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Música para La Regenta

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Lunes 17 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: Música en torno a «La Regenta», Cuarteto «Clarín». Obras de Toldrá, Granados, Albéniz y Turina.

Música y literatura siempre han ido de la mano y la capital del Principado está celebrando los 140 años de la publicación de «La Regenta» (1884-1885) de Clarín, siendo este el primer concierto del ciclo con un cuarteto de cuerda que ha tomado el nombre del ilustre ovetense nacido en Zamora, cuatro músicos pertenecientes a la Oviedo Filarmonía, que a su vez está completando otra banda sonora para la obra que ha inmortalizado Vetusta como sinónimo de Oviedo.

Leopoldo Enrique García-Alas y Ureña, conocido simplemente como Leopoldo Alas o Clarín  (Zamora, 25 de abril de 1852 – Oviedo, 13 de junio de 1901) fue un escritor y jurista español además de crítico musical. Buscar obras españolas contemporáneas a su vida daría para muchas opciones, aunque ceñirse a la formación elegida se puede hacer algo más complicado. A la terna inicial de Granados, Albéniz y Turina se sumaría un Toldrá posterior y que abriría el concierto como ventana con vistas al mar que desde Oviedo no se ve, aunque la luz del mediterráneo iluminase muchas páginas de los tres  compositores catalanes así como el Guadalquivir sevillano de aires toreros y melodías cercanas.

El vilanovino Eduardo Toldrá (1895-1962) ayudó a difundir la estética de Debussy como intérprete de cuartetos en España, y junto al sevillano Turina se mueven en un lenguaje personal equidistante de los dos polos que marcaban los intereses encontrados del momento, algo alejado de nuestro Clarín aunque cercano a la evocación en los inicios del siglo XX y conocedores del cuarteto. Y seguiré emparejando a Toldrá y Turina, inicio y final del concierto, pues hay mucho de búsqueda de un realismo que puede resultar tópico, como ocurre con lo que de “andaluz” tienen los compositores españoles elegidos para este programa clariniano, pero también muy literario, independientemente de la propia cronología.

Vistes al mar de Toldrá establece un diálogo con la poesía de Joan Maragall en cada uno de los tres movimientos (las poesías de referencia son La ginesta, A les llunyanies, y La mar estava alegre aquest migdia), aplaudidos independientemente pese al anunció inicial del cellista. Hay en ellos una tenue y sensible polifonía en el primero, un segundo movimiento evocador de Debussy por el tratamiento de la melodía, junto al movido y en cierto modo «innovador» tercero, evocaciones literarias válidas para esta banda sonora. Los cuatro músicos que llevan años compartiendo en sus atriles mucha música, aunque no en esta formación, así entendieron estas vistas o poesías sin letra, muy aseadas aunque con algún problema de afinación, puede que por la temperatura de la sala de cámara.

Las Doce danzas españolas op. 37 (1892-1900) del ilerdense Enrique Granados (1867-1916) están originalmente escritas para piano y según el propio compositor fueron escritas en 1883, aunque probablemente perfeccionadas posteriormente por él mismo. Si bien existen muchas versiones y arreglos, desconozco la autoría de las interpretadas por el Cuarteto «Clarín» que seleccionaron tres de las doce: la número 2 Oriental, con un sentido movimiento central, la tercera conocida como Fandango o Danza gallega, una zarabanda enérgica y rítmica, más la popular Andaluza o Playera (quinta, que no debe confundirse con la anterior) de cierto aire flamenco por esa «evocación de lo andaluz» a que hacía referencia anteriormente. En lo personal estuvieron algo alejadas del espíritu primigenio y donde los unísonos volvieron a notarse algo desafinados; a favor esta versión personal con los violines cual mano derecha mientras viola y cello son la izquierda, con fraseos más adaptados a la cuerda que al piano así como una agógica bien entendida por el cuarteto.

Algo similar ocurriría con la selección de cuatro de los ocho números pertenecientes a la Suite Española nº 1, op. 47 del gerundés Isaac Albéniz (1860-1909). Compuesta entre 1882 y 1889, los arreglos estuvieron más en la línea pianística por la sonoridad y mejor instrumentación para cuarteto de cuerda, con los aires adecuados así como mayor ajuste en la afinación. Asturias (Leyenda, nº 5) bien elegida la alternancia y protagonismos, Cádiz (Saeta, nº 4) muy bien sentido, Cataluña (Corranda, nº 2) de sardana más rica en la cuerda que en el propio piano, y finalmente Sevilla (Sevillanas nº 3), cuatro episodios contrastados donde poder lucirse cada músico y mantener un sonido más homogéneo en la formación para la ocasión.

Finalizarían con La oración del torero (31 de marzo al 6 de mayo de 1925) de Joaquín Turina (Sevilla, 1882 – Madrid, 1949), obra breve escrita inicialmente para el cuarteto de laúdes Aguilar, que asume como característica la esencia del pasodoble desde una gran estilización y una sutil fuerza interior, siendo probablemente una de las obras de mayor interioridad compuestas por el sevillano, que además realizaría la adaptación para cuarteto de cuerda nada más terminar la primera en mayo, y para orquesta de cuerda en 1927. La interpretación del Cuarteto «Clarín» estuvo ceñida a la partitura del andaluz, de sonido compacto y con ese aire torero bien llevado por una cuerda que está rodada, aunque no sea solamente la suma pues un cuarteto necesita toda una vida para latir y sonar cual unidad.

De regalo volverían a Granados y el «Intermedio» de Goyescas que en cualquier versión siempre es bello y en cuarteto no defraudó, poniendo el cierre a este nuevo capítulo sonoro para Ana Ozores.

Cuarteto «Clarín»:

Marina Gurdzhiya, violín
Luisa Lavín, violín
Rubén Menéndez, viola
Guillermo L. Cañal, violonchelo

PROGRAMA

Eduard Toldrá (1895-1962):

Vistes al mar

-Allegro con brio
-Lento
-Molto vivace

Enrique Granados (1867-1916):

Doce danzas españolas (selección)

-Oriental

-Fandango

-Andaluza

Isaac Albéniz (1860-1909):

Suite Española (selección)

-Asturias

-Cádiz

-Cataluña

-Sevilla

Joaquín Turina (1882-1949):

La oración del torero, op. 34

Vetusta, 2025

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Sábado 15 de marzo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: Oviedo Filarmonía (OFIL), Francesca Dego (violín), Lucas Macías (director). Obras de Jesús Rueda, Barber y Bruckner.

En este año 2025 se están celebrando los 140 años de la publicación de «La Regenta» (1884-1885) de Leopoldo Alas Clarín (1852-1901), un zamorano que retrataría para siempre a Oviedo como Vetusta. Por su parte el onubense Lucas Macías Navarro (Valverde del Camino, 1978) está leyendo musicalmente la Vetusta de 2025 con la orquesta ovetense que crece en cada concierto desde la titularidad en 2018 con el maestro, y este frío sábado de Cuaresma volvió a corroborar la total complicidad con unos músicos que afrontaron un programa variado y exigente como pocos.

Abría el concierto el estreno absoluto de Vísperas del madrileño Jesús Rueda, encargo de la propia OFIL junto a la Orquesta Ciudad de Granada (de la que el maestro Macías Navarro también es director artístico desde la temporada 2019-20), un «Mapa sonoro de Vetusta» que está escribiéndose de forma conjunta: primero «Albidum, camino hacia las estrellas» de la ovetense Raquel Rodríguez en noviembre de 2022, palabra latina traducida como blanquecina, uno de los probables orígenes del topónimo de la capital del Principado para una historia sinfónica y asturiana; después «Vetusta» de la canaria Laura Vega, que renombré «Carbayonia» en enero del pasado año también con Macías Navarro, y ahora estas «Vísperas». Al onubense tendré que rebautizarlo como Alas Macías tanto por esta implicación con la gran obra literaria del que también fuese crítico musical fusionando Zamora y Valverde del Camino, ambos con Oviedo en el corazón.

La obra de Rueda en palabras del propio autor en las notas al programa «(…) fue compuesta en la primera mitad de 2024 gracias a un coencargo de Oviedo Filarmonía y la Orquesta Ciudad de Granada. Bajo la premisa del nombre Vetusta, creció un discurso orquestal que sugería ambientes y atmósferas sobre aquella poderosa novela de Clarín, La Regenta. Tal vez la imagen que más se fijó en la memoria del compositor fue la catedral de Oviedo, sus penumbras, los espacios resonantes, y esa enigmática hora en la que el tiempo se paraliza, entre el día y la noche, y que anuncia la hora azul, las vísperas. La obra se construye en bloques de diversa densidad y tímbrica. En un tempo de Adagio los motivos temáticos crecen, se transforman y se diluyen. Un canon inicial traza el hilo que se va deshilachando en las diferentes familias instrumentales. Permanece este hilo conductor a través de todos los bloques hasta el final de la obra, a veces mantenido por los solos instrumentales (flauta, violín) que sustentan la línea principal». El madrileño ya forma parte de muchos conciertos en Oviedo, tanto con la OSPA, la Filarmónica de Hamburgo o al piano de Noelia Rodiles, sumando ahora la OFIL que con Macías nos dejaron una  interpretación limpia, muy trabajada, asequible a todo aficionado (alguno olvidó el adelanto horario también a los sábados), sin necesidad de buscar en la percusión ambientes sonoros, la cuerda fue la neblina del atardecer en la catedral, más luminosa que una cencellada zamorana; todas las secciones ayudaron a dibujar el clima y magia del atardecer, y los solistas rindieron con la calidad de la propia partitura que Macías entendió, enseñó y tradujo en un estreno que engrosa la historia musical de la Vetusta clariniana de nuestro siglo XXI.

Tras casi 10 años volvía a los Conciertos del Auditorio, de nuevo con la OFIL la violinista italoamericana  y residente en Londres Francesca Dego (Lecco, 17 de marzo de 1989), con su violín Francesco Ruggeri (Cremona 1697) que volvió a convencer como entonces, musicalidad e impecable técnica que los años ayudan a madurar. En el Concierto para violín del estadounidense Samuel Barber (Pensilvania, 1910 – Nueva York, 1981) Dego mostró su versatilidad con una convincente interpretación y el sonido poderosamente cálido de su Ruggeri. Si en 2015 ya escribía del concierto El violín rojo que «me impactó y convenció desde la afinación previa con un sonido potente, de armónicos capaces de sobreponerse a una masa orquestal poderosa, con una técnica sobresaliente no ya en la mano izquierda sino con un dominio del arco que sacó del violín el verdadero espíritu del título de este concierto para violín y orquesta», con el de Barber en cada movimiento hubo total compenetración con una orquesta ideal en esta obra, caídas perfectas, empaste incluso con el piano del virtuoso Sergei Bezrodny (¡qué suerte tenerle aún en activo!), y Macías como excelente concertador.

Emocionantes los dos primeros movimientos, desde el inicial Allegro moderato contenido, fraseado, arropado por una cuerda compacta liderada por Mijlin, bien contestado y compenetrados, el clarinete de Inés Allué en la misma órbita pensativa y placentera de la melodía, cambios de tempo y pulsación perfectamente marcados por los timbales de Ishanda , metales empastados, y en general todas las secciones funcionando con amplias dinámicas sin perdernos nunca el violín solista; en el Andante destacar tanto los solos de trompa (Alberto Ayala) como de Bronte al oboe (se nota la «mano» del onubense) en comunión con el violín, dinámicas y tímbricas fusionadas manteniendo ese clima apacible antes de romperse en el movimiento final, rápido y virtuoso, un Presto valiente por parte de todos, articulaciones claras, dinámicas extremas siempre marcadas por Macías y respondidas unánimemente para una música nunca frívola y menos en la interpretación de Dego, con un final de los que levantan al público del asiento.

De regalo el Capricho polaco de la compositora y virtuosa del violín Graźyna Bacewicz (1909-1969), el sonido del Ruggeri inundando todo el auditorio desde la técnica pasmosa de Francesca Dego a la altura de la propia obra polaca, cierre perfecto para esta primera parte.

Me preocupaba la elección de la más que revisada cuarta sinfonía de Anton Bruckner (1824-1896) conocida como Romántica (1877-80. Ed. Leopold Nowak/Robert Haas) porque para todo director y orquesta es un auténtico reto cual toro de Miura (o Cuadri para los de Valverde del Camino) al que sacarle toda la casta para hacer una buena faena. No es políticamente correcto ser aficionado al llamado arte de Cúchares en nuestros tiempos, pero ya peino canas y viví muchas faenas televisidas con mis bisabuelas, así como en vivo en el hoy abandonado coso de Buenavista, en El Bibio gijonés y hasta en los «Carnavales del Toro» de Ciudad Rodrigo, así que con permiso de la autoridad competente (siempre quienes me leen), relataré la faena a este morlaco de nombre «Romántica» que se lidió en el auditorio ovetense con el diestro Macías Navarro y su cuadrilla carbayona en tres tercios con picadores (pues no se trataba de cualquier novillada sino de una verdadera alternativa), y tras la que el maestro saldría por la puerta grande rematando una faena donde hasta al toro le indultaron por su nobleza tras la impecable lección de buen magisterio y mejor hacer.

Con la OFIL bien engrosada, y engrasada por los requerimientos de «esta cuarta» (3 flautas con piccolo, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagots, 4 trompas, 3 trompetas, 3 trombones, tuba, timbales y platillos) aunque algo falta de  más efectivos en la cuerda, que no se notó por la mano izquierda del maestro templando las buenas y bravas embestidas de los metales, así como del esfuerzo de toda ella (¡bravo por las violas!), el Allegro ya presentó sus credenciales de delicadeza y potencia, reguladores para ir comprobando la querencia bien resuelta, con seguro arranque de las trompas, filigranas de cuerda, quites de la madera, embistes frenados con el capote, gustándose en el gesto para llevarlo hasta los medios y dejarlo listo para los picadores por parte del maestro en las tablas, con un Andante quasi allegretto bien templado, gustándose, sin forzar para mantener la bravura, chicuelinas de tronío con las maderas al quite y un tercio muy mantenido por emoción, matizada en cada pase.

Segundo tercio donde en el Scherzo el maestro dejó a «la cuadrilla» lucirse con las banderillas, trompas y trompetas (bravo Soriano) cazadoras, imperiales como las de John Williams, de aire juguetón y ligero, mirando al tendido tras dejarlas por todo lo alto, a pecho descubierto siempre controlando cada par el maestro valverdeño, maderas coloridas contrastadas y un auditorio conteniendo el aliento porque el toro quería cabecear pero sin derrotar por ningún lado, manteniendo la nobleza y el trapío antes del cambio de tercio.

Tras el brindis al cielo, muleta y espada de matar para el esperado «de la verdad», un Finale, con toda la cuadrilla atenta y el maestro dominador y dominando, naturales arrimándose siempre inmaculado, creciendo en cada pase, dejando respirar, con paso firme, templando, sabiendo de memoria por dónde iba a derrotar Romántica sin apurar más de lo justo. Pases sin enmendarse, mirando al tendido, el albero recordándome el «desierto arábico» del Lawrence Jarre, en medio del ruedo sin miedo, valiente, tocando suavemente los cuernos, amansando y apurando con todo un repertorio de pases y pausas sin necesidad de entrar a matar, pues la faena resultó tan noble como el enorme morlaco, y las emociones a flor de piel permitieron un triunfo sin sacrificio, con indulto y vuelta al ruedo para Romántica y salida del maestro por la puerta grande con ovaciones ya tomada la alternativa de matador con su cuadrilla a la altura del consolidado titular onubense que seguirá triunfando como primer espada en todos los cosos.

Musicalmente una Cuarta de Bruckner que ha puesto el listón muy alto, superado con éxito por una OFIL enorme en todos los sentidos y un Lucas Macías luchador, trabajador, comprometido, valiente, conocedor de las virtudes de sus músicos siempre flexibles y versátiles que están dando lo mejor en cada actuación tanto sobre el escenario como en el foso.

Larga vida al vienés renacido que sigue sonando cada día mejor y en más conciertos.

PROGRAMA:

Jesús Rueda (1961):

Vísperas

(Ciclo «Mapa sonoro de Vetusta». Obra por encargo de Oviedo Filarmonía y de la Orquesta Ciudad de Granada. Estreno absoluto.)

Samuel Barber (1910-1981):

Concierto para violín, op. 14

I. Allegro moderato
II. Andante
III. Presto in moto perpetu

Anton Bruckner (1824-1896):

Sinfonía n.°4 en mi bemol mayor, WAB 104

I. Bewegt, nicht zu schnell

II. Andante quasi allegretto

III. Scherzo. Bewegt; Trio. Nicht zu schnell. Keinesfalls schleppend

IV. Finale. Bewegt, doch nicht zu schnell

Predicando con el ejemplo

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Viernes 14 de marzo, 20:15 horas. Auditorio del Conservatorio Profesional de Música «Anselmo González del Valle», Oviedo. Orquesta de la Universidad de Oviedo, Pedro Ordieres (director). Obras de Mozart y Delius. Entrada libre.

Siempre es un placer volver a casa, y aunque por edad no llegué a disfrutar del nuevo edificio en la Casa del Deán Payarinos (Corrada del Obispo) no he perdido nunca el contacto del que en mis tiempos ya era Conservatorio Profesional (dependiente de la Diputación), y que hoy en día lleva el nombre de Anselmo González del Valle, cuyo retrato, entre tantos otros, estaba en el último piso de la calle Rosal (hoy Escuela Municipal de Música «María Teresa Prieto»).

Y también en casa se sentía este viernes Pedro Ordieres (Oviedo, 1979), quien sí estrenaría el nuevo edificio estudiando solfeo, aunque tenía al maestro en casa (mi siempre querido y recordado Alfonso Ordieres, también profesor en el Conservatorio, violinista de la Orquesta «Muñiz Toca», posteriormente Orquesta Sinfónica de Asturias (precursora de la OSPA) y fundador de la Orquesta de la Universidad de Oviedo, hoy dirigida por su hijo que tomaría el relevo en 2016 tras un triste paréntesis de años en silencio), como bien nos recordó a todos los presentes -que llenaron el auditorio del último sótano- el director del mismo Santiago Ruiz de la Peña, quien le haría entrega al inicio de un detalle, dándole la palabra para que «junior» nos contase el programa elegido para esta ocasión.

Muchos de los componentes de esta orquesta ya han pisado el mismo escenario y están llevando desde su nueva etapa con Ordieres junior la música sinfónica por casi toda Asturias y parte de la geografía nacional, muchos con años de veteranía ya desde sus inicios estudiantiles, por lo que la calidad y el relevo generacional está asegurado, esperando poder formar parte de las orquestas profesionales que siguen renovándose y están completando un panorama que en mis años 70 era impensable. Y además están predicando con el ejemplo como pudieron comprobar gran parte del alumnado que escuchó y disfrutó de este concierto, soñando con estar pronto en el mismo lugar.

Nada mejor que comenzar con el siempre didáctico Mozart, piedra de toque para todo estudiante y profesional, perfecto en la llamada «música de cámara» y tan necesario en la orquestal. La obertura de la ópera Don Giovanni K. 527, ayudó a ensamblar las secciones, bien afinadas, aplicadas a la mano del maestro Ordieres y con buenas dinámicas para una partitura más llevadera al oído que a los atriles pero interpretada para mantener esa engañosa facilidad de la música del genio de Salzburgo.

Toda formación debe explorar repertorios menos transitados o interpretados incluso por las orquestas profesionales, por lo que debemos destacar esta apuesta de Pedro Ordieres en rescatar al inglés de origen alemán Frederick Delius, nacido en Bradford (West Yorkshire), un centro de producción de lana a quien su acomodada y adinerada familia enviará a Florida para trabajar en una plantación de naranjas, pero la pasión musical ya le venía desde la infancia (sus padres eran grandes melómanos) y volverá a Europa para estudiar en Alemania. La vida del compositor británico es de lo más interesante y sus recuerdos en la península caribeña marcarán esta Suite Florida escrita en 1887 durante sus años de estudiante en Leipzig, donde entablaría amistad con Grieg, obra juvenil con cuatro movimientos variados donde toda la orquesta (con piano), de gran plantilla, tiene su protagonismo. ​Sir Thomas Beecham, gran defensor de la obra de Delius, tenía una partitura del copista, que usaba para sí mismo, realizada a partir del manuscrito original del compositor. La suite fue publicada por primera vez en 1963 y una edición corregida de la partitura fue publicada en 1986.

Destacar los variados tempi y ritmos de esta suite, de amplias dinámicas bien marcadas por la batuta de Ordieres y respondidas por «su orquesta». Destacable el cuarteto de trompas, con solos muy aterciopelados, y sobre todo el protagonismo de la oboe, dándole ese carácter algo pastoril y hasta «nórdico» sin perder la inspiración en las danzas afroamericanas o los espirituales negros.

A favor de «la Uni» tener la obra ya rodada de anteriores conciertos (Oviedo o Luarca) y la excelente acústica del auditorio de la Corrada del Obispo que permitió escuchar cada detalle y donde el público aplaudió cada uno de los cuatro números.

Fuera de programa llegaría el Danzón nº 2 (1994) del mexicano Arturo Márquez (Sonora, 1950) que se ha hecho muy popular en todas las versiones por su energía y riqueza, propina y obra ideal para una orquesta joven a la que Ordieres hizo moverse literalmente, con el empuje de la sección de percusión y buen protagonismo de maderas y metales siempre bien arropados por una cuerda que mantuvo la disciplina y la entrega en este «hit» que todo melómano acaba tarareando a la salida, en una muy matizada y rica interpretación de la Orquesta de la Universidad de Oviedo bajo la batuta de Pedro Ordieres.

PROGRAMA:

W. A. Mozart (1759-1791):

Don Giovanni, K. 527: obertura.

Frederick Delius (1862-1934):

Florida Suite (1887):

1.  Daybreak – Dance (Amanecer – Danza)

2. By the River (En la ribera del río)

3. Sunset – Near the Plantation (Anochecer – En la plantación)

4. At Night (De noche)

Volodos de vidrio y cristal

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Domingo 9 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberi»: Arcadi Volodos (piano). Obras de Schubert.

Volvía al Auditorio de Oviedo, tras la cancelación por causas médicas del pasado 23 de diciembre, Arcadi Volodos (San Petersburgo, 24 de febrero de 1972) con algún cambio en el programa, tras el previsto para entonces que arrancaba con la D959 de Schubert -esta vez cerrando-, la Rapsodia húngara n° 13 de Liszt, que sería la segunda propina de este domingo, más Schumann con Davidsbündlertänze que se «caería» pero retomando para este monográfico de Schubert sus Momentos musicales junto a dos lieder en las transcripciones de Liszt. Las anteriores visitas del ruso fui reflejándolas en mis blogs (mayo de 2009, diciembre de 2012 con la OFil y de nuevo en estas jornadas de piano allá por noviembre de 2016). Si su musicalidad ya me asombraba entonces por la grandeza en todos los sentidos (la primera vez le describí como «monstruo del piano» por maridar fuerza y delicadeza), ahora con menos kilos y más años la hondura de este pianista sigue creciendo, ahondando y profundizando siempre en uno de sus compositores «de siempre» (desde los años 90), como fue este monográfico del no suficientemente valorado Franz Schubert.

Si el pasado verano en el Festival de Granada pude escuchar la integral de las sonatas para piano de Schubert por Paul Lewis (el siguiente en regresar a Oviedo el próximo 20 de marzo), el programa del ruso nacionalizado francés y afincado en España nos ofrecería varias páginas para completar un concierto que he titulado como «de vidrio y cristal» porque combinaba dureza y transparencia. Tomo también algunas palabras del asturiano Martín García García en sus notas al programa:

«Esencia del lenguaje schubertiano» que contiene «lirismo inagotable, modulaciones armónicas audaces, mezcla de ingenuidad y tragedia» para los Seis momentos musicales, D780 con los que iniciaba el recital, «el piano como símbolo de la expresión individual del alma humana, como un espejo que refleja el mundo real. Esta expresión se ve claramente reflejada en las últimas sonatas para piano (…)», y finalmente «con este programa (…) nos ofrece una inmersión profunda en el mundo de Schubert, desde la íntima belleza de sus momentos musicales y sus Lieder transcritos por Liszt hasta su monumental sonata. Un recorrido por la esencia misma del romanticismo temprano».

En mi caso quiero retomar la diferencia entre vidrio y cristal que reside en el proceso o tratamiento de los materiales, musicales para mi comentario, pues el cristal es un sólido perfecto, en cuanto a la estructura de las obras, frente al vidrio de estructura irregular, por los muchos contrastes tanto vitales de Schubert como interpretativos de Volodos. Aunque el vidrio está considerado como un cristal falto de terminación, puesto que son las mismas materias primas con distinto proceso de enfriamiento dando lugar a uno u otro, tiene que ver con el tiempo de enfriamiento de las materias. Paralelismo musical porque todas las obras  que escuchamos en este domingo están en la carrera del ruso desde sus inicios, y con los años ha logrado ese «enfriamiento» que puedo equiparar a la introspección lograda, el poso que da la madurez y manteniendo una técnica impoluta con sonidos amplísimos. Sigue como siempre siendo sobrio en apariencia, utilizando silla en vez de taburete, para reclinarse mientras su cabeza gira por momentos a la izquierda o al techo aunque su semblante refleja la intensidad con las cejas o el intimismo casi cerrando los ojos. También curiosa diferenciación entre vidrio y cristal pues habitualmente nos referimos a ellos indistintamente aunque para los profesionales el cristal «tiene mayor capacidad de refracción de la luz, lo que le da su característico brillo y claridad», su mineral se origina de forma natural , y así percibo el Schubert de Volodos, incorporando plomo en los fortísimos pero volviéndose transparente y delicado en los pianissimi, brillo y claridad.

Los seis momentos musicales resultaron en su combinación de tonalidades, aires y expresión, el mejor prólogo para lo que vendría después. Cercanos, casi como en un gran salón del auditorio con la luz tenue y la caja acústica reducida. Limpieza expositiva, búsqueda de sonoridades muy contrastadas donde el silencio (roto por un amplio catálogo de toses que no paró) fueron pura expresividad y preámbulo a cada uno de los momentos enlazados con los siguientes, ocupando toda la primera parte.

Todas las transcripciones realizadas por Liszt no son meras adaptaciones técnicas sino reinterpretaciones que permiten volver a descubrir páginas de sus cercanos (desde las sinfonías de Beethoven a los lieder de Schubert) que aportan más luz a los originales. Así, Martín García escribe que «La fusión entre ambos compositores –el lirismo de uno y la audacia y habilidad pianística del otro– da como resultado una de las más conmovedoras expresiones del espíritu romántico». La Litanei auf das Fest Aller Seelen D. 343 (de los Geistliche Lieder) recreada por Liszt (S. 562) fue una delicadeza en las manos (y pies) de Arcadi, cantar sin palabras sin perder la esencia lírica, la melodía siempre presente y arropada con verdadero mimo. A continuación Der Müller und der Bach (de Die schöne Müllerin) D. 795, n° 19 / Liszt, S. 565, n° 2, mismo intimismo y delicadeza de El molinero y el riachuelo convirtiendo esta primera parte en ocho momentos de recogimiento compartido, que la mala educación de unos pocos nos privó de disfrutarla todavía más.

Y la enorme Sonata para piano n° 20 en la mayor, D. 959 llenaría la segunda parte. Quiero dejar aquí lo escrito por mi admirado Rafael Ortega Basagoiti para Granada:

«El Allegro inicial (…) en la trágica tonalidad de do menor, arranca de manera rotunda, impregnado de un dramatismo que, aunque más serenado, persiste en el segundo motivo. Pese a la general inquietud de una música de gran intensidad, es sin embargo la calmada tristeza la que cierra el movimiento. El Adagio, en dos secciones, se abre de forma muy íntima, sin ocultar una delicada melancolía, que luego se torna más oscura e inquieta en la segunda sección. No se escapa de ese sabor dramático que transpiraba en el tiempo inicial ni, sobre todo en el final, de la tristeza. Tampoco lo hace del todo el bellísimo, pero también inquietante Menuetto. El Trio, calmado y muy hermoso, es también un canto de refinada nostalgia. El Allegro final, dramático como toda la obra, está presidido por un agitado ritmo de tarantela, que deviene turbulenta, con continuos cruces de manos del pianista».

Imposible mejor descripción que la del doctor para lo escuchado en Oviedo con esta sonata que Volodos lleva tiempo ahondando e interiorizando con el paso de los años, desde un arranque liviano, lleno de agilidades limpias, para seguir logrando los increíbles contrastes dinámicos extremos, de vidrio y cristal, pasajes llenos de cromatismos tormentosos, como el final que Schubert presagiaba, los silencios estremecedores, las pausas dejando vibrar hasta el último momento las notas desde los pedales, la vitalidad con los contagiosos ritmos del vienés… todo fue desgajándolo Volodos en el gran Steinway© ovetense, música agridulce con el Adagio que sigo encontrando místico, hasta el destino llamando a la puerta del Allegro último.

Atronadores aplausos de un auditorio casi lleno y la primera de las propinas que no podía ser otra que Schubert y el Minuet en la mayor, D. 334. Recobrar la luz y tranquilidad tras la estremecedora sonata anterior, el rubato casi chopiniano que subraya el romanticismo incipiente del compositor vienés. Y tras las aclamaciones de un público en pie todavía le quedaron fuerzas para afrontar la inmensa Rapsodia húngara n° 13 en la menor, S. 244/13 de Liszt, otra «tercera parte» como la de su paisano Sokolov en versión propia de este «poeta del piano» pletórico de virtuosismo, ritmo y plena madurez.

Tengo hace años la grabación que Volodos realizó en 2013 dedicada a Federico Mompou, y como presagiando la última propina, volaría desde Schubert y Liszt con un Pájaro triste digno del catalán (de  las «Impresiones íntimas» que conocí por Alicia de la Rocha). Un aleteo acariciador, roto por un teléfono móvil, parando en seco («yo puedo esperar» dijo el maestro), el catalán que sigue emocionando con la interpretación de Don Arcadio, poniendo otro hito kilométrico en estas Jornadas de Piano a la espera de mi tocayo inglés.

PROGRAMA

-I-

Franz Schubert (1797-1828):

Seis momentos musicales, D. 780 (op. 94)

1. Moderato, en do mayor – 2. Andantino, en la bemol mayor – 3. Allegro moderato, en fa menor – 4. Moderato, en do sostenido menor – 5. Allegro vivace, en fa menor – 6. Allegretto, en la bemol mayor

Franz Schubert / Franz Liszt (1811-1886):

Litanei auf das Fest Aller Seelen (Geistliche Lieder) D. 343/ Liszt, S. 562

Der Müller und der Bach (Die schöne Müllerin) D. 795, n.° 19 / Liszt, S. 565, n° 2

-II-

Franz Schubert:

Sonata para piano n° 20 en la mayor, D. 959

1. Allegro / 2. Andantino / 3. Scherzo. Allegro vivace – Trio: Un poco più lento / 4. Rondo: Allegretto – Presto

La Esperanza siempre responde

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Viernes 7 de marzo, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo: Gala Solidaria 50 años Teléfono de la esperanza Asturias. Entrada donativo: 15 €.

Como bien comentaba Alfredo Morán casi al final del concierto, hay cosas que la música y el teléfono de la esperanza comparten: escuchar, no dar consejos, la palabra y el público, por lo que una canción, o muchas, fue lo mejor en esta gala que llenó el auditorio ovetense de solidaridad y buenas vibraciones.

Muchos artistas sobre el escenario, abriendo el acto Ladis García del Río, presidenta del «Teléfono de la Esperanza» en Asturias para comentar que se fundó en Sevilla en 1971 y cuatro años más tarde en Asturias, con sede en Oviedo y también en Gijón, contando con 81 voluntarios anónimos, varios de ellos se irían subiendo al estrado antes de cada actuación para contarnos su implicación: uno leyendo un escrito sobre cómo mantener una gota de agua y la simbología invitando a pasar por la sede, Ana Prado que nos contaría su formación de 9 meses donde cada llamada es un reto y mucho respeto, Elena López y el testimonio de su trabajo, un teléfono con muchos profesionales de todas las áreas como Dani López García, psicólogo y voluntario que nos hablaría de todo lo que hay detrás, y quien presentaría, sin necesidad de nombrarlo, a Víctor Manuel al describirle por su “sencillez y solidaridad, asturianía y sensibilidad», para citarle con parte de la letra de su canción «El paisanu»: «Que repiquen las campanas / que se abran todos los brazos / que está de nuevo en Asturias / que está aquí nuestro paisano».

Un aplauso inmenso, solidario y atronador para este voluntariado anónimo que desinteresadamente ayuda al otro lado de un teléfono que sigue sonando y nunca comunica, pues responden siempre las 24 horas del día, esperanza que no se puede perder.

La presentadora del evento sería Isabel Llano (Gijón, 1976), más conocida como Isasaweis, ingeniera técnica informática que desde hace más de una década comenzó en las redes sociales de internet (Instagram, YouTube, Facebook o Twitter) dando consejos sobre cocina, belleza y estilo de vida, compartiendo vídeos y publicaciones que acumulan millones de visualizaciones con una manera de explicar las cosas desde la cercanía y la naturalidad, además del cariño que muestra por sus seguidores -a los que se conoce como «piñones»-, generando un gran poder de atracción entre su enorme comunidad de seguidores (ahora se les llama «followers») y contagió a todos los presentes en la gala.

Abriría el fuego Fran Juesas, cantante y compositor asturiano, premio AMAS al artista revelación en el año 2019 y posteriormente en 2022 obtuvo ese premio en la categoría de «Canción Otras Escenas» con Hazlo por mi. Solo con su guitarra nos dejaría tres temas: Vengo del norte, Los años 80 cantando a un amor de verano en San Juan de la Arena con 15 años, casi 16 , y como Sabina «en un pueblo con mar», para finalizar con la conocida Canción de Oviedo, otro amor transitando por los rincones de la capital que muchos guardamos en la memoria vivida.

Música y poesía siempre de la mano, llegarían David Fueyo y Esther García, con poesías suyas (también tiene haikus como “Por la senda del viento”, un libro trilingüe en castellano, asturiano y japonés), mientras el piano de Fernando Malva iba ambientándolas, alternando los recitados: el ovetense con Manos que hablan, la valdesana con Tiempo de invierno y Libertad (en asturiano), para un estreno de David dedicado al Teléfono de la Esperanza: Donde aún no hay palabras y finalizaría Esther con Solo amor y un poema de infancia en nuestra llingua.

El siguiente en actuar sería el compositor y cantante asturiano Haim Álvarez, autor de Por un puñado de versos, su cuarto disco que pone música a poemas de varios escritores asturianos, o Amadeus, donde plantea una huida narrada a través de diez canciones y que recibió el Premio AMAS 2020 al Artista Revelación.

Con su banda nos dejaría parte de su último álbum con poemas musicados de David  Fueyo (Criptoinvierno de 2023), un canto poético a la complejidad del mundo y a sus habitantes que recitaría junto a Esther García (Esconsueñu), fusión de canciones y poemas, con presentación tras Prólogo de sus excelentes músicos: Fernando Malva al piano y sintetizador (impecable haciendo el bajo), la guitarra siempre elegante del turonés Alfredo Morán (autor también de los arreglos), la flauta mágica de Chus Fernández Soto (de quien puedo presumir pertenece a la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres), los dos percusionistas Casanovas y Ricardo, padre e hijo (“Andar la casa”), sumándose Begoña Venegas al rabel, pandero y voces. Para ir cerrando las dos horas de concierto, llegarían los artistas invitados.

El brasileño de Recife en la región de Pernambuco pero afincado hace muchos años en Asturias, Vaudí Cavalcanti, tomaría el relevo con su guitarra acústica, e Issaweis le presentó como el “Mago de las fusiones musicales” junto a la guitarra eléctrica de Emilio Ribera , otro premio AMAS en 2019 y todo un virtuoso. Dos músicos suficientes para llenar de magia el auditorio con sus canciones, bossa, la conocidísima mundialmente Tristeza de Sergio Mendes con todo el público tarareando el estribillo, otro tema con las frutas de su Brasil de nuevo jugando con los coros populares, «tiquiti, tacataca» en otra bossa contagiosa, Nací para bailar que enlazaría con Ay! mama Inés, todos los negros tomamos café… Muy grande este pintor musical que es Vaudí, siempre con sombrero, que puso alegría y sabor.

Mis queridos amigos mierenses Elena Pérez-Herrero y Alfonso Morán han logrado estos años un dúo muy especial, calidad y calidez con un repertorio muy bien seleccionado y arreglado ex profeso. Elena Pérez-Herrero es una mezzo que desde 1993 ejerce la docencia e investigación del canto y la voz como instrumento de transmisión técnico-expresivo, aplicando conceptos enraizados en la psicología y corrientes filosóficas en diversos conservatorios o seminarios por toda España y maestra de muchas figuras del canto. Por su parte Alfredo Morán, es compositor, arreglista, productor y guitarrista que cursó sus estudios de música en el Conservatorio de Música de Oviedo, en el Taller de Músicos de Madrid y en la Berklee de Boston y lleva 12 trabajos editados (9 cedés  y 3 audio-libros), habiendo ganado el Premio Amas 2014 (en la modalidad Guitarra). Tras presentarse nos interpretarían de su último trabajo El clavel del aire blanco de Guastavino en arreglo del turonés, una maravilla vocal cual «suspiro detenido» en la voz de la mierense y pura elegancia de acompañamiento a la guitarra, incluyendo partes recitadas, tras lo que Elena daría un abrazo a los que están lejos pero siempre cerca con Longe de Federico Marroquín que tienen grabada en el CD Reflejos (2016), poesía cantada y sentida con unos matices extremos llenos de expresividad y buen gusto.

Y antes del cierre llegaba la noticia del último Premio AMAS 2024 como mejor teclista a Fernando Malva, que se entregaban en el Teatro Filarmónica, y al menos recogería los aplausos de un auditorio entregado.

Orgulloso de ser mierense, la última figura de la noche sería mi paisano Víctor Manuel (Mieres, 1947) con su hijo David San José (Madrid, 1976) al piano, nadie mejor para revestir temas de siempre que todos conocemos y escuchamos en respetuoso silencio. Sentido Solo pienso en ti, la casi descriptiva Soy un corazón tendido al sol (al citar «nunca piden nada, siempre dan» tan de este Teléfono de la Esperanza); el himno oficioso de Asturias con la letra escrita en 1937 por el salmantino -muerto en el exilio mexicano- Pedro Garfias (1901-1967) donde el piano de David sonó sinfónico incluso con percusión en el atril, escuchado en un silencio sepulcral que cortaba el aire para seguir emocionándonos. De regalo la poco cantada, pero siempre cercana, Para que te quieran y que tú sepas, las sensaciones vividas por todo el que se sube a un escenario y cantadas por «el de Mieres». Grandes padre e hijo, verdaderas estrellas en casa.

Final festivo con la Real Banda de Gaitas «Ciudad de Oviedo» dirigida por Vicente Prado El Pravianu para la foto final con todos los artistas más voluntarios, esta vez el himno oficial con todos cantando Asturias, Patria Querida.

Fogosas pasiones

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Spain On Fire – Divine and human passions in the Spanish Baroque

Accademia del Piacere | Fahmi Alqhai | Quiteria Muñoz

CC 720018 – CD – Challenge Classics

Grabado en: Espacio Turina & Espacio Maravillas, Sevilla.

Productores: Rami Alqhai / Alqhai & Alqhai.
Mezclado por Andrés Torres & Jordi Gil (Sputnik Recording Studios) y Rami Alqhai. Masterizado por Jordi Gil. Ingeniero de sonido: Félix Vázquez.

Este viernes 7 de marzo sale a la venta el último trabajo de la formación de los hermanos Alqhai con el título de España en llamas. Pasiones humanas y divinas del Barroco Español, una grabación para el sello Challenge Records con difusión mundial y que recoge una selección de obras muy conocidas en nuestro tiempo, autores en la memoria de todo melómano, con una música barroca que sigue cada vez más actual llenando conciertos, y que muchas formaciones españolas están ayudado a mantenerlo vivo, como es el caso de la sevillana Accademia del Piacere que estarán llevando estos programas por distintos escenarios.

Entre las señas de identidad de Los Alqhai destaca su especial sonoridad con las violas de gamba, junto a un continuo de guitarra (igualmente solista) y clave acertados, más la percusión detallista y colorida que forman este ensamble siempre con el rico sentir mestizo desde sus orígenes palestinos hasta la Sevilla natal, el acercamiento a la música barroca española que no puede evadirse de la raíz flamenca en una retroalimentación de danzas inspiradoras, junto a la tradición romántica que ejerció España: la imagen de oscuridad y exotismo, el lugar en el que triunfaban las pasiones sobre la racionalidad, una tierra prometida en la que las emociones auguraban una vida intensa de esta Iberia que cautivó a tantos viajeros desde el siglo XIX hasta hoy en día, siendo este «On Fire» su banda sonora.

Hay que sumar al orgánico la voz de la experimentada soprano valenciana Quiteria Muñoz , de color y timbre ideal para este repertorio, muy expresiva en su línea de canto y de dicción clara, siempre bien arropada por una formación académica que en este programa, llevado al disco, el crítico Pablo J. Vayón ha calificado como «una fiesta popular para los sentidos».

Quince cortes, que detallo más abajo, alternando los temas vocales de Quiteria, sentidos, intimistas y hasta salerosos, con el acompañamiento del orgánico que tiene sus números instrumentales de protagonismos alternados en arreglos muy interesantes. Versiones propias de tiempos variados, canciones ‘populares’ y danzas que nos hacen mover los pies sin perder nunca el peculiar sello Alqhai, respetuoso y actualizado, perfecta fusión en el amplio sentido de la palabra.

Impecable la toma de sonido y una mezcla donde poder degustar cada detalle, con amplias dinámicas de un disco que espero siga sonando en vivo, acercándonos una música siempre actual, plenamente exportable y fácil de escuchar.

Dejo a continuación las notas del crítico, profesor, productor musical y violagambista Juan Ramón Lara, buen conocedor de estos músicos y repertorio, que explican muy bien el contenido de Spain On Fire:

«Durante siglos Europa miró a España con una mezcla de rechazo y fascinación, como un lugar oscuro, exótico y salvaje en el que las pasiones elementales del ser humano triunfaban sobre la racionalidad, pero también una tierra prometida en la que las emociones desbordadas prometían una vida intensa. Esa imagen se remonta al siglo XVII, cuando la moda à l’espagnole invadió la envarada corte de Versalles con una música pasional, preñada de glosas y libres improvisaciones, reflejo del fuego en el que ardía la España barroca. Sevilla era el vértice de esa España, como su puerto de Indias y paradigma de diversidad y duros contrastes: en ella se mezclaron, juntas y revueltas, la pobreza más lacerante con el despilfarro del oro de América, la brillantez intelectual con la censura, el puritanismo con la depravación… De ese picadillo de ideas y personas emergió una era dorada de las artes y de la música, que disfrutó de una riqueza de estilos y géneros deslumbrante y rara vez repetida: la vieja polifonía policoral en las iglesias, los tonos humanos en los palacios, las zarzuelas en los teatros, la guitarra de moda en los hogares y las barberías… Desde la Sevilla actual Accademia del Piacere y Fahmi Alqhai reviven esa apasionada música, los “lascivos bailes que parece que el demonio los ha sacado del infierno”, en palabras de Rodrigo Caro (1626), que desembarcaban en su puerto de manos de los esclavos procedentes de las colonias de América: zarabandas, pasacalles, chaconas “y otra gran tropa de este género” que pasaron pronto de las calles a los libros de guitarra y los entreactos teatrales, y de ahí a los salones de la aristocracia. Sus ritmos, muy “flamencos” formaron la base del folklore español, a la vez que sus acordes y ritmos, pasados por Vivaldi y Bach, pusieron el fundamento de lo que conocemos como música barroca».

Cortes:

HENRY DE BAILLY (1590-1637):
[1] Yo soy la locura

CARLES BLANCH (1993) / FAHMI ALQHAI (1976):
[2] Tarantela & Canarios

LUIS DE BRICEÑO (ca. 1610-1630):
[3] Ay, amor loco

GIOVANNI BATTISTA VITALI (1632-1692) / FAHMI ALQHAI:
[4] Glosa en canon sobre el Passa Galli de Vitali

ANTONIO DE CABEZÓN (1510-1566):
[5] Diferencias sobre el canto llano del cavallero

SANTIAGO DE MURCIA (1673-1739) / CARLES BLANCH:
[6] Folías gallegas

FAHMI ALQHAI:
[7] Folías de España

LUIS DE BRICEÑO:
[8] La bella Çelia que adora

ALONSO DE MUDARRA (1510-1580) / FAHMI ALQHAI:
[9] Glosa e improvisación sobre Conde Claros

JOSÉ MARÍN (1618-1699):
[10] Niña, como en tus mudanzas

ANTONIO MARTÍN Y COLL (1650-1734):
[11] Bayle del Gran Duque

[12] Flores de música (1706) – Pasacalles

MATEO FLECHA EL VIEJO (1481-1553):
La Negrina

[13] Florida estava la rosa

[14] San Sabeya, gugurumbé

ANÓNIMO / ANTONIO DE CABEZÓN:
[15] Himno Pange Lingua ‘More Hispano’ y su glosa

Duración total: 61:15

Músicos:

Accademia del Piacere

Fahmi Alqhai (arreglos, dirección musical, viola da gamba) – Quiteria Muñoz  (soprano).

Johanna Rose (viola de gamba) – Rami Alqhai (viola de gamba, violón) – Javier Núñez (clave) – Carles Blanch (guitarra barroca) – Agustín Diassera (percusión).

Sorpresas de doble o nada

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Jueves 6 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: «Vivaldiana, Antonio Vivaldi deconstruido». Forma Antiqva, Aarón Zapico (director). Obras de Vivaldi, Nebra, Händel y Boccherini.

Cada concierto de Forma Antiqva es una sorpresa, una apuesta nueva, un disfrute para el oído y una actualización de la música que sigue triunfando en sus interpretaciones, llenando un auditorio que les es fiel no solo por ser asturianos sino por la variedad de cada programa, y esta «Vivaldiana» con su formación  grande no dejó indiferente a nadie.

Las notas al programa de Alejandro G. Villalibre, tan originales como el propio concierto (que  dejo enlazadas), las titulaba «Vivaldiana: de digresiones, nexos y contrapiés» y recogía muchas frases del propio Aarón Zapico, desde «Para muchas obras tú puedes acudir a una estantería, cogerlas y escucharlas. Pero tú no puedes coger Vivaldiana» hasta las propias del doctor en Musicología: «Bienvenidos a un concierto diferente. Una experiencia irrepetible creada para refrescar y salirse de los esquemas clásicos del concierto», finalizando con «(…) cierre el programa, olvídese del ‘orden’, disfrute de lo que se presenta ante usted y luego, a la salida, relea todo. Y, probablemente, quién sabe, quedará más claro».

Son años siguiendo a los asturianos en todas sus combinaciones e incluso por separado a los tres hermanos, y si de algo pueden presumir es en la calidad de los músicos elegidos para cada proyecto, por lo que este nuevo reto casi celebrando el cumpleaños de Antonio Vivaldi (Venecia, 4 de marzo 1678 – Viena, 28 de julio 1741), me retrotrajo a su primera grabación de «Las Cuatro Estaciones» en Granada allá por 2011, que fueron un hito y continúan siendo un referente del «sello Zapico«. Esta vez toda una apuesta al doble o nada, ganada antes de comenzar con un orgánico para la ocasión (26 músicos) con  dobles trompas y oboes, dos chelos, órgano y clave, laúd-guitarra con viola de gamba pero también un fagot dando un colorido y protagonismo a muchos de sus músicos, algunos con reconocida trayectoria individual que acuden siempre a la llamada del «Zapico mayor» para disfrutar entre todos.

Dos partes siempre con Vivaldi protagonista y desarmando (Forma Antiqva lo «deconstruyen») varios de sus conciertos para dos instrumentos (origen primigenio del proyecto), sobre todo los de trompas y violonchelo, pero alternando con el bilbilitano José de Nebra, el anglo-germano Händel y hasta el hispano-italiano Boccherini, con un programa que dejo al final de esta entrada.

Así arrancaban en solitario las dos chelistas (Ruth Verona y Elisa Joglar) con un sonido rotundo, perfecta compenetración y el segundo movimiento del RV 531 como «aperitivo» y el primer tutti de la obertura de Nebra para imbuirnos del sonido propio y la amplísima paleta de color instrumental como en los asturianos es costumbre. El breve pero intenso paso por Händel volvería a jugar con los contrastes y matices extremos tan barrocos aunque revestidos de cierto pre-clasicismo por un uso controlado de los crescendi combinados con los ataques en los inicios de las frases.

Y para volver al «prete rosso» interesante la improvisación previa de Pablo Zapico al laúd antes de afrontar el Largo del concierto para laúd, dos violines y bajo, «cuerda mimada» con el sustento de Daniel Oyarzábal en el órgano y el contrabajo de Jorge Muñoz, casi susurrado por la dupla Jorge Jiménez (que tendría su mayor protagonismo en el otoño) y Daniel Pinteño, o el complicado Allegro del Concierto para dos trompas, cuerda y bajo en fa mayor, donde Alexandre Zanetta y Carlos González tuvieron que «domar» sus instrumentos naturales en primera fila (no así en el Larghetto-Allegro de la segunda parte ubicados en su inicial posición trasera junto a los oboes), antes de una improvisación al órgano previa al original y delicado Adagio molto otoñal con Jiménez al violín siendo sorprendidos por el poderoso Allegro de «Bajazet» al que sí seguiría una luminosa La caccia del otoño con silencios y un «tempo ad libitum» en el solo y un orgánico donde se añadieron las dos trompas, órgano y clave dando una sonoridad especial a esta estación «made in Forma» siempre distintas (y que bisarían sin el último Allegro), para finalizar esta parte con una bellísima improvisación al cello de la «cuarta Zapico» (como llamo a Ruth Verona), antes de los dos primeros movimientos de La Casa del Diavolo de Boccherini, otro guiño jugando con esa mezcla de estilos a caballo entre el barroco y el Sturm und Drang (por tormentoso e impetuoso) sin perder la esencia interpretativa de una formación poderosa en presencia instrumental pero llena de dinámicas y tímbricas, con el continuo, además de los teclados, del fagot de Joaquim Guerra, la guitarra y laúd de Pablo Zapico o la viola de gamba de Lixsania Fernández, junto a las apariciones puntuales de los dos oboes (Pedro Lopes y Jacobo Giráldez) redondeando un tutti orquestal multicolor.

La originalidad volvería rearmando parte del puzzle inicial pero con más incorporaciones como el Concierto para cuatro violines, cuerda y bajo en si menor, RV 580 al completo (y aplaudido al finalizar) donde Mirian Hontana y Sergio Suárez se sumaron a Jiménez y Pinteño en el cuarteto solistas en perfecta fusión tímbrica y estilística, independientemente de la calidad del instrumento, bien arropados por el resto de la formación, siempre con Aarón Zapico marcando dinámicas y tempi tan personales y asimilados por «sus músicos».

Y manteniendo casi siempre la alternancia de aires tan barroca, la otra obertura de Nebra sería el pegamento para escuchar los dos Allegri del RV 531 para los chelos, intercalados con el Andantino con moto de Boccherini, otra originalidad dentro del programa y nuevamente aplaudidas las dos solistas.

El remate con el regreso de las dos trompas a su concierto en fa mayor, el Larghetto-Allegro y el Andante sostenuto-Allegro assai con moto donde ambos solistas tuvieron que seguir «luchando» con la siempre traidora trompa natural pero solventando con musicalidad y empaste los difíciles ornamentos que el cura veneciano muerto en Viena escribió para este concierto que pareció presagiar al Haydn vital con la dinámicas y sonoridad que Aarón Zapico logró de esta orquesta homenajeando a Vivaldi en una original organización de las obras elegidas. Ya lo reflejaba el doctor Villalibre: «(…) A partir de ahí todo crece con obras de Nebra, Haendel y Boccherini “sin más ánimo que sean obras que tengan ese componente Vivaldiano de teatralidad, ritmo y pulsión dramática”, explica Aarón Zapico. Ese es, en definitiva, el nexo de unión del programa de hoy: la rapidez de ideas y dinámicas, los bajos poderosos y la celebración festiva de un estilo tan imprevisible y desacomplejado que nos permite desarmar el reloj, separar todas las piezas y volverlo a montar cambiándolas de sitio. Y sigue funcionando».

PROGRAMA

Primera parte

Largo

Concierto para dos violonchelos, cuerda y bajo en sol menor, RV531 Antonio Vivaldi (1678 – 1741)

Allegro

Obertura Iphigenia en Tracia José de Nebra (1702 – 1768)

Allegro – Menuet

Concerto grosso op. 6, n° 5 en re mayor Georg Friderich Händel (1685 – 1759)

Largo

Concierto para laúd, dos violines y bajo en re mayor, RV 93 Antonio Vivaldi

Allegro

Concierto para dos trompas, cuerda y bajo en fa mayor Antonio Vivaldi

Adagio molto

L’Autunno, RV293 Antonio Vivaldi

Allegro

De Bajazet, RV703 Antonio Vivaldi

Allegro La caccia

L’ Autunno, RV293 Antonio Vivaldi

Andante sostenuto – Allegro assai

La Casa del Diavolo, 1771 Luigi Boccherini (1743 – 1805)

Segunda parte

Allegro – Largo – Larghetto – Adagio – Largo – Allegro

Concierto para cuatro violines, cuerda y bajo en si menor, RV580 Antonio Vivaldi

Allegro

Obertura Vendado es amor, no es ciego José de Nebra

Allegro I

Concierto para dos violonchelos, cuerda y bajo en sol menor, RV531 Antonio Vivaldi

Andantino con moto

La Casa del Diavolo, 1771 Luigi Boccherini

Allegro III

Concierto para dos violonchelos, cuerda y bajo en sol menor, RV531 Antonio Vivaldi

Larghetto – Allegro

Concierto para dos trompas, cuerda y bajo en fa mayor Antonio Vivaldi

Andante sostenuto – Allegro assai con moto

Concierto para dos trompas, cuerda y bajo en fa mayor Antonio Vivaldi

Heroísmo musical

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Viernes 28 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Una vida de héroe», abono 7 OSPA, Nuno Coelho (director). Obras de Richard Strauss y David Moliner.

En la mitología y el folclore, un héroe o una heroína es un personaje eminente que encarna la quintaesencia de los rasgos claves valorados en su cultura de origen. Para el séptimo de abono daba título al programa con mucho «heroísmo musical». En el encuentro previo al concierto el director titular nos presentaba al percusionista y compositor David Moliner (Cuenca, 1991) que nos hablaría del estreno español de su «Estructura IV» dedicada a la diosa del arco Iris, siguiendo la inspiración mitológica diosa griega, Iris mensajera entre los dioses y los humanos, mayormente retratada como la mensajera personal de Hera, pues en una de sus estancias en Dresde vio el colorido y la relación con Iris, hija de los titanes Taumante y Electra y hermana de las temidas Harpías. Epítetos comunes la describen como Iris de alas doradas, Iris la rápida, o Iris la de los pies ligeros, y toda la literatura de dioses que es capaz de relacionarse musicalmente.

Aunque su faceta de percusionista evidentemente influye en esta obra, que se estrenó en Lucerna el 26 de agosto de 2023 y sonó por primera vez en España el jueves en Gijón y este viernes en Oviedo, la labor compositiva del conquense la realiza -como comentó en el encuentro- en papel pautado y lápiz desde el piano, buscando armonías y forjando diferentes capas, como se refleja claramente en esta „Dämonischer Iris», obra para gran orquesta con cinco percusionistas que utilizan todo tipo de aerófonos, idiófonos y membranófonos: cantos de pájaros, carracas, timbales golpeando las baquetas en el «caldero», silbatos,  armónicas, güiros… todo un arsenal al que sumar piano alternando con celesta (de nuevo contando con el virtuoso Sergei Bezrodny), jugando como cuerda y placas percutidas que consiguen un colorido «de arco iris» por donde transcurre y explica el subtítulo de la composición de Moliner.

Un arranque sombrío solístico de todos los bombos llevándonos hasta profundidades acuáticas que esconden irisaciones, mientras la nutrida orquestación va tejiendo tímbricas, cambios de ritmo, un vals demoníaco y hasta cantos guturales bien medidos, metales poderosos utilizando una trompa wagneriana, cuerda comandada de nuevo por Roman Simovic (1981), que tuvo también su momento solista volviendo a demostrar  su implicación como «colaborador artístico», el lujo de tenerlo de concertino y el ánimo que insufla a toda la orquesta. Verdadero trabajo hercúleo esta partitura, el esfuerzo de todas las secciones con un sonido homogéneo y rico en matices, siempre bien llevada por el maestro portugués, e interesante ubicarla dentro del programa elegido, pues utilizaría casi la misma plantilla (la dejo abajo de esta entrada) que la última obra del último y frío día de febrero. Una obra que como la mensajera divina nos evocó alas doradas, rapidez, pies ligeros y toda una paleta de sensaciones orquestales bien escritas por Moliner y entendidas por Coelho. También muy bien apostar por obras de nuestro tiempo tan necesarias para educar el oído con nuevos repertorios y apoyar la labor heróica de ser compositor en España. La línea seguida por Nuno Coelho está bien orientada esta su tercera temporada, y es una lástima el poco público que está acudiendo y perdiéndose estas oportunidades que ofrece la orquesta de todos los asturianos.

La otra gran figura del concierto sería el director y compositor muniqués Richard Strauss (1864-1949), abriendo velada con este sexteto, la sonatina que abre la ópera Capriccio, op. 85, en versión de «cuerda expandida» (6 violines primeros, 6 segundos, 8 violas y seis contrabajos) que lograría el sonido camerístico unificado y bien equilibrado, de escritura exigente para los primeros atriles, con un empaste que sólo dan los años y la calidad de Simovic, Alamá y von Pfeil comandando este «gran sexteto».

Como broche el poema sinfónico «Una vida de héroe», op. 40 (1898), casi autobiográfico del compositor alemán, escrita en los Alpes bávaros, «heróica» como la tercera de Beethoven y también en la tonalidad de mi bemol. Partitura dedicada a su mujer  y curiosas las pinceladas previas del maestro Coelho donde explicó que el violín personifica a la esposa del compositor alemán (entre Munich y Viena) con su carácter especial, de altibajos, chillidos, momentos punzantes y hasta violentos, también bostezos, mujer malhumorada pero necesaria para Strauss (pues aún así estuvieron casados más de 50 años). Obra casi megalómana de tres cuartos de hora sin interrupción para los seis números o capítulos, con una orquestación impresionante, que le va como anillo al dedo a esta OSPA que siempre ha tenido en el alemán uno de los compositores que mejor han entendido e interpretado en todas sus obras sinfónicas (creo que han hecho el ciclo completo de sus poemas, ópera y hasta varias sinfonías en distintas épocas a lo largo de sus casi 33 años), y esta «vida» que resulta cual recopilación de tantas otras: Así habló Zaratustra, Till Eulenspiegel, Don Juan, Don Quijote, Muerte y transfiguración, Cuatro últimas canciones, Sinfonía Alpina, y un largo etcétera, que fue como resumir la historia hasta la actualidad de nuestra orquesta asturiana.

De nuevo poderosas y seguras todas las secciones: las 9 trompas compactas en sonido y presencia, 5 trompetas (con salida de tres fuera de una caja escénica hoy «para la ocasión» y cámara frontal para poder ver las entradas precisas de Coelho en ese lejano toque de guerra heróico), toda la madera -a cuatro- sonando excepcionalmente, cuarteto de trombones más dos tubas  (con mucho fuelle) logrando tímbricas casi organísticas, nuevamente la percusión impecable, mandando, y sobre todo la cuerda (incluyendo dos arpas), que creciendo desde el «gran sexteto» inicial volvió a dejarnos los solos de Roman Simovic (con un Stradivarius de 1709) emocionantes, música profundamente sentida e interpretada al alcance de virtuosos como él, cálida, presente en todos los matices y con la magia de conseguir un silencio sepulcral para disfrutar de todas sus intervenciones, sobre todo en el tercer número (La compañera del héroe) cual «mini concierto para violín» dentro de los episodios de la vida de este Strauss poco modesto y con autoestima altísima, al nivel de sus composiciones, interpretado con la humildad, entrega  y trabajo del violinista yugoslavo pero nacionalizado inglés y la química con todos sus compañeros, igualmente transmitida por el enérgico, conciso y expresivo Nuno Coelho. Heroísmo musical para despedir el mes más corto del año.

PLANTILLA:

PROGRAMA

RICHARD STRAUSS (1864 – 1949):

Capriccio, op. 85: Sexteto (arr. orquestal)

DAVID MOLINER (1991 – ):

Estructura IV„Dämonischer Iris”

RICHARD STRAUSS:

Ein Heldenleben (Una vida de héroe), op. 40:

Der Held (El Héroe)

Des Helden Widersacher (Los adversarios del Héroe)

Des Helden Gefährtin (La compañera del Héroe)

Des Helden Walstatt (El campo de batalla del Héroe)

Des Helden Friedenswerke (Las obras de Paz del Héroe)

Des Helden Weltflucht und Vollendung (La retirada del mundo y la consumación del Héroe)

Carnaval de zarzuela

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Jueves 27 de febrero, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII edición Festival de Teatro Lírico Español. «Doña Francisquita», “Versión libre” de Lluís Pasqual. Comedia lírica en tres actos, con música de Amadeo Vives Roig (1871-1932) y libreto de Federico Romero (1886-1976) y Guillermo Fernández-Shaw (1893-1965).

(Crítica para OperaWorld del viernes 28, con las fotos de Alfonso Suárez, y propias al finalizar la función, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se puede utilizar)

El 29 de mayo de 2019 asistía en mi casa a la proyección en vivo (por las redes sociales) desde el Teatro de la Zarzuela a esta misma producción de «Doña Francisquita» que entonces rebauticé como Doña Paquita de Pascual al tratarse de una versión libre del escenógrafo catalán Lluís Pasqual (Reus, 1951), que entonces ya levantó polémica como si volviésemos la vista al pasado con tantas críticas por la revisión de títulos conocidos en todo el terreno lírico.

Tras casi cinco años de esta (re)visión de la centenaria zarzuela de Amadeo Vives, pude disfrutarla en vivo con la necesaria aportación del gran actor Gonzalo de Castro, querido en Asturias por aquella serie rodada en Lastres (Doctor Mateo) y que hace comprensiva esta actualización de “teatro dentro del teatro”, haciendo de productor y presentador respectivamente en cada acto, más la longeva Lucero Tena, leyenda viva de las castañuelas que ya estuviese en Madrid, Barcelona y Valencia, con decenas de “francisquitas” en sus manos, y que participó magistralmente en el conocido fandango, con el público que llenó el teatro, rendido a su arte con prolongada ovación solo cortada por el ramo de flores y ubicarla en una silla para presenciar al cuerpo de baile que lo hizo cual homenaje a la más querida de la noche.

Solo los textos cantados permanecen intactos, respetando tanto la música del gran maestro catalán como la letra del productivo tándem astur-gaditano (Romero y Fernández-Shaw), probablemente una de las más grandes obras de nuestro género lírico, mientras el libreto aparca y aparta la inspiración en «La discreta enamorada» (Lope de Vega) para revivirla con el otro catalán que nos muestra tres momentos de esta centenaria «Doña Francisquita» desde el mismo espíritu por reflejar personajes, modas y costumbres que habitaban Madrid durante tres épocas, revistiendo y transformando la acción como suele suceder en tantas versiones de otros títulos escénicos en la memoria de muchos, con menor o mayor acierto y gusto, siempre personal, y funcionando casi cual miniserie televisiva en tres capítulos, quedándonos con ganas de la siguiente temporada, y que como comentaba al inicio el productor, “sin diálogos como en la ópera”, por el coste de la grabación (no han cambiado los tiempos) y la simpática réplica de Milagros Martín, puede que haciendo de ella misma, siempre inconmensurable en todo, presumiendo en cada intervención de sus más de cuarenta francisquitas: “sin diálogos no se entiende” a lo que contestaba Gonzalo de Castro en el segundo acto televisivo: “para eso está Estudio 1”. Una miniserie de zarzuela dentro de la zarzuela ya metidos en las carnestolendas donde con el disfraz todo se permite.

Lluís Pasqual recalca en el programa de mano que su propuesta escénica está hecha desde la alegría que produce esta música “desde ese mundo de recuerdos felices repleto de emociones donde la zarzuela es la banda sonora de mi infancia”, y la de tantos aficionados. Pero también se trata de una propuesta reflexiva e innovadora (que Pasqual comentaba en el programa madrileño) para un auténtico clásico de la lírica española, señalando que «tal vez solo la música, evocadora y real al mismo tiempo, sea capaz de producir esos sentimientos» para disfrutar de ese  «espíritu de fiesta compartida» que titula para Oviedo, y que es el teatro lírico: un lugar de memoria de las artes y las emociones, algo que se dejó sentir en el Campoamor que agotó entradas para las dos únicas funciones, esperando aumenten para próximos festivales dado el éxito del actual.

Como reflejan las notas al programa madrileñas, «La joven Francisquita es sin duda uno de los personajes femeninos de zarzuela más reconocibles y populares. Por eso, como cada época recurre a sus clásicos para contemplarse en ellos, recurre a Doña Francisquita para admirar a esta muchacha enamorada, pero sagaz, que desde 1923 se pasea por los escenarios líricos (…) Y hace falta un grandísimo talento para mostrar, con la versatilidad que requieren cada una de las pasiones presentes en la obra, la inmensa paleta de colores que Vives nos ofrece en Doña Francisquita» y además el maestro catalán siempre componía para la voz pues decía que la zarzuela tenía que ser cantable. Fue Leonor Bonilla esa mujer a quien todos cortejan encarnando su rol con seguridad, gusto, buena proyección, matices cuidadísimos en todo el registro, siempre arropada por la cuidada dirección musical de Diego Martín-Etxebarría, y un gorgeo valiente como canta el ruiseñor.

Contrapunto valiente, timbre corpóreo y amplio incluso en el grave que obliga al cambio de voz pero totalmente creíble La Beltrana de Mónica Redondo, desparpajo y picaresca en la “Canción del Marabú” con la contestación a su altura del asturiano Juan Noval-Moro, un Cardona que arranca la zarzuela y va ganando en cada acto en presencia y buen cantar.

Importante interpretación del tenor argentino Santiago Ballerini como Fernando, color hermoso de tenor, volumen más que suficiente, mucha musicalidad, emociones de su infancia familiar porteña, buen empaste con sus compañeros y muy aplaudida la esperada romanza “Por el humo…” que fraseó en un tempo adecuado con la complicidad de un foso ideal.

Mención especial para la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que dirige acertadamente José Manuel San Emeterio pues el coro es otra pieza irreemplazable en esta zarzuela, y sus intervenciones estuvieron además de coreografiadas (salvo en el estático primer acto), presentes, seguras, afinadas, aportando tantos personajes mal llamados secundarios (como niñas, buhonera, naranjera, aguador o el sereno Sergey Zavalin en el tercer acto), y contagiándonos ese “Canto alegre de la juventud” más el famosísimo “Coro de románticos” que parecía poner la banda sonora a la proyección trasera de la primera película de 1934 (dirigida por Hans Behrendt) que llevó esta zarzuela al séptimo arte.

Si el coro es indispensable, la participación del cuerpo de baile (con coreografía de Nuria Castejón) hizo crecer aún más esta representación que tuvo una cincuentena larga de personas sobre el escenario, aportando color, ritmo, movimiento y buen hacer con el beneplácito de Lucero Tena quien tras su fandango aplaudió la repetición ya con las cinco parejas de bailarines.

Breves pero válidas intervenciones de Bárbara Fuentes como amiga de Aurora, del barítono malagueño Antonio Torres en el brusco Lorenzo, y aún menor el Don Matías de Enrique Baquerizo que desprovisto de diálogos no le perdieron dos frases bien timbradas y hasta el casi autobiográfico canto que “conserva energía”.

Oviedo Filarmonía fue la orquesta perfecta y segura en todas las secciones con primeros atriles contribuyendo a disfrutar de la maravillosa música de Vives. Siempre bien conducida y conocida por el maestro Martín-Etxebarría (quien dirigiese el pasado año «La Rosa del Azafrán» también comentada desde aquí), sonó compacta, bien balanceada, disfrutándola desde su introducción, siempre dejando escuchar las voces, y marcando bien la pulsación para ayudar al cuerpo de baile. Otro tanto la Orquesta langreana de plectro, un septeto con dos mandolinas, dos laúdes y tres guitarras impecables en ejecución y presencia en cada aparición, ajustada tanto en solitario como con la orquesta  donde el arpa de José Antonio Domené aportaría aún más colorido instrumental.

Como resumen y aprovechando las tres escenas de esta miniserie madrileña: estatismo casi total que frena la acción en la grabación discográfica de una radio republicana, que hace propaganda de nuestro género lírico cuya música no necesita traducción, y como recordaba el productor De Castro ya se pondrá en un libro que acompañe al disco.

Buena idea la plataforma giratoria del plató televisivo para las cámaras, con el control de realización y logrando movimiento real con figurantes y coro estáticos en la mazurca salvo los bailarines, así como la alusión al ministro Don Manuel (Fraga) en un directo televisado, puede que en UHF (y prometiendo llevar a El Pardo a Milagros Martín cual figura del momento), donde el público forma parte del mismo.

Y ensayo final sin trampas, con mucho movimiento por los coros, bailarines, Lucero Tena, el plano iluminando (Pascal Mérat siempre impecable) para los diálogos “suprimidos” con los protagonistas sobre una tarima elevada mientras al fondo la película de Behrendt era la vuelta al pasado desde nuestros tiempos de actualizaciones escénicas.

Público satisfecho por la música de Vives y el espíritu de fiesta que Lluís Pasqual, aplaudido al final tras tres horas de espectáculo, trajo a Oviedo como inicio de temporada y un Carnaval recuperado también para nuestro género, patrimonio de la humanidad.

FICHA:

Jueves 27 de febrero de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII edición Festival de Teatro Lírico Español. «Doña Francisquita», “Versión libre” de Lluís Pasqual. Comedia lírica en tres actos, con música de Amadeo Vives Roig (1871-1932) y libreto de Federico Romero (1886-1976) y Guillermo Fernández-Shaw (1893-1965). Estrenada el 17 de octubre de 1923 en el teatro Apolo de Madrid. Coproducción del Teatro de la Zarzuela, con el Gran Teatre del Liceu y la Ópera de Lausanne (2019). Premio Max a la Mejor Producción Lírica (2020).

Edición crítica de Miguel Roa. Ediciones Arteria Promociones Culturales, SRL. SGAE y Editores /ICCM, Madrid, 2005 (2ª edición).

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Diego Martín-Etxebarría – Dirección de escena: Lluís Pasqual – Dirección de la reposición: Leo Castaldi – Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar – Audiovisuales: Celeste Carrasco – Iluminador: Pascal Mérat – Coreografía: Nuria Castejón  Director del coro: José Manuel San Emeterio.

REPARTO PRINCIPAL:

Doña Francisquita: Leonor BonillaFernando: Santiago BalleriniAurora: Mónica RedondoCardona: Juan Noval-MoroDoña Francisca: Milagros MartínLorenzo Pérez: Antonio TorresDon Matías: Enrique BaquerizoIrene la de Pinto: Bárbara Fuentes.
Con la colaboración especial de Lucero Tena y Gonzalo de Castro.

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo

Orquesta Langreana de plectro

FICHA COMPLETA

Preparando Doña Francisquita

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Vuelve Doña Francisquita a Oviedo para inaugurar la XXXII Edición del Festival de Teatro Lírico de Oviedo, y el martes pasado tenía lugar la rueda de prensa de la presentación, con dos funciones que han vendido todo el papel así como los encuentros en el Salón de Té del Campoamor (ZarzuelízaTé) previos con el precio de 6€ para cada uno de los  cuatro títulos, novedad en este año, para un total casi tres mil localidades donde el 70% es de abono, datos que demuestran cómo Oviedo, tras Madrid, es la capital de la zarzuela. De hecho la producción que disfrutaremos en la capital asturiana es la «versión libre» de Lluís Pasqual que además del teatro madrileño ya ha pasado por el Liceu, Valencia y Lausanne, cerrando en la capital asturiana este periplo.

En la mañana del martes fueron tomando la palabra el melómano concejal de cultura del Ayuntamiento David Álvarez, con todo lo que el festival ha ido incorporando a lo largo de los años, caso de la proyección de películas, «Zarzuela en el Territorio» en colaboración con la Universidad de Oviedo, el antes citado ZarzuelízaTé, el proyecto pedagógico para escolares que el día antes en el pre-general llenó el teatro con el público del futuro o «Zarzuela en los barrios» con dos conciertos del coro titular en el Teatro Casino de Trubia y el Teatro de Pumarín, antes de dar paso y micrófono a toda una leyenda de la danza y las castañuelas, una incombustible Lucero Tena (1937) que se mostró encantada del trato y cariño demostrado desde su llegada, vestida con el azul carbayón (sin saberlo) y que mientras le funcionen cabeza y manos seguirá dándolo todo.

Continuaría el director artístico de la Fundación Municipal de Cultura, y artífice de este ya consolidado festival, Cosme Marina, quien volvió a realizar una encendida defensa de nuestro patrimonio y lo mal que se ha tratado a nuestra zarzuela, siguiendo el director de esta reposición Leo Castaldi, verdadero transmisor del espíritu de Pasqual. Prosiguieron el director musical Diego Martín-Etxebarría quien además de sentirse querido cada vez que le llaman a Oviedo reconoció que debemos disfrutar todos para poder contagiar la alegría de una profesión que no debe perderla, la coreógrafa Nuria Castejón reivindicando el gran papel que el baile tiene en esta producción más allá del fandango del último acto y el enorme trabajo previo desarrollado hasta con el coro, más la debutante e ilusionada Leonor Bonilla en el papel principal de la bella enamorada.

Más breve el polesu Juan Noval-Moro que «juega en casa» como Cardona y Lañador, el actor Gonzalo de Castro quien aporta el hilo conductor de esta producción (ya rodada con él y Lucero Tena de invitados) y agradecido de formar parte de este espectáculo lírico, la siempre joven Milagros Martín como Doña Francisca que hasta arrancaría en la foto final con un «De España vengo», el barítono malagueño Antonio Torres que ya conoce este teatro CampoAMOR, para ir finalizando con el emocionado tenor argentino Santiago Ballerini que creció escuchando en el Teatro Avenida de Buenos Aires muchas zarzuelas, recordando al Cardona de su bisabuelo español en su infancia y ahora él cantando el protagonista Fernando, y La Beltrana Mónica Redondo, redondeando esta presencia parte de un inmenso reparto de cantantes, bailarines, figurantes y actores que se subirá a las tablas mañana jueves a las 19:30 y el sábado media hora antes.

Y fiel a la cita anual, en torno al festival «La Castalia» organiza su VII Ciclo de conferencias, previas a cada uno de los cuatro títulos, este 2025 titulado «Amores de zarzuela: romanticismo, pasión y picardía» siendo el catedrático Ramón Sobrino quien abría fuego en el Club de Prensa LNE a las 19:00 horas (30 minutos después sería el primer «ZarzuelízaTé»).

El doctor Sobrino, tras la presentación de la directora artística de «La Castalia» Begoña García-Tamargo, además de los necesarios apuntes biográficos de Amadeo Vives, y ya centrándose en «Doña Francisquita» (1923) comenzaría citando La discreta enamorada (1604) de Lope de Vega y la fusión de dos obras por parte de Juan Pérez de Montalbán (1602-1638) y posterior readaptación para actualizar la acción en el Madrid del siglo XIX que en principio darían 4 actos siguiendo la estructura, pera quedarse sólo en 3 (y el último con 2 cuadros) siguiendo a Alejandro Miquis y el nuevo “modelo” propuesto para una zarzuela «que use color y sabor local de su época». Curioso ver cómo hay hasta 41 personajes en escena más coro, banda, figurantes… y el paralelismo de los protagonistas del libreto de Romero y Fernández-Shaw con Lope. En lo musical hay 15 números, conocidos por casi todos (de los que al final pudimos comprobar), pero haciendo hincapié en que todo está escrito al detalle en el libreto, desde la propia acción en Madrid durante el Carnaval de 1840, los decorados, el vestuario y hasta todas las acotaciones escénicas casi al milímetro.

Vives trabajaba con prisa y de hecho la orquestación la rehizo tras volver de Buenos Aires, pues no dio tiempo a finalizarla tras un accidente, ayudándole para poder realizar el estreno amigos de la talla de Turina, Conrado del Campo, Pablo Luna y hasta Pérez Rosillo (con un dueto de las Franciscas descartado tras el poco éxito del estreno). En la partitura encontramos las músicas populares (urbanas y rurales) que acabarán tarareando como seña del éxito de «Doña Francisquita», mostrándos caricaturas y críticas en el ABC, con las figuras del estreno, fotos y muchísimos datos, recordando el rico Archivo de la Fundación Juan March.

Tras el estreno «Doña Francisquita» en el Teatro Apolo de Madrid, viajaría a Barcelona, vuelta a Madrid en  el Teatro de la Zarzuela y el salto a Buenos Aires, pero con representaciones también en Montecarlo, Bruselas, o ya en 1956 que se programaría en la reapertura del teatro de la calle Jovellanos, con números que asombran a todos: 5210 representaciones  en 20 años (682 en Madrid, 896 en Barcelona, 982 en Buenos Aires), una versión en francés (1933), dos películas (en 1934 la de Hans Behrendt y en 1953 Ladislao Vajda con la producción de Benito Perojo). Se comienzan a reeditar los argumentos y libretos en 1924, las reducciones a piano (1941), la siempre necesaria edición en 2005 de Miguel Roa para el ICCM, los rollos de pianola o las grabaciones en todos los medios que popularizaron aún más esta comedia lírica de Vives, mucho de todo ello en la Biblioteca Nacional, y por supuesto llegando hasta las más actuales. Mi admirado profesor Sobrino iría ilustrando con fotos, audios y vídeos algunas de las que se pueden destacar, desde la 1953 con Ataulfo Argenta en estudio a las más modernas ediciones en CD. Y por supuesto había que escuchar los números más famosos: Siempre es el amor con el parentesco con “Era de nogal el santo” (recogida en Salamanca y publicada en el cancionero de Dámaso Ledesma) pero también con la asturiana «A la mar fui por naranjas» y la estrofa Ay! mi dulce amor. De las grabaciones muy curiosas la Canción del ruiseñor por la soprano que la estrenase, Mary Isaura (ya en 1923 la primera grabación, con unos agudos que son posibles y sin las «trampas» actuales), o la popular Enedina Lloris (en el Liceu, 1988, con Alfredo Kraus  y dirigidos por nuestro recordado Max Valdés. Otra versión que además dio fama a Raquel Pierotti, también con Kraus (con el dúo del «no amor», acto II, el nº 9) y estos «apuntes sonoros» no podía faltar la única e irrepetible romanza cantada por el tenor canario Por el humo se sabe…  con un Fernando de referencia para generaciones posteriores.

Prosiguiendo con números conocidos, el “Bolero del Marabú” (grabación de 1925 con Cora Raga como La Beltrana junto al Cardona de Antonio Palacios), y la recordada por tantos presentes en la sala repleta de Oviedo en 1996 con Milagros Martín (que estará mañana y el sábado) y Enrique del Portal, así como Lucero Tena en el homenaje con el asturiano Oliver Díaz a la batuta en el fandango del último acto que se ha convertido en uno de los números más internacionales.

Solamente como recuerdo de la «versión libre» de Lluís Pasqual, sin entrar en los gustos u opiniones, el doctor Sobrino recordó que los tres actos son tres momentos en el tiempo: 1934 con el recuerdo radiofónico y su grabación para aquellos tiempos de la República, 1964 ya en la televisión de Fraga Iribarne, y en nuestro tiempo con el montaje teatral de esta zarzuela. Begoña García-Tamargo despediría la conferencia con el agradecimiento siempre eterno a una de nuestras autoridades musicales y comentando que con todo agotado para las dos funciones, reclamar que en las próximas ediciones se añada al menos otra función, pues el público asturiano las reclama y la taquilla está asegurada.

Mañana estaré en el Campoamor para contarlo desde aquí.

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