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Ave, Anas

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Lunes 3 de abril, 20:15 horas. Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XL Semana de Música Religiosa (SMRA). Ana Otxoa Pando (soprano), Ana Belén García Pérez (órgano). Obras de G. Caccini, G. Pergolesi, Vivaldi, Bach, Haendel, Mozart, Rossini, Franck y Usandizaga.

Procedentes del País Vasco llegaban hasta Avilés dos Anas, la bilbaina Ana Otxoa Pando y la guipuzcoana Ana Belén García Pérez, la primera una soprano que no debemos perder de vista como explicaré en esta entrada, y la segunda una organista que volvía a nuestra tierra (habitual de la SMRA) tras distintos conciertos como solista pero también de acompañante que también nos deleitó con dos intervenciones para volver a disfrutar si las suben al Canal de YouTube de la SMRA.

El programa preparado para este lunes recogía números solistas de distintas épocas donde lo sacro resultó el nexo común, disfrutando de una soprano completa de color vocal bellísimo, afinación perfecta, dicción excelente, registro homogéneo, adecuación a los estilos y una proyección tan clara que tanto en las obras con órgano positivo en el altar como en el coro con el gran Acitores, la emisión resultó presente, también por la sabia elección por parte de la organista de unos registros apropiados tanto para cada obra como por los arreglos orquestales que resultan tales en las reducciones para el rey de los instrumentos para saber estar en las dinámicas oportunas y respirando con la soprano.
Un placer de concierto que se abría en el altar nada menos que con el Ave, María atribuido a G. Caccini (ahora figura como tal Vladimir Vavilov) con amplia gama de matices por parte de las dos intérpretes y unos ornamentos en el sitio oportuno. Continuaron con el Cujus animam del «Stabat Mater» (Pergolesi) que en la versión de Otxoa me hizo olvidar otras cantadas por niños, voz corpórea que ayuda a darle el dramatismo de esta página donde el altar servía de telón de fondo idóneo.

Y la luz con todo el color llegaría del Domine Deus del «Gloria» (Vivaldi) con un órgano positivo perfecto para este aria emulando oboe y cuerda, notas claras y precisas por ambas intérpretes, dicción en la soprano y digitación en la organista que se luciría en solitario con el Largo e andante RV 746 donde el conocido rigor de Ana Belén quedó patente por la limpieza de fraseo con los registros necesarios para contrastar los dos movimientos, los ligados rigurosos y las agilidades precisas.
Para rematar esta primera parte desde el altar nada menos que el aria Ich folge dich gleichfalls de la «Pasión según San Juan» (Bach), la grandeza de un dúo capaz de emocionar, el alemán cantado con las complicadas agilidades resueltas con seguridad y el acompañamiento camerístico desde el órgano flautado en una de las arias para soprano más inspiradas de Mein Gott, «Yo Te sigo también» que dejó el listón en lo más alto antes de subir al coro para afrontar una segunda parte más plena si cabe.

La conocida Rejoice greatly de «El Mesías» (Haendel) sonó desde las alturas con la misma claridad que en altar, más aún porque la acústica ayudó a engrandecer un órgano perfectamente registrado para dejar flotar a la soprano por encima de él, ornamentos vocales que completaron la reducción orquestal algo turbia por la reverberación.
Mejor el Et incarnatus de la «Gran Misa en do menor» KV. 427 (Mozart), otro grande que siempre estuvo inspirado escribiendo para las sopranos unos números ideales para toda cantante que se precie. Ana Otxoa Pando hizo fácil lo difícil bien acompañada por su «tocaya», al igual que el Crucifixus de la «Pequeña Misa Solemne» de Rossini, su «último pecado de vejez» que encierra el lirismo operístico llevado a la orquesta de cámara con armonio, pues así logró Ana Belén García que sonase «El Acitores de Sabugo«, el dramatismo del latín vestido con la tímbrica precisa.

Quedaba aún César Franck, organista que entendió el instrumento desde su virtuosismo para darle el acento francés con el que los vascos siempre han tenido como suyo, especialmente la guipuzcoana que nos dejó un Coral II en si menor realmente impactante. Jugando con los registros románticos, si así puedo decir, derrochó gusto, calidad, tensión y emoción para una partitura exigente que interpretó con auténtico poso de veterana, ayudada por Chema Martínez en los continuos cambios desde los tiradores, más un pedal poderoso e igualmente claro de timbre. Increíble «preludio» para el Panis Angelicus, un «dulce» para cualquier cantante y más en la voz de la soprano Ana Otxoa que con el órgano pensado por Franck interpretó desde el paraíso este verdadero pan angelical, las alturas de Santo Tomás como maná musical de buen gusto y belleza a cargo de «las dos Anas».

Y si el saludo a María abría recital, también lo cerraría, lógicamente con un vasco que se murió demasiado joven porque tenía mucho que aportar a la música. Usandizaga tiene la cercanía francesa y el buen gusto de su pueblo para hacerlo cantar, y el Ave, Maria es prueba de ello, la oración para «La Ama» de todos que Ana Otxoa rezó con su voz, soprano completa con estilos bien diferenciados en cada época elegida sin perder nunca sentimiento ni musicalidad, contando con ese acompañamiento ideal de una profesional que canta igualmente con el órgano, respira, apoya, rellena y completan partituras tan bellas como la de su paisano.

Y de regalo otra canción vasca Goizeko Izarra (Estrella de la mañana), popular recogida por J. Santesteban en su colección de «Cantos Vascongados» aunque parece que la melodía fue escrita por el francés F. Macini con el título de Le départ. Buen concierto sacro de estas dos vascas perfectamente ensambladas, músicas que viven y sienten desde el entendimiento profesional y humano desde una tierra que los asturianos sentimos muy cercana, al igual que sus intérpretes e interpretaciones a las que saludo en latín «de andar por casa»: Ave, Anas…

Avilés ¡40 años de SMR!

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Domingo 2 de abril, 20:15 horas. Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XL Semana de Música Religiosa (SMRA). Cuarteto de Metales Arsequali, Judith Busquets (Órgano). Obras de Giovanni Gabrieli (ca. 1555-1612), Biagio Marini (ca. 1597-1663), Girolamo Frescobaldi (1583-1643), Geor Daniel Speer (ca. 1636-1707) y Felix Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847).

Del 1 al 9 de abril se celebra la cuadragésima edición de la SMRA en este 2017 con un variado conjunto de programas e intérpretes, apostando por la calidad desde la humildad y los recortes económicos pero siempre fiel a esta cita que con la ilusión de José María Martínez, Chema, su fundador junto a Avelino González Fernández, puede mantenerse en el calendario luchando contra todos los elementos y volviendo a salir airoso, aunque la jubilación no haya mermado ganas ni trabajo, siempre con la música como prioridad y haciendo de Avilés la capital del órgano asturiano.

El segundo concierto traía una formación muy oportuna para los templos en tiempos del renacimiento, y el posterior barroco, como el órgano más un cuarteto de trombones, entonces sacabuches, quienes «cantaban» la polifonía religiosa equiparando voces e instrumentos, cuando no sumándose, así como la evolución al romanticismo donde esta combinación de «tubos» alcanza sonoridades increíbles además de impactantes. Citar a los componentes de Arsequali es obligado y remarcar el perfecto entendimiento de este cuarteto ya muy rodado, tan necesario para afrontar unas obras vocales desde los trombones que realmente frasean y cantan sin el texto: Christian Brandhofer (principal de la OSPA), José Andrés Mir (principal de la Oviedo Filarmonía), Ángel Sapiña (coprincipal de la Oviedo Filarmonía) y Luis Fuego (trombón bajo principal de la Oviedo Filarmonía).

El programa estuvo centrado básicamente en el veneciano Giovanni Gabrieli, organista y compositor renacentista sobrino de Andrea con quien estudió y superó en fama, sucediéndole como titular en el primer órgano de San Marcos, inaugurando unas sonoridades que hoy llamaríamos en stereo por los efectos logrados en ambos lados de la basílica veneciana, la policolaridad no ya vocal sino instrumental. De él escuchamos cuatro obras donde el órgano optó por registros acordes con los instrumentos de la época, algo que el construido en Torquemada por Acitores S.L. siempre tuvo en cuenta para adaptarse a todos los repertorios: los vocales del motete para doble coro O magnum mysterium o el «tractus» Domine, exaudi orationem meam completando las voces necesarias, y sumándose a las instrumentales Sonata Pian’ e Forte y Canzona per sonare Nº 3 , juegos dinámicos desde el cuarteto y el órgano subrayando tímbricamente sonoridades de lengüetería y flautados, obras polifónicas aún modales pero con ciertos avances hacia la tonalidad plena del barroco próximo. Es difícil el balance de los cinco instrumentistas pero la escritura del veneciano está tan lograda que pudimos disfrutar de todos ellos pese a una reverberación que por momentos no ayuda a la limpieza en las voces, sobre todo en los tiempos más ligeros caso de la Sonata.
Se intercaló, como dejo en el programa de arriba, la Canzona (B. Marini) para cuarteto, rítmica y jugando con la lengüetería y trompetería del órgano con ataques cortos para subrayar al conjunto de trombones, más ligero e incluso con ornamentos que la acústica no permitió disfrutar el detalle.
La Canzona sopra Rugier (Frescobaldi) de estilo barroco a partir del llamado bajo Ruggiero, fiel a la partitura, junto a la Sonata a 4 (Daniel Speer) nos dejaron distintos sabores de dos escuelas polifónicas más avanzadas, que los trombones se encargaron de cantar con un órgano haciendo de bajo continuo pero sin entorpecer el discurrir de las cuatro voces.

El salto estilístico lo puso el Salmo 91, Denn er hat seinen Engeln befohlen über dir de Mendelssohn, donde «el Acitores» que cumplirá siete años, brilló con luz propia esta vez con el cuarteto de metales completando una herencia bachiana que en la fórmula elegida resonó cual coro de voces graves. La propina me recordó el bellísimo «Nimrod» de las Variaciones Enigma de Elgar en un logrado arreglo del Adagio de un cuarteto de Tchaikovsky, completando un concierto que buscó sonoridades orgánicas más allá del teclado.

Supongo que con tiempo se vayan subiendo al Canal en YouTube© que tiene la SMMR avilesina desde hace años para poder compartir sensaciones, aunque desde el coro las sonoridades sean muy distintas de las percibidas desde abajo, siempre con la proyección en pantalla de lo que sucede, para integrarnos aún más en la cocina de todo concierto con el órgano de protagonista, hoy compartido con Arsequali. Este lunes volverá el órgano en femenino plural desde el País Vasco, y desde aquí lo contaremos, si el tiempo no lo impide.

Creo en Dios Bach Todopoderoso

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Sábado 1 de abril, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Nuria Rial (soprano), Rebecca Martin (mezzo), Markus Schäfer (tenor), Thomas Laske (barítono), Akademie für Alte Musik de Berlín, Coro de niños de Windsbach (Windsbacher Knabenchor), Martin Lehmann (director). J. S. Bach: Misa en si menor, BWV 232 (H-moll-Messe).

Si la Misa de Bach es Patrimonio de la Humanidad desde octubre de 2015 para preservarla del olvido, quienes la hayan escuchado en la multitud de versiones que hay en la actualidad estarán de acuerdo en que se trata de un bien cultural eterno que trascenderá nuestra propia vida. Incluso para agnósticos o ateos existe un Bach todopoderoso cual dios padre de todas las músicas, y que siendo un luterano convencido y de oficio, encabezando cada obra suya escribiendo en latín «Soli Deo Gloria» (Gloria al único Dios) no tuvo reparos en componer esta misa católica, obra magna que hace vibrar lo más profundo del ser humano sin más destino que la propia música, un mismo dios para todos.

Los comentarios de esta magna obra y sus avatares los encontramos tanto en las notas al programa de Carlos García de la Vega como en la crítica de Mario Guada para Codalario del concierto que dieron el día 30 en el Auditorio Nacional de Madrid estos mismos intérpretes del primer sábado abrileño en plena Cuaresma, con una gira que sigue poniendo a Oviedo en el mapa como «La Viena del Norte».
Auténtica liturgia musical con el «pastor» Martin Lehmann al frente de un coro de niños como probablemente lo ideó y ejecutó en Leipzig «mein Gott Bach» en Santo Tomás, más numeroso pero igual o más disciplinado (por lo que cuenta Gardiner), voces educadas en el trabajo desde los seis a los dieciséis años donde las voces blancas (tiples y contraltos) mantienen esa pureza tímbrica y tras la muda llegan a tenores y bajos aún sin redondear pero con la frescura que da la propia edad. Impresionante el trabajo de los más de 70 cantores del «Coro de niños de Windsbach» para afrontar esta obra al alcance de pocos. Por supuesto que la Akademie für Alte Musik de Berlin sigue siendo la mejor formación posible en estos repertorios, equilibrio dinámico perfecto para dar la importancia que Bach siempre dio a los textos, esta vez en latín, al que la música realza pedagógica y didácticamente haciendo más comprensible el ordinario de la misa que nos eleva hasta el Paraíso.

La cuerda con la concertino Lisa Immer (impecable su solo con la soprano) impacta por claridad junto al continuo de cello sumándoe el órgano del finlandés Petteri Pitko (impecable desde el Kyrie hasta el pacem) o un par de contrabajos virtuosos; la madera, a pares, no se queda atrás, flautas, oboes (desde el Sanctus trío) o fagotes ayudan a subrayar un latín cantado y comprensible para todos. Del trío de trompetas naturales podríamos hablar para escribir toda la entrada porque no ya la complicada afinación sino la limpieza de sonido y la presencia idónea bien sujeta por Lehmann dio más color a una obra que traspasa el dogma. Incluso el único solo de trompa (con el barítono) volvió a dar una lección de cómo interpretar el barroco con precisión y musicalidad. Por último los timbales de cobre donde el sevillano Francisco Manuel Anguas Rodríguez mantuvo el nivel estratosférico de los berlineses, entradas ajustadas, volúmenes en su sitio «y mandando» en los ritardandos marcados por el Maestro. Coro y orquesta alemanes para esta Misa atemporal del dios Bach. Y de la afinación pese al calor de la sala, una maravilla comprobar que la revisaban entre los propios huecos de la misa, con Lehmann bajado de la tarima e Immer de perfecta ayudante. Rapidez y el «pastor Martin» dando los tonos al coro con su voz cómo buen maestro, llevándoles casi de la mano en cada número, mimándolos y compartiendo el disfrute con todos nosotros, incluso eligiendo unos tiempos arriesgados que lograron más luminosidad para esta misa. Una lección cada final distinto según lo escrito, manteniendo la última nota en el aire o cortando con precisión, mano derecha firme en la pulsación tan difícil de mantener, e izquierda controlando las dinámicas atento siempre a las entradas de «sus chicos«. El gesto se le supone pero el trabajo anterior marca la diferencia y esta «Academia para la Música Antigua de Berlín«, renovada como tantas otras formaciones según el momento, brilló en parte por el propio Lehmann que ofreció una interpretación para recordar.

Del cuarteto solista, algunos coincidentes en grabaciones, destacar la búsqueda del complemento en tesitura más que tímbrico, como si del órgano o la propia orquesta se tratase, pero donde la «afinación barroca» parece disipar unos graves más presentes incluso con acompañamientos únicamente de continuo mientras están sobrados en los agudos. Los registros se entrenan como el propio cuerpo y mi opinión es que los intérpretes preparan sus intervenciones en este repertorio olvidando el producto final.

Pese a todo me quedo con una Nuria Rial que volvía a Oviedo en «gran formato» y demostrando la causa por la que se la demanda en músicas de los siglos XVII y XVIII. Timbre hermoso, técnica sobrada para las agilidades, musicalidad en una línea de canto siempre sentida y un color que ayuda al empaste con sus compañeros. Bien el Christe, mejor Laudamus y el dúo con la mezzo Et in unun Dominum, atentas ambas a las respiraciones y finales de frase.
Otro tanto podría decir de Markus Schäfer, bachiano reconocido de timbre algo metálico pero apropiado en estos registros donde el estilo cuenta más que la capacidad de cantarlo, y ahí está el fuerte que no pareció tener este sábado ovetense. Desiguales sus intervenciones, bien el dúo con Rial del Domine Deus pero algo mejorable su Benedictus de color poco homogéneo.
Desigual la mezzo norteamericana nacida en Saigón Rebecca Martin, pese a mi pasión por esta cuerda femenina, pero que no debería cantar lo escrito para la segunda soprano. Buen empaste en el Christe inicial, color apropiado pero de pocos graves ¡y es mezzo!. Más pasión que línea de canto e incluso un flojo Agnus que incluso desafinó levemente, dejándonos mal sabor de boca aunque cantase algo mejor el Qui sedes, más el citado dúo con la soprano.
Y del barítono Thomas Laske decir que sufrió para hacerse escuchar en unos graves necesarios no ya en el ambiente creado por esos registros en la orquesta sino en una tesitura irregular, más lírico que dramático para un barítono que pese al currículo no acabó de cuajar en el cuarteto solista pese a mostrar un fraseo más que correcto, especialmente en el Et in Spiritum.

Pero la Misa de Bach trasciende la interpretación y emociona cuando se la escucha en vivo, pocas veces a lo largo de la vida melómana por larga que sea, más cuando tenemos a «la Akademia» con Lehmann al mando capaz de sacar de cada uno de los veintisiete números la riqueza bachiana de cada nota en cada instrumento, siendo el coro (de voces blancas) el verdadero protagonista para un sábado de gloria anticipada… hacía tiempo que el público no aplaudía tanto, llevándose los chicos la mayor y merecida ración, más allá de la simpatía que los jóvenes cantores siempre despiertan entre todos, más que la propia calidad de los berlineses.
Si las pasiones no pueden faltar cada Cuaresma, esta Misa debería ser obligatoria una vez al año, porque rezo en voz alta «Creo en Dios Bach Todopoderoso…», al menos con oficiantes de altura.

Hakim y su mundo sonoro

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Jueves 10 de noviembre, 21:00 horas. Catedral de León, concierto de clausura del XXXIII Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE), CNDM: Naji Hakim. Obras de J. S. Bach, C. Franck, J. B. Cabanilles y N. Hakim. Entrada libre.
Clausura ideal de la trigesimotercera edición del FIOCLE que ha vuelto a tener el respaldo del público, y por el que siguen pasando los mejores intérpretes del instrumento rey que en el caso del de «La Pulchra» por mi bautizado como «El Bicho Kleis» que en cada concierto sigue domándose, va sacando al aire catedralicio nuevos sonidos y combinaciones.

El organista, improvisador y compositor libanés Naji Hakim (31 de octubre de 1955, Beirut) afincado hace años en Francia al que descubrí en el 2007 dentro del defenestrado Festival de Órgano de Asturias, preparó un programa -actualizado por mí en el orden en que se ejecutó en León- que repetirá este sábado en el Auditorio Nacional de Madrid para conjugar pasiones y emociones. Primero Bach con su Passacaglia y fuga en do menor, BWV 582 en un avance de lo que vendría después, jugando en cada frase con los cinco teclados del Kleis más el pedalero sin perder detalle y ganando matices por los registros de cada uno, sin pausa antes de la fuga en pos de la mayor unidad antes de su propio homenaje en Bach’orama (2004) fantasía sobre temas del kantor y verdadero despliegue sonoro en la línea de los grandes organistas y compositores franceses. Melodías reconocibles de «Meine Gott» vestidas con el lenguaje propio de nuestro tiempo pero sobre todo por la búsqueda de timbres tan especiales que de nacimiento alemán pero ya con acento leonés nos trasladaron al París eterno (donde Langlais fue uno de sus maestros y sucedió a Messiaen en La Trinidad) en este órgano que asombra a público e intérpretes, silencios sonoros, arpegios celestiales, clusters dramáticos, disonancias rítmicas y tesituras extremas en «El Bicho» domado por Hakim.

Sin perder ambientación gala la Prière, op. 20, FWV 32 (César Franck) supuso el punto intermedio entre Bach y Hakim, todos ellos compositores y organistas dotados de una capacidad propia para conjugar tradición y modernidad en sus respectivas épocas aprovechando la evolución del instrumento para dotarlo de toda la expresividad posible, algo que el libanés entiende como pocos, verdadera oración sonora delimitando cada plano y protagonismo con rigor científico desde una profunda y sentida interpretación, flautados de cristal como las vidrieras de la Pulchra leonina.
El homenaje español en las manos de este excelente organista nada menos que Juan Bautista Cabanilles (1644-1712) y su Batalla imperial, escuela renacentista en un órgano atemporal que sonó histórico por los contrastes perfectos, ecos históricos en los coros norte y sur para contiendas trompetísticas capaces de reverberar contundentes a la vez que limpias. Encantados de ver nuestra música de oro entre tres grandes, el origen ibérico del mundo sonoro construido con tubos y fuelles.

Tras la guerra un remanso de paz como sólo Bach es capaz de crear, Liebster Jesu, wir sind hier, BWV 633/634, ahí estábamos todos meditando con este coral de Neumeister donde el sonido recrea la palabra y también la serenidad, oración musical breve del enorme libro de órgano del Kantor de Leipzig casi íntima, ornamentada en su punto para no descentrarnos de esa melodía profunda.

El Hakim compositor interpretado por él mismo es un lujo del que pudimos disfrutar por partida doble, pues Le bien-aimé (2001) es fiel reflejo de su lenguaje, creencias y búsqueda sonora, un mosaico variado que resulta casi la banda sonora de su vida, una suite sinfónica en siete movimientos, «Cantar de los cantares» con ecos mediterráneos de diferentes culturas y vivencias volcadas en el órgano, paráfrasis gregorianas como inspiración, pájaros en flautados, ocas en fagotes, clarinetes y cornos pasando por todo el abanico de registros del Klais que pasaban de una fachada a otra, contención y explosión sonora pero también visual, guerras y oasis, el Sena y vinos del Líbano con sabor en boca comercializado en Francia, cedros y palmeras de un paisaje auditivo muy personal.

El improvisador no podía faltar desde una melodía mariana que Samuel Rubio (quien presentó el concierto final y los respectivos agradecimientos) le entregó volviendo a demostrar su vocación sonora, registros por descubrir, melodía pasando por todos los teclados y pies incorporando un fragmento de Beethoven donde su «oda a la alegría» parecía cantar la grandeza del Kleis plenamente asentado en la capital leonesa con un sonido único del que Hakim y todos los presentes pudimos disfrutar. Llegar a casa para contarlo no podía esperar, la XXXIV edición arranca ya…

El órgano orquestal

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Lunes 24 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León, XXXIII FIOCLE: Daniel Oyarzabal (órgano). Obras de Bach, Mendelssohn, Brahms, Mussorgski, Messiaen y Rimski-Korsakov, más Saint-Saëns. En colaboración con el CNDM. Entrada libre.
Regresaba el ideólogo de la integral de Bach en «el bicho Klais» y del vermut sabatino en el Auditorio Nacional madrileño, que vuelve esta temporada con mucho más que «el viejo peluca» aunque siempre vaya asociado al instrumento rey.  Como si se hubiese programado, la última propina de Guillou era la que abriría el concierto del instrumentista vitoriano en este festival que llena la Pulchra (y aún faltan otros dos que seguirán esta línea bachiana para no perder nunca el norte).

La «Sinfonía» de la Cantata «Wir danken dir, Gott» BWV 29 de Bach en los dedos de Daniel Oyarzábal resultó la auténtica acción de gracias divina, brillante en aire y registros, poderosamente barroca con aire joven antes de proseguir con el descubridor y seguidor de «nuestro Dios», el Mendelssohn romántico que rinde pleitesía al maestro, primero con la Sonata VI en re menor (1845) cuyos seis movimientos comienzan con un Coral luterano respirando Leipzig por todas partes, el Andante sostenuto cual preludio o primera variación de sonoridades aterciopeladas e íntimas antes de las cinco siguientes, empuje de la nueva generación que romperá moldes en el Allegro molto (cuarta y quinta variación) por virtuosismo y plenitud tímbrica bien elegida por el victoriano, antes de la Fuga: Sostenuto e legato, limpieza de líneas preparando el Finale: Andante, vuelta al reposo en volúmenes y registros cual meditación personal tras el tributo bachiano de nuevo lenguaje. Otro tanto podría decir del Preludio y fuga en re menor, op. 37 nº 3 (1837) casi continuación del genio en un portento de aunar tradición y evolución, algo que en Mendelssohn, con Bach siempre presente en el órgano, consigue y Oyarzábal transmite.

Otro alemán como Brahms llevará las formas barrocas, más las propias del instrumento rey y también partiendo, como no puede ser de otra manera, de Bach y la evolución del órgano en cuanto a expresión, del coral (Herzlich tut mich verlangen y O Welt, ich muss dich lassen, ambos de sus Preludios Corales Opus 122) perfectamente entendido y traducido en los registros del intérprete alavés, y el inmenso Preludio y fuga en sol menor, WoO 10, mismas formas, misma herencia, mismo respeto, pero avanzando hacia un horizonte interminable e inalcanzable.
El salto lo dará el inigualable Oliver Messiaen y su Livre du Saint Sacrament (1984), de quien Daniel eligió La Résurrection du Christ, explosión sonora en un órgano como el Klais leonés que es perfecto en estos repertorios tan exigentes en combinaciones, volúmenes y efectos, más la oración tras la comunión íntima, reflexiva, bella y serena de Prière après la communion, herencias de escuela francesa y raíces cristianas comunes donde catolicismo o luteranismo se dan la mano con la música inspirada en la religión.

Impresionante interpretación de Oyarzábal que preparó sabores y sonidos rusos antes con «La cabaña sobre patas de gallina» de los Cuadros de una exposición (Mussorgski), la recreación más que transcripción al órgano de una magnífica obra sinfónica orquestada por Ravel, traspasada incluso por Guillou de rey a rey, confluencia rusa y francesa, pero especialmente con otro ruso pintor orquestal como Rimski-Korsakov, de cuyo Capricho español, op. 34 (1887) el también joven organista alavés Israel Ruiz de Infante preparó unos arreglos endiablados que sólo Daniel Oyarzábal puede afrontar para que «el bicho» supere la propia orquesta sinfónica. La Alborada, la Scena e canto gitano y el Fandango asturiano son mucho más que tres números sacados de tan magna obra, en el órgano pudimos disfrutar de manos y pies con toda la paleta sinfónica en los tubos, juegos de teclados y registros virtuosísticos sin perder nunca presencia las conocidas y populares melodías (que se ha dicho fueron escuchadas por el ruso en una escapada a Ciaño desde aguas mediterráneas, invitado por Don Pedro Duro) engrandecidas más que arregladas por Ruiz de Infante y hechas realidad por su paisano.

Por dos veces volvió Dani Oyarzábal y dos propinas en la misma línea orgánica orquestal pero francesa, Saint-Saëns con su Carnaval de los Animales primero el final donde los dos pianos y la orquesta fueron el pletórico órgano en otro endiablado arreglo lleno de fuerza, humor y virtuosismo, y el cristaliano Aquarium, lírico y sereno como la contemplación de los peces, timbres acuáticos llenos de brillos, pianos como arpas y tubos de ensayo orquestales porque así se adaptan los registros del Klais que finalizaron una velada de juegos sonoros llenos de volúmenes extremos.

Triple Guillou

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Viernes 21 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León, XXXIII FIOCLE: Jean Guillou (órgano). Obras de Widor, Guillou y Liszt. En colaboración con el CNDM. Entrada libre.

Intérprete, compositor e improvisador, disfrutando de su órgano y traducido por Susan, su esposa, Jean Guillou (1930) volvía a «la Pulchra» con el órgano por él diseñado y construido por Klais, seis años atrás para el primer contacto y arranque más tres años que lo inauguraba. En cierto modo es el padre del «bicho» que en sus manos y pies vuelve a rugir, no importan detalles técnicos porque cada visita suya a León es un regalo y pienso que gozar con «su hijo» es algo compartido por un público que le admira y guardó larga cola una hora antes del concierto.

El programa lo dejo escaneado arriba, ya de vuelta a la aldea, así como las fotos y enlaces (o links) habituales pero no quiero perder ni un solo detalle de este concierto.

Widor el sinfonista y casi un modelo a seguir en el «Allegro» de su 6ª sinfonía para órgano en si menor, op. 42, nº 2, donde la orquesta son los teclados increíbles de múltiples combinaciones, con cadencia propia del intérprete y todo un derroche en los tubos, sonidos propios más allá de buscar emular los orquestales que para eso el órgano es el rey y se basta por sí solo, sumándole el haber buscado el propio para «el Klais».

Éloge, op. 52 (1995) del Guillou compositor, más que elogio es elegía que recuerda a Messiaen y Dukas, juegos tímbricos de oboes y flautas como pinceladas impresionistas que van llenando el lienzo sobrio lentamente, antes de los vigorosos brochazos que hicieron gemir «su bicho», cual Ligeti explosivo, mares debussianos en galernas y calma chicha sonando en las dos fachadas. Guillou rejuvenece y actualiza esta pulcra elegía que guiña al final con el flautado casi messianico y termina al pie, fino humor francés. Obra personal de mucha solera vivida en primera persona.

Fantasía y fuga sobre el coral ‘Ad nos salutarem undam’ S. 259 (1850), Liszt inspirado en Bach, el órgano que supera al piano y guía un lenguaje siempre moderno que Guillou moldea en los registros, fantasía húngara y fuga germana además de hermanar con acento francés por lenguaje y registros casi ravelianos, pues nadie como monsieur Guillou para encontrar el sonido adecuado (siempre buscando incluso desde el jueves como escrupuloso y refinado intérprete). Ritmo marcial casi marsellés en esa fuga diabólica del húngaro en manos galas de galo, el virtuosismo al órgano.

Y del improvisador tras beberse todo lo anterior de memoria, solo con su chuleta de combinaciones numéricas (excepto la partitura propia, probablemente menos interpretada que el resto), para seguir contagiando amor por el instrumento al que ha dedicado toda su vida que esperamos continúe longeva. El arranque de la Quinta de Beethoven fue el motivo y disculpa tras los agradecimientos de Samuel Rubio para que «el padre Guillou» disfrutase del «hijo Klais» en sonoridades sugerentes con dos notas, cuatro figuras y el maestro improvisando al genio porque se tratan como iguales.

Tres facetas de este genio de 86 años que no descansa, y agradecido al público que expresaba su veneración aún se atrevió con la Badinerie bachiana de la Suite nº 2, no flauta y orquesta sino otro muestrario del «bicho Klais» en la cabeza de Guillou, plenamente feliz y bachiano que aún se marcó otro más (la «Sinfonía» de la Cantata 29).

Tras el concierto atendiendo al público
P. D.: Lo dicho, ya en casa, con ordenador y teclado mejor que el incómodo escribir desde una pantalla del teléfono.

Con Durón de Brihuega a León

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Miércoles 5 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León, XXXIII Festival Internacional de Órgano Catedral de León – Centro Nacional de Difusión de la Música «Músicas históricas«: La Galanía, Raquel Andueza (soprano): Ayrezillos suaves. Durón 300.
León estaba de celebración con el patrón San Froilán y la fiesta llegó hasta La Pulchra que volvió a llenarse para celebrar también el tricentenario de la muerte de Sebastián Durón (Brihuega, Guadalajara 19 abril 1660 – Cambo-les Bains, Francia, 3 de agosto de 1716) gracias a la colaboración del CNDM con el FIOCLE y un concierto muy esperado que congregó aficionados llegados de todas partes. No está de más seguir recuperando nuestro patrimonio musical y rendir tributo a figuras universales que no siempre tienen la consideración necesaria, pero si además los intérpretes son referentes de estos repertorios, es lógico el éxito de este concierto en mi capital vecina.
Excelente y buen programa desde el sugerente título hasta la organización del mismo, alternando al homenajeado (con tres recuperaciones históricas a cargo del musicólogo Raúl Angulo Díaz y Antoni Pons Seguí, con las ediciones de las obras vocales en su catálogo Ars Hispana de la Cátedra de Filosofía de la Música dirigida por el primero dentro de la Fundación Gustavo Bueno), con contemporáneos que ayudan a vivir y comprender todo el entorno musical de aquellos tiempos dorados.
La obra religiosa de Durón es hermosa en si misma y atemporal, junto a unos textos que la soprano pamplonica Raquel Andueza articula con la maestría que la caracteriza, por lo que vestirlos en diferentes combinaciones y colores instrumentales a cargo de La Galanía (en trío) agranda la belleza, juegos tímbricos tejidos por la tiorba de Jesús Fernández Baena, el arpa barroca de Manuel Vilas y el órgano positivo de Alberto Martínez Molina, para las distintas cantadas y tonadas sacras más la alegre jácara de Navidad que cerraría el concierto, alternando obras instrumentales que además de descansar la voz o enriquecer el repertorio sirven para lucimiento de unos reconocidos y prestigiosos instrumentistas.
Dejo arriba del todo el programa leonés íntegro con ligeras variantes, destacando algunas cosas. El Durón de Andueza y La Galanía tiene sello propio de intención, emoción, buen gusto, entendimiento, lo apuntado de melodías que realzan unos textos religiosos desde una globalidad interpretativa que pasa por el cuidado coprotagonismo instrumental, más que un complemento polifónico. El blando susurro, tono al nacimiento, resulta de un intimismo que cortaba el aire de la catedral leonesa por donde la voz de la soprano navarra corría con la misma naturalidad de su timbre, siendo el bis esperado y largamente aplaudido. Tomando cada título literalmente nos da el enfoque perfecto de estas formas religiosas, varias dedicadas (y recuperadas) al Santísimo Sacramento: «Atended, sonoras aves», «Si mirando las luces», «Impetuosas cristalinas fuentes», «Pajarillo que el viento peinando»… sentidas por este cuarteto que respira al unísono y visten de gala cada partitura, engrandeciendo las letras en la mejor tradición compositiva e interpretativa.
Ideales estos instrumentistas para el arreglo propio de las famosas Folías de Gaspar Sanz, permitiendo centrar nuestra escucha en esas combinaciones despojadas de la voz, con un arpa celestial (más rica que la guitarra), la tiorba virtuosa igualmente cantarina que contrapunstística o rítmica en sus rasgueos, más el órgano positivo capaz de silabear como buen aerófono pero también de dar la base sonora a cada dibujo, y con él pudimos disfrutar la Gaitilla de mano izquierda que preparaba el el penúltimo bloque de Durón, además de la Zarabanda (Martin i Coll) en versión cercana del nuevo órgano positivo leonés, suficiente en volúmenes y acorde con el intimismo que rodeó todo el concierto. Igualmente interesante Encarceladito está (Carlos Subías) o los anónimos del siglo XVII como La Nochebuena, zagales y Morenas, gitanas en el último bloque cantado por una Andueza que ya había cautivado a todos los presentes, rematando con dos obras del alcarreño, Ayrezillsos suaves (título del programa) y Vaya pues rompiendo el aire cuya letra final pide el aplauso, ganado mucho antes.
El excelente reportaje gráfico del concierto a cargo del músico y fotógrafo local Juan Luis García se puede ver en este enlace de flickr©, arte visual de un artista global.

Haselböck despierta el bicho

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Miércoles 21 de septiembre, 21:00 horas. Catedral de León, XXXIII FIOCLE: Martin Haselböck (órgano). Obras de J. S. Bach, G. Ligeti, F. Liszt y M. Haselböck. Concierto inicial, en colaboración con el CNDM y su ciclo «Músicas históricas». Entrada libre.

 

Volvía a La Pulchra el director y organista vienés pero con «el bicho KLAIS» en el día del tercer aniversario de su inauguración, con un lleno presagiado por la larga cola una hora antes, y cambiando algo el programa inicial (donde estaba Wagner) para poder hacer rugir y casi renacer el impresionante órgano alemán que va tomando acento castellano, recio y brillante en cuanto le aprietan, algo que el maestro austriaco Haselböck hace como nadie.

Porque unir a Bach, Ligeti y Liszt en el mismo concierto, tras las palabras de agradecimiento iniciales de Samuel Rubio Álvarez, sobre el papel podría parecer chocante aunque la escucha corroboró lo acertado del programa.

Meine Gott Bach es perfecto siempre, comenzando con la conocida Tocata y Fuga en re menor, BWV 565, buena elección de registros y una versión muy romántica en cuanto al juego dinámico y sobre todo expresivo, acelerandos y ritardandos más allá del rubato, pletórico de sonoridades, tal vez investigando registros que aparecerían posteriormente, virtuoso y brillante más que reposado y austero, pero es partitura siempre agradecida en cualquier versión por muchos ornamentos que le añadan. Lo mismo podríamos decir de los cuatro corales del Orgelbüichlein, esta vez más plegados a lo que podría llamar interpretación tradicional, contrastante registros y prevaleciendo la melodía desde los registros buscados: intimismo reposado del BWV 639, flautados barrocos y vivos del BWV 642, vuelta a la tranquilidad de la lengüetería levemente ornamentada del BWV 641 y creciendo volúmenes con los propios registros y tempo vigoroso utilizados en el BWV 642 de factura impecable, aunque algún pasaje el pedal tomase un primer plano demasiado presente en relación a los teclados, pero nada que objetar de la visión personal de Haselböck.

Difícil encontrar a György Ligeti (1923-2006) en los conciertos de órgano, algo apuntado en el discurso previo de Rubio, y es que Volumina sacó del KLAIS sonidos de tubos nunca escuchados, aprovechando la comodidad que supone poder tener automatizados los cambios de registro alternando con los manuales, una explosión sorpresiva que levantó murmullos, dinámicas amplias conseguidas con el juego tímbrico, ambiente sonoro contrastado con el silencio pétreo de La Pulchra Leonina que parecía despertar de un letargo secular con el ballet de los tiradores movidos por un fantasma llamado tecnología como ayudante invisible pero bien trabajado, exprimiendo pedales de expresión y cambios vertiginosos en un alarde de volúmenes y texturas.

Desempolvados casi todos los tubos escuchar a Franz Liszt resultaría el puente húngaro entre los dos mundos alemán y rumano, el virtuosismo de las Variaciones «Weinen, Klagen, Sorgen Zagen» que delineaba tímbricas esculpidas en bruto por el contemporáneo con el ímpetu del abad reconvertido tras una vida licenciosa, romanticismo en estado puro lleno de convulsiones dinámicas con cambios de volúmenes abruptos pero bellos, jugando con la reverberación y resonancia catedralicia y la vuelta al origen, al otro dios de Eisenach enterrado en Leipzig y adorado mundialmente por todo melómano con el Preludio y fuga sobre B-A-C-H, la locura del teclado máximo con el respeto al Maestro, órgano en vez de piano pero igual de virtuosista añadiendo nuevas sonoridades solo antes intuidas, como el mármol de la cantera que montaña abajo toma forma como con Miguel Ángel, cual cierre del círculo orgánico.

Para concluir nada mejor que retomar las improvisaciones, siempre parte de las propias formas musicales tan del gusto de los intérpretes que parecen recuperarse de nuevo. El tema nos lo había chivado Samuel Rubio y entregada la partitura del Himno a la Virgen del Camino, Martin Haselböck fue revistiendo la melodía de armonías francesas, pasando de las manos al pedal sin perder el norte y redescubriendo registros que encajaban como anillo al dedo el juego de acordes desplegado en las distintas variaciones. Una lección de improvisación que hizo despertar al bicho para ser domado en toda su grandeza.

Buen inicio del festival en sus 33 años consecutivos y perfecto cumpleaños para esta joya fabricada en Bonn y bautizada en San Mateo de 2013, que comienza a hablar un perfecto castellano. Aún quedan muchos conciertos, variados y dentro de la Catedral de León.

Adiós verano, adiós

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Aunque climatológicamente hablando el verano finaliza por San Mateo, las vacaciones han llegado a su fin y el nuevo curso 2016-17 arranca todavía con ecos del anterior, que no está tan lejos pero parece un mundo. Musicalmente la temporada arranca este domingo con la Ópera en Oviedo y la OSPA en el foso, como es costumbre local, esta vez con el estreno en España de Mazepa (Tchaikovski), y que intentaremos contar desde aquí en la medida del bolsillo, pero sobre todo tras una escapada suiza donde hubo mucho y bueno.

Como escribía mi querido danés «Viajar es vivir» y sigue siendo de mis «adagios» que esta vez me llevaron a zonas de Suiza aún desconocidas. Si hubiera que resumir este periplo de agosto bien cabrían palabras como verde, agua, montañas, bicicletas, y por supuesto quesos, salchichas, cerveza más multiculturalidad, no mucha emigración y ésta con trabajadores en un país con moneda propia (el franco suizo) y una historia reciente de neutralidad con secretos bancarios que parecen ir rompiéndose.

Sin música en vivo suelo visitar iglesias con sus órganos, edificios emblemáticos, museos, y por supuesto disfrutar de la gastronomía autóctona además de callejear, unas veces sin rumbo fijo, mezclándose con el paisaje y el paisanaje, otras buscando sitios concretos, pero con el factor sorpresa siempre presente.

La primera parada en Zürich donde estuvimos en un apartamento a un paso de la estación de tren y al lado de uno de los mejores miradores de la zona vieja (Lindenhof), nos dejó imágenes impensables como las de su universidad, la más grande del país con un edificio que además de albergar distintos museos, tiene réplicas de griegas, romanas o egipcias, paseos por el lago, caminatas varias que nos llevaron incluso a la sede de Google, o una buena raclette en el Hotel Adler, y por supuesto dos edificios que son santo y seña de la actividad musical:

La ópera y el Tonhalle, uno a cada lado del lago y verdaderos templos de la lírica y la música sinfónica. La primera no tenía funciones esos días y la segunda acogía un encuentro de música folklórica, pero pudiendo admirar un edificio ampliado que combina épocas sin problemas.

Una de las calles que circundan la Tonhalle lleva el nombre del genio de Bonn, y no pude resistir la tentación de la foto con la placa.

De las iglesias me quedo con la reformista de Fraumünster con vidrieras de Chagall o Augusto Giacometti, tío del más famoso Alberto, y la protestante de Grossmünster, todas con conciertos de órgano programados, aunque no coincidieron con mis fechas. Tampoco está mal pasear por las zonas comerciales que albergan todas las firmas famosas de relojes, ropa o automóviles.

La segunda parada sería St. Gallen, para los músicos una parte de la historia con su famosa abadía originaria de la primera escritura musical neumática, hoy solo facsímiles, también de la cerveza, pero sobre todo con el encanto de una biblioteca barroca, y por supuesto su catedral en cuyo órgano había estado unos días antes el guipuzcoano Esteban Elizondo dentro de un ciclo habitual en cualquier templo que se precie, y la catedral barroca es parte de las giras de los mejores organistas mundiales.

Pero el verdadero «campanazo» resultó asistir en vivo a un estreno mundial el 21 de agosto desde la atalaya privilegiada del hospital y residencia geriátrica (hay que ir tomando nota), puede que acústicamente no tan bien ubicado como los miles de «peregrinos» que ocupaban las montañas cercanas, un original proyecto titulado Zusammenklang, capaz de unir tradición al hacer sonar las 118 campanas de las 29 iglesiss de la zona, con tecnología mediante dispositivos móviles que hicieron posible ejecutar la composición de la rusa Natalija Marchenkova, afincada en esta bella ciudad, y el compositor local Karl Schimke, tuba de la sinfónica de St. Gallen.

Tuve el humor de grabar el audio, al menos para recordar una experiencia única y que conociendo la complejidad del mecanismo así como todo el proyecto, solo puede darme una idea aproximada de lo que realmente sucedió. Presumir de haber estado «in situ» no tiene precio, y más por el sitio que respiraba paz y sosiego.

St. Gallen tiene unos alrededores como la reserva natural del «Wildpark Peter und Paul» desde donde se puede divisar el Lago Constanza, familias al completo y animales en cautividad, escapada cercana al centro, y un poco más lejos llegar a la zona de Ebenalp, tomar un teleférico y realizar la actividad por antonomasia de los suizos, caminar por unas montañas cuidadas y listas para ser fotografiadas como si de una postal se tratase, incluso visitando cuevas prehistóricas. Uno de los restaurantes más curiosos supone una caminata que hace pensar en los trabajadores del mismo y en llenar sus neveras, no solo de su cerveza típica, pero la experiencia es inolvidable.

La ciudad de Chur (o Coira), considerada como la más antigua de los Alpes, es acogedora, coqueta, diría que casi familiar, tan cercana como el piso que nos acogió en algo tan habitual como los Bed and Breakfast, y la Catedral de Santa María de la Asunción en lo alto, que alberga una cripta que me recordó nuestra Cámara Santa asturiana por el apostolado, así como un moderno órgano.

Pero el protagonista resultó el Bündner Kunstmuseum y su ampliación adyacente, un hermoso edificio recién estrenado el pasado mes de junio a cargo del estudio de los arquitectos Barozzi – Veiga, un tándem ítalo-gallego en Barcelona que también está ligado al danés Andersen en su Odense natal y al centro de arte gijonés, con una belleza única en su diseño, albergando una exposición de la familia Giacometti, por supuesto también Alberto, «Solo Walks» así como otros artistas ligados a esta ciudad de Chur, perfecta conjunción en línea con las obras que exhibe.

Siguiendo por esta zona la mayor parada estuvo en Sankt Moritz como cuartel general, aunque también nos llevaron esos trenes orgullo helvético hasta Tirano (Italia). La subida alpina en el más lento del mundo es impresionante: glaciares, ríos, lagos, cientos de tonos de verde a bordo del panorámico Bernina Express en un viaje de cuatro horas que merece la pena hacerse.

Y el fin del trayecto en suelo lombardo donde se paga en euros, hablamos italiano con los Alpes de otro color y sabor, visitando el Santuario della Madonna de Tirano, basílica construida en el siglo XVI en perfecto estado de conservación, con un órgano barroco del que no pude disfrutar su sonido pero sí su arquitectura.

De St. Moritz habría mucho para contar además de lo ya sabido en tiempos de la decaída jet-set, especialmente en invierno aunque el verano es radiante y con la suerte de unos días de sol increíbles. Un gran lago para caminar a cualquier hora del día bordeándolo, tiendas de lujo, terrazas y restaurantes comidas de todo el mundo, como los conciertos, variados desde la Casa de Cultura local donde el viola da gamba Paolo Pandolfo estaba impartiendo un curso con recital final de sus alumnos, al que no pude asistir, hasta el que ofrecía a precios estratosféricos el hotel más lujoso de la ciudad alpina con el reclamo de un Mozart que nunca falla.

Dicen que Asturias es la pequeña Suiza y algo hay de cierto: vacas, leche o mantequilla, también maíz, manzanas, solas o en zumo, aunque la asignatura pendiente de nuestra tierra siga siendo además de la poca publicidad, la limpieza. Un placer caminar por cualquier rincón y no encontrarte suciedad pero tampoco policía. La educación como la cultura se puede legislar, pero básicamente se hereda y refleja la sociedad e idiosincrasia que no se puede copiar ni comprar porque se hereda, supongo que como el dinero. Desconozco si la envidia es sana, y si como escribía Andersen «At rejse er at leve«, regresar nos hace añorar lo que no tenemos.

Esta región de Engadin tiene lagos, sendas y pueblos cercanos bien comunicados por autobuses, como Sils Maria y Silvaplana, la primera alberga la Casa Museo de Nietzsche, así como hoteles para celebridades que también ofertan conciertos puntualmente (alguno incluso grabado por sus vecinos de Winter and Winter), visitas obligadas antes de regresar a la capital disfrutando siempre de un paisaje de postal.

También se celebraba esos días el CSI (Concurso Internacional de Saltos) donde no encontré famosos entre el público pero tampoco jinetes o amazonas de prensa rosa, si bien al lado de la zona equina, en el llamado St. Moritz Bad, está la iglesia católica de St. Karl, con unas modernas vidrieras y ampliación de 1991, más el necesario y obligado órgano que tampoco pude escuchar, pero la querencia por el rey de los instrumentos sigue allá donde viajo.

St. Moritz nos regalaba cada día al despertarnos una vista única, la última antes de abandonar nuestro particular refugio, la comparto aquí.

La vuelta a Kloten, al lado del aeropuerto, sirvió para saborear las últimas cervezas suizas (es más cara el agua ¡quién lo diría! y no digamos la «frei» sin alcohol) y una comida italiana que parece estar presente como el idioma en una Suiza algo cara para nuestros sueldos, creo que también para los trabajadores (que cobran poco más que en España), con paisajes también para saborear, caminar, paraíso ciclista y última noche antes del retorno a la normalidad. Imposible plasmar tanto aunque el diario de viaje, siempre a mano, ocuparía mucho más espacio.
Septiembre me devolverá a la música, en vivo o grabada, pues también tiene su hueco en el blog y lo seguiremos contando tras el necesario descanso estival. Este curso 2016-17 arranca con dudas pero la esperanza nunca podemos perderla…

P. D.: A petición de Alonzo V. de Artsy.net en N.Y. dejo aquí el link a las obras de Alberto Giacometti disponibles en su web con otros enlaces interesantes incluso para educación.

Bach mi dios y Oyarzábal su profeta

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Jueves 19 de mayo, 20:30 horas. Catedral de León, concierto 19 «Bach en la Catedral«. Daniel Oyarzábal (órgano).
Penúltimo concierto de la integral de órgano de J.S. Bach que durante dos años ha traído al «bicho Kleis» de la Pulchra Leonina y al Auditorio Nacional con la colaboración del CNDM y el FIOCLE toda la música de «Mein Gott» para el instrumento rey, un complejo organizativo del que Daniel Oyarzábal es uno de los responsables de poder armar semejante monumento sonoro, con los organistas más importantes del panorama mundial, participando en el concierto 8 el año pasado y volviendo por indisposición del previsto Stepehn Tharp, sólo 15 días para afrontar el mismo programa pero como él mismo decía en una entrevista el pasado año «La culpa fue de Bach«. Si la muerte de Van Oortmerssen fue rápidamente reemplazada por Bernard Winsemius, sustituir al organista de St. Patrick entre otros templos neoyorquinos resultaba parecía tarea imposible por la premura de tiempo, pero solamente Oyarzábal podría afrontar el reto de «nuestro Bach«, conociendo a la perfección el instrumento y con la suficiente calidad para dejarnos un concierto impresionante.

Si la selección para la ocasión resultaba perfectamente ordenada, comenzando y terminando con un Preludio y Fuga, en el centro uno de los conciertos transcritos por Bach corroborando la realeza del órgano como el más completo de los instrumentos, y en el medio corales bien contrapuestos, sin olvidar el último e inacabado tributo a El Arte de la fuga, poder disfrutar de registros que parecían estrenar tubos mudos hasta este jueves primaveral no está al alcance de muchos. Deseo reflejar las impresiones nada más volver a casa y dejar la más detallada tarea de los links para más adelante y con el tiempo que me lleva, por lo que comienzo con el programa sin más, añadiendo mis pinceladas en caliente para evitar enfriamientos que alivian pasiones:
Preludio y fuga en do mayor, BWV 531 (a. 1705?), poderoso desde el arranque.

Un bloque de tres corales, Wer nur den lieben Gott lässt walten, BWV 690 (a. 1705?), Wer nur den lieben Gott lässt walten, BWV 691 (1720/23?) y Wo soll ich fliehen hin, BWV 646 (1748/49) interesantes las fechas aunque aproximadas para resolver interrogantes y evolución vital del compositor y creyente siempre al servicio de Dios, las meditaciones de Bach sobre los textos luteranos cargadas de todo el simbolismo musical del «Kantor», respuestas en pentagrama para las profundas lecturas, los registros elegidos por Oyarzábal pusieron el resto pues las notas estaban claramente presentadas, jugando con flautados tenues en espiritualidad y pedales profundos de oscuro remordimiento que siempre alcanzan la luz eterna.

Pedal-Exercitium, BWV 598 (1735?) como ejercicio espiritual y elevación de lo más terrenal hecho virtud por una técnica de pies capaz de olvidarnos que este caminar del organista se asiente desde lo más profundo aunque se parta de unos pocos compases.
Nuevo grupo de tres corales: Ach Herr, Mich Armen Sunder, BWV 742 (1733?), Herr Christ, der einig Gottes Sohn (Fughetta), BWV 698 (1739/42?) y Gott, durch deine Güte, BWV 724 (a. 1705), cronología que crece recordando los orígenes, transgresiones rebosantemente sonoras de juventud explicando la evolución interior de los años, tímbricas muy jugosas y expresivas con planos diferenciados en manos y pies, incluso alternando el panorama creado por los tubos en las tribunas o coros opuestos, verdaderas vidrieras sonoras en la paleta buscada por el organista vitoriano.

El oficio de organista desde el conocimiento orquestal, el Concierto en sol mayor (de Johann Ernst von Sachsen-Weimar), BWV 592 (1713/14) en tres movimientos, Allegro, Grave y Presto, barroco de escuela por contrastes en todo, velocidades, volúmenes, tímbrica, expresividad, orquestales desde teclados y pedalero con ataques y ligados «grossi» en técnica clavecinística más que organística como si se requiriese de forma obligada al tratarse de una recreación desde el poderío de toda la tubería alemana, cuerda, madera y metal aparentemente hidráulicos pero sonoramente camerísticos sin olvidar el virtuosismo obligado.

Luces y sombras interiores en los cuatro siguientes corales, último bloque igualmente atemporal pero claramente evolucionando en fraseos y ambientes, Der Tag, der ist so freudenreich, BWV 719 (1710?), Lobt Gott, ihr Christen, allzugleich, BWV 732 (1718?), Wie nach einer Wasserquelle, BWV 1119 (a. 1705?) y Herr Gott, dich loben wir, BWV 725 (¿?), derroche de registros y emociones, poderío impactante seguido de sensualidad casi íntima, melodía luterana de lengüetería paradisíaca en el pedal o la progresión vital de un Bach capaz de condensar sabiduría sonora con Oyarzábal profeta de semejante testamento.
Aviso previo para el Contrapunctus XIV, fuga a 3 soggetti (inacabada, de El arte de la fuga), BWV 1080/19 (1742/49), rigor a la partitura, también en esta catedral del contrapunto, sin añadir nada, el tortuoso y rutilante camino de la técnica en la escritura formal más compleja, sujeto y predicado con verbo musical hasta donde la luz llegó, el último aliento sin respuesta como Bach reflejó, nada más y nada menos…

Preludio y fuga en si menor, BWV 544 (1727/31), la bendición «urbi et orbi» no de Roma al mundo sino de León hasta Leipzig, luces cegadoras de unas tuberías escupiendo verdades eternas, despidiéndonos el oficiante Oyarzábal «podéis ir en paz» con el idioma universal que entendemos quienes profesamos la religión de nuestro «dios Bach» como principio y final.

Es justo y necesario que el cierre de la integral traiga Notre Dame hasta la capital del Reino de León el próximo 2 de junio con Olivier Latry, otra eucaristía igualmente organizada por el «Nuncio de Bach en España» aunque otros franceses me dejarán en Oviedo pues la ubicuidad es don de santos y los demonios fuimos expulsados del paraíso.

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