Viernes 25 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Concierto 50 aniversario de NUBERU, OSPA, Rubén Díez (arreglos y dirección). Músicos invitados: Jacobo de Miguel (piano), Pedro Pangua (flauta y gaita). Entrada: 25 €.
Mi juventud cumple años con Nuberu, Chus Pedro y Manolo (para la familia Jesús Pedro Suárez Fernández y Manolo Blanco Peñayos), voz y guitarra de este dúo que nació en mi primer año de universidad cuando las pegatinas de “Camaretá” estaban adheridas en nuestras carpetas junto a la de Conceyu Bable y bandera de Asturias (mientras otros pegaban la de España), y la transición clamaba por una llingua que aún sigue sin ser oficial. El primer disco sigue entre mis tesoros y el tiempo nos fue llevando casi de la mano y haciéndonos perder pelo.
Giras por Asturias, la común amistad con el siempre recordado Manolo Quirós, las pausas de un Nuberu que suelta agua cuando vienen las tormentas, Chus solo con los teclados de Gabino Antuña y las percusiones de Julio Sánchez, vuelta al grupo donde estaba al bajo mi querido Carlos Fueyo en una formación sólida que recorrió medio Asturias, incluso recuerdo una suplencia por mi parte en un pub de Noreña tras un leve accidente de Gabino (que es como el tercer Nuberu), y muchos conciertos como espectador o en la RTPA.
Echando la vista atrás y casi sin enterarnos resulta que Nuberu cumple sus Bodas de Oro, tal vez la despedida verdadera, que medio siglo es mucho… Una celebración por todo lo alto y como los grandes con un “Nuberu Sinfónicu”. Para la ocasión, y con el auditorio lleno de varias generaciones, con gente de “les Cuenques”, entregada de principio a fin, una OSPA imponente con Rubén Díez al mando y sus arreglos a la altura del evento.

Con un poco de retraso arrancaba la OSPA con una obertura a modo de suite donde todos reconoceríamos parte del repertorio de Nuberu, desde la Céltica hasta ese himno minero grandioso del “Santa Bárbara bendita” aplaudido antes de acabarlo, al salir (lógicamennte por la izquierda ¡del escenario! Chus Pedro y Manolo antes de entonar el primer tema.
El sinfónico So vaqueiru del álbum “Atiendi, Asturies” (Fonomusic, 1980) demostró que la emoción no iba a faltar, la voz quebrada, los nervios, las respiraciones entrecortadas para dar paso a La mula torda del primer LP “Asturies, ayer y güei» (1978). Arreglos cercanos a los originales ya grabados pero con la magia de una OSPA comandada por Daniel Jaime como concertino, quien también tendría unos solos impecables.
Chus Pedro siempre habla y Manolo escucha, 50 años con aquellos inicios apostando por la utopía, en parte como seguimos haciendo los de mi generación.
El chamiceru, también del mítico primer LP en Movieplay (y producido por Víctor Manuel) con Pedro Pangua de flautista , que se retiraría a buscar la gaita mientras Chus Pedro se remontaba al año 1977 recordando la muerte de Juan Muñiz Zapico (La Frecha, Pola de Lena 1941 – Reguera, 1977), Juanín represaliado sindicalista de CCOO que trabajó en Mieres (Talleres de Aguínaco). Todos cantando interiormente la melodía «Qué probe quedó el ríu Huerna» de Al home de la unidá Xuanín esta vez solo con el punteo a la guitarra de Manolo en un arreglo donde predominaba la cuerda (arpa incluida), y el piano magistral de Jacobo de Miguel. La sonorización ya estaba perfectamente ajustada y el concierto avanzaba en silencio, con el respeto y admiración por este Nuberu dorado por los años.
Y sin perder emociones ni nostalgias, Chus presentaría la universal Santa Bárbara bendita que ellos recrearon como En el pozu Maria Luisa (del álbum «Mineros«, 1987), la voz desgarrada y coreada en el estribillo por un público que conoce todo el repertorio del dúo.
Presentaría Chus a su madre Delina, la biológica y la otra, la Madre Tierra, con Jacobo solo introduciendo delicadamente el canto del emocionado hijo, antes de que la OSPA, con la gaita de Pangua, fuera arropando y creciendo en todos los sentidos, antes del retorno al inicio, un final acompañado solo por el piano.
Chus Pedro se definió como la propia canción popular de El Veleta, como la anterior del disco “Agua de la Fuente clara” (producido por Gabino Antuña en 1993) y “amaestáu al asturianu” en otro bellísimo arreglo de Rubén Díez, a quien agradecería haberle conocido, un avilesino de amplia trayectoria musical al que lió para este homenaje de cumpleaños en torno a una buena mesa en Casa Lín, como no podía ser menos en La Villa del Adelantado.
Casi sin aliento y emocionado, presumiendo de su natal El Entrego y su “resurrección” en el Hospital de Cabueñes (Gijón) tras un susto cardiovascular, aprovecharía para reivindicar, siempre necesario e intrínseco al cantante, la Sanidad Pública, con el público ovacionando, latiendo y sintiendo con Chus Pedro ante todo un “himno” que en su voz, incluso como invitado, tiene la mejor grabación en “Tejedores de suaños” (con Tejedor), el Chalaneru, que como años atrás en mi Requejo, sería coreado no por el alumnado mierense en un frío y lluvioso día un 29 de mayo de 2013 (celebrando los 25 años del conservatorio local), sino por un auditorio tan entregado como el propio Nuberu sinfónico en este “veroño astur”.
Rubén Díez y la OSPA se tomarían un respiro mientras Chus charlaba con una señora de la primera fila por el lema de su camiseta “Que no nos falte tu voz”, un halago compartido. Templando y calmando nervios no faltó la chanza con su inseparable Manolo, que fue minero sólo dos años y después «cerró Hunosa, aunque ayudase a las prejubilaciones»… ideal para el siguiente tema, otro de los emblemáticos mineros, con letra de Manolo Asur, Dame tira, el dúo cantando solo con el piano de Jacobo.
Proseguirían Manolo a la guitarra y Chus Pedro rememorando aquella juventud nuestra y otra utopía como la libertad sexual en la Playa de Torimbia sin necesidad de cruzar los Pirineos. Tampoco faltaron las gracias a toda la clase política que apoyó este proyecto (desde la Consejería de Cultura, Política Lingüística y Deporte, con Vanessa Gutiérrez o Antón García), al gerente de la OSPA Oriol Roch, y por supuesto a todos los trabajadores del auditorio a quienes el público ovacionaría.
Acompañado por la guitarra de Manolo, Chus “alcontró el amor” con la canción que grabasen para Los Conciertos de Radio 3 de RTVE en 2002, Liberar l’amor antes que Rubén Díez retornase al podio con la OSPA mientras la gaita de Pedro Pangua sonaba fuera del escenario, para entrar todos en el arreglo sinfónico exquisito de esa alborada tan nuestra que es Céltica (de “Atiendi Asturies”).
Respiro y otra anécdota de Chus Pedro, cuando en 1977 tras un concierto donde pisaría una boñiga fresca, se sentaron y allí conocieron a un mexicano que quedó en enviarles una foto. Era Paco Ignacio Taibo II y la «semeya» que todos conocemos (la dejo a continuación), antes de presentar y cantarnos Aida de la fuente, otra imprescindible de Nuberu donde esta vez sería Manolo quien cantase la voz primera en vez de la habitual segunda.
Asturies como tú yes, emocionante, con otro punteo de Manolo a la guitarra eléctrica y una OSPA pletórica, sección por sección, madura como Nuberu, plegada al director avilesino que hubo de lidiar mucho para que todo encajase y fluyese como debía en este memorable final.
Auditorio en pie, bravos, aplausos y pidiendo a coro “otres tres”, llegando como propina el Chalaneru emblemático con el gran coro del público, comentando que curiosamente Nuberu (y Chus) lleva 50 años cantando “en una llingua que no existe ni ye oficial”, tiempos revueltos como aquella Marcha Verde donde el color no era asturiano sino el del Sáhara desértico.
Nadie quería acabar esta fiesta sinfónica, Chus ya sin nervios, feliz, sin querer bajarse del escenario, con una voz renacida y sin más repertorio, así que bisaría El veleta popular, sentido como este sinfónico Nuberu inmortal para una despedida apoteósica y por todo lo alto.













