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Clausura de curso con estrenos

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Domingo 7 de diciembre, 19:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. XIII Curso «La voz en la música de cámara»: Concierto de clausura en homenaje al Excmo. Ayuntamiento de Oviedo. Intérpretes: Ana Peinado (soprano), Ana Cristina Tolívar (mezzo), Fernando Fernández (tenor), Oscar Castillo (barítono), Irina Palazhchenko (piano); Santiago Ruiz de la Peña (cello), Nora Suárez (piano); Laura Mota (piano); Marco Antonio Guardado (gaita), Yelyzaveta Tomchuk (piano); Patricia Rodríguez (soprano), María Heres (soprano), Pablo Romero (tenor), Marisa Arderíus (piano); Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», Rubén Díez (director); Alfonso Peñarroya (piano). Obras de Guillermo Martínez, G. Goltermann, J. S. Bach, Glinka / Balakirev, José Manuel Fernández «Guti»/ Juan Manuel Morán, Sigfrido Cecchini, Pablo Moras / Javier Almuzara, Rubén Díez / Juan Carlos De la Madrid, Santiago Ruiz de la Peña / Carlos Fernández. Entrada libre.

Trece años de un curso que bajo la dirección artística de Begoña García-Tamargo organiza la Asociación Cultural «La Castalia» con patrocinios y colaboraciones diversas que en el largo discurso de la citada profesora (más de un cuarto de hora incluyendo el desmayo de la joven Laura Mota) no solo sirvió de agradecimiento sino que hizo toda una historia del pasado, presente y hasta futuro musical de la ciudad de Oviedo en el terreno musical, en este homenaje al Ayuntamiento que sonó propagandístico dando paso a otra intervención del «alcalde heredero» Agustín Iglesias Caunedo, con todos los intérpretes en el escenario a pie firme escuchando unos discursos que nos llevaron hasta las siete y media de la tarde, avanzando una sorpresa lírica para el próximo año desvelando tan solo que será un elemento estratégico para Oviedo, música y cultura como pasiones de la capital asturiana, integrando otras músicas y creadores como los de este concierto clausura y homenaje. El desmayo citado apenas interrumpió el discurso aunque trastocó el orden del programa, que pudimos escuchar completo con varios estrenos de autores jóvenes, presentes en la sala y profesores muchos de este curso, así como otras obras cercanas en el tiempo de su estreno, sin olvidar los «clásicos», con artistas en formación y otros ya consagrados, dando un nivel algo desigual donde el protagonismo estuvo más en las obras que en los intérpretes salvo casos puntuales.

Dejo aquí el programa y profesorado del curso, pasando a comentar por alto lo que pudimos escuchar en una sala ideal para estos repertorios, que se llenó más allá de lo esperado.

El primer estreno absoluto Cantos de primavera de Guillermo Martínez sobre texto de F. Hölderlin para cuarteto vocal y piano, de factura académica a la que nos tiene acostumbrados este compositor, con reminiscencias germanas de Mendelssohn o Brahms e incluso los corales luteranos con introducción liederística del piano antes de la intervención vocal en distintos movimientos contrastados no ya en tiempo sino en expresión (lástima la poca claridad textual en las voces) con momentos dramáticos casi «parlatos» que no fueron paralelos siempre en calidad interpretativa, descompensadas las voces donde brilló por volumen la soprano sobre el resto. La creatividad de Guillermo no tiene límites y aún nos esperan muchos estrenos más.

El Allegro del Concierto para violonchelo nº 5 en re menor, op. 76 (G. Goltermann) sirvió para disfrutar de dos jóvenes intérpretes donde las enseñanzas de la música de cámara se centran en ambos, no ya el solista lógico sino en el difícil papel que tiene siempre el llamado pianista acompañante o correpetidor en tanto que las reducciones orquestales no siempre son agradecidas ni fáciles. Los detalles puntuales los conocen ellos mejor que nadie.

Segundo estreno absoluto para una formación original como gaita, piano y narradora: Vals de Naveo de «Guti» y Juan Manuel Morán, dúo de compositores para un dúo musical donde la gaita adquiere categoría sinfónica más que académica por una escritura cromática, exigente para el instrumentista por venir de un compositor que la domina, modos menores siempre agradecidos incluso desde el acompañamiento y coprotagonismo del piano en lenguaje impresionista totalmente actual,  notándose el otro compositor, con percusiones en la caja armónica que ayudan a una expresividad aún mayor con la narración bien dramatizada, y pasajes de arpegios variados en solitario o con la gaita recreando una sonoridad que los amantes del folk calificamos como «celta» pero tratada desde la sala de concierto al incluir una cadenza o fermata de la gaita con un piano de percusión, solo virtuoso lleno de cromatismos, trinos, explotación de los registros agudos hasta el máximo antes del regreso al tema del vals sin perder nunca referencias. Bravo por los compositores y por el trío de intérpretes.

Tercer estreno de la «Suite» del musical de Sigfrido Cecchini La Regenta, que en reducción a piano nos privó de poder degustar todo el trasfondo de una música casi minimalista en el amplio sentido del término y con todas las características a él asociadas (básicamente ritmos ostinatos casi monotónos y líneas de más expresividad narrativa que cantables), con claras referencias a Nyman no sólo en el pobre papel del piano, y también recuerdos de canto gregoriano y música medieval entendida desde la recreación de Carl Orff, melodías nada líricas pensadas más para voces ligeras y amplificadas que las trabajadas en repertorios operísticos. Tomemos esta «suite» más como un avance o trailer de lo que puede suponer la puesta en escena de este musical tan clariniano y de Vetusta como el propio «Coro de vetustenses» de todas las voces solistas destacando el poderío vocal y de buen gusto de la ferrolana Patricia Rodríguez en el papel principal con una partitura que engrandeció desde su arte, superior siempre en presencia y volumen con pasajes extremos donde evitó el griterío hasta ese final «Me llaman la Regenta».

Hermosa la partitura para coro mixto Hoy de Pablo Moras (1983) con texto de Javier Almuzara (1969) a cargo de «la Polifónica» con Rubén Díez dirigiendo, obra escrita con mucho gusto y conocimiento de los recursos corales en interpretación que derrochó empaste y belleza, siendo uno de los momentos álgidos del concierto.

Volví a escuchar distintos fragmentos de la zarzuela La Carrera de América (Rubén Díaz / Juan Carlos de la Madrid) por los mismos intérpretes que en octubre aunque al piano Alfonso Peñarroya y el coro completo y más numeroso que en octubre. De nuevo la soprano Ana Peinado destacó sobre el resto aunque el Aria de Teresa sigo asociándola a la voz de Beatriz Díaz, y también la mejoría en el grave de Pablo Romero, igualmente pensando en un color distinto para los protagonistas, por otra parte difíciles de encontrar y más que apuesten por obras nuevas. Estoy convencido que de contar con un elenco vocal de primera y conociendo la orquestación original, subirla al escenario no debería tener más problemas que el pecuniario.

Mi admirada Laura Mota se repuso del susto y siempre le agradeceremos el esfuerzo porque pocas veces se me caen las lágrimas ante una pianista, pero es que el Preludio de la «Suite Inglesa» BWV 807 (J. S. Bach) me conmovió nada más atacar el inicio. Escucharla es olvidarte de su edad porque su musicalidad, fraseo, gama dinámica, rigor, pulsación y todo lo que queramos añadir en el siempre intrincado estilo del kantor en sus dedos resulta no ya fácil sino hondo cercano a la pura espiritualidad que engrandecen obra e intérprete en perfecta armonía y unión. Es difícil expresar con palabras lo que Laura transmite al teclado. Y La Alondra (Glinka / Balakirev) es otro micromundo opuesto al bachiano, fuegos artificiales limpios, claros, explosión emocional frente a la introspección anterior, pero hilando ambas y como esperando menos aplausos para coser desde su inmaterialidad ambas obras que se aúnan con Mota. Siempre sabe a poco y cada vez más intensa mi escucha.

El Canto a Oviedo con música de Santiago Ruiz de la Peña y letra de Carlos Fernández, para coro mixto y piano no resultó el final apoteósico ni siquiera heróico, incluso monótono por momentos al cantarse a unísono y con un piano meramente acompañante, aunque siempre se agradece escuchar obras cercanas en el tiempo, pero claro que Laura nos dejó el oído demasiado cerrado a nada que viniese a continuación.

Cuatro días para un curso donde profesores y alumnos trabajaron estas obras, bebiendo algunas directamente del compositor lo que da un plus interpretativo, y compartidas con el público como deseado colofón.

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Viena con sonido asturiano

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©Foto asturias24.es  ® Gabriel Ureña

El pasado lunes 27 de octubre de 2014 era noticia el violonchelista asturiano Gabriel Ureña por interpretar en Viena la Suite nº 1 de Bach ante la Reina de España, con motivo de la inauguración de una exposición sobre Velázquez en el Museo de la Historia del Arte de la capital austríaca, siendo el primer viaje oficial en solitario de su majestad Doña Letizia, asturiana como Don Gabriel, lo que tuvo más repercusión en la prensa regional, no siempre acertada en algo que algunos han llamado, no exento de crítica «madreñismo» por el afán de buscar orígenes astures a todo aquel personaje conocido, independientemente de sus logros o desmanes. Al menos esta vez sí había algo directamente astur en la capital más musical de Europa.

 

® Gabriel Ureña: Concierto 4 de Mayo en el Palacio Strozzi (Florencia)

El chelista avilesino ha pedido una excedencia en la Oviedo Filarmonía (de la que es solista desde el año 2009, siendo el más joven de las orquestas españolas), para poder cursar un máster de alta especialización en la capital de la música con Natalia Gutman, y también con ella un postgrado en Fiésole (Florencia) para una carrera que nunca tiene fin.

Bebiendo directamente de la alumna de Rostropovich, Gabriel Ureña lleva años con su instrumento a cuestas de aquí para allá, trabajando duramente y viajando para completar una formación que vuelve a demostrar la calidad de nuestros intérpretes asturianos, semillas que han florecido desde la llegada hace más de veinte años de los Virtuosos de Moscú a esta tierra, estéril hasta entonces para los músicos de cuerda pero que supuso un punto de inflexión y solaz de melómanos, agrupaciones instrumentales y salas de concierto, siempre desde el esfuerzo personal de gente joven y de sus familias, sacrificadas en todos los sentidos ante una miopía de los gestores que siguen sin ver en la educación una inversión más que un gasto, y en la música un bien cultural del que cualquier país civilizado presume, incluso en tiempos de crisis.

Cuarteto du Solei: Lukas Medlam, Yury Revich, Jasna Simonovic y Gabriel Ureña ® GUreña

Gabriel Ureña comenzó sus estudios en el Conservatorio «Julián Orbón» de su Avilés natal con Alexander Osokin antes de pasar a Oviedo con Maite Andérez, aunque su calidad e inquietud le llevó a seguir perfeccionándose y aprendiendo. Siempre un placer escucharle en solitario, a dúo, como solista e incluso dentro de la orquesta carbayona cuyas intervenciones, tanto en conciertos como en la ópera, son destacables.

Cuarteto du Solei: Lukas Medlam, Yury Revich, Jasna Simonovic y Gabriel Ureña ® GUreña

En Viena Gabriel forma parte, entre otros del Quatuor du Solei (sustituyendo a Steffan Morris) y con el Ensemble Barroco Contemporáneo de Austria interpretó en otro acto, nada menos que en el famoso Palacio Imperial, un cuarteto de Boccherini.

Como él mismo contaba en la entrevista publicada por el diario LNE, «esta carrera conlleva sacrificio, mucho viaje, pero el esfuerzo se ve recompensado cuando compruebas que el público disfruta con lo que haces«, y quienes le seguimos desde sus inicios podemos corroborarlo. De sus andanzas tengo noticias suyas por las redes sociales, donde encuentra hueco para compartir vivencias con su legión de seguidores, unido a un carácter que le abre todas las puertas. Además de hablar inglés, italiano o el alemán que ya maneja con soltura, el único lenguaje universal sigue siendo la música, y Gabriel es políglota, además de responsable y consecuente, un ejemplo para una juventud que estamos exportando, esperando no se queden en otras tierras porque sería perder una inversión de todos.

La actividad vienesa es frenética, arte en cada esquina, música por todas partes acudiendo a conciertos en sedes históricas o actuando en esos mismos escenarios. La carrera de Gabriel Ureña está bien enfocada y tiene compromisos para todo el curso, recalando en la Sociedad Filarmónica de Oviedo allá para el 12 de mayo de 2015 sin perder ni un minuto. Al menos podemos presumir de un músico asturiano «coronado» en Viena con calidad reconocida y embajador de nuestra tierra, orgullo para todos y envidia (sana) de muchos colegas. Seguiré mandándole «MUCHO CUCHO©».

Distintos, no distantes

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Viernes 17 de octubre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Sabina Puértolas (soprano), Mª José Suárez (mezzo), Roger Padullés (tenor), Christopher Robertson (barítono), Coro «El León de Oro» (director: Marco A. García de Paz), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (Director). Obras de Bach y Schönberg.

Comienza la temporada de los Conciertos del Auditorio con dos mundos totalmente distintos en un mismo universo sonoro, dos obras opuestas, «amor sacro y amor profano» que titula Juan Manuel Viana sus notas al programa, dos visiones distintas pero no distantes pero capaces de mostrar la versatilidad de una orquesta que sigue ganando en calidades bajo la dirección de su titular, y disfrutar de nuevo con el mejor coro asturiano capaz de cantar «a capella» o con orquesta siendo su sonoridad la de un instrumento más sin renunciar a sus señas de identidad: la búsqueda de la perfección desde un arduo y meticuloso trabajo que les ha llevado a triunfar incluso en Londres y todavía nos seguirán dando muchas alegrías.

El Magnificat en re mayor, BWV 243 (J. S. Bach) representa un despliegue sonoro y catálogo de emociones en sus doce números bien contrapuestos como joya barroca que es y cántico de la iglesia católica donde el genio nacido en Eisenach logra exprimir los textos en latín como si de su lengua vernácula se tratase. Una orquesta reducida y colocada para la ocasión (con el continuo de Sergei Bezrodni), cuatro solistas aseados y un coro valiente, convencido desde la primera intervención, siempre con las intensidades adecuadas, presencia y musicalidad en una formación que sigue renovando voces sin perder un ápice una sonoridad y estilo propio. Conviene recordar la dificultad técnica de esta obra cuya virtud está en parecer sencilla, y los tres números corales finales así sonaron, desde el potente fugado del Fecit potentiam hasta el Gloria Patri en momentos celestiales.

Me sorprendió la actitud corporal de Sabina Puértolas por una gestualidad a la que no estamos acostumbrados en estas obras. siempre más recogida incluso en la posición para sujetar la partitura, pero su voz y gusto superaron presencia en el Et exsultavit y continuaron en Quia respexit, cumpliendo sobradamente (con su «Micaela» madrileña aún en el subconsciente). El barítono Robertson, estadounidense afincado en Bilbao, cantó con el continuo su Quia fecit algo corto en el grave -parece difícil encontrar bajos cantantes, recurriendo a barítonos cuyo color de voz nunca es igual- aunque suficientemente. Del tenor catalán especialista en estos repertorios, me gustó cómo empastó con la mezzo asturiana en Et misericordia pero su Deposuit quedó algo mermado en volúmenes buscando asegurar afinaciones desde unas dinámicas menos arriesgadas, con una voz agradable y bien colocada. De mi querida Mª José Suárez siempre hay que destacar su profesionalidad y saber estar, sin excesos vocales en el citado dúo y bien en su Esurientes, fluido para esa ternura del texto latino. Finalmente la orquesta sin ser especialista ni dotarse de instrumentos para la ocasión, desde una sonoridad cercana al barroco pero con cierto romanticismo en cuanto a la intención por parte de todos, estuvo siempre acertada, un trío de trompetas sin complejos, los timbales mandando y con los ritardandi perfectos, maderas de tímbricas recogidas, y una cuerda siempre con el «vibrato» adecuado dando una textura homogénea para una obra tan bien concebida. Conti mimó cada número y se le vio cómodo tanto con los solistas como con un coro que muchas batutas quisieran tener enfrente, redondeando una interpretación bachiana no memorable pero si honrada en sus planteamientos y ejecución.

El salto espacio-temporal resultaría impensable tras la primera parte, no por los estilos, que también, sino por la búsqueda de sonoridades, y es que el Pelleas und Melisande, op. 5 (Schönberg) puso sobre el escenario una gran formación sinfónica (con muchos refuerzos) para un poema sinfónico exigente, vibrante, en cuatro secciones sin pausa, cercanas, emocionantes, disfrutando con cada tema en intervenciones solistas personales y de calidad, empaste, dinámicas extremas perfectamente logradas por Marzio Conti, versátil como su orquesta, capaz de afrontar en un mismo concierto dos mundos distintos pero no distantes, al gusto de todo buen melómano, extremos que se tocan, el «padre de todas las músicas» y el compositor vienés que revolucionaría la escritura musical desde la investigación y el conocimiento de los orígenes, el contrapunto como «madre de la composición», esponsales musicales para este inicio de temporada de grandes conciertos en la capital del Principado.  Obra compleja la del vienés basada en el drama de Maeterlinck que la Oviedo Filarmonía llevó fiel a su espíritu, sigue creciendo fuera del foso, aunque resulte un espejismo la plantilla desplegada para esta apertura, pero el florentino es capaz de liderar proyectos arriesgados como el de este luminoso viernes otoñal.

El próximo domingo 26 a las 19:00 horas nos espera otra celebración con Sir John Eliot Gardiner y su Orquesta Revolucionaria y Romántica no Bach o Monteverdi sino un Beethoven que seguro pondrá el listón muy alto, y un Berlioz en medio corroborando esta leyenda de distintos, no distantes…

Bach antes, durante y después

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Sábado 11 de octubre, 12:30 horas. Auditorio Nacional, Sala Sinfónica. «Bach vermut», integral de la obra para órgano de J. S. Bach. Intérprete: Michel Bouvard. Entrada: 5 €.

Apostar por formatos distintos, incluso en la publicidad en distintos medios, captar nuevos públicos o por agradecimiento a los fieles melómanos (muchos conocidos), lo que está claro es que ofrecer música y gastronomía viene de lejos, pero el horario tan español del vermut para ofrecer la integral para órgano del padre de todas las músicas es todo un acierto del Centro Nacional de Difusión Musical y su director Antonio Moral, por otra parte barato porque la degustación con la entrada ya era reclamo para el lleno de la mañana sabatina en la capital de España.

Como aperitivo con música, regalado, y Bach aún más en el grandioso órgano Grenzing que lleva veinte años en la gran sala del auditorio aunque no funcionando a pleno rendimiento a pesar de distintos proyectos.

Para continuar nada mejor que seguir con Bach a ritmo de jazz en el vestíbulo del primer piso a cargo de un cuarteto donde hubo un cambio de saxo a trombón sobre el programa previsto (que dejo arriba), desconociendo el nombre aunque por lo escuchado debió reclutarse a última hora pero con el trío piano-contrabajo-batería en la línea del genial Jacques Louissier.

Coordinador y responsable del ciclo es el gran organista vitoriano Daniel Oyarzábal, que ha logrado convocar a veinte intérpretes de primera fila para participar, incluyéndole a él, en este gran fiesta bachiana que repetirán en el nuevo órgano de la Catedral de León inaugurado hace un año y con un futuro algo oscuro salvado precisamente con iniciativas como la que aquí comentamos. No olvidemos que un instrumento como el llamado rey de ellos, necesita respira, utilizarse a diario para ir asentando y «cogiendo acento propio», así que la iniciativa que arrancaba este sábado de octubre es digna de aplauso. Igualmente coordinar a esa pléyade de intérpretes para encajar la integral a lo largo de dos años resulta de por sí inabarcable y sólo al alcance de un compañero como el organista vitoriano, encaje de bolillos y buen entendimiento por cada uno de los intérpretes que desfilarán por León y Madrid.

El encargado de inaugurar esta magna aventura fue el francés Michel Bouvard, abriendo con la más conocida y universal obra del Kantor, cerrando con otra y desgranando en medio corales de Leipzig y del Orgelbüchlein más un extracto del Ricercar a 6 de «La Ofrenda Musical» ya puede dar una idea de lo variado y difícil del programa elegido por el «lyonés» titular del Cavaillé-Coll de Saint-Sernin de Toulouse y uno de los grandes organistas de la actualidad, ayudando al mantenimiento y divulgación del instrumento rey.

Virtuosismo y recogimiento, técnica y meditación a lo largo de un concierto casi litúrgico por el ambiente y podría decir que resumido en la última obra: Toccata, adagio y fuga en do mayor, BWV 564, compendio de todo lo escuchado gracias a Grenzing, presentes órgano y organero.

El Bach de Bouvard resultó hondo, rico de registros y acertado en un programa difícil donde dedos, pies y cabeza deben funcionar con precisión germana, esta vez desde un francés internacional que bebe y forma el futuro organístico del rey, Bach padre de todas las músicas.

Incluso el número antes citado de la «Ofrenda Musical» sonó como si para el teclado se pensara e incluirlo en este ciclo me pareció una excelente aportación. Abrir con la conocida Toccata y fuga en re menor, BWV 565 y cerrar con esa hermosura de la BWV 564 dejando en medio esas páginas siempre imperecederas fue como el primer volumen de una enciclopedia bachiana que se escribirá también en León hasta mayo de 2016.

El programa con el ciclo completo incluye excelentes comentarios de especialistas así como el catálogo de la obra a escuchar del siempre inabarcable Bach, que pude adquirir impreso por el módico precio de 2 €.

Nada mejor para la mañana del sábado que comprobar el heterogéneo público degustando productos de primera calidad, antes y después… cada uno que ponga la disculpa que quiera.

Ofrenda Bruggen de La Tempestad

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Jueves 14 de agosto, 22:00 horas. 63 Festival Internacional de Santander, Ciclo «Marcos históricos»: Santillana del Mar, Claustro de la Colegiata de Santa Juliana. La Tempestad1747: «Una ofrenda musical». Música de cámara para Federico II de Prusia. Obras de C. Ph. E. Bach y J. S. Bach. Entrada: 6 €.

Festivales de verano como forma de turismo cultural y en uno de los más asentados de España que sale de la propia capital cántabra para llegar a lugares con historia como es Santillana del Mar. La formación con sede en Murcia fundada en el año 2000, liderada por la clavecinista aragonesa Silvia Márquez y dedicada a la música antigua, acudía como cuarteto para un concierto dedicado a la memoria de Frans Bruggen, fallecido el día anterior y uno de los padres de estas músicas que nunca pasan de moda, siendo las que están captando más público joven, con colas dos horas antes para adquirir unas localidades en la propia colegiata (desconozco la imposibilidad de hacerlo en internet o cajeros) con un programa muy trabajado.

Con la Ofrenda musical en torno al rey músico de Prusia, como el recordado Bruggen, fue Guillermo Peñalver al traveso quien ejercería de monarca junto al violín de Pablo Prieto y el continuo del cello Guillermo Turina más el clave de la citada Silvia Márquez, abriendo velada nocturna con la Sonata a trío en si menor Wq. 143 (H. 567) para flauta de Carl Philipp Emanuel Bach en tres movimientos (Allegro – Adagio – Presto) bien contrastados e interpretados por el cuarteto, perfecto preámbulo y referente antes de afrontar la gran obra del concierto del padre Bach:

«Una ofrenda musical«, Eine musikalische Opfer BWV 1079, densa, dura, llena de historia partiendo del tema de Federico II que el rey Bach recrearía con dos fugas a tres y seis voces (casi nada), diversos cánones y la sonata final para flauta travesera, violín y bajo continuo, «despliegue de maestría, virtuosismo y laberinto de juegos y variaciones sobre un mismo tema» como la propia profesora Silvia Márquez Chulilla escribe en el programa del concierto, no solo declaración de intentaciones para una interpretación emocionada de principio a fin sólo «rota» por las campanadas de media y completas las once de la noche además del pertinaz teléfono móvil femenino que sigue mostrando su mala educación en cualquier lugar, primero al finalizar el Ricercar a 3 inicial a cargo del clave solo, con sonoridades rotundas en el grave y delicadas en el agudo (no pude fijarme en el modelo) antes de comenzar los cánones sobre el tema regio en las distintas combinaciones instrumentales para solaz y virtuosismo de los músicos: dúos de Cancrizans para violín y chelo, cambiado por el clave en Violin in unissono, el trío con la flauta del Per motum contrarium o el lento per Augmentatione, contrario Motu del cuarteto, segunda y eterna melodía telefónica. Chelo y violín per Tonos con las campanadas de las 22:30 horas y la impresionante Fuga canonica in Epidiapente, cuarteto en estado puro para ir armando la estructura académica compositiva e interpretativa, violín clave, chelo y finalmente la flauta, sin precipitaciones, paladeando la matemática musical.

Tras semejante torbellino los «pianissimi» del Canon perpetuus super Thema Regium despojados del clave prepararon el rápido octavo número Canon perpetuus en «tutti», arcos amplios, respiraciones ajustadas a las frases y nuevamente el clave presente siempre y protagonista en su sitio.

Aún quedaba la recta final: Quaerendo invenietis con el Canon a 2 del clave, esforzandos y amplia gama dinámica en el Canon a 4 y el Ricercar a 6 con el clave solo de Silvia plagado de musicalidad en cada voz, virtuosismo en tecla que engaña al oido cual laud con plectro por las tímbricas encontradas, antes de la Sonata Sopr’Il Sogetto Reale a Traversa, Violino e Continuo que cerraba esta ofrenda y homenajes varios, del propio Bach, de La Tempestad a Bruggen, como repartidos en cada movimiento:

Largo, Allegro, once campanadas sumándose al festín, Andante y Allegro, disfrute por y para todos, emociones que trajeron como propina el bis de uno de los cánones finalizados en do. Marcos históricos para músicas históricas desde la atemporalidad y el rigor incluso de las noches de verano.

Verano gijonés con ¿baro qué?

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Lunes 14 de julio, 20:00 horas. XVII Festival de Música Antigua, Gijón: Centro de Cultura Antiguo Instituto. Andreas Prittwitz y Lookingback Baroque Orchestra. Obras de Sammartini, J. S. Bach, Vivaldi, Purcell y Geminiani. Entrada libre.

Decimoséptima edición de un festival que se ha convertido en tradicional cita estival gijonesa, con relevo en la dirección (ahora con Manuel A. Paz) pero manteniendo el espíritu de ofertar calidad desde la llamada «música antigua» que nos explicó antes del concierto el director del festival, músico y pedagogo mierense, con la idea de presentar al público unas líneas generales de lo que vendrá a continuación, conciertos y concurso internacional (tercera edición dedicada al canto) que ponen a Gijón en ese mapa veraniego donde la música forma parte de muchos planes vacacionales, algunos cerca de casa.

Y esta segunda jornada resultó todo un éxito con lleno hasta arriba, literalmente, media hora antes del inicio musical que traía a Andreas Prittwitz de nuevo a esta su «otra casa» precisamente con un ensemble que «mira atrás» como un viaje al pasado desde el tiempo actual, esta vez el barroco de la flauta de pico que trajo a este alemán de Munich a nuestro país, ortodoxo como él mismo apuntó en esta primera parte, también vital, y el imaginario viaje al futuro de aquellos barrocos tan actuales desde los saxofones o clarinete de nuestro querido Andreas, los que le abrieron otras puertas para seguir haciendo Música con mayúsculas allí donde era requerido (también en la acepción de «querido doblemente») sin olvidar la faceta docente que en Gijón conocen muy bien desde hace 15 años por lo menos…

El calor motivó algo de retraso en la primera parte por la necesidad de afinación del clave y resto de este «ensemble» de cuerda con intérpretes capaces de afrontar este repertorio con total profesionalidad sin buscar más allá que disfrutar con esta música atemporal y transmitirlo al respetable. El Concierto en fa para flauta soprano, cuerda y bajo continuo (G. Sammartini) fue de los llamados «de libro» en forma y fondo:  tripartito en movimientos contrastantes, virtuosismo por parte del solista, diálogos con diferentes intensidades más el lirismo del lento Siciliano central.

Otro tanto de la conocida Suite orquestal nº 2 en si menor para flauta, cuerda y bajo continuo, BWV 1067 (J. S. Bach) que Prittwitz ejecutó con la flauta dulce contralto en vez del original «traverso», algo menor en volúmenes pero igualmente difícil para el solista, optando por «tempos» extremos hasta la virtuosa y archiconocida «Badinerie», dejándome personalmente indiferente en cuanto a la visión global, si bien la música del kantor es siempre grande. No puedo decir que lo escuchado tenga rigor historicista o aporte algo más que una hermosa escucha sin emoción mayor que la de una obra inmensa de por sí pero mínima en mi goce.

Curiosamente esperaba menos «ortodoxia» en la línea de la segunda parte, el acercamiento que muchos intérpretes llevan haciendo mucho tiempo atrás desde distintas visiones, comenzando con Jacques Louissier que marcó estilo Jazz Bach, el proyecto Lambarena, que «visitó» también a Mozart, el británico de las cajas de ritmo Louis Clark con aquello «clásicos a ritmo de…» que el ínclito Luis Cobos retomó para cabrear a muchos puristas, sin olvidarme de nuestros Canarios y su Ciclos vivaldiano tan sintetizado como hiciesen Wendy – Walter Carlos o Isao Tomita, Emerson, Like & Palmer, los excelentes arreglos de Gil Evans y hasta el Falla de Paco de Lucía, todos bebiendo de la llamada música clásica aunque el barroco siga siendo el padre de todas las músicas posteriores.

Precisamente sería la segunda parte donde Andreas Prittwitz con su ensemble afrontó tres páginas hermosas con instrumentos cercanos, «modernos» y eternos finalmente, capaces de recrear paisajes reconocibles como los pintores hacen desde sus distintas escuelas:

El Concierto para flauta en sol menor «La Notte» (Vivaldi) en versión de saxo alto nos trajo al «jazzman» formado en la historia, conocedor de la forma y técnica barroca para revitalizarla desde un saxo para el que seguramente hubiese compuesto «el cura pelirrojillo», con un continuo de lujo capaz de tocarlo todo sin olvidar que estamos en el siglo XXI.

Con el clarinete Andreas Prittwitz saca la vena más íntima, el cello de lengüeta como cercano a la voz, y del Dido y Eneas de Purcell arregla cinco números donde realmente «canta» como si de Ella Fitzgerald se tratase, seleccionando la Danza de las Furias, Aria 37, Ritornello 22, Aria 23 y Aria 24 para volver a demostrar que la música no tiene etiquetas, sólo el placer por el buen gusto que el intérprete hispanoalemán (más que germanoespañol) demuestra en todo lo que toca, y más con una orquesta detrás que suena ajustada de principio a fin. Aprovecho aquí para citarlos (varios en la OCNE): Joan Espina, Krzysztof Wisniewski y Javier Gallego en los violines, Cristina Pozas (viola), Miguel Jiménez (cello), Roberto Terrón (contrabajo), Sara Erro (clave) y Ramiro Morales (archilaúd), quien no trajo la guitarra barroca que hubiese dado más calor en los rasgueos que ese «grandón» acompañante del continuo.

Y si hay en la historia musical forma típica para llenar e improvisar, esa es «La Folía», con un Concerto grosso que Geminiani adapta a esa otra forma tan barroca de las variaciones originales de A. Corelli, esta vez con Andreas soplando el saxo soprano curvo (no el recto) y jugando todos con melodía más esplendorosa que el sol asturiano, contagiando alegría antes de retomar la flauta para regalarnos una marchosa Alla turca telemaniana cerrando círculo musical y vital: orígenes de Prittwitz desde una madurez que le permite afrontar proyectos desde cualquier óptica como el renacentista, el barroco, Chopin o lo que se le ponga por delante sin olvidar su faceta compositiva. Sabe que en Gijón u Oviedo tiene carta blanca y un hueco en las distintas programaciones, porque la conexión con el público es éxito seguro.

Koopman a mayor gloria de Bach

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Como bien dice mi admirado musicógrafo Luis Suñén en sus notas al programa (con todo el texto y traducción que seguimos cual misal durante casi tres horas) recordando al gran Padre Sopeña «una vez al año deberíamos someternos (…) a «una cura de Bach», es decir a una inmersión en su música para purificar nuestra condición de aficionados y, por qué no, también de seres humanos». En Oviedo, que es como la Viena española en lo que a oferta y calidad musical se refiere, esta Cuaresma nos ha purificado con las dos pasiones sin olvidarnos del Elías que Mendelssohn compusiese inspirado en un Bach que él redescubrió precisamente con La Obra por excelencia, la misma que nos faltan calificativos por su grandeza dentro de la engañosa sencillez, purificación de melómanos y hasta de agnósticos convencidos, gracias a «Meine Gott Bach».

Tener a Ton Koopman en el auditorio ovetense al frente de «su formación» nada menos que con «La San Mateo» era corroborar las versiones más que musicológicas, históricas por recrear en lo posible cómo fueron concebidas, precisamente unos días después de «La San Juan» con su alumno Aarón Zapico igualmente con una formación propia en la línea del holandés pero cambiando Amsterdam por Oviedo. Y contar para los corales de la primera parte con voces de casa, como es el coro que dirige Natalia Ruisánchez, una reválida pasada con sobresaliente. Mis primeras felicitaciones para unas voces blancas brillantes y seguras en el O Lamm Gottes unschuldig, inocentes y sacrificados por un trabajo que tiene recompensa, más el nº 35 O Mensch, afinación y empaste de auténticos profesionales.

De los solistas luces y sombras sin desmerecer ninguna, destacando el alto Engeltjes capaz de emocionar desde un color de voz bellísimo y bien proyectado en el nº 10 Buss’ und Reu pero especialmente en Erbarme dich, mein Gott (nº 47), bien el evangelista Lichdi, piedra angular de la Pasión, y el bajo Mertens aunque casi todos tienen un registro grave algo discreto. Personalmente un ligero escalón abajo la soprano checa y dos el tenor suizo. Del Jesús Hönisch, «crucificado antes de tiempo» tras el descanso al estar desaparecido como si tomase al pie de la letra el aria de alto que abría la segunda parte: «Ah! mi buen Jesús ya no está aquí! ¿Es posible?» (Ach, nun ist mein Jesus hin! Ist es möglich, kann ich schauen?) pienso que necesitaba más presencia vocal, afinación exigente y mayor implicación emocional para un rol que así lo pide.

Decepcionante el bajo corista Tobias Hagge en sus intervenciones solistas como Pilatus, destemplado y fuera de sitio. En cambio el coro excelente, casi camerístico con 28 voces, a menudo dos de 14 por la propia obra, eficiente y efectivo pero no efectista (esperaba expectante el Barrabam que no me convenció), color uniforme, disciplina para con las exigencias de la partitura, diferenciando coros y corales que desde la dirección también se marcan.

La doble orquesta de Koopman resultó todo un catálogo de solistas que lograron unas sonoridades perfectas para la magna obra bachiana, flautas casi de jazz que me comentaba alguna de mis amistades a la salida, oboes impecables, el fagot en su sitio difícil incluso cuando es continuo, eje instrumental con el órgano del Maestro alternando con su señora Tini Mathot, y una cuerda aterciopelada con dos concertinos (Catherine Manson y Matthew Truscott) brillantes en las intervenciones a dúo con las voces solistas.

Finalmente comentar lo maravilloso que resulta ver dirigir a Ton Koopman, disfrutando y contagiando su alegría desde el dominio de esta Pasión con pasión y sin compasión, siempre apasionante. El grandioso coral final «Llorando nos postramos ante tu sepulcro» (Wir setzen uns mit Tränen nieder) fue llevado con un tempo donde más que tristeza rezumó convencimiento, leyendo globalmente esta auténtica representación luterana desde la perfecta conjunción texto-música que El Kantor alcanza en ambas pasiones. Purificación de Sopeña y Suñén desde las pasion musicales con Koopman de profeta a mayor gloria de Bach.

Otoño en primavera

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Martes 1 de abril, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo. Primavera Barroca: Jordi Savall (viola da gamba): Les voix humaines. Centro Nacional de Difusión Musical (cndmu) «Circuitos». Entrada: 15€. Abono seis conciertos (sin numerar): 72€.
Hay figuras mediáticas capaces de llenar salas con el mero anuncio de su presencia aunque hora y media de música sólo con viola de gamba no sea precisamente la mejor publicidad y el programa esté más que escuchado tanto en vivo como grabado. Un otoñal Jordi Savall volvía en solitario a Oviedo con «su» instrumento, la española viola de pierna o gamba (seguramente nacida en España por el siglo XV en la zona levantina, fusión de fídula con técnicas del rabel morisco) que le mantiene desde hace décadas como figura mediática, primero en Francia y poco a poco también en España, aunque los años no perdonan en la ejecución pero sí sumen magisterio, dominio escénico y don de gentes, popularidad mundial. Tomemos pues esta visita como otro merecido homenaje a su trayectoria.
El repertorio ya no sorprende pero tenerlo en la distancia corta como en el salón de casa, tropezando con el arco en la mesita o la pantalla de la lámpara, con el ambiente que se logró en la sala de cámara carbayona, de acústica perfecta, y explicando incluso la afinación según los bloques confeccionados, hace a Savall único, humano, cercano a fin de cuentas, resultando más una autobiografía sonora que un concierto al uso, por otra parte nada extraordinario.
Titular su presencia abriendo este ciclo barroco de primavera como «Las voces humanas» ya quedaba claro en la presentación escrita: la imitación de la voz en todas sus modulaciones, algo que el músico de Igualada consigue con su joya de siete cuerdas fabricada por Barak Norman (Londres, 1697), con el apoyo del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya y el Institut Ramon Llull.
Seis bloques independientes y titulados sirvieron para repasar musicalmente su vida, incluso con cierto humor: «cuarenta años tocando pero un tercio afinando» o comentar que «Marais siempre tocó Marais o Bach solo Bach», pudiendo añadir que «Savall siempre toca Savall», pues los Sainte-Colombe, el citado Marin Marais del que toma el título para el recital, o incluso las referencias celtas, son como sus cuarenta principales.
«Invocation» con Abel, Bach o Schenk apenas calentaron cuerdas pero faltó la emoción. «Les Regrets» rememoraron su más célebre banda sonora precisamente de los De Sainte-Colombe aunque sigan resultando monótonas y las «improvisaciones» añadidas sobre la Bourré borrasen la autoría de Bach. «Les voix humaines» de Machy y Marais fueron más de lo mismo antes de entrar en «Musicall humors» de Hume, como si lo militar resultase sinónimo de marcha y su viola ganase sonoridad ante el mayor despliegue de recursos, con un arco más generoso pero igualmente impreciso. Los últimos bloques también resultaron más didácticos, «Lessons for the Lyra-Viol» explicando la afinación para las obras de Ferrabosco, Ford o Playford, y la música cercana de gaitas o cornamusas de los anónimos de Manchester (entre 1580 y 1640) titulados «The Lancashire Pipes«, progresión de las tinieblas iniciales a la tamizada luz con neblina celta (ñublu y orpín que diríamos en Asturias).
Incluso la primera propina mantuvo la permuta de las cuerdas 4ª y 5ª para la misma referencia al bordón gaitero que remueve nuestras raíces astures, otro manuscrito del XIX que recoge músicas anteriores aunque faltase la transmisión maestro alumnos que sirvió para ahondar en la investigación donde El Jordi ha hecho historia. La segunda y definitiva propina fueron unas variaciones sobre una canción de cuna francesa que despertaron más que adormecer a un público entregado a la figura aunque supongo que menos al intérprete o su música.

Creo en Herr Bach todopoderoso

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Lunes 31 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: J. S. Bach: La Pasión según San Juan, BWV 245. El León de Oro (LDO, director: Marco A. García de Paz), Forma Antiqva, dirección y clave: Aarón Zapico.

Parafraseando los dos últimos versos de la pasión «Herr Bach, erhöre mich, Ich will dich preisen ewigllich!» (Escúchame, Señor Bach: ¡eternamente te alabaré!) hasta los agnósticos terminamos creyendo en este Jesucristo a menudo lúgubre pero eternamente luminoso cuando lo musica el Kantor de Leipzig. Pecando sin propósito de enmienda, consciente desde el peculiar y personal «Credo en mi dios Bach, creador de todo lo visible y lo invisible» musicalmente, íntimo o grandioso, esta pasión asturiana en el amplio sentido de la palabra, ha vuelto a emocionar por todo lo que en ella habita.

Nuestro mejor y más internacional coro asturiano es capaz de preparar el cercano y durísimo Ravel junto a su próxima participación en el concurso internacional londinense que preside P. Phillips, y todavía encontrar más tiempo para elegir medio coro que afrontase con plena capacidad y calidad esta «pasión asturiana». Para ellos mi primeras palabras y felicitaciones más allá del orgullo de leónigan, pues siguen siendo un referente, no ya por la calidad pasmosa en cada aspecto sino por una disciplina que les permite transmitir los deseos del director que tengan enfrente, haciéndolos suyos. Esta «Pasión Zapico» volvió a demostrar porqué son los números uno: matices increíbles, emisión envidiable, fraseos de vértigo, corales cercanos y coros protagónicos en su búsqueda de la belleza inabarcable superándose en cada aparición.

Mi otra pasión son Forma Antiqva, siempre sorprendiendo en cualquier combinación, más cuando traen el proyecto grande, no ya por número sino por la excelencia de todos sus componentes. Poder aglutinar tanta calidad instrumental contando con solistas de talla internacional no está al alcance de cualquiera, pero esta pasión crece, convence, aglutina desde una dirección de la que hablaré al final. Aunque en el extenso programa (incluyendo texto original y traducción que seguimos durante las casi dos horas como si de una iglesia se tratase) figuran todos los intérpretes de una inolvidable pasión bachiana, citar dos componentes del Cuarteto Quiroga (Aitor Hevia y Cibrán Sierra) junto al habitual Jorge Jiménez, sin olvidarme de Ruth Verona quasi Zapico porque el continuo con Pablo y Daniel no es el mismo sin ella. Del resto sólo elogios con dúos de traverso, oboe y ambos sutiles, bellos desde la primera bocanada, al igual que las violas d’amore alternando con las habituales, el violagambista Andrea de Carlo o la organista y clavecinista Silvia Márquez, siempre complemento de los tres Zapico. Forma Antiqva en formación grande, cantidad y calidad, rigor y vigor, perfecta base instrumental para una visión moderna sin olvidar la historia, bien conducida desde el clave y la dirección por el magister Aarón.

Los solistas para el evento tampoco se encuentran fácilmente, con dos aún recientes (Bach Collegium Japan de Suzuki) y bachianos puros -aunque los años no perdonen pero todavía referencia por la entrega y dominio de una partitura que han hecho suya-, especialmente el evangelista Gerd Türk que brilló incluso en sus arias, y el bajo Peter Kooij con un Jesús cercano. Grata sorpresa el alto francés Damien Guillon de color idóneo para este Bach, pero especialmente la gran soprano extremeña María Espada, enamorando con «sólo» dos arias (Ich folge dir gleichfalls, nº 13 primera parte, y Zerfließe, mein Herze, nº 63 en la segunda parte), auténticas joyas en su voz, emocionantes, sentidas y cantadas como sólo ella es capaz, otra de mis pasiones confesas que volveré a degustar esta misma semana con más barroco. Citar el Pilato de Jiménez Cuevas, bajo en los números corales, así como las breves pero más que correctas intervenciones de los coralistas Manuel Quintana, Fernando Fernández y Elena Rosso.

Dejo para el final al auténtico alma mater del proyecto, al maestro Aarón Zapico, Kapelmeister de Sama, «apóstol del barroco», líder por convencimiento, entrega y dominio desde el duro trabajo. Esta pasión sentida desde tiempo, capaz de transmitirla a todos los intérpretes desde el minuto uno, llevada como él quiso desde esa autoridad ganada con diálogo y magisterio, pacto compacto con tacto, barroco en estado puro desde el siglo XXI, las luces y sombras luteranas del Evangelio de Juan con el subrayado genial del Kantor, música al servicio del texto, riqueza expresiva de contrastes brutales, tiempos vivos con agilidades de vértigo sin perder ni una sílaba y lentos profundos para transmitir el castigo o la desnudez (los momentos del coro a capella fueron de lo más emocionante). Dirección y acompañamiento al clave de los recitativos dejando fluir al genio con toda esa cadena de vivencias más allá de la partitura, el aliento lúcido y la esperanza hecha Bach en su discutido cumpleaños (31 de marzo de 1685).

Pasiones corales, instrumentales, solistas… pasiones personales compartidas, pasión por Bach, pasión por las pasiones, cuaresma con pasión sin compasión. La semana arranca cerrando marzo.

La voluntad de Bach en Cuaresma

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Lunes 17 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Bach Collegium Japan, Joanne Lunn (soprano), Clint van der Linde (alto), Gerd Türk (tenor), Peter Kooji (bajo), Masaaki Suzuki (director). Obras de J. S Bach.

No cansaré nunca de «Bach, Mein Gott», del que escucharemos también en este mismo auditorio sus dos pasiones. Atrás han quedado las interpretaciones románticas de grandes formaciones para volver a los orígenes en Leipzig, algo que el maestro Suzuki y su «colegio» llevan por el libro. Tres cantatas y una misa donde los cuatro solistas invitados se integraron en el coro, dando el paso al frente cuando correspondía, más una formación instrumental de primera para gozar sin pecado de la palabra de Dios, textos originales y traducidos en el programa, con la música del Kantor desde un conocimiento directorial que transmite a intérpretes y aficionados.

Las notas de la profesora Miriam Perandones se titulaban con palabras del propio Johann Sebastian: «La música nos ha sido ordenada por el espíritu de Dios» que podemos parafrasear cambiando por «el espíritu de Bach» que flotó en el auditorio cual templo luterano en Cuaresma.

Primera parte con la Cantata Alles nur nachGottes Willen, BWV 72 (Todo sea según la voluntad de Dios) desde la oscura introspección, donde los solistas estuvieron desiguales, despuntando algo más la soprano inglesa (bien en estos repertorios) que el contratenor sudafricano, al que en su anterior visita a Oviedo hace cinco años achaqué los mismos problemas de poco volumen en el registro grave, así como un color característico de ese registro alto menos frecuente que los contratenores más sopranistas pero cercano al original del Leipzig bachiano. El coro siempre perfecto de color, empaste y afinación, equilibrio exacto con los instrumentos.

Para la Cantata Mit Fried und Freud ichfahr dahin, BWV 125 (En paz y alegría me iré) pudimos disfrutar de la flauta (con Kyomi Suga) que también dominase el Kantor, y donde los solistas vocales masculinos resultaron más coristas de lujo que propiamente figuras, más en el dúo acompañados por los dos violines solistas (Terakado y Yamaguchi), cello (Balssa) y órgano (Masato Suzuki), pues de intimismo volvieron a quedar algo oscuros en los graves con un texto que habla de la luz que llena toda la tierra con poderosas palabras que resonaron más bien poco. El recitativo anterior contó con el barítono más que bajo (no hay coro tal y como figuraba en el programa) encareciendo una cuerda auténticamente en crisis, salvo honrosas excepciones, pero más en la música sacra que en escena. El alto al menos se portó en su aria y recitativo antes de volver a disfrutar del coral final «Él es la salvación…» antes de la pausa (descanso no eterno).

La Cantata Bekennen will ich seinen Namen, BWV 200 (Proclamaré mi fe en su nombre) nos cambió en el órgano al Suzuki Masato por el maestro Suzuki Massaki, con los dos violines y el cello acompañando el aria del alto, auténtico acto de fe que resultó más luminoso pese a la precariedad de medios utilizada por Bach pero perfecto preámbulo para la Misa luterana en Sol mayor
BWV 236
, breve por utilizar solamente el Kyrie y el Gloria pero donde el griego primero y el latín después consiguen contagiar la musicalidad eterna del texto a un compositor cercano a Dios. El coro siempre perfecto, el aria de bajo (Te damos gracias) con cuerda y continuo mejor que en las cantatas, pletórico el duetto soprano-alto del «Domine Deus» con el acompañamiento de cuerda, órgano y (contra)fagot, aceptable el aria del tenor con continuo y oboe para tocar el cielo coral «con el Espíritu Santo en la gloria de Dios-Bach» por siempre Amén.

Felicidad venida de Japón con refuerzos internacionales para esta música universal en un concierto del espíritu capaz de acallar «tisis y toses» aunque la hora actúe cual resorte en ciertas posaderas de mal asiento. Desconozco si el «padre Bach» lo perdonará eternamente…

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