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Juventud premiada

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Miércoles 21 de mayo de 2025, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón: Concierto de ganadores del Concurso Jóvenes Intérpretes. Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón. Ganadores del Concurso «Jóvenes Intérpretes» (22ª edición).

Para los estudiantes de música tocar en público es cual reválida siempre necesaria para su vida futura, tanto como diletantes pero igualmente en el caso de dedicarse profesionalmente a ella, y la Sociedad Filarmónica de Gijón apuesta no solo por la música de cámara, base de todo melómano, también por el talento joven con estos conciertos que además son un premio para ellos y el examen final a un curso intenso de muchas horas sacrificando su tiempo, pues «hay vida más allá de las pantallas».

Así, tras el Trío Auralis formado por Pedro Manuel Fernández Valera (violín), Raúl Mollá Bonhomme (violoncello) y Andrea Quevedo Remis (piano), ganadores del I Concurso de Música de Cámara (modalidad que se incorpora al concurso), que interpretaron una versión ex-profeso del Merry Go Round of Life («Howl’s Moving Castle») compuesto por el japonés Joe Hishaishi (Nakano, 6 de diciembre de 1950), una obra actual, melódica, ligera y mostrando el trabajo que lleva tocar la música de cámara tan necesaria en la formación integral de todo músico, se cerraría el telón para preparar el acto institucional de discursos, agradecimientos y entrega de diplomas acreditativos por parte de Silvia Rodríguez Gutiérrez (Jefe del Departamento de Actividades Artísticas y Complementarias) y Julia Álvarez González (directora del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón), más la vicepresidenta de la Sociedad Filarmónica Gijonesa, Mar Fernández (Mar Norlander), que les regalaría a todos los premiados un Carnet de Socio para la próxima temporada, pues está claro que son el público del futuro y la música que interpretan es un verdadero «oasis» además del reconocimiento a las familias y el profesorado. Los premiados fueron Pedro Manuel Fernández Valera (violín), Enol Camacho García (trombón bajo) y Raúl Mollá Bonhomme (violonchelo), antes de tomar su papel de solistas con la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón bajo la dirección de Mónica París Vendrell.

Ya colocada, la orquesta nos interpretaría la «Danse Baccanale» de la ópera Samson et Dalila, op. 47  de Camille Saint-Saëns (París, 1835 – Argel, 1921), página exigente para toda formación que con las limitaciones lógicas de plantilla nos brindaron una muy digna versión con buena mano de la profesora Mónica París.

El Concierto para violín y orquesta en mi menor, op. 64 de Felix Mendelssohn (Hamburgo, 1809 – Lepizig, 1947) es uno de los más bellos y famosos además de una página que no falta nunca en los solistas, y Pedro Manuel Fernández Valera demostró en el primer movimiento del mismo (Allegro molto appasionato) su calidad y merecido premio, memorizado, de sonido claro, técnicamente muy trabajado, con buena concertación por parte de la maestra París, lirismo y delicadeza con una poderosa cadencia donde mostrar no solo el virtuosismo sino el enorme esfuerzo que supone interpretarlo más allá del piano de estudio, con una orquesta de compañeros.

El siguiente solista sería el trombonista bajo Enol Camacho García (ganador igualmente del segundo premio en el  V Concurso Nacional de Trombón Bajo, Modalidad A -hasta 17 años- de la Asociación de Trombonistas Españoles celebrado en Murcia el 1 de diciembre pasado) con el Concertino para trombón y orquesta en fa mayor del compositor alemán Ernst Sachse (Altenburg, 1810 – Weimar, 1949) con sus tres movimientos (Allegro maestoso – Adagio – Allegro moderato) de estilo romántico y una disciplinada orquesta arropándole. Obra muy exigente tanto por el físico requerido en la combinación de sonoridades y matices a lo largo de toda la tesitura del instrumento, como en las frases que parecen arias de barítono, y así las sintió Camacho, por cuyas venas corre la música desde antes de nacer, y que desplegó un sonido lleno de colores junto a una técnica asombrosa en este duro instrumento de viento metal capaz de todas las dinámicas que Sachse volcó en esta partitura.

Para cerrar el concierto unas últimas palabras de agradecimiento a colaboradores y profesores por parte de Silvia Rodríguez, finalizando con el primer movimiento (Adagio-Moderato) del Concierto para violonchelo y orquesta en mi menor op. 85 del británico Edward Elgar (Broadheath, 1857 – Worcester, 1934) que popularizase la siempre recordada Jacqueline Du Prè y que podremos disfrutar este sábado por Pablo Ferrández y Oviedo Filarmonía en los Conciertos del Auditorio. Los jóvenes estudiantes comandadados por Mónica París acompañaron muy correctamente a Raúl Mollá Bonhomme, que ya luciese un sonido excelente con el Trío Auralis, y que lo corroboró con este Elgar protagonista de principio a fin, arranque seguro, bien arropado y contestado tanto por madera como por una cuerda casi dirigiéndola a sus compañeros, para acreditar de nuevo la calidad de estos premiados con mucho futuro que llenaron este miércoles el teatro del Paseo de Begoña gijonés.

INTÉRPRETES

Trío Auralis: Pedro Manuel Fernández Valera, violín – Raúl Mollá Bonhomme, violoncello – Andrea Quevedo Remis, piano (ganadores del I Concurso de Música de Cámara).

Solistas: Pedro Manuel Fernández Valera, violín – Enol Camacho García, trombón bajo – Raúl Mollá Bonhomme, violoncello (ganadores del XXII Concurso «Jóvenes Intérpretes»).

Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón.

Directora: Mónica París Vendrell.

Conciertos del Auditorio

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Ciclo Conciertos del Auditorio

Sábado 24 de mayo, Auditorio Príncipe Felipe, 19:00 h.

Pablo Ferrández (violonchelo)

Oviedo Filarmonía

Yue Bao, directora

Sofía Martínez Villa, narradora.

El ciclo de Conciertos del Auditorio ofrece este sábado una oportunidad única para disfrutar de uno de los mejores chelistas del momento, Pablo Ferrández que interpretará el Concierto para violonchelo en mi menor, op. 85 de E. Elgar, con la orquesta Oviedo Filarmonía y la directora Yue Bao a la batuta.

· El concierto, organizado por la Fundación Municipal de Cultura, incluirá una sesión divulgativa a cargo de la divulgadora musical Sofía Martínez Villa, que ofrecerá un análisis de la obra Variaciones sobre un tema original para orquesta op. 36 “Enigma”, de Edward Elgar.

· Martínez Villar realizará una breve presentación al público antes de la interpretación de la obra de Edward Elgar, y durante la misma, se proyectará una guía de audición que completará la escucha de la obra sin perder el disfrute de la audición.

Programa de mano y fotos: https://acortar.link/N0mwyf

Más información: https://www.oviedo.es/ccjp

Precio localidades: 18 € y 16 €.

La Corte de Oviedo

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Jueves 15 de mayo de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII Festival de Teatro Lírico Español: «La Corte de Faraón», opereta bíblica en un acto y cinco cuadros con música de Vicente Lleó (1870-1922) y libreto de Guillermo Perrín (1857-1923) y Miguel de Palacios (1863-1920), en versión de Emilio Sagi y Enrique Viana.

(Crítica para OperaWorld del viernes 16, con fotos de Alfonso Suárez, propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

En Oviedo así llamamos a la Iglesia de Santa María La Real de La Corte y también un céntrico local hostelero frente a la Junta del Principado, pero esta vez me referiré a «La Corte de Faraón», recordando que el título debe ir con «de» y no con «del», pues toma Faraón como nombre propio y no como cargo electo, por lo que a partir de aquí simplemente me referiré a ella como “La Corte”.

Nuestra legendaria Vetusta lleva tiempo pidiendo una tercera (y hasta cuarta) función para este festival de teatro lírico que alcanza ya treinta y dos temporadas, pues el éxito de muchos títulos agota las entradas para las dos actuales. Lo mismo ha sucedido con este penúltimo (solo queda para cerrar en junio «Marina»), tan unido al nombre de Emilio Sagi -quien la presentase en 2012 en Bilbao y Madrid- junto a un elenco con presencia de muchas voces asturianas que suponen la mejor propaganda para dos llenos en el Campoamor, contando con gran parte del reparto que la representó en el Teatro de la Zarzuela abriendo este año con la misma producción (y 15 funciones), “La Corte” que Jonathan Mallada, autor de las notas al programa, definió como “divertida, irreverente e hilarante” en la conferencia previa el día anterior.

Está claro el éxito de esta “opereta bíblica” como así se la calificó para su escandaloso estreno en 1910, y que llegaría a las 772 representaciones. Mezcla de cabaret y revista, Sagi le añade “sicalíptica”, pues hasta con la definición del DRAE queda perfectamente explicada: “malicia sexual, picardía erótica”, con sinónimos como erótica, picante, pícara, procaz, atrevida, sexual, sensual, obscena, verde. Pero “las circunstancias se relajan de tal modo que hoy la mayoría de esas bromas están pasadas de rosca y es necesario darlas otra vuelta de tuerca utilizando el equívoco de sexos y la ambigüedad sexual, elementos que precisamente convierten esta obra en un género sicalíptico muy particular, más volcado hacia el cabaré o la revista” como la define el propio Emilio, pero también “gamberra». Y añade Manuel Lagos Gismero en el programa madrileño que “efectivamente, es gamberra, cachonda, descarada y desvergonzada, directa a lo que nos ocupa e interesa al ser humano: el sexo, la política y la religión, y todo queda reflejado con ingenio y humor”. No faltan tampoco la ironía, la crítica social o la irreverencia, y hasta la censura franquista la prohibiría por obscena -no así con la música, gracias a la grabación de Ataúlfo Argenta en 1958 que sonó en tantos hogares de entonces- para “resucitarla” en plena transición e incluso con la versión cinematográfica de 1985 dirigida por José Luis García Sánchez, con guión de Rafael Azcona, protagonizada por Ana Belén y Antonio Banderas, hasta convertirse en una representación casi recurrente cada cierto tiempo en los teatros hispanoamericanos y por distintas compañías.

La música de Vicente Lleó es una delicia en todos los números, desde los valses al garrotín junto a todas las canciones que con los textos del tándem Perrín-Palacios encajan como un guante, pero aún mejor con esta actualización que ha escrito el dúo Sagi-Viana, donde el juego de palabras, incluso con las siempre complicadas esdrújulas (y aprovecho para tildar esta Corte de “magnífico espectáculo”) nos normalizan especialmente las partes habladas, contando con unos excelentes cantantes y actores que mejoran los inicios del género (a la inversa: actores que cantaban).

Y si alguien triunfó en Oviedo ha sido Enrique Viana, el Sul sorpresa “empaquetada” en el movido sarcófago para Faraón, largo solo de nombre y casi dirección postal, sorpresa para todo el Campoamor brindándonos no solo un Babilonio único, juguetón, cachondo como siempre, lleno de guiños locales repletos de fino humor (Colloto, Monte Cerrao, La Escandalera con todo lo que significa…). Genuinos cuplés del siglo XXI de esta vedette con bata ecológica que barría todo el oropel del escenario para llevarlo al contenedor amarillo, obligando a cantar a “los hombres solos… que quedan y están todos aquí”, pidiendo que “respiren”, bromeando con el maestro Bayona sobre “cómo tocar” el Babilonio, en tono “gris perla” y no en modo menor sino de edad mediana. Dedicatorias por partida doble a “mis primas segundas” con los deportistas que deben tener pelotas a pares, y “a las mujeres vigoréxicas” con la dureza de doble sentido. Actualidad bromeando con la Transparencia y hasta con Groenlandia, que encaja con Babilonia, donde “hasta los pingüinos están haciendo las maletas”,  bajando por el Basilisco (Obelisco) y unas carcajadas que no nos hicieron perder el excelente estado vocal del tenor madrileño, con un falsete increíble, el ingenio imperecedero e imperdurable de su histrionismo bien entendido, la química con el público y la valentía por seguir defendiendo y manteniendo viva 115 años después esta opereta sicalíptica, con el cuplé final Actualizando toda la Corte en letra y vestuario (Gabriela Salaverri dejó para el final sus coloridos diseños de temporada).

Y si Viana es incombustible, no se queda atrás La Reina Milagros Martín, nuestra auténtica señora de la zarzuela que cada vez que se sube a las tablas ofrece una lección de profesionalidad, de entrega, de saber hablar y cantar, haciendo beber “del rico vino de Antila”, respeto a los compañeros en el terceto Para jugar y sentenciar….  Son actuaciones siempre para recordar por la magnificencia tanto de su personaje como de su persona.

El casto José jugaba en casa, pero Jorge Rodríguez-Norton lleva una carrera de primera sin olvidarse de la zarzuela, nuestro patrimonio que cuando se interpreta con la calidad del avilesino la hace aún más grande. Física y vocalmente brilló más que todo el oro con el que cubrieron su cuerpo y las tablas del centenario templo lírico carbayón, con un derroche reclamado por todas las damas y y aplaudido como se merece, solo, a dúo o en terceto.

María Rey-Joly volvía tras su viuda Obdulia de «La Regenta» (comentada también desde aquí) como la insatisfecha Lota que busca felicidad ante tanta castidad, que se mueve como pez “en el oro” en este rol tan cabaretero por picardía y sensualidad, especialmente en el dúo con José, aunque más legible cantando que hablando. Otro tanto con Annya Pinto como Raquel, quien mostró musicalidad y buena línea de canto con voz bien proyectada en La luz de la luna se quiebra en el Nilo.

También cantaban en casa Ra, Sel y Ta, tres viudas asturianas encarnadas por Serena Pérez, María Heres y Ana Nebot que se lucieron bailando, cantando muy empastadas y sumándose a un elenco que defiende las voces de “la tierrina” junto al siempre inconmensurable Carlos Mesa como Selhá que no sólo es un actor cómico de primera sino que canta afinado y se metió al público en el bolsillo desde su primera aparición junto al colega Oscar Fresneda como Seti, un juego de roles bien ensamblado e interpretado. Otro asturiano el barítono mierense Abraham García como Gran Sacerdote, presentando a Lota y luciéndose en un Garrotín concertado y brillante.

Grande el Faraón Enric Martínez-Castignani muy querido en Oviedo que siempre defiende sus roles con solvencia y es capaz de empatizar incluso con los gestos. Mientras, la flecha afectó un tanto al Putifar de Ramiro Maturana al que le faltó más música que humor, color bien timbrado pero poco homogéneo y por momentos forzado en el agudo pero sin llegar al «Horror».

El coro titular del festival, preparado por José Manuel San Emeterio, volvió a mostrarse con una profesionalidad digna de elogio. Escénica y vocalmente ayudaron a una representación que con toda la comicidad es exigente para todos, especialmente para las voces blancas y más cuando las sitúan atrás, con lo que supone encajar con el foso. Desde el inicial “¡Victoria!¡Victoria! Ya de las trompetas…” premonitorio del resultado final y con paraguas para el chaparrón, junto a unos Sacerdotes compactos y seguros son uno de los pilares de cada temporada.

Una nutrida Oviedo Filarmonía en el foso sigue siendo el seguro orquestal de este festival, y se crece con maestros como Néstor Bayona, buen concertador manteniendo unos balances que respetaron siempre las voces, dejando “sacar músculo” en los números instrumentales y con buenos solistas, destacando el flautín y el arpa.

Nuria Castejón montó una coreografía “muy egipcia” en gestos para un buen “cuerpo de baile” a cargo de seis caballeros (dejo al final sus nombres) que también completaron una escena nunca abigarrada y sin resbalar ante los papeles que inundan del suelo y terminarían barriendo.

De nuestro internacional Emilio Sagi solo caben palabras de admiración en su Oviedo natal donde debutó y vuelve siempre triunfante, tanto en la ópera como en la zarzuela, de las que se ha convertido en todo un baluarte. En un encuentro previo con el público definía que “un teatro no es un ente burgués, tiene que ser un espacio de libertad, tiene que tener las ventanas y las puertas abiertas”. Como ya disfrutaron en el Arriaga bilbaíno o en la calla Jovellanos madrileña, esta producción ovetense va más allá del oro o los guiños a la revista, tiene una escena ágil, sobria, elegante y con el guiño final a nuestro tiempo, también en la vestimenta, desde un mural de arte urbano faraónico por temática pero muy colorido, casi warholiano aunque me recordó más al Vivancos del siempre añorado pub “Pick Up” (detrás de la Catedral) que nuestra generación disfrutó tantos años hasta su cierre, jugando con el plano superior que abre y cierra en los distintos cuadros para el coro o las viudas y la iluminación siempre muy lograda de Eduardo Bravo, con el final cual karaoke con letra proyectada todos cantamos -al fin con la pausa en su sitio- el babilonio “vámonos para… Judea”, que tras más de hora y media aún se entonaba al salir de un teatro inundado por el buen humor de la Corte de Oviedo.

FICHA:

Jueves 15 de mayo de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII Festival de Teatro Lírico Español: «La Corte de Faraón», opereta bíblica en un acto y cinco cuadros con música de Vicente Lleó (1870-1922) y libreto de Guillermo Perrín (1857-1923) y Miguel de Palacios (1863-1920), en versión de Emilio Sagi y Enrique Viana.

Estrenada el 21 de enero de 1910 en el Teatro Eslava de Madrid.

Coproducción del Teatro Arriaga, Teatro Campoamor y Teatros del Canal (2012).

FICHA ARTÍSTICA

Dirección Musical: Néstor Bayona – Dirección de Escena: Emilio Sagi – Asistente de la dirección de escena: Javier Ulacia – Escenografía: Daniel Bianco – Vestuario: Gabriela Salaverri – Iluminación: Eduardo Bravo – Asistente de iluminación: David Hortelano – Coreografía: Nuria Castejón.

REPARTO

Lota: María Rey-Joly – La Reina: Milagros Martín – Sul: Enrique Viana – Raquel: Annya Pinto – Ra: Serena Pérez – Sel: María Heres – Ta: Ana Nebot – El Gran Faraón: Enric Martínez-Castignani – José: Jorge Rodríguez-Norton – Putifar: Ramiro Maturana – Gran Sacerdote: Abraham García – Selhá: Carlos Mesa – Seti: Oscar Fresneda.

CUERPO DE BAILE

Cristhian Sandoval, Daniel Morillo, José Ángel Capel, Antonio Bonilla, Pablo Gutiérrez, Jan Gálvez.

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”

Director de coro: José Manuel San Emeterio

Beatrice Rana con Mikko Franck

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Jueves 8 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Beatrice Rana (piano), Orchestre Philharmonique de Radio France, Mikko Franck (director). Obras de Tchaikovsky y Debussy. Fotos de Pablo Piquero, propias y de las RRSS.

Volvía cinco años después al auditorio ovetense el director finlandés Mikko Franck (Helsinki, 1979) con la orquesta de la que es titular desde hace 10 años, la Filarmónica de Radio Francia, y en esta temporada de despedida traía en su gira española (de nuevo con Oviedo en el mapa) a otra solista de altura, la pianista italiana Beatrice Rana (Copertino, 1993) con un programa que se abría nada menos que con el Concierto para piano nº 1 en si bemol menor, op. 23 de Tchaikovsky.

El cinematográfico y popular concierto del ruso encontró la conjunción de una formación no excepcional pero solvente y muy empastada, un director peculiar pero conocedor de sus efectivos, y una pianista capaz de aportar su personalidad, sabiendo plegarse a la orquesta como un instrumento más y brillar en sus momentos solistas. El arranque del Allegro non troppo e molto maestoso planteó ligeras dudas para encajar la misma pulsación entre la italiana y el finlandés, pero según fue avanzando este primer movimiento todo iría encajando poco a poco en su justa medida.

Beatrice Rana se mantuvo con una excelente sonoridad en los pasajes fuertes, con una digitación siempre limpia capaz de sobrevolar una orquesta que nunca bajó las dinámicas escritas, casi un combate sonoro más que el esperado diálogo y protagonismo compartido, ya que Mikko Franck no siempre trabajó la concertación desde su estilo peculiar de dirección, apoyándose o sentándose por momentos, pero (de)mostrando todo el colorido de «su orquesta», lo mismo que en el Allegro con fuoco final. La solista demostró además de energía en los tiempos rápidos, un exquisito Andantino semplice, delicado, refinado, cristalino y mejor arropado por los franceses, especialmente con la flauta de oro que volvería a brillar en el fauno.

El público que acudió en buen número al auditorio ovetense, premió con una larga ovación a la pianista italiana que nos regaló dos propinas, una rusa (creo que de Tchaikovski) y el Étude 6 “pour les huits doigts (Debussy) lleno de virtuosismo, agilidades y sentido lírico casi etéreo para poder apreciar cuánta musicalidad y calidad atesora Rana, cual prólogo a una segunda parte plenamente francesa.

La orquesta francesa con la coreana Ji-Yoon Park (1985) de concertino, fue ampliando plantilla y mostrando el mismo poderío que en la primera parte, con unos solistas de calidad -especialmente la madera- y en el Preludio a la siesta de un fauno ya gozamos en el inicio con Mathilde Calderini y su flauta de oro protagónica junto al oboe de Hélène Devilleneuve. Mikko Franck más atento a las dinámicas que al tempo, prestaba atención a los fraseos de una cuerda homogénea, de graves profundos,  dejándonos una interpretación sensual y misteriosa aunque sin la ensoñación esperada para una formación que defiende a sus compositores.

Ya con todo el arsenal sonoro llegarían los «tres esbozos sinfónicos» como denominó Debussy a La mer (1903-1905), imágenes sonoras donde volver a disfrutar de todas las secciones de la radiofónica orquesta francesa. Una ejecución limpia aunque algo estridentes los metales (las trompetas sobremanera), pero disfrutando sobre todo de la madera, con la colorida tímbrica de esta composición diferenciando bien los planos sonoros y con tres pasajes independientes en cuanto a diseño y carácter (interrumpidos por un teléfono que parece abonado a estropear los momentos más delicados): el amanecer vaporoso, el juego de las olas algo oscuro  aunque bien fraseado, y los vientos de un agitado y estruendoso final, sin la magia previa de los violines lejanos antes del clímax bien dibujado la por batuta de Franck.

Está claro que los finales grandiosos levantan bravos en el público, y el director presentó una obra «poco escuchada en Oviedo ¿o no?» de su compatriota Heino Kaski (1885-1957) y contemporáneo de Sibelius: el Preludio op. 7 (en versión orquestal del original para piano) donde el director finlandés llevó a la cuerda mirando al patio de butacas, poniendo fin a un concierto muy francés y a una gira española que les dejó exhaustos (así me lo comentaba el violinista napolitano Guy Comentale antes del concierto, avituallándose para el descanso cerca del auditorio) en el día que teníamos a León XIV como nuevo Papa.

PROGRAMA:

Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893):
Concierto piano n° 1 en si bemol menor, op. 23:

Allegro non troppo e molto maestoso

Andantino semplice

Allegro con fuoco

Claude Debussy (1862-1918):
Prélude à l’aprés-midi d’un faune (Preludio a la siesta de un fauno)

La mer:

De l’aube à midi sur la mer

Jeux de vagues

Dialogue du vent et de la mer

Apoyando el talento joven

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Miércoles 7 de mayo, 19:30 horas. Iglesia de San Tirso El Real, Oviedo: La Castalia: In memoriam. Obras de Bach, Mozart y Montero Rey.

La asociación ovetense lleva muchos años formando y ofreciendo oportunidades a muchos artistas, alguno de ellos ya incorporados como profesionales a un mercado siempre difícil y aún más en lo profesional, con cursos, conciertos y estrenos varios que a menudo he reflejado desde estas líneas. Y nuevamente hay que agradecer a La Castalia que dirige la incombustible Begoña García-Tamargo otra nueva oportunidad que además servía de tributo a la memoria del recientemente fallecido  Leoncio Diéguez Marcos (Palazuelo de Órbigo, 20 de marzo de 1941 – León, 27 de abril de 2025) de quien la profesora de canto hizo una breve y sentida semblanza, pues coincidieron en el Conservatorio de la Corrada del Obispo, destacando la gran labor del sacerdote y músico leonés en Asturias que aún está por escribir.

En honor de Don Leoncio, el joven compositor gallego Teo Montero Rey (A Coruña, 2025), ganador del Primer Premio del Intercentros Melómano – Premio de Composición Fundación SGAE, estrenaba su Missa Brevis en sol menor con un plantel de músicos de su generación que volvieron a mostrar un amor por la música y una entrega que emocionó a los asistentes a este concierto «In Memoriam».

Antes del estreno, los instrumentistas, que participarían posteriormente, se organizaron para ofrecernos tres páginas de algunos compositores eternos: dos de Bach «padre de todas las músicas» y una de Mozart, «el niño prodigio» que no creció y siempre asombra.

Uxue Zabala (flauta) y Muriel Antolí (cello) interpretaron el Andante y Allegro de la Sonata en do mayor BWV 1033, siempre exigente técnicamente y con un buen entendimiento entre ambas instrumentistas.

A continuación un dúo de clarinetes formado por Alicia Martínez y Juan Diego que ofrecerían el Dúo Concertante I de Mozart, impecable y asombroso cómo el genio de Salzburgo escribió para todos los instrumentos manteniendo un lenguaje inimitable que los jóvenes transmitieron con seguridad y un sonido rico ayudado por la siempre agradecida acústica del templo asturiano de San Tirso.

De las seis suites para cello de Bach, el irrepetible Pau Casals que tanto ayudó a divulgar la obra del kantor, decía desayunar una hasta el final de su longeva vida. Y la dificultad técnica siempre las hace plantearlas como todo un reto que nunca se logra. Pero eso no impedirá seguir trabajando, estudiando y tras una vida de sacrificios llegar a interiorizarlo y sentirlo, así que Muriel Antolí tuvo el arrojo de elegir el Preludio y Giga de la Suite nº 3 BWV 1009, no alcanzar la cima en el primero pero afrontar la segunda con ese aire de gaita con un instrumento de potente sonoridad y la entrega de esta valiente violonchelista, que como al resto de compañeros, tocar en público es parte de un aprendizaje que nunca termina.Para el estreno se unió el grupo instrumental anterior aunque con Alicia Martínez sumándose a las segundas voces del coro joven (dejo al final a los componentes), con tres voces por cuerda en las voces blancas y cuatro en las graves , más la soprano solista, natural de San Felices Buelna, Noive Solar (a quien La Castalia ya me descubriese en dos de sus funciones y que cursa estudios en el Conservatorio ovetense) dirigidos todos por el compositor Teo Montero. Esta misa breve suya en latín usa del ordinario el Kyrie, Gloria, Sanctus y Agnus Dei, con una instrumentación «ad hoc» que aunque sugiera sonidos del órgano (y bien podría hacerse la transcripción para él) su tímbrica propia y fraseos que da el trío elegido ayudaron tanto al coro como a la solista, con partes instrumentales bellísimas, y melodías tanto en la flauta como en el clarinete, también a dúo, manteniendo una unidad estilística en los inicios de cada parte -especialmente en el Sanctus– no solo de aires franceses (con perfume de Fauré) sino también pensando en las tesituras de todos al elegir la tonalidad de sol, en modo menor para esta obra, con partes en homofonía y otras en contrapunto, siempre respetando la inteligibilidad del texto y el subrayado instrumental de las cuatro partes, especialmente de un cello siempre presente y poderoso en sonoridad.

Volvió a sorprenderme la soprano cántabra que no tuvo problemas de volumen en ningún momento, poderosa pero igualmente matizada, buena dicción, excelente proyección y capaz de defender con profesionalidad esta nueva partitura de Montero Rey, que a buen seguro seguirá regalándonos mucho más repertorio. Aplauso para el coro de cámara muy afinado, seguro, empastado, que se plegó a las exigencias de la obra y compositor, con un par de excelentes bajos siempre bien arropados por el cello, matizando y dialogando con la solista.

Una tarde de emociones y estreno gracias a esta prometedora gente joven que me reconcilia con su generación y recuerda lo importante que es el esfuerzo individual, el trabajo colectivo y la labor docente para seguir dando oportunidades y formando personas como músicos en el amplio sentido de la palabra, como hizo tantos años Don Leoncio Diéguez y sigue haciéndolo Begoña García-Tamargo.

CORO:

Mujeres I: Beatriz Pérez, Sonia Arango, Vania Revilla

Mujeres II: Alicia Martínez, Covadonga Martínez, Elena Lucas

Hombres: Adrián Villa, Antón Martínez, Daniel Vidal, Martín San Miguel

Casi un maratón chopiniano

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Martes 6 de mayo, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo, concierto 9 del año 2025, 2.089 de la sociedad: Miyu Shindo (piano). Obras de Chopin.

Escuchar Chopin es sinónimo de piano, y el compositor polaco ha sido piedra de toque para todo pianista desde el Romanticismo hasta nuestros días. Por los escenarios asturianos han desfilado casi todas las grandes figuras de las 88 teclas que se enfrentaron al amplio catálogo de Don Federico, y no hablemos de las grabaciones que inundan las discotecas de estudiantes y melómanos, así que no es de extrañar la buena entrada en el teatro de la calle Mendizábal para escuchar un monográfico a cargo de una muy galardonada pianista como es la joven japonesa Miyu Shindo (26 de abril de 2002) que está actuando por medio mundo y esta temporada por las distintas sociedades filarmónicas españolas tras su premio en el VII Concurso Internacional «Ciudad de Vigo» (edición Vladimir Horowitz) hace dos años, siempre una oportunidad para dar a conocer esta nueva generación de talentos de todas las nacionalidades que las competiciones, a menudo cuestionadas, abren muchas puertas.

Un monográfico dedicado a Chopin siempre es complicado por la elección de las obras a interpretar, y la pianista japonesa, casi toda su aún corta vida delante de las teclas, lo tiene más que estudiado tras quedar semifinalista en el prestigioso concurso de Varsovia, y está claro que su formación rusa desde los 16 años la ha enfocado al repertorio romántico por excelencia, con una técnica asombrosa, puede que algo «desfasada» pero aún vigente y válida, lo que le permite afrontar unos programas muy preparados y con claros y sombras que los años irán puliendo, aunque indudablemente tiene talento y personalidad.

Puedo decir que Shindo trae en esta gira un catálogo del polaco donde hubo casi de todo, las miniaturas junto a las «grandes formas», pues si faltó alguna polonesa, aparecen «camufladas» y es casi omnipresente incluso en los llamados estudios, que además de preparar los dedos en ambas manos, son verdaderas piezas de concierto que no suelen faltar en estos recitales, y más en los jóvenes. La pianista  japonesa colocó dos seguidos en la primera parte: los escritos en la menor op. 25 números 4 y 11, ataques precisos, acentos bien marcados y buen balance en ambas manos, tras el inicial nocturno en re bemol mayor, op. 27 nº 2 de una delicadeza y engañosa facilidad para la calidad poética de esta quintaesencia de la época romántica temprana.

Más profundidad en la Balada nº 4 en fa menor, op. 52 que cerraba la primera parte, poderosa y sutil con el siempre necesario rubato muy personal y una amplia gama de matices jugando con un empleo de los pedales muy apropiado, dejando siempre vibrar las cuerdas hasta el tiempo justo en una de las consideradas obras maestras del piano romántico. Shindo brindó limpieza en los cromatismos y un pianismo conjugando robustez y fragilidad llena de emoción con esa coda final que es puro fuego pasional.

La segunda parte comenzó con las Tres mazurcas, op. 56 (Allegro non tanto / Vivace / Moderato) algo «sosas» aunque irreprochables técnicamente, sin pausas y poco diferenciadas optando más por el virtuosismo que por la «hondura» del polaco.

Aún quedaba lo mejor de la velada con la inmensa Sonata nº 2 en si bemol menor, op 35 de la que Robert Schumann dijo: «La idea de llamarla sonata es un capricho, si no una broma, ya que simplemente ha unido a cuatro de sus hijos más temerarios, y los ha llevado de contrabando a un lugar en el que no podrían haber penetrado de otra manera». Aquí pudimos comprobar el altísimo nivel de la pianista japonesa y una interpretación muy personal, sin tics, diferenciando el carácter diverso de temas y aires, potencia sonora y delicadeza en los trinos jugando con el tempo de los cuatro movimientos: un Grave – Doppio movimento sugerente en sus dos temas contrastados (mano derecha suave y fuerte la izquierda) y las atmósferas tras las notas iniciales con la fuerza e ímpetu juvenil: el ScherzoPiù lento de octavas mordaces, acordes saltarines, notas dobles peligrosas y además el «brillo bajo el fuego», con la sección central trayendo de vuelta una frase del tema lírico, perdiendo la agresividad del tema principal para devolverlo cálido; sin palabras para la conocida Marche funèbre jugando con los contrastes entre sombra y luz, marcial y esperanzadora sección central hasta el desgarro: para concluir con el brillante Finale. Presto, octavas y tresillos que se han calificado de «demoníacos», y los pocos momentos donde Shindo pareció algo más «desatada» aunque manteniendo un aparente control emocional, supongo que genético en los nipones aunque no me guste generalizar.

Tras la tempestad llegaría la calma, y así sentimos el Nocturno en fa mayor, op. 15 nº 1, casi íntimo, primando la melodía de la mano derecha con la izquierda fraseando manteniendo las duraciones exactas escritas por Chopin, con el central «fuoco» avivado antes de volver al Tempo I.

Y verdadero tour de force el Scherzo nº 2 en si bemol menor, op. 31 que Schumann describió comparándolo con un poema de Lord Byron como «rebosante de ternura, audacia, amor y desprecio»: silencios profundos, juego de sonoridades en el Steinway© de la sociedad que «sufrió» ante la impactante juventud de la japonesa y un derroche de energía para una interpretación más que digna, de cascadas cristalinas, matices extremos del ppp al fff  «sin despeinarse» y una pedalización muy trabajada junto al rubato justo y sin amaneramientos.

En un monográfico de Chopin la propina fue el conocido «Valse brillante» al que Shindo dio lustre y esplendor, melódico y danzarín a cargo de la virtuosa que apunta maneras, en un programa exigente que el tiempo irá aquilatando.

PROGRAMA:

Frédéric Chopin (1810-1849)

Primera parte

Nocturno en re bemol mayor, op. 27 nº 2

Estudio en la menor, op. 25 nº 4

Estudio en la menor, op. 25 nº 11

Balada nº 4 en fa menor, op. 52

Segunda parte

Tres mazurcas, op. 56:

I. Allegro non tanto

II. Vivace

III. Moderato

Sonata nº 2 en si bemol menor, op. 35:

I. Grave – Doppio movimento

II. Scherzo

III. Marcha fúnebre. Lento.

IV. Finale. Presto.

Nocturno en fa mayor, op. 15 nº 1

Scherzo nº 2 en si bemol menor, op. 31

Propina:

Vals op. 34 Nº 1 en la bemol mayor «Valse brillante»

Oviedo sucumbe a Jephtha

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Domingo 4 de mayo de 2025, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: «Jephtha», HWV 70, oratorio en tres actos. Música de Georg Friedrich Händel (1685-1759). Libreto de Thomas Morell, basado en el Libro de los Jueces y en Jephthas, sive votum (1554) de George Buchanan. Estrenado en el Covent Garden de Londres el 26 de febrero de 1752.

(Crítica para OperaWorld del lunes 5, con fotos de Pablo Piquero, propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

El último oratorio del ya británico George Frederick Haendel será, como Jephtha, la lucha contra su destino, el drama interior y la desesperación tras un estado de salud que le afectaba a la vista de su ojo izquierdo y le llevó casi un año finalizarlo a la edad de 66 años, casi completamente ciego, cuando lo habitual en sus composiciones eran tres o cuatro semanas. Se estrenaría el 26 de febrero de 1752 en el Covent Garden Theatre de Londres bajo la dirección del propio compositor, y se aleja de sus anteriores oratorios más espontáneos, para componer «una de las obras más profundas e introspectivas de toda su carrera, que llegó a desconcertar incluso a su fiel seguidora y amiga, Mrs Delany: ‘Es un bonito oratorio, pero muy diferente de todos los demás’» como bien refleja Lorena Jiménez en las notas al programa.

Ciertamente «Jephtha» (1751) es como el testamento vital de Händel sobreviviendo a su contemporáneo Bach (que parece “iluminarle» en algunos de los corales de inspiración luterana), y considerada como su última gran obra no es habitual que se interprete, grabe, ni tan siquiera tentar a alguno de los “factotum escénicos” como ya se ha hecho con otros oratorios (caso de «Theodora»), puede que por la enorme exigencia vocal difícil de encontrar en nuestros días, pero Francesco Corti con su formación il Pomo d’Oro al completo (orquesta y coro) logró encontrar un reparto equilibrado e idóneo para preparar esta gira que ha vuelto a colocar a la capital asturiana en el mapa de los grandes eventos musicales, parada este domingo tras Madrid el pasado jueves y Dortmund el viernes, antes de cruzar el estrecho hacia el Barbican londinense el próximo miércoles día 7 camino de Budapest el 9 y Katowice el domingo 11 de mayo.

Con un lleno que trajo público de toda la geografía nacional al auditorio ovetense, todos sucumbimos a este esperado Jepthha más allá de la nueva visita a Oviedo de Joyce DiDonato y la formación de Corti, y es que il Pomo d’Oro son de lo mejor en la actualidad para afrontar obras poco transitadas, con un orgánico comandado por un fenomenal Stefano Rossi muy equilibrado: cuerda (5-5-3-3-2), clave, órgano, flauta, dos oboes, fagot, dúo de trompetas naturales doblando las trompas, y muchísima calidad en cada atril, con el propio Corti dando la entrada a muchos de los recitativos desde su clave. Orquesta de sonido claro, aterciopelado, rico en dinámicas siempre bien marcadas por el maestro italiano, de contrapuntos bien dibujados y la tímbrica perfecta para este drama bíblico novelado y musicado por el gran Jorge Federico Haendel.

Y no digamos el coro, que representa al pueblo de Israel, otro personaje del oratorio, con las voces graves en el centro y las blancas flanqueándolas, cuatro voces por parte (más Anna Piroli en las sopranos, que se reincorporaría tras la pausa tras cantar su breve papel de Angel del último acto), coro con voces solistas reconocidas (el director Maletto, Rossana Bertini o el barítono Marco Scavazza), y poderosamente timbrado, de empaste y afinación perfecta, capaz de empujar el drama o hacernos meditar y hasta vibrar cerrando cada uno de los tres actos, con los solistas sumándose en el Ye house of Gilead que final nos levantó de los asientos cual Aleluya mesiánico. Interesante el coro de seis mujeres Welcome thou que se colocaría en el centro para el número 38, y destacable la ubicación en las tarimas proporcionando esa redondez con la orquesta única.

Gracias a estos mimbres, el reparto vocal se caracterizó por una entrega que fue más allá de la propia dramatización, casi escenificación, enfrentados en ubicación Storgè e Iphis a la izquierda con sus mejores galas, y Zebul, Jephtha más Hamor con sotanas o guardapolvos negros (con la mencionada Angel de elegante traje, en el coro). La escritura de Händel es una sucesión de recitativos, arias, dúos puntuales y el bellísimo quinteto All that is in Hamor mine (con Iphis, Hamor, Storgè, Jephtha y Zebul). Tras la obertura inicial sería el barítono americano Cody Quattlebaum, quien ya presagiaba It mus be so («Así debe ser») lo que vendría a continuación. De voz poderosa y amplia tesitura (hoy se la llama de bajo-barítono), su imagen que me recordó al autorretrato de Alberto Durero en la pinacoteca de Munich, y excelente en cada intervención, dramatizada, hasta dialogando con la mirada en cada personaje citado, un buen jefe militar (incluso con las botas adecuadas).

El tenor estadounidense Michael Spyres fue el Jephtha juez de Israel y jefe del ejército rotundo, con un fiato increíble que le permite cantar todos los ornamentos sin perder la unidad del fraseo, una gama dinámica que mantiene el color uniforme gracias a unos graves que le tildan de «baritenor», controlando cada pasaje sin trampas ni apoyos innecesarios, con esa engañosa facilidad que le da su voz privilegiada. Transitó del Horror! Horror! al dolor con el desgarrador recitativo Deeper and Deeper still del segundo acto o el agradecido recitativo A father, off’ring up his only child o su última aria For ever blessed be thy holy name.

La mezzo de Kansas Joyce DiDonato encarnó a Storgè, la sufrida esposa de Jephtha que a pesar de los años mantiene ese aura que logra en cada personaje, dramatización absoluta con arias tan bellas como la primera In gentle murmurs will I mourn y la maravillosa Scenes of horror, scenes of woe del primer acto, emocionante visual y vocalmente. En el cuarteto O separe your daugther con Hamor, Jephtha y Zebul se optó por el empaste de colores y sigue siendo una estrella madura y comprometida en cada actuación.

Es difícil encontrar voces de contralto verdaderas, y Jasmin White, natural de Oregón, es una mezzo “reconvertida” por su voz profunda y cálida, encarnando a Hamor, el guerrero y prometido de Iphis que esta vez no recayó en un contratenor, más creíble visualmente pero que por vocalidad ganamos tanto en color como en volumen, unido a una interpretación de alto voltaje que transitó, como el resto de roles, por distintos estados de ánimo tan bien escritos por Händel en este «Jephtha», muy estadounidense hasta aquí.

Dos serían las excepciones por procedencia: primero la soprano francesa Mélissa Petit como Iphis, algo menor de volumen que sus compañeros pero de timbre bellísimo y agilidades limpias, de unísonos con la cuerda perfectos hasta en el fraseo y las respiraciones, con voz bien proyectada y un hermoso dúo del primer acto con Hamor (These labours past), así como en el cuarteto y quinteto final muy homogéneos. Y finalmente la italiana Anna Piroli que “tuvo ángel” y se merece mayores roles, pues su recitativo y aria Happy, Iphis, shalt thou live fue un dechado de delicadeza, dicción, gusto y técnica al servicio de la música del alemán nacionalizado británico.

Las tres horas largas, con una pausa tras el número 34 de los 71 de que consta «Jephtha» y aplausos al finalizar cada acto, se hicieron cortas -salvo para las posaderas- y el público disfrutó no solo con el elenco vocal, muy vitoreado, sino con la orquesta fundada en 2012 (con Maxim Emelyanychev y Francesco Corti de principal director invitado) que se llevaría una gran ovación, pero especialmente para el coro que dirige Giuseppe Maletto, todo un equipo de grandes talentos que entienden el Barroco a la perfección, y que armaron este último oratorio de Händel desde el respeto a lo escrito y el virtuosismo bien entendido.

FICHA:

Domingo 4 de mayo de 2025, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: «Jephtha», HWV 70, oratorio en tres actos. Música de Georg Friedrich Händel (1685-1759). Libreto de Thomas Morell, basado en el Libro de los Jueces y en Jephthas, sive votum (1554) de George Buchanan. Estrenado en el Covent Garden de Londres el 26 de febrero de 1752.

REPARTO

Michael SpyresJephtha, juez de Israel y jefe del ejército

Joyce DiDonatoStorgè, esposa de Jephtha

Mélissa PetitIphis, hija de Jephtha, prometida a Hamor

Cody QuattlebaumZebul, hermanastro de Jephtha, guerrero

Jasmin WhiteHamor, guerrero, prometido a Iphis

Anna PiroliAngel

il Pomo d’Oro, orquesta y coro

Giuseppe Maletto, maestro de coro

Francesco Corti, dirección musical y clavicémbalo

Zarzuela para seguir cumpliendo años

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Sábado 3 y Domingo 4 de mayo de 2025, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Gran Gala de Zarzuela y Música Española. Orquesta Sinfónica MercadanteMariano Rivas (dirección artística y musical)Alexandra Zamfira (soprano) – Quintín Bueno (tenor) – Li Guochao (piano) – Natalia Thaïs (baile). Entradas: 40€ / 30€.

(Crítica para OperaWorld del domingo 4, con fotos propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

El Teatro Jovellanos gijonés cumple los 30 años de su remodelación, y nada mejor que celebrarlos con nuestro género por excelencia como es la zarzuela, que cuenta con miles de aficionados en Asturias y que en esta primera gala llenaron el coliseo del paseo de Begoña para volver a escuchar (tras la inauguración de la temporada 2022-23 de la Sociedad Filarmónica de Gijón) a la Orquesta Sinfónica Mercadante (OSMer) fundada por el asturiano Mariano Rivas (siempre bien recibido en su tierra), dando la oportunidad y el apoyo necesario a muchos músicos de los conservatorios y teatros madrileños desde su conocimiento como docente.

Dos funciones programadas donde además de la propia OSMer el programa ofrecía, como si de un catálogo promocional se tratase, no solo zarzuela sino música española sinfónica, y así junto a las voces de la soprano Alexandra Zamfira y el tenor Quintín Bueno, estaría la pianista china Li Guochao y especialmente la bailarina Natalia Thaïs.

La plantilla de la OSMer se quedó muy corta y desequilibrada en la cuerda (7-5-5-5-2), lo que perjudicó sobremanera las obras sinfónicas y las bailadas, con un esfuerzo por parte de los jóvenes músicos no siempre suficiente en las dinámicas, balances y planos, favoreciendo los matices para las romanzas, si bien el maestro Rivas trabajó con sus músicos como si de una gran orquesta filarmónica se tratase.

Centrándome en estas obras de la orquesta sola, las coincidencias en el tiempo hicieron que el día anterior escuchase en Oviedo a la OSPA con Óliver Díaz tanto la Danza final de El sombrero de tres picos (Falla) como la “Escena, canto gitano y fandango asturiano” del Capricho español (R. Korsakov), en el caso gijonés ambas cerrando cada parte del programa, que evidentemente no soporta, ni pretendo, comparaciones. De Falla diría que le faltó un pico al tricornio, con un enorme trabajo del viento madera, mientras de Korsakov el aire asturiano lo puso Don Mariano, y el concertino más el arpa hicieron el esfuerzo de sus intervenciones solistas. Por último del conocido preludio de Chapí solo diré que se quedó en “La juguetona” por las carencias antes apuntadas.

Es de aplaudir montar el piano solamente para el primer movimiento de las Noches en los jardines de España (El Generalife) de Don Manuel, con todo lo que supone, pero la pianista china se limitó a tocar todo lo escrito (que es mucho). Pese a la buena concertación de Rivas y el trabajo de la orquesta, por momentos tapó a Li Guochao ante su poco volumen y la ausencia del “duende” que inunda este concierto de nuestro gaditano universal enamorado de Granada. Faltó la atmósfera sonora que invita a la ensoñación, la magia que desprenden los arabescos y acordes que la recorren (casi imperceptibles), más el rubato casi necesario, así que espero escuchar en otro momento a la pianista y profesora china de buen currículo y trayectoria que esta vez no se lució.

Más interesante resultó comprobar todo el arte que nos ofreció la bailarina Natalia Thaïs, nacida en Zúrich pero formada en nuestro país en danza española y flamenco. Tres números donde poder cambiar de vestuario y estilo: primero el conocidísimo intermedio de Las Bodas de Luis Alonso (G. Giménez), baile español con castañuelas y zapateado mientras la OSMer rendía al máximo con sus posibilidades, de coreografía elegante y ritmo complementario al orquestal. Vestido goyesco y de nuevo con las castañuelas para el Fandango de Doña Francisquita (Vives) con el maestro Rivas exprimiendo los planos sonoros y Thaïs sin el obstáculo del piano (retirado al descanso) ampliando movimientos con unas manos y gestualidad flamencas. Para rematar la Danza Española de La vida breve (Falla) libre de “palillos” con zapateo y el juego del sombrero cordobés, nuevamente con la orquesta descompensada pero afinada y entregada al magisterio del director asturiano.

Dejo para el final las dos romanzas de cada cantante más los dúos. La joven soprano castellonense Alexandra Zamfira posee una voz de color muy bello, proyección suficiente, buena dicción y además valiente, comenzando con El barbero de Sevilla (Giménez) y la conocidaMe llaman la primorosa”, arropada por una orquesta siempre mimando a las voces (se nota el magisterio de Rivas en la Escuela Superior de Canto de Madrid), bien interpretada con agudos variados en matizaciones (el final levantó al público) y agilidades limpias, más la Romanza de la Duquesa de Jugar con fuego (Asenjo Barbieri), entendimiento con la flauta, Rivas vigilando los fraseos y una correcta acentuación  y afinación (“Tirano amor…”), muy dramatizada, de color homogéneo en todo su amplio registro, de nuevo valiente atacando el agudo final, con proyección más que suficiente ante una orquesta casi camerística. Habrá que seguir la trayectoria de esta soprano lírico-ligera con mucho camino por delante.

El tenor madrileño Quintín Bueno tiene tablas y oficio, eligiendo dos romanzas muy conocidas: “De este apacible rincón de Madrid” de Luisa Fernanda (Moreno Torroba), jugando con el maestro Rivas para cantar en un “rincón de Gijón”, de color no muy brillante, timbre algo metálico de amplio volumen algo apagado en el grave, seguro, más “No puede ser” de La tabernera del puerto (Sorozábal) no todo lo matizada que me hubiera gustado, abusando un tanto del portamento aunque valiente en los agudos, que suelen ser muy del gusto de los aficionados, sin problemas de tesitura y personalmente demasiado abierto el final. De nuevo impagable el trabajo de Mariano Rivas con su orquesta, concertador de primera, templando y respirando con los cantantes.

De los dúos elegidos, en la primera parte “Le van a oír” de Doña Francisquita (Vives) con buen empaste aunque Zamfira tapase a Bueno, arriesgando en el agudo final sin miedo a desafinarlo, y otro tanto en la propina de “Las mañanitas” de Don Gil de Alcalá (Penella) invitando al público a realizar el coro, tímido, tras el pasodoble “España Cañí” (Pascual Marquina) antes del dúo, poco torero, demasiado descompensado en balances, dinámicas y matices, para poner el punto y final a casi dos horas de cumpleaños gijonés, aplaudiendo el trabajo de asturiano Mariano Rivas siempre apoyando esta juventud que muy a menudo debe emigrar para encontrar una hueco en el difícil mundo de los profesionales de la música, y apostando por nuestra zarzuela dentro y fuera de nuestras fronteras.

PROGRAMA:

Primera parte

La Revoltosa: Preludio (Ruperto Chapí)

El barbero de Sevilla: Me llaman la primorosa (Gerónimo Giménez)

Noches en los jardines de España: 1º mov (Manuel de Falla)

Luisa Fernanda: De este apacible rincón de Madrid (Federico Moreno Torroba)

Las Bodas de Luis Alonso: Intermedio (Gerónimo Giménez)

Doña Francisquita: Le van a oír (Amadeo Vives)

El sombrero de tres picos: Danza final -Jota- (Manuel de Falla)

Segunda parte

El Bateo: Preludio (Federico Chueca)

El último romántico: Bella enamorada (Soutullo / Vert)

Doña Francisquita: Fandango (Amadeo Vives)

Jugar con fuego: Romanza de la Duquesa (Francisco Asenjo Barbieri)

La vida breve: Danza española (Manuel de Falla)

La tabernera del puerto: No puede ser (Pablo Sorozábal)

Capricho español: Escena, canto gitano y fandango asturiano (Rimski Korsakov)

Letras asturianas con música

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Viernes 2 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertu de les Lletres Asturianes: OSPA, Óliver Díaz (director). Obras de Falla, Bizet, Luna, Korsakov y Lauret. Entrada gratuita.

 

La 46 Selmana de les Lletres Asturianes (que organiza el Principado de Asturias), este año dedicada a la diáspora personificada por  uno de los mayores exponentes del llamado Xurdimientu, Xosé Álvarez, Pin (1948-2001) que defendió nuestra lengua y cultura asturiana desde su Belmonte natal hasta la Argentina que le acogería entre tantos paisanos allí emigrados.

Y llegaba este concierto con mucha inspiración en la literatura y el folklore, especialmente el nuestro a cargo de la orquesta de todos los asturianos con el ovetense Óliver Díaz al frente, que presentaría las obras antes de comenzar armando un programa muy del gusto de todos los presentes, melómanos y aficionados en general, que no llenaron el auditorio carbayón pese a la gratuidad de las entradas.

Literatura española de Pedro Antonio de Alarcón y El sombrero de tres picos en el que Manuel de Falla (1876-1946) se inspiraría para el ballet homónimo y cuya Suite nº 1 afrontó la OSPA bien llevada por el maestro Díaz, complicidad total con la comodidad que da la confianza mutua y el dominio de un repertorio que tienen más que asimilado, y que con la madurez tanto del director como de la orquesta lograron dejarnos una interpretación muy equilibrada, con lucimiento de todos los solistas, riqueza de matices y claridad en los cambios de ritmo.

Óliver Díaz lleva muchos años trabajando dede el foso y eso se notó en la Suite nº1 de la Carmen de G. Bizet (1838-1875), también de inspiración literaria en Merimée y manteniendo ese ambiente hispano  que emocionaría a tantos artistas, el amor de la cigarrera y el militar con fatal desenlace. Cada número de esta suite funciona como un tráiler de los más famosos números de la ópera del francés, permitiendo disfrutar especialmente de las maderas (bellísimo el dúo de flauta y arpa de la «aragonaise») que cantaron bien arropadas por una orquesta sutil, respirando y transmitiendo la magia de esta página lírica así como el famoso número del «toreador» con la formación asturiana brindándonos un sonido compacto, balanceado y rico en dinámicas.

Plenamente asturiana la zarzuela La pícara molinera del zaragozano Pablo Luna (1879-1942) inspirada en una novela de Alfonso Camín, cuyo intermedio tiene entidad musical propia (aunque para muchos de nosotros nos emociona especialmente el «Paxarín tú que vuelas») y con versiones históricas. Así la entendió Díaz con la OSPA, con una elección del aire correcto para disfrutar cada motivo, empaste, amplios matices que llevó con mano izquierda y hasta con el cuerpo, todas las secciones nuevamente inspiradas y la rítmica tan cercana de nuestro folklore.

Palabras mayores en cuanto a orquestación es Nikolái Rimski-Korsakov (1844-1908), quien como marino de profesión sabemos que recaló en España, y aunque sin documentar parece que desembarcó  en Avilés y se acercó hasta Ciaño por su amistad con Pedro Duró, quien probablemente le preparó una espicha con gaita y tambor, pues su Capriccio espagnol, opus 34 bien podría llamarse «Capricho asturiano», y fue sintonía muchos años de Radio Nacional de España en Asturias allá en los estudios de la calle Melquíades Álvarez, donde el valdesano Modesto Gonzáles Cobas (con La Asturias popular) fue defensor e impulsor de nuestro rico folclore. La versión de este primer viernes de mayo en el auditorio carbayón seguro que haría las delicias del ruso, quien se quejaba de que se ignorasen aspectos como los cambios «en los timbres y la elección de concepciones melódicas y patrones de figuras» porque no se puede entender mejor la inspiración asturiana en cada uno de los cinco números (Alborada, Variaciones, Alborada, Escena y canto gitano y Fandango asturiano) donde disfrutar con unos solistas de primera y la sabia mano del director ovetense. No es «música rusa sobre temas asturianos» sino auténtica música asturiana entendida por este marino ruso que en cada puerto recogía lo que escuchaba: la fiesta asturiana al amanecer, unas trompas aterciopeladas arrancando las variaciones para ir dando paso a cada solista (inmenso Andreas Weisgerber), la rica instrumentación y nueva tonalidad de la siguiente alborada, la cuerda (con el arpa de nuevo impecable) hoy muy bien comandada por Daniel Jaime, también luciéndose en los solos, con la sonoridad casi guitarrística del canto gitano desde el redoble amplio de la caja o las trompetas poderosas, más la explosión final de nuestro fandango, vivo, enérgico, con toda la percusión mandando y empujando en un acelerando impetuoso además de poderoso en una excelente interpretación del tándem Díaz-OSPA.

Para finalizar no podía faltar el violinista, compositor y director murciano Benito Lauret (1929-2005) quien trajo a nuestra tierra el convencimiento por una música de calidad tanto en el mundo coral como en el sinfónico desde su plaza en el Conservatorio de Oviedo de «Contrapunto, Fuga y Composición», y aquí dirigió tanto a la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» como a la Orquesta de Cámara «Muñiz Toca» y la Orquesta Sinfónica de Asturias de 1973 a 1985, precursora de la actual OSPA, e inspirándose en nuestro folklore como parece sólo han entendido los compositores que han visitado nuestra «tierrina» y que en el caso del cartagenero se enamoró de ella y su música, dando un paso de gigante a nuestro patrimonio musical esperando por un más que merecido homenaje aún pendiente.

Guardo como oro en paño varias grabaciones suyas pero especialmente el LP «Música Sinfónica Asturiana» grabado hace casi 50 años  para el sello CBS con la Orquesta de Cámara de Madrid por él dirigida, donde aparecen en la cara 2 sus Escenas asturianas, estrenadas en mayo de 1976 con el patrocinio de la Sociedad Filarmónica Ovetense  y que han sonado en múltiples ocasiones incluso más allá de nuestras fronteras, y «renovando» la sintonía radiofónica, posteriormente televisiva de la RTVE en el Principado. Obra dedicada a Manuel Álvarez-Buylla López-Villamil, «con lo que el autor pretende rendir un modesto homenaje a un apellido al que tanto debe la cultura musical de Oviedo y, por ende, de Asturias» como reza la contraportada del disco, con las correspondientes notas a las obras en él grabadas.

Las Escenas asturianas (también en versión para banda) recopilan temas y motivos que Torner reflejó en su «Cancionero Musical de la Lírica popular asturiana» que todos los asistentes al concierto conocíamos desde siempre (Alborada, Corri-corri o Valamé nuestra señora, Mambrú, Vas por agua o El Pericote), y que Lauret entiende desde una armonización, orquestación, elegancia y sabia elección de las canciones para engarzar una obra maestra que sigue viva y fresca. La OSPA la lleva en sus genes, sus músicos son ya tan asturianos como lo fue el propio Benito Lauret, la entienden como nadie. Y Óliver Díaz llevó con la misma elegancia y mesura de la obra cada uno de sus números, jugando con la tímbrica, llenando de color cada motivo, equilibrando sonoridades, dejando a los excelentes solitas gustarse, «cantar la tonada» con el clarinete, tocar el tambor asturiano junto a «la gaita del oboe«, pero sobre todo contagiarnos los ritmos tan bien hilvanados por el maestro murciano donde El Pericote se mezcla genialmente con el Asturias patria querida que armonizase el recientemente fallecido Leoncio Diéguez, otro asturiano de adopción a quien le debemos la versión sinfónica de nuestro «Himno del Principado».

Festín orquestal y auténtico fin de fiesta con estas escenas asturianas que incluso levantaron a parte del público como si de un acto oficial se tratase, para romper en atronadores aplausos con este concierto en homenaje a la España y Asturias vistas desde fuera pero sentidas desde muy dentro.

 

Ferrum la forja ganadora en Ejea de los Caballeros

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Ferrum, el coro masculino de El León de Oro, ganador del 51 Certamen Coral de Ejea de los Caballeros

El coro masculino Ferrum, parte del Proyecto LDO (El León de Oro), ha sido el ganador del 51º Certamen Coral de Ejea, uno de los encuentros corales más consolidados de España, que tuvo lugar del 25 al 27 de abril de 2025 en el Polideportivo Municipal de Ejea de los Caballeros. El Premio Popular ‘David Tellechea’, elegido por el público, también ha sido para Ferrum.

Este certamen, organizado por el Ayuntamiento de Ejea y bajo la dirección artística de Enrique Azurza, reunió este año a ocho formaciones corales procedentes de diferentes puntos del país, distribuidas en las categorías de coro adulto y juvenil. La competición destaca por su exigencia artística, su reputación nacional y por un jurado compuesto por reconocidos expertos en dirección y composición coral.

Desde su creación en 1970, el Certamen Coral de Ejea ha acogido a más de 500 coros y más de 20500 coralistas, y ha sido reconocido como Actividad de Interés Turístico de Aragón por su impacto cultural, pedagógico y su capacidad para proyectar la imagen de Ejea y de la comunidad.

Una de las señas de identidad del certamen es el encargo de una obra de obligado estreno en cada edición, lo que les hace poseedores de un gran patrimonio y legado de música aragonesa. En esta ocasión, se trataba de Madejas, del compositor José Manuel García Hormigo, reconocido por su aportación a la música coral contemporánea.

Además de esta obra obligatoria, Ferrum interpretó, como piezas libres:

En palabras del propio Certamen, la actuación de Ferrum fue una propuesta que va más allá del canto: un sonido propio, sensibilidad y una marcada vocación formativa. Bajo la dirección de Marco Antonio García de Paz, sus 32 coristas han ofrecido una actuación intensa y emocionante. Ferrum ha venido a Ejea pisando fuerte: no solo canta, también transmite y conmueve”.

Dirigido por Marco Antonio García de Paz, Ferrum es una agrupación de voces graves que renació en 2024, tras el parón de la pandemia, como nueva rama del proyecto LDO, con el objetivo de explorar la riqueza y profundidad de las voces graves y potenciar el desarrollo de jóvenes cantores comprometidos. Aunque de reciente trayectoria, ya cosechó el segundo premio en el Certamen de la Canción Marinera de San Vicente de la Barquera 2024.

Este certamen es una maravillosa ocasión para aprender y mejorar, y es, en definitiva, lo que nos mueve a estar allí, afirma su director, García de Paz. Testarte con las mejores agrupaciones del país, con grupos que trabajan enfocados en una competición, te aporta mucho. Además, lo estamos disfrutando con un programa precioso, y forma parte del desarrollo de un coro que quiere construir compromiso, calidad, atraer voces jóvenes y, por supuesto, lo principal siempre, disfrutar de la música.

Ahora, como coro ganador del primer premio en la categoría de adulto obtendrá el pase al Gran Premio Nacional de Canto Coral 2026, que se celebrará en Cocentaina (Alicante).

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