Inicio

La Regenta vuelve a Vetusta

3 comentarios

Jueves 10 de abril de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII Festival de Teatro Lírico Español. «La Regenta», ópera en tres actos, con música de Maria Luisa Manchado Torres y libreto de Amelia Valcárcel y Bernaldo de Quirós.

(Crítica para OperaWorld del viernes 11, con las fotos de Alfonso Suárez, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

Oviedo ya no es Vetusta pero «La Regenta» de Clarín merecía esta ópera en homenaje a los 140 años de su publicación, y tras el estreno madrileño llegaba al Teatro Campoamor y su festival de teatro lírico, gracias al empeño de la profesora Amelia Valcárcel y la compositora Marisa Manchado, Premio Nacional de Música (2024) precisamente en la modalidad de ópera por esta obra tan esperada en la capital asturiana, un tándem que aceptó el reto equiparable según ambas al de Da Ponte y Mozart por reducir a drama Las bodas de Fígaro y cómo el primero escribía las palabras mientras él segundo hacía la música. Para ellos en seis semanas todo estaba en regla pero para las madrileñas la composición de «La Regenta» les llevaría diez años (más otros diez desde la idea primigenia).

Estrenada en Madrid (con cinco funciones) estaba claro que Oviedo tenía que vivir y presenciar esta ópera de nuestro tiempo, donde más de cien años después, aún queda parte de esa Vetusta clariniana y farsante, pues parte del público -maduro y femenino mayormente- salía escandalizado de sus localidades y gritando por los pasillos en medio de la escena del tercer acto con “el cazador Víctor y la presa Regenta”, un coito elegante y nada explícito mientras el cornudo Quintanar se confiesa a Fermo y retará a Mesía, pero que hubiera reaccionado probablemente de la misma forma ambientándose en Boston o Sonneberg, pues si algo tiene esta novela llevada al cine, la televisión, el teatro o finalmente a la lírica, es su atemporalidad y universalidad donde aparecen “el poder, la maldad, las miserias y las ruindades humanas” que son la inspiración de la compositora, tal y como refleja en sus notas al programa.

Condensar las casi mil páginas de la novela de Leopoldo Alas no era tarea fácil, menos aún adaptarla para poder ser cantada (y hablada en momentos puntuales) por sus personajes, pero el trabajo de composición es loable para una ópera actual (me niego a calificarla de vanguardista), exigente para todos, sumándose una escena minimalista de Bárbara Lluch (en Oviedo estuvo Paula Castellano), negra, sobria, que plasma la soledad y la claustrofobia, con un diván como único mobiliario, donde los tres actos se suceden sin pausa, siendo los dos planos en que se realiza la acción lo más logrado, junto a la iluminación y escenografía apropiada de Urs Schönebaum más el vestuario elegante de Clara Peluffo (válido para toda ella aunque implícito en el baile del casino), nos van situando en todos los ambientes de la obra de Clarín.

Y Ana Ozores omnipresente la hora y media, con los cambios de vestuario llenos de complejo simbolismo, revistiéndose en la escena con los distintos modelos, casi como disfraces, de viuda, señora, virgen o prostituta, con pestañas que parecían ser aquellos recortables de los que en mi época llamábamos “mariquitas”.

La soprano María Miró encarnó a esta regenta plena, empoderada en una evolución de su personaje a lo largo de la función: mojigata con las beatas, doliente en la procesión, contenida con El Magistral, apasionada con Mesía y hasta consumida por el remordimiento (y el enclaustramiento), con esa frase tan concluyente y angustiada de “Estoy tan sola, tan yerta”. De canto siempre cuidado, íntimo y potente, timbre bellísimo y uniforme color vocal, sin fisuras en las no muchas coloraturas que MM (como llama Amelia Valcárcel a la compositora) escribe para la protagonista, sobre todo en el último acto de esta su tercera ópera.

El Magistral del barítono David Oller también jugó con su lucha interior, difícil proyectar la voz desde el plano superior pero mejor al lado de su Anita de quien es “su amigo del alma”, el cura lascivo de apariencia mística y sin complejo de Edipo con su madre Doña Paula (una Laura Vila de graves cortos en su emisión desde el lateral del plano superior), de timbre algo “blando” para su personaje, pero convincente en la escena.

El inmoral Álvaro encontró en el tenor Vicenç Esteve la mejor opción para toda la carga seductora de su personaje, “El Don Juan de Vetusta”, vestido decimonónico morado con peluca de ilustrado, que nos dejó un trío bien empastado en el casino con Vegallana, otro sátiro bien encarnado por el también tenor José Manuel Montero de registro más grave con buena diferenciación de colores, y el Don Víctor a cargo del bajo Cristian Díaz, algo limitado de volumen pero suficiente gracias a un foso que siempre respetó las tablas, que sería abatido por el fugado Mesía.

La soprano María Rey-Joly sedujo como la viuda Obdulia y ex-amante de Don Álvaro, sensual, luchando con una escritura vocal que no ayuda al lucimiento pero escénicamente convincente, al igual que la Petra de la mezzo Anna Gomà, con una voz de calibre especialmente en la confesión al Magistral. Dos carreras vocales divergentes en el tiempo pero completando un reparto que remataría el contratenor Gabriel Díaz como sapo, actoralmente impresionante y vocalmente perfecto en este rol repulsivo: imaginería en la procesión central del segundo acto y el repugnante “sapo” del beso a La Regenta.

Merece destacar la intervención del coro residente del festival que prepara San Emeterio, una Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” amateur pero plenamente entregados en el papel de Vetusta, los vecinos de mirada pervertida, chismosos (original la escena con los periódicos y el agujero con las caras, del que dejo una de las fotografías de Alfonso Suárez), inmóviles, jugando con los paraguas más allá del guiño a la climatología asturiana del “Nunca pasa nada, llueve y para…”, con pasajes complicados en esta partitura atonal y sin muchos referentes pero que solventaron con profesionalidad, además de aportar a Eugenia Ugarte y Ángel Simón como Beata y Señorito a este gran reparto clariniano de Valcárcel-Manchado.

Todo el peso de la ópera recayó en Jordi Francés que sacó lo mejor de la partitura, concienzudamente trabajada, con una Oviedo Filarmonía compacta, amplia, afinada, versátil desde hace años, con tímbricas hermosas, una percusión precisa, arpa y teclas virtuosas, el saxo que nos llevaba al vals del casino o el maravilloso solo de violín de Mijlin. La música de Manchado, bien analizada en las notas al programa por el doctor Jonathan Mallada, es difícil de ejecutar por todos. Tiene pasajes agradables de escuchar, con glisandos en la cuerda muy efectistas, solos para demostrar la calidad de los primeros atriles, sonoridades de music-hall, ritmos reconocibles e incluso leit motivs que ayudan a seguir una acción siempre clara en el libreto de Valcárcel, pero el trabajo del director barcelonés, todo un especialista en nuevos títulos, hizo posible una función de autentico drama escénico con respeto por las voces y hacer con la música de la orquesta un abrigo que vistió esta ópera de nuestro tiempo, esperando siga representándose al menos en los 150 años de «La Regenta», porque espero que para entonces el público de esta Vetusta del siglo XXI ya esté educada en las músicas actuales, incluso a las que llaman “de vanguardia”.

FICHA:

Jueves 10 de abril de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII edición Festival de Teatro Lírico Español. «La Regenta», ópera en tres actos, con música de Maria Luisa Manchado Torres y libreto de Amelia Valcárcel y Bernardo de Quirós, basada en la novela homónima de Leopoldo Alas “Clarín”. Estrenada el 24 de octubre de 2023 en la Sala Fernando Arrabal de las Naves de Español en Matadero (Madrid). Coproducción del Teatro Real y del Teatro Español (2023).

Versión orquestal para el Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo. Edición a cargo de Guillermo Buendía Navas (Madrid, 2024).

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Jordi Francés – Dirección de escena: Bárbara Lluch – Asistente de dirección: Paula Castellano – Escenografía e iluminación: Urs Schönebaum -Vestuario: Clara Peluffo –  Director del coro: José Manuel San Emeterio.

REPARTO:

Ana Ozores (La Regenta): María Miró – Fermín de Las (El Magistral): David Oller – Álvaro Mía (Presidente del Casino de Vetusta): Vicenç Esteve – Don Víctor Quintanar (marido de la Regenta, exregente de la Audiencia): Cristian Díaz – Paco Vegallana (mejor amigo y confidente de Mesía): José Manuel Montero – Obdulia (viuda llamativa y antigua amante de Mesía: María Rey-Joly – Petra (criada de la Regenta): Anna Gomà – Doña Paula (madre del Magistral): Laura Vila – Sapo (un monago): Gabriel Díaz – Beata: Eugenia Ugarte – Señorito: Ángel Simón.

Actores: Andrés Bernal y Magdalena Aizpurúa.

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo

Vetusta espera por La Regenta

1 comentario

Este martes 8 de abril a las 11 horas tenía lugar en el Salón de Té del Teatro Campoamor la rueda de prensa para presentarnos la ópera española «La Regenta», segundo título del XXXII Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, un proyecto que al fin devuelve a Vetusta nuestra Ana Ozores tras casi un siglo y medio.

David Álvarez, concejal de Cultura y presidente de la Fundación Municipal de Cultura (FMC) del Ayuntamiento de Oviedo, tomaba la palabra en primer lugar para cedérsela después a Cosme Marina, director artístico de la FMC, resaltando ambos lo que supone para la capital asturiana, dentro de los actos del 140 aniversario de la  publicación de la gran novela de Leopoldo Alas Clarín, y por supuesto la implicación y esfuerzo de tantos implicados en esta ópera, comenzando por todo el personal del Teatro Campoamor, la Oviedo Filarmonía y la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», pilares de esta producdión de nuestro tiempo, antes de dar paso a Amelia Valcárcel, libretista, y Marisa Manchado, compositora.

Evidentemente en Asturias conocemos bien a la profesora de Filosofía en nuestra universidad, enamorada de la película del asturiano Gonzalo Suárez y como buena aficionada a la ópera pensó en utilizar este «esqueleto de hierro» de Clarín y poder llevarla a las tablas ya en sus tiempos de Consejera de Cultura (de 1993 a 1995). Lo que parecía imposible  resultó un reto, sus gestiones, contestaciones no solo económicas donde la «cenicienta» parece siempre nuestra cultura, lo de «como no lo hagas tú» y los más de 20 años dándole vueltas sabedora que sólo una ópera podía «condensar» esta Regenta, incluso con las reticencias a las óperas contemporáneas. Estaríamos horas escuchando a Doña Amelia, las explicaciones del proceso creativo junto a MM (como se refería a su amiga y cómplice a la que fue convenciendo en Madrid, Oviedo o Llanes), casi como el tándem Mozart-Da Ponte de estas dos señoras, mujeres implicadas en mejorar nuestra sociedad, las escapadas para ir dando forma a esta ópera llena de sarcasmo (como el de la propia Valcárcel), reflejar el «odio» de Vetusta donde el coro personifica una ciudad que con el paso de los años solo quedará en el recuerdo pero que permanecerá en la ópera.

También Marisa Manchado destacaría aspectos importantes para un argumento que permanece con una «Música que es farsa desde la música» porque ya existe demasiada tragedia en el texto y como en el cine la banda sonora está para completar la trama, casi como en sus muchos años al piano ambientando cabaret, Brecht y un ambiente traído a esta ópera donde lo más destacable es el trabajo en equipo con el mismo elenco casi al completo tras su estreno en Madrid el 24 de octubre de 2023 en las Naves del Español en Matadero.

El responsable musical de esta ópera es Jordi Francés, felicitando al coro por el enorme reto que supone siendo aficionados y la total entrega en esta obra, cómo trabajó con Bárbara Lluch para aprender y dirigir desde nuevas ópticas, en Oviedo con Paula Castellano, para posteriormente y con todo el reparto en el salón, ir comentando la experiencia de esta Regenta en Oviedo, el placer de María Miró y David Oller en los papeles protagonistas, y el último en incorporarse, José Manuel Montero, quien se sintió como en casa y lo que supuso preparar esta ópera desde el piano hasta al fin escuchar a la orquesta y comprender aún mejor esta partitura que todos estamos deseando vivir.

Dos funciones el jueves y sábado que sabrán a poco, con casi todo el papel vendido y esperando la oferta del festival aumente las representaciones en próximas ediciones porque está claro que hay afición, acuden aficionados de todas partes, es una inversión y Oviedo sigue siendo referente lírico en España.

Lo contaré desde aquí y para Ópera World.

Músicas rompedoras

2 comentarios

Viernes 4 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono 10 OSPA, Jacob Kellermann (guitarra), Francisco Coll (director). Coll dirige Coll, obras de Honegger, Coll y Sibelius.

La temporada de la orquesta asturiana avanza ya hasta el décimo con la vuelta del valenciano Francisco Coll (1985), el «compositor que dirige» como se definió en el encuentro previo, en compañía de Fernando Zorita, quien nos daría unas «pinceladas» del décimo programa de abono.

Con una asistencia que comienza a ser preocupante, por no decir desoladora, el concierto era de lo más interesante por las obras elegidas: rompedoras (todas lo son en su momento) y cercanas para nosotros aunque manteniendo el orden casi trasnochado de obertura, concierto y sinfonía.

No es habitual programar a Arthur Honegger (encuadrado en el llamado Grupo de Los Seis) en concierto pese a lo innovador de su producción, y Coll eligió para abrir boca y «calentar» Rugby, una obra no basada en un programa previo aunque parece que pretendía experimentar durante su composición y tratar de plasmar lo improvisatorio e inesperado de un encuentro deportivo. Cierto que hay un regreso continuo al tema central muy melódico (la orquestación es merecedora de análisis por los instrumentos elegidos) desde su libertad compositiva y rico en los cambios rítmicos para una OSPA sin percusión y nuevamente con Aitor Hevia de concertino sonaría rotunda, ensamblada, en cierto modo virtuosística porque necesita no solo técnica sino sonoridad global que el artista valenciano alcanzó, con una versión más allá del propio título, mejor llamarlo simplemente «movimiento sinfónico» como finalmente sería el tercero, tras Pacific 231 y  este Rugby que personalmente pareció preparar la obra siguiente donde en 1976 (mi Viaje de Estudios de COU) descubrí en los laterales del seco paseo del río Turia campos de fútbol ¡y de rugby!.

Y el polifacético artista Francisco Coll llevó a una OSPA casi camerística (por la plantilla) junto al guitarrista sueco Jacob Kellerman, quien estrenaría Turia (2017) en su país, por un cauce bien controlado. Obra encargo de Christian Karlsen y el Ensemble Norrbotten NEO, el valenciano ya nos comentó en el encuentro que se inspiró en sus paseos al bajar a Valencia por el paseo ajardinado del río (hoy muy distinto de aquella mi primera visita adolescente), pues el fluir parecía estar empujándole a plasmarlo musicalmente.

No hay inspiración en su paisano Joaquín Rodrigo con el inmortal Concierto de Aranjuez sino más bien desde un folklore siempre presente en cualquier música desde la prehistoria, y que el compositor calificó como «Flamenco ilusorio», evocaciones de las luces y sombras donde su otra faceta de pintor parece mirar a su paisano Sorolla. Una guitarra bien amplificada fue trazando con un mayor «ensemble OSPA» estos paisajes atemporales y eternos, la invernal fría noche sueca pisando el agua congelada con los músicos que la estrenaron desde una evocación de la España que nuestra guitarra ha universalizado, pero con guiños variables en los estilos. Y en toda obra actual la percusión da color a las composiciones (aún más en el pintor compositor Coll): el piano de Francisco Escoda más visible que audible pero sobre todo el tándem Casanova – Revert, cajón (peruano hoy llamado flamenco gracias a Paco de Lucía y Rubem Dantas, posteriormente el «franco-avilesino» Tino di Geraldo): güiro, platillos, castañuelas, temple blocks o láminas con arco que son como pinceladas junto a los recursos guitarrísticos de rasgeos, punteos, armónicos… con una orquesta que entiende como pocas las obras de nuestro tiempo y mejor aún cuando es el propio compositor quien las lleva a buen puerto. Un Turia que fluye limpio, seguro y bien encauzado.

Del propio Coll el guitarrista Kellerman nos regalaría, con el compositor sentado delante de la percusión, una obra para disfrutar de una musicalidad y sonido entroncado con el concierto anterior pero ampliando el repertorio solista del instrumento español y universal.

Sibelius suele ser buena piedra de toque para toda orquesta, y la primera sinfonía del finlandés nos volvería al norte europeo tras la luz mediterránea, orquesta completa con todas las secciones a pleno rendimiento. De nuevo la cuerda rigurosa, rica en dinámicas, remando junta, con primeros atriles y arpa inmensos, una madera en estado de gracia desde el clarinete inicial, unas lengüetas homogéneas en los dúos y líricas en sus solos, unos timbales seguros y sobre todo unos metales poderosos, afinados, pletóricos brillando en los nórdicos cielos grises, trompas afinadas junto al trío de trombones y tuba verdaderamente «orgánicos» que me transportaron al monumento que Sibelius tiene en Helsinki en un paseo kilométrico.

PROGRAMA

ARTHUR HONEGGER (1892 – 1955):

Rugby, H.67. Movimiento sinfónico nº 2 (1928).

FRANCISCO COLL (1985 – ):

Turia: Concierto para guitarra (vers. guitarra y orquesta de cámara).

JEAN SIBELIUS (1865 – 1957):

Sinfonía nº 1 en mi menor, op. 39

I. Andante, ma non troppo – Allegro enérgico

II. Andante, ma non troppo lento

III. Scherzo: Allegro

IV. Finale (quasi una fantasía): Andante – Allegro molto

Faltaron velas

1 comentario

Miércoles 2 de abril, 20:00 horas, Teatro Jovellanos, Concierto conmemorativo 117º aniversario de la Sociedad Filarmónica de Gijón (1908-2025) (número 1697): Noelia Rodiles (piano), Cosmos Quartet, Mariona Mateu (contrabajo). Obras de Liszt, Haydn, Adès y Schubert.

Hoy celebrábamos un cumpleaños musical en Gijón donde hubo «anécdotas» que podría equiparar a olvidarse la tarta, las velas, o peor aún el mechero para encenderlas, debiendo buscar en la otra punta de la ciudad (desconozco si en coche, moto o bicicleta), y para no «quedarnos a dos velas» se buscó una piñata para no detener la fiesta, y de la que caerían más regalos de los esperados, alargando la celebración hasta pasadas las 22:30 horas. Pero vamos con la crónica de este 117º aniversario.

Para ponernos en situación copio de las notas al programa de Ramón Avello, compañero de profesión, crítico y personalmente el mejor cronista de la Sociedad Filarmónica de Gijón, de la que ha sido presidente, continuando en la actual junta directiva:

«El 2 de abril de 1908 en el foyer o vestíbulo principal del antiguo Teatro Jovellanos, situado en el solar que hoy es sede de la Biblioteca Pública de Gijón, se constituyó la Sociedad Filarmónica Gijonesa. Contaba en aquella fecha con 269 socios promotores, que eligieron ese día a la Junta de Gobierno de la Filarmónica, con Domingo de Orueta y Duarte como presidente y Diego Murillo en el papel de secretario. Los ideales de la Filarmónica, no muy diferentes a los actuales, eran proporcionar a sus socios la mejor música por los mejores intérpretes; promover la música de cámara, de instrumentos solistas y de lieder, dejando al margen géneros como la ópera y la zarzuela, y promocionar la música española, tanto en sus intérpretes como en sus compositores.

Hoy se cumplen exactamente los 117 años del nacimiento de la Filarmónica de Gijón. La labor cultural ininterrumpida de esta sociedad se puede resumir en 1697 conciertos, contando el último: el que interpretan esta tarde Noelia Rodiles con el Cosmos Quartet y la contrabajista Mariona Mateu».

Manteniendo el espíritu original abría este concierto la pianista Noelia Rodiles (Oviedo, 1985), que nos interpretaría dos Lieder de Schubert en la transcripción que hiciese Liszt, quien como toda sociedad filarmónica, ayudaría a promover y dar a conocer las obras de músicos como su admirado y  malogrado vienés, desde unas «versiones» que son recreación sin voz desde un virtuosismo al alcance de pocos, y Rodiles lo demostró con los dos elegidos: la célebre «Serenata» que muchos conocimos tanto sola como cantada (el cuarto de la colección recopilatoria El canto del cisne D. 977), con el piano siempre fiel a la melodía, y la hermosísima «Margarita en la rueca» (Gretchen am Spinnrade) D. 118, tejiendo al piano casi un hilo de oro delicados con unos graves intensos y la expresividad innata de la «avilesina» que nunca defrauda.

Colocadas sillas y atriles para las tabletas llegaba el Cuarteto Cosmos con el gran Haydn y su Cuarteto en re mayor (1793), utilizando este género para expresar y volcar sus ideas, escribiendo 68 donde desarrolla este nuevo estilo camerístico donde los cuatro instrumentos tienen igual importancia, y los catalanes así lo entendieron. Este cuarteto aunque compuesto en Viena se pensó para el violinista, empresario y amigo de Haydn el británico Johan Peter Salomon, quien en la Real Sociedad Filarmónica de Londres marca el inicio y espíritu de tantas como la propia gijonesa. Cuatro movimientos aplaudidos cada uno por un público que parecía estar inaugurando la sociedad en el siglo pasado, bien delineados los temas, con los tiempos elegidos para escucharse todo, un Allegro bien desarrollado y especialmente el Menuetto enérgico.

Y deben seguir programándose obras de autores actuales, caso del londinense Thomas Adès (1971) de quien El Cosmos eligió su Arcadiana (1994) estrenado en el Festival Elgar de Cambridge y que pese a la referencia a los paisajes paradisíacos a lo largo de siete movimientos, su lenguaje atonal aunque buscando efectos y elementos bien explicados perfectamente por Avello en las notas, pero comenzaron las sorpresas del cumpleaños. No sé si el agua veneciana (o el orbayu en e exterior), el «tango mortal» o directamente la «pérfida Albión», con tanto glissando, tirar de las cuerdas, la fuerza e ímpetu que los cuatro imprimían en cada movimiento, poco cercano a un esperado «idilio sonoro», se rompía una cuerda del chelo de Oriol Prat.

Tras la incertidumbre estaba claro que no podía reanudarse, pues cambiar una cuerda lleva su tiempo y más si no se trae de repuesto, así que se adelantó el descanso. Mas no llegaba a tiempo para reanudar la segunda parte, así que llegó la inesperada «piñata» y el verdadero regalo de Noelia Rodiles, anunciando por megafonía que nos interpretaría junto a Lara Fernández dos romanzas sin palabras de Félix y Fanny Mendelssohn, también presentadas cada una de ellas. Es difícil interpretar obras no preparadas para la ocasión, pero Noelia es una profesional y nos dejó del segundo libro de las conocidas como romanzas sin palabras de Félix Mendelsshon, primero la opus 30 nº 7 en mi bemol mayor, y después la opus 30 nº 6 en fa sostenido menor, Barcarola que parecía retrotraernos de la Venezia nocturna de Adés. Dos páginas que como en el Schubert de Liszt hacen cantar el piano con la voz inconfundible de la asturiana, fraseos claros, rubatos sin exagerar y la musicalidad característica de la pianista que comenzó a formarse en el Conservatorio Julián Orbón de Avilés.

Lara Fernández se uniría con igual profesionalidad para sumar su viola con dos canciones de la hermana e igualmente gran compositora e intérprete Fanny Mendelsshon: la conocida Canción de primavera op. 62 nº 6 en la mayor, el diálogo de la voz femenina en la cuerda más cercana a ella, y Schwanenlied (canción del cisne), opus 1/1, también conocida y muy versionada, que pareció otro premio más de esa piñata no esperada pero traída en las ya habituales tabletas (al menos venían bien cargadas).

Aún no estaba preparado el quinteto, así que el inesperado «Dúo Rodiles-Fernández» prosiguieron una especie de Gijonada (cual Schubertiada gijonesa) tirando de recursos como «cantar» Die Forelle D. 550 (sin la letra de C. F. Daniel Schubart) e intentando preparar el quinteto homónimo. Pero difícil sin ensayar y con algún contratiempo o falta de entendimiento en las repeticiones y cantos, al menos el esfuerzo se puede considerar sobrehumano para cualquier músico, y esta trucha parecía estar escabechada o ahumada, aunque comestible.

Seguía la espera pero la música no pararía, y de nuevo una canción sin palabras, el Liebestraum nº 3 (Sueño de amor) de Liszt, mucho mejor dadas las circunstancias, con un entendimiento por parte de Noelia que da la experiencia, más un canto de Lara bien sentido, dejándonos este regalo extra de una piñata a la que aún se debía sacudir, pues eran las 21:42 y no llegaba a tiempo la cuerda del cello (colocarla, atemperar y afinar antes de la última obra prevista).

Noelia Rodiles volvió a rebuscar en la tableta y prosiguió la fiesta con su Schubert querido, trabajado, estudiado, capaz de detener el tiempo y hacer de la espera virtud. El Andante sostenuto de la Sonata nº 21 en si bemol D960, fue un portento de emoción, sabiduría, talento, limpieza, generosidad y profesionalidad para dejarnos con ganas de seguir escuchándola, pero al fin llegaba una trucha del día, casi saltando del río Piles en el Quinteto con piano en la mayor D. 667, marchando Helena Satué (que estuvo de primer violín la primera parte) e incorporándose el contrabajo de Mariona Mateu.

Diez minutos recolocando sillas y atriles para este valiente quinteto en los tempi,  bien ajustados y encajados todos, con el peso del grave bien balanceado, los momentos de la cuerda frotada muy ricos en matices, protagonismo compartido con las cristalinas contestaciones del piano, «tirando, un Scherzo brillante, las variaciones sobre el lied cantadas por todos valientes, en el aire, encajadas a la perfección sin perder el aliento hasta poder soplar las imaginarias velas del Finale como si fuese el «cumpleaños feliz» en el tiempo justo, a las 22:30 horas de este 117º cumpleaños, muy aplaudido, donde sin tarta ni velas los regalos fueron generosos (impagable mi querida Noelia Rodiles) e inesperados, como en toda fiesta que se precie, y aún más en la Sociedad Filarmónica de Gijón.

¡Y que cumplas muchos más!

PROGRAMA:

Primera parte:

Noelia Rodiles (piano):

Franz LISZT (1811–1886)

Lieder de Franz Schubert, S. 558:
Ständchen, nº 9
Gretchen am Spinnrade, nº 8

COSMOS QUARTET: Helena Satué, violín – Bernat Prat, violín – Lara Fernández, viola – Oriol Prat, violonchelo:

Joseph HAYDN (1732–1809)

Cuarteto de cuerda en Re mayor, Op. 71, nº 2 (Hob.III:70):

  1. Adagio – Allegro
  2. Adagio cantabile
  3. Menuetto. Allegro – Trio
  4. Finale. Allegretto

Thomas ADÈS (1971)

Arcadiana, Op. 12

  1. Venezia notturna
  2. Das klinget so herrlich, das klinget so schön
  3. Auf dem Wasser zu singen
  4. Et… (tango mortale)
  5. L’embarquement
  6. O Albion
  7. Lethe

Segunda parte:

Noelia Rodiles (piano), Bernat Prat (violín) – Lara Fernández (viola) – Oriol Prat (violonchelo) – Mariona Mateu (contrabajo):

Franz SCHUBERT (1797–1828)

Quinteto con piano en La mayor, D. 667, «La trucha»

  1. Allegro vivace
  2. Andante
  3. Scherzo. Presto – Trio
  4. Tema con variazione. Andantino
  5. Finale. Allegro giusto

Enología musical

Deja un comentario

Jueves 20 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Paul Lewis (piano). Obras de Beethoven, Larchner y Schubert. Fotos propias y ©Kharkiv Music Festival.

Tras los conciertos y conferencia vividos en Granada con la integral de las sonatas para piano de Schubert, el pianista británico Paul Lewis (Liverpool, 20 de mayo de 1972) regresaba a Oviedo tras su concierto del 26 de noviembre de 2014 (con las tres últimas sonatas de Beethoven), un estreno del austriaco Larchner y por supuesto el Schubert que no puede faltarnos.

Para un pianista cumplir años es como para el buen vino, y Paul Lewis es ya un «Gran reserva» que destila cada página que afronta, incluso engrandeciendo la misma aunque la interprete muy a menudo. Y además se convierte en el enólogo que crea vinos o un sumiller que nos hace degustar y saborear el vino por él elegido. Así la Sonata n° 5 de Beethoven fue un buen blanco para abrir boca, un excelente caldo lleno de contrastes en boca (y oído), comenzando con aromas brumosos (Allegro molto e con brio) que agitándolo antes de llevarlo al paladar (Adagio molto) sería dulce pero no empalagoso, resbalando con suavidad, y el último trago bien decantado (Finale. Prestissimo) nos dejaría con ganas de volver a llenar la copa, pues el británico es capaz de utilizar esta sonata joven para preparar el siguiente «vino de autor».

Siempre es emocionante asistir a un estreno absoluto, más con la Sonata para piano de Thomas Larcher (Innsbruck, 16 de septiembre de 1963), interpretada por su destinatario, Paul Lewis, un encargo de Chamber Music in Napa Valley en memoria de Maggy Kongsgaard, viticultora de ese valle junto a John Kongsgaard y fundadores de la californiana Bodega Arietta en Oakville (EEUU). En las notas al programa de mi siempre admirado Luis Suñén escribe del pianista y compositor austriaco que «(…) compuso en 2019 la obra Movimiento para Paul Lewis. Satisfecho con el resultado, decidió expandir ese movimiento y crear una sonata. Así, la nueva sonata incluye material de la pieza de 2019, pero se trata de una obra completamente nueva» cuyo estreno mundial tuvo lugar esta noche en Oviedo. También cita al propio Larcher:

«De vuelta a mis raíces
De vuelta al piano donde todo comenzó.
¿Qué es un pensamiento, una idea, un invento?
¿De dónde proviene la corriente de su desarrollo y qué la alimenta?
¿Qué es una idea? ¿De dónde procede? ¿De quién fueron las ideas que desencadenaron las mías? ¿Y de quién las suyas?
Al componer, uno es una interfaz en un circuito infinito e interminable de conexiones. ¿Dónde ir? ¿Dónde dejarse llevar?
¿Dónde se enciende la luz?»

Inmensa, en todos los sentidos, esta sonata del pianista y compositor austríaco, que personalmente fue como un piano que se hubiese empapado de toda la música que en él hubiese sonado y fuera destilando nota a nota cual trabajo de enología musical, y es que como respondiese mi amigo Juan Antonio Fernández de Bodegas Liberalia ( gran melómano que toca el violín a sus viñedos) a la pregunta de su enólogo «quiero vino que sepa a vino». Lewis con la partitura en una tablet sobre el atril, fue paciente y estudioso de cada detalle, con el paladar bien preparado tras el «blanco» antes de beberse esta cosecha para él plantada. Comentar que en música Crotchet se traduce como puntillo, alargar a una figura la mitad de su valor. El primer movimiento toma este nombre pero personalmente me sonó a coral luterano, casi bachiano, con una escritura «clásica» de tonalidades superpuestas, disonancias muy trabajadas junto a la fuerza del Beethoven previo bien colocado antes de esta sonata de piano que literalmente podría ser como «hacer sonar el piano» por todos los recursos utilizados, desde unos pedales que mezclaban esos aromas o tocando cuerdas apagadas en el arpa de la caja acústica. Más que una broma el  Scherzo, dotted crotchet, siempre con la indicación metronómica (= c. 70) tras el título y el título de «negra con puntillo» continuó con la experimentación tímbrica pero manteniendo aromas franceses (la evocación californiana de los viñedos galos transplantados) y hasta húngaros –Ravel con Ligeti como tipos de uva-, arpegios como lágrimas del vino corpóreo en copa, vidrio cristalino del piano rico en colores. El homenaje al siempre recordado pianista alemán fallecido en 2022 con 51 años volvía a retrotraerme a la fragilidad de la vida, la pérdida del gran pianista «caído antes de tiempo» (Fallen out of time, for Lars Vogt, Andante, crotchet = c. 66), cuerpo y alma, recuerdo y homenaje, multitud de sentimientos que transcienden los cinco sentidos pero con el tacto (y trato) delicado de Lewis capaz de elevar los decibelios sin aparente esfuerzo físico. Y para concluir la sonata una Toccata, Allegro, crotchet, organismo pianístico donde hubo un despliegue de sonidos buscados al detalle con clusters, punteos en la caja acústica y hasta puños o brazos sincopados sin perder un ritmo de subdivisión ternaria endiablado y hasta optimista tras los tres anteriores anteriores, destilando casi otra historia guardada en el piano. Un estreno mundial que podremos presumir de haberlo probado los primeros y que permanecerá en nuestra memoria auditiva como si fuésemos catadores musicales.

En Granada Lewis cerraba el «Ciclo Schubert» el 3 de julio en el Patio de los Arrayanes con esta sonata de la que escribí: «(…) con el lirismo sereno «que representa a la perfección las «divinas longitudes» schubertianas de las que habló Schumann», tristeza sin amargura y rebelión ante los augurios del último aliento. Las notas graves pintando sombras sobre las que los trinos son de negros córvidos que al levantar el vuelo parecen ruiseñores, Lewis abriendo y cerrando todos los sentimientos contenidos en la última sonata. Siempre me decanto por los tiempos lentos por lo que suponen de meditación, pensamientos propios, recrear los ajenos y volcarlos en unas músicas sin adornos, tan solo los mínimos para las pinceladas más sinceras independientemente del carácter». Lewis ama a Schubert «por su fragilidad, el realismo humano de su música, y por tratar todo tipo de cosas a las que nosotros nos enfrentamos todo el tiempo y a diferencia de Beethoven no siempre encuentra la respuesta» como le contestaba a mi querida Lorena Jiménez durante los Encuentros en el Festival de Granada del pasado junio. Si la noche del Patio de los Arrayanes en La Alhambra nazarí se unió para rendirnos al último piano de Schubert, el Auditorio de Oviedo volvió a sentir la magia pese a las toses impertinentes, los portazos, la caídas de programas y un maleducado comportamiento que me hizo temer lo peor ante la espera previa a cada movimiento del inglés, de gesto siempre contenido con las manos que hablan incluso antes de posarse sobre el teclado.

Ese tinto «Gran Reserva» que es la Sonata n° 21 en si bemol mayor, D960 (1828) de las «Bodegas Schubert» fue todo un placer sensorial, desde el tenue y delicado Molto moderato, el emocionante y para muchos centro de gravedad emocional de la obra (Andante sostenuto) que nos trajo la desolación en la mano derecha con la izquierda goteando de manera implacable un acompañamiento desgarrador y conmovedor de sobrecogedora sobriedad, calificativos dignos de un vino extraordinario, de esta obra pero también de su intérprete. Los tiempos lentos schubertianos no abandonan la tristeza pero la impregna de «un carácter más melancólico que trágico» que diría mi admirado doctor Ortega Basagoiti. El Scherzo: Allegro vivace con delicatezza aún más delicado, ligero y profundo tras el «vino de autor», la sempiterna melancolía o el presagio de la despedida que subyace en cada movimiento hasta el arrebato final, lleno de vigor, rotundidad, convencimiento y aceptación de la coda final en Presto para que Lewis soltase toda la riqueza pianística de tanta música atesorada en sus dedos y cabeza para este primer día de primavera en el calendario aunque invernal hasta en las sensaciones.

Curiosamente en Granada escribía de (re)avivar sentimientos y mantener mi admiración por un intérprete que continuará su camino hasta ser casi como un vino «Gran reserva» de una cosecha para vivir… y beber, que esta vez, y tras lo vivido (en cierto modo también bebido), quedó más que corroborado con mis referencias vitivinícolas de este concierto.

Y diría que como homenaje al recordado Lars Vogt, de regalo, cual vino dulce para el postre, Brahms y su Intermezzo op. 117 nº1 en mi bemol mayor (Andante moderato), monólogos como fueron descritos por el crítico Eduard Hanslick: piezas de «carácter exhaustivamente personal y subjetivo que impacta como una nota pensativa, gráfica, soñadora, resignada y elegíaca», un último sorbo para seguir empapando y envejeciendo de buena música esa barrica del Steinway© carbayón a la que aún le quedan muchas cosechas para degustar. Paul Lewis demostró ser el mejor enólogo musical en esta cata a media luz que quedará en los anales de las Jornadas de Piano.

PROGRAMA:

Ludwig van Beethoven (1770-1827):

Sonata para piano n° 5 en do menor, op. 10, n.° 1

I. Allegro molto e con brio

II. Adagio molto

III. Finale. Prestissimo

Thomas Larcher (1963):

Sonata para piano*

I. Crotchet = c. 50

II. Scherzo, dotted crotchet = c. 70

III. Fallen out of time, for Lars Vogt, Andante, crotchet = c. 66

IV. Toccata, Allegro, crotchet = c. 176

(* Obra de encargo por Chamber Music in Napa Valley, en memoria de Maggy Kongsgaard. Estreno absoluto)

Franz Schubert (1797-1828):

Sonata para piano n° 21 en si bemol mayor, D960

I. Molto moderato

II. Andante sostenuto

II. Scherzo: Allegro vivace con delicatezza

IV. Allegro ma non troppo

Vetusta, 2025

3 comentarios

Sábado 15 de marzo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: Oviedo Filarmonía (OFIL), Francesca Dego (violín), Lucas Macías (director). Obras de Jesús Rueda, Barber y Bruckner.

En este año 2025 se están celebrando los 140 años de la publicación de «La Regenta» (1884-1885) de Leopoldo Alas Clarín (1852-1901), un zamorano que retrataría para siempre a Oviedo como Vetusta. Por su parte el onubense Lucas Macías Navarro (Valverde del Camino, 1978) está leyendo musicalmente la Vetusta de 2025 con la orquesta ovetense que crece en cada concierto desde la titularidad en 2018 con el maestro, y este frío sábado de Cuaresma volvió a corroborar la total complicidad con unos músicos que afrontaron un programa variado y exigente como pocos.

Abría el concierto el estreno absoluto de Vísperas del madrileño Jesús Rueda, encargo de la propia OFIL junto a la Orquesta Ciudad de Granada (de la que el maestro Macías Navarro también es director artístico desde la temporada 2019-20), un «Mapa sonoro de Vetusta» que está escribiéndose de forma conjunta: primero «Albidum, camino hacia las estrellas» de la ovetense Raquel Rodríguez en noviembre de 2022, palabra latina traducida como blanquecina, uno de los probables orígenes del topónimo de la capital del Principado para una historia sinfónica y asturiana; después «Vetusta» de la canaria Laura Vega, que renombré «Carbayonia» en enero del pasado año también con Macías Navarro, y ahora estas «Vísperas». Al onubense tendré que rebautizarlo como Alas Macías tanto por esta implicación con la gran obra literaria del que también fuese crítico musical fusionando Zamora y Valverde del Camino, ambos con Oviedo en el corazón.

La obra de Rueda en palabras del propio autor en las notas al programa «(…) fue compuesta en la primera mitad de 2024 gracias a un coencargo de Oviedo Filarmonía y la Orquesta Ciudad de Granada. Bajo la premisa del nombre Vetusta, creció un discurso orquestal que sugería ambientes y atmósferas sobre aquella poderosa novela de Clarín, La Regenta. Tal vez la imagen que más se fijó en la memoria del compositor fue la catedral de Oviedo, sus penumbras, los espacios resonantes, y esa enigmática hora en la que el tiempo se paraliza, entre el día y la noche, y que anuncia la hora azul, las vísperas. La obra se construye en bloques de diversa densidad y tímbrica. En un tempo de Adagio los motivos temáticos crecen, se transforman y se diluyen. Un canon inicial traza el hilo que se va deshilachando en las diferentes familias instrumentales. Permanece este hilo conductor a través de todos los bloques hasta el final de la obra, a veces mantenido por los solos instrumentales (flauta, violín) que sustentan la línea principal». El madrileño ya forma parte de muchos conciertos en Oviedo, tanto con la OSPA, la Filarmónica de Hamburgo o al piano de Noelia Rodiles, sumando ahora la OFIL que con Macías nos dejaron una  interpretación limpia, muy trabajada, asequible a todo aficionado (alguno olvidó el adelanto horario también a los sábados), sin necesidad de buscar en la percusión ambientes sonoros, la cuerda fue la neblina del atardecer en la catedral, más luminosa que una cencellada zamorana; todas las secciones ayudaron a dibujar el clima y magia del atardecer, y los solistas rindieron con la calidad de la propia partitura que Macías entendió, enseñó y tradujo en un estreno que engrosa la historia musical de la Vetusta clariniana de nuestro siglo XXI.

Tras casi 10 años volvía a los Conciertos del Auditorio, de nuevo con la OFIL la violinista italoamericana  y residente en Londres Francesca Dego (Lecco, 17 de marzo de 1989), con su violín Francesco Ruggeri (Cremona 1697) que volvió a convencer como entonces, musicalidad e impecable técnica que los años ayudan a madurar. En el Concierto para violín del estadounidense Samuel Barber (Pensilvania, 1910 – Nueva York, 1981) Dego mostró su versatilidad con una convincente interpretación y el sonido poderosamente cálido de su Ruggeri. Si en 2015 ya escribía del concierto El violín rojo que «me impactó y convenció desde la afinación previa con un sonido potente, de armónicos capaces de sobreponerse a una masa orquestal poderosa, con una técnica sobresaliente no ya en la mano izquierda sino con un dominio del arco que sacó del violín el verdadero espíritu del título de este concierto para violín y orquesta», con el de Barber en cada movimiento hubo total compenetración con una orquesta ideal en esta obra, caídas perfectas, empaste incluso con el piano del virtuoso Sergei Bezrodny (¡qué suerte tenerle aún en activo!), y Macías como excelente concertador.

Emocionantes los dos primeros movimientos, desde el inicial Allegro moderato contenido, fraseado, arropado por una cuerda compacta liderada por Mijlin, bien contestado y compenetrados, el clarinete de Inés Allué en la misma órbita pensativa y placentera de la melodía, cambios de tempo y pulsación perfectamente marcados por los timbales de Ishanda , metales empastados, y en general todas las secciones funcionando con amplias dinámicas sin perdernos nunca el violín solista; en el Andante destacar tanto los solos de trompa (Alberto Ayala) como de Bronte al oboe (se nota la «mano» del onubense) en comunión con el violín, dinámicas y tímbricas fusionadas manteniendo ese clima apacible antes de romperse en el movimiento final, rápido y virtuoso, un Presto valiente por parte de todos, articulaciones claras, dinámicas extremas siempre marcadas por Macías y respondidas unánimemente para una música nunca frívola y menos en la interpretación de Dego, con un final de los que levantan al público del asiento.

De regalo el Capricho polaco de la compositora y virtuosa del violín Graźyna Bacewicz (1909-1969), el sonido del Ruggeri inundando todo el auditorio desde la técnica pasmosa de Francesca Dego a la altura de la propia obra polaca, cierre perfecto para esta primera parte.

Me preocupaba la elección de la más que revisada cuarta sinfonía de Anton Bruckner (1824-1896) conocida como Romántica (1877-80. Ed. Leopold Nowak/Robert Haas) porque para todo director y orquesta es un auténtico reto cual toro de Miura (o Cuadri para los de Valverde del Camino) al que sacarle toda la casta para hacer una buena faena. No es políticamente correcto ser aficionado al llamado arte de Cúchares en nuestros tiempos, pero ya peino canas y viví muchas faenas televisidas con mis bisabuelas, así como en vivo en el hoy abandonado coso de Buenavista, en El Bibio gijonés y hasta en los «Carnavales del Toro» de Ciudad Rodrigo, así que con permiso de la autoridad competente (siempre quienes me leen), relataré la faena a este morlaco de nombre «Romántica» que se lidió en el auditorio ovetense con el diestro Macías Navarro y su cuadrilla carbayona en tres tercios con picadores (pues no se trataba de cualquier novillada sino de una verdadera alternativa), y tras la que el maestro saldría por la puerta grande rematando una faena donde hasta al toro le indultaron por su nobleza tras la impecable lección de buen magisterio y mejor hacer.

Con la OFIL bien engrosada, y engrasada por los requerimientos de «esta cuarta» (3 flautas con piccolo, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagots, 4 trompas, 3 trompetas, 3 trombones, tuba, timbales y platillos) aunque algo falta de  más efectivos en la cuerda, que no se notó por la mano izquierda del maestro templando las buenas y bravas embestidas de los metales, así como del esfuerzo de toda ella (¡bravo por las violas!), el Allegro ya presentó sus credenciales de delicadeza y potencia, reguladores para ir comprobando la querencia bien resuelta, con seguro arranque de las trompas, filigranas de cuerda, quites de la madera, embistes frenados con el capote, gustándose en el gesto para llevarlo hasta los medios y dejarlo listo para los picadores por parte del maestro en las tablas, con un Andante quasi allegretto bien templado, gustándose, sin forzar para mantener la bravura, chicuelinas de tronío con las maderas al quite y un tercio muy mantenido por emoción, matizada en cada pase.

Segundo tercio donde en el Scherzo el maestro dejó a «la cuadrilla» lucirse con las banderillas, trompas y trompetas (bravo Soriano) cazadoras, imperiales como las de John Williams, de aire juguetón y ligero, mirando al tendido tras dejarlas por todo lo alto, a pecho descubierto siempre controlando cada par el maestro valverdeño, maderas coloridas contrastadas y un auditorio conteniendo el aliento porque el toro quería cabecear pero sin derrotar por ningún lado, manteniendo la nobleza y el trapío antes del cambio de tercio.

Tras el brindis al cielo, muleta y espada de matar para el esperado «de la verdad», un Finale, con toda la cuadrilla atenta y el maestro dominador y dominando, naturales arrimándose siempre inmaculado, creciendo en cada pase, dejando respirar, con paso firme, templando, sabiendo de memoria por dónde iba a derrotar Romántica sin apurar más de lo justo. Pases sin enmendarse, mirando al tendido, el albero recordándome el «desierto arábico» del Lawrence Jarre, en medio del ruedo sin miedo, valiente, tocando suavemente los cuernos, amansando y apurando con todo un repertorio de pases y pausas sin necesidad de entrar a matar, pues la faena resultó tan noble como el enorme morlaco, y las emociones a flor de piel permitieron un triunfo sin sacrificio, con indulto y vuelta al ruedo para Romántica y salida del maestro por la puerta grande con ovaciones ya tomada la alternativa de matador con su cuadrilla a la altura del consolidado titular onubense que seguirá triunfando como primer espada en todos los cosos.

Musicalmente una Cuarta de Bruckner que ha puesto el listón muy alto, superado con éxito por una OFIL enorme en todos los sentidos y un Lucas Macías luchador, trabajador, comprometido, valiente, conocedor de las virtudes de sus músicos siempre flexibles y versátiles que están dando lo mejor en cada actuación tanto sobre el escenario como en el foso.

Larga vida al vienés renacido que sigue sonando cada día mejor y en más conciertos.

PROGRAMA:

Jesús Rueda (1961):

Vísperas

(Ciclo «Mapa sonoro de Vetusta». Obra por encargo de Oviedo Filarmonía y de la Orquesta Ciudad de Granada. Estreno absoluto.)

Samuel Barber (1910-1981):

Concierto para violín, op. 14

I. Allegro moderato
II. Andante
III. Presto in moto perpetu

Anton Bruckner (1824-1896):

Sinfonía n.°4 en mi bemol mayor, WAB 104

I. Bewegt, nicht zu schnell

II. Andante quasi allegretto

III. Scherzo. Bewegt; Trio. Nicht zu schnell. Keinesfalls schleppend

IV. Finale. Bewegt, doch nicht zu schnell

Heroísmo musical

4 comentarios

Viernes 28 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Una vida de héroe», abono 7 OSPA, Nuno Coelho (director). Obras de Richard Strauss y David Moliner.

En la mitología y el folclore, un héroe o una heroína es un personaje eminente que encarna la quintaesencia de los rasgos claves valorados en su cultura de origen. Para el séptimo de abono daba título al programa con mucho «heroísmo musical». En el encuentro previo al concierto el director titular nos presentaba al percusionista y compositor David Moliner (Cuenca, 1991) que nos hablaría del estreno español de su «Estructura IV» dedicada a la diosa del arco Iris, siguiendo la inspiración mitológica diosa griega, Iris mensajera entre los dioses y los humanos, mayormente retratada como la mensajera personal de Hera, pues en una de sus estancias en Dresde vio el colorido y la relación con Iris, hija de los titanes Taumante y Electra y hermana de las temidas Harpías. Epítetos comunes la describen como Iris de alas doradas, Iris la rápida, o Iris la de los pies ligeros, y toda la literatura de dioses que es capaz de relacionarse musicalmente.

Aunque su faceta de percusionista evidentemente influye en esta obra, que se estrenó en Lucerna el 26 de agosto de 2023 y sonó por primera vez en España el jueves en Gijón y este viernes en Oviedo, la labor compositiva del conquense la realiza -como comentó en el encuentro- en papel pautado y lápiz desde el piano, buscando armonías y forjando diferentes capas, como se refleja claramente en esta „Dämonischer Iris», obra para gran orquesta con cinco percusionistas que utilizan todo tipo de aerófonos, idiófonos y membranófonos: cantos de pájaros, carracas, timbales golpeando las baquetas en el «caldero», silbatos,  armónicas, güiros… todo un arsenal al que sumar piano alternando con celesta (de nuevo contando con el virtuoso Sergei Bezrodny), jugando como cuerda y placas percutidas que consiguen un colorido «de arco iris» por donde transcurre y explica el subtítulo de la composición de Moliner.

Un arranque sombrío solístico de todos los bombos llevándonos hasta profundidades acuáticas que esconden irisaciones, mientras la nutrida orquestación va tejiendo tímbricas, cambios de ritmo, un vals demoníaco y hasta cantos guturales bien medidos, metales poderosos utilizando una trompa wagneriana, cuerda comandada de nuevo por Roman Simovic (1981), que tuvo también su momento solista volviendo a demostrar  su implicación como «colaborador artístico», el lujo de tenerlo de concertino y el ánimo que insufla a toda la orquesta. Verdadero trabajo hercúleo esta partitura, el esfuerzo de todas las secciones con un sonido homogéneo y rico en matices, siempre bien llevada por el maestro portugués, e interesante ubicarla dentro del programa elegido, pues utilizaría casi la misma plantilla (la dejo abajo de esta entrada) que la última obra del último y frío día de febrero. Una obra que como la mensajera divina nos evocó alas doradas, rapidez, pies ligeros y toda una paleta de sensaciones orquestales bien escritas por Moliner y entendidas por Coelho. También muy bien apostar por obras de nuestro tiempo tan necesarias para educar el oído con nuevos repertorios y apoyar la labor heróica de ser compositor en España. La línea seguida por Nuno Coelho está bien orientada esta su tercera temporada, y es una lástima el poco público que está acudiendo y perdiéndose estas oportunidades que ofrece la orquesta de todos los asturianos.

La otra gran figura del concierto sería el director y compositor muniqués Richard Strauss (1864-1949), abriendo velada con este sexteto, la sonatina que abre la ópera Capriccio, op. 85, en versión de «cuerda expandida» (6 violines primeros, 6 segundos, 8 violas y seis contrabajos) que lograría el sonido camerístico unificado y bien equilibrado, de escritura exigente para los primeros atriles, con un empaste que sólo dan los años y la calidad de Simovic, Alamá y von Pfeil comandando este «gran sexteto».

Como broche el poema sinfónico «Una vida de héroe», op. 40 (1898), casi autobiográfico del compositor alemán, escrita en los Alpes bávaros, «heróica» como la tercera de Beethoven y también en la tonalidad de mi bemol. Partitura dedicada a su mujer  y curiosas las pinceladas previas del maestro Coelho donde explicó que el violín personifica a la esposa del compositor alemán (entre Munich y Viena) con su carácter especial, de altibajos, chillidos, momentos punzantes y hasta violentos, también bostezos, mujer malhumorada pero necesaria para Strauss (pues aún así estuvieron casados más de 50 años). Obra casi megalómana de tres cuartos de hora sin interrupción para los seis números o capítulos, con una orquestación impresionante, que le va como anillo al dedo a esta OSPA que siempre ha tenido en el alemán uno de los compositores que mejor han entendido e interpretado en todas sus obras sinfónicas (creo que han hecho el ciclo completo de sus poemas, ópera y hasta varias sinfonías en distintas épocas a lo largo de sus casi 33 años), y esta «vida» que resulta cual recopilación de tantas otras: Así habló Zaratustra, Till Eulenspiegel, Don Juan, Don Quijote, Muerte y transfiguración, Cuatro últimas canciones, Sinfonía Alpina, y un largo etcétera, que fue como resumir la historia hasta la actualidad de nuestra orquesta asturiana.

De nuevo poderosas y seguras todas las secciones: las 9 trompas compactas en sonido y presencia, 5 trompetas (con salida de tres fuera de una caja escénica hoy «para la ocasión» y cámara frontal para poder ver las entradas precisas de Coelho en ese lejano toque de guerra heróico), toda la madera -a cuatro- sonando excepcionalmente, cuarteto de trombones más dos tubas  (con mucho fuelle) logrando tímbricas casi organísticas, nuevamente la percusión impecable, mandando, y sobre todo la cuerda (incluyendo dos arpas), que creciendo desde el «gran sexteto» inicial volvió a dejarnos los solos de Roman Simovic (con un Stradivarius de 1709) emocionantes, música profundamente sentida e interpretada al alcance de virtuosos como él, cálida, presente en todos los matices y con la magia de conseguir un silencio sepulcral para disfrutar de todas sus intervenciones, sobre todo en el tercer número (La compañera del héroe) cual «mini concierto para violín» dentro de los episodios de la vida de este Strauss poco modesto y con autoestima altísima, al nivel de sus composiciones, interpretado con la humildad, entrega  y trabajo del violinista yugoslavo pero nacionalizado inglés y la química con todos sus compañeros, igualmente transmitida por el enérgico, conciso y expresivo Nuno Coelho. Heroísmo musical para despedir el mes más corto del año.

PLANTILLA:

PROGRAMA

RICHARD STRAUSS (1864 – 1949):

Capriccio, op. 85: Sexteto (arr. orquestal)

DAVID MOLINER (1991 – ):

Estructura IV:  „Dämonischer Iris”

RICHARD STRAUSS:

Ein Heldenleben (Una vida de héroe), op. 40:

Der Held (El Héroe)

Des Helden Widersacher (Los adversarios del Héroe)

Des Helden Gefährtin (La compañera del Héroe)

Des Helden Walstatt (El campo de batalla del Héroe)

Des Helden Friedenswerke (Las obras de Paz del Héroe)

Des Helden Weltflucht und Vollendung (La retirada del mundo y la consumación del Héroe)

Carnaval de zarzuela

1 comentario

Jueves 27 de febrero, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII edición Festival de Teatro Lírico Español. «Doña Francisquita», “Versión libre” de Lluís Pasqual. Comedia lírica en tres actos, con música de Amadeo Vives Roig (1871-1932) y libreto de Federico Romero (1886-1976) y Guillermo Fernández-Shaw (1893-1965).

(Crítica para OperaWorld del viernes 28, con las fotos de Alfonso Suárez, y propias al finalizar la función, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se puede utilizar)

El 29 de mayo de 2019 asistía en mi casa a la proyección en vivo (por las redes sociales) desde el Teatro de la Zarzuela a esta misma producción de «Doña Francisquita» que entonces rebauticé como Doña Paquita de Pascual al tratarse de una versión libre del escenógrafo catalán Lluís Pasqual (Reus, 1951), que entonces ya levantó polémica como si volviésemos la vista al pasado con tantas críticas por la revisión de títulos conocidos en todo el terreno lírico.

Tras casi cinco años de esta (re)visión de la centenaria zarzuela de Amadeo Vives, pude disfrutarla en vivo con la necesaria aportación del gran actor Gonzalo de Castro, querido en Asturias por aquella serie rodada en Lastres (Doctor Mateo) y que hace comprensiva esta actualización de “teatro dentro del teatro”, haciendo de productor y presentador respectivamente en cada acto, más la longeva Lucero Tena, leyenda viva de las castañuelas que ya estuviese en Madrid, Barcelona y Valencia, con decenas de “francisquitas” en sus manos, y que participó magistralmente en el conocido fandango, con el público que llenó el teatro, rendido a su arte con prolongada ovación solo cortada por el ramo de flores y ubicarla en una silla para presenciar al cuerpo de baile que lo hizo cual homenaje a la más querida de la noche.

Solo los textos cantados permanecen intactos, respetando tanto la música del gran maestro catalán como la letra del productivo tándem astur-gaditano (Romero y Fernández-Shaw), probablemente una de las más grandes obras de nuestro género lírico, mientras el libreto aparca y aparta la inspiración en «La discreta enamorada» (Lope de Vega) para revivirla con el otro catalán que nos muestra tres momentos de esta centenaria «Doña Francisquita» desde el mismo espíritu por reflejar personajes, modas y costumbres que habitaban Madrid durante tres épocas, revistiendo y transformando la acción como suele suceder en tantas versiones de otros títulos escénicos en la memoria de muchos, con menor o mayor acierto y gusto, siempre personal, y funcionando casi cual miniserie televisiva en tres capítulos, quedándonos con ganas de la siguiente temporada, y que como comentaba al inicio el productor, “sin diálogos como en la ópera”, por el coste de la grabación (no han cambiado los tiempos) y la simpática réplica de Milagros Martín, puede que haciendo de ella misma, siempre inconmensurable en todo, presumiendo en cada intervención de sus más de cuarenta francisquitas: “sin diálogos no se entiende” a lo que contestaba Gonzalo de Castro en el segundo acto televisivo: “para eso está Estudio 1”. Una miniserie de zarzuela dentro de la zarzuela ya metidos en las carnestolendas donde con el disfraz todo se permite.

Lluís Pasqual recalca en el programa de mano que su propuesta escénica está hecha desde la alegría que produce esta música “desde ese mundo de recuerdos felices repleto de emociones donde la zarzuela es la banda sonora de mi infancia”, y la de tantos aficionados. Pero también se trata de una propuesta reflexiva e innovadora (que Pasqual comentaba en el programa madrileño) para un auténtico clásico de la lírica española, señalando que «tal vez solo la música, evocadora y real al mismo tiempo, sea capaz de producir esos sentimientos» para disfrutar de ese  «espíritu de fiesta compartida» que titula para Oviedo, y que es el teatro lírico: un lugar de memoria de las artes y las emociones, algo que se dejó sentir en el Campoamor que agotó entradas para las dos únicas funciones, esperando aumenten para próximos festivales dado el éxito del actual.

Como reflejan las notas al programa madrileñas, «La joven Francisquita es sin duda uno de los personajes femeninos de zarzuela más reconocibles y populares. Por eso, como cada época recurre a sus clásicos para contemplarse en ellos, recurre a Doña Francisquita para admirar a esta muchacha enamorada, pero sagaz, que desde 1923 se pasea por los escenarios líricos (…) Y hace falta un grandísimo talento para mostrar, con la versatilidad que requieren cada una de las pasiones presentes en la obra, la inmensa paleta de colores que Vives nos ofrece en Doña Francisquita» y además el maestro catalán siempre componía para la voz pues decía que la zarzuela tenía que ser cantable. Fue Leonor Bonilla esa mujer a quien todos cortejan encarnando su rol con seguridad, gusto, buena proyección, matices cuidadísimos en todo el registro, siempre arropada por la cuidada dirección musical de Diego Martín-Etxebarría, y un gorgeo valiente como canta el ruiseñor.

Contrapunto valiente, timbre corpóreo y amplio incluso en el grave que obliga al cambio de voz pero totalmente creíble La Beltrana de Mónica Redondo, desparpajo y picaresca en la “Canción del Marabú” con la contestación a su altura del asturiano Juan Noval-Moro, un Cardona que arranca la zarzuela y va ganando en cada acto en presencia y buen cantar.

Importante interpretación del tenor argentino Santiago Ballerini como Fernando, color hermoso de tenor, volumen más que suficiente, mucha musicalidad, emociones de su infancia familiar porteña, buen empaste con sus compañeros y muy aplaudida la esperada romanza “Por el humo…” que fraseó en un tempo adecuado con la complicidad de un foso ideal.

Mención especial para la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que dirige acertadamente José Manuel San Emeterio pues el coro es otra pieza irreemplazable en esta zarzuela, y sus intervenciones estuvieron además de coreografiadas (salvo en el estático primer acto), presentes, seguras, afinadas, aportando tantos personajes mal llamados secundarios (como niñas, buhonera, naranjera, aguador o el sereno Sergey Zavalin en el tercer acto), y contagiándonos ese “Canto alegre de la juventud” más el famosísimo “Coro de románticos” que parecía poner la banda sonora a la proyección trasera de la primera película de 1934 (dirigida por Hans Behrendt) que llevó esta zarzuela al séptimo arte.

Si el coro es indispensable, la participación del cuerpo de baile (con coreografía de Nuria Castejón) hizo crecer aún más esta representación que tuvo una cincuentena larga de personas sobre el escenario, aportando color, ritmo, movimiento y buen hacer con el beneplácito de Lucero Tena quien tras su fandango aplaudió la repetición ya con las cinco parejas de bailarines.

Breves pero válidas intervenciones de Bárbara Fuentes como amiga de Aurora, del barítono malagueño Antonio Torres en el brusco Lorenzo, y aún menor el Don Matías de Enrique Baquerizo que desprovisto de diálogos no le perdieron dos frases bien timbradas y hasta el casi autobiográfico canto que “conserva energía”.

Oviedo Filarmonía fue la orquesta perfecta y segura en todas las secciones con primeros atriles contribuyendo a disfrutar de la maravillosa música de Vives. Siempre bien conducida y conocida por el maestro Martín-Etxebarría (quien dirigiese el pasado año «La Rosa del Azafrán» también comentada desde aquí), sonó compacta, bien balanceada, disfrutándola desde su introducción, siempre dejando escuchar las voces, y marcando bien la pulsación para ayudar al cuerpo de baile. Otro tanto la Orquesta langreana de plectro, un septeto con dos mandolinas, dos laúdes y tres guitarras impecables en ejecución y presencia en cada aparición, ajustada tanto en solitario como con la orquesta  donde el arpa de José Antonio Domené aportaría aún más colorido instrumental.

Como resumen y aprovechando las tres escenas de esta miniserie madrileña: estatismo casi total que frena la acción en la grabación discográfica de una radio republicana, que hace propaganda de nuestro género lírico cuya música no necesita traducción, y como recordaba el productor De Castro ya se pondrá en un libro que acompañe al disco.

Buena idea la plataforma giratoria del plató televisivo para las cámaras, con el control de realización y logrando movimiento real con figurantes y coro estáticos en la mazurca salvo los bailarines, así como la alusión al ministro Don Manuel (Fraga) en un directo televisado, puede que en UHF (y prometiendo llevar a El Pardo a Milagros Martín cual figura del momento), donde el público forma parte del mismo.

Y ensayo final sin trampas, con mucho movimiento por los coros, bailarines, Lucero Tena, el plano iluminando (Pascal Mérat siempre impecable) para los diálogos “suprimidos” con los protagonistas sobre una tarima elevada mientras al fondo la película de Behrendt era la vuelta al pasado desde nuestros tiempos de actualizaciones escénicas.

Público satisfecho por la música de Vives y el espíritu de fiesta que Lluís Pasqual, aplaudido al final tras tres horas de espectáculo, trajo a Oviedo como inicio de temporada y un Carnaval recuperado también para nuestro género, patrimonio de la humanidad.

FICHA:

Jueves 27 de febrero de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII edición Festival de Teatro Lírico Español. «Doña Francisquita», “Versión libre” de Lluís Pasqual. Comedia lírica en tres actos, con música de Amadeo Vives Roig (1871-1932) y libreto de Federico Romero (1886-1976) y Guillermo Fernández-Shaw (1893-1965). Estrenada el 17 de octubre de 1923 en el teatro Apolo de Madrid. Coproducción del Teatro de la Zarzuela, con el Gran Teatre del Liceu y la Ópera de Lausanne (2019). Premio Max a la Mejor Producción Lírica (2020).

Edición crítica de Miguel Roa. Ediciones Arteria Promociones Culturales, SRL. SGAE y Editores /ICCM, Madrid, 2005 (2ª edición).

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Diego Martín-Etxebarría – Dirección de escena: Lluís Pasqual – Dirección de la reposición: Leo Castaldi – Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar – Audiovisuales: Celeste Carrasco – Iluminador: Pascal Mérat – Coreografía: Nuria Castejón –  Director del coro: José Manuel San Emeterio.

REPARTO PRINCIPAL:

Doña Francisquita: Leonor Bonilla – Fernando: Santiago Ballerini – Aurora: Mónica Redondo – Cardona: Juan Noval-Moro – Doña Francisca: Milagros Martín – Lorenzo Pérez: Antonio Torres – Don Matías: Enrique Baquerizo – Irene la de Pinto: Bárbara Fuentes.
Con la colaboración especial de Lucero Tena y Gonzalo de Castro.

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo

Orquesta Langreana de plectro

FICHA COMPLETA

Preparando Doña Francisquita

Deja un comentario

Vuelve Doña Francisquita a Oviedo para inaugurar la XXXII Edición del Festival de Teatro Lírico de Oviedo, y el martes pasado tenía lugar la rueda de prensa de la presentación, con dos funciones que han vendido todo el papel así como los encuentros en el Salón de Té del Campoamor (ZarzuelízaTé) previos con el precio de 6€ para cada uno de los  cuatro títulos, novedad en este año, para un total casi tres mil localidades donde el 70% es de abono, datos que demuestran cómo Oviedo, tras Madrid, es la capital de la zarzuela. De hecho la producción que disfrutaremos en la capital asturiana es la «versión libre» de Lluís Pasqual que además del teatro madrileño ya ha pasado por el Liceu, Valencia y Lausanne, cerrando en la capital asturiana este periplo.

En la mañana del martes fueron tomando la palabra el melómano concejal de cultura del Ayuntamiento David Álvarez, con todo lo que el festival ha ido incorporando a lo largo de los años, caso de la proyección de películas, «Zarzuela en el Territorio» en colaboración con la Universidad de Oviedo, el antes citado ZarzuelízaTé, el proyecto pedagógico para escolares que el día antes en el pre-general llenó el teatro con el público del futuro o «Zarzuela en los barrios» con dos conciertos del coro titular en el Teatro Casino de Trubia y el Teatro de Pumarín, antes de dar paso y micrófono a toda una leyenda de la danza y las castañuelas, una incombustible Lucero Tena (1937) que se mostró encantada del trato y cariño demostrado desde su llegada, vestida con el azul carbayón (sin saberlo) y que mientras le funcionen cabeza y manos seguirá dándolo todo.

Continuaría el director artístico de la Fundación Municipal de Cultura, y artífice de este ya consolidado festival, Cosme Marina, quien volvió a realizar una encendida defensa de nuestro patrimonio y lo mal que se ha tratado a nuestra zarzuela, siguiendo el director de esta reposición Leo Castaldi, verdadero transmisor del espíritu de Pasqual. Prosiguieron el director musical Diego Martín-Etxebarría quien además de sentirse querido cada vez que le llaman a Oviedo reconoció que debemos disfrutar todos para poder contagiar la alegría de una profesión que no debe perderla, la coreógrafa Nuria Castejón reivindicando el gran papel que el baile tiene en esta producción más allá del fandango del último acto y el enorme trabajo previo desarrollado hasta con el coro, más la debutante e ilusionada Leonor Bonilla en el papel principal de la bella enamorada.

Más breve el polesu Juan Noval-Moro que «juega en casa» como Cardona y Lañador, el actor Gonzalo de Castro quien aporta el hilo conductor de esta producción (ya rodada con él y Lucero Tena de invitados) y agradecido de formar parte de este espectáculo lírico, la siempre joven Milagros Martín como Doña Francisca que hasta arrancaría en la foto final con un «De España vengo», el barítono malagueño Antonio Torres que ya conoce este teatro CampoAMOR, para ir finalizando con el emocionado tenor argentino Santiago Ballerini que creció escuchando en el Teatro Avenida de Buenos Aires muchas zarzuelas, recordando al Cardona de su bisabuelo español en su infancia y ahora él cantando el protagonista Fernando, y La Beltrana Mónica Redondo, redondeando esta presencia parte de un inmenso reparto de cantantes, bailarines, figurantes y actores que se subirá a las tablas mañana jueves a las 19:30 y el sábado media hora antes.

Y fiel a la cita anual, en torno al festival «La Castalia» organiza su VII Ciclo de conferencias, previas a cada uno de los cuatro títulos, este 2025 titulado «Amores de zarzuela: romanticismo, pasión y picardía» siendo el catedrático Ramón Sobrino quien abría fuego en el Club de Prensa LNE a las 19:00 horas (30 minutos después sería el primer «ZarzuelízaTé»).

El doctor Sobrino, tras la presentación de la directora artística de «La Castalia» Begoña García-Tamargo, además de los necesarios apuntes biográficos de Amadeo Vives, y ya centrándose en «Doña Francisquita» (1923) comenzaría citando La discreta enamorada (1604) de Lope de Vega y la fusión de dos obras por parte de Juan Pérez de Montalbán (1602-1638) y posterior readaptación para actualizar la acción en el Madrid del siglo XIX que en principio darían 4 actos siguiendo la estructura, pera quedarse sólo en 3 (y el último con 2 cuadros) siguiendo a Alejandro Miquis y el nuevo “modelo” propuesto para una zarzuela «que use color y sabor local de su época». Curioso ver cómo hay hasta 41 personajes en escena más coro, banda, figurantes… y el paralelismo de los protagonistas del libreto de Romero y Fernández-Shaw con Lope. En lo musical hay 15 números, conocidos por casi todos (de los que al final pudimos comprobar), pero haciendo hincapié en que todo está escrito al detalle en el libreto, desde la propia acción en Madrid durante el Carnaval de 1840, los decorados, el vestuario y hasta todas las acotaciones escénicas casi al milímetro.

Vives trabajaba con prisa y de hecho la orquestación la rehizo tras volver de Buenos Aires, pues no dio tiempo a finalizarla tras un accidente, ayudándole para poder realizar el estreno amigos de la talla de Turina, Conrado del Campo, Pablo Luna y hasta Pérez Rosillo (con un dueto de las Franciscas descartado tras el poco éxito del estreno). En la partitura encontramos las músicas populares (urbanas y rurales) que acabarán tarareando como seña del éxito de «Doña Francisquita», mostrándos caricaturas y críticas en el ABC, con las figuras del estreno, fotos y muchísimos datos, recordando el rico Archivo de la Fundación Juan March.

Tras el estreno «Doña Francisquita» en el Teatro Apolo de Madrid, viajaría a Barcelona, vuelta a Madrid en  el Teatro de la Zarzuela y el salto a Buenos Aires, pero con representaciones también en Montecarlo, Bruselas, o ya en 1956 que se programaría en la reapertura del teatro de la calle Jovellanos, con números que asombran a todos: 5210 representaciones  en 20 años (682 en Madrid, 896 en Barcelona, 982 en Buenos Aires), una versión en francés (1933), dos películas (en 1934 la de Hans Behrendt y en 1953 Ladislao Vajda con la producción de Benito Perojo). Se comienzan a reeditar los argumentos y libretos en 1924, las reducciones a piano (1941), la siempre necesaria edición en 2005 de Miguel Roa para el ICCM, los rollos de pianola o las grabaciones en todos los medios que popularizaron aún más esta comedia lírica de Vives, mucho de todo ello en la Biblioteca Nacional, y por supuesto llegando hasta las más actuales. Mi admirado profesor Sobrino iría ilustrando con fotos, audios y vídeos algunas de las que se pueden destacar, desde la 1953 con Ataulfo Argenta en estudio a las más modernas ediciones en CD. Y por supuesto había que escuchar los números más famosos: Siempre es el amor con el parentesco con “Era de nogal el santo” (recogida en Salamanca y publicada en el cancionero de Dámaso Ledesma) pero también con la asturiana «A la mar fui por naranjas» y la estrofa Ay! mi dulce amor. De las grabaciones muy curiosas la Canción del ruiseñor por la soprano que la estrenase, Mary Isaura (ya en 1923 la primera grabación, con unos agudos que son posibles y sin las «trampas» actuales), o la popular Enedina Lloris (en el Liceu, 1988, con Alfredo Kraus  y dirigidos por nuestro recordado Max Valdés. Otra versión que además dio fama a Raquel Pierotti, también con Kraus (con el dúo del «no amor», acto II, el nº 9) y estos «apuntes sonoros» no podía faltar la única e irrepetible romanza cantada por el tenor canario Por el humo se sabe…  con un Fernando de referencia para generaciones posteriores.

Prosiguiendo con números conocidos, el “Bolero del Marabú” (grabación de 1925 con Cora Raga como La Beltrana junto al Cardona de Antonio Palacios), y la recordada por tantos presentes en la sala repleta de Oviedo en 1996 con Milagros Martín (que estará mañana y el sábado) y Enrique del Portal, así como Lucero Tena en el homenaje con el asturiano Oliver Díaz a la batuta en el fandango del último acto que se ha convertido en uno de los números más internacionales.

Solamente como recuerdo de la «versión libre» de Lluís Pasqual, sin entrar en los gustos u opiniones, el doctor Sobrino recordó que los tres actos son tres momentos en el tiempo: 1934 con el recuerdo radiofónico y su grabación para aquellos tiempos de la República, 1964 ya en la televisión de Fraga Iribarne, y en nuestro tiempo con el montaje teatral de esta zarzuela. Begoña García-Tamargo despediría la conferencia con el agradecimiento siempre eterno a una de nuestras autoridades musicales y comentando que con todo agotado para las dos funciones, reclamar que en las próximas ediciones se añada al menos otra función, pues el público asturiano las reclama y la taquilla está asegurada.

Mañana estaré en el Campoamor para contarlo desde aquí.

Ángeles y demonios

2 comentarios

Viernes 21 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «A la memoria de un ángel»: Abono 6 OSPA, Carolin Widmann (violín), Nuno Coelho (director). Obras de Ravel, Berg y Brahms.

Aún con frío invernal llegaba el sexto de abono de la orquesta asturiana con su titular y Carolin Widman (Munich, 1976) a quien ya escuchásemos con la OFil en un Prokofiev de calado allá por noviembre del 2019 «prepandémico», recordado por la violinista alemana (incluso el mismo camerino de entonces con sus muchas horas de estudio antes de debutar en Nueva York), y esta vez afrontando el siempre angustioso y agotador concierto „Dem Andenken eines Engels“ (A la memoria de un ángel) de Alban Berg, que tanto ella como el director nos contaron en el encuentro previo al concierto.

Tomo para esta entrada el título de «Ángeles y demonios», tanto por el homónimo de Dan Brown por novelesco y cinematográfico, como por los tantos cuentos infantiles donde la infancia no siempre es alegre, los niños verdaderos angelitos que pueden tornarse diabólicos, a fin de cuentas la propia vida entendida esta vez desde la música. Maurice Ravel escribió en 1910 una colección de piezas para piano a cuatro manos  «para los hijos de Mimi y Jean Godebski, a quienes leía cuentos infantiles. Un año más tarde, como terminó siendo distintivo de él, Ravel reelaboró la obra para orquesta, sacando a la luz una profundidad que había dejado oculta en la creación original. Las tímbricas, ampliaciones armónicas y el tratamiento textural elevan su denotado exotismo primigenio hacia una panoplia musical llena color y, por momentos, dramatismo sin pretensiones trágicas» como bien nos cuenta Israel L. Estelche en las notas al programa (enlazadas al inicio en las obras), esta suite orquestal donde saborear la ingeniosa orquestación de los cinco números, «marca de la casa» del vasco-francés conmemorando el 150 aniversario de su nacimiento con su música, siempre agradecida de escuchar y todo un reto instrumental que el maestro portuense llevó con aplomo, pinceladas de luz y alegría, para seguir constatando el buen momento de nuestra OSPA. Cada sección brilló y sonó compacta, gustándose en las intervenciones, con la cuerda esta vez liderada por el murciano Jordi Rodríguez Cayuelas, hoy también con el arpa de Mirian del Río y la celesta de Bezrodny, virtuoso como siempre, con un Pulgarcito gigantesco, la madera impecable (flauta, corno inglés, fagot…), metales redondos, casi como La Bella y La Bestia enamorándonos, y la percusión «en su salsa» porque momentos como esa Emperatriz de las pagodas ponen a prueba el virtuosismo y buen gusto en la búsqueda del timbre ideal, esos detalles tímbricos que enriquecen  toda partitura sinfónica. Si la orquesta es la paleta de colores para que el director pinte el lienzo sonoro, esta Ma mère l’oye  (Mi madre la oca) tuvo acuarelas, tinta china, óleo y hasta pasteles con los que ilustrar estos cinco cuentos donde hay un dramatismo subyacente más allá de ver crecer a los niños y hacerles disfrutar con relatos que todos conocemos, y que citando de nuevo al musicólogo y compositor santoñés, parece dar el hilo conductor al programa, pues «Berg y Ravel compusieron sus respectivas obras incentivados por su relación con la infancia y juventud, aunque por razones totalmente divergentes: la exaltación de la fantasía y la ternura de la infancia, y la muerte por enfermedad de una joven que comenzaba a vivir».

La muerte de un niño es siempre dolorosa, una tragedia que marcará los años siguientes, sobremanera para sus padres, por lo que el Concierto para violín (1935) de Berg es la expresión sin buscar comprensión de un hecho tan difícil de explicar o digerir (y que la OSPA con Milanov y Renaud Capuçon ya interpretasen en junio de 2014). Encargo del violinista Louis Krasner (y estrenado en el Palau de la Música de Barcelona el 19 de abril de 1936), sus dos movimientos son verdaderamente como  «ángeles y demonios». Escrito como un recuerdo tempestuoso más que homenaje a Manon Gropius, hija Walter Gropius y Alma Mahler, muerta de polio ese mismo año: el Andante-Allegretto es el testimonio de la feliz infancia, mientras el Allegro-Adagio que sorprendió al compositor en plena escritura, vuelca sus propias angustias y doloer en este concierto que pasó a titularlo «A la memoria de un ángel».

Las cuatro cuerdas al aire comienzan a (d)escribir con la madera la inocencia, narrado por el Guadagnini (1782) de una Widman con esta joya capaz de sacarle nanas y gritos desgarradores, viniéndome la imagen del ángel caído en el Retiro madrileño. Coelho  sabemos que es buen concertador y el concierto mantuvo el carácter desgarrador en la orquesta que es el telón de fondo sonoro para este concierto donde sería la muniquesa quien volcó, desde su técnica impresionante, una interpretación interiorizada, sentida, compungida hasta en su gestualidad corporal, dobles cuerdas, arco rompedor por momentos, pizzicati punzantes y todo un catálogo de recursos que en sus manos parecen contagiarnos cada expresión. «El dolor de Berg se muestra (…) a través de unas melodías dramáticas, amplias, suspendidas y cantábiles, extrayendo todo el potencial diatónico del sistema dodecafónico. Unas características que muestran la influencia de Brahms y Wagner (y, por supuesto, Bach) inculcadas en la enseñanza de Schoenberg» de nuevo tomando las palabras de López Estelche para un concierto exigente que deja exhaustos a todos, con el coral „Es ist genug” (Es suficiente) de dios Bach, «desde las profundidades más bajas hasta las alturas sublimes» dejándonos un hilo de esperanza en el más allá, por lo que resultó comprensible la ausencia de propina pese a los muchos y merecidos aplausos a la solista alemana de un público nuevamente poco numeroso en el auditorio ovetense (y esta vez no había más oferta).

Melodías expresivas en la primera parte que continuarían con la Tercera Sinfonía (1883) de Brahms, para muchos, entre los que me incluyo, su mejor sinfonía por grandeza, fuerza y bella como Dvořák destacaría tras escuchar el primer y último movimiento interpretados por el compositor en una visita a la capital austríaca, que también recogen las notas al programa. Cuatro movimientos afrontados con valentía y seguridad por parte de Coelho que insufla a la orquesta el empuje y confianza para una interpretación de muchos quilates. Gesto claro, preciso, con una mano izquierda que maneja las dinámicas y balances para poder escucharse todo en su plano. En el Allegro con brio ya pudimos comprobar la línea a seguir, sonido compacto y limpio (puede que eche de menos añadir una tarima para los cuatro contrabajos que ayuden a cargar los siempre necesarios graves), solos donde los primeros atriles marcan la expresión bien arropados por el resto, matices amplísimos desde unos pianissimi con calidad hasta los siempre necesarios fortissimi que nunca resultan estruendosos, destacando que en esta tercera los finales no son poderosos sino delicados como bien resaltó el titular portugués, buen maestro de ceremonias capaz de expresar de palabra y aún mejor con la música la belleza del compositor alemán. El Andante emocionó con el clarinete inspirado de Andreas Weisgerber pero especialmente el conocido Poco allegretto fue una cascada de lirismo, desde los cellos al solo de trompa de José Luis Morató, el Brahms romántico a más no poder, para acabar con el Allegro valiente en el tempo, jugando con los contrastes, en una interpretación coherente, bien delineada  con contrapuntos destacados  al detalle (de nuevo ‘dios Bach’ en la estructura), el melodismo puro del mejor sinfonismo germano con la sinfónica asturiana.

Y la próxima semana un estreno de David Moliner más el sexteto Capriccio, op. 85 y Una vida de héroe (de R. Strauss), nuevamente con Nuno Coelho y el regreso de Simovic como concertino, un plus de energía para cerrar febrero, que contaré desde aquí.

PROGRAMA

MAURICE RAVEL (1875 – 1937):

«Ma mère l’oye»: Suite

I. Pavane de la Belle au bois dormant – II. Petit Poucet – III. Laideronnette, Impéra- trice des pagodes – IV. Les Entretiens de la Belle et e la Bête – V. Le Jardin féerique

ALBAN BERG (1885 – 1935):

Concierto para violín «A la memoria de un ángel»

I. Andante – Allegretto / II. Allegro – Adagio

JOHANNES BRAHMS (1833 – 1897):

Sinfonía nº 3 en fa mayor, op. 90

I. Allegro con brio – II. Andante – III. Poco allegretto – IV. Allegro

Older Entries Newer Entries