Inicio

Vidas de artista

Deja un comentario

Viernes 6 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 15 OSPA: Sinfonía fantástica. Nuno Coelho (director). Obras de Messiaen, Coll y Berlioz.

Finalizaba la temporada de abono de la OSPA con un programa «potente» y tres obras de compositores cercanos en el tiempo en apenas un siglo rompedor con el denominador común en cuanto a creencias, historias, imágenes, pero especialmente sus propias vidas de artistas. También suponía la despedida de Francisco Coll (Valencia, 1985) como colaborador artístico residente estas tres últimas temporadas, y que a partir del próximo curso «se nos va» a la OSCyL antes de proseguir estrenos en Europa y EEUU de su concierto para piano con Kirill Gerstein.

En el encuentro previo junto al maestro Coelho, el artista valenciano nos comentaría cómo es esta «nueva» Lilith que ha crecido desde su estreno en 2022, la escuchada en Oviedo en abril pasado (de ahí mi duda al figurar como estreno, verdaderamente una revisión de este 2025), sus orígenes recordándonos la adolescencia donde encontró a esta «mujer fatal» en aquellos manga de sus amistades en el instituto, el profundizar con la Lilith primera esposa de Adán en los textos hebreos, su personalidad poliédrica, y que como a todo artista le seguiría rondando la cabeza, la esperada evolución hacia un poema sinfónico, bien enlazado con la «fantástica» que cerraba el concierto, «ballet sin coreografía» que no llegó a convertirse en ópera.

Esta obra en tres secciones y cinco movimientos, de aquella «Lilith nocturna» se quedaría reducida en duración en vez de convertirse en el movimiento central al que agregar los otros dos extremos, pero la duración para completarla no debería llegar a 40 minutos, «público o programadores probablemente no la soportarían» como él mismo nos contaba, el primer contrapunto de inspiración en la polifonía de Victoria, el incorporar un vals que no es habitual ni «bien visto» en los compositores actuales… . También su forma de concebir estas pinturas sonoras, pues en el valenciano su proceso compositivo va unido siempre a las imágenes, y con otras obras suyas he llegado a relacionarlo con la sinestesia pero también en su trabajo por capas, aunque en la escucha los oyentes vemos el proceso de la creación que dura lo mismo que la interpretación, siendo el director con la orquesta quien lleva todo el peso en plasmarla.

En el programa de mano el propio compositor nos describirá a Lilith, y su lectura previa (que dejo a continuación) nos ayudó a comprender y entender mejor al otro pintor, Nuno Coelho que fue coloreando los cinco cuadros cargados de calificativos: sensuales, terroríficos, seductores, tortuosos (ángeles como mosquitos), laberínticos, burlones, histéricos… en un espectacular lienzo en blanco que fue la gran orquesta «musculada» para esta clausura y nuevamente comandada por Aitor Hevia, plenamente identificada con la escritura y estilo de Coll, con una nutrida y exigente percusión donde hay dos pianos (uno afinado un cuarto de tono más alto), arpa y un orgánico que fue la mejor paleta tímbrica para estos coloridos «episodios»:

«El primer movimiento, un expresivo adagio, evoca el deseo y el miedo al mismo tiempo: celebra una unión de opuestos. Lilith habita en las ruinas tras abandonar a Adán; de estos vestigios surge la polifonía de inspiración renacentista, sus líneas afiladas y con la claridad del veneno.

El segundo movimiento se divide en dos partes. Tres ángeles describe un tortuoso laberinto en el que un batallón de tres serafines busca a la fugitiva Lilith. «Vals de la huida» es trágico y grotesco, rozando la histeria.

El tercer movimiento también tiene dos secciones. En hebreo, Lilith (Leilit) también significa «nocturna»; «Nocturna» explora este aspecto de su naturaleza. Musicalmente hablando, es un estudio del volumen, manipulando el espacio y el timbre como si se tratara de una escultura sonora. En «Euphoria», Lilith llega a la ciudad moderna y participa en una orgía salvaje, mientras las masas se dejan arrastrar por su fuerza seductora».

Excelente reescritura que pasó de un cuadro a este monumento sinfónico de Coll donde la OSPA brilló en todas las secciones y un Coelho afrontando un reto más. En abril de 2024 escribía de aquella Lilith  sinónimo de Nocturna que «parte de imágenes que a menudo pinta tras finalizarla y normalmente no retoca con el tiempo pues el momento es único (…) también hay elementos de misterio, bosques mágicos y tenebrosos (cerca de su ciudad), nieblas y densidad, aquí sonoro, también con paralelismos pictóricos en busca de texturas además de colores. La partitura tomada como instrucciones para armar los muebles de la famosa multinacional sueca que cada director monta con los elementos sinfónicos, y que en el caso de sus obras tampoco son iguales de un día para otro precisamente porque la vida es un fluir distinto cada día», ahora este mural alcanzaría dimensiones «fantásticas».

La ordenación de las tres obras pienso ha sido igualmente acertada, con el titular explicándolas antes de arrancar. También nos hizo pensar en las imágenes de Messiaen y Las ofrendas olvidadas (1930) de un entonces joven francés recién graduado, el creyente que pinta tres lienzos casi de «meditaciones sinfónicas» como las denomina la musicóloga Julia Martínez Lombó que reflejan las verdades teológicas de la fe católica: La Cruz, El Pecado y La Eucaristía. Las notas al programa analizan esta obra de juventud, «se estructura en tres episodios: Arranca con un movimiento muy lento y melancólico, una lamentación de las cuerdas que describe el sacrificio de Cristo en la cruz. Continúa con un breve episodio agitado, agresivo, desesperado y robusto, una carrera al abismo en la que destacan los fuertes acentos finales, armónicos en glissando y las llamadas de las trompetas. Concluye con la promesa de la salvación de la Eucaristía, un movimiento extremadamente lento, con una melodía enunciada por los violines sobre un manto de acordes en pianísimo». Misma paleta para otro paisaje sonoro que ayudó a preparar oídos y músicas posteriores, una OSPA cómoda en estos repertorios cercanos y poco transitados que Coelho sabe afrontar dando seguridad gracias a un trabajo minucioso de dinámicas, balances y texturas, con violines segundos protagonistas, velocidades bien encajadas por la orquesta hasta lograr el final aterciopelado.

Y nada mejor que clausurar la temporada con otro gran orquestador y francés como Berlioz, enlazando con Coll, Episodio de la vida de un artista, sueños de un joven músico, en este caso recurriendo al opio tras un desamor, y también en cinco movimientos o episodios, una Sinfonía fantástica que siempre emociona.

Misma formación con plantilla enorme para este poema sinfónico que pone a prueba cualquier orquesta, y la OSPA superó con sobresaliente este examen final de temporada en todas sus secciones y solistas. Bien empastada, nuevamente de amplísimas dinámicas y juego del maestro portuense con la agógica donde mimar cada «cuadro», detalles de calidad como el dúo del corno inglés con el oboe fuera del escenario (también las campanas), sueños y pasiones iniciales, un baile casi vienés (contrapesando el de Coll), una marcha al cadalso impresionante para llegar a un aquelarre goyesco donde los metales brillaron como nunca pero sin tapar nunca a una orquesta que llegó a junio en plena forma.

Aún quedan tres extraordinarios fuera de abono, coincidiendo dos con la zarzuela, pero que intentaré al menos despedirme con uno antes de las vacaciones bien merecidas para la orquesta asturiana, a la que deseo todo lo mejor para la próxima temporada y que se despejen dudas, se cubran plazas y continúen ofreciéndonos conciertos como este.

PROGRAMA:

OLIVIER MESSIAEN (1908 – 1992):

Las ofrendas olvidadas

FRANCISCO COLL (1985 – )

Lilith:

I. Contrapunto erótico (Adagio molto espressivo) / II. Three Angels (Allegro energico con spirito) – Vals de la huida (Presto radiant)  / III. Nocturna (Largo elastico e drammatico – Euphoria (Festoso con brio)

(*) Estreno mundial co-comisionado por la OSPA y la Toronto Symphony Orchestra (TSO).

HECTOR BERLIOZ (1803 – 1869):

Sinfonía fantástica, op. 14:

I. Sueños – Pasiones
II. El baile
III. Escena campestre
IV. Marcha al cadalso
V. Sueño de una noche de sabbat

Es Juan Carlos Calderón

Deja un comentario

Mar Norlander: «Juan Carlos Calderón ¿Quién eres tú?«. Editorial Milenio.

  • ISBN: 978-84-19884-67-1
  • 376 páginas
  • Tapa rústica con solapas
  • 150 x 210 mm
  • Colección: Música Nº 95
  • Fecha de publicación: Junio 2024
  • Precio: 24 €.

Mi generación creció con la música del Juan Carlos Calderón López de Arróyabe ​​​​​(Santander, 7 de julio de 1938 – Madrid, 25 de noviembre de 2012), un santanderino no todo lo conocido que debiera más allá de sus grandes éxitos, que fueron muchos.

Me reconozco como «omnívoro musical» y así me bautizó hace años mi admirado Mario Guada, algo que le gustó a mi querido Carlos Santos (La libreta colorá) para su programa «Entre dos luces» de RNE, y que acepto porque solo distingo, como muchos, entre la música que me gusta y la que no. Como tal, en casa guardo grabaciones de estilos y géneros muy variados, incluso pintorescos, desde mis primeros LP’s, donde en mi juventud tenía la paciencia no solo de ficharlos a máquina (mi querida compañera Olivetti Lettera 32 desde COU hasta el primer Macintosh Classic II), sino después y a mano, ir haciéndome otro paralelo con los compositores e intérpretes de cada vinilo, indicando mi referencia, conservándolo como entonces aunque los préstamos hicieron menguar mi discoteca.

Con la llegada del CD y mis primeros ordenadores, pude «digitalizarme» para realizar (sigo haciéndolo) una buena base de datos con todos los detalles, sin olvidarme la ubicación para una rápida localización. Y así fui descubriendo al teclear cada uno de los campos por mi creados, que Juan Carlos Calderón además de un excelente pianista fue mucho más que el compositor de Mocedades, Sergio y Estíbaliz y tantos otros, también arreglista, productor e incluso «descubridor» de figuras aún vigentes como Luis Miguel o Bustamante, por citar alguno.

En mi fonoteca personal hay mucho jazz, el origen de un Calderón que amaba a Bach sobre todas las cosas, pero me faltaban muchos datos para conocer una vida plena de tanta música sin etiquetas, donde también figuran bandas sonoras, y aún más su faceta poética, con letras que solo otros grandes «aguantan» su lectura despojadas de las melodías que no siempre realzan la calidad. En definitiva, pienso que J. C. Calderón fue otro omnívoro al que seguir conociendo casi 13 años después de su partida.

Mar Norlander es el nombre en las redes de otra omnívora como Mar Fernández Fernández, que al igual que un servidor teniendo apellidos «difíciles» optamos por un identificativo toponímico, y así es el de esta gijonesa de la «tierra del norte» hispano. Desde su vicepresidencia de la Sociedad Filarmónica de Gijón hemos compartido mucha cháchara descubriendo gustos similares, un pasado «oculto» en grupos variados, que como historiadora y musicóloga decidió hacer su tesis doctoral sobre Juan Carlos Calderón dirigida por la catedrática de la Universidad de Oviedo la doctora Celsa Alonso. Del enorme trabajo que ello supuso, había que reducir tantos años de investigaciones,  viajes, entrevistas y demás, para preparar un libro que al fin logró publicar en la colección de música de la editorial Milenio, objeto de esta entrada. Casi cuatrocientas páginas donde no faltan además de excelentes fotos, muchas de la propia familia Calderón, un prefacio del asturiano José Ramón Pardo, verdadera autoridad y un «pozo sin fondo» de sabiduría sobre una época que vivió en primera persona y todavía mantiene viva, el prólogo de la directora de la tesis y un emocionante epílogo de Teresa Calderón.

En el libro organizado en ocho grandes capítulos también hay que destacar el catálogo discográfico y una rica, además de amplísima, bibliografía manejada por Mar, que ya lo ha presentado nada menos que en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo el pasado verano precisamente en un curso de tres días titulado «Creadores santanderinos y cántabros: JUAN CARLOS CALDERÓN: pasión, talento y emoción» dirigido por Los Pardo, padre e hija, donde al fin parece reconocerse a un artista cántabro en su tierra pero de trayectoria internacional.

Se agradecen los libros tan bien documentados que ayudan a engrandecer figuras de nuestra vida como es este caso, incluso con una lista en Spotify© necesaria en nuestro terreno, pero también testimonios que Mar Norlander va reflejando. De las muchas citas que aparecen, quiero resaltar alguna, comenzando por la primera de Emilio Santamaría hijo, quien fuese además de gran amigo de J. C Calderón, gran conocedor de los entresijos de la industria musical española, productor y manager de grandes artistas (por supuesto de Mocedades o su hermana Massiel hasta «jubilarse» con El Consorcio, al igual que lo fue su padre), que en la introducción y una de las últimas entrevistas preparatorias del libro dice:

«Juan Carlos Calderón es un genio, yo diría que el mayor genio de la música popular que ha habido en España en los últimos tiempos. Espero que hagas un buen libro, porque se lo merece».

Página tras página podemos ir respondiendo a la pregunta de ¿Quién eres tú? y conocer desde los orígenes familiares, el jazz para el que parecía abocado pero que le formó para el resto de su carrera, las grabaciones para RNE, el camino al pop, su capacidad para adaptarse a cada artista en sus arreglos, las composiciones propias y un largo etcétera. Mar Norlander disecciona musicalmente muchos de sus temas más conocidos pero también las letras, sus producciones y el salto a los EEUU (afincado en Los Ángeles) donde muchos le perdimos el rastro aunque volvería en los 90.

Y auténticas joyas los enlaces al archivo de RTVE (grabaciones de RNE y de TVE) para poder ver y escuchar a un gran músico que este libro nos retrata como ninguno. Personalmente me encantó el apartado del capítulo 3 dedicado a Serrat que titula «Camino de Mediterráneo» que conocía en parte y desmenuzado musicalmente por Mar en un disco imprescindible donde hay arreglos del propio Calderón junto a Antoni Ros-Marbá sin olvidarnos del incombustible y gran Ricard Miralles, casi pareja irrenunciable del «Nen de Poble Sec» a lo largo de su trayectoria, pero también de Aute o de nuestro Víctor Manuel.

No podía faltar Mocedades cuando se habla de Calderón, y el propio músico confesaba, como refleja la página 192:

«Para mí Mocedades y Sergio y Estíbaliz son algo más de lo que ustedes conocen, son esa gran familia que antes de tener un nombre artístico, se reunían para cantar folk americano bajo la batuta de Don Roberto».

Ver el manuscrito de Eres tú y cómo analiza la estructura nuestra musicóloga es otra de las partes que quiero destacar del libro, acordes, letra, pero otros tantos temas que tienen la firma y estilo único del santanderino, como Tómame o déjame (con arreglos que repetiría para Secretaria), El vendedor, Los amantes o el disco de 1975 La otra España con un arreglo del 2º movimiento de la séptima sinfonía de Beethoven (Dieron las doce) y letra propia -y compartiendo grabación con Pedro Iturralde (Goizaldean)- volviendo al «Sordo de Bonn» en otro arreglo del mismo (Cuando tú nazcas) unos años más tarde (1983), así como las críticas en la prensa de los especialistas de entonces. Mocedades, Sergio y Estíbaliz, Cecilia y tantos más… incluso una grabación que atesoro entre mis «descubrimientos» de su última época:

Las referencias al mundo del jazz son también obligadas, su admiración por Bill Evans, el disco Bloque 6 con el batería Peer Wyboris y Carlos Casasnovas al contrabajo más el propio Calderón al piano, sus amistades y otras formaciones donde estaban Pepe Nieto, Vlady Bas, por supuesto Pedro Iturraralde y su hermano Javier, o los hermanos Medrano, una Big Band irrepetible (incluso su versión de Milestones que fue sintonía de aquel programa de televisión «Jazz entre amigos» del añorado Cifu), todo igualmente diseccionado al detalle por Mar, de una parte no siempre bien entendida por entonces (los primeros años 60 en Madrid) pero que es necesario conocer para comprender mejor el enorme bagaje del artista cántabro, en «La dualidad entre el jazz. y el pop» ya en los 70 que sería el mejor rodaje para unos músicos que son históricos en la música española sin necesidad de etiquetas, verdaderos omnívoros de entonces.

Cada capítulo es un recorrido puntilloso, cercano y riguroso de mi querida Mar Norlander, un repaso de tantos años a la vida del multifacético Juan Carlos Calderón, premios, alegrías y tristezas, el músico y la persona, un ARTISTA con mayúsculas del que escribe su ya biógrafa oficial: «(…) el estudio de su trayectoria artística nos desvela su pasión por la música, una gran capacidad de trabajo y una mente brillante en constante evolución que ha dejado un legado monumental, siendo artífice de la banda sonora de las vidas de varias generaciones(…)», de la mía por supuesto, ayudándome a conocer y admirar aún más a un ídolo que sigue conmigo.

 

Emociones británicas

2 comentarios

Sábado 24 de mayo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: Pablo Ferrández (violonchelo), Oviedo Filarmonía, Yue Bao (directora), Sofía Martínez Villar (narradora). Obras de Anna Clyne y Edward Elgar.

Hay días donde la música conecta aún más con las emociones, y en este último del ciclo «Los Conciertos del Auditorio» (aún queda el cierre de las «Jornadas de piano Luis G. Iberni» el miércoles 28) el programa conmovería a más de uno con un toque plenamente británico bien llevado por todos: obras elegidas, intérpretes y hasta una narradora como comentaré más adelante, que además nos dejaba unas excelentes notas al programa, enlazadas al inicio y, de donde entresacaré algunas frases por la conexión anímica que tuvo este concierto.

La compositora británica Anna Clyne (Londres, 9 de marzo de 1980) es un «raro regalo» y una «melodista radical con ojos de pintora» tal como se presenta en su página web, con un lenguaje poco común aunque actual, cercano, y muy demandada en los EEUU donde se ha afincado desde 2002 en  el estado de Nueva York, con composiciones suenan en medio mundo y también en nuestro país, acaparando multitud de premios en su trayectoria. Oviedo disfrutó con su Within her arms -Dentro de sus brazos- para orquesta de cuerda (2009) que resultó maravillosa gracias la directora china, nacionalizada estadounidense, Yue Bao y 15 músicos (tres por cuerda) ubicados de forma particular para jugar con unas sonoridades y texturas que expresaron lo que esta obra intenta reflejar: enfrentarse al vacío que nos deja la muerte de un ser querido, llegando aquí tantos recuerdos, como bien escribe Martínez Villar: «(…) dedicada a su madre, fallecida en 2008. Es una obra para orquesta de cuerdas en la que las voces de los instrumentos se van entrelazando, como los abrazos. La sonoridad invita a la meditación y, aunque hay momentos en los que se percibe una música más desgarradora y desbordante, la melodía y armonía mantienen la compostura porque Clyne pretende conmovernos sin que perdamos la entereza. Por esa razón, se inspiró en un poema del escritor y monje budista Thích Nhất Hạnh titulado Mensaje, que trata de comunicarnos el amor a la vida y la serenidad hacia la muerte», auténticos abrazos con los tres contrabajos en el centro de sustento acústico y sentimental perfectamente expresado en las notas y aún mejor en la interpretación de esta cuerda elegida con una sonoridad impagable y las manos maestras de Bao, ya apuntando lo que vendría a continuación.

Probablemente el Concierto para violonchelo de Elgar esté entre los preferidos de todo melómano, en parte gracias a Jacqueline Du Prè de quien escribía precisamente el pasado miércoles al escucharlo en Gijón por uno de los jóvenes premiados. Si además el solista es el madrileño Pablo Ferrández (1991) nuevamente las emociones brotan a flor de piel desde la primera vez en 2013 que le disfruté en Oviedo con la OSPA, donde ha vuelto en numerosas ocasiones, incluso con este mismo concierto, ahora  debutando con Oviedo Filarmonía (OFil) que, como al cellista, les he visto crecer a lo largo de estos años, y en este «fin de curso» puedo presumir de seguirles. Sumémosle una dirección de Yue Bao elegante, académicamente clara y precisa, excelente concertadora, por lo que la interpretación resultó un lujo para todos los asistentes que casi llenaron la sala principal del auditorio ovetense.

El sonido de Ferrández es poderoso, limpio y pulcro, con unos agudos siempre presentes pero especialmente su musicalidad, alcanzando una interiorización de este concierto que lleva años interpretando y ha conseguido «hacerlo propio», matizado al detalle, fraseando con «su» Stradivarius-Archinto (1689) como si de la voz humana se tratase, y así lo entendió igualmente Bao que también está dirigiendo repertorio operístico. Cuatro movimientos a cual más personales y emocionantes, sobre todo un Lento que hace brotar alguna lágrima por el dramatismo y hondura. La OFil sigue su ascenso en calidad, y sobre las tablas se ha afianzado como la orquesta dúctil que se amolda a todo repertorio y dirección, esta vez logrando un sonido británico, como no podía ser menos, con una cuerda aterciopelada, igualada, bien equilibrada, sin olvidarme del viento y los timbales, con Yue Bao siempre respetando al solista para redondear un Elgar que se queda en mi recuerdo.

No podía faltarnos el regalo de Bach con la Sarabande de la Suite nº 1 para seguir disfrutando de mi tocayo, maduro, pleno musicalmente y un cello de sonido rotundo (sólo roto por las toses que no faltan) fraseando, ornamentando y sintiendo a «Mein Gott» como uno de los grandes solistas del instrumento, tras el «pionero» Casals, el actual Ferrández.

Al leer en el programa que las Variaciones «Enigma» incorporaban narradora, no esperaba el resultado final, pues leía en la prensa esta misma semana que se trataba de un proyecto de divulgación musical para escolares de todas las edades el viernes asistiendo al ensayo general del concierto de este domingo, y abierto también al público con el título «Música y Enigma», una apuesta por hacer cantera de melómanos. El «alma» del proyecto era la doctora en Teoría y crítica de las Artes, así como especialista en formación del oído musical y divulgadora de la música clásica, Sofía Martínez, que al empezar la segunda parte nos contaría parte de lo escrito por ella en el programa de mano titulado «Los recuerdos como enigma del alma» (recomiendo leerlo) pero dándonos algunas pistas más: el ritmo de corcheas (éduard) y negras (el-gar) presente a lo largo de toda la obra, los solistas que participarían en las distintas variaciones (viola, cello, clarinete…), los avatares vividos por un trabajador e incomprendido Elgar, sus duros inicios, un matrimonio no bien visto… hasta cantándonos el tema que desarrollaría el compositor para hacerle finalmente el mejor y mayor exponente de la música de su país, llegando a otorgársele el título de Sir (y a su esposa el de Dame), y dejándonos para el final la posibilidad de descifrar el Enigma Elgar.

Mas una vez arrancada la obra, serían las diapositivas proyectadas cual PowerPoint© donde la música era en directo con el añadido de las fotografías de los destinatarios en cada variación, con sus nombres, iniciales y fotografías, comentarios enriquecedores de lo que sonaba en cada momento que ciertamente ayudaron a entender aún más esta página de este amante de los acertijos que dedicó esta conmovedora obra «a mis amigos retratados». Sin apenas pausas entre las 13+1 variaciones (Elgar también era supersticioso), la maestra Bao fue sacando de la OFil lo mejor de ella, unas variaciones ricas en matices, planos sonoros, la sonoridad tan británica que tenemos «en casa», con todas las secciones empastadas, equilibradas, contando con alumnado del CONSMUPA reforzando y aprobando con nota este examen que es una experiencia total para ellos (los siguientes profesionales en nuestras orquestas y bandas), emociones para músicos y público donde los textos ayudaban a escuchar aún mejor. Rubén Menéndez cual la viola de Ysobel (variación VI), el cazador Jäger (variación IX) o Nimrod, que volvía a emocionarme como siempre con esa conversación sobre «la Patética» de Beethoven, pero igualmente la del tartamudeo de Dora Penny que me evocaba «El discurso del rey» (bravo por las maderas con Inés Allué y su «cita» al mar de Mendelssohn, en la variación XIII, junto a la percusión), o su fiel amigo y violonchelista el B. G. N. (en la variación XII) este sábado personificado por Guillermo L. Cañal. Iniciales con nombres y apellidos, con rostros y mucha música que disfrutar con los cinco sentidos más allá del oído.

La vallisoletana Sofía Martínez Villar «daba en el clavo» al finalizar sus notas, que reflejan el sentir de un concierto plenamente british con «un programa muy emocionante que escuchado en directo nos permitirá revivir nuestros propios recuerdos y conectarlos, quizá, con nuestros propios enigmas». ¿La respiración y/o el silencio del público durante el concierto? preguntaba la gran pantalla al finalizar, pero evidentemente no, pues teléfonos y toses siguen siendo una vergüenza que no parece tener remedio y debemos seguir soportando. Pero para mí ¡EMOCIÓN! es la respuesta al enigma de Elgar.

PROGRAMA:

Primera parte

Anna Clyne (1980-)

Within her arms, para orquesta de cuerda

Edward Elgar (1857-1934)

Concierto para violonchelo en mi menor, op. 85:

I. Adagio; Moderato
II. Lento; Allegro molto
III. Adagio
IV. Allegro; Moderato; Allegro, ma non troppo; Poco più lento; Adagio

Segunda parte

Variaciones sobre un tema original para orquesta, op. 36 «Enigma»

Tema. Andante

I. L’istesso tempo “C.A.E.”

II. Allegro “H.D.S-P.”

III. Allegretto “R.B.T.”

IV. Allegro di molto “W.M.B.”

V. Moderato “R.P.A.”

VI. Andantino “Ysobel”

VII. Presto “Troyte”

VIII. Allegretto “W.N.”

IX. Adagio “Nimrod”

X. Intermezzo: Allegretto “Dorabella”

XI. Allegro di molto “G.R.S.”

XII. Andante “B.G.N.”

XIII. Romanza: Moderato “* * *”

XIV. Finale: Allegro Presto “E.D.U.”

Apoyando el talento joven

Deja un comentario

Miércoles 7 de mayo, 19:30 horas. Iglesia de San Tirso El Real, Oviedo: La Castalia: In memoriam. Obras de Bach, Mozart y Montero Rey.

La asociación ovetense lleva muchos años formando y ofreciendo oportunidades a muchos artistas, alguno de ellos ya incorporados como profesionales a un mercado siempre difícil y aún más en lo profesional, con cursos, conciertos y estrenos varios que a menudo he reflejado desde estas líneas. Y nuevamente hay que agradecer a La Castalia que dirige la incombustible Begoña García-Tamargo otra nueva oportunidad que además servía de tributo a la memoria del recientemente fallecido  Leoncio Diéguez Marcos (Palazuelo de Órbigo, 20 de marzo de 1941 – León, 27 de abril de 2025) de quien la profesora de canto hizo una breve y sentida semblanza, pues coincidieron en el Conservatorio de la Corrada del Obispo, destacando la gran labor del sacerdote y músico leonés en Asturias que aún está por escribir.

En honor de Don Leoncio, el joven compositor gallego Teo Montero Rey (A Coruña, 2025), ganador del Primer Premio del Intercentros Melómano – Premio de Composición Fundación SGAE, estrenaba su Missa Brevis en sol menor con un plantel de músicos de su generación que volvieron a mostrar un amor por la música y una entrega que emocionó a los asistentes a este concierto «In Memoriam».

Antes del estreno, los instrumentistas, que participarían posteriormente, se organizaron para ofrecernos tres páginas de algunos compositores eternos: dos de Bach «padre de todas las músicas» y una de Mozart, «el niño prodigio» que no creció y siempre asombra.

Uxue Zabala (flauta) y Muriel Antolí (cello) interpretaron el Andante y Allegro de la Sonata en do mayor BWV 1033, siempre exigente técnicamente y con un buen entendimiento entre ambas instrumentistas.

A continuación un dúo de clarinetes formado por Alicia Martínez y Juan Diego que ofrecerían el Dúo Concertante I de Mozart, impecable y asombroso cómo el genio de Salzburgo escribió para todos los instrumentos manteniendo un lenguaje inimitable que los jóvenes transmitieron con seguridad y un sonido rico ayudado por la siempre agradecida acústica del templo asturiano de San Tirso.

De las seis suites para cello de Bach, el irrepetible Pau Casals que tanto ayudó a divulgar la obra del kantor, decía desayunar una hasta el final de su longeva vida. Y la dificultad técnica siempre las hace plantearlas como todo un reto que nunca se logra. Pero eso no impedirá seguir trabajando, estudiando y tras una vida de sacrificios llegar a interiorizarlo y sentirlo, así que Muriel Antolí tuvo el arrojo de elegir el Preludio y Giga de la Suite nº 3 BWV 1009, no alcanzar la cima en el primero pero afrontar la segunda con ese aire de gaita con un instrumento de potente sonoridad y la entrega de esta valiente violonchelista, que como al resto de compañeros, tocar en público es parte de un aprendizaje que nunca termina.Para el estreno se unió el grupo instrumental anterior aunque con Alicia Martínez sumándose a las segundas voces del coro joven (dejo al final a los componentes), con tres voces por cuerda en las voces blancas y cuatro en las graves , más la soprano solista, natural de San Felices Buelna, Noive Solar (a quien La Castalia ya me descubriese en dos de sus funciones y que cursa estudios en el Conservatorio ovetense) dirigidos todos por el compositor Teo Montero. Esta misa breve suya en latín usa del ordinario el Kyrie, Gloria, Sanctus y Agnus Dei, con una instrumentación «ad hoc» que aunque sugiera sonidos del órgano (y bien podría hacerse la transcripción para él) su tímbrica propia y fraseos que da el trío elegido ayudaron tanto al coro como a la solista, con partes instrumentales bellísimas, y melodías tanto en la flauta como en el clarinete, también a dúo, manteniendo una unidad estilística en los inicios de cada parte -especialmente en el Sanctus– no solo de aires franceses (con perfume de Fauré) sino también pensando en las tesituras de todos al elegir la tonalidad de sol, en modo menor para esta obra, con partes en homofonía y otras en contrapunto, siempre respetando la inteligibilidad del texto y el subrayado instrumental de las cuatro partes, especialmente de un cello siempre presente y poderoso en sonoridad.

Volvió a sorprenderme la soprano cántabra que no tuvo problemas de volumen en ningún momento, poderosa pero igualmente matizada, buena dicción, excelente proyección y capaz de defender con profesionalidad esta nueva partitura de Montero Rey, que a buen seguro seguirá regalándonos mucho más repertorio. Aplauso para el coro de cámara muy afinado, seguro, empastado, que se plegó a las exigencias de la obra y compositor, con un par de excelentes bajos siempre bien arropados por el cello, matizando y dialogando con la solista.

Una tarde de emociones y estreno gracias a esta prometedora gente joven que me reconcilia con su generación y recuerda lo importante que es el esfuerzo individual, el trabajo colectivo y la labor docente para seguir dando oportunidades y formando personas como músicos en el amplio sentido de la palabra, como hizo tantos años Don Leoncio Diéguez y sigue haciéndolo Begoña García-Tamargo.

CORO:

Mujeres I: Beatriz Pérez, Sonia Arango, Vania Revilla

Mujeres II: Alicia Martínez, Covadonga Martínez, Elena Lucas

Hombres: Adrián Villa, Antón Martínez, Daniel Vidal, Martín San Miguel

Músicas rompedoras

2 comentarios

Viernes 4 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono 10 OSPA, Jacob Kellermann (guitarra), Francisco Coll (director). Coll dirige Coll, obras de Honegger, Coll y Sibelius.

La temporada de la orquesta asturiana avanza ya hasta el décimo con la vuelta del valenciano Francisco Coll (1985), el «compositor que dirige» como se definió en el encuentro previo, en compañía de Fernando Zorita, quien nos daría unas «pinceladas» del décimo programa de abono.

Con una asistencia que comienza a ser preocupante, por no decir desoladora, el concierto era de lo más interesante por las obras elegidas: rompedoras (todas lo son en su momento) y cercanas para nosotros aunque manteniendo el orden casi trasnochado de obertura, concierto y sinfonía.

No es habitual programar a Arthur Honegger (encuadrado en el llamado Grupo de Los Seis) en concierto pese a lo innovador de su producción, y Coll eligió para abrir boca y «calentar» Rugby, una obra no basada en un programa previo aunque parece que pretendía experimentar durante su composición y tratar de plasmar lo improvisatorio e inesperado de un encuentro deportivo. Cierto que hay un regreso continuo al tema central muy melódico (la orquestación es merecedora de análisis por los instrumentos elegidos) desde su libertad compositiva y rico en los cambios rítmicos para una OSPA sin percusión y nuevamente con Aitor Hevia de concertino sonaría rotunda, ensamblada, en cierto modo virtuosística porque necesita no solo técnica sino sonoridad global que el artista valenciano alcanzó, con una versión más allá del propio título, mejor llamarlo simplemente «movimiento sinfónico» como finalmente sería el tercero, tras Pacific 231 y  este Rugby que personalmente pareció preparar la obra siguiente donde en 1976 (mi Viaje de Estudios de COU) descubrí en los laterales del seco paseo del río Turia campos de fútbol ¡y de rugby!.

Y el polifacético artista Francisco Coll llevó a una OSPA casi camerística (por la plantilla) junto al guitarrista sueco Jacob Kellerman, quien estrenaría Turia (2017) en su país, por un cauce bien controlado. Obra encargo de Christian Karlsen y el Ensemble Norrbotten NEO, el valenciano ya nos comentó en el encuentro que se inspiró en sus paseos al bajar a Valencia por el paseo ajardinado del río (hoy muy distinto de aquella mi primera visita adolescente), pues el fluir parecía estar empujándole a plasmarlo musicalmente.

No hay inspiración en su paisano Joaquín Rodrigo con el inmortal Concierto de Aranjuez sino más bien desde un folklore siempre presente en cualquier música desde la prehistoria, y que el compositor calificó como «Flamenco ilusorio», evocaciones de las luces y sombras donde su otra faceta de pintor parece mirar a su paisano Sorolla. Una guitarra bien amplificada fue trazando con un mayor «ensemble OSPA» estos paisajes atemporales y eternos, la invernal fría noche sueca pisando el agua congelada con los músicos que la estrenaron desde una evocación de la España que nuestra guitarra ha universalizado, pero con guiños variables en los estilos. Y en toda obra actual la percusión da color a las composiciones (aún más en el pintor compositor Coll): el piano de Francisco Escoda más visible que audible pero sobre todo el tándem Casanova – Revert, cajón (peruano hoy llamado flamenco gracias a Paco de Lucía y Rubem Dantas, posteriormente el «franco-avilesino» Tino di Geraldo): güiro, platillos, castañuelas, temple blocks o láminas con arco que son como pinceladas junto a los recursos guitarrísticos de rasgeos, punteos, armónicos… con una orquesta que entiende como pocas las obras de nuestro tiempo y mejor aún cuando es el propio compositor quien las lleva a buen puerto. Un Turia que fluye limpio, seguro y bien encauzado.

Del propio Coll el guitarrista Kellerman nos regalaría, con el compositor sentado delante de la percusión, una obra para disfrutar de una musicalidad y sonido entroncado con el concierto anterior pero ampliando el repertorio solista del instrumento español y universal.

Sibelius suele ser buena piedra de toque para toda orquesta, y la primera sinfonía del finlandés nos volvería al norte europeo tras la luz mediterránea, orquesta completa con todas las secciones a pleno rendimiento. De nuevo la cuerda rigurosa, rica en dinámicas, remando junta, con primeros atriles y arpa inmensos, una madera en estado de gracia desde el clarinete inicial, unas lengüetas homogéneas en los dúos y líricas en sus solos, unos timbales seguros y sobre todo unos metales poderosos, afinados, pletóricos brillando en los nórdicos cielos grises, trompas afinadas junto al trío de trombones y tuba verdaderamente «orgánicos» que me transportaron al monumento que Sibelius tiene en Helsinki en un paseo kilométrico.

PROGRAMA

ARTHUR HONEGGER (1892 – 1955):

Rugby, H.67. Movimiento sinfónico nº 2 (1928).

FRANCISCO COLL (1985 – ):

Turia: Concierto para guitarra (vers. guitarra y orquesta de cámara).

JEAN SIBELIUS (1865 – 1957):

Sinfonía nº 1 en mi menor, op. 39

I. Andante, ma non troppo – Allegro enérgico

II. Andante, ma non troppo lento

III. Scherzo: Allegro

IV. Finale (quasi una fantasía): Andante – Allegro molto

Faltaron velas

1 comentario

Miércoles 2 de abril, 20:00 horas, Teatro Jovellanos, Concierto conmemorativo 117º aniversario de la Sociedad Filarmónica de Gijón (1908-2025) (número 1697): Noelia Rodiles (piano), Cosmos Quartet, Mariona Mateu (contrabajo). Obras de Liszt, Haydn, Adès y Schubert.

Hoy celebrábamos un cumpleaños musical en Gijón donde hubo «anécdotas» que podría equiparar a olvidarse la tarta, las velas, o peor aún el mechero para encenderlas, debiendo buscar en la otra punta de la ciudad (desconozco si en coche, moto o bicicleta), y para no «quedarnos a dos velas» se buscó una piñata para no detener la fiesta, y de la que caerían más regalos de los esperados, alargando la celebración hasta pasadas las 22:30 horas. Pero vamos con la crónica de este 117º aniversario.

Para ponernos en situación copio de las notas al programa de Ramón Avello, compañero de profesión, crítico y personalmente el mejor cronista de la Sociedad Filarmónica de Gijón, de la que ha sido presidente, continuando en la actual junta directiva:

«El 2 de abril de 1908 en el foyer o vestíbulo principal del antiguo Teatro Jovellanos, situado en el solar que hoy es sede de la Biblioteca Pública de Gijón, se constituyó la Sociedad Filarmónica Gijonesa. Contaba en aquella fecha con 269 socios promotores, que eligieron ese día a la Junta de Gobierno de la Filarmónica, con Domingo de Orueta y Duarte como presidente y Diego Murillo en el papel de secretario. Los ideales de la Filarmónica, no muy diferentes a los actuales, eran proporcionar a sus socios la mejor música por los mejores intérpretes; promover la música de cámara, de instrumentos solistas y de lieder, dejando al margen géneros como la ópera y la zarzuela, y promocionar la música española, tanto en sus intérpretes como en sus compositores.

Hoy se cumplen exactamente los 117 años del nacimiento de la Filarmónica de Gijón. La labor cultural ininterrumpida de esta sociedad se puede resumir en 1697 conciertos, contando el último: el que interpretan esta tarde Noelia Rodiles con el Cosmos Quartet y la contrabajista Mariona Mateu».

Manteniendo el espíritu original abría este concierto la pianista Noelia Rodiles (Oviedo, 1985), que nos interpretaría dos Lieder de Schubert en la transcripción que hiciese Liszt, quien como toda sociedad filarmónica, ayudaría a promover y dar a conocer las obras de músicos como su admirado y  malogrado vienés, desde unas «versiones» que son recreación sin voz desde un virtuosismo al alcance de pocos, y Rodiles lo demostró con los dos elegidos: la célebre «Serenata» que muchos conocimos tanto sola como cantada (el cuarto de la colección recopilatoria El canto del cisne D. 977), con el piano siempre fiel a la melodía, y la hermosísima «Margarita en la rueca» (Gretchen am Spinnrade) D. 118, tejiendo al piano casi un hilo de oro delicados con unos graves intensos y la expresividad innata de la «avilesina» que nunca defrauda.

Colocadas sillas y atriles para las tabletas llegaba el Cuarteto Cosmos con el gran Haydn y su Cuarteto en re mayor (1793), utilizando este género para expresar y volcar sus ideas, escribiendo 68 donde desarrolla este nuevo estilo camerístico donde los cuatro instrumentos tienen igual importancia, y los catalanes así lo entendieron. Este cuarteto aunque compuesto en Viena se pensó para el violinista, empresario y amigo de Haydn el británico Johan Peter Salomon, quien en la Real Sociedad Filarmónica de Londres marca el inicio y espíritu de tantas como la propia gijonesa. Cuatro movimientos aplaudidos cada uno por un público que parecía estar inaugurando la sociedad en el siglo pasado, bien delineados los temas, con los tiempos elegidos para escucharse todo, un Allegro bien desarrollado y especialmente el Menuetto enérgico.

Y deben seguir programándose obras de autores actuales, caso del londinense Thomas Adès (1971) de quien El Cosmos eligió su Arcadiana (1994) estrenado en el Festival Elgar de Cambridge y que pese a la referencia a los paisajes paradisíacos a lo largo de siete movimientos, su lenguaje atonal aunque buscando efectos y elementos bien explicados perfectamente por Avello en las notas, pero comenzaron las sorpresas del cumpleaños. No sé si el agua veneciana (o el orbayu en e exterior), el «tango mortal» o directamente la «pérfida Albión», con tanto glissando, tirar de las cuerdas, la fuerza e ímpetu que los cuatro imprimían en cada movimiento, poco cercano a un esperado «idilio sonoro», se rompía una cuerda del chelo de Oriol Prat.

Tras la incertidumbre estaba claro que no podía reanudarse, pues cambiar una cuerda lleva su tiempo y más si no se trae de repuesto, así que se adelantó el descanso. Mas no llegaba a tiempo para reanudar la segunda parte, así que llegó la inesperada «piñata» y el verdadero regalo de Noelia Rodiles, anunciando por megafonía que nos interpretaría junto a Lara Fernández dos romanzas sin palabras de Félix y Fanny Mendelssohn, también presentadas cada una de ellas. Es difícil interpretar obras no preparadas para la ocasión, pero Noelia es una profesional y nos dejó del segundo libro de las conocidas como romanzas sin palabras de Félix Mendelsshon, primero la opus 30 nº 7 en mi bemol mayor, y después la opus 30 nº 6 en fa sostenido menor, Barcarola que parecía retrotraernos de la Venezia nocturna de Adés. Dos páginas que como en el Schubert de Liszt hacen cantar el piano con la voz inconfundible de la asturiana, fraseos claros, rubatos sin exagerar y la musicalidad característica de la pianista que comenzó a formarse en el Conservatorio Julián Orbón de Avilés.

Lara Fernández se uniría con igual profesionalidad para sumar su viola con dos canciones de la hermana e igualmente gran compositora e intérprete Fanny Mendelsshon: la conocida Canción de primavera op. 62 nº 6 en la mayor, el diálogo de la voz femenina en la cuerda más cercana a ella, y Schwanenlied (canción del cisne), opus 1/1, también conocida y muy versionada, que pareció otro premio más de esa piñata no esperada pero traída en las ya habituales tabletas (al menos venían bien cargadas).

Aún no estaba preparado el quinteto, así que el inesperado «Dúo Rodiles-Fernández» prosiguieron una especie de Gijonada (cual Schubertiada gijonesa) tirando de recursos como «cantar» Die Forelle D. 550 (sin la letra de C. F. Daniel Schubart) e intentando preparar el quinteto homónimo. Pero difícil sin ensayar y con algún contratiempo o falta de entendimiento en las repeticiones y cantos, al menos el esfuerzo se puede considerar sobrehumano para cualquier músico, y esta trucha parecía estar escabechada o ahumada, aunque comestible.

Seguía la espera pero la música no pararía, y de nuevo una canción sin palabras, el Liebestraum nº 3 (Sueño de amor) de Liszt, mucho mejor dadas las circunstancias, con un entendimiento por parte de Noelia que da la experiencia, más un canto de Lara bien sentido, dejándonos este regalo extra de una piñata a la que aún se debía sacudir, pues eran las 21:42 y no llegaba a tiempo la cuerda del cello (colocarla, atemperar y afinar antes de la última obra prevista).

Noelia Rodiles volvió a rebuscar en la tableta y prosiguió la fiesta con su Schubert querido, trabajado, estudiado, capaz de detener el tiempo y hacer de la espera virtud. El Andante sostenuto de la Sonata nº 21 en si bemol D960, fue un portento de emoción, sabiduría, talento, limpieza, generosidad y profesionalidad para dejarnos con ganas de seguir escuchándola, pero al fin llegaba una trucha del día, casi saltando del río Piles en el Quinteto con piano en la mayor D. 667, marchando Helena Satué (que estuvo de primer violín la primera parte) e incorporándose el contrabajo de Mariona Mateu.

Diez minutos recolocando sillas y atriles para este valiente quinteto en los tempi,  bien ajustados y encajados todos, con el peso del grave bien balanceado, los momentos de la cuerda frotada muy ricos en matices, protagonismo compartido con las cristalinas contestaciones del piano, «tirando, un Scherzo brillante, las variaciones sobre el lied cantadas por todos valientes, en el aire, encajadas a la perfección sin perder el aliento hasta poder soplar las imaginarias velas del Finale como si fuese el «cumpleaños feliz» en el tiempo justo, a las 22:30 horas de este 117º cumpleaños, muy aplaudido, donde sin tarta ni velas los regalos fueron generosos (impagable mi querida Noelia Rodiles) e inesperados, como en toda fiesta que se precie, y aún más en la Sociedad Filarmónica de Gijón.

¡Y que cumplas muchos más!

PROGRAMA:

Primera parte:

Noelia Rodiles (piano):

Franz LISZT (1811–1886)

Lieder de Franz Schubert, S. 558:
Ständchen, nº 9
Gretchen am Spinnrade, nº 8

COSMOS QUARTET: Helena Satué, violín – Bernat Prat, violín – Lara Fernández, viola – Oriol Prat, violonchelo:

Joseph HAYDN (1732–1809)

Cuarteto de cuerda en Re mayor, Op. 71, nº 2 (Hob.III:70):

  1. Adagio – Allegro
  2. Adagio cantabile
  3. Menuetto. Allegro – Trio
  4. Finale. Allegretto

Thomas ADÈS (1971)

Arcadiana, Op. 12

  1. Venezia notturna
  2. Das klinget so herrlich, das klinget so schön
  3. Auf dem Wasser zu singen
  4. Et… (tango mortale)
  5. L’embarquement
  6. O Albion
  7. Lethe

Segunda parte:

Noelia Rodiles (piano), Bernat Prat (violín) – Lara Fernández (viola) – Oriol Prat (violonchelo) – Mariona Mateu (contrabajo):

Franz SCHUBERT (1797–1828)

Quinteto con piano en La mayor, D. 667, «La trucha»

  1. Allegro vivace
  2. Andante
  3. Scherzo. Presto – Trio
  4. Tema con variazione. Andantino
  5. Finale. Allegro giusto

Enología musical

Deja un comentario

Jueves 20 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Paul Lewis (piano). Obras de Beethoven, Larchner y Schubert. Fotos propias y ©Kharkiv Music Festival.

Tras los conciertos y conferencia vividos en Granada con la integral de las sonatas para piano de Schubert, el pianista británico Paul Lewis (Liverpool, 20 de mayo de 1972) regresaba a Oviedo tras su concierto del 26 de noviembre de 2014 (con las tres últimas sonatas de Beethoven), un estreno del austriaco Larchner y por supuesto el Schubert que no puede faltarnos.

Para un pianista cumplir años es como para el buen vino, y Paul Lewis es ya un «Gran reserva» que destila cada página que afronta, incluso engrandeciendo la misma aunque la interprete muy a menudo. Y además se convierte en el enólogo que crea vinos o un sumiller que nos hace degustar y saborear el vino por él elegido. Así la Sonata n° 5 de Beethoven fue un buen blanco para abrir boca, un excelente caldo lleno de contrastes en boca (y oído), comenzando con aromas brumosos (Allegro molto e con brio) que agitándolo antes de llevarlo al paladar (Adagio molto) sería dulce pero no empalagoso, resbalando con suavidad, y el último trago bien decantado (Finale. Prestissimo) nos dejaría con ganas de volver a llenar la copa, pues el británico es capaz de utilizar esta sonata joven para preparar el siguiente «vino de autor».

Siempre es emocionante asistir a un estreno absoluto, más con la Sonata para piano de Thomas Larcher (Innsbruck, 16 de septiembre de 1963), interpretada por su destinatario, Paul Lewis, un encargo de Chamber Music in Napa Valley en memoria de Maggy Kongsgaard, viticultora de ese valle junto a John Kongsgaard y fundadores de la californiana Bodega Arietta en Oakville (EEUU). En las notas al programa de mi siempre admirado Luis Suñén escribe del pianista y compositor austriaco que «(…) compuso en 2019 la obra Movimiento para Paul Lewis. Satisfecho con el resultado, decidió expandir ese movimiento y crear una sonata. Así, la nueva sonata incluye material de la pieza de 2019, pero se trata de una obra completamente nueva» cuyo estreno mundial tuvo lugar esta noche en Oviedo. También cita al propio Larcher:

«De vuelta a mis raíces
De vuelta al piano donde todo comenzó.
¿Qué es un pensamiento, una idea, un invento?
¿De dónde proviene la corriente de su desarrollo y qué la alimenta?
¿Qué es una idea? ¿De dónde procede? ¿De quién fueron las ideas que desencadenaron las mías? ¿Y de quién las suyas?
Al componer, uno es una interfaz en un circuito infinito e interminable de conexiones. ¿Dónde ir? ¿Dónde dejarse llevar?
¿Dónde se enciende la luz?»

Inmensa, en todos los sentidos, esta sonata del pianista y compositor austríaco, que personalmente fue como un piano que se hubiese empapado de toda la música que en él hubiese sonado y fuera destilando nota a nota cual trabajo de enología musical, y es que como respondiese mi amigo Juan Antonio Fernández de Bodegas Liberalia ( gran melómano que toca el violín a sus viñedos) a la pregunta de su enólogo «quiero vino que sepa a vino». Lewis con la partitura en una tablet sobre el atril, fue paciente y estudioso de cada detalle, con el paladar bien preparado tras el «blanco» antes de beberse esta cosecha para él plantada. Comentar que en música Crotchet se traduce como puntillo, alargar a una figura la mitad de su valor. El primer movimiento toma este nombre pero personalmente me sonó a coral luterano, casi bachiano, con una escritura «clásica» de tonalidades superpuestas, disonancias muy trabajadas junto a la fuerza del Beethoven previo bien colocado antes de esta sonata de piano que literalmente podría ser como «hacer sonar el piano» por todos los recursos utilizados, desde unos pedales que mezclaban esos aromas o tocando cuerdas apagadas en el arpa de la caja acústica. Más que una broma el  Scherzo, dotted crotchet, siempre con la indicación metronómica (= c. 70) tras el título y el título de «negra con puntillo» continuó con la experimentación tímbrica pero manteniendo aromas franceses (la evocación californiana de los viñedos galos transplantados) y hasta húngaros –Ravel con Ligeti como tipos de uva-, arpegios como lágrimas del vino corpóreo en copa, vidrio cristalino del piano rico en colores. El homenaje al siempre recordado pianista alemán fallecido en 2022 con 51 años volvía a retrotraerme a la fragilidad de la vida, la pérdida del gran pianista «caído antes de tiempo» (Fallen out of time, for Lars Vogt, Andante, crotchet = c. 66), cuerpo y alma, recuerdo y homenaje, multitud de sentimientos que transcienden los cinco sentidos pero con el tacto (y trato) delicado de Lewis capaz de elevar los decibelios sin aparente esfuerzo físico. Y para concluir la sonata una Toccata, Allegro, crotchet, organismo pianístico donde hubo un despliegue de sonidos buscados al detalle con clusters, punteos en la caja acústica y hasta puños o brazos sincopados sin perder un ritmo de subdivisión ternaria endiablado y hasta optimista tras los tres anteriores anteriores, destilando casi otra historia guardada en el piano. Un estreno mundial que podremos presumir de haberlo probado los primeros y que permanecerá en nuestra memoria auditiva como si fuésemos catadores musicales.

En Granada Lewis cerraba el «Ciclo Schubert» el 3 de julio en el Patio de los Arrayanes con esta sonata de la que escribí: «(…) con el lirismo sereno «que representa a la perfección las «divinas longitudes» schubertianas de las que habló Schumann», tristeza sin amargura y rebelión ante los augurios del último aliento. Las notas graves pintando sombras sobre las que los trinos son de negros córvidos que al levantar el vuelo parecen ruiseñores, Lewis abriendo y cerrando todos los sentimientos contenidos en la última sonata. Siempre me decanto por los tiempos lentos por lo que suponen de meditación, pensamientos propios, recrear los ajenos y volcarlos en unas músicas sin adornos, tan solo los mínimos para las pinceladas más sinceras independientemente del carácter». Lewis ama a Schubert «por su fragilidad, el realismo humano de su música, y por tratar todo tipo de cosas a las que nosotros nos enfrentamos todo el tiempo y a diferencia de Beethoven no siempre encuentra la respuesta» como le contestaba a mi querida Lorena Jiménez durante los Encuentros en el Festival de Granada del pasado junio. Si la noche del Patio de los Arrayanes en La Alhambra nazarí se unió para rendirnos al último piano de Schubert, el Auditorio de Oviedo volvió a sentir la magia pese a las toses impertinentes, los portazos, la caídas de programas y un maleducado comportamiento que me hizo temer lo peor ante la espera previa a cada movimiento del inglés, de gesto siempre contenido con las manos que hablan incluso antes de posarse sobre el teclado.

Ese tinto «Gran Reserva» que es la Sonata n° 21 en si bemol mayor, D960 (1828) de las «Bodegas Schubert» fue todo un placer sensorial, desde el tenue y delicado Molto moderato, el emocionante y para muchos centro de gravedad emocional de la obra (Andante sostenuto) que nos trajo la desolación en la mano derecha con la izquierda goteando de manera implacable un acompañamiento desgarrador y conmovedor de sobrecogedora sobriedad, calificativos dignos de un vino extraordinario, de esta obra pero también de su intérprete. Los tiempos lentos schubertianos no abandonan la tristeza pero la impregna de «un carácter más melancólico que trágico» que diría mi admirado doctor Ortega Basagoiti. El Scherzo: Allegro vivace con delicatezza aún más delicado, ligero y profundo tras el «vino de autor», la sempiterna melancolía o el presagio de la despedida que subyace en cada movimiento hasta el arrebato final, lleno de vigor, rotundidad, convencimiento y aceptación de la coda final en Presto para que Lewis soltase toda la riqueza pianística de tanta música atesorada en sus dedos y cabeza para este primer día de primavera en el calendario aunque invernal hasta en las sensaciones.

Curiosamente en Granada escribía de (re)avivar sentimientos y mantener mi admiración por un intérprete que continuará su camino hasta ser casi como un vino «Gran reserva» de una cosecha para vivir… y beber, que esta vez, y tras lo vivido (en cierto modo también bebido), quedó más que corroborado con mis referencias vitivinícolas de este concierto.

Y diría que como homenaje al recordado Lars Vogt, de regalo, cual vino dulce para el postre, Brahms y su Intermezzo op. 117 nº1 en mi bemol mayor (Andante moderato), monólogos como fueron descritos por el crítico Eduard Hanslick: piezas de «carácter exhaustivamente personal y subjetivo que impacta como una nota pensativa, gráfica, soñadora, resignada y elegíaca», un último sorbo para seguir empapando y envejeciendo de buena música esa barrica del Steinway© carbayón a la que aún le quedan muchas cosechas para degustar. Paul Lewis demostró ser el mejor enólogo musical en esta cata a media luz que quedará en los anales de las Jornadas de Piano.

PROGRAMA:

Ludwig van Beethoven (1770-1827):

Sonata para piano n° 5 en do menor, op. 10, n.° 1

I. Allegro molto e con brio

II. Adagio molto

III. Finale. Prestissimo

Thomas Larcher (1963):

Sonata para piano*

I. Crotchet = c. 50

II. Scherzo, dotted crotchet = c. 70

III. Fallen out of time, for Lars Vogt, Andante, crotchet = c. 66

IV. Toccata, Allegro, crotchet = c. 176

(* Obra de encargo por Chamber Music in Napa Valley, en memoria de Maggy Kongsgaard. Estreno absoluto)

Franz Schubert (1797-1828):

Sonata para piano n° 21 en si bemol mayor, D960

I. Molto moderato

II. Andante sostenuto

II. Scherzo: Allegro vivace con delicatezza

IV. Allegro ma non troppo

Música para La Regenta

1 comentario

Lunes 17 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: Música en torno a «La Regenta», Cuarteto «Clarín». Obras de Toldrá, Granados, Albéniz y Turina.

Música y literatura siempre han ido de la mano y la capital del Principado está celebrando los 140 años de la publicación de «La Regenta» (1884-1885) de Clarín, siendo este el primer concierto del ciclo con un cuarteto de cuerda que ha tomado el nombre del ilustre ovetense nacido en Zamora, cuatro músicos pertenecientes a la Oviedo Filarmonía, que a su vez está completando otra banda sonora para la obra que ha inmortalizado Vetusta como sinónimo de Oviedo.

Leopoldo Enrique García-Alas y Ureña, conocido simplemente como Leopoldo Alas o Clarín  (Zamora, 25 de abril de 1852 – Oviedo, 13 de junio de 1901) fue un escritor y jurista español además de crítico musical. Buscar obras españolas contemporáneas a su vida daría para muchas opciones, aunque ceñirse a la formación elegida se puede hacer algo más complicado. A la terna inicial de Granados, Albéniz y Turina se sumaría un Toldrá posterior y que abriría el concierto como ventana con vistas al mar que desde Oviedo no se ve, aunque la luz del mediterráneo iluminase muchas páginas de los tres  compositores catalanes así como el Guadalquivir sevillano de aires toreros y melodías cercanas.

El vilanovino Eduardo Toldrá (1895-1962) ayudó a difundir la estética de Debussy como intérprete de cuartetos en España, y junto al sevillano Turina se mueven en un lenguaje personal equidistante de los dos polos que marcaban los intereses encontrados del momento, algo alejado de nuestro Clarín aunque cercano a la evocación en los inicios del siglo XX y conocedores del cuarteto. Y seguiré emparejando a Toldrá y Turina, inicio y final del concierto, pues hay mucho de búsqueda de un realismo que puede resultar tópico, como ocurre con lo que de “andaluz” tienen los compositores españoles elegidos para este programa clariniano, pero también muy literario, independientemente de la propia cronología.

Vistes al mar de Toldrá establece un diálogo con la poesía de Joan Maragall en cada uno de los tres movimientos (las poesías de referencia son La ginesta, A les llunyanies, y La mar estava alegre aquest migdia), aplaudidos independientemente pese al anunció inicial del cellista. Hay en ellos una tenue y sensible polifonía en el primero, un segundo movimiento evocador de Debussy por el tratamiento de la melodía, junto al movido y en cierto modo «innovador» tercero, evocaciones literarias válidas para esta banda sonora. Los cuatro músicos que llevan años compartiendo en sus atriles mucha música, aunque no en esta formación, así entendieron estas vistas o poesías sin letra, muy aseadas aunque con algún problema de afinación, puede que por la temperatura de la sala de cámara.

Las Doce danzas españolas op. 37 (1892-1900) del ilerdense Enrique Granados (1867-1916) están originalmente escritas para piano y según el propio compositor fueron escritas en 1883, aunque probablemente perfeccionadas posteriormente por él mismo. Si bien existen muchas versiones y arreglos, desconozco la autoría de las interpretadas por el Cuarteto «Clarín» que seleccionaron tres de las doce: la número 2 Oriental, con un sentido movimiento central, la tercera conocida como Fandango o Danza gallega, una zarabanda enérgica y rítmica, más la popular Andaluza o Playera (quinta, que no debe confundirse con la anterior) de cierto aire flamenco por esa «evocación de lo andaluz» a que hacía referencia anteriormente. En lo personal estuvieron algo alejadas del espíritu primigenio y donde los unísonos volvieron a notarse algo desafinados; a favor esta versión personal con los violines cual mano derecha mientras viola y cello son la izquierda, con fraseos más adaptados a la cuerda que al piano así como una agógica bien entendida por el cuarteto.

Algo similar ocurriría con la selección de cuatro de los ocho números pertenecientes a la Suite Española nº 1, op. 47 del gerundés Isaac Albéniz (1860-1909). Compuesta entre 1882 y 1889, los arreglos estuvieron más en la línea pianística por la sonoridad y mejor instrumentación para cuarteto de cuerda, con los aires adecuados así como mayor ajuste en la afinación. Asturias (Leyenda, nº 5) bien elegida la alternancia y protagonismos, Cádiz (Saeta, nº 4) muy bien sentido, Cataluña (Corranda, nº 2) de sardana más rica en la cuerda que en el propio piano, y finalmente Sevilla (Sevillanas nº 3), cuatro episodios contrastados donde poder lucirse cada músico y mantener un sonido más homogéneo en la formación para la ocasión.

Finalizarían con La oración del torero (31 de marzo al 6 de mayo de 1925) de Joaquín Turina (Sevilla, 1882 – Madrid, 1949), obra breve escrita inicialmente para el cuarteto de laúdes Aguilar, que asume como característica la esencia del pasodoble desde una gran estilización y una sutil fuerza interior, siendo probablemente una de las obras de mayor interioridad compuestas por el sevillano, que además realizaría la adaptación para cuarteto de cuerda nada más terminar la primera en mayo, y para orquesta de cuerda en 1927. La interpretación del Cuarteto «Clarín» estuvo ceñida a la partitura del andaluz, de sonido compacto y con ese aire torero bien llevado por una cuerda que está rodada, aunque no sea solamente la suma pues un cuarteto necesita toda una vida para latir y sonar cual unidad.

De regalo volverían a Granados y el «Intermedio» de Goyescas que en cualquier versión siempre es bello y en cuarteto no defraudó, poniendo el cierre a este nuevo capítulo sonoro para Ana Ozores.

Cuarteto «Clarín»:

Marina Gurdzhiya, violín
Luisa Lavín, violín
Rubén Menéndez, viola
Guillermo L. Cañal, violonchelo

PROGRAMA

Eduard Toldrá (1895-1962):

Vistes al mar

-Allegro con brio
-Lento
-Molto vivace

Enrique Granados (1867-1916):

Doce danzas españolas (selección)

-Oriental

-Fandango

-Andaluza

Isaac Albéniz (1860-1909):

Suite Española (selección)

-Asturias

-Cádiz

-Cataluña

-Sevilla

Joaquín Turina (1882-1949):

La oración del torero, op. 34

Vetusta, 2025

3 comentarios

Sábado 15 de marzo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: Oviedo Filarmonía (OFIL), Francesca Dego (violín), Lucas Macías (director). Obras de Jesús Rueda, Barber y Bruckner.

En este año 2025 se están celebrando los 140 años de la publicación de «La Regenta» (1884-1885) de Leopoldo Alas Clarín (1852-1901), un zamorano que retrataría para siempre a Oviedo como Vetusta. Por su parte el onubense Lucas Macías Navarro (Valverde del Camino, 1978) está leyendo musicalmente la Vetusta de 2025 con la orquesta ovetense que crece en cada concierto desde la titularidad en 2018 con el maestro, y este frío sábado de Cuaresma volvió a corroborar la total complicidad con unos músicos que afrontaron un programa variado y exigente como pocos.

Abría el concierto el estreno absoluto de Vísperas del madrileño Jesús Rueda, encargo de la propia OFIL junto a la Orquesta Ciudad de Granada (de la que el maestro Macías Navarro también es director artístico desde la temporada 2019-20), un «Mapa sonoro de Vetusta» que está escribiéndose de forma conjunta: primero «Albidum, camino hacia las estrellas» de la ovetense Raquel Rodríguez en noviembre de 2022, palabra latina traducida como blanquecina, uno de los probables orígenes del topónimo de la capital del Principado para una historia sinfónica y asturiana; después «Vetusta» de la canaria Laura Vega, que renombré «Carbayonia» en enero del pasado año también con Macías Navarro, y ahora estas «Vísperas». Al onubense tendré que rebautizarlo como Alas Macías tanto por esta implicación con la gran obra literaria del que también fuese crítico musical fusionando Zamora y Valverde del Camino, ambos con Oviedo en el corazón.

La obra de Rueda en palabras del propio autor en las notas al programa «(…) fue compuesta en la primera mitad de 2024 gracias a un coencargo de Oviedo Filarmonía y la Orquesta Ciudad de Granada. Bajo la premisa del nombre Vetusta, creció un discurso orquestal que sugería ambientes y atmósferas sobre aquella poderosa novela de Clarín, La Regenta. Tal vez la imagen que más se fijó en la memoria del compositor fue la catedral de Oviedo, sus penumbras, los espacios resonantes, y esa enigmática hora en la que el tiempo se paraliza, entre el día y la noche, y que anuncia la hora azul, las vísperas. La obra se construye en bloques de diversa densidad y tímbrica. En un tempo de Adagio los motivos temáticos crecen, se transforman y se diluyen. Un canon inicial traza el hilo que se va deshilachando en las diferentes familias instrumentales. Permanece este hilo conductor a través de todos los bloques hasta el final de la obra, a veces mantenido por los solos instrumentales (flauta, violín) que sustentan la línea principal». El madrileño ya forma parte de muchos conciertos en Oviedo, tanto con la OSPA, la Filarmónica de Hamburgo o al piano de Noelia Rodiles, sumando ahora la OFIL que con Macías nos dejaron una  interpretación limpia, muy trabajada, asequible a todo aficionado (alguno olvidó el adelanto horario también a los sábados), sin necesidad de buscar en la percusión ambientes sonoros, la cuerda fue la neblina del atardecer en la catedral, más luminosa que una cencellada zamorana; todas las secciones ayudaron a dibujar el clima y magia del atardecer, y los solistas rindieron con la calidad de la propia partitura que Macías entendió, enseñó y tradujo en un estreno que engrosa la historia musical de la Vetusta clariniana de nuestro siglo XXI.

Tras casi 10 años volvía a los Conciertos del Auditorio, de nuevo con la OFIL la violinista italoamericana  y residente en Londres Francesca Dego (Lecco, 17 de marzo de 1989), con su violín Francesco Ruggeri (Cremona 1697) que volvió a convencer como entonces, musicalidad e impecable técnica que los años ayudan a madurar. En el Concierto para violín del estadounidense Samuel Barber (Pensilvania, 1910 – Nueva York, 1981) Dego mostró su versatilidad con una convincente interpretación y el sonido poderosamente cálido de su Ruggeri. Si en 2015 ya escribía del concierto El violín rojo que «me impactó y convenció desde la afinación previa con un sonido potente, de armónicos capaces de sobreponerse a una masa orquestal poderosa, con una técnica sobresaliente no ya en la mano izquierda sino con un dominio del arco que sacó del violín el verdadero espíritu del título de este concierto para violín y orquesta», con el de Barber en cada movimiento hubo total compenetración con una orquesta ideal en esta obra, caídas perfectas, empaste incluso con el piano del virtuoso Sergei Bezrodny (¡qué suerte tenerle aún en activo!), y Macías como excelente concertador.

Emocionantes los dos primeros movimientos, desde el inicial Allegro moderato contenido, fraseado, arropado por una cuerda compacta liderada por Mijlin, bien contestado y compenetrados, el clarinete de Inés Allué en la misma órbita pensativa y placentera de la melodía, cambios de tempo y pulsación perfectamente marcados por los timbales de Ishanda , metales empastados, y en general todas las secciones funcionando con amplias dinámicas sin perdernos nunca el violín solista; en el Andante destacar tanto los solos de trompa (Alberto Ayala) como de Bronte al oboe (se nota la «mano» del onubense) en comunión con el violín, dinámicas y tímbricas fusionadas manteniendo ese clima apacible antes de romperse en el movimiento final, rápido y virtuoso, un Presto valiente por parte de todos, articulaciones claras, dinámicas extremas siempre marcadas por Macías y respondidas unánimemente para una música nunca frívola y menos en la interpretación de Dego, con un final de los que levantan al público del asiento.

De regalo el Capricho polaco de la compositora y virtuosa del violín Graźyna Bacewicz (1909-1969), el sonido del Ruggeri inundando todo el auditorio desde la técnica pasmosa de Francesca Dego a la altura de la propia obra polaca, cierre perfecto para esta primera parte.

Me preocupaba la elección de la más que revisada cuarta sinfonía de Anton Bruckner (1824-1896) conocida como Romántica (1877-80. Ed. Leopold Nowak/Robert Haas) porque para todo director y orquesta es un auténtico reto cual toro de Miura (o Cuadri para los de Valverde del Camino) al que sacarle toda la casta para hacer una buena faena. No es políticamente correcto ser aficionado al llamado arte de Cúchares en nuestros tiempos, pero ya peino canas y viví muchas faenas televisidas con mis bisabuelas, así como en vivo en el hoy abandonado coso de Buenavista, en El Bibio gijonés y hasta en los «Carnavales del Toro» de Ciudad Rodrigo, así que con permiso de la autoridad competente (siempre quienes me leen), relataré la faena a este morlaco de nombre «Romántica» que se lidió en el auditorio ovetense con el diestro Macías Navarro y su cuadrilla carbayona en tres tercios con picadores (pues no se trataba de cualquier novillada sino de una verdadera alternativa), y tras la que el maestro saldría por la puerta grande rematando una faena donde hasta al toro le indultaron por su nobleza tras la impecable lección de buen magisterio y mejor hacer.

Con la OFIL bien engrosada, y engrasada por los requerimientos de «esta cuarta» (3 flautas con piccolo, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagots, 4 trompas, 3 trompetas, 3 trombones, tuba, timbales y platillos) aunque algo falta de  más efectivos en la cuerda, que no se notó por la mano izquierda del maestro templando las buenas y bravas embestidas de los metales, así como del esfuerzo de toda ella (¡bravo por las violas!), el Allegro ya presentó sus credenciales de delicadeza y potencia, reguladores para ir comprobando la querencia bien resuelta, con seguro arranque de las trompas, filigranas de cuerda, quites de la madera, embistes frenados con el capote, gustándose en el gesto para llevarlo hasta los medios y dejarlo listo para los picadores por parte del maestro en las tablas, con un Andante quasi allegretto bien templado, gustándose, sin forzar para mantener la bravura, chicuelinas de tronío con las maderas al quite y un tercio muy mantenido por emoción, matizada en cada pase.

Segundo tercio donde en el Scherzo el maestro dejó a «la cuadrilla» lucirse con las banderillas, trompas y trompetas (bravo Soriano) cazadoras, imperiales como las de John Williams, de aire juguetón y ligero, mirando al tendido tras dejarlas por todo lo alto, a pecho descubierto siempre controlando cada par el maestro valverdeño, maderas coloridas contrastadas y un auditorio conteniendo el aliento porque el toro quería cabecear pero sin derrotar por ningún lado, manteniendo la nobleza y el trapío antes del cambio de tercio.

Tras el brindis al cielo, muleta y espada de matar para el esperado «de la verdad», un Finale, con toda la cuadrilla atenta y el maestro dominador y dominando, naturales arrimándose siempre inmaculado, creciendo en cada pase, dejando respirar, con paso firme, templando, sabiendo de memoria por dónde iba a derrotar Romántica sin apurar más de lo justo. Pases sin enmendarse, mirando al tendido, el albero recordándome el «desierto arábico» del Lawrence Jarre, en medio del ruedo sin miedo, valiente, tocando suavemente los cuernos, amansando y apurando con todo un repertorio de pases y pausas sin necesidad de entrar a matar, pues la faena resultó tan noble como el enorme morlaco, y las emociones a flor de piel permitieron un triunfo sin sacrificio, con indulto y vuelta al ruedo para Romántica y salida del maestro por la puerta grande con ovaciones ya tomada la alternativa de matador con su cuadrilla a la altura del consolidado titular onubense que seguirá triunfando como primer espada en todos los cosos.

Musicalmente una Cuarta de Bruckner que ha puesto el listón muy alto, superado con éxito por una OFIL enorme en todos los sentidos y un Lucas Macías luchador, trabajador, comprometido, valiente, conocedor de las virtudes de sus músicos siempre flexibles y versátiles que están dando lo mejor en cada actuación tanto sobre el escenario como en el foso.

Larga vida al vienés renacido que sigue sonando cada día mejor y en más conciertos.

PROGRAMA:

Jesús Rueda (1961):

Vísperas

(Ciclo «Mapa sonoro de Vetusta». Obra por encargo de Oviedo Filarmonía y de la Orquesta Ciudad de Granada. Estreno absoluto.)

Samuel Barber (1910-1981):

Concierto para violín, op. 14

I. Allegro moderato
II. Andante
III. Presto in moto perpetu

Anton Bruckner (1824-1896):

Sinfonía n.°4 en mi bemol mayor, WAB 104

I. Bewegt, nicht zu schnell

II. Andante quasi allegretto

III. Scherzo. Bewegt; Trio. Nicht zu schnell. Keinesfalls schleppend

IV. Finale. Bewegt, doch nicht zu schnell

Heroísmo musical

4 comentarios

Viernes 28 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Una vida de héroe», abono 7 OSPA, Nuno Coelho (director). Obras de Richard Strauss y David Moliner.

En la mitología y el folclore, un héroe o una heroína es un personaje eminente que encarna la quintaesencia de los rasgos claves valorados en su cultura de origen. Para el séptimo de abono daba título al programa con mucho «heroísmo musical». En el encuentro previo al concierto el director titular nos presentaba al percusionista y compositor David Moliner (Cuenca, 1991) que nos hablaría del estreno español de su «Estructura IV» dedicada a la diosa del arco Iris, siguiendo la inspiración mitológica diosa griega, Iris mensajera entre los dioses y los humanos, mayormente retratada como la mensajera personal de Hera, pues en una de sus estancias en Dresde vio el colorido y la relación con Iris, hija de los titanes Taumante y Electra y hermana de las temidas Harpías. Epítetos comunes la describen como Iris de alas doradas, Iris la rápida, o Iris la de los pies ligeros, y toda la literatura de dioses que es capaz de relacionarse musicalmente.

Aunque su faceta de percusionista evidentemente influye en esta obra, que se estrenó en Lucerna el 26 de agosto de 2023 y sonó por primera vez en España el jueves en Gijón y este viernes en Oviedo, la labor compositiva del conquense la realiza -como comentó en el encuentro- en papel pautado y lápiz desde el piano, buscando armonías y forjando diferentes capas, como se refleja claramente en esta „Dämonischer Iris», obra para gran orquesta con cinco percusionistas que utilizan todo tipo de aerófonos, idiófonos y membranófonos: cantos de pájaros, carracas, timbales golpeando las baquetas en el «caldero», silbatos,  armónicas, güiros… todo un arsenal al que sumar piano alternando con celesta (de nuevo contando con el virtuoso Sergei Bezrodny), jugando como cuerda y placas percutidas que consiguen un colorido «de arco iris» por donde transcurre y explica el subtítulo de la composición de Moliner.

Un arranque sombrío solístico de todos los bombos llevándonos hasta profundidades acuáticas que esconden irisaciones, mientras la nutrida orquestación va tejiendo tímbricas, cambios de ritmo, un vals demoníaco y hasta cantos guturales bien medidos, metales poderosos utilizando una trompa wagneriana, cuerda comandada de nuevo por Roman Simovic (1981), que tuvo también su momento solista volviendo a demostrar  su implicación como «colaborador artístico», el lujo de tenerlo de concertino y el ánimo que insufla a toda la orquesta. Verdadero trabajo hercúleo esta partitura, el esfuerzo de todas las secciones con un sonido homogéneo y rico en matices, siempre bien llevada por el maestro portugués, e interesante ubicarla dentro del programa elegido, pues utilizaría casi la misma plantilla (la dejo abajo de esta entrada) que la última obra del último y frío día de febrero. Una obra que como la mensajera divina nos evocó alas doradas, rapidez, pies ligeros y toda una paleta de sensaciones orquestales bien escritas por Moliner y entendidas por Coelho. También muy bien apostar por obras de nuestro tiempo tan necesarias para educar el oído con nuevos repertorios y apoyar la labor heróica de ser compositor en España. La línea seguida por Nuno Coelho está bien orientada esta su tercera temporada, y es una lástima el poco público que está acudiendo y perdiéndose estas oportunidades que ofrece la orquesta de todos los asturianos.

La otra gran figura del concierto sería el director y compositor muniqués Richard Strauss (1864-1949), abriendo velada con este sexteto, la sonatina que abre la ópera Capriccio, op. 85, en versión de «cuerda expandida» (6 violines primeros, 6 segundos, 8 violas y seis contrabajos) que lograría el sonido camerístico unificado y bien equilibrado, de escritura exigente para los primeros atriles, con un empaste que sólo dan los años y la calidad de Simovic, Alamá y von Pfeil comandando este «gran sexteto».

Como broche el poema sinfónico «Una vida de héroe», op. 40 (1898), casi autobiográfico del compositor alemán, escrita en los Alpes bávaros, «heróica» como la tercera de Beethoven y también en la tonalidad de mi bemol. Partitura dedicada a su mujer  y curiosas las pinceladas previas del maestro Coelho donde explicó que el violín personifica a la esposa del compositor alemán (entre Munich y Viena) con su carácter especial, de altibajos, chillidos, momentos punzantes y hasta violentos, también bostezos, mujer malhumorada pero necesaria para Strauss (pues aún así estuvieron casados más de 50 años). Obra casi megalómana de tres cuartos de hora sin interrupción para los seis números o capítulos, con una orquestación impresionante, que le va como anillo al dedo a esta OSPA que siempre ha tenido en el alemán uno de los compositores que mejor han entendido e interpretado en todas sus obras sinfónicas (creo que han hecho el ciclo completo de sus poemas, ópera y hasta varias sinfonías en distintas épocas a lo largo de sus casi 33 años), y esta «vida» que resulta cual recopilación de tantas otras: Así habló Zaratustra, Till Eulenspiegel, Don Juan, Don Quijote, Muerte y transfiguración, Cuatro últimas canciones, Sinfonía Alpina, y un largo etcétera, que fue como resumir la historia hasta la actualidad de nuestra orquesta asturiana.

De nuevo poderosas y seguras todas las secciones: las 9 trompas compactas en sonido y presencia, 5 trompetas (con salida de tres fuera de una caja escénica hoy «para la ocasión» y cámara frontal para poder ver las entradas precisas de Coelho en ese lejano toque de guerra heróico), toda la madera -a cuatro- sonando excepcionalmente, cuarteto de trombones más dos tubas  (con mucho fuelle) logrando tímbricas casi organísticas, nuevamente la percusión impecable, mandando, y sobre todo la cuerda (incluyendo dos arpas), que creciendo desde el «gran sexteto» inicial volvió a dejarnos los solos de Roman Simovic (con un Stradivarius de 1709) emocionantes, música profundamente sentida e interpretada al alcance de virtuosos como él, cálida, presente en todos los matices y con la magia de conseguir un silencio sepulcral para disfrutar de todas sus intervenciones, sobre todo en el tercer número (La compañera del héroe) cual «mini concierto para violín» dentro de los episodios de la vida de este Strauss poco modesto y con autoestima altísima, al nivel de sus composiciones, interpretado con la humildad, entrega  y trabajo del violinista yugoslavo pero nacionalizado inglés y la química con todos sus compañeros, igualmente transmitida por el enérgico, conciso y expresivo Nuno Coelho. Heroísmo musical para despedir el mes más corto del año.

PLANTILLA:

PROGRAMA

RICHARD STRAUSS (1864 – 1949):

Capriccio, op. 85: Sexteto (arr. orquestal)

DAVID MOLINER (1991 – ):

Estructura IV:  „Dämonischer Iris”

RICHARD STRAUSS:

Ein Heldenleben (Una vida de héroe), op. 40:

Der Held (El Héroe)

Des Helden Widersacher (Los adversarios del Héroe)

Des Helden Gefährtin (La compañera del Héroe)

Des Helden Walstatt (El campo de batalla del Héroe)

Des Helden Friedenswerke (Las obras de Paz del Héroe)

Des Helden Weltflucht und Vollendung (La retirada del mundo y la consumación del Héroe)

Older Entries Newer Entries