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Tesoros españoles de ultramar

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Crítica para La Nueva España del sábado 24 de marzo, con links y fotos propias:

Jueves 22 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: V Primavera Barroca: Eugenia Boix (soprano), Guillermo Turina (violonchelo) , Tomoko Matsuoka (clave).

El violonchelista Guillermo Turina, apellido musical donde los haya (hijo de José Luis y nieto de Joaquín) combina su pasión investigadora con su carrera de intérprete, aunando en conciertos como este segundo de la primavera barroca ovetense ambas facetas, redescubriendo a tres violonchelistas italianos que pasaron por España como Antonio Caldara (1670-1736), Francesco Supriani (1678-1753) y Giacomo Facco (1676-1753), e interpretándolos en vivo además de haberlos grabado en el sello Cobra con sus compañeros en el escenario: la soprano aragonesa Eugenia Boix y la clavecinista japonesa Tomoko Matsuoka, el CD último “Master of Kings” que se agotó a la salida del concierto y firmaron amablemente los tres.

El imperio español donde no se ponía el sol, llevó nuestra música al nuevo mundo y muchos archivos catedralicios atesoran partituras por descubrir, patrimonio catedralicio conservado en Guatemala, Perú o México, virreinatos y no colonias que presumían de interpretar las mismas músicas que la corte madrileña. Así se van recuperando obras que al grabarse y todavía mejor tocarse en directo, son verdaderos estrenos de los llamados tiempos modernos. También nuestras bibliotecas y catedrales guardan aún obras que con mucho trabajo, tiempo y dinero podrían seguir ampliando y enriqueciendo nuestro patrimonio. En esta labor de recuperaciones el Centro Nacional de Difusión Musical tiene mucha “culpa”, siendo igualmente responsable de ciclos donde Oviedo continúa por quinto año barroco y primaveral.

El segundo de los conciertos titulado “Il martirio nella corte. Música sacra y profana para violonchelo, soprano y continuo en las cortes españolas de principios del s. XVIII” pasó revista a esos tres “Italianos por España” como escribía el sevillano Pablo J. Vayón en las notas al programa, una pequeña muestra tanto instrumental (sonatas) como vocal (cantatas) de barroco en estado puro, siempre con contrastes además de ornamentos, el cello sonando cual barítono con clave, contestando o complementando ambos a la soprano en recitativos y arias, alternando movimientos lentos y rápidos, sin palabras pero fraseando, cantando cual otro instrumento sumándose textos italianos y españoles.

La selección del oratorio El martirio de Santa Catalina de Caldara fueron cuatro arias con sus recitativos previos, recuperado por Turina, demostrando cómo hacer mucho con poco cuando hay calidad y musicalidad a raudales: violonchelo, clave y voz, la de Eugenia Boix, conocida en Asturias donde cantó y grabó “Crudo Amor” con Carlos Mena y Forma Antiqva, una soprano a la que sigo desde sus inicios, que va ganando en corporeidad sin perder ese poderío de Monzón, con recitativos claros “bien dichos” y arropados por un dúo ideal, más las arias de afectos, agilidades virtuosas y poso dramático, “amorosa” o rápida, matizada y cómoda en estos repertorios, igual de contrapuestos que la sonata siguiente a dúo Turina-Matsuoka, elegantes y eficientes, redondez del chelo, cristal tallado del clave.

De Giacomo Facco (Venecia, 1676-Madrid, 1753) habría para una película. Violonchelista famoso, estando en el Virreinato de la Sicilia española se vino con Spínola a la corte de Felipe V, aunque su destino inicial era Lisboa, que ocuparía Scarlatti dejando la plaza de Madrid. Facco ejercería como profesor de los infantes y violinista, al sobrar cellistas en palacio, siendo hoy uno de los olvidados o desconocidos pese al reconocimiento en la Europa del momento.

En Oviedo pudimos escuchar al hispanoitaliano cerrando ambas partes, primero una Sonata de cuatro movimientos para disfrute de instrumental con el virtuosismo lógico de esa época dorada, especialmente en los movimientos pares rápidos (Allegro y Presto), más tres cantatas breves de lo más convencionales con su introducción instrumental y arias da capo: ¡Oh, que brillar de aurora tan luciente!, la única religiosa reducida a recitativo y aria con el dúo obligado, más las dos finales profanas y siempre con recitativo y aria en ambas por pares: Perché vedi ch’io t’amo italiana, Quando en el Oriente, española, bien vocalizadas por Boix con el ropaje a medida de Turina rematado por Matsuoka, optimización de recursos en tiempos de crisis.

La propina la última aria de Clori pur troppo bella, también de Facco, todas las cantatas que evolucionaron cual óperas en miniatura para dos voces: soprano y chelo perfectamente entendidas por el trío.

De Francesco Supriani, otro “descubrimiento” de Turina, escuchamos abriendo la segunda parte su cantata Chi m’invola da te, mio beltesoro de idéntica estructura a las de Facco, y una Sinfonía, sonata o “balleti” podría haber llamado esta forma que busca ese virtuosismo que el trío Turina-Boix-Matsuoka derrochó para un público nuevamente encantado que ocupó tres cuartas partes de la sala de cámara.

Poderoso “estreno” de tesoros musicales

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Jueves 22 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: V Primavera Barroca: Eugenia Boix (soprano), Guillermo Turina (violonchelo) , Tomoko Matsuoka (clave). “Il martirio nella corte. Música sacra y profana para violonchelo, soprano y continuo en las cortes españolas de principios del s. XVIII», obras de Caldara, Supriani y Facco.

Reseña del concierto para La Nueva España del viernes 23 de marzo con links y foto propios:

Poderoso “estreno” de tesoros musicales

Boix, Turina y Matsuoka recuperan piezas de Supriani y Focco en un buen concierto

Oviedo, P. SIANA

Un concierto poderoso, con un trío engrasado y el aliciente de recuperar patrimonio musical. Así fue la actuación que protagonizaron ayer la soprano Eugenia Boix con el violonchelista Guillermo Turina y Tomoko Matsuoka al clave, que llegaban a la sala de Cámara del Auditorio de Oviedo, con buena entrada, en el segundo concierto de la Primavera Barroca ovetense, en colaboración con el Centro Nacional de Difusión de la Música.

El trío traía un programa que alternaba música sacra y profana escrita por tres compositores y violonchelistas italianos que trabajaron en España: Supriani, Caldara y Facco, con piezas fundamentales del XVIII como cantatas y sonatas. Completaba la sesión una selección de arias como las del oratorio de Caldara “Il martirio de Santa Catalina”, alguna recuperación histórica que son estrenos en nuestro tiempo gracias al trabajo de investigadores como Turina.

Todo las obras seguían la tendencia de su época, ornamento y contraste, alternancia de tiempos rápidos y lentos, recitativos y arias para ofrecer la máxima expresión artística en la que texto –italiano pero también español– y música formaban una unidad perfecta sin las necesidades y exigencias de una producción operística.

Con el ropaje ideal y mínimo de chelo y clave, la soprano monzoniega –conocida en Asturias por haber grabado el CD “Crudo Amor” junto a Carlos Mena con “Forma Antiqva”– se mostró en todo su esplendor vocal, cómoda y disfrutando con unas páginas ideales para su color y musicalidad, de registros poderosos como buena aragonesa, plenos de matices en unas arias con recitativos previos de mayor o menor calidad artística pero interpretadas con mimo y valentía.

El dúo de cello y clave compartió protagonismo en las sonatas con la voz instrumental, casi baritonal, de Turina, tan cantable como la soprano, y el clave elegante de la japonesa Tomoko. El trío también funcionó a la perfección dejando unas cantatas reducidas a la mínima expresión por número pero máxima por interpretación, imposible dar más con menos rescatando a Supriani y especialmente al internacional Focco de archivos ultramarinos todavía por explorar y con tesoros escondidos como los del virreinato mexicano.

Fagioli d’Oro trae la primavera

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Martes 13 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Centro Nacional de Difusión de la Música (CNDM) y Ayuntamiento de Oviedo, V Primavera Barroca, Haendel Arias, Franco Fagioli (contratenor), Il Pomo d’Oro. Precio abono ciclo (butacas no numeradas): 84 € (73,50 € para abonados a otros ciclos).

El Barroco no pasa de moda, aumenta su demanda, no suele defraudar, es cómodo de escuchar, no cansa… comentarios habituales que escucho y corroboro. Apostar por un ciclo o festival monográfico siempre es arriesgado pero conociendo el panorama actual y comprobando que Asturias tiene un público incondicional que apoya y presume de nuestros intérpretes en este periodo o estilo que triunfan allá donde van (mientras aquí les echan), era previsible hace cinco años una Primavera Barroca en Oviedo con el CNDM apoyando y sumándose Conservatorio y Universidad a esta oferta que incluye conferencias para estudiantes y aficionados que se ha consolidado, dejando la sala de cámara pequeña otro año más, con cola media hora antes buscando una buena localidad (no están numeradas) sobre todo cuando nos traen figuras de la talla del contratenor Franco Fagioli y la agrupación Il Pomo d’Oro, conocida de otras actuaciones en la capital asturiana.

Comentaba en mi reseña para La Nueva España que «Fagioli logra la apoteosis con Haendel«, calidad vocal, entrega escénica, técnica asombrosa con fiatos larguísimos y el ropaje a medida de un sexteto de cuerda liderado por Stefano Rossi de concertino más el clave primoroso y preciosista de Federica Bianchi, quinteto sin viola en las obras instrumentales que no solo ayudan al descanso vocal sino también a disfrutar de otras páginas delicadas complemento de la selección de arias del genio alemán, perfectamente comentadas en el programa por mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón.

Estuve estos días hablando a mis alumnos de Farinelli y otros castrati famosos como Senesino o Caffarelli proyectando en clase la película donde se reflejaba perfectamente esta Europa del XVIII con el poderío escénico de unas voces «contra natura». El número de marzo de Scherzo dedica portada y entrevista al contratenor argentino afincando en Madrid Franco Fagioli que merece la pena leerse porque explica mucho de este proyecto y obras elegidas, diciendo «buscar la verdad en escena desde el momento único de la interpretación y su más absoluta honestidad». Así fue esta velada Haendel escuchada con la misma pasión y devoción derrochadas por Fagioli con Il Pomo d’Oro, con un cierre inédito en Oviedo al cantar y bien afinado todos la segunda propina Lascia ch’io pianga a coro, tras la primera con otra aria de Serse.

Del programa que dejo aquí escaneado el Allegro inicial de la Sinfonía en si mayor HWV 338 aunque para fagot, cuerdas y bajo continuo se entiende que por la plantilla solamente de cuerda que los «pomodoros» presentaron en esta primavera adelantada resultó un arreglo para el quinteto (la viola solamente se sumaría a las partes vocales), y las arias por pares en la primera parte, por lo cual Cara sposa, amante cara / Venti, turbini, presta (de «Rinaldo») no fue el cierre sino Mi lusinga il dolce affetto (de «Alcina»). Destacable cómo reinó el silencio antes de algunas de ellas facilitando la «transformación previa» de Fagioli en Bertarido, Oreste, Rinaldo y otros héroes de las óperas de Haendel, la que no hubo en los finales con esas inexplicables prisas por aplaudir primero, impidiendo degustar los segundos que flotan en el aire tras la última nota. Deberían observar al cantante lo que tarda en recuperarse antes de agradecer las palmas y vítores, por otra parte más que merecidos.

Sin necesidad de clasificar esta voz que se definía hace años falsetista, diríamos que posee el registro de alto y las agilidades de los llamados sopranistas, por lo que Fagioli puede afrontar cualquier personaje (afectos sería más correcto) de estas óperas y dotarlo de color propio, organizando el programa para alternar y jugar arias reposadas, dramatizadas frente a las virtuosas y un acompañamiento ideal en dinámicas y calidades, distinto al grabado pero más cercano en todo y por todo. Impresionante su registro grave y los pasos de registro con naturalidad desde la técnica y el buen gusto que mostró de principio a fin, propinas incluidas.

Ramón Avello en El Comercio titulaba «De la furia desatada al lamento conmovedor» para explicar esos cambios de roles e interpretación. Ver al público vehemente en el aplauso, volcado con los músicos en cada una de estas obras inmortales y sumado al final inédito coreando con Franco cual último éxito de los «principales» corrobora que el Barroco goza de buena salud, no es tan caro como lo sinfónico, vende discos, se firman autógrafos y es apto para todas las edades. En Oviedo también la ópera comienza a apostar lentamente por títulos barrocos sabedores del «tirón» que siempre tiene, más cuando se cuenta con voces de calidad.

Bienvenida adelantada de la primavera un martes y 13 sin supersticiones.

Mieres suena en Oviedo

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Domingo 11 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Banda de Música «Ciudad de Oviedo»: Conciertos de Invierno. Banda de Música de Mieres, Antonio Cánovas (director); Banda de Música «Ciudad de Oviedo», Francisco Vigil (director).

La música de banda sigue teniendo un público fiel además de ser no solo cimiento de melómanos sino el laboratorio de compositores actuales que encuentran las sonoridades específicas en estas formaciones, también cantera de instrumentistas y afición para una juventud no siempre visibilizada en unos tiempos donde los estudios no reglados parecen olvidados. Mi aplauso y admiración al sacrificio de horas y horas de ensayos en casa más los conjuntos para poder disfrutar de conciertos como este dominical que sigue llenando cada mes el auditorio de la capital.

Quienes me leen conocen mis raíces de melómano con la Banda de Mieres a la que escucho cuando puedo y de la que me declaro incondicional desde su renacer gracias a la la Asociación Mierense de Amigos de la Música allá en 1991, un año para no olvidarme al ser el de mi boda así como el de la fundación de la OSPA. Con el murciano Antonio Cánovas Moreno (Totana, 1979) «nuestra banda» no solo se ha consolidado y rejuvenecido sino que conocedor del excelente material humano y musical con que cuenta va aumentando las exigencias poco a poco afrontando repertorios impensables hace poco y con una calidad pareja a la banda anfitriona que invitó a la mierense a este ciclo de conciertos invernales, abriendo la velada (dejo a continuación el programa inicial que he retocado para la foto de portada y dejarlo en el orden correcto).

En un año pero especialmente desde Santa Cecilia la evolución de la Banda de Música de Mieres sigue imparable y escucharla en el auditorio con un programa casi sinfónico no solo me llenó de satisfacción y orgullo sino de felicidad por el repertorio elegido y su profesionalidad en la interpretación disfrutando de una acústica perfecta para las obras y autores elegidos.
No puede faltar nunca un pasodoble en un concierto de banda, apostando por el nuevo repertorio que avanza en lenguaje y texturas sin perder nunca el origen bailable. El Torico de la Cuerda (2002) de Luis Serrano Alarcón (Valencia, 1972) es una muestra de ello y encargo del Ayuntamiento de Chiva, dejando enlazadas en todos los títulos algunas interpretaciones aunque por otras formaciones distintas a las de este domingo por no perder mi afán didáctico en compartir y dar a conocer lo que tocan nuestras bandas hoy, aquí escritura de un músico valenciano cuya procedencia ya puede darnos idea de lo que supone a nivel musical y más en una carrera internacional que comienza a recoger sus frutos.

La generación de compositores españoles actuales dominan la técnica compositiva y todo tipo de instrumentaciones sean sinfónicas, camerísticas o corales. Hace dos años y con motivo de la exposición Aqva de «Las Edades del Hombre» descubrí al toresano David Rivas (1982) al que pude saludar en persona al finalizar este concierto, presente para disfrutar con La ruta del Cid (2017), cuatro movimientos aplaudidos cada uno al no figurar en el programa: «1. El inicio de una leyenda; 2. El deber de un guerrero, luchar por su señor; 3. Nostalgia. Jimena en su corazón; 4. Fiesta final: El Cid llega a Valencia«. Música épica sin necesidad de imágenes aunque funcione cual banda sonora (eso es un «Poema Sinfónico»), con despliegue de percusiones variadas y utilizando un teclado electrónico emulando el arpa para suplir ésta, sin desmerecer por sonido, intención y limpieza, sumándole las voces de los propios instrumentistas cual coro u otro instrumento engrandeciendo tímbricas incluso con gritos de guerra enarbolando maderas y metales, sin faltar un clarinetista haciendo de narrador en el primer número. Me impresionó la amplia gama dinámica de los mierenses tanto en los delicados pasajes cantabile de flautas y clarinetes como en los poderosos de los metales y la precisión para los exigentes cambios rítmicos y de compás perfectamente indicados y llevados por el Maestro Cánovas. El compositor subió a dar su plácet a la banda mierense y a su director recogiendo los aplausos merecidos de un público fiel y entendido que disfrutó con esta composición del zamorano.

A continuación una verdadera banda sonora, Alatriste de la que el compositor murciano Roque Baños (Jumilla, 1968) adaptó esta Suite que la Banda de Música de Mieres interpretó en Oviedo, una prueba de fuego más donde junto al teclado con sonido de arpa se unió una guitarra española (recordando el Aranjuez de Rodrigo) que dieron algún problema de afinación al estar amplificados y que hizo se notara más, al igual que cuando entró el sonido de órgano, lo que no empañó una interpretación de altura sinfónica donde brillaron todas las secciones y solistas, queriendo destacar además de los «habituales» clarinete, trompeta o flauta al trío femenino de trompas, de sonido compacto, aterciopelado y valiente.
Y de propina otro de los compositores actuales que mejor escribe para banda (todavía resuena en mi cabeza el Libertadores): el alicantino Oscar Navarro (Novelda, 1981) con el pasodoble Andrés Contrabandista donde Don Antonio apenas necesitó dirigir demostrando el duro trabajo previo de ensayos, dejando sonar a sus músicos para escucharse unos a otros haciendo música de calidad sinfónica con menos medios de los deseados pero toneladas de ilusión. Lo dicho, orgulloso de la banda de mi pueblo.

El maestro Francisco Vigil Sampedro volvía un año después de su «jubilación» al frente de la Banda de Música «Ciudad de Oviedo» en una segunda parte igual de exigente y poderosa que la primera por obras y autores seleccionados, menos actuales pero dignos de escucharse cuando hay plantilla para ello y la banda carbayona la tiene desde su fundación en 1992, contando con varios profesionales.
Así la obertura Tantaluqualen (1868) del austrohúngaro Franz Von Suppé (1819-1895) recordándome cuánta música sinfónica se adaptó para las bandas siendo nuestras primeras tomas de contacto en vivo con repertorios inalcanzables.

Más cercana en el tiempo la composición The idol of the flies (2008) del suizo Franco Cesarini (1961) que tiene de subtítulo «A Tone Poem after Jane Rice, Op. 13» de lenguaje actual en cuanto a investigador de texturas y empleo de amplia percusión casi necesaria pero con toques académicos y buena instrumentación para bandas, que la capitalina interpretó segura bajo la sabia batuta del Maestro Vigil. En la onda de bandas sonoras de la primera parte mierense, esta partitura inspirada en la historia de un niño huérfano que tiraniza su entorno e invoca repetidamente un «ídolo de las moscas» como símbolo de su poder, y con eso él realmente llama al diablo, cuyo nombre traducido por Beelzebub es «El ídolo de las moscas», Cesarini no cuenta la trama exacta de la historia truculenta sino que reproduce su atmósfera densa y sombría.
La Suite op. 66 The crown of India (1911-12) del inglés Sir Edward Elgar (1857-1934) en los cinco movimientos seleccionados por el compositor volvía el mundo de las orquestas sinfónicas «recreado» desde las bandas sinfónicas (las nuestras sin cuerda), a mayor gloria del imperio con la música ensalzando el poderío no exento de exotismo, y donde los saxofones cantan mejor que los cellos, destacando los solos del clarinete y concertino Isidoro Otero y del mierense Juan Flores al saxo alto.

No podíamos marchar sin propina y además un pasodoble, Guadix del vasco Primitivo Azpiazu (Zumárraga, 1912-1990), la forma española por antonomasia, paso doble inigualable que estas formaciones tienen la obligación de mantener, mejor cuando tenemos composiciones de tanta calidad como las elegidas para este tarde de domingo, dos generaciones que mantienen viva la música de banda.

​ Gardiner reivindica a Schumann con la LSO

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Jueves 8 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio,London Symphony Orchestra (LSO), Sir John Eliot Gardiner (director). Obras de Schumann.

Reseña para La Nueva España del 9 de marzo ampliada con «links» y fotos propias, además de añadir negritas o cambiar entrecomillados por cursivas:
La London Symphony Orchestra (LSO) y Sir John Eliot Gardiner trajeron a Oviedo el romanticismo puro reivindicando al Schumann sinfónico con las dos sinfonías sin nombre más la obertura Genoveva, su única ópera, obras de madurez animado por su esposa Clara y el amigo Brahms en un regreso esperado por todos.
Obertura más sinfónica que operística para abrir con delicados contrastes, fantasía y lirismo que el director británico llevó con su particular claridad de gestos bien entendidos por una orquesta rendida a sus órdenes, tocando de pie salvo las excepciones lógicas con algún espectador preguntándose la causa, tradición viva de Sir John.
Gardiner tiene grabada la integral de las sinfonías de Schumann con su Orchestre Révolutionnaire et Romantique para la serie Archiv del sello amarillo a finales de los 90, revividas ahora con la LSO en gira europea con Oviedo nuevamente en el mapa, escuchando las pares en orden cronológico, la Sinfonía nº 4 en re menor (primera versión de 1841) y la Sinfonía nº 2 en do mayor (1846).
La cuarta sonó germánica y romántica en cuatro movimientos sin pausa, enlazados y evitando las temidas toses, bien contrastados por un Maestro con mayúsculas aclamado por el respetable y sacando color a los claroscuros de sus compatriotas: magia de la Romanza, poderoso el Scherzo y pura explosión en el Largo. Finale: Allegro vivace con esos cambios de tempo logrando la expresividad tan decimonónica aún perdurable y funcionando desde una interpretación impecable por parte de los londinenses que dejaron el pabellón por todo lo alto a la espera de la segunda, parte y sinfonía.
Y tras el descanso llegaría la bellísima e inquietante segunda de movimientos separados, apareciendo las toses en «tutti» como olvidándose de su anterior visita, también plagada de contratiempos, luces y sombras (la sinfonía), con el Scherzo ubicado antes del maravilloso y expresivo Adagio finalizando con el vibrante Allegro molto vivace, bisado el último minuto final tras las aclamaciones y vítores para el «Gran Gardiner», romanticismo británico en lenguaje instrumental limpio y poderoso, elegancia de principio a fin con Sir John graduando emociones, dinámicas, velocidades y hasta aplausos y catarros. Excelencia en el trato y el concierto con LSO reivindicando al Schumann sinfónico.

«El romanticismo no es cuestión de rareza ni búsquedas de formas sorprendentes. Su cualidad esencial es que permite al músico ser también poeta». Robert Schumann a Clara Wieck aún solteros.

Mi comentario previo al concierto en LNE del jueves 8:

Los eternos cantores de Viena

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Domingo 25 de febrero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto extraordinario: «Europa, Europa». Niños Cantores de Viena, Luiz de Godoy, dirección y piano.

Crítica para La Nueva España publicada el martes 27 añadiendo «links», fotos propias y cambiando la tipografía eliminando comillas para utilizar negrita y cursiva:

La música sigue poniendo a Oviedo en el mapa musical y este domingo sería última parada de los Niños Cantores de Viena, el coro más famoso del mundo tras una gira española de diez días recorriendo Granada, Bilbao, Zaragoza, Valladolid, Madrid y Burgos. Sus orígenes se remontan al siglo XIII y tal como los conocemos desde el siglo XV con Maximiliano de Habsburgo, reconstruyéndose en 1921 tras la caída del Imperio austrohúngaro. Integrado actualmente por 100 coristas entre 10 y 14 años divididos en cuatro grupos corales para poder dar los 300 conciertos de media anuales, arribando a la capital asturiana con 23 efectivos más el brasileño Luiz de Godoy (que trabaja además con el coro de la Konzerthaus de Viena y la Academia de Coros de la Wienner Staatsoper) al piano y dirigiendo, además de presentarnos en un castellano correcto las distintas obras, con alguna alteración y omisión sobre el programa previsto.

El auditorio estaba al completo con público de todas las edades donde no podían faltar nuestros “Niños cantores de Covadonga”, la Escolanía con su director Jorge de la Vega tomando buena nota de todo sabedores que ellos también son historia viva.

Los Niños Cantores de Viena, una de las «más consolidadas» tradiciones musicales europeas, a lo largo de los siglos han sido numerosos los músicos que han trabajado para esta institución, se han iniciado musicalmente en ella o han dedicado obras: Isaac, Mozart, Caldara, Salieri, Bruckner, Haydn o Schubert entre tantos otros, ampliando un repertorio que abarca todas las épocas y estilos. Para esta gira se centraron en un “viaje coral europeo” como comentó al inicio Luiz de Godoy.

Acallando murmullos arrancaron desde el patio de butacas, bajaron por ambas escaleras y se colocaron sobre el escenario interrumpidos cada etapa por aplausos con el canon a 3 voces O Virgo splendens de nuestro Llibre Vermell de Monserrat (s. XIII) antes de ir saltando autores y épocas para combinar en escena las 23 voces blancas a ambos lados del piano, alternando acompañamiento y canto “a capella”, puro, siempre en perfecto entendimiento con el maestro brasileño, también prodigio quien adaptó el handeliano Piangerò la sorte mía con dos solistas marca Casa Viena o el Gloria in excelsis de Vivaldi desde un piano-orquesta de toque propio y demasiado rápido. En algunas obras se les notó cansados, no por algunos solistas en ambas cuerdas (tienen un tiple increíble que brilló en tres de los cantos rusos) sino por un piano forte sin contemplaciones como en El café de Chinitas recogido por García Lorca, con atrezzo de taza y periódico al que se iba sumando un solista hasta los cuatro finales totalmente tapados por el brasileño, de espaldas a ellos.

Simpática lección coral infantil el “Contrapunto bestial”, verdadero festín animal de Banchieri (ca. 1568-1634), bien las Cuatro canciones rusas K28 de Stravinsky sin piano, sentidos los cantos religiosos del motete Cantate Domino (Buxtehude), Ave Verum Corpus (Poulenc), Salve Regina (Fux) y la casi póstuma Pequeña cantata alemana K619 (Mozart) en adaptación del austriaco Gerald Wirth (1965), autor igualmente de Carmina Austriaca –de similitud con los de Orff– en reducción pianística más percusión variada a cargo de cinco de los niños para la selección ofrecida, ya descansados para afrontar una segunda parte más variada y agradecida.

Momentos mágicos como el Gloria de Britten a ellos dedicado con un piano más discreto, el Die Kapelle del antiguo cantor Schumann y los cantos populares de Armenia (dispersos todos por el escenario aumentando sensación dinámica), Serbia (dos primeras de lujo) o Estiria, en Austria, sumándonos con las palmas, siempre mejor solos aunque con piano ayuda en afinación y presencia, dando un ropaje global, también menos trajín entre cuerdas (12+11), favoreciendo empaste y mayor claridad de emisión.

Para estos vieneses famosos no podía faltar algo de sus paisanos los Strauss, cuya popularidad máxima alcanzan el día de Año Nuevo (2012 y 2016 con Mariss Jansons para recordar los recientes), aquí piano en vez de orquesta con excelentes arreglos del citado Wirth: el conocido Vals del Emperador (Johann Strauss II), la polka En viaje de Vacaciones (Josef Strauss) y la ¿inesperada? propina de El Danubio Azul que levantó al público de las butacas, palmeando todos esa polka rápida con la que cerraron su gira en Oviedo, la Viena del norte español.

Viena y sus eternos cantores

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Domingo 25 de febrero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto extraordinario: «Europa, Europa». Niños Cantores de Viena, Luiz de Godoy, dirección y piano.

Reseña para La Nueva España publicada el lunes 26:

Los Cantores hacen historia

El coro infantil vienés, dirigido por Godoy, asombró en el Auditorio, repleto de público de todas las edades, con un concierto en el que recorrió distintos tiempos y lugares

Pablo Siana | 26.02.2018 | 17:52

Cuando una institución musical tiene tras de sí tanta historia y por la que han pasado muchos de los compositores que conforman su repertorio, es lógica la admiración y respeto hacia ella. Los Niños Cantores han cantado desde el siglo XIII siendo Maximiliano I quien los llevaría a la capital en 1498. Actualmente el coro lo forman 100 cantantes entre los 9 y 14 años, divididos en cuatro coros que dan casi 300 conciertos al año, llegando uno de 23 efectivos a Oviedo, con el brasileño Luiz de Godoy como maestro de coro y pianista, otro prodigio infantil al frente de esta excelencia vocal, finalizando una gira que denotó cierto cansancio en estos niños únicos, disciplinados y sacrificados.Y asombraron a un auditorio de todas las edades, con presencia de la Escolanía de Covadonga, y sin localidades libres cantando la historia coral universal de todos los tiempos y lugares.
Desde el inicial canon “O Virgo splendens” del Llibre Vermell de Montserrat (siglo XIII) que pasearon por las butacas al escenario, hasta obras de su compatriota G. Wirth (1965), arreglista y compositor de los «Carmina Austriaca», dos números recordando los de Orff, pasando por los folclores serbio, español de “El café de chinitas» recogido por Lorca , atrezzo incluido con suma de cuatro solistas imperceptibles con el piano, hasta el armenio donde los vieneses sí mostraron su excelencia, niños que solo crecen para la música. Godoy dirigió y acompañó con soltura además de presentar este viaje coral europeo.
Se ha dicho que cada cantor de Viena es un solista que convierte su cuerpo en un instrumento de sonido lírico, transparente, único e inspirador de los mismos compositores que agrandan su repertorio, Britten de lo mejor cantado con piano, Mozart, Schumann ideal “a capella” y tantos como este domingo pudimos disfrutar sin olvidar a la Saga Strauss de Emperador y las propinas del Danubio y polka palmeada con la que cerraron su gira en Oviedo, la Viena del norte.

Poca espiritualidad y ninguna inspiración

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Viernes 16 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: «Espiritualidad II», abono 6 OSPA, Marta Mathéu (soprano), Marina Rodríguez Cusí (mezzo), Evan Johnson (tenor), Joan Martín-Royo (barítono), Coro de la FPA (José Esteban G. Miranda, maestro de coro), Rossen Milanov (director). Obras de Haendel y Schubert.

Repertorio poco transitado con el título de «Inspiración II» en la revista, que realmente era «Espiritualidad II» según la propia web de la OSPA (ya renovada) con la vuelta del director titular al frente, volviendo a tener un día poco inspirado. Sobre la Música Acuática o Water Music de Haendel escribe ampliamente Joaquín Valdeón en las notas al programa (enlazadas en los autores al inicio de la página en Facebook© de la OSPA) optando según estaba previsto por la Suite nº 1 en fa mayor con la mejor formación para el Barroco que no debe  olvidarse, a base de la mejor plantilla para la ocasión, con la cuerda, clave, dúo de trompas y oboes más fagot. Desconozco la edición de bolsillo manejada por Milanov aunque los diez movimientos o aires de su elección no corresponden con lo anunciado en la programación de la revista ni se indican en la web, solo «selección de suites» (y cuyo orden siempre es orientativo) no coinciden con los habitualmente manejados y grabados, ni tampoco el espíritu del alemán nacionalizado británico. No se acertó tampoco con la combinación de tiempos, ritmos o compases contrastantes de este periodo y con poco rigor histórico los músicos se limitaron a las partituras sin brillar como era de esperar, sin la pulsión mecánica necesaria, aunque tuvieron momentos de lucimiento, destacando el trío de madera (que no necesita dirección) por la calidad que atesoran, dejándonos lo mejor de esta música real para disfrutar por el Támesis aunque el Gafo no sea navegable ni a nosotros se nos trate como reyes. Igualmente el excelente dúo entre Vasiliev y Corpus cuyos años de convivencia en esta orquesta les hacen entenderse mejor que muchos matrimonios. No puedo decir lo mismo de los dos bronces que decía Max Valdés porque no son los berlineses aunque lo intentaron pero sus errores «dan el cante» mucho más que algunas entradas irregulares de sus compañeros de escenario, por otra parte lógico ante las carencias en este repertorio que el titular sigue teniendo aún más acentuadas con el paso del tiempo. Así que este Handel al que Valdeón incluye en la «Categoría de honor» resultó pasado por agua e incluso soporífero para un público tan despistado que no aplaudió hasta bien finalizada la selección con el X (sin indicación de tempo) al igual que el III (¿?) según el programa (¡tampoco hubo diez movimientos!), algo por otra parte de agradecer en otros días donde las prisas impiden degustar los últimos sonidos de las obras aún vivas flotando en el aire.

Supongo que espiritualidad será religiosa porque no encuentro conexión entre el programa y su título, y de las nueve misas de Schubert se optó por la Misa nº 5 en la bemol mayor, D. 678, no precisamente la más agradecida para nadie y enormemente dura. De agradecer la colaboración abierta entre el CONSMUPA y la OSPA que permite la incorporación de 14 estudiantes (merece la pena escuchar la entrevista en OSPA TV) a estas grandes obras sinfónico corales y dejo la información colocada a la entrada del auditorio.

Por resumir la «versión» escuchada de la quinta misa de Schubert pienso que se optó por el trazo grueso, con un coro de 78 voces (46 blancas y 32 graves) nuevamente desequilibrado, más inseguro de lo habitual, abusando de los fuertes en intervenciones muy exigentes por la amplia tesitura y con pocos momentos para disfrutarlo «a capella» en una misa más como «puesta en escena» que realmente espiritual. El director búlgaro prescindió de batuta buscando la mejor comunicación aunque de nuevo el gesto no ayuda mucho al entendimiento con un coro al que han dirigido grandes y variadas manos, pero no les noto seguros con Milanov. La orquesta con el refuerzo estudiantil citado y cambiando clave por órgano, con timbales, trompetas y trombones a la derecha más trompas a la izquierda, tampoco tuvieron un buen día, faltó empaque entre las distintas secciones y el coro, navegando por este otro río a pasos y dinámicas distintas. Al menos los excesos fueron compartidos por ese afán en confundir lo monumental con lo fortísimo, olvidando que los recursos están para dosificarlos y no abusar de ellos pues hacen perder el efecto deseado.

Lo mejor de todo fue el cuarteto solista por calidad y empaste de voces tanto entre ellas como con el coro y la orquesta, dos ya conocidos en Oviedo como el barítono Joan Martín Royo o la mezzo Marina Rodríguez-Cusí (incluso coincidieron en Ariodante) junto a la soprano tarraconense Marta Mathéu espléndida de emisión, color y matices más el tenor norteamericano Evan Leroy Johnson que no desentonó en el cuarteto viniéndole muy bien la estancia europea donde el listón interpretativo es más alto que en su país (Milanov lo conoce de allá) como deberá ir comprobando, aunque no siempre triunfen los mejores.
El próximo viernes sí habrá «Inspiración II» porque tenemos estreno de Gabriel Ordás (1999) y su Onírico entre otras obras de las que María Sanhuesa hablará en la conferencia previa una hora antes «… entre la vigilia y el sueño».

In Memoriam Elena Herrera

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Viernes 9 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. «Sinfonismo británico«, OSPA, abono 5, Haochen Zang (piano), Carlos Miguel Prieto (director). Obras de S. Revueltas, S. Rachmaninov y W. Walton.
Pablo SIANA | 10.02.2018 | 04:09
El talento mexicano de Carlos M. Prieto le sienta bien a la OSPA.
Tras el paréntesis operístico, volvía la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) al Auditorio Príncipe Felipe para retomar su temporada de abono con el director Carlos M. Prieto y el pianista Hoachen Zhang en un programa colorista titulado “Sinfonismo británico” que tuvo sabor y homenaje mexicanos, pero también cubano (por Elena Herrera).

El concierto se inició con el particular Homenaje a Federico García Lorca de Revueltas. Un vehículo idóneo para los viajes emocionales de un compositor y un director que se encuentran en momentos distintos, bien entendidos por ambos en facetas complementarias que la OSPA, “de cámara” por número de efectivos, desveló con un acierto y un gusto bien explicados al inicio por el Maestro Prieto, y mejor interpretados con un excelente trompeta solista.

El primero de Rachmaninov, no tan popular como el segundo aunque igual de exigente para el solista chino (miembro de esa generación oriental que viene arrasando). Zhang estuvo asombroso en la expresión y además bien concertado por Prieto, que permitió al público disfrutar del virtuosismo efectivo y no efectista arropado por una orquesta inmensa en todos los sentidos. Y Mozart siempre es un buen regalo.

La primera sinfonía de Walton, más conocido por sus bandas sonoras y otro grande británico por vanguardista, nos trajo la mejor versión de una orquesta madura que afronta estos repertorios con solvencia y entrega cuando el podio conoce los secretos de partitura y formación. Un terremoto sonoro como la relación amorosa de Walton con la baronesa Doernberg, siempre británico por compostura y brillantez desde la ruptura contenida que el mexicano supo transmitir a una orquesta que con él suena de cine, majestuosa e imperial.

P. D.: El texto corresponde a mi reseña para La Nueva España sección Oviedo, de la  madrugada del sábado a la que desde casa he añadido mis fotos y los habituales «links» enlazando temas y autores, esta vez de las notas al programa publicadas en la revista 19 y el Facebook© de la OSPA escritas por Luis Suñén así como las entrevistas en el canal de YouTube© OSPATV al pianista y al director, antes del Carnaval.

Elena Herrera Peraza (Sancti Spíritus, 15 de agosto de 1948 – Oviedo, 9 de febrero de 2018).

Deuda saldada

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Jueves 8 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Khatia Buniatishvili (piano). Obras de Brahms, Tchaikovsky y Liszt.

Oviedo, Pablo Siana | 09.02.2018 | 03:45
Khatia Buniatishvili retornó ayer a Oviedo para ofrecer el concierto que, inicialmente previsto para el 3 de diciembre, tuvo que retrasar por una insuficiencia respiratoria acompañada de un proceso febril.
Un recital incluido en el programa de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”, que patrocina LA NUEVA ESPAÑA, y en el que la intérprete georgiana integró dos mundos: el íntimo, casi religioso, frente a la pirotecnia para todos los públicos.

En un concierto rebosante de música, Khatia Buniatishvili se empleó con elegancia y equívoca facilidad por la sencillez, llena de delicada fortaleza.

Su pieza inicial, la Sonata para piano nº 3 en fa menor de Brahms, precisa de una madurez que a la georgiana le viene por genética. La pianista deleitó en sus cinco movimientos diferentes y únicos. En el primero, un Allegro maestoso, ofreció una arrebatadora entrada, acallando aplausos y pasión como el rojo vestido que apenas dio tiempo a digerir. En el segundo, Andante espressivo, rindió un íntimo tributo a las otras “B” (Bach y Beethoven) por un Brahms con la óptica femenina, también “B” mayúscula, de Buniatshvili, pero minúscula por bostezo y carraspeo, cuando no tos nada griposa sino de aburrimiento, por parte del público no preparado para esta sonata exigente. Una parte del público a la que el tercero, Scherzo: Allegro energico – Trio, provocó un despertar con volúmenes amplios y abrumadora limpieza.

El cuarto movimiento, Intermezzo: Andante molto, otra interiorización y tributo de Brahms a “la quinta” de su adorado sordo, fue dinámico, delicado y arrebatado en esa mezcla que Buniatishvili domina desde su técnica y musicalidad asombrosa previa al quinto, Finale: Allegro moderato ma rubato, como esperado fin de trayecto en una primera parte locuaz pero introvertida. Como los propios gestos de la giorgiana.

Chaikovski es seguro de triunfo sobre todo su Cascanueces cuya suite el también virtuoso M. Pletnev (conocido en Oviedo) arregló en siete números donde de las danzas hizo Buniatishvili virtud al piano recreando sonoridades propias más que orquestales por matices y velocidades diversas.

Y cerrando velada el Liszt endemoniado, siempre cortando aplausos, sin rodeos ni poses o tics, apurando respiración, primero el Vals Mephisto nº 1, del paraíso perdido al abismo emocional, implosión y explosión virtuosa antes de apurar la Rapsodia española, S.254. Tributos de húngaro y georgiana a nuestra música más que la jota, con visiones internacionales donde los dedos se entrenan pero la mente sigue dominando.

Kathia Buniatshvili, KB para abreviar, asombrando como siempre, aún nos regaló un poco de la Rapsodia húngara y mucho del otro KB, el “Kantor Bach” con un Coral que de nuevo puso a Oviedo en el mapa de la música.

P. D.: El texto corresponde a mi reseña para La Nueva España (en la edición digital solo para suscriptores) de la  madrugada del viernes a la que desde casa he añadido mis fotos, salvo la indicada que ilustraba el periódico, y los habituales «links» enlazando temas y autores.

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