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Efecto Einaudi

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Jueves 11 junio, 22.30 h. 75 Festival de Granada, Concierto Extraordinario. Teatro del Generalife: Ludovico Einaudi. Solo piano. Fotos Álex Cámara / Festival de Granada, y propias.

Como figura en la web del festival, llegaba esta cita excepcional de aniversario (con todo vendido): Einaudi en el Generalife, antesala de la 75 edición del Festival, con el reconocido compositor y pianista italiano Ludovico Einaudi (Turín, 1955) debutando en Granada con este concierto extraordinario en el Teatro del Generalife, en gira española de Granada a Pamplona, Madrid y Barcelona hasta el día 16, y el programa Solo piano que ha grabado recientemente, a la espera de nuevo en estos días, enlazando y organizado temas con la naturalidad y sencillez del italiano.

Figura destacada en el panorama musical contemporáneo, Einaudi ha construido un lenguaje personal que trasciende géneros y públicos. Su obra, próxima a veces al minimalismo, combina claridad melódica y carga emocional profunda, conectando con audiencias amplias más allá de los circuitos clásicos tradicionales, lo que se nota por “el tirón” de todas su actuaciones, como en Granada con todo el papel vendido y colas esperando antes de abrirse las puertas. Sus composiciones para piano solo, también  para conjuntos, han sido aclamadas internacionalmente, formando parte de bandas sonoras cinematográficas y de series, consolidándolo como uno de los creadores más influyentes de nuestro tiempo.

Concierto extraordinario en todos los sentidos para comenzar oficialmente este viernes la septuagésima edición del festival granadino, apostando por “música sin etiquetas” como me gusta llamarla, y nadie mejor que el pianista italiano que rompe barreras, aunque los que peinamos canas asociemos su música a la por entonces llamada “New Age” donde el estadounidense George Winston marcó estilo siendo un superventas parecido al inglés Michael Nyman, y que ahora el turinés parece tomar el relevo.

Con una amplificación no de la calidad esperada, pero con los efectos de reverberación y delay habituales en sus grabaciones, sumándole un excelente uso de los pedales, Einaudi embrujó a todo el Generalife que siguió la actuación en un silencio sepulcral, relajante, cual «salvapantallas sonoro» de casi dos horas, donde ir desgranando y enlazando temas de una carrera longeva como el propio artista comentaría (en inglés) tras el primer bloque. Su música, como él la definió, es un lienzo desde el piano donde puede pasar de la brocha al lápiz, un paisaje que nunca es igual, como en cierto modo entendían los impresionistas, el mezclar colores  directamente en el óleo que para Ludovico es el piano, con el fondo de los cipreses imperiales.

En el Generalife ofreció una velada única e irrepetible, un concierto o mejor recital íntimo, donde “invita al público a sumergirse en un universo sonoro íntimo y universal, donde cada nota parece hablar en silencio. El programa propone un viaje emocional por una obra que trasciende géneros y fronteras, caracterizada por su minimalismo lírico, su profundidad expresiva y una conexión directa con el oyente”. A través del piano solo, fuimos disfrutando casi de un muestrario de todos sus trabajos, pues el autor interpretó algunas de las piezas más queridas de su repertorio junto con otras menos conocidas, y composiciones de sus trabajos más recientes, tal y como lo presentaba el programa de mano.

En su biografía destaca “que se ha formado en el Conservatorio de Milán bajo la guía de maestros como Luciano Berio. Einaudi ha sabido destilar la complejidad de la vanguardia para alcanzar una «esencialidad máxima». Desde su debut con Le Onde hasta su reciente e íntimo proyecto Underwater –gestado en el silencio del confinamiento–, su carrera ha sido una búsqueda constante de la pureza. Ya sea interpretando su célebre Elegy for the Arctic sobre el hielo del océano Ártico o bajo las estrellas en el Generalife (como en esta noche nazarí), Einaudi demuestra que, en un mundo ruidoso, su piano es el refugio donde el silencio y la emoción finalmente se encuentran”.

Cual cuadros de una exposición donde el italiano iba pintando al piano mientras el público contemplaba cada lienzo, el color inicial casi etéreo, por el empleo del registro agudo, iría ganando en intensidades cuando aparecían unos graves potentes, pinceladas donde el trazo cambiaba con irisaciones ayudadas por el técnico de sonido en un piano peculiar por esa sonoridad casi electrónica. No hace falta aplicar conceptos academicistas de acordes, tonalidad, cadencias, ni siquiera frases que esperamos se repitan y evolucionan sutilmente, simplemente dejar fluir sonidos y sensaciones.

Las notas prosiguen en el apartado Referente internacional de la música contemporánea que “Ludovico Einaudi no es solo un pianista; es un referente indiscutible de la música contemporánea, una figura que ha logrado lo que parecía imposible para un compositor de formación clásica: derribar las barreras entre géneros y conectar con el alma de millones de personas en todo el mundo. Su nombre es sinónimo de un éxito sin precedentes, siendo el único músico de su disciplina capaz de batir récords de permanencia en las listas de éxitos internacionales, compitiendo con los grandes iconos del pop y el rock, y llenando los auditorios más prestigiosos del planeta, desde el Royal Albert Hall hasta la Sidney Opera House”.

Noche con el «Efecto Einaudi» para un público heterogéneo, intergeneracional, que vivimos un recital distinto, casi como de musicoterapia para una total relajación y disfrute emocional, banda sonora sin imágenes, donde cada uno puso las suyas, puede que en parte por los muchos vídeos que están en las distintas redes sociales del italiano, hoy auténtico soporte vehicular de esta música de nuestro tiempo que escapa a las etiquetas tradicionales.

PROGRAMA y enlaces:

Ascent
Jay
(* 10)
Melodia Africana
(* 3)

Memory One (* 4)
Swordfish

Tu sei
Elegy for the Arctic
(* 16)

Le Onde (* 1)
Oltremare

Low Mist 1
Birdsong
Devils
Low Mist 2
Una Mattina
(* 7)

Experience (* 14)
Divenire

I giorni (* 5)

(* X número de pista en su CD “Solo piano” ©2026)

Música para la Granada Imperial

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Martes 9 de junio, 22:00 horas. 25 FEX, Palacio de Carlos V: Concierto extraordinario “Música para un centenario. Estelas de Carlos V”. Coro Manuel de Falla (Juan Ignacio Rodrigo, maestro de coro) y Orquesta de la Universidad de Granada, Gabriel Delgado (director). Obras de F. Jusid, García Abril y J. Lopez-Montes.

La presentación de este concierto que llenó el palacio imperial, decía: «Un concierto que, con motivo del V Centenario de la UGR, explora el legado de Carlos V a través de tres miradas sonoras, desde la evocación histórica hasta la creación contemporánea». Y tras las fanfarrias a lo largo de día entrábamos a palacio para disfrutar de juventud y buena música.

Me alegra comprobar que las universidades españolas son una cantera musical, una afición como pueda ser la coral, como la orquestal donde comprobar el altísimo nivel de una juventud preparada que poco a poco va ocupando atriles en las profesionales, y siendo la labor docente como la realizada por la Universidad de Granada de alabar. Con una orquesta inmensa, de amplia mayoría femenina, especialmente en la cuerda, bastante equilibrada en plantilla y la acústica siempre increíble de este marco incomparable, la noche (no prevista para mí) arrancaba con música de cine, la de Federico Jusid (1973) organizando una suite con dos series televisivas (Isabel de 2021, y Carlos Rey Emperador tres años después) con la que mis antiguos estudiantes conocieron un poco de nuestra historia, aquí hecha música desde nuestro tiempo mostrando la oposición de caracteres de ambos personajes. Carácter épico que va transformándose hacia lo lírico antes de la explosión final de esta página sinfónica muy bien llevada por el maestro Gabriel Delgado, buen conocedor y director, exprimiendo al máximo a estos jóvenes instrumentistas, atento siempre a los detalles a los que le respondieron todas las secciones.

Del turolense García Abril se eligió para la ocasión el poema sinfónico Alhambra (1996-1998), aprovechando la propia historia hispano-germana (la obra fue un encargo de la Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin para sus 75 años) no solo el entorno donde el Palacio representa al Emperador Carlos V, sino también la plantilla, que dejo  a contiuación para ver la magnitud: 3 (pic) – 3 (crn ing) – 3 (req, cl b) – 3 (cfg) – 4.3.3.1.1 – 5 perc, ap, pf – cuerda). Intervenciones excelentes de los solistas (no tengo sus nombres), desde la concertino al clarinete y oboe, con una orquesta muy empastada con unos metales siempre presentes. Partitura con el sello sinfónico de un compositor completo que también nos dejó unas bandas sonoras y televisivas que muchos conocemos aunque la mayoría desconozcan su autoría.

Asistir a un estreno siempre es un privilegio y nuestros compositores actuales no siempre tienen la posibilidad de que se escuchen sus obras, pero al menos los encargos de distintas instituciones, solistas o incluso orquestas, no solo motivan la creatividad sino que logran ampliar un repertorio que es el nuestro y era norma antes de lo que se ha convertido en repertorio. Aplaudo ue se sigan programando obras nuevas, más aún cuando se mezcla lo sinfónico-coral con la electrónica, poco habitual en parte por la complejidad de los montajes. En esta ocasión se contó con el propio músico, José López-Montes (Guadix, 1977), que presentaría su obra: Icnofonía. Diferencias sobre el Delphin de Narváez y sobre la icnografía del Palacio de Carlos V.

López-Montes, catedrático de «Tecnología musical» en el Conservatorio Superior de Granada, muestra interés, como él mismo refleja en su web, «en el trabajo tímbrico-armónico, la composición algorítmica y la sinestesia, con obras aúnan síntesis de vídeo, tecnologías de espacialización sonora y programación de herramientas de composición asistida por computadora, combinando elementos tales como autómatas celulares, algoritmos genéticos, gramáticas generativas o sonificación de datos. Su producción abarca una amplia variedad de instrumentaciones, técnicas y planteamientos escénicos».

El acitano de prolífico catálogo, nos explicaría antes del estreno, que esta composición es una instalación octofónica por encargo de la UGR,  pensado para el propio Palacio de Carlos V desde el pasado (la vihuela de Narváez y su “Delphin”) y presente, inspirado en la arquitectura renacentista de esta joya monumental con la obsesión por la geometría traducida a la música; también utiliza textos de la poeta y musicóloga franco-libanesa Katia-Sofia Hakim (Bayona, 1988), Garcilaso de la Vega, el granadino Ibn al-Jatib, Juan Boscán, el embajador de Carlos V Andrea Navagero y anónimos, tanto grabados como cantados.

Composición muy interesante y compleja de dirigir e interpretar, pues a una orquesta poderosa se sumaba el Coro Manuel de Falla que dirige Juan Ignacio Rodrigo, más la impactante parte electrónica que en momentos es protagonista y en otros se suma a la masa instrumental, alcanzando una tímbrica que pasa de lo inquietante a lo onírico. Aunque mi ubicación trasera no me permitió la escucha envolvente que los altavoces colocados en torno al círculo «abrazaban» los oídos e incluso parecían rebotar en las piedras centenarias, me pareció encontrar partes de sampleo sinfónico-coral manejadas por el propio compositor dentro de la propia orquesta, para esta feliz conjunción entre pasado y presente. La labor del director canario Gabriel Delgado fue admirable, desde el trabajo con unos músicos sobresalientes (espectaculares los percusionistas), un coro atento, afinado y con buena proyección frente al bloque sinfóncio, hasta el producto final de un directo siempre irrepetible, con unas sensaciones de poder estar asistiendo a todo un espectáculo sonoro.

Ya con tiempo pude leer el programa con notas extendidas de Marina Hervás Muñoz, profesora contratada doctora en el Departamento de Historia y Ciencias de la Música de la Universidad de Granada. De ellas quiero destacar la inclusión de los textos utilizados y su traducción, así como dejar algunos párrafos que ayudan a una mejor comprensión de este estreno:

«(…) Ya en el título se nos presentan sus dos ejes principales: de un lado, la «diferencia», el término renacentista para las variaciones, con la salvedad de que no son solo instrumentales –como acostumbraba a ser en la época–, sino también vocales. Estas diferencias se hacían sobre música, por lo general, muy conocida. Aquí se juega con la tensión entre lo que nos puede sonar conocido y su extrañamiento, en la medida en que parte de los materiales son del Delphin de música de Luys de Narváez, vihuelista granadino vinculado a la corte imperial. Fragmentos de esa música son absorbidos, transformados y orquestados hasta dialogar con sonoridades contemporáneas, revelando también su modernidad latente.

De otro lado, suena el propio Palacio. Tal y como explica José López-Montes: «Icnofonía es una palabra inventada a partir de icnografía, que es la representación gráfica de la planta de un edificio. Icnofonía podría traducirse, pues, como su equivalente sonoro, y por tanto, una suerte de sonificación de las proporciones que se encuentran en una estructura arquitectónica horizontal». La electrónica, distribuida en un dispositivo octofónico que rodea al público, prolonga del octógono presente –aunque no de manera evidente– en la arquitectura del Palacio, algo que refuerza, aún más, su conexión con la tradición andalusí y la Alhambra. El coro, además, canta sobre textos de varios autores de distintas procedencias (…). Los poemas tratan de ampliar las numerosas capas de significado que se pueden extraer del Palacio: la transformación de la ciudad, la vida personal e íntima de los emperadores o el dolor bélico. A ello se suman voces, grabaciones y ecos del paisaje sonoro contemporáneo del monumento, como si la propia arquitectura conservase aún estratos de escucha acumulados durante siglos y que en Icnofonía se nos presentan como ecos espectrales a lo que solo hay que prestar oído. Es una invitación, entonces, a invocar a los «Icnos (ἴχνος)» –que significa «huella, rastro, pisada»– del Palacio, con el anhelo de que quiera revelarnos el enigma de su silencio».

Éxito de público y aplausos para todos los participantes, con dos propinas. No podía faltarnos Falla y de El sombrero de tres picos y el final de las seguidillas y farruca, homenaje a este granadino de adopción con la cuerda de la orquesta algo desbalanceada tras el esfuerzo previo, pero totalmente entregada al maestro Delgado, y todos entonando el muy logrado arreglo del himno universitario Gaudeamus Igitur con el público en pie y algunos entonando las estrofas elegidas.

PROGRAMA:

Federico Jusid (1973)

Suite Isabel / Carlos, Rey emperador (2012-2016)

Antón García Abril (1933-2021)

Alhambra, 1996-1998

José López-Montes (1977)

Icnofonía. Diferencias sobre el Delphin de Narváez y sobre la icnografía del Palacio de Carlos V (2016, estreno absoluto, encargo de la UGR)

La música por Granada

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Martes 9 de junio: 75 Festival de Granada, 23 FEX (Festival del Extensión).

Fanfarrias. Ensemble de Metales de la Federación Granadina de Bandas de Música (FEGRABAND). Puerta Real (12:45 horas), Plaza Bib-Rambla (12:45 horas), Hotel Victoria (20:00 horas) y Palacio Carlos V (21:30 horas). Obras de Tárrega, Beethoven, Puccini, Óscar Musso, Gustav Holst y Wagner.

Granada ya respira música en la calle y en mi día 1 en la capital nazarí me encontré como aperitivo el FEX (Festival del Extensión) que lleva un montón de actividades artísticas por la ciudad y su provincia. Los voluntarios reparten los folletos para seguir cada día paseando por la ciudad y encontrarnos sorpresas como las Fanfarrias, esta vez con un “ensemble” de ocho trombones de distintas edades, músicos que ya están tocando en las distintas bandas de música granadinas y agrupados en la FEGRABAND.

Buscando la sombra y a la puerta del edificio de Correos en Puerta Real, mi primera parada y la de muchos paseantes que se detenían a escuchar uso arreglos “corales” por las voces utilizadas y variando épocas y estilos. Mi amigo Fermín Rodríguez es fotógrafo profesional (Ferminius) con quien sigo charlando en mi “segunda casa” y me pilló preparando el teléfono para mis instantáneas con el móvil (me reconozco adicto) y son las que suelo acompañar cada entrada del blog, y que además no tenía prevista hasta el jueves.

Un breve paseo hasta la siempre concurrida Plaza Bib-Rambla y sentado en una terraza porque era  ya hora de mi primera cerveza granadina, nuevamente el público se asombraba de la sonoridad tan especial de lo que los guiris llamarían un “Brass Ensemble” y casi homenaje el conocido Amazing Grace. Banda sonora de la mañana antes de volver a mis aposentos, pues quedaba mucho por la tarde. 

Por deformación profesional en la tarde volví a seguir, como los niños de Hamelín, a los trombonistas que cambiaban de director pero mantenían las obras, aunque alternando el orden, y en la tarde regresaba a Puerta Real, donde desde el primer piso del Hotel NH Collection Granada Victoria (que ya disfruté en otros viajes), como es habitual en tantas ciudades con tradición musical y festivalera, la Fanfarria anunciaba que en nada arranca la edición del emblemático festival, 75 años que también conmemoran los 150 años de Falla, uno de los ideólogos del mismo junto a Federico allá por 1922, y cuya música estará presente a lo largo de un mes intenso, esperando ir contándolo.

Camino del primer concierto nocturno, tras tomar el microbús que nos lleva hasta La Alhambra, a rebosar ambos, delante del Palacio Carlos V cerraba esta “trombonada” del martes aún sonando la obertura de Tannhäusser, tan imperial y adecuada antes de acceder a un espacio y día tan especial, que contaré en la siguiente entrada.

El dolor inspirador

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Domingo 29 de marzo, 20:00 horas. Gijón, Iglesia Mayor de San Pedro Apóstol, Concierto nº 1711 de la Sociedad Filarmónica de Gijón. CONCIERTO EXTRAORDINARIO DE SEMANA SANTA: G. B. Pergolesi: Stabat Mater, P. 77.

Domingo de Ramos en Gijón con la Iglesia de San Pedro a rebosar, incluso gente de pie en los laterales, para disfrutar del dolor más bello e inspirador de todas las artes, la “Madre Dolorosa” que Pergolesi pone música a esta maravilla, de la que incluso “Mein Gott” se basará en ella, casi exacta, para su Cantata “Tilde, Höchster, meine Sünden”, BWV 1083, aunque con texto en alemán, y que coincidencias ¿del destino? sonaba en Radio Clásica durante el viaje de vuelta a mi aldea.

En estas fechas este Stabat Mater no suele faltar en los conciertos sacros e incluso a lo largo del año, y tengo versiones grabadas para dar y tomar, utilizando voces infantiles, contratenores y la habitual de soprano, contralto y orquesta barroca que fue la que pudimos escuchar en este extraordinario de la Sociedad Filarmónica de Gijón.

Interesante el orgánico para la ocasión con reputados y experimentados músicos de las orquestas asturianas,  la Camerata Barroca L’Alcordanza (en asturiano significa «memoria, recuerdo» y también «acuerdo, consonancia») fundada por el infatigable Pedro Ordieres (hoy en el violín),  esta vez dirigida por el avilesino Rubén Díez, con las voces de la soprano mallorquina Cristina van Roy y la mezzo gijonesa Serena Pérez, a la que voy comprobando su crecimiento vocal desde sus inicios, que sin ser contralto está ganando cuerpo en el registro grave manteniendo unos agudos redondos y su color vocal característico.

Si L’Alcordanza estuvo bien acoplada y equilibrada en su plantilla, con tiorba y no órgano en el continuo, facilitando mejor las dinámicas y limpieza tímbrica, las dos voces femeninas se mostraron bien compenetradas en los dúos y luciendo igualmente en sus partes solistas, siempre alternándose el orden de los doce números que conforman el Stabat Mater (1736) de Giovanni Battista Draghi llamado o apodado Pergolesi.

Elegir como ilustración para este concierto a la Madre de Dios en “El descendimiento” del flamenco Rogier van der Weyden (Museo de El Prado) es recurrente incluso en portadas de libros, webs o discos, pues plasma esa sensación indescriptible de la belleza que el dolor inspira, la madre al pie de la cruz. Pergolesi compone esta secuencia en sus últimas semanas de vida, con solo 26 años, aquejado de tuberculosis en el monasterio franciscano de la ciudad balnearia de Pozzuoli, cerca de Nápoles. Basado en un poema del siglo XIII (atribuido a Inocencio III y al franciscano Jacopone da Todi) que ha ido variando a lo largo de los tiempos, es uno de los textos religiosos más utilizados por los compositores. La adaptación del nacido en Iesi (Estados Pontificios) al que todos conocemos por su pseudónimo Pergolesi, es su obra religiosa más famosa y musicalmente más difundida, impresa y editada  del siglo XVIII, siendo elogiada hasta por J. J. Rousseau (del primer número  dijo “el dúo más perfecto y conmovedor que viene de la pluma de cualquier compositor”). Igualmente es una de las más antiguas que se mantiene viva, junto con El Mesías de Händel.

Con un uso magistral de las disonancias buscando el patetismo de este episodio y hasta del suyo propio, esta obra compuesta para la Confraternità dei Cavalieri della Virgine de’ Dolori de Nápoles, mientras escribía también una Salve Regina, fue elegida para reemplazar el de Alessandro Scarlatti en las representaciones del Viernes de Dolores. La interpretación en Gijón mantuvo un buen nivel global: Van Roy posee una voz luminosa, amplia, de agilidades limpias, ornamentos precisos, y en algún momento poco contenida para unos textos que marcan la propia expresividad, pero estuvo bien en el conocidísimo “Vidit suum”  (con la camerata “suspirando” con ella) y los dúos compenetrados, fraseados y contestados por la mezzo local.

De Serena Pérez tengo claro es una mezzo que va ganando volumen en el registro grave, haciendo brillar con sus agudos muchos papeles de las cada vez más escasas contraltos (similar a lo que sucede con barítonos y bajos). En el caso de la asturiana la expresividad fue grande, demostrando su continua formación en el repertorio barroco, amplios matices y unos pianissimi bien proyectados que se escuchaban en todo el templo que cierra la Playa de San Lorenzo.  El “Fac, ut portémoslas Christi nortem…” fue conmovedor y marcaría el “camino al Paraíso” en el dúo final hasta el Amen.

Para L’Alcordanza todos mis elogios, pues son todos músicos excelentes, polivalentes, capaces de interpretar páginas sinfónico corales al lado de las camerísticas, preservando el estilo de cada página. Abajo dejo la plantilla, perfectamente equilibrada, bien ubicados repartidos en el altar, con la acústica ideal para estas formaciones, y un Rubén Díez que conoce estos repertorios desde la base del estudio con piano hasta la batuta o unas manos “corales” que consiguieron todos los contrastes “pictóricos” de esta partitura de Pergolesi, los tempi y finales en cada número bien ajustados y marcados, más el respeto por las voces en cada una de las muchas dinámicas barrocas, logrando un concierto para la meditación para estos días desde la belleza musical del dolor, como bien recordó al finalizar el párroco D. Javier Gómez Cuesta, bisando el inicial dúo “Stabat Mater” cerrando un concierto extraordinario en todos los sentidos.

INTÉRPRETES:

Cristina van Roy (soprano) – Serena Pérez (mezzosoprano).
L’Alcordanza Camerata Barroca:
Violines I: Pedro Ordieres, Celia Montañez, Gints Sapietis
Violines II: ⁠Luisa Lavín, Pablo de la Carrera, Daniel Baltar
Viola: Beltrán Cubel
Violoncello: ⁠Pelayo Cuéllar 
Contrabajo: ⁠Javier Fierro
Tiorba: Alejandro Parino
Director: Rubén Díez

PROGRAMA y textos:

Giovanni Battista PERGOLESI (1710-1736): Stabat Mater, P. 77.

I. Stabat Mater dolorosa (dúo)

Stabat Mater dolorosa

Juxta crucem lacrymosa,

Dum pendebat Filius.

II. Cujus animam gementem (soprano)

Cujus animam gementem,

Contristatam et dolentem,

Pertransivit gladius.

III. O quam tristis et afflicta (dúo)

O quam tristis et afflicta

Fuit illa benedicta

Mater Unigeniti!

IV. Quæ mœrebat et dolebat (alto)

Quae moerebat et dolebat,

Pia Mater, dum videbat

Nati poenas incliti.

V. Quis est homo qui non fleret (dúo)

Quis est homo, qui non fleret,

Matrem Christi si videret

In tanto supplicio?

Quis non posset contristari,

Christi Matrem contemplari

Dolentem cum Filio?

Pro peccatis suae gentis

Vidit Jesum in tormentis,

Et flagellis subditum.

VI. Vidit suum dulcem natum (soprano)

Vidit suum dulcem natum

Moriendo desolatum

Dum emisit spiritum

VII. Eja Mater fons amoris (alto)

Eja Mater, fons amoris,

Me sentire vim doloris

Fac, ut tecum lugeam.

VIII. Fac, ut ardeat cor meum (dúo)

Fac, ut ardeat cor meum

In amando Christum Deum

Ut sibi complaceam.

IX. Sancta Mater, istud agas (dúo)

Sancta Mater, istud agas,

Crucifixi fige plagas

Cordi meo valide.

Tui nati vulnerati,

Tam dignati pro me pati,

Poenas mecum divide.

Fac me tecum, pie, flere,

Crucifixo condolere,

Donec ego vixero.

Juxta crucem tecum stare,

Et me tibi sociare

In planctu desidero

Virgo virginum praeclara,

Mihi jam non sis amara

Fac me tecum plangere.

X. Fac ut portem Christi mortem (alto)

Fac, ut portem Christi mortem,

Passionis fac consortem,

Et plagas recolere.

Fac me plagis vulnerari,

Cruce hac inebriari

Ob amorem filii.

XI Inflammatus et accensus (dúo)

Inflammatus et accensus,

Per te virgo sim defensus

In die judicii.

XII. Quando corpus morietur – Amen (dúo)

Quando corpus morietur, Fac, ut animae donetur Paradisi gloria. Amen.

Esplendor Barroco

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Lunes 2 de febrero día 6 del Festival Atrium Musicae. 18:00 horas: Catedral de Santa María de Plasencia (Cáceres). Miriam Hontana (violín), Daniel Oyarzabal (órgano). Obras de Bach y Vivaldi. Fotos propias y de Sandra Polo.

(Crítica para Scherzo y aquí con la tipografía que las webs no admite así como los siempre enriquecedores enlaces -links- y más fotos de Sandra Polo).

Sin el inicio del IV Festival Atrium Musicae tenía lugar en Coria con el concierto de órgano a cargo de Benjamin Alard, la clausura de este intenso festival nos devolvía al Camino de La Plata con parada final en Plasencia, también con órgano (el que se instaló en 1919 y restaurado por José Antonio Azpeitia en 2023) añadiendo el violín para unir dos generaciones de maestros: el consagrado Daniel Oyarzabal y la joven Miriam Hontana en un programa con música de dos de los grandes de la primera mitad del siglo XVIII, Bach y Vivaldi, un dúo que en Madrid ya actuó en el Bach Vermut allá por noviembre de 2023 además de formar el conjunto OBNI (Objeto Barroco No Identificado) participando en el FIAS de 2022.

La amplia reverberación catedralicia no ayudó a disfrutar en todo su esplendor de un órgano algo desafinado y con “gemidos, en parte por la climatología y el poco uso, un instrumento que necesita respirar para vivir y mantenerse en forma, pero la calidad y buen oficio del dúo nos hicieron disfrutar de un repertorio que se organizó a pares entre “El Kantor” y el “Prete Rosso”, emparentando obras de cámara y piezas solísticas, alternando transcripciones y conciertos que muestran la fecunda relación entre ambos compositores.

Se abría la fría tarde con el Preludio BWV 568 impetuoso y potente aunque necesitado de más presencia en el pedalero a cargo de Daniel para proseguir con el arreglo que el propio Bach hizo sobre el concierto para dos violines RV522 del italiano, tres movimientos variados en registros, graves en el Allegro inicial, agudos para el Adagio central y plenos para el Allegro final.

Y el órgano se convirtió en el continuo de la Sonata BWV 1023 para que Miriam Hontana arrancase con una cadenza de cortar la respiración antes del Adagio ma non tanto, la Allemande y la Gigue siempre en primer plano gracias a una sabia elección de registros en el órgano de balances bien equilibrados. En cambio con la vivaldiana RV12 tras un Adagio inicial preciso y sentido, la reverberación empañó los siguientes tres movimientos, con sonidos “confusos” que mezclaban los registros del órgano y la sonoridad propia de un violín que en el Presto voló sin poder despegar toda la belleza de esta sonata.

Siguiente bloque emparejado, la Fuga en sol menor para violín y continuo BWV 1026 adoleció de la mala acústica pese a la tímbrica de un violín de graves redondos y agudos limpios bien arropados por los registros del órgano. Seguiría el célebre “Invierno” de Las Cuatro Estaciones, más equilibrado, con tiempos más ligeros (obviando el “molto”), virtuosa Miriam Hontana y certero Daniel Oyarzabal con unos excelentes registros “orquestales” más los silencios y articulación que esta vez sí ayudaron a una mayor limpieza de escucha para apreciar tanto una ejecución muy personal de la violinista, expresividad desde el respeto a este opus 8 RV 297 del que aportar la frescura e ímpetu solista y la registración capaz de engañar al oido por lo acertada.

No hay mejor forma de finalizar que Bach, Oyarzabal en solitario con el coral In dir int Freude, BWV 615, del”Libro de órgano” nuevamente pletórico de sonoridades, al fin el pedalero presente sustentando la melodía y registros idóneos para este rey del barroco.

Aprovechando esta joya, Miriam Montana bajaría hasta el crucero catedralicio para interpretar en solitario la monumental Ciaccona para violín de la Partita nº 2 en re menor, BWV 1004, intensidad emocional, sensibilidad, fraseos personales, dominio técnico asombroso y un sonido que esta vez la acústica lo repartió por todo el templo, desde un violín plenamente barroco que resultó un regalo para el público que abarrotó la Catedral de Santa María. La joven madurez donde ya hay un trabajo no solo técnico sino introspectivo para afrontar esta chacona con la sonoridad y el poso de esta artista.

Aún quedaba una propina vivaldiana, el Largo del Concierto para violín en Si menor, RV 389, con Oyarzabal en el órgano y Hontana en el crucero en esta clausura esplendorosa de la cuarta edición de AtriumMusicae, que se ha saldado con un gran éxito de público en todas sus citas, incluso en las que han tenido lugar fuera de la capital, esperando ya la de 2027 que a buen seguro seguirá creciendo como la propia Fundación Atrio de Cáceres, fiel a su slogan “Sonidos que construyen legados, donaciones que transforman”.

PROGRAMA

Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Preludio en sol mayor, BWV 568

Antonio Vivaldi (1685-1750)
Concierto en re menor, BWV 596
(arreglo para órgano de J. S. Bach del Concierto para dos violines en re menor, RV 522 (de L’Estro Armonico)

Johann Sebastian Bach
Sonata para violín y continuo en mi menor, BWV 1023

Antonio Vivaldi
Sonata para violín y continuo en re menor, RV 12

Johann Sebastian Bach
Fuga en sol menor para violín y continuo, BWV 1026

Antonio Vivaldi
Concierto n° 4 en fa menor, op. 8, RV 297 “El Invierno” (de Las Cuatro Estaciones)

Johann Sebastian Bach
In dir ist Freude, BWV 615, BWV 731
Ciaccona para violín solo de la Partita n° 2 en re menor, BWV 1004

Sorteando obstáculos

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Domingo 1 de febrero, día 5 del Festival Atrium Musicae. 18:00 horas: Gran Teatro, Cáceres. Viena, punto de encuentro. Javier Perianes (piano), María Florea (violín), Joaquín Riquelme (viola) y Olaf Maninger (chelo). Obras de Schubert, Brahms y Mozart. Fotos propias y de Sandra Polo.

Si en la anterior entrada comentaba lo importante de una agenda, en la despedida de la capital (antes del cierre que también comentaremos desde aquí) aún habría más impedimentos que los buenos contactos y disponibilidad de los artistas tienen para este festival que ya avanzó las fechas de su quinta edición en 2027 (última semana de enero hasta el lunes 1 de febrero).

La indisposición del maestro Perianes tras el anterior concierto del viernes, estuvo a punto de cancelar este concierto que traía a los solistas de la Filarmónica de Berlín, y que otro contratiempo dejaría al violinista Luis Esnaola en Berlín al no tomar el avión por una Gripe A que no entiende de fronteras ni músicas. Con Riquelme y Maninger ya en Cáceres había que encontrar un violín que conociese el programa previsto de Schubert y Mozart encontrando en Barcelona a la muy reconocida María Florea (Esparreguera, 1993), concertino de la Franz Schubert Filharmonia, y muy solicitada en otras formaciones, además de conocida por los que estaban esperando ensayar y dominadora de ambas obras. El resultado nos pareció que llevasen años tocando juntos, talento nacional que seguimos exportando.

Aún quedaba un último contratiempo que fue la pérdida de la caja con los programas de mano, aunque estaba Antonio Moral para contarnos todo lo acontecido y desearnos que disfrutásemos porque el diluvio exterior invitaba a una velada que traía la Viena Imperial al Cáceres inmortal.

El concierto lo abría el Trío para cuerdas en si bemol mayor, D 471 (1816) de Schubert, bien encajados sus dos movimientos con una sonoridad perfecta, un mismo discurso en fraseos y contestaciones, para este romanticismo vienés que ya vivimos cantado pero necesitábamos también el instrumental.

Desde 2009 el murciano Joaquín Riquelme García (1983) es viola de la Filarmónica de Berlín que es la mejor presentación de un músico inmenso que es invitado por muchas orquestas como solista y al que he tenido la ocasión de disfrutar en Oviedo tanto con la OSPA en 2020 como con un Ensemble berlinés en 2022 y los hermanos Jussen, además de ser habitual en retransmisiones radiofónicas o televisivas, aprovechando para comentar que este concierto se grababa para Radio Clásica. Junto a un Perianes recuperado, nos ofrecían la Sonata n° 2 para viola y piano en mi bemol mayor, op. 120 (1895) de Brahms, originalmente escrita para clarinete pero que en este arreglo del propio compositor es casi más programada (también el de violín) por el color que consigue la viola, y más en las manos de nuestro murciano en Berlín.

El amor por la música de cámara en todas sus formas que el hamburgués que murió en Viena sentía le llevó a componer esta sonata para el clarinetista Richard Mühlfeld tras escucharle en el concierto de Weber. Pero también adoraba el cálido y rico sonido de la viola, publicando rápidamente esta versión que disfrutamos en Cáceres. El piano no es solo acompañante, es coprotagonista con pasajes virtuosos, casi orquestales, y el onubense sabe concertar a la perfección, por lo que los cuatro movimientos de esta sonata sonaron en todo el esplendor de matices, balances y tempi. Riquelme y Perianes son dos músicos inmensos (sin malentendidos y con mi chanza de amigo al verlos sobre el escenario) que no defraudaron en este Brahms tan camerístico y exigente para ambos.

Tras el descanso Mozart y uno de los cuartetos con piano más agradecidos de escuchar, que necesitan un encaje y entendimiento de años si se quiere exprimir todo el genio que el salzburgués atesora y asentado en una Viena que rebosaba música por todos los rincones y se trasladó a Cáceres.

Tres movimientos y cuatro intérpretes sonando equilibrados, protagonizando sus momentos más presentes, el piano cristalino brillando en los cromatismos y trinos, amoldándose a la cuerda para mantener esa unidad, con el trío berlinés-catalán dando nueva lección de musicalidad tanto entre ellos como con un onubense que está cómodo, igual en solitario como en lo sinfónico que lo hace camerístico porque entiende la necesaria unidad estilística del conjunto, aportando y remando todos para lograr hacer sentir «el cuarteto» como la formación más completa y verdadero banco de pruebas, tanto para el compositor como para los intérpretes y el público.

Finalizaba este intenso quinto día del IV Festival Atrium Musicae que se despedía de Cáceres aunque falte la Clausura en Plasencia y su Catedral… También la comentaremos desde aquí cual último capítulo de esta experiencia para repetir.

PROGRAMA:

I

Franz Schubert (1797–1828)
Trío para cuerdas en si bemol mayor, D 471 (1816):

Allegro – Andante sostenuto

Johannes Brahms (1833 – 1897)
Sonata n° 2 para viola y piano en mi bemol mayor, op. 120 (1895):

Allegro appassionato – Andante un poco adagio –  Allegretto grazioso – Vivace

II

Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1991)
Cuarteto con piano en sol menor n°1, KV 478 (1785):

Allegro –  Andante – Rondo

Modernidad desde la tradición

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Domingo 1 de febrero, día 5 del Festival Atrium Musicae. 12:30 horas: Museo Vostell Malpartida, Bach Fluxus IV. Mario Brunello (cello). Obras de Bach y Weinberg.

Desde que comenzó el Festival Atrium Musicae, Antonio Moral consiguió incluir como cita imperdible este Museo Vostell y el espíritu de Bach Fluxus, continuando este idilio desde sus tiempo en el CNDM así como la colaboración con José Antonio Agúndez (director gerente del museo y cronista oficial de Malpartida) y la apuesta fue sobre seguro viendo la respuesta de un público que peregrina hasta este municipio de Cáceres más allá de “Juego de Tronos” en Los Barruecos, que también merecen visita pero en otro contexto y momento.

Fluxus en latín significa flujo pero también es un movimiento de las artes visuales, de la música y de la literatura que tuvo su momento más activo entre la década de los sesenta y los setenta del siglo XX. Se declaró contra el objeto artístico tradicional como mercancía y se proclamó a sí mismo como el antiarte. Así se funda en 1976 este museo en Los Berruecos dedicado este Fluxus donde llegaron el artista alemán Wolf Vostell (1932-1998) y su mujer Mercedes, que se enamoraron de este paraje natural en un antiguo lavadero de lanas, conjugando arte y naturaleza.

Y si los espacios son importantes, las agendas de los gestores musicales son mejores que las de los políticos que dan el salto a las multinacionales, bufetes o grandes empresas privadas. Si con ella se puede encontrar en un día un barítono para sustituir al previsto, ahí está el contacto (de otras “adversidades” aún me quedan por contar las de la tarde de este primer domingo), y cuando se establecen vínculos casi fraternos con muchos intérpretes, se les convence para que den no uno sino dos conciertos. Así sucedió con Mario Brunello (1960) tras el dúo Yulianna Avdeeeva del pasado jueves que esta mañana dominical lo hacía en solitario con dos de las suites de Bach (las nº 3 y nº1) escoltando a Weinberg.

El maestro italiano ofrecía en este espacio tan singular bajo el título Bach Fluxus IV (identificando el término latino ya explicado) un recorrido entre “la música” y “la vida”, entre Meinn Gott y el siglo XX del perseguido y enorme compositor judeopolaco, en sintonía con el espíritu del museo fundado Vostell. Junto a dos de las suites para violonchelo solo de Johann Sebastian Bach, auténticos pilares del repertorio instrumental que Pau Casals rescató del olvido, el italiano Brunello como el catalán italiano está recuperando a Mieczysław Weinberg que merece un sitio propio más allá de su amistad con Shostakovich como ya comentamos en el concierto del jueves. De este “olvidado” e incluso borrado por el estalinismo soviético, Brunello nos interpretó la Sonata nº2 op. 121 (1977) que conjuga lirismo y dramatismo, felizmente hermanado en este mediodía dominical.

Tras unas palabras en italiano perfectamente entendibles donde presentarnos las obras, de las suites de Bach que probablemente son de la época de Cöthen aunque se siga investigando su cronología exacta, comenzaría con la tercera en do mayor (BWV 1009) que arranca con el famosísimo Prelude válido en cualquier entorno. Brunello la llevó a su estilo con fraseos propios, intensidades variadas, prosiguiendo con la profunda Allemande que parecía presagiar a Weinberg en cada “danza”, incluso en la Sarabande aunque la Gigue de aires gaiteros abría cierto tono festivo.

Pero los movimientos de la Sonata 2 de Weinberg ponía un nudo en la garganta, compuesta casi el mismo año en que se inauguraba este Museo y rodeada de muchas obras tan expresivas como esta sonata para violonchelo que la acústica también favoreció. Brunello siente cada nota, cada frase, estados de ánimo que como decía Bach es “la música” pero Weinberg es “la vida”. Las notas al programa se titulan “Tradición y modernidad” aunque yo invierta el orden, y en ellas se disecciona el programa. Del compositor remarca una vida marcada por el Holocausto, el exilio, su cercana amistad con Shostakovich (que le salvaría la vida en plena persecución estalinista), y destacando que es un compositor clave no sólo de música de cámara, también de sinfonías y óperas con un catálogo inmenso que se está “sacando del olvido”, y esta Sonata op. 121 pertenece a un ciclo de cuatro para violonchelo solo. La analizan de la siguiente manera:

“Tras un inicio introspectivo del Andante inicial con un tono de soledad casi meditativa, el Allegro siguiente irrumpe con fuerza, con un ritmo trepidante, lleno de energía y contrastes que desemboca en un Adagio donde el tiempo queda suspendido con un canto sencillo y directo del violonchelo creando una atmósfera entre melancólica y resignada que tanto caracteriza a Weinberg. La obra se cierra con un movimiento más ligero, con algunos guiños al folclore judío y a Bach, para concluir de forma solemne en un final que se desvanece poco a poco buscando de nuevo el sosiego del Andante inicial”.

La interpretación de Brunello fue poderosa e introspectiva, desgarradora pero llena de esperanza, amplísima en unas dinámicas con todas las técnicas del instrumento que en momentos dados hicieron soltarse el arco o arrojar la sordina violentamente al suelo para no perder un discurso que el italiano siente tan ruso como el compositor, y que obtuvo el premio Tchaikosky en 1986. El público, que agotó las plazas del museo, premió en pie con una atronadora ovación la entrega y emociones de esta sonata.

Tras el dolor viene el perdón de “dios Bach” y la primera de las seis suites, como el vermut al desayuno diario de Casals a lo largo de toda su vida a partir de los 48 años en que realizó la primera interpretación en público y llevarla al disco para convertirse en una referencia absoluta y todo un reto para los violonchelistas desde entonces. Mismas “danzas” que en la tercera que abría la velada (salvo el cambio de la Bourrée por ell Menuet) y otra lección del italiano que si desde el piccolo nos asombró en Granada, con el del siglo XVII del luthier Giovanni Paolo Maggini con una hermosa voluta tallada en forma de cabeza redondeó este Bach Fluxus antes de otra cálida, merecida y larga ovación, dejándonos un regalo de Gaspar Cassadó (Barcelona, 1897 – Madrid, 1966), alumno por muchos años de Casals en París, también amigo de Falla, Casella o Ricardo Viñés, residiendo desde 1923 en Florencia por sus amores con Guilietta Gordigiani y un dúo que triunfó incluso en los EEUU. Brunello nos lo “devolvió” con el mismo y reciproco amor en un sentido Intermezzo y Danza Finale de la Suite para Cello solo. Hora y media de profundidad interpretativa, magisterio en el instrumento y emociones a flor de piel, en esta coproducción con el Museo Vostell –como en las anteriores ediciones–, en una forma de que el concierto subraye la vocación del Festival Atrium Musicae de llevar la música a escenarios singulares y de establecer vínculos entre tradición y modernidad.

Aún quedaba el concierto de la tarde en el Gran Teatro, que es otro capítulo para el blog… Lo dicho, ¡CONTINUARÁ!

PROGRAMA:

Bach Fluxus IV
Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Suite para violonchelo n° 3 en do mayor, BWV 1009 (1717-1723):

Prelude – Allemande – Courante – Sarabande – Bourèe 1&2 – Gigue

Mieczysław Weinberg (1919-1996)
Sonata para violonchelo n° 2, op. 121 (1977):

Andante – attaca / Allegro / Adagio – attacca / Allegretto – Lento – Adagio

Johann Sebastian Bach
Suite para violonchelo n° 1 en sol mayor, BWV 1007 (1717-1723):

Prelude – Allemande – Courante – Sarabande – Menuet 1&2 – Gigue

Contrafacta dorada

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Domingo 1 de febrero, día 5 del Festival Atrium Musicae. 10:15 horas: Iglesia de Santiago. El León de Oro (director: Marco Antonio García de Paz): Contrafacta. Obras de Victoria, Donati, Palestrina, Pärt, Rheinberger y Whitacre. Fotos propias y de Sandra Polo.

Quienes me conocen saben que soy un ferviente “leónigan” y si en la mañana del sábado sacaba pecho presumiendo de este coro de mi tierra, con casi 30 años de trayectoria, muchos premios internacionales (y no solo nacionales), pero sobremanera con una cantera que hace de este proyecto algo único y vivo, escucharles de nuevo y en solitario, dominando repertorios tan variados y a la vez tan bien ensamblados, me hicieron “engordar de orgullo” ante mucha parte de un público con el que estamos coincidiendo en este festival tan intenso y casi maratoniano (ya conocemos a Don Antonio), pero con un éxito arrollador que respondió a esta oferta de la que aún me queda mucho por contar.

Marco A. García de Paz presenta este Contrafacta explicando que es “un viaje sonoro que atraviesa los límites del tiempo, el estilo y la tradición, deteniéndose en un fenómeno fascinante de la historia musical: la capacidad de una obra para transformarse en otra sin perder su esencia”, y por ello contrafactum que es la práctica de reutilizar una música ya existente aplicándole un nuevo texto, algo tan histórico pero igual de vigente. El León de Oro (LDO) tiene muy trabajadas gran parte de las obras que cada temporada aunque vayan incorporando repertorio no almacenan ni archivan mucho, con la oportunidad de poder armar conciertos como este matutino que abría el 5º día del Atrium Musicae.

Diálogos entre el Victoria genético de “los leones” (no me canso de recordar a P.P.) con el italiano Lorenzo Donati (Arezzo, 1972), música actual de enorme dificultad en afinación con disonancias exigentes para cualquier coro y que LDO lleva años siendo referente en estos aspectos, tres parejas que conviven en calidad y emotividad. Otro tanto con Palestrina y Arvo Pärt en el Nunc dimittis, e incluso con Josef Gabriel Rheinberger en el Kyrie, todos ellos en el archivo mental (también digital y coral) de estos leones ya desde cachorros y que Marco refresca emparejando mundos como sólo él acostumbra.

Y el cierre nadie mejor que la pareja Victoria-Whitacre, el Sanctus de la Missa Salve Regina con el Sainte-Chapelle jugando como siempre con distintas ubicaciones de las voces, dobles coros, siempre equilibradas, matizadas, unas sopranos celestiales y unos bajos verdaderos (nada de barítonos con años), para completar este edificio sonoro sumando unas contraltos y tenores para armar otro templo coral que mueve pasiones fuera de las fronteras astures.

No importa el horario ni la climatología, si el sábado LDO con la Schola Antiqua asombraron, por separado y arrancando febrero volvieron a llamar a un público abierto de mente (y de oído) “comulgando” solo con la música bien interpretada por dos coros que mantienen la esperanza en el mundo coral.

Casi sin tiempo había que irse hasta Malpartida de Cáceres con el segundo concierto a las 12:30… pero como en los seriales y desde este blog

CONTINUARÁ…

PROGRAMA:

Contrafacta
Tomás Luis de Victoria (1548-1611)
O vos omnes
(SSAT)
Lorenzo Donati (1972)
Davanti alle tenebre

Tomás Luis de Victoria
Tenebrae factae sunt (SSAT)
Lorenzo Donati
Dentro alle tenebre

Tomás Luis de Victoria
Caligaverunt oculi mei (SATB)
Lorenzo Donati
Oltre le tenebre

Giovanni Pierluigi da Palestrina (1525-1594)
Nunc dimittis (SATB + SATB)
Arvo Pärt (1935)
Nunc dimittis

Giovanni Perluigi da Palestrina
Kyrie – Missa Papae Marcelli (SATTBB)
Josef Gabriel Rheinberger (1839 – 1901)
Kyrie – Cantus Missae

Tomás Luis de Victoria
Sanctus – Missa Salve Regina (SSAB + SATB)

Eric Whitacre (1970)
Sainte–Chapelle

P.D.: Las fotos de Sandra Polo al subir esta entrada (ya en la noche del 6º día de festival, aún no estaban disponibles) pero las añadí cuando las tuve ya de madrugada.

Medianoche cacereña de meditación

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Sábado 31 de enero, día 4 del Festival Atrium Musicae. Concatedral de Cáceres, 23:55 horas. Schola Antiqua, Juan Carlos Asensio (director). Las vigilias de Santa Maria a través de la música medieval. Fotos propias.

Cerrando un intenso cuarto día de festival y entrando en febrero llegaba otro concierto de los que hacen mella hasta en el más agnóstico y ateo. Si en esta misma catedral en la mañana los asturianos de El León de Oro unían fuerzas con la Schola Antiqua para un monumental Oficio de Difuntos, febrero arrancaría con ellos “desgajados” pero igualmente dignos de reseñar.

Llenar a medianoche la Concatedral da buena señal para seguir programando en esta línea y si las obras elegidas, como bien explicó Juan Carlos Asensio tras el Ad procesionem lliteral, y la Antífona Nativitatem hodieram mirando al altar mayor, eran casi un relato musical del Retablo Mayor de Santa María, organizado en siete episodios paralelos a las tallas de del siglo XVI realizadas por Roque Balduque y Guillén Ferrant, ambos maestros muy reconocidos, resultando un ejemplo muy característico en el Renacimiento Español y carentes de policromía, siendo los cantos llanos más alguno a dos y 3 veces quienes llenaron de color esta primera noche de febrero, con obras de los propios Cantorales cacereños de la Concatedral y los monasterios de Guadalupe y Yuste, sumándose el burgalés Códice de Las Huelgas o el Libre Vermell de Montserrat, verdaderas fuentes de una música que si en la mañana nos dejaron en el siglo XVII, en la medianoche nos detendríamos en el Medievo.

Una hora de meditación bajo el título de “Ad Matutinum, In Nocturnos”, centrado en la música destinada a los rezos nocturnos, sobriedad de unas obras realzadas por el propio templo y la singularidad del horario. Juan Carlos Asensio nos dejó unas excelentes notas en el programa de mano, no accesible pero que quiero dejar íntegras aquí:

Devoción mariana

Durante toda la Edad Media, la liturgia ha consagrado una importante parcela al culto a la Virgen. Desde los primeros repertorios pregregorianos hasta las elaboradas polifonías del Ars Subtilior, las músicas en honor de María han tenido una presencia activa en las celebraciones cristianas. Por ello, Schola Antiquaha querido consagrar el programa del presente concierto dentro del IV Festival Atrium Musicae a la advocación de la Concatedral de Cáceres, Santa María, siguiendo con la monodia y las primitivas polifonías medievales, el itinerario de la vida de la titula de la seo de la ciudad. Desde la Natividad hasta la Asunción a los cielos y la posterior Glorificación, efectuaremos un recorrido a través de algunas melodías gregorianas extraídas de los cantorales de la propia catedral y de la colección dee los libros de coro jerónimos de Guadalupe y Yuste. El propio canto gregoriano se verá completado con obras polifónicas de manuscritos españoles pertenecientes a los periodos del Ars Antiqua y del Ars Nova (ss. XII-XIV), algunos de ellos como el Códice de Las Huelgas o el Libre Vermell de Montserrat de clara vocación mariana. Los responsorios y antífonas de los maitines o vigilias –Ad Matutinum-constituyen el hilo conductor que se completará con otras piezas tanto de la Liturgia de las Horas como de la Misa aprovechando este contexto peculiar, no litúrgico, pero sí revelador de la importancia que la música tuvo en el culto divino de devoción mariana.

Las 13 voces del excelente grupo especialista en el canto llano, Schola Antiqua, dirigido por Juan Carlos Asensio, siguen manteniendo viva una música que alejada de conventos o monasterios y en pleno siglo XXI casi se convierten en Patrimonio Inmaterial, voces sobras, expresivas desde la solemnidad, uniendo la belleza de algunas de esas voces además del director ejerciendo de solista, caso de uno de los tenores.

Si los diferentes ocho modos (herederos de los griegos y precursores de los solamente dos que desembocaron en la tonalidad del Barroco) sirven para subir o bajar las tesituras, además del propio carácter propio a cada momento del año litúrgico y al texto en el latín oficial, el primer motete a 3 voces demostró el mismo empaste que en la monodia, y aún mejor las caccias del códice de Montserrat, bien ubicadas en el programa y que cerrando los ojos eran de una homogeneidad en emisión y color que solo con el “duro entrenamiento” en el canto llano se alcanza.

Una hora de tentaciones sensoriales, sobre todo al oído, pero con la penitencia horaria y la absolución musical de la Madre de Dios siempre piadosa y amantísima.

Una noche que nos llevaría ya hasta otra histórica iglesia cacereña. Como en las series o culebrones ¡CONTINUARÁ!

P.D.: Las fotos de Sandra Polo al subir esta entrada (ya en la mañana del 6º día de festival, aún no disponibles pero las añadiré cuando las tenga).

El lied protagonista

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Sábado 31 de enero, día 4 del Festival Atrium Musicae. Gran Teatro, Cáceres, 19:30 horas: Manuel Walser (barítono), Malcolm Martineau (piano). Franz Schubert: Sehnsucht (Anhelo). Fotos propias y de Sandra Polo.

El Gran Teatro de Cáceres acogió finalmente un recital que, pese al cambio obligado de intérprete, mantuvo intacta la esencia del festival y, si cabe, reforzó su identidad: el lied como centro y razón de ser. La indisposición gripal que impidió la presencia del barítono Florian Boesch fue resuelta con rapidez y acierto por la organización, que confió el programa al barítono suizo Manuel Walser, acompañado por el pianista Malcolm Martineau, ofreciendo un monográfico schubertiano de altura aunque no el programado Schawanengesang (El canto del cisne).

Walser no es un desconocido para el público de Atrium Musicae: y cuentan que ya había dejado una profunda impresión en la primera edición del festival con su interpretación del “Viaje de Invierno” (Winterreise). En esta ocasión regresó con una selección de lieder, un programa nuevamente schubertiano íntegramente como no podía ser menos, cuidadosamente construido en torno a algunos de los grandes ejes de su universo poético: el anhelo, la soledad, la naturaleza y la introspección nocturna. El título implícito del recital, Sehnsucht (Anhelo), actuó como hilo conductor de una travesía emocional tan exigente como coherente.

Desde Der Wanderer an den Mond hasta Totengräbers Heimweh, el barítono suizo desplegó una voz de timbre noble, emisión natural y dicción ejemplar, cantando todo el programa de memoria, lo que favoreció una comunicación directa con el público y con el pianista, así como una expresividad no solo vocal, gestualidad en manos y rostro. Los lieder elegidos pudieron haber memos trágicos y oscuros, y el Schubert del suizo aunque rehúye el efectismo y se apoya en la palabra, en el matiz y en una línea de canto siempre al servicio del texto, adoleció de «más carne» pues sus pianissimi resultaron tan imperceptibles que ante el uso excesivo restaron mayor capacidad y volumen (que lo tiene y se notó puntualmente), hubiese necesitado mayores contrastes en los matices. Especialmente logrados resultaron lieder como Du bist die Ruh, de intimidad suspendida, Aufenthalt, de tensión contenida, o el inquietante Der Zwerg, auténtico relato dramático en miniatura que personalmente fue de lo mejor en esta schubiertiada cacereña.

Malcolm Martineau, figura imprescindible del lied europeo, fue mucho más que un acompañante: su piano respiró con la voz, coloreó atmósferas y sostuvo con inteligencia cada giro expresivo. La compenetración entre ambos fue total, esa que solo se da entre intérpretes que comparten lenguaje y profundidad de enfoque, y capaz de rehacer en pocos días todo un recital con otro barítono, algo al alcance de muy pocos pianistas.

De agradecer también la proyección de sobretítulos, imprescindibles para seguir el diálogo entre música y poesía, esencia misma del lied. Schubert volvió a demostrar por qué sigue siendo piedra angular de este género exigente, no apto para todas las voces ni para todas las escuchas, con dos propinas, lógicas, del malogrado Franz, Fahrt zum Hades D 526 (algo menos ligero de tempo que mi referente en este repertorio) y finalizando con ese “himno” An die Musik D 547. En Cáceres, el lied fue protagonista absoluto: palabra, música y verdad, aunque tenebroso y triste pero pura emoción.

PROGRAMA

Franz Schubert (1797–1828): Sehnsucht (Anhelo)

Der Wanderer an den Mond, D 870 (El caminante a la Luna)

Abendstern, D. 806 (La estrella vespertina)

Die Taubenpost, D. 957/14 (La paloma mensajera)

Du bist die Ruh, D. 776 (Ella estuvo aquí)

Bei dir allein, D. 866/2 (Solo contigo)

Des Fischers Liebesglück, D. 933 (El pescador felizmente enamorado)

Aufenthalt, D.957/5 (La estancia)

Auf der Bruck, D. 853 (Sobre el puente)

Frühlingsglaube, D. 686 (Fe primaveral)

Im Walde, D. 708 (En el bosque)

Im Abendrot, D. 799 (En el crepúsculo)

Der Zwerg, D. 771 (El enano)

Nachtstück, D. 672 (Nocturno)

Totengräbers Heimweh, D. 842 (El anhelo del enterrador)

P.D. Las fotos de Sandra Polo al subir esta entrada (ya en la tarde del 5º día de festival, aún no disponibles) las añadí en la madrugada del domingo al lunes.

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