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Misa lusa por Vivanco

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Domingo 25 de junio, 12:30 horas. 72 Festival de Granada, Monasterio de San Jerónimo, “Cantar y tañer. Sones antiguos y barrocos”: Officium Ensemble, Pedro Teixeira (director). “Magister musicae: motetes de Sebastián de Vivanco y sus contemporáneos portugueses (con motivo del IV centenario de su muerte)!. Obras de Vivanco, Lopes Morago, Magalhães, Cardoso y Victoria. Fotos de Fermín Rodríguez.

Mañana dominical de misa “obligada” en San Jerónimo y resucitando al gran Sebastián de Vivanco (c. 1551-1622) con un ensemble portugués que ha unido “La gran polifonía ibérica: los intercambios luso-españoles”como titula sus notas al programa Ana García Urcola.

Si el compositor abulense estuvo “eclipsado” por su paisano Victoria, estaba claro que la celebración de sus 400 años no podía dejarse escapar desde el CNDM, que ha organizado diferentes conciertos a los que he podido asistir, especialmente de los asturianos El León de Oro (LDO), trayéndonos esta mañana de domingo su música junto a la de los contemporáneos aglutinados en Évora y con caminos de ida y vuelta pues nuestra Iberia musical durante el Renacimiento era “una, grande y (no muy) libre” por las luchas de poder. Al menos podemos agradecer que en nuestra vecina y querida Portugal no solo mantengan el interés por nuestra “polifonía de oro” sino que tengan conjuntos vocales con a calidad de Officium Ensemble, 17 voces perfectamente conjuntadas bajo la experta dirección de Pedro Teixeira.

En la capilla del real monasterio renacentista y presidiendo el magnifico retablo de autoría puesta a debate (atribuyendo las trazas a Jacobo Florentino y a Diego de Siloé, con ampliación de Pedro Orrea) pudimos disfrutar no solo de la Missa Assumpsit est Iesus de Sebastián de Vivanco sino también de obras intercaladas con compositores lusos y españoles en una liturgia vocal interrumpida por un público que realmente vivió esta “misa dominical” con el coro portugués.

El recital se titulaba “Magister musicae: motetes de Sebastián de Vivanco y sus contemporáneos portugueses» y la citada misa de Vivanco sería el núcleo de este concierto. Compuesta para la fiesta de la Transfiguración de Nuestro Señor que toma tanto su título como su principal base melódica de un motete del propio compositor, supuso cierta continuidad con la “transfigurada” noche anterior. Bien estuvo comenzar con esta obra interpretada para mejor comprensión auditiva de un autor eclipsado por otro grande pero de la misma talla musical (biografías aparte), con pronunciado gusto en un contrapunto complejo aunque con momentos diáfanos, como pudimos comprobar en el Credo y en el Agnus Dei. Las consignas tridentinas que pusieron a Palestrina de modelo, los contrarreformistas ibéricos las llevaron al pie de la letra siguiendo el dicho de “más papistas que El Papa”, y toda la música que disfrutamos fue de un aplauso general que en cierto medio rompió una liturgia coral oficiada por Pedro Teixeira y su conjunto: impecable dicción, equilibrio de voces, afinación perfecta, empaste y balance de un “ensemble” muy bien trabajado para este programa granadino.

Comenzaba esta “misa de Vivanco” a 5 voces con el Kyrie y Gloria para el recogimiento interior de todos, continuando con Estêvão Lopes Morago (c. 1575-d. 1641), que como bien nos explicaría el maestro Teixeira a mitad del recital, nació en España pero emigrado con 8 años a Évora donde haría su carrera llegando a Maestro de Capilla en Viseu, un ejemplo más de esta intercomunicación hispano-lusa que ojalá no se hubiese roto. Su Montes Israel  a 5 no deslució del inicial Vivanco y un Officium Ensemble con “mucho oficio”. El público rompió la unidad emocional y hasta mística antes de proseguir con Vivanco y su motete a 5 Surge, Petre cual homilía antes del Credo de la «Missa Assumpsit est Iesus«.

Desconozco si Radio Clásica editará el audio aunque la retransmisión en directo no lo podrá conseguir (y aprovecho para felicitar a un extraordinario equipo de técnicos que seguirán trabajando mucho y bien en este Festival, de quienes dejo la foto abajo), pero no merecíamos romper la “magia del momento”. Continuaríamos escuchando el O, Domine Iesu Christe a 5 dispuestos en círculo buscando una sonoridad especial aunque la acústica monacal es perfecta para los coros de cámara. Más aplausos tras finalizar y ya no habría forma de mantener la unidad buscada. No me imagino una eucaristía tan interrumpida, pero “el pueblo manda” aunque carezca del mínimo conocimiento y respeto por esta liturgia musical.

Proseguimos el ordinario de la misa con el Sanctus, trío de solistas (soprano, alto y tenor) antes del «Hossanna» plenamente integrado en una unidad vocal homogénea y después el Agnus Dei. Digno de resaltar la calidad de estas formaciones jóvenes que captan el estilo renacentista lleno de recogimiento y espiritualidad, con el tactus no fácil de transmitir pero que el maestro Teixeira ha logrado llevar a su coro de cámara.

Bendita tierra lusa y un motete a seis, Commissa mea de Filipe de Magalhães (c. 1571-1652), antes de una breve pausa ya rota la “unidad dominical”, donde el director portugués nos haría una breve semblanza del intercambio musical bajo el mismo rey de las Coronas de Castilla, Aragón y Portugal entre 1580 y 1640 (también reflejado en las notas al programa), caso del español Lopes de Morago o el portugués Manuel Cardoso (1566-1650) que viajaría a Madrid en 1631 invitado por Felipe IV para dirigir los cantores de la Capilla Real, egresados de la catedral de Évora, auténtico centro polifónico luso. El Sitivit anima mea a 6, fue una pequeña muestra de la calidad de una polifonía ibérica que Officium Ensemble mostró antes del final musical, primero dos motetes a 5 de Vivanco, Quae es ista y Surrexit pastor bonus, llevándonos hacia un éxtasis musical de matices emocionantes y un aire alegre que finaliza con un “Aleluya” donde el coro siempre mimó cada frase de cierre, jugando con la acústica monacal bien entendida por Teixeira.

Evidentemente si el abulense hoy homenajeado y resucitado quedó eclipsado por Tomás Luis de Victoria (c. 1548-1611), al menos se debía poner al mismo nivel compositivo a ambos, nada menos que con el impresionante O sacrum convivium a 6, prueba de fuego para toda formación vocal que se atreva con nuestra “Polifonía de Oro”, con sobresaliente por nuestros hermanos portugueses en una “Misa por Vivanco” que unió espíritu polifónico y tridentino rompiendo unas barreras que para los tetragramas del momento nunca existieron.

Y sin fronteras musicales, un regalo del portugués Estêvão de Brito (Serpa, c. 1575 – Málaga, antes del 2 de diciembre de 1641), castellanizado a Esteban de Brito, alumno de Magalhães, maestro de Capilla en Badajoz y Málaga cuyo O Rex gloriae a doble coro puso el mejor “amén” a esta mañana “de guardar” en el Festival de Granada, con San Jerónimo marco ideal en estos repertorios, más tratándose de intérpretes con la calidad del Officium Ensemble con Pedro Teixeira al frente.

Officium Ensemble:

Ariana Russo, Claire Rocha, Inês Lopes, Mariana Moldão (sopranos); Laura Buddie, Fátima Nunes, Rita Tavares (altos); Frederico Projecto, João Barros, Ross Buddie (tenores);
João Costa, Pedro Casanova, Rui Borras (bajos).

Pedro Teixeira (director).

Transfiguración y esperanza

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Sábado 24 de junio, 20:00 horas. 72 Festival de Granada, Auditorio Manuel de Falla, “Conciertos de Palacio”: Joven Orquesta Nacional de España (JONDE), Eliahu Inbal (director). Obras de Wagner y Bruckner. Fotos de Fermín Rodríguez.

Cuarto día de Festival y doblete en la Festividad de San Juan con la JONDE completando un duro trabajo desde el pasado 9 de junio con 13 reputadísimos profesores de diferentes especialidades llegados de distintas orquestas y conservatorios para el Segundo Encuentro Sinfónico de 2023, preparando un programa con la murciana Isabel Rubio de directora asistente y residente, para dejarla finalmente en manos del maestro israelí Eliahu Inbal (Jerusalén, 1936) con envidiable salud, ánimo y un eterno magisterio sacando de estos 92 músicos a su mando el mismo ímpetu que él transmite desde el podio.

Se notó la complicidad y esfuerzo para hacer de esta orquesta de “elegidos” (entre 18 y 28 años) un potente equipo musical, emocionando en las obras elegidas, propina incluida, que han girado por Baeza (sede de los encuentros), Almería, Jaén y finalmente Granada cual reválida final.

El profesor Pablo L. Rodríguez titulaba sus notas al programa “Muerte y transfiguración, Wagner y Bruckner” para centrarnos históricamente en estos dos genios para quienes el mundo sinfónico no tenía secretos, y me he permitido trastocar ese título por el de “Transfiguración y esperanza” ante la interpretación de unos músicos ya maduros en este vivero de la JONDE que pronto darán el salto a las orquestas profesionales.

Dos monumentos sinfónicos con el músculo orquestal y protagonismos compartidos, primero Richard Wagner (1813-1883) con el “Preludio y Muerte de Amor”, de Tristan und Isolde, WWV 90 (versión instrumental. 1857-1859), una de las obras clave para el desarrollo de la modernidad acompañado por la versión instrumental del Liebestod, que sustituye la parte cantada de la protagonista, pasando de la muerte de amor original para transmutarse en un amor eterno, introducción magistral donde disfrutar de cada gesto del maestro Inbal y la respuesta exacta de los jóvenes. Entregados mutuamente como enamorados de Wagner, el israelí fue sacando amplios matices con dinámicas extremas, fraseos impecables, llevando a cada sección por sus mejores recursos tímbricos, desde una cuerda tersa y aterciopelada (bravo los cellos), una madera empastada y ajustada, unos metales bien amarrados para el ímpetu que se podría esperar de ellos, más una percusión mandando y en su sitio. Interpretación mayúscula por parte de una JONDE que sin descanso y con toda la plantilla afrontaría el segundo reto de una tarde calurosísima que no les afectó en nada.

Anton Bruckner (1824-1896) era un wagneriano fervoroso y su Sinfonía nº 7 en mi mayor, WAB 107 (1881-83, rev. 1885) es contundente como pocas. Mi tocayo escribe cómo también se vio afectada por la muerte del propio Wagner cuyo pálpito le llegó tras visitarle en Bayreuth, decidiendo homenajearle con ese Adagio elegíaco que en nada se preveía tras el luminoso Allegro moderato inicial.

Destacar de nuevo a chelos, violas, más los solistas de clarinete y trompa sonando a gloria bendita, con algunos de los solistas y principales permutando posiciones siempre de agradecer en materia didáctica. La irrupción de las cuatro trompas wagnerianas no son solamente homenaje al amigo sino la afirmación de una sonoridad impresionante que el maestro Inbal llevó con mano izquierda mientras la derecha blandía una batuta nunca incisiva, bastón de mando permitiendo expresar los juveniles sentimientos de dolor de este segundo movimiento.

El Scherzo bruckneriano no tiene nada de broma y fue maravillosa la continuidad emotiva de todos los músicos llevados con primor por el maestro israelí, con unos metales que siempre me recuerdan las obras organísticas de este compositor católico (no sé si apostólico y romano).

El Finale majestuoso, casi cinematográfico y más resurrección que transfiguración de un “dios Wagner” pero también del mejor Mahler cuyo tiempo ya ha llegado y personalmente creo que el de Bruckner.

La propina auténtica “fuerza del destino” de una JONDE rotunda y madura llevada por un juvenil Eliahu Inbal que regaló de memoria toda su experiencia verdiana con esta obertura llena de gusto, dinámicas, expresividad y manejo orquestal como una de las batutas históricas todavía vivas. Viva VERDI.

Esplendor organístico en San Jerónimo

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Sábado 24 de junio, 12:30 horas. 72 Festival de Granada, Monasterio de San Jerónimo, “Cantar y tañer. Sones antiguos y barrocos”: Benjamin Alard (órgano). Obras de Muffat, Froberger, Couperin, Correa de Arauxo, Cabanilles, Grigny y Bach. Fotos de Fermín Rodríguez.

Granada es mágica y espectacular. Su Festival Internacional de Música sabe elegir los llamados “marcos históricos” y el Monasterio de San Jerónimo es uno de ellos, más con el órgano original de Fray Francisco Alejo Muñoz, construido en 1727 para el convento de Santa Paula y “salvado” además de restaurado, para este monumento que debía preservar un patrimonio de la humanidad a buen recaudo por las actuales moradoras. Y es que los órganos deben respirar cada día, de nada sirve ponerlos en marcha si les falta el aire vital, por lo que este órgano traído desde Santa Paula hasta San Jerónimo puede mantenerse vivo gracias a los cuidadores y equipo que lo mantiene en marcha, pudiendo disfrutar tras el concierto de su historia y proceso de restauración.

Con Benjamin Alard en este órgano, el intérprete francés trajo un programa que Pablo Cepeda tituló en sus notas al programa “Esplendor barroco”. Y no le faltaba razón escuchando una de las joyas granadinas organísticas con compositores que dieron lustre al “rey de los instrumentos”, desde Muffat a Bach sin olvidarse de nuestros grandes Correa de Arauxo y Cabanilles.

El teclista francés vuelve cuando puede al órgano de sus inicios siempre viajando desde el mundo clavecinista, que le permite dominar la técnica de un repertorio cercano con el añadido de la complejidad tímbrica que conlleva encontrar los registros ideales para cada obra y estilo. La ornamentación correcta es necesaria pero también complicada en este resucitado órgano ibérico, aunque la elección de las sonoridades adecuadas es aún mayor, y Alard encontró lo que buscaba en cada página elegida.

Para ir calentando el “órgano de Santa Paula”, la Toccata tertia y la Chacona en sol mayor de Georg Muffat (1653-1704) fueron llenando los pulmones y respirando hondamente mientras contemplábamos el maravilloso retablo renacentista de San Jerónimo, testigo de una banda sonora desde el “Fray Alejo” en perfecto estado de salud, unión de estilos francés e italiano en este instrumento hispano, música llena de luz a lo largo de la docena de secciones donde el órgano engrandece al clave original, más si es con Alard interpretándolo.

De Johann Jakob Froberger (1616-1667) su Fantasia sopra ut, re, mi, fa, sol, la, FbWV 201 es auténtica lección compositiva que el maestro Benjamin Alard fue desgranando con claridad, virtuosismo y registración ideal desde el hexacordo inicial que va desarrollándolo en ocho secciones, las dos últimas cromáticas más allá del término musical, con una tímbrica ideal para este órgano del XVIII.

Otro de los compositores recuperados sería Louis Couperin (1626-1661) y sus Fantasías (entre las más de 70 obras inéditas publicadas en 2003 tras su aparición en 1957 en Londres, entre ellas siete de las 23 que escuchamos), “piezas breves, audaces y que recuperan incesantemente tema y respuesta” como bien nos cuenta mi tocayo Cepeda. Como toda forma virtuosística en escritura y ejecución, Alard fue desplegando todo el arsenal de un órgano que respondió como un joven a las exigencias del interprete, sin un quejido en un despliegue sonoro impresionante.

Nuestros “dorados españoles” compartieron exquisiteces ofertando de nuevo una paleta tímbrica que en este “ibérico de pata negra” gracias al oficio del intérprete francés, pusieron en valor el órgano hispano tan universal como los “compañeros” que compartieron concierto. Por pares escuchamos a Francisco Correa de Arauxo (1584-1654) con sus Dos tientos de tiples junto a Juan Cabanilles (1644-1712) y Dos pasacalles, teclado partido muy hispano, diferenciando bajos y tiples, junto al contrapunto del compositor valenciano que los registros buscados por Alard realzaron aún más una escritura autóctona pero universal.

Y el más grande, universal, padre de todas las músicas Johann Sebastian Bach (1685-1750) no podía faltar en un concierto de Benjamin Alard. Muy interesante elegir la Canzona, en re menor, BWV 588 en la línea de fusionar estilos e influencias tras lo escuchado con anterioridad. El Cantor escribe esta “fuga a la italiana” a 4 voces alternando métricas y con el tema en el grave que sobrevolaría libre y claro en el Monasterio de San Jerónimo con nuevo acierto de registros. Limpieza expositiva de la forma fugada, siempre compleja de interpretar para no perderse la “matemática del teclado” que es el quebradero de todo intérprete, aunque Alard la domina en cualquier variante.

Para ir cerrando el “esplendor matutino”, de nuevo Muffat y su Passacaglia en sol menor, la variación virtuosa y rítmica jugando con la tímbrica de este órgano respondiendo “como un campeón” ante las exigencias de un Alard maestro conocedor al detalle de partitura e instrumento.
El mejor remate Nicolas de Grigny (1672-1703) y Point d’orgue sur les grands jeux, de “A solis ortus (Livre d’orgue)”, majestuoso, de graves portentosos y profundos, pedal y sustento donde va construyéndose este edificio sonoro con Alard “maestro de obra” y arquitecto organístico, resucitando músicas que respiraron jóvenes en la mañana granadina, ejerciendo de “maestro de obra” pasado mañana cambiando de paleta y edificio el día 27 (y que me perderé por coincidencias de agenda).

Un éxito de público aguantando desde un silencio respetuoso acorde con el entorno del sacrificado calor sofocante, y alegría comprobar cuántos gestores y melómanos conocidos compartieron “vermut musical”, contando con la presencia de Eliahu Inbal que a las 20:00 h. volverá al frente de la JONDE en el Auditorio Manuel de Falla con una Séptima de Bruckner preludiada por Wagner tras su rodaje jienense con una generación de jóvenes músicos que pronto veremos dar el salto de calidad con los mayores. Pero esto lo contaré en otra entrada, ya de madrugada.

Piano para locos e inocentes

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Viernes 23 de junio, 21:30 horas. 72 Festival de Granada, Patio de los Mármoles (Hospital Real), Grandes Intérpretes: Víkingur Ólafsson (piano): “Mozart y sus contemporáneos”. Obras de Galuppi, C. Ph. E. Bach, Haydn, Cimarosa y Mozart. Fotos: Fermín Rodríguez.

Dícese del Hospital Real que “Fue para locos e «inocentes», devino Universidad y en sus salas se conjugan tradiciones musicales” trasladadas al bellísimo Patio de los Mármoles de este hospital encargado por los Reyes Católicos para enfermos pobres y peregrinos que con el emperador Carlos empezará a albergar también a los locos e «inocentes». La Universidad de Granada instaló aquí su sede principal en 1980 con el Rectorado y la Biblioteca Central “donde aquellos empeños quizá se continúen en forma de conocimiento y mapa del mundo, cartografía del espíritu humano y sus meandros que toda biblioteca puede contener” y el Festival también trae un mapa del piano clásico con todos los meandros en este recital del mediático pianista islandés, una de las figuras del “sello amarillo”.

Al pianista Víkingur Ólafsson (Reikiavik, 1984) se le ha calificado de atípico por los programas elegidos y cómo los cohesiona, nos trajo para este recital en el Festival las mismas obras que grabó en 2021 para DG “Mozart & Contemporaries” aunque en distinto orden, desde el más puro Clasicismo pianístico del genio de Salzburgo, pasando por “papá” Haydn, C. Ph. E. Bach (el quinto hijo de “Mein Gott”) junto a los menos escuchados en las 88 teclas por ser más operísticos caso de Cimarosa o “Il Buranello” que abría sesión cual preparación estilística al esperado “tour de force” de hora y media.

La forma de intercalar las obras del islandés es digna de analizar, no se rige por tonalidades afines o aires contrapuestos sino que parece responder a un momento vital y personal como el vivido esta calurosa tarde-noche granadina. Los pájaros parecían querer sumarse a los trinos al inicio con el Andante spiritoso de la Sonata nº 9 en fa menor de Baldassare Galuppi (1706-1785), y las palomas querían escuchar el primer Rondó en fa mayor, K 533/494 (1786) de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791). Poco a poco llegaba la luz crepuscular y sonaba el más clásico de los Bach, Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788) con el Rondó en re menor, Wq 61/4 (1785), misma forma y tonalidad relativa pero recreo o recreación musical total. Más que suficiente para comprobar que Ólafsson es único por y en todo. Como el volcán impronunciable de su tierra pasa de la erupción rompedora, explosiva, a la más delicada estrella boreal. Su sonido es limpio, claro, preciso, inmaculado, donde el uso de los pedales parece de otro mundo y engrandece cualquier obra por «pequeña que sea». Podemos escuchar todas las notas escritas mimadas en su duración exacta y con toda la gama de matices posible.

Sin pausas, enlazando cada obra sonaría Domenico Cimarosa (1749-1801) y su Sonata nº 42 en re menor arreglada por el propio V. Ólafsson, sonidos casi orgánicos en un piano estratosférico de volúmenes extremos y fraseos degustando hasta los silencios.

Globalidad y preparaciones tímbricas antes del puro Mozart a pares, la Fantasía nº 3 en re menor, K 397 (¿1782?) y el Rondó en re mayor, K 485 (1786), melodías del genio que recuerdan al Beethoven coetáneo de entonces, frescura expositiva, silencios grandiosos, noche luminosa y mágica donde Ólafsson se plegaba, mandaba, respiraba, emocionaba.

Un puente mínimo ya plenamente enamorados del piano otro arreglo del islandés para la Sonata nº 55 en la menor de Cimarosa, sin necesidad de razonar estilo o época, capaz de sonar como barroco trastornado en este hospital real, la música sin etiquetas para disfrutarla en toda su extensión desde el universo en blanco y negro del piano.

De Joseph Haydn (1732-1809) la Sonata para piano en si menor, Hob XVI:32 (c. 1774-1746) fue el mejor ejemplo de la escritura más que el período clásico, inspirador en todos los compositores elegidos pero con un aire común que el piano unifica. No es cuestión de analizar o ver cambios modales o tonos relativos de Mozart a Haydn con la fuerza del sordo de Bonn conviviendo en la Viena imperial y con el islandés paladeando una sonata exigente y contrastada, extremismos emocionales desde la pasión y fuerza en los tiempos rápidos al deleite y recreación del intérprete en los lentos, buscando sonidos siempre claros aunque cambiase la atmósfera.

De nuevo como preparando al genio Mozart que Ólafsson disecciona compás a compás con tres joyas que parecieron una: Kleine Gigue, en sol mayor, K 574 (1789), sólo pequeña de título y enorme interpretación, la conocida por todo estudiante Sonata para piano nº 16 en do mayor «Sonata facile», K 545 (1788), nuevo calificativo satírico del juguetón Mozart, delicia en los tres movimientos con el Allegro al límite sin errores, el riesgo controlado con la limpieza exquisita, los fraseos y la pausa subyugante antes del Andante, inocencia o locura antes del Rondó. Allegretto culminando esta sonata que enlazaba con el Adagio en mi bemol mayor, del Quinteto de cuerda nº 4 en sol menor, K 516 (1787) arreglado por el pianista. La capacidad de exprimir cada detalle, cada frase, la melodía precisa y presente con una musicalidad personal que hace un Mozart islandés lleno de contrastes como la propia tierra nórdica.

Y otra vez los tiempos lentos para comprobar el trabajo sonoro desde el piano, Galuppi y el Larghetto de la Sonata nº 34 en do menor, dolor, oscuridad interior llena de luz, la isla de Burano en otoño y otra inocente locura en el piano de Ólafsson antes de repetir con Mozart en otra terna que iría de la pasión a la interiorización total: la Sonata para piano nº 14 en do menor, K 457 (1784) tripartita y casi “revolucionaria” más que “patética”, Sturm und drang (tormenta e ímpetu) en sus tres movimientos  (Molto alegro – Adagio – Allegro assai), contrastes brutalmente delicados dando paso al Adagio para piano en si menor, K 540 (1788) y cual siguiente plegaria que acalló hasta el respirar, la transcripción que hiciese Liszt del Ave verum corpus, K 618 (1791), escuchar este himno sin coro ni orquesta con la misma emoción e interiorización que el original, el respeto del Abate por el “inocente loco de Salzburgo” ingresado en estos extramuros históricos.

Público entregado, discreción en los saludos y si los 90 minutos “de disco” el directo los mejora, el regalo del CD dedicado a “Mein Gott”, de la Organ Sonata nº 4, BWV 528, el II. Andante (Adagio) en transcripción de August Stradal redondeando un gran recital de un gran intérprete con personalidad propia transmitiendo un sonido único que las grabaciones nunca reflejarán como pudimos escuchar todos los melómanos que llenamos el Patio de los Mármoles más cálido que nunca por ese juego de palabras que no nos dejó fríos a ninguno de los presentes, salvo alguna “loca” quejándose de lo largo que merecía quedarse ingresada como “pobre de espíritu”…

Títeres atemporales

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Miércoles 21 de junio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada. Palacio de Carlos V, Universo vocal (Ópera I): El retablo de maese Pedro: “Un tríptico sobre Don Quijote”. Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Alicia Amo (soprano), David Alegret (tenor), José Antonio López (barítono), Juan Carlos Garvayo (clave), Aarón Zapico (dirección musical); Compañía Etcétera, Enrique Lanz (dirección de escena, títeres, escenografía y proyecciones). Obras de Telemann, Boismortier y Falla.

Segunda oportunidad para disfrutar de un espectáculo que hace años Antonio Muñoz Molina llamaba “El teatrillo de mundo”, los títeres de cachiporra que en Granada llaman “cristobicas” o en Jaén (como en Asturias) chacolines, una fiesta para niños y mayores que nunca pasará de moda cuando las historias son pura literatura. El texto de “El retablo de maese Pedro” se basa en el capítulo XXVI de la segunda parte de “El Quijote” cervantino, con unas líneas de otras partes de la obra. En este capítulo, el titiritero Maese Pedro llega por casualidad a la misma venta en La Mancha de Aragón donde se encuentran Don Quijote y Sancho. Es la obra que representa Maese Pedro con sus títeres, la historia de la francesa Melisendra, esposa de don Gayferos, a quien tenía cautiva el rey Moro Marsilio, más la liberación por parte del enamorado de esta dama con el final de la persecución por parte de los moros. Llegado este lance, don Quijote en su locura no se da cuenta de que son títeres, destruyendo teatro y muñecos con el fin, según él, de salvar a los fugitivos.
El 25 de junio de 1923 se estrenó en el palacio de la princesa de Polignac en París El retablo de maese Pedro de Manuel de Falla, una de las obras escénicas más singulares e importantes de la historia de la música española. Concebida como una breve ópera de cámara para títeres, la obra se había escuchado ya en marzo de aquel mismo año en el teatro San Fernando de Sevilla, pero en versión de concierto. Para el estreno parisino Falla contó con la colaboración del profesor, grabador y escenógrafo Hermenegildo Lanz (Sevilla 1893 – Granada 1949). En 2009, su nieto Enrique Lanz, líder de la prestigiosa Compañía Etcétera, creó unas marionetas gigantes para presentar la obra en el Teatro Real que también se llevó al Auditorio de la capital asturiana gracias a la Fundación Ópera de Oviedo, y son esas marionetas las que llegaron al escenario de la Alhambra en dos funciones para celebrar su centenario.
Este jueves ya rodada la primera representación, todo encajó a la perfección: una OCG bien balanceada pese a su disposición, con una cuerda delicada (bravo el concertino), precisa y bien contrastada, las lengüetas encajando, los metales en su justa presencia, el clave “histórico” escuchándose más presente y límpido (con un Garvayo que no falla) y la percusión de Noelia Arco encajada en membranas, pandereta y castañuelas… hasta el eolífono o máquina de viento (que algún periodista en el estreno confundió con corrientes que se colaron en el palacio renacentista de Machuca) sopló más precisa “enlazando aires”. Aarón Zapico mantuvo la tensión necesaria para no dejar nada fuera de control, dominio absoluto tanto de la música como de la escena, mimando al trío vocal que este jueves la amplificación “trató mejor”, y en general un excelente “tríptico quijotesco” capaz de aglutinar y organizar una acción donde las épocas barroca y rococó junto al neoclásico de Falla, todas sin pausas, se organizaron para que el número final tuviese la preparación ideal que ayudase a entender toda esta ópera imperial más que camerística, espectáculo total completando un programa donde la magia volvió a surgir y creer que los títeres tienen vida propia y cantan.
Si el día del estreno la tarde mojó los títeres haciéndolos aún más pesados, la segunda fue perfecta y la compañía de Enrique Lanz volvió a triunfar (pese a algún espectador con los pulgares abajo desconociendo su rechazo). La música unió una acción en siete cuadros donde los títeres grandes cantan y presentan el “teatrillo” ya mágico manteniendo la esencia de hace 100 años. Arrancando alguna que otra risa, Melisendra encantadora con el concertino poniéndole el sentimiento, rescatada a caballo por Don Gayferos, los clarines, los “chacolíes” azotando y la música reforzando, títeres que contemplan los grandes, los cervantinos que cantan y actúan, el esforzado Trujamán de Alicia Amo, el niño de “doble voz”, el Maese Pedro de David Alegret que da con la campana el arranque de la acción, y el potente Don Quijote de José Antonio López todavía más corpóreo que su réplica gigantesca blandiendo la espada con la que desbarata el “tinglado”.
Pero la música de Telemann y Boismortier alternándose como si fuese única ex profeso para el espectáculo redondeó el éxito. Sabia organización del director langreano, un Aarón Zapico con tablas y conocimiento de este repertorio barroco diseñado desde la óptica escénica que encajaría perfectamente con Falla, el pregón musical y después de Maese Alegret invitándonos al palacio cual venta desde la Sinfonía que abriría el telón para que Alicia Trujamán fuese narrándonos la acción de “los Etcétera”.
Final de “Estocadas reveses y mandobles” que no destrozan sino que resucitan este retablo centenario donde Melisendra será Dulcinea y el tríptico sobre Don Quijote una ópera imperial que nos haría despertar después de 100 años con “otro sueño de una noche de verano granadino”.
P. D.: Muy recomendable la exposición en el Centro Federico García Lorca hasta octubre de este año comisariada por Andrew A. Anderson.
Ficha:
Palacio de Carlos V, jueves 22 de junio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada. Universo vocal (Ópera I): El retablo de maese Pedro: “Un tríptico sobre Don Quijote”. Obras de Telemann, Boismortier y Falla.
Reparto:
Orquesta Ciudad de Granada (OCG) – Alicia Amo, soprano (Trujamán) – David Alegret, tenor (Maese Pedro) – José Antonio López, barítono (Don Quijote) – Juan Carlos Garvayo, clave – Aarón Zapico dirección musical. Compañía Etcétera. Enrique Lanz dirección de escena, títeres, escenografía y proyecciones.

De princesas y emperadores

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Miércoles 21 de junio, 22:00 horas. Inauguración del 72 Festival de Granada. Palacio de Carlos V, Universo vocal (Ópera I): El retablo de maese Pedro: “Un tríptico sobre Don Quijote”. Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Alicia Amo (soprano), David Alegret (tenor), José Antonio López (barítono), Juan Carlos Garvayo (clave), Aarón Zapico (dirección musical); Compañía Etcétera, Enrique Lanz (dirección de escena, títeres, escenografía y proyecciones). Obras de Telemann, Boismortier y Falla.

Granada y Manuel de Falla forman un tándem inseparable desde que el gaditano la visitase varias veces a partir de 1915 hasta instalarse en 1921. La ciudad de Lorca uniría al poeta universal con el compositor y con el artista Hermenegildo Lanz, que llegaría a la ciudad nazarí en 1917, amistades que entre tanto talento dejarían “Los títeres de Cachiporra de Granada” junto al musicólogo Adolfo Salazar, o la “Fiesta del Día de los Reyes Magos” también con el llamado teatro guiñolesco. La princesa de Polignac encargaría a Falla El retablo de maese Pedro, especie de ópera de cámara moderna (que terminaría el 6 de enero de 1923) inspirada en estas funciones con títeres, y se estrenaría en el palacio parisino un 25 de junio de 1925, donde se utilizaron dos tipos de títeres: muñecos grandes para los personajes del público y figuras planas para los personajes del retablo.
Cien años después, “El retablo” sigue siendo palaciego, mejor en la Granada imperial de Carlos V que en el París de los “felices años 20” con la heredera de Singer (el de las máquinas de coser), invadido por el mismo espíritu original de Lorca, Lanz y Falla (muy recomendable la exposición en el Museo Casa de Los Tiros”El pasado presente” sobre el centenario del retablo hasta el 3 de septiembre) y que tenía que estar en este histórico Festival.
Todo un espectáculo en torno a la figura de Don Quijote con la OCG bajo la batuta del asturiano Aarón Zapico que pergeñaría un tríptico desde el barroco que domina desde sus inicios musicales, hasta este Falla centenario, una música global sin pausas con la inspiración literaria para unas músicas que sonaron como un “sueño de una noche de verano” con cumpleaños feliz tras detenerse las tormentas.
Con el palacio al completo en esta inauguración donde no faltó nadie ni nada, comenzaría a sonar Georg Philipp Telemann (1681-1767) y la Burlesque de Quichotte, obertura-suite en sol mayor, TWV 55:G10 (1716), la OCG ubicada atendiendo a la escenografía posterior y con las lengüetas algo separadas que tardaron en ensamblarse, con un Zapico pisando el acelerador apostando por los contrates y tempi arriesgando con una respuesta orquestal impecable y de auténtico barroco.
Sin pausas, aguantando desde la dirección la tensión que enlazaría en una unidad increíble seguiría Joseph Bodin Boismortier (1689-1755) con fragmentos de Don Quichotte chez la Duchesse, op. 97 (1743), misma tensión barroca, cuerda precisa, viento empastando mejor, percusión más “a tempo” y un clave “histórico” algo apagado pese a una amplificación suficientemente discreta que no logró el balance ideal que el Palacio de Carlos V necesitaría para esta música del XVIII con una orquesta del XXI, aunque la entrega de los músicos y su respuesta a la dirección del asturiano fue digna de admiración.
Y con la proyección en el “sobretelón” de los títeres quijotescos llegaría el esperado «El retablo de maese Pedro» (1919-1923) de Manuel de Falla (1876-1946).
El trío solista ubicado a la izquierda pero la acción de la maravillosa Compañía Etcétera de Enrique Lanz, volviéndonos niños nos hizo creer realmente que los títeres cantan, mantienen la acción en total compenetración con la música, y la amplificación que no siempre ayudó a las voces aunque la producción posterior seguramente encuentre el equilibrio justo. Con el cambio al clave “histórico” de Juan Carlos Garvayo, algo limitado en volumen pero con momentos de presencia impecable, una OCG sin limitarse en plantilla a la ideada por Falla, pues el palacio imperial necesitaba más músicos que el salón de “La Polignac” y una sincronización perfecta entre música y escena, Maese Pedro interpretado por el tenor David Alegret daría la pauta de este teatrillo al que cien años no son nada ante su actualidad en todos los aspectos, de amplificación compleja que no ayudó a disfrutar de su color ni textos. Del Trujamán interpretado por la soprano Alicia Amo comentar que tuvo la complejidad vocal de las transiciones entre un timbre de niño con los cambios dramáticos y la no siempre clara dicción, creo que debida a mi cercanía (fila 8) que mezclaba el sonido directo con el amplificado, aunque compensada por esos “cambios de registro” que ayudaron a la conjunción escénica necesaria. En cambio Don Quijote del barítono José Antonio López, siempre seguro de calidad y emisión, no tuvo las diferencias entre «natural y artificial» de su proyección y sensación de poderío, tanto corporal como de proyección, ventajas de esas voces que ni siquiera cambian el color ni la presencia tan necesarias para este Quijote de Falla.
Triunfo total de Enrique Lanz y toda su compañía, un equipo entregado hace años que volvía a dar vida a unos títeres históricos, familiares, con una escena tan creíble como bella con todo lo que conlleva mantener y actualizar un legado centenario. Espectáculo total es la ópera incluso de cámara, el Falla libre para crear esta joya tan actual como entonces desde la grandeza imperial que al fin es justa con una partitura bien leída e interpretada por un elenco al mando del maestro Zapico, conocedor de primera mano de esta producción que ya vivió e interpretó en Oviedo allá por 2009 desde el clave, y con mando absoluto este miércoles de festejos múltiples, llegada del verano para una noche primaveral donde Falla sigue presente y vigente.
La magia prosiguió en la noche granadina sin movernos de La Alhambra, asturianos y hermanos gallegos cerrando círculos y experiencias que mejor contarlas de palabra, pues hay sentimientos y casualidades en la vida que darían para una película. La banda sonora será de Falla…

Granada día 0

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Mañana 21 de junio comienza la 72 edición del Festival de Granada. Historia viva de nuestra música española y siempre unido al nombre de Manuel de Falla, el gaditano enamorado de la capital nazarí. Este 2023 y ya jubilado será todo un orgullo, además de enorme placer, asistir y contar desde aquí lo que me espera en un mes que será inolvidable y tal vez la envidia de todo melómano.

En mis años de estudiante con el profesor Casares, Granada y su festival ya eran algo para no perdérselo, y si además es parte de mi propia historia personal por estar casado con una psicóloga licenciada en esta universidad, era lógico que nos escapásemos a compartir recuerdos de juventud. Mi profesión docente estaba siempre marcada por el calendario escolar, lo que no impedía pasar algunos días de las vacaciones de navidad en esta  ciudad mágica, y mi primera vez en el festival fue en su edición 60 de 2011, conociendo en persona al siempre añorado «El Pérez» con quien comentar su monografía sobre Mahler que ya preparaba segunda edición ampliada, pudiendo escaparme al concierto que no podía perderme, puesto que mis admirados Forma Antiqva actuarían en el Auditorio con un programa que sería un hito en la historia de los langreanos y además la llevarían al disco «con un par», tras una de mis mejores experiencias musicales que reflejé en aquel blog que comenzaba su andadura en 2008 pero donde Granada sería el punto de inflexión.

Con motivo de los 70 años del Festival, ya peinando canas y próxima la jubilación, María del Mar Peña directora de «La oculta Granada» me pedía unas notas que de nuevo plasmé en este blog tras la mudanza con la que cambié de plataforma pero no de sentimientos, rememorando mi primera escapada al Festival (con mayúscula pues no hay otro igual). Ahí escribía hace dos años: «…toda una vida plena que espero volver a disfrutar cuando llegue mi esperada jubilación donde el calendario no será escolar sino plenamente melómano y los conciertos de junio y julio en la ciudad de La Alhambra sigan llenando mi mochila de viajes desde “Siana al mundo y con la música por montera”. Larga vida al Festival de Granada», y aquí estoy cumpliendo un sueño, como rezaba el titular de prensa «el sueño de varias noches de verano».

El 72 Festival arranca con una celebración única, el centenario de «El Retablo de Maese Pedro», una producción que la Ópera de Oviedo nos llevó al Auditorio en diciembre de 2009 enamorándonos de Hermenegildo Lanz y ahora su hijo, repitiendo ahora esta celebración nada menos que en el Palacio de Carlos V y con mi querido Aarón Zapico dirigiéndolo (en Oviedo estaba al clave) al frente de un plantel de voces conocidas y algunos de los principales atriles de la Orquesta Ciudad de Granada, que dirige Lucas Macías compartiéndola con la Oviedo Filarmonía (al final la conexión norte-sur funciona mejor que el tren o los aviones…).

Si hace 12 años tenía «la obligación» de asistir, este 2023 ya es «devoción». Imposible mejorar esta inauguración en una ciudad mágica, en un alojamiento increíble y agradecido a Antonio Moral, a Teresa del Río y a este Festival poder vivir en primera persona esta experiencia que ya forma parte de mi mochila musical y vital, pues «Falla no falla». Con un mes por delante lo difícil ha sido elegir entre tanta oferta magnífica y preparar mi estancia. Seré «Un asturiano en Granada» durante un mes, y esto no tiene precio.

Arriondas sinfónico

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Jueves 28 de julio, 21:30 horas. Plaza Venancio Pando de Arriondas: «ARRIONDAS SINFÓNICO», Carmen Yepes (piano), Vanessa del Riego Ledo (soprano), Bárbara Fuentes (mezzo), Laura Rodríguez Armas (contralto),
Adrián Begega (tenor), Gaspar Braña (tenor), Jorge Trillo Valeiro (bajo), Coral Polifónica de Arriondas, Orquesta Clásica de Arriondas, Sergio Vazquez (director). Obras de Bellini, Bizet, Guillermo Martínez y Beethoven.
Es muy loable programar conciertos al aire libre en verano y más en el oriente asturiano donde la capital parraguesa se convierte en un destino turístico internacional. De hecho esta noche de temperatura agradable y buscada por los enemigos del calor, fueron muchos los aficionados que acudieron a este Arriondas musical que tuvo varios inconvenientes pero ilusión a raudales.
La plaza donde se encuentra el famoso cañón que da la salida al Descenso Internacional de Sella tiene cafeterías con su bullicio veraniego y niños jugando, la cercanía de un concurrido mercado más la carretera con tráfico, por lo que evidentemente la acústica natural no propicia el mejor sonido para un concierto como el que ofrecía el Excelentísimo Ayuntamiento de Parres y el Principado de Asturias con la siempre necesaria colaboración de alguna entidad financiera, en este caso la Caja Rural de Asturias que se mantiene en cabeza tras la desaparición o huída de otras que no hace mucho eran sponsors habituales. Por ello la empresa gijonesa PRONORTE fue la encargada de iluminar y amplificar un tipo de música de por sí difícil, haciendo engañosos los planos de sonido, el volumen de las voces e incluso el color vocal de cada una de ellas, y no digamos en el caso del piano cuyos graves no sonaron contundentes sumándose la ausencia de luz para la solista asturiana que hubo de luchar no ya con Beethoven sino contra todos los elementos, pues en la prueba de sonido previa aún había luz natural. Añadamos mosquitos y algo de brisa por lo que los músicos hubieron de recordar las antiguas pinzas de la ropa que no faltaban en ninguna romería asturiana.
En la parte vocal por un lado solistas casi todos conocidos a los que citaré posteriormente, más la Coral Polifónica de Arriondas en la impresionante fantasía del sordo genial, evidentemente reforzada por coralistas y aficionados que no quisieron perderse poder cantar una de las obras que Beethoven utilizaría como «banco de pruebas» de su pionera novena sinfonía. Y la Orquesta Clásica de Arriondas que debutase en este marco en 2019 antes que el maldito covid quebrase una continuidad necesaria que se ha logrado mantener contra viento y marea, con instrumentistas jóvenes que gracias a formaciones como esta, también reforzados por algún «veterano», consiguen adquirir experiencia para futuros proyectos a los que en la actualidad no pueden acceder de no ser por las mal llamadas «orquestas de bolos», por otra parte muy normales en el mundo musical. Todo un concierto ilusionante dirigido por el maestro Sergio Vázquez Castañón (Oviedo 1990), alma mater de estos conciertos parragueses, a quien no hay más que aplaudir.
Con casi media hora de retraso y tras las palabras de Emilio García Longo, Alcalde de Parres, fue Ángel Lueje Corral el encargado no ya de presentar cada obra sino de comentarla al público, que llenó la plaza, y compartir su pasión y conocimiento con todos los presentes.
La primera parte comenzaría con dos escenas operísticas: primero el dúo Ah! Crudel d’onor raggioni…
de «I Capuleti e i Montecchi» de Vincenzo Bellini
, en las voces de Julieta Vanessa del Riego y Romeo Bárbara Fuentes, donde la comentada amplificación impide cualquier comentario más allá de la profesionalidad de ambas así como el buen hacer de la madera, y después Pres des remparts de Seville
de «Carmen» de Bizet
,  de nuevo Bárbara en el papel protagonista de la gitana sevillana con la breve intervención del Don José a cargo de Adrián Begega, conocido por sus intervenciones en distintos cursos de canto en Asturias, aplicando otro tanto sobre la amplificación. En ambos dúos la orquesta tampoco sonó como hubiésemos querido aunque el maestro Vázquez concertó siempre atento a los solistas.
A quienes me conocen y leen saben de mi admiración por Guillermo Martínez, con una capacidad  creativa que abarca todos los géneros y estilos desde la cercana Covadonga, hoy también presente en varias partes interpretativas y de público, así como haber estrenado parte de su amplia producción en estos conciertos en Arriondas. De su Serenade «Pprincipio e maggio»
para mezzo-soprano y orquesta, la versión original con para voz y piano se escuchó precisamente en este mismo marco y con la mezzo Bárbara Fuentes acompañada por María Cueva, pudiendo escucharla gracias a La Castalia a la que Guillermo Martínez siempre ha sido uno de sus pilares y disfrutado siempre que he podido, esta última en noviembre pasado con Janeth Zúñiga y la profesora Tomchuk, que este jueves se estrenaba en su arreglo sinfónico, engrandeciendo aún más ese homenaje de Guillermo para el centenario del gran Caruso. Contar de nuevo con la voz de la mezzo Bárbara Fuentes (que llevó casi todo el protagonismo del concierto) era un seguro de interpretación que las razones antes apuntadas evitaron un mayor disfrute de mi admirado escolano.
Y para la segunda parte, con la necesaria pausa para la incorporación de todos, nada menos que la Fantasía coral en do menor para piano, solistas, coro y orquesta, Op. 80 (Beethoven) que estrenase el propio compositor al piano, esta vez con mi querida Carmen Yepes, a la que pude escuchar esta misma obra en el Teatro Monumental de Madrid hace ya ocho años, en mejores condiciones para esta partitura donde el piano comienza verdaderamente fantástico, pleno y lleno de matices, para incorporarse la orquesta con melodías de «emperador» antes de ese final con el sexteto solista y el enorme coro revestido de una orquesta poderosa.
Lástima no poder escucharla en toda su magnitud aunque la generosidad y entrega de todos siempre sean de aplaudir. De hecho se bisó esta parte final majestuosa donde al menos los técnicos de sonido pudieron encontrar mejor equilibrio y todos los intérpretes parecieron saber que estaban ante un evento irrepetible.

Un asturiano en el Festival de Granada

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Todo buen melómano que se precie debe acudir al Festival de Granada, al menos una vez en su vida, un peregrinaje obligado como pueda serlo para los wagnerianos Bayreuth, Lucca para los amantes de Puccini, o incluso hacerse una “Ruta Bach” cual viajes a tierras santas como el que realicé hace muchos años entre mis viajes vacacionales, donde evidentemente la música siempre está presente.

Por mi profesión docente siempre son malas fechas las “granadinas” al coincidirme todavía con clases y evaluaciones, pero hace ahora 10 años que se cumplió mi sueño de volver a esa ciudad mágica con tanta historia y tanto arte que la música adorna porque siempre ha estado presente.
Y nada mejor que poder vivir en primera persona el “estreno” de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi por una formación española, nada menos que mis paisanos asturianos de Forma Antiqva con Aitor Hevia de violín solista, que además grabarían para su sello discográfico los días siguientes en el mismo escenario.
Emociones a raudales desde la llegada a la capital, pasear por sus calles, las cervezas con tapas que alimentan para todo el día, la Catedral o la Alhambra siempre distintas en cada visita. Todo preparado, el viaje en el microbús hasta el Auditorio Manuel de Falla, recrearnos con tiempo de las vistas únicas al atardecer siempre irrepetible, el carmen del compositor gaditano cerrado, pero con todo el aroma del músico universal enamorado de este último reducto árabe tras una reconquista que comenzaría en mi tierra trece siglos antes.
Los músicos asturianos en pleno 2011 recrearían en jueves la festividad del pamplonica San Fermín “reconquistando” España con un concierto muy especial para todos, conocedores de lo que suponía esta cita compartida con ellos. Sorpresas agradables donde encontrarse caras conocidas ayudó a redondear una tarde inolvidable, incluso para mi esposa que estudió Psicología en Granada antes de “raptarla” para el norte.
De las emociones es difícil escribir, pero como compulsivo “bloggero musical” (o musicógrafo como bien dice mi admirado Luis Suñén) dejé constancia por partida doble de un evento que todavía recuerdo como si fuese ayer, aunque estos blogs ya estén “archivados” (al menos no caducan) y me pasase a otras plataformas:
La mañana siguiente nos regaló un viernes soleado para darnos un paseo hasta el Monasterio de San Jerónimo a escuchar en su basílica un luminoso Victoria de tinieblas con verdadera devoción a cargo de los barceloneses Música Reservata tras una cola liviana al compartirla con amistades y familiares almerienses que viajaron para estar con nosotros viviendo y disfrutando este nuevo concierto del festival que siempre supone un placer para todos los sentidos.
Imposible encontrar entradas para el Palacio de Carlos V donde sonaría Bruckner con Barenboim y la Staatskapelle de Dresde, pero felices de volver a la Granada siempre única, al Corral del Carbón como corazón del festival y manteniendo un pulso que en diez años ha cambiado tanto como el mundo que nos ha tocado vivir.
El pasado año a pesar del “bicho” que continúa dando guerra, vivimos desde casa gracias a YouTube© un festival distinto, que con la llegada de mi querido Antonio Moral a la gestión, le tocó bautizarse luchando contra los elementos, echándole un órdago convencido de ganar esta partida que ha sido espejo para tantos otros eventos musicales en todas partes, manteniendo buena mano para el juego de este 2021.
Las tecnologías evolucionan, ahora tengo el blog en WordPress© y la rapidez que antaño suponía mi recordado teléfono SonyEricsson© ha volado al pajarito azul de Twitter© o las fotos hasta Instagram©, pero Granada se mantiene firme, 70 años que dan para una enciclopedia en papel, toda una vida plena que espero volver a disfrutar cuando llegue mi esperada jubilación donde el calendario no será escolar sino plenamente melómano y los conciertos de junio y julio en la ciudad de La Alhambra sigan llenando mi mochila de viajes desde “Siana al mundo y con la música por montera”. Larga vida al Festival de Granada.
Mieres, a 9 de junio de 2.021

A la atención de María del Mar Peña, directora de “La Oculta Granada”, con todo mi afecto y amor hacia mi adorada Graná.

Feliz Barroco malagueño en Navidad

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Lunes 23 de diciembre, 20:00 horas. S. I. B. Catedral de Málaga, Joven Orquesta Barroca de Andalucía, Aarón Zapico (director). Obras de Bach, Haendel, Vivaldi, Locatelli y Pachelbel. Entrada libre.
La Joven Orquesta Barroca de Andalucía (JOBA) nace en 2010 como un proyecto pedagógico promovido por la Orquesta Filarmónica de Málaga, dependiente del Ayuntamiento de Málaga y la Junta de Andalucía cuya finalidad es despertar en jóvenes entre los 17 y 22 años, el interés por la Música Barroca así como darles a conocer sus escuelas, géneros y prácticas interpretativas. En este encuentro de navidad han estado trabajando con el asturiano Aarón Zapico que continúa su imparable labor en la dirección y contagiando su pasión por un repertorio donde se ha consolidado como un especialista de renombre internacional.

El concierto que llenaría la «manquita malagueña» y ponía el punto y final a seis días de trabajo concienzudo, nada menos que cinco obras del barroco alemán e italiano muy exigentes para una orquesta joven a la vez que madura, de calidad más que demostrada, equilibrada y totalmente entregada al director, quien lleva y transmite a los músicos su visión fresca, llena de color e ímpetu de unas obras verdaderamente maravillosas.
Entrando desde la parte de atrás del altar con Rameau y su Danza de la pipa de la paz de «Las Indias Galantes» antes de ubicarse ya definitivamente para afrontar al dios Bach y su Suite para orquesta nº1 en do mayor, BWV 1066, llamadas en su época «Oberturas», como bien explica en las excelentes y extensas notas al programa Alejandro Fernández, reorganizando el programa a la inversa del previsto, como previamente explicó Aarón Zapico, y ejecutado sin pausas las notas musicales que con la JOBA iluminarían la catedral malacitana.

Las siete partes o danzas (Ouverture, Courante, Gavotte I/II, Forlane, Minuet I/II, Bourrée I/II, Passepied I/II) con una instrumentación de oboe I/II, fagot, violín I/II, viola, bajo continuo) ya supusieron el primer toque de calidad de los jóvenes instrumentistas andaluces, con una cuerda muy equilibrada y una madera a la que la reverberación catedralicia no ayudó a degustar más su virtuosismo. Colores orquestales bien remarcados, aires contrastados y valientes en los rápidos, muy íntimos los lentos, con una gama dinámica realmente digna de veteranos.
Tras Bach su compatriota y contemporáneo Haendel con el Concierto nº 2 en si bemol mayor HWV 313 (de los Sei Concerti grosso op. 3), las dos caras del barroco alemán que se complementan pero ofrecen más lucimiento y menos hondura desde su estancia londinense no exenta tampoco de los aires de su época en sus cinco movimientos (Vivace, Largo, Allegro, Menuet y Gavotte), danzas para la cuerda bien contrastadas, con una plantilla ideal para cada una, nueva paleta amplia de matices y contrastes bien entendidos por el maestro Zapico y resueltos con solvencia por la JOBA.

Y de Alemania a Italia con el irrepetible Vivaldi de quien escuchamos su Concierto para cuerdas y continuo en sol menor, RV 157, maravillosa página del «cura pelirrojo» con una interpretación sublime de los jóvenes barrocos y el impulso desde la dirección, la luz que tras quitar el paso del tiempo cual lienzo sonoro descubre líneas y colores escondidos. La acústica también nos impidió disfrutar del clave con más presencia, aunque hubo momentos donde alcanzamos a vislumbrar ese continuo junto a unos cellos y contrabajo redondos.
Aún más preciosista en el planteamiento el Concierto grosso nº8 en fa menor, «Concierto de Navidad» op. 1 (de los Dodici Concerti grosso a Cuatro e a cinque) de Locatelli, para disfrutar de una orquesta ensamblada luchando con la difícil afinación y entregada, el barroco italiano siempre único que el maestro Zapico entiende a la perfección y la orquesta respondió fielmente.

Me asombraron tanto el fagot de Irene Camacho Sánchez como el oboe solista de la malagueña Nieves Escobar Baena, calidad y musicalidad que transmiten en cada intervención, al igual que los violines solistas en perfecto entendimiento a lo largo del programa, para rematar sin Aarón con el conocido Pachelbel y su Canon y giga en re mayor para tres violines y bajo continuo, T. 337 creciendo en emociones e intensidad manteniendo la pulsación levemente marcada por el arco de uno de los cellistas mientras el maestro dejó a su orquesta escucharse, disfrutar con esta popular obra, el broche final de un encuentro con mucho trabajo cuyo examen final y premio fue este concierto arrancando largas ovaciones de un público que disfrutó esta navidad barroca en la Catedral de Málaga, de nuevo con acento asturiano del que seguiré presumiendo.

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