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Oviedo también es de zarzuela

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Nuestra zarzuela tiene desde hace treinta años a Oviedo como segunda capital con temporada estable, sólo detrás del «templo madrileño» de la calle Jovellanos (un asturiano universal y adelantado a su tiempo).

Este martes 19 de diciembre al mediodía se presentaba ante los medios de comunicación (excelente dossier de prensa) y los aficionados asturianos el XXXI Festival de Teatro Lírico Español del Teatro Campoamor, en un acto que nos adelantarían los distintos responsables de un ciclo estable que recuerdo su arranque allá por 1994, y con una puesta en escena de Raúl Olay, acorde con el evento.

El director y compositor avilesino Rubén Díez amenizaba desde el piano desgranando melodías conocidas con el fondo del cartel de la «Zarzuela Oviedo 20224», un típico carbayón en trampantojo revistiendo el azúcar con mantón de Manila, mientras iban situándose sobre las tablas los intervinientes.

Abría el acto el Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo David Álvarez Menéndez, reivindicando la capitalidad musical, el reconocimiento a sus antecesores y la defensa de nuestro patrimonio cultural donde nuestro género lírico ha sido reconocido como «Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial», necesidad de salvaguardar nuestra zarzuela, que en Oviedo hemos sido ejemplo de su divulgación y compromiso,  aunque tristemente no seguido en el resto de «esta España nuestra» (que cantaba Evangelina Sobredo). No estuvo recordar que este Festival es un activo imprescindible como generador de empleo, riqueza, sinergias y turismo en Oviedo y el resto de nuestro Principado, personal que trabaja en y desde Asturias, incluyendo muchos nombres de los repartos.

Antón García, director general de Acción Cultural del Gobierno del Principado también hablaría del apoyo institucional a este festival que alcanza su trigésima primera edición, lo que indica continuidad y asentamiento de este género hispano que trasciende las fronteras y necesita no ya mantenerse sino proyectarse más allá del Pajares.

Ahora que ya estamos mejor comunicados por ferrocarril con «el resto de España», a la espera de los trenes Avril que pediremos a los Magos de Oriente, y con la Capitalidad Gastronómica de Oviedo también en 2024, que parece tuvo su adelanto en el pasado puente de diciembre, esperemos que nuestro Festival Lírico sea otro reclamo de público para llenar el Campoamor.

El piano de Rubén Díez acompañaba la primera proyección (magnífico Pedro Chamizo en su montaje del audiovisual) con la voz en off de la mezzo ovetense María José Suárez contándonos los títulos que subirán a este mismo escenario según iban apareciendo en pantalla, melodías reconocibles de las zarzuelas programadas perfectamente sincronizadas con la imagen, como en los orígenes del cine, y con los carteles de Javier Díaz Garrido dignos de comentar como verdaderas obras de arte.

El grueso de la programación lo desgranaría Cosme Marina, director artístico del Festival que iría desgranando y presentando. Siguen haciéndose producciones propias como el programa doble de La Gran Vía (Chueca y Valverde) y Adiós a la bohemia (Sorozábal), apostando por la creación y producción asturiana como la reposición de la exitosa Don Gil de Alcalá de nuestro Emilio Sagi (que se exportó a Madrid) con Alejandro Roy y Sofía Esparza.
También escucharemos La rosa del azafrán (J. Guerrero) y como gran novedad, auténtica apuesta de Marina con el estreno escénico de la zarzuela barroca Coronis de Sebastián Durón en coproducción con cinco teatros franceses (triste que nuestros vecinos del norte estén defendiendo mejor que nosotros estas joyas del XVIII). No faltará en el Festival el habitual recital lírico (con la soprano granadina María José Moreno, el tenor chileno-americano Jonathan Tetelman, que también se enfrenta y difunde zarzuela, y Lucas Macías en la dirección de la OFil), la proyección del documental «Tiempo de Zarzuela» de Cristina Otero Roth, el ciclo Off Zarzuela en el Teatro Filarmónica con el incombustible Enrique Viana y su cabaret «Luisa Fernanda, ya tengo Instagram o ¡La quinta del Apolo!» junto al pianista Ramón Grau…
También habrá actividades pedagógicas para acercar a públicos nuevos así como conciertos en zonas rurales del concejo.
Como un aperitivo de La Rosa del Azafrán escucharíamos la «Romanza de Sagrario» por la soprano asturiana Beatriz Díaz con el piano-orquesta del avilesino, auténtica delicates con escena incluída actuando con los dos primeros intervinientes en sus posiciones sobre el escenario. Los días 23 y 25 de mayo podremos disfrutarla bajo la dirección de la mexicana Alondra de la Parra que también debuta en la dirección de zarzuela con la Oviedo Filarmonía, y con un reparto de grandes intérpretes (Damián del Castillo, María Zapata, Ángel Ruiz, Vicky Peña, Mario Gas o Roca Suárez entre otros).

La Presidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, Pilar Rubiera, continuaría las intervenciones  defendiendo y «presumiendo» de la orquesta que va unida al Festival, uno de los pilares junto al coro titular, con un gasto ajustado pero manteniendo una calidad y continuidad que el tiempo ha consolidado. Por supuesto volvimos a escuchar dos nombres que sonarían a lo largo de la presentación, «Los dos Emilios» que son Sagi y Casares, el mayor conocedor y estudioso de nuestra lírica hispana (incluyendo  el primer y magno Diccionario de la Zarzuela). Por supuesto hubo consejo para pedir regalo estas navidades: un abono para la Zarzuela 24 (se ponen a la venta este miércoles 20).

El apoyo de los medios de comunicación es imprescindible para cualquier evento de «La Viena Española» y el diario La Nueva España siempre al lado de la música asturiana estuvo presente con su Directora General Ángeles Rivero, quien como no podía ser menos mantendrá la difusión no solo del Festival sino de todo lo que «suena» en el Principado.

Y no podía faltar Rut Ruisánchez, presidenta de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo», el coro de nuestra zarzuela que lleva 29 ediciones, citando en estos tiempos de «Inteligencia Artificial» la «Inteligencia Emocional» de la música, la obligación y devoción de la formación coral hacia el Festival, el recuerdo a nuestro querido Francisco González Álvarez-Buylla «Paquirri», la cita al premiado por la FPA este año Nuccio Ordine y su frase válida para esta presentación de La utilidad de lo inútil antes de «trabajar» porque quedaba el último «acto» sonando el piano-orquesta de Rubén Díez con las mujeres de la Capilla cantando y limpiando entonando el ‘Coro de Espigadoras’ y la aparición última de los hombres («Ay! ay, ay ay!, qué trabajo nos manda el señor…») de una ya muy esperada La rosa del Azafrán, antes de la foto final y la despedida del anfitrión, David Álvarez, melómano de pro y al frente de una concejalía que tiene mucha cultura que ofrecer y promocionar.

Por supuesto la felicitación navideña y esperando que 2024 siga llenando de música la capital del Principado.

Dejo aquí todos los títulos y elencos programados para el XXXI Festival de Teatro Lírico Español, escaneados de los manejables programas publicitarios:

Música para la paz

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Lunes 18 de diciembre, 20:00 horas. S.I.B. Catedral de Oviedo: Universidad de Oviedo, «Concierto de Navidad». Orquesta y Coro de la Universidad de Oviedo. Directores: Pedro Ordieres y Joaquín Valdeón. Obras de Beethoven y Karl Jenkins.

En «La Viena Española» por Navidad no solo se escucha ‘El Mesías’, y la Universidad de Oviedo, con larga trayectoria musical a lo largo de su historia, traía de nuevo a la Sancta Ovetensis su orquesta bajo la dirección de Pedro Ordieres (1979), hijo del siempre recordado Don Alfonso que la fundase y dirigiese desde 1979, más el casi centenario coro con Joaquín Valdeón, también alumno del maestro Alfonso Ordieres, para uno más de los llamados «Concierto de Navidad», volviendo a llenar El Salvador hasta los pasillos y con presencia de familiares, melómanos venidos de distintas partes de Asturias, además de autoridades eclesiásticas, militares, civiles y universitarias con su rector a la cabeza.

Como siempre sucede en la catedral ovetense, su acústica no favorece mucho la música instrumental aunque la vocal haga tener la sensación de escuchar coros inmensos. Pero los dos maestros conocen bien el funcionamiento de sus respectivas formaciones con esta reverberación, así que del recientemente festejado Ludwig van Beethoven (Bonn, 16 de diciembre de 1770 – Viena, 26 de marzo de 1827) la Orquesta Universitaria nos ofrecería «media séptima«, para mi la preferida de las sinfonías del sordo genial. La Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 es siempre un primor escucharla y para los jóvenes estudiantes (comandados por el geólogo Fernando Zorita de concertino) supongo que más aunque sólo pudiésemos disfrutar los primeros movimientos. Del I. Poco sostenuto – Vivace, bien contrastado con problemas en los metales incluidas las trompas (que los profesionales también tienen), excelentemente matizado y con los timbales mandando -que como suele pasar en estos conciertos se aplaudiría- antes del II. Allegretto que tiene mucho de marcha (y fúnebre algo, aunque esperanzadora), cuerda bien delineada (lástima un solo contrabajo), madera empastada (muy bien el oboe), dinámicas muy trabajadas, balances adecuados a la sonoridad, siempre aguantando los silencios para no mezclar sonidos orquestales, y quedándome con la gana de los otros dos, sobre todo el IV. Allegro con brio que hubiera sido ideal para la formación.

Ya sumándose el Coro Universitario, Joaquín Valdeón volvía a dirigir (como en 2014 y 2015) una selección de la conocida The armed man: a mass for peace de Karl Jenkins (Penclaudd, 17 de febrero de 1944) centrándose en el ordinario -sin Gloria ni Credo que el compositor británico omitió- de los 14 números de que consta, y con una nutrida plantilla vocal, mezcla de veteranía y juventud, junto a una orquesta más robusta donde se agradeció la tuba y el bombo juntos en un lateral, así como la dirección siempre precisa de Joaquín.

Esta vez la acústica ayudó a poder saborear los cuatro números elegidos, y con una orquesta dócil plegada a la dirección clara de Valdeón, que evidentemente domina la obra y estos repertorios contemporáneos. Un Kyrie sentido con la soprano Ana Peinado de solista, un Sanctus poderoso, empastado y con momentos brillantes, el bellísimo Benedictus donde el cello solista de Nina Rivas cantó y emocionó con esa melodía intimista que responde el coro, y el Agnus Dei final en la línea litúrgica católica, con la feliz comunión vocal e instrumental que además de música para la paz también une el deseo de unos tiempos optimistas desde el espíritu joven que estos intérpretes universitarios siempre transmiten. Apenas una hora pero saliendo de El Salvador con la esperanza de un 2024 mejor que el año que ya estamos finalizando.

P. D.: Las historias de estas obras, autores, intérpretes… así como algunas anécdotas y noticas relacionadas con esta entrada, las dejo en distintos links que los lectores habituales ya conocen cómo y dónde acceder, aunque siempre intento escribir para poder leerse todo sin necesidad de «pinchar» o abrir otra «ventana» (además este lunes ha sido gélido). Gracias por llegar hasta aquí, como ponía al final en algunos de mis exámenes universitarios.

 

Guillermo Martínez y La Castalia

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Domingo 17 de diciembre, 20:45 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: Concierto de clausura del XXI Curso «La voz en la música de cámara» (Homenaje a Jeaninne Bouché). Obras de: Guillermo Martínez, Debussy, Berlioz, Ylioppilaskunnan, Whitacre y Ariel Ramírez.

Lástima que muchos homenajes se celebren tras morir, pero Jeaninne Bouché (1930-2023) lo tenía pendiente en Asturias y La Castalia pudo al fin entregar, aunque hubo de ser Luis Español, su hijo presente en la sala, el merecido reconocimiento que esta pianista de carrera truncada en 1953 por una patología de columna, siguió volcada en la música hasta sus últimos días, primero desde su magisterio en la Escuela Superior de Canto como catedrática, y posteriormente en la ‘Cátedra Alfredo Kraus’ de la prestigiosa Escuela Superior de Música Reina Sofía (tras «ficharla» Paloma O’Shea desde el primer curso allá por 1995), eminente profesora de «Fonética francesa aplicada al canto» que seguirá siendo un referente para tantas promociones de cantantes desde nuestro país.

Begoña García-Tamargo fue la encargada de abrir este concierto del vigésimoprimer curso ««La voz en la música de cámara con una semblanza de su amiga y compañera en las labores docentes (aún se recuerda la presencia en Oviedo de la maestra Bouché en el «I Congreso de pedagogía e investigación performativa y creatividad musical» dentro del Centenario Debussy), imposible plasmar aquí su enorme y dilatada carrera y en cierto modo manteniendo la humildad del segundo plano que la madrileña de padres franceses siempre tuvo a bien.

También lo reconoció su hijo Luis, emocionado y agradecido por este homenaje de la asociación ovetense, que reflejaría los vínculos que la música consigue y más desde la docencia, verdadera familia así entendida por tantos que nos dedicamos de una u otra forma a ella.

El concierto comenzaría con unas palabras de Guillermo Martínez (1983), explicando la génesis de las obras a estrenar esta fría noche de diciembre. Importante reseñar cómo al compositor asturiano siempre se le ha apoyado desde La Castalia, como a tantos jóvenes, siendo un ejemplo precisamente los intérpretes de esta velada.

Es un auténtico lujo poder asistir al estreno de obras actuales y además conocer de primera mano estas aportaciones a nuestro patrimonio musical que todos debemos defender, y ya se encargó la directora de La Castalia en recordar los de estos cursos únicos en España y de dilata trayectoria, un alumnado eterno de profesionales que siguen formándose toda su vida, al que reconocerle el esfuerzo de dedicar todo su tiempo a una profesión donde la gratitud es poder demostrar su valía además del aplauso del público, que hoy desafió la climatología acudiendo a esta clausura.

El estreno de dos «Cantos de Minnesinger» pertenecientes al ‘Ciclo de Fantasías para mezzo y piano’ abría el concierto, magníficas obras de nuestro juglar asturiano inspirado en los alemanes (allí los grabará con orquesta) y manteniendo un puro estilo de lied donde voz y piano son uno para realzar la poesía medieval alemana, inspiración pastoral y amatoria como en el siglo XII pero actual en nuestros días. María Heres fue la voz ideal de estas melodías llenas de agilidades y gran tesitura, ricos matices y cambios de tempo, con un exigente registro grave que bien posee la mezzo asturiana más un complicado pero bellísimo ropaje de piano con María Cueva, para poder disfrutar del magisterio compositivo de Guillermo Martínez que se mueve cómodo en todos los estilos.

Un acierto este «aperitivo» de fantasías vocales que seguirán creciendo y encontrando un lugar en el nuevo repertorio del lied más allá de la tierra originaria de los minnesinger, actualizando el lenguaje camerístico de la hoy llamada «Canción de concierto», bien expuesta por el dúo de estas dos Marías artistas, Heres–Cueva.

Y segundo estreno de la Rapsodia «Reflejos del Sur» para el piano de Henar F. Clavel, aires sevillanos del barrio de Triana con un virtuosismo nada superfluo donde verter esa inspiración universal al lado del Guadalquivir, como Turina pero también Albéniz y ahora Guillermo Martínez. Escritura pianística de alto voltaje para volver a reivindicar la magia de la intérprete avilesina y el talento del antiguo escolano de Covadonga, agradecidos de poder disfrutar su música desde La Castalia y augurándole una larga carrera de «opus» que siempre  seguirán sorprendiéndonos por su belleza y riqueza de estilos sin perder nunca el amor por la música que en esta velada mostraron todos y cada uno de los intérpretes.

Si la maestra Bouché sentó cátedra desde la «Fonética francesa aplicada al canto», no podía faltar música en la lengua de Moliere en la que los compositores franceses siguen siendo únicos, pues no se canta igual que se habla.

Primero Debussy y sus «Tres melodías de Verlaine» L. 81, en la voz del barítono venezolano Ángel Simón con el piano de Mario Álvarez Blanco (otro de los pilares de La Castalia del siglo XXI), timbre cálido y preciosista expresando todo el poderío poético del francés, expresión compartida con un piano cristalino y merecedoras de tener los textos originales y traducidos para disfrutar aún más de estas tres bellezas líricas.

Después Mario Álvarez continuaría desde el piano con Berlioz y las «Noches de verano» sobre poesías de Théophile Gautier junto a la soprano venezolana Ángeles Rojas (componente del Coro de la Ópera de Oviedo y alumna de la Cátedra de Canto Alfredo Kraus), cuatro de las seis escritas por el gran sinfonista y que son nuevamente un ejemplo de la música que encierran los versos, lírica en el amplio sentido de la palabra a las que la soprano de Barquisimeto puso su buen hacer vocal aunque la grandeza de la orquesta sea casi imposible reducirla al piano pese a los esfuerzos del asturiano. Voz poderosa en todo el registro y con musicalidad innata, más segura en la ópera que en las canciones de concierto, hay que felicitarla por el esfuerzo que suponen estas «noches de Berlioz».

Y hablando de ópera y coros, el mejor broche final lo pondría el Coro Arsis de la Escuela de Música Divertimento, verdadera cantera musical en la capital del Principado y dirigido por Cristina Langa junto al joven pianista y director de orquesta Luis María López Aragón. Cuatro temas bien enlazados para evitar pausas desde las modulaciones al piano que fueron desde Finlandia hasta la República Dominicana pasando por los EEUU  y Argentina.

Maravillosas estas laureadas voces juveniles con mayoría de chicas (habrá que pensar cómo sumar chicos a los coros) bien empastadas, con movimiento escénico y coreografías, bien llevados por otra promesa de la dirección como la Maestra Langa, bien memorizado todo, afinadas, empastadas, de dicción perfecta en finés, inglés y castellano, transmitiendo emociones y alegría, especialmente con el último villancico dominicano, y felicitar la elección de estas cuatro páginas corales donde personalmente me sigue emocionando Alfonsina y el mar del gran Ariel Ramírez en un arreglo hermosísimo del porteño Vivian Tabbush (1936-1917) con el piano original del argentino muy sentido por López Aragón.

En estas fechas no podía faltar Noche de Paz que pondría el primer regalo navideño, musical como debe ser, con Arsis y el piano antes de la salida de todos los participantes en este homenaje y clausura de otro curso de perfeccionamiento que nunca tiene vacaciones.

PROGRAMA

Guillermo Martinez (1983):

CANTOS DE MINNESINGER. Ciclo de fantasías para mezzo-soprano y piano
(estreno absoluto):

1. «Slâfest du friedel ziere?»
(poesía de Dietmar von Aist, ca. 1115- ca.1171).

2. «Kuster mich?»
(fragmento del poema «Under der Linden»)», de Walther von der Vogelweide, ca. 1170- ca.1228).

María Heres (mezzosoprano) – María Cueva (piano).

RAPSODIA «REFLEJOS DEL SUR»
(estreno absoluto).

Henar F. Clavel (piano).

C. Debussy (1862-1918): TROIS MELODIES DE VERLAINE:

1. «La mer est plus belle – 2. «Le son du cor s’afflige ver le bois» – 3. «L’échelonnement des haies»

Angel Simón (barítono) – Mario Alvarez (piano).

H. Berlioz (1803-1869): LES NUITS D’ÉTÉ
(Poesías de Théophile Gautier):

1. «Villanelle» – 2. «Le spectre de la rose» – 4 «Ас оле*

Ángeles Rojas (soprano) – Mario Álvarez (piano)

CORO ARSIS de la Escuela de Música Divertimento:

Ylioppilaskunnan: «On suuri sun rantas».

Eric Whitacre: «Sing Gently».

Ariel Ramirez: «Alfonsina y el mar» (Arr. Vivian Tabbush).

Tradicional República Dominicana: «Cantemos a María».

Directora de coro: Cristina Langa – Pianista: Luis María López Aragón.

Next Gen: Los jóvenes buscan su sitio

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Viernes 15 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Next Gen «Ven a tocar con la OSPA». Sara Ferrández (viola), Nuno Coelho (director). Obras de Wagner, Martinu, Telemann y Ravel. Entrada butaca: 5 €.

Nada mejor para acabar este año que ver a nuestra OSPA con alumnado de los conservatorios asturianos (dejo al final de esta entrada la lista con todos) y el titular portugués al frente dando paso a la «Next Gen», la siguiente generación de músicos que pronto estarán en muchas orquestas profesionales, incluso exportando talento que en mi época era impensable.

Me tocó recordar los 40 años de la JONDE e incluso nuestra JOSPA que no estaría mal recuperarla, pues la experiencia que supone compartir atriles con los maestros de la OSPA no sólo es indispensable para su formación, también por insuflar aire joven a la plantilla que escucha cómo los jóvenes vienen pidiendo paso. Muchos continuarán su formación fuera de Asturias, algunos se incorporarán a esa JONDE, pocos a la Joven Orquesta Europea o la Mahler, e incluso encontrarán trabajo por Europa, pues la semilla que se sembró ya hace años al fin germinó, creció y estamos recogiendo muchas cosechas de excelentes músicos de orquesta. Y este viernes con la violista  madrileña Sara Ferrández (1995), un joven talento ya desde los 3 años que ya ha encontrado su sitio internacional pero no olvida sus orígenes, aportando su saber a esta generación que en mi juventud se llamaban por un anuncio de coche JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) y esta temporada es colaboradora artística de la OSPA.

Para abrir boca y con plantilla «gigante» nada menos que la obertura de Los maestros cantores de Nüremberg (R. Wagner, 1813-1883), un orquestón comandado por Aitor Hevia de concertino invitado -un habitual de casa que siempre ayuda a cohesionar la orquesta asturiana- esta vez con Fernando Zorita a su izquierda, y Nuno Coelho llevando todo con mano firme, contagiado del impulso que emana esta inmensa página orquestal. Había que controlar las dinámicas y contener el ímpetu juvenil, la cuerda equilibrando el poderío de unos metales germánicos a más no poder, así que una inyección sonora en este inicio de concierto.

Ya con menos plantilla llegaría Sara Ferrández para ofrecernos la Rapsodia concierto para viola, H. 337 del checo Bohuslav Martinu (Polička, Bohemia, 1890 – Suiza, 1959), con dos movimientos (I. Moderato – II. Molto adagio) aplaudidos ambos por un público «familiar» que dejó una buena entrada y saborearía esta página de lucimiento de la violista y buen hacer de la OSPA con un Coelho buen concertador. Solista de sonido redondo, presente, limpio, con ese timbre tan humano y unos fraseos interiorizados e intencionados, jugando con los cambios de tempi internos manteniendo una homogeneidad tímbrica digna de mencionar. Temas populares como es habitual en las rapsodias, pero con un tratamiento solista muy cuidado por un compositor y violinista que también se enamoraría de la viola precisamente por ese timbre a caballo entre su instrumento y los chelos.

Para la segunda parte volvería Sara Ferrández con una orquesta camerística de cuerda y todo el alumnado asturiano de esta disciplina (CONSMUPA más los Conservatorios Profesionales de Oviedo, Gijón, Avilés y Mancomunidad Valle del Nalón), «solos ante el peligro» para el Concierto en sol mayor para viola y orquesta (G. Ph. Telemann, 1681-1767), todo un examen para el alumnado con el maestro Coelho llevándolos «de la mano». Magisterio de la violista con sonido cálido y expresividad en el registro grave de su David Tecchler (1730), dialogando con la joven orquesta  (donde eché de menos un clave, pero en Asturias faltan estudiantes si no hay profesorado o no se le permite compaginar docencia e interpretación) con algún problema de afinación que el tiempo corregirá, pero con la alegría de poder formar parte de una interpretación más allá de historicismos, haciendo grupo, escuchándose (bien los chelos) y compartiendo estos cuatro movimientos (I. Largo – II. Allegro – III. Andante – IV. Presto) bien marcados por el director portugués, uno de los artífices de este proyecto al que deben darle continuidad a largo plazo.

Para rematar este «Ven a tocar con la OSPA», dos maravillas de uno de los mejores orquestadores como el vascofrancés Maurice Ravel (Ciboure, 1875 – París, 1937), primero la Alborada del gracioso, después una joya como La Valse (¡al fin con dos arpas!). En ambas páginas faltó «pegada» (punch en otro argot) y probablemente más ensayos, difícil encajar tanto escrito para poder interpretarlo sacando tantas sonoridades que no todas las grandes orquestas y directores llegan a alcanzar, pero queda la buena intención y momentos puntuales para corregir.

La «Alborada» tardó en encontrar su pulsación tras el pizzicatti inicial, con la madera marcando diferencias de calidad (bravo Mascarell al fagot), metales algo contenidos y una percusión que podía haber tenido mayor presencia, aunque Coelho intentó unificar sonoridades matizando al detalle .

Y la inmensa «Valse» arrancó tímida, rubatos de difícil encaje pero bien intencionados, todas las secciones  buscando la complicidad con el podio pero como «islas» salvo nuevamente la excelente madera (bravo las flautas) y por fin toda la percusión dominadora. Una interpretación que seguramente con más tiempo hubiese resultado magnífica al contar con tan buenos mimbres, quedando en «aseada» que diría el recordado Juan Estrada  Rodríguez ‘Florestán’, pero con la ilusión de ver el escenario con una orquesta grande (ojalá sea pronto gran orquesta).

Faltaba reunir a todos los músicos en un homenaje y regalo para todos: nada menos que la Orgía de Joaquín Turina (Sevilla, 1882 – Madrid, 1949), aires sevillanos y un cante jondo de Max von Pfeil junto al oboe de Ferriol, lo mejor de esta página luminosa y fresca como la del alumnado que podrá enseñar las fotos con los maestros de la OSPA, ponerlo en su CV cara al futuro, y con un Nuno Coelho contagiando a todos la ilusión por seguir haciendo música orquestal.

Les deseo a todos unas felices y merecidas vacaciones navideñas (aunque los músicos nunca las tienen).

Recuperando «lieder» de Manuel Palau

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CD Canciones para voz y piano de Manuel Palau. «LUNA MUERTA».
Mar Morán, Aurelio Viribay.
Cezanne Producciones: CZ119 / 0 718157 641464 / M-29961-2023

Manuel PALAU BOIX (Alfara del Patriarca, 4 de enero de 1893 – Valencia, 18 de febrero de 1967) fue un pedagogo además de músico prolífico y polifacético no lo suficientemente reconocido en la llamada «canción de concierto» del que el vitoriano Aurelio Viribay Salazar (1963) nos cuenta en las notas del álbum que «por su excepcional calidad y originalidad la extensa producción para voz y piano (…) ocupa un lugar de especial relevancia en la evolución de la canción de concierto española a lo largo de los dos primeros tercios del siglo XX. El maestro de Alfara del Patriarca expresó reiteradamente su afinidad y predilección por un género del que se ocupó ininterrumpidamente y con especial dedicación a lo largo de su dilatada trayectoria compositiva y al que prefería referirse como ‘Lied’ por entenderlo como fruto de la completa fusión entre poesía y música». Y nadie mejor que este pianista, investigador, docente, recuperador, estudioso de nuestro patrimonio vocal, todo un especialista en este repertorio como el maestro Viribay Salazar para contarnos y transmitirnos en esta selección de canciones una pequeña muestra del legado de Palau con la voz de la soprano pacense Mar Morán (1992) -estos días en Oviedo cantando «La Traviata»– en quien ha encontrado la intérprete ideal no ya para este repertorio sino también para el de otros compositores españoles como García Leoz en su anterior trabajo «Luna clara», del que esta «Luna muerta» es continuación en un proyecto que seguramente encuentre más calificativos a la siempre encantadora luna lorquiana en un dúo que tiene aún mucho recorrido.

Muy interesante y abundante la producción del compositor valenciano, que en el terreno del lied nos encontramos más de 100 canciones con textos en distintas lenguas (galaico-portugués, gallego, brasileño, francés o alemán) aunque el grueso de su obra liederística se basa en textos valencianos y castellanos, las dos lenguas que Palau utilizaba asiduamente. Para esta grabación Morán y Viribay se han centrado solo en las compuestas en castellano -con la excepción de una canción en gallego- presentando veintinueve canciones, algunas formando colección con título propio denominadas por el propio compositor «Lieder», indicativo de su conocimiento del género y con una visión europea más que española, junto con otras canciones «sueltas» de distinta temática, todas ellas compuestas entre 1924 y 1955 «cuya sorprendente y rica disparidad estética revela un original eclecticismo como principal rasgo estilístico de la obra para voz y piano de Manuel Palau» citando de nuevo y como haré a lo largo de esta reseña las notas de Don Aurelio en el magnífico libreto que acompaña el CD, donde tampoco pueden faltar las letras, pues la comunión texto-música es la base para paladear el lied y entender mejor estos lieder españoles.

Arranca la grabación con un primer bloque de canciones que «refleja la mirada al pasado del compositor, ejemplificada en un estilo neoclásico en lo musical y en la utilización de textos antiguos en lo literario. Cinco de los ‘Seis Lieder’ que abren esta selección ponen música a textos del Cancionero anónimo de la Edad Media mientras que la primera canción del grupo, «Por el montecico sola», se basa en un texto de Lope de Vega en el que la temerosa inquietud de la protagonista abandonada es traducida con gran belleza por el compositor». Un piano hondo preludia y acompaña el primer lied con la voz rotunda y delicada de la soprano pacense, una galería de personajes femeninos de este primer grupo de canciones, dramatismo vocal en el siguiente, Gritos daba la morenica, campanadas al piano y voz cuyo grito es matizado y realzando el texto, tesitura amplia con homogeneidad en el color de la soprano, al igual que una tristeza de enamorada bien reflejada en Mal ferida iba la garza que reflejan ambos intérpretes con delicadeza y dolor en el agudo mientras el piano casi acuna cual aleteo; buen gusto y preciosismo pianísitico de La flor de la villa, aire de inspiración popular pero escritura «clásica».

Los dos siguientes lieder, ¿Con qué la lavaré? y De los álamos vengo, madre, conocidos por las recreaciones que hizo Joaquín Rodrigo en sus célebres e interpretadísimas «Cuatro madrigales amatorios«, Palau como bien explica Viribay en las notas, «no recurre a citas musicales preexistentes sino que utiliza música de nueva creación: desnudos acordes pianísticos subrayan la solitaria tristeza de la protagonista en la primera canción mientras un movimiento continuo de dinámicas semicorcheas dibuja la agitación de las hojas de los álamos movidas por el viento en la segunda». Si no conociésemos las del compositor de Sagunto, son dos visiones nuevas de unos textos atemporales que Mar Morán desgrana deleitándose en cada nota y el acompañamiento de Aurelio Viribay casi sosteniendo esa fresca vocalidad del compositor recuperado en estas bellísimas páginas líricas, la primera sosegada y la segunda con brisa mediterránea.

Siguiente bloque con ‘Dos canciones amatorias’ que Palau busca en la musicología a historia su inspiración: No me habléis, conde sobre un texto anónimo del siglo XVI y en el “Cancionero de Uppsala” para Ya no más. De nuevo creatividad musical para unos pentagramas delicados en voz y piano, cristalinos y pausados, cual viaje al pasado desde una perspectiva muy actual que refleja el compositor valenciano en estos cantos de amor.

Tras el díptico, otro lied inspirado en un texto anónimo del siglo XVI, ¿Qué sentís, coraçón mío?, otro itinerario histórico a la época y textos cantados desde un lenguaje sencillo y atractivo, sin prisa, diálogo más que voz con acompañamiento, articulación exacta en la soprano y perlas al piano.

Continúan el disco con dos lieder basados en textos de Lope de Vega, Elegía al Caballero de Olmedo y Villancico. En la primera con extenso piano inicial de protagonista como «llamadas de trompetería» que vuelve a transportarnos al contexto de la época de sus versos, y la soprano dramatizando una escritura muy exigente en tesitura y matices que la pacense afronta sin problemas; la segunda cual oposición y contraste, «íntima, tierna y delicada, como corresponde a una canción de cuna de contexto navideño» precisamente en estas fechas, nana que arrullan ambos intérpretes desde una dicción perfecta para la excelente combinación de palabra y música.

Prosigue el ambiente navideño pero con una escritura más «neoclásica» de Palau con La Virgen va caminando, muestra de la gran cultura del compositor valenciano capaz de escribir en estilos distintos, una canción con texto de una copla popular malagueña y piano que envuelve la hermosa melodía. La palmera es la segunda de las ‘Dos canciones de Navidad’, árboles importados que no faltan como símbolo de nuestra emigración y convertidos aquí en árbol navideño. Para el maestro Viribay una de las joyas de la producción de canciones de Manuel Palau y «una de las más bellas canciones de concierto españolas del siglo XX», pues si alguien conoce este repertorio es el pianista vitoriano, y corroboro su afirmación pues hay una delicadeza vocal que refleja a la perfección la ternura del poema de Gerardo Diego y un piano sugerente que no distrae en ningún momento.

En Partida el compositor vuelve a cambiar de estilo, ahora «neorromántico» pero manteniendo la inspiración y métrica que la poesía impone, con largas frases largas que expresan la tristeza por el marinero que no volverá sobre un poema del valenciano Lluís Guarner Pérez. La poesía siempre en la base de todo lied, Palau utiliza al gaditano José María Pemán para Arroyuelo del molino, melodía sencilla y piano manteniendo la pulsación que recrea el fluir constante del agua moviendo las aspas.

La única canción en gallego, Chove, toma un desolador poema del orensano José Ramón Fernández-Oxea, y como bien explica en las notas del disco, «pertenece a la colección de canciones gallegas encargadas por el crítico Antonio Fernández-Cid a diferentes compositores españoles. Utiliza un lenguaje impresionista que describe musicalmente la lluvia en las corcheas iniciales de una parte pianística que adquiere paulatinamente una complejidad paralela a la exigente parte cantada». Importante la lengua gallega en la escritura de tantas canciones como el propio Aurelio Viribay nos dejó en su trabajo ‘No Camiño’ recorriendo distintos compositores, podría decir que con ésta se completa este ciclo con el valenciano Palau en versión para soprano y piano que seguirá aumentando el repertorio de concierto.

Cierran este tercer bloque dos páginas, Tonadilla y Chiquilla, de las primeras canciones de Palau con textos de la colección poética Mil y un cantares del valenciano Estanislao Alberola, que está en mis estanterías literarias. Musicalmente siguen mostrando el «oficio» del valenciano ya en estos inicios, no importa calificarlas de «canción de concierto» o «canción ligera», Chiquilla es una copla casi de las llamadas «folklóricas» (que también habría que situar en su contexto y no desmerecen en nada de estas que comento), pues parece que el ánimo del valenciano era «llamar la atención de un público foráneo ávido de tópicos costumbristas de carácter españolizante, de los que también participa ‘Tonadilla’». Desde la humildad del propio compositor, si Rossini confesaba «pecados de vejez» sus últimas obras una vez abandonada la ópera, el valenciano consideraba estas dos “pecados de juventud”, pero que ayudan a comprobar la evolución de su escritura vocal.

Y con otro cambio estilístico, retomando la idea de un «lied español» por el coprotagonismo de piano con voz y el texto centro de cada pentagrama, Ávila y Montesa, sobre poemas del valenciano Joan Lacomba i Guillot, que pertenecientes a la colección de cinco “Evocaciones de España”, posteriormente se publicaron como Dos Lieder. Buen conocedor de nuestro patrimonio, Palau recrea musicalmente ambas ciudades con los textos de Lacomba, transportando al oyente tanto a la llanura de la Ávila amurallada y llena de iglesias o conventos, como a la Montesa medieval, de nuevo con evocación de trompetas y fanfarrias organísticas en el piano vasco y la poesía bien cantada por la extrema. Recuerdos franceses lógicos tras los estudios del compositor con Ravel o Charles Koechlin, por entonces al alcance de pocos y que el valenciano aprovechó al máximo.

Dentro de los tantos estilos transitados por Palau e igualmente por las modas del momento, el díptico ‘Del Oriente lejano‘ nos lleva al exotismo de tantos otros compositores coetáneos suyos, como bien recuerda Viribay en sus notas, Stravinsky, el citado Ravel, Albert Roussel, cuatro breves Poesías japonesas del madrileño Julio Gómez o el tríptico La flûte de jade del también madrileño Julián Bautista son composiciones que el pianista y estudioso vitoriano conoce de primera mano y en esta búsqueda no podía faltar Manuel Palau, primero Improvisación, musicando un texto del poeta chino Li-Tai-Pe y Lírica japonesa, de un anónimo japonés del siglo XVI, traducidas al castellano e intensamente interpretadas por el dúo Morán-Viribay, con aires impresionistas de los que el compositor de Alfara del Patriarca nunca renegó.

Aurelio Viribay escribe que «Manuel Palau se sentía especialmente satisfecho del ciclo ‘Paréntesis lírico’, cuyo lenguaje musical evoluciona notablemente adquiriendo una mayor complejidad. Los textos de Vicente E. Pertegaz referidos al entorno de una huerta valenciana -la noria, un farol, la lluvia, la noche, la luna o la niña que recoge caracoles- dan lugar a una música tan descriptiva como sugerente que abarca una amplísima gama de registros expresivos». Sonoridades francesas, cromatismos, jugando con bitonalismo, atonalismo y tonalidad académica, este ‘Paréntesis lírico» es un muestrario de la versatilidad musical de Palau por todos los recursos compositivos utilizados. Siete lieder para disfrutar de la voz de Mar y el piano de Aurelio: Imperceptible, de recuerdo catedralicio debussyano en el piano y exigente registro grave en la voz; Noria vieja , evocadora desde el cromatismo al piano y sentida de la soprano con difícil entonación así como su amplia tesitura; Lluvia, la más francesa en todo e igualmente exigente para los dos intérpretes; otro giro de estilo con Caracolera, cante andaluz o tonada llevada al salón de conciertos; Farsa, llena de atonalidad que viste una melodía resplandeciente, expresionista y totalmente actual con la rompedora habanera final («¡Qué danza más loca!» dice la letra ); la cita del “Dies Irae” en Farsa, un delicioso «engaño» en el piano para llevar la melodía misteriosa cantada por la soprano, y la «marcha surrealista» de Luna muerta que da título al disco y «cierra brillantemente esta antología con una de las canciones más sorprendentes del repertorio lírico español del siglo XX», un verdadero descubrimiento de un repertorio que sigue asombrándonos por el tiempo que ha permanecido en un cajón pero que un trabajo de investigación, ensayo y sabia elección de la intérprete ideal para ello al menos tenemos la ocasión de escucharlo cuantas veces queramos, esperando se mantenga en los conciertos de nuestra amplia geografía.

La toma de sonido perfecta para poder escuchar un piano excelente y toda la amplia gama de matices y buen gusto de la soprano, y todo un CD cuidado hasta el mínimo detalle.

Pistas:

01-06. Seis Lieder:

I. Por el montecico sola (Lope de Vega); II. Gritos daba la morenica (Cancionero anónimo de la Edad Media); III. Mal ferida iba la garza (Anónimo); IV. La flor de la villa (Cancionero anónimo de la Edad Media); V. ¿Con qué la lavaré? (Cancionero anónimo de la Edad Media); VI. De los álamos vengo, madre (Anónimo).

07-08. Dos canciones amatorias:

I. No me habléis, conde (Anónimo); II. Ya no más (Cancionero de Upsala).

09. ¿Qué sentís, corazón mío? (Anónimo siglo XVI); 10. Elegía al Caballero de Olmedo (Lope de Vega); 11. Villancico (Lope de Vega); 12. La Virgen va caminando (Popular); 13. La palmera (Gerardo Diego); 14. Partida (Lluís Guarner Pérez); 15. Arroyuelo del molino (José María Pemán); 16. Chove (José Ramón Fernández-Oxea); 17. Tonadilla (Estanislao Alberola); 18. Chiquilla (Estanislao Arberola).

19-20. Dos Lieder (Juan Lacomba):

I. Ávila; II. Montesa.

21-22. Del Oriente Lejano:

I. Improvisación (Li-Tai-Pe, siglo XVI); II. Lírica japonesa (Anónimo japonés, siglo XVI).

23-29. Paréntesis lírico (Vicente E. Pertegaz):

I. Imperceptible; II. Noria vieja; III. Lluvia; IV. Caracolera; V. Farsa; VI. Farol; VII. Luna muerta.

Grabado, mezclado y masterizado en los Estudios Cezanne, 24 a 27 julio de 2023 por Javier Monteverde.

Sonaron campanas de gloria

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Viernes 24 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Noelia Rodiles (piano), El León de Oro -LDO- (Marco A. García de Paz, maestro de coro), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Obras de Jaëll, Martínez Burgos y Beethoven. Fotos de Beatriz Montes y propias.

Buena inauguración de las Jornadas de Piano del siempre recordado Iberni, con la avilesina Noelia Rodiles protagonista por partida doble y nuestro coro más laureado e internacional los luanquinos del LDO, con el titular de OFil el onubense Lucas Macías «armando» un programa muy interesante donde no faltó una obra de compositora (esta vez la francesa Marie Jaël) como bien anunciase su intención el maestro en cada concierto, un estreno absoluto de Manuel Martínez Burgos, catedrático del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias (CONSMUPA) de amplísimo curriculum y galardones, para reencontranos con el genio de Bonn en la segunda parte.

Y es que Jaëll fue la primera pianista en interpretar todas las sonatas para piano de Beethoven en París y tras sufrir una tendinitis, realizó estudios sobre fisiología y psicología que posteriormente aplicaría a las técnicas manuales para tocar el piano, creando un método que lleva su nombre por sus investigaciones  que incluían cómo afecta la música a la conexión entre la mente y el cuerpo, así como la forma de aplicar estos conocimientos a la inteligencia y la sensibilidad en la enseñanza de la música. Nacida en 1846, la familia de Marie Trautmann la enviaría a París para recibir la mejor educación posible en su conservatorio. En ese entorno su círculo de amistades se ampliará y conocerá al austríaco Alfred Jaëll –antiguo alumno de Chopin– con quien terminará contrayendo matrimonio en 1866. De su obra titulada Harmonies d’Alsace (1917), Jonathan Mallada escribe en las notas al programa (enlazadas al inicio en obras) que «la compositora se inspiró en los recuerdos de su infancia en Steinseltz, su localidad natal y comuna francesa, situada en el departamento de Bajo Rin en la región de Alsacia (…) bajo el magisterio compositivo de César Franck y Camille Saint-Saëns, con quienes mantendrá una abundante correspondencia epistolar (…) supone un canto de amor hacia su tierra de origen (Alsacia) ante el inminente desenlace de la Primera Guerra Mundial. Compuesta para pequeña orquesta, es una obra llena de lirismo y belleza que evoluciona desde una ligera inquietud y nostalgia –a través de una armonía algo oscurecida– hacia la brillantez de la cuerda, que llega para disipar cualquier mal presagio».  Buen arranque «camerístico» de la OFil con una cuerda que gana enteros cada día, siendo asombrosa la versatilidad de la formación ovetense pasando del foso lírico al escenario del auditorio donde se ha consolidado como orquesta residente de este ciclo. El maestro Macías Navarro siempre de gesto claro y preciso le da a la orquesta la confianza para afrontar repertorios de lo más variado, y esta breve «obertura» prepararía el estreno absoluto con todo el músculo sinfónico y excelentes refuerzos en la cuerda  para completar la plantilla ideal (14-12-10-8-6-4).

Cloches (2023) es un concierto para piano y orquesta lleno de detalles sonoros y tímbricos que Martínez Burgos domina desde una orquestación muy trabajada en todas sus secciones más allá de la percusión. Las notas al programa nos dicen que «es una búsqueda en las posibilidades expresivas de las campanas como un medio sonoro portador de mensajes a largas distancias». En una entrevista para el diario La Nueva España el propio compositor cuenta que refleja el paisaje sonoro que descubrió cuando llegó a Oviedo y le evocaba el de París y Oxford, el mejor cosmopolitismo para estrenarse en «La Viena española». Con Noelia Rodiles de solista, su piano se fundió en resonancias seculares junto a la OFil, en un trabajo meticuloso del maestro Macías, cinco movimientos con guiños a otros grandes orquestadores pero en un lenguaje propio dándole al piano momentos muy virtuosísticos junto a otros que engrandecen la tímbrica sinfónica. El primer movimiento, La vallée des cloches recuerda a Ravel más allá de que Miroirs contenga también unas «campanas», y personalmente me evocó un concierto en St Gallen hace nueve años, conectando todas las iglesias del valle que en el caso de Martínez Burgos hacen referencia a un metafórico valle de campanas que conectaría sinbólicamente toda Europa. El segundo número, La cloche Wamba, nos traslada directamente a la «Sancta Ovetensis» tras un análisis espectral de la campana en activo más antigua de Europa, “Wamba” –fundida en 1219–. El compositor trabaja las sonoridades incluso en un vibráfono cuyas láminas también vibran con dos arcos más allá de toda la percusión que se une a unos metales que calificaría de «broncíneos», utilizando el devenir armónico que vertebrará este movimiento. La recreación será aún más evidente en Grande volée de cloches à Notre-Dame de Paris, movimiento central del concierto con todas las campanas parisinas repicando, el piano sumándose con fuerza y fundiendo timbres grandiosos, incluso «debussyanos» de «Catedral sumergida», resonancias mágicas de sonoridades muy trabajadas y bien llevadas por el maestro onubense con la pianista avilesina verdadera «argamasa sonora» engordando unas texturas muy logradas. Cadenza y Finale cierran este original y exigente concierto, sonando algunos de los temas previos y dando una coherencia a la obra con un final virtuoso en el piano y explosivo a nivel orquestal en una lucha titánica de dinámicas muy actuales. Como escribe Mallada «En síntesis, las campanas sirven para dotar a la obra de un contexto armónico nada tradicional sobre el que se urde un concierto donde se conjugan la consabida dialéctica entre el solista y la orquesta, pero donde el piano trata de integrarse en la sonoridad general de la obra, demostrando el oficio, la originalidad y las facultades compositivas de su autor».

Y campanas de gloria en la despedida a la arpista polaca Danuta Wojnar, 40 años en nuestra tierra además de ser fundadora de la OFil desde aquellos tiempos de OSCO, una institución en la música asturiana a quien Noelia Rodiles le entregó su ramo de flores, con palabras de Lucas Macías y la propia principal Danuta que pasa a engrosar el «selecto club de músicos jubilados» en plena madurez.

Para Beethoven Fidelio fue “su hijo más querido” y en cualquier momento su música se hace necesaria. Si la ópera trabajaba los recursos y valores revolucionarios además de «heróicos» que aparecían en la “Tercera”, el obsesivo sordo genial le hacía rehacer constantemente sus manuscritos y tras su crisis depresiva de 1802 a causa de su incipiente sordera, la segunda de las cuatro oberturas para esta ópera,  (Leonora nº 2) encierra todo el dramatismo que Macías y la OFil mostraron sin complejos. Como en el foso para Fidelio pero con la acústica del auditorio de Rafael Beca, pudimos rememorar las mazmorras sevillanas o el aria de Florestán “In des Lebens Frühlingstagen”. Desde el podio fuimos paladeando la lenta y pesante Introducción con unas maderas bien empastadas y realzando los silencios tan importantes en el romanticismo y toda la música. En el allegro la cuerda se defendió limpia lo mismo que en el Presto final con una trompeta natural fuera de escena que anunciará no solo la llegada del emisario real a la prisión sino el ejército coral de leones para la Fantasía con el retorno de la pianista avilesina.

La Fantasia para piano, coro y orquesta, opus 80, dedicada al rey Maximiliano José de Baviera, está concebida en dos partes de longitud desigual: un Adagio (iniciada por una cadenza improvisada del piano solo de 26 compases) y un Finale formado por varias secciones de diferente tempo: allegro, meno allegro, allegro molto, adagio ma non tropo, marcia, allegro, allegretto, presto. Es una marravilosa fantasía libre para piano solo, conjunto de variaciones de la pieza “Seufzer eines Ungeliebten – Gegenliebe” (del propio Beethoven) y como concierto para piano que parece estar experimentando su «Emperador».

El inicio de Rodiles con el aplomo ya mostrado en las «campanas» y la fuerza llena de limpieza en todas sus intervenciones, diálogos con la orquesta que no flojeó en ninguna de sus secciones bien concertado todo por Lucas Macías (y de memoria toda esta segunda parte). El tema desarrollado es otro «banco de pruebas» para la Oda a la Alegría, cambiando a Schiller por el poeta Christoph Kuffner, y la letra traducida además de proyectada en el escenario.

LDO hoy con 45 voces sonó inmenso, en su línea de perfecta afinación, matices extremos y total entrega, destacando los cuatro solistas (las sopranos María Peñalver San Cristóbal y Elena Rosso Valiño, la contralto Andrea Gutiérrez D’Soignie, los tenores Jairo Flórez Gutiérrez y Jesús Fernando Torres Delgado, más el bajo Jesús Gavito Feliz). Cuando el público queda con ganas de volver a escuchar esta fantasía es por las emociones y belleza de una partitura que nunca cansamos de escucharla, con un piano impoluto pasando del protagonismo al diálogo, disfrutando de todas las variaciones en madera y cuerdas solistas, atmósferas preparadas con las «campanas de Burgos» para transitar entre lo lírico, lo majestuoso y el mejor fundido de piano, orquesta y coro con Lucas Macías perfecto maestro bruñidor. «Inmejorable
preludio del universal canto de fraternidad»
(Mallada scribit).

PROGRAMA:

1. Marie Jaëll (Steinseltz -Alsacia-, 17 de agosto de 1846 – París, 4 de febrero de 1925):

Harmonies d’Alsace

2. Manuel Martínez Burgos (Madrid, 1970):

Cloches, concierto para piano y orquesta *:

I. La vallée des cloches – II. La cloche “Wamba” – III. Grande volée de cloches à Notre-Dame de Paris – IV. Cadenza – V. Finale

* Estreno absoluto. Partituras propiedad de Universal Edition A.G.

3. Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770-Viena, 1827):

Obertura Leonora nº 2, op. 72

Fantasía para piano, solistas, coro y orquesta en do menor, op. 80 (Fantasía coral)

I. Adagio – II. Finale: Allegro – Allegretto – Allegro molto –
Adagio ma non troppo – Marcia, assai vivace –
Allegro ma non troppo – Presto

Universo orquestal «con forza»

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Viernes 17 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono III Subito con forza: OSPA, Roman Simovic (violín), Nuno Coelho (director). Obras de: Unsuk Chin, Béla Bartók y Mozart.

Segunda semana con el «extra vitamínico» del violinista ucraniano afincado en Londres, que esta vez no estuvo en el encuentro con los abonados a las 19:15 en la Sala de Cámara del Auditorio sino el titular portugués explicándonos el programa (que repetiría antes de arrancar el concierto).

Y quiero volver a remarcar lo bueno que supone contar con el maestro Simovic porque no solo contagia su pasión a la OSPA, a la que se la nota feliz y a pleno rendimiento, también al público (hoy volvió a haber demasiados huecos) que recibe ese ímpetu y buena química sobre el escenario. Al «cocktail  energético» debemos sumar la apuesta por tenerle nuevamente de solista en el exigente concierto de Bartók tras un estreno, al menos asturiano, de la surcoreana Unsuk Chin (Seúl, 14 de julio de 1961), otro de los proyectos que ha traído Nuno Coelho en esta su segunda temporada al frente de la OSPA. Por cierto que sigue sin cubrirse la plaza de concertino, como preguntó en el encuentro una abuela para contárselo a su nieto violinista (!), de nuevo invitando a solistas  internacionales como esta vez la austriaca Birgit Kolar que lo fue igualmente hace un año de la OFil, junto a Sabine Lohez de ayudante. Y para la segunda parte, siempre en el formato decimonónico de «Estreno-Concierto-Sinfonía» no se olvidaron de programar el «repertorio de siempre», esta vez con la última sinfonía del genio de Salzburgo.

En las notas al programa (enlazadas al principio) de Hertha Gallego de Torres), sobre la obra de la pianista y compositora Unsuk Chin -distinguida alumna de juventud de Ligeti-, y actualmente viviendo en Berlín nos cuenta que «escribió Subito con forza en 2020 en pleno confinamiento, a petición de la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam para celebrar el 250 Aniversario del nacimiento de Beethoven (…) indisimulada afición por el virtuosismo, que aquí se muestra en una paleta brillante de instrumentos de percusión con un papel tan importante o más que la cuerda. Puede presumir Chin  (…) de que sus obras son muy accesibles al público que rechaza la música contemporánea, por la brillantez que obliga a exhibir a la voz, a la orquesta o a ambas». También la elección de esta obra por necesidades de plantilla como explicó la gerente en el encuentro previo. Con los «motivos» de las oberturas de Coriolano o Leonora III y el inconfundible motivo rítmico de la Quinta, el maestro Coelho la defendió con su ímpetu habitual, destacando el enorme trabajo de los percusionistas, junto al arpa y el piano pero sin menoscabar al resto de una orquesta que hoy se colocó «quasi vienesa» con los violines enfrentados y violas-chelos frente al podio. Obra interesantísima la de esta surcoreana más europea que muchos y volviendo a recordarnos que la Pandemia del Covid también trajo mucha creatividad, caso de este Subito con forza… y fuego.

Esperado el regreso de Simovic con su Stradivarius pasando del pasado Beethoven al presente Concierto para violín nº 2 (1939) de Béla Bartók, de los más importantes escritos en el siglo XX plagado de recovecos para solista y orquesta, con el portugués mostrando de nuevo su calidad como concertador en una obra exigente para todos. Sobre esta partitura que bien nos explicó por partida doble, añadir de nuevo las notas sobre el mismo (con links míos): «después de varias consultas con el eximio violinista y compositor húngaro Zoltán Székely, su dedicatario (…) había sugerido al compositor la obra poco antes de que se exiliasen ambos a Estados Unidos. Székely, miembro del famoso Cuarteto Húngaro, fue quien estrenó el Concierto como solista con la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam en 1939», en este caso enlazando la misma formación con la obra de la surcoreana. Prosigue la profesora Gallego de Torres: «Ejemplo de la personal síntesis de tradición y progreso de Bártok, su estructura formal es la del concierto clásico o romántico. Sin embargo, tonalmente, bebe de la influencia dodecafónica y de las escalas modales del folklore de los Balcanes» y así lo entendieron a la perfección desde el trípode que mantiene el equilibrio perfecto: solista, orquesta y director, porque el virtuosismo de Simovic en el Allegro non troppo parece sencillo ante su sonoridad limpia, su musicalidad exquisita del bellísimo Theme and Variations: Andante tranquillo central que estuvo arropada y mimada por la OSPA, y el complicado Rondo: Allegro molto final lo entendió en sus múltiples cambios de tempi y compás un Coelho en sintonía con el mago Simovic, momentos de complicidad  con una madera contestando desde la misma intención que el Stradivarius para disfrutar de una amplísima gama dinámica que desde el podio pareció trabajar cual ingeniero de sonido manteniendo el balance y presencia exacta de cada pasaje.

Si el viernes pasado mister Simovic nos regalaba una propina a dúo con el concertino, de nuevo la sencillez y generosidad del maestro nos preparó con Max von Pfeil, principal de chelos, otra «delicatessen» del noruego Johan Halvorsen, violinista virtuoso, distinguido director de orquesta, compositor de gran cantidad de música incidental, obras orquestales y numerosas piezas para violín. En 1894, cuando trabajaba como director de orquesta en Bergen, la ciudad natal de Grieg, hizo una «extravagante» adaptación para violín y viola (hoy con chelo) de la Passacaglia de una «Suite para clavecín solo» de Handel, variaciones continuas sobre un bajo repetitivo que Halvorsen reelabora las suyas con un despliegue instrumental ampliado: dobles paradas, escalas vertiginosas, armónicos y una amplia gama de dinámicas, timbres y articulación, un impresionante dúo donde disfrutar de ambos intérpretes, compañeros unidos por estas músicas que siempre nos «descubren» el talento de los músicos de la OSPA y la cercanía de este violinista al que sigo pidiendo le pongan un piso en Oviedo pues cada estancia entre nosotros aumenta la calidad y entrega para disfrute de todos, aficionados incluidos.

Si Beethoven encandiló en el segundo de abono, en este tercero llegaba la última sinfonía de Mozart, el cierre de la trilogía compuesta en tiempo récord y sin necesidad de encargo alguno, como también nos contó el maestro de Oporto, y que no consta se estrenasen en vida del salzburgués. La sinfonía nº 41 ”Júpiter” fue escrita en el verano de 1788 en la tonalidad de do mayor de estructura clásica pero que encierra el lenguaje operístico de Don Giovanni o Cossì, música sin palabras pero con la firma inigualable. Coelho la trabajó así, pues tanto el portugés como Hertha Gallego citaron a Harnoncourt: «para Mozart lo importante siempre es el drama, el diálogo, el conflicto y su resolución (…) Lo paradójico es que esto no sólo se refiere a sus óperas sino también a su música instrumental, que siempre es dramática». De hecho los tempi elegidos no fueron extremos pero sí delineados cual canto, ayudado de nuevo por la colocación de la cuerda y la propia plantilla utilizada por Mozart, así como la elección para esta «Júpiter» de los timbales ‘clásicos’ que Mr. Prentice volvió a manejar con gusto y seguridad.

El Allegro vivace se planteó tranquilo, cual obertura luminosa de contrastes bien marcados, líneas melódicas en cuerda con maderas ideales y metales redondos. Lírico y reposado el Andante cantabile tan original y propio del Mozart maduro, acentos claros de sonoridad onírica en todas las secciones. El Minuetto: Allegretto bien marcado con las lengüetas y bisel alternando «el canto» revestidas con los bronces y abrigadas por una cuerda con identidad propia. Y el universo del Molto allegro preciosista, dbujándose claros los temas superpuestos bien delineados por el maestro Coelho sin forzar el aire, poderío de bronce y empuje sinfónico en la Viena que rompería moldes en todas las artes, escuchándose todos los músicos al detalle en esta sinfonía que nunca es igual aunque la escuchemos las veces que queramos y en los cientos de grabaciones.

Y qué mejor forma que cerrar esta entrada con los certeros versos del sevillano Luis Cernuda que nos dejó mi admirada Hertha Gallego de Torres en sus notas:

 

Si alguno alguna vez te preguntase: «la música ¿qué es?»
‘Mozart’, dirías, ‘es la música misma’

PROGRAMA:

Unsuk Chin (1961): Subito con forza.

Béla Bartók (1881-1945): Concierto para violín nº 2 (1937/1938): I. Allegro non troppo – II. Theme and Variations: Andante tranquillo – III. Rondo: Allegro molto.

W. A. Mozart (1756-1791): Sinfonía nº 41 en do mayor, K. 551, «Júpiter» (1788): I. Allegro vivace – II. Andante cantabile – III. Menuetto: Allegretto – IV. Molto allegro.

Temes al rescate

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Facundo de la Viña: Obras orquestales. Orquesta Filarmónica de Málaga, José Luis Temes (director). CZ117.

Necesitaríamos varias vidas para poder escuchar tanta música que duerme el sueño de los justos en archivos necesitando resucitarlas, escucharlas y grabarlas para no permanecer en el olvido. Y si algún director e investigador puede con tan magna tarea es José Luis Temes (Madrid, 1956), habiendo realizado 359 estrenos absolutos a día de hoy, desde 1979 más 111 discos grabados (con algunos pendientes de publicación y otros en «misceláneas» compartidas), contando este dedicado a las obras orquestales del astur-castellano Facundo de la Viña y Manteola (Gijón, 21 de febrero de 1876 – Madrid, 9 de noviembre de 1952) que se presentó recientemente en la villa natal del compositor, donde incluso tiene calle en el barrio de Viesques aunque no sea muy conocido (y menos aún escuchado), si bien en Asturias pudimos disfrutar de su «Covadonga» en el Conciertu de les Lletres asturianes (28 de septiembre de 2020) con Óliver Díaz dirigiendo la OSPA.

La labor del maestro Temes no tiene adjetivos, es incalificable porque se ha dedicado en cuerpo y alma a la música, con una biografía tan inmensa como su propia vida: titulado en 1976 por el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, ampliando estudios con profesores como Federico Sopeña, Enrique Llácer o Ana Guijarro entre otros; director del pionero Grupo de Percusión de Madrid entre 1976 y 1981, difundiendo el repertorio internacional contemporáneo; fundador en 1983 del Grupo Círculo (en la nueva etapa que por aquel año iniciaba el Círculo de Bellas Artes de Madrid) de quien tomará el nombre para realizar una extensísima labor de estreno y difusión de la nueva música española hasta 2001, siempre aportando, luchando contra todo y todos en su titánica labor de «rescatador» y divulgador, pues las partituras hay que hacerlas sonar. De su faceta como escritor destacar 17 títulos, inagotable siempre y con una energía que transmite en todo lo que hace, sin olvidarme tampoco de su Proyecto LUZ.

En el podio como director orquestal desde los años 80 ha dirigido regularmente la práctica totalidad de las formaciones sinfónicas españolas y varias de otros países, y su biografía sigue ampliándose, pudiendo encontrarnos auténticos hitos con cifras dignas del Guinness, pues lleva dirigidos más de 1.000 conciertos.

Esta recuperación de la obra orquestal de Facundo de la Viña parte en 2017 de la Tesis de Sheila Martínez Díaz sobre la vida y obra del compositor gijonés (…el regionalismo musical castellano) dirigida por María Encina Cortizo y coordinada por Ramón Sobrino, «matrimonio y patrimonio» si se me permite el juego de palabras pues siguen la estela en la recuperación de nuestra historia musical desde Oviedo al mundo. El propio José Luis Temes en el amplio cuadernillo que acompaña el CD realiza una amplia semblanza del astur-castellano, pues nacido en Gijón estará a caballo entre Valladolid (donde cursaría el Bachillerato) y Madrid (completando los estudios musicales con maestros como Fontanilla o Emilio Serrano), ampliándolos en París a inicios del pasado siglo nada menos que con Paul Dukas) para regresar a España en 1904 residiendo principalmente en Pucela con estancias en la provincia de Ávila, llegando a ser miembro de la Junta Nacional de Música desde su creación en 1931, catedrático de Solfeo en el Real Conservatorio de Madrid en 1939 nada más concluir la guerra, así como miembro del Consejo Nacional de Música y académico de la de Bellas Artes de Valladolid.

No falta tampoco un análisis detallado de las obras incluidas y grabadas por vez primera. Como asturiano tenemos que agradecerle al maestro madrileño que haya llevado al disco la integral sinfónica de otros dos compositores de nuestra tierra: Ramón de Garay (Avilés, 1761 – Jaén, 1823) y sus diez sinfonías -en 3 CDs- y María Teresa Prieto (Oviedo, 1896 – Ciudad de México, 1952) con la Orquesta de Córdoba, discos nada fáciles de encontrar y que son verdaderos tesoros fonográficos del ahora «triunvirato astur» completado con la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) y la obra orquestal de Facundo de la Viña.

Reconocido en vida como un compositor de oficio y rigor de ideas, de amplio catálogo que incluye casi todos los géneros sin olvidar la ópera (siete títulos de los que sólo uno llegó a estrenarse), llegó a gozar de cierto reconocimiento en vida, siendo premiado por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con su ópera en un acto Almas muertas (1905), o por el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1912 por su poema sinfónico Hero y Leandro, llegando incluso a ganar el primer Concurso Nacional de Ópera con La Espigadora en 1924, que se llegaría a estrenar en el Liceo de Barcelona al año siguiente.

Parece que tras caer en el olvido, recogido ya por el gran Enrique Franco en 1976, al fin se ha roto el silencio con esta primicia de grabación que recoge cuatro de sus obras sinfónicas. A la muerte en Madrid del compositor el 19 de noviembre de 1952, muchas de las obras quedaron inéditas, y sería su hijo Carlos de la Viña quien custodió su legado, donado posteriormente al Archivo de Música de Asturias por el que tanto luchó mi siempre recordado Juan Bosco Gutiérrez, cuya muerte prematura impidió que el «Fondo Facundo de la Viña» sonase antes (y cuya recuperación material sigue pendiente y en muy mal estado). El maestro Temes lo refleja detalladamente y apunta que por lo que conocemos de la producción de Facundo de la Viña «estamos ante un excelente sinfonista y un melodista de alto vuelo. Su mundo estético es el del romanticismo tardío, fundamentado en muy buen oficio técnico. Paradójicamente, pese a su formación francesa, su paleta orquestal está más cercana al germanismo de sonoridades anchas, debitario del Richard Strauss de los poemas sinfónicos».

Cuatro obras sinfónicas, poemas o suites componen esta grabación que aumenta la discografía de la orquesta malagueña con José Luis Temes a la batuta. Abre la antología Poema de la vida (1946), la más cercana en el tiempo y perfecto inicio para un viaje tan vital dividido en cinco movimientos o «cantos» como los define el autor: I. Canción de cuna, una nana bella y arrulladora con la cuerda «madre» en un «arrorró» delicado que avanza con el viento hasta cerrar los ojos con un violín celeste que recuerda las añadas asturianas con los cantos de los angelinos; II. Juego de niños, algarabía infantil cual canción de corro y aires militares en una orquestación vivaz de jolgorio limpio en todas las secciones; III. Juventud, compleja como la propia vida, de ritmo constante y sinfonismo nórdico con unas trompas redondas y un buen tejido orquestal «relatando» el empuje juvenil de esta etapa; IV. Meditación, para el propio Temes «la más original… con una larga parrafada de los violines a solo y algunas frases de otros instrumentos en estilo camerístico», casi una oración musical con un pasaje de trompas que me lleva a los Picos de Europa en otoño, la penúltima estación de la vida antes del invierno, V. Epitafio como trance vital «en el que hay más serenidad que tragedia», optimismo o esperanza en lo desconocido, con una textura sinfónica madura, reflejo de una vida vivida en plenitud a la que marcha toda la orquesta malagueña desde un lirismo de sonoridad rotunda.

El maestro madrileño intentó estrenar en julio de 1977 en el Teatro Real para conmemorar el centenario del compositor con la Orquesta de RTVE que consideró «excesiva su duración» suprimiendo los tiempos II y III, por lo que habría de esperar ¡más de 60 años después de su composición! para estrenarse completa en el Teatro Monumental (2019) con la misma orquesta y ahora al fin grabada. Obra firmada en Pedralaves (Ávila) en el verano de 1946 figurando en el primer manuscrito «Cómo se pasa la vida» como los versos de Jorge Manrique, modificado posteriormente por el autor y quedando inédita a su muerte. Cinco tránsitos de la existencia del ser humano bien descritos en los títulos y mejor expresados en la música.

El caminante sobre el mar de nubes (Caspar David Friedrich)

Prosigue la grabación con el sexto corte, Sierra de Gredos (1915), indicada por el compositor en el subtítulo como «Evocación sinfónica en forma de poema» como bien refleja en el libreto el profesor Temes. La tierra adoptiva del gijonés reflejando esas montañas en las estribaciones de Madrid y Ávila con el espíritu puramente romántico del amante de la naturaleza, firmada en el Barco de Ávila en la festividad de Santa Bárbara de 1915, siempre inspiradora como lo fue para su contemporáneo Richard Strauss uniendo lo popular con lo sinfónico. Corno inglés pastoril y cuernos (trompas) majestuosos, bien templados por la OFM con una cuerda aterciopelada y un concertino impecable, presente incluso el arpa cristalina en una toma de sonido perfecta.

El estreno se vivió en el ciclo de «Conciertos Populares del Círculo de Bellas Artes de Madrid» con la Orquesta Filarmónica dirigida por Bartolomé Pérez Casas un 15 de diciembre de 1916 en el Teatro Price, y sigue siendo penoso que cayese en el olvido tan magna obra, pero al menos queda esta grabación con la esperanza de escucharla más frecuentemente en los siempre irrepetibles directos de cualquier temporada en las muchas orquestas con las que el maestro Temes ya ha trabajado.

Procesión de Covadonga (Genaro Pérez Villaamil)

De Covadonga (1918), una «evocación sinfónica» como está subtitulada la partitura, transcribo casi íntegro lo que escribí la primera vez que la escuché en directo, aunque tenerlo grabado supone poder disfrutarlo con pausa y sin prisas:

Arrancamos con el gijonés afincado en Valladolid Facundo de la Viña (1876-1952), triunfador en su época, con una carrera que finalizaría en Madrid tras estudiar en París con el mismísimo Paul Dukas, y caído en el olvido como tantos otros, aunque poco a poco se esté revitalizando con distintas publicaciones y la tesis doctoral de Sheila Martínez Díaz. El Poema Sinfónico Covadonga (1918) consta de tres secciones que comienzan con la melodía a nuestra Patrona «Santa María, en el cielo hay una Estrella que a los asturianos guía«, a la que sigue un rítmico Allegro a partir de dos temas populares, ampliamente desarrollados, «Fuisti a cortexar a Faro» y «Aquel pobre marino» además de alusiones a otras dos canciones marianas asturianas como «Virgen de Guía» y la propia «Virgen de Covadonga«, antes de una última sección evocadora de cualquier fiesta asturiana que se precie, el «Fandango de Pendueles» más la tonada que canta «La virgen de Covadonga ye pequeñina y galana» (hasta mi madre la tocaba con un dedo en el piano de casa), típica advocación de «fe, fervor y heroísmo» -como escribía Avello en el programa de 2020-, que no podía faltar en esta composición «ex profeso» para la conmemoración de la «Cuna de España» de un asturiano lejos de «la tierrina» inspirándose en nuestro folklore (…) para poder disfrutar de una Covadonga llena de sonoridades románticas y donde (el) concertino (…) puede lucirse «ad libitum», siempre bien arropado por sus compañeros y un podio que permite esos «rubati» para solaz de solistas sin perder la unidad agógica.

Obra épica en escritura, compuesta a instancias del maestro Enrique Fernández Arbós para su gira con la Orquesta Sinfónica de Madrid en la primavera de 1919 y estrenada primero en el Teatro del Centro (actualmente Teatro Calderón) el 4 de noviembre, para volver a sonar en junio del mismo año en Gijón, Oviedo y Valladolid, el periplo vital de Don Facundo. Épica igualmente en la interpretación de una OFM y Temes en estado de gracia, dominadores de la partitura, nuevamente «enorme» el concertino y espléndidas todas las secciones en esta auténtica banda sonora para un documental sobre nuestra Cuna de España que Facundo de la Viña escribió pensando tal vez en ello desde la banqueta del piano que ambientaba musicalmente el cine de entonces (como bien cuenta Sheila Martínez en los Cuadernos de Etnomusicología, nº 3 (2013) «Facundo de la Viña y sus Seis impresiones para piano en los inicios del cine sonoro»).

Castillo del Barco de Ávila (Benjamín Palencia)

Finaliza el disco con Paisaje Castellano (1933) que nace también como tributo a Fernández Arbós, un pilar en la carrera del asturiano (y de sus contemporáneos), estrenada con la antes citada Orquesta Sinfónica de Madrid el 28 de marzo de 1934 en el Teatro Calderón de la capital de España. Inicio de contrabajos y arpa en el registro grave pintando con la pincelada del oboe una llanura árida que crece en extensión, cromatismos desde la magnitud sinfónica de una orquesta de cámara sin violines, sensación de calma para un final lleno de interrogantes.

Excelente interpretación de la OFM con mi admirado José Luis Temes al mando, en una toma de sonido perfecta de Javier Monteverde (Cezanne Producciones) en la Sala de ensayos Carranque de la orquesta malacitana, a la espera desde hace años de una nueva.

La Edad de Plata sin brillo

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Domingo 12 de noviembre, 19:00 horas. 76ª Temporada Ópera de Oviedo, Teatro Campoamor: «Goyescas» (Enrique Granados). «El retablo de maese Pedro» (Manuel de Falla).

Crítica para ÓperaWorld del lunes 13 con los añadidos de fotos de Iván Martínez y propias finalizada la función, links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Tercer título de esta temporada ovetense con otro programa doble y español titulado “La Edad de Plata” uniendo en dos cuadros teatrales a Granados y Falla desde la dirección de escena de Paco López, un homenaje a algunos de los artistas, intelectuales y literatos del primer tercio del siglo XX que protagonizaron uno de los momentos estelares de la cultura española y que tienen en la ciudad de París su refugio creativo, trayendo a la capital asturiana esta arriesgada producción.
Y cuando califico de arriesgada quiero referirme a dos páginas que se hicieron algo pesantes, porque la ópera de Granados no soporta bien la escena pese a contar con un cuarteto vocal de altura, mientras que cambiar los títeres por cine mudo aunque admisible, sigo sin encontrarle un nexo si bien “El pelele” de Goya sirve de inspiración e incluso sumar a Zuloaga con un “NoDo” de 1939, año en el que Falla se autoexilia a Argentina y el pintor deja Paris por la llegada de los nazis, para hacer un “flasback” a los felices 20 donde juntar a los artistas españoles en la casa parisina del vasco, escenario donde se representa este díptico, cerrando así un hilo argumental que sólo pictóricamente puedo entender como argamasa de dos obras tan distintas.
Al menos las notas del propio Paco López sobre su dramaturgia pueden arrojarme algo de luz a este domingo lúgubre, más allá del ambiente que estamos viviendo estos días: «(…) la plasmación de un ideal (una patria no nacional, un difuso país imaginado) y la constatación de que su búsqueda sólo tiene sentido para quienes viven fuera de la realidad en la insania de su propia ‘realidad’». Personalmente me quedo con la definición para este díptico: “recreación ucrónica”, pues Wikipedia lo describe mejor que yo: “historia alternativa que se caracteriza porque la trama transcurre en un mundo desarrollado a partir de un punto en el pasado en el que algún acontecimiento histórico sucedió de forma diferente a como ocurrió en realidad”.
Los majos enamorados (o “Goyescas”) trajeron un cuidado y elegante vestuario de época junto a un excelente ballet de cuatro parejas coreografiadas por Olga Pericet y nuevamente el coro poderoso, afinado y entregado que dirige mi tocayo Moras, a un nivel de altura en cada representación.
También rotundos vocalmente Rosario (Carmen Solís) y Fernando (Alejandro Roy), la soprano extremeña y el tenor asturiano ambos dominando la escena y empastando sus voces para sacar adelante un argumento que hace más de cien años no gustó y a mi edad tampoco aunque pienso que Granados no logró escenificar unas páginas que funcionan solas musicalmente (piano, tonadillas y hasta orquestales) pero no unidas sobre un escenario.
Buena réplica la otra pareja de Pepa (Cristina Faus) y Paquiro (Damián del Castillo), la mezzo valenciana y el barítono jienense completando este elenco vocal de altura que siempre ha lucido en otras óperas representadas en Oviedo, pero que esta vez no pudieron levantar bravos.
No quiero olvidarme de los números con un piano de época sobre las tablas, con el que Borja Mariño hubo de lidiar más que el torero, y que fueron el mejor Granados de esta parte, junto a los “personajes de fábula”.
Del centenario retablo de Falla sigo prefiriendo la versión original con títeres (en Granada este verano por dos veces) pero reconozco el acierto del cambio al “cine mudo” con sus letreros correspondientes y unos actores excelentes en esta película “ad hoc”, donde se incluye no solo el primer movimiento del Concierto para clave del gaditano sino también Psyché y el Polo Ay!, sirviendo para “rellenar” a modo de interludio este teatrillo y proyección en el salón parisino del pintor de Éibar, antes del retablo musical. Trujamán (Lidia Vinyes-Curtis) convincente el de la mezzo barcelonesa sin cambios vocales de registro y con proyección suficiente, moviéndose por la casa de Zuloaga como si fuese suya, en donde estaban invitados los “goyescos” de la primera parte. Rotundo como es habitual el barítono coruñés Javier Franco en el papel de Don Quijote, para cerrar el trío protagonista con el solvente Maese Pedro del tenor navarro José Luis Sola, tres voces de calidad aunque de nuevo incapaces de darme luz ni convencimiento sobre las tablas.
Oviedo Filarmonía con el maestro valenciano Álvaro Albiach al frente sonó en los dos títulos segura, ajustada en las dinámicas aunque el clave de Falla no tuviese el protagonismo que el gaditano pensó para el salón de la millonaria heredera Singer.
Valiente y arriesgada apuesta por este díptico español con un elenco de altura pero sin las emociones a que estamos acostumbrados en “la Viena española” esperando ya por Verdi (La traviata) y Wagner (Lohengrin) como agua de mayo para cerrar otoño y abrir invierno.
FICHA:
Domingo 12 de noviembre de 2023, 19:00 horas. 76ª Temporada Ópera de Oviedo, Teatro Campoamor.
«Goyescas» (1912), música de Enrique Granados (1867-1916); libreto de Fernando Periquet, inspirado en obras del pintor Francisco de Goya. Ópera en tres cuadros, estrenada en el Metropolitan Opera House de Nueva York, el 28 de enero de 1916. Producción de la Ópera de Oviedo y el Teatro Cervantes de Málaga.
«El retablo de maese Pedro» (1923), música y libreto de Manuel de Falla (1876-1946), adaptación musical y escénica basada en el capítulo XXVI de la segunda parte de “El Quijote” de Miguel de Cervantes. Obra musical para marionetas, estrenada en el Palacio de Polignac (París), el 25 de junio de 1923. Producción de la Ópera de Oviedo y el Teatro Cervantes de Málaga.
FICHA ARTÍSTICA:
”Goyescas”
Rosario: Carmen Solís – Pepa: Cristina Faus – Fernando: Alejandro Roy – Paquiro: Damián del Castillo.
”El retablo de maese Pedro”
Don Quijote: Javier Franco – Maese Pedro: José Luis Sola – Trujamán: Lidia Vinyes-Curtis.
Dirección musical: Álvaro Albiach – Espacio escénico-audiovisual, iluminación, dramaturgia y dirección de escena: Francisco López – Diseño de vestuario: Jesús Ruiz – Coreografía: Olga Pericet – Realización de audiovisuales: José Carlos Nievas.

Vida, agua, poesía y música…

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Domingo 12 de noviembre, 12:00 h. Avilés, Centro Niemeyer: Suena la cúpula. Recital “Las seis doncellas”: Sílvia Nogales Barrios (guitarra), Esther Acevedo (actriz y coreografía). Obras de: Gilardino, Falla, Despeyroux, Brower, E. Sáinz de la Maza y Castelnuovo-Tedesco. Poesía de Juan Ramón Jiménez. Entrada: 6€ + 1€ (gestión).

Una escapada matutina a «La Villa del Adelantado» y al ágora cultural del arquitecto brasileño para disfrutar con la poesía del Nobel onubense (re)vestida por la guitarra limpia y sentida de la manchega junto al verbo impoluto de la actriz granadina universalizando este proyecto original y creativo en otra bella propuesta de Silvia Nogales, con la calidad habitual de sus interpretaciones, como este domingo resonando en la cúpula de Niemeyer.

Lástima que la acústica ideal para la guitarra no ayudase a entender siempre la poesía de Juan Ramón, aunque el esfuerzo de Esther por moverse para favorecer la inteligibilidad fue encomiable y mejor aún su dramatización y escena con una vocalización de dicción perfecta y un atrezzo sencillo además de efectivo y creativo.

La guitarra sonó tan cristalina como el agua que fluyó, dulce y salada, vida en cada poema del Moguer postcolombino con música por él inspirada.

Los adjetivos para Platero resonaron vívidos en las “seis doncellas” lorquianas, olor a mandarinas, sonidos de pozo, caldero y barreño, la ría avilesina desembocando en el Cantábrico surcándola a dúo lírico hasta el inmenso océano, el flujo dramatizado fundiendo dulce y salado como música y poesía, pues somos agua y así suena la vida.

Un espectáculo para ofrecer en cualquier recinto sin encasillarlo, necesitando buscar nuevos enfoques musicales que encajan allá donde los lleven si los gestores son «omnívoros» y sin complejos: en un teatro, un centro cultural y hasta un auditorio con la amplificación necesaria, pues música y poesía con Nogales y Acevedo es éxito seguro, amplía públicos, tiene calidad musical y literaria, con una perfecta elección de repertorio bien hilvanado, donde solo la guitarra de Silvia Nogales Barrios ya llenaría ella una hora, y si  le añadimos el extra de Esther Acevedo todo tiene más sentido para este recital que lleva 10 años de viaje y sigue tan vigente como entonces.

Una alegría volver a disfrutar en mi tierra de Silvia Nogales junto a Esther Acevedo, esperando continúen ofreciendo estos recitales distintos, cercanos, didácticos y siempre llenos de poesía incluso en las páginas instrumentales donde la guitarra habla sin palabras…

PROGRAMA:

Angelo Gilardino (1941): Elegía di marzo (Omaggio a Juan Ramón Jiménez), de «Studi di virtuosità e di trascendenza».

Manuel de Falla (1876-1946): El amor brujo (selección). Arreglo para guitarra de Miguel Llobet. Romance del pescador; Canción del fuego fatuo.

Pablo Despeyroux: Agua.

Leo Brouwer (1939): Preludios epigramáticos (selección): «Desde que el alba quiso ser alba, todo eres  madre…»; «Tristes hombres si no mueren de amores…»; «Alrededor de tu piel, ato y desato la mía…».

Eduardo Sáinz de la Maza (1903-1982): Platero y yo (1972): V. Paseo.

Mario Castelnuovo-Tedesco (1895-1968): Platero y yo op. 190 (selección): Platero; Amistad; Ángelus; La luna; El pozo; El loco; A Platero en el cielo de Moguer.

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