Inicio

Mieres de Traviata

1 comentario

Martes 15 de octubre, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta (Casa de Cultura) de Mieres: retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de La Traviata (Verdi).
Un año después volvía a Mieres la ópera, eso sí, televisada, y nada menos que en el 200 Centenario de Verdi con una entrada como sólo esta obra inmortal es capaz de convocar.

Vuelvo a repetir las carencias de una emisión como las anteriores, que esta vez podrán compartir los cientos de personas que se dieron cita en La Escandalera de la capital, donde ni la iluminación está prevista para la televisión, la realización sigue dejando mucho que desear aunque haya mejorado, y el sonido logra el milagro de las voces tapando a la orquesta (!). Supongo que la falta de medios y algo más de conocimiento técnico no sean impedimento para continuar con esta experiencia que hace llegar la ópera a un público no habitual pero al que también debemos educar con calidad.

Las críticas profesionales tras la primera función coinciden con mi opinión técnica, aunque tras las consideraciones iniciales, quiero dejar unas pinceladas de cosecha propia.

Con un decorado casi minimalista a base de espejos – cristales, Susana Gómez es perfecta para la solución económica entre los grandes montajes inalcanzables por presupuesto y espacio escénico, y las versiones en concierto que no deben venderse como ópera en el sentido estricto. Sofá y mesa de despacho (diseño escenográfico de Antonio López), así como una pequeña mesa de juego como único Mobiliario, unido a un vestuario años 50 (de Gabriela Salaverri) completan la coproducción de la Ópera de Oviedo, Festival de Verano de El Escorial, Quincena Musical de San Sebastián, Auditorio Baluarte de Pamplona y Gran Teatro de Córdoba.

Foto de Codalario

Ópera atemporal donde las haya, el reparto resultó equilibrado en su totalidad, lo que es de por sí digno de mención, aunque la protagonista total haya sido Aylin Pérez que fue capaz de cantar y captar toda la evolución de su personaje de Violeta aunque sin camelias y transformada en una pelirroja Gilda Valery, color vocal perfecto para un rol que le está dando muchas alegrías. El Alfredo de Aquiles Machado resultó convincente en sus conocidas arias, delicado en los dúos y con ligeras carencias que no empañan la globalidad, completada por el Giorgio Germont de Gabriele Viviani, otro tanto que «su hijo», bien actoralmente aunque con una pequeña desafinación en la conocida «Di Provenza», puede que fruto del micrófono tan cercano y la orquesta «hundida en el foso», un trío sobre el que se asienta sin cojear esta maravillosa ópera.
Destacar la buena dirección musical de Carlo Montanaro capaz de dar su toque ya desde la obertura, jugar con los tempi de una Oviedo Filarmonía que no pude degustar como seguramente sonó en el teatro, y sobre todo cómo concertó con las voces, respirando con ellas y eligiendo siempre el aire que reclamaban los protagonistas, que lo son siempre.

No quiero olvidarme del Coro que dirige Patxi Azpiri, auténtica delicia escénica y vocal (nuevamente ellas mejor que ellos) con una profesionalidad que el tiempo ha ido asentando.

Los siempre difíciles secundarios cumplieron en sus intervenciones, desde la Flora de la asturiana María José Suárez, seguridad y aplomo, la delicada Annina de Marta Ubieta, siguiendo con Jon Plazaola (Gastone), Carlos Daza (Douphol), el Marqués José Manuel Díaz y el Grenvil de David Sánchez, junto a los «comprimarios» Gonzalo Quirós y Bruno Prieto (del propio coro) en sus breves apariciones como Giuseppe y Commissionario.

El público mierense disfrutó sobre todo hasta el descanso tras hora y media de un tirón, quedando todavía el último acto donde Violeta es «abducida por la luz» tras enamorar al respetable esta Ailyn Pérez como auténtica diva de esta segunda función que sonó en medio Asturias como merecido homenaje a Pepe Verdi. Agradecer estas iniciativas aunque tengan todos los peros que queramos y algunos sigan recordando el año 1958 de La Callas con Kraus, siempre Don Alfredo, en Lisboa… Ay! ¡si hubiesen tenido los medios técnicos de hoy en día…!

Ana Belén García sigue asombrando

1 comentario

Domingo 14 de octubre, 19:00 horas. Catedral de Astorga, XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León: Ana Belén García (órgano). Obras de J. S. Bach, Martín y Coll, Naji Hakim (1955), Nicolás de Grigny (1672-1703), Alexandre Guilmant (1837-1911) y Bruno Vlahek (1986). Entrada libre.

En una tarde que trajo la lluvia otoñal y el fresco desapacible me acerqué a este nuevo concierto de órgano del FIOCLE, y nada que ver lo escuchado en el viejo órgano maragato de Amezúa (construído en 1857 y restaurado por Acitores en 1985) con lo programado en la web del festival, aunque se nos regaló el programa que en la capital se vende a 2€. La organista guipuzcoana volvía a Astorga tras su paso por Ponferrada en un festival que no se olvida de los intérpretes españoles, y Ana Belén García Pérez tiene una larga trayectoria donde las obras de nuestro tiempo siempre están presentes en sus conciertos, aunque los órganos no suelan responder a sus exigencias. Pensaba en poder escucharla en «el bicho de Kleis» porque el programa que trajo era para disfrutar en su totalidad, o al menos equiparable al esfuerzo y trabajo realizado.

Para «calentar» nada menos que el Preludio en do menor, BWV 546 (Bach), difícil como toda la obra para el instrumento rey escritas por el kantor de Leipzig, donde el virtuosismo en manos y pies va unido a la sabia elección de los registros adecuados, interpretación vigorosa y fiel a la partitura.

Las Diferencias sobre la gayta, un anónimo del siglo XVIII, exploran el timbre de la cornamusa o gaita, sea gallega, asturiana, bretona o escocesa, con una nota pedal o bordón sobre la que escuchamos los floreos del puntero, aquí teclado, exponiendo un tema popular para proseguir con la técnica de la diferencia, nueva demostración de virtuosismo en el órgano astorgano que resonó cual aerófono popular.

Del fraile franciscano Antonio Martín y Coll pudimos escuchar y saborear tres números de «Flores de Música», El villano, Marizápalos y Canarios, barroco en cronología pero aún deudor renacentista que además de recoger y variar temas españoles utiliza los efectos que el instrumento de Aquilino Amezúa tiene, en especial los «pajarillos», bien ayudada la guipuzcoana en los registros para su entrada a tiempo en esta auténtica recreación a los teclados.

Una de las muchas virtudes de la joven organista de Andoaín es trabajar obras contemporáneas, y la Ezpata dantza del libanés Hakim dedicada e inspirada precisamente en el pueblo vasco y sus danzas, resultó un soplo de aire fresco a pesar de las carencias del órgano, poderío en disonancias desde registros variados sin perder el ritmo danzante de melodías modales para un auténtico derroche sonoro que hizo «llorar» muchos tubos, temerosos de la tímbrica exigente.

El Veni Creator de Grigny no estuvo a la zaga en cuanto a despliegue de color para sus cinco movimientos perfectamente contrastados en todo: el primero (Plein Jeu en taille) con trompetería y pedalero gimiendo en el arranque, el tema fugado (Fugue à 5) en las dos voces, una por teclado, el intimismo del tercer número  (Duo) buscando registros agudos y trémolo para una trompeta magna de batalla delicada en ornamentos (Récit de Cromorne – Amen), finalizando en un tutti (Dialogue sur les Grand Jeux) donde pies y manos retoman aires fugados con cambios de registros manteniendo siempre presente la línea melódica ante nuevos tutti siempre recios y sin excesos para un órgano castellano en colorido y fortaleza.

No hubo descanso del guerrero ni obras de relleno y el Allegro appasionato (de la Sonata V op. 80) de Guilmant resultó como el título, apasionada, exigente para un instrumento que se «empapizaba» con un aroma francés en armonías y registros variados donde el pedalero tiene su protagonismo rezumando romanticismo coral casi sinfónico en cuanto a sonoridades que otro órgano más «capaz» hubiese sacado chispas, finalizando con esa modulación en modo mayor antes del acorde final menor, guiños de compositor en una partitura dura en toda su extensión y perfectamente resuelta por el magisterio de Ana Belén.

Y llegaba el estreno esperado, la obra ganadora del XXXIII Concurso de Composición para órgano «Cristóbal Halfter» que patrocina el Aula de Música Esteban de la Puente y la Sociedad Filarmónica Juan del Enzina, del Instituto de Estudios Bercianos (en Ponferrada se estrenaba el viernes 11 para España), Choral-Phantasie Breitet dem Herm den Weg para órgano solo (2009) del croata afincado en Madrid Bruno Vlahek. Además de las notas al programa, que transcribo un poco más adelante, y comentarios sobre la obra, estuve haciendo mis anotaciones (algo raro en mí pero que en los estrenos suelo hacer como referencia) de una compleja y trabajada obra sobre el coral «Preparad el camino al Señor» inspirado en la figura bíblica de San Juan Bautista y su profecía, que se suele entonar en Adviento: «La composición presenta esta antigua tradición con un lenguaje musical de nuestros días. Las distintas partes de la obra están compuestas libremente aunque todas se inspiran en el motivo temático original, algunas son variaciones corales estrictas y otras tienen libertad temática. La pieza está especialmente adecuada para ser interpretada por el gran instrumento que es el órgano. Combina técnicas diferentes, virtuosismo, variedad de colores y timbres, y formas de tocar el órgano. Para llegar a la última parte, el intérprete ha tenido que improvisar sobre el tema coral en el pedal del órgano que llevará a una coda muy festiva». A continuación dejo el vídeo subido por Marko Pletikosa de la premier en Zagreb el pasado 21 de septiembre (el mismo día de la inauguración del «bicho» leonés) por la propia Ana Belén García y a continuación mis impresiones a vuelapluma intentando «describir lo indescriptible» según lo iba escuchando:

Además de reiterarme en haber escuchado esta joya en un órgano más apropiado que el astorgano, la obra es impresionante desde el inicio, con un fraseo en trompetería del coral seguido por esas dos voces que van creciendo en disonancias con el apoyo del pedalero. Agudos saltarines contrastando con el grave de los pies (que además tuvo el complemento de los cuartos en las campanas catedralicias que aún enriquecieron la paleta tímbrica). Un tutti y silencios dramáticos que dan paso a un presto agitado de dinámicas bruscas, cascadas frente a ritmos acórdicos y una vorágine tímbrica que siempre vuelve al flautado inicial sólo (y esta vez con las campanadas de las 8 de la tarde) y el pedalero sobre el que emerge el coral diluyendo disonancias que crecen hasta retomar el grueso armónico con el pedal como sustrato orgánico para reconstruir en una segunda menor a modo de nota pedal distintas bocanadas en las tuberías. Nuevo silencio dramático para el siguiente juego de timbres rítmicamente trabajados en sentidos opuestos, pedalero «cantabile» y teclados tocando otra marcha paralela que crece hasta el abismo. Ligeras cesuras hasta la aparición de un bis cual danza oriental en ostinatos picados y da capo al flautado solo como remanso necesario. Nuevo bordón, silencio subyugante y carreras arpegiadas de tímbricas potentes y clusters. Una mínima toma de aliento preparando la siguiente melodía clara en los pies y manos revoloteando hasta nuevos bloques sonoros con notas tenidas, largas, para volver al coral en el pedalero, tutti claro resguardado en el teclado II virtuoso antes de los acordes sobre otra nota pedal que elevan dinámicas en trompetería con un rallentando en el pedalero y una figuración cada vez más larga antes de pedal, acorde, silencio y el concluyente último y poderoso acorde mayor.

Auténtico arco iris de timbres más allá de los registros elegidos que se quedaron algo pequeños para el poderío exigido, técnicas interpretativas que aprietan en la búsqueda del impacto sensorial sin perder el motivo coral hecho fantasía como los grandes compositores para el órgano. Un descubrimiento que Ana Belén García ya ha interiorizado (ahí está el vídeo), ha hecho suya esta partitura que llevará en sus muchos conciertos por España y Europa, esperando repetir con un órgano acorde a la obra y la intérprete.

Ana Belén García vuelve a Astorga

1 comentario

El peregrinaje por el XXX FIOCLE me llevó este domingo 13 de octubre hasta la Catedral de Astorga para volver a disfrutar de la organista Ana Belén García, en un programa exigente como en ella es habitual, donde destacaba la obra de Bruno Vlahek que resultó ganadora del XXIII Concurso de Composición para órgano «Cristóbal Halfter» estrenada dos días antes en Ponferrada.

Si el concierto sacó chispas del envejecido órgano maragato, restaurado por Acitores S.L. aunque al límite de sus posibilidades ante el poderío de la donostiarra, la obra del croata afincado en Madrid supo a poco ¡ojalá vuelva a sonar en el «bicho de Kleis»! pero pasará a ocupar un puesto entre las obras imprescindibles de nuestro tiempo, como la de Hakim, perfectas en un repaso histórico donde lo mejor fue la interpretación de la muy trabajadora Ana Belén, capaz de seguir ejerciendo magisterio allá donde va. El programa escuchado fue el publicado en papel (que en Astorga nos regalaron) y nada que ver con el de la web del Festival.

Con tiempo y desde casa entraremos en detalles.

Ars Pulchra

Deja un comentario


Sábado 12 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León, Alia Mvsica, Miguel Sánchez (director). Peregrinatio I. Devoción Mariana. Obras de los siglos XII al XIV. Entrada libre.

Dentro del VIII Ciclo Músicas históricas de León, coproducción del CNDM y enmarcado en el XXX FIOCLE, el sexteto de Miguel Sánchez llenó la «Pulchra Leonina» para mucho despistado que se apunta a todo espectáculo gratis, cueste lo que cueste, incluso esperando escuchar el «bicho» que hoy dormía plácido. Con leer el cartel de la reja exterior hubiesen evitado cola, empujones para coger silla y comentarios fuera de lugar.

Organizado en tres rutas, el programa resultó interesante musicológicamente por el repaso del Ars Antiqva al Nova con anónimos latinos, Hildegard von Bingen, Philippe de Vitry, nuestro Alfonso X El Sabio o M. Iohannis Legalis para cerrar con un Romance de Don Gaiferos.


La ruta europea caminó a capella con las dos féminas hacia el escenario en el crucero y el Gloria, laus et honor tibi sit, contestado por los seis caballeros y el Christus resurgens parando en el coro, primeros «organum» donde la acústica catedralicia ayuda a multiplicar pero resta inteligibilidad. Los hombres compaginan voces e instrumentos, laúd, pandero y viola de brazo o fídula (alternando con el órgano portativo que alguno pensaría fuese el de Klais), siempre complemento o refuerzo a las seis voces empastadas para los orígenes polifónicos a dos y tres voces, monodia acompañada, voces iguales y mixtas, delicada y completa hermana Bingen y su O Virga ac diadema, hasta el Vitry de Vos qui admiramini… Gaude gloriosa, parada y encrucijada de caminos en León, ida y vuelta entre Montserrat y Santiago.

La ruta española empezó y terminó en el XIII, Cedit frigus hiemale, Maria, virgo virginum hasta la cantiga Por dereito ten a Virgen del rey sabio, nuevas combinaciones íntimas que se perdían en la grandiosa «Pulchra leonina» antes de la tercera ruta directa a Santiago, fuera Roderici (Juan Rodríguez) por indisposición de la soprano «titular» pero con la Vox nostra resonet de Legalis, el anónimo del siglo XII Dum pater familias más el tradicional Romance de Don Gaiferos, mismas combinaciones vocales pensadas para paladear en familia aunque la evolución del Románico al Gótico, de la monodia a la polifonía, viviese en todo recinto. Recreaciones e interpretaciones pulcras y sentidas pero sin la emoción del latín difícil de entender cual pueblo llano y regalo «in secula seculorum» donde prefiero cambiar el amén por un imperativo amen… Con todo, sigo peregrinando!

Ubicación: León

La belleza del dolor

3 comentarios

Viernes 11 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono 1: OSPA, Adolfo Gutiérrez Arenas (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Marcos Fernández Barrero, Shostakovich y Rachmaninov.

Ya tenía ganas de retomar el pulso de nuestra orquesta tras el rodaje en foso más el extraordinario Réquiem de Verdi en Covadonga, con el estreno de la temporada regular que llevaba por título «Rusia esencial» aunque bien podríamos rebautizarlo como «OSPA esencial» al unirse intenciones cual guía o catálogo de intenciones, a saber:

El titular Milanov, un solista invitado de calidad que además «es de casa», más un programa donde conviven obras de nuestro tiempo, los grandes e imprescindibles conciertos más el atemporal mundo sinfónico, habitual para redondear una larga, emotiva y dura jornada que conjuga situaciones personales dolorosas pero donde siempre aflora la belleza, el arte hecho música desde la profundidad interior.

Escuchaba por tercera vez Resonancias para orquesta (2012) de Marcos Fernández Barrero, obra ganadora del Concurso de Composición OSPA 2013, siempre necesario el poso para degustar, y no me defraudó tras leer mis anotaciones del estreno y las notas del programa, donde pudimos repetir y llegar ahora como el refrán «a la tercera va la vencida». Si la obra en su momento era merecedora del premio, hoy se me quedó pequeña al escucharla entre gigantes e incluso descontextualizada dentro del título programado por no ser «rusa» (aunque en mi primera audición me recordase a Shostakovich) pero sí «esencial» en cuanto al aroma o esencia figurando dentro de la «normalidad» que supone aparecer entre dos obras maestras. Supongo que el compositor catalán con orígenes asturianos, nuevamente en la sala, disfrutó más que nadie de esta (re)interpretación que la OSPA hizo grande, pues esta temporada 2013-14 podremos llamarla como de plena madurez para la formación, así como del asentamiento de Milanov en la titularidad, con ideas siempre claras desde su toma de posesión, manteniendo la colocación vienesa que nos dará muchas alegrías a lo largo del curso musical y con algunos fichajes que no pasarán desapercibidos. Podría decir que la obra de Fernández Barrero no desentonó en absoluto dentro de la globalidad dolorosa por emociones, texturas y climas otoñales como el asturiano que esas resonancias pudieron reflejar.

Mi admirado cellista Adolfo Gutiérrez Arenas volvía a «nuestro» Oviedo con otra cima interpretativa tras sus anteriores «ochomiles» y en compañía de auténticos amigos para esta nueva aventura sinfónica: el Concierto para violonchelo nº1 en mi bemol mayor, Op. 107 (1959) de Dmitri Shostakovich. Si su Saint-Saëns con Dutoit no le pude equiparar al intimismo con Judith Jáuregui, una delicadeza inolvidable, al menos volvía en «la cordada» con esta orquesta que camina a su paso como con Elgar, auténtico Everest solístico lleno de hondura y sombras, el Shostakovich más duro y terrible donde no existe atisbo de luz en ninguno de sus movimientos pero que Adolfo G. Arenas hizo bello de inicio a fin, bien concertado por un Milanov atento y condolente para compartir sufrimiento hecho arte desde todas las secciones orquestales aunque la trompa del maestro Morató influyó y mucho en embellecer el dolor. La incuestionable levedad del ser del Allegretto, la profundidad del Moderato, la soledad de la Candeza que robó hasta el silencio de un público perezoso en respirar por no asifixiarse, y la cima del abismo del Allegro con moto que sacude hasta el último aliento. El bello dolor existencial sin autocomplacencia ni sadismos, no hay placer sin él, dos caras de la misma moneda que Shostakovich explora y explota en un cello humano e individual con la orquesta reflejo global y coral, dolor compartido que parece menor en sufrimiento y mayor en belleza. Indescriptible esa ascensión al abismo que aún subió muchos metros con ese lento como marcha fúnebre de la Suite nº 3, op. 87 para cello sólo de Britten, «ethos y pathos» desde la admiración y recuerdo del centenario del británico pero también a Rostropovich y Shostakovich, placeres dolorosos o viceversa desde la belleza magistral del arte musical en la vivencia compartida por Adolfo Gutiérrez Arenas, inconmensurable.

Tras coger aire al descanso por la angustia antes vivida, la Sinfonía nº 2 en mi menor, Op. 27 de Rachmaninov supuso un remanso de tensión interior pese a recoger emociones del compositor ruso ya musicalizadas en otras obras, angustias amorosas que siempre me parecieron en el segundo de piano donde la cuerda tiene el mismo toque lírico que en esta segunda sinfonía. Madurez orquestal y claridad expositiva de un Milanov que con su peculiar estilo va sonsacando colores para un lienzo total lleno de luz sin perder el tenebrismo que parecía flotar en este viernes otoñal asturiano inigualable por los perfiles claros, delineados sin brumas, emociones de belleza anhelada e inaprensible tras el lúcido y luminoso verano. Fortaleza orquestal en el Allegro molto puramente «rachmaninoviano» (¡vaya calificativo!), el Adagio que puede traducir a música la difícil descripción del título (belleza del dolor) con una formación perfectamente ensamblada y confiada, gustándose melódicamente una cuerda con nombre propio, para en el Allegro vivace remontar la cima con paso firme, ágil sin tropezones, y contemplar desde arriba ese paisaje único, ascenso seguro, controlado pero desfondados tras un esfuerzo que sólo tiene la recompensa de una belleza dolorosa. Interpretación y satisfacción, así sentí este arranque de temporada que solamente acaba de comenzar.

Domingo completo en la Pulchra

Deja un comentario

Domingo 6 de octubre, 20:00 horas. XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE), Coral de Cámara de Pamplona, Cecilia Lavilla Berganza (soprano), Maite Maruri (mezzo), Juan de la Rubia (órgano), David Gálvez Pintado (director). Obras de Koldo Pastor Arriazu (1947), M. Duruflé (1902-1986) y György Orbán (1947). Entrada gratuita.

Otro concierto en «La Pulchra leonina» con largas colas hora y media antes del inicio, otra paralela de los habituales caraduras que se ríen del resto y se cuelan sin más, programas de mano inexistentes (tan sólo el completo a 2€ donde hay erratas y tampoco figura el cambio de solistas, aunque siempre está la web del FIOCLE), pero sobre todo un concierto donde obras e intérpretes dieron lo mejor de sí.

El coro de cámara de Pamplona es una agrupación que se presentó con 23 voces (13+10) más que suficientes, bien equilibrada, afinada, empastada y bajo la dirección del valenciano maestro Gálvez sonó perfecta salvo en momentos muy puntuales donde quedó tapado por el órgano, supongo que «más lejano» desde el escenario en el crucero.

El otro protagonista del concierto fue el organista titular de la Sagrada Familia barcelonesa, un Juan de la Rubia (1982) que sacó del «bicho de Klais» (hoy con la consola frente al escenario) sonoridades nuevas, auténtica orquesta para el coro aunque el público percibiese otro equilibrio, ambientes románticos, impresionistas o contemporáneos dependiendo de la obra, pero sobre todo las improvisaciones sobre Duruflé que fueron totalmente impactantes.

El dúo solista, solamente para la obra de Orbán, afinado y discreto, algo desigual aunque con buen entendimiento en sus intervenciones conjuntas pero aprobado globalmente.

Stabat Mater Speciosa (Pastor Arriazu) es un auténtico órgano como rezan las notas al programa: «un ser vivo, un organismo multi-estructural…» jugando con voces e instrumento todo en uno, obra de nuestros días de un conocedor coral en cuanto a escritura –dirigió a la propia coral pamplonesa-, que mantiene referencias francesas atemporales y un dominio, no ya vocal impresionante donde el texto siempre permanece claro, sino en un órgano que no sólo acompaña, comparte protagonismo en cuanto a expresión superior del hermoso canto litúrgico.

Los Cuatro motetes sobre temas gregorianos, Op. 10 (M. Duruflé) e improvisaciones al órgano fueron lo mejor de la tarde, inicio gregoriano por parte de cada solista en las cuatro cuerdas, maravilla coral desde el siempre universal latín y sobre todo las cuatro improvisaciones tras cada motete a cargo del organista valenciano, «complementando el color, el significado y la honda espiritualidad de los motetes» (como bien figura en las notas al programa) arrancando aplausos pese a romper la obligada unidad de ellos, Ubi caritas de Jueves Santo que reza «donde hay caridad y amor» tornado a calidad y amor coral más la improvisación en el nuevo órgano a partir de la melodía gregoriana que voló desde cada tubo reinterpretando texto y espíritu; Tota Pulchra realmente «Toda Hermosura», contrapunto diáfano e improvisación angelical, etérea, silencios remarcando claroscuros bellísimos desde registros agudos levemente tintados de toques graves cual campanadas; Tu es Petrus, cimiento puro y duro, coro redondo y potente para dar paso a un tutti organístico de armonías impresionistas sin olvidar la fortaleza, «sobre esta palabra edificaré la improvisación»; Tantum ergo de Sto. Tomás de Aquino, poesía verbal, vocal e instrumental, adoración musical al Santísimo que tanto Duruflé como el propio Juan de la Rubia consiguen exaltar sin concesiones, nuevo gozo estético con tímbricas en «el Klais» llenas de color desde la introspección. Realmente irrepetible.

El Stabat Mater en Re del húngaro Orbán es una sucesión de números a coro y solistas donde el órgano comparte emociones dentro de una partitura neoromántica que mima las voces igual que las líneas escultóricas del gran Miguel Ángel, probablemente más apoteósico de contar con una agrupación vocal mayor, aunque el esmero mostrado por una camerística siempre resulta más cercano. El coro arranca el Stabat Mater casi plegaria musical y «lamento de la madre dolorosa» subrayada por un órgano discreto, prosigue el Cuis animam gementes para las solistas femeninas a dúo profanamente litúrgico, nuevo coro Pro peccatis en estacatos compartidos con tuberías aflautadas, nuevo solo de la mezzo antes del Eia Mater fons Amoris coral y orgánico retomando las notas al programa, Fac ut ardeat donde Cecilia Lavilla estuvo bien en los agudos -pues el grave no pudimos escucharlo-, y hermosísimo Christe a dúo con la vizcaína Maite Maruri, coro y órgano brillando todos sin destellos, finalizando un bellísimo Amen coral y orgánico, «variedad casi infinita de colores y texturas que voz y órgano ofrecen y logrando esa comunión perfecta cuando ambos se funden» porque El Verbo se hizo Música y habitó entre nosotros, organum, «herramienta» al servicio de todos los presentes, intérpretes y público.

Voces jóvenes en clave barroca

1 comentario

Sábado 5 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León, «Peregrinatio», VIII Ciclo Músicas Históricas de León: Eduardo López Banzo (clave), María Eugenia Boix (soprano), Amaia Larráyoz (soprano), Nerea Berraondo (mezzo) y Héctor Guerrero (barítono). Obras de Händel y A. Scarlatti. Entrada gratuita.

El XXX FIOCLE (Festival Internacional de Órgano Catedral de León) prosigue su andadura, esta vez incluyendo la inauguración de la temporada del CNDM que tendrá cuatro programas, el de este día de San Froilán con un delicado concierto donde mi ubicación no resultó la mejor para poder saborerar un programa delicado de cantatas dirigido desde el clave por el maestro López Banzo que nos descubría un trío de voces jóvenes seleccionadas en el II Curso de Interpretación Vocal en el Barroco Español del propio CNDM del pasado mes de marzo, además de otra de la primera edición, curso del que Don Eduardo es su director y por tanto conocedor de primera mano de esta póquer vocal del que habrá que tomar nota para dentro de poco.

Si bien el escenario volvía al lado del crucero y el lleno catedralicio me colocó lateralmente a los intérpretes, pude al menos comprobar colorido, emisión y proyección de cada cantante, aunque la reverberación impida disfrutar de los textos, tanto los cantados como las palabras del maestro López Banzo al finalizar el concierto y presentar las dos propinas.

La soprano pamplonesa Amaia Larráyoz nos interpretó la cantata Dolc’è pur d’amor l’affano, HWV 109b (Haendel) de color vocal agradable y registro central pleno, agilidades bien resueltas sobre todo en la segunda aria Se più non t’amo tras el algo plano Recitativo Il viver sempre in pene.

Me encantó la mezzo Nerea Berraondo en Leandro, Leandro, anima mia de Alessandro Scarlatti. Cual drama condensado en sucesión triple de Recitativo-Aria con un clave primoroso subrayado y apoyo de la enorme musicalidad y poderío vocal de esta otra pamplonica, color uniforme en todos los registros: un grave redondo, un medio claro y un agudo suave que tomando la letra de la segunda aria La speranza dice al core y a mi oído que estamos ante una cantante no ya barroca sino integral aunque este repertorio sea muy adecuado.

Händel volvería para ocupar el resto del concierto, primero con la única voz masculina del organista local formado en Oviedo y también barítono Héctor Guerrero, otra agradable sorpresa cantando Dalla Guerra amorosa, HWV 102a, interpretación sentida desde una técnica trabajada que todavía tiene mucho recorrido para un hermoso timbre ya homogéneo y de potencia controlada, vocalizaciones limpias, nunca atropelladas y recreándose en la partitura, músico completo siempre felizmente respaldado por la maestría del maño López Banzo.

El remate vendría con la soprano oscense María Eugenia Boix (ya «veterana» pese a su juventud, y seleccionada el año pasado) y el Menzognere speranze, HWV 131, partitura agradecida para una soprano ya madura vocalmente, capaz de sentir como suya la obra, contraponiendo caracteres distintos en el Adagio Lascia di più o la Arietta final Altra spene or non alietta con su recitativos previos igualmente diferenciados, comunicando y mandando, sintiéndose segura con ese clave que casi la llevó de la mano para un Händel esquisito.

La primera propina nos dejó un «retazo operístico» a trío femenino, ninfas y diosas, empaste vocal y de colorido antes del último trío con Héctor, Nerea y María Eugenia cerrando este peregrinaje más barroco que medieval que rezaba el programa global pasando del Auditorio de León en 2012 a la Pulchra leonina 2013 en este otro peregrinaje melómano traspasando el Pajares. Ida y vuelta porque San Froilán mandaba para los leoneses.

Sinfónico reinvindicativo

1 comentario

Lunes 23 de septiembre, 19:00 horas. Plaza de la Gesta, Oviedo: Concierto Simultáneo. Organiza AMPOS (asociación de músicos profesionales de orquestas sinfónicas). Músicos de la OSPA y Oviedo Filarmonía, Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Rossini, Mozart, G. Giménez, Luis Cobos y Benito Lauret.

Con una plaza llena en tarde de calor veraniego y humano pese al recién estrenado otoño que esperemos no resulte premonitorio, Oviedo capital musical de la que hace gala desde muchas décadas, también se sumó a esta reivindicación que es un clamor a la vista de la podadora que los gobernantes usan sin miramientos y mucha incultura amén de soberbia.

Las dos orquestas asturianas de mayor solera bajo la dirección del maestro Sánchez Velasco se hicieron escuchar con lo que saben, con La Música para todos, unidos en esta queja que no parará. No más recortes culturales ni educativos, todos queremos que la música ocupe el lugar que una sociedad como la nuestra se merece, música en la formación de melómanos, aficionados y profesionales, orquestas públicas que además de dar trabajo ofrecen su magisterio a toda la sociedad. Quitemos la venda de la ignorancia a unos políticos que sólo miran de otros países «de nuestro entorno» lo pasajero olvidando lo que realmente perdura.

Francisco Revert tomó la palabra haciendo la presentación de rigor, con multitud de agradecimientos y comenzar a las siete de la tarde este «concierto simultáneo» con la obertura de La Gazza Ladra (Rossini), una forma de llamar ladrones inteligentemente a los responsables de los desaguisados culturales que padecemos. El primer movimiento (Molto Allegro) de la Sinfonía 40 en sol menor, KV 550 de Mozart reflejó la grandeza musical y el enorme esfuerzo que requiere su interpretación para que el público disfrute, mientras los dirigentes políticos creen que no dar conciertos una vez finalizada la temporada les permite hacer contratos temporales, desconocimiento total de la profesión de músico cuyo horario es permanente y en vacaciones también se trabaja.

Jorge Martínez «Ilegal» leyó el manifiesto conjunto con pinceladas propias de su verborrea provocativa y hoy más crítico, cítrico e incisivo que nunca.

El conocido intermedio de La Boda de Luis Alonso (Giménez) es para pensar lo difícil que resulta ser músico en España, todo un sainete, y parece que volverán los duros tiempos de postguerra y bohemia donde pasaban hambre músicos y maestros de escuela.

La aportación o tributo «comercial» lo puso Todos Somos Música (de Luis Cobos) más que un slogan todo un sentimiento compartido que ya presentase en marzo pasado volviendo a utilizarse casi como himno de la propia AMPOS con ecos «peliculeros».

Gustavo Fernández Buey también tomó la palabra y nos contó el extra al programa conjunto: el toque asturiano de Benito Lauret y sus Escenas Asturianas, un Maestro de Cartagena que vivió y sintió nuestra tierra, dirigiendo la antigua Orquesta Sinfónica de Asturias o la Capilla Polifónica, impartió clases de composición y dirección en el Conservatorio pero sobre todo supo entender nuestra música popular y hacerla sinfónica, perfecto cierre de concierto con ese Pericote llanisco enlazado con nuestro himno en una joya musical que es seña de identidad sinfónica.

Excelente el trabajo del maestro Daniel S. Velasco con una selección orquestal que unida como sólo la música puede, recreó y compartió su trabajo con niños y viejos, aficionados y peatones… a pie de calle, en una plaza que debería llamarse «Plaza de la música» pues la gesta que conmemora debería borrarse del callejero junto con tantas referencias a un pasado cuya sombra planea de nuevo.

La música se hizo luz con Guillou

2 comentarios

Sábado 21 de septiembre de 2013, 21:00 horas. Catedral de León: Concierto inaugural del nuevo órgano construído por la Factoría Klais. Organista: Jean Guillou; obras de Cabanilles, Bach, Guillou y Moussorgski.

En la música, como en la vida, paciencia y perseverancia deben regir nuestro devenir aunque conlleva sacrificio, desesperanza, desánimo… y todo compensa si podemos ver realmente conseguido aquéllo por lo que tanto se ha luchado.

El organista Adolfo Gutiérrez Viejo comenzaba hace treinta años la organización de un festival internacional para el instrumento rey en su Pulchra Leonina tal vez inspirado en el Leipzig de Bach y buscando hacer llegar al público la importancia de la música más allá del culto. Claro que el instrumento de Organería Española no era el más adecuado para transmitir un amor compartido por muchos en una sociedad de provincias. Con todo, el festival fue trayendo en el inicio otoñal leonés a los mejores intérpretes, Jean Guillou entre ellos, de un órgano que nunca rendía como deseáramos. La dirección del festival pasaría a otro organista, Samuel Rubio, continuando la ardua labor de conseguir fondos para un órgano nuevo acorde con la Catedral más luminosa y bella de España. Negociaciones que llevarían en 2009 a prometer (la firma después) un instrumento nuevo que se estrenaría en la XXX edición.

Como seguidor del Festival lo fui igualmente de las vicisitudes a través de internet (prensa incluida también en la red dando puntual información) del desmontaje del viejo y adquisición del nuevo órgano fabricado en la factoría Klais en Bonn, con fotos, llegada, montaje, sus primeras notas y ¡al fin pude escuchar en vivo! en la festividad de San Mateo que marcará un nuevo hito para León, la cultura, y especialmente el órgano.

La fiesta comenzó a las cinco de la tarde con un encuentro de las agrupaciones y bandas de la Semana Santa leonesa en la propia plaza, pendones y hasta las dulzainas de la Escuela Municipal de Música. Para horror de los británicos y muchos de los presentes, la cola inicial se fue duplicando, triplicando y no digamos de caraduras que se hacen «los longuis» charlando y poniéndose delante de uno con todo el descaro. Se hablaba de 4.000 personas… lógicamente las autoridades, enchufados y clero tenían otra entrada con invitación y asiento asegurado (1.000 más a la vista de mis cuentas), mientras que al abrirse las puertas a las 20:30 las carreras y codazos para entrar me recordaban todo menos un concierto de órgano.

No hubo control ninguno para el público de a pie y pasé a «acomodarme» en una de las sillas laterales al pie de los tubos de uno de los coros, lo que pudo cambiar mi escucha global aunque no las primeras impresiones. Durante la espera pensé en el dicho «Espectáculo gratis cueste lo que cueste» y cómo no suele resultar, con lo poco que costaría cobrar 2€ (como el programa completo del Festival), ayudar al mantenimiento del instrumento que se estrenaba, y hasta evitar la «vergüenza ajena» que supuso el viaje más la larga cola de pie mientras sonaban tres horas de música procesional que no es lo más reconfortante para mi espíritu en estas fechas.

Toda inauguración y celebración lleva implícitos discursos de agradecimiento y loas, eso sí, sin mencionar costes (dicen que es de mala educación), críticas o aportaciones varias, comenzando por el deán catedralicio Eduardo Prieto, Phillip Klais, bisnieto del fundador de la factoría constructora del nuevo órgano, hablando en un castellano más que aceptable, y cómo no, Samuel Rubio como director del festival totalmente emocionado y con voz entrecortada. Curiosidad que me tocó explicar a mi vecina de localidad, el histórico pago al organero consistente en 300 litros de vino que es lo que llevaría el tubo más largo construído, evidentemente «mermado» en una botella «Magnum» de Palacio de Canedo de las bodegas del berciano «Prada a tope«.

A las 21:26 h arrancaba el concierto del veterano maestro francés Jean Guillou (Angers, 1930), con proyección bien realizada en varias pantallas gigantes repartidas estratégicamente en todo el templo -pero no sincronizada imagen y sonido- con el Tiento de 6º tono (Juan Bautista Cabanilles), todo un detalle abrir con música española. A él se debe la concepción y creación de este órgano (junto al diseño de Paco Chamorro Pascual), que en el tiento no sonó como esperaríamos pero fue tomando vida una sonoridad luminosa como las vidrieras de la catedral. Algún registro gimió pero todo estaba en marcha.

Si bien los dedos y pies del gran organista de San Eustaquio no son los de años atrás, su mente sigue joven y afrontó de memoria el Preludio y Fuga en re mayor, BWV 532 (Bach) que sirvió para hacernos una idea de las posibilidades del nuevo instrumento de acento alemán que acabará hablando cualquier idioma. Obra comprometida para manos y pies, con un preludio exigente en fraseos claros pero en especial la fuga, siendo envidiable el respeto a cada nota pero sobre todo la elección de registros que fue la de un auténtico Maestro, aunque como apuntaba al inicio, mi colocación no era la más adecuada (como ejemplo digamos que era tener descompensado el balance y escuchaba más un canal que otro, pero también tiene la ventaja de apreciar el fraseo siempre complicado de la mano izquierda). Queda aquí la copia no ya del programa sino de la disposición y tubería del órgano de Klais que con Bach alcanzó su doctorado, como era de esperar.

Otro regalo fue el estreno en España de Säya, el pájaro azul (L’Oiseau bleu, Op. 50), inspirado en un tema popular coreano, del propio Guillou, órgano contemporáneo heredero directo de Messiaen que pasó de las sonoridades y armonías barrocas a toda una exhibición de matices y registros para una hermosísima composición cual poema musical degustada en el siempre irrepetible directo, y la segunda interpretada con partitura, fiel incluso a sí mismo. No se podía pedir más al maestro francés, dándolo todo en su obra, instrumento e interpretación.

La explosión de luz y color vino con la transcripción del propio Guillou de los conocidos Cuadros de una exposición (Moussosrgski) que hicieron vibrar todo, cuerpo y alma, auténtico despliegue sonoro que convirtió esta partitura en «Música para una inauguración», todo un museo de registros al que el propio Guillou tiene acostumbrado a sus seguidores, no importa que los dedos, pies o incluso alguna combinación no funcionasen a la perfección. Cada «paseo» era una delicia distinta, un muestrario de la capacidad del tándem órgano-organista, perfecta simbiosis y recreación de la orquestación raveliana. Imposible describir la búsqueda de líneas y colores en el nuevo instrumento catedralicio que resultó todo un éxito al comprobar el perfecto funcionamiento de esta inversión para muchos años.

El remate tenía que ser una improvisación en la que Guillou es uno de los redescubridores y maestro de las nuevas generaciones. Cristóbal Halfter le entregó una breve melodía muy del estilo de ambos, que tras ser expuesta con una registración plenamente acorde al lenguaje del español, deambuló por derroteros actuales en las variaciones siempre buscando climas y clímax sonoros en los cinco teclados más el pedalero. Un incunable que seguro se grabó para la posteridad y partitura autógrafa dedicada que se llevó como presente de un concierto único, o lo que es lo mismo, otro estreno de genio.

A las 22:40 el obispo Julián López Martín tomaba la palabra para agradecer lo escuchado y vivido, recordando a Francisco de Salinas (también el propio Adolfo G. Viejo en el programa del festival:

«El aire se serena
y llena de hermosura y luz no usada
Salinas, cuando suena
la música estremada
por vuestra sabia mano gobernada»

y buscando misma etimología en culto, cultura y agricultura (como amor por la naturaleza) para que el genial Guillou también mostrase su gratitud a todos los que hicieron posible el órgano, pasando uno a uno los maestros organeros para volver a los teclados y regalarnos la Badinerie de Bach seguida de una Victory Song que clausuraba al filo de las once de la noche un acontecimiento vivido en primera persona y no podía ni quería perderme por nada del mundo.

El domingo 22 toma el relevo mi admirado lujanés (¿o luganés?) Adolfo Gutiérrez Viejo que también clausurará este XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León el 20 de octubre en un homenaje a la Asociación de Amigos del Órgano con el siempre inmenso Franck más el estreno de Vitrales sonoros de Don Adolfo en «el esperado», o si se me permite la licencia del nuevo «bicho» (que así llama mi amigo Paolo Zaccheti al del Duomo de Milán).

De bien nacidos es ser agradecidos, y él tiene más que merecido ser protagonista de un acontencimiento que lleva treinta años funcionando.

Tarantella sinfónica y más

1 comentario

Miércoles 18 de septiembre, 21:30 horas. Plaza de la Catedral de Oviedo, Tamburi del Vesuvio, Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director).

No importa el «orbayu» cuando uno lo pasa muy bien, y de nuevo felicitar al Maestro Conti por sus arriesgadas apuestas, esta vez con música de su tierra y unos músicos napolitanos encabezados por Nando Citarella, que canta (y encanta con un excelente y sentido Non ti scordar di me de De Curtis), anima, baila, lleva la percusión y hasta recordó anécdotas históricas como el enfrentamiento Saboya – Borbón antes de la reunificación italiana), con su formación de instrumentos tradicionales realmente interesantes y cercanos a nuestra tierra, una cantante de voz natural  con registros increíbles, y hasta una bailarina que completó el cuadro en un auténtico volcán de calidad, casi todas con el respaldo de nuestra OvFi «todoterreno», aunque amplificada (con lo malo que tiene), en un concierto emotivo para algunos y entretenido para el público que al finalizar todavía continuó en medio de la plaza bailando con estos artistas italianos que transmiten alegría con su música tradicional, meridional y cercana en todos los sentidos.

Incluyo directamente la crítica de Javier Neira para LNE del día siguiente, pues a las horas que llegué a casa, tras quedarme también a la actuación de mis amigos de Vuelta abajo, no era plan escribir, y menos cuando el profesional lo hace «por mí» (y mejor, Gracias Javier), dejando algunas fotos mías para el recuerdo:

La Catedral, la pequeña Italia
El maestro italiano Marzio Conti, al frente de «Oviedo Filarmonía» y «Tamburi del Vesuvio» trajo las tarantelas de su país a las fiestas ovetenses e hizo bailar bajo los paraguas

Javier NEIRA

El maestro Marzio Conti puso a la plaza de la Catedral a bailar tarantelas napolitanas al frente de su orquesta «Oviedo Filarmonía» y con la participación del grupo «Tamburi del Vesuvio». La música consiguió transformar la ovetense plaza de la Catedral en una pequeña Italia, una fiesta con reminiscencias de «El padrino» en la que sólo faltaban para completar la escena Sofía Loren o Marcello mastroianni. La alegría de la música italiana traída a Oviedo por el director de la orquesta ovetense obligó al público a quedarse a disfrutar, pese a la lluvia que empezó a caer, al principio con timidez, poco después de los primeros sones del concierto.
La actuación arrancó a las nueve y media de la noche con «Reveille toi» y después continuó con «Tarantella di Piedigrotta» mientras el público seguía el vertiginoso y contagioso ritmo mediterráneo que supera, en frenesí incluido, al sirtaki. Conti, italiano a fin de cuentas y siempre derrochando gracia y buen hacer, explicó las características de la música tradicional de su país entre pieza y pieza, poniendo el acento en las tarantelas, que son sin duda la representación de los sones más profundos del alma latina.
La velada incluyó la presentación de instrumentos tradicionales, como la zanfona, el fliscaletto o la percusión siciliana tradicional, encabezada por la tamorra.
El cantante Nando Citarella, un destacado artista en el género, encabezó a «Tamburi del Vesuvio» y el cuadro se completó con una bailarina para redoblar el efecto costumbrista, desenfadado y participativo.
En sucesivos tramos, en los que intercalaba explicaciones, Conti ofreció al público «Palummella zompa e vola», «Marechiara», «Valzer di Antoniuccio», «Pollino e a San Miche», «Magna Mater», «Non ti scordar di me», «Friscalettata», «Suite Costiera all’Avvocata» y «Naninella». Un baño de música peculiar, distinta a la que suele escucharse en la plaza de la catedral durante San Mateo, que contó por primera vez con la orquesta de Oviedo en primera línea de fuego. La catedral, con Conti, parecía ayer la pequeña Italia.

Del recital «sabandeño» de Vuelta Abajo destacar el alto nivel alcanzado por unos aficionados capaces de sonar como profesionales, abundando temas de su último trabajo, con «menos marcha» de la esperada, habiendo sido más apropiado escucharlos en un teatro o recinto cerrado, incluso con el público sentado, pero «la peña» agradeció el trabajo y cantamos abajo tanto como arriba. Hora y media de música e historias contadas y cantadas, Joaquín «Pupú» de maestro de ceremonias y la dirección musical de Javier Sabonis.

Lo dicho, altas horas y vuelta a la aldea que el día siguiente era laborable con madrugón. Todo por la música… ¡y los amigos!

Older Entries Newer Entries