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Recordando a Bartók en Oviedo

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Miércoles 8 de abril, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Dénes Várjon. Obras de B. Marcello, D. Scarlatti, della Ciaja,  Kodály y Bartók.

No está nunca de más recordar que Oviedo es parada obligatoria de las grandes figuras musicales desde hace muchas décadas. Esta vez llegaba al auditorio, dentro de las jornadas que llevan el nombre del siempre recordado Luis Gracia Iberni (1964-2007), el pianista  húngaro Dénes Várjon (Budapest, 1968) que recordaría y casi repetiría el concierto de su compatriota en 1931 (entonces su tercera visita a la Península Ibérica e invitado por Manuel de Falla para tocar en Granada), aunque finalmente aquella gira sólo pasaría por Barcelona, San Sebastián y Oviedo, además de Lisboa.

El siempre recordado Adolfo Casaprima Collera (1961-2024) en el libro “Una vida para la música: Historia de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, 1907-1994”, dedica un apartado titulado ‘Bartók y su poético ayudante’ (pág. 110 y ss.) donde refiere que «La epidemia de gripe que invade España preocupa sobremanera a los directivos de la Sociedad Filarmónica al inicial la temporada de 1931. Han recibido un telegrama en el que se les anuncia que el compositor Béla Bartok, que debe actuar en el Campoamor el día 31 de enero, se ha contagiado con la enfermedad. Afortunadamente, se recupera rápido y el músico húngaro tan solo retrasa su comparecencia al 3 de febrero, desestimando anular sus citar españolas, como le propone su representante». Llegaba en la cúspide de su carrera y las notas al programa de mano las escribió Adolfo Salazar, con un lleno en el coliseo carbayón de público venido de todas partes, y entre el que estaba Gerardo Diego, apasionado por la música y gran aficionado al piano, acompañado por el pintor gijonés Nicanor Piñole, siendo de destacar que el poeta se llegó a cartear con el húngaro de quien aseguró que “con Ravel, Falla y Stravinsky, forman cuatro puntos cardinales de la música moderna (…) Bartók es el Norte, el punto donde convergen las dos tendencias opuestas”. A Oviedo Bartók llegaría como pianista además de acompañar a la cantante Marie-France de Montaut, solista de los conciertos del Conservatorio de París.

Parte de esta historia también la refleja László Stachó, musicólogo, psicólogo, pianista, profesor titular e investigador principal en la Academia de Música Liszt de Budapest cuyas notas al programa para la Fundación March se incluyen en el programa de mano ovetense, pues La March dedicó un “Ciclo de miércoles” titulado “Perspectivas bartokianas” del 17 de enero al 7 de febrero de  en 2024, donde Dénes Várjon estaba anunciado y hubo de cancelar por enfermedad (desconozco si también una gripe al igual que su compatriota) pero que en Oviedo hemos podido disfrutar como entonces.

Del extenso programa de la fundación madrileña (dejo el enlace así como arriba la portada del diseñador mierense Alfredo Casasola), el propio László Stachó hace una introducción al mundo de Bartók, «compositor, pianista (no uno cualquiera, sino un verdadero virtuoso de su instrumento) e investigador de la música folclórica», y en las notas al programa disecciona las obras que Dénes Várjon nos interpretaría en un auditorio con apenas público, que parece volver a 1931 cuando la crítica del periódico La Voz de Asturias explicaba: “(…) una ola de extrañeza y respeto cruzaba la sala. Alguien suspiraba por los dioses de Beethoven, de Mozart” para finalizar que al menos el crítico se alegraba por “este público está dando en nuestra Sociedad, sino una nota de fina comprensión, al menos una nota de franco respeto y resignación, lo cual no es poco”.

Como entonces, en este abril de 2026 el concierto comenzaba con transcripciones que el propio Bartók realizó de las sonatas en si bemol mayor de Benedetto Marcello (1686-1739), y la Canzone de la opus 4 nº 1 de Azzolino Bernardino della Ciaja (1671-1755), «obras para piano típicamente románticas que recuerdan a las transcripciones de Bach realizadas por Ferruccio Busoni (y otros contemporáneos), con una mayor densidad de la textura musical (octavas dobladas, acordes con más notas)» con las partituras en el atril que Várjon ejecutó con una técnica impecable, de ataques precisos, un pedal muy medido para saborear el enfoque virtuosístico que estas dos sonatas esconden aunque no con la profundidad de las dos siguientes de Domenico Scarlatti (1685-1757) ejecutadas sin pausas: la K 427 en sol mayor, y la K 537 en la tonalidad de la mayor. Impecable su técnica y sonoridad amplia, el acercamiento que hoy en día están haciendo muchos pianistas al repertorio de clave con la grandiosidad de las 88 teclas y una digitación cristalina emulando la cuerda pinzada, pero con la tímbrica poderosa del piano. Bartók conocía la edición completa de Scarlatti preparada por Alessandro Longo en 1906 y hasta dejó grabadas las cuatro, con estas dos elegidas por Várjon.

Lo mejor llegaría con las Danzas de Marosszék de Zoltán Kodály (1882-1967), probablemente su obra de mayor envergadura. Cercano amigo personal, aliado y compañero de Bartók en la lucha por la renovación de la música húngara. Béla Bartók fue un fiel defensor de las composiciones de su colega, y estas danzas las interpretaría con mucha asiduidad, que como escribe Stachó «tan solo en 1930-1931 la tocó docenas de veces». Para todo pianista es un reto por las dificultades que entraña desde una sonoridad tan rotunda que la orquestación del propio Kodály forma parte del repertorio sinfónico de las grandes formaciones. Várjon sacó de un Steinway© perfectamente afinado todo el abanico tímbrico y el empuje rítmico de estas antiguas danzas folclóricas húngaras, bellas y cercanas pese a la geografía, siempre con unas dinámicas amplias y el conocimiento profundo de esta compleja partitura que el Profesor Várjon interpretó de memoria, sobrio y brillante.

Bartók ocuparía toda la segunda parte con un “muestrario” donde reflejar no ya el virtuosismo que todos conocemos -y hemos podido escuchar en grabaciones históricas- sino del nuevo lenguaje del siglo XX inspirado en los folclores de su tierra (Hungría, Rumanía y Eslovaquia) desde el conocimiento como pianista de los grandes que también interpretaba (Beethoven, Brahms, Chopin, Liszt, Richard Strauss o Debussy), para  integrarlos en su estilo propio e inconfundible tras las enseñanzas de la Academia Liszt de Budapest bebiendo de las fuentes directas, como el citado László Stachó y nuestro Dénes Várjon.

Imposible describir el derroche pianístico del húngaro, la fidelidad y conocimiento profundo de cada partitura, la búsqueda de los sonidos precisos, las danzas y hasta los ambientes (las “Gaitas” de la última de las Quince canciones campesinas húngaras fueron casi literales incluso en el roncón).

No solo este ambiente campesino, directo o inspirado, también la grandeza y explosión del Allegro barbaro, o la expresividad del “Atardecer en Transilvania», la impecable Suite para piano, op. 14 con cuatro movimientos delineados y esculpidos, una mano izquierda siempre poderosa y precisa, con profusión de distintos ataques para encontrar el sonido ideal.

Las Improvisaciones sobre canciones campesinas húngaras, op. 20 fueron un nuevo catálogo interpretativo y clase maestra de la técnica al servicio de la música, lo cantabile siempre presente y lo «accesorio» en su plano, con un juego variable en cada tempi donde la indicación “rubato” fue magistral y lo caprichoso entendido como alegría y regocijo recreando música de su tierra.

Éxito de Dénes Várjon que para deleite pianístico nos regalaría un Schumann modélico en todo. De sus «Escenas de niños» (Kinderszenen, Op.15) y como queriendo cerrar otro acercamiento romántico desde “su” Academia en Budapest, la primera Von fremden Ländern und Menschen (Extraños países y personas) y la última Der Dichter spricht (El poeta habla), elección precisa y sentida donde Bartók volvía a Oviedo 95 años después con el piano de su compatriota.

Parte I

Benedetto Marcello (1686-1739)

Sonata en si bemol mayor, SF 742 (transcripción de Béla Bartók):

Lento
Allegro ma non troppo

Allegro
Maestoso

Domenico Scarlatti (1685-1757)

Sonata en sol mayor, K 427

Sonata en la mayor, K 537

Azzolino Bernardino della Ciaja (1671-1755)

Canzone (Sonata en sol mayor, op. 4 nº 1, transcripción de Béla Bartók)

Zoltán Kodály (1882-1967)

Danzas de Marosszék

Parte II

Béla Bartók (1881-1945)

Quince canciones campesinas húngaras, BB 79 (Sz 71) (1881-1945) (selección):

6. Ballade – Tema con variazioni. Andante (Angoli Borbála…)

7-15. Antiguas melodías de danza

7. Allegro (Arra gyere, amőrre én…)

8. Allegretto (Fölmentem a szilvafára…)

9. Allegretto (Erre kakas, erre tyúk…)

10. L’istessotempo(Zölderdőbenaprücsök…)

11. Assai moderato (Nem vagy legény, nem vagy…)

12. Allegretto (Beteg asszony, fáradt legény…)

13. Pocopiùvivo(Sárilovam,afakó…)

14. Allegro (Ësszegyültek, ësszegyültek az izsapi lányok…)

15. Allegro [Gaitas]

Suite para piano, op. 14, BB 70 (Sz 62):

Allegretto

Scherzo

Allegro molto

Sostenuto

Allegro barbaro, BB 63 (Sz 49)

Este a székelyeknél [Atardecer en Transilvania] (Diez piezas fáciles, BB 51 [Sz 39])

Allegro vivace (Dos danzas rumanas, op. 8a, BB 56 [Sz 43])

Tres canciones populares húngaras del distrito de Csík, BB 45b (Sz 35a):

Rubato

L’istesso tempo

Poco vivo

Improvisaciones sobre canciones campesinas húngaras, op. 20, BB 83 (Sz 74):

Molto moderato

Molto capriccioso

Lento, rubato

Allegretto scherzando

Allegro molto

Allegro moderato, molto capriccioso

Sostenuto, rubato

Allegro

La Serenissima Oviedo

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Jueves 10 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara, V Primavera Barroca, Accademia Bizantina, Ottavio Dantone (clave y dirección): Anónimo veneciano: obras de Vivaldi, Albinoni, B. Marcello, G. B. Platti y B. Galuppi.

Jugando con la historia-ficción, la Serenísima República de Oviedo fue una ciudad-estado situada en el norte de España, a orillas del mar Cantábrico, y que luego reunió bajo su dominio a todos los vénetos de Gijón, Avilés, más las cuencas del Nalón y Caudal formando un ocho que aglutinaría la mayor parte de la población astúrica. Su capital fue la ciudad de Vetusta, y existió como estado independiente desde el siglo IX hasta 1797. También se la conoce con el nombre de Serenissima Repubblica di San Mateo, pues es su santo patrono aunque el Salvador reine sobre todos. Paralelismo con Venezia aunque falten dogos y sobren jabalíes, pero la vida musical de esta república no tenía nada que envidiar a otras europeas, fuesen repúblicas, condados, monarquías o estados independientes.

Volviendo a la cruda realidad y saltando fronteras espacio temporales, Oviedo sigue siendo «La Viena del Norte» por la amplia oferta que esta semana arranca de jueves y termina el domingo, intentando contarlo todo desde aquí. El cura pelirrojo y músico veneciano más famoso moriría en la capital austríaca, y este jueves sería casi homenajeado en compañía de varios paisanos suyos.
Porque ya es «Primavera Barroca» en Vetusta, ciudad de película, casi un lejano séptimo sestiere de la fotogénica e invadida Venecia a la que nos transportaba allá por 1970 «Anónimo Veneciano«, una película de Enrico María Salerno con música original de Stelvio Cipriani protagonizada por la guapísima Florinda Bolkan y Tony Musante, en el papel de oboísta moribundo que nos descubriría a muchos la hermosísima música de Benedetto Marcello. Rememorando película y música llegaba la impresionante Accademia Bizantina de Ottavio Dantone, el barroco veneciano para hacer un repaso del concierto italiano en sus tres formas principales, concerto grosso, concerto ripieno y concierto con solista como bien explica mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón en las notas al programa que dejo aquí.

Nuevo lleno en la sala de cámara ideal para este formato que tiene un público fiel, educado y entendido, con presencia de asistentes internacionales al «Congreso Internacional sobre las orquestas y la música sinfónica del siglo XIX en Europa» de la Universidad de Oviedo (también colaboradora con el CONSMUPA de las conferencias previas a estos conciertos primaverales) acompañados entre por los catedráticos Ramón Sobrino y Mª Encina Cortizo, así como el Concejal de Cultura Roberto Sánchez Ramos Rivi junto a Cosme Marina como director artístico de la Fundación Municipal de Cultura, y Antonio Moral, el director del CNDM que organiza este ciclo en colaboración con el Ayuntamiento de Oviedo, que esperemos deje ya firmada la sexta edición de esta primavera que resulta todo un éxito como pudieron comprobar «in situ», aunque haya comunicado su decisión de no seguir en el cargo.

La música nos transporta donde queramos, y continuando con imágenes muy personales, salían a escena los académicos bizantinos, doce apóstoles con su guía Dantone, todos de negro riguroso como las góndolas venecianas, respeto y tradición que no luto, para compartir con nosotros este nuevo testamento instrumental. Cada discípulo un virtuoso, Alessandro Tampieri concertino y casi mano derecha a la izquierda del Maestro, evangelizando junto a Lisa FergusonDiego Mecca y el otro Alessandro, Palmeri, más Tiziano Bagnati «discordante» por laúd, cuerda punteada frente al resto frotada e igual de fiel que el resto de compañeros.
Música cual palabra divina, serena, única, jugando con las formas desde un sonido cuidado, lleno de matices, limpieza en los planos, dinámicas en su punto capaces de convencer y vencer silencios, sonido bellamente moldeado por cada «sección» en el número ideal: tres primeros violines, tres segundos, para puntualmente actuar dos solistas, y seguir a pares con violas y cellos, más un contrabajo en perfecta comunión, el citado laúd que brilló siempre, especialmente en las dos propinas, y el «capo Ottavio» al clave, mandando con gestos, manos, respiraciones, trabajo de orfebre tímbrico en cada compositor y obra. Vivaldi en mayoría, para inaugurar cada parte (genial la Sinfonia de «Dorilla in Tempe», RV 709 con el guiño primaveral final) y cerrar este «concilio veneciano». El Concierto nº 5 en la mayor para dos violines, RV 519 no pudo ser mejor broche, antes de las dos propinas, excelencia de solistas con uniformidad sonora y artística, pero también Albinoni y su Sinfonia a 4 en fa mayor, el imprescindible Benedetto Marcello de esta «película» con el Concerto grosso en mi menor, op. 1 nº 2 reconstruido por el propio Dantone, ejerciendo de virtuoso solista en el Concierto para clave y cuerdas en la mayor, I-57 nº 6 de Giovanni B. Platti, nuevo asombro de dinámicas, balances y textura para irnos al descanso con excelente sabor de boca.

El barroco de libro, las tres formas mostradas en plenitud, los tiempos alternados, duraciones breves que hacen de estas músicas las ideales para un consumo responsable cuando se interpretan con esta calidad, trece virtuosos más que suma de doce y uno para conseguir un sonido genuino, empastado, agradable al más exigente, haciendo reconocible hasta el propio Anónimo veneciano del Concierto en sol menor reconstruido por el Maestro Ottavio con sus adláteres, receta de tres tiempos con aroma propio, misma tonalidad que la de «Il Buranello» Galuppi con su Concierto nº1 a 4 en sol menor que en compañía de famosos brilló al mismo nivel. Grandeza de una música no siempre respetada, manida sin contemplaciones, explotada comercialmente de reclamo para todo, que cuando se interpreta como lo hacen Dantone y sus doce apóstoles la convierten más en «palabra de dios barroco», sin tomar su nombre en vano y santificando estas primaveras de la Serenissima Oviedo.
Atentos que cada día hay ceremonias en El Templo de Beca, esperando no nos expulsen