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Ángeles y demonios

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Viernes 21 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «A la memoria de un ángel»: Abono 6 OSPA, Carolin Widmann (violín), Nuno Coelho (director). Obras de Ravel, Berg y Brahms.

Aún con frío invernal llegaba el sexto de abono de la orquesta asturiana con su titular y Carolin Widman (Munich, 1976) a quien ya escuchásemos con la OFil en un Prokofiev de calado allá por noviembre del 2019 «prepandémico», recordado por la violinista alemana (incluso el mismo camerino de entonces con sus muchas horas de estudio antes de debutar en Nueva York), y esta vez afrontando el siempre angustioso y agotador concierto „Dem Andenken eines Engels“ (A la memoria de un ángel) de Alban Berg, que tanto ella como el director nos contaron en el encuentro previo al concierto.

Tomo para esta entrada el título de «Ángeles y demonios», tanto por el homónimo de Dan Brown por novelesco y cinematográfico, como por los tantos cuentos infantiles donde la infancia no siempre es alegre, los niños verdaderos angelitos que pueden tornarse diabólicos, a fin de cuentas la propia vida entendida esta vez desde la música. Maurice Ravel escribió en 1910 una colección de piezas para piano a cuatro manos  «para los hijos de Mimi y Jean Godebski, a quienes leía cuentos infantiles. Un año más tarde, como terminó siendo distintivo de él, Ravel reelaboró la obra para orquesta, sacando a la luz una profundidad que había dejado oculta en la creación original. Las tímbricas, ampliaciones armónicas y el tratamiento textural elevan su denotado exotismo primigenio hacia una panoplia musical llena color y, por momentos, dramatismo sin pretensiones trágicas» como bien nos cuenta Israel L. Estelche en las notas al programa (enlazadas al inicio en las obras), esta suite orquestal donde saborear la ingeniosa orquestación de los cinco números, «marca de la casa» del vasco-francés conmemorando el 150 aniversario de su nacimiento con su música, siempre agradecida de escuchar y todo un reto instrumental que el maestro portuense llevó con aplomo, pinceladas de luz y alegría, para seguir constatando el buen momento de nuestra OSPA. Cada sección brilló y sonó compacta, gustándose en las intervenciones, con la cuerda esta vez liderada por el murciano Jordi Rodríguez Cayuelas, hoy también con el arpa de Mirian del Río y la celesta de Bezrodny, virtuoso como siempre, con un Pulgarcito gigantesco, la madera impecable (flauta, corno inglés, fagot…), metales redondos, casi como La Bella y La Bestia enamorándonos, y la percusión «en su salsa» porque momentos como esa Emperatriz de las pagodas ponen a prueba el virtuosismo y buen gusto en la búsqueda del timbre ideal, esos detalles tímbricos que enriquecen  toda partitura sinfónica. Si la orquesta es la paleta de colores para que el director pinte el lienzo sonoro, esta Ma mère l’oye  (Mi madre la oca) tuvo acuarelas, tinta china, óleo y hasta pasteles con los que ilustrar estos cinco cuentos donde hay un dramatismo subyacente más allá de ver crecer a los niños y hacerles disfrutar con relatos que todos conocemos, y que citando de nuevo al musicólogo y compositor santoñés, parece dar el hilo conductor al programa, pues «Berg y Ravel compusieron sus respectivas obras incentivados por su relación con la infancia y juventud, aunque por razones totalmente divergentes: la exaltación de la fantasía y la ternura de la infancia, y la muerte por enfermedad de una joven que comenzaba a vivir».

La muerte de un niño es siempre dolorosa, una tragedia que marcará los años siguientes, sobremanera para sus padres, por lo que el Concierto para violín (1935) de Berg es la expresión sin buscar comprensión de un hecho tan difícil de explicar o digerir (y que la OSPA con Milanov y Renaud Capuçon ya interpretasen en junio de 2014). Encargo del violinista Louis Krasner (y estrenado en el Palau de la Música de Barcelona el 19 de abril de 1936), sus dos movimientos son verdaderamente como  «ángeles y demonios». Escrito como un recuerdo tempestuoso más que homenaje a Manon Gropius, hija Walter Gropius y Alma Mahler, muerta de polio ese mismo año: el Andante-Allegretto es el testimonio de la feliz infancia, mientras el Allegro-Adagio que sorprendió al compositor en plena escritura, vuelca sus propias angustias y doloer en este concierto que pasó a titularlo «A la memoria de un ángel».

Las cuatro cuerdas al aire comienzan a (d)escribir con la madera la inocencia, narrado por el Guadagnini (1782) de una Widman con esta joya capaz de sacarle nanas y gritos desgarradores, viniéndome la imagen del ángel caído en el Retiro madrileño. Coelho  sabemos que es buen concertador y el concierto mantuvo el carácter desgarrador en la orquesta que es el telón de fondo sonoro para este concierto donde sería la muniquesa quien volcó, desde su técnica impresionante, una interpretación interiorizada, sentida, compungida hasta en su gestualidad corporal, dobles cuerdas, arco rompedor por momentos, pizzicati punzantes y todo un catálogo de recursos que en sus manos parecen contagiarnos cada expresión. «El dolor de Berg se muestra (…) a través de unas melodías dramáticas, amplias, suspendidas y cantábiles, extrayendo todo el potencial diatónico del sistema dodecafónico. Unas características que muestran la influencia de Brahms y Wagner (y, por supuesto, Bach) inculcadas en la enseñanza de Schoenberg» de nuevo tomando las palabras de López Estelche para un concierto exigente que deja exhaustos a todos, con el coral „Es ist genug” (Es suficiente) de dios Bach, «desde las profundidades más bajas hasta las alturas sublimes» dejándonos un hilo de esperanza en el más allá, por lo que resultó comprensible la ausencia de propina pese a los muchos y merecidos aplausos a la solista alemana de un público nuevamente poco numeroso en el auditorio ovetense (y esta vez no había más oferta).

Melodías expresivas en la primera parte que continuarían con la Tercera Sinfonía (1883) de Brahms, para muchos, entre los que me incluyo, su mejor sinfonía por grandeza, fuerza y bella como Dvořák destacaría tras escuchar el primer y último movimiento interpretados por el compositor en una visita a la capital austríaca, que también recogen las notas al programa. Cuatro movimientos afrontados con valentía y seguridad por parte de Coelho que insufla a la orquesta el empuje y confianza para una interpretación de muchos quilates. Gesto claro, preciso, con una mano izquierda que maneja las dinámicas y balances para poder escucharse todo en su plano. En el Allegro con brio ya pudimos comprobar la línea a seguir, sonido compacto y limpio (puede que eche de menos añadir una tarima para los cuatro contrabajos que ayuden a cargar los siempre necesarios graves), solos donde los primeros atriles marcan la expresión bien arropados por el resto, matices amplísimos desde unos pianissimi con calidad hasta los siempre necesarios fortissimi que nunca resultan estruendosos, destacando que en esta tercera los finales no son poderosos sino delicados como bien resaltó el titular portugués, buen maestro de ceremonias capaz de expresar de palabra y aún mejor con la música la belleza del compositor alemán. El Andante emocionó con el clarinete inspirado de Andreas Weisgerber pero especialmente el conocido Poco allegretto fue una cascada de lirismo, desde los cellos al solo de trompa de José Luis Morató, el Brahms romántico a más no poder, para acabar con el Allegro valiente en el tempo, jugando con los contrastes, en una interpretación coherente, bien delineada  con contrapuntos destacados  al detalle (de nuevo ‘dios Bach’ en la estructura), el melodismo puro del mejor sinfonismo germano con la sinfónica asturiana.

Y la próxima semana un estreno de David Moliner más el sexteto Capriccio, op. 85 y Una vida de héroe (de R. Strauss), nuevamente con Nuno Coelho y el regreso de Simovic como concertino, un plus de energía para cerrar febrero, que contaré desde aquí.

PROGRAMA

MAURICE RAVEL (1875 – 1937):

«Ma mère l’oye»: Suite

I. Pavane de la Belle au bois dormant – II. Petit Poucet – III. Laideronnette, Impéra- trice des pagodes – IV. Les Entretiens de la Belle et e la Bête – V. Le Jardin féerique

ALBAN BERG (1885 – 1935):

Concierto para violín «A la memoria de un ángel»

I. Andante – Allegretto / II. Allegro – Adagio

JOHANNES BRAHMS (1833 – 1897):

Sinfonía nº 3 en fa mayor, op. 90

I. Allegro con brio – II. Andante – III. Poco allegretto – IV. Allegro

Alquifol Rosado

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Viernes 14 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «El sinfonismo de Dvořák»: Abono 5 OSPA, Alberto Rosado (piano), Shiyeon Sung (directora). Obras de Weber, Inés Badalo y Dvořak.

El papel de las mujeres en la música parece haber llegado para quedarse en este siglo XXI, y tanto directoras como compositoras están ganado protagonismo a nivel mundial. El programa del quinto de abono de la orquesta asturiana estaba organizado a la manera clásica (espero algún día se atrevan a cambiar el orden) con obertura, concierto (con estreno mundial el día antes en Gijón) y una sinfonía, pero al menos teníamos como actual tanto música de nuestro tiempo de una compositora, como una directora premiada en esa mina que es el concurso de dirección Gustav Mahler que organiza la Sinfónica de Bamberg.

Lo más interesante para mí era el concierto para piano y orquesta de la hispanolusa Inés Badalo (Olivenza, 1989) titulado «Zafre», un encargo de la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas, que la propia compositora y el solista, Alberto Rosado (Salamanca, 1970) nos presentaron antes del concierto en la sala de cámara con Fernando Zorita de maestro de ceremonias. La RAE define zafre como «Óxido de cobalto mezclado con cuarzo y triturado, que se emplea principalmente para dar color azul a la loza y al vidrio» y es sinónimo de alquifol, de aquí tomo el título para esta entrada. Principalmente el zafre es óxido de cobalto mezclado con cuarzo y hecho polvo, y la palabra viene del árabe zahr, que a su vez parece provenir del persa zahr. La pacense nacida en la raya con Portugal, aunque de pocas palabras (su lenguaje es el musical), nos habló de esa búsqueda de timbres como colores, yo diría que una verdadera química sonora del siempre caro y rico azul cobalto, corroborado por el pianista charro que comentó como paisaje sonoro y también poliédrico por la cantidad de sonoridades que incluye desde todos los puntos de vista, todo un especialista en la música de los compositores vivos, y mejor si están presentes en los ensayos para entrar en detalles más allá de unas partituras que no todos los intérpretes están acostumbrados a descifrar aunque sea el lenguaje de nuestros días (desde hace cien años). Todo bien detallado en el papel que los músicos de la OSPA agradecieron poder trabajar y el solista también. Las notas al programa de Eduardo G. Salueña (que no figura por error sino el del anterior abono) analiza a la perfección esta interesante obra: «(…) profundiza en el color tímbrico y explora la expresividad a través de efectos de diversa índole. Entre estas técnicas extendidas destacan algunas alteraciones en los instrumentos (uso de papel de aluminio en la campana del clarinete para modificar su sonido), su interacción con otros elementos (como los Thai gongs golpeados en agua y elevados para potenciar su glissando) o la forma de tañer las cuerdas (con plectro las del piano o una tarjeta las del arpa). La obra está dedicada a dos intérpretes de piano contemporáneo: el portugués João Casimiro Almeida, quien grabó una reciente versión del de Badalo, y el salmantino Alberto Rosado, encargado del estreno de Zafre».

Se dice del azul cobalto que infunde serenidad, profundidad y una energía renovadora, y desde su descubrimiento «ha sido sinónimo de lujo y exclusividad, utilizado por artistas a lo largo de la historia, desde las dinastías chinas hasta los maestros del Renacimiento, este pigmento no solo era valorado por su intensa belleza sino también por su durabilidad y resistencia a la decoloración. Este color es un puente entre el pasado y el presente, llevando consigo la esencia de la nobleza, la creatividad y la tranquilidad». Puedo utilizar todo lo anterior para describir esta obra que aporta vitalidad y belleza a cualquier espacio, pues la composición de Badalo posee todas esas cualidades, llena de búsquedas tímbricas (se nos hizo difícil encontrar qué instrumento suena ante el trampantojo sonoro con el que los presenta), energía y calma, dibujando auténticos estados anímicos. El papel del piano es exigente siempre, trabajando clusters potentes, por momentos utilizando mitones, pinzando las cuerdas, frotándolas, golpeadas cual máquina de escribir, y con el pedal de reverberación ayudando a crear esos ambientes evanecescentes donde también los tres percusionistas tuvieron sus solos (todo un reto) especialmente con los gongs, más una cadencia del solista cual alquimista sonoro, sin olvidarme de la surcoreana Shiyeon Sung (Busán, 1975), el auténtico crisol para alcanzar este cobalto exclusivo y lujoso con una dirección académica en el gesto, precisa, clara y enérgica sin necesidad de excesos corporales.

El maestro Rosado mantuvo el lenguaje actual con la propina del estudio nº 10 -libro 2- del rumano György Ligeti (1923-2006): «El aprendiz de brujo» –Der Zauberlehrling (Prestissimo, staccatissimo, leggierissimo)- que complementó perfectamente el mágico concierto previo, la línea melódica danzante en perpetuo movimiento con acentos en staccato dispersos como gotas de color y que el compositor dedicó al gran pianista Pierre-Laurent Aimard. Esta vez el color fue rosado…

De la OSPA, hoy con plantilla adecuada y alumnado del CONSMUPA entre ellos, seguir corroborando el buen momento que atraviesa independientemente de quién les dirija y de nuevo con el austriaco Benjamin Ziervogel como concertino. Así la obertura de Oberon (Carl María von Weber), página independizada y más conocida que la propia ópera, mantuvo ese sonido compacto en todas las secciones, excelentes las trompas, toda la madera impecable y una orquesta siempre bien balanceada por la directora surcoreana, con pasajes donde disfrutar del clarinete (como un trailer de los conciertos de Weber) cargados de matices y cambios de tempo fidedignos a la partitura (me gusta contemplar en el atril las ediciones «grandes» en vez de las más habituales «de bolsillo»).

Y el sinfonismo siempre presente, esta vez con Dvořak y la séptima compuesta en Londres entre 1884 y 1885, no tan popular como la quinta o novena pero igual de exigente para toda orquesta, y también conocida como «Gran sinfonía». La directora Shiyeon Sung fue la batuta segura que marca todo a la perfección y tiene una mano izquierda con la que matizar cada pasaje dejando que la música fluya, apretando el aire sabedora de la respuesta de los músicos que volvieron a demostrar calidez y calidad. Con la plantilla ideal, todas las secciones pudieron escucharse en su plano sonoro, limpias, musicalidad en todas las intervenciones con maderas en feliz conjunción, metales brillantes sin estridencias, timbales mandando y la cuerda sedosa, precisa, alcanzando una sonoridad propia que solo el tiempo y el trabajo consiguen, destacando el Scherzo: Vivace.

Todo un detalle de la maestra al sacar al alumnado del conservatorio a saludar (una violinista primero, que no figuraba en el programa de mano, más el flautista Lucas Santos  y José Manuel Padín, trombón).

Una más que aseada séptima del checo para seguir manteniendo el nivel de los últimos conciertos de abono. Volverán el día 21 con el titular Nuno Coelho para los siguientes, y la violinista Carolin Widmann con otro programa, igualmente organizado que este quinto, pero también interesante.

PROGRAMA:

CARL MARIA VON WEBER (1786 – 1826)

Oberón: obertura, J. 306

INÉS BADALO (1989 – )

Zafre

ANTONIN DVOŘÁK (1841 – 1904)

Sinfonía nº 7 en re menor, op. 70

I. Allegro maestoso – II. Poco adagio – III. Scherzo: Vivace – IV. Finale: Allegro

G de SwinG

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Domingo 9 de febrero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertos de Invierno, «George Gershwin: el puente entre la música clásica y el jazz». Banda de Música «Ciudad de Oviedo», Henar F. Clavel (piano), David Colado Coronas (director).

Como bien se titulaba este concierto, George Gershwin es el puente entre la clásica y el jazz, o si se prefiere, la traslación sinfónica de la única música genuinamente estadounidense. El catálogo del pianista y compositor nacido en en el barrio neoyorquino de Brooklyn abarca muchas obras que hoy consideramos standards por lo conocidas que son en múltiples versiones, con muchas utilizadas en el cine -como las dos últimas de este concierto dominical- y verdadero avance al alcanzar el repertorio sinfónico, sin perder de vista que nacieron para las llamadas Big Bands, así que poder escucharlas por la Banda de Música «Ciudad de Oviedo» fue casi acudir a la fuente original, incluso con los arreglos del compositor y clarinetista belga Cornelius Marcel Peeters (1926-2020) o del japonés Naohiro Iwai (1923-2014), buenos conocedores de la instrumentación para banda que han hecho llegar repertorios «clásicos» a estas formaciones, verdadera auténtica cantera musical de ayer, hoy y siempre.

La Obertura Cubana calentaba motores con aires caribeños en aquellos tiempos donde La Habana era el gran casino de los yanquis, ritmos y melodías que nos recuerdan a melodías como El Cumbanchero o El manisero con clarinetes y saxos «emulando» a los violines sinfónicos junto a una percusión algo lejana pero manteniendo el empuje de esta página.

Aún recuerdo el año 1982 donde aprovechando el Mundial de Fútbol se representó por vez primera en el Campoamor la ópera Porgy and Bess con tantas melodías que han ido tomado vida propia en todas las versiones, así que el arreglo del músico belga estuvo más cercano al swing natural que a la lírica, de nuevo con una banda bien ensamblada, una percusión ajustada y bien cuidados los distintos temas por parte del maestro Colado.

Otro tanto sucede con Un Americano en París donde la película con Gene Kelly permanece en nuestra memoria. El músico japonés rehace esta página del neoyorquino dándole la magnificencia que otorga una banda sinfónica con contrabajo y arpa «de teclado» (a cargo de Lisa Tomchuk) más todo el poderío de los metales, un arreglo que nos permitió disfrutar de los excelentes solistas de la banda ovetense (muy bien la saxofonista Helena Maseda y la percusionista Susana Escaño con la bocina y flauta de émbolo), y un sonido compacto además de contundente en todas las secciones.

Y en este puente jazzístico desde la banda llegaba la Rhapsody in Blue, también muy cinematográfica en «Fantasía 2000» de Walt Disney, en Oviedo con la joven pianista Henar F. Clavel (Avilés, 2006). No es habitual encontrar la versión con banda en vez de orquesta porque la sonoridad es mayor y hasta los «colores» cambian, como todavía recuerdo en Barcelona ya hace años con la asturiana Carmen Yepes. El propio Gershwin la escribió originalmente para piano solo (con él en el estreno) y banda de jazz (donde no ponía los instrumentos sino el nombre de los músicos), con ese arranque de clarinete solo (hoy no muy inspirado). No hubiera estado mal reducir plantilla para acercarnos a la esencia porque la gran plantilla no permitió escuchar el piano con toda su presencia, y por momentos pareció un instrumento más en vez de solista, pero aún así no siempre se puede acceder a la versión con orquesta sinfónica y seguro que a la joven avilesina le vino bien poder trabajarla. Los solos demostraron su personalidad, jugando con los tempi y dejándonos casi al «Rachmaninov de Brooklyn» con algunas notas que se perdieron por el camino sin restarle valentía y fuerza. Henar Clavel tiene mucha carrera por delante y capacidad para afrontar cualquier repertorio, mas tendrá que «templar el ánimo» pues su ímpetu juvenil puede perderla (algo que curará con los años para alcanzar la madurez). La formación clásica da una técnica que es válida para todo, también para el jazz (mi recuerdo para Moisés P. Sánchez) pero me decanto por versiones más cercanas al original (recomiendo las de Michel Camilo) o sin miedos a mostrar esa «segunda vía» caso del propio Bernstein, todo un omnívoro como intérprete y compositor, por otra parte tan cercano al propio Gershwin que la tituló «Un experimento en música moderna», siendo otro estadounidense, Ferde Grofé, quien la arreglaría para orquesta.

De propina y sumándose como un atril más, la versión para banda del Danzón nº 2 de Arturo Márquez para dejarnos el calor de esta música cosmopolita de aires caribeños para esta tarde de domingo que llenó el Auditorio.

PROGRAMA

George Gershwin (1898-1937):

1.- Cuban Overture

2.- The Porgy and Bess Collection (arr. C. M. Peeters)

3.- An American in Paris (arr. N. Iwai)

4.- Rhapsody in Blue (solo Piano and Concert Band)

Propina: A. Márquez: Danzón nº 2.

El instrumento perfecto

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Lunes 27 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Royal Concertgebouw Orchestra, Janine Jansen (violín), Klaus Mäkelä (director). Obras de Purcell, Britten, Dowland y Schumann. Fotos propias y de Alfonso Suárez.

Cada pianista suele tener (y a menudo elegir) una marca con la que se identifica y siente más cómodo para sus conciertos, y así Steinway©, Yamaha© o Bösendorfer© son el instrumento preferido aunque normalmente tengan que «lidiar» con otros y no siempre en el estado ideal para una buena interpretación. Pese a todo tampoco todos saben sacar el máximo partido a un buen piano, y el buen ejecutante siempre hará sonar como suyo todo teclado con el que se encuentre, mientras tampoco las buenas marcas son seguro de buen concierto dependiendo quién las haga sonar.

Este paralelismo pianístico inicial lo traigo por el orquestal, recordando a Berlín, Viena o Ámsterdam, pues sus filarmónicas son como empresas que suponen tener el material con el que todo intérprete quiere construir, formando parte suya, y los directores ponerse al frente con «el instrumento perfecto». Por Oviedo han pasado esas «tres marcas» y no siempre con el mejor ejecutante de tan grandes instrumentos sinfónicos, pero tengo claro que el finlandés Klaus Mäkela (Helsinki, 17 de enero de 1996) hace sonar más que bien toda orquesta que dirige, haciéndose el deseado desde la primera  vez que trabaja con ellas y asombrando allá donde quieren «ficharlo».

Si en Granada me ganó para la causa con dos conciertos y una buena orquesta como la de París -que dicho sea de paso no está entre las «marcas famosas»- ya en Oviedo (parada entre Barcelona y Madrid) venía con la Real Orquesta del Concergebouw de Ámsterdam (RCO) de la que será su titular a partir de 2027 (simultaneándola con la de Chicago) para seguir reafirmándose como «uno de los más prometedores jóvenes directores del mundo» en el más esperado de los conciertos de esta temporada, «transformando cada debut en algo similar a un flechazo sentimental« como escribía en una entrevista de este lunes Pablo L. Rodríguez, autor de las notas al programa. El director finlandés es un intérprete de altura que, con un instrumento perfecto como la real orquesta neerlandesa (parece no es correcto decir holandesa), volvió a enamorarnos y hacer caer rendido a un auditorio al completo, sabedor de estar ante otro concierto histórico en la capital asturiana.

Este programa que traían a Oviedo (y segundo de Madrid, que no harían en Barcelona) podría calificarse de atrevido por inusual pero muy coherente al encontrarnos para la primera parte con la Marcha de la «Música para el funeral de la Reina Mary», Z. 860 de Purcell junto al Concierto para violín y orquesta, op. 15 de Britten ya con Janine Jansen (Soest, 7 de enero de 1978) preparada, pues el solo de trompetas y trombones a pares con el atabal enlazarían sin pause con el redoble de timbal que arranca el primer movimiento del concierto de violín. Y es que Britten fue devoto admirador de su compatriota Henry Purcell, al igual que un excelente intérprete de Schumann (para la segunda parte) tanto al piano como dirigiendo. El inicio de los solistas de la RCO mostró al Mäkela inteligente en dejarles mandar sin marcar, pues ya conocemos cómo trabaja el joven finlandés. Y la entrada del concierto de Britten ya resaltó las características tan personales de su arte de dirigir. Perfecto concertador atento a la solista y capaz de sacar toda la gama dinámica de la orquesta para poder disfrutar al completo la emocionante interpretación de Janine Jansen con su Stradivarius ‘Shumsky-Rode’ (1715). Todos ellos se conocen, trabajan juntos a menudo y la complejidad técnica del compositor británico no fue obstáculo para ninguno de los artistas demostrando respeto, admiración y un amor por la música común.

El sonido de la violinista de Países Bajos es increíble, llega a todos los rincones con una paleta de recursos y colores únicos, hasta en los armónicos. Su musicalidad trasciende más allá del propio instrumento, es corporal, con un arco tan increíble como su digitación estratosférica, pura emoción que transmitió en los tres movimientos, siempre perfectamente balanceados por Mäkela y una RCO ideal en sonido y empaque con la plantilla perfecta (calcular a partir de la cuerda: 14-12-1o-8-6, hoy comandada por el concertino Vesko Eschkenazy). Las indicaciones de Agitato o Animando fueron literales hasta la Cadenza previa al inicio del tercer movimiento que logró un reverencial silencio por parte de todos hasta ponernos la carne de gallina. Este triunvirato de «solista, orquesta y director» en este concierto logró engrandecer esta primera parte que dejó muy alto el listón y exhausta a la virtuosa, saliendo a saludar hasta en cinco ocasiones pero imposible regalar una propina tras el esfuerzo físico y mental de un Britten para el recuerdo.

Con la misma coherencia llegarían las obras unidas en la segunda parte: las Lachrimae antiquae de Dowland y la poco interpretada segunda de Schumann (además de continuación de la primera, pues como bien relata Luis Gago en el programa de mano para Ibermúsica, «Robert Schumann como Benjamin Britten padecieron fuertes episodios melancólicos o, en terminología más moderna, depresivos. Se acentuaron, claro, al final de la vida de uno y otro como consecuencia de la enfermedad: los trastornos mentales derivados de una antigua y muy probable infección de sífilis en el primero y severas dolencias cardíacas en el segundo, que afectaron seriamente a la movilidad de la parte derecha de su cuerpo de resultas de un infarto, lo que le impidió tocar el piano, una de sus ocupaciones predilectas, y le obligó a desplazarse en silla de ruedas»). Y estas notas las titula «Melancolías» pues nadie como Dowland puede traducir este sentimiento y el arreglo elegido para el concertino, el violín segundo, dos violas y cello de la RCO cual ensamble de violas renacentista, verdaderas lágrimas antes de la Sinfonía nº 2 en do mayor, op. 61 de Schumann dirigidas de memoria por un Mäkela que las conoce a fondo, al igual que los neerlandeses.

La gestualidad del director finlandés es propia, estilizado cuerpo cimbreante, danzante por momentos, encogido o estirado, con una mano izquierda que frasea, delinea, agita, corta o aminora, más la batuta cual varita mágica ágil, vibrante, marcando sin ofender y dibujando en el aire. Escuchar esta segunda sinfonía de Schumann (estrenada en Leipzig el 5 de noviembre de 1846) observándole dirigir es un placer visual junto al sonoro. Escrita durante los primeros síntomas del deterioro mental que según confesión del compositor  «hablaba de la resistencia del espíritu» -lo que le supuso una verdadera batalla contra su mala salud- si el programa de este concierto demuestra cohesión de principio a fin, esta segunda sinfonía también. Mi admirado tocayo la disecciona como buen profesor en las notas al programa, y puedo comentarla a partir de ellas: A través de un tema común siempre claro en la RCO, presentado en el allegro inicial por unos metales siempre nobles en un tempo «un poco più vivace», el mismo tema que volvería a sonar al final del movimiento y también del scherzo, siempre enunciado por la misma familia de instrumentos con una claridad meridiana de los neerlandeses. El scherzo va en segundo lugar en vez del habitual adagio, y jugando con las notas del nombre de Bach en alemán. Mäkelä subrayó la ternura del Schumann más lírico, apoyado primero en una cuerda increíble, donde las fusas a unísono sonaban todas a una perfectamente encajadas, más el momento estelar del oboe (recordando que Lucas Macías ocupó esa plaza). El último allegro victorioso resultó impecable, triunfante y elegante como la dirección de Mäkelä, con el movimiento del que Schumann afirmó le hizo revivir y sentirse mucho mejor de su aflicción al ponerle punto final, y así nos hicieron sentir este instrumento perfecto con el mejor intérprete del momento.

Y de regalo otra delicatesen para recordar: el Andantino del entreacto nº 3 de la «Rosamunde» D. 797 de Franz Schubert, imposible mejorar lo escuchado este último lunes de enero en Oviedo, fecha para la historia musical de «La Viena Española» que no me cansaré de repetir.

PROGRAMA:

Primera parte

Henry Purcell (1659-1695):

Marcha de la «Música para el funeral de la Reina Mary», Z. 860

Benjamin Britten (1913-1976):

Concierto para violín y orquesta, op. 15

I. Moderato con moto – Agitato – Tempo primo

II. Vivace – Animando – Largamente – Cadenza

III. Passacaglia: Andante lento (Un poco meno mosso)

Segunda parte

John Dowland (1563-1626):

Lachrimae antiquae

Robert Schumann (1810-1856):

Sinfonía n.° 2 en do mayor, op. 61

I. Sostenuto assai – Un poco più vivace – Allegro, ma non troppo

II. Scherzo: Allegro vivace

III. Adagio espressivo

IV. Allegro molto vivace

Campanas de esperanza

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Un programa atractivo y exigente marca el estreno de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»

Pablo Siana

Jueves, 31 de octubre, 20:00 horas. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”, Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Jaeden Izik-Durko (piano), Oviedo Filarmonía, Vincenzo Milletarì (director). Obras de Martínez Burgos, Scriabin y Tchaikovsky.

(Crítica para LNE del sábado 2, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

Jueves otoñal cerrando octubre para la inauguración de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» dedicada a las víctimas de la DANA y guardando un respetuoso minuto de silencio antes de comenzar el concierto con el absoluto ganador en todas las categorías del XX Concurso Internacional de Piano de Santander “Paloma O’Shea (2022) o del 67º María Canals barcelonés entre otros muchos: el canadiense Jaeden Izik-Durko (Salmon Arm, 1999), tras su recital en solitario para la Sociedad Filarmónica de Gijón en febrero de este año, esta vez junto a la Oviedo Filarmonía (OFIL), y el regreso al podio del director italiano Vincenzo Milletarì (Taranto, 1990), a quien disfrutamos dirigiendo la clausura de los Conciertos del Auditorio 2022 en una excelente Gala lírica.

Para esta triste noche de difuntos que contrastaba con el ambiente juvenilmente festivo, un programa atractivo y exigente manteniendo la estructura habitual de estreno, concierto solista y gran sinfonía, para poner a prueba a la siempre versátil y cada vez más madura orquesta ovetense. El programa comenzaba con el estreno absoluto del madrileño afincado en Asturias Manuel Martínez Burgos (1970) titulada «…humanidad que viene de las tinieblas, y se esfuerza, incansable, por llegar a la luz…», obra encargo de la AEOS en colaboración con la SGAE, inspirada en «La Regenta» de Clarín para conmemorar el 25 aniversario del Auditorio y la OFIL. Tomando como título una frase del propio Leopoldo Alas, la obra comienza con una introducción de 25 campanadas metafóricas (pienso que la cercanía de la Wamba catedralicia al CONSMUPA está en el subconsciente del catedrático) donde a la Vetusta musico-literaria va hilvanándose y sumándose las distintas secciones en tres capítulos sin interrupción coincidentes con los párrafos de la cita: I. …humanidad que viene de las tinieblas, II. y se esfuerza, incansable, III. por llegar a la luz…. La luz como símbolo del conocimiento tanto para el escritor zamorano tan asturiano ya como el doctor por la Universidad de Oxford, quien “parirá” esta obra entre 2022 y 2023 como otro hijo sinfónico que al fin vio la luz jugando con todas las combinaciones posibles de la tímbrica orquestal que nuestro catedrático domina como pocos: paleta sinfónica muy rica desde un lenguaje actual y reconocible, la sombra inicial con música abrumadora por momentos, el esfuerzo del camino lírico y melódico con una cuerda sedosa, y la esperanza final llena de fulgurantes ritmos que nos recuerdan al mejor Bernstein, colorista y optimista en su conclusión con el impactante final para lucimiento de metales y percusión de una OFIL bien llevada por Milletarì, recogiendo los grandes aplausos del público junto al propio compositor.

El Concierto para piano y orquesta en fa sostenido menor, op. 20 (1896), de Alexander Scriabin (1872-1915) nos permitió en sus tres movimientos corroborar las buenas sensaciones, técnica y musicalidad de Izik-Durko gracias a una excelente concertación del maestro italiano. La primera composición orquestal del ruso, transición entre siglos y armónicamente muy particular pero aún con influencias de Chopin o Liszt, es una obra introspectiva, refinada y repleta de impulsos, como así la entendieron los intérpretes: un contundente Allegro, bien balanceado, el delicado Andante central con un dúo clarinete-piano emocionante, y el enérgico Allegro moderato final, con el canadiense sabiendo equilibrar brillo y fusión junto a una OFIL siempre clara en todas sus secciones y Miletarì atento a cada detalle gracias a la buena comunicación visual y gestual.

La propina tenía que ser también de Scriabin: el Andante cantabile en fa sostenido mayor de sus “2 Poèmes”, op. 32, casi un actualizado homenaje a Horowitz, uno de los valedores de su compatriota.

Y como suelo repetir a menudo “no hay quinta mala”, porque la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 (1888) de Piotr Ilich Tchaikovski (1840-1893) no solo enlaza con la esplendorosa Rusia musical y la contemporaneidad con el anterior Scriabin, sigue siendo una de las más grandes páginas orquestales para gusto de todos los públicos y verdadera prueba de fuego para los intérpretes. Representando el romanticismo último, su pura emocionalidad y melodismo fue bien captado por Miletarì que hizo “cantar” a la OFIL pasando por los estados de ánimo siempre actuales por cercanos, esta sinfonía atormentada que expresa como pocas un destino fatal pero enérgico y brillante. Es difícil aportar algo nuevo a tantas versiones de referencia, pero las sensaciones de desánimo a flor de piel hicieron que el director italiano arrancase el Andante – Allegro con anima iniciado con un pausado inicio antes de atacar con verdadera “alma” para  jugar con unos “tempi” muy contrastados y extremos, impecables los clarinetes en  el recurrente tema “del destino” que iría destilando sensaciones a lo largo de la obra. Las dinámicas también fueron amplias y manteniendo los balances en  el Andante cantabile, con alcuna licenza del maestro italiano en los “rubati” bien marcados, con el conocido y magnífico solo de trompa más una OFIL enriqueciendo la tímbrica. El Valse ligero y nostálgico sería un sólido puente antes del final explosivo, ese Finale: Andante maestoso – Allegro vivace donde la energía se transmitió con una orquesta de sonoridad compacta, madura, limpia, convencida y entregada, brillando todos sus solistas para la grandiosa conclusión que nos dejó una buena, además de personal, interpretación de esta otra “quinta joya” para un concierto esperanzador.

Izik-Durko, pianismo de altura

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El canadiense inaugura las jornadas «Luis G. Iberni» con una OFIL madura y compacta que se despidió con «La Quinta» de Chaikovski

Pablo Siana

(Reseña para LNE del viernes 1, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos de las RRSS)

Último día de octubre y a la memoria de las víctimas de la DANA tras un minuto de silencio arrancaban las Jornadas de piano «Luis G. Iberni» con el ganador del Concurso Internacional de Santander en 2022, el canadiense Jaeden Izik-Durko con la Oviedo Filarmonía, tras su recital en solitario en febrero de este año para la Sociedad Filarmónica de Gijón, y con el regreso al podio del italiano Vincenzo Milletarì (1990), quien ya estuvo dirigiendo la clausura de los Conciertos del Auditorio 2022 con una excelente Gala lírica.

La inauguración del ciclo, que organiza la Fundación Municipal de Cultura y cuenta con la colaboración de LA NUEVA ESPAÑA, ofreció un atractivo programa que comenzaba con el estreno absoluto «…humanidad que viene de las tinieblas, y se esfuerza, incansable, por llegar a la luz…» , obra de Manuel Martínez Burgos encargo de la Asociación Española de Orquesta Sinfónicas en colaboración con la SGAE inspirada en “La Regenta” de Clarín. Obra vistosa y agradecida de escuchar, se inicia con 25 metafóricas campanadas y consiste en tres movimientos sin interrupción, en los que se juega con todas las combinaciones posibles de la tímbrica orquestal.

El Concierto para piano y orquesta en fa sostenido menor, op. 20, de Alexander Scriabin en sus tres movimientos nos permitió corroborar las buenas sensaciones de Izik-Durko junto a una buena concertación del italiano en la primera composición orquestal del ruso, transición entre siglos y armónicamente muy particular. Obra refinada, introspectiva y repleta de impulsos, como así la entendieron los intérpretes: contundente el Allegro, delicado el Andante central y enérgico el Allegro moderato final, pianismo de altura bien respaldado por una OFil clara en todas sus secciones bien llevada por Miletarì y el necesario entendimiento con el solista.

En la segunda parte para enlazar con la mejor Rusia musical, la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 de Piotr Ilich Chaikovski, repitiendo que “no hay quinta mala” y siendo una de las grandiosas páginas orquestales que no pueden faltar cada temporada para poner a prueba músicos y público. Último romanticismo, melodismo en estado puro de esta página atormentada expresando el fatal destino. Emociones a flor de piel con unos tempi muy contrastados y extremos, como las dinámicas de Milletarì con una OFil madura y compacta donde brillaron sus solistas pero sobre todo la buena y personal lectura de esta joya sinfónica.

Jueves, 31 de octubre, 20:00 horas. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”, Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Jaeden Izik-Durko (piano), Oviedo Filarmonía, Vincenzo Milletarì (director). Obras de Martínez Burgos, Scriabin y Tchaikovsky.

Buena poesía para Borja Mariño

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CD «Mientras se borra el mundo. Lírica de cámara de Borja Mariño». Mar Morán – Gabriel Alonso – Aurelio Viribay.

Cezanne Producciones: CZ132 / M-10393-2024 / 0 793150 230280

Este viernes 13 de septiembre a las 12:30 se presenta en el ambigú del Teatro de la Zarzuela el último trabajo discográfico de Borja Mariño (Vigo, 1982) en el sello que dirige Javier Monteverde y grabado a finales de abril del presente año.

Del músico gallego hay mucho que escribir, aunque nadie mejor que mi admirado Arturo Reverter en el fenomenal texto introductorio «Al calor de los poemas» (que dejo íntegro al final de esta entrada). Borja Mariño conoce como pocos la voz humana pues no debemos perder de vista su enorme trabajo como maestro repetidor (para quien lo desconozca: el que trabaja desde el piano las partituras orquestales) en los mejores teatros de ópera, siendo larga la lista de grandes voces que han tenido la suerte de tenerle a su lado. Probablemente le viene de aquí esta vocación por la llamada «Canción de concierto», así que nadie mejor para sentarse al piano que el vitoriano Aurelio Viribay Salazar (a quien Don Arturo ha bautizado como «arqueólogo de la canción española»), una autoridad en este repertorio y que conoce bien tanto las composiciones del compositor gallego como la sabia elección de las voces para este disco que recoge cinco del compositor vigués: la soprano pacense Mar Morán (con quien llevó al disco tanto a García-Leoz como el pasado año las canciones de Manuel Palau) y el barítono ferrolano Gabriel Alonso (recuperando a compositores gallegos de distintas épocas en No camiño). Esta es una recopilación de los principales ciclos de Mariño con ese título tan enigmático como Mientras se borra el mundo organizadas alternando las voces, la soprano «Versos de mujer», «Campanas de sol y aire» más «Cuatro canciones antiguas sobre textos sefardíes» mientras el barítono canta el «Tríptico de Hierro» y los «Tres poemas de guerra y un sueño», todas ellas con el magistral piano del vitoriano.

Como en toda canción denominada lírica, incluso desde su propia acepción de adjetivo ‘perteneciente o relativo a la lira, a la poesía apropiada para el canto o a la lírica’, los textos (que se incluyen en el libreto) son inseparables de la música, así que la (s)elección de Borja Mariño no puede ser mejor, engrandeciendo la palabra al elevarla con su música, de cuño propio y actual pero que conoce toda la evolución del género y estilo. Y si además hay un guiño a las mujeres, el resultado final es óptimo, dejándonos en este último trabajo una producción que ya ha sonado en diferentes escenarios e incluso orquestada a lo largo de estos últimos años con elencos de talla internacional.

De los textos, en el caso de «Versos de mujer» que abre la grabación, es un homenaje a la poesía femenina con textos de Dulce María Loynaz (1903-1997), Alfonsina Storni (1892-1938), Josefina de la Torre (1907-2002) y Carmen Jodra (1980-2019), junto a dos escritoras vivas como Carmina Casala (Atienza, Guadalajara) y la asturiana Dalia Alonso (Gijón, 1996).

Por comentar brevemente todas las canciones comenzaré con las de Mar Morán, las primeras seis pistas del disco:

Quiéreme toda (Loynaz), La falda eléctrica (J. de la Torre), Bola de nieve (D. Alonso), ¡Agua, agua! (A. Storni), Adiós, amor (C. Casala), y Cita final (C. Jodra). Seis cuadros de mujer, con la primera desde una introducción de piano plenamente «entera» y tan lírica como la voz de la cantante extremeña, fraseos sentidos y llevados por el propio texto, de agudos extremadamente matizados junto a los puentes instrumentales más allá del acompañamiento. «Electrizante» y cautivadora la segunda, auténtico lied hispano de protagonismo entre sus intérpretes, escritura de herencia hispana y creatividad gallega para estos versos de saltos casi acrobáticos en registros agudos sin perder nunca el buen gusto. Intimismo de nieve que cala por su sensibilidad a pares la tercera contrastado en carácter con el agua matadora de la argentina Alfonsina que Mariño traslada la inquietud tanto a la palabra cantada como al piano. Tras la angustia vital la del alma, el adiós sentido y plenamente romántico pero de nuestro tiempo, el canto casi susurro acunado por el piano con los silencios justos para redondear la musicalidad. Y el breve final de estos versos en femenino plural, alegres y optimistas con un maravilloso piano vistiendo la melodía cautivadora.

«Campanas de sol y aire» es un canto a la milenaria Hispalis sobre poemas de cuatro escritores  contemporáneos sevillanos: Juan Lamillar (1957), Lutgardo García Díaz (1979), José María Jurado (1974) e Ignacio Trujillo, quienes imprimieron en sus poesías, desde su propia perspectiva, la belleza y el carácter de la capital andaluza, y que la soprano extremeña ya ha interpretado en el Ateneo de Sevilla así como en Mérida, ocupando aquí las pistas undécima a decimocuarta:

Mientras se borra el mundo (J. Lamillar) da título al álbum, perfecta conjunción de voz y piano, fraseos compartidos jugando con un rubato mínimo adecuado al texto. Milagro en Valdezufre (L. García Díaz) de musical aire francés pero sin fronteras, melodía cantada revestida por un piano para tejer una página atemporal. El bosque, la flor y la muerte (J. Mª. Jurado), el texto, la voz y el piano, esencia de la canción, nuestro «lied hispano» desde una raíz más allá del folklore para disfrutar cada frase. Y Alta torre (I. Trujillo), bravura sin complejos explorando todos los registros de voz y piano para comprobar esa altura sevillana entendida como metáfora musical.

Por último las «Cuatro canciones antiguas sobre textos sefardíes» (cortes 18 a 21), una de las primeras obras para voz del compositor vigués, ciclo que gira en torno a los cuatros modos de la música antigua con textos recogidos por la musicóloga Susana Weich, que representan diversos momentos vitales: el casamiento, la muerte, una nana y una canción de juegos, estrenadas en el año 2000 por Patricia Blanco (posteriormente orquestadas con gran repercusión en la personal interpretación que hizo en 2013 la soprano Saioa Hernández en el Auditorio Nacional de Madrid con Alejandro Jassán al frente de la Sinfónica Chamartín):
Entender esa cultura no tan conocida pese a la cercanía nos trae primero Demudada de mi amado (textos recogidos en Sofía, Bulgaria), melismas sinceros más que adornos, calderones y la voz desnuda rápidamente arropada al piano con formas de cantar que se mantienen en nuestra tierra y Mariño actualiza desde su magisterio. Altas voces doloridas (textos recogidos en Tetuán, Marruecos) de aires renacentistas como tantos otros compositores han tomado para la canción de concierto, la música modal tan rica y paulatinamente adoptada en la actualidad. La cabecita de la luna (textos recogidos en Jerusalén), recordando «otras lunas» por ambos intérpretes, siempre inspiradora en música, que en esta bellísima nana del compositor vigués ha encontrado en Mar y Aurelio sus mejores transmisores de emociones. Para finalizar con Juego de niños (textos recogidos en Israel y Quintana del Monte, León), el carácter infantil con la óptica adulta de una escritura musical que no tiene nada de juego sino de estudio y conocimiento vocal e instrumental, perfecto cierra de esta grabación.

En la voz de Gabriel Alonso comento el resto de pistas:

«Tres poemas de guerra y un sueño» con textos de Antonio Machado (Sevilla, 1875 – Colliure, 1939), es un encargo del propio barítono que forma parte de un proyecto de tres ciclos de tres autores escritos para su trabajo de fin de carrera. Mariño se centra en los últimos poemas del escritor sevillano donde encara el exilio y los estragos de la Guerra Civil española, canciones que dibujan la profunda desolación retratada por el poeta, intercaladas por una cuarta, Sueño, que da un pequeño respiro a tanta oscuridad. El ciclo fue estrenado por Alonso junto al piano de Duncan Gifford en 2021 (en el Auditorio Sony de la Escuela Superior de Música Reina Sofía) que también se interpretó en el Ward Recital Hall de Washington (por el barítono Gustavo Ahualli junto al pianista Agustín Muriago):

Estos tres poemas son ideales para el color vocal del ferrolano (de sus características remito de nuevo a Don Arturo), pero mis impresiones tras su repetida escucha van desde el Horizonte, de nuevo con un piano introductorio que prepara el fraseo cantado desde una escritura actual perfectamente adaptada al texto del poeta sevillano, La primavera esperanzadora con unas sombras planteadas en el «acompañamiento» tan protagonista y descriptivo, junto a una línea de canto exigente bien resuelta por el barítono en todo el registro desembocando en un final luminoso. Prosigue el desgarrador Sueño cual copla de ciego actual sin «tonalidad» como el propio poema, y La muerte del niño herido, marcha fúnebre para un dolor creativo desde todos los puntos de vista, nana perpetua en una penumbra musical bien escrita y ejecutada por ambos intérpretes.

«Tríptico de Hierro» fue compuesto para conmemorar en 2022 el centenario del premiado con el Príncipe de Asturias de las Letras en 1981, el poeta madrileño José Hierro (1922-2002), tríptico estrenado por el barítono David Oller con el propio Mariño (también tiene versión sinfónica estrenada en el Auditorio Manuel de Falla de Granada y con César San Martín y la Orquesta de Getafe en 2023, dirigida por Carlos Díez en el Teatro García Lorca).

El buen momento parece describir el que comparten intérpretes y compositor, la poesía de Pepe Hierro que tan bien casa en la música del compositor gallego con la entrega de voz y piano en este universo férreo, Las nubes que dibujan formas e inspiran un canto emotivo, entregado, revestido de un teclado evocador como la propia «firma», para terminar con el Paseo, sincopado con paso firme, los acentos poéticos que se enriquecen en esta página de Mariño, «eternamente joven» en ese calendario desgranado en una verdadera «crónica del dolor» hecho canción y así entendida por Gabriel y Aurelio.

AL CALOR DE LOS POEMAS Más

Mi particular 73º Festival de Granada

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Como resumen de mis conciertos en el 73º Festival de Granada, paso a dejar todos a los que acudí desde el 16 de junio al 14 de julio con sus correspondientes enlaces (links) a las reseñas reflejadas en el blog. Distintos estilos, épocas, programas, encuentros, conferencias, espacios y hasta cine mudo (con música en vivo, evidentemente).

De mis vivencias ya están parte de ellas subidas en la anterior entrada. Sobre aquellos que me han dejado buen sabor, quienes tengan el humor y tiempo de leerme sabrán encontrarlos… por distintos motivos recordar los de Chano Domínguez junto a Esperanza Fernández en el Palacio de los Córdova, Mariza más allá del fado en el Generalife, un Bach con el chelo piccolo para no olvidar en el Hospital Real, mi «descubrimiento» de un barítono llamado a triunfar, amén del artista residente Paul Lewis, impecable con su integral de las sonatas para piano de Schubert –que volverá a Oviedo-, el reencuentro con Alexandre Kantorow al piano, las clases de Sir András Shiff, los siempre grandes y «sin palabras» del Cuarteto Quiroga en San Jerónimo, junto a un auténtico «postgrado» con las obras de José María Sánchez-Verdú  compositor residente este año, al que voy entendiendo su lenguaje gracias al asombro sonoro de SIGMA. De la magia de todos los escenarios de este festival en la capital nazarí, el Patio de los Arrayanes es insuperable incluso por su acústica.

TOTAL: 38 conciertos y 1 conferencia en 12 espacios y  29 días.

Espacios y conciertos (JUN+JUL):

1. Palacio de Carlos (7+4) / 11

2. Patio de los Arrayanes (2+3) / 5

3. Teatro del Generalife (1) / 1

4. Hospital Real (6+3) / 9:

Patio de los Inocentes (2): 2; Patio de los Mármoles (2+2): 4, y Crucero (2+1): 3

5. Colegio Mayor Santa Cruz la Real (1+1) / 2

6. Parroquia de Nuestro Salvador (1) / 1

7. Monasterio de San Jerónimo (1+2) / 3

8. Centro Federico García Lorca (1+1) / 2

9. Palacio de los Córdova (1) / 1

10. Auditorio Manuel de Falla (2) / 2

11. Teatro CajaGranada (1) / 1

12. Fundación Euroárabe de Altos Estudios (1) / 1

 

MIS CONCIERTOS:

JUNIO

Domingo 16

Conciertos de Palacio | Palacio de Carlos V, 22.00 h / #Bruckner200

Orquesta Sinfónica RTVE / Christoph Eschenbach, director

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791):

Sinfonía nº 36 en do mayor, K 425 «Linz» (1783)

Anton Bruckner (1824-1896):

Sinfonía nº 7 en mi mayor, WAB 107 (1881-83)

Lunes 17

Música de cámara | Patio de los Arrayanes, 22.30 h / Schubert esencial

Trío Arbós

José María Sánchez-Verdú (1968):

…In aeternum (del Trío II) (1996)

Franz Schubert (1797-1828):
Trío con piano en si bemol mayor, D 898, op. 99 (1827)

José María Sánchez-Verdú:

Jardín de agua II (Trío VI) (2024)*

Franz Schubert:

Trío con piano en mi bemol mayor, D 929, op.100 (1827)

* Estreno absoluto, encargo del Festival de Granada

Martes 18

Música de cámara | Patio de los Inocentes (Hospital Real), 21.30 h / +Bach

Israel Galván, baile

Benjamin Alard, clave y dirección

Miguel Colom, violín

Fernando Arias, violonchelo

Álvaro Octavio, flauta

Luis Ángel Sánchez, oboe

Vicente Alberola, clarinete

Manuel de Falla, entre la influencia y la creación

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Affettuoso del Concierto de Brandemburgo nº 5 en re mayor, BWV 1050 (para flauta, violín y clave. 1720-21)

José María Sánchez-Verdú (1968):

Las ínsulas extrañas (2024)*

Domenico Scarlatti (1685-1757):

Sonata para clavicémbalo en si menor, K. 87 (L. 33)

Juan Vásquez (c. 1500-c. 1560) / José María Sánchez-Verdú:
De los álamos vengo, madre (arreglo para clarinete y violonchelo, 2024)*

Tomás Luis de Victoria (h. 1548-1611) / José María Sánchez-Verdú:

Tantum ergo (arreglo para quinteto de flauta, oboe, clarinete, violín y violonchelo, 2024)*

Manuel de Falla (1876-1946):
Concierto para clavicémbalo, flauta, oboe, clarinete, violín y violonchelo (1923-26)

* Estreno absoluto, encargo Festival de Granada

Miércoles 19

Grandes intérpretes | Patio de los Inocentes (Hospital Real), 21.30 h / +Bach
Jean-Guihen Queyras, violonchelo

Ahmed Adnan Saygun (1907-1991):

Partita para violonchelo solo, op. 31 «To the Memory of Friedrich Schiller» (1955)*

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Suite para violonchelo nº 6 en re mayor, BWV 1012 (1717-23)

Zoltán Kodály (1882-1967):

Sonata para violonchelo solo, op. 8 (1915)

* Estreno en España

Jueves 20

Conciertos de Palacio | Palacio de Carlos V, 22.00 h

Orquesta Ciudad de Granada / Juan Floristán, piano / Tabita Berglund, directora

Jean Sibelius (1865-1957):

Finlandia, op. 26 (1900)

Serguéi Rajmáninov (1873-1943):

Concierto para piano nº 2 en do menor, op. 18 (1900-01)

Jean Sibelius:

Sinfonía nº 5 en mi bemol mayor, op. 82 (1915, rev. 1916-19)

Viernes 21

Cantar y tañer | Colegio Mayor Santa Cruz la Real, 22.00 h / +Bach / Festival Joven

Orquesta Freixenet de la Escuela Superior de Música Reina Sofía

Marlon Mora, trompeta

Sir András Schiff, piano y dirección

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Concierto para clave, cuerdas y bajo continuo en fa menor, BWV 1056 (1738)

JosephTarmo Peltokoski Haydn (1732-1809):
Concierto para trompeta y orquesta en mi bemol mayor, HOB VIIe:1 (1796)

Felix Mendelssohn (1809-1847):
Sinfonía nº 4 en la mayor, op. 90 «Italiana» (1833)

Sábado 22

Grandes intérpretes | Parroquia de Nuestro Salvador,  12.30 h / +Bach

Benjamin Alard, órgano

Misterios de la Trinidad

Johann Sebastian Bach (1685-1750):
Preludio en mi bemol mayor, BWV 552/1

«Christ unser Herr, zum Jordan kam», BWV 684

Sonata en trío nº 2 en do menor, BWV 526

Sonata en trío nº 6 en sol mayor, BWV 530

Fuga en mi bemol mayor, BWV 552/2

Olivier Messiaen (1908-1992):
«Les Eaux de la Grâce» y «Le Mystère de la Sainte-Trinité» (de Les Corps Glorieux, 1939)

Méditation VII sur le Mystère de la Sainte Trinité «Le Père et le Fils aiment, par le Saint-Esprit, eux-mêmes et nous» (1969)

Grandes intérpretes | Palacio de Carlos V, 22.00 h

Seong-Jin Cho, piano

Maurice Ravel (1875-1937):
Sérénade grotesque (1892-93)
Jeux d ́eau (1901)
Sonatina en fa sostenido menor (1903-05)

Valses nobles et sentimentales (1911)

Scarbo, de Gaspard de la nuit (1908)

Franz Liszt (1811-1886):
Années de pèlerinage, Deuxième année «Italie», S. 161 (1846-49)

Domingo 23

Cantar y tañer | Monasterio de San Jerónimo, 12.30 h / Tríptico Haydn

Cuarteto Quiroga

Joseph Haydn (1732-1809):
Die sieben letzten Worte unseres Erlösers am Kreuze, HOB.XX:2 (Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, 1787)

Conciertos de Palacio | Palacio de Carlos V, 22.00 h / Schubert esencial

Wiener Philharmoniker / Lorenzo Viotti, director

Nikolái Rimski-Kórsakov (1844-1908):

Capricho español, op. 34 (1887)

Serguéi Rajmáninov (1873-1943):

La isla de los muertos, op. 29 (1909, rev. 1930)

Antonín Dvořák (1841-1904):

Sinfonía nº 7 en re menor, op. 70 (1884-85)

Lunes 24

Música de cámara | Patio de los Arrayanes, 22.30 h

Schumann Quartett / Seong-Jin Cho, piano

José María Sánchez-Verdú (1968):
BARZAJ (Cuarteto de cuerdas nº 10) (2014-15)

Ludwig van Beethoven (1770-1827):
Cuarteto nº 12 en mi bemol mayor, op. 127 (1823-24)

Béla Bartók (1881-1945):
Quinteto para piano y cuerdas en do mayor, Sz. 23 (1903-1904, rev. 1920)

Martes 25

Grandes intérpretes | Patio de los Mármoles (Hospital Real), 21.30 h / Schubert esencial

Paul Lewis, piano

Integral de las sonatas completas para piano I

Franz Schubert (1797-1828):
Sonata para piano nº 7 en mi bemol mayor, D 568 (1817)

Sonata para piano nº 14 en la menor, D 784 (1823)

Sonata para piano nº 17 en re mayor, D 850 (1825)

Miércoles 26

Conciertos de Palacio | Palacio de Carlos V, 22.00 h

Orquesta y Coro Nacionales de España

Sarah Wegener, soprano
Wiebke Lehmkuhl
, contralto
Maximilian Schmitt
, tenor

Ashley Riches, bajo

David Afkham, director

Ludwig van Beethoven (1770-1827):

Missa solemnis, en re mayor, op. 123 (1819-23)

Jueves 27

Encuentro con Paul Lewis moderado por Rafael Ortega Basagoiti: Las sonatas de Schubert | Fundación Euroárabe de Altos Estudios, 12.30 h / Schubert esencial

 

Clásicos del Cine | Centro Federico García Lorca, 20.00 h / Festival Joven

Chaplin & Keaton
Trío Arbós & Friends
:

Juan Carlos Chornet flauta / Claudia Reyes clarinete / Luis Barbero viola / Frano Kakarigi contrabajo

One A.M. (Charlot noctámbulo, 1916) Película de Charles Chaplin (1889-1977) Música de Stephen Prutsman (1960)

Seven Chances (Siete ocasiones, 1925) Película de Buster Keaton (1895-1966) Música de Stephen Prutsman

Viernes 28

Grandes intérpretes | Patio de los Mármoles  (Hospital Real), 21.30 h / Schubert esencial

Paul Lewis, piano

Integral de las sonatas completas para piano II

Franz Schubert (1797-1828):
Sonata para piano nº 15 en do mayor, D 840 (1825)

Sonata para piano nº 13 en la mayor, D 664 (1819)

Sonata para piano nº 16 en la menor, D 845 (1825)

Sábado 29

Música de cámara | Crucero del Hospital Real, 12.30 h / Schubert esencial

Quartet Gerhard

José María Sánchez-Verdú (1968):
Arquitecturas de la memoria (Cuarteto de cuerda nº 7) (2004)

Antoni Ros-Marbà (1937):

Quartet Tardoral (2021-2022)

Franz Schubert (1797-1828):
Cuarteto de cuerda nº 15 en sol mayor, D 887 (1826)

Conciertos de Palacio | Palacio de Carlos V, 22.00 h

Orchestre de Paris / Christiane Karg, soprano / Klaus Mäkelä, director

Arnold Schoenberg (1874-1951):

Verklärte Nacht, op. 4 (Noche transfigurada, versión 1943)

Gustav Mahler (1860-1911):

Sinfonía nº 4 en sol mayor (1899-1901)

Domingo 30

Cantar y tañer | Crucero del Hospital Real, 12.30 h /  +Bach

Mario Brunello, violoncello piccolo

Johann Sebastian Bach (1685-1750):
Sonata nº 1 en sol menor para violín solo, BWV 1001

Partita nº 1 en si menor para violín solo, BWV 1002

Partita nº 2 en re menor para violín solo, BWV 1004

Conciertos de Palacio | Palacio de Carlos V, 22.00 h

Orchestre de Paris / Klaus Mäkelä, director

Igor Stravinsky (1882-1971):

Petruchka (Ballet, versión 1947)

Claude Debussy (1826-1918):

Prélude à l’après-midi d’un faune, L. 86 (1891-94)

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791):

Sinfonía nº 31 en re mayor «París», K 297 (300 a) (1778)

JULIO

Lunes 1

Grandes intérpretes | Patio de los Arrayanes, 22.30 h / Schubert esencial

Paul Lewis, piano

Integral de las sonatas completas para piano III

Franz Schubert (1797-1828):
Sonata para piano nº 4 en la menor, D 537 (1817)

Sonata para piano nº 9 en si mayor, D 575 (1817)

Sonata para piano nº 18 en sol mayor, D 894 (1826)

Martes 2

Música de cámara | Centro Federico García Lorca, 20.00 h / Universo Lorca

Ana María Valderrama, violín / David Kadouch, piano

Lorca: in memoriam

Francis Poulenc (1899-1963):
Sonata para violín y piano, FP 119 (Dedicada a Lorca. 1943, rev. 1949)

Reynaldo Hahn (1874-1947):
Sonata para violín y piano en do mayor (1926)

Federico García Lorca (1898-1936) / Alberto Martín (1980):

Selección de canciones (arreglo para violín y piano, 2022)

Manuel de Falla (1876-1946) / Fritz Kreisler (1875-1962):
Danza española nº 1,  de La vida breve (arreglo para violín y piano, 1926)

Grandes intérpretes | Patio de los Arrayanes, 22.30 h / Schubert esencial

Paul Lewis, piano

Integral de las sonatas completas para piano IV

Franz Schubert (1797-1828):
Sonata para piano nº 19 en do menor, D 958 (1828)

Sonata para piano nº 20 en la mayor, D 959 (1828)

Sonata para piano nº 21 en si bemol mayor, D 960 (1828)

Miércoles 3

Noches de flamenco | Palacio de los Córdova, 22.30 h / Universo Lorca

Esperanza Fernández, cante – Chano Domínguez, piano – Miguel Fernández, percusión

Poemas lorquianos del cante jondo

Canciones extraídas de las obras teatrales de Federico García Lorca interpretadas en clave flamenca.

Jueves 4

Grandes intérpretes | Palacio de Carlos V, 22.00 h

Sir András Schiff, piano

Obras de Johann Sebastian Bach, Joseph Haydn, Wolfgang Amadeus Mozart, Franz Schubert y Ludwig van Beethoven

Viernes 5

Música de cámara | Patio de los Mármoles (Hospital Real), 21.30 h / Schubert esencial
Konstantin Krimmel, barítono / Daniel Heide, piano

Franz Schubert (1797-1828):
Am Fenster, D 878 (1826)
Bei Dir allein, D 866 no 2 (1828)
Das Zügenglocklein, D 871 (1826)

Schwanengesang, D 957 (El canto del cisne, 1828)

Sábado 6

Cantar y tañer | Monasterio de San Jerónimo, 12.30 h / Tríptico Haydn

Yago Mahúgo, fortepiano

Joseph Haydn (1732-1809):
Die sieben letzten Worte unseres Erlösers am Kreuze, HOB.XX:3 (Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, 1787)

Conciertos de Palacio | Palacio de Carlos V, 22.00 h

Orchestre de la Suisse Romande / Martha Argerich, piano / Charles Dutoit, director

Manuel de Falla (1876-1946):

El sombrero de tres picos (suite nº 2) (1919-21)

Robert Schumann (1810-1856):

Concierto para piano y orquesta en la menor, op. 54 (1845)

Igor Stravinsky (1882-1971):

Le Sacre du printemps (La consagración de la primavera, 1910-13. Rev. 1947)

Domingo 7

Música de cámara | Auditorio Manuel de Falla, 12.30 h / Festival Joven

Liber-Quartet

Béla Bartók (1881-1945):
Sonata para dos pianos y percusión, Sz. 110 (1937)

Igor Stravinsky (1882-1971):
La consagración de la primavera (transcr. de Liber-Quartet para dos pianos y percusión)

Noche de fado | Teatro del Generalife, 22.30 h

Mariza, voz

Luis Guerreiro, guitarra portuguesa – Phelipe Ferreira, guitarra – Adriano Alves, bajo – João Freitas, percusión – João Frade, acordeón.

Amor

Lunes 8

Grandes intérpretes | Patio de los Arrayanes, 22.30 h

Alexandre Kantorow, piano

Béla Bartók (1881-1945):

Rapsodia, Sz. 26, op. 1 (1904)

Franz Liszt (1811-1886):
Estudio de ejecución trascendental nº 12, «Chasse Neige» (1851)
Vallée d’Obermann, S.160/6 (de Années de pèlerinage, Premier année «Suisse», 1848-55)

Serguéi Rajmáninov (1873-1943):

Sonata nº 1 en re menor, op. 28 (1907)

Martes 9

Música de cámara | Teatro CajaGranada, 20.00 h

SIGMA Project / Iñaki Alberdi, acordeón / Javier Larreina, espacio escénico

José María Sánchez-Verdú (1968):
KHÔRA (ciclo para cuarteto de saxofones y acordeón microtonal) (2012-19)

Estreno absoluto de la versión escénica

Miércoles 10

Música de cámara | Patio de los Mármoles (Hospital Real), 21.30 h / Schubert esencial

Edith Peña, piano / Alexei Volodin, piano

Franz Schubert (1797-1828):
Fantasía para piano a cuatro manos en fa menor, D 940, op. 103 (1828)

Cuatro Impromptus para piano solo, D 899, op. 90 (1827)
Allegro en la menor a cuatro manos «Lebenstürme», D 947, op. 144 (1828)

Divertissement à la hongroise, a cuatro manos, D 818 (1824)

Jueves 11

Clásicos del Cine | Colegio Mayor Santa Cruz la Real, 22.30 h / Festival Joven
Nosferatu
Orquesta Ciudad de Granada

Mujeres del Coro de la OCG (Héctor Eliel Márquez, director)

Ander Tellería, acordeón

José María Sánchez-Verdú, director

Nosferatu. Eine Symphonie des Grauens (Nosferatu. Una sinfonía del horror, 1922)

Película de Friedrich Wilhelm Murnau (1888-1931) Música de José María Sánchez-Verdú (1968)

Viernes 12

Conciertos de Palacio | Palacio de Carlos V, 22.00 h / #Bruckner200

Orquesta Sinfónica de Castilla y León / Elisabeth Leonskaja, piano / Vasily Petrenko, director

Ludwig van Beethoven (1770-1827):

Concierto piano y orquesta nº 4 en sol mayor, op. 58 (1805-06)

Anton Bruckner (1770-1827):

Sinfonía nº 4 en mi bemol mayor, WAB 104 «Romántica» (1877-80. Ed. Leopold Nowak/Robert Haas)

Sábado 13

Música de cámara | Crucero del Hospital Real, 12.30 h / Schubert esencial

Cosmos Quartet / Katharina Konradi, soprano

Franz Schubert (1797-1828) / José María Sánchez-Verdú (1968):
Wandrers Nachtlied D 768, An den Mond D 259, Gretchen am Spinnrade D 118 (arreglos para soprano y cuarteto de cuerdas, 2024)*

Franz Schubert / Aribert Reimann (1936):

Mignon (transcr. 1995)

Franz Schubert:

Cuarteto nº 13 en la menor «Rosamunde», D 804 (1824)
* Estreno absoluto, encargo del Festival de Granada y la Schubertíada Vilabertrán

Música de cámara | Auditorio Manuel de Falla, 19.30 h / Schubert esencial

Cuarteto de la Staatskapelle Berlin / Elisabeth Leonskaja, piano

Johannes Brahms (1833-1897):
Cuarteto para piano nº 3 en do menor, op. 60 (1856-75)

Franz Schubert (1797-1828):
Cuarteto nº 12 en do menor, D 703 «Quartettsatz» (1820)

Johannes Brahms:

Quinteto con piano en fa menor, op. 34 (1864)

Domingo 14

Cantar y tañer | Monasterio de San Jerónimo, 12.30 h / Tríptico Haydn

Academia Barroca del Festival de Granada

Aarón Zapico, director

Joseph Haydn (1732-1809):
Die sieben letzten Worte unseres Erlösers am Kreuze, HOB.XX:1 (Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, 1787)

José María Sánchez-Verdú (1968):
SHEBA (Siete estudios para orquesta histórica sobre Die sieben letzten Worte unseres Erlösers am Kreuze de J. Haydn) (2018)*

* Estreno en España

Conciertos de Palacio | Palacio de Carlos V, 23.00 h / #Bruckner200

Orchestre national du Capitole de Toulouse / Elsa Dreisig, soprano / Tarmo Peltokoski, director

Richard Wagner (1813-1883):

Obertura de Die Meistersinger von Nürnberg, WWV 96 (Los maestros cantores de Núremberg, 1862-67)

Richard Strauss (1864-1949):

Vier letzte Lieder, op. 150, TrV 296 (Cuatro últimos lieder, 1947-49)

Anton Bruckner (1824-1896):

Sinfonía nº 9 en re menor, op. 109 (1887-96. Ed. Leopold Nowak)

Artistas Residentes:

José María Sánchez-Verdú (Algeciras, 1968), compositor.

Paul Lewis (Liverpool, Reino Unido, 1972), artista residente (pianista).

Hasta aquí «mi 73º Festival de Granada» con muchas historias y conciertos para todos los públicos.

Muchas historias de mi Festival de Granada

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A lo largo de un mes y desde este blog he ido subiendo mis críticas y reseñas del 73º Festival de Granada, que paso a resumir en esta entrada, los conciertos que evidentemente tuve que seleccionar ante la oferta inmensa, sin asistir a la Danza -otra de las señas de identidad del Festival- en el Generalife ni al FEX o los Cursos «Manuel de Falla», aunque tuve fusión flamenca y hasta fado, otras experiencias únicas e inolvidables en este 2024 de finales ganadas y granadas.

Mi eterna gratitud a todo el EQUIPO, desde su director Antonio Moral en su última edición, a la Jefa de Prensa Teresa del Río, María José Serrano en el Patrocinio y Relaciones Externas, Nina von Krogh en la Coordinación Artística, la gerente María Elena Cazorla, y la mio neña Lorena Jiménez con sus «Encuentros» en las RRSS para el festival, por citar sólo a mis «habituales» sumándoseme este año Miguel Ángel Lázaro con quien compartí «casa granadina» junto a muchas previas y posteriores, como un hijo con toda la vida por delante.

También al fotógrafo y ya amigo Fermín Rodríguez, que con sus imágenes oficiales nunca pueden faltar en cada entrada, Redes Sociales y noticias… por supuesto a todo el amplísimo y numeroso personal (azafatas, técnicos más voluntarios) con quienes este festival funciona como un perfecto engranaje muy entrenado tras tantos años de trabajo, no siempre visible pero que merecen mi reconocimiento vivido en primera persona.

Al personal del ambigú que el Grupo Abades montaba (y desmontaba) en el Palacio de Carlos V y en el Generalife, ya conocidos del año pasado y que me tenían siempre fresquita «una verde» antes y después de cada concierto, siendo cada noche los que cerrábamos…

Imposible relacionar el encuentro con amistades de la anterior edición, granadinos ilustres, melómanos llegados de toda la geografía española, críticos de distintos medios: al «maestro» Rafael Ortega Basagoiti, con quien compartir toda su sabiduría, Mercedes García Molina (con «desvirtualización» junto al soriano José del Rincón «Pocho»), José Manuel Ruiz, José Antonio Lacárcel, Pablo J. Vayón, José Antonio Cantón, Justo Romero o Alejandro Fernández «mi boquerón», por citar solo a unos pocos.

Al equipo de Radio Clásica con mis queridos Jesús Trujillo y Elena Horta, siempre un placer las tertulias y paseos tras los conciertos, sin olvidarme del «imprescindible» Arturo Reverter con quien compartir tanto, no solo de recuerdos comunes sino toda su sabiduría de gallego en la capital (gracias eternas por la entrevista al descanso el último viernes haciéndome publicidad de este blog) y el rápido encuentro con Carlos Santos sin libreta, un «omnívoro musical» como el que suscribe.

Mención especial al Colegio Mayor Santa Cruz La Real, mi segunda casa en otro mes granadino donde me trataron con mucho cariño y todas las atenciones inmerecidas para este melómano noctámbulo (no solo por los horarios de los conciertos).

Gracias a Javier y Laura durante la semana, junto a Óscar y Natalia «el finde» por «dar de comer al hambriento», a mis «guardianes» Paqui, David, Samuel y Manolo, junto a todo el personal de limpieza con el resto de trabajadores de un alojamiento increíble donde conviven los Padres Dominicos (Don Antonio Larios a la cabeza) y muchos grupos de estudiantes, también profesores que acuden en verano a formarse en la capital nazarí, donde volvería a encontrarme con el compañero italo-americano que trabajó en mi IES «El Batán» de Mieres y con el ponceño Isidoro Valentín «Cholo» «mi hermano» residente en New Jersey con quien volví a platicar a menudo compartiendo filosofía, historias, poemas y vida.

Cada día y cada noche hay que descubrir Granada, embrujo y magia, tapas con cerveza de la tierra (también malagueña) y entre mis habituales por el Realejo de las plazas de Santo Domingo o de Carlos Cano (siempre sonando en mi cabeza)…

… no podía volver a visitar mi «Auténtica Carmela» en la calle Concha, viendo la espalda de la estatua dedicada a Yehuda Ibn Tibon, para seguir disfrutando de su carta, la amabilidad y profesionalidad del personal, y saludar de nuevo a Doña Hilaria, una cliente de siempre a quien recordaba del año pasado y que finalmente acabamos charlando muchas mañanas y tardes.

En otra entrada colocaré los enlaces (links)a cada reseña de mis 38 conciertos en 11 espacios y  29 días… hay que dejar algo más estrictamente musical aunque sin nada de lo anterior hubiera sido lo mismo.

ASOMBRO SOnoro

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Martes 9 de julio, 20:00 horas. 73º Festival de Granada, Teatro CajaGranada | Música de cámara:
SIGMA Project, Iñaki Alberdi (acordeón), Francisco Javier Larreina, espacio escénico. Obra de José María Sánchez-Verdú; Estreno escénico.  Fotos de ©Fermín Rodríguez.

En esta septuagésimo tercera edición del Festival Internacional de Música y Danza de Granada estoy descubriendo poco a poco el particular universo sonoro y camerístico del compositor residente de esta edición, el algecireño José María Sánchez-Verdú (Algeciras, 1968), del que Alberto González Lapuente (1961) ya le describía en el diario ABC (marzo de 2009) así: «en todo el universo compositivo español no habrá un compositor más radical en el estilo y (…) más dispuesto a tender puentes con el ayer (…) La recalcitrante voluntad del compositor le lleva, una y otra vez a rebuscar en la materia sonora adentrándose en el sonido y en la materia acústica de los propios instrumentos» y el tiempo está corroborando este vaticinio del crítico madrileño. Si con la cuerda esta búsqueda ya me sorprendía, en el caso de los saxofonistas valencianos de SIGMA Project junto al acordeonista guipuzcoano Iñaki Alberdi Alzaga (Irún, 1973) en este día 24º de mi festival solo puedo calificarlo de asombroso o jugando con las palabras, como el algecireño con el sonido, «ASOMBRO SOnoro».

Del ciclo KHÔRA que se fue «construyendo» entre 2012 y 2019, dejaré más adelante las propias notas del compositor gaditano, pero quiero resaltar este estreno escénico que logró aún mayor impacto sonoro en un espacio como el del Teatro de la Fundación CajaGranada (que lleva de nombre del Isidoro Máiquez  (actor cartagenero afincado en Granada de finales del siglo XVIII a principios del XIX) pues el escenógrafo Francisco Javier Larreina, pese a las propias limitaciones de un «teatro» muy especial pero aún creciendo y necesitando todavía más recursos, logró ayudar a vestir, revestir y (re)construir un edificio sonoro ya de por sí en una cuarta dimensión espacio-temporal que de haberse escuchado estático en otro recinto, el resultado final no hubiese sido tan espectacular.

Mientras parte del público estaba más pendiente de la semifinal de la Eurocopa 2024 entre España y Francia (ya somos subcampeones), incluso marchando en torno a las 21 horas, yo apenas pensaba palabras que me iba sugiriendo la escucha, luces y movimiento de un quinteto ya de por sí «rompedor» en su composición.

Palabras que brotaban casi como los sonidos de los distintos saxos, solos, emparejados, cambiando de posición, permutándose, moviéndose con un vestuario blanco y pies descalzos buscando aún mayor pureza para no interferir en una construcción temporal como es el directo: espasmos sonoros, edificando sonidos, ecos de risas y diálogos inconexos donde los saxofones imitaban murmullos, gemidos, piar de pájaros, canto de grullas y aleteo de unos extraños «cuervos blancos», gritos, quejidos, la naturaleza en estado hipersónico, recuerdos de la madre Gea o Gaia, del siempre recordado Antón García Abril para la mítica serie «El hombre y la tierra», con aerófonos capaces de todo lo que Sánchez-Verdú ha escrito para esta formación: percusión, efectos especiales y hasta ladridos o aullidos, sumando dextrógiros y levógiros en primer plano y enfrentando los dos saxos bajos para envolvernos literalmente, verdadera polifonía saxofónica de voces iguales y aires atonales, casi salvajes.

Increíble la aparición del acordeón, contemporáneo en conjunto pero descontextualizado al utilizarlo en una posición increíble de tocar, asi inimaginable que sólo Alberdi (totalmente de negro pero iluminado en el amplio sentido del adjetivo) puede hacerlo: tumbado y al revés, el fuelle también visual, manos opuestas en las botoneras, equilibrio por posición entre los sopranos que también insuflarían a un megáfono el aire vital junto a los tenores con el tudel acodado y doble lengüeta de fagot («saxos egipcios») de la Khôra V en un quinteto final efectista cual tren de vapor tomando velocidad, la industrialización sin olvidarse un lenguaje del mundo actual, el bajo  casi hundido el fondo acercándose al primer plano antes del efecto «goteo» final con solo los dos saxos sopranos y las luces apagándose. Eran las 21:22 horas y los nueve episodios alcanzaban un clímax de silencio tras este catálogo sonoro aerófono.

La estructura de KHÔRA es la siguiente:
Khôra I (2 saxos sopranos y 2 saxos bajos)
Horos I (2 saxos sopranos)
Khôra II (2 saxos sopranos y 2 saxos bajos)
Transitus (1 saxo bajo)
Khôra III (2 saxos sopranos, 2 saxos bajos y acordeón)
Horos II (acordeón)
Khôra IV (2 saxos sopranos y 1 saxo tenor)

Transitus II (2 saxos sopranos, 1 saxo tenor y 1 saxo bajo)
Khôra V (2 saxos sopranos, 2 saxos “egipcios” y acordeón)
Y aquí las notas al programa del propio José María Sánchez-Verdú:

El ciclo KHÔRA, para cuarteto de saxofones y acordeón microtonal, está conformado
por nueve piezas. El espacio y su percepción, junto al sonido, son los ejes vertebradores
de todo el proyecto.
Cada una de las partes del ciclo presenta una articulación y percepción distinta del espacio y además prevé una disposición instrumental diferente, creando un campo de interacciones muy contrastado, casi de tipo instalativo, como una cartografía sonora, como una escultura de la memoria del espacio y el sonido. El ciclo ofrece un mundo de escrituras abstractas que ocupan espacios ambiguos y en transición, como contenedores de un pensamiento no aprehensible, de un universo de reflexión y cuestionamiento. El término khôra nace de Platón (Timeo) y es replanteado musicalmente a partir también de la relectura que hizo de este concepto en el siglo XX el filósofo Jacques Derrida (Khôra).
El espacio y la música se despliegan conjuntamente, como una arquitectura abstracta que articula nuestra percepción y la memoria de su forma. El oyente experimenta diversas perspectivas del espacio en relación al elemento musical: se superponen espacios distintos; se crean perspectivas acústicas y visuales extremas que te sitúan en los límites de la percepción del sonido y sus relieves; el silencio y las fuentes sonoras crean diversos campos acústicos; se articulan desplazamientos y movimientos coreográficos de los saxofones como itinerarios de un peregrinaje, etc. Todo ello dota al espacio de un valor primigenio y focaliza la memoria y la escritura de los espacios como temática de todo el proyecto.

«El Timeo nombra khôra (localidad, lugar, espaciamiento, emplazamiento) a esa “cosa” que no es nada de aquello a lo cual, sin embargo, parece “dar lugar”, sin dar jamás nada, empero: ni los paradigmas ideales de las cosas ni las copias que un demiurgo insistente inscribe en ella. […]» (Derrida, Khôra). El concepto platónico de khôra nos sitúa en el campo del espacio, y nos enfrenta al mundo dual del logos y del mito. Khôra es, en este sentido, una suerte de “nodriza”, de “matriz”, y ocupa un lugar que no puede definirse más que ambiguamente. El mito y la escritura forman parte de esta reflexión: «La memoria viva debe exiliarse en los vestigios escritos de otro lugar […]» (Derrida, Khôra). Ernst Bloch habló sobre un sonido que no llena el espacio, sino que lo crea. Los instrumentistas de KHÔRA van creando espacios a través del tiempo.

Ramón Andrés, en el texto que escribió para la grabación de esta obra en el sello austríaco KAIROS, señaló que:

La música que propone KHÔRA es una deslumbrante muestra de ese algo que «se convierte permanentemente en otra cosa», de ese punto imposible de situar, pero que se abre al espacio, a eso que en términos heideggerianos se diría «apertura al mundo», pero de un mundo que emerge gracias a la articulación de un lenguaje, aquí musical, que funda un lugar. De ahí que sea lícito hablar en KHÔRA de sonido y epifanía. Nada en esta partitura se sujeta a la afirmación. Cambio dentro del cambio, no tiene un centro, porque ella deviene en el gran círculo. […] El tiempo, en la música de KHÔRA, es un desplazado más, una metáfora de la duración. Entre otras razones porque esta página se halla rehilada de numerosos microtiempos que fluyen en trayectorias distintas, a veces opuestas, en instantes que apenas llegan a cristalizar, en pequeñas cronologías inversas, que hacen, efectivamente, que todo sonido comporte una especie de epifanía, una incesante creación, ahora, en este caso, como nacimiento de un espacio.

KHÔRA es, en definitiva, un viaje en el tiempo y en el espacio por territorios abstractos levantado sobre raíces profundas (no visibles) de reflexión filosófica que, sin embargo, no enmascaran un mundo sonoro hecho para sentir y percibir con nuestros sentidos.

José María Sánchez-Verdú

SIGMA Project son

Andrés Gomis, Ángel Soria, Alberto Chaves y Josetxo Silguero (saxofones).

PROGRAMA

José María Sánchez-Verdú (1968):

KHÔRA (ciclo para cuarteto de saxofones y acordeón microtonal) (2012-19)

Estreno absoluto de la versión escénica

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