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Vida, agua, poesía y música…

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Domingo 12 de noviembre, 12:00 h. Avilés, Centro Niemeyer: Suena la cúpula. Recital “Las seis doncellas”: Sílvia Nogales Barrios (guitarra), Esther Acevedo (actriz y coreografía). Obras de: Gilardino, Falla, Despeyroux, Brower, E. Sáinz de la Maza y Castelnuovo-Tedesco. Poesía de Juan Ramón Jiménez. Entrada: 6€ + 1€ (gestión).

Una escapada matutina a «La Villa del Adelantado» y al ágora cultural del arquitecto brasileño para disfrutar con la poesía del Nobel onubense (re)vestida por la guitarra limpia y sentida de la manchega junto al verbo impoluto de la actriz granadina universalizando este proyecto original y creativo en otra bella propuesta de Silvia Nogales, con la calidad habitual de sus interpretaciones, como este domingo resonando en la cúpula de Niemeyer.

Lástima que la acústica ideal para la guitarra no ayudase a entender siempre la poesía de Juan Ramón, aunque el esfuerzo de Esther por moverse para favorecer la inteligibilidad fue encomiable y mejor aún su dramatización y escena con una vocalización de dicción perfecta y un atrezzo sencillo además de efectivo y creativo.

La guitarra sonó tan cristalina como el agua que fluyó, dulce y salada, vida en cada poema del Moguer postcolombino con música por él inspirada.

Los adjetivos para Platero resonaron vívidos en las “seis doncellas” lorquianas, olor a mandarinas, sonidos de pozo, caldero y barreño, la ría avilesina desembocando en el Cantábrico surcándola a dúo lírico hasta el inmenso océano, el flujo dramatizado fundiendo dulce y salado como música y poesía, pues somos agua y así suena la vida.

Un espectáculo para ofrecer en cualquier recinto sin encasillarlo, necesitando buscar nuevos enfoques musicales que encajan allá donde los lleven si los gestores son «omnívoros» y sin complejos: en un teatro, un centro cultural y hasta un auditorio con la amplificación necesaria, pues música y poesía con Nogales y Acevedo es éxito seguro, amplía públicos, tiene calidad musical y literaria, con una perfecta elección de repertorio bien hilvanado, donde solo la guitarra de Silvia Nogales Barrios ya llenaría ella una hora, y si  le añadimos el extra de Esther Acevedo todo tiene más sentido para este recital que lleva 10 años de viaje y sigue tan vigente como entonces.

Una alegría volver a disfrutar en mi tierra de Silvia Nogales junto a Esther Acevedo, esperando continúen ofreciendo estos recitales distintos, cercanos, didácticos y siempre llenos de poesía incluso en las páginas instrumentales donde la guitarra habla sin palabras…

PROGRAMA:

Angelo Gilardino (1941): Elegía di marzo (Omaggio a Juan Ramón Jiménez), de «Studi di virtuosità e di trascendenza».

Manuel de Falla (1876-1946): El amor brujo (selección). Arreglo para guitarra de Miguel Llobet. Romance del pescador; Canción del fuego fatuo.

Pablo Despeyroux: Agua.

Leo Brouwer (1939): Preludios epigramáticos (selección): «Desde que el alba quiso ser alba, todo eres  madre…»; «Tristes hombres si no mueren de amores…»; «Alrededor de tu piel, ato y desato la mía…».

Eduardo Sáinz de la Maza (1903-1982): Platero y yo (1972): V. Paseo.

Mario Castelnuovo-Tedesco (1895-1968): Platero y yo op. 190 (selección): Platero; Amistad; Ángelus; La luna; El pozo; El loco; A Platero en el cielo de Moguer.

Una emotiva «saxperience» en Mieres

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Sábado 28 de octubre, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Mieres: Dúo Saxperience, Los sonidos de Sorolla. Obras de Albéniz, Debussy, Ravel, Falla y Guinovart.

Para conmemorar el centenario del llamado pintor de la luz Joaquín Sorolla (Valencia, 1863 – Madrid, 1923) llegaba a Mieres, tras actuar el día anterior en Llanes, el Dúo Saxperience formado por el maestro Antonio Cánovas al saxo alto y soprano junto a la pianista Elena Miguélez, vinculados a nuestra Villa por haber dirigido las bandas musicales de Mieres (AMAM y Banda Sinfónica del Ateneo Musical) el murciano y la Coral «Cantares» la leonesa, pareja muy querida que congregó una buena entrada en el auditorio local.
Las obras elegidas tienen todas relación con el Mediterráneo y esa luz que emana como fuente inspiradora tanto para los músicos elegidos como para Sorolla al proyectar durante el concierto cual banda sonora distintos cuadros bien seleccionados y comentando cada página el propio maestro Cánovas, labor pedagógica siempre de agradecer, más ante la falta de programas de mano.
Comenzaba el concierto con el conocido Tango, op. 165 (1890) perteneciente a «España, seis hojas de álbum» op. 165 del gerundense Isaac Albéniz (Campodrón, 1860 – Cambo-Les-Bains, 1909) en una  de las muchas transcripciones entre las que la guitarra tiene varias muy interesantes, en este caso para el dúo  Saxperience donde el saxo alto canta y el piano arropa esta música de habanera tan nuestra, ambientación sonora y pictórica muy bien elegida, aunando el carácter viajero de los dos artistas.
Proseguirían con la Rapsodia (1903) de Claude Debussy (1862-1918), original para saxo y orquesta, donde el impresionismo tanto pictórico de Sorolla como el musical del francés se aunaron en una de las para mí mejores interpretaciones sabatinas, destacando el virtuosismo y dominio del saxofonista murciano y asturiano de adopción. Bien ambos intérpretes en esta reducción orquestal para el piano creando una atmósfera ideal y artística, imagen y sonido aunados para disfrutar del magisterio de esta pareja que se compenetra a la perfección dentro y fuera del escenario.
Sin perder estos aires marineros que tantas obras ha inspirado, el vasco español Maurice Ravel (Ciboure, 1875 – París, 1937) compuso su Pieza en forma de habanera (1907), transcripción de la original para voz grave y piano, el saxo alto fraseando sin palabras y el acompañamiento pianístico original bien entendido por el dúo que nos interpretó e ilustró al Sorolla de niños, playas y barcas.
Tras una breve pausa para cambiar el alto por el soprano, las Siete canciones populares españolas (1914) de Manuel de Falla (Cádiz, 1876 – Alta Gracia, 1946), originales para voz y piano con versiones para voz aguda o grave -y en adaptaciones para casi todos los instrumentos solistas- encontrarían en el saxo soprano tan rico tímbricamente una visión expresiva, fiel a los fraseos originales, muy matizadas y con el exigente acompañamiento de piano que suele dar preocupaciones en las interpretaciones de estas joyas del compositor gaditano.
Algún problema en el inicio de «El paño moruno» bien cantado al soprano, regular pese a la «proximidad geográfica» la «Seguidilla murciana», «Asturiana» con algunas notas de regalo pero carácter y expresividad escrupulosa en ambod, mejor encajada la «Jota», intimista la «Nana» con unos pianissimi y fraseos que verdaderamente nos acunaron, dubitativo inicio de la «Canción» que por el respeto al original tuvo problemas sobrellevados con la profesionalidad, complicidad y experiencia del dúo, y el «Polo» de complicado inicio en el piano con un excelente fraseo en el soprano y buen encaje finalizando este ciclo que melódicamente siempre es un placer, aunque se pierdan las letras que iría cantando interiormente. Muy adecuados los cuadros elegidos donde no faltó nuestra tierra asturiana que tan bien pintaría el valenciano y del que el Museo de BBAA ovetense también atesora algunas obras del «pintor de la luz» como bien recordó Don Antonio antes de la interpretación, siendo bisada la Asturiana de regalo mucho más interiorizada y con la emotividad de sentir nuestro Principado desde su nuevo destino en Murcia.
Nueva transcripción de Mallorca, op. 202 (1890-91),a original para piano compuesta por Albéniz que al igual que las de Falla ha tenido numerosas versiones para distintos instrumentos solistas, especialmente para arpa o guitarra incluso a dúo.y hasta orquestales. En esta «barcarola» para saxo alto y piano se gana en su sonoridad al llevar todo el peso melódico de la mano derecha el viento, dotándola de texturas etéreas bien redondeadas por el piano, «liberado» de toda la carga de la partitura y permitiendo más detallismo. De nuevo interesante la selección de los cuadros de Sorolla para esta música tan mediterránea como las góndolas venecianas o las barcas de pescadores de la Albufera.
Para finalizar el concierto nos interpretarían la Fantasía sobre «Goyescas» de Granados (1993) de Albert Guinovart (Barcelona, 1962), nuevamente el maestro Cánovas al soprano para la original con clarinete, pero que el saxo mejora notablemente la tímbrica propia de esta interesantísima obra del compositor catalán. Importante la presentación previa con referencias al año 1917, el encargo a Sorolla por parte de la Hispanic Society of America de Nueva York, la inspiración en Goya del propio Granados y su ópera homónima que podremos disfrutar en Oviedo en brevr. Obra muy interesante donde los registros y color del saxo soprano tan rico, con las referencias directas al ilerdense, disfrutamos cómo van «fantaseando» en el dúo. Personalmente lo que más me gustó del concierto pues Guinovart sigue el modelo de las fantasías virtuosas del siglo XIX con acompañamiento de piano, género típicamente decimonónico y hoy olvidado, relegado a programas de exámenes o premios pero que entonces eran habituales en las salas de concierto y Saxperience ha recuperado para este centenario. Sin dejar de ser fiel al lenguaje pianístico de Granados que el compositor barcelonés conoce muy bien por haber interpretado y grabado sus Goyescas, la parte del solista está escrita con rigor  asesorado por el clarinetista Joan Enric Lluna y con una cadenza optativa para su instrumento solo.
Una buena tarde de sábado donde volver a disfrutar de este dúo de amigos en esta escapada musical que finalizaría alrededor de una mesa entre tantas amistades en la «Hermosa Villa de Mieres» que acabaría con algo más que orbayu.

Con necesidad de paz

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Miércoles 18 de octubre, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo: Ensayo General del XXXI Concierto Premios Princesa de Asturias. Con cierto sabor a paz: Verity Wingate (soprano), Paul Grant (barítono), Coro de la FPA (maestro de coro: José Esteban García Miranda), OSPA, Martyn Brabbins (director). Obras de Ralph Vaughan Williams. Entrada libre con invitación.

Hacía tiempo que no escuchaba al «Coro de la Fundación» que tantos años lleva dirigiendo mi querido Pepu, y el «Concierto de los Premios» siempre es una buena ocasión para afrontar esas obras sinfónico-corales que tanto gustan a todos los públicos, lo que se confirmó con el lleno total para el ensayo general junto a una OSPA que sigue esperanzando, en un monográfico del británico Ralph Vaughan Williams (1872-1958) que además contó con un cast procedente del Reino Unido: la soprano holandesa afincada en Londres Verity Wingate, el barítono Paul Grant y el director Martyn Brabbins (13 de agosto de 1959).

Tras el protocolario «Himno Nacional» siempre impactante en versión sinfónica, comenzaría el ensayo con la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis (1909)  a cargo de la cuerda de la OSPA que contó con un octeto ubicado en el palco lateral del primer piso. Obra que está en el repertorio habitual la última vez que tengo constancia escrita hace dos años, y que este miércoles de nuevo fue impecable por la sonoridad, los tempi, el detalle minucioso  con el que Brabbins sonsacó toda la rica orquestación del compositor inglés que encontró tan bien inspiración en el folklore de su país junto a la música renacentista y barroca, de la que fue un estudioso. Ideales los contrastes entre el doble grupo de cuerda (que acudiría raudo a sus puesto en el escenario tras finalizarla) y la sonoridad a la que la orquesta de todos los asturianos nos tiene acostumbrados cuando algún maestro británico la exprime como esta vez, además todo un especialista en Vaughan-Williams.

Pese a seguir sin concertino (hoy repetía Jordi Rodríguez Cayuelas) ni ayudante (Daniel Jaime esta vez), plaza que además ha salido a concurso, la calidad que atesora la cuerda asturiana pudo disfrutarse en esta fantasía donde destacó especialmente en sus solos la viola de Vicente Alamá así como el concertino murciano, jugando con ese melodismo instrumental de clara textura polifónica junto a las imitaciones entre el tutti y el grupo camerístico. Muy aplaudida esta interpretación a la que no hubo necesidad de corregir nada en este general.

La cantata Dona nobis pacem (1936) compuesta para dos voces solistas, coro y orquesta «reúne fragmentos bíblicos con poemas de Walt Whitman, referidos a la guerra de Secesión, y con extractos del discurso que John Bright pronunció, en 1855, en la Cámara de los Comunes en contra de la guerra de Crimea y que se erige como poderosa formulación política de rechazo a
los conflictos bélicos que amenazaban la convivencia»
, como bien explica la catedrática Nieves Pascual León en las notas al programa, y que en estos tiempos, especialmente esta semana, parece necesitar más que nunca que la música tenga sabor a paz.

Cantata en seis movimientos, donde todos estuvieron a gran altura, desde la lírica Wingate con una emisión clara, muy matizada y cantando con gusto, Grant un joven barítono de timbre redondo, graves convincentes y agudos limpios, el coro en su totalidad que le permitió afrontar los tutti con volumen pero igualmente delicado en las partes «a capella», y una OSPA al completo con todas las secciones ajustadas, equilibradas en balances, todo bajo la impecable dirección del maestro Brabbbins. La instrumentación al servicio de las palabras -que pudimos seguir desde el teléfono (en modo avión, por supuesto) en la versión «on line» del programa– permitió disfrutar de combinaciones tímbricas perfectas en su escritura: el inicial «Danos la paz» ya con la primera entrada de la soprano en piano seguida por el coro y la cuerdas con forte súbitos, percusión y viento metal del segundo movimiento (“Beat!, Beat!, Drums! Blow!, Bugles!, Blow!”), la madera colorista del tercero («Reconciliation») y nuevamente la cuerda grave que junto a la percusión invocan al Ángel de la Muerte («The Angel of the Death «) en el penúltimo. Interesante la fórmula de Vaughan-Williams de combinar el latín con la lengua de Shakespeare, pues el compositor siempre adapta la melodía al texto, bien articulado por los cantantes, con toda la carga expresiva de los distintos aires y letra, con maravillosos juegos de tresillos que dan esa rítmica tan rica. Igual de matizados y expresivos los acentos y las transiciones hacia las partes corales «a capella», con la plenitud del «Glory to God» en el último movimiento («Nation shall not lift up a sword against nation») donde «la sección final irrumpe como renovada entonación de la soprano la plegaria inicial; la ausencia de acompañamiento dota de emotividad este solitario canto a la esperanza» como escribe la valenciana Pascual León.

Excelente ensayo que culminaría con el «Asturias patria querida«, himnos inicial y final que levantan al público y siempre arrancan ovaciones. Nada que objetar a una hora de música invocando una paz desde la música que tampoco debe entrar en guerras…

Sin riesgo no hay emoción

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Viernes 13 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 1: OSPA, Javier Perianes (piano), Nuno Coelho (director). Obras de Brahms, Ligeti y Bartók.

Con ilusión arrancaba este viernes al fin otoñal la segunda temporada del director portugués Nuno Coelho al frente de la OSPA y con un encuentro previo 45 minutos antes con el público en la sala de cámara, que como el propio maestro indicó, en compañía de la gerente Ana Mateo, se repetirán antes de cada abono con la presencia de los invitados, solistas y respondiendo a las dudas o aclarando las obras a escuchar, como en el caso de este primero, algo que repetiría al inicio de la segunda parte, una de las tres novedades junto a los conciertos de cámara dominicales a las 12:30 horas, que serán mensuales en esta misma sala donde poder disfrutar de los músicos de nuestra orquesta, y el Concierto de San Xuán el 21 de junio del próximo año donde sonará música de su país con Camané & Trío en el espectáculo «Fado» junto a la dupla OSPA-Coelho donde cada abonado que traiga otro nuevo se le regalarán dos entradas.

Este primer concierto, con escasa presencia de público que comienza a ser precupante, independiente de que en el Campoamor hubiese la función «joven» titulada «Viernes ópera», traía un arriesgado programa tanto por las obras como por la apuesta personal del propio director, contando en la primera parte con Javier Perianes como solista del Concierto para piano y orquesta nº 1 de Brahms (1833-1897). El regreso del onubense como colaborador de la OSPA –que sigue sin concertino, estando hoy el  murciano Jordi Rodríguez y de ayudante Fernando Zorita (no como indicaba el programa de mano, más pequeño y delgado que en temporadas anteriores)- parece no fue suficiente para llenar más butacas, una verdadera lástima porque el excelente momento por el que atraviesa el de Nerva unido al trabajo del maestro de Oporto que ya comienza a notarse en la orquesta, era un motivo más que suficiente.

Con un Maestoso poderoso en la OSPA y algo titubeante el arranque del pianista, las líneas divergentes  con unos pedales no muy claros, fueron confluyendo y caminando paralelas a medida que avanzaba este primer movimiento, casi una sinfonía por escritura y auténtico duelo de titanes que el maestro Coelho concertó a la perfección, manteniendo unas dinámicas muy equilibradas y sacando el mejor Brahms. Pero sería el Adagio la maravilla del programa donde Perianes y la OSPA mostraron una amplísima paleta de matices, pianissimi de cortar el aire con una línea melódica plena y riquísima. Más arriesgado por tempi el último Rondó: Allego non troppo que pese a «caerse alguna nota» no impidió volver a disfrutar del equilibrio dinámico entre piano y orquesta de nuevo con un total dominio de la partitura por parte del director portuense, caídas a tempo, encajes perfectos y llevando este primero de Brahms a buen puerto con todas las aristas que conlleva para los intérpretes pero que el onubense amalgamó desde su amplio bagaje con todas las referencias de Brahms a Mozart, Beethoven o la propia Clara Schumann tan excelentemente retratada en el adagio central. Una lección de piano contundente a cargo de un Perianes que saldría al descanso camino del aeropuerto asturiano para tomar un vuelo a Barcelona (donde interpretará el «Emperador» junto a la Orquesta Sinfónica del Liceu bajo la batuta de Josep Pons) con una agenda de lo más apretada que nos lo traerá de nuevo a Oviedo el 10 de mayo junto al Cuarteo Quiroga.

Aún hubo tiempo para el homenaje de Perianes a la centenaria Alicia de Larrocha con el Notturno de Grieg, el nº 4 de las «Piezas líricas», libro V, op. 54, una perla sentida, delicada, con los claroscuros «marca de la casa» que siempre me han llevado a llamarle «el Sorolla del piano«.

Arriesgada segunda parte magiar, comenzando por San Francisco Polyphony (1973-74) de György Ligeti (1923-2006), aprovechando otro centenario como el del húngaro nacionalizado austriaco, obra escrita para conmemorar el 60º aniversario de la Orquesta Sinfónica de San Francisco estrenada el 18 de enero de 1975 por el entonces titular Seiji Ozawa, con el que Haruki Murakami, Premio Princesa de Asturias de las Letras este año, conversa en su obra Música, sólo música como bien recuerda en las notas al programa Pablo Gallego. Esta obra de Ligeti no  está al alcance de cualquier orquesta ni director pues exige un control absoluto de los registros en cada sección e instrumentos, y el juego polifónico obliga a un permanente balance en el punto exacto, más allá de virtuosismos, silencios y hasta la textura sinfónica, que el húngaro teje como pocos en todas sus obras, tanto camerísticas como sinfónicas, en esa denominada «angustiosa incomodidad» de su escucha. Sin imágenes para esta «otra banda sonora» no utilizada por Kubrick pero que bien podría haberlo hecho, OSPA y Coelho apostaron por el riesgo de la dificultad para emocionar con música del pasado siglo que sigue estando demasiado ausente en el actual y que aplaudo haber programado en este #Ligeti100 del que disfruté y mucho este verano en Granada, con un final para anotar: los músicos y el director «congelados» literalmente tras el final, fotografía musical que perduró para disfrutar también del silencio en una auténtica «Atmóspher» final.

Y para rematar emociones, orquestaciones impresionantes, calidades de la mejor Hungría, trabajo minucioso de orquesta y director, así como otra «banda sonora» con imágenes terroríficas tras una primera guerra mundial, de la que seguimos sin aprender nada en estos días, la suite de El mandarín maravilloso, op. 19, Sz. 73 (1918-24) de Béla Bartók (1881-1945), «música infernal», depravación humana tan tristemente actual, caótica en expresión pero perfectamente ordenada a cargo de Coelho y una OSPA musculada de gran plantilla en donde el clarinete de Andreas Weisgerber nos subyugó y sedujo como a los vagabundos del ballet, riesgo asumido por todas las secciones a la misma altura (triples vientos, cuatro percusionistas, celesta y piano), partitura muy trabajada que nos dejó impactados y emocionados con este mandarín maravilloso que nos «robó» el final trágico de la pantomima original.

La próxima semana volverá la OSPA para el llamado «Concierto de los Premios», aunque me conformaré con el ensayo general, pero el programa (Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis y Dona nobis pacem de Ralph Vaughan Williams) y el director (Martyn Brabbins) merecerá la pena para seguir comprobando el nivel ya recuperado por la orquesta de todos los asturianos.

Un menú coral de muchas estrellas

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Domingo 8 de octubre, 20:00 horas. Colegiata de San Juan Bautista, Gijón. Concierto de inauguración de la Temporada 2023-2024 de Aurum y El León de Oro (cuarta  bajo el mecenazgo de SATEC). «Menú degustación», obras de varios autores. Directores: Elena Rosso y Marco A. García de Paz. Fotos de Beatriz Montes y propias.

Domingo de temperatura veraniega empezando octubre y nueva escapada a Gijón, esta vez para disfrutar de un menú degustación a cargo del coro femenino Aurum que dirige Elena Rosso, y Marco A. García de Paz con El León de Oro (LDO), quien también presentaría cada uno de los tres grandes bloques en que se estructuró este concierto donde hubo música renacentista y contemporánea, con algunos «aperitivos» de los programas que nos esperan, algunos ya escuchados en distintos festivales corales nacionales.

Tanto Aurum como el LDO siguen manteniendo sus altos niveles de calidad: empaste, afinación, amplios matices, dominio absoluto del repertorio, musicalidad, y una renovación de voces condservando el «núcleo duro» que amalgama y permite a este proyecto afrontar tanto el repertorio «de siempre» como nuevas obras, sin perder nunca la esencia de una forma de vida coral única en estos más de cinco lustros, continuando una proyección internacional que ningún otro coro español tiene.

Abrían un menú musical Aurum con dos obras de su programa «¡¡¡CAN-TA-TE!!»: Cantate Domino de Hans Leo Hassler (1564-1612) y el motete Sancta et inmaculata de Francisco Guerrero (1528-1599), voces iguales pero de amplia tesitura, sonoridad perfecta y cuerdas de emisión cristalina.

Punto y aparte dos obras del gallego Julio Domínguez (1965), uno de los compositores de cabecera de los gozoniegos, para el Pregón de las Fiestas del Socorro en el Luanco de donde partió este sueño coral: primero Rompeolas, con los habituales cambios de posiciones siempre buscando sonoridades distintas, después esa maravillosa D’Alborada que incluye efectos como silbidos, taconeo o movimiento mientras reconocemos temas asturianos como «Esta noche ha llovido», «Ayer vite na fonte»  reagrupándose en cuatro grupos cual diálogos escénicos con la solista María Peñalver San Cristóbal, o un final asombroso con «Dónde vas por agua» rítmico y obra perfecta para las féminas doradas que nos dejaban con buen sabor de boca con el de Ponteareas.

El segundo bloque, ya con el LDO (donde se sumarían varias voces de Aurum) se centraría en la música del renacimiento, una de las señas de identidas del coro gozoniego, el «Kyrie» de la Missa Praeter rerum seriem (George de La Hèle, 1547-1586) dentro del proyecto «Praeter rerum seriem» que ya ha interpretado el pasado año y durante el actual, después movimientos de los componentes para otro plato fuerte dentro de «Cadere ad inferos» que llevaron a Álava y Estella: el Incipit lamentatio de Thomas Tallis (c. 1505-1585), el tactus renacentista bien entendido por Marco de Paz, con las voces extremas que abrazan esa sonoridad única que culmina con un Jerusalem que nos redime de todo mal. El último plato que llevarán pronto al CD dentro de su contrato con Hyperion© y a Madrid, la «segunda capital» del director, son «Los Maestros Flamencos en la Corte Española» con el Regina Caeli de Philippe Rogier (1561-1596) a doble coro, la versatilidad de los luanquinos y la apuesta por unas obras que nunca son iguales y por algo eran las preferidas de una corte más culta que la actual.

El tercer bloque aún traería más contundencia, como los buenos menús, al centrarse en obras contemporáneas y un «aperitivo» con piano del repertorio sinfónico coral donde LDO también está muy solicitado. Primero Nunc Dimittis de Arvo Pärt (1935), uno de los compositores preferidos del director que con su coro suenan sencillos pese a la complejidad de la sencillez buscada por el estonio, unos fragmentos del Réquiem de Verdi (1813-1901) que podremos disfrutar en Oviedo dentro de los «Conciertos del Auditorio» el próximo 24 de noviembre y de nuevo a la Oviedo Filarmonía y Lucas Macías el 28 de abril próximo, hoy «suplida» con el piano de Óscar Camacho, al que se sumará el Joven Coro de Andalucía para redondear casi 80 voces en la monumental misa del de Le Roncole. Esta «versión reducida» sonó igual de impactante desde el inicio, el Dies Irae verdaderamente «terrorífico» sin excesos pese a la enorme sonoridad mostrada por «los leones» o el Libera me que redondeó  esta especie de «sorbete» entre platos, contando nuevamente con la solista María Peñalver, nerviosa por la responsabilidad de «emular» a la prevista para Oviedo Dinara Alieva, y que no empañó un avance de lo que nos espera en la capital asturiana, agradeciendo el apoyo municipal carbayón al Concejal de Cultura David Álvarez presente entre el público.

El postre, con presentación aparte, vendría con Sator, obra escrita por el noruego Bodvar D. Moe (1951) a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001 que está basada en el palíndromo de origen y significado inciertos
“Sator Arebo Tenet Obera Rotas”, invocación que se utiliza en Laponia para restañar las hemorragias, y aquí por extensión para detener el derramamiento de sangre. Con múltiples efectos sonoros incluyendo un rítmico pandero, esta obra sonará en la «Jornada de Puertas Abiertas» que celebrará el LDO el próximo mes de noviembre en Lugones y Avilés, y al que están invitados aquellos cantores amateurs que quieran disfrutar como «leones» con obras tan actuales y emocionantes como este Sator.

Aún quedaría el regalo cual café con chupito del prolífico Eric Whitacre (1970) y su Sainte-Chapele, un encargo para los 40 años tan bien cantado por Peter Philips y The Tallis Scholars como estos fieles y aventajados alumnos del LDO y Marco A. García de Paz.

Una temporada que intentaremos degustar al completo, «arrancando» el Día del Pilar con Los Peques y Aurum en la Catedral de Oviedo, y que este domingo de verano en octubre pudimos saborear cual restaurante de muchas estrellas corales para mostrarnos la excelente carta de El León de Oro y Aurum con sus respectivos «master chefs».

Embajador de la guitarra con alma

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Miércoles 4 de octubre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto nº 1670, inaugural de la temporada 2023-24 de la Sociedad Filarmónica Gijonesa. Pablo Sáinz-Villegas (guitarra). Obras de Villa-Lobos, J. S. Bach, I. Albéniz, J. Rodrigo, A. Barrios y C. Domeniconi.

El guitarrista riojano Pablo Sáinz-Villegas era nombrado el pasado mes de junio «Embajador de la mierensía» por la asociación «Mierenses en el mundo» y llegaba a mi villa este lunes junto a su esposa mi muy querida Sarina Illana, para recoger el galardón aprovechando el viaje para este concierto inaugural de la Filarmónica Gijonesa junto a un encuentro con el público y aficionados el día anterior. Pese a su agenda tan apretada es de agradecerle siempre su generosidad, que pudo demostrar en el Teatro Jovellanos con una excelente entrada y un extraordinario concierto «dedicado a la memoria de Marcelino Gutiérrez, quien abrió con generosidad las páginas de El Comercio a la difusión de las actividades filarmónicas» con un inesperado fallecimiento a la edad de 48 años, emoción que embargó al artista al dedicarle junto a su familia presente, la obra de Agustín Barrios esperando esté en esa floresta del compositor guaraní. Generoso hasta en la impresionante propina de la Jota (F. Tárrega), tributo a su Rioja natal que incluso pidió al público la grabase y difundiese en su perfil de Instagram© y quedándose firmando discos así como a charlar o fotografiarse con los muchísimos aficionados llegados hasta la capital de la Costa Verde rondando las once de la noche.

Concierto pleno de emociones, pues la Sociedad Filarmónica pierde una ayuda y, sobre todo, un buen amigo como era Marcelino, aumentando la carga emotiva con la presencia de la guitarra en la historia musical local, como bien desgrana en las excelentes notas al programa mi admirado Ramón Avello, abriendo con el poema de Gerardo Diego La guitarra es un pozo / con viento de agua, repasando nombres que han tocado en este escenario gijonés: desde Andrés Segovia en 1919, Regino Sáinz de la Maza en 1938 reinaugurando tras la Guerra Civil la temporada de la Filarmónica, junto a otros grandes como David Russell o más recientemente Rafael Aguirre, una de nuestras actuales figuras mundiales de las seis cuerdas.

Pero en esta larga lista faltaba el riojano Pablo Sáinz-Villegas, bautizado como «embajador mundial de la guitarra española» por la Revista Billboard y heredero de Segovia, con un programa donde mi tocayo fue presentando cada obra y con algunas frases que he entrecomillado, emprendiendo un viaje musical desde el «padre de todas las músicas» en el Weimar donde estudió el intérprete español (con un arreglo propio de la inmensa Chacona) hasta el italiano Domeniconi y su tributo a la Turquía de su mujer, en cierto modo también a nuestra mierense presente en la sala junto a muchos desplazados por «La minera» para no perderse un concierto para el recuerdo.

La guitarra de Sáinz-Villegas, construida en 2007 por el afamado luthier alemán Matthias Dammann, sonó poderosa y delicada en cada obra en una sala con acústica perfecta sumándose una técnica propia que dándole la tensión justa a cada cuerda proyecta el sonido hasta el último rincón. Jugando con los tempi apropiados como en el Brasil de Villa-Lobos y sus cinco conocidos preludios, nos dejó unas imágenes sonoras recreadas por el riojano con una musicalidad intrínseca a su propio caracter.

En este viaje del «alma de la guitarra española» su Asturias de Albéniz hubo de detenerse porque «El silencio es el espacio donde habita la música», algo que parece estar perdiéndose, pandemias de teléfonos y toses disruptivas que no se van de las salas, llegando incluso a pedir que no aplaudiesen para poder degustar no ya el silencio sino también la música que queda flotando al finalizar cada obra. La sonoridad propia de esta «Leyenda» española en mi menor (frente al sol menor pianístico) que más que Asturias o Logroño es Andalucía en estado puro.

En este periplo guitarrístico no podía faltar el gran Rodrigo cuya Invocación y Danza desveló y reveló cual poesía sonora, tanto hablada en la descripción previa como interpretada en «la alemana» tan hispana como pocas: armónicos como estrellas y la magia de la inspiración flamenca que parece va unida a nuestro instrumento más universal elevada a las grandes salas de conciertos y hasta grandes estadios donde Sáinz-Villegas la sigue llevando.

Si hasta ese momento cada página era un disfrute para los melómanos, Un sueño en la floresta de   Barrios Mangoré pareció aumentar las pulsaciones, dedicatoria ya comentada y el hechizo propio pues «La música es el lenguaje de las emociones». El compositor e intérprete paraguayo es toda una leyenda en el mundo de las seis cuerdas y Sáinz-Villegas se envolvió del Espíritu Supremo de Tupá en ese juego de armónicos increíbles, trémolos y melodías infinitas con la afinación peculiar de la sexta cuerda en re y la quinta en sol, plenitud técnica que le permite disfrutar y contagiar tanta musicalidad.

Aún quedaba Carlo Domeniconi y su suite Koyunbaba, op. 19 para finalizar en Turquía con el pastor solitario (baba) junto a su rebaño de ovejas (Koyun) en Anatolia, composición del compañero y amigo de Pablo en Berlín, afinando la guitarra como un oud (de la sexta a la prima do#, sol#, do#, fa#, do# y mi) que le da una sonoridad única a una música casi de ritual llena de virtuosismo, ritmos, tímbricas y todo un espíritu en cuatro «cuadros» pintados con la maestría del intérprete bautizado como «embajador mundial de la guitarra española» por la Revista Billboard y desde ahora también «embajador de la mierensía».

Público entusiasmado, respetuoso en general, entregado a Sáinz-Villegas con la ya citada propina de la jota universal que triunfa siempre, y más en su interpretación que, como el buen vino, va madurando con los años para conervirse en un Gran Reserva. Gracias y enhorabuena familia, esperando volver a encontrarnos.

PROGRAMA

I

Heitor VILLA-LOBOS (1887-1959):

Cinco preludios, W419:

I. Andantino expressivo en mi menor: Homenagem ao sertanejo brasileiro; II. Andantino en mi mayor: Homenagem ao malandro carioca; III. Andante en la menor: Homenagem a Bach; IV. Lento en mi menor: Homenagem ao indio brasileiro; V. Poco animato en re mayor: Homenagem ao vida social.

Johann Sebastian BACH (1685-1750):

Chacona, BWV 1004 (arr. Pablo Sáinz-Villegas).

II

Isaac ALBÉNIZ (1860-1909): Asturias (Leyenda), de la Suite Española op. 47.

Joaquín RODRIGO (1901-1999):

Invocación y Danza: Homenaje a Manuel de Falla.

Agustín BARRIOS Mangoré (1885-1944):

Un sueño en la floresta.

Carlo DOMENICONI (1947): Koyunbaba, op. 19:

I. Moderato

II. Mosso

III. Cantabile

IV. Presto

Estirpe de Flores

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Llevo muchos años siguiendo al trompetista venezolano Pacho Flores, de quien me hablasen Carlos Magán y Manuel Hernández Silva cuando comenzaba a despuntar por todo el mundo asombrando en cada aparición en público, por lo que escucharle en directo siempre ha sido un placer pero también los momentos posteriores a ensayos y conciertos que guardo en mi memoria para siempre por su talla humana, aún mayor si cabe que la artística.

Este verano he rescatado sus grabaciones para el sello amarillo que atesoro en mi cedeteca como “oro en paño”, y no quería dejar de comentar en este blog el último disco, que además está propuesto para los Grammys latinos en el apartado de mejor composición contemporánea por el concierto de Paquito D’Rivera.

PACHO FLORES: «ESTIRPE». Orquesta Sinfónica de Minería. Carlos Miguel Prieto. DG 0 602448 067852.

Grabado en los Estudios Churubusco, CDMX, México, septiembre 2019.

Nueve cortes con las siguientes obras y sus respectivos compositores:

Arturo MÁRQUEZ (1950): Concierto de Otoño (I. Son de Luz; II. Balada de Floripondios; III. Conga de Flores).

Daniel FREIBERG (1957): Crónicas Latinoamericanas (I. Panorámicas; II. Diálogos; III: Influencias).

Paquito D’RIVERA (1948): Concerto Venezolano.

Efraín OSCHER (1974): Mestizo (I. Oro Negro; II. Cimas Blancas; III. Cimas Negras; IV. Noche Blanca).

Pacho FLORES (1981): Morocota.

Intérpretes:

PACHO FLORES, trompetas, cornetas, flugelhorn (fliscorno).

ORQUESTA FILARMÓNICA DE MINERÍA. Director: CARLOS MIGUEL PRIETO.

Artistas invitados:

PAQUITO D’RIVERA, clarinete, saxofón (cortes 6, 7).

DANIEL FREIBERG, piano, saxofón (cortes 4, 5, 6).

El libreto de Juan Arturo Brennan incluye entrevistas con los compositores y el intérprete donde se desgranan y analizan tanto las obras como aspectos personales. De ellas voy sacando las siguientes e interesantísimas notas, mejor que cualquier comentario mío que siempre será muy subjetivo (aunque añado los links que siempre enriquecen las entradas), y que comienzan diciendo:

“El programa de este disco no podría ser más emblemático de la actitud de Pacho Flores hacia las raíces populares de la música de Latinoamérica y hacia el repertorio de su instrumento. He aquí a cuatro compositores de orígenes diversos (Cuba, Uruguay, México, Argentina) que han compuesto sendos conciertos para las trompetas de Pacho Flores, obras llenas de los ritmos, los sones y las cadencias de la música de sus respectivos países así como referencias a géneros que han alcanzado una presencia universal a lo largo del continente”.

Prosigue Brennan comentando la muy escasa producción (y divulgación) de conciertos mexicanos para trompeta a lo largo de la historia, considerando la presencia destacada que este instrumento tiene y ha tenido en el ámbito sonoro de México como el mariachi o la banda. Arturo Márquez le cuenta a Brennan que “La trompeta es reina en el alma de México; la encontramos prácticamente en todas las expresiones musicales populares, es el grito del mexicano de alegría y de tristeza. Es también fundamental en la música latinoamericana de conciertos y mi Concierto de otoño es una recopilación de todos esos sentires, colores y quitapesares».

El Concierto de Otoño es fruto (uno de muchos) de un singular proyecto del trompetista Pacho Flores con la intención de ampliar el repertorio de música nueva para trompeta, y para ello se ha embarcado en una extensa serie de encargos de música para su instrumento, hechos a compositores como Roberto Sierra, Paquito D’Rivera, Efrain Oscher, Christian Lindberg y el propio Márquez.

A continuación dejo los comentarios de los compositores sobre sus obras:

Arturo Márquez (1950): Concierto de Otoño (I. Son de Luz; II. Balada de Floripondios; III. Conga de Flores).

El sonorense ha sido uno de los elegidos para participar en estos encargos de Pacho Flores por su cercana relación con el legendario Sistema venezolano de orquestas infantiles y juveniles, dedicando tiempo, esfuerzo y recursos a la promoción de la educación musical en México, a través de diversos proyectos y acciones, junto a otro alumno ilustre del Sistema como el famoso director Gustavo Dudamel que ha llevado su Danzón nº 2 literalmente por todo el mundo.

Márquez sobre su Concierto de Otoño para trompeta y orquesta lo describe en las siguientes líneas:

Primer movimiento: Son de luz. Explora el encuentro cibercultura nuevos horizonte de paz y reconciliación. Ritmo mestizo, diálogo de trompeta con la orquesta, forma sonata clásica.

Segundo movimiento: Banda de floripondios. Canción sin palabras tributo al amor brujo. Variaciones era forma de chacona, casi.

Tercer movimiento: Conga de Flores. Con el corazón en Rafael Méndez, Joseph Haydn y Federico Chopin, Homenaje a Pacho Flores. Intento absurdo de un rondó monotemático.

Arranque del disco plenamente sinfónico, casi cinematográfico, antes del ritmo caribeño con una melodía «sabrosa» en la trompeta y una orquestación pletórica con una cuerda sedosa, siempre reforzando el protagonismo virtuoso del solista empujado por la sinfónica. La Balada es un remanso donde disfrutar del «flugel» siempre aterciopelado, música de reminiscencias e imágenes cercanas, crescendi emocional además del propio orquestal. Y  como dice en el libreto «Juego de palabras el título del último movimiento, pues para la interpretación del concierto han de utilizarse cuatro trompetas Stomvi (casa española fabricante de instrumentos de metal de alta calidad que tiene en Pacho Flores a un asesor y consultor de la misma alta calidad) especialmente adaptadas para la ocasión. A menudo Pacho se presenta en sus conciertos y recitales con su arsenal completo de una docena de trompetas distintas de la casa española«. Una conga «bailona», impetuosa, festiva y explosiva para solista y orquesta, torbellino sonoro cerrando un otoño luminoso.

Paquito D’Rivera (1948): Concerto Venezolano.

En las notas del libreto Brennan dice que «Hay en la génesis de esta sabrosa, tropical y extrovertida obra una simbiosis múltiple que une y hermana a dos músicos singulares, al compositor, saxofonista y clarinetista cubano con Pacho Flores, trompetista. Les une el idioma, el continente, el Caribe, el aliento de sus instrumentos y, de manera particular, un temperamento cálido y extrovertido que garantiza una colaboración fructífera y, sin duda, divertida». Respecto al Concierto Venezolano, Paquito D’Rivera cuenta:

Pacho Flores podría decirse que vino al mundo con una trompeta (o con muchas!) bajo el brazo. Con una gracia especial para hacerlas sonar, el hombre para colmo hasta se casa con la hija de un fabricante de trompetas; y es que como bien decía mi madre “La yerba que está pa’ tí, no hay chivo que se la coma”. Cuando Pacho -que nació en Venezuela- me pide que escriba una pieza sinfónica para él, no dudé en mezclar elementos que simbolizan la exuberante majestuosidad del paisaje de su hermosa tierra sudamericana, así como el enorme contraste entre la tragedia que hoy castiga a su gente y la proverbial alegría de su música típica. A petición del solista, la pieza está concebida como una Fantasía en un solo movimiento, de cuyo centro emerge un cuasi-infantil merengue en 5 que desemboca en un cubanísimo Danzón, como símbolo de la legendaria relación musical y humana entre los compatriotas de Antonio Lauro y Ernesto Lecuona, ¿Y el Gran Finale? En respuesta a la dramática introducción del Concerto, no podría ser otro que un Joropo triunfal y optimista, como presagiando la cercanía de una merecida felicidad por la que “El Bravo Pueblo” tan duramente ha luchado.

En un breve vídeo unos días antes del estreno absoluto del Concerto venezolano de Paquito D’Rivera, compositor y trompetista ensayan la obra, hablan el uno del otro y comentan algunos temas musicales de relevancia. Dice Pacho Flores:

Esto es parte de todas estas locuras que estamos haciendo para promover el repertorio de la trompeta, sobre todo con un grande y legendario maestro como lo es Paquito D’Rivera, una leyenda del jazz. Para mí él ha sido un gran referente toda la vida escuchándolo, y es un gran sueño todas estas innovaciones características, elementos, descubrimientos que hemos hecho en pro de la trompeta para llevar a las salas de concierto. A este concierto en particular Paquito lo ha llamado Concerto venezolano porque para él tiene una historia importantísima. Por ser yo venezolano, él se acuerda perfectamente de todas sus vivencias en Venezuela, de todos los grandes maestros venezolanos como Antonio Lauro, Antonio Estévez, Simón Díaz, y Paquito es una persona muy querida en Venezuela. Este concierto va a ser parte importante y bandera de mi repertorio y del catálogo de obras nuevas que estoy llevando por el mundo.

Y de la estrella fulgurante en el mundo de la trompeta como es Pacho Flores, quién mejor para reconocer y apreciar este status que otro gran instrumentista, Paquito D’Rivera, quien dice esto respecto a su colega y amigo:

Pacho Flores es un tipo especial. No solamente es un virtuoso. A mí me asusta un poco la palabra “virtuoso”. Cuando de habla de un virtuoso, se habla de un tipo que toca muchísimas notas y que no tiene corazón, y que tampoco lo necesita. Pero Pacho es otra cosa, Pacho es un gran artista con un sentimiento tremendo para tocar la trompeta. Es un artista único, con teorías únicas para tocar la trompeta, que para él no es un instrumento sino muchos instrumentos.

Inicio épico, de «peplum» caribeño, trompeta sola y orquestación muy trabajada, jugando con todas las secciones, protagonismo igualmente de una flauta hermosa, toda la madera en general junto a unos metales presentes (la tuba emerge de ellos) y el ritmo intrínseco del compositor cubano para un concierto pleno, actual, vitalista y a medida del venezolano que aporta con su visión e interpretación aún más color a este concierto.

Daniel Freiberg (1957): Crónicas Latinoamericanas (I. Panorámicas; II. Diálogos; III: Influencias).

«El calificativo de “multifacético” suele utilizarse con frecuencia para describir a los músicos especialmente talentosos, inquietos y curiosos, y se trata de un adjetivo que le cae como anillo al dedo al bonaerense Daniel Freiberg, como es fácil comprobar echando una ojeada a su biografía: compositor, pianista, arreglista, productor, ingeniero de grabación, con estudios y práctica en la música clásica, en el jazz, en el rock y en la creación de música cinematográfica y para televisión. Ha recibido varias nominaciones al premio Grammy, el cual ha obtenido tres veces. Ha sido alumno de músicos notables y ha colaborado con numerosas personalidades de diversos ámbitos, entre las que destaca su mentor y amigo Paquito D’Rivera».

Latinoamérica es una fuente inagotable de ritmos y etilos musicales que nos sirven de inspiración a los compositores. Crónicas Latinoamericanas fusiona los lenguajes de la música clásica, el jazz y la música latinoamericana. Estos son sonidos y colores que me rodean desde mi infancia en Buenos Aires y a través de mi vida profesional en Nueva York, donde vivo desde 1979. Este concierto está compuesto de tres movimientos. El primero, Panorámicas, sobre ritmos sudamericanos nos pasea a través de valles y montañas… desde el punto de vista de un pájaro que los sobrevuela. Más adelante, la orquesta se detiene para dar lugar a la cadenza, donde el clarinete se eleva solo, improvisando libremente. Después, todos se vuelven a unir en la reexposición del tema principal para seguir ascendiendo a nuevas y emocionantes alturas. El segundo movimiento, Diálogos, es lento, una profunda conversación entre el hombre y Pachamama (la Madre Tierra). El tema principal, un vals afroperuano, acaba dando lugar a una explosión jazzística neoyorquina, donde el clarinete improvisa su solo en estilo hard-bop.

El propio Freiberg explica cómo se convirtió en pieza para trompeta y orquesta:

Paquito D’Rivera hizo el estreno español de ese obra el 16 de junio de 2017 con la Orquesta de Valencia dirigida por Vicent Alberola, estreno al que asistí invitado por Paquito, quien me dijo que en este programa se iba a presentar un trompetista venezolano a quien seguramente le iba a gustar mi música. Durante los ensayos de mi pieza se me acercó Pacho Flores se presentó y me dijo que le encantaba mi música, y que quería hacer Crónicas Latinoamericanas, a pesar de que fuera original para clarinete. Me pidió fragmentos de la obra, cuya parte solista había adaptado él mismo a la trompeta. No sólo eso, me dijo que ya tenía comprometidas tres fechas para tocar la pieza en Holanda, el siguiente enero. Su versión para trompeta es prácticamente igual a la original para clarinete salvo las partes que son improvisadas. No fue necesaria una adaptación propiamente dicha porque además de que Pacho tiene una formidable amplitud de registro toca la obra utilizando diferentes trompetas.

Panorámicas me evocan con un piano etéreo y «ostinado» junto a una orquestación poderosamente delicada que reviste la grandeza de la trompeta solista (aún mayor en el último pasaje jazzísstico con el contrabajo en pizzicato, batería luminosa y los acordes ricos del piano) ese New York crisol de culturas y músicas donde lo hispano tiene su protagonismo pujante. Diálogos retoma en la orquesta el motivo del primer movimiento que va transitando por las distintas secciones, siempre con un ritmo que contagia vitalismo, orquesta potente sobre la que la trompeta sobrevuela para un final apoteósico. Y finaliza con Influencias, piano y oboe evocadores, cuerda de terciopelo, pinceladas de flauta y arpa, casi de recuerdos al gran Morricone y el flugel dando un color personal para otra orquestación maravillosa de Freiberg donde no falta un cello emotivo.

Efraín Oscher (1974): Mestizo (I. Oro Negro; II. Cimas Blancas; III. Cimas Negras; IV. Noche Blanca).

«Una revisión somera de este compositor apunta de inmediato, por varias vías, al notable Sistema venezolano. Uruguayo de nacimiento, educado en Venezuela, flautista y compositor, realiza una parte sustancial e importante de sus estudios bajo la tutela del Sistema creado en 1975 por José Antonio Abreu. Los datos colaterales apuntan a las colaboraciones de Oscher con tres notables músicos también surgidos del Sistema; aquí destacan de inmediato los nombres de Edicson Ruiz, contrabajista de la Orquesta Filarmónica de Berlín, y el trompetista Pacho Flores. Entre los tutores de Oscher como intérprete destaca la figura del legendario flautista William Bennet, y entre sus proyectos más importantes es preciso mencionar la fundación y dirección del grupo Solistas Bolívar, dedicado primordialmente a la promoción y difusión de la música de cámara de compositores latinoamericanos«.

El título Mestizo que Efrain Oscher ha dado a su Concierto para trompeta y orquesta es más que apto debido a su intención descriptiva y a su contenido musical. El propio compositor afirma que la obra puede ser considerada como una película que tiene como escenario distintas regiones de la geografía de Venezuela. El trompetista Pacho Flores comenta de manera más específica la obra de Oscher:

Este es un concierto que se interpreta con tres trompetas, lo cual es algo inédito. Además, es un concierto que tiene elementos nuevos, de diferentes tendencias de la música tradicional venezolana, muchos de ellos modernos, lo que enriquece la obra. En el cuarto movimiento hay una cadencia del género salsa que es una improvisación, representando un elemento nuevo en un concierto para trompeta y orquesta.

Oscher escribió su concierto Mestizo por encargo del Sistema venezolano, específicamente para Pacho Flores. «El concierto está estructurado en cuatro movimientos (Oro negro, Cimas blancas, Costa negra, Noches blancas) cuyos títulos refuerzan la idea de mestizaje que está en el origen y concepción de la obra. El compositor plantea para el solista el uso de tres instrumentos: trompeta en Si bemol, trompeta en Do y el flugelhorn. Los cuatro movimientos se interpretan sin interrupción, y el segundo y tercero están unidos por una cadenza del flugelhorn solista, Para el tercer movimiento, Efrain Oscher propone el uso de la sordina Harmon para la trompeta en Do, logrando un timbre particularmente atractivo en la parte solista. En el cuarto movimiento hay interesantes efectos de eco entre la trompeta solista y las trompetas de la orquesta, que dan paso a la expresión “tropical” de la obra, que es muy energética, poderosa y sabrosa».

Un concierto magnífico, de escritura actual que no pierde ninguna esencia geográfica convertida en una música para trompeta bellísima, agradable de escuchar y auténtica banda sonora para la mejor Venezuela deseada por y para todos. Mestizaje en el amplio sentido de la palabra, lo mejor de la herencia hispana de la que todos hemos bebido enriqueciendo no solo la cultura sino la propia vida a ambos lados del Atlántico.

Pacho FLORES (1981): Morocota.

«Finalmente el Pacho Flores compositor. Morocota es el nombre que se dio a una moneda acuñada en los Estados Unidos, con valor nominal de veinte dólares, que circuló en Venezuela durante buena parte el siglo XIX y el inicio del XX. Pacho Flores recuerda que un tío suyo, hermano de su madre, poseía dos morocotas, que por entonces tenían un gran valor, eran así un tesoro. El trompetista suele referirse a ese tiempo como “la época en que éramos felices y no lo sabíamos”. Pacho Flores compuso Morocota con dedicatoria a su madre y en recuerdo del hecho de que se llamaban mutuamente “morocota”, en el sentido de “mi consentido”, “mi tesoro”. Morocota es un vals venezolano sencillo y diáfano, en el que predomina la vena sentimental sobre el perfil bailable, y en algunos momentos trae a primer plano reminiscencias de los deliciosos valses de otro gran músico venezolano, Antonio Lauro (1917-1986). Morocota data de cuando Flores tenia quince años de edad, y la pieza fue estrenada en San Cristóbal, capital del Estado Táchira en Venezuela, en una versión para trompeta, guitarra, cuatro y contrabajo. Actualmente la pieza existe en versiones para trompeta y guitarra trompeta y piano, trompeta y cuerdas, y trompeta y orquesta».

De destacar la unión de compositor e intérprete en esta deliciosa Morocota, el amplio bagaje del solista llevado al papel pautado desde la sencillez que emana de la infancia y la nostalgia, música de agradable escucha, instrumentación «académica» sin perder la necesaria raíz melódica de una trompeta que nos habla mecida por la orquesta.

Finalmente y como apreciación personal tras mis comentarios puntuales, a nivel global este CD respira no solo calidad en cada composición e interpretación a cargo de Pacho Flores y la Orquesta Filarmónica de Minería bajo la batuta del director de orígenes asturianos Carlos Miguel Prieto, también una apuesta por parte del trompetista venezolano de unir con la música para su instrumento lo que algunos quieren olvidar o borrar de la historia, tendiendo puentes y ampliando un repertorio necesitado de renovarse. Maravillosas combinaciones de tímbricas en su arsenal de trompetas con las que Pacho Flores sigue haciendo «Música» con mayúsculas, engrandeciendo el repertorio para su instrumento en nuestros tiempos, y apostando por obras cercanas en estilos, inspiración y mucho amor hacia él por parte de tantos amigos y colegas que aceptan sus encargos felices en este mundo musical que sigue siendo el único lenguaje universal rompiendo barreras.

Alfa y omega

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Miércoles 19 de julio, 22:00 horas. Clausura del 72 Festival de Granada, Palacio de Carlos V, “Conciertos de Palacio”, Tríptico Mahler III: Angela Gheorghiu (soprano), Orquesta Joven de Andalucía (OJA), Víctor Pablo Pérez (director). Obras de Mahler y Puccini. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

(Crítica para Ópera World del jueves 20, con los añadidos de links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite)

Como en mi bandera asturiana, esta septuagésimosegunda edición del Festival Internacional de Música y Danza de Granada, he estado de principio a fin, alfa y omega casi simbólicos de nuestra propia vida, toda una película donde coinciden figuras que por edad están llegando a su ocaso (también pueden remontar cual Ave Fénix) junto otras que emergen en el siempre difícil universo musical.

Para clausurar por todo lo alto el alfa de una Orquesta Joven de Andalucía (OJA), esperanza sinfónica que hace 30 años sería impensable en un paisaje yermo de estudiantes con acceso a las formaciones, y que bien plantada la semilla ha germinado, crecido y dado su fruto. De importar atriles para nuestras orquestas hispanas a exportarlos por medio mundo.

En la dirección el burgalés Víctor Pablo Pérez (1954) de quien puedo presumir haberle visto comenzar su andadura en la entonces Orquesta Sinfónica de Asturias de 1980 a 1988, seguir su carrera posterior (volvería a Oviedo para dirigir María Moliner) y en plena madurez continuar aportando sabiduría a muchas orquestas, también las jóvenes como esta OJA, capaces de afrontar repertorios de altura compartiendo escenario con una de las voces más universales del momento.

Dejar como “omega” a la soprano rumana Angela Gheorghiu supone comprobar su trayectoria inmensa en una carrera que aún no tiene meta porque vive la vida desde la pasión operística y, deseándole larga vida, está claro que siempre ha sabido “morir en escena” como sus heroínas, a las que ha hecho suyas con interpretaciones históricas, y su Puccini granadino de Palacio Imperial la convierte en inmortal.

Dos mundos en la noche final, Gustav Mahler (1860-1911) y Giacomo Puccini (1858-1924), coetáneos que dejan atrás un romanticismo periclitado para comenzar un siglo XX distinto pero también convulso, aunque no lo esperasen, como sus vidas y composiciones, conocedores mutuos, de inspiración asombrosa donde la literatura marcará la simbiosis letra y música que engrandece sus partituras. Al menos por esta vez solo hubo una única letra, los libretos del genio de Lucca elevados al olimpo escénico.

Segunda actuación de Angela Gheorghiu en el festival, esta vez con la OJA eligiendo cuatro arias de Puccini por pares (con el Adagetto para orquesta en fa mayor separándolas): «In quelle trine morbide», de Manon Lescaut, «Donde lieta usci», de La bohème, «Un bel dì vedremo», de Madama Butterfly y «O mio babbino caro», de Gianni Schicchi. Auténtica exhibición vocal la de la rumana de musicalidad, gusto, técnica, dramatización de cada personsaje, matices y delicadeza que no siempre tuvo la respuesta de la potente orquesta detrás y no en el foso, aunque siempre pienso que es difícil contener la exuberancia sinfónica del de Lucca y más con jóvenes totalmente entregados. Víctor Pablo concertó bien con la soprano, no siempre fácil porque cada aria es un mundo y en intérpretes de esta altura, siempre distintas. Manon logró el silencio gélido de la bochornosa noche desde la primera frase; Mimi volvió a sacarnos la pena de una muerte joven como “la Gheorghiu” nos tiene acostumbrados a interpretar; la esperanza de Butterfly nos llevó a un Nagasaki con la pureza vocal y la carga dramática, para finalmente Lauretta cantar a papá poniéndonos la piel de gallina con los pianissimi y musicalidad que si al piano el pasado sábado cortaba el aire, con la OJA el público se rindió a sus pies. Personajes puccinianos, dramaturgia total y la categoría de una diva, dicen que la última, en agradecer el acompañamiento de unos músicos jóvenes que contarán a sus hijos esta noche histórica en Granada.

Y el regalo esperable con la orquesta sin miramientos de dinámicas para la página de Agustín Lara que Angela Gheorghiu, a quien le dejaron un abanico para aminorar el fuego, manejó la conocida canción en una personal interpretación dándolo todo en es final por todo lo alto volando sobre la tempestad sonora andaluza ante el delirio del público que llenaba el Palacio de Carlos V. Dos actuaciones de la rumana en este festival, hoy omega por la conclusión pero alfa ante la profesionalidad, entrega y excelencia de la espléndida Gheorghiu que está en ese momento de disfrutar cantando, y en Granada se le notó.

Con Mahler se abría y cerraba este concierto de clausura, la poco escuchada Nicht zu schnell, del “Cuarteto con piano en la menor” en orquestación de Colin Matthews que sirvió para templar a una OJA bien llevada por Víctor Pablo Pérez, más la Quinta que junto a la Sexta y Séptima conformaron un tríptico mahleriano muy interesante. Soy reiterativo cuando escribo que “no hay quinta mala” y la del bohemio no es una excepción. El director burgalés comenzó la Trauermarsch sin prisa, exponiendo su visión en los primeros compases, con una sección de metales equilibrada y afinada, la madera con la misma calidad, la cuerda iría ganando enteros, la tensión del Stürmisch bewegt nos dejó una percusión acertada, ya con toda la OJA rodando comandada por un Víctor Pablo claro en el gesto y marcando todo. Aplausos que me pregunto si se están convirtiendo en moda entre movimientos o provienen del desconocimiento, aunque vinieron bien para afinar ante la temperatura que aún era alta. El bellísimo Scherzo nos trajo a un solista de trompa excelente y unas lengüetas logrando ese toque “burlón”, mientras las dinámicas funcionaron algo descompensadas, de nuevo por el ímpetu juvenil, concertino a tener en cuenta, pizzicati rotundos y más aplausos al terminar este tercer movimiento. Al menos en el cinematográfico Adagietto no sucedió lo mismo, una cuerda aterciopelada plegada al rubato desde el podio, sin corbata porque la temperatura no bajaba y hasta alguna lipotimia hubo cual “Muerte en Granada” esperable, que no perturbó apenas el excelente clima alcanzado antes del optimismo final del Rondo – Finale. Allegro – Allegro giocoso. Frisch.
Alegría mahleriana al comprobar que hay futuro orquestal ante obras de envergadura, y emociones puccinianas contadas y cantadas por una Angela Gheorghiu cautivadora para un público donde no faltaron desde fans suyos venidos hasta de Texas, hasta las familias de los jóvenes que repetirán este jueves en Baeza. El examen granadino lo superaron con un bien alto, rozando el notable, y queda la reválida jienense tras el duro trabajo que siempre tiene recompensa.

PROGRAMA

Tríptico Mahler III

I

Gustav Mahler (1860-1911)

Nicht zu schnell, del Cuarteto con piano en la menor (orquestación de Colin Matthews)

Giacomo Puccini (1858-1924)

«In quelle trine morbide», de Manon Lescaut

«Donde lieta usci», de La bohème

Adagetto para orquesta en fa mayor

«Un bel dì vedremo», de Madama Butterfly

«O mio babbino caro», de Gianni Schicchi

II

Gustav Mahler

Sinfonía nº 5 en do sostenido menor (1902)

I. Trauermarsch. In gemessenem Schritt. Streng. Wie ein Kondukt

II. Stürmisch bewegt. Mit grösster Vehemenz

III. Scherzo. Kräftig, nicht zu schnell

IV. Adagietto. Sehr langsam – Attaca

V. Rondo – Finale. Allegro – Allegro giocoso. Frisch

¿Lírica flamenca o Flamenco lírico?

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Martes 18 de julio, 22:30 horas. 72 Festival de Granada, Palacio de los Córdova, “Universo vocal”, Recital lírico II: Mariola Cantarero (soprano), José Quevedo ‘Bolita’ (guitarra flamenca), Paquito González (percusión). Libre, Canción española para soprano, guitarra flamenca y percusión. Obras de Ángel Barrios, Turina, Falla y José Quevedo. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

Quienes me conocen me han bautizado como “omnívoro musical” y siempre abierto de miras y oído a todo intento de innovar repertorios y ganar públicos. Se habla de fusión, mestizaje, hibridaciones, inspiraciones o versiones, pues romper clichés y tomar ingredientes de siempre combinándolos de otra forma es igual de respetable. En mis años de docente explicaba al alumnado que la melodía era un cuerpo femenino al que se le vestía de diferentes formas (con armonías, ritmos, instrumentaciones y toda las técnicas ancestrales actualizadas); si el cuerpo es proporcionado y bello, cualquier ropaje o vestimenta le queda bien. Caso contrario será un arte conseguir que el ropaje disimule e incluso favorezca ese cuerpo.

Tomar obras “clásicas” de por sí bellas y (re)vestirlas para que sigan luciendo y no afeando, también es un arte. El mundo de la moda diferencia entre la “Alta costura” con modelos exclusivos y a medida de trajes únicos, frente al “prêt-à-porter”, confeccionado en serie según unas medidas o tallas predeterminadas que se acomodan a un gran número de personas, y que alcanza modelos de calidad aunque dependiendo quién los lleve parezcan exclusivos. Sobre esto desconozco la respuesta sobre si es clase, percha o vaya usted a saber pero salta a la vista (y al oído).

Toda esta introducción viene a colación porque el mundo de la música está lleno de modas, trajes a medida y comerciales partiendo de cuerpos desde todos los criterios estéticos que queramos. El flamenco, como el jazz, son músicas con alta carga de improvisación y poca escritura (aunque la preparación de las generaciones jóvenes en el primer caso, ha llevado al papel sus arreglos, creaciones o anotaciones como ya hiciesen los segundos). Se puede fusionar toda la música sin más etiquetas, y el proyecto que presentaba en su tierra la soprano Mariola Cantarero (Granada, 1978) resulta interesante porque cambia el punto de vista y la óptica: acercar la lírica y el belcanto al mundo natural de esta tierra, un patrimonio universal del que además nuestros Falla o Turina bebieron, y parecía necesario devolver lo “prestado” pues de bien nacidos es ser agradecidos, más en esta tierra y en esta noche con dos flamencos gaditanos: el guitarrista José Quevedo ‘Bolita’ (Jerez de la Frontera, 1974), para mi la auténtica “estrella” en el penúltimo firmamento granadino, y el toque de Paquito González (Sanlúcar de Barrameda, 1981), discreto pero con las pinceladas necesarias de una percusión que realza ese pellizco intrínseco a lo jondo.

El Palacio de Los Córdova registró una buena entrada y un público algo “apagado” para un proyecto interesante y bien amplificado con lo que supone de captar todo (respiraciones, desafines, excesos y dudas), percibiéndose inseguridades por parte de todos. Un espectáculo de flamenco lírico más que de lírica flamenca en la voz de “La Cantarero” intentando empaparse de tanguillos, tarantos, alegrías, seguiriyas, fandangos del Albaicín, guajiras y boleros en este marco idóneo por la propia geografía interior y exterior.

Abriría la soprano granadina con tres cantes de Ángel Barrios (1882-1964), La novia del aire (bolero andaluz), Hechizo y nostalgia, más Con puñales de cariño, impecable el toque de ‘Bolita’ llenándolo todo con esa guitarra forjada al lado de los grandes.

Importante el acercamiento del jerezano al músico sevillano Joaquín Turina (1882-1949) con tres revisiones de Poema en forma de canciones, op. 19 (1917) sobre textos del asturiano Ramón de Campoamor (1817-1901) que conocemos en su versión con piano y que desde el aire flamenco suenan nuevos, distintos, vestidos de granadina los Cantares, Los dos miedos y Las locas por amor. No es un arreglo del piano a la guitarra ni se cantan igual, mejor hablar de distintos vestidos, en este caso a medida del “modisto Bolita” aunque no encontró la talla correcta para Mariola Cantarero, que por otra parte y literalmente eligió un vestuario interesante de moda granadina como pude leer en la prensa: “en la primera parte un diseño exclusivo de Monae y joyas de San Eloy, la mítica joyería que hay en la Plaza del Carmen”. El sabor local quedó en la escena y cantar sentada como los flamencos no sumó “pellizco” aunque sea de valorar el intento del sabor granadino y andaluz. Creo que su color y timbre vocal no son adecuados para ella, pero había que probar este vestuario y comprobar la respuesta de una clientela que como quien suscribe, no pareció muy conforme.

Mientras la soprano se preparaba para la segunda parte con un vestido verde muy ampuloso de una diseñadora sevillana, José Quevedo ‘Bolita’ y el toque mínimo de Paquito González nos dejaría el Falla que Paco de Lucía llevaría a su terreno tras tiempo de estudio de las partituras, escuela con alumnos aventajados como el jerezano que nos dejó su versión y visión de la Danza del fuego fatuo y la Danza del molinero, el ropaje acorde con el resto del espectáculo y la Granada nocturna con el Albaicín y la Alhambra escuchando. Sonido bien amplificado y virtuosismo propio donde el duende también tuvo algo swing. El genio de Algeciras tuvo mucho que ver, transmitir y legar para todas las generaciones posteriores.

Y en la segunda parte las Siete canciones populares españolas (1914) de Manuel de Falla (1876-1946), un gaditano enamorado de Granada moldeando cuerpos perfectos que ‘Bolita’ intentó diseñar para la soprano con desiguales resultados, tanto por las armonías (las costuras no parecieron bien cosidas en alguna) como por la “caída” de los siete ropajes. Mi Asturiana no tuvo la claridad textual ni canora de un cuerpo musical tan hermoso aunque la Nana al menos intentó acunarnos en esta noche de calor más atmosférico que humano, y lo más “flamenco” resultó un Polo que bisarían como tercera propina tras una Granaína (dedicada a Marina Heredia, presente y “catedrática” en el buen cantar), y el famoso Adiós Granada con los mismos diseños.
Insistir en el enorme trabajo de José Quevedo ‘Bolita’ por confeccionar siete vestidos de pasarela andaluza inspirados en Don Manuel, pero la voz lírica tampoco hubiera “desfilado” vestida con los originales, como si en esta pasarela los tacones no asentasen o faltase el ritmo natural que se suplió con los buenos deseos de una mixtura sin botones ni cremalleras.

Lo más interesante fueron las dos composiciones de José Quevedo para Mariola Cantarero, diseños propios como los patrones, no visiones ni búsquedas estilísticas, verdadera creación de una guajira verdaderamente bella y en el mejor sitio para escucharla como Blanca flor de La Alhambra con una voz jugando menos en el registro agudo y acertando con la ambientación, o Si no es mi pena (Fantasía y bolero), un soneto de Francisco de Quevedo que no creo fuese sangre del guitarrista aunque encontrar los textos que musicar son otro arte.

PROGRAMA

Libre. Canción española para soprano, guitarra flamenca y percusión

Ángel Barrios (1882-1964)

La novia del aire (bolero andaluz)

Hechizo y nostalgia

Con puñales de cariño

Joaquín Turina (1882-1949)

De Poema en forma de canciones, op. 19 (1917):

Cantares

Los dos miedos

Las locas por amor

Manuel de Falla (1876-1946)

Siete canciones populares españolas (1914):

El paño moruno

Seguidilla murciana

Asturiana

Jota

Nana

Canción

Polo

José Quevedo (1974)

Blanca flor de La Alhambra (Guajira)

Si no es mi pena (Fantasía y bolero, soneto de Francisco de Quevedo)

El Cosmos concuerda

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Viernes 14 de julio, 21:30 horas. 72 Festival de Granada, Patio de los Mármoles (Hospital Real), “Música de cámara”, #Ligeti100: Cuarteto Cosmos. Obras de Brahms, Tomás Marco y Ligeti. Fotos propias y de Fermín Rodríguez. 

En este Festival de Granada la música de cámara tiene su espacio y en el caso de los cuartetos el programa nos está trayendo de lo mejor en el panorama internacional, este viernes con el Cuarteto Cosmos (2014) catalán y otro homenaje al gran György Ligeti (1923-2006), sin olvidarnos de Tomás Marco (1942), compositor residente esta edición, y Johannes Brahms (1833-1897) en un programa intenso y exigente desde el Patio de los Mármoles en el Hospital Real.

También Schumann está en el aire de estos días, y Brahms se encontró con él en 1853 ya con la idea de componer cuartetos. El Cuarteto nº 2 en la menor, op. 51/2 (1873) es buena forma de comenzar un concierto y el Cuarteto Cosmos ya mostró sus cartas con un sonido homogéneo -tocan con instrumentos construidos exprofeso por el prestigioso luthier barcelonés David Bagué– y en el Allegro ma non troppo las melodías juegan con las combinaciones de los cuatro y una energía que se ve además de escucharse. El Andante moderato mantuvo ese lirismo romántico, heredero de Schubert o Schumann sin faltar la carga dramática con intensidades muy amplias. Con esas alternancias de melodismo y dibujos claros en el cuarteto el breve Quasi Minuetto, moderato, prepararía el ambiente sombrío del Finale. Allegro non assai, con la alternancia o juego de los temas, decidido el primero y más lánguido el segundo, danzables para disfrutar de un violín carnoso y penetrante preparando la creciente agitación del cuarteto, aires zíngaros que con su ritmo contagioso redondearon un buen Brahms con los catalanes.

Tras el descanso, cambio de idioma, de estilo, de colores y sonoridades con tímbricas explorando todos los recursos del cuarteto de cuerda: armónicos, golpes de arco, pizzicati violentos, fraseos de dinámicas bruscas en dos páginas de mi generación, primero el Cuarteto nº 4 «Los desastres de la guerra» (1996) de Tomás Marco, que continúa vigente tal y como estamos comprobando en este Festival. Juan Manuel Viana en sus notas al programa repasa la trayectoria del compositor madrileño en sus composiciones para cuarteto de cuerda: “Los desastres de la guerra (…) compuesto en 1996 por encargo del Festival de Santander y estrenado el 24 de agosto de ese año por el Cuarteto Paul Klee en el Santuario de la Bien Aparecida (…) presenta, según su autor, algunos puntos en común con el cuarteto anterior: «Se trata de un material musical rigurosamente objetivo en el que se desarrolla, por aplicación de algunos principios de crecimiento fractal, un sistema de proporciones que confluyen en la creación de una forma autónoma». Como en Los caprichos, Tauromaquia, La nuit de Bordeaux o Tapices y disparates, la alusión a Goya no pretende describir o evocar su pintura sino «asumir algunos de sus planteamientos estéticos y expresivos»”. Si la música de Marco sigue siendo actual, tristemente también las guerras y el dolor que conllevan. Este cuarteto es desgarrador, gris, violento como van desgranando las cuerdas y arcos, sonidos por momentos hirientes, casi una banda sonora de la devastación bélica que Goya ya pintase pero hoy basta con ver las noticias porque esta música sirve para todas ellas. El Cuarteto Cosmos se volcó con una página muy exigente de ejecución e interpretación de la barbarie: empaste y entendimiento total de los catalanes, contrastes extremos entre violín y cello, contestaciones del segundo y la viola, un relato sobrecogedor el de Tomás Marco perfectamente resuelto por unos músicos excelentes.

Y tras una pausa para tomar aire pero con las mismas sensaciones vendría el Cuarteto de cuerdas nº 1 «Metamorfosis nocturnas» (1953-1954) de György Ligeti, a quien el Festival le está homenajeando en el centenario de su nacimiento. El húngaro también sufrió en sus carnes la dictadura magiar y mucha de su música quedó en el cajón como él mismo lo escribió. Obra de juventud con clara inspiración en los cuartetos 3 y 4 de Bartók que sólo conocía por la partitura, aunque escrito en un único movimiento, está dividido en doce secciones breves que van contrastando, casi como en el cuarteto de Marco. El término «Metamorfosis» designa, en palabras del húngaro «una serie de variaciones de carácter atemático, que se desarrolla a partir de un motivo de base. Melódica y armónicamente la pieza descansa sobre el “total cromático”, mientras que desde un punto de vista formal permanece fiel a los criterios del clasicismo vienés: carácter periódico, imitación, despliegue del material motívico, desarrollo, reparto entre los instrumentos de la melodía cortada en frases breves». Si el cuarteto catalán toma el nombre de Cosmos, con esta metamorfósis está claro que es todo un universo de la cuerda, jugando con las palabras, todo concuerda en este Ligeti que desplegó no ya los recursos y sonoridades rompedoras en los años 50, toda la tensión y discurrir “biológico”, nacimiento, desarrollo, madurez, cambios de tamaño, como una clase sonora de la propia evolución vital y recordando que la palabra griega significa “transformación” sin olvidarnos del alemán Kafka. Increíble la partitura de Ligeti y asombrosa la interpretación del Cuarteto Cosmos.

Tras tanta tensión, dramatismos, sonoridades violentas, incisivas, volúmenes extremos de los pianos casi inaudibles a los fortes con los arcos como cuchillas, el mejor regalo vendría de Schubert y el Andante del Cuarteto “Rosamunda” nº 13, en la menor, D804 op. 29. La música de mi generación no se entiende sin escuchar primero a los grandes románticos, y tras el Brahms inicial el círculo se cerraba con Schubert, historias musicales donde el cosmos concuerda.

Y con cuerda aún nos espera el Armida Quartett el día 17, que contaremos desde aquí.

Cuarteto Cosmos:

Helena Satué (violín) – Bernat Prat (violín) – Lara Fernández (viola) – Oriol Prat (violonchelo)

PROGRAMA

Johannes Brahms (1833-1897)

Cuarteto nº 2 en la menor, op. 51/2 (1873)

Allegro ma non troppo – Andante moderato – Quasi Minuetto, moderato / Allegretto vivace – Finale. Allegro non assai

Tomás Marco (1942)

Cuarteto nº 4 «Los desastres de la guerra» (1996)

György Ligeti (1923-2006)

Cuarteto de cuerdas nº 1 «Metamorfosis nocturnas» (1953-1954)

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