquesta está estrenando en Europa el Sueño de Leonora, y hasta la propina de la polaca Grażyna Bacewicz, otra nacionalidad donde los conflictos bélicos a lo largo de la historia han marcado una producción artística llena de dolor pero también de esperanza. Programa con «Música en tiempos de guerra» que continúa dividiendo familias y donde el dolor sigue siendo fuente de inspiración.

La compositora británica Elena Langer (Moscú, 8 de diciembre de 1974) está siendo reconocida por sus óperas y en diciembre de 2020 fue seleccionada por el Conservatorio de Nueva Inglaterra para componer  una obra basada en el tema de Leonora de la ópera «Fidelio» en el 250 aniversario de Beethoven. Así surge Leonora ́s dream estrenada en Boston el pasado noviembre de 2022 por la NEC Philharmonia, y que llega a Europa de la mano de la directora invitada Anna Rakitina que se escuchó ayer en Gijón y mañana en Santander. La directora moscovita, segundo premio del prestigioso «Concurso Malko» de Copenhague en 2018,  lo que la ha llevado al frente de casi todas las orquestas europeas y norteamericanas, defendió esta obra de su compatriota con la misma energía que desprende la partitura. Como explica Vera Fouter en las notas al programa y recogiendo palabras de la propia Langer, «…parte de «el aria que Florestán canta desde la mazmorra en el segundo acto de la ópera: “In des Lebens Frühlingstagen” (En la primavera de la vida), que simboliza la victoria sobre la opresión y el coraje de reivindicar la verdad ante el poder. Langer salpicó su obra de referencias a este aria, jugando ingeniosamente con algunos de sus materiales musicales: lo cita al inicio de la obra, alargándolo en el tiempo y lo deja resonar, usando instrumentos de sonoridad aguda combinados con el glockenspiel y el flexatone. Es entonces cuando la música se convierte progresivamente en “un coro imaginario de pájaros cantores».

Obra de nuestro tiempo que bebe de la gran escuela rusa en cuanto a la instrumentación potente con inmenso protagonismo de la percusión, pero dando juego a todas las secciones orquestales sin perder el sello «made in USA» tan presente. Continúan las notas diciendo la compositora que «Quería darle a toda la orquesta su momento, por eso hay muchos solos y pasajes divisi, pero en algunas ocasiones la orquesta toca al unísono, alegre y fuerte». Un homenaje a esta Leonora de nuestro tiempo que no desentonaría para nada con el ruso Prokofiev que completaría el concierto, con una orquesta de plantilla «musculada» que siguió atenta cada gesto claro y preciso de la maestra Rakitina.

La violinista Alena Baeva con el Guarnerius del Gesù «ex William Kroll» de 1738 (préstamo de un mecenas anónimo con la ayuda de J&A Beares) nos dejaría el Concierto para violín nº 1 en re mayor, op. 19 de Sergei Prokofiev (1891-1953) compuesto en el convulso año 1917 que más de cien años después  sigue siendo difícil de digerir. Sería el gran David Oistrakh quien lo definiría como «un paisaje inundado por la luz de sol» pero no es de los más agradecidos para el lucimiento del violín a pesar de su belleza, además «invirtiendo» la forma clásica al colocar el movimiento rápido enmarcado entre dos lentos (I. Andantino
II. Scherzo: Vivacissimo
III. Moderato
). Baeva lo interpretó y sintió como parte de su propia historia, sonoridad suficiente y fraseos muy interiorizados con profundidad expositiva llevando el peso del desarrollo musical en buen entendimiento con una Rakitina que concertó y exprimió cada detalle de este concierto de Prokofiev. Aires románticos en los inicios del siglo XX donde no faltará el elemento grotesco tan propio del compositor contrapuesto al lirismo de la solista, con una orquestación de aires impresionistas. La OSPA volvió a sacar «músculo» desde una cuerda compacta, comandada de nuevo por Aitor Hevia como concertino invitado, junto a madera y arpa brillantes en sus intervenciones. El scherzo central resultó lo más vistoso del concierto por ese sello característico de Prokofiev por contrastar su música llena de sensaciones e intenciones (divertida, traviesa, malévola, ingeniosa, brillante, dolorosa y optimista) que tanto el violín como la orquesta vuelcan, con ese Moderato final de preciosismo instrumental y final tranquilo, la esperanza que nos hicieron llegar desde esta conjunción astur-soviética en tiempos de guerra.

La magia del violín sólo llegaría con el Capricho Polaco (Kaprys Polski) compuesto en 1949 por Grażyna Bacewicz (1909-1969) que Baeva presentó -en inglés- como un canto de paz acorde con la «línea argumental» de este penúltimo de abono, saboreando el sonido redondo y melódico de su Guarnieri en este virtuoso y breve capricho que nos supo a poco.

Llevo varios conciertos donde asevero que «no hay quinta mala» en cuanto a las sinfonías, y este viernes escuchamos la Sinfonía nº 5 en si mayor, op. 100. De la directora rusa, el maestro Andris Nelsons ha dicho tras tenerla de asistente en la Sinfónica de Boston que «es un placer verla dirigir: sus expresiones son poderosas, pero refinadas, y provienen de una profunda musicalidad. Una de sus mayores cualidades, entre otras, es su lado humano; su sensibilidad y su profunda comprensión psicológica de nuestro trabajo», y la OSPA respondió al buen hacer de esta quinta del ruso a cargo de una Rakitina que dejó buen sabor de boca para una sinfonía con muchas aristas en sus movimientos (I. Andante II. Allegro marcato III. Adagio IV. Allegro giocoso). Frente al «juvenil» concierto de violín, esta sinfonía compuesta en 1944 durante la evacuación del compositor durante la Segunda Guerra Mundial, estrenada el 13 de enero de 1945 en Moscú, sería el retorno tras 16 años a la forma sinfónica tradicional del ruso. Sin necesidad de descripciones pero muy personal y llena de distintos estados de ánimo, con un arranque algo inseguro pero poderoso y rítmico del Andante, una percusión verdadero motor de la formación asturiana, sin perder el equilibrio con «el Prokofiev juguetón»; el segundo «scherzo» complejo por los cambios de tímbricas siempre claras aunque a veces cuesta «sujetar los bronces», pero que el podio buscó la oscuridad escrita más que el brillo, todas las secciones bien balanceadas y una cuerda clara, con una colocación (permutando violasy cellos más el uso de tarimas y los trombones con la tuba a la derecha del escenario) que siempre ayuda a diferenciar los planos sonoros. Maderas incisivas y la percusión siempre impulsando al resto; una verdadera balada el Adagio para comprobar la cohesión orquestal exigida por la directora rusa y el final grandioso del Allegro giocoso, tras el dolor de todo el concierto llegaba la esperanza, vida y alegría que Prokofiev escribe magistralmente desde un estilo propio que se interpretó con entrega, rigor y vigor por parte de todos.

Mayo va llegando a su fin y el próximo abono, penúltimo de la temporada, será el próximo viernes 2 de junio con otra mujer en el podio, Ruth Reinhardt, y el pianista italiano Alessio Bax con el tercero de Rachmaninov, Bartok y el Nocturno Sinfónico de Marcos Fernández Barrero que espero atraiga al auditorio el público que este concierto se merece.

Que me busquen en Triana

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Jueves 25 de mayo de 2023, 20:00 horas. Teatro Campoamor (Oviedo), XXX Festival de Teatro Lírico Español: «Entre Sevilla y Triana», sainete lírico en dos actos. Música de Pablo Sorozábal y libreto de Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor Pérez. Estrenado en el Teatro Circo Price de Madrid el 8 de abril de 1950. Producción del Teatro Campoamor, Teatro Arriaga, Teatro de la Maestranza y Teatros del Canal (2012). SGAE Editorial / ICCMU, 2012, Edición de Pablo Sorozábal Gómez.

Crítica para Ópera World del viernes 26, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de Alfonso Suárez, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
Tercer título de los cuatro programados en “La Viena Española” dentro de la trigésima edición del Festival de Teatro Lírico Español, que ya pide más de dos funciones ante el éxito de público, y auténtica Ruta de la Plata entre “Andalucía y Asturias”, casi como escribirían mi paisano Teodoro Cuesta junto a Diego Terrero hace más de un siglo.
Y es que el sainete «Entre Sevilla y Triana» de Pablo Sorozábal Mariezcurrena (San Sebastián, 1897 – Madrid 1988) une norte y sur en feliz compañía, esta vez por los muchos asturianos tan sevillanos como los que más sobre la escena, cercanos para un público que llenó y disfrutó de nuevo con esta producción de 2012 que volvía al Campoamor nueve años después antes de su paso por Madrid en enero del pasado año, regresando “a casa” este frío jueves de mayo.
Esta página del compositor donostiarra tiene mucha historia, como bien refleja el libro que Mario Lerena dedica a su teatro musical (Ed. arte textos, vol. 4, editado por la Universidad del País Vasco) con el subtítulo «Música, contexto y significado». De ella destaca un “acentuado andalucismo bastante tópico” recurriendo a las citas folklóricas con un libreto de Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor Pérez que explota lo costumbrista y melodramático de un argumento de lo más atrevido para entonces, como es el de una madre soltera. La partitura de Sorozábal recrea esa temática sevillana buscando lo comercial del momento en aquella España franquista que tanto hizo sufrir y condicionó al músico vasco, compitiendo con «La maravilla errante» (de Quintero, León y Quiroga) con Lola Flores y Manolo Caracol de figuras. Como dato histórico reflejar que «Entre Sevilla y Triana» fue su único trabajo premiado por instituciones públicas (obtuvo el Premio Nacional de Teatro “Ruperto Chapí” a la mejor obra lírica de la temporada 1949-50) aunque su compañía no lograse acceder nunca a subvenciones ni premios oficiales. Está claro que el éxito se mantiene 73 años después, y hasta la crítica del propio Sorozábal en la prensa madrileña de 1984 parece de ayer: «La música cuando mejor ha estado es cuando los Gobiernos no se han ocupado de ella…». Música con momentos brillantes musical y escénicamente, un espectáculo total de rica instrumentación que pudimos comprobar a una excelente Oviedo Filarmonía (OFil) dirigida por Jaume Santonja mimando en todo momento a las voces y subrayando los pasajes propios.
Hoy en día es difícil encontrar tan buenos actores y actrices que canten bien, tan buenas voces que mantengan una acción que respira la camaradería y ambiente de barrio que respiró el coliseo carbayón hoy sevillano hasta la médula. La pacense Carmen Solís volvía a ser la “Reyes” que ha hecho suya esta producción, natural en su línea de canto, vocalidad limpia y dramaturgia para esta “madre valiente” que desde la primera escena cautiva, la romanza final del primer acto llena de buen gusto y hasta el dúo con Fernando del segundo acto donde enamoró hasta la última fila por su color y entrega al papel, rematado por el final “El barco de mis quereres” sólo con la interrogante argumental y la seguridad de otra actuación de “La Reyes Solís”.
Si Reyes canta y actúa, la “Señá Patro” de Charo Reina fue la segunda corona de la función, sevillana por los cuatro costados derrochando no sólo el gracejo natural en ella sino una proyección vocal única más un cante que es genético a la vera del Guadalquivir, réplica cantada y hablada del más alto nivel.
La pareja de Micaela (Mayca Teba) y Angelillo (Ángel Ruiz) transmitió toda la gracia y química entre ambos, diálogos, dúos y hasta baile, completos en sus roles y siempre polifacéticos, hoy diríamos “animales escénicos”, ganándose al público por el buen hacer total.
Al tenor asturiano Juan Noval-Moro le tocó hacer de sevillano como José María, el antipático pretendiente de Reyes, que vocalmente resultó muy cercano y convincente para triunfar en lo alto del puente de Triana con su conocida romanza “Tu que sabes del cariño…?” bien arropado desde el foso en un cuadro “aislado” antes de la última escena, que si bien paró un poco la acción, fue plástica y musicalmente la mejor recompensa a un personaje no siempre agradecido en este sainete.
Llegó a buen puerto pero no recaló el Fernando del mexicano Germán Olvera al que no se le notó cómodo ya desde el inicio. Color vocal desigual en los diálogos pese a su potencia canora y presencia, tuvo momentos de afinación imprecisa como en la hermosa “¡Dios te salve, Sevilla…!” aunque mejor su romanza “Nadie sabe cómo empiezan estas cosas” del cuadro cuarto.
Destacables los actores y actrices asturianos, citando por lo menos al popular y televisivo Carlos Mesa como Señor Mariano, cantando y siendo tan trianero como el de la última cita, Sandro Cordero como Glosopeda o el simpático Mister Olden de Roca Suárez que “no se hizo el sueco” pero el acento no le delató; otra sevillana de casa Begoña Álvarez como Esperanza Morena, cupletista para el momento o Inma Rodríguez como Doña Benita, las tablas y la necesidad camaleónica de ser sevillanas en Asturias junto al resto de figurantes incluyendo a los niños de “Divertimento”, que dejo todos reflejados en el reparto.
Punto y aparte el cante y el toque, José Montoya Carpio, jerezano “jondo” hasta en su apodo, José “El Berenjeno” con Manuel Heredia a la guitarra pusieron la pureza y el “pellizco” en sus intervenciones, puente tras la habanera del cuadro segundo y auténtico cuadro flamenco con los “Tangos de Triana” que convirtió el Campoamor en un tablao, cante sentía y profundo con la guitarra más flamenca a este lado del Pajares, sobre todo con la “soleá”.
Hablaba antes de la Habanera y ahí estuvieron los marineros de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que sonaron con el volumen y buen gusto cantábrico mecidos por una OFil con el capitán Santonja al timón, sumándose al pasodoble torero y náutico del cuarto cuadro “¡Me caso en la mar salada.!…” con Angelillo y Micaela redondeando una soberbia actuación.
Espectacular el cuadro de baile, dos bailarines de escuela en el cuadro (Luis Ortega y Christian Sandoval) y hermosísima estampa en espejo con Cristina Guadaño y Vianney Gómez de Ávila, arte gitano lleno de plasticidad gracias a la excelente coreografía de Antonio Perea, que hizo bailar a todos sobre el Tablao del Campoamor.
Y el espectáculo total lo fue gracias al genio de la escena, un Curro Carreres que siente esta producción suya de principio a fin, y así la hizo llegar a todos, con un vestuario de Jesús Ruiz (la modernidad de las “gitanas”) de la época donde transcurre la acción. Sigue vigente ese barco llegando a puerto, la Macarena en Triana y los pasajes del barrio más sevillano. Todo un detalle hacer salir para los aplausos finales a todo el equipo de técnicos, parte indispensable del engranaje que convirtió Oviedo en Sevilla.
Dejo para el final el texto (y la foto) de un azulejo que está en el Bar “Las Golondrinas” de Triana, con texto de Antonio Domínguez Fombella, un gijonés afincado en Sevilla y funcionario de la Junta, ahí colocado tras unir las aguas del Sella y del Guadalquivir en 1998:
Si me perdiese algún día
que me busquen en Triana,
no vayáis hacia mi Asturias,
tal vez allí, oigáis mi gaita,
suspirar tiernos recuerdos
en mágica resonancia.
Buscadme en los aledaños
de una taberna en Triana,
donde nuestro amigo Paco
tiene aroma de albahaca,
me da de beber buen vino
de humildad y templanza;
si me perdiese algún día,
allí encontraréis mi alma.
Ficha:
Teatro Campoamor (Oviedo), jueves 25 de mayo de 2023, 20:00 horas. XXX Festival de Teatro Lírico Español: «Entre Sevilla y Triana», sainete lírico en dos actos. Música de Pablo Sorozábal y libreto de Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor Pérez. Estrenado en el Teatro Circo Price de Madrid el 8 de abril de 1950. Producción del Teatro Campoamor, Teatro Arriaga, Teatro de la Maestranza y Teatros del Canal (2012). SGAE Editorial / ICCMU, 2012, Edición de Pablo Sorozábal Gómez.
Reparto:
FERNANDO: Germán Olvera – REYES: Carmen Solís – JOSÉ MARÍA: Juan Noval-Moro – ANGELILLO: Ángel Ruiz – MICAELA: Mayca Teba – CANTAOR: José “El Berenjena” – GUITARRISTA: Manuel Heredia – SEÑÁ PATRO: Charo Reina – GLOSOPEDA: Sandro Cordero – SEÑOR MARIANO: Carlos Mesa – ISIDORA: Carmen Gloria García– ESPERANZA MORENO: Begoña Álvarez – MISTER ÓLDEN: Roca Suárez – DOÑA BENITA: Inma Rodríguez – FLORISTA: María Fernández – ANTICUARIO: José Lauro Ranilla – LIMPIABOTAS: Lorenzo Roal – ALFARERO / VECINO: Cristhian Sandoval – VECINAS: Xana del Mar Tamara Norniella Aida Valladares Ana de Vega – BAILARINES FIGURANTES: Vianney Gómez de Ávila, Cristina Guadaño, Luis Ortega, Cristhian Sandoval – NIÑOS: Alumnado de la Escuela de Música Divertimento: Julián Avedilla, Sara Fernández, Guillermo Fernández, Dominique Marqués, Rodrigo Méndez.
DIRECCIÓN MUSICAL: Jaume Santonja – DIRECCIÓN DE ESCENA: Curro Carreres (AAPEE) – ESCENOGRAFÍA: Ricardo Sánchez Cuerda (AAPEE) – VESTUARIO: Jesús Ruiz – ILUMINACIÓN: Eduardo Bravo (AAI) – REPOSICIÓN DE ILUMINACIÓN: Sergio Torres (AAI) – COREOGRAFÍA: Antonio Perea – AYUDANTE DIRECCIÓN ESCENA: Rebeca Medina.
Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, coro residente del Festival de Teatro Lírico Español (dirección del coro: José Manuel San Emeterio Álvarez).

Mutter sólo hay una

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Lunes 22 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Anne-Sophie Mutter (violín), Maximilian Hornung (violonchelo), Lambert Orkis (piano). Obras de: Sebastian Currier, Beethoven, Clara Schumann y Brahms.

Para quien desconozca el alemán, «Mutter» significa «madre», y jugando con el dicho español de «Madre sólo hay una«, también única Dame Mutter (Rheinfeldeln, 29 de junio de 1963) a quien siempre es un placer escucharla nuevamente en el siempre irrepetible directo, la niña prodigio que sigue asombrando en su eterna juventud. Si aquel concierto del 12 de octubre de 2011 sigue en mi memoria y en la de tantos melómanos que llenaron el auditorio ovetense hace trece años con la misma OSG del pasado sábado, entonces dirigida por Víctor Pablo Pérez, de nuevo se hizo la magia en este concierto único de «La dama alemana del violín».

Este lunes 22 de mayo, festividad de Santa Rita, nos devolvía a «La Mutter» o ASM (como figura en su web) con el siempre cercano formato de música cámara junto a su pianista de cabecera desde 1988, Lambert Orkis (Filadelfia, Pensilvania, 1946), más el cellista Maximilian Hornung (Augsburgo, 1986) para estrenar en España Ghost Trio (Trío fantasma) del estadounidense Sebastian Currier (Huntingdon, Pensilvania, 16 de marzo de 1959), hoy presente en la sala.

Obra encargo de la propia Anne-Sophie Mutter y a ella dedicada en 2018 por ser la máxima valedora de las composiciones del norteamericano desde 1994, y que sería estrenada por ella con el mismo Lambert Orkis y Müller-Schott en el Carnegie Hall neoyorquino la primavera de 2019, llegando en esta gira donde Oviedo sigue siendo «La Viena Española» y parada obligatoria de las grandes figuras mundiales.

Alternando levemente el orden, como explicó al inicio la propia Mutter, mejor partir del original antes de la inspiración, por lo que sería Ludwig van Beethoven (1770- 1827) el elegido para comenzar con su Trío en re mayor, op.70, nº 1, para violín, violonchelo y piano, “Geistertrio” (Trío fantasma). Siempre digo que el equilibrio está en el tres, intérpretes y movimientos que Mutter, Orkis y Hornung entendieron sin prisas y sin pausas en feliz conjunción, complicidad, respeto y admiración a parres iguales. El I. Allegro vivace e con brio resultó más brioso que ligero, con diálogos, contestaciones, guiños jocosos del aún joven Ludwig, dinámicas ajustadísimas dejando cada espacio personal para degustar las sonoridades de los tres; el II. Largo assai ed espressivo una delicadeza de musicalidad, Orkis «mandando» siempre desde una discreción que no merece ningún pianista (menos siendo un especialista en la música de cámara), y Mutter con Hornung «coqueteando» musicalmente en unos fraseos perfectos; la tercera pata el equilibrio perfecto el III. Presto, vertiginoso, limpio por todos, unísonos encajados al detalle, balances equilibrados incluso en los pizzicati, para disfrutar del Beethoven inspirado e inspirador antes de la Premiére europea que proseguirá por Valencia, Luxemburgo, Basilea, Berna, Viena, Essen o Londres, entre otras capitales.

A partir del homónimo trío de Beethoven, pero también Schubert, Mendelssohn o Brahms como «fantasmas del pasado», Sebastian Currier escribe nueve movimientos breves, que tanto Andrea García Torres en las notas al programa (Tras el fantasma de Beethoven) como el propio compositor explican. Un trío actual con intérpretes únicos explorando la historia y el legado de esta forma musical reinventada para nuestro tiempo. Alternando números lentos y rápidos, los propios títulos son la mejor descripción y disculpa para que Currier juegue con la mezcla de lenguajes que se mantienen tanto en la memoria como en la inspiración actual, sonidos «americanos» emigrados desde la vieja Europa, la propia historia de compositores e intérpretes, viajes reales e interiores. I. Lyrical, melodías de hoy a trío; II. Energetic vital, casi rompedor; III. Remote de sonidos vistos desde los dos lados del océano; IV. Ghost scherzo verdadera «broma» llena del ímpetu juvenil con el que Orkis lleva el «duelo de arcos»;
V. Expressive y la calma tras esa tormenta fantasmagórica incluso en armónicos estratosféricos; VI. Syncopated de aires bernsteinianos, juegos rítmicos y unísonos encajados como un único instrumento; VII. Mysterious en tímbricas difusas de un trío que redescubre uniones; VIII. Forceful en vorágine llena de fuerza con Mutter y Hornung creando un dúo que Orkis apoya con su presencia imprescindible, y IX. Gentle, elegancia compartida, gentileza sonora e interpretativa en un 3×3 de movimientos y 3 músicos que multiplicaron las tímbricas de un trío más que fantasmal, evocador desde un lenguaje muy cercano. Un éxito en esta primera vez con el propio  Currier subiendo a felicitar su interpretación y ovación de un público a quien su trío encandiló.

Va (re)conociéndose la importancia de Clara Wieck (1819- 1896) recuperando su obra que el amor hacia Robert, reconvirtiéndose en Clara Schumann, impidió fuese mayor. De ella la violinista alemana ha grabado hace poco su injustamente olvidado trío junto al cellista español Pablo Ferrández y el mismo Orkis al piano, y esta vez nos trajo al Principado las tres Romanzas para violín y piano, op. 22 con el dúo de intérpretes perfecto por complicidad, entendimiento de tantos años y amor hacia esta música universal llena del romanticismo que nunca pasa de moda. El sonido de Mutter sigue siendo delicado, hermoso, matizado, y Orkis comparte cada nota más que acompañarla. El I. Andante molto nos dejó ese ensamblaje sonoro y lírico de una música que no necesita palabras porque habla sin ellas evocando al amado Robert con aires zíngaros; delicioso el II. Allegretto: Mit zartem Vortrage, enérgico y aterciopelado porque la alemana respira elegancia y el pianista de Filadelfia es la mejor compañía en este viaje; alternancia de protagonismos y feliz dúo con el III. Leidenschaftlich schnell.

Palabras mayores de otro emigrado a la Viena más musical del siglo XIX y eterno enamorado de Clara será Johannes Brahms (1833- 1897) para una Sonata para violín y piano nº 3 en re menor, op. 108 que Mutter y Orkis grabaron en 2010 para el sello amarillo y la exprimen en cada compás tras un largo trabajo previo antes de llevar las tres al CD y volver a interpretar la tercera trece años después en esta gira donde los años no parecen pasar ni pesar por ellos.

Respeto mutuo y hacia esta maravillosa sonata con un I. Allegro marca del de Hamburgo, el violín cantante, el piano arropando, alternando primeros y segundos planos, diálogos, sentimientos, matices increíbles; el II. Adagio una joya sonora e interpretativa, Mutter inmensa y Orkis rotundamente delicado con ella; aún mejor el III. Un poco presto e con sentimento, con el «tempo giusto» donde escuchar todo lo escrito con la presencia precisa de los dos músicos, esos fraseos del violín con un piano casi órgano, sentimiento romántico antes de la explosión final del IV. Presto agitato, encaje de bolillos para el vértigo compartido, entendida al pie de la letra esa agitación siempre controlada pero maravillosa de escuchar. Ímpetu juvenil que sólo con los años se alcanza desde una técnica al servicio de la mejor música y el sentimiento compartido por ellos.

Ovación de gala más propina del gran y muy querido por la alemana John Williams (1932), de «Cinderella Liberty» el tema Nice To Be Around que grabase en 2019 en Across the stars, con un exquisito arreglo para piano que no sólo demuestra la apuesta de la violinista alemana por la música actual de calidad, sino su magisterio desde el violín engrandeciendo todo lo que interpreta la siempre única Mutter.

Y con el auditorio totalmente entregado, nada menos que la Danza húngara nº 1 en sol menor de Brahms en la transcripción para dúo de Joseph Joachim (cuyo fantasma parece seguir en el auditorio tras el sábado pasado), con una lección de virtuosismo al violín de la alemana más un piano norteamericano explosivo, adaptado y adoptado por «Mamá», rubati encajados, catálogo tímbrico de ambos para otro concierto irrepetible del que Oviedo presumirá, porque «Mutter sólo hay una» y a nosotros nos encontró en el Auditorio.

RetOS PAra la próxima temporada

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En la sala de cámara del Auditorio de Oviedo, el viernes 28 de abril, antes del décimo concierto de abono, la OSPA presentaba el avance de su próxima temporada 2023-24 a los abonados, aún cerrándose fechas, obras e intérpretes, la segunda del portuense Nuno Coelho como titular, junto a la gerente Ana Mateo al frente del equipo técnico.

Retos y apuestas del director portugués, plenamente integrado en su orquesta y en nuestra tierra, con programas de necesaria dualidad «tradición e innovación» que abren caminos a repertorios nuevos o menos transitados junto a las «obras de siempre» que no pueden faltar, y con nombres propios reconocidos en el panorama nacional y mundial.

Septiembre marca el pistoletazo de salida del Curso 23-24, con la participación en la temporada de ópera ovetense, esta vez con el maestro portugués inaugurándola con el mismo título que abría 1947, la Manon de Massenet, más el Lohengrin de Wagner bajo la dirección de Christoph Gedschold finalizando enero de 2024.

En los conciertos de abono no faltarán solistas invitados que son habituales en la OSPA (muchos reconocidos como «colaboradores artísticos«) y aseguran calidad además de cercanía y confianza: los pianistas Javier Perianes inaugurará temporada los días 12 y 13 de octubre en Gijón y Oviedo respectivamente, que volverá en mayo con el Cuarteto Quiroga en un monográfico con los conciertos 12, 21 y 22 de Mozart, más la vuelta de Nikolay Lugansky en marzo con el regreso a la batuta de Thomas Dausgaard, Roman Simovic en su doble faceta de violinista y director, o el vitoriano Juanjo Mena. Nombres casi de la casa con repertorios que apuestan por los tradicionales, destacables además de Mozart el Beethoven de noviembre, muchos rusos presentes (Tchaikovsky, Mussorgsky, Rachmaninov, Shostakovich, Stravinsky, Gubaidulina…) y las «novedades» siempre de agradecer como Ligeti, Chin o nuestro Montsalvage.

Y de los abonos destacar de nuevo al compositor, director y colaborador artístico de la OSPA Francisco Coll, que en abril dirigirá en La Coruña antes de Oviedo un programa muy interesante incluyendo su Lilith junto a «Los Cuadros» o el Rendering de Schubert-Berio, más su Mural con Coelho a la batuta cerrando un mes de mayo que nos traerá al compositor valenciano en su faceta de pintor con una exposición única en el Auditorio. Otro compositor español que sonará esta próxima temporada será el «cinematográfico» Fernando Velázquez (Getxo, 1976) y su Concierto para dos flautas (con el matrimonio Pearse) programado para febrero de 2024 en otra colaboración del vasco con nuestra OSPA.

Igualmente se mantiene el ciclo Next Gen (la próxima generación) apostando como no puede faltar por la parte didáctica, tanto en noviembre con el concierto final de la «Masterclass Internacional de Dirección de Orquesta» con Johannes Schlaefli y solista el principal de cello Max von Pfeil para el famoso concierto de Elgar, como la vuelta de la violista Sara Ferrández junto al alumnado de ls conservatorios asturianos en diciembre. Otra seña de identidad desde hace años serán los conciertos LinkUp recuperados esta semana con Daniel Sánchez Velasco a la batuta, que si nada lo impide retoman la normalidad del mes de mayo en las temporadas de la OSPA, tras un trabajo de todo un curso desde los colegios e institutos asturianos dentro de los «Conciertos educativos y familiares» que los días 16 y 17 de febrero estrenarán el espectáculo «ideado» por nuestra querida Ana Hernández Sanchiz: El compositor ha muerto (Stookey), bajo la dirección musical de Luis Toro Araya.

También continúa el ciclo denominado «OspaFest» esta próxima temporada en una apuesta por escuchar músicas orientales junto a las occidentales, dos abonos East-West en el mes de abril desde la música de cámara con la mezzo Fleur Barron, el piano de Julius Drake y la pipa de Wu Man, al sinfonismo con la misma mezzo y colaboradora artística, junto al tenor Nicky Spence dirigidos por Nuno Coelho,  estrenándose una obra de Du Yun (Kraken) en contraposición a La Canción de la tierra (Mahler), o Song of the Flaming Phoenix del compositor Fang Man junto al solista de sheng Wu Wei, dirigiendo Marzena Diakun que siempre nos ha subyugado desde el podio.

La música de cámara sigue siendo no solo la iniciación a la sinfónica sino el mejor banco de pruebas para público e intérpretes, en la sala de cámara del auditorio los domingos a la 12:30 horas, con los músicos de las distintas secciones de la OSPA en agrupaciones y repertorios ideales para esos vermuts musicales a lo largo de toda la temporada.

No faltarán tres conciertos extraordinarios: el de Semana Santa (21 y 22 de marzo) con el Coro de la FPA y otro participativo para disfrutar de Fauré (Requiem y Cantique de Jean Racine); «Les Lletres» (2 de mayo) con los asturianos Martín García y Juan Barahona al piano y los percusionistas de la OSPA Rafael Casanova y Francisco Revert, en el poquísimo escuchado pero muy agradecido Concierto para dos pianos y percusión (Bartók) bajo la dirección de Daniel Sánchez, con su propia obra Tres canciones asturianas junto al poema sinfónico Chichén Itzá de María Teresa Prieto; el 21 de junio será la noche de San Xuan con un esperado «Fado» desde la tierra de Nuno Coelho junto a Camané&Trío y la OSPA, poniendo el broche final a una temporada que promete y espero continuar esta trigesimatercera que podría llamar del asentamiento, sólo a la espera de cubrir el concertino que aún no llega.

No quiero olvidarme que Como en la actual temporada, que este sábado 20 disfrutaremos, la OSG continuará este hermanamiento sinfónico asturgallego el 4 de mayo, pero con el holandés Antony Hermus a la batuta en un esperado Prokofiev.

La cercana lejanía argentina

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«Argentina Songs». Soledad Cardoso (soprano), Quimey Urquiaga (piano). Ibs classical. ISBN: 8 436597 700405.

Una verdadera «Gala de la canción de cámara argentina» grabada en el granadino Auditorio Manuel de Falla los días 7 al 9 de agosto de 2021, con una excelente toma de sonido de Cheluis Salmerón y la producción de Paco Moya para este sello español que literalmente nos transporta a ese auditorio con tan buenos recuerdos, disco que se publicó el pasado año con dos intérpretes de esa querida tierra hermana: la soprano Soledad Cardoso (Santa Fé, 1975) y la pianista Quimey Urquiaga (Bahía Blanca, La Plata, 1989), que reúnen música y literatura de cinco compositores con obras vocales donde los versos elegidos ya son de por sí maravillosos.

En la llamada «Canción de concierto», la música eleva la literatura a un plano superior, y desde esta misma visión también se comparte el protagonismo entre voz y piano. Si además quienes interpretan estas veintisiete canciones las llevan en sus genes con todo el acento de su tierra, unido a una larga trayectoria profesional, estamos ante un amplísimo repertorio «nuevo» para muchos, entre los que me incluyo, abarcando desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la década de los años 60 del siglo pasado, cien años de obras variadas, unas nacidas en torno al Centenario de la Revolución de Mayo junto a otras con la herencia del rico folclore sudamericano que directa o indirectamente subyace en todas y cada una de ellas, pues los músicos llenan sus alforjas de lo cercano que engrandecen al llevarlo a las salas de concierto. Así es el ambiente y emoción que respira este disco.

Comienza sonando el compositor más conocido a este lado del Atlántico, el santafesino Carlos Guastavino (1912-2000) con cuatro canciones de la primera parte de la década de 1940, tres de ellas con textos de la chilena y Premio Nobel de Literatura en 1945 Gabriela Mistral no tan conocidas como otras más popularizadas, pero igual de universales: El vaso, Riqueza y Piececitos poseen la sensibilidad propia de cada poema y la riqueza melódica con que las dota el compositor, uniendo fronteras sudamericanas desde una visión social con los poemas elegidos. La soprano afincada en Barcelona Soledad Cardoso les imprime toda la emoción que con el piano de Quimey Urquiaga en perfecta sintonía nos amplía a los melómanos estas maravillosas canciones con la hondura poética de la escritora chilena, registros graves muy redondos, medios equilibrados y agudos timbrados.

Otro tanto sucede con las siguientes, maravilloso reflejo del auge que en los años 60 alcanzaría este folclore a nivel mundial con distintos solistas y agrupaciones, que Guastavino destila para la voz con el piano, siempre exigente porque comparte el protagonismo en un tándem inseparable. Anhelo (texto de Domingo Zerpa), reposado, respirado, el piano siempre acertado, las Noches de Santa Fé (poesía de Isaac «Guiche» Aizenberg), verdadera delicia de canto a la tierra natal, donde la emoción se hace música en la voz de la soprano argentina con el impecable piano de su compatriota en rítmica conjunción santafesina, y después Mi viña de Chapanay (letra de León Bernarós), que mantienen los ritmos cercanos para muchos, como la cueca de Cuyo en la Mendoza tierra vinícola. La métrica tan rica de los textos que la música realza aún más, la sencillez formal con la carga emocional de Guastavino tanto para la voz, limpia en todo el registro, como para el piano rico en el acompañamiento. Geografía de sentimientos poéticos con los que la música interpretada por estas dos mujeres ahonda en cada estrofa, cadencia de esa lejana y tan cercana tierra.

Desde aquí, todo un descubrimiento de música argentina con distintos compositores. Primero Gilardo Gilardi (San Fernando, 25 mayo de 1889 – Buenos Aires, 16 enero 1963), enmarcado en la llamada «Generación del 80», que escribe su ciclo Trece canciones argentinas sobre textos de Leopoldo Lugones, los cortes 7 al 19 donde cada título ya indica la intención de esa feliz unión literaria y protagonismo compartido entre voz y piano, el «lied argentino» sin complejos, rebosante del sabor desde la tierra hermana. Quiero destacar el interesante el libreto con todas las letras, también traducidas al inglés, con la introducción de la profesora de la Universidad de Buenos Aires Silvina Luz Mansilla, poniéndonos al día con estos artistas que deberíamos conocer un poco a este lado del Atlántico, más siendo la música el mejor medio para ello. De Leopoldo Lugones escribe la docente que fue protagonista de la llamada época de «fervor patriótico por las conmemoraciones de la década de 1910», y los trece poemas proceden de su Romancero (1924). De nuevo los ritmos del altiplano, de Chile a Perú o Bolivia, que mi generación descubriese con los «míticos» Calchakis, Cafrune, Yupanqui, Quilapayún o Chalchaleros, junto a tantos emigrados a Europa (recuerdo igualmente a Inti-Illimani o Claudina y Alberto Gambino entre muchos más) durante aquellos duros años de dictaduras, con paradas en la Madre Patria estrenando democracia o en el París que siempre les acogió con los brazos abiertos. Vidalitas, zambas, chacareras… Gilardi y Lugones nos cuenta la profesora Mansilla que compartieron amistad, aficiones y paseos por el Botánico de la capital porteña. También la propia rítmica que las poesías contienen, Trece lieder estrenados a fines de los años 20 e inicios de los 30 (el quinto y el último) aunque todo el conjunto no se publicaría hasta finales de los 60, qe parece fue la causa de su escasa difusión, y que el dúo Cardoso-Quimey está llevando en sus conciertos. Agradecerles a ambas esta parte de recuperación del ciclo al completo, con títulos tan sugerentes y evocadores («Lied de…») como hermosos al interpretarse: I. Del pájaro y la muerte, piano como lienzo donde plasmar ese pájaro de la soprano; II. De la estrella marina, el Atlántico reposado a dúo; III. Del tesoro escondido y escucharlo para descubrirlo en un diálogo tan bien escrito como interpretado, pleno de ritmo y potencia; IV. Del amor verdadero, lirismo y delicadeza; V. De los ojos amados, remanso en cada frase, tesituras delicadas, dulce enamoramiento musical; X; VI. De las manos amigas al piano delicado vistiendo con perlas un canto que la soprano delinea con agudos limpios como la propia escritura; VII. Del viento y de la fuente, otro remanso para degustar el paralelismo entre voz y piano, fuente y viento cristalinos; VIII. De la boca florida, un ramillete grácil a dúo de reminiscencias goyescas emigradas a la tierra de los gauchos; IX. De la gracia triunfante que derrochan las intérpretes en este noveno «lied»; X. De la ciencia de amar y del buen hacer musical; XI. Del misterio gentil desvelado  musicalmente tras una chopiniana introducción que con ritmo contagioso canta la soprano ya con el aire propio; XII. De la eterna ventura que supone esta penúltima canción del ciclo, y XIII. Del secreto dichoso convertido en música, pausada y sentida por este dúo. Hermoso color vocal de Soledad Cardoso con esa entonación suya de fraseos que realzan cada poema cantando música de su tierra con el piano compatriota y cómplice.

Del mismo Gilardi dos canciones más: la Danza irregular de la famosa Alfonsina Storni, la poetisa fallecida trágicamente en 1938 (cuyo final nos lo describió en 1969 el porteño Félix Luna y musicó a ritmo de zamba otro santafesino, Ariel Ramírez, cantándolo como nadie «La Negra» tucumana), más la Canción de cuna india, una vidala del noroeste argentino con letra de Ana Serrano Redonnet para reponerse del impulso previo, adormecer el ánimo manteniendo el espíritu intimista de este hermoso «arrorró».

Si el disco respira Santa Fé por todas partes, algo que se palpa en cada canción, estas últimas completan este acercamiento al recuperado maestro de San Fernando (provincia de Buenos Aires), que curiosamente firmaba sus partituras con RIP (no sólo que descansaran en paz sino su lema: Resistir, Insistir, Persistir).

El disco prosigue con la compositora Lía Cimaglia Espinosa (Buenos Aires, 30 de agosto 1906 – 1 de noviembre 1998), destacada pianista de quien Arthur Rubinstein dijo una vez que «(…) posee un verdadero temperamento de artista y de pianista; es decir, tiene el fuego sagrado que comunica al auditorio todas sus emociones musicales». Así se refleja en el acompañamiento de las dos composiciones: Balada (con texto de Susana Calandrelli), melodía vocal de largos fraseos bien resueltos y ese ropaje pianístico; después el Botoncito, poema infantil de Gabriela Mistral, un referente para los niños sudamericanos, de los hijos de tantos emigrados como las propias intérpretes, y como alguien escribió, «sólo apta para corazones sensibles». Soledad y Quimey nos acunan y llevan a la infancia con esta nana universal sintiendo y cantando a su tierra desde Cataluña, feliz punto de encuentro de estas dos artistas que parecían predestinadas para hacernos llegar estas melodías de su tierra.

Otros dos «descubrimientos» para quien suscribe: Emilio Antonio Dublanc (La Plata, 1911 – Buenos Aires, 1990), de la llamada «Generación del 39 en Argentina», con Tres canciones de Soledad (y textos de la gualeguaychuense Hortensia Margarita Raffo publicadas en 1950: Por eso, Mi sueño y ¿Por qué?,  dedicadas a Brígida de López Buchardo, breves y profundas tanto en el canto como en un piano de graves rotundos con la última dejándonos un interrogante abierto que sólo se responde musicalmente.

Y por último el turinés, emigrado como tantos italianos a Argentina, Arturo Luzzatti (1875-1959), que trabajase en el Conservatorio Nacional y dirigiría la orquesta del Teatro Colón -que compuso el famoso «Himno a San Martín«-, cerrando el disco con Coplas (Rafael Jijena Sánchez), aires de Tucumán con paisajes de Catamarca en un compositor que bebió el folklore cual mate musical y el dúo Cardoso-Urquiaga nos dejan todo el sabor de su tierra en ese final por todo lo alto.

Mi gratitud por este documento sonoro que disfrutaré largamente, a ser posible en esa cercana lejanía argentina.

Oviedo tiene Swing

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Martes 16 de mayo, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Concierto 2.053 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, 10 del año 2023: Vetusta Big Band, Jesús Ángel Arévalo (piano y director musical).

Tarde de amistades, recuerdos y reencuentros, de música que en mi casa sonaba en los vinilos de mi padre (que llamaba Paco Sinatra a «La voz») guardados como un tesoro con todos los grandes; de recuerdos como los del propio Jesús Ángel Arévalo (Oviedo, 1964) quien de crío acudía con su padre Jesús (qepd) a este teatro mientras afinaba el mismo piano de este martes y después se quedaba a escuchar entre bastidores el concierto posterior (ahí empezamos a coincidir). Digno sucesor de Alejandro y Jesús Arévalo en ese mismo lugar, y pianista este martes donde antes tocaron Arthur Rubinstein, Nikita Magalov, Joaquín Achúcarro y cómo no, Purita de la Riva, La Maestra. Historia musical de Oviedo y de la Sociedad Filarmónica.

Emociones de Jesús que lleva 40 años trabajando con su «amigo alemán Steinway» y que «los tiene cuadraos» al poder formar parte también desde ese piano que habla porque es parte suya: Arévalo en Oviedo siempre sinónimo de piano, de músicas omnívoras, de afición y también de pasión. Todo y mucho más lo vivimos quienes acudimos al Teatro Filarmónica este martes agradecidos de compartir una sesión con mucho swing, con la Vetusta Big Band de Arévalo dirigiendo este fenomenal grupo de músicos para una música que no envejece sino que (nos) rejuvenece.

El curriculum de Jesús no cabe en una sola entrada, y el de los trece instrumentistas que hoy se subieron a las tablas más las voces de Lucía Alonso Pardo y Domingo Lozano, daría para otro tanto, por lo que intentaré no enrollarme mucho en intentar describir la sesión de adrenalina que nos metieron en vena, pues como decía mi querido David Serna a la salida, un concierto que empieza con La Pantera Rosa y termina En forma no puede salir mal.

Formación ideal con un piano que se escuchó poco ante el torrente sonoro donde sólo estaba amplificada la guitarra y el contrabajo, y las voces en la segunda parte poco presentes e incluso cortándose la señal en el caso de Domingo, aunque al final compartiesen micrófono y «mejorara» el balance. Con todo, una big band bien empastada (2+2 saxos alto+tenor, 3 trompetas, 3 trombones, batería, guitarra y contrabajo, más Arévalo al piano), afinada, con solos muy meritorios de metales y saxos comandados por el todoterreno Tomás Azpiri que empujó la sección y es otro de los pilares de esta Vetusta Big Band fundada en noviembre de 2017, heredera de la que se formó en el Conservatorio de Gijón en tiempos de Óliver Díaz con el propio Jesús Arévalo Jr. al frente, y recogiendo lo mejor de nuestros músicos asturianos para interpretar una música que no pasará de moda.

Dos bloques bien diferenciados, el primero con el tributo a los grandes como Ellington, Coltrane, Charlie  Parker, Dizzie Gillespie y el Glenn Miller irrepetible, las grandes bandas desde finales de los años 30 con temas que todos conocemos y tarareamos. Impecable «La Vetusta» con los dos éxitos del gran trombonista, arreglista, compositor y director a quien la SGM nos lo arrebató misteriosamente en el Atlántico un 15 de diciembre de 1944, y cuya vida llevase al cine Anthony Mann en 1954 con James Stewart de protagonista de una historia traducida como «Música y lágrimas«. Emocionantes tanto Moonlight Serenade como Pensilvania 6-5000 y por supuesto In the mood como última propina, con la broma de ser «estreno tras el descubrimiento de las partituras por parte de un musicólogo en Ginebra» (podría ser Oporto, Jerez, la región de Champagne o directamente «cognac»).

El piano solo de Jesús cerraría la primera parte, introduciendo la maravillosa A night in Tunisia (D. Gillespie) en un derroche de buen gusto, armonías y virtuosismo, el mismo abriendo la segunda con Gershwin y ese enorme tema The Man I Love en la voz de Lucía Alonso Pardo, un dúo perfecto de entendimiento y swing para el segundo homenaje de la velada dedicado a las voces en aquellas bandas que encumbraron a las irrepetibles voces femeninas y los llamados «crooners«. De nuevo una formación idónea, desde el enorme bolero de César Portillo Contigo en la distancia con Lady Lucía llevado desde Cuba a los EEUU, y trayéndonos todo el swing latino a la calle Mendizábal, hasta Frankie Domingo Lozano con Lady is a tramp, alternando ambas voces en arreglos ideales (lástima más volumen en los micrófonos), recreación del C’est si bon de Yves Montand e incluso llevarnos  volando hasta la luna en unas instrumentaciones adoptadas y adaptadas como propias.

El dúo final convirtió Oviedo en Nueva York para disfrutar con este tributo filarmónico que la centenaria sociedad ovetense programó con acierto, pues la música de esta Vetusta Big Band es la clásica del pasado siglo, fuente de inspiración para tantos compositores «académicos», con el añadido de la irrepetible y necesaria parte de improvisación que el jazz tiene. El swing ya lo traen de casa y el público que llenó el teatro ayudó con el chasquido de dedos tan unido a estos temas como el mismísimo «olé» flamenco.

Propina de Sing sing, sing sin cantar pero la batería siempre en su sitio de Jorge Cambareli, en homenaje también a Benny Goodman, antes de dejarnos a todos «En forma«. Reencuentro con Cuca Aldecoa rememorando con la música nuestro Mieres del alma, abrazos con Jesusín, músico íntegro e integral, y para rematar, una cerveza (la mía 0% que tenía que conducir) con mi querido Tino Morilla, juventud de verbenas, madurez vital y fotos alemanas. Big Tuesday en Vetusta con su Big Band, un gran martes musical que nos mantiene unidos por tanta música compartida y disfrutada.

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