Otoño en primavera
02/04/2014
Asturias, conciertos, música, recital Auditorio de Oviedo, Bach, conciertos, Jordi Savall, Marais, música, música antigua, música medieval, Sainte-Colombe, viola 2 comentarios
Creo en Herr Bach todopoderoso
01/04/2014
Asturias, clásica, conciertos, coros, música Aarón Zapico, Aitor Hevia, Auditorio de Oviedo, Bach, Cibrán Sierra, conciertos, Damien Guillon, El León de Oro, Forma Antiqva, Gerd Türk, Jorge Jiménez, María Espada, Marco A. García de Paz, música, Peter Kooji, Ruth Verona, Silvia Márquez 4 comentarios
Parafraseando los dos últimos versos de la pasión «Herr Bach, erhöre mich, Ich will dich preisen ewigllich!» (Escúchame, Señor Bach: ¡eternamente te alabaré!) hasta los agnósticos terminamos creyendo en este Jesucristo a menudo lúgubre pero eternamente luminoso cuando lo musica el Kantor de Leipzig. Pecando sin propósito de enmienda, consciente desde el peculiar y personal «Credo en mi dios Bach, creador de todo lo visible y lo invisible» musicalmente, íntimo o grandioso, esta pasión asturiana en el amplio sentido de la palabra, ha vuelto a emocionar por todo lo que en ella habita.
Nuestro mejor y más internacional coro asturiano es capaz de preparar el cercano y durísimo Ravel junto a su próxima participación en el concurso internacional londinense que preside P. Phillips, y todavía encontrar más tiempo para elegir medio coro que afrontase con plena capacidad y calidad esta «pasión asturiana». Para ellos mi primeras palabras y felicitaciones más allá del orgullo de leónigan, pues siguen siendo un referente, no ya por la calidad pasmosa en cada aspecto sino por una disciplina que les permite transmitir los deseos del director que tengan enfrente, haciéndolos suyos. Esta «Pasión Zapico» volvió a demostrar porqué son los números uno: matices increíbles, emisión envidiable, fraseos de vértigo, corales cercanos y coros protagónicos en su búsqueda de la belleza inabarcable superándose en cada aparición.
Mi otra pasión son Forma Antiqva, siempre sorprendiendo en cualquier combinación, más cuando traen el proyecto grande, no ya por número sino por la excelencia de todos sus componentes. Poder aglutinar tanta calidad instrumental contando con solistas de talla internacional no está al alcance de cualquiera, pero esta pasión crece, convence, aglutina desde una dirección de la que hablaré al final. Aunque en el extenso programa (incluyendo texto original y traducción que seguimos durante las casi dos horas como si de una iglesia se tratase) figuran todos los intérpretes de una inolvidable pasión bachiana, citar dos componentes del Cuarteto Quiroga (Aitor Hevia y Cibrán Sierra) junto al habitual Jorge Jiménez, sin olvidarme de Ruth Verona quasi Zapico porque el continuo con Pablo y Daniel no es el mismo sin ella. Del resto sólo elogios con dúos de traverso, oboe y ambos sutiles, bellos desde la primera bocanada, al igual que las violas d’amore alternando con las habituales, el violagambista Andrea de Carlo o la organista y clavecinista Silvia Márquez, siempre complemento de los tres Zapico. Forma Antiqva en formación grande, cantidad y calidad, rigor y vigor, perfecta base instrumental para una visión moderna sin olvidar la historia, bien conducida desde el clave y la dirección por el magister Aarón.
Los solistas para el evento tampoco se encuentran fácilmente, con dos aún recientes (Bach Collegium Japan de Suzuki) y bachianos puros -aunque los años no perdonen pero todavía referencia por la entrega y dominio de una partitura que han hecho suya-, especialmente el evangelista Gerd Türk que brilló incluso en sus arias, y el bajo Peter Kooij con un Jesús cercano. Grata sorpresa el alto francés Damien Guillon de color idóneo para este Bach, pero especialmente la gran soprano extremeña María Espada, enamorando con «sólo» dos arias (Ich folge dir gleichfalls, nº 13 primera parte, y Zerfließe, mein Herze, nº 63 en la segunda parte), auténticas joyas en su voz, emocionantes, sentidas y cantadas como sólo ella es capaz, otra de mis pasiones confesas que volveré a degustar esta misma semana con más barroco. Citar el Pilato de Jiménez Cuevas, bajo en los números corales, así como las breves pero más que correctas intervenciones de los coralistas Manuel Quintana, Fernando Fernández y Elena Rosso.
Dejo para el final al auténtico alma mater del proyecto, al maestro Aarón Zapico, Kapelmeister de Sama, «apóstol del barroco», líder por convencimiento, entrega y dominio desde el duro trabajo. Esta pasión sentida desde tiempo, capaz de transmitirla a todos los intérpretes desde el minuto uno, llevada como él quiso desde esa autoridad ganada con diálogo y magisterio, pacto compacto con tacto, barroco en estado puro desde el siglo XXI, las luces y sombras luteranas del Evangelio de Juan con el subrayado genial del Kantor, música al servicio del texto, riqueza expresiva de contrastes brutales, tiempos vivos con agilidades de vértigo sin perder ni una sílaba y lentos profundos para transmitir el castigo o la desnudez (los momentos del coro a capella fueron de lo más emocionante). Dirección y acompañamiento al clave de los recitativos dejando fluir al genio con toda esa cadena de vivencias más allá de la partitura, el aliento lúcido y la esperanza hecha Bach en su discutido cumpleaños (31 de marzo de 1685).
Pasiones corales, instrumentales, solistas… pasiones personales compartidas, pasión por Bach, pasión por las pasiones, cuaresma con pasión sin compasión. La semana arranca cerrando marzo.
La voluntad de Bach en Cuaresma
18/03/2014
Asturias, órgano, clásica, conciertos, coros, música, recital Auditorio de Oviedo, Bach, Bach Collegium Japan, Clint van der Linde, conciertos, Gerd Türk, Joanne Lunn, Masaaki Suzuki, música, Peter Kooji 3 comentarios
Lunes 17 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Bach Collegium Japan, Joanne Lunn (soprano), Clint van der Linde (alto), Gerd Türk (tenor), Peter Kooji (bajo), Masaaki Suzuki (director). Obras de J. S Bach.
No cansaré nunca de «Bach, Mein Gott», del que escucharemos también en este mismo auditorio sus dos pasiones. Atrás han quedado las interpretaciones románticas de grandes formaciones para volver a los orígenes en Leipzig, algo que el maestro Suzuki y su «colegio» llevan por el libro. Tres cantatas y una misa donde los cuatro solistas invitados se integraron en el coro, dando el paso al frente cuando correspondía, más una formación instrumental de primera para gozar sin pecado de la palabra de Dios, textos originales y traducidos en el programa, con la música del Kantor desde un conocimiento directorial que transmite a intérpretes y aficionados.
Las notas de la profesora Miriam Perandones se titulaban con palabras del propio Johann Sebastian: «La música nos ha sido ordenada por el espíritu de Dios» que podemos parafrasear cambiando por «el espíritu de Bach» que flotó en el auditorio cual templo luterano en Cuaresma.
Primera parte con la Cantata Alles nur nachGottes Willen, BWV 72 (Todo sea según la voluntad de Dios) desde la oscura introspección, donde los solistas estuvieron desiguales, despuntando algo más la soprano inglesa (bien en estos repertorios) que el contratenor sudafricano, al que en su anterior visita a Oviedo hace cinco años achaqué los mismos problemas de poco volumen en el registro grave, así como un color característico de ese registro alto menos frecuente que los contratenores más sopranistas pero cercano al original del Leipzig bachiano. El coro siempre perfecto de color, empaste y afinación, equilibrio exacto con los instrumentos.
Para la Cantata Mit Fried und Freud ichfahr dahin, BWV 125 (En paz y alegría me iré) pudimos disfrutar de la flauta (con Kyomi Suga) que también dominase el Kantor, y donde los solistas vocales masculinos resultaron más coristas de lujo que propiamente figuras, más en el dúo acompañados por los dos violines solistas (Terakado y Yamaguchi), cello (Balssa) y órgano (Masato Suzuki), pues de intimismo volvieron a quedar algo oscuros en los graves con un texto que habla de la luz que llena toda la tierra con poderosas palabras que resonaron más bien poco. El recitativo anterior contó con el barítono más que bajo (no hay coro tal y como figuraba en el programa) encareciendo una cuerda auténticamente en crisis, salvo honrosas excepciones, pero más en la música sacra que en escena. El alto al menos se portó en su aria y recitativo antes de volver a disfrutar del coral final «Él es la salvación…» antes de la pausa (descanso no eterno).
La Cantata Bekennen will ich seinen Namen, BWV 200 (Proclamaré mi fe en su nombre) nos cambió en el órgano al Suzuki Masato por el maestro Suzuki Massaki, con los dos violines y el cello acompañando el aria del alto, auténtico acto de fe que resultó más luminoso pese a la precariedad de medios utilizada por Bach pero perfecto preámbulo para la Misa luterana en Sol mayor
BWV 236, breve por utilizar solamente el Kyrie y el Gloria pero donde el griego primero y el latín después consiguen contagiar la musicalidad eterna del texto a un compositor cercano a Dios. El coro siempre perfecto, el aria de bajo (Te damos gracias) con cuerda y continuo mejor que en las cantatas, pletórico el duetto soprano-alto del «Domine Deus» con el acompañamiento de cuerda, órgano y (contra)fagot, aceptable el aria del tenor con continuo y oboe para tocar el cielo coral «con el Espíritu Santo en la gloria de Dios-Bach» por siempre Amén.
Felicidad venida de Japón con refuerzos internacionales para esta música universal en un concierto del espíritu capaz de acallar «tisis y toses» aunque la hora actúe cual resorte en ciertas posaderas de mal asiento. Desconozco si el «padre Bach» lo perdonará eternamente…
Sábado saga Sorozábal
27/02/2014
Asturias, conciertos, música, recital Ángel Álvarez Rodríguez, Bach, Castrucci, Cima, conciertos, Conservatorio de Mieres, Fauré, Irene Sorozábal Moreno, música, Nerea Sorozábal Moreno, Pablo Sorozábal 1 comentario
En la historia hay apellidos que son como una marca, más en música donde familias a lo largo de generaciones han mantenido su oficio de fabricantes, intérpretes o compositores, siendo especialmente famosa la familia Bach.
De larga familia musical este sábado 1 de marzo a las 19:00 horas tendrá lugar un concierto de música barroca y renacentista en el Salón de Actos de la Casa de la Música de Mieres con el siguiente
Giovanni Paolo Cima: Sonata per il violino. Irene Sorozábal Moreno (flauta de pico) – Nerea Sorozábal Moreno (violonchelo).
J. S Bach: Suite nº 3 en do mayor BWV 1009 para cello solo (Preludio-Allemanda-Sarabanda-Giga). Nerea Sorozábal (violonchelo).
J. S Bach: Partita en do menor para flauta sola BWV 1013 (Allemanda-Courante-Sarabanda-Bourée). Irene Sorozábal (flauta de pico).
Gabriel Fauré: Sicilienne y Romance para cello y piano. Nerea Sorozábal (violonchelo) – Ángel Álvarez Rodríguez (piano).
Pietro Castrucci: Sonata para flauta y bajo (Adagio-Allegro-Adagio-Allegro). Irene Sorozábal (flauta de pico) – Ángel Álvarez Rodríguez (piano).
Anonymus: Chominciamiento di goia (flauta y cello). Irene Sorozábal (flauta de pico) – Nerea Sorozábal (violonchelo).
La curiosidad que quiero reflejar se refiere no ya a la participación del pianista asturiano Ángel Álvarez Rodríguez sino, sobre todo, al protagonismo de dos hermanas de apellido Sorozábal, cual saga o familia donde la música se lleva en los genes: Irene Sorozábal Moreno, flauta de pico, y Nerea Sorozábal Moreno, violoncello, con la responsabilidad que conlleva siempre mantener esa tradición, aunque la trayectoria de ambas sigue dejando muy alta esa genealogía musical.
Nerea e Irene son hijas, nietas y bisnietas de músicos. Su abuelo fue Pablo Sorozábal Serrano (Madrid, 1934- 2007), escritor, traductor y músico: Cantos de Amor y Paz, Cantos de Amor y Lucha, la ópera La tierra roja, así como obras corales y de cámara; también es autor del «Himno de la Comunidad Autónoma de Madrid» con letra de Agustín García Calvo; con su padre el aún más famoso Pablo Sorozábal Mariezcurrena, compuso la música de la zarzuela Las de Caín (estrenada en 1958), basada en una comedia de 1908 escrita por los hermanos Álvarez Quintero y llevada también al cine en 1959.
Irene Sorozábal Moreno (Madrid, 1996) cursa 6º curso de Grado Profesional en el Centro Integrado de Música “Padre Antonio Soler” de San Lorenzo de El Escorial, donde ha recibido clases de flauta de pico con los profesores Fernando Paz y Pepa Megina. A lo largo estos años ha asistido a clases magistrales con Paul Leenhouts, Eric Boosgraaf, Bárbara Sela y Guillermo Peñalver. Junto a su trío del conservatorio ha ganado el concurso “Open Recorder Days” en Amsterdam en el año 2012. Irene está interesada en el canto y además de pertenecer al coro de la JORCAM entre los años 2011 y 2013, ha recibido clases de canto con Lola Bosom y Bridget Clark. Junto con su hermana Nerea formó el «Dúo Irenea» con el que ha tocado durante todos sus estudios en el conservatorio y los años 2011 y 2013 en el Festival de Música de Piantón (Vegadeo, Asturias).
Nerea Sorozábal Moreno (Madrid, 1994) desde muy pequeña comienza a interesarse por la música y en especial en violoncello, instrumento que aprende con Clara Terán. En el año 2001 es admitida en el Centro Integrado de Música “Padre Antonio Soler” de San Lorenzo de El Escorial y allí empieza a estudiar con la profesora Victoria Méndez y Dimitri Furnadjiev. Al inicio del grado medio completa su formación oficial en el conservatorio con Arantza López y María de Macedo y comienza a asistir a clases magistrales con entre otros Asier Polo, Suzana Stefanovic, Gary Hoffmann, Lluis Claret, Leonardo Luckert y Peter Bruns. En el año 2008 es admitida en la joven Orquesta Iuventas, de la cual es miembro activo durante tres años y toca el Concierto en Do Mayor de F. J. Haydn como solista. Más o menos paralelamente comienza su compromiso con la JORCAM, orquesta de la que será miembro hasta el 2012. En junio de ese 2012 acaba el Grado Profesional con Matrícula de Honor en violoncello y música de cámara, cerrando sus años de estudiante en El Escorial actuando como solista del Triple Concierto de Beethoven bajo la batuta de Giuseppe Mancini. Sus estudios superiores continúan en la Musikhochschule “Felix Mendelssohn Bartholdy” en Leipzig (Alemania) en la clase del violoncellista Peter Bruns. Actualmente cursa el 2º año de «Bachelor» en dicho conservatorio y toca un violoncello francés Goviot prestado por Christian Schneider. Durante el presente curso 2013-14 Nerea es becaria de la Fundación Alexander von Humboldt. Junto a su hermana Irene formó el “Dúo Irenea” con el que han tocado en dos ediciones del Festival de Música de Piantón en Asturias.
Un concierto muy recomendable para este primer sábado de marzo en mi pueblo natal no ya por las obras programadas, variadas y agradables para todos los públicos, sino por la personalidad de esta saga Sorozábal que continúa siendo sinónimo de música. Enhorabuena a los rectores del Conservatorio de Música de Mieres por su esfuerzo y trabajo en plena lucha por mantener la música en nuestro sistema educativo y como oferta cultural para todos en tiempos poco propicios (según los gobernantes) donde la crisis parece ser de valores más que económica.
Un arco iris de sonidos
19/10/2013
órgano, conciertos, música órgano, Bach, Beethoven, conciertos, estreno, Giampaolo di Rosa, Guilmant, Liszt, música, Tomás Marco Deja un comentario
Viernes 18 de octubre, 21:00 horas. XXX Festival de Internacional de Órgano Catedral de León: Giampaolo di Rosa. Obras de Bach, Beethoven, Guilmant, Liszt y Di Rosa. Entrada libre.
Desde la inauguración el pasado 21 de septiembre me he permitido bautizar el nuevo órgano de Klais como «El Bicho de León», pues el otro se encuentra en el Duomo de Milán así apodado por mi amigo Paolo Zacchetti. Y parece que lo de estos «animales sonoros» ha calado porque el regreso triunfal a León del fantástico Giampaolo di Rosa lo glosó finalizando el concierto su director Samuel Rubio que hablaba del caballo salvaje y el domador italiano, organista enamorado de su trabajo, asiduo de este festival, y a la vista de lo escuchado más lo leído en las notas al programa, del instrumento: «Un órgano en sí mismo, y en particular este nuevo… es un monumento del ingenio humano. Con ese instrumento se materializan las posibilidades realmente infinitas de producir continuamente lo que no es material, y que solo puede ser escuchado: el sonido con todos sus colores».
Si en el programa primó la literatura pianística que Giampaolo domina como nadie, la luz que suponen las transcripciones al instrumento rey resultan recreaciones precisamente por la riqueza tímbrica que se consigue, y más en este órgano con tantísimas combinaciones de registros que explican la semana previa de trabajo más los 95 minutos de concierto que de no ser por la hora seguramente serían muchos más. Para los conocecores de la distinta técnica exigida para el piano y el órgano está bien ir un poco más allá del lenguaje de las 88 teclas y cambiar la fuerza física por la búsqueda del color que se logra en el rey de los instrumentos, siendo habituales las reducciones orquestales (Liszt fue uno de los grandes) pero también adaptaciones, más que transcripciones, como la que brindó Guillou el día de San Mateo, admirado y maestro del organista italiano.
El decimoquinto concierto de esta trigésima edición del prestigioso festival leonés volvía a corregir el inicialmente previsto en la Web pero bien en el programa completo, arrancando súbito con el Preludio y fuga en mi menor, BWV 548 (Bach) en el teclado IV y pedalero casi en su totalidad, sonidos recios, potentes y casi austeros hasta que comienza a crecer y saltar de teclados en los pasajes virtuosos, y no digamos en la fuga vertiginosa, presto en aire y registros cambiando a velocidad estratosférica los sonidos en cascada colorista que pasaba de una nave a otra.
La Sonata en do menor op. 13 nº 8 «Patética» de Beethoven es una delicia al piano que en la transcripción del propio Giampaolo cobra nueva vida en el nuevo Klais. El Grave/Allegro di molto e con brìo marcó la línea a seguir en toda la obra, con lo apuntado anteriormente de cambiar fuerza por registros sin olvidarnos el pedalero que consigue ambientes únicos; el intimista Adagio cantabile -que en mis años jóvenes tocaba en la Iglesia- jugó con flautados alternados en los teclados IV y II (rotos por los dichosos móviles) para desembocar en un pleno Rondo (Allegro) de regusto bachiano en música y registros elegidos, permanente búsqueda tímbrica en los cinco teclados y pedalero, combinaciones enganchadas entre unos y otros que dieron otra iluminación a la sonata del sordo de Bonn con multitud de rubati siempre aprovechados para la multitud de cambios sonoros realizados por el virtuoso trasalpino.
La segunda obra «puramente organística» sería el Adagio (de la Sonata nº 5 opus 80 en do menor) de Guilmant, la misma del Allegro appasionato interpretado por Ana Belén García en Astorga. Con el sabor romántico francés en sabia elección de registros donde la dulzaina del teclado V logró ese ambiente de penumbra luminosa y que personalmente fue lo que más me llegó.
El terremoto sonoro de magnitud 9 en la «escala Klais» estaba por llegar, y todos en el epicentro. Liszt el grande del piano, el endemoniado arrepentido, compone la Fantasía y fuga sobre B.A.C.H. que Di Rosa transcribe para el órgano, para el universo majestuoso de timbres en unos pies aún más rápidos que las manos saltando por los cinco teclados, pedal de expresión y por momentos masa cegadora en tutti cual cascada lumínica antes de recuperar los colores básicos. Derroche sonoro, virtuosístico, físico para una obra de envergadura casi inalcanzable en un reto que muchos organistas se plantean de seguir engrandeciendo lo naturalmente inmenso. Impresionismo e impresionante este Liszt di Rosa.
Un músico completo como Giampaolo di Rosa compuso por encargo para este día la obra Batalla, estreno que pude degustar en buena posición de escucha y visión para comentar que estamos ante una forma renacentista y barroca desde nuestro siglo XXI, batalla imperial como muestrario tímbrico desde la indenifición melódica en lenguaje vanguardista (en cierto modo cercano al anterior estreno de Vlahec) con tintes pianísticos en momentos puntuales, evoluciones en texturas diversas, disonancias, notas pedales, claroscuros, contrastes dinámicos increíbles, ritmos alegres, tintineantes y también de marcha, imperiales a fin de cuentas. Un estreno que sumar a la breve historia del Klais al que cada obra intenta exprimir, testar, «domar», tantear unas posibilidades que se nos hacen inalcanzables («posibilidades realmente infinitas de producir continuamente lo que no es material, y que solo puede ser escuchado: el sonido con todos sus colores» que escribe el propio di Rosa), el público convertido en almas reflejadas por los vitrales sonoros en esta «selva de sonidos creados por el nuevo órgano». Lástima no haber podido sacar una foto de la partitura en el atril, hojas pegadas en una tabla como mosaico mudo que el milagro compositivo e interpretativo hizo hablar.
Tomás Marco, presente en la catedral, escribió dos temas sobre los que Giampaolo di Rosa realizó una improvisación (al igual que Guillou con C. Halfter), arte en el que también es un maestro, regalo de 70 aniversario para nuestro compositor madrileño. Sin peder de vista el estilo o la firma del propio Marco, pero con la óptica del italiano como si de un «espejo» se tratase, pudimos asistir casi atónitos a otro seísmo organístico, acelerandos, búsquedas extremas de frecuencias (la más grave en el pedal y la más aguda en teclado) con trémolos, trinos ostinados sobrevolando momentos espirituales en adagio, acelerandos contagiosos para el pálpito, majestuosidad y final en tutti como rúbrica homenaje y regalo mútuo de compositores e intérprete.
Todavía quedaban dos propinas, un blues que resonó en lo más íntimo de cada uno rehecho litúrgico y una marcha de salida hacia la lluvia nocturna leonesa pasadas las 22:35 para refrescar emociones con gotas de «un arco iris de sonidos» que dijese el gran Olivier Messiaen.
Nuevo éxito de Klais, de Giampaolo, de León y del Festival que todavía nos deparará dos conciertos antes de poner el cierre a esta edición de estrenos, porque 30 años sólo se cumplen una vez.
Lo seguiremos contando en esta nueva Peregrinatio.
Animales sonoros
19/10/2013
órgano, conciertos, música órgano, Bach, conciertos, estreno, Giampaolo di Rosa, Guilmant, música Deja un comentario
Ana Belén García sigue asombrando
14/10/2013
órgano, clásica, conciertos, música Ana Belén García Pérez, órgano, Bach, Bruno Vlahek, conciertos, estreno, Grigny, Guilmant, Martín y Coll, música, Naji Hakim 1 comentario
Domingo 14 de octubre, 19:00 horas. Catedral de Astorga, XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León: Ana Belén García (órgano). Obras de J. S. Bach, Martín y Coll, Naji Hakim (1955), Nicolás de Grigny (1672-1703), Alexandre Guilmant (1837-1911) y Bruno Vlahek (1986). Entrada libre.
En una tarde que trajo la lluvia otoñal y el fresco desapacible me acerqué a este nuevo concierto de órgano del FIOCLE, y nada que ver lo escuchado en el viejo órgano maragato de Amezúa (construído en 1857 y restaurado por Acitores en 1985) con lo programado en la web del festival, aunque se nos regaló el programa que en la capital se vende a 2€. La organista guipuzcoana volvía a Astorga tras su paso por Ponferrada en un festival que no se olvida de los intérpretes españoles, y Ana Belén García Pérez tiene una larga trayectoria donde las obras de nuestro tiempo siempre están presentes en sus conciertos, aunque los órganos no suelan responder a sus exigencias. Pensaba en poder escucharla en «el bicho de Kleis» porque el programa que trajo era para disfrutar en su totalidad, o al menos equiparable al esfuerzo y trabajo realizado.
Para «calentar» nada menos que el Preludio en do menor, BWV 546 (Bach), difícil como toda la obra para el instrumento rey escritas por el kantor de Leipzig, donde el virtuosismo en manos y pies va unido a la sabia elección de los registros adecuados, interpretación vigorosa y fiel a la partitura.
Las Diferencias sobre la gayta, un anónimo del siglo XVIII, exploran el timbre de la cornamusa o gaita, sea gallega, asturiana, bretona o escocesa, con una nota pedal o bordón sobre la que escuchamos los floreos del puntero, aquí teclado, exponiendo un tema popular para proseguir con la técnica de la diferencia, nueva demostración de virtuosismo en el órgano astorgano que resonó cual aerófono popular.
Del fraile franciscano Antonio Martín y Coll pudimos escuchar y saborear tres números de «Flores de Música», El villano, Marizápalos y Canarios, barroco en cronología pero aún deudor renacentista que además de recoger y variar temas españoles utiliza los efectos que el instrumento de Aquilino Amezúa tiene, en especial los «pajarillos», bien ayudada la guipuzcoana en los registros para su entrada a tiempo en esta auténtica recreación a los teclados.
Una de las muchas virtudes de la joven organista de Andoaín es trabajar obras contemporáneas, y la Ezpata dantza del libanés Hakim dedicada e inspirada precisamente en el pueblo vasco y sus danzas, resultó un soplo de aire fresco a pesar de las carencias del órgano, poderío en disonancias desde registros variados sin perder el ritmo danzante de melodías modales para un auténtico derroche sonoro que hizo «llorar» muchos tubos, temerosos de la tímbrica exigente.
El Veni Creator de Grigny no estuvo a la zaga en cuanto a despliegue de color para sus cinco movimientos perfectamente contrastados en todo: el primero (Plein Jeu en taille) con trompetería y pedalero gimiendo en el arranque, el tema fugado (Fugue à 5) en las dos voces, una por teclado, el intimismo del tercer número (Duo) buscando registros agudos y trémolo para una trompeta magna de batalla delicada en ornamentos (Récit de Cromorne – Amen), finalizando en un tutti (Dialogue sur les Grand Jeux) donde pies y manos retoman aires fugados con cambios de registros manteniendo siempre presente la línea melódica ante nuevos tutti siempre recios y sin excesos para un órgano castellano en colorido y fortaleza.
No hubo descanso del guerrero ni obras de relleno y el Allegro appasionato (de la Sonata V op. 80) de Guilmant resultó como el título, apasionada, exigente para un instrumento que se «empapizaba» con un aroma francés en armonías y registros variados donde el pedalero tiene su protagonismo rezumando romanticismo coral casi sinfónico en cuanto a sonoridades que otro órgano más «capaz» hubiese sacado chispas, finalizando con esa modulación en modo mayor antes del acorde final menor, guiños de compositor en una partitura dura en toda su extensión y perfectamente resuelta por el magisterio de Ana Belén.
Y llegaba el estreno esperado, la obra ganadora del XXXIII Concurso de Composición para órgano «Cristóbal Halfter» que patrocina el Aula de Música Esteban de la Puente y la Sociedad Filarmónica Juan del Enzina, del Instituto de Estudios Bercianos (en Ponferrada se estrenaba el viernes 11 para España), Choral-Phantasie Breitet dem Herm den Weg para órgano solo (2009) del croata afincado en Madrid Bruno Vlahek. Además de las notas al programa, que transcribo un poco más adelante, y comentarios sobre la obra, estuve haciendo mis anotaciones (algo raro en mí pero que en los estrenos suelo hacer como referencia) de una compleja y trabajada obra sobre el coral «Preparad el camino al Señor» inspirado en la figura bíblica de San Juan Bautista y su profecía, que se suele entonar en Adviento: «La composición presenta esta antigua tradición con un lenguaje musical de nuestros días. Las distintas partes de la obra están compuestas libremente aunque todas se inspiran en el motivo temático original, algunas son variaciones corales estrictas y otras tienen libertad temática. La pieza está especialmente adecuada para ser interpretada por el gran instrumento que es el órgano. Combina técnicas diferentes, virtuosismo, variedad de colores y timbres, y formas de tocar el órgano. Para llegar a la última parte, el intérprete ha tenido que improvisar sobre el tema coral en el pedal del órgano que llevará a una coda muy festiva». A continuación dejo el vídeo subido por Marko Pletikosa de la premier en Zagreb el pasado 21 de septiembre (el mismo día de la inauguración del «bicho» leonés) por la propia Ana Belén García y a continuación mis impresiones a vuelapluma intentando «describir lo indescriptible» según lo iba escuchando:
Además de reiterarme en haber escuchado esta joya en un órgano más apropiado que el astorgano, la obra es impresionante desde el inicio, con un fraseo en trompetería del coral seguido por esas dos voces que van creciendo en disonancias con el apoyo del pedalero. Agudos saltarines contrastando con el grave de los pies (que además tuvo el complemento de los cuartos en las campanas catedralicias que aún enriquecieron la paleta tímbrica). Un tutti y silencios dramáticos que dan paso a un presto agitado de dinámicas bruscas, cascadas frente a ritmos acórdicos y una vorágine tímbrica que siempre vuelve al flautado inicial sólo (y esta vez con las campanadas de las 8 de la tarde) y el pedalero sobre el que emerge el coral diluyendo disonancias que crecen hasta retomar el grueso armónico con el pedal como sustrato orgánico para reconstruir en una segunda menor a modo de nota pedal distintas bocanadas en las tuberías. Nuevo silencio dramático para el siguiente juego de timbres rítmicamente trabajados en sentidos opuestos, pedalero «cantabile» y teclados tocando otra marcha paralela que crece hasta el abismo. Ligeras cesuras hasta la aparición de un bis cual danza oriental en ostinatos picados y da capo al flautado solo como remanso necesario. Nuevo bordón, silencio subyugante y carreras arpegiadas de tímbricas potentes y clusters. Una mínima toma de aliento preparando la siguiente melodía clara en los pies y manos revoloteando hasta nuevos bloques sonoros con notas tenidas, largas, para volver al coral en el pedalero, tutti claro resguardado en el teclado II virtuoso antes de los acordes sobre otra nota pedal que elevan dinámicas en trompetería con un rallentando en el pedalero y una figuración cada vez más larga antes de pedal, acorde, silencio y el concluyente último y poderoso acorde mayor.
Auténtico arco iris de timbres más allá de los registros elegidos que se quedaron algo pequeños para el poderío exigido, técnicas interpretativas que aprietan en la búsqueda del impacto sensorial sin perder el motivo coral hecho fantasía como los grandes compositores para el órgano. Un descubrimiento que Ana Belén García ya ha interiorizado (ahí está el vídeo), ha hecho suya esta partitura que llevará en sus muchos conciertos por España y Europa, esperando repetir con un órgano acorde a la obra y la intérprete.
La música se hizo luz con Guillou
22/09/2013
órgano, conciertos, música Adolfo Gutiérrez Viejo, órgano, Bach, C. Halfter, Cabanilles, conciertos, estreno, Jean Guillou, León, música, Mussorgski 2 comentarios
Sábado 21 de septiembre de 2013, 21:00 horas. Catedral de León: Concierto inaugural del nuevo órgano construído por la Factoría Klais. Organista: Jean Guillou; obras de Cabanilles, Bach, Guillou y Moussorgski.
En la música, como en la vida, paciencia y perseverancia deben regir nuestro devenir aunque conlleva sacrificio, desesperanza, desánimo… y todo compensa si podemos ver realmente conseguido aquéllo por lo que tanto se ha luchado.
El organista Adolfo Gutiérrez Viejo comenzaba hace treinta años la organización de un festival internacional para el instrumento rey en su Pulchra Leonina tal vez inspirado en el Leipzig de Bach y buscando hacer llegar al público la importancia de la música más allá del culto. Claro que el instrumento de Organería Española no era el más adecuado para transmitir un amor compartido por muchos en una sociedad de provincias. Con todo, el festival fue trayendo en el inicio otoñal leonés a los mejores intérpretes, Jean Guillou entre ellos, de un órgano que nunca rendía como deseáramos. La dirección del festival pasaría a otro organista, Samuel Rubio, continuando la ardua labor de conseguir fondos para un órgano nuevo acorde con la Catedral más luminosa y bella de España. Negociaciones que llevarían en 2009 a prometer (la firma después) un instrumento nuevo que se estrenaría en la XXX edición.
Como seguidor del Festival lo fui igualmente de las vicisitudes a través de internet (prensa incluida también en la red dando puntual información) del desmontaje del viejo y adquisición del nuevo órgano fabricado en la factoría Klais en Bonn, con fotos, llegada, montaje, sus primeras notas y ¡al fin pude escuchar en vivo! en la festividad de San Mateo que marcará un nuevo hito para León, la cultura, y especialmente el órgano.
La fiesta comenzó a las cinco de la tarde con un encuentro de las agrupaciones y bandas de la Semana Santa leonesa en la propia plaza, pendones y hasta las dulzainas de la Escuela Municipal de Música. Para horror de los británicos y muchos de los presentes, la cola inicial se fue duplicando, triplicando y no digamos de caraduras que se hacen «los longuis» charlando y poniéndose delante de uno con todo el descaro. Se hablaba de 4.000 personas… lógicamente las autoridades, enchufados y clero tenían otra entrada con invitación y asiento asegurado (1.000 más a la vista de mis cuentas), mientras que al abrirse las puertas a las 20:30 las carreras y codazos para entrar me recordaban todo menos un concierto de órgano.
No hubo control ninguno para el público de a pie y pasé a «acomodarme» en una de las sillas laterales al pie de los tubos de uno de los coros, lo que pudo cambiar mi escucha global aunque no las primeras impresiones. Durante la espera pensé en el dicho «Espectáculo gratis cueste lo que cueste» y cómo no suele resultar, con lo poco que costaría cobrar 2€ (como el programa completo del Festival), ayudar al mantenimiento del instrumento que se estrenaba, y hasta evitar la «vergüenza ajena» que supuso el viaje más la larga cola de pie mientras sonaban tres horas de música procesional que no es lo más reconfortante para mi espíritu en estas fechas.
Toda inauguración y celebración lleva implícitos discursos de agradecimiento y loas, eso sí, sin mencionar costes (dicen que es de mala educación), críticas o aportaciones varias, comenzando por el deán catedralicio Eduardo Prieto, Phillip Klais, bisnieto del fundador de la factoría constructora del nuevo órgano, hablando en un castellano más que aceptable, y cómo no, Samuel Rubio como director del festival totalmente emocionado y con voz entrecortada. Curiosidad que me tocó explicar a mi vecina de localidad, el histórico pago al organero consistente en 300 litros de vino que es lo que llevaría el tubo más largo construído, evidentemente «mermado» en una botella «Magnum» de Palacio de Canedo de las bodegas del berciano «Prada a tope«.
A las 21:26 h arrancaba el concierto del veterano maestro francés Jean Guillou (Angers, 1930), con proyección bien realizada en varias pantallas gigantes repartidas estratégicamente en todo el templo -pero no sincronizada imagen y sonido- con el Tiento de 6º tono (Juan Bautista Cabanilles), todo un detalle abrir con música española. A él se debe la concepción y creación de este órgano (junto al diseño de Paco Chamorro Pascual), que en el tiento no sonó como esperaríamos pero fue tomando vida una sonoridad luminosa como las vidrieras de la catedral. Algún registro gimió pero todo estaba en marcha.
Si bien los dedos y pies del gran organista de San Eustaquio no son los de años atrás, su mente sigue joven y afrontó de memoria el Preludio y Fuga en re mayor, BWV 532 (Bach) que sirvió para hacernos una idea de las posibilidades del nuevo instrumento de acento alemán que acabará hablando cualquier idioma. Obra comprometida para manos y pies, con un preludio exigente en fraseos claros pero en especial la fuga, siendo envidiable el respeto a cada nota pero sobre todo la elección de registros que fue la de un auténtico Maestro, aunque como apuntaba al inicio, mi colocación no era la más adecuada (como ejemplo digamos que era tener descompensado el balance y escuchaba más un canal que otro, pero también tiene la ventaja de apreciar el fraseo siempre complicado de la mano izquierda). Queda aquí la copia no ya del programa sino de la disposición y tubería del órgano de Klais que con Bach alcanzó su doctorado, como era de esperar.
Otro regalo fue el estreno en España de Säya, el pájaro azul (L’Oiseau bleu, Op. 50), inspirado en un tema popular coreano, del propio Guillou, órgano contemporáneo heredero directo de Messiaen que pasó de las sonoridades y armonías barrocas a toda una exhibición de matices y registros para una hermosísima composición cual poema musical degustada en el siempre irrepetible directo, y la segunda interpretada con partitura, fiel incluso a sí mismo. No se podía pedir más al maestro francés, dándolo todo en su obra, instrumento e interpretación.
La explosión de luz y color vino con la transcripción del propio Guillou de los conocidos Cuadros de una exposición (Moussosrgski) que hicieron vibrar todo, cuerpo y alma, auténtico despliegue sonoro que convirtió esta partitura en «Música para una inauguración», todo un museo de registros al que el propio Guillou tiene acostumbrado a sus seguidores, no importa que los dedos, pies o incluso alguna combinación no funcionasen a la perfección. Cada «paseo» era una delicia distinta, un muestrario de la capacidad del tándem órgano-organista, perfecta simbiosis y recreación de la orquestación raveliana. Imposible describir la búsqueda de líneas y colores en el nuevo instrumento catedralicio que resultó todo un éxito al comprobar el perfecto funcionamiento de esta inversión para muchos años.
El remate tenía que ser una improvisación en la que Guillou es uno de los redescubridores y maestro de las nuevas generaciones. Cristóbal Halfter le entregó una breve melodía muy del estilo de ambos, que tras ser expuesta con una registración plenamente acorde al lenguaje del español, deambuló por derroteros actuales en las variaciones siempre buscando climas y clímax sonoros en los cinco teclados más el pedalero. Un incunable que seguro se grabó para la posteridad y partitura autógrafa dedicada que se llevó como presente de un concierto único, o lo que es lo mismo, otro estreno de genio.
A las 22:40 el obispo Julián López Martín tomaba la palabra para agradecer lo escuchado y vivido, recordando a Francisco de Salinas (también el propio Adolfo G. Viejo en el programa del festival:
y buscando misma etimología en culto, cultura y agricultura (como amor por la naturaleza) para que el genial Guillou también mostrase su gratitud a todos los que hicieron posible el órgano, pasando uno a uno los maestros organeros para volver a los teclados y regalarnos la Badinerie de Bach seguida de una Victory Song que clausuraba al filo de las once de la noche un acontecimiento vivido en primera persona y no podía ni quería perderme por nada del mundo.
El domingo 22 toma el relevo mi admirado lujanés (¿o luganés?) Adolfo Gutiérrez Viejo que también clausurará este XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León el 20 de octubre en un homenaje a la Asociación de Amigos del Órgano con el siempre inmenso Franck más el estreno de Vitrales sonoros de Don Adolfo en «el esperado», o si se me permite la licencia del nuevo «bicho» (que así llama mi amigo Paolo Zaccheti al del Duomo de Milán).
De bien nacidos es ser agradecidos, y él tiene más que merecido ser protagonista de un acontencimiento que lleva treinta años funcionando.
Un realejo que puede con todo
29/08/2013
Asturias, órgano, conciertos, música órgano, Bach, conciertos, Grünberger, Izumi Kando, Kerll, Knecht, Máximo López, música, Storace, Sweelink Deja un comentario
Miércoles 28 de agosto, 19:00 horas. V Ciclo de conciertos «Órganos de Covadonga», Órgano Realejo (siglo XVIII) de la Real Colegiata de San Fernando: Izumi Kando. Obras de J. P. Sweelink, Theodor Grünberger, Bernardo Storace, Félix Antonio Máximo López Crespo, J. H. Knecht, J. S. Bach y J. Kaspar (von) Kerll.
Cierre de ciclo en Covadonga con unas palabras iniciales del señor abad como resumen de este nuevo verano organístico del que han gozado peregrinos, visitantes y aficionados, disfrutando nuevamente del magisterio de la organista japonesa afincada hace dos décadas en Barcelona, esta vez en el restaurado realejo de la Colegiata del siglo XVII que pudo con un repertorio variado donde no faltó música renacentista, barroca y clásica pero tampoco un «ragtime» de propina que volvió a demostrar la universalidad del lenguaje musical y lo bien que se portó un «renacido» instrumento de casi tres siglos para todo tipo de obras cuando la interpretación es impecable en la búsqueda de universos impensables para muchos puristas.
Del domingo anterior y por rigor musicológico volvíamos a escuchar el Ballo del granduca de Sweelink, menos poderoso que en el órgano de Acitores pero igualmente bello al disfrutarlo en su contexto sonoro. Misma obra por la misma intérprete pero nuevos colores y siempre descubriendo matices.
Otro tanto podemos decir de Daphne, obra anónima del siglo XVII llena de vericuetos en su escritura y con buenas elecciones de registros.
El Offertorium de la Orgelmissa (Grünberger) resultó menos organístico pese a su concepción original como tal, brillante en su escritura para el momento en que debe ejecutarse pero que en el contexto de concierto tiene giros más sonatísticos que litúrgicos.
Volvimos a la historia pareja al realejo con Storace y su Ballo della Battaglia, trompetería efectista de «batalla» así llamada por estar en posición horizontal, para recrear no ya la forma sino el propio nombre, quién sabe si inspiradora de nuestro «Sitio de Zaragoza«, de Beethoven y la homónima de Vitoria e incluso de Tchaikovsky. Lo cierto es que además del virtuosismo el despliegue de registros resultó plenamente guerrero.
Desconocía la Sonata nº 4 en sol menor del compositor y organista de la Capilla Real en tiempos de Carlos III Félix Antonio Máximo López (inmortalizado por el pintor Vicente López), en estilo clásico vienés cercano al pianoforte pero bien adaptado al órgano portátil que lleva varios cientos años en el mismo lugar, del que Izumi supo delinear melodías en ambas manos aprovechando los registros partidos que engrandecen obras «minoritarias«, otro plus de la intérprete en la búsqueda de obras adaptadas y adaptables al instrumento de turno.
Contemporáneo al anterior es el Thema mit vier Veranderunger (Tema con cuatro variaciones) de Justin Heinrich Knecht que sí parecía más apropiado al instrumento restaurado y nuevamente brillante en ejecución y sonoridades en registro partido, flautados cortos con bajoncillo.
Un guiño a Bach y su conocida Badinerie de la Suite nº 2 BWV 1067 en una adaptación donde la flauta es protagonista en un registro agudo para la mano derecha articulado cual soplo humano y no mecánico mientras la izquierda rellena casi con un «violone» imperceptible dejando las armonías orquestales reducidas a la mínima expresión en este arreglo que rendía culto al kantor.
Para cerrar concierto volvíamos a los orígenes con otra Battaglia (Johann Kaspar Kerll) en todo su esplendor. No voy a descubrir la técnica y musicalidad de Kando que volvió a brillar en esta forma tan del gusto de los siglos XVII y XVIII cual muestrario de las capacidades instrumentales y de escritura para un virtuosismo interpretativo. Parecen increíbles todas las combinaciones sonoras en un instrumento pequeño que se engrandece con obras para él pensadas y que tuvieron recompensa en los muchos y merecidos aplausos de un público que casi llena la Colegiata.
La sorpresa vino con un Ragtime de Gunther Martin Goettsche, al puro estilo Scott Joplin y los felices años 20 que nos transportaron en el tiempo y el espacio, con timbres de music-hall y sonrisas cómplices para un concierto «desde el corazón» como bien decía el abad al principio del concierto, final de ciclo y verano asturiano para un otoño lleno como los colores de nuestra tierra que igualmente compartió la organista japonesa, siempre bienvenida.
Gracias a todos por compartir tanto y seguir teniendo fe también en la música, lenguaje universal capaz de conmover como ningún otro.
Repaso histórico de Izumi Kando
26/08/2013
Asturias, órgano, conciertos, música órgano, Bach, conciertos, Fauré, Izumi Kando, Lefébure-Wely, música, Naji Hakim, Stamm, Sweelink Deja un comentario
El programa de Kando, penúltimo del ciclo, siempre difícil como suele ser habitual en ella, arrancó en el Renacimiento con Ballo del granduca (Sweelink), música modal de tecla que desde la tubería ofrece grandes y variadas combinaciones, estallando en una trompetería digna de los instrumentos de su época que el órgano mayor recreó como si tuviese más edad.



















































