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Temple germano

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Miércoles 23 de enero, 20:00 horasOviedo, Conciertos del Auditorio: Philharmonisches Staatsorchester Hamburg, Veronika Eberle (violín), Kent Nagano (director). Obras de J. Rueda (1961) y J. Brahms (1833-1897).

Crítica para La Nueva España del viernes 25, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva

Miércoles de carreteras cortadas por tormentas y lluvias torrenciales donde el chaparrón musical vino desde Hamburgo, su orquesta filarmónica con sede en la nueva Elbphilarmonie y el titular desde 2015, un angloestadounidense de origen japonés, Kent Nagano, sumándose la también alemana Veronika Eberle más un Jesús Rueda cuya Stairscape, estrenada el día antes en Madrid, se inspira en Brahms siendo encargo de Ibermúsica a propuesta del propio Nagano, redondeando una velada para el recuerdo con sabor germano.

La breve “introducción” del español bebe de la cuarta sinfonía y no desmereció en nada contando con la misma plantilla utilizada en la obra que ocuparía la segunda parte sin perder el sello personal del que ya hemos disfrutado en Asturias con la OSPA, corroborando la excelencia sinfónica de los hamburgueses y la mano izquierda del californiano manejando dinámicas y planos sonoros con la maestría de las leyendas de mi época.

El Concierto para violín en re mayor, op. 77 de Brahms sonó en el Stradivarius Dragonetti (1700) de Veronika Eberle presente, nítido, virtuoso, concertado en comunión con Nagano siempre atento a la solista, manteniendo el temple en volúmenes pese a ser como una sinfonía con(tra) violín, tiempos contenidos en cada uno de los tres movimientos para apreciar cada detalle, saboreando las cadencias que llenaron el auditorio de color instrumental para delinear cada melodía en una interpretación madura, fresca, bien entendida por director y violinista. Sonido aterciopelado, “pianissimi” que acallaron toses y paraguas caídos, alegría de vivir especialmente en el conocido Allegro giocoso ma non troppo vivace verdaderamente delicioso. El regalo todavía más sabroso por original, Andante dolce de la Sonata para violín solo, op. 115 compuesta por el francés Frédèric Pélassy (1972), nueva apuesta por la música de nuestro tiempo con calidez y calidad (como Rueda).

Segunda parte plena con una inmensa Cuarta sinfonía en mi menor, op. 98 del indeciso Brahms al que nadie niega hoy en día su grandeza. Digno sucesor de Beethoven, admirador de Mozart, enamorado de Clara Schumann, su última sinfonía es como un testamento orquestal sin poder componer una quinta que igualase al dios de Bonn; usará una gran plantilla para una “estructura académica” de cuatro movimientos llenos de sorpresas formales y tributo a sus grandes predecesores, dotándola de un sello propio que le ha dado la popularidad actual. La Filarmónica de Hamburgo resultó humana con calidad casi estratosférica, no importó algún golpe de timbal adelantado (¡tocando de memoria toda la sinfonía!), una trompeta titubeante ante la exigencia de volúmenes mínimos o el movimiento final donde el maestro Nagano en un “izquierdazo” tirase las partituras del concertino, que mantuvo el temple sin dejar de tocar mientras la ayudante recogía rápidamente el desaguisado. Germanos magníficos bien llevados por un titular que ejerce como tal, sacando lo mejor de esta formación histórica sin desmerecer otras de su país. Un placer comprobar el vigor de cada movimiento, los “calificativos” aplicados con rigor en la batuta de gestualidad clara pero donde manda la mano prodigiosa, natural: rápido pero no demasiado, tranquilo moderado, gracioso, o enérgico y apasionado tal como rezan las indicaciones de los cuatro movimientos brahmsianos, degustando cada sección de exquisitez sonora, escuchando todo lo escrito limpio y en su sitio.

Emociones equilibradas para una Cuarta repleta de sensaciones. La colocación de trompas a la derecha, timbales a la izquierda, maderas y metales centrados en tres filas, violas y chelos permutados, violines envidiables más una plantilla donde los nueve contrabajos dan idea de la masa sonora dotada de la redondez que dan los graves, otorgando una amplia paleta dinámica controlada por Nagano, ofreciéndonos una interpretación para recordar.
De propina, tras las palabras en español de agradecimiento, música “pop” con unos cantos de los marineros de Hamburgo en arreglo del contrabajo solista Gerhard Kleinert, dando de nuevo un toque actual y ligero tras el peso de Brahms.

Grandes orquestas, directores legendarios y solistas de fama mundial siguen colocando Oviedo en el mapa musical, “La Viena del Norte” español que es envidia nacional.

Reiniciando conciertos

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Viernes 18 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Mensajes ocultos», abono 4 OSPA, Adolfo Gutiérrez Arenas (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Ravel, López Estelche y Elgar. Entrada último minuto: 16,15 €.

Nada mejor que poner el contador a cero y reiniciar mi año 2019 de conciertos saldando una deuda pendiente desde junio pasado como el estreno del Concierto para violonchelo (2017) de Israel López Estelche, aún mejor pudiendo escuchar al propio compositor en la conferencia previa contarnos en primera persona sus fuentes de inspiración, su formación, su honestidad, su búsqueda de un lenguaje propio, su proceso compositivo teniendo siempre en mente el destinatario del mismo, Adolfo G. Arenas, y añadiendo unas notas al programa del propio cántabro, enlazadas arriba en los compositores (con humor confesaría dejar de ser un joven compositor al pasar la barrera de los 35 años) completando un crucero cantábrico que bien podía partir de San Juan de Luz, recalar en Santoña y finalizar en Plymouth.

Tras un minuto de silencio en memoria del recientemente fallecido Vicente Álvarez «Tini» Areces, quien fuese alcalde de Gijón, presidente del Principado y senador por Asturias, a quien se le dedicó el concierto (también el día anterior en Gijón) tuvo desigual respuesta entre el público (sentados o en pie y aplausos finales), comenzando esta singladura del «crucero OSPA» capitaneado por Milanov en su última temporada que se organizaba a la forma tradicional, situando el concierto con solista en medio de las obras sinfónicas, música para disfrutar de una plantilla ideal (Elena Rey concertino invitada en este de abono, tras la jubilación de mi querido Vasiliev) con un repertorio donde el búlgaro se mueve cómodo aunque su estilo siga siendo peculiar, mejor cerrar los ojos y dejar que todo fluya.
Así comenzaba la velada con esos «cuentos sinfónicos» de Perrault que Ravel originalmente compuso para dos pianosMa mère l’Oye, una suite de 1911 con una instrumentación brillante del vascofrancés que permitió lucirse a una orquesta siempre poderosa y sedosa a la que le faltó precisión en el podio para encajar sobre todo los cuentos rápidos con una percusión que no pudo mandar como hubiese deseado, pero con momentos mágicos como Laideronnette, impératrice des pagodes. El cuento está perfectamente ilustrado, colorido pero donde el narrador no pareció convencer a este niño por la falta de la inflexión de voz necesaria, un verdadero actor que haga creíble el relato. Salvando las distancias me hubiese encantado escucharlo por Fernando Rey.

El Concierto para violonchelo de Israel López Estelche es un encargo de la SGAE y AEOS a través de la OSPA financiado con la Beca Leonardo de la Fundación BBVA y supone palabras mayores en el amplio catálogo del compositor cántabro, tanto por su duración (más de treinta y tres minutos) como por el despliegue instrumental siempre mimando a un instrumento tan lírico como el violonchelo que en las manos de Adolfo Gutiérrez Arenas realmente cantó con un lenguaje ya plenamente propio de López Estelche. Su estilo sigue joven pero alcanzando una madurez fruto de un trabajo incansable, conocimiento orquestal en todas las secciones y una técnica compositiva que permitía escuchar los elementos brindados por el solista a las distintas familias para armar un concierto de tres movimientos sin pausa plenamente identificables tras las «pautas» dadas en la conferencia. En palabras de un amigo común «dominio del trabajo motívico, de la orquestación, del lenguaje del violoncello… qué capacidad para conectar con el público sin renunciar a un estilo propio«.
La riqueza tímbrica es tal que de la percusión saca colores únicos al utilizar el arco en las láminas además de los platillos, varios gongs, celesta, las dinámicas siempre en su punto para mantener el protagonismo del cello, el lirismo que ya disfrutase en Victoria’s Secret con la OFil aún se vuelve mayor en una música sin palabras que utilizando todos los recursos del violonchelo es capaz de hacernos vibrar con la cuarta cuerda o hilvanar unos agudos unidos a los primeros violines en perfecta e inapreciable melodía que va creciendo según van sirviéndose los elementos para conformar toda la trama. La cadenza antes del último «movimiento» nos regaló el mejor Gutiérrez Arenas, el camerístico que mima el sonido del Francesco Ruggieri (1673) que lo deja flotar en el ambiente saboreando armónicos para coronar una primera parte volcado en esta obra exigente hecha a medida, y a la que solo faltó una propina, porque el público obligó a saludar a solista y compositor varias veces tras un estreno (el absoluto fue el día anterior en el Jovellanos gijonés) que tiene por delante muchas más alegrías y la AEOS supongo programará en sus orquestas. Al menos quedó registrado para Radio Clásica y podremos repetir la escucha.

Las Variaciones «Enigma», op. 36 (Elgar) sería la última escala británica de este crucero del viernes, los catorce números donde emerge siempre impresionante el noveno, ese Adagio «Nimrod» que nuestra OSPA elevó al paraíso sonoro con la cuerda aterciopelada que mantiene las calidades de siempre. Unas variaciones con distintas emociones que han demostrado que para el titular el compositor inglés es uno de sus compositores preferidos, desvelándome el «enigma» que tuve estos años siguiéndole: la batuta nunca firme ni clara resultó cual cucharón de madera removiendo el guiso, aunque haya tenido platos pasados de cocción y otros crudos. Por lo menos el menú de «mi despedida búlgara» lo sirvió en su punto, equilibrado, disfrutando de unas dinámicas delicadas y mimando la obra en su totalidad, aunque no sea de «estrella Michelín«.

La próxima semana será femenino singular con la soprano tarraconense Marta Mathéu y el regreso de la polaca Marzena Diakun en la dirección con «Canciones eternas» y conferencia previa de María Sanhuesa (Confesiones a cinco). Intentaré escaparme y contarlo desde aquí.

Flores de Pascua musicales

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Jueves 13 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Isabel Villanueva (viola), Oviedo Filarmonia, Yaron Traub (director). Obras de I. López Estelche, W. Walton y Beethoven.

En la temporada del 20 aniversario de la OFil, pasamos en dos semanas de los «Buenos modales» anteriores a unas «Flores de Pascua«, ambas con Marina Gurdzhiya de concertino, que anuncian la Navidad, tanto en la decoración del frontal escénico como por un programa que sigue organizándose como hace doscientos años y que podría haberse invertido cronológicamente comenzando con la sinfonía, seguir con el concierto solista y terminar con el estreno, aunque por las fechas debo reconocer que «La séptima» del sordo de Bonn es mejor que un villancico e incluso eleva los ánimos de todos, público e intérpretes.

Dicho lo anterior, el estreno absoluto de Victoria’s secret for orchestra del compositor de Santoña Israel López Estelche (1983) podría haber sido el remate a este concierto casi navideño porque es un regalo seguir componiendo y además inspirado en nuestro gran Tomás Luis de Victoria. El toque humorístico no falta ni en el título, que induce a pensar en lencería y ángeles más que en el genio abulense de nuestro Siglo de Oro musical. En las notas al programa el doctor Julio R. Ogas explica la génesis de esta obra «los motetes policorales de Tomás Luis de Victoria «Magnificat Primi Toni» y «Regina Caeli Laeteram» constituyen “la huella de una escritura anterior” sobre la que se plasma la nueva composición, como si de un palimpsesto se tratara«, dividiendo en dos la orquesta jugando con la ubicación del viento y los metales no solo buscando sonoridades organísticas sino todo un mundo tímbrico inspirado en el mundo renacentista y tridentino de Victoria. Porque las melodías de las que parte Israel son modales y los ritmos puramente medievales y no el tactus para una orquesta actual (muy interesante el colorido de la marimba o el arpa) que plantea al oyente unas texturas verdaderamente originales.

Hubo que aparcar el estreno del concierto de cello con la OSPA y Adolfo G. Arenas que espero se retome en el año que comienza, pero López Estelche sigue trabajando duro y asentándose con unas ideas propias plenamente exportables a más formaciones orquestales siempre que los directores también quieran implicarse. La OFil con el maestro Traub fueron el instrumento perfecto de este «secreto de Victoria» triunfante que obligó al compositor afincado en nuestra tierra a subir dos veces para recoger el aplauso de un público que ocupó tres cuartas partes del Auditorio, más que otras «titulares» del recinto.

Con ganas de volver a escuchar a la violista Isabel Villanueva y el hermoso Concierto para viola y orquesta de Walton no defraudó en ninguno de los tres movimientos, contando con un excelente concertador en el maestro israelí de gesto claro, preciso, aunque por momentos la sonoridad de la viola quedara «tapada» por una orquesta más cómoda que hace diez días. El color de este instrumento en manos de la virtuosa pamplonica es indescriptible, menos hiriente que el violín y cual chelo agudo en un registro diría que de mezzosoprano cual voz natural femenina, y así hace sonar la viola Villanueva desde el Andante comodo solo de indicación, contrastes constantes casi preparando el movimiento central impactante del Vivo, con moto preciso, un verdadero lujo ver y escuchar esa viola sobrevolando la masa orquestal en momentos precisos y fundida con ella en los otros, con un Traub atento a todo antes del último Allegro moderato. Belleza inglesa este concierto casi de banda sonora donde las imágenes podemos añadirlas nosotros o simplemente dejarse embriagar por la belleza que recoge.

Un verdadero regalo la versión de la Nana de Falla intimista, sin toses y cortando el aire de la sala desde esa voz de mezzo que suena con la viola de Isabel Villanueva, sola ante la inmensidad y arrullando una tarde que resultó florida musicalmente.

Al finalizar el concierto discrepaba con un amigo de siempre sobre la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 (Beethoven) y mi apreciación quiero ceñirla a la plantilla con la que se cuenta, perfecta para todo este programa de Santa Lucía, buscando Yaron Traub un color homogéneo sin estridencias, jugando con las dinámicas hasta un nivel comedido y contenido pese a ser Beethoven, optando más por Ingres que por Delacroix, dos visiones coetáneas desde el neoclasicismo hasta el romanticismo, tonos apastelados huyendo de fuertes contrastes y eligiendo los tempi perfectos al ser conocedor de los posibilidades de esta orquesta ovetense similar a la bilbaína que tan bien trabaja.

Cada uno de los cuatro movimientos dieron el aire indicado literalmente, las dinámicas escritas sin pasarse al fortissimi los metales, pudiendo escuchar cada línea melódica limpia al retener velocidades y volúmenes. Elegancia desde la contención, como las flores de Pascua, rojo presente sin fuego, ornamento ideal para un maestro veterano que conoce el material humano y musical antes de subirse al podio, dejando fluir la música y lucirse en obras como esta sinfonía a la que Mocedades también se atrevió a ponerles letra y arreglar (?) para llegar a todos los públicos. Esta vez no hizo falta semejante osadía y «la séptima de Beethoven» volvió a triunfar dignamente.


Aprovecho desde aquí para desear a todos mi lectores unas muy
Felices Fiestas

Buenos modales

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Sábado 1 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de piano «Luis G. Iberni». Kun-Woo Paik, piano, Oviedo FilarmoníaCarlos Domínguez-Nieto (director). Obras de Beethoven y Tchaikovsky.

Para empezar el último mes nada mejor que dos obras conocidas y también en cierto modo cerrando producciones como el «Emperador» de Beethoven y la «Patética» de Chaikovsky, lo que trajo buena entrada al auditorio carbayón aunque personalmente me dejase ciertos sinsabores por la sensación de falta de entendimiento y mando en la línea de la siempre necesaria «dictadura musical» donde no hay consensos ni buenos modales en pos de una interpretación y no la suma de ellas. Me recordó aquel chiste donde dos gemelos no acababan de salir al mundo porque eran tan educados y «pasa tú primero» les llevaba a continuar en el seno materno.

El coreano Kun-Woo Paik, solista del Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73 “Emperador” (L. van Beethoven) se presentó con sonido amplio y delicado aunque sin entendimiento con el director invitado Carlos Domínguez-Nieto, titular de la Orquesta de Córdoba, primero por una clara discrepancia de tempi entre ambos, lo que de entrada sonaba chocante, sumando una fuerte indecisión en cada entrada orquestal, tardando siempre en arrancar cada movimiento o post cadencias hasta que de nuevo alcanzaba la «velocidad crucero». Tampoco se cuidaron los planos orquestales, demasiado discretos para este emperador que se quedó en principesco por no decir claramente republicano. El Allegro inicial fue irregular de principio a fin, incluso «pisando» orquestalmente el final de una de las cadencias, un poco más agradecido el hermosísimo Adagio un poco mosso que nos dejó disfrutar del aterciopelado sonido del coreano y la transición al Rondó-Allegro non troppo con los mismos modales ya comentados, caminos paralelos sin decisiones ni mando que impidieron una interpretación más acorde para una orquesta madura de veinte años capaz de desenvolverse en todos los repertorios. Recordar una de las definiciones de «concertar» como acordar, lo que debe hacerse en los ensayos y tenerlo claro para darle la forma definitiva con el público.

La obra orquestal «póstuma» de P. I. Chaikovsky, su Sinfonía nº 6 en si menor, op. 74 “Patética”, es un caramelo ¿envenenado? para todo director y orquesta por su magnitud, abanico tímbrico y dinámico, casi el cierre de temporada por efectivos y efectividad donde el público sigue aplaudiendo al final del tercer movimiento Allegro molto vivace por colocar el genio ruso a continuación el último Finale: Adagio lamentoso.

Si en Beethoven los modales fueron buenos pero ineficaces, de nuevo en esta Patética faltó decisión en los arranques, como si la potencia o el gesto no llegase limpio al destinatario, claridad en la agógica, más intensidades y otros balances que diesen luces más allá de las sombras, que de todo tiene esta última sinfonía. Cierto que hubo secciones que brillaron como en ellas es habitual (los cellos especialmente) pero faltó más plantilla, al menos contrabajos que den el necesario sustento grave a esta maravilla orquestal, más presencia a unos metales que se contuvieron en pos de una versión algo descafeinada pese a la belleza, y una dirección memorizada pero sin gancho. Hay obras que gustan tanto que la ilusión pone lo que la realidad niega. Lástima porque el concierto prometía y se quedó demasiado en lo superficial.

Para Santa Lucía volverá Beethoven con su séptima en la OFil con un Yaron Traub de más peso directorial y la violista Isabel Villanueva y el concierto de Walton que tanto éxito le está trayendo, sin olvidarme del estreno de Israel López Estelche, otro más de este cántabro muy ligado a nosotros y que sigue su incansable labor compositiva recompensada con la escucha, a lo que todos aspiran y el público también necesita. Espero contarlo desde aquí, como siempre… ahora con muletas.

Mayúsculas íntimas

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Miércoles 28 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano Luis G. Iberni: Piotr Anderszewski (piano). Obras de J. S. Bach y Beethoven.

En música las tres B mayúsculas las asociamos con Bach, Beethoven, Brahms, y los dos primeros serían los protagonistas del concierto que el pianista polaco-húngaro presentó en Oviedo, ampliando una primera parte que en principio se quedaba «corta» al ofertar tres -después serían seis- preludios y fugas del segundo libro de El clave bien temperado. Las notas a programa de Luis Gago se titulaban «Non Plus Ultra» aunque el recital lo dejaré en personal, pues así entendí la visión de un intérprete que tiene querencia por algunas obras y que afronta esa biblia del músico que es Bach con limpieza exquisita pero algo enfocada por un pedal «sui generis» en un concepto global muy romántico, como si la primera parte fuese preludio de «las Diabelli» sin entender tampoco el criterio en la elección de unas obras concretas así como su orden en el discurso musical, amén de los errores en los números de catálogo o tonalidades dentro del programa inicial y de la hoja añadida que descubrí al finalizar el concierto.

De los seis preludios y fugas no hubo un orden armónico, cronológico ni temático como tampoco en los iniciales tres, y de ellos me quedo con su interpretación contrastada sobre todo en las dinámicas casi extremas donde el éxito se alcanzó con los pianissimi íntimos capaces de acallar toses y respirar con Anderszweski. Personalmente tuvimos hace casi cuatro años nuestro doctorado de melómanos y seguidores de Bach con Pierre-Laurent Aimard que nos dejó casi tan exhaustos com él mismo, un monumento sonoro e interpretativo de que adoleció el polaco. Aportar algo personal a Bach no está al alcance de todos aunque se tenga la técnica necesaria para afrontarlo y creo que es la razón por la que no se escucha habitualmente en concierto. Los preludios resultaron algo desconectados de sus respectivas fugas en cuanto a intención aunque las segundas siempre sonaron limpias y haciéndonos cómplices de su discurso, pero por momentos parecían sonar lejanos, de otros tiempos remotos, por lo que me limité a degustarlos sin más emoción que la ir sorprendiéndome según aparecían. La crítica destaca del pianista polaco la «intensidad y originalidad de sus interpretaciones», y «su
fuerte personalidad artística», así que no estaba muy descarriado.

Pequeña conversación al descanso sobre filosofía y música desde mi silla de ruedas, que voy aparcando poco a poco desde este último miércoles de noviembre, me hicieron pensar sobre introversión bachiana y extroversión beethoveniana, implosión y explosión, decantándose siempre por lo segundo según iba escuchando esas 33 variaciones sobre un vals de Anton Diabelli, op. 120. Desde mis tiempos de estudiante reconozco que buscamos obras que nos gustan y luego no podemos, encontramos otras que terminan cautivando y una extraña sensación, mayor como público, de obras que se cruzan en tu vida. Supongo que esta opción debió ser la de Anderszweski pues las ha grabado en audio, documental y es obra habitual en sus recitales, densa pero asumida como propia de nuevo por su forma de afrontarlas sin esconder nada intrínseco al Beethoven del piano. Nadie mejor que el propio Gago para explicar estas «Variaciones Diabelli» de las que escribe: «una gigantesca metamorfosis, una transformación de proporciones colosales (…) unas variaciones que remiten al inicio de otras variaciones, como si Beethoven quisiera entrelazarlas simbólicamente, con ambas remitiéndose una a otra en una suerte de eterno retorno». Puede que esa media docena de preludios con su fuga correspondiente fuesen como variaciones que nos llevasen a las otras con la visión del genio de Bonn sobre el Kantor de Leipzig y leídas por un intérprete de origen húngaro igualmente universal como ellos, intentando beber como casi todos los polacos de la fuente más cercana en busca de la verdad que en música nunca es total pero siempre será personal y entregada como en el caso de Piotr Anderszweski.

De regalo más Beethoven, la primera de las seis Bagatelas op. 126, misma sonoridad y sentimiento, casi intimidad en toda la velada, personal y solo apto para paladares delicados en un auditorio con excelente entrada para un piano solo, donde la palabra «bagatela» no refleja esta pequeña joya del irrepetible sordo enterrado en Viena.

Este primer sábado de diciembre tendremos más Beethoven en el Auditorio, el Emperador con Kun-Woo Paik de solista Oviedo Filarmonía celebrando 20 años y Carlos Domínguez-Nieto a la batuta, que espero contar desde aquí.

Terapia de cámara

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Miércoles 7 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Judith Jáuregui, piano, Cuarteto Signum. Obras de Dvorak y Schumann. Entrada anfiteatro: 16€.

Primera salida de casa tras mi percance pero la cita con mi admirada y querida donostiarra Judith Jáuregui merecía el esfuerzo, más inaugurando las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» en la temporada de los 20 años, y mimando la llamada «música de cámara», verdadera escuela para público e intérpretes en formato de quinteto de piano con cuerda, el complemento ideal en texturas e intenciones por el que los grandes compositores han transitado, caso como banco de pruebas para «formas mayores» exigiendo por parte de los intérpretes una común unión de intenciones, mutuo reconocimiento y mucho amor por la música. Así lo entiende hace tiempo Judith que con los germanos del Cuarteto Signum ha encontrado la quintaesencia camerística debutando juntos en «La Viena del Norte» con dos grandes como Dvorak y Schumann, por quienes en solitario o dúo siente verdadera devoción y ahora con estos dos quintetos escuchados en Oviedo sube otro escalón en una carrera imparable y espléndida de una pianista integral que ya estuvo en estas jornadas hace siete años y cinco veranos con la OFil, sin olvidarme de su paso por la Sociedad Filarmónica Ovetense con el astur-alemán Adolfo G. Arenas en enero de 2013. En Gijón tuve una ocasión más de disfrutar su arte así como en mis escapadas a Musika-Música en el Euskalduna bilbaíno. El Signum Quartett está formado por Florian DondererAnnette Walther, violines, Xandi van Dijk, viola y Thomas Schmitz, violoncello.


Primera parte con Antonin Dvorak y su Quinteto para piano y cuerda nº 2 en la mayor, op. 81, arrancando con el piano que marca aire en el Allegro ma non tanto inicial pero también intenciones, diálogos, empastes no ya de este cuarteto alemán con largo recorrido que le otorga ese carácter unitario, sino del piano con la cuerda en esa escritura tan eslava y cargada de un romanticismo nunca afectado por el toque folklórico. Calidades solistas además de conjuntas que afloraron aún más en el segundo movimiento, Dumka: andante con moto de una hondura y belleza indescriptibles, «lamento» dvorakiano preparando el contraste anímico del Scherzo (Furiant): molto vivace, danza mágica de tímbricas muy logradas, como en todo el quinteto, una pulsión compartida y el brillo amplio como los matices desde una limpieza envidiable para un quinteto que debuta. El Allegro final el broche impetuoso pero contenido, aires schubertianos y checos, muestrario de presencias individuales y conjuntas que suponen un timbre único en la propia formación, el quinteto para pino y cuerda, autónomo pero con un mismo corazón.
La segunda parada obligada el alemán Robert Schumann y su Quinteto para piano y cuerda en mi bemol mayor, op. 44. piedra filosofal de esta formación, la mejor seña de identidad y examen exigente para quienes afrontan esta maravilla camerística. Allegro brillante sin concesiones desde el primer ataque conjunto, vivo, delicadezas en el piano y el cello, perlas en los violines más las flores desde la viola en un mensaje a Clara Wieck del enamorado Robert. Mi admirado Ramón Avello explica perfectamente en las notas al programa el trasfondo, pero esta música no tiene palabras, solo dejarla fluir, disfrutarla. En el escenario había química y se trasladó a un auditorio con mayor entrada de la esperable pese a coincidir otro concierto en la calle Mendizábal. El segundo movimiento con aire fúnebre In modo d’una maarcia. Un poco largamente fue conmovedor, desgarrador en cada instrumento cantado, marmóreo el conjunto pero con la maestría barroca del acabado casi etéreo y carnoso, paso lento con luces de esperanza global antes de recordarnos un final claro que consiguió un silencio respetuoso para disfrutar todavia más de la amplia dinámica de este quinteto. Apenas otro respiro hacia el tránsito vibrante, ascendente, valiente y esperanzador del Scherzo. Molto vivace, desde el piano pasando por las escalas del cuarteto, uniendo intenciones y emociones vitales, virtuosismo al servicio de la música, las frases dialogadas, los conjuntos, la riqueza de matices y la búsqueda de una textura propia. El Allegro ma non troppo final reincidió en calidades y cualidades, individuales y colectivas porque este quinteto además de todo un reto supone un regalo cuando se encuentran los resortes para emocionar, feliz confluencia y encuentro de intérpretes jóvenes además de maduros, JáureguiSignum que todavía darán muchas más alegrías tras esta salida ovetense que todos recordaremos, ellos y nosotros. En mi caso una terapia de cámara mejor que de cama.

El concierto real, por adelantado | El Comercio

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El Coro de la Fundación Princesa y la OSPA interpretaron el ‘Stabat Mater’ de Rossini bajo la dirección de Milanov
— Leer en www.elcomercio.es/premios-princesa/concierto-real-adelantado-20181018001507-ntvo.html

Programa para celebrar 20 años

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Oviedo sigue siendo «La Viena del Norte» español, y los Conciertos del Auditorio junto a las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» llegan a sus veinte años con una programación muy completa que hará las delicias de todos los melómanos no solo asturianos sino de los muchos que acuden a la capital del Principado ante su excelencia musical que también tiene una Primavera Barroca camino de los seis años, más ópera y zarzuela en su amplia oferta junto a un festival de verano próximo a comenzar que busca también un hueco estival en los museos arqueológico y de Bellas Artes, incluso un concierto de órgano en La Corte, todo citas para apuntar en las agendas.

De los pianistas que siguen sumando a la amplia nómina que Oviedo ha tenido siempre a lo largo de su dilatada historia, para la temporada extraordinaria de los 20 años las jornadas que llevan el nombre de nuestro recordado Luis Iberni contaremos con la donostiarra Judith Jáuregui que continúa asentando una carrera internacional de primera sin olvidarse de nuestra tierra que lleva visitando hace años en distintos ciclos, abriendo las jornadas con el Cuarteto Singnum en noviembre, continuando con Piotr Anderszewski, el surcoreano Kun-Woo Paik con la Oviedo Filarmonía (OFil), orquesta residente del ciclo, un marzo con el siempre esperado San Sokolov en solitario o Daniil Trifonov nada menos que con la orquesta del Mariinski de San Petersbrugo y Valeri Giergiev a la «batuta», para ir avanzando primavera con Javier Perianes en solitario, otro pianista conocido y querido en Asturias, y mi adorada Gabriela Montero en mayo a dúo con el chelista Gautier Capuçon, pareja reconocida que se unen en un broche de oro a estas jornadas.

En el ciclo paralelo (conjunto para quien quiera abonarse a ambos) de los Conciertos del Auditorio , las grandes voces tienen su terreno propio junto a distintos solistas instrumentales y formaciones orquestales de alto voltaje. Del universo lírico abrirá temporada en octubre Gregory Kunde que sigue disfrutando de una segunda juventud, las sopranos Patricia Petibon con La Cetra y Andrea MarconJulia Lezhneva o Ermonela Jaho con la OFil en febrero y abril respectivamente, con Michael Antonenko dirigiendo a la primera y compartiendo programa con el tenor Benjamin Bernheim la segunda, otro más de los conocidos como el tenor Ian Bostridge con Fabio Biondi y Europa Galante, o la estrella de los contratenores Philippe Jarouskky que vuelve a Oviedo, esta vez con el Ensemble Artaserse, para cerrar temporada con el concierto extraordinario de Juan Diego Flórez y Vincenzo Scalera al piano.
Tomar nota de los instrumentistas de altura como la violista Isabel Villanueva que actuará con la OFil y Yaron Traub a la batuta, la violinista Veronika Eberle con la Filarmónica de Hamburgo y el incombustible Kent Nagano en la dirección, o la virtuosa Hilary Hahn con la Filarmónica de Radio Francia y Mikko Franck; el flautista Emmanuel Pahud vendrá con la Orquesta de Cámara de París y el director escocés Douglas Boyd, el chelista Nicolas Altstaedt que también hará de director con la OFil, más la esperada visita de la Gustav Mahler Orchestra con la dirección del excelente Jonathan Nott y la participación del Coro de la FPA, sin dejarme en el tintero el regreso de René Jacobs que nos traerá un cuarteto vocal con su Orquesta Barroca de Friburgo y el RIAS Kammerchor de Berlín, uno de los mejores coros del mundo, en un mes de mayo para no perdérselo.

En pleno verano, al menos de calendario, felicitar a la organización de estos conciertos y tocando madera para evitar cancelaciones que en el mundo musical son más frecuentes de lo deseado trastocando el trabajo de meses y obligando a encontrar otras fechas o intérpretes que no siempre son igual de bien recibidos aunque seamos comprensivos.

Apasionada “Trágica” mahleriana

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Viernes 22 de junio, 20:00 horas. Día Europeo de la Música, Auditorio de Oviedo: OFIL (Oviedo Filarmonía) y OSPA (Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias), Pablo González (director). Mahler: Sinfonía nº 6 en la menor, “Trágica”. Entrada 5€.

Crítica para La Nueva España del domingo 24, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva:

El tiempo de Mahler llegó a nosotros antes de lo que el propio compositor imaginó, siempre amado o denostado, exigiendo de todos un esfuerzo mayor o menor más allá de las sensaciones personales. Una lástima que el auditorio no tuviese mayor entrada celebrando un día después la fiesta europea de la música con un espectáculo único y al alcance de todos, reuniendo de nuevo un centenar largo de músicos de las dos principales orquestas asturianas (OSPA y OFIL) con un director de casa como Pablo González empeñado en un apostolado mahleriano con el que prosigue una carrera internacional de la que nos hace partícipes a sus paisanos continuando la “Resurrección” de 2017 y a la espera de “Los Mil” en un futuro espero no muy lejano.

Unir fuerzas siempre es tarea ardua, más en la música, pero «la única Sexta, pese a la Pastoral» que diría Alban Berg, es esta “Trágica” ideal para pulsar el estado de dos formaciones que siguen convergiendo en su crecimiento, primero el Wagner del Campoamor con García Calvo, después este Mahler del Auditorio con González Bernardo, gracias a estas dos batutas españolas, preparadas, convencidas y defensoras de la calidad desde un trabajo serio que siempre contagia pasión. El carbayón ha crecido entre grandes y Mahler sigue siendo referente de una dilatada trayectoria a la que todavía le queda mucho recorrido tras su paso como titular de la OBC (Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña); volver a casa y reunir a OFIL y OSPA es un reto al alcance de pocos, no ya musical sino de liderazgo para aunar sentimientos, superar egos, romper asperezas y defender una obra de tanto calado como la sexta del bohemio. Si hace un año aplaudíamos el esfuerzo y magisterio de mi tocayo para alcanzar una sonoridad propia desde dos grandes orquestas, la reválida ha llegado este primer viernes de verano.

Para quienes disfrutaron por vez primera del espectáculo recordarán lo anecdótico, cencerros y campanas fuera de escena, el despliegue de percusión, el gigantesco mazo que golpea dos veces despertando alguna conciencia, arpas a pares, la impresionante estampa de ocho trompas con las campanas al cielo, toda una legión de viento, hasta la reprimenda del maestro al detener el inicio del segundo movimiento por la insistencia de las toses maleducadas y pidiendo celeridad en quitar el papel al caramelo siempre inoportuno.

Los habituales pudimos paladear una obra que no da tregua a nadie, arrancando y finalizando cuatro movimientos con energía, de estructura académica con la tonalidad menor, trágica por escritura y trasfondo vital mahleriano, el Andante con firma propia de felicidad y sufrimiento por el amor efímero, miedo a perderlo todo como sucedería en un breve tiempo (su hija, el trabajo en la ópera de Viena y la salud con la enfermedad coronaria que le mataría). Desde el dolor se crea belleza y esta sexta asturiana conmovió a los presentes con mano firme en el podio y respuesta certera por parte de todos los músicos. González revalidó su magisterio dominando los tiempos globales e internos de cada microcosmos temático, sonoro y anímico en cuatro capítulos, alcanzando una visión de conjunto a partir de sonoridades propias para cada sección, con dinámicas ricas siempre claramente marcadas desde el podio. Cuerda contundente en los graves y tersa en los violines con Mijlin de concertino, permutando violas y cellos para el balance deseado; una legión de madera “desfilando toda a una” rivalizando en calidades solistas; los flancos de metales refulgentes, poderoso octeto de trompas equilibrado en brillos con trompetas, trombones y la tuba colosal de Moen; celestiales celesta y arpas de Danuta y Miriam en feliz comunión; punto y aparte la amplia percusión criticada en su estreno, comandada este viernes por los timbales de Arias, el rico xilófono y el siempre llamativo martillo de Mahler ejecutado por Casanova.

Despliegue humano al servicio de una “Trágica” apasionada, sentida y reteniendo el último hálito de silencio antes del largo aplauso tras el esfuerzo en unir con música lo que otros separan por sordera e incapacidad. Pablo González al frente de esta orquesta idealmente real interpretando al mejor Mahler, acercando lo inalcanzable en nuestra temporada para despedir curso de la mejor forma posible y desde casa.

Clausura con Brahms

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Miércoles 13 de junio, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo (clausura): Lisa Batiashvili (violín), Chamber Orchestra of Europe, Yannick Nézet-Séguin (director). Obras de Smetana y Brahms.

Feliz clausura de un ciclo con figuras de talla mundial, esta vez la violinista georgiana Lisa Batiashvili (Tbilisi, 1979) y el director franco-canadiense Yannick Nézet-Séguin (Montreal, 1975) junto a la Chamber Orchestra of Europe (COE) con Brahms de protagonista total, primero su concierto para violín y después la tercera sinfonía, todavía reciente en la memoria al haberla escuchado hace un mes con Harding y la Orquesta de París, aunque el directo siempre es irrepetible y la grandeza de los maestros hacen que cada interpretación sea única.

La COE solo es de cámara por su nombre porque la plantilla es numerosa e ideal para el programa que presentaban en esta gira que sigue colocando a Oviedo como «La Viena del Norte» español. Sus credenciales quedaron claras con la Obertura de La novia vendida (Smetana) con el enérgico, impetuoso y siempre preciso Nézet-Séguin con una limpieza en la cuerda independientemente de la velocidad sumada a una amplia gama dinámica bien marcada con manos firmes, dispuesta «a la vienesa» que en estas obras se agradece al equilibrar frecuencias, añadiendo un viento impecable igualmente ubicado casi orgánicamente, maderas en el centro con trompetas y trombones juntos a la derecha y trompas en el lado contrario, siendo los timbales el centro final. Un viaje en mi recuerdo del pasado verano en Praga visitando la casa museo de Smetana y sentir cómo la música nos transporta sin movernos de la butaca. Versión vigorosa y cálida llena de matices antes del «Todo Brahms» hasta el final.

Lisa Batiashvili figura en esas listas de jóvenes virtuosos de la extinta Unión Soviética que todavía mantienen una sólida formación heredada de sus mayores, si no queremos llamarlo escuela, está claro que los cimientos son suyos aunque hoy en día la universalización pedagógica ha roto fronteras, pero Georgia es una cantera de intérpretes de apellido difícil y largo recorrido. El Concierto para violín en re mayor, op. 77 de Brahms lo tiene tan interiorizado Batiashvili que simplemente contemplarla es todo un espectáculo. Nézet-Séguin es un experimentado concertador que ya ha dirigido en muchas ocasiones a la georgiana, de quien confiesa es su violinista preferida, sacando de la COE una textura ideal donde el violín solista parece emerger de la propia orquesta cual objetivo de cámara que mantiene el plano y nos acerca el protagonismo sin desenfocar el fondo.

El Allegro non troppo sonó unitario y lleno de color, romanticismo en estado puro, tal vez rápido olvidando el «no demasiado» aunque brillante en textura y melodías claras, entrando el violín aterciopelado en vez de hiriente, un clima sereno y mágico, tensiones contenidas y relajaciones solistas que cortaban el aire, todo encajado al detalle, con una cadencia lánguida susurrada desde el trémolo del timbal. El Adagio arrancó con una madera verdaderamente camerística antes del desarrollo temático, con metales plateados meciendo el inicio antes de incorporarse la cuerda de terciopelo y el violín solista de seda, donde Batiashvili derrochó delicadeza siempre presente desde su Guarnieri «del Gesu» de 1739, disfrutando del protagonismo revestido por una COE ideal antes de atacar el último movimiento jocoso sin velocidades vertiginosas y con el virtuosismo al servicio de las melodías infinitas del mejor Brahms que parecía dejar el clímax emocional para el final, aires zíngaros, contestaciones paralelas, poderío controlado explotando sincronizadamente como traca de fuegos artificiales acompasados por las manos de Nézet-Séguin y el violín de Batiashvili. La propina resultó casi otra obra fuera de programa también con orquesta en un movimiento lento para volver a saborear calidades y matices en todos ellos.

La Sinfonía nº 3 en fa mayor, op. 90 (Brahms) no pudo tener mejor «preparación» porque las virtudes del concierto de violín se ampliaron, Nézet-Séguin frenando tempi para disfrutar cada sección orquestal, cada matiz, cada regulador, contagiando el ímpetu necesario y frenando el mínimo exceso dinámico. Claroscuros románticos y moldeando sonoridades cual ingeniero de sonido, sonido global con el balance justo, leve y suficiente en cada momento melódico de instrumentos, secciones o toda la orquesta. El conocido Poco allegretto al que Frank Sinatra puso letra sirvió para sujetar ímpetu y disfrutar del sonido pulcro de toda la cuerda sin perderse ninguna nota del viento, esculpiendo la orquesta como globalidad, ideal de todo director. El Allegro final remató un concierto brahmsiano bien entendido por el canadiense que la ha trabajado y grabado con «su» orquesta de Filadelfia y en esta gira traducida a la COE uniendo talentos para alcanzar esa sonoridad deseada en toda formación.

PD: del avance para la próxima temporada escribiré un post dada la calidad de intérpretes tanto en las Jornadas de Piano como los Conciertos del Auditorio que alcanzan 20 años.

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