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La Serenissima Oviedo

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Jueves 10 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara, V Primavera Barroca, Accademia Bizantina, Ottavio Dantone (clave y dirección): Anónimo veneciano: obras de Vivaldi, Albinoni, B. Marcello, G. B. Platti y B. Galuppi.

Jugando con la historia-ficción, la Serenísima República de Oviedo fue una ciudad-estado situada en el norte de España, a orillas del mar Cantábrico, y que luego reunió bajo su dominio a todos los vénetos de Gijón, Avilés, más las cuencas del Nalón y Caudal formando un ocho que aglutinaría la mayor parte de la población astúrica. Su capital fue la ciudad de Vetusta, y existió como estado independiente desde el siglo IX hasta 1797. También se la conoce con el nombre de Serenissima Repubblica di San Mateo, pues es su santo patrono aunque el Salvador reine sobre todos. Paralelismo con Venezia aunque falten dogos y sobren jabalíes, pero la vida musical de esta república no tenía nada que envidiar a otras europeas, fuesen repúblicas, condados, monarquías o estados independientes.

Volviendo a la cruda realidad y saltando fronteras espacio temporales, Oviedo sigue siendo «La Viena del Norte» por la amplia oferta que esta semana arranca de jueves y termina el domingo, intentando contarlo todo desde aquí. El cura pelirrojo y músico veneciano más famoso moriría en la capital austríaca, y este jueves sería casi homenajeado en compañía de varios paisanos suyos.
Porque ya es «Primavera Barroca» en Vetusta, ciudad de película, casi un lejano séptimo sestiere de la fotogénica e invadida Venecia a la que nos transportaba allá por 1970 «Anónimo Veneciano«, una película de Enrico María Salerno con música original de Stelvio Cipriani protagonizada por la guapísima Florinda Bolkan y Tony Musante, en el papel de oboísta moribundo que nos descubriría a muchos la hermosísima música de Benedetto Marcello. Rememorando película y música llegaba la impresionante Accademia Bizantina de Ottavio Dantone, el barroco veneciano para hacer un repaso del concierto italiano en sus tres formas principales, concerto grosso, concerto ripieno y concierto con solista como bien explica mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón en las notas al programa que dejo aquí.

Nuevo lleno en la sala de cámara ideal para este formato que tiene un público fiel, educado y entendido, con presencia de asistentes internacionales al «Congreso Internacional sobre las orquestas y la música sinfónica del siglo XIX en Europa» de la Universidad de Oviedo (también colaboradora con el CONSMUPA de las conferencias previas a estos conciertos primaverales) acompañados entre por los catedráticos Ramón Sobrino y Mª Encina Cortizo, así como el Concejal de Cultura Roberto Sánchez Ramos Rivi junto a Cosme Marina como director artístico de la Fundación Municipal de Cultura, y Antonio Moral, el director del CNDM que organiza este ciclo en colaboración con el Ayuntamiento de Oviedo, que esperemos deje ya firmada la sexta edición de esta primavera que resulta todo un éxito como pudieron comprobar «in situ», aunque haya comunicado su decisión de no seguir en el cargo.

La música nos transporta donde queramos, y continuando con imágenes muy personales, salían a escena los académicos bizantinos, doce apóstoles con su guía Dantone, todos de negro riguroso como las góndolas venecianas, respeto y tradición que no luto, para compartir con nosotros este nuevo testamento instrumental. Cada discípulo un virtuoso, Alessandro Tampieri concertino y casi mano derecha a la izquierda del Maestro, evangelizando junto a Lisa Ferguson, Diego Mecca y el otro Alessandro, Palmeri, más Tiziano Bagnati «discordante» por laúd, cuerda punteada frente al resto frotada e igual de fiel que el resto de compañeros.
Música cual palabra divina, serena, única, jugando con las formas desde un sonido cuidado, lleno de matices, limpieza en los planos, dinámicas en su punto capaces de convencer y vencer silencios, sonido bellamente moldeado por cada «sección» en el número ideal: tres primeros violines, tres segundos, para puntualmente actuar dos solistas, y seguir a pares con violas y cellos, más un contrabajo en perfecta comunión, el citado laúd que brilló siempre, especialmente en las dos propinas, y el «capo Ottavio» al clave, mandando con gestos, manos, respiraciones, trabajo de orfebre tímbrico en cada compositor y obra. Vivaldi en mayoría, para inaugurar cada parte (genial la Sinfonia de «Dorilla in Tempe», RV 709 con el guiño primaveral final) y cerrar este «concilio veneciano». El Concierto nº 5 en la mayor para dos violines, RV 519 no pudo ser mejor broche, antes de las dos propinas, excelencia de solistas con uniformidad sonora y artística, pero también Albinoni y su Sinfonia a 4 en fa mayor, el imprescindible Benedetto Marcello de esta «película» con el Concerto grosso en mi menor, op. 1 nº 2 reconstruido por el propio Dantone, ejerciendo de virtuoso solista en el Concierto para clave y cuerdas en la mayor, I-57 nº 6 de Giovanni B. Platti, nuevo asombro de dinámicas, balances y textura para irnos al descanso con excelente sabor de boca.

El barroco de libro, las tres formas mostradas en plenitud, los tiempos alternados, duraciones breves que hacen de estas músicas las ideales para un consumo responsable cuando se interpretan con esta calidad, trece virtuosos más que suma de doce y uno para conseguir un sonido genuino, empastado, agradable al más exigente, haciendo reconocible hasta el propio Anónimo veneciano del Concierto en sol menor reconstruido por el Maestro Ottavio con sus adláteres, receta de tres tiempos con aroma propio, misma tonalidad que la de «Il Buranello» Galuppi con su Concierto nº1 a 4 en sol menor que en compañía de famosos brilló al mismo nivel. Grandeza de una música no siempre respetada, manida sin contemplaciones, explotada comercialmente de reclamo para todo, que cuando se interpreta como lo hacen Dantone y sus doce apóstoles la convierten más en «palabra de dios barroco», sin tomar su nombre en vano y santificando estas primaveras de la Serenissima Oviedo.
Atentos que cada día hay ceremonias en El Templo de Beca, esperando no nos expulsen…

Feliz desfile barroco

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Miércoles 2 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara, V Primavera Barroca: Sara Mingardo (contralto), Forma Antiqva, Aarón Zapico (clave y dirección): “Una dulce promesa”, obras del Seicento italiano. CNDM, Fundación Municipal de Cultura.

Crítica para La Nueva España publicada el viernes 4 añadiendo «links», fotos propias y cambiando la tipografía eliminando comillas para utilizar negrita y cursiva:

Los hermanos Zapico siguen trabajando casi a destajo entre Europa y América, enlazando proyectos como el último Literes en la Fundación March con su nuevo disco, séptimo con el sello alemán Winter & Winter, triunfando allá donde van. Volvían este miércoles sin rencores a la casa de la que les echaron (desdichas políticas, burocráticas…) pero llevando igualmente el nombre de Oviedo, de Sama y de Asturias por todo el mundo, haciendo disfrutar el barroco desde su visión personal, atrevida, valiente y respetuosa, que quita capas oscuras y devuelve brillo a lienzos opacos o apagados, casi como nuestra sociedad actual.
Forma Antiqva llenaron la sala triunfando en su tierra además de traernos un regalo, toda una leyenda del canto como la contralto veneciana Sara Mingardo (1961), quien hace diez años cerraba temporada cantando los Kindertotenlieder de Mahler con la OSPA y Valdés, aún en mi recuerdo. Figura de talla mundial que ha actuado junto a grandes batutas y orquestas, un referente en el barroco de amplio catálogo discográfico plagado de premios y reconocimientos, ‘La Mingardo’ resultó un auténtico lujo tenerla en Oviedo, la Viena del Norte, junto a ‘Los Zapico’ (que acompañaron en esta misma temporada a otra italiana de altura como Anna Caterina Antonacci), y un día después los madrileños en el Auditorio Nacional.

Aarón, el mayor de los hermanos, al clave y dirección junto a los gemelos Daniel (tiorba) y Pablo (guitarra barroca) se rodearon para esta cita especial de otros cuatro músicos habituales en sus proyectos: la chelista canaria Ruth Verona, a quien suelo llamar “la cuarta Zapico” por los años y proyectos juntos, el dúo de violines catalán y malagueño respectivamente, Jorge Jiménez y Daniel Pinteño, más Alejandro Villar en las flautas de pico, un leonés en la gran ‘Familia Antiqva’, presentándonos un recital variado en combinaciones y “afectos” de casi noventa minutos con siete bloques diferenciados más por los aplausos que por el orden establecido, siendo la cantante italiana quien tornase silencios en vítores como solo figuras de su talla son capaces de lograr. La alternancia entre instrumentales y vocales tuvieron una continuidad muy buscada y trabajada, preparando ánimos, tonos, ritmos, combinaciones tímbricas y armónicas entre los siete músicos antes de la feliz irrupción de los textos cantados desde el dominio total de Sara Mingardo.

Un aria de Biagio Marini abría velada, el instrumental Antiqva cual taller de costura que iría confeccionando a medida de la señora Mingardo toda una colección de “los felices 600” para vestirla de pies a cabeza sin olvidar complemento alguno: joyas, tocados o calzado. Su voz el cuerpo con melodías de líneas siempre bellas en su desnudez, bien conservadas, todavía carnosas en emisión, delicadamente perfecta y derrochando musicalidad con todo: la mirada, una sonrisa, un leve gesto nunca afectado, quedando aún el ropaje y los accesorios, las armonías y el “bajo ostinado”, el grave para pisar con seguridad, los agudos cual sombrero con plumaje, y los distintos vestidos un verdadero desfile de calidades, señorío y elegancia natural con perlas al clave marca de la casa o caídas en rasgueos gemelos.

Los compositores como diseños o patrones conocidos comenzando con Andrea Falconieri, O bellissimi capelli junto a las “folías hechas para su señora Doña Tarolilla de Carallenos”, terciopelo con hilo de plata, dúos de violines y flauta cantada sin palabras, tejidos de abrigo previo al gran Monteverdi vestido nupcial, Voglio di vita uscir etéreo con el ‘cuarteto Zapico’, sensual, susurrado, cortando silencios antes de romperlos con atronadores aplausos. Otro tanto el conocido Lamento d’Arianna confeccionado desde la Sinfonía 15 “Dolente partita” (Kapsperger), el taller musical completo, satén y otras calidades en una capa antes de resbalar dejando entrever el juego de la disonancia tensa que resuelve relajada en feliz compañía para descubrir otro monteverdiano Quel sguardo sdegnosetto, improvisaciones sobre la Capona y la Chacona, alfombra roja tejida y teñida con esmero, lentamente, sumando tiorba, guitarra, clave y el último chelo impulsando el pie de Doña Sara para pisar con aplomo, ritmo y elegancia. Misma hechura con la última folía de Merula, veneciana en todo su esplendor como partitura y cantante.

No todo sería oropel y encaje, la cantata de Carissimi “Deh, memoria, e che più chiedi?” traería sedas naturales tejidas en la Cuenca del Nalón por los hermanos para lucir casi en la intimidad, sin complejos y a la medida de la señora, recreándose en cada bordado ornamento tras la preparación de “La Loda” (Merula) a cargo del taller musical completo, mismo diseño elegido para el cierre de este desfile barroco. No quiero olvidarme de Allor che Tirsi udia (Giovanni Salvatore), casi tocado o zapatos a medida como accesorios de este atelier instrumental, pues su canto lo confeccionaron entre todos salvo Villar, que usaría tres tesituras de flautas cual canto sin palabras a lo largo de este catálogo primaveral.

Aarón Zapico agradecía el apoyo y confianza en ellos depositada por quienes siguen creyendo en sus proyectos, a los que han estado siempre a su lado en esta sólida carrera que despegaba hace veinte años en Sama con su padre Eloy siempre en el recuerdo. Comentó finalmente que el programa era osado, valiente, lleno de sorpresas, y así fue sin defraudar en ningún momento. El conjunto dio juego tanto solo como acompañando a la leyenda italiana, dando una verdadera lección de canto, un bis del primer Falconieri siempre distinto, del que confesó fue la primera obra aprendida, despidiéndose con la perspectiva y madurez que da una carrera como la suya, dejándonos una paleta de colores para vestir toda la gama emocional y pureza de la contralto junto a estos acompañantes.

El camino sin final

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Lunes 30 de abril, 20:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA): La Castalia, Curso de Repertorio Vocal, concierto de clausura. Directores: Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto) y Manuel Burgueras (piano). Entrada libre.

Será pasión musical o deformación profesional que siga con atención, siempre que puedo, los cursos de perfeccionamiento, profundización y todo aquello que tenga relación con esa máxima de «morir aprendiendo», pues en cualquier faceta de la vida pero aún más en la música siempre estamos aprendiendo. Así que me encantó volver al Palacio del Conde de Toreno en la plaza Porlier para comprobar el trabajo de La Castalia que lleva más de quince años organizando estos cursos, la colaboración con el RIDEA sin la que no sería posible llevarlos a cabo, tras la negativa de subvenciones por parte de políticos e instituciones, y sobre todo la evolución de unos cantantes a los que sigo en mayor o menor medida.

La velada comenzó con una presentación reivindicativa de la profesora y directora artística de la asociación cultural La Castalia, Begoña García-Tamargo, donde recordó las penurias no ya económicas en cuanto a la ausencia de subvenciones para ellos, sino también culturales defendiendo nuestra Zarzuela, releyendo lo escrito por Chapí 1)  hace 112 años y negándose como tantos a su privatización por decreto, de la Fundación del Teatro Real. Nuestro patrimonio y nuestras voces para el género más representativo que sigue luchando frente a los foráneos y ni siquiera en igualdad de condiciones.

Se hace camino al andar y nada mejor que comenzar con zarzuela por la primera soprano del elenco vocal, la navarra Inés de Arbizu, la segunda vez que la escuchaba, y quien también cerraría este concierto, profesional que como todos, sigue perfeccionándose y ampliando repertorio. Defendió con seguridad «La canción del Arlequín» de La Generala (Amadeo Vives) y la disfrutamos tanto con Gustave Charpentier (1860-1956) en Depuis le jour de «Louise«, auténtica «pirotecnia» que exige control absoluto y dominio técnico, más las hermosas Aguas de Primavera (Vesennije vody), op. 14 nº 11 de Sergei Rachmaninov, cual banda sonora de la tormenta que caía en el exterior y se colaba por desagües y canalones, sin perder concentración, musicalidad ni buen gusto. Soprano a seguir de cerca y el acompañamiento maestro de Burgueras, también acertado en cuanto a bucear en repertorios siempre adecuados a cada voz.

El momento emotivo lo puso el violonchelista Santiago Ruiz de la Peña hijo, una mayoría de edad con este regalo de poder interpretar el Concierto para violonchelo y orquesta en la menor, op. 33 de Camille Saint-Saëns con el piano de Sergey Bezrodny, joven con la música antes de nacer por sus padres y ejemplo de elección por su parte de un arduo camino sin fin donde el sacrificio será diario, aplaudiendo su opción y el apoyo en casa para una carrera de auténtico fondo. La muestra este concierto del compositor francés muy trabajado, con acompañamiento de virtuoso y la búsqueda personal de un sonido propio, afinado y afianzado, pues la interpretación como el sentimiento mostrado le vienen de raza, no en vano se suele decir que el violonchelo es el instrumento más parecido a la voz humana, feliz conjunción familiar.

El barítono Pedro La Villa está evolucionando en cada curso, ganando en color y emisión, le cuesta «soltarse» por lo que elegir sus dos obras fue otro punto favorable, el aria Va tacito e nascosto del «Giulio Cesare» (Händel) algo pesante y demasiado silábica, y sobre todo la canción sobre texto de Shakespeare Take, O take those lips away (Roger Quilter) donde la escritura «de salón», camerística con el piano le dan más cercanía y expresión que la ópera barroca.

Algo parecido podría decir del tenor asturiano Adrián Begega con Thy rebuke… Behold, and see… But thou del «Messiah» de Händel, ayudándole cantar con las manos ocupadas en la carpeta, habitual en los oratorios y cantatas, para disfrutar mucho más en el Poème d’un jour (Gabriel Fauré) siendo aplaudido en cada uno de los tres de nuevo con el piano de Burgueras coprotagonizando estas canciones de concierto donde Begega brilla con un color propio de amplias dinámicas y buena dicción.

Avance significativo de la soprano Canela García en cada curso donde la escucho, mucho trabajo previo cuyo premio será a largo plazo pero donde el estudio y repertorio irán dándole alegrías en una búsqueda dirigida por buenos maestros. El «Offertorium» de la Misa Sacra en do menor, op. 147 (R. Schumann) mantiene su voz contenida aunque requiera uniformidad de color en todos sus registros, mientras que con la romanza En la calle del Ave María del sainete lírico «La Canción de la Lola» (Chueca y Valverde) la soprano explora sonidos desde el idioma propio junto a la interpretación siempre necesaria de la música para la escena.

Termino con mi querida mezzo María Heres, joven apasionada de la música para quien el canto es casi obsesión, activa y pasiva, disfrutando en conciertos, participando con la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» en el Festival Lírico carbayón, y formándose continuamente, buscando, ahondando, investigando, asesorándose para encontrar lo mejor para su voz que sigue ganando enteros en agudos y graves, color con personalidad, emisión clara y matizada, que en la primera aparición nos dejó un A Chloris (Reynaldo Hanh) cómplice con el piano del maestro Manuel, y la conocida aria Cara sposa de «Rinaldo» (Händel) sentida, convencida, metida en un repertorio donde se la nota feliz, recuperando el registro de mezzo o contralto últimamente «robados» por los contratenores. Y mostrándonos el rol cómico que no puede esconder, de nuevo defendiendo nuestra zarzuela en el registro apropiado, nada menos que a Gerónimo Giménez y «La Tempranica» con su zapateado más conocido como «La tarántula» tan exigente en la reducción orquestal para el piano como en el trabalenguas del texto encajado en un cuplé de altura que María nos cantó con aplomo, gracejo y solvencia.

Gracias a todos por esta despedida de «abril, aguas mil» donde el diluvio fue de ilusión por parte de los intérpretes, «a mal tiempo buena cara» por la entrega y pasión del dúo Begoña-Manuel, y servidor tan refranero como Sancho Panza en un país que necesita muchos Quijotes para seguir defendiendo y apostando por nuestro patrimonio y nuestra cultura, aunque «no hay peor sordo que el que no quiere oir«. Al menos seguiremos con la música porque «quien canta, sus males espanta» y «donde música hubiere, cosa mala no existiere«…

1) Ruperto Chapí: «Mientras el Teatro Real sea un teatro extranjero, mientras no se organice con dirección al arte Nacional, mientras este arte no haya de encontrar allí más que desdenes de la parte de un público hostil, bien va como va. Vengan o vayan «Lucias» y tenores Marconis, que todo ello se caerá sólo como lo del cuento. En tanto, ya lo sabéis compositores españoles, el Teatro Real, por ahora, no es nuestro reino«.

Grados de madurez

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Sábado 28 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Jorge Luis Prats (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de Omar Navarro, P. I. Chaikovski y J. Brahms.

Tenía varios títulos para esta entrada como «Joven madurez», «Madurez juvenil», «Juventud y madurez», mezclando sustantivo y adjetivo para encontrar la forma de explicar este concierto sabatino con un frío exterior contrapuesto al calor e ímpetu de la velada, decantándome por los distintos «Grados de madurez».
De la madurez en general tengo que hablar para comenzar diciendo que la orquesta capitalina, la Oviedo Filarmonía (OFil) que sigue sin titular, está en esa plenitud alcanzada con el tiempo, siendo las «escapadas de la zarzuela» como un estímulo, saltar del foso al escenario en busca de calidades, más con los refuerzos del CONSMUPA que ayudaron a redondear sonoridad pese a contar de nuevo con solo cuatro contrabajos aunque la tarima sirvió de amplificador; sumemos a Lucas Macías Navarro (Valverde del Camino -Huelva-, 1978), oboísta triunfal en distintas orquestas de renombre mundial y ahora director joven pero ya maduro, recientemente nombrado principal director asistente de la ópera parisina, al que le pronto le saldrán más novias a la vista de sus éxitos al comprobar cómo hizo sonar de madura a la OFil.

Madurez juvenil la del «debutante» Jorge Luis Prats (Camagüey, 1956) en Oviedo, un cubano optimista que parece triunfar algo tarde (sus biografías ponen 2007 como año del despegue internacional) y del que escriben que «sus interpretaciones se basan en los sentimientos y rechazan la teoría«, si bien preferiría ambas cosas. Estoy bastante de acuerdo con «su poderosa pulsación, ataques certeros y fulmíneos, magnífico juego dinámico y su digitación» aunque lo matizaré más adelante, destacando un ímpetu casi adolescente, con todo lo que ello conlleva, contrastando con su voluminosa presencia.

La joven madurez le corresponde al pianista, compositor y director Omar Navarro (Oviedo, 1983) de quien pudimos disfrutar el estreno absoluto de Nocturno para orquesta, con el que se abría el concierto. Su coetáneo Daniel Moro Vallina explica bien en las notas al programa el influjo de la noche no solo en esta partitura, diciendo que «no se trata de un guiño al impresionismo, con su recreación de atmósferas, sino de una reflexión sobre cómo un mismo espacio cambia si se contempla desde diferentes ángulos«, aunque personalmente me evocó esa atmósfera francesa tanto de Debussy como de Ravel en la orquestación (con arpa y celesta), en las líneas melódicas o en el propio armazón de este nocturno sinfónico. Dedicado a los músicos de la orquesta que con Macías alcanzaron unas texturas claras y precisas pese a los cambios de tiempo que encajaron sin problemas, gracias a la implicación de director y orquesta en esta obra nueva que suena atemporalmente conocida, será por ese carácter noctámbulo que muchos compartimos, esperando tenga largo recorrido porque la partitura y su autor lo merecen.

El popular Concierto para piano y orquesta nº 1 en si bemol menor, op. 23 (Chaikovski) admite enfoques para todos los gustos, aunque el de Prats con la OFil y Macías no me convenció mucho, puede que por falta de claridad, excesivo ímpetu en el solista (que no es el de hace diez años), dificultades de concertación ante un rubato por momentos exagerado, si bien no puedo negarle al cubano de padres españoles su pasión algo desmesurada para esta joya de concierto con cierto poso más que reposo, porque como dice el refrán «el que tuvo retuvo«.

La poderosa pulsación no llevó pareja la exactitud en los ataques, sus dinámicas exageradas lo fueron de principio a fin, siendo más agradecidas en el Andantino semplice, con un pedal que ensució más de lo debido aunque hubiese pasajes con aciertos tímbricos, más por el balance instrumental desde el podio que por limpieza en el teclado. Domar este ímpetu juvenil a ciertas edades desde un podio respetuoso se tornó arduo, gustándome más el sonido orquestal que el pianístico, interpretado con pasión por el pianista y atención por una orquesta que intentó plegarse al solista.

Lo mejor tras el Chaikovski previo fueron las cuatro propinas de verdadero sabor latino, de nuevo por entrega más que por virtuosismo. Él mismo en una entrevista hace dos años y medio para El País decía: «yo soy un músico de la calle, pero me encanta decirlo porque, la verdad, todos a quienes admiro lo fueron. Y las raíces de toda la música que consideramos clásica, de Bach a Schubert, son populares«. Y popular en intención y tradición comenzó con su paisano Ernesto Lecuona y la conocida Siempre está en mi corazón que yo descubriese de crío cantada por Alfredo Kraus, al piano todo sentimiento, ambiente nocturno de club en la Florida del exilio, la música folclórica de ida y vuelta, sin etiquetas y directa a lo más íntimo. Ritmo innato llevando lo popular hasta la sala de conciertos como Lecuona con sus Danzas cubanas o las homónimas de Ignacio Cervantes que también están en su repertorio, caso de Los delirios de Rosita, El velorio, La negra también bailaba, más la última y breve Mazurka también de Lecuona, juego con un dedo en glissandi uniendo folclore y humor en el repertorio donde mejor se mueve este juvenil cubano maduro.

Para la segunda parte Brahms y su Sinfonía nº 2 en re mayor, op 73 donde Macías sacó lo mejor de la OFil, unos violines tersos y claros, las violas con su momentos álgidos cantando varias notas de la famosa «canción de cuna» en el Allegro non troppo, los cellos con Ureña marcándose un solo también de lo más lírico, cuatro contrabajos dándolo todo en presencia y claridad, las maderas bien empastadas con intervenciones dignas de admiración y hasta los metales redondos, afinados, sin olvidarme de los timbales mandando con su precisión habitual. Los tiempos elegidos casi metronómicos en las indicaciones, sin demasía, como el Adagio non troppo sin decaer, el Allegretto grazioso (quasi Andantino) perfecto en los planos, y el potente y último Allegro con Spirito coronando una segunda de Brahms digna de las orquestas y directores grandes, y la de Oviedo lo fue este último sábado de abril.

Educando desde el Romanticismo

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Viernes 27 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Inspiración III, abono 11 OSPA, Peter Pearse (piccolo), Cristóbal Soler (director). Obras de Schumann, Stephenson y Schubert.

Este viernes se recuperaban los encuentros con el compositor una hora antes del concierto, siendo esta vez Luis Vázquez del Fresno (Gijón, 1948) quien mantendría junto a Ana Mateo y los pocos afortunados presentes en la sala de cámara, unos diálogos sobre su vida, herencia musical desde la infancia, mayor por el lado materno, sus años de estudiante en Gijón, Madrid o París, la larga carrera de pianista, su tarea docente como catedrático en el CONSMUPA asturiano, y el siempre compositor rompedor en su momento, conocedor de las llamadas vanguardias en primera línea que no hubo de abrazar sino simplemente estudiarlas para tener un lenguaje propio que como la propia vida, tiene distintos momentos. El maestro gijonés es «compositor invitado» esta temporada, pudiendo escuchar en diciembre la suite Florilegio del alba de su ópera La Dama del Alba que todos esperamos escuchar en vida, contándonos una primicia: el contratenor Carlos Mena ya tiene su partitura para ser «La peregrina» pues su voz de contralto es perfecta para el personaje, con más de cuatro mil compases escritos donde solo pidió al compositor cambiar dos notas… lógica de quien conoce la voz humana y escribe como músico.

Para el undécimo de abono tendríamos de nuevo a Don Luis (al que conocí en su faceta de pianista y compositor en la Filarmónica de Mieres allá por los inicios de los años 70) con la «Primera serie orquestal» del Álbum de la Juventud, op. 68 (selección) de Schumann, de la que también nos habló contándonos la peripecia que relata el autor de las notas al programa Ramón Avello en El Comercio de la partitura original que dirigiese Benito Lauret a la Orquesta de Cámara de Asturias (después OSA, Orquesta Sinfónica de Asturias con Víctor Pablo Pérez, predecesora de la actual OSPA), quemándose en un enero de 1979 fatídico los bajos del Campoamor con instrumentos y parte del archivo de la orquesta, entre otros papeles, la partitura original y las ‘particellas’ de esta obra de Vázquez del Fresno, cual fuego purificador, pues el autor a partir de una grabación casera en cassette (como lo hacía yo con él en Mieres) rehizo la orquestación con la visión y oficio que dan los años y la experiencia.

La obra de Schumann dirigida por Cristóbal Soler (debutando con la OSPA aunque conocido en el foso del Campoamor en la temporada de zarzuela) sería la que abriría velada, selección de esta obra de piano de la que el maestro Vázquez del Fresno contó su acercamiento en París tras arduo trabajo con el Dante de Liszt, y cómo su profesora le dijo la dificultad que entrañaba esta aparente obra didáctica, música pura más allá de los títulos, así que el orquestarla vendría tanto de oficio y conocimiento de la partitura como del espíritu docente en tanto que resulta ideal para su interpretación por parte de orquestas de conservatorio como el propio Vázquez del Fresno comentaba en la conferencia. Nueve números, breves, bien elegidos y orquestados que «engrasan» tanto a la formación en plantilla habitual como a las secciones que tienen todas su protagonismo, con exigencias que desde el podio hacen predominar unas u otras en auténtico trabajo de orfebre, un «piano sinfónico» posibilitando distintas dinámicas y planos imposibles en las teclas pero soñadas y sonadas en la orquesta del director valenciano, múltiples colores de la composición original que un músico global como el gijonés ha llevado a lograr lo imposible, en el mismo camino que Rueda con Albéniz por citar a un contemporáneo suyo que también la OSPA ha interpretado. El público que acudió en mayor número que anteriores conciertos, aplaudió la «revisión» de estas piezas obligando a salir y saludar al profesor Vázquez del Fresno.

Peter Pearse es el flautín de la orquesta (entrevistado en OSPA TV) y buen representante de la calidad de todos sus solistas, a los que se les da la oportunidad de dar el paso al frente para un concierto con ellos, caso del Concertino para piccolo, cuerda y clave (1979) del inglés Allan Stepheson (1949), obra y solista que derrochan amabilidad, simpatía, carácter afable y gracejo, casi un juguete lleno de humor y delicadeza con cuerda de casa y clavecinista también conocida en un verdadero transporte al pasado barroco «revisitado» más que revisado, maravilloso comprobar la belleza sonora del instrumento más pequeño de la orquesta cuando se escribe y ejecuta con la maestría del undécimo de abono. Guiños de humor a obra y compañeros desde el Allegro amabile, recuerdos clásicos con aires de pavana francesa del hermoso Molto lento y la virtuosa última Marcha: Allegretto. Impresionante la sección de cuerda de la OSPA junto al «contrapunto» del clave de Silvia Márquez redondeando una obra de nuestro tiempo con aromas académicos y regustos románticos.
No digamos la propina de Bach y su Badinerie de la Suite nº 2 (aún fresca en el oído) en octava aguda y ornamentada con el gusto y pureza sin estridencias de un flautín de cuento junto a una OSPA aún más de cámara, ideal con el Maestro Soler que la llevó con claridad y dominio. Ramo de flores de Myra Pearse para su esposo y colega junto a todo el cariño de un público y compañeros de la orquesta que le aplaudieron largamente.

El siempre necesario de escuchar Franz Schubert ocuparía toda la segunda parte, de nuevo con la plantilla habitual de la orquesta asturiana y el invitado maestro Soler (entrevistado en OSPA TV) llevándola literalmente de la mano, delicadeza y firmeza, primero con Rosamunda: obertura, D. 644 de ideas claras en discurso, tiempos y sonoridades, para leernos a continuación el maestro valenciano la carta de Franz a su hermano Ferdinand al inicio de su enfermedad, cuya muerte le llegaría en plena composición de la Sinfonía nº 8 en si menor, D. 759 “Inacabada”, una escucha que nos dejó con la sensación de plenitud y gratitud, todo en su sitio interpretado con naturalidad fluyendo en todos. Y es que no pueden faltarnos los grandes sinfonistas a lo largo de la temporada, son nuestra memoria colectiva y casi obligados para toda formación orquestal, más cuando se les hace trabajar con seriedad, disfrutando del sonido claro y preciso de cada familia orquestal en el punto adecuado, con la búsqueda y elección de la tímbrica justa con las dinámicas y balances deseados.

La obertura del ballet ayudó a «completar» este Schubert vienés con unos matices capaces de acallar toses y disfrutar «pianissimi» emocionantes, brillando especialmente el oboe de Juan Pedro Romero, el clarinete de Andreas Weisgerber, el trío de trombones y de nuevo esa cuerda «marca de la casa» donde los violonchelos pusieron la voz a la conocida melodía de «la inacabada», paso del clasicismo al romanticismo que nunca muere cuando se le interpreta como este viernes.

Beethoven limpio, Mozart dorado

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Miércoles 25 de abril, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Claire de Sévigné (soprano), Valentina Stadler (mezzo), Maciej Kwaśnikowski (tenor), George Humpreys (barítono), Orquesta del Mozarteum de Salzburgo, Coro «El León de Oro» (Marco A. García de Paz, maestro de coro), Leopold Hager (director). Obras de Beethoven y Mozart.

Hace ocho años que el maestro salzburgués Leopold Hager (6 de octubre de 1935) estuvo en este auditorio asturiano con Maria João Pires y la Staatskapelle Weimar en un «concierto de disco» como titulé entonces la entrada del blog. A la pianista esperamos poder despedirnos de ella el próximo 12 de mayo (toquemos madera) y al director austríaco que respira Mozart desde su nacimiento, felicitarle de nuevo porque sigue siendo referente en la música de la llamada «Primera Escuela de Viena», siendo este último concierto otra joya para el recuerdo, más aún teniendo al coro asturiano LDO compartiendo escenario en otro hito dentro de sus veinte años de carrera para confirmarse como histórico. Las notas al programa de Iván J. Román Busto tituladas «Viena, Milán y Salzburgo«, que dejo enlazadas arriba en los autores, completan la información de este concierto para el recuerdo.

No se escucha mucho la Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 36 de Beethoven, todavía de estructura clásica y con aires mozartianos en el último Allegro molto pero con mucho del genio alemán que bebería del salzburgués y viviría en Viena esa época única, con el Scherzo sustituyendo al Menuett del tercer movimiento, jugando con las dinámicas y estirando motivos. Hager llevó a la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo con toda su sabiduría y buen hacer de memoria, siempre de gesto preciso para exprimirla desde una pureza en el desarrollo y los planos sacando a relucir las calidades de todas y cada una de las secciones en disposición vienesa como era de esperar con violines enfrentados, contrabajos a la izquierda y timbales a la derecha: cuerda corpórea, limpia, virtuosa y con poso, la madera de excelencia y empaste donde brillarían tanto oboes y fagots como clarinetes, más unos metales redondos, aterciopelados tanto en trompetas como trompas de afinación y presencia ideales. Qué placer paladear esta sinfonía compuesta en un momento crítico del sordo de Bonn sabiendo que la tercera despegaría hacia el imparable romanticismo desde la Viena del cambio de siglo que tantísimo arte atesoraría y legaría para la posteridad.

La segunda parte nos traería a Mozart, otro genio muerto en la capital austríaca con dos perlas vocales de su amplio catálogo, primero disfrutando de la soprano canadiense Claire de Sévigné en el hermosísimo motete Exultate, jubilate K 165/158a que han cantado y grabado las mejores voces de la historia, al completo y con la orquesta sonando pura, precisa, colorista, mimando las intervenciones solistas gracias al magisterio del jovial Hager, descubriéndonos voces jóvenes que enriquecerán carrera con estas páginas llenas de recovecos desde la siempre engañosa simplicidad mozartiana, agilidades de vértigo, registro grave exigente, matices endiablados que con una dirección y orquesta de altura aún resultan más fáciles. Voz ideal la soprano canadiense, contestaciones de la oboe Isabella Unterer igualmente magistrales y el ropaje perfecto de una orquesta creada para honrar al genio en cada concierto.

La Misa de Coronación para órgano, coro, solistas y orquesta en do mayor, K 317 contó con un equilibrado y joven cuarteto de solistas, la citada soprano que volvió a gustarme, más la mezzo berlinesa Stadler, el tenor polaco Kwaśnikowski de color típico para Mozart, y el barítono inglés Humpreys, de poca «pegada» en el grave (como suele pasar con estos papeles «clasificados» de bajo-barítono por los exigentes agudos) pero equilibrando el conjunto, colocados sobre una tarima a la derecha, sumándose un LDO seguro para brindarnos todos ellos una verdadera liturgia de calidades oficiada por el sumo Hager con la Mozarteum, entrega donde solo caben dos peros: la ausencia del órgano en la parte instrumental, y más confianza, incluso descaro con las dinámicas fuertes en las partes vocales (a excepción de la siempre segura cuerda de sopranos). La peculiar plantilla de esta misa brinda un colorido y textura único sumándose el papel protagonista del coro y las intervenciones del cuarteto perfectamente empastado y buscado en esta paleta tímbrica, disfrutando desde el Kyrie inicial hasta el Agnus Dei que sigue sonando a gloria (como el coro). Supongo que la experiencia de cantar con este elenco sea casi mística, la entrega por parte de todos fue total y de nuevo «los leones» pusieron el toque dorado para una misa que vuelve a coronarles en lo más alto del panorama coral tras el anterior y dificilísimo concierto a capella con música renacentista. No se necesitan más de 38 voces para tocar el cielo mozartiano vestidos con los salzburgueses conducidos por Hager para seguir ascendiendo en busca de la perfección («permanente búsqueda de la belleza sonora, experimentar la pureza de la polifonía y la comunidad que surge del canto conjunto» es su ideal). LDO con Marco Antonio García de Paz continúan demostrando su capacidad de trabajo en todos los estilos y periodos musicales, sumando muchos enteros con este Mozart de Oviedo que también llevarán a Valencia. La legión de seguidores (bautizados como leónigans) aumentará en la capital del Turia. Y sobre todo amen…

Antitusivo Bach

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Lunes 23 de abril, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo: V Primavera Barroca, Ensemble de la Orquesta Barroca de Helsinki. «Collegium Musicum», obras de J. S. Bach.

Nuevo lleno en la sala pequeña del auditorio ovetense para una velada con Bach, el mejor antitusivo para un público educado y entregado a estos placeres barrocos, hoy plenamente instrumentales del Kantor en su breve pero feliz estancia en Cöthen, aunque siempre volviese sobre ellas en Leipzig en el Collegium Musicum que fundase Telemann, tal y como recuerda en las notas al programa el especialista sevillano Pablo J. Vayón que dejo, con las obras, aquí escaneadas.

Las páginas musicales que abrían y cerraban concierto nos trajeron dos clavecinistas de lujo: el finlandés Aapo Häkkinen, fundador y director de una orquesta barroca hoy reducida a «ensemble» de solistas, y el conocido francés Pierre Hantaï, que nos interpretaron los conciertos BWV 1061 y BWV 1062 en un derroche de calidades donde era imposible saber cuál era protagonista, quién contestaba a quién o la suma potenciada de unos claves perfectamente afinados que parecían uno, con momentos donde los cuatro teclados crearon una atmósfera milagrosa que hacía reinar un silencio sepulcral, casi reverencial ante Bach Dios nuestro.

El Concierto para dos claves en do menor, BWV 1062 (1736) con sus tres movimientos (Vivace – Andante – Allegro assai), arreglo o recreación del BWV 1043 para dos violines, demostró el entendimiento de los solistas con este buen «ensamblaje» de cuerda frotada, Tuomo Suni y Aira Maria Lehtipuu (violines), Riitta-Liisa Ristiluoma (viola), Heidi Peltoniemi (chelo), colocados como se aprecia en la foto inferior, mandando realmente el francés por ubicación, supongo también autoridad y respeto de sus compañeros nórdicos, fieles representantes del buen hacer y fidelidad interpretativa de estas partituras, donde la calidad individual suma como conjunto.

Para disfrutar del traverso de Pauliina Fred con Häkkinen al clave pudimos saborear la Sonata para flauta y clave en la mayor, BWV 1032 (1736?) donde el genio de Eisenach vuelca su virtuosismo interpretativo y compositivo con ambos instrumentos en perfecta unión tímbrica, dúos que explotará en cantatas varias pero que en esta distancia corta apreciamos con más detalle. Tres movimientos «habituales» o como digo otras veces «barroco de libro», contrastes en todo: aire, compás, matices, virtuosismo en la forma y también en la ejecución del Vivace – Largo e dolce – Allegro, obra conservada curiosamente en la misma partitura de la BWV 1062 que abría el concierto, antes de afrontar todo el conjunto (sin el francés) la conocidísima Suite para orquesta nº 2 en si menor, BWV 1067 (1738/39), con protagonismo no solo de Fred en la flauta sino de esta formación mínima y suficiente para escuchar los siete números o danzas de esta suite en el orden habitual, que podrían haberse variado sin problemas (Ouverture – Rondeau – Sarabande – Bourrée – Polonaise – Menuett – Badinerie) dando juego todos y cada uno de los solistas con limpieza, empaste, aires siempre ajustados, dinámicas perfectas y equilibrios que el propio Bach refleja por la elección de los protagonismos puntuales. Sonido corto respecto a la flauta moderna pero suficiente en el traverso, perlas bien engarzadas en la ornamentación desde la tecla y ensamblaje en el cuarteto de cuerda redondeando una interpretación aseada y sin excesos.

Para cerrar el círculo virtuoso el otro regalo de teclas a pares, el Concierto para dos claves en do mayor, BWV 1061 (1733/34) menos escuchado pero igualmente equilibrado entre ambos solistas y la cuerda frotada, espectacular Allegro, el duelo «sin sangre» entre ellos con un Adagio para paladear cada tecla, cada contestación, cada compás compartido en y por ambos, antes del apabullante Vivace con la suma en fuga de tímbricas, dinámicas y matemáticas elevadas a la enésima potencia, pues «Mein Gott« es el padre de todas las músicas y esta obra, como casi todas las suyas soportan como pocas el paso del tiempo, versiones más o menos historicistas, de jazz, con piano y orquesta, reducciones, revisiones y hasta «barbaridades» que siempre parecen menores desde esta perfección, la misma con la que los nórdicos son capaces de romper el hielo y curar toses.
Todos juntos sumándose el traverso bisaron la popular Badinerie con dos claves donde finlandés y francés permutaron teclados para otra (re)visión del último número de la segunda suite orquestal, nunca más con menos.

Pidiendo PaSO

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Viernes 20 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Música y literatura II», abono 10 OSPA, Mario Gas (narrador), Perry So (director). Obras de Sibelius y Wagner.

Cada concierto de la OSPA con nuestro «colaborador artístico» por no llamarlo director invitado de esta temporada es una satisfacción para el poco público que comienza a preocuparme aunque podría dar algunas causas. Este décimo programa de abono, «Música y literatura II», nos traía dos obras que Perry So explicaba a Fernando Zorita en OSPATV perfectamente y nos refleja el trabajo meticuloso y detallista junto a la pasión que contagia a todos, maneras de pensar y sentir la música desde un profundo conocimiento de ella, dos mundos sinfónicos desde su visión personal y con esa gran orquesta asturiana deseada cuya ampliación se llevó la tijera económica. Gracias a la colaboración con el CONSMUPA pudimos tener una formación con los mínimos refuerzos habituales y doce estudiantes para dos partituras inmensas poco escuchadas. Los músicos comienzan a jubilarse y los jóvenes piden paso, la renovación debe planificarse con tiempo para mantener la calidad alcanzada por una OSPA a la que debemos exigirle siempre lo mejor. Este viernes pudimos comprobar cambios puntuales en los atriles realmente esperanzadores. Lástima no haber tenido tres o cuatro contrabajos más porque el resultado global todavía hubiera subido enteros y la ausencia de RNE que graba normalmente los conciertos en el Auditorio.

La Tempestad, op. 109 (Sibelius) se presentaba en una selección del propio director con quince (de los 34 números) que conforman las dos suites, en un orden personal con la narración de los textos de la obra de Shakespeare traducida al castellano por Ángel Luis Pujalte en la voz de Mario Gas, interpretación que completaría esta música con «visión literaria» bien explicada por Hertha Gallego de Torres en las notas al programa (enlazadas arriba en el compositor) cuya ecualización fue mejorando a lo largo de la obra aunque pillase por sorpresa alguna vez a los responsables del sonido, actor pero sobre todo artista muy ligado a distintas producciones que explican la buena dinámica y entendimiento con la partitura del maestro So.
Orquestación poderosa en todas las secciones para ir poniendo imágenes a esta banda sonora del finlandés inevitablemente romántica cargada de contrastes anímicos, rítmicos, dinámicos, con recuerdos casi folklóricos de la cercana Rusia en distintas danzas para esta festiva singladura por los mares personales. Maravilloso comprobar la calidad de todos los solistas, unas secciones compactas y los planos a flote con buen rumbo bajo capitaneados con mano firme, clara, precisa y  con mando en plaza del maestro. Tras la tempestad inicial vino la calma, momentos de mar como un plato y de oleaje sonoro con calma chicha, no por quietud sino de meditación y remanso en la turbulencia de la propia vida traducida a música sin texto y textos sin música antes de la confluencia. Como la letra del epílogo «vuestro aliento hincha mis velas o fracasará mi idea, que fue agradar. Sin dominio sobre espíritus o hechizos, me vencerá el desaliento si no me alivia algún rezo tan sentido que emocione al cielo y excuse errores«, verdadera ímpetu siempre controlado agradando sin desaliento alguno emocionando a cielo y tierra esta interpretación de este Sibelius rarísimamente escuchado en vivo que completa a más habitual sinfónico todavía por descubrir.

Plenamente romántico y con historia marinera el mito de Tristán e Iseo, surcando de Grecia al universo wagneriano, la música pura de Tristán e Isolda (Wagner) en esta suite arreglada por el holandés Henk de Vileger (1953) en 1994 nos permitió degustar sin cantantes la impresionante construcción del genio alemán en esta «música sin palabras» en siete números de intensidades y emociones graduadas teatralmente reconociendo esa música inimitable. Personalmente creo que Guillermo García Calvo ha ido haciendo a la OSPA más wagneriana, emergiendo del foso del Campoamor al escenario del Auditorio, subiendo por el Campo de San Francisco hasta la colina húmeda para desnudar la palabra y disfrutar la música en estado puro. Con Héctor Corpus de concertino las calidades instrumentales no cesaron nunca, trompas conjuntadas de sonido ateciopelado, trombones y tuba de textura organística en catedral aérea, arpa en el plano adecuado, timbales seguros, madera de color empastado, cuerda dulce o tensa adaptándose al discurrir dramático, Perry So preciso, batuta rectilínea y enérgica cual estilete y mano izquierda atenuando cualquier mínimo exceso que pudiera enturbiar esta historia de amor mitológica.

Conjunto sólido, eficaz, con músculo y delicadeza sumándole unos solistas de lujo como el clarinete bajo de Daniel Sánchez Velasco, la viola de María Moros cuya colocación este viernes permutadas con los violonchelos nos impidió degustar aún más su sonoridad, pero sobre todos el corno inglés de Juan Pedro Romero capaz de enamorarnos en solitario desde el segundo piso y llegar a tiempo para esa escena final de Isoldes Liebestod, una muerte como final argumental romántico y perfecto en un concierto esperado que no decepcionó.

Placeres corales

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Miércoles 18 de abril, 20:30 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: II Semana de la voz: La Voz en la Música Coral. Ensemble Voblana, Fernando Santirso González (piano), Rocío Fernández López (directora). Entrada: 5 €.

Me pregunto dónde está la afición coral mierense, porque de nuevo el auditorio que lleva el nombre de nuestro poeta, escritor, folklorista y músico local presentaba una entrada ridícula y desalentadora para todo el que se sube al escenario, y eso que los artistas viajan con sus familias y amistades, esta vez desde la cuenca hermana. Con esfuerzo se organiza esta semana de la voz y nada mejor que un coro justo cuando la Música Coral ha sido declarada bien cultural de la sociedad en España. cuya texto dejo aquí:

“El reconocimiento de la actividad coral como bien de nuestra sociedad y el apoyo a las iniciativas que persigan su fomento, así como el reconocimiento de la figura del director de coro como elemento indispensable de dicha actividad”.

Un coro de cámara con cuatro voces por cuerda, doce voces más la directora, todas mujeres, voces blancas que son el espejo a seguir con toda una trayectoria detrás desde el Conservatorio del Nalón formando a niños desde los 6 años, entendiendo que para recoger hay que sembrar, y esta mujeres, todas con estudios musicales decidieron en 2015 organizar este coro de VOces BLAncas del NAlón, pues es el acrónimo de su origen (dejo enlazada su página web). Con un programa dificilísimo y variado demostrando que no hay etiquetas, solo buena música coral -hay que buscarla- cantado de principio a fin de memoria con coreografías varias, implicación de todas ellas, no es de extrañar que allá donde van sean premiadas. Elegantes y sobrias, falda azul azulete con top negro, zapatos negros o descalzas, según las canciones, y el tono dándolo una de las componentes para cercanía en la escucha y comodidad en la dirección.

La calidad de VOBLANA es innegable, nos dejó boquiabiertos y disfrutamos como hacía tiempo con su empaste, afinación, sentimiento, buen gusto, desparpajo al presentar distintas componentes cada uno de los temas largamente aplaudidos como no recuerdo en Mieres, y un placer coral junto a mi admiración por estas jóvenes que nos hicieron pasar este miércoles al fin primaveral con sus temas.
Con la sala en penumbra fueron entrando con velas para cantarnos la bellísima canción irlandesa Jersulamen (en arreglo de Michael McGlynn) circulando entre las butacas y pasillos en un efecto de abrazo vocal desde la siempre difícil heterofonía, esa textura única donde las trece voces eran independientes para alcanzar esa belleza indescriptible.

Una muestra de polifonía religiosa con la Salve Regina del húngaro Miklós Kocsár nos transportó a las formaciones monacales, coros de niños o monjas de luz celestial, con unas sopranos sorprendentes y las contraltos sustentando unos graves increíbles para las voces blancas, en esta difícil página llena de disonancias y contrapuntos delicados bien interpretados por las chicas de Voblana.

Ya conocía Nunc dimittis del alicantino Albert Alcaraz, con la contralto solista y el piano de Fernando Santirso González antes de la entrada del coro a capella sumándose el teclado dejándonos una interpretación portentosa.
El gallego Julio Domínguez es otro de los grandes compositores para coro de nuestros días, y el Pater Noster de Voblana conjuga una hermosa partitura y una ejecución detallista, vocalizada y sentida con Rocío Fernández que conoce cada obra a la perfección también como contralto, lo que se nota por el entendimiento entre todos.

Torrevieja es un referente mundial en el mundo de los coros y sobre todo por su certamen de habaneras donde Voblana se presentaron con Habanera Salada (Ricardo Lafuente Aguado) balanceada al ritmo marino con el vuelo de la falda cual olas mediterráneas sobre las que se reflejaron unas celestiales sopranos, estratosféricas en agudos bien emitidos y sin chillar, con una sonoridad envidiable de las trece voces al sumarse la directora que en un extremos simplemente apuntaba y ayudó al final siempre exacto. La repetirían como regalo.

Desconocida para mí esta partitura actual desde México La Muerte Sonriente de la joven compositora Diana Syrse con toda su cultura de celebración alegre para ese paso obligado, resultó un auténtico bombazo por la puesta en escena, recitado previo, de nuevo la contralto solista, la coreografía, sumar instrumentos precolombinos, percusión y aerófonos, crótalos en tobillos o muñecas, percusiones con los pies en las tablas en un auténtico espectáculo, visualmente un placer y vocalmente estratosféricas. El número 13 es mágico y sin supersticiones con Voblana, y la sonrisa fue de oreja a oreja contagiándonos vitalidad, juventud y excelencia musical.

Todavía quedaban dos joyas más. Bob Chilcott es otro reputado compositor coral y con un pianista de talla como Fernando Santirso, sin contrabajo ni batería, pudimos escuchar el «Kyrie» y el «Sanctus» de A Little Jazz Mass, aires de gospel en latín para unas liturgias que deberían ser obligadas cuando se cantan así, voces llenas de matices y dinámicas amplias pero siempre ajustadas, buen gusto y estilo, movimiento corporal adecuado y las trece voces de color único lleno de brillo.

Fin de fiesta mágico con un piano virtuoso necesario para el arreglo de Bohemian Rapsody de Queen, maravilla de mi juventud por la que no pasa el tiempo, la inspiración clásica de Freddie Mercury cuya voz llegó a rivalizar con «la Caballé» para regocijo olímpico. Adaptación para voces blancas y piano que por momentos nos puso la carne de gallina y una lágrima corriendo por la mejilla.

Porque habiendo calidad en la partitura y además en interpretaciones como esta de Voblana y Fernando Santirso nos encontramos con este auténtico espectáculo músico-coral, de trabajada coreografía donde cada motivo daría para una exposición fotográfica, interpretación global tanto corporal como vocal de estas trece flores con piano que espero sigan funcionando en estos tiempos donde la verdadera crisis acaba siendo la intelectual, y mejor desconectar de las noticias para seguir disfrutando con la mejor terapia.

Si es coral y del nivel de Voblana el placer es obligado. Excelencia coral y el mejor de los conciertos de esta II Semana de La Voz organizada por la Concejalía de Cultura y la coordinación de la Escuela de Canto y Repertorio Haragei que dirige mi querida Elena Pérez-Herrero que disfrutó tanto o más que los privilegiados que acudimos este miércoles al auditorio de este Mieres adormecido y gris donde la luz sigue poniéndola la música.

GRACIAS

Mieres escuchando la voz en el musical

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Martes 17 de abril, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: II Semana de la voz: La Voz en el Musical. Con las voces de Silvia I. Fraga, Cristóbal Blanco Fernández, Carla P. Fraga, Aisha F. Romero, Marcos Suárez Fernández (piano). Entrada: 5 €.

Segunda jornada de la semana dedicada a la voz con un recital dedicado al musical, en plural si se quiere, musicales de Broadway o Londres que se han llevado al cine ayudando a su difusión y popularidad. Poco público como en el día anterior pese al debut de Aisha, una joven mierense que promete, sumándose una saga familiar como Silvia con su hija Carla compartiendo escenario aunque no temas. Dos jóvenes promesas debutantes que cantan con esa naturalidad y espontaneidad únicas por su edad, preparándose para una carrera que el tiempo dirá si la disfrutarán como aficionadas o profesionales pero comenzando ya esta andadura. Completaría el escenario un veterano como Cristóbal Blanco que en este repertorio se mueve como pez en el agua por voz y escena, mientras al piano volvía Marcos Suárez quien este martes tenía no ya la responsabilidad de acompañar sino de tocar unas obras cuyas partituras son meros guiones que no ayudan a completar las armonías y ritmos de una orquesta ligera original, así como su «obligación» de mimar a las voces, especialmente las más jóvenes, para llevarlas por el camino seguro. La experiencia es un grado y los llamados pianistas repertoristas deben trabajar épocas y estilos tan dispares como el del lunes o este dedicado al musical, tan difícil y exigente que también ellos acaban especializándose, por lo que mucho ánimo a Marcos que es un «todoterreno».

Leves cambios en el programa y casi todos los temas presentados por los intérpretes e incluso traducidos al respetable por ser inglés el idioma de este género con un público fiel en todo el mundo, ganándole terreno incluso a otros, con Madrid sumándose hace años a las capitales donde triunfa el musical.

Le tocó romper fuego a  Silvia I. Fraga con el bellísimo tema de «Los Miserables» I dream a dream (Claude Michel Schönberg), soñar un sueño para continuar con la canción irlandesa You Raise Me Up del noruego R. Løvland y que popularizase el grupo Il Divo, voz trabajando registros y colores que le queda encontrar aunque esté en el camino y las manos correctas.

Cristóbal Blanco nos dio la bienvenida con la música de Kander y Ebb para el «Cabaret» en tres idiomas: francés, inglés Welcome y Willkommen alemán invitándonos y contagiándonos de la música entreguerras popularizada en la película de Liza Minelli, continuando con el melódico She de Charles Aznavour usado en «Notting Hill», con un piano algo «perdido».

Para las más jóvenes se utilizó un micro discreto que ayudó a disfrutar primero de Carla P. Fraga cantando Smile de Charles Chaplin, jovencísima, con ese sentimiento natural y sin miedos sabiendo esperar al piano, respirar y afinar en pleno aprendizaje, y otro tanto en Cry me a river (Arthur Hamilton), dominando el inglés y templando con el piano.

No se quedó atrás Aisha F. Romero, aún más joven cantándonos el famoso Edelweiss (Rodgers/Hammerstein) de «Sonrisas y lágrimas», mala traducción del inglés «The Sound of Music» (El sonido de la música), musical de referencia para muchas generaciones, también para Aisha, aún de voz pequeña que crecerá con los años y el estudio pero sin complejos sobre el escenario, y aún mejor el Ave María (Michael Lorenc) con esa naturalidad infantil inimitable que espero mantenga hasta el cambio fisiológico porque la espontaneidad junto a la musicalidad no deben perderse en el canto.

Retomando la pareja de adultos nos iríamos al «Moulin Rouge» primero con Silvia
y One Day I’ll Fly Away (Sample / Jennings) imaginándonos en la película a Nicole Kidman con algún desafine que el piano no pudo subsanar, y Cristóbal el tema de Elton John que aparecía también en ese musical Your Song en su onda de convencer al cantar sin copiar ni imitar, sacando unos agudos propios que dieron el sello personal.

De lo mejor del recital y con ese punto canalla del que avisó y le va genial pese al piano inseguro que le faltó la misma onda espectacular casi histriónica, Cristóbal se marcó el tema de Herodes del «Jesus Christ Superstar» (A. Lloyd Weber / Tim Rice) realmente espectacular, entendiendo como nadie qué es un musical, ópera rock, teatro cantado y dominador de la escena, además del idioma de Shakespeare pudiendo haber elegido la versión española.

Otro de los musicales que tiene verdaderas joyas para las voces como es habitual en Andrew Lloyd Weber e igualmente llevado a la gran pantalla, «El Fantasma de la ópera» nos permitió escuchar el dúo All I Ask of You con buen color y empaste entre ambos antes de que

Silvia nos interpretase Wishing You Were Somehow Here Again, esa conversación de la protagonista en el cementerio con la tumba de su padre, bien en general aunque le falte esa seguridad y naturalidad que el tiempo y estudio consiguen pero bien asentanda aunque nuevamente el piano por escritura no ayude. Seguiría Cristóbal con The Music of the Night solvente en escena y canto con un registro grave hermoso y más natural a veces que sus agudos, con este tema que le va perfecto por intimismo, estilo y gusto. Cerrando esta selección la protagonista del musical Christine en la voz de Silvia cantaría Think of Me con ese guiño final operístico y exigente técnicamente que muestra las dificultades que esconde el musical cuando se quiere hacer honesto y con calidad, sin artificios y desde el respeto a la música.

El colofón nada menos que con The Quest, la búsqueda del sueño imposible, perteneciente al musical «Man of La Mancha«, El Hombre de la Mancha que en España cantasen José Sacristán con Paloma San Basilio (y en el cine Peter O’Toole y Sofía Loren), excelente elección y casi ideario de lo que supone trabajar la voz, estudiar canto y adaptarse a los diferentes estilos con técnicas distintas pero que dominándolas pueden dar a los intérpretes satisfacciones en todos ellos para conseguir emocionarse y emocionarnos.

Mieres por una tarde fue capital musical y del Musical. Mañana las voces serán femeninas y corales…

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