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Savall sin fronteras

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Sábado 23 de enero, 20:30 horas. Auditorio de León, XIII Ciclo de músicas históricas. Hespèrion XXI, Jordi Savall (viola de gamba y dirección): «La Europa musical: 1500-1700». Entrada: 10€. Coproducción del CNDM.

Magia universal con las violas de gamba en todas las tesituras la que trajo a León nuestro universal catalán, con siete músicos en escena capaces de romper las fronteras de una Europa ideal que recordaba el propio Savall antes de la segunda propina, compositores en otros países uniendo acentos para una música a atemporal que mueve público de todas las edades como el que llenó el auditorio de la capital hermana de la asturiana.

Un renacido Savall con la viola de gamba soprano preparó seis bloques bien hilvanados con la danza de nexo, repartidos en dos mitades:

Unas «Danzas italianas del Renacimiento veneciano» para presentar la capacidad de este Hespèrion del XXI: Lorenz Duftschmid a la viola baja más un Philippe Pierlot doblando alto y baja, casi alter ego «savalliano» a lo largo del programa, el violone de Xavier Puertas, la tenor de Sergi Casademunt al lado del maestro, completando toda la tesitura de una viola de gamba más actual que nunca, y los dos detallistas necesarios cual orfebres para preparar unos grabados musicales llenos de monocromías irisadas: Enrike Solinís con doblete tiorba y guitarra siempre complementando con punteos o rasgueos el fluir frotado, más la imprescindible percusión de un siempre maravilloso Pedro Estevan. Las cuatro danzas elegidas prepararon lo que vendría después dado que aún faltaban detalles como cuidar más los finales de Pavana, Gallarda, Tedescha y Saltarello.

El segundo bloque «Elizabeth Consort Music» nos preparó a tres ingleses (Dowland, Gibbons y Brade) con verdadero acento británico que el septeto interiorizó al detalle convirtiendo el auditorio leonés en corte danzante de las islas. Maravilloso empaste de cuerda frotada con las perlas de la tiorba y la percusión vistiendo a Savall y su viola soprano de rey supremo.
Para cerrar la primera parte unas «Danzas y variaciones de España y Portugal» para seguir paseando por aquella Europa de intercambios sin fronteras como Hespèrion XXI deleitando polifonías vocales o ritmos ibéricos de Luys de Milán, Cabezón con las Diferencias sobre la Dama le demanda, Diego Ortiz y el portugués Pedro de San Lorenzo, delicioso escuchar las voces agudas de Savall y Casademunt contrapuestas a los bajos de Pierlot y Duftschmid con el soporte del violone de Puertas mientras Solinís rasgueaba la guitarra completando las excelentes pinceladas de Estevan, para ir rematando con unos Canarios para lucimiento de un Savall inspirado recorriendo todo el registro de la soprano, de arco poderoso jugando con mayores y menores cual Jam session renacentista más actual que nunca, demostrando un entendimiento con sus músicos envidiable.

Los tres bloques de la segunda parte, ya con el septeto en plena forma, nos llevaron por Francia y Alemania antes de una recapitulación europea:
«Músicas para el Rey Luis XIII» capaces de alternar intimismo y danza, «Músicas de Alemania» centradas en un Samuel Scheidt de colorido etéreo en la línea de aguafuertes y grabados bien delineados, y «Música de la Europa Barroca» haciendo convivir a Purcell, Joan Cabanilles, J. H. Schein, Dumanoir y la excelencia de la Gallarda napolitana de Antonio Valente, juegos de «pizzicatti» actuales para una música de «solo» 500 años que con Hespèrion sigue más actual que nunca, recreando sonoridades de claves y laudes celestes.

Aplausos más que merecidos que nos dejaron de propina otro bloque de cuatro danzas francesas, la segunda lengua de Savall que hace suya esta música cercana a la que el país vecino tanto le debe. Reconforta volver a escucharle feliz tras malos tiempos recientes y comprobar que su legado todavía sigue creciendo. Verdadera y merecida ovación, palabras de agradecimiento y reivindicación de una Europa sin fronteras que tristemente este siglo vuelve a levantar, antes de regalarnos unas danzas de Brade donde todo Hespèrion con Savall a la cabeza recreó sonidos célticos que los asturianos sentimos tan cercanos como este León que me ha hecho un gran regalo de cumpleaños.

La música interior de Santa Teresa

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Jueves 15 de octubre (festividad de Santa Teresa de Jesús), 21:00 horas. Catedral de León, XII Ciclo Música Históricas del CNDM, en coproducción con el XXXII Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE). Capella de Ministrers: Catherine King (mezzo), Carles Magraner (viola da gamba), Ariel Abramovich (vihuela): Mística: Paisajes sonoros del itinerario fundacional de Santa Teresa de Jesús. Obras de Juan del Enzina, anónimos, Diego Pisador, Luis de Narváez, Francisco Guerrero, Miguel de Fuenllana, Antonio de Cabezón, Bartolomé Escobedo, Esteban Daza, Alonso Mudarra, Luys de Milán y Adrián de Moxica. Entrada libre.

Nada mejor para comenzar esta crónica que un poema de la propia santa de Ávila en este 2015 donde se conmemora su quinto centenario:

¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.
Oh ñudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.
Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba;
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis nuestra nada.

La música podría ser la destinataria de tan bellas palabras juntando dos cosas tan desiguales y necesarias como música y silencio, pues el recital de este trío resultó no ya un paisaje interior sino toda una sesión de recogimiento por parte de una feligresía no toda melómana pero igualmente entregada a una meditación más allá de la mística ante los textos elegidos, cantados o instrumentales que la formación valenciana -aunque plenamente internacional- fue desgranando durante más de una hora, como si música y silencio formasen un todo para que «Nada te turbe» volviendo a la Santa precisamente en el día de su festividad.

La voz femenina más natural es la clasificada como mezzosoprano, y así resultó la británica, canto natural, por momentos íntimo pero bien proyectado, con la dificultad del idioma y la dicción clara perdida a menudo por la sonoridad catedralicia que sin embargo compensó unos instrumentos perfectamente percibidos y contrastados, la viola de gamba del solista valenciano, tan cantarina como la humana y en otros momentos grave cual cuerda masculina, más la vihuela del argentino punteando, haciendo el contracanto y solista en sus páginas propias.

Música y textos de la época de la santa en su itinerario español, música como oración sin palabras incluso por compositores también clérigos, latín o castellano antiguo, alternancias instrumentales y vocales en este paisaje sonoro que todos caminamos con respeto casi olvidado. Partituras de distintos cancioneros, formas instrumentales variadas desde villancicos y villanescas a fantasías espirituales, romances y pavanas con sus glosas emparejados con textos de Santa Teresa, bellezas y recogimiento individuales y compartidos desde el silencio interrogante del alma a cargo de este trío con larga trayectoria como Capella de Ministrers. Las notas del programa explican bien este itinerario:

«En su libro Las fundaciones, la santa de Ávila apunta en varias ocasiones la presencia de “mucha música” en sus andanzas y hechos fundacionales. Es un paisaje místico que trata de pintar el concierto de la Capella de Ministrers, que recoge ejemplos de los cancioneros de Palacio y Uppsala. Coetánea de Teresa de Jesús fue la gran música española para vihuela, pero también la gloriosa polifonía, como la de Guerrero o Escobedo de esta velada, ese canto de órgano, tan sutil como un cristal, pues “que un punto o compás que se yerre, disuena toda la música”, como afirma Santa Teresa en el Libro de la vida«.

Dejo el programa así como los textos enlazados, destacando en el terreno instrumental la marcha anónima inicial Sacris Solemnis, la Fantasía del primer tono por gesolreut (de Los seys libros del Delphin (1538) de Narváez o la otra de Mudarra para acariciar la vihuela tenue de Abramovich, las obras de nuestro genio Cabezón,  Tiento X (del Libro de Cifra Nueva) o Para quién crié yo cabellos, romance y pavana con su glosa, recreando el dúo de cuerda tímbricas corales y de tecla siempre con mimo, aunque sería con la mezzo donde alcanzaron los momentos más intensos y bien dosificados a lo largo del concierto.

Nadie mejor que el salmantino Juan del Enzina para comenzar a disfrutar del recital, pero especialmente nuestro gran polifonista Francisco Guerrero con Si tus penas no pruebo, cántico espiritual, con voz y viola primero, voz y vihuela después y ensamblando el trío en orgánico canto realzando los textos, o las últimas Adiós mi amor, instrumental original para dos vihuelas donde la cuerda realmente cantó esta canción para ministriles de Lerma, y Niño Dios d’amor herido, «Canto de cisne blanco. Oh Señor mío y Esposo mío, ya es llegada la hora tan deseada» (Sta. Teresa), incluyendo recitado por parte de Magraner (que a mitad de concierto dirigió unas palabras a un ensimismado auditorio) más la voz de mezzo casi poniendo música celestial a las canciones y villanescas espirituales.

Me emocionaron los motetes, tanto el Erravi sicut ovis a 4 del zamorano Bartolomé de Escobedo y el de Bernardino de Ribera (o Bernardino de Sahagún) Virgo prudentissima donde la polifonía resultó viva con la voz cantada con recogimiento cual rezo de la mezzo y las otras voces instrumentales en un lujo de interpretación casi coral, así como Dama, mi gran querer de Adrián de Moxica. Otro placer el villancico de Miguel de Fuenllana o el de Esteban Daza de título Dame acogida en tu hato, de nuevo voz alternando el acompañamiento entre los dos instrumentos antes de la plenitud del trío, todas las obras engarzadas al detalle, para terminar regalándonos una villanesca de Guerrero para marchar en paz. Emoción teresiana en un itinerario musical y personal desde la Pulchra Leonina, marco perfecto para este verdadero acto de fe y devoción.

Estrenos cercanos

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Sábado 10 de octubre, 20:00 horas. Teatro Municipal Bergidum, Ponferrada. Ciclo romántico: «Cantando a Gil y Carrasco». Patricia Rodríguez Rico (soprano) y Manuel Alejandre Prada (piano). Obras de Alejandre, Schubert, Lortzing, Rossini, Lehár, Arrieta y Giménez. Entrada: 7,50 €.

Llevaba tiempo sin escuchar a la soprano ferrolana, muy solicitada para estrenos gracias a su poderío vocal basado en un trabajo meticuloso y versatilidad, la misma que le trajo hasta la capital de El Bierzo para regalarnos el «Tributo a Gil y Carrasco» opus 64, en homenaje al bicentario de su nacimiento, siete lieder sobre poemas de Enrique Gil y Carrasco del compositor local y pianista Manuel Alejandre Prada. No es accesorio titular esta obra de «lied» puesto que el diálogo y protagonismo de piano y voz marcan esta obra de dificultades extremas para el registro de soprano, con poemas no excesivamente musicales a los que Alejandre intenta sacar más la expresión que la lírica propiamente dicha.

Siete poemas distintos con el sello del músico berciano donde aparecen colores y atmósferas grises, duras, llevadas al discurso melódico en saltos de octavas realmente abismales, medios tonos generadores de indecisión tonal como en El Sil, agudos altísimos en pianísimo o graves profundos sin poder perderse nunca la inteligibilidad de unos textos difíciles caso de Niebla. La soprano gallega hubo de pasar por todos los registros defendiendo una partitura realmente agotadora con detalles de lirismo como en La mariposa o Una gota de rocío que cerraba este ciclo con un pianismo igualmente vertiginoso de arpegios alternando con reposos casi litúrgicos de Campana de una oración sin caer en descriptivismos literales pero sí buscando esa ambientación romántica deudora de muchos compositores volcados en poner música a textos. Obra la de Alejandre que seguramente habrá de «readaptar» al terreno vocal para voces graves o incluso para una mezzo de amplia tesitura en el agudo pueden lograr un color más adaptado a la buena idea del pianista y compositor local.

La segunda parte tras el esfuerzo de la primera, dejó la voz preparada para los dos lieder de Franz Schubert, An die Musik D. 547 y la conocidísima serenata póstuma Stänchen, D. 957 nº 4 con el piano coprotagonizando estas bellísimas perlas románticas de salón, o las arias de opereta vienesa que tan bien le van a Patricia R. Rico como las de Zar und Zimmerman de Lortzing o la balada de Vilja de La Viuda Alegre (Franz Lehár) en el mejor estilo desenfadado y lleno de melodismo que nos imaginaba a la soprano con guantes largos y trajes negros de encaje sin copa de champán pero el mismo aire pícaro de ambas.

No podía faltar entre lo germano nuestro querido bufo Rossini, del que Non si da follia maggiore de «El turco en Italia» volvió a corroborar el dominio técnico de Patricia para unas arias exigentes como las del italiano con un piano reduciendo la orquesta solo en tímbrica porque así trabajó Manuel su siempre impecable y certero acompañamiento.

Y en un recital lírico lo español nada menos que con dos grandes como Arrieta y Pensar en él de «Marina«, género grande compartiendo programa con alemanes e italianos en esta romanza operística de agilidades y hondura interpretativa para rematar con Me llaman la primorosa de «El barbero de Sevilla» de Gerónimo Giménez, la voz que ha ido ganando registro grave y mantiene los agudos de flauta tan característicos de Patricia Rodríguez Rico, no mero juego pirotécnico sino gusto vocal por cualquier página que afronte.

El recital sabatino resultó muy exigente y se volcó en cada partitura, incluyendo una propina de lujo como el conocido O mio babbino caro de «Gianni Schicchi» (Puccini) que gallega y leonés entendieron a uno para comunicar la emoción final a un público que no llenó el coliseo ponferradino pero disfrutaron del estreno y aún más con estos clásicos románticos.
Los medios locales reflejaron el evento y los presentes esperamos volver a escuchar aunque sea grabado, pues siempre reconforta el interés de las jóvenes generaciones de compositores españoles por nuestro patrimonio literario llevándolo al perfecto maridaje con la música como forma de difusión y conocimiento, aunque el novelista de Villafranca del Bierzo fallecido joven -casi obligatorio en su época- Enrique Gil y Carrasco (1815-1846) tenga su sitio en la historia de la literatura en este año romántico.

Ruta Bach

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La revista «Coral» que edita el Orfeón de Mieres me encargó un artículo para el número de este año, y aprovechando el periodo vacacional recordé mi «Ruta Bach» en agosto de 2007 que transcribo aquí por si alguien se anima a realizarla. De aquella aún no tenía el blog aunque conservo un diario de viaje realmente curioso y a la vuelta preparé un vídeo con fotos desde el teléfono, pero mejor este recuerdo que permanecerá siempre en mi memoria limitándome a plasmar estas impresiones después de ocho años, con los añadidos siempre habituales de los enlaces o links que enriquecen un poco más cada entrada.

Mi pasión por Bach, el llamado “Kantor de Leipzig”, llegó en mis tiempos de coralista del Orfeón de Mieres al cantar Tus pasos encomienda, una adaptación del famoso coral de La Pasión según San Mateo, la obra cumbre de la historia musical que sacara a la luz y reestrenase el gran Mendelssohn, rompiendo la tendencia de los años como estudiante de piano que hacían de Johann Sebastian uno de los “odiados” por la dificultad que muchas de sus obras, especialmente de El clave bien temperado suponían en una ardua carrera, a la que tanto debo.

Poder interpretar al órgano los corales luteranos, acompañar algunas cantatas y hasta hacer mis pinitos de jazz con la música de Bach emulando a Jacques Loussier me hicieron “ver la luz” y reconocerle como el padre de todas las músicas posteriores al barroco, aunando tradición y genialidad, siempre actual y vigente, obras redondas, maduras, completas, sin fisuras, capaces de soportar versiones de todo tipo sin perder el sello original e inimitable.
Hace unos veranos planifiqué las vacaciones con una personal «Ruta Bach» haciendo de la universitaria Leipzig nuestro cuartel general y moviéndonos en tranvías y trenes desde la ciudad que respira música por todas partes, con una excelente combinación de itinerarios y horarios así como unos precios asequibles incluso optando por trenes ICE de alta velocidad que resultan el equivalente a nuestro AVE, ese que aún seguimos esperando en Asturias, si llega algún siglo de estos.

Lógicamente no estuve en todas las ciudades que marcaron la vida de J. S. Bach (nos quedaron Lüneburg, Ohrdruf, Mühlhausen o Lübeck) pero la disculpa para conocer los lugares más emblemáticos fue más que satistactoria, sigo recordándola y ahora la comparto desde este otro “Coral”. Hasta la ciudad alemana había vuelos “low cost” desde Asturias vía Palma de Mallorca con Air Berlin, aunque actualmente han desaparecido de nuestra tierra, pero siempre nos queda Santander…

Podríamos aunar con la melomanía muchas otras pasiones como la propia de viajar, siempre ligero de equipaje, la gastronómica, cervecística y por supuesto la museística, arte siempre para disfrute de todos los públicos. Dejo aquí unas pocas ciudades y periodos vitales de mein Gott (mi Dios) por si alguien gusta de una escapada parecida, aunque hoy en día sea posible viajar por “la red” sin moverse de casa.

Orígenes y juventud (1685-1703)

Eisenach (21 marzo 1685). Desde Leipzig 200 kms (aproximadamente una hora y tres cuartos).

El centro urbano es rico en edificios históricos y museos. La casa de Lutero, la casa de Bach en Frauenplan y la Plaza del Mercado con el Ayuntamiento, así como el palacio de la ciudad en el casco antiguo son algunos de los atractivos turísticos. Entre los museos más interesantes de Eisenach está el Museo Reuter-Wagner con su amplia colección sobre compositores alemanes.

En la avenida Frauenplan se encuentra la supuesta casa natal del famoso compositor con unas habitaciones y muebles que transmiten una viva idea de cómo eran la vida y vivienda de una familia burguesa de los años alrededor de 1700. La familia Bach destacó por generaciones como músicos de ciudad y organistas en Turingia. Se exponen testimonios históricos y una amplia colección de instrumentos musicales, cuyos sonidos se pueden experimentar durante una visita guiada. Del casco antiguo destacar el Mercado donde está también la iglesia parroquial de San Jorge en la que Martín Lutero predicó el 2 de mayo de 1521 a pesar de haber sido declarado proscrito por el emperador; tiene unas notables casas burguesas, el originalmente gótico tardío Ayuntamiento (1508) y el palacio barroco de la ciudad (alrededor de 1750).

También merece la pena una caminata hasta el famoso Castillo de Wartburg, en el borde noroeste de la Selva de Turingia, por encima de Eisenach, unido a la historia alemana como ningún otro castillo de Alemania puesto que Santa Isabel encontró dentro de sus muros su lugar de trabajo y Martín Lutero tradujo aquí el Nuevo Testamento. Asimismo el castillo se relaciona con las disputas de trovadores y la fiesta de las asociaciones de estudiantes. Como extraordinario monumento de la época feudal en Europa central, este castillo ha sido declarado patrimonio de la humanidad.

Organista (1703-1717)

Arnstadt -Turingia- (9 de agosto de 1703-1707): en la Iglesia de San Bonifacio (Neu Kirche ó Iglesia Nueva). Desde Leipzig 161 kms (con transbordo en Erfurt Hbf. aproximadamente hora y media).

Uno de los lugares más antiguos del país, tiene un histórico casco antiguo, el lugar conmemorativo de Bach, que acoge una amplia exposición de instrumentos y útiles del propio compositor, así como visitas guiadas de lo más didácticas. También merece visitarse el consejo de literatos y el museo palaciego con su incomparable ciudad de los títeres «Mon Plaisir», así como las ruinas del castillo.

Weimar (1708; 6 de noviembre 1717 detenido). Desde Leipzig 131 kms (aprox. 53 min).

Aunque Bach vivió dos momentos muy distintos de su vida en esta ciudad, apenas una estatua escondida le recuerda porque Goethe y Schiller acaparan casi toda la importancia, si bien tenga su propio espacio el músico Franz Liszt, con casa museo muy actualizada y en un enclave hermosísimo que nos lleva por un bosque lleno de sorpresas, el pintor Lucas Cranach y la escuela de pintura de Weimar, pues todos ellos han marcado la historia de esta ciudad que desde fines del siglo XVIII hasta comienzos del siglo XIX tuvo un rol importante como centro intelectual, logrando realizar su visión de ser una moderna ciudad cultural gracias a la comunicación que existe entre su tradición y su presente. Como dijo Goethe: «¿dónde encuentra usted en un espacio tan reducido tanta cosa buena?».
La importancia histórica de esta ciudad la han convertido en patrimonio cultural de la humanidad con el nombre de «Weimar clásica«. También es patrimonio cultural de la humanidad la escuela de arte «Bauhaus» de Dessau y Weimar, fundada por Walter Gropius, quien marcó decisivamente la arquitectura del siglo XX, un conjunto de edificios con la casa «am Horn» perteneciente a una de las más hermosas obras de arquitectura en estilo Jugendstil de Alemania. Desde 1919 el lugar de fundación y acción de la escuela de arte estatal fue Weimar bajo el rectorado de Gropius, que en 1925 se mudó a Dessau desde donde sigue funcionando.

Merecen visita la casa de Goethe, que visualiza la vida y obra del consejo secreto con su biblioteca, la de Schiller, donde murió en 1805 a los 45 años y el palacio de Wittum, donde la duquesa Anna Amalia reunía a miembros de la corte interesados en la literatura, el arte y la ciencia con poetas, artistas y letrados de la región, encuentros donde llegaban numerosas visitas de cerca y lejos para socializar, intercambiar pensamientos y realizar actividades artísticas.

La Iglesia de la Ciudad (San Pedro y San Pablo) en el centro del casco antiguo se la conoce como la “Iglesia Herder” por J. G. Herder quien fuese durante 27 años el predicador de esta iglesia. Su más famoso tesoro es el tríptico, un altar en estilo Cranach, que fue construido por Lucas Cranach el viejo, en su último año de vida y fue su hijo quien lo terminó.

Destacan el Teatro Nacional Alemán y la Orquesta Estatal de Weimar. La casa en la plaza del teatro convence hasta hoy con espectáculos, óperas y bailes teatrales, y delante tiene al famoso monumento a Goethe-Schiller. Igualmente de visita obligada es la colección de arte de Weimar con sus cuatro edificios que forman el más importante grupo de museos de arte de Turingia.

Musicalmente no podemos olvidarnos de la Escuela Superior de música “Franz Liszt” con su orquesta, orquesta de cámara, coros y orquestas de jazz, proyectos de óperas y oratorios, pues esta escuela superior está presente con mucha fuerza en la vida pública de la ciudad. Para los concursos llegan jóvenes artistas de todas partes del mundo y cada tres años se realiza el Festival Liszt en Weimar, un evento importante en la vida musical de Turingia.

Köthen (1717-1723)

Köthen – Anhalt (5 de agosto 1717-1723). Desde Leipzig 70’7 km (unos tres cuartos de hora aunque casi hora y media con transbordo en Halle (la ciudad natal de su contemporáneo Händel), de la que dista 30 km.

Por ser una ciudad pequeña tiene todo el encanto de ello, el lugar donde Bach disfrutó seis años con el Príncipe Leopoldo, gran aficionado musical y admirador suyo que le liberará de la cárcel en Weimar (tras forzar demasiado obstinadamente su renuncia al duque Wilhelm Ernst) y no sólo le pagará bien sino que dispondrá de todo el tiempo para componer y hasta le pondrá una orquesta a su servicio como “kapellmeister” en una época donde escribir música instrumental le alivió de las obligaciones puntuales y siempre apremiantes que le ocuparon el resto de su vida al servicio de la iglesia luterana, si bien cada obra suya tenga el espíritu del trabajo que ennoblece, comenzando cada partitura con las iniciales SDG (“Soli Deo Gloria”, a la gloria de Dios). Las biografías siempre citan esta etapa como la más feliz de Bach. La muerte de su esposa María Bárbara le sorprende en pleno viaje musical con el príncipe y marcará el rumbo de los años venideros, volviéndose a casar en 1721 con Anna Magdalena Wilcke, 17 años más joven que él, una talentosa soprano que cantaba en la corte de Köthen con la que tuvo trece hijos.

Los jubilados en Alemania siguen trabajando en museos colaborando como conserjes y asombrándose de un asturiano en el palacio donde vivía y tocaba Bach, que gentilmente nos enseñó hasta el último rincón, disfrutando como nunca de una visita única al salón del príncipe donde se interpretaron los famosos «Conciertos de Brandemburgo» o los de clavecín, las partitas de violín solo, las suites de cello y tantas otras auténticas maravillas donde el propio compositor ejercía de solista. Conservo el pequeño busto de Mein Gott como presente del amable anciano además de la reproducción del famoso retrato del cantor a un precio irrisorio comparado con las ciudades grandes.

A su lado está el museo dedicado a Samuel Hahnemann (1755-1843), fundador de la homeopatía que la practicó en esta coqueta ciudad. En San Angus Bach también demostró su virtuosismo al órgano, sin dejar de componer fantasías, preludios, fugas y sobre todo cantatas, el grueso de su obra religiosa y oficio obligado, junto a la iglesia de St. James que es otra referencia.

De la gastronomía, a la que apenas hago referencia, todavía quedan fondas antiguas con cocina tradicional, lejos de los menús turísticos, con un trato familiar que nos recuerda la antigua Alemania oriental aunque el esfuerzo por modernizarse es encomiable en esta coqueta población, también reconstruida tras los bombardeos de 1944.

Cantor de Santo Tomás (1723-1750) Der Kantor

Leipzig (firma el 5 de mayo 1723). ¡Todo es Bach! pero también Mendelssohn, su “apóstol” con casa natal casi palaciega por fortuna familiar en un entorno idílico, y muchos más: Schumann, Clara Wieck, Wagner, hasta el noruego Grieg vivió en este Leipzig ciudad de Bach y sobre todo ciudad de música.

La plaza del antiguo ayuntamiento (Alter Rathaus) acoge actuaciones y proyecciones de la obra de “mein Gott” durante el verano: las iglesias de San Nicolás y Santo Tomás (con un coro celestial) son como el peregrinaje de todo bachiano que se precie, contrastes de luz y sombra para dos monumentos que quedan en el recuerdo, incluyendo la tumba en la que reposa desde 1950 (la de San Juan fue destruida en la SGM) con los pies hacia el altar y flores sobre una sencilla placa de bronce para 65 años de una vida muy fructífera que Leipzig sigue salvaguardando.

También el inicio del cambio democrático, la “revolución pacífica” con el director de orquesta Kurt Masur al frente, de Santo Tomás y la historia de las velas hasta las dos Gewandhauss, templos musicales con más solera que la cerveza, teatro y orquestas.

Un antiguo taller de violeros acoge el Museo de los Instrumentos Musicales que atesora una colección con más de cinco mil, el más grande de Alemania, así como el Museo Grassi que alberga uno específico de instrumentos que da para una mañana con la posibilidad de practicar en muchos de ellos y hasta de comprender como nunca el funcionamiento de un órgano, el instrumento rey del que Bach era un auténtico virtuoso. No faltan los antiguos conservatorios y bibliotecas musicales y hasta el Museo de las Artes Plásticas que alberga la famosa escultura de Beethoven realizada por Max Klinger. Por supuesto la Academia Bach, el Museo Bach o el famoso Café Zimmermann donde trabajó entre 1732 y 1741 componiendo la conocida Cantata del café.

Fuera de ruta

Por aprovechar el nudo de comunicaciones hubo dos escapadas que necesariamente debíamos realizar por la cercanía y amplia oferta cultural, aunque ocuparían espacio propio y viajes específicos, sin olvidarnos de Praga, otro destino para programar:

Dresde (”La Florencia alemana”) Desde Leipzig 112 kms (en tren apenas una hora), y Berlín (capital alemana), 194 kms (entre 50 minutos y una hora en tren).

De ambas daría para un artículo exclusivo por todo lo que no debe perderse de ellas, desde una ciudad reconstruida tras quedar totalmente devastada en la Segunda Guerra Mundial, pero que con el esfuerzo de sus vecinos y compatriotas nadie diría que fuese un solar a la vista de cómo está actualmente, y Berlín la “capital europea” de moda y metrópoli cultural) que respira historia por todas partes.

Imposible destacar ni entrar en detalles pues como melómano ambas dan para mucho, especialmente la Semperoper Dresden o las varias de Berlín (Deutsche Oper Berlin, Komische Oper, Staatsoper, Unter der Linden) sin olvidarnos de la Filarmónica, edificio emblemático y sede de la orquesta que Karajan elevase al Olimpo del que todavía no ha bajado, buscando titular en estos momentos (1). Berlín, ciudad donde te puedes cruzar por la calle con figuras internacionales de la dirección, de la interpretación instrumental y cantantes famosos.
Ambas ciudades sin estar directamente relacionadas con Bach, merecen al menos una escapada en cualquier momento. Para quienes tengan la oportunidad de viajar son un auténtico caramelo, y como decía al inicio, siempre nos queda Internet, por supuesto con música de Bach sonando de fondo.

Nota: (1) Este artículo se escribió en el mes de mayo pero a día de hoy la Filarmónica de Berlín ya eligió como titular a Kirill Petrenko como sucesor de Rattle.

 

 

 

 

 

Gran cantera valenciana

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Miércoles 4 de abril, 19:30 h. Palau de la Música de Valencia, Sala Iturbi. Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música «Perfecto García Chornet» de Carlet: Jordi Nogués Escribà (piano), Sergio Furió Gamón (director). Obras de Copland, Kander, Gershwin, Bizet, Gregson-William, Ginastera e Ippolitov-Ivanov.

Buen día para conocer el Palau musical valenciano y con gente de la tierra, estudiantes y profesionales bajo una batuta atenta a todos ellos que estuvo a la altura pedagógica de un programa variado e interesante, buscando tiempos algo más lentos de lo habituales en cierta medida lógico para una formación académica que tiene todavía mucho camino por delante.

La sección de metales y percusión afrontaron seguras la Fanfarria para un hombre común de Copland, destacando el trompeta solista.

Con el resto de la orquesta llegó el popular New York, New York de Kander, breve y en arreglo bueno aunque la cuerda quedó algo tapada por vientos y percusión.

Para cerrar la primera parte se incorporó el pianista Jordi Nogués, paisano de todos ellos para dejarnos una Rhapsody in Blue de Gershwin más bien «brown» por lo irregular en los concertantes, casi siempre por delante de la orquesta tal vez por lo apuntado de unos tempi algo lentos desde el podio, que le obligaron a retener más de lo deseado, y sus solos jugando con demasiados rubati no siempre al estilo jazzístico que emana esta obra. Tampoco técnicamente resultó un dechado aunque en conjunto arrancasen grandes ovaciones entre los familiares de turno, pero debemos reconocer el esfuerzo de todos ellos y el del solista igual para una obra muy exigente desde todos los puntos.

La segunda parte comenzó con el Carrillón de la Suite nº 1 de «L’Arlesienne» de Bizet, nuevamente corta de sonoridades en la cuerda pero excelentes viento y percusión.

Mejor los arcos en la cinematográfica Las crónicas de Narnia (Gregson-William) bien en sus partes de «colchón» para los metales y maderas -siempre bien salvo una afinación mejorable de las trompas- como en las melodías con más garra y tensión que en las anteriores obras. No estaría mal escuchar esta obra por una orquesta profesional pues es digna de figurar en programas no sólo de temática específica del séptimo arte.

Mi cercanía con «La Bolívar» ha hecho que el Malambo del ballet «Estancia» del argentino Ginastera sea incomparable. Con todo la orquesta sinfónica de Carlet con el Maestro Furió dio de sí lo que pudo en un tempo contenido que restó vivacidad, optando por la claridad en todas las secciones.

En una tierra que resulta la mejor cantera de viento, La procesión del Sardar de las «Estampas del Cáucaso» (Ippolitov-Ivanov) sonaron cual banda sinfónica bien llevada desde el podio y buen cierre de concierto.

Suspiros de España (A. Álvarez) es uno de los pasodobles más sinfónicos que hay y excelente propina con ganas por parte de todos y de las mejores dinámicas logradas en la sesión. La salva de aplausos obligó a bisar el Malambo con los vientos más «venezolanos» por coreografía y tempo más ligero que la primera vez, compensando algunas incidencias con derroche de ilusión. Enhorabuena a la percusión nuevamente en su sitio, y agradecer el trabajo de todos para traer desde Carlet a la capital los avances del curso con obras de envergadura que sonaron con el desparpajo juvenil sin olvidar el rigor que sólo el tiempo y estudio consiguen. Esta tierra valenciana sigue siendo cantera musical.

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