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Geroncio, ángeles y demonios

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Jueves 17 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Concierto extraordinario de Semana Santa, OSPA, Allison Cook (mezzo), Zach Borichevsky (tenor), Nathan Berg (bajo), Coro FPA (maestro de coro: José Esteban García Miranda), Rossen Milanov (director). Sir Edward Elgar: El sueño de Geroncio, op. 38 (1900). Entrada: invitación abonados OSPA.

Hay obras que deben escucharse en vivo al menos una vez en la vida, y si además el propio compositor dice «Si alguna obra mía es digna de no olvidarse, ésta es», entonces podrán comprender mi deseo hecho realidad de este The Dream of Gerontius de Elgar, puede que sintiéndome ya un «hombre viejo» como el protagonista, sin importar cómo clasificar o analizar esta magna obra (oratorio, cantata dramática…) sobre textos del cardenal John Henry Newman (1801-1890). Está tan bien escrita para cada intervención que es maravilloso escuchar cómo se mueven y aparecen las voces solistas, el coro y la propia orquesta en una sucesión sin apenas respiro, con dos partes bien diferenciadas donde el descanso rompió un poco el dramatismo implícito: una primera parte «terrenal» y la segunda «más allá de la tierra», tal y como la concibió un inglés que adoraba a Wagner (como recuerda Lorena Jiménez en las notas al programa enlazadas arriba en el autor) pero cuya música tiene sello propio en este diálogo con la muerte lleno de serenidad.

Interesantes los tres solistas de este concierto extraordinario, comenzando por el tenor Borichevsky que tiene el papel más extenso. De timbre hermoso, emisión más que correcta en todos los registros y momentos de belleza casi íntima, especialmente cuando se convierte en el alma de Geroncio con unos pianissimi muy sentidos.
El bajo-barítono Berg al que pude escuchar hace años en el Auditorio, interpreta al predicador de la primera parte y al ángel de la agonía final, dos registros en uno donde el impacto del texto se refleja en su proyección desde un color algo metálico en el agudo pero ideal para inspirar el terror y temblor antes del último vuelo.
Encantado con la mezzo escocesa Allison Cook que «llena» la segunda parte como un ángel, voz carnal de amplio registro, destacando un grave homogéneo precisamente en los momentos dramáticos, una musicalidad etérea como el personaje y un fraseo siempre contenido lleno de gusto, sin exceso alguno e ideal color para esta obra donde su voz lleva los momentos más emocionantes. Cantando ópera es un nombre a tener en cuenta y apuntarlo.

El Coro de la FPA se enfrentó nuevamente a un reto ante la envergadura de esta partitura, superando con creces las exigencias. A lo largo de la obra pasa por todos los estados anímicos hechos música, «Los asistentes» con un Kyrie latino «a capella» bien emitido y afinado, siguiendo el Be merciful, be gracious con orquesta sin perder presencia, el Rescue him con Amén incluido para mantener gusto y musicalidad, aumentando las tensiones durante la segunda parte, ángeles y demonios reflejados en papel y línea de canto, con unas voces blancas angelicales, las graves algo cortas en número pero buen contrapeso, e insistiendo en la escritura tan excelente de Elgar, el empaste y búsqueda de un timbre propio ideal, donde los instrumentos doblan a veces (impresionantes las trompas) o realizan contracantos alcanzando un color único donde no era necesario aumentar volumen para escucharlos nítidamente. La aparente lejanía del canto (estaba en la fila seis lateral) sumó en vez de restar calidades, puede que la inseguridad puntual esta vez ayudase a unos pianísimos increíbles, poniendo los contrastes al ángel o el alma en los coros de «Demonios» o «Coro angelical» (especialmente las mujeres), clamando las «Voces de la tierra» al pedir misericordia y ese final de las Almas del purgatorio como clímax coral antes de despedirse como «almas» y nuevamente el «Coro angelical», amén incluido.
La OSPA sigue en niveles de excelencia en todas sus secciones, incluso con los refuerzos que esta obra exige aumentando vientos e incluyendo órgano. Su amplísima gama dinámica fue un placer, más allá de buscar ambientes complementarios del texto, protagonismo siempre presente y tesituras que refuerzan cada número coral.

La dirección de Milanov tendió a ralentizar algunos números que perdieron impacto, salvo el inmenso y emotivo Preludio, aunque ganaron lirismo y emoción, pero hubiese preferido más aire que convenciese de los contrastes entre tierra y más allá, quedándonos en unos apuntes que el Jovellanos agradece por sus dimensiones, obligando a tocar muy juntos y escucharse todos. Este reto de Gerontio superado, supongo que en el Auditorio tendrá aún más grandiosidad tras este estreno gijonés.

Festival de talento

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Viernes 11 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Abono 8 OSPA, Jaime Martín (director). Obras de Dvorak y Bartók.

Tras «nuestra» escapada bilbaína la OSPA y manteniendo colocación como en el Euskalduna, volvía a su sede ovetense con un director español en constante crecimiento, Jaime Martín (Santander, 1965), actual titular de la Orquesta de Cadaqués, quien en una entrevista al diario La Nueva España (la dejo casi íntegra al final, en su versión papel) decía: «Una orquesta es un festival de talento» y quiero tomar este titular también para mi entrada del blog.

Todas las virtudes que llevo tiempo destacando de la orquesta asturiana, este octavo de abono se han multiplicado porque al fin la batuta cántabra dio la necesaria seguridad, confianza, serenidad, ilusión por el trabajo bien hecho y sobre todo una honestidad con las obras elegidas que los músicos transmiten.

Las Danzas eslavas, op. 46 (1878) de A. Dvorak (1841-1904) suelen interpretarse sueltas y no en su totalidad como pudimos disfrutarlas este viernes, ni en versión original para piano a cuatro manos ni la orquestal, algo que parte del público no pareció enterarse aplaudiendo indebidamente y haciendo romperse el hechizo de la continuidad de ocho danzas en distintas tonalidades, ritmos y tiempos con un empuje contagioso lógico en una música de baile con inspiración folklórica pero a base de melodías propias que no tienen porqué ser herederas de las húngaras de Brahms. Maravillosa cada sección orquestal y cada intervención solista, dinámicas amplias perfectamente marcadas por el director santanderino, intensidades graduadas para deleite de todos, difícil quedarme con alguna aunque por comparar (aunque sea odioso) con la escuchada el pasado 24 de febrero la «Furiant» Danza nº 1 en Do mayor «Presto» hoy tuvo todo lo que entonces faltó: agilidad, bailable, empuje rítmico y claridad en las melodías, al igual que la última, tal vez la más conocida de todas. Estado de gracia para toda la orquesta y entendimiento total con el podio, plenitud para una integral que pone a prueba formaciones y batutas.

Aún más complejo de interpretar y dirigir que al checo Dvorak resulta el llamado Concierto para orquesta, Sz. 116, BB 123 (1942-1943) del húngaro Bela Bartók (1881-1945), puede que evitando llamarlo sinfonía no ya por sus cinco movimientos, aunque resulten como tales los impares e intermedios los pares, sino por unos contrastes más en la línea de los barrocos, también comentado por Asier Vallejo Ugarte en las notas al programa (enlazadas en los autores al principio).
La biografía de Bartok daría para una película y en sus última etapa neoyorkina parecía abocado al hundimiento total cuando surge este encargo de unos compatriotas que nos dejará una de las páginas orquestales más fastuosas y difíciles dentro del repertorio sinfónico, básicamente por el tratamiento concertante de las distintas secciones orquestales que la OSPA tiene en calidad superlativa como pudimos disfrutar por unanimidad los afortunados: el arranque de la cuerda y luego flautas de Introduzione – Andante non troppo presentó credenciales claras de lo que vendría después, el metal del Allegro vivace sonó virtuoso y claro en las secciones fugadas del desarrollo, con unas trompas en perfecto entendimiento desde hace muchos conciertos, unos trombones a los que llamo el cuerpo orgánico por no decir organístico, y las trompetas seguras y vibrantes, con una percusión mandando sin ensuciar; de la cuerda que enamora destacar su pasaje movidísimo del último movimiento perfecto por claridad, presencia e intensidad pero también destacable el segundo movimiento con todos los instrumentos alternando por parejas en pasajes brillantes sonando como uno solo, respiraciones, fraseo, matices idénticos como verdadera sana competición en mejorar el anterior y dotando de una continuidad marcada por el tambor con «mando Dalai en plaza» ese movimiento realmente de verdadero encaje de bolillos: fagots, oboes, trompetas, flautas… cada tema respirando aire popular desde el dominio instrumental plenamente académico, por no decir clásico del compositor húngaro. Hasta el Intermezzo interrotto, cita del «tema de la invasión» de la Séptima sinfonía de Shostakovich -popularísima en EE. UU.- como guiño de su fino humor húngaro, sonó aterciopelado en una OSPA a la que deseamos mantenga este nivel, con un Finale: Pesante – Presto para guardar y grabar cuando Radio Clásica lo emita dentro de unos meses. Si el viejo Bartók muestra mucha ironía con esta obra, Jaime Martín a quien la batuta le proporciona libertad, nos dejó un guiño de cómo alcanzar no ya magia sino una interpretación magnífica y de altura, fruto de la honestidad, el trabajo, el entendimiento y un saber mucho además de bien de su trabajo. Ha sido un excelente flautista y como director sigue creciendo, contando sus apariciones por triunfos, y el de este octavo de abono en Oviedo ha sido uno más. Esperamos vuelva pronto. En la entrevista citada cuenta muy claro la forma de entender su oficio: «… requiere colgar el ego de una percha. La gran cualidad de un músico de orquesta es la flexibilidad. Una orquesta es como una cometa y el director es el encargado de mantener el hilo. Cuando se hace así soy feliz, es un trabajo mágico». Magia y talento.

Domingo para cerrar Musika-Música 2016

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Un paseo tranquilo por el Parque de Doña Casilda y al lado de la ría hasta el Guggenheim volviendo antes de la siguiente tormenta que nos precipitó hacia el Euskalduna en una mañana-tarde sin apenas tiempo para nada, solo para la música.

Domingo 6 de marzo, 13:00 horas: Kiosko Cósima, Conservatorio de Música de Calahorra,
Trío con piano: Ana Ausejo (violín), Beatriz Pérez (viola), Camila Bretón (cello), Alfo Fabo (piano): F. Schubert: Adagio y rondó concertante en fa mayor para cuarteto con piano D. 487: Rondó.

Gente joven, estudiantes destacados que se atreven a hacer música juntos con el desparpajo y buen entendimiento fruto de mucho trabajo previo donde tocar en público y templar nervios es una asignatura que superaron sin problema.
Octeto de viento-madera: Nerea Andrés (flauta), Miguel Ibáñez (oboe), Guillermo Arnedo y Ruth Arriazu (clarinete), César Calvo y Josep L. Lloares (fagot), Virginia Montes y Marta Llorente (trompa): F. SchubertOcteto para vientos D. 72: I. Allegro, II. Andante (arr. R. G. Patterson).

Cuando la música de cámara exige escucharse además de tocar, nos deja momentos como los de este octeto y una lección para no olvidar nunca que estos jóvenes tienen muy claro, así como el necesario apoyo de las familias a las que nunca se recuerda ni agradece su presencia y empuje. No nos quedamos a escuchar el Octeto de trompas por el horario algo apretado aunque teníamos las entradas numeradas para el siguiente. Mi cuerpo necesitaba un café porque el «kiosko» era más frío que las salas, por otra parte con buena temperatura que no influyó en exceso en los instrumentos.

Domingo 6 de marzo, 13:45 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 51, Orquesta Sinfónica del Principado de AsturiasRossen Milanov (director):
R. StraussUna vida de Héroe, poema sinfónico op. 40. Entrada: 10,90 €.
Remate straussiano de «nuestra» OSPA donde cada músico tuvo su propia vida de héroe en este monumental Strauss para despedir la presencia asturiana en Musika-Música, lástima la hora poco agradecida con menos público del esperado, y es que la interpretación resultó muy equilibrada y con momentos de una calidad rayando la excelencia. Nuevamente con la plantilla reforzada que funcionó como si llevasen toda la vida juntos y unos solistas que no decepcionaron en los seis números (incluso el dúo de trompetas fuera de escena), heróicos todos ellos en expresividad y fuerza. Sigue adoleciendo Milanov de precisión en las entradas (yo ya le llamo «batuta flácida»), pero logró dinámicas realmente buenas, sin estridencias, gustándome la amplia madera (excelencia de las flautas en rítmica bien encajada con oboes), todos los «bronces» y por fin la cuerda que a todos nos enamora, hiriente cuando se le pide, aterciopelada, con un Vasiliev rejuvenecido en sus solos. Ritmo frenético desembocando en La retirada del mundo y la plenitud del héroe, percusión contagiosa, trombones empujando y por las exigencias del escenario la colocación de percusión atrás y contrabajos a la izquierda detrás de los violines primeros que no restó luminosidad y puede que incluso favoreciese la sonoridad alcanzada en este Ein Heldenleben que inundó el auditorio en esta Odisea fantástica.

Domingo 6 de marzo, 15:30 horas: Auditorio Odisea, Orquesta del Conservatorio «Juan Crisóstomo de Arriaga»Maite Aurrekoetxea (directora): Obras de R. Wagner y F. Mendelssohn. Entrada gratuita.
Los músicos bilbaínos no se arredraron con las obras elegidas para interpretar en el Auditorio. Tres grandes que sonaron más que dignos: Wagner, «Lohengrin«, introducción al acto III, con unos vientos seguros y una percusión «mandando», Mendelssohn con su Sinfonía nº 4 «Italiana» de la que prescindieron del complicadísimo primer movimiento para dejarnos el II y III más que bien, algún desafine puntual de la cuerda que hasta los profesionales deben trabajar, y de nuevo Wagner con el majestuoso preludio de «Los Maestros Cantores de Nüremberg» perfecto colofón de este último concierto en la sala Odisea, realmente tal para una juventud que disfruta con la música y así será toda su vida, independientemente de su dedicación completa o no a esta difícil profesión.
Emocionante contemplar a las familias en el patio de butacas y ver a sus herederos en el escenario grande, verdadero premio a lo estudiado y ensayado, sientiéndose tan importantes como los maestros a los que han estado escuchando este fin de semana y conviviendo con otros estudiantes que han recibido su alternativa en este macroevento. Los locales son habituales del festival y no decepcionaron, con una directora de gesto claro y preciso que lleva a los estudiantes de la mano. Hay cantera de músicos porque el sacrificio tiene estos premios.

Domingo 6 de marzo, 17:00 horas: Sala Schubertiadas, Concierto nº 70, Judith Jáuregui: Obras de Félix MendelssohnFanny Mendelssohn. Entrada: 6,90 €.
Los hermanos Mendelssohn fueron los elegidos por la pianista donostiarra que exigió una iluminación más íntima para ambientar sus obras, comenzando con Albumblatt, op. 117, aplomo y fuerza de pulsación para la ligereza casi chopiniana de esta pieza de salón al igual que la Romanza sin palabras, op. 30 nº 6 (Venetianisches Gondellied), delicadeza y fraseo sentido para estas bellas melodías despojadas de un texto que la música recrea respirando.
La gran desconocida Fanny Mendelssohn a la sombra de su hermano menor nos dejó entre su amplia producción esta impresionante Sonata para piano en sol menor; impresionante la fuerza y decisión de esta sonata que explora todo el registro del universo de las 88 teclas, con una Judith cuidadosa del sonido, pedales apropiados y una musicalidad tan cercana que recreaba aquellas veladas de los románticos elevando el salón a la pequeña sala de conciertos. Y para cerrar de nuevo Félix y sus Variaciones serias en re menor, op. 54, trabajando siempre la melodía aunque se oscurezca en cada reinterpretación, ligereza y pulsación, sonido buscado hasta el detallo en estado de gracia nuestra Judith Jáuregui que sigue su crecimiento interpretativo buscando repertorios que le gustan y hace suyos con total naturalidad. Excelente punto final a nuestra Musika-Música con los hermanos Mendelssohn para descubrir un Félix virtuosístico y poderoso, más la increíble Fanny que seguirá sorprendiéndonos como la pianista donostiarra.

A las 18:05 pusimos el punto y final del «puente romántico 2016» donde Richard Strauss volvió a exigir a todos sus intérpretes, especialmente a las orquestas, y me encantó seguir a los conservatorios, así como a los pianistas. Habrá que esperar la sorpresa del año próximo aunque los tiempos parecen no estar precisamente bien para la música. Esperemos que el sentido común no sea el menos común de los sentidos y se mantenga un festival que representa convertir la capital vizcaína en un referente más allá del turismo músical.

Tarde completísima primando lo sinfónico

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Ambiente dentro y fuera del Palacio Euskalduna, una comida rápida y vuelta porque quedaban por delante más de cinco horas de música.

Sábado 5 de marzo, 17:00 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 19, Real Filharmonía de GaliciaPaul Daniel (director).
F. MendelssohnSinfonía nº 3 en la menor, op. 56 «Escocesa». Entrada: 10,90 €.

De nuevo una orquesta de cámara que elige repertorio apropiado como la conocida «Escocesa», número ideal para evitar «males mayores» con refuerzos en pos de un espectáculo que no es tal sino un despliegue cara a la galería. Escribía yo en las notas rápidas lo de «Galicia Calidade» porque la formación con sede en Santiago nos pintó una acuarela escocesa  más que óleo, secciones bien equilibradas donde la cuerda suena lo suficiente para mantener las dinámicas en su sitio y donde las brumas del norte brillaron al mismo nivel que la orquesta y su director titular, sin batuta ni podio porque la cercanía también es física para exigir a sus músicos la máxima intensidad. Placer verle trabajar y cómo la orquesta responde siempre, contrastes de movimientos donde las indicaciones se interpretan literalmente: Andante con moto . Allegro poco agitato, Vivace non troppo, Adagio para disfrutar del sonido atlántico y Allegro vivacissimo – Allegro molto assai. No me defraudaron en absoluto aunque esta sinfonía sea siempre agradecida de interpretar y escuchar con las referencias gaiteras que tan bien entendemos todos los del llamado Arco Atlántico.

Sábado 5 de marzo, 18:30 horas: Sala Schubertiadas, Concierto nº 41, Galdós Ensemble con Ivan Martín (piano).
R. StraussCuarteto con piano en do menor, op. 13 TrV 137. Entrada: 6,90 €.

Siempre alternando sinfónico y cámara, quería volver a escuchar al canario Iván Martín con un trío de su Galdós Ensemble formado por Sheila Gómez (violín), Daniel Lorenzo (viola), Juan Pablo Alemán (violonchelo) y el citado Ivan Martín, en una obra poco conocida e interpretada, la más ambiciosa, lógico porque las dificultades técnicas son enormes y de nuevo necesario mucho tiempo de estudio previo para alcanzar la interpretación ideal. Impactante y duro romanticismo en estado puro este cuarteto opus 13 de Strauss, la «excelencia Galdós» con un trío que sólo junto a Iván Martín puede sonar así, cuatro movimientos a cual más intenso, sin respiros, con silencios subyugantes y sonoridades potentes en los cuatro, con una abundancia de ideas apabullante.
El Allegro de apertura muy elaborado y tempestuoso, alcanzó cotas y temperatura
elevada; El Scherzo con un piano decididamente straussiana, el Andante original y lírico con una melodía que pasa del piano a las cuerdas recordando a Brahms y sin cambiar el color del cuarteto y el Finale: Vivace otra vez romántico puro en ritmo sincopado, pasional e interpretado con el mismo entusiasmo de su compositor. Seguir recuperando al enigmático Richard Strauss camerístico porque la inmensidad también es necesaria.

Sábado 5 de marzo20:00 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 21, Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Hanna-Elisabeth Müller (soprano), Rossen Milanov (director): obras de R. Strauss. Entrada: 10,90 €.

No quería perderme la presencia de nuestra orquesta asturiana, representación de nuestra cultura en este segundo concierto, esta vez con dos obras de un Strauss con el que Milanov se siente muy a gustoLas alegres travesuras de Till Eulenspiegel, poema sinfónico op. 28 presentaron una orquesta muy reforzada que nos ofreció un juguetón más que travieso Till, más sal gorda que maldon porque «amarrar» el poderío de una sección de metales se hace difícil y las exigencias para la cuerda se multiplican. Con todo Milanov pareció disfrutar con esta descarga sonora más atento a matizar que a sonsacar las melodías o dar entradas (alguna falsa), especialmente la que hace de motor de la obra. Tanto las trompas que están en un momento perfecto de ensamblaje como todo el metal y el entendimiento con nuestra madera siguen siendo de primera y esta fue la que marcó la intención de este grandioso poema sinfónico.

Las siempre hermosas Cuatro últimas canciones, op. 150 nos trajeron a una joven soprano alemana (1985) que promete en estos repertorios, con excelente carne en el agudo y más hueso en el grave pero dejando buen sabor «al ir a dormir» (Beim Schlafengehen) ante una obra asimilada incluso en escena, elegante en el amplio sentido de la palabra. «En la puesta de sol» (Im Abendroth) estuvo bien su dicción y musicalidad, con una interpretación no muy ayudada desde el podio, lo que por momentos la eclipsó pero una voz de la que tomo nota como «la Müller«, con una orquesta dúctil y más pendiente de la voz que nunca, don de los solistas cantaron con la misma intención que la soprano alemana.

Sábado 5 de marzo21:30 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 22, Bilbao Orkestra Sinfonikoa, Yaron Traub (director).
R. StraussSinfonía Alpina, op. 64. Entrada: 10,90 €.

Nada mejor para concluir este sábado que asistir a una obra sinfónica de las que hacen época por todo el despliegue instrumental casi wagneriano al que odió y admiró el músico muniqués. Siempre reconforta escuchar el órgano del Auditorio engrosando la enorme plantilla. Podría decir que el concierto hizo cumbre alpina con ostentación sonora, disfrutando del órgano y una pletórica orquesta local con un aparentemente algo cansado Traub cuyo oficio le permitió ir marcando las complicadas intervenciones de esta magna sinfonía en veintidós números sin apenas respiro.

El llenazo se puede apreciar en la foto de la propia organización y hasta me he localizado… Público entregado a su orquesta al que no le importó la tardía hora de finalización pasadas las 22:30 de la noche. Menos mal que nosotros estábamos cerca y llegamos a tiempo de una reconfortante cerveza y una cena ligera tan exquisita como este sábado completísimo.

Salud a mis lectores y aún queda la última entrada del domingo, de nuevo siguiendo a la OSPA, a los conservatorios y a mi admirada Judith Jáuregui, que nos redescubrió a Fanny Mendelssohn. Mañana más…

Notas rápidas de Musika-Música 2016

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Recién llegado a casa de esta «maratón» o fiesta de la música en Bilbao que es Musika-Música este fin de semana del 4 al 6 de marzo, con 190 € en entradas (que mi «sufridora» ahí estuvo también) dejando aquí unas notas rápidas tomadas a vuelapluma, vamos tecleando en el móvil nada más terminar cada uno de ellos. Con tiempo las crónicas detalladas con sus fotos, enlaces y todo lo habitual.

Viernes 4 de marzo
19:30 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 2.

Contención dinámica y explosión anímica en Wagner, implosión Strauss en Euskadiko Orkestra Sinfonikoa potente y dirección clara de gesto e ideas de José Miguel Pérez.
21:00 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 3.

Aprovechar recursos con maestría hace «Grande» a Maestro Andretta, Orquesta Ciudad de Granada y Sinfonía de Schubert.

Sábado 5 de marzo
11:00 horas: Sala Biblioteca Shakespeare, Concierto nº 23.

​Una trucha casi asalmonada en aguas cristalinas con aparejo de cuatro y una caña campeona manejada por el pianista Luis Fernando Pérez.
12:30 horas: Kiosko Cósima, Orquesta del Conservatorio Rafael Frühbeck (Burgos)Daniel Lorenzo (director).
F. SchubertSinfonía nº 8 «Incompleta»: I. Allegro Moderato.

Llegué al final pero disfrutando con este movimiento y una sorprendente calidad en unos estudiantes que aseguran un futuro optimista.
13:45 horas: Sala La Trucha, Concierto nº 32.

Entendimiento, riqueza y perfección en forma y formación hacen ideales a Mendelssohn y sobre todo a Schubert, limpio, brillante y con sentido contraste.

17:00 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 19.
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Calidade gallega para una acuarela escocesa  más que óleo, donde las brumas brillaron al mismo nivel que la orquesta Real Filharmonía de Galicia y su director Paul Daniel.
18:30 horas: Sala Schubertiadas, Concierto nº 41.

R. StraussCuarteto con piano en do menor, op. 13 TrV 137.
Impactante y duro romanticismo en estado puro este cuarteto opus 13 de Strauss, la excelencia Galdós con un trío que sólo junto a Ivan Martín puede sonar así.
20:00 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 21.

Un juguetón Till con más sal gorda que Maldon y los lieder con más hueso en el grave que excelente carne aguda pero buen sabor «al dormir» ante una obra asimilada incluso en escena. Tomo nota de «la Müller».
21:30 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 22.

Haciendo cumbre alpina con ostentación sonora para cerrar el sábado, disfrutando del órgano y una pletórica Bilbao Orkestra Sinfonikoa local que casi llena el Auditorio pese a la hora de finalización.

Domingo 6 de marzo
13:00 horas: Kiosko Cósima, Conservatorio de Música de Calahorra:
Trío con piano: Ana Ausejo (violín), Beatriz Pérez (viola), Camila Bretón (cello), Alfo Fabo (piano): F. Schubert: Adagio y rondó concertante en fa mayor para cuarteto con piano D. 487: Rondó. Desparpajo y buen ententendimiento fruto de mucho trabajo previo.

Octeto de viento: Nerea Andrés (flauta), Miguel Ibáñez (oboe), Guillermo Arnedo y Ruth Arriazu (clarinete), César Calvo y Josep L. Lloares (fagot), Virginia Montes y Marta Llorente (trompa): F. SchubertOcteto para vientos D. 72: I. Allegro, II. Andante (arr. R. G. Patterson).

Cuando la música de cámara exige escucharse además de tocar, una lección para no olvidar nunca que estos jóvenes tienen muy claro.
13:45 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 51.

Cada músico de «nuestra» Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) vida de héroe en este monumental Strauss para despedir la presencia asturiana en Musika, lástima hora poco agradecida y menos público del esperado.

15:30 horas: Auditorio Odisea, Concierto gratuito, Orquesta del Conservatorio «Juan Crisóstomo de Arriaga»Maite Aurrekoetxea (directora):
R. Wagner: Lohengrin, introducción al acto III.
F. MendelssohnSinfonía nº 4 «Italiana»: II y III mov.
R. WagnerLos Maestros Cantores de Nüremberg: Preludio.
Qué maravilla ver la juventud en el escenario grande, premio a lo estudiado y ensayado sientiéndose tan importantes como los maestros a los que han estado escuchando y conviviendo. Hay cantera.
17:00 horas: Sala Schubertiadas, Concierto nº 70.

En estado de gracia​ Judith Jáuregui que nos pone el punto final a nuestra MusikaMusica con los hermanos Mendelssohn para descubrir, un Félix virtuosístico y poderoso, más la increíble Fanny que seguirá sorprendiéndonos tanto como la pianista donostiarra.

A las 18:05 salimos del Euskalduna, coche, carretera y agua… En casa alegres tras este fin de semana con «puente romántico 2016» donde Richard Strauss volvió a exigir a todos sus intérpretes, especialmente centrado en las orquestas que sumaron mi «plan», los conservatorios verdadero vivero de talento que no podemos dejar emigrar, unos pianistas consagrados que también en cámara atraviesan un momento dulce, y la reafirmación del Cuarteto Quiroga como lo mejorcito en la actualidad dentro de mi complicada elección. Mucho que contar con detalle en una semana donde la música en el Principado tampoco parará… y mi admiración a la organización que sigue asombrándome. No quiero olvidar al trompa ovetense Jorge Monte de Fez que la mañana del sábado (concierto nº 17 en el Auditorio Odisea) interpretó con la OSPA y Milanov el primero de Strauss en un nuevo hito dentro de su meteórica carrera, y a Jesús Ángel Arévalo dentro de los afinadores oficiales de este macro evento. La presencia asturiana en Bilbao sigue dejando el pabellón muy alto y puedo presumir de haber estado ahí.

Casi para todos los públicos

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Miércoles 24 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, AVANTI: OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de L. Diéguez, R. Wagner, W. A. Mozart, P. I. Tchaikovsky, G. Mahler, L. van Beethoven, A. Dvorak, J S. Bach, E. Grieg, G. Bizet, B. Lauret y G. Giménez.

El público seguidor de la OSPA decidió dentro de una encuesta con 25 obras (como los 25 años que celebramos esta temporada) una docena dentro de lo que podríamos llamar, con perdón de RNE, «Clásicos populares» y así sonaron las obras que paso a citar, incidiendo en lo de sonar más que interpretar, pues como bien dijo el maestro titular, que hoy ejerció de «presentador» de cada una, es la orquesta de Asturias, capaz de afrontar cualquier repertorio, esta vez en un abanico de 300 años que no siempre lució como era de esperar.

Abríamos con nuestro Himno de Asturias en la orquestación oficial de Leoncio Diéguez, la misma que tantas veces ha sonado en este auditorio, aunque esta vez el coro fue público con los mismos problemas que los «profesionales» porque si no se dirige correctamente, todos cantan «a su aire». Pero sentirse protagonista por unos momentos siempre es de agradecer y hasta nos olvidamos de calidades prefiriendo cantidades.
El «Preludio» del Acto III de Lohengrin (R. Wagner) necesita, como diríamos coloquialmente, amarrar los caballos para que no se desboquen, siendo obra sutil que sonó brava porque los balances son necesarios ante una lucha siempre desigual entre las distintas familias orquestales, hoy además al completo.
La cuerda de la OSPA siempre ha sido como la seña de identidad y el primer movimiento, «Allegro» de la Pequeña serenata nocturna en sol mayor, K. 525 (Mozart) era para lucirse, aunque no hubo intención de sentir esta joya que resultó bisutería, de calidad pero lejos de lo esperado. Triste recordar que la música no es solo la partitura.

Los ballets de Tchaikovsky son filigranas para toda orquesta y la Suite nº 1, Op. 71a del Cascanueces una muestra de su maravilloso sentido melódico e instrumental, plagado de detalles muy sutiles, eligiendo tres (o cuatro) de sus danzas: la rusa, la árabe y la china. Al menos pudimos disfrutar de la calidad de nuestros solistas, principalmente la madera, aunque la necesaria conjunción quedó en pinceladas, que no brochazos, de una batuta nuevamente deslavazada que no imprime ni ritmo ni aire, dejando a los músicos que intenten además de sonar, sentir.
Puede que por esa necesidad de sentimiento, el famosísimo y cinematográfico«Adagietto» de la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor (G. Mahler) con la cuerda con Miriam del Río al arpa nos dejó el mejor momento de la velada, esta vez más emoción que precisión, para unos músicos que parecen querer dejar clara su valía, con unas dinámicas al fin angustiosamente interpretadas.

Lástima que, como dice el refrán, «la alegría en casa del pobre dura poco» y Beethoven con su Sinfonía nº 6 en fa mayor, op. 68 «Pastoral» no corroboró el «hit» mahleriano. Pese a elegir los movimientos III y IV, la danza pastoril no resultó bucólica, a pesar de las trompas, faltó intención, aire y mando; la tormenta fue un chubasco, con poca claridad en los contrabajos que tronaron con los timbales.
No despejaron los nubarrones con el «Presto«de las Danzas eslavas, op. 46 nº 1 (Dvorak), borrosas, una Furiant nada ágil ni bailable y carente de un empuje rítmico que fue a borbotones y sin claridad en las melodías a pesar de los esfuerzos. Espero que en el próximo abono, de cámara, se resuelvan los problemas del «Avanti».

La grandiosidad de la famosa «Aria» de la Suite nº 3 en re mayor, BWV 1068 (Bach) permitió disfrutar de la cuerda pero sin criterio, ni historicista ni musical, fraseos sin sentido, volúmenes fuera de lugar, sin la pulsación barroca que requiere un movimiento tan cantable que se le denomina precisamente aria.

Otro refrán dice «de perdidos, al río» porque el cuarto número «En la cueva del rey de la montaña» de la conocidísima Suite nº 1, op. 46 de Peer Gynt (Grieg) nos dejó literalmente dentro de la oscuridad absoluta y nada platónica, cierto que los solistas intentaron poner un poco de luz pero el largo y progresivo acelerando sólo sirvió para llenar de barro, tras la tormenta pastoral o los traspiés eslavos, una obra donde los matices olvidados borraron la melodía principal en un final de fuego prehistórico.
Del ímpetu y colorido que tiene el «Preludio» de Carmen (Bizet) nos quedamos con lo primero porque más que de inspiración española me resultó griega (por las ruinas).

A Benito Lauret no me cansaré de recordarle y agradecer lo que hizo por Asturias en todos los campos. Sus Escenas asturianas tanto en la versión sinfónica como para banda recogen melodías que este cartagenero hizo grandes, y en el Finale da gusto el oficio de orquestador en un músico excelente, jugando con el «balamé» del Pericote y nuestro «Asturias patria querida» en una contraposición no ya de temas sino de colores en los que Diéguez también buscó su instrumentación. Es una obra que nuestra OSPA ha llevado por medio mundo y con grabación para la posteridad que se debería escuchar más a menudo, pues su riqueza dentro de cierto nacionalismo bien entendido y académico a más no poder, requiere un estudio previo y documentado. Algo parecido a nuestra fabada que con excelentes ingredientes y condimentos se puede estropear sin una buena cocción.

Y al final llegó el divorcio, vamos que el «Intermedio» de La boda de Luis Alonso (G. Giménez) resultó un «totum revolutum» a pesar de estar todo claro. Puede que con las cartas boca arriba y una partitura precisa se demuestra la falta de entendimiento entre lo escrito y lo escuchado, teniendo en nuestra memoria tantas y excelentes versiones con orquestas de menor calidad que nuestra OSPA.

Temblando estoy del panorama cercano donde podré escuchar otras formaciones españolas como la Orquesta Ciudad de Granada, las de Bilbao y Euskadi o la Real Filharmonia de Galicia, porque además las obras y compositores exigen no solo trabajo sino talento…

Amores y desamores boreales

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Viernes 19 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Auroras boreales II»: Abono 7 OSPA, Colin Currie (percusión), Rossen Milanov (director). Obras de Sánchez Velasco, Rautavaara y Rachmaninov.

Interesante conferencia previa al concierto del musicólogo y compositor Israel López Estelche, autor de las notas al programa (enlazadas arriba en los autores), poniendo más luz a unas «auroras boreales» finlandesas que nos ayudaron a aumentar la envidia por ese modelo político, educativo y social, el de los países del norte que han sabido apostar e invertir en lo suyo.

En menor medida también defendemos lo nuestro y fue una alegría ver cómo Daniel Sánchez Velasco (1972), clarinete coprincipal en excedencia de la OSPA, director y compositor, volvía a su casa con sus amigos y compañeros para escuchar el estreno (jueves en Gijón) de sus Danzas flamencas (2015) pensadas para la plantilla actual (arpa incluida) y puede que incluso en nombres propios para hacer sonar un ballet con la disculpa de Paco de Lucía en el recuerdo y armar cinco números totalmente melódicos, agradecidos, algo «arcaicos» en comparación con el resto del programa, conocedor de la instrumentación desde dentro, lo que se nota en cada número, un encargo para lucimiento de solistas y orquesta desde el folklore andaluz con tintes variados como Falla, Turina e incluso Rodrigo sin olvidar un toque de jazz sinfónico o una percusión plenamente española con castañuelas o maracas pero también «glockenspiel», y donde no faltó el cajón que Francisco Sánchez Gómez incorporaría al flamenco fusionando acentos para un mismo idioma. Así parece entender el avilesino desde su residencia cordobesa un Prólogo cual carta de presentación sin tópicos pero fiel a la raíz con los elementos inprescindibles: melodía, ritmo y armonía desde todos los estilos, antes de una Danza general casi cinematográfica, cartas boca arriba en cuanto a estructura coherente y formal donde la composición se vuelve recreación, danza vibrante preparando una romántica Escena con decorado de Guadalquivir cordobés más que sevillano, lucimiento de la flauta pero también de las violas, todo bien armado y encajado. Hasta Huelva nos llevó ese río flamenco en esencia con un Fandango sureño y cálido totalmente actual de fusión, como Paco de Lucía rompiendo tradiciones y tabúes que ahora se consideran leyenda. El Vito remontó río arriba hasta los incomparables alcázares en la línea de revisiones sinfónicas «albenizianas» de su Iberia sin complejos ni ataduras, creación libre de un Sánchez Velasco amable, formal y con oficio, bien correspondido por sus compañeros y un Milanov matizando más que moviendo, supongo que lejano en sentimiento de algo muy de raíz. Merece la pena escuchar la entrevista para OSPATV donde habla de estas danzas.

El finlandés Einojuhani Rautavaara (1928), como bien nos contó López Estelche, supo aprovechar el legado de Sibelius y la formación que su país le brindó para cumplir las expectativas antes de romper clichés desde su ideario de componer para él olvidándose de convencionalismo o modas, llegando a decir que «la música sin melodía puede ser interesante, pero demasiado a menudo suena falta de talento». Podría decir que con Rautavaara la disonancia es bella, su música cercana y actual a sus vitales 88 años, aceptando el encargo del músico Colin Currie componiendo estas «Incantations» para percusión y orquesta (2008), estreno en España, un verdadero alarde y espectáculo del solista dentro de una obra de estructura clásica en tres movimientos contrastados en tiempo para comprobar las posibilidades de un auténtico arsenal percusivo: marimba, vibráfono, campanas, platillos, membranófonos varios incluyendo un bombo accionado con el talón, cencerro (con otro pedal) y flexatone, todo un alarde tímbrico y melódico en unas permanentes disonancias contrapuestas a las distintas alturas de su peculiar batería. La energía del primer movimiento (Pesante – Enérgico) pareció quedarse en el primero para Milanov que seguía dibujando ondas con una batuta nada clara, que confunde más que ayuda, en una obra realmente compleja de encajar, con una orquestación que debe contrapesar equilibrios y marcar poliritmias con el percusionista, y eso que estos repertorios de estrenos son su tarjeta de visita. Con el Espresivo segundo movimiento Currie logró transmitir con el vibráfono ese paisaje que titulaba el programa, las resonancias alcanzadas dejando un peso sobre el apagador, virtuosismo de doble baqueta para interpretar terceras paralelas que convergen en cuatro voces casi corales, la formación vocal de todo finlandés llevada al concierto solista, con una orquesta de gravedad marcada por el solista escocés ante la ausencia búlgara. Tercer movimiento Animato y rítmico a más no poder, con ostinados simulatáneos que no encajaron como deberían en un despligue tímbrico por parte de todos con la marimba finalmente protagonista entre todo el amplio material percusivo, evocando la cálida madera nórdica y cierto espíritu de chamán en este virtuoso solista, verdadero mediador, más que intermediario, entre obra y público.

La breve propina de Elliott Carter volvió a cautivar con la marimba de este percusionista del que dejo aquí un fragmento de estas encantaciones.

El calvario que supuso el género sinfónico para Sergei Rachmaninov (1873-1943) se explica muy bien en las notas de López Estelche, y la Sinfonía nº 1 en re menor, op. 13 (1895) el mejor ejemplo. No es de las más programadas, es poco agradecida de escuchar, y supongo que de interpretar, pese a tener una estructura clásica de orquestación poderosa, con melodías que pueden hacerse eternas si además falta implicación y claridad para sacar a flote la complejidad, por lo que el sopor y calvario se hacen contagiosos. Rossen Milanov no convenció en el Grave-Allegro ma non troppo, la flacidez del gesto parece transmitir cansancio y así no hay forma de paladear los juegos entre clarinete y cuerda partiendo de ese motivo con tres notas cromáticas que estará presente en toda la obra pero sonando siempre distinto. La OSPA está en un momento ideal de entendimiento, cada sección suena empastada, sin fisuras, pero falta seguridad desde el podio, hacer música juntos y más allá de las dinámicas, que siempre han sido amplias y delicadas. Este primer movimiento no tuvo claros los motivos unificadores ni la intención, tampoco el paso del lento al rápido además indicado como «no demasiado». La plantilla es perfecta para jugar con los planos y ver crecer este arranque de sinfonía que tiene tutti grandiosos que se quedaron cortos, esta vez una continencia nada deseada, puede que por inseguridad. El Allegro animato pareció algo más claro en su exposición aunque sin «carnaza», de nuevo sin impulso a pesar de una cuerda hiriente como este primerizo Rachmaninov la quiere, de graves reforzados, con los metales seguros protagonistas y la madera con unas pinceladas luminosas, siempre acertadas, el «toque ruso» del que la orquesta tiene para regalar pero que el cocinero búlgaro parece obviar en busca de una expresividad que sale sola. El Larghetto me resultó soporífero, la obra se cayó literalmente y solo el Allegro con fuoco pareció despertarnos un poco a todos, por fin la batuta emergió contagiando seguridad y frescura, el fuego apareció con el ritmo vibrante, el toque de percusión y trompetas, el cuarteto de trompas empastado, la cuerda punzante, pero ya estaba todo quemado. Lo del séptimo de abono ha sido realmente una pena y un dolor porque hay producto o equipo para triunfar.

El próximo miércoles volveremos con un programa elegido por el público, y en marzo estaré apoyando en el Euskalduna a nuestra orquesta en dura «competición» con otras formaciones españolas para una «maratón musical» que tendrá de protagonistas a Schubert, Mendelssohn, Wagner y R. Strauss, esperando que el nivel interpretativo se ajuste a lo que de ella se espera.

Dejo finalmente las dos entrevistas para la prensa regional de Daniel Sánchez Velasco, que volvía a casa pero desde el patio de butacas como compositor, deseándole lo mejor en esta etapa y que su música llegue lo más lejos posible sin mucha espera…

Galante, clásico y heróico

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Viernes 5 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 5 OSPA, Juan Ferriol (oboe), Perry So (director). Obras de Rameau, Haydn y Beethoven.
Las visitas del maestro So al frente de la OSPA suelen contagiar alegría desde un estilo académico de gesto claro y preciso que va madurando sobre todo cuando se enfrente a obras del llamado «repertorio», hoy bien elegido y organizado para saborear el sinfonismo, desde el estilo galante de Rameau, el puro clasicismo de Haydn, padre de la sinfonía quien diría de Beethoven que «este chico dará mucho que hablar», y será el de Bonn afincado en Viena quien dará el paso desde lo ya establecido para romper y crecer hasta el Romanticismo, tres compositores con tres formaciones que también fueron aumentando la plantilla para seguir celebrando unos 25 años con estilos básicos y necesarios para todo melómano pero también para los propios intérpretes, aumentando la formación desde una casi camerística con clave (Silvia Márquez) pasando por el concierto atribuido a Haydn, hasta la gran orquesta con 6 contrabajos, vientos a dos (salvo el trío de trompas para la «Heróica«), y con un solista de la propia orquesta como el oboísta Juan Ferriol que nos volvió a recordar la calidad de nuestros músicos.

Interesante programar la Suite (1764) de Les Boréades de Rameau, en edición del propio Perry So, seis números bien armados sin necesidad de criterios historicistas pero degustando esta especie de trailer de la «tragédie en musique» del compositor francés como bien escribe Juan Manuel Viana en las notas al programa (enlazadas al principio en cada compositor), ese Rameau que me redescubrió mi admirado Mario Guada y del que atesoro su excelente artículo para el Anuario Codalario de 2014, y por supuesto estas joyas que Gardiner, W. Christie, Brüggen o nuestro Savall han puesto en el lugar que se merecen. Un gusto cada número donde la cuerda camaleónica suena verdaderamente barroca, con el clave de Silvia Márquez aportando las perlas, la percusión de Casanova pone los detalles ideales (excelencia en la Contredanse très vive) o un dúo de flautines de «los Pearse» digno de los pífanos reales, así como un dúo de trompas sonando como si fuesen naturales, placeres que no debemos olvidar programar porque son éxito seguro cuando la calidad sobra y la química con el podio es evidente, máxime si además es responsable de la partitura a dirigir, sabedor del material humano capaz de adaptarse a todos los repertorios. Interesante incluso la colocación, con los contrabajos a la izquierda tras los primeros violines.

No importa la autoría del Concierto para oboe en do mayor, Hob VIIg:C1 (1800) porque realmente suena y está escrito en el más puro clasicismo, tres movimientos de libro para lucimiento del solista, un Ferriol seguro siempre en el atril y dando un paso al frente corroboró no ya su profesionalidad sino el buen gusto y musicalidad con un instrumento de sonido cautivador, timbres extremos y dinámicas capaces de recordar trompetas o cellos, con fraseos ilimitados siempre bien concertados por So con una orquesta ideal donde el clave recordó su protagonismo dentro de la formación clásica que Haydn, al igual que Mozart, quiso mantener en pos de unas sonoridades elegantes como las mostradas por una OSPA nuevamente ideal en número. El Allegro con brio bien llevado en la alternancia con el solista, que dejó una cadencia vertigionosa, el Andante clásico a más no poder por cantabile y expresivo, melódico oboe bien arropado por una tímbrica orquestal mimada, y el Rondo: Allegretto decidido en todos los intérpretes. Clasicismo bien entendido y mejor tocado con merecidos aplausos para todos, especialmente para Juan Ferriol que nos regaló junto a sus compañeros un tranquilo Oblivion de Piazzolla casi inédito por los ornamentos y una cuerda sedosa, porteña a más no poder poniendo traje de terciopelo a ese otro rompedor argentino.

Foto ©OSPA

De la Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 55 «Heroica» (1803) nada más que el mejor Beethoven, punto de inflexión en la historia de la música, rompedora con el clasicismo desde sus propias recetas, cuatro movimientos que se estiran buscando sonoridades orquestales que desde entonces exigiremos a todos sus sucesores. Perry So apostó por la valentía sabedor de una OSPA en estado de gracia en todas y cada una de las secciones, empastada, afinada, compenetrada, entregada y convencida de un repertorio que siempre deseamos no nos falte. Con decisión atacó el Allegro con brio, sonoridades impecables donde se podía escuchar cada nota con el balance preciso para compartir protagonismos, la Marcha fúnebre: Adagio assai verdadero milagro compositivo, testamento vital donde la tristeza de la muerte física trasciende a la alegría de los recuerdos luminosos antes de la vuelta a la ausencia, emociones transmitidas por unos matices íntimos bien entendidos. Del Scherzo: allegro vivace destacar la valentía del tempo arriesgando todos incluyendo un trío de trompas que suenan como una, sonido trabajado aunque siempre en la cuerda floja de la imprevisible nota falsa pero primando el conjunto, y sobre todo el Finale: Allegro molto redondeando una tercera realmente heróica, de lo más sentida por todos como así entendió el público. Me quedo con momentos revividos como el dúo de fagot y flauta, la presencia de una cuerda que a lo largo del concierto se transformó al servicio del estilo sin perder homogeneidad, pero sobre todo el entendimiento con un Perry So cada vez más asentado en el difícil mundo de la dirección.

Vientos del norte

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Viernes 29 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 5 OSPA, EntreQuatre (cuarteto de guitarras), Óliver Díaz (director). Obras de Erik Satie, Flores Chaviano y Jean Sibelius.
Jueves «playo» y viernes carbayón con aniversarios de casa y compartidos, en plena celebración de los 25 años de nuestra orquesta más los 30 del cuarteto de guitarras formado por Jesus Prieto, Carlos Cuanda, Carmen Cuello y Manuel Paz, que además nos traía un estreno a ellos de dicado de un compositor muy unido desde a ellos desde sus orígenes como es el cubano Flores Chaviano, presente en la sala, y con una batuta también de casa como la de Óliver Díaz, actual director musical del Teatro de la Zarzuela.

Para abrir programa nada mejor que un poco del humor de Satie y su Jack in the Box (1899) en la orquestación de Darius Milhaud del año 1926 para la versión de ballet encargada por el siempre oportuno Diaghilev, que la OSPA (levemente reforzada) disfrutó con la energía de Díaz en sus tres movimientos, Preludio, Entreacto y Final para ir calentando motores rítmicos y dinámicos, con unos solistas en estado de gracia y una cuerda que nos devolvía ese sonido tenso y claro, una muestra de las calidades demostradas en cualquier repertorio y que en este quinto de abono corroborarían.

El Concierto nº 2 para cuarteto de guitarras y orquesta (2015) de Flores Chaviano (1946) está en la línea de sus obras sinfónicas, buen orquestador y conocedor de la rica tímbrica instrumental especialmente la de «su» instrumento, hoy en cuarteto con leve amplificación que por momentos quedó tapada ante una masa sonora poderosa así como un impulso rítmico más allá de la «consabida» etiqueta caribeña. Los tres movimientos en los que se estructura sirven para jugar con los colores de todos los instrumentos desde el inicio con un solo de clarinete bajo excelentemente «cantado» por Antonio Serrano (que ya me maravillase en el Pierrot de la semana pasada) así como el protagonismo del trío de percusión, Pablo García Reyes («pequeña percusión»), Francisco Revert (vibráfono) y Rafael Casanova (marimba) con unas pinceladas de color bien buscadas, no ya arropando a los solistas sino tejiendo una tímbrica especial que fue dando el ambiente sonoro. Solos realmente impecables y bien ejecutados por Christian Brandhofer al trombón, Vicente Mascarell al fagot, María Moros a la viola o Maarten van Weverwijk a la trompeta y un cuarteto que funciona cual guitarra imposible, empaste ideal, intervenciones encajadas al mínimo detalle, lirismo desde melodías apenas dibujadas o perfectamente reflejadas así como los juegos habituales de percusión, imaginando los tres ambientes de cada movimiento enlazados sin apenas respiro con un Óliver Díaz atento a cada entrada, color y volumen: la Entrada, los Diálogos y una impactante Kora-Finale, aromas norteafricanos inspirados en el laudista Driss el Maloumi (con quien Entrequatre también ha tocado), un lento central de conversación amigable antes del rítmico final de acento más reconocible para un concierto bien ensamblado con la única pena de un mayor volumen del cuarteto solista, aunque tener la guitarra con orquesta suele dar estos problemas, pero Flores Chaviano nunca defrauda ni deja indiferente a nadie.

Para quitar este cierto malestar sonoro, EntreQuatre nos regalaron la Cubanita del propio Flores Chaviano, feliz en la sala y siempre unido a nuestra tierra, con el sabor camerístico y la calidad instrumental de un cuarteto al que los años le dan una solidez y entendimiento que sólo el tiempo es capaz de conseguir.

Sibelius es la prueba de fuego para toda orquesta, siempre bien con nuestra OSPA, y la Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 43 ya la hemos disfrutado en el auditorio con algunas interpretaciones para el recuerdo, una formación la asturiana versátil ante los distintos directores que se ponen al frente. Con Óliver Díaz puedo asegurar que la versión de esta segunda alcanzó cotas casi de perfección, dominador de principio a fin apostando por el juego de matices cual ingeniero de sonido capaz de dinámicas extremas capaces de expresar la levedad del gélido viento finlandés o la magnificencia de una música grandiosa sin exageraciones pero sacando lo mejor de cada sección. En su entrevista para OSPATV citaba la versión de Bernstein y puedo afirmar que tiene mucho de ella aunque tamizada por su propia personalidad. En el Allegretto pudimos disfrutar de la cuerda apuntada en la primera parte, tensa, vibrante, presente, clara, de «pizzicatti» punzantes y amplia en expresión con unos graves poderosos (seis contrabajos), una madera de empaste idílico que la paleta de Sibelius resalta aún más, unos timbales en su sitio con un aire reposado, y sobre todo los metales que siguen sonando orgánicos, seguros, aterciopelados, pudiendo paladear esa paleta tan del finlandés, con un empuje desde el podio llevándonos por una montaña rusa de sensaciones. El Andante, ma rubato nos mostró la madurez de un Óliver Díaz cada vez más afianzado en los grandes repertorios, capaz de jugar con el tiempo sin perder pulsión y de nuevo sacando matices y planos a la orquesta asturiana que siempre están ahí pero no salen a flote, incluso los expresivos silencios sin apurar la continuidad, dejando fluir las hermosas melodías de Sibelius en todos los colores posibles con majestuosidad y también introversión a partes iguales. Se empapizó un poco el Vivacissimo más por las dificultades de encaje en un aire realmente vertiginoso por el que optó la batuta asturiana, exigiendo unidades que sólo se alcanzan con muchísimos días trabajo, algo que en nuestros tiempos es imposible. Cuerda limpia, vientos frescos (encantador solo de oboe de Ferriol), percusión segura y la tensión del movimiento bien lograda cuando el tiempo lento devolvía tranquilidades expresivas. Así quedó todo listo para el Finale: Allegro moderato que puso a intérpretes y partitura en todo lo alto, nueva demostración de calidad en cada solista y sobre todo en esa visión global de esta segunda sinfonía que parece darnos solamente alegrías, empuje de viento del norte, obligando al director ovetense a salir varias veces, siendo reconocido su trabajo al frente de una formación asturiana con la que nos gustaría disfrutarle más veces en los repertorios que engrandecen a los intérpretes.
Dejo como homenaje a EntreQuatre la nota de prensa con motivo de este aniversario:

El cuarteto EntreQuatre está celebrando sus 30 años de actividad concertística ininterrumpida con una serie de conciertos. Dos de los más señalados son los que se celebrarán esta misma semana con la OSPA con el estreno mundial del Segundo Concierto para 4 guitarras y orquesta de Flores Chaviano.

Tras varios años las dos formaciones asturianas vuelven a juntarse para un nuevo proyecto en esta ocasión con música de Flores Chaviano, el gran innovador de la guitarra en España y que ha creado docenas de obras para EntreQuatre en todos estos años.

La obra se mueve en ese mundo sonoro tan sugestivo y a la vez inquietante de la música afrocubana en el que Chaviano tan bien se desenvuelve; en esta ocasión un poco más cerca de África que de Cuba.

A la batuta estará el gran director asturiano Óliver Díaz recientemente nombrado director musical del Teatro de la Zarzuela siendo este su primer concierto en Asturias tras ese nombramiento.

Poco se puede añadir sobre la conocida y amplísima trayectoria de la OSPA. En cuanto a EntreQuatre, está ampliamente reconocida su impresionante trayectoria concertística internacional con más de 40 países visitados, y también su aportación al repertorio para cuarteto de guitarras propiciando la creación de, hasta el momento, 57 obras de grandes creadores españoles e iberoamericanos. Cabe destacar su presentación en el Carnegie Hall de Nueva York en 2004 y la nominación a los Grammy’s Latinos en 2009. (se adjunta historial actualizado)

Rogamos la máxima difusión de este singular evento que se producirá el próximo jueves 28 a las 20:00 en el Teatro Jovellanos de Gijón, y a la misma hora el viernes 29 en la sala principal del Auditorio de Oviedo.

 

Lunáticos en el Museo

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Jueves 21 de enero, 19:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo. Conferencia «Pierrot Lunaire, la actriz y el pintor de sonidos» a cargo de María Sanhuesa. 20:00 horas, Concierto (extraordinario) OSPA en el Museo: Pierrot Lunaire, Op. 21 (Schoenberg): Rossen Milanov (director), Fernando Zorita (violín), María Moros (viola), Maximilian von Pfeil (violonchelo), Peter Pearse (flauta y flautín), Andreas Weisgerber (clarinete), Antonio Serrano (clarinete bajo), Patxi Aizpiri (piano), Anna Davidson (soprano).

En plena celebración de las bodas de plata de nuestra orquesta y programando conciertos en distintas ubicaciones, el recién ampliado Museo de Bellas Artes de Asturias siempre abierto al arte global, acogió en la zona nueva una jornada lunática digna de recordar, comenzando con la conferencia de la doctora Sanhuesa que fue más allá de las notas al programa tituladas «El retrato oscuro», con un lleno preparando el posterior concierto (y colas desde media hora antes), que nos enseñó, como buena docente que es, no solo a entender la muerte del Romanticismo en 1912, año del estreno de este Pierrot Lunaire, recordando al Schoenberg pintor que dudó por esta disciplina en vez de la «orfeística», preguntándonos si alguna vez hemos tenido ganas de matar a alguien, toda la carga satírica y crítica de una María siempre completa e inspirada, inquiriéndonos si podríamos matar el claro de luna… la respuesta estaba en el viento, imágenes y sonidos, Caspar Friedrich y el Werther de Massenet, Debussy y la Salomé de Richard Strauss, ya cercana a un año histórico, también recordando cuadros de nuestro Evaristo Valle, de Picasso o Juan Gris y hasta Botero con pierrots y arlequines músicos y las referencias al «futurismo asesino» para hacer música en el museo, poner sonido a la imagen, cultura de la que siempre estaremos hambrientos, la evolución de la Commedia dell’Arte y su inspiración artística mostrando también el lado oscuro de esta fuerza atesorada por un lunático Pierrot capaz de matar a cosquillas su Colombina, tortura o violencia sin géneros, incluso recordarnos qué es la triscadecafobia desarrollada por un Schoenberg al que la numerología puede apagar la luna poniendo luz pantonal (mejor que atonal y con la carga que hoy tiene el término «pantone«) en una obra centenaria que sigue asombrando.

Milanov se puso al frente de sus músicos trayendo del «otro lado del charco» a una soprano norteamericana cual Pierrot contemporáneo interpretando los versos franceses de Albert Guiraud traducidos al alemán por Otto Erich Hartleben y encargados por  Albertine Zehme, una actriz del melodrama (desde la acepción de palabras con música) a un Schoenberg siempre rompedor capaz, de conseguir lo máximo desde lo mínimo en unos tiempos de crisis totalmente actuales. Un placer poder seguir los textos en la revista trimestral de la OSPA con su correspondiente traducción al español, tres veces siete, veintiún melodramas de 12a estrofas vestidos por siete -en vez de cinco- enormes instrumentistas (donde Zorita sustituía a la programada María Ovín, baja por lesión) para ir recreando paisajes llenos de expresionismo, simbolismo y decadentismo, críticos con un romanticismo trasnochado, despojándolo de las lunas convertidas en inquietantes círculos rojos, desmenuzando cada texto algo falto de la fuerza vocal del sprechgesang (“canto hablado”) en momentos puntuales -y yo estaba situado a menos de cinco metros- pero inmenso con unos solistas a los que Schoenberg trata con un lenguaje contrastante, arisco y melódico desde un concepto tímbrico, combinaciones sonoras bien resueltas por los siete magníficos. Momentos álgidos en cada grupo de siete como Der Dandy vertiginoso, Rote Messe contrastado con madera y piano trémulos a la vez que escalofritantes, y Heimfahrt verdadera «vuelta a casa» de cálida madera y saltarinas teclas bien asentadas para una voz más cantada que hablada, tres ejemplos con cargas emocionales llenas de pinceladas nocturnas sin luz de luna.

Descubrimiento especial el «fichaje» cellístico von Pfeil o las sonoridades de Serrano en el clarinete bajo, la confirmación de los conocidos con un Pearse pletórico en un flautín desgarrador, un Weigerber incisivo, la recuperación del Aizpiri pianista con tanto trabajo sustentando cada cuadro, y un dúo ZoritaMoros recordando texturas olvidadas y corroborando el impresionante momento que estos músicos de la OSPA atraviesan en esta temporada plateada cual luna llena. Al maestro Milanov se le nota feliz con estos repertorios y apuestas por escenarios que terminarán siendo habituales para la música, siente esta música más que otros periodos, puede que sus carencias queden compensadas con conciertos arriesgados, y este de Schoenberg lo era. Cierto que sus músicos responden aunque los invitados parecen quedar en segundo plano, caso de una Davidson que luchó por sentir este Pierrot desde el poderío de unos textos alemanes muy exigentes, demasiado «pegada al papel» y esperando más escena. Mezclar lo grotesto, lo ligero, lo sentimental, parodia e ironía, horror y absurdo, no es tarea fácil, pero los cinco que fueron siete nos hicieron pasar por todos los estados posibles superando con creces lo esperado y alcanzando un éxito impensable para muchos lunáticos que hoy poblábamos el museo.

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