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Siempre la radio para vivir mejor

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“Músicas para vivir mejor” Radio Clásica en su 60 aniversario”. Prólogo de Gustavo Dudamel y Espido Freire. Editorial Medio Tono.

ISBN 978-84-127901-3-9. 198 páginas, Precio 22 €.

Soy de la generación que ha vivido y vive con la radio. Mi primer recuerdo es aquella que teníamos en la cocina sobre la mesa, con un mueble de madera a medida y donde escuché la muerte del papa Juan XXIII en 1963. Tres años más tarde se creaba en Radio Nacional un segundo canal dedicado a la llamada música clásica, y sumando los muchos discos de mi padre, era lógico que me aficionara a ella de crío, para ir pasando a pasión y profesión.

Llegaron los radiocasetes, y aún atesoro dos cintas grabadas en vivo cuando vino a España Leonard Bernstein con la Filarmónica de Viena y el pianista Krystian Zimerman al Teatro Real (por entonces solamente sala de conciertos) a finales de octubre de 1984 con una interpretación de nuestro “Himno Nacional” única -que recuerdan los archivos de RTVE– .

Llevo siempre sintonizada Radio Clásica en el coche, mi radio despertador otro tanto. Llegó la TDT, con una calidad de sonido fenomenal por lo que a menudo utilizo la televisión sólo para escuchar. Y no me falta una en el baño otra que funciona a pilas (se agradeció cuando “el apagón”).

Los llamados teléfonos “inteligentes” con la aplicación de RNE Audio se sumaron a las muchas opciones de seguir fiel y últimamente es la que más utilizo, pues me permite escuchar música a la carta con la posibilidad de los llamados “podcast” y así poder rescatar programas en “horas de sueño”, aunque también en el ordenador, y si lo tengo conectado a la cadena de música todavía mejor.

Celebré los 50 años de Radio Clásica con un cofre de 5 CDs (“La Música de una Historia”) donde se repasaba la historia de la música “académica” desde el Medievo hasta nuestros días con nada menos que 8o «pequeñas joyas», más un libreto con autógrafos de compositores, fotografías del equipo de Radio Clásica, y una selección de textos firmados por los  entonces trabajadores de la emisora, todo voces expertas de la radio pública.

Y en este 2026 llegaría el doble CD editado por Warner Music Spain (“Mucho más que música”) con abundantes fotos y textos de “mi familia radiofónica”, un aperitivo donde también están las sintonías de nuestra vida al otro lado de la radio «para trazar un itinerario afectivo a través de la historia de la cadena. Un viaje sonoro que conecta memoria, excelencia interpretativa y diversidad estilística» como lo presentaba la web.

A este 60 aniversario se suma 1/2 Tono, una editorial de libros de música “donde la historia se lee con los oídos y se escucha con la imaginación”. con un libro en colaboración con Radio Clásica, RNE y RTVE, titulado “Músicas para vivir mejor”, perfecto complemento donde 22 de sus actuales informadores nos dejan este relato colectivo y nos ofrecen su personal visión musical desde la óptica y línea “argumental” de los programas que dirigen. La contraportada ya nos indica que «Estas páginas exploran cómo la música influye en nuestra identidad, en nuestras relaciones, en nuestra forma de pensar y hasta en nuestra manera de habitar el tiempo». Además se acompaña de una lista de reproducción accesible desde un QR con la selección que cada uno de los participantes ha elaborado relacionada con el título  del capítulo (también en la Web).

El libro de 198 páginas, con un diseño y  cubierta de Javier Díaz Garrido “marca de la casa” que sigue ampliando su catálogo (este es el cuarto y esperando que “no hay quinto malo”) lo he estado leyendo cual “rayuela” anímica (Ad libitum), mentalmente con sus voces y sintiéndome plenamente reflejado tanto en la selección y textos de cada uno y cada una, como en los propios títulos de Música para… Reír con Elena Horta, meditar con Mikaela Vergara, el duelo con Eva Sandoval, aprender idiomas con Martín Llade (en su línea habitual incluso por la extensión)… y por supuesto para despertarse feliz (Lidia Cossío), sólo por citar algunos capítulos, pero donde encontrar la música en cada momento.

Roberto Santamaría, actual director de RNE, en el Epílogo y (citado también en la contraportada) escribe que « (…) cada día se demuestra que Bach ordena el mundo, que Mahler lo ensancha, que Falla lo enciende y que Monteverdi lo consuela», porque todos están en nuestra vida y en este libro.

La radio nos mantiene informados, despiertos o acunándonos para el sueño, pero sobre todo nos hace vivir mejor. Radio Clásica es como mi hermana pequeña y no hay mayor placer que la lectura con música porque nunca termina.

En estos días se está presentando el libro, y esperando seguir cumpliendo y celebrando décadas solo queda cantar

♩ ♫ ♪ Cumpleaños feliz ♪♫♪♫

Redacción actual de Radio Clásica:

Nacho Arbalejo, Fernando Blázquez, Ana Cortijo Haro, Clara Corrales, Lidia Cossío de la Iglesia, Yolanda Criado Díaz, Germán García Tomás, Carlos Hernández Sánchez, David Hervás, Elena Horta Barrio, Irene de Juan Bernabéu, Vigor Kuric, Martín Llade, Marisa Martínez Esparza, Amaya Prieto Barriuso, Ana Reina, Diego Requena, Clara Sánchez González, Eva Sandoval Díez, María del Ser, Gracia Terrén Lalana, Mikaela Vergara.

Jóvenes admirables

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Domingo 14 de junio, 21:00 horas. Auditorio Manuel de Falla, 23 FEX (Festival Extensión) del 75 Festival de Granada: Atlanta Symphony Youth Orchestra, William R. Langley (director). El lago de los cisnes, obras de Verdi, Ravel y Chaikovsky.

Las jóvenes orquestas son formación y también cantera de las profesionales (muchas ya van tutelándolas), y no hay nada mejor que los conciertos por lo que supone de experiencia para el futuro, siendo como una gran familia que convive mucho tiempo, para después, como es ley de vida, ir independizándose para encontrar un puesto de trabajo del que poder vivir.

Un buen premio son siempre los viajes, mejor al extranjero, y la Agencia Classical Movements es una compañía que organiza giras de conciertos desde EEUU a todo el mundo, una «forma de superar las barreras culturales y lingüísticas y fomentar una verdadera comprensión entre nacionalidades» como reza su propaganda, y en nuestro país ya ha traído a la Joven Orquesta de Chicago el pasado año a Granada, y este año la Atlanta Symphony Youth Orchestra (ASYO), como bien recordó al inicio del concierto su responsable en España Jordi Gimeno, en gira por Valladolid, Alcalá de Guadaira más las dos citas granadinas dentro del FEX en Orce y este domingo en el auditorio granadino, una formación de músicos entre los 15 y 18 años (aunque también había de 13 y 14).

La ASYO, fundada en 1974, traía una plantilla algo descompensada en la cuerda (7-7-7-5-3) pero capaz de olvidarnos esa «carencia» en cuanto comenzaron. Ofrecían un programa que bien podría ser la propuesta del Festival de Granada: ópera, con una obertura, una gran página sinfónica y música de ballet. El director William R. Langley maneja a esta juventud con gestos por momentos exagerados pero necesarios y claros, dando cada entrada, dejando a los solistas lucirse sin agobiarlos, una formación excelente con un trabajo duro que dio sus frutos en un concierto excelente.

La obertura de La forza del destino (Verdi) es habitual como obra sinfónica por lo agradecida que suena poniendo a prueba cada sección orquestal. La ASYO sacó músculo en los metales a los que el ímpetu les llevó en algún momento a des equilibrar los balances (estoy seguro que pronto estarán en sus llamadas «Brass Band» de colegios y universidades), pero la cuerda -más dos arpas- con un concertino ya maduro por su virtuosismo, trabajaron para compensar volúmenes, la percusión siempre en su plano, y destacable una madera que además de empastada, mostró sonoridades envidiables para su edad.

La Alborada del gracioso (Ravel) es otra página sinfónica exigente por la constante búsqueda de colores en las tímbricas (la madera nuevamente impecable con un fagot de altura), el virtuosismo para los primeros atriles (destacando los solos del ayudante de concertino «rivalizando» con su compañero), la sutileza en los fraseos y encontrar el aire adecuado en cada momento, y el maestro Langley llevó con firmeza a sus pupilos para una interpretación luminosa.

Y el plato fuerte nada menos que Tchaikovski, que además daba título al concierto con El lago de los cisnes, una selección que si se me perdona la expresión, «no es moco de pavo». Cada número iría arrancando aplausos  ante la entrega, calidad y contundencia de la ASYO y Langley sacando de ella lo mejor, con los solistas brillando hasta la conocida escena (alguno del público la tarareó) donde la oboe impresionó hasta el punto de conseguir mantener la unidad expositiva posterior y la emocionante intervención de un virtuoso violinista junto a la arpista, música camerística, así como una cuerda en pizzicatti redonda en el Vals (más vienés que ruso), junto al resto de secciones (donde las flautas siempre sonaron perfectas), que volvió a arrancar los aplausos del respetable hasta la escena final convertida en una apoteosis sonora. Cerrando los ojos y escuchando esta suite tan profunda además de exigente, donde la belleza de las melodías del compositor ruso pueden tender a cierto almibaramiento, el resultado de los georgianos de EEUU fue maduro de principio a fin.

El éxito del concierto nos trajo otra excelente página como propina, de la cinematográfica saga Harry Potter eligieron «El prisionero de Azkabán» y el conocido Aunt Marge’s Waltz de John Williams, una «brass band» poderosa con el oboe mágico, el equilibrio  orquestal de los balances, la musicalidad del oscarizado compositor que siempre ha bebido de la música europea, y el dinamismo que Langley imprime a estos maduros jóvenes, apostando por tempi arriegados a los que todos respondieron con brillantez.

Aún vendrían ¡5 propinas más! para un público entregado tras el espectáculo sonoro de los estadounidenses, una encajadísima y dinámica Danza húngara nº1 de Brahms, y más Tchaikovsky que provocaba el delirio (y las sonrisas ante el aluvión ruso que iba presentando Langley) donde sonaría la famosa Danza española del acto III de «El lago de los cisnes».

Y tras marcar las palmas cual concierto para abrir el año, bisarían la Mazurka y también el final de la obertura verdiana, fuerza del destino y la hora, ya cercana a las 23:00 aunque el tiempo se detuvo en la ya noche granadina.

PROGRAMA:

Giuseppe Verdi (1813-1901)

Obertura, de La forza del destino

Maurice Ravel (1875-1937)

Alborada del gracioso, de Miroirs

Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893)

El lago de los cisnes, selección:

Introduction. Nº 1, Scene. Nº 3, Scene. Nº 5, Pas de deux. I. Tempo di Valse ma non troppo vivo, quasi Moderato. II. Andante – Allegro. IV. Coda. Nº 8, Danse des coupes. Nº 10, Scene. Nº 13, Danses des cygnes. IV. Allegro moderato. V. Pas d’action (Odette et le prince). Dance russe. Nº 21, Danse espagnole. Nº 23, Mazurka. Scene et Finale.

Una noche en danza

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Sábado 13 junio, 22:30 horas. 75 Festival de Granada, Danza. Teatro del Generalife: Gala flamenca a beneficio de la Fundación Reina Sofía. Flamenco Patrimonio: Ballet Flamenco de Andalucía, Patricia Guerrero (dirección artística), Sergio Gómez “El Colorao” (cantaor). Fotos de ©Fermín Rodríguez – Festival de Granada, y propias.

Como publica la Web del Festival, que no es solo de música sino también de danza, en mi día 5 y tercera noche, llegaba al Generalife un “Viaje a las raíces y homenaje a los maestros” con el Ballet Flamenco de Andalucía protagonizando la Gala a beneficio de la Fundación Reina Sofía (presente en el teatro), con el montaje Flamenco Patrimonio, creado para conmemorar el 15º aniversario de la declaración del flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

“Bajo la dirección artística y coreográfica de Patricia Guerrero, esta brillante generación de artistas toma las riendas creativas en una obra que reivindica a la compañía institucional andaluza como una cantera inagotable de talento. El espectáculo recorre, en una pieza única, un abanico musical con un primer movimiento que nace en la elegancia de Arturo Pavón y avanza por la profundidad de las peteneras, romances y verdiales, para continuar con un segundo movimiento que es un íntimo tributo a Granada, en el que el escenario se impregna de la esencia del Albaicín y el Sacromonte. Culmina reinterpretando el legado artístico de Enrique Morente. Esta propuesta mira al futuro y al origen, al conmemorar tres décadas desde que Mario Maya fundara la compañía. Es, en esencia, un viaje emocional y creativo por el mestizaje y la raíz de un arte que sigue vivo en sus jóvenes figuras”.

Un espectáculo de verdadera raíz andaluza donde el baile se hace con la música en directo (salvo el primer número), y nueve cuadros que representan todo el sentir del flamenco, tocando todos los palos y con todo un elenco de jóvenes músicos y bailarines “conjugando tradición y modernidad, riesgo y calidad” como así lo definió Patricia Del Pozo, consejera de Cultura y Deporte en funciones, para esta primera gala de Danza en el festival más antiguo de España.

El flamenco sigue más vivo que nunca como lo demuestra este homenaje a los grandes maestros y maestras de las nuevas generaciones caso de la directora del ballet, la coreógrafa y bailaora Patricia Guerrero (Granada, 1990), Premio Nacional de Danza 2021, con quien ya disfruté el pasado año en el espectáculo Orígenes. En esta septuagésima edición, Flamenco Patrimonio rinde tributos al primer pianista flamenco Arturo Pavón en “Noche de Triana», música grabada y con Adriana Gómez al baile; al irrepetible Enrique Morente en el número final “Eterno” donde la música en vivo con la batería de Chupete y todo el elenco de baile más cante, con la grabada, confluyeron en un apoteósico final.

También recuerdo y homenaje al bailarín cordobés, granadino de cuna y enterrado en Sevilla Mario Maya -maestro de Patricia Guererro– con la inspiración poética del Sacromonte y el Albaicín, en un espectacular “Maestro” con Patricia junto al elenco masculino en una coreografía propia puramente rítmica de zapateados en taburetes giratorios, la granadina centro de la acción, a la que se irían sumando «los siete magníficos», todo de una belleza increíble. Paisajes y figuras para esta noche flamenca desde el siempre mágico entorno de cipreses, naturaleza y silencio del Generalife.

El amplio elenco del Ballet Flamenco de Andalucía iría presentando los nueve paisajes con distintas combinaciones de cante y baile, como los reflejo más adelante en el programa detallado. A destacar un vestuario bellísimo, que se puede comprobar en las fotos de Ferminius que incluyo en esta entrada, distinto para los números: el inicial de faralaes blanco con lunares rojos y el mantón manejado como capote torero por Adriana Gómez en la “Noche de Triana” sobre la música de Pavón; el completo “Polo” con todo el cuerpo de baile (los hombres camperos), el solo de María Carrasco de negro zaíno; los “Caminos malagueños” para tres bailarines jugando con el color de las chaquetillas con esos ritmos cambiantes de los vecinos (con una música increíble de Luis Medina a la guitarra), o el mosaico de trajes en «Sacromonte» con las bailaoras cantando “a capella” en una coreografía coral de Maria Carrasco, antes del “Eterno” rojo pasión.

Destacar al almeriense Eduardo Leal en “Aljibe” (al que se sumaría Patricia Guerrro), baile «torero» elegante que me recordó al irrepetible Antonio Gades, y el trío femenino en “Corridos y Romances” donde apreciar el “sentío” de cada bailaora con coreografía suya, aprovechado las sillas y montar un patio con las guitarras, el cante del trío y la percusión de David Chupete. No faltaron los jaleos naturales que no solo animan sino que son la esencia.

La escenografía jugó con tres paneles (dos laterales y el del fondo) con sombras proyectadas y la iluminación sencilla y efectiva de Olga García  que evocaban los barrios granadinos e irían cayendo según avanzaban los números desde los laterales hasta la sorpresiva caída final de telón mostrando una plataforma con la batería en lo alto y en el siguiente escalón los tres cantaores y debajo tres focos blancos completando una escena pasional por la iluminación roja.

El cantaor Sergio “El Colorao” (Granada, 1985) alternaría con Manuel de Gines (que se marcaría “Fe, te habito” bailado con María Carrasco muy emocionante) incluso con dúos donde contrastar dos timbres tan distintos, más Amparo Lagares tanto sola (siempre poderosa y con «pellizco»), como a trío.

En el toque, el compás y juegos tímbricos de Chupete a la percusión con un set variado (donde no faltaron las castañuelas) y la batería final encajada con lo pregrabado, auténtico sustento y complemento a los muchos zapateados que empastaron con tronío. Dos guitarras y dos estilos, el purista del mairenero Jesús Rodríguez, y el virtuoso de José Luis Medina, punteos y rasgueos que igual empujan el baile, que hacen de puente detallista además de propio entre números. La unión de ambas sin olvidarnos de las palmas, consiguieron momentos casi sinfónicos, con una sonorización perfecta y clara.

Mención especial para el “alma mater” Patricia Guerrero, tanto en sus coreografías como en el baile: inspirada, entregada, arropada, manejando la bata de cola de forma increíble, equilibrios sobre una sola pierna, cuadros de una plasticidad bellísima, zapateados virtuosos llenos de matices, y esas manos que vuelan como mariposas, todo con una fuerza que transmitió a todo el elenco, fiel reflejo de cómo siente y entiende la granadina el baile flamenco, desde la tradición a la modernidad, el baile “Eterno” como el cierre de un espectáculo brillante.

PROGRAMA:

1. Noche de Triana

Coreografía: Lucía “La Bronce”

Baile: Adriana Gómez

Música: Arturo Pavón

2. Polo

Dirección coreográfica: Jasiel Nahin

Música: Jesús Rodríguez

Baile: todo el elenco

Cante: Amparo Lagares, Manuel de Gines, Sergio “El Colorao”

Guitarra: Jesús Rodríguez, José Luis Medina

Percusión: David Chupete

3. Fe, te habito

Coreografía: María Carrasco

Música: Jesús Torres

Baile: María Carrasco

Cante: Manuel de Gines

Guitarra: Jesús Rodríguez

Percusión: David Chupete

4. Caminos malagueños

Coreografía: Ángel Fariña, Blanca Lorente

Música: José Luis Medina

Baile: Álvaro Aguilera, Arturo Fajardo, Hugo Aguilar Guitarra: José Luis Medina

5. Corridos y Romances

Coreografía y baile: Araceli Muñoz, Claudia “La Debla”, Adriana Gómez

Música: José Luis Medina

Cante: Amparo Lagares, Manuel de Gines, Sergio “El Colorao”

Guitarra: Jesús Rodríguez, José Luis Medina

Percusión: David Chupete

6. Aljibe

Coreografía y baile:

Patricia Guerrero, Eduardo Leal

Música y cante: Sergio “El Colorao”

Guitarra: José Luis Medina

Palmas: Álvaro Aguilera

7. Sacromonte

Coreografía panderos: María Carrasco

Baile: todo el elenco femenino

Adaptación letras: Sergio “El Colorao”

Cante: Amparo Lagares, Manuel de Gines, Sergio “El Colorao”

Guitarra: Jesús Rodríguez, José Luis Medina

Percusión: David Chupete

8. Maestro

Coreografía: Patricia Guerrero (inspirada en la obra de Mario Maya)

Baile: Patricia Guerrero y todo el elenco masculino

9. Eterno

Coreografía: Álvaro Aguilera

Composiciones: Enrique Morente

Adaptaciones musicales: Sergio “El Colorao” (inspirado en la obra de Enrique Morente)

Baile: todo el elenco

Voces: Amparo Lagares, Manuel de Gines, Sergio “El Colorao”

Batería: David Chupete

Flamenco Patrimonio

Dirección artística: Patricia Guerrero

Artista invitado: Sergio “El Colorao” (cantaor)

Maestro repetidor: Eduardo Leal

Bailaoras/es: Adriana Gómez, Alberto López, Alejandro Fernández, Alicia Gavilán, Álvaro Aguilera, Ángel Fariña, Araceli Muñoz, Arturo Fajardo, Claudia “La Debla”, Hugo Aguilar, Lidia Gómez, María Carrasco, Natalia Alcalá

Cante: Amparo Lagares y Manuel de Gines

Guitarras: Jesús Rodríguez y José Luis Medina

Percusión: David Chupete

Asesor escénico: Juan Dolores Caballero

Diseño de iluminación: Olga García AAIV

El milagro Mehta

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Viernes 12 junio, 22:00 horas. 75 Festival de Granada, Conciertos sinfónicos.Palacio de Carlos V: Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino, Zubin Mehta (director). Obras de Mozart. Fotos de ©Fermín Rodríguez – Festival de Granada y propias.

He asistido de nuevo al privilegio de vivir en directo al nonagenario director hindú Zubin Mehta (Bombay, 1936) tras el concierto del pasado 19 de febrero en Oviedo, esta vez al frente de la Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino (que se estrenaba en la capital nazarí), nada menos que con la trilogía sinfónica concebida por Mozart en el verano de 1788, una de las cimas de la música sinfónica y referencia fundamental en la historia de la música occidental. para la inauguración del 75 Festival (tras el previo de la noche anterior).

Mehta debutó en Granada en 1964, algo que el propio director relata en sus memorias “La partitura de mi vida”: «Mi romance con España empezó en 1964, cuando tuve el gran placer de hacer música con la Orquesta Nacional de España en la maravillosa Alhambra de Granada». En este regreso, habiendo dirigido siete conciertos a lo largo de más de seis décadas (en las ediciones de 1964, 1968, 2011 y la actual de 2026), tras su última visita bien se merecía la concesión de la Medalla de Honor 2026, reconociéndole una trayectoria excepcional que ha dejado profunda huella en la música clásica contemporánea y una relación privilegiada con el certamen granadino, como también recordaría en el acto su amigo Paolo Pinamonti.

Presente en aquel su primer concierto en este mismo recinto, estuvieron los entonces Príncipes de España, y este viernes la Reina Emérita, quien aquella noche junto a su hermana Irene de Grecia, lo llevó a ver bailar a los gitanos en las cuevas del Sacromonte, iniciando una amistad con Doña Sofía que llega hasta nuestros días, por lo que Su Majestad, reconocida y extraordinaria melómana, cercana y amiga de grandes figuras internacionales, sería la invitada perfecta para hacerle entrega al descanso de tan merecida distinción al maestro hindú. También estuvieron presentes en este emotivo concierto (retransmitido en directo por Radio Clásica y la UER) de homenaje: el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; la alcaldesa de Granada, Marifrán Carazo; el secretario de Estado de Cultura, Jordi Martí Grau; la consejera de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo; y el director del Festival, Paolo Pinamonti que realizó la semblanza del maestro Mehta así como la cita a Alfonso Aijón (presente en el concierto), fundador de «Ibermúsica» y que tantas veces trajo a España al director hindú.

La web del Festival presentaba este concierto como Apasionante debut mozartiano, con otro de los grandes hitos de esta edición del Festival, “el debut de la prestigiosa Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino, bajo la dirección de una de las batutas más reconocidas y admiradas del último medio siglo, Zubin Mehta. A sus 90 años, las limitaciones físicas no han mermado en absoluto la autoridad musical del maestro ni su comprensión profunda del gran repertorio internacional”, y en efecto tuvo la ocasión de “mostrarlo con la extraordinaria trilogía sinfónica concebida por Mozart en el verano de 1788, que a la postre sería culminación de su pensamiento sinfónico. Tres obras consecutivas y contrastadas, que recorren desde la amplitud luminosa hasta la tensión dramática y la afirmación final, y que resumen como pocas el genio del compositor salzburgués. Un debut de alto voltaje artístico para el Festival, a cargo de una orquesta histórica y un director esencial”.

En lo estrictamente musical, la primera parte, tras el susto de la caída desde el podio tras la laboriosa colocación desde la silla de ruedas hasta el taburete de un Zubin Mehta que nos puso el corazón en un puño, la ocuparían las sinfonías 39 y 40, donde el maestro nos hizo olvidar su estado físico porque revive con Mozart . Y la Orchestra del Maggio Musicale Fiorentino (en colocación vienesa con violines enfrentados y contrabajos atrás a la izquierda) se rindió al magisterio de un director que la conoce como pocos. Los años consiguen alcanzar el poso y la sabiduría para no apurar los tempi, con una gestualidad contenida y amable, la batuta reducida en movimientos pero siempre marcando la pulsación y las dinámicas exactas, mientras la mano izquierda marcaba todas las entradas, la presencia de las secciones, el fraseo amable hasta alcanzar la magia. Si la Sinfonía nº 39 en mi bemol mayor por los tres bemoles de la armadura esconde la simbología masónica del número 3, como nos cuenta José Luis García del Busto en las notas del programa, Mehta se erigió en Gran Maestre de la Orden Mozartiana. El Menuetto posado para saborear la maravillosa escritura del genio salzburgués con una orquesta ideal por plantilla. de sonoridad clara, con unas maderas (sin oboes) cantabiles y sobre todo un Allegro sin prisas, de “tempo giusto” que el hindú transmitió con la respuesta exacta a sus gestos, economizados, mas donde una mirada, un leve movimiento del cuerpo y permitir dejar fluir la música, dejaron el listón muy alto para “La 40”.

Parece increíble la rapidez con la que Mozart compuso esta trilogía, y un mes después de la anterior llegaba la popular Sinfonía nº 40 en sol menor, con un Molto allegro contenido para escuchar todos los detalles, de nuevo maderas al completo y trompas de empaste perfecto, más la cuerda sedosa, equilibrada con esa colocación donde apreciar que los llamados violines segundos son tan protagonistas como los primeros, y el juego instrumental que proyectan en el centro los cellos y violas. De nuevo con el Menuettto sacó a flote tanto las virtudes de los florentinos como el carisma y magisterio de un Mehta que detiene su tiempo vital y revive con el musical. Sin las ataduras del atril y con la mente clara, dirigiendo todo el concierto de memoria, el Allegro assai reafirmó que los años frenan los ímpetus para no perder ningún detalle de tanta buena música.

Tras el descanso llegaría el emotivo y emocionante acto de entrega de la Medalla de Oro presentada por Pinamonti, con los políticos de testigos mientras Doña Sofía de Grecia aplaudía a su amigo Zubin, que incluso se pondría brevemente en pie, agradecido, sonriente, y todo el público que llenaba el Palacio de Carlos V mostrándole el mismo cariño, respeto y admiración con una larguísima ovación.

Y nada mejor que soñar y volar con “Júpiter” al firmamento mozartiano, la luz de la tonalidad limpia de do mayor (sin alteraciones en la armadura), que en palabras del mencionado García del Busto, “con voluntad de superar, de resolver en positivo la tensión del heroico dramatismo de la Sinfonía en mi bemol mayor y la tragedia íntima de la Sinfonía en sol menor”. Tal parece la definición de Mehta con “su” Maggio para la Sinfonía nº 41 en do mayor, “sabiduría y altísimo oficio musicales”, pues no se puede describir mejor este soplo vital. Cada movimiento nos deleitó con unas dinámicas exquisitas, una elección de tempi perfecta y sobre todo ese Finale “claro, fluido, risueño” volviendo a tomar los calificativos de las notas al programa, con una orquesta brillante (sin clarinetes) con el rigor interpretativo y el milagro de un Mehta que dirigiendo nos hizo olvidar su frágil apariencia con la fortaleza de una carrera impecable, recibiendo los larguísimo y merecidos aplausos de un público puesto en pie que, como la orquesta, le quiere, admira y respeta a sus 90 años.

Una noche para recordar al eterno Mozart y al milagroso Zubin Mehta.

PROGRAMA:

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

I

Sinfonía nº 39 en mi bemol mayor, KV 543 (26 de junio de 1788)

Adagio – Allegro

Andante con moto

Menuetto. Allegretto

Allegro

Sinfonía nº 40 en sol menor, KV 550 (25 de julio de 1788)

Molto allegro

Andante

Menuetto. Allegretto

Allegro assai

II

Sinfonía nº 41 en do mayor, KV 551 «Júpiter» (10 de agosto de 1788)

Allegro vivace

Andante cantabile

Menuetto. Allegretto

Finale: Molto allegro

Efecto Einaudi

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Jueves 11 junio, 22.30 h. 75 Festival de Granada, Concierto Extraordinario. Teatro del Generalife: Ludovico Einaudi. Solo piano. Fotos Álex Cámara / Festival de Granada, y propias.

Como figura en la web del festival, llegaba esta cita excepcional de aniversario (con todo vendido): Einaudi en el Generalife, antesala de la 75 edición del Festival, con el reconocido compositor y pianista italiano Ludovico Einaudi (Turín, 1955) debutando en Granada con este concierto extraordinario en el Teatro del Generalife, en gira española de Granada a Pamplona, Madrid y Barcelona hasta el día 16, y el programa Solo piano que ha grabado recientemente, a la espera de nuevo en estos días, enlazando y organizado temas con la naturalidad y sencillez del italiano.

Figura destacada en el panorama musical contemporáneo, Einaudi ha construido un lenguaje personal que trasciende géneros y públicos. Su obra, próxima a veces al minimalismo, combina claridad melódica y carga emocional profunda, conectando con audiencias amplias más allá de los circuitos clásicos tradicionales, lo que se nota por “el tirón” de todas su actuaciones, como en Granada con todo el papel vendido y colas esperando antes de abrirse las puertas. Sus composiciones para piano solo, también  para conjuntos, han sido aclamadas internacionalmente, formando parte de bandas sonoras cinematográficas y de series, consolidándolo como uno de los creadores más influyentes de nuestro tiempo.

Concierto extraordinario en todos los sentidos para comenzar oficialmente este viernes la septuagésima edición del festival granadino, apostando por “música sin etiquetas” como me gusta llamarla, y nadie mejor que el pianista italiano que rompe barreras, aunque los que peinamos canas asociemos su música a la por entonces llamada “New Age” donde el estadounidense George Winston marcó estilo siendo un superventas parecido al inglés Michael Nyman, y que ahora el turinés parece tomar el relevo.

Con una amplificación no de la calidad esperada, pero con los efectos de reverberación y delay habituales en sus grabaciones, sumándole un excelente uso de los pedales, Einaudi embrujó a todo el Generalife que siguió la actuación en un silencio sepulcral, relajante, cual «salvapantallas sonoro» de casi dos horas, donde ir desgranando y enlazando temas de una carrera longeva como el propio artista comentaría (en inglés) tras el primer bloque. Su música, como él la definió, es un lienzo desde el piano donde puede pasar de la brocha al lápiz, un paisaje que nunca es igual, como en cierto modo entendían los impresionistas, el mezclar colores  directamente en el óleo que para Ludovico es el piano, con el fondo de los cipreses imperiales.

En el Generalife ofreció una velada única e irrepetible, un concierto o mejor recital íntimo, donde “invita al público a sumergirse en un universo sonoro íntimo y universal, donde cada nota parece hablar en silencio. El programa propone un viaje emocional por una obra que trasciende géneros y fronteras, caracterizada por su minimalismo lírico, su profundidad expresiva y una conexión directa con el oyente”. A través del piano solo, fuimos disfrutando casi de un muestrario de todos sus trabajos, pues el autor interpretó algunas de las piezas más queridas de su repertorio junto con otras menos conocidas, y composiciones de sus trabajos más recientes, tal y como lo presentaba el programa de mano.

En su biografía destaca “que se ha formado en el Conservatorio de Milán bajo la guía de maestros como Luciano Berio. Einaudi ha sabido destilar la complejidad de la vanguardia para alcanzar una «esencialidad máxima». Desde su debut con Le Onde hasta su reciente e íntimo proyecto Underwater –gestado en el silencio del confinamiento–, su carrera ha sido una búsqueda constante de la pureza. Ya sea interpretando su célebre Elegy for the Arctic sobre el hielo del océano Ártico o bajo las estrellas en el Generalife (como en esta noche nazarí), Einaudi demuestra que, en un mundo ruidoso, su piano es el refugio donde el silencio y la emoción finalmente se encuentran”.

Cual cuadros de una exposición donde el italiano iba pintando al piano mientras el público contemplaba cada lienzo, el color inicial casi etéreo, por el empleo del registro agudo, iría ganando en intensidades cuando aparecían unos graves potentes, pinceladas donde el trazo cambiaba con irisaciones ayudadas por el técnico de sonido en un piano peculiar por esa sonoridad casi electrónica. No hace falta aplicar conceptos academicistas de acordes, tonalidad, cadencias, ni siquiera frases que esperamos se repitan y evolucionan sutilmente, simplemente dejar fluir sonidos y sensaciones.

Las notas prosiguen en el apartado Referente internacional de la música contemporánea que “Ludovico Einaudi no es solo un pianista; es un referente indiscutible de la música contemporánea, una figura que ha logrado lo que parecía imposible para un compositor de formación clásica: derribar las barreras entre géneros y conectar con el alma de millones de personas en todo el mundo. Su nombre es sinónimo de un éxito sin precedentes, siendo el único músico de su disciplina capaz de batir récords de permanencia en las listas de éxitos internacionales, compitiendo con los grandes iconos del pop y el rock, y llenando los auditorios más prestigiosos del planeta, desde el Royal Albert Hall hasta la Sidney Opera House”.

Noche con el «Efecto Einaudi» para un público heterogéneo, intergeneracional, que vivimos un recital distinto, casi como de musicoterapia para una total relajación y disfrute emocional, banda sonora sin imágenes, donde cada uno puso las suyas, puede que en parte por los muchos vídeos que están en las distintas redes sociales del italiano, hoy auténtico soporte vehicular de esta música de nuestro tiempo que escapa a las etiquetas tradicionales.

PROGRAMA y enlaces:

Ascent
Jay
(* 10)
Melodia Africana
(* 3)

Memory One (* 4)
Swordfish

Tu sei
Elegy for the Arctic
(* 16)

Le Onde (* 1)
Oltremare

Low Mist 1
Birdsong
Devils
Low Mist 2
Una Mattina
(* 7)

Experience (* 14)
Divenire

I giorni (* 5)

(* X número de pista en su CD “Solo piano” ©2026)

La música por Granada

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Martes 9 de junio: 75 Festival de Granada, 23 FEX (Festival del Extensión).

Fanfarrias. Ensemble de Metales de la Federación Granadina de Bandas de Música (FEGRABAND). Puerta Real (12:45 horas), Plaza Bib-Rambla (12:45 horas), Hotel Victoria (20:00 horas) y Palacio Carlos V (21:30 horas). Obras de Tárrega, Beethoven, Puccini, Óscar Musso, Gustav Holst y Wagner.

Granada ya respira música en la calle y en mi día 1 en la capital nazarí me encontré como aperitivo el FEX (Festival del Extensión) que lleva un montón de actividades artísticas por la ciudad y su provincia. Los voluntarios reparten los folletos para seguir cada día paseando por la ciudad y encontrarnos sorpresas como las Fanfarrias, esta vez con un “ensemble” de ocho trombones de distintas edades, músicos que ya están tocando en las distintas bandas de música granadinas y agrupados en la FEGRABAND.

Buscando la sombra y a la puerta del edificio de Correos en Puerta Real, mi primera parada y la de muchos paseantes que se detenían a escuchar uso arreglos “corales” por las voces utilizadas y variando épocas y estilos. Mi amigo Fermín Rodríguez es fotógrafo profesional (Ferminius) con quien sigo charlando en mi “segunda casa” y me pilló preparando el teléfono para mis instantáneas con el móvil (me reconozco adicto) y son las que suelo acompañar cada entrada del blog, y que además no tenía prevista hasta el jueves.

Un breve paseo hasta la siempre concurrida Plaza Bib-Rambla y sentado en una terraza porque era  ya hora de mi primera cerveza granadina, nuevamente el público se asombraba de la sonoridad tan especial de lo que los guiris llamarían un “Brass Ensemble” y casi homenaje el conocido Amazing Grace. Banda sonora de la mañana antes de volver a mis aposentos, pues quedaba mucho por la tarde. 

Por deformación profesional en la tarde volví a seguir, como los niños de Hamelín, a los trombonistas que cambiaban de director pero mantenían las obras, aunque alternando el orden, y en la tarde regresaba a Puerta Real, donde desde el primer piso del Hotel NH Collection Granada Victoria (que ya disfruté en otros viajes), como es habitual en tantas ciudades con tradición musical y festivalera, la Fanfarria anunciaba que en nada arranca la edición del emblemático festival, 75 años que también conmemoran los 150 años de Falla, uno de los ideólogos del mismo junto a Federico allá por 1922, y cuya música estará presente a lo largo de un mes intenso, esperando ir contándolo.

Camino del primer concierto nocturno, tras tomar el microbús que nos lleva hasta La Alhambra, a rebosar ambos, delante del Palacio Carlos V cerraba esta “trombonada” del martes aún sonando la obertura de Tannhäusser, tan imperial y adecuada antes de acceder a un espacio y día tan especial, que contaré en la siguiente entrada.

Esplendor Barroco

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Lunes 2 de febrero día 6 del Festival Atrium Musicae. 18:00 horas: Catedral de Santa María de Plasencia (Cáceres). Miriam Hontana (violín), Daniel Oyarzabal (órgano). Obras de Bach y Vivaldi. Fotos propias y de Sandra Polo.

(Crítica para Scherzo y aquí con la tipografía que las webs no admite así como los siempre enriquecedores enlaces -links- y más fotos de Sandra Polo).

Sin el inicio del IV Festival Atrium Musicae tenía lugar en Coria con el concierto de órgano a cargo de Benjamin Alard, la clausura de este intenso festival nos devolvía al Camino de La Plata con parada final en Plasencia, también con órgano (el que se instaló en 1919 y restaurado por José Antonio Azpeitia en 2023) añadiendo el violín para unir dos generaciones de maestros: el consagrado Daniel Oyarzabal y la joven Miriam Hontana en un programa con música de dos de los grandes de la primera mitad del siglo XVIII, Bach y Vivaldi, un dúo que en Madrid ya actuó en el Bach Vermut allá por noviembre de 2023 además de formar el conjunto OBNI (Objeto Barroco No Identificado) participando en el FIAS de 2022.

La amplia reverberación catedralicia no ayudó a disfrutar en todo su esplendor de un órgano algo desafinado y con “gemidos, en parte por la climatología y el poco uso, un instrumento que necesita respirar para vivir y mantenerse en forma, pero la calidad y buen oficio del dúo nos hicieron disfrutar de un repertorio que se organizó a pares entre “El Kantor” y el “Prete Rosso”, emparentando obras de cámara y piezas solísticas, alternando transcripciones y conciertos que muestran la fecunda relación entre ambos compositores.

Se abría la fría tarde con el Preludio BWV 568 impetuoso y potente aunque necesitado de más presencia en el pedalero a cargo de Daniel para proseguir con el arreglo que el propio Bach hizo sobre el concierto para dos violines RV522 del italiano, tres movimientos variados en registros, graves en el Allegro inicial, agudos para el Adagio central y plenos para el Allegro final.

Y el órgano se convirtió en el continuo de la Sonata BWV 1023 para que Miriam Hontana arrancase con una cadenza de cortar la respiración antes del Adagio ma non tanto, la Allemande y la Gigue siempre en primer plano gracias a una sabia elección de registros en el órgano de balances bien equilibrados. En cambio con la vivaldiana RV12 tras un Adagio inicial preciso y sentido, la reverberación empañó los siguientes tres movimientos, con sonidos “confusos” que mezclaban los registros del órgano y la sonoridad propia de un violín que en el Presto voló sin poder despegar toda la belleza de esta sonata.

Siguiente bloque emparejado, la Fuga en sol menor para violín y continuo BWV 1026 adoleció de la mala acústica pese a la tímbrica de un violín de graves redondos y agudos limpios bien arropados por los registros del órgano. Seguiría el célebre “Invierno” de Las Cuatro Estaciones, más equilibrado, con tiempos más ligeros (obviando el “molto”), virtuosa Miriam Hontana y certero Daniel Oyarzabal con unos excelentes registros “orquestales” más los silencios y articulación que esta vez sí ayudaron a una mayor limpieza de escucha para apreciar tanto una ejecución muy personal de la violinista, expresividad desde el respeto a este opus 8 RV 297 del que aportar la frescura e ímpetu solista y la registración capaz de engañar al oido por lo acertada.

No hay mejor forma de finalizar que Bach, Oyarzabal en solitario con el coral In dir int Freude, BWV 615, del”Libro de órgano” nuevamente pletórico de sonoridades, al fin el pedalero presente sustentando la melodía y registros idóneos para este rey del barroco.

Aprovechando esta joya, Miriam Montana bajaría hasta el crucero catedralicio para interpretar en solitario la monumental Ciaccona para violín de la Partita nº 2 en re menor, BWV 1004, intensidad emocional, sensibilidad, fraseos personales, dominio técnico asombroso y un sonido que esta vez la acústica lo repartió por todo el templo, desde un violín plenamente barroco que resultó un regalo para el público que abarrotó la Catedral de Santa María. La joven madurez donde ya hay un trabajo no solo técnico sino introspectivo para afrontar esta chacona con la sonoridad y el poso de esta artista.

Aún quedaba una propina vivaldiana, el Largo del Concierto para violín en Si menor, RV 389, con Oyarzabal en el órgano y Hontana en el crucero en esta clausura esplendorosa de la cuarta edición de AtriumMusicae, que se ha saldado con un gran éxito de público en todas sus citas, incluso en las que han tenido lugar fuera de la capital, esperando ya la de 2027 que a buen seguro seguirá creciendo como la propia Fundación Atrio de Cáceres, fiel a su slogan “Sonidos que construyen legados, donaciones que transforman”.

PROGRAMA

Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Preludio en sol mayor, BWV 568

Antonio Vivaldi (1685-1750)
Concierto en re menor, BWV 596
(arreglo para órgano de J. S. Bach del Concierto para dos violines en re menor, RV 522 (de L’Estro Armonico)

Johann Sebastian Bach
Sonata para violín y continuo en mi menor, BWV 1023

Antonio Vivaldi
Sonata para violín y continuo en re menor, RV 12

Johann Sebastian Bach
Fuga en sol menor para violín y continuo, BWV 1026

Antonio Vivaldi
Concierto n° 4 en fa menor, op. 8, RV 297 “El Invierno” (de Las Cuatro Estaciones)

Johann Sebastian Bach
In dir ist Freude, BWV 615, BWV 731
Ciaccona para violín solo de la Partita n° 2 en re menor, BWV 1004

Tres de tres (toma 3)

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Viernes 30 de enero, día 3 del Festival Atrium Musicae. Cáceres, Gran Teatro, 19:30 horas: Javier Perianes (piano). #Falla2026, Diálogos imaginarios. Fotos de Sandra Polo.

Un viernes completo que comenzaba a mediodía (toma 1), proseguía a la tarde en el Museo Helga de Alvear  (toma 2) y finalizaba en el ya centenario Gran Teatro de Cáceres, el Festival Atrium Musicae en “tres de tres”, en su tercera jornada, con un recital que fue mucho más que una sucesión de obras, toda una propuesta intelectual y sonora cuidadosamente construida. Bajo el epígrafe Diálogos imaginarios, y comenzando el año #Falla150, Javier Perianes (Nerva, 1978) volvió a demostrar por qué es una de las voces pianísticas más autorizadas de nuestro tiempo, capaz de unir rigor estilístico, profundidad poética y una naturalidad expresiva que nunca cae en lo impostado, puliendo cada sonido, esmaltándolo o oscureciéndolo, un pedal siempre en su sitio, una limpieza en la ejecución y sobre todo la madurez que le lleva a enfrentarse con obras de siempre con la misma entrega juvenil.

El programa bien organizado que siempre es para destacar, planteaba un sugestivo juego de espejos: primero Falla frente a Chopin, después Falla frente a Albéniz. No se trataba de contraposiciones forzadas, sino de una conversación transversal entre estéticas, lenguajes y raíces, leída desde el piano con inteligencia y una extraordinaria capacidad narrativa que Perianes está llevando por distintos escenarios.

La velada se abrió con el Nocturno (1896) de un joven Manuel de Falla, todavía impregnado del romanticismo tardío y de la herencia chopiniana, casi entendiendo esta primera parte como “afinidades inesperadas”. Perianes abordó este nocturno con un fraseo flexible y una sonoridad contenida, subrayando su carácter introspectivo sin exagerar la nostalgia para a continuación, el Nocturno en do sostenido menor, op. 27 nº 1 de Chopin que apareció como una prolongación natural del discurso: atmósferas densas, tensiones armónicas sutiles y un uso del rubato tan elegante como controlado.

Las mazurcas reforzaron ese diálogo implícito. La Mazurca en do menor de Falla, seguida de las mazurkas chopinianas (op. 7 nº 2 y op. póst. 67 nº 1), evidenció cómo ambos compositores, desde contextos culturales distintos, supieron transformar la danza popular en materia poética. Perianes evitó cualquier acento “folklorizante” superficial, apostando por una lectura depurada, de ritmos insinuados y clara articulación, pues en estos momentos el mejor Falla sigue sonando en las manos del onubense.

En la Serenata andaluza y la Canción de Falla, “El Sorolla del piano” como le he llamado más de una vez, sacó a relucir una paleta tímbrica luminosa, casi guitarrística, mientras que obras como el Vals en la menor, op. 34 nº 2 y la Berceuse, op. 57 de Chopin se desplegaron con una ‘cantabilidad’ (si se me permite el palabro) exquisita, de líneas largas y respiración natural, sin perder nunca la tensión interna, la búsqueda de cada sonoridad, de cada silencio, de los fraseos bien entendidos y naturales, emparentando de forma increíble y razonada este “Falla vs Chopin”.

Y para la segunda parte “Falla vs Albéniz”, España como idea sonora que ahondó en nuestra identidad musical desde dos perspectivas complementarias además de enriquecedoras. Las Cuatro Piezas Españolas de Falla —Aragonesa, Cubana, Montañesa y Andaluza— fueron interpretadas con una claridad estructural admirable, resaltando su modernidad armónica y su refinamiento rítmico, lejos de cualquier pintoresquismo pero de trazo ágil, luminoso y con la luz del mago evocando paisajes nuestros.

Frente a ellas, la selección de Iberia de Isaac Albéniz (Evocación, El Puerto, Almería y Triana) permitió a Perianes desplegar aún más toda su autoridad en este repertorio del que no solo es embajador sino todo un referente. Comentaba con mi compañero de butaca, crítico y amigo al final de estas cuatro perlas del “collar ibérico” las muchas versiones que atesoro y que la del extremeño Esteban Sánchez seguían siendo únicas. Perianes nos regaló un sonido expansivo, control absoluto de las texturas y una comprensión profunda del pulso interno de cada pieza que hicieron de esta parte uno de los momentos culminantes de la noche, desde una Evocación interiorizada, El Puerto casi gaditano de pulso que sólo un andaluz es capaz de transmitir, después una Almería descomunal por su disección sonora y una técnica siempre al servicio de lo escrito por el de Campodrón, especialmente la Triana vibrante, llena de energía contenida y brillo rítmico.

Y como si nos hubiesen escuchado, la propina fue casi una parte extra y con memoria: el propio homenaje a Falla con su Fantasía Bética (1919) dedicada al ilustre pianista pacense Esteban Sánchez (Orellana la Vieja, Badajoz: 1934 -1997), del que Perianes comentó (y no es de hablar) que no hubo mejor intérprete para esta impresionante fantasía, cerrando este recital con una fuerza simbólica y musical incontestable. El de Nerva mostró y demostró su vertiente más poderosa y rítmica, sin perder nunca el control ni la claridad, en una obra exigente que resume como pocas el espíritu moderno y telúrico del compositor gaditano.

En definitiva, un recital memorable que confirmó no solo la excelencia pianística de Javier Perianes, sino también su capacidad para pensar la música, convirtiendo un programa como el que está llevando con esta parada cacereña, en un relato coherente y sugerente. Un auténtico diálogo imaginario que, por momentos, sonó profundamente real.

PROGRAMA:

Falla vs Chopin

Manuel de Falla (1876–1946)

Nocturno (1896)

Frédéric Chopin (1810–1849)

Nocturno en do sostenido menor, op. 27, n° 1 (1836)

Manuel de Falla

Mazurca en do menor (c.1900)

Frédéric Chopin

Mazurka en la menor, op. 7 n°2 (1830-32)

Mazurka en sol mayor, op. post. 67 n°1 (1835)

Manuel de Falla

Serenata andaluza (1900)

Frédéric Chopin

Vals en la menor op. 34 n°2 (1838)

Manuel de Falla

Canción (1900)

Frédéric Chopin

Berceuse en re bemol mayor, op. 57 (1843-44)

Falla vs Albéniz

Manuel de Falla

Cuatro Piezas Españolas (1906-1908):

Aragonesa, Cubana, Montañesa y Andaluza

Isaac Albéniz (1860–1909)

Suite Iberia (Selección) (1905-1909):

Evocación, El Puerto, Almería y Triana

Tres de tres (toma 2)

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Viernes, 30 de enero, día 3 del Festival Atrium Musicae. Fotos propias y de Sandra Polo.

La tarde arrancaba en el Museo Helga de Alvear para disfrutar de una experiencia inmersiva donde contemplar obras de arte contemporáneo que Jorge Pardo (Madrid, 1956) iba “comentando” primero con el saxo y después con la flauta, con dos pases a las 17:00 y a las 18:15. Del músico madrileño su biografía y discografía daría para más de un capítulo de historia, y llegaba a este museo  cacereño con un “formato basado en la improvisación, en el que sin duda la tradición popular, los ritmos afrocubanos, el flamenco y los lenguajes jazzísticos confluirán con su característica libertad creativa. Un diálogo entre el intérprete y el espacio del museo para redefinir el acto de la escucha” como lo presentaba tanto la web como los programas de mano.

Con un lleno impensable en un museo de arte contemporáneo, que recomiendo visitar al menos su web para ver lo que alberga, en la primera exposición un saxo lastimero y doloroso se inspiraba en el actual mundo digital que se derrumba, pastillas de todo tipo, bebidas energéticas, muchas pantallas de teléfonos, ordenadores y videojuegos, todo con cartón reciclado en un guiño y sátira al mal llamado universo paralelo, junto a emoticones y figuras colgando del techo casi amenazadoras. El jazz de Mingus o Parker iba parándose, volando, haciéndonos pensar y manteniendo a un público asombrado tanto por lo que esta planta baja albergaba como por lo que iban escuchando, contemplando e incluso ambas a la vez.

Y tras un breve trayecto que finalizaría en las primeras “escaleras al infierno”, Jorge Pardo tomaría su flauta travesera negro mate, la flamenca de siempre que la plata y el oro no son para él, y cual personaje de cuento cambiando Hamelin por Cáceres iría llevando tras de sí a una masa ruidosa no sé si como niños o ratas, que poco a poco iría acallando y doblegando, “la música amansa las fieras” que comentó al finalizar esta experiencia única y original.

Ahí sonaron músicas de todos los tiempos y estilos con la magia y los años de tanto rodaje, capaz de pasar de Camarón y “Soy gitano” a Los Chichos «Si me das a elegir», al siempre recordado Paco de Lucía con un Falla fogoso que parecía prepararnos el “tres de tres” en el Gran Teatro a las 19:30, pero también un poco del Ravel obsesivo junto a unas tarantas, flamenco y jazz que tienen la misma raíz, y hasta “dios Bach” padre de todas las músicas.

Jorge Pardo con melena canosa y gorro, cubrepolvos negro, anillos en los dedos, retorciéndose, marcando el paso, deteniéndose en cada planta frente a tanto arte que invitaba a pararnos junto él y escucharle, todo un personaje que de no conocerle y encontrárselo por la calle muchos pensarían algo muy distinto (las apariencias siempre engañan). Por su sangre corre la adolescencia y juventud de nuestra generación, una leyenda como la de sus compañeros Camarón, Paco de Lucía y tantos otros de ambos lados del Atlántico (brasileños, argentinos o cubanos) donde el saxo y sobre todo la flauta de Jorge enriquecían cualquier estilo de música, música sin etiquetas como siempre la entendió el «Mejor Músico de Jazz Europeo» así premiado en 2013, convirtiéndose en el primer y único español reconocido con el premio de la Academia Francesa de Jazz.

De la tierra al tercer infierno por escaleras que abrían salas de luz, cascadas gigantescas que no mojan, bofetadas visuales, paraísos naturales de fotografías trucadas o infantiles globos de colores que ponían el punto y final a una hora de sensaciones visuales pero con la música compartida en las emociones de un gigante como Jorge Pardo al que aún no se le ha reconocido en su país pese a una trayectoria digna de figurar en todos los libros de música. Francia siempre ha sabido elegir a nuestras figuras para sentirlas suyas… y estamos en 2.026.

Tomamos el ascensor para volver a la calle y pisar tierra firme, camino del Gran Teatro de Cáceres que cumple 100 años para conmemorar los 150 de Don Manuel, de Falla por supuesto, emparentándolo primero con Chopin y después con Albéniz. Otra magia musical desde el piano del onubense Javier Perianes, pero será la toma 3 en un día intenso con “Tres de tres” que me ha llevado a altas horas de la madrugada tras una cena de altura con los “AtriumMusicae” entre organizadores, trabajadores, muchos amigos y más conocidos, sumando nuevos “fichajes”, pero no hay tiempo para más y mi cuerpo ya entrado en los 67 necesita dormir porque este sábado corresponde al día 4 de festival y queda mucho por escribir y escuchar hasta el lunes (o el martes)… Don Antonio Moral es así programando, y seguirle el paso se nos hace duro aunque al final se lo agradecemos.

Mañana más… y las fotos, tanto mías como las de la excelelente profesional Sandra Polo solo son una mínima muestra.

Tres de tres (toma 1)

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Viernes, 30 de enero, día 3 del 4º Festival Atrium Musicae, Cáceres. Fotos propias y de Sandra Polo.

Un día completo donde la música fluía desde la mañana a la noche. A las 12:00 horas arrancábamos en la Concatedral de Santa María donde actuaba el dúo formado por el trompetista Manuel Blanco (Daimiel, Ciudad Real, 1985) y el actual organista de la Catedral de Valencia Pablo Márquez Caraballo (1984), además de catedrático de clave en el Conservatorio de Castellón. Dos amigos desde su época de estudiantes y todo un acierto este reencuentro en Cáceres donde organizar cronológicamente un programa de tres siglos, desde Buxtehude y “dios Bach” pasando por Leopold Mozart, Gigout y el propio Márquez, que en el programa de mano le pusieron las fechas de Leopold y alguno se percató de la errata.

Comentar la sonoridad propia del órgano que unida a la trompeta da un plus tímbrico y el empaste perfecto. La Concatedral cacereña conserva el instrumento construido en 1703 por Manuel de la Viña y restaurado en 1973, ya que en su origen, éste se encontraba en el espacio contiguo, pegado al muro. Márquez Caraballo supo elegir el registro perfecto de principio a fin, con el par inicial de obras de J. S. Bach: el Preludio y fuga en sol menor, BWV 550 y el Coral BWV 659 (con errata en el programa se mano) con la primera intervención de Manuel Blanco “procesionando” entre los bancos, jugando con la acústica y pese a la distancia con el coro, perfectamente sincronizado con el órgano, cantando al Salvador de los paganos (Nun Komm, Der Heiden Heiland). La Chacona BuxWV 160 de Buxtehude daría un respiro y nuevamente el dúo para la suite haendeliana “Water piece” (HVW 341), verdadera joya ideal para esta formación: desde la Ouverture a la Marche final, órgano y trompeta unidos por los registros y balances perfectos entre ambos, contrastes de tempo y todo un portento de ornamentaciones brillantes del trompetista con un fiato increíble, más la conjunción necesaria para esta página del ya londinense Jorge Federico.

Vuelta al órgano solo con “dios Bach” y su BWV 539 seguido de la “invocación a Jesucristo” del archiversioneado coral Ich ruf zu dir, herr Jesu Christ, BWV 639 que en estado original Pablo Márquez interpretó magistralmente, destacando el respeto a los silencios, cesuras y fraseos donde el aire también es música. Después haría de “orquesta” en el Concierto para trompeta en re mayor de Leopold Mozart, casi haendeliano en el Allegro Moderato y con el impresionante Manuel Blanco virtuoso y luminoso, expresivo desde esta página entre barroca y clásica con la impactante cadenza del Andante digna de ser archivada como aprendizaje del instrumento.

Del postromanticismo francés, y una exigencia para todo buen organista, es la Tocata de Eugène Gigout (de sus “10 pièces pour orgue”) donde volvimos a disfrutar no ya de una técnica y registración magistral de mi tocayo, también uno de los referentes de la última obra por él compuesta en 2007 como trabajo de su primer año estudiando Composición y dedicado precisamente a Manuel Blanco, como explicarían al finalizar el concierto.

Al pie de la Cruz va más allá de la transmisión emocional de esta imagen del sacrificio, el dolor de la Madre, la muerte y toda inspiración que este momento ha llevado a todas las artes, musicalmente tiene todos los referentes a los grandes organistas franceses, desde el ya citado Gigout hasta Vierne, de Franck a Dupré o de Widor a Latry, que Pablo Márquez habrá estudiado y mucho a lo largo de estos años, y que van dejando el poso que resurge de forma natural en el paso de intérprete a compositor. Nuevamente la sonoridad y musicalidad de la trompeta de Blanco hace esta obra actual pese a la juventud inicial, pero que cuando algo se hace bien pasa a convertirse en atemporal.

Aplausos de un templo en pie y la primera propina del dúo con “dios Bach” y el famoso coral Wachet auf, ruft uns die Stimme, BWV 645, de la Cantata 140, con la trompeta elevando la melodía del pedaleo, más un arreglo del Adagio del Concierto para oboe op. 9 nº 2  de Albinoni, que sonó ideal por parte de ambos intérpretes con la química musical necesaria para alcanzar el nivel de este concierto matinal que colmó todas las expectativas puestas en él.

PROGRAMA:

Johann Sebastian Bach (1685-1750)

Preludio y fuga en Sol Mayor, BWV 550 (c. 1710)

Nun komm, der Heiden Heiland à 2 claviers et pédale, BWV 659

Dietrich Buxtehude (1637-1707)

Ciaccona en mi menor, BuxWV 160

Georg Friedrich Haendel (1685-1759)

Water piece (de la Suite para trompeta y orquesta, en re mayor, HVW 341) (1733):

Ouverture – Gigue (Allegro) – Air (Menuetto) – Marche (Bourrée) – Marche

Johann Sebastian Bach

Preludio y fuga en Re menor BWV 539 (c. 1720)

Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ à 2 claviers et pédale BWV 639 (1720)

Leopold Mozart (1719-1787)

Concierto para trompeta en re Mayor (1756)

Andante – Allegro Moderato

Eugène Gigout (1844-1925)

Toccata (de las “10 pièces pour orgue”) (1890)

Pablo Márquez Caraballo (1984)

Al pie de la Cruz (2007)

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