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Coloreando sonidos sinfónicos

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Viernes 5 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono VII Coll dirige CollOSPAFrancisco Coll (director). Obras de Coll, Schubert-Berio y Mussorgsky-Ravel.

Séptimo de abono con encuentro previo a las 19:15 en la Sala de Cámara, esta vez con el maestro Francisco Coll (Valencia, 1985) en su doble faceta de compositor y director (desde 2019), y esta temporada colaborador artístico de la OSPA, muy interesante explicándonos su obra o cómo la afronta sin ser un poema sinfónico pues cual sinestesia parte de imágenes que a menudo pinta tras finalizarla y normalmente no retoca con el tiempo pues el momento es único. Curioso cómo toda música es una banda sonora que tenemos todos al escucharla, y aunque Lilith parte del personaje legendario -cuya personalidad entre demoníaca y seductora dio origen al mito de la mujer fatal-  que marcó la juventud del músico valenciano, hoy afincado en Lucerna, también hay elementos de misterio, bosques mágicos y tenebrosos (cerca de su ciudad), nieblas y densidad, aquí sonoro, también con paralelismos pictóricos en busca de texturas además de colores. La partitura tomada como instrucciones para armar los muebles de la famosa multinacional sueca que cada director monta con los elementos sinfónicos, y que en el caso de sus obras tampoco son iguales de un día para otro precisamente porque la vida es un fluir distinto cada día.

Con un programa muy pictórico, su Lilith (estrenada en mayo de 2022 con la Orquesta de Valencia) abría el concierto con una OSPA que daba gusto ver su plantilla de hoy (de nuevo comandada por Aitor Hevia), al fin con unos graves poderosos (calculen a partir de los 6 contrabajos), unos metales que brillaron todo el concierto, percusión abundante que no puede faltar para las texturas y tímbricas de nuestros días, más dos pianos, uno de ellos afinado un cuarto de tono bajo al que el oido no está acostumbrado y da a la obra esa sensación de incomodidad. Obra trabajada por capas como si de un lienzo sinfónico se tratase, alcanzando como una tridimensionalidad sonora que pintó con sus manos sacando de todas las secciones de la formación asturiana el color y ambiente imaginado para armar este «mueble orquestal» sin perder ni olvidar ninguna pieza en su discurrir. En palabras de Jesús Castañer “una de las composiciones más provocadoras, enigmáticas y cargadas de simbolismo que ha escrito hasta la fecha”, y con muchos paralelismos expresivos con su Aqva cinerea que disfruté en el Festival de Granada del pasado verano junto a Richard Strauss para quien su Vida de héroe también está en la raíz de esta Lilith valenciano-suiza.

Cercana en el tiempo y con una orquestación menor pero igualmente sugerente es Rendering de Luciano Berio a partir de los bocetos a disposición de los estudiosos desde 1978 de la incompleta décima sinfonía de Schubert, más restauración del italiano que reconstrucción ni terminación del austríaco. Interesante escritura donde se nota el espíritu del compositor vienés pero aderezado con armonías y tímbricas del siglo pasado que el compositor italiano organiza en tres movimientos (Allegro, Andante y Scherzo) donde el papel de la celesta le imprime una tímbrica muy personal (disfrutando como en la segunda parte de la aragonesa Clara Gil que también estuvo al piano principal en Lilith). La sonoridad clásica es ya seña de identidad de la OSPA, lo que se notó en la calidad de una cuerda homogénea, una madera empastada y los metales con la sonoridad que yo llamo orgánica por el instrumento rey. Colorido clásico con pinceladas propias en una de las muchas «meninas» a partir de las de Velázquez, como también nos dio a entender el maestro Coll en el encuentro, y esta vez con batuta (olvidada pero recuperada) cual pincel para destacar mejor las aportaciones quasi picassianas de Berio.

Y en un programa tan pictórico no podían faltar los Cuadros de una exposición de Mussorgsky en la maravillosa orquestación de Ravel, que como las visiones de una misma obra, la original para piano del ruso son maravillosos grabados a los que el vasco-francés eleva a categoría de lienzos descomunales. La instrumentación toda de todo el color que en mis años jóvenes intentó actualizar Isao Tomita con sintetizadores, y que para toda orquesta es un examen donde todas las secciones y primeros atriles deben darlo todo. Coll de nuevo sin «pincel» pudo ir llenando con gesto claro cada paseo y cuadro de Hartmann con nuestras propias imágenes, sin prisas, saboreando cada número, matizando al detalle alcanzando unas dinámicas extremas y perceptibles sin toses ni teléfonos. Enorme trabajo de todos los solistas, toda la madera en digna pugna por la excelencia en cada principal, impecables y afinadísimos los metales (bravo por el trabajo de Maarten y el trío de trombones más la tuba (hoy especialmente el doblete con el eufonio en «Bydlo» de Christian), presente y seguro el saxo del ponferradino David Delgado en «El viejo castillo«, más la percusión que empuja y realza ese final apoteósico en la puerta de la Kiev hoy ucraniana y acosada. Por supuesto una cuerda poderosa, empastada, matizada, precisa y clara, sonando en equipo para escucharse todos y poder completar esta partitura que el valenciano coloreó con la luz de su tierra y el conocimiento orquestal que desde su aún breve carrera directorial estas experiencias ayudan no solo a comprender sus propias partituras sino las de obras que le gustan, transmitiendo ese amor a la orquesta y un público de nuevo no muy numeroso (y con otro evento de Danza en el Campoamor) que salió feliz del auditorio.

Si hubiera sido increíble haber visto y escuchado a Beethoven dirigir alguna de sus sinfonías, a Bernstein uno de sus musicales o al propio Berio con sus creaciones, está claro que fue un placer haber disfrutado de Coll dirigiendo a Coll y sus compañeros de galería sonora.

PROGRAMA

Francisco Coll (1985):

Lilith (2022).

F. Schubert / L. Berio (1925):

Rendering (1989-1990).

M. Mussorgsky / M. Ravel
(1875-1937):

Cuadros de una exposición (original 1874 / orquestada 1922):

Introducción: Promenade

I. El gnomo

II. El viejo castillo

III. Tullerías

IV. Bydlo

V. Baile de los polluelos en sus cascarones

VI. Samuel Goldenberg y Schmuÿle

VII. Limoges

VIII. Catacumbas

IX. La cabaña sobre patas de gallina:
Baba-Yaga

X. La gran puerta de Kiev

Las sombras luminosas de Rusia

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Viernes 15 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono VI Rachmaninov enamorado: OSPA, Nicolai Lugansky (piano), Thomas Dausgaard (director). Obras de Rachmaninoff y Tchaikowsky.

Al fin volvió el público al auditorio ovetense para disfrutar de la OSPA porque el programa era de los «impresindibles» que no deben faltar, y además con nuevas visitas de dos figuras mundiales, el pianista ruso Nicolai Lugansky (Moscú, 1972) que al fin podía quitarnos el mal sabor de boca que nos dejase en 2017 con «el cocinero», y retomar la buena senda de hace dos años con Perry So, más este viernes con el director sueco Thomas Dausgaard (Copenhague, 1963) que debutaba con nuestra orquesta asturiana pero al que ya le disfrutamos por partida doble en 2012 y 2016 al frente de la Orquesta de Cámara Sueca, como le recordé en el encuentro previo a las 19:15 y donde confesó tanto su pasión viajera, al ser habitual llegar con tiempo y marchar unos días después de sus compromisos para disfrutar de las ciudades, su gastronomía y paisajes, como la otra pasión musical que no solo transmitió a los presentes en la sala de cámara sino también en un concierto que dejó el pabellón ruso muy alto. Una suerte enorme para la OCRTVE que le tendrá de principal director invitado desde la próxima temporada, esperando repita alguna escapada a nuestro Principado.

Las obras rusas que tenían como nexo de unión el largo camino de la oscuridad a la luz con un tránsito emocional de los compositores y sus músicas, sería la tónica general en un programa para todos los públicos donde el directo siempre es único e irrepetible para todos, como también comentó Dausgaard antes del concierto, y lo dice un director con una amplia carrera discográfica. Pero un concierto en vivo es siempre distinto: para los intérpretes que lo sienten diferente de un día a otro, con las mismas o distintas batutas y solistas, por la acústica, por el propio público, nuevo y veterano cuya memoria y estado anímico hace percibir estas páginas desde todas las perspectivas, algo que que también se transmite al escenario para recorrer un camino común de sentimientos.

Nicolai Lugansky es sinónimo de elegancia desde el rigor, y el Concierto para piano nº 2 en do menor, op. 18 de Rachmaninov toda una muestra en uno de sus compositores de referencia, que como lo describe en las notas al programa Israel López Estelche es «el alma del romanticismo y la esencia de la escuela rusa». Sin arrebatos, con los tempi suficientemente templados para poder paladear tanta música en uno de los conciertos más populares de nuestra historia y por ello de los más complicados en enfrentarse a él, pero el pianista ruso lo afrontó ya desde su entrada con el aplomo, sonoridad y amplitud de matices que se necesitan. Si además tenemos al gran concertador que es Dausgaard y una OSPA que se crece no ya en estas obras, que también, sino cuando se les exige como hoy -de nuevo con el asturiano Aitor Hevia de concertino invitado mientras seguimos esperando titular-, el resultado final es de los que hacen historia propia.

El Moderato para degustar con un empaste ideal del piano y la cuerda aterciopelada, metales cálidos y maderas ensoñadoras, transiciones de aire bien entendidas y marcadas por Dausgaard con una gama dinámica siempre bien controlada desde la mano izquierda, permitiendo brillar el pianismo ruso de compositor e intérprete. El danés sonsacando los motivos de cada sección y la orquesta escuchando al solista para alcanzar el entendimiento y marcar con paso seguro este primer trayecto juntos, sin prisas. El «cinematográfico» Adagio sostenuto todo el muestrario de afectos musicales, Rachmninov en estado puro donde saborear esa orquestación tan propia y heredera de la tradición, el piano sosegado e íntimo contestado en el mismo plano por unas maderas que compitieron en pura musicalidad (flauta, clarinete, oboe…), de nuevo la cuerda sedosa, el encaje y balance perfecto en todos con los gestos mínimos pero suficientes del danés, carácter propio de los «latinos nórdicos» hecho música. Una maravilla ver y escuchar cómo la orquesta «preparaba» los solos del ruso con caídas exactas, transiciones en los cambios y rubati encajados con la exactitud requerida y la precisión desde el podio. Quedaba aún la grandiosidad del Allegro scherzando en otra montaña rusa de emociones y notas bien fraseadas, tejiendo un sonido cálido por parte de todos donde Lugansky brilló con luz propia e iluminó sin cegarnos con arpegios perlados, sonoridades poderosas y la madurez de los años que se notan en este repertorio, luchas bien entendidas entre orquesta y piano con Dausgaard templando y ajustando, pinceladas de los bronces, color en maderas, cuerdas equilibradas en número y sonido hasta ese final de los que levantan el ánimo y casi al público.

La propina no podía ser otra que de Rachmninov y su Paraprhasing Bach sobre la conocida Partita para violín nº 3 que Lugansky iluminó solo el primer movimiento (Preludio non allegro) casi celestial desde el virtuosismo del compatriota que como todos, tiene a Bach como padre de todas las músicas que sonó a Concerto.

Siempre comento que «no hay quinta mala» y la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 de Chaikovski corrobora mi chascarrillo porque tal vez sea de las más programadas cada temporada pero sirven para «testear» las orquestas que la interpretan, y la OSPA la transita a menudo aunque en este sexto de abono de la temporada 23-24 la calidad demostrada con Dausgaard al frente de esta Quinta pienso que quedará tanto en su memoria como en la de los aficionados. El maestro danés la dominó de principio a final, interiorizada y memorizada, de nuevo con su economía de medios con solo los gestos necesarios para hacerse entender, entretejiendo una sonoridad para la plantilla idónea (cuerda 14-12-10-8-6) permitiendo el balance ideal en dinámicas, el disfrutar de los primeros atriles y unos timbales nuevamente bien encajados, mandando sin «atronar». El primer movimiento (Andante-Allegro con anima) de inicio misterioso, sin prisa, subrayando la plácida oscuridad desde las maderas acunadas por la cuerda, antes de crecer con el alma al allegro que fue dando pinceladas en cada sección en los planos perfectos de cada motivo, preguntas y respuestas dibujadas con toda la gama de color hasta un final acelerando el pulso antes del conocido y popular segundo movimiento (Andante cantabile con alcuna licenza), el remanso necesario tras la tensión que no solo dejó el esperado solo de trompa bien cantado y contestado por el clarinete, también el saber «dejar hacer» del danés para saborear una OSPA hoy entregada al magisterio desde el podio sin sentimentalismos pero con la profundidad vital. Un impecable, elegante, luminoso y alegre tercer movimiento (Valse: Allegro moderato) que Dausgaard planteó desde unas cuidadas sonoridades y exposiciones, con los pasajes rápidos limpios en la cuerda y bien contrastados con el viento, para finalizar el trayecto de la oscuridad a la luz con ese Finale jugando con dos «tempi» (Andante maestoso – Allegro vivace), el tema del destino con violencia y esperanza, el eterno presente romántico hecho sinfonía para un abono de «enamorar con los rusos».

PROGRAMA:

S. Rachmaninov (1873-1943): Concierto para piano nº 2 en do menor, op. 18

I. Moderato – II. Adagio sostenuto – III. Allegro scherzando

P. I. Chaikovski (1840-1893): Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64

I. Andante – Allegro con anima

II. Andante cantabile con alcuna licenza

III. Valse: Allegro moderato

IV. Finale: Andante maestoso – Allegro vivace

Llegó la primavera… renacentista

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Miércoles 6 de marzo, 20:00 horas. Oviedo, Sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe: XI Primavera Barroca (CNDM, Fundación Municipal de Cultura). ARMONÍA CONCERTADA: The Josquin songbook. Música para dos voces y vihuela. Obras de Vásquez, Willaert, ArcadeltJosquin y otros.

Ya son once ediciones de esta más que asentada «Primavera Barroca» ovetense, aunque llegue con los fríos invernales, siempre contando con el CNDM dentro de su ciclo «Circuitos», con un público fiel que responde casi en masa en una sala ideal por tamaño y acústica. El primero de los seis conciertos programados contó además en paralelo con su respectiva conferencia previa por parte de los intérpretes en colaboración con el CONSMUPA y la Universidad de Oviedo.

Para este primer evento en este frío invernal de marzo, llegaban a Oviedo estos músicos argentinos a quienes escuché en Granada el pasado Festival pero sólo a dúo, debiéndose sumar en Oviedo el tenor, que por problemas de «disfonía parcial» nos privaron de un programa en torno a Josquin «el Divino» del que Pablo J. Vayón titulaba en sus notas ‘Josquin de bolsillo’ (también sonará si nada lo impide en León), correspondiendo al vihuelista afincado en Sevilla Ariel Abramovich la charla previa de las 18:00 horas, mientras en el concierto el cambio de planes trajo dos bloques con todo el peso en la soprano María Cristina Kiehr con la vihuela, lo que resultó más «monotonía acompañada» que la esperada «mezcla de rigor e imaginación» que nos vendería el instrumentista presentando cada obra del nuevo programa, algo que también quita tiempo al concierto en sí.

Evidentemente es de agradecer tener un «plan B» que en su mayor parte ofreció las obras de su trabajo  discográfico «Imaginario: de un libro de música de vihuela« con obras a 4 y 5 voces pero sólo con la soprano cantando, dejando un enorme y exquisito trabajo para la vihuela de Abramovich, una en sol de Martin Haycock y otra más afinada en la, del luthier granadino Francisco Hervás para las cuatro últimas obras previstas para el programa inicial de «The Josquin Songbook« que también han grabado.

La voz de María Cristina Kiehr (Tandil, 1967) que fue alumna de René Jacobs, no es agradecida en volumen, suficiente para la sala y con ese acompañamiento, ni en color, muy homogéneo pero falto de mayores matizaciones o expresión pese a una dicción correctísima en los idiomas utilizados, aunque tampoco las obras elegidas permitan muchos lucimientos dramáticos e interpretativos (menos aún en las obras con textos sacros) con este formato a dúo recreando la tablatura que pasa a la vihuela una polifonía renacentista con solo una voz realmente cantada, completando el resto la cuerda pulsada (laúd o en este caso vihuela) completando un contrapunto delicado que siempre respeta la voz más aguda. Así pues de los cincuenta minutos de la primera parte descontando las presentaciones detalladas (casi otra conferencia) y el «solo» de vihuela en el Ricercar de Segni da Modena (originalmente para laúd) o La canción del Emperador (excelente por otra parte) es más que suficiente para comprender esta soporífera sensación mía sólo salvada en un par de obras que curiosamente rompieron la atmósfera intimista alejada de la luminosidad musical, más introspección y recogimiento que primaveral regocijo barroco (hoy más renacentista).

Seguramente de tener a Jonatan Alvarado en plenas facultades, la tímbrica de las dos líneas cantadas hubiera resultado más jugosa por contar con unas voces que empastan a la perfección, pero el esfuerzo del tenor (con un interesante registro grave) ya se dejaría ver en la nota manuscrita que leería la soprano tras el segundo Arcadelt y donde además del verbo -o prosa- fácil sobre la cancelación, reconocía que el canto también es «carne, músculo y materia», dejándonos disfrutarlo tan solo en el arreglo del Kyrie de la Missa de Peñalosa y en Nymphes, nappés lo que hubiera sido y no fue…

La atmósfera de todo el recital fue ideal (Ariel hizo la broma con los de laúd «para dos o tres personas en una pequeña habitación con suelo de madera y sin muebles») y el público que casi llenó este salón aplaudió todas y cada una de las obras.

En agradecimiento por el respeto y comprensión, el dúo bisaría Se pur ti guardo de Willaert, que junto a «nuestro» Vásquez De los álamos vengo, madre resultaron lo más expresivo de este inicio de «Primavera Barroca» hoy renacentista y accidentada pero al menos sin cancelar.

PROGRAMA:

«Imaginario: de un libro de música de vihuela»

Juan VÁSQUEZ (c. 1500-c. 1560): O dulce contemplación, a 4.

Adrian WILLAERT (1490-1562): O dolce vita mia, a 4.

Juan VÁSQUEZQué sentís coraçon mío, a 4

J. SEGNI da MODENA (1498-1561): Ricercar (vihuela).

Jacques ARCADELT (c. 1504 – 1568): Chiare fresche et dolci acque, a 5.

Anónimo, Cancionero de Uppsala (pub. 1556): Si de vos bien me aparto, a 5.

Jacques ARCADELTSe per colpa del vostro fiero sdegno, a 4.

Adrian WILLAERTSe pur ti guardo, a 4.

C. de RORE / anon (Ms Castelfranco Veneto): Anchor che col partir, a 4 (madrigal).

Juan VÁSQUEZSi no os hubiera mirado, a 4.

                            De los álamos vengo madre, a 4.

                            Quien dice que l’ausencia causa olvido, a 3.

«The Josquin Songbook»

Josquin DESPREZ (ca. 1450-1521): La canción del emperador del quarto tono de Jusquin, a cuatro (Luis de NarváezLos seys libros del delphín, 1538).

Cristóbal de MORALES (1500-1553): De la Missa Mille regretz, a tres (Miguel de FuenllanaOrphénica lyra, 1554): Benedictus.

Josquin DESPREZFantasía I del primer tono, a cuatro (Luis de NarváezLos seys libros del delphín, libro i, 1538).

Francisco de PEÑALOSA (ca. 1470-1528): De la Missa Adieu mes amours, a cuatro (ms. 2-3 de Tarazona): Kyrie.

Josquin DESPREZ:    Nymphes, nappés, a seis, IJ 115.

                                      Nymphes des bois, La déploration sur la mort de Johannes Ockheghem

ARMONÍA CONCERTADA:

María Cristina Kiehr (soprano) – Jonatan Alvarado (tenor) – Ariel Abramovich (vihuela)

Telepatía, empatía y simpatía

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Viernes 9 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono IV «Con-cierto Velázquez» OSPA: Myra Sinclair y Peter Pearse (flautas), Giancarlo Guerrero. Obras de J. A. Perry, F. Velázquez y Tchaikovsky.

Tras la temporada operística, volvía la OSPA a sus conciertos de abono y retomando los encuentros previos a las 19:15 en la Sala de cámara del auditorio, este viernes con el carismático director nicaragüense Giancarlo Guerrero (Managua, 1969) nacionalizado costarricense, que nos dejó con ganas de escucharle más tiempo, contagiándonos la pasión por su profesión y muchas frases que ayudaron a comprender mejor el interesante programa del cuarto abono.

De las muchas pinceladas previas, el maestro Guerrero describió a una orquesta como «un dragón de 100 cabezas», y más que luchar para dominarlo lo cabalgó cual Atreyu a Fújur en la maravillosa obra de Michael Endeverdadera lección de entusiasmo contagiado a todos que dejará un excelente recuerdo en la capital asturiana.

Manteniendo la estructura habitual de los conciertos, las dos obras iniciales eran nuevas para la OSPA que Guerrero como invitado no fue un «matrimonio de conveniencia» sino un auténtico flechazo, abriendo con Short Piece for Orchestra (1952) de la compositora y directora americana Julia Amanda Perry (1924-1979), alumna con honores de la neoyorkina Juilliard School y en Francia de Dallapiccola y Nadia Boulanger, sin batuta porque «quebré muchas» y con los años sus diez dedos dan mucho más juego, además de un lenguaje corporal donde hay mucho de «telepatía» para hacerse entender: «una buena orquesta limpia la gestualidad» y está claro que la veteranía le ha dado la razón porque esta obra es frenética y salvaje con una cuerda consistente, unos vientos cuya «discusión» fue más bien interesante debate, más una percusión atenta siempre para mediar en esta página llena de efectos que Guerrero fue desgranando y la OSPA respondiendo a cada detalle a lo largo de las cinco partes contrastantes con un material inicial atronador que iría moldeándose desde una sonoridad verdaderamente compacta para una gran plantilla en cada sección, donde vuelvo a recomendar tarima para los contrabajos, pues la espera por un concertino titular (volvía Benjamin Ziervogel con Ariadna Ferrer de ayudante) parece «Lo imposible» sin banda sonora.

El prolífico Fernando Velázquez (Getxo, 1976) que mantiene un buen entendimiento con nuestra OSPA en distintas colaboraciones para el cine o la mal llamada música ligera, es igualmente autor de más de 250 composiciones sinfónicas, y el «pintor de las bandas sonoras» se convirtió en protagonista de este abono «Con-Cierto Velázquez» al escribir una obra pensada por y para nuestra orquesta, también para el público pero especialmente para dos de los solistas más queridos de la OSPA como son «Los Pearse». El concierto para dos flautas se estrenaba el día antes en Gijón y en Oviedo ya totalmente rodado nos llenaría de imágenes que como apuntan las breves notas al programa de la profesora Andrea García Alcantarilla «podría llevar el subtítulo de Atlántico, en el que el buen hacer sinfónico se une a melodías, ritmos y maneras del folclore para conectar el Cantábrico con las Shetland y hacer que todos nos sintamos en casa». Los que llevamos casi tanto tiempo casados con la OSPA como Myra Sinclair (1967) y Peter Pearse (1968) desde 1993 juntos, conocemos sus biografías y la llegada a nuestra tierra, la californiana de sangre escocesa (Molly en «El secreto de Marrowbone») escapada estudiantil a Londres para conocer al británico, para ambos sentir su Shefield con las flautas de esta unión atlántica, podríamos decir que celta por la cercanía de las melodías en que el compositor vasco se inspira para este concierto de flautas tan folklórico y tan sinfónico (con recuerdos de Copland o Williams), donde la película la ponemos nosotros con una música que une melodías y ritmos atemporales desde una escritura «clásica» por los tres movimientos donde no faltaron las «cadenzas» de ambos solistas, cómplices en el fraseo, las respiraciones y la intencionalidad de una escritura amena que sus compañeros arroparon y Guerrero dejó disfrutar a todos. Aires cantábricos, atlánticos más allá del Cabo Peñas en otra muestra de que las nuevas obras deben programarse como lo han sido las que hoy conocemos, con la ventaja de que la novedad y el directo siempre son irrepetibles, como bien recordaba el director en el encuentro previo. Si en Perry hubo telepatía, está claro que en el Velázquez compositor la empatía fue total, y ante el éxito «Los Pearse» bisarían el movimiento intermedio desde su cadenza al final con ambos en solitario, dedicado a sus hijos y disculpando la presencia del vasco por estar en otro estreno.

Las obras «nuevas» suponen disfrutar por partir de cero, pero con las «conocidas» la labor del director se hace más complicada, ya que todos las llevamos en los genes (a diferencia de las orquestas americanas, más herederas por transmisión generacional desde la Vieja Europa) y hay que evitar «meter pimienta en la sopa» para cocinar un plato de ingredientes habituales para servirlos de otra forma. Transmitir pasión, incluso aunque se aplauda entre movimientos («no estar atado al asiento del avión» o «estar callado tras un gol»), era el reto del «dragón ruso» que Guerrero cabalgó y dominó desde la simpatía, aportando detalles propios que hicieron saborear esta gran sinfonía, casi un poema sinfónico como es la «Cuarta» de Chaikovski.

El extenso primer movimiento (I. Andante sostenuto) comenzó grandioso en los metales pero calmado para ir disfrutando desde la fanfarria inicial hasta la llegada de una cuerda tersa, siempre presente y aunada, concisa y aterciopelada ya en el primer motivo. Dinámicas muy trabajadas y marcadas con la filosofía de «el más es menos» pues el maestro nicaragüense sabía dónde indicar el dramatismo con un movimiento de cejas, de hombro o de sus diez dedos y la inspiración en el Beethoven que tanto conoce en su larga trayectoria en orquestas de medio mundo. Intervenciones de los primeros atriles dándoles libertad expresiva pero marcando fluido (una madera hoy inspirada en cada solista), balances perfectos y matices donde se escuchaba todo al detalle. El II. Andantino in modo di canzona mantendría los detalles personales, la calma y la calidad bien «cantada» por Juan Ferriol o Daniel Sánchez Velasco con una cuerda sólida, escucha total con el maestro «llevando de las manos» a una orquesta disciplinada, donde también brillaron Mascarell o las flautistas de este viernes Blanca Ruiz, Carmen Arrufat y Ana Modéjar que cumplieron con sobresaliente. Impactante el III. Scherzo: Pizzicato ostinato por la libertad con la que Guerrero dejó sonar la cuerda llena de volumen, ímpetu, precisión y entrega, apenas sin gestos, leves miradas incluso al público (me recordó al gran Temirkanov) para poder apreciar la calidad de esta orquesta con tantos quilates, redondeando nuevamente la madera esta «broma» vital del ruso o manteniendo el balance ideal con los metales,  antes de «echar el resto» en el IV. Finale: Allegro con fuoco, el culmen de esta cuarta para degustar las cualidades conocidas y mostradas a lo largo del concierto, telepatía corporal entre Guerrero y la OSPA, empatía de todos en las tres obras elegidas y simpatía necesaria para el trabajo previo que en el irrepetible directo es in plus. Tiempo ágil, rápido y exigente sin perderse ni una nota de esta magna obra sinfónica: equilibrios dinámicos muy logrados, la tensión necesaria en cada sección y el ímpetu desde el podio de un Giancarlo que exprimió hasta la última gota a la formación asturiana disfrutando y contagiando la pasión sinfónica a un público que no acude como se merece la orquesta de todos.

PROGRAMA

Julia Amanda Perry (1924-1979): Short Piece for Orchestra.

Fernando Velázquez (1976): Concierto para dos flautas.

P. I. Chaikovski (1840-1893): Sinfonía nº 4 en fa menor, op. 36 (I. Andante sostenuto – II. Andantino in modo di canzona – III. Scherzo: Pizzicato ostinato – IV. Finale: Allegro con fuoco).

Universo orquestal «con forza»

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Viernes 17 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono III Subito con forza: OSPA, Roman Simovic (violín), Nuno Coelho (director). Obras deUnsuk Chin, Béla Bartók y Mozart.

Segunda semana con el «extra vitamínico» del violinista ucraniano afincado en Londres, que esta vez no estuvo en el encuentro con los abonados a las 19:15 en la Sala de Cámara del Auditorio sino el titular portugués explicándonos el programa (que repetiría antes de arrancar el concierto).

Y quiero volver a remarcar lo bueno que supone contar con el maestro Simovic porque no solo contagia su pasión a la OSPA, a la que se la nota feliz y a pleno rendimiento, también al público (hoy volvió a haber demasiados huecos) que recibe ese ímpetu y buena química sobre el escenario. Al «cocktail  energético» debemos sumar la apuesta por tenerle nuevamente de solista en el exigente concierto de Bartók tras un estreno, al menos asturiano, de la surcoreana Unsuk Chin (Seúl, 14 de julio de 1961), otro de los proyectos que ha traído Nuno Coelho en esta su segunda temporada al frente de la OSPA. Por cierto que sigue sin cubrirse la plaza de concertino, como preguntó en el encuentro una abuela para contárselo a su nieto violinista (!), de nuevo invitando a solistas  internacionales como esta vez la austriaca Birgit Kolar que lo fue igualmente hace un año de la OFil, junto a Sabine Lohez de ayudante. Y para la segunda parte, siempre en el formato decimonónico de «Estreno-Concierto-Sinfonía» no se olvidaron de programar el «repertorio de siempre», esta vez con la última sinfonía del genio de Salzburgo.

En las notas al programa (enlazadas al principio) de Hertha Gallego de Torres), sobre la obra de la pianista y compositora Unsuk Chin -distinguida alumna de juventud de Ligeti-, y actualmente viviendo en Berlín nos cuenta que «escribió Subito con forza en 2020 en pleno confinamiento, a petición de la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam para celebrar el 250 Aniversario del nacimiento de Beethoven (…) indisimulada afición por el virtuosismo, que aquí se muestra en una paleta brillante de instrumentos de percusión con un papel tan importante o más que la cuerda. Puede presumir Chin  (…) de que sus obras son muy accesibles al público que rechaza la música contemporánea, por la brillantez que obliga a exhibir a la voz, a la orquesta o a ambas». También la elección de esta obra por necesidades de plantilla como explicó la gerente en el encuentro previo. Con los «motivos» de las oberturas de Coriolano o Leonora III y el inconfundible motivo rítmico de la Quinta, el maestro Coelho la defendió con su ímpetu habitual, destacando el enorme trabajo de los percusionistas, junto al arpa y el piano pero sin menoscabar al resto de una orquesta que hoy se colocó «quasi vienesa» con los violines enfrentados y violas-chelos frente al podio. Obra interesantísima la de esta surcoreana más europea que muchos y volviendo a recordarnos que la Pandemia del Covid también trajo mucha creatividad, caso de este Subito con forza… y fuego.

Esperado el regreso de Simovic con su Stradivarius pasando del pasado Beethoven al presente Concierto para violín nº 2 (1939) de Béla Bartók, de los más importantes escritos en el siglo XX plagado de recovecos para solista y orquesta, con el portugués mostrando de nuevo su calidad como concertador en una obra exigente para todos. Sobre esta partitura que bien nos explicó por partida doble, añadir de nuevo las notas sobre el mismo (con links míos): «después de varias consultas con el eximio violinista y compositor húngaro Zoltán Székely, su dedicatario (…) había sugerido al compositor la obra poco antes de que se exiliasen ambos a Estados Unidos. Székely, miembro del famoso Cuarteto Húngaro, fue quien estrenó el Concierto como solista con la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam en 1939», en este caso enlazando la misma formación con la obra de la surcoreana. Prosigue la profesora Gallego de Torres: «Ejemplo de la personal síntesis de tradición y progreso de Bártok, su estructura formal es la del concierto clásico o romántico. Sin embargo, tonalmente, bebe de la influencia dodecafónica y de las escalas modales del folklore de los Balcanes» y así lo entendieron a la perfección desde el trípode que mantiene el equilibrio perfecto: solista, orquesta y director, porque el virtuosismo de Simovic en el Allegro non troppo parece sencillo ante su sonoridad limpia, su musicalidad exquisita del bellísimo Theme and Variations: Andante tranquillo central que estuvo arropada y mimada por la OSPA, y el complicado Rondo: Allegro molto final lo entendió en sus múltiples cambios de tempi y compás un Coelho en sintonía con el mago Simovic, momentos de complicidad  con una madera contestando desde la misma intención que el Stradivarius para disfrutar de una amplísima gama dinámica que desde el podio pareció trabajar cual ingeniero de sonido manteniendo el balance y presencia exacta de cada pasaje.

Si el viernes pasado mister Simovic nos regalaba una propina a dúo con el concertino, de nuevo la sencillez y generosidad del maestro nos preparó con Max von Pfeil, principal de chelos, otra «delicatessen» del noruego Johan Halvorsen, violinista virtuoso, distinguido director de orquesta, compositor de gran cantidad de música incidental, obras orquestales y numerosas piezas para violín. En 1894, cuando trabajaba como director de orquesta en Bergen, la ciudad natal de Grieg, hizo una «extravagante» adaptación para violín y viola (hoy con chelo) de la Passacaglia de una «Suite para clavecín solo» de Handel, variaciones continuas sobre un bajo repetitivo que Halvorsen reelabora las suyas con un despliegue instrumental ampliado: dobles paradas, escalas vertiginosas, armónicos y una amplia gama de dinámicas, timbres y articulación, un impresionante dúo donde disfrutar de ambos intérpretes, compañeros unidos por estas músicas que siempre nos «descubren» el talento de los músicos de la OSPA y la cercanía de este violinista al que sigo pidiendo le pongan un piso en Oviedo pues cada estancia entre nosotros aumenta la calidad y entrega para disfrute de todos, aficionados incluidos.

Si Beethoven encandiló en el segundo de abono, en este tercero llegaba la última sinfonía de Mozart, el cierre de la trilogía compuesta en tiempo récord y sin necesidad de encargo alguno, como también nos contó el maestro de Oporto, y que no consta se estrenasen en vida del salzburgués. La sinfonía nº 41 ”Júpiter” fue escrita en el verano de 1788 en la tonalidad de do mayor de estructura clásica pero que encierra el lenguaje operístico de Don Giovanni o Cossì, música sin palabras pero con la firma inigualable. Coelho la trabajó así, pues tanto el portugés como Hertha Gallego citaron a Harnoncourt: «para Mozart lo importante siempre es el drama, el diálogo, el conflicto y su resolución (…) Lo paradójico es que esto no sólo se refiere a sus óperas sino también a su música instrumental, que siempre es dramática». De hecho los tempi elegidos no fueron extremos pero sí delineados cual canto, ayudado de nuevo por la colocación de la cuerda y la propia plantilla utilizada por Mozart, así como la elección para esta «Júpiter» de los timbales ‘clásicos’ que Mr. Prentice volvió a manejar con gusto y seguridad.

El Allegro vivace se planteó tranquilo, cual obertura luminosa de contrastes bien marcados, líneas melódicas en cuerda con maderas ideales y metales redondos. Lírico y reposado el Andante cantabile tan original y propio del Mozart maduro, acentos claros de sonoridad onírica en todas las secciones. El Minuetto: Allegretto bien marcado con las lengüetas y bisel alternando «el canto» revestidas con los bronces y abrigadas por una cuerda con identidad propia. Y el universo del Molto allegro preciosista, dbujándose claros los temas superpuestos bien delineados por el maestro Coelho sin forzar el aire, poderío de bronce y empuje sinfónico en la Viena que rompería moldes en todas las artes, escuchándose todos los músicos al detalle en esta sinfonía que nunca es igual aunque la escuchemos las veces que queramos y en los cientos de grabaciones.

Y qué mejor forma que cerrar esta entrada con los certeros versos del sevillano Luis Cernuda que nos dejó mi admirada Hertha Gallego de Torres en sus notas:

 

Si alguno alguna vez te preguntase: «la música ¿qué es?»
‘Mozart’, dirías, ‘es la música misma’

PROGRAMA:

Unsuk Chin (1961): Subito con forza.

Béla Bartók (1881-1945): Concierto para violín nº 2 (1937/1938): I. Allegro non troppo – II. Theme and Variations: Andante tranquillo – III. Rondo: Allegro molto.

W. A. Mozart (1756-1791): Sinfonía nº 41 en do mayor, K. 551, «Júpiter» (1788): I. Allegro vivace – II. Andante cantabile – III. Menuetto: Allegretto – IV. Molto allegro.

Pasión, respeto y admiración

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Viernes 10 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 2: El genio de BonnOSPA, Roman Simovic (violín y director). Obras de Beethoven.

Cada visita del ucraniano Roman Simovic (1981) a la OSPA es un soplo de aire fresco que contagia no solo magisterio y seguridad, también entrega y pasión musical transmitida a una orquesta entregada esta vez al genio de Bonn pero también al «leader» de la LSO con su violín Stradivarius de 1709 en una auténtica Beethoven Fest para guardar en la memoria de un público por fin más numeroso del habitual que podrá contar lo vivido este viernes en el Auditorio de Oviedo.

Y es que si hay química sobre el escenario se nota en el patio de butacas. La presencia además de Aitor Hevia como concertino y el propio Simovic ejerciendo simultáneamente de solista y director en el Concierto para violín en re mayor, op. 61 del genio de Bonn ya suponía un plus, tal y como nos contaría en el breve encuentro a las 19:15 en la sala de cámara, y digo breve porque evidentemente lo que le esperaba necesitaba ir calentando, aunque la última prueba de sonido estaba aún viviendo en los muros.
Como un auténtico líder Simovic volvió a asombrar por su valentía en los tiempos sin perder nunca el punto exacto de la formación asturiana a la que conoce como pocos y sabe exigirle sabedor de la respuesta exacta. El Allegro ma non troppo ya nos dejó un primer ataque de los timbales con el timbre perfecto y marcando un pulso vital. El sonido que consigue el maestro ucraniano de la cuerda sigue siendo ideal: aterciopelada y tersa, limpia y agresiva cuando se necesita; la madera no se queda atrás, melodías que pasan y pesan con el sustento de los arcos; y hasta los metales suenan más redondos, equilibrados. Los crescendi iluminan y arrebatan. Y las cadencias en el Stradivarius son filigrana pura, jugando con el tempo y los balances perfectos con apenas un movimiento de cabeza o un arco previo al ataque. El Larguetto de orfebrería y emoción, el Beethoven maduro y enamorado como cuenta en las notas al programa Ramón García-Avello, las variaciones bien ornamentadas sonando cristalinas y etéreas sobre una orquesta rendida al director, solista y compañero. Finalmente el Rondó: Allegro resultó una inyección de optimismo, saltarín y con humor británico del que puede presumir tras tantos años en Londres.
Admiración de todos, pasión por la música de «El coloso enamorado y danzarín« y una propina a dúo con Aitor Hevia que pondría el listón en lo más alto, dejándome sin apenas palabras que raudo anoté en mi móvil.
Pero el «non plus ultra» llegaría con la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92, que además de ser mi preferida,  consiguió emocionarnos a todos. Con los músicos de pie, trompetas y trompas juntas más Simovic en su puesto de «leader» apostó por una séptima arriesgada, pasional y luminosa. Desde un respeto total a lo escrito disfrutamos de una interpretación de alto voltaje donde la OSPA que en el concierto le escuchó con admiración y hasta fervor, no solo mantuvo la atención sino que con Simovic colocado en su puesto de concertino, resultó abducida y plegada al mando en plaza del ucraniano afincado en Londres. Dominador de balances y tempi, la llevaría de nuevo con mínimos gestos entendidos al detalle por cada sección de la orquesta asturiana, mimando una sonoridad clara en cada momento y sacando de la cuerda capitaneada codo con codo con Hevia, lo mejor de esta temporada.
En el Poco sostenuto – Vivace se escuchó todo lo escrito, matices extremos puramente románticos, ataques con bravura, maderas casi pastoriles, el cambio al Vivace impactando por intensidades y contrastes en el punto exacto, metales poderosos pero «sin bravuras» ni arrebatos, la cuerda grave rotunda, dinámicas amplias y pisando el acelerador a fondo dominando con mano y «arco firme» para que nada se escapase y encajara al milímetro. El famoso y hermosísimo Allegretto mantuvo la gama de colores detallistas, cada sección presente y bien balanceada, escuchándose y disfrutando con un tempo luminoso más rápido de lo habitual pero fresco, con el ritmo ostinato latiendo como el corazón de Simovic, minucioso en los fraseos y equilibrios, paladeando los motivos, los reguladores eternos que elevaban las pulsaciones sin aumentar la velocidad «amarrada» por unos timbales precisos y una cuerda preciosa. El Presto valiente, impecable, rompedor, explosivo, el «scherzo» verdaderamente bromista y saltarín, sorpresivo, con los tutti grandiosos, pasionales… Y con esta «descarga en vena» lógicamente el Allegro con brio sería fiel a la indicación del aire más que al metrónomo, estallidos de luz, contrastes, ataques, el empuje vertiginoso sin perder claridad en ningún momento, dinámicas brillantes, acentos marcados con precisión en una montaña rusa donde hasta los silencios sonaron y se respetaron sin nada que los perturbase.
Una OSPA entregada, volcada, disfrutando con Simovic siempre, como uno de ellos para finalizar esta séptima que volviendo a citar las notas «provoca(n) esa bacanal contagiada de alegría», público rendido, músicos también y la sencillez de un grandioso Roman al que con mi chanza pido le pongan un piso en Oviedo y un vuelo directo con Londres, pues con esta calidad y entrega todos mejoramos, crecemos y disfrutamos. Gracias Maestro.

La «siguiente generación» ya pide paso

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Viernes 3 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, NextGen: Concierto final de la Masterclass internacional de dirección de orquesta con Johannes Schlaefli. OSPA, Maximilian von Pfeil (cello). Obras de Verdi, Weber, Elgar, Beethoven, Brahms, Dvórak y Chaikovski. Entrada de butaca: 5 €.

La OSPA ha celebrado a lo largo de esta semana la primera masterclass de dirección con el profesor de la University of Fine Arts en Zurich (ZHdK) Johannes Schlaefli (1957) enfocado para directores profesionales y estudiantes avanzados de dirección, una feliz iniciativa del titular Nuno Coelho, que fuese alumno del afamado maestro. De las 153 candidaturas recibidas (todo un éxito de convocatoria), entre Schlaefli y Coelho optaron por 8 finalistas, cuatro de ellos españoles, que trabajaron una selección de obras elegidas por ambos maestros, trabajándolas con la orquesta durante cinco días y un tiempo de podio de aproximadamente 130 minutos. Además de las sesiones con la orquesta por la mañana, hubo sesiones de retroalimentación y clases grupales por la tarde con Johannes Schlaefli, tal y como nos comentó en el encuentro previo celebrado a las 19:15 en la sala de cámara junto a la gerente de la OSPA Ana Mateo que hizo las labores de entrevistadora, moderadora y traductora.

Las técnicas de dirección y ensayo, así como el análisis de partituras, fueron el eje central de la clase magistral, y todas las sesiones de la orquesta fueron grabadas por un equipo de grabación de video profesional disponibles para todos los participantes, con lo que supuso de ampliación de experiencias antes de llegar a este concierto final, que hasta el miércoles no se decidió qué obras iba a dirigir cada uno, trabajando todos las ocho seleccionadas. Como comentó en la conferencia, a sus alumnos de dirección en Zúrich, y esta vez en Oviedo, les recomienda tener pasión por la música y humildad tras ser preguntado por cómo saber dónde había talento, sumando el trípode que se completa con la «química» entre dos seres como resultan ser una orquesta y su director. Evidentemente con nuestro titular portugués acertó y personalmente le felicité por su «ojo docente» y magisterio musical que la experiencia aporta, y en Asturias lo sabemos, viendo además la trayectoria nacional e internacional emprendida por Nuno Coelho.

El concierto se organizó como un programa especial a la forma clásica: dos oberturas, concierto solista y una «supersinfonía» de cuatro grandes manteniendo los tiempos: Allegro, Adagio, Scherzo y Finale. Sabia elección de obras conocidas por todo aficionado que no cubrió las expectativas de esta nueva apuesta, pues la OSPA imagino el esfuerzo que habrá supuesto ensayar estas obras con ocho visiones tan personales domo los finalistas, más todas las correcciones del Maestro Schlaefli que una vez pasado el ecuador y viendo lo que mejor le iba a cada «alumno», ya se centrarían todos en una sola partitura. Por ello mi primera felicitación a todos los músicos, que sin concertino volvieron a invitar a Jordi Rodríguez Cayuelas y María Ovín de ayudante. Con  obras que todos «tienen en vena» la versatilidad, profesionalidad y cariño con que se adaptaron a los cinco directores y tres directoras es digno de reseñar. Y mención especial al principal de cellos Maximilian von Pfeil como solista en el hermoso y difícil concierto popularizado hace décadas por Jacqueline du Pré junto a su marido Daniel Barenboim, que el alemán bordó siendo la obra estrella para todos, incluyendo a su compatriota y segundo director a quien le correspondieron los dos últimos movimientos.

Dejo a continuación cómo fue el reparto de obras y directores/as, todos trabajando de memoria salvo para el concierto de Elgar como es lógico, experiencia variada en todos, para seguir comentando mis impresiones con las biografías de los ocho que se pueden comprobar en el PDF del programa de mano, añadiendo que esa hoja la cubrimos con nuestro/s «favorito/s» en una urna a la salida del concierto.

Giuseppe Verdi (1813-1901): La fuerza del destino, obertura. Dirigida por el brasileño Richard Octaviano Kogima, músico completo (también pianista y compositor) con las ideas claras como su gesto, preciso y dejándonos un colorido Verdi más sinfónico que operístico.

Carl Maria von Weber (1786-1826):
Oberón, obertura. Dirigida por el cordobés David Fernández Caravaca (1995) musicalmente pasional y de formación «germana», marcando todo con claridad y sin rigidez. Página difícil con la que se desenvolvió sin problemas.

Edward Elgar (1857-1934) Concierto para violonchelo en mi menor, op. 85: Siempre es difícil «concertar» con el solista aunque Maximilian von Pfeil es músico curtido también el atril. Los dos primeros movimientos (I. Adagio moderato; II. Lento – Allegro molto) los llevó el valenciano Adrián Moscardó (1989) con una amplia trayectoria en la dirección que está finalizando en la ESMUC barcelonesa con los maestros Johan Duijck y Salvador Brotons. Se le notó trabajado el concierto aunque hubiese necesitado mejorar los balances de las distintas secciones aunque fuesen claros los tempi y el aire, «mandando» el solista, sabedores que en estos casos el entendimiento con el podio es imprescindible. La OSPA respondió a todas las indicaciones muy disciplinada. Con aplausos que rompieron la necesaria unidad de este maravilloso Elgar, subía para los dos últimos movimientos (III. Adagio; IV. Allegro – Moderato – Allegro ma non troppo – Poco più lento – Adagio) el alemán Jascha von der Goltz, que demostró su magisterio internacional y trayectoria en la batuta. También alumno de Schlaefi se notan las tablas, sin apenas necesitar la partitura, bien en la concertación y el balance, gesto claro para los movimientos más exigentes y agradecidos, excelente transición al largo cuarto tras la impecable cadenza del cello y con amplias dinámicas que engrandecieron y lograron el «trípode» con la conexión y el buen hacer entre todos.

Tras el descanso los siguientes candidatos en una «sinfonía única» donde no podían faltar dos quintas («no hay quinta mala» como siempre digo) en los movimientos extremos, y con tres directoras que no solo demostraron que estamos en el siglo del salto de la mujer al podio por su preparación bien visualizada y modelo para la «next generation»:

Ludwig van Beethoven (1770-1827): Sinfonía nº 5 en do menor, op. 67, I. Allegro con brio. Con decisión, valiente en el tempo y sin apenas respiro en los ataques arrancaba la alemano-colombiana Anna Handler una de las páginas más conocidas del sinfonismo, siempre difícil aportar algo nuevo que en este caso fue la fluidez y el dejar que la música transmita, no siempre marcando todo. Esta directora y pianista formada en Munich es titulada en la afamada Julliard School neoyorquina desde el mes de mayo pasado, y con las ideas muy claras para esta obra, ceñida a en cuanto a las dinámicas escritas pero con el crescendo final donde se notó muy trabajado y con las «masterclass» unidas a la «docilidad» de nuestra orquesta, volvieron a emocionar en esta quinta.

Johannes Brahms (1833-1897): Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 73, II. Adagio non troppo, que estuvo en las manos del madrileño-leonés Jorge Yagüe (1996) también formándose en Zúrich con el maestro Schlaefli y trabajando ya con distintas orquestas españolas y europeas. La experiencia se nota en un gesto amplio, expresivo, atento a los matices aunque, como a muchos de sus compañeros en el podio, necesita encontrar el balance adecuado saber «sacar a la luz» los motivos sin perder ningún detalle orquestal, que con tiempo lograrán todos pues hay mucho trabajo previo que tienen hecho.

Antonin Dvorak (1841-1904) Sinfonía nº 9 en mi menor, op. 95 «Del Nuevo Mundo», III. Scherzo. Una de las sorpresas de la noche fue la valenciana Celia Llácer (1994), sin batuta y con toda la energía que este movimiento exige. Matizando sin problemas, dirigiendo con todo el cuerpo y de nuevo siguiendo las clases, con pasión, más que precisión. Se nota que lleva desde niña en el mundo musical y lo transmite nada más subirse a la tarima. Ha dirigido la JOECOM (Joven Orquesta de Colegios Mayores), trabajadora, formada en el Centro Superior Katarina Gurska con Borja Quintas y asistente de grandes maestros no podemos olvidarnos de esta joven que seguro dará mucho juego en los próximos años, demostrando cómo ha cambiado y mejorado el panorama español también en el mundo de la dirección orquestal. La OSPA rindió a tope y con la complicidad que dejó fluir esta maravillosa música fue otra de las triunfadoras del concierto.

Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893): Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64, IV. Finale (Andante maestoso – Allegro vivace). Cierre por todo lo alto con la coreana Subin Kim, formada en Alemania. Claridad y precisión fueron sus rasgos aunque el tempi se «cayese» un poco antes del puente. Imposible no entregare en este final de la quinta del ruso, y aunque los metales parecieron desbocarse sin que la maestra los amarrase cortos, hubo convencimiento y pasión en esta interpretación, más brocha que pincel y comprobando que existe un mal generalizado en confundir los crescendi con los acelerando, pero el ímpetu juvenil no tiene nacionalidad y instrumento concreto, en este caso una OSPA que sonó confiada, de nuevo.

Un gran concierto de jóvenes con formato decimonónico en el programa, obras para todos los públicos, incluso para algún despistado que vino «confundido» y marchó feliz, continuar trabajando para formarse (en música nunca se acaba) y el lujo de contar con la OSPA para estas batutas que anotaremos para ver su progreso en el siempre difícil terreno de la dirección orquestal. En Oviedo han tenido una oportunidad para demostrar su valía y aprendizaje permanente con un gran maestro y la mejor orquesta a su servicio.

Excelente iniciativa en apoyo de las jóvenes «nuevas generaciones» (con PPerdón) que repetirán el próximo mes ya con Nuno Coelho al frente y dedicado a la viola con Sandra Ferrández.

Sin riesgo no hay emoción

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Viernes 13 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 1: OSPA, Javier Perianes (piano), Nuno Coelho (director). Obras de Brahms, Ligeti y Bartók.

Con ilusión arrancaba este viernes al fin otoñal la segunda temporada del director portugués Nuno Coelho al frente de la OSPA y con un encuentro previo 45 minutos antes con el público en la sala de cámara, que como el propio maestro indicó, en compañía de la gerente Ana Mateo, se repetirán antes de cada abono con la presencia de los invitados, solistas y respondiendo a las dudas o aclarando las obras a escuchar, como en el caso de este primero, algo que repetiría al inicio de la segunda parte, una de las tres novedades junto a los conciertos de cámara dominicales a las 12:30 horas, que serán mensuales en esta misma sala donde poder disfrutar de los músicos de nuestra orquesta, y el Concierto de San Xuán el 21 de junio del próximo año donde sonará música de su país con Camané & Trío en el espectáculo «Fado» junto a la dupla OSPA-Coelho donde cada abonado que traiga otro nuevo se le regalarán dos entradas.

Este primer concierto, con escasa presencia de público que comienza a ser precupante, independiente de que en el Campoamor hubiese la función «joven» titulada «Viernes ópera», traía un arriesgado programa tanto por las obras como por la apuesta personal del propio director, contando en la primera parte con Javier Perianes como solista del Concierto para piano y orquesta nº 1 de Brahms (1833-1897). El regreso del onubense como colaborador de la OSPA –que sigue sin concertino, estando hoy el  murciano Jordi Rodríguez y de ayudante Fernando Zorita (no como indicaba el programa de mano, más pequeño y delgado que en temporadas anteriores)- parece no fue suficiente para llenar más butacas, una verdadera lástima porque el excelente momento por el que atraviesa el de Nerva unido al trabajo del maestro de Oporto que ya comienza a notarse en la orquesta, era un motivo más que suficiente.

Con un Maestoso poderoso en la OSPA y algo titubeante el arranque del pianista, las líneas divergentes  con unos pedales no muy claros, fueron confluyendo y caminando paralelas a medida que avanzaba este primer movimiento, casi una sinfonía por escritura y auténtico duelo de titanes que el maestro Coelho concertó a la perfección, manteniendo unas dinámicas muy equilibradas y sacando el mejor Brahms. Pero sería el Adagio la maravilla del programa donde Perianes y la OSPA mostraron una amplísima paleta de matices, pianissimi de cortar el aire con una línea melódica plena y riquísima. Más arriesgado por tempi el último Rondó: Allego non troppo que pese a «caerse alguna nota» no impidió volver a disfrutar del equilibrio dinámico entre piano y orquesta de nuevo con un total dominio de la partitura por parte del director portuense, caídas a tempo, encajes perfectos y llevando este primero de Brahms a buen puerto con todas las aristas que conlleva para los intérpretes pero que el onubense amalgamó desde su amplio bagaje con todas las referencias de Brahms a Mozart, Beethoven o la propia Clara Schumann tan excelentemente retratada en el adagio central. Una lección de piano contundente a cargo de un Perianes que saldría al descanso camino del aeropuerto asturiano para tomar un vuelo a Barcelona (donde interpretará el «Emperador» junto a la Orquesta Sinfónica del Liceu bajo la batuta de Josep Pons) con una agenda de lo más apretada que nos lo traerá de nuevo a Oviedo el 10 de mayo junto al Cuarteo Quiroga.

Aún hubo tiempo para el homenaje de Perianes a la centenaria Alicia de Larrocha con el Notturno de Grieg, el nº 4 de las «Piezas líricas», libro V, op. 54, una perla sentida, delicada, con los claroscuros «marca de la casa» que siempre me han llevado a llamarle «el Sorolla del piano«.

Arriesgada segunda parte magiar, comenzando por San Francisco Polyphony (1973-74) de György Ligeti (1923-2006), aprovechando otro centenario como el del húngaro nacionalizado austriaco, obra escrita para conmemorar el 60º aniversario de la Orquesta Sinfónica de San Francisco estrenada el 18 de enero de 1975 por el entonces titular Seiji Ozawa, con el que Haruki Murakami, Premio Princesa de Asturias de las Letras este año, conversa en su obra Música, sólo música como bien recuerda en las notas al programa Pablo Gallego. Esta obra de Ligeti no  está al alcance de cualquier orquesta ni director pues exige un control absoluto de los registros en cada sección e instrumentos, y el juego polifónico obliga a un permanente balance en el punto exacto, más allá de virtuosismos, silencios y hasta la textura sinfónica, que el húngaro teje como pocos en todas sus obras, tanto camerísticas como sinfónicas, en esa denominada «angustiosa incomodidad» de su escucha. Sin imágenes para esta «otra banda sonora» no utilizada por Kubrick pero que bien podría haberlo hecho, OSPA y Coelho apostaron por el riesgo de la dificultad para emocionar con música del pasado siglo que sigue estando demasiado ausente en el actual y que aplaudo haber programado en este #Ligeti100 del que disfruté y mucho este verano en Granada, con un final para anotar: los músicos y el director «congelados» literalmente tras el final, fotografía musical que perduró para disfrutar también del silencio en una auténtica «Atmóspher» final.

Y para rematar emociones, orquestaciones impresionantes, calidades de la mejor Hungría, trabajo minucioso de orquesta y director, así como otra «banda sonora» con imágenes terroríficas tras una primera guerra mundial, de la que seguimos sin aprender nada en estos días, la suite de El mandarín maravilloso, op. 19, Sz. 73 (1918-24) de Béla Bartók (1881-1945), «música infernal», depravación humana tan tristemente actual, caótica en expresión pero perfectamente ordenada a cargo de Coelho y una OSPA musculada de gran plantilla en donde el clarinete de Andreas Weisgerber nos subyugó y sedujo como a los vagabundos del ballet, riesgo asumido por todas las secciones a la misma altura (triples vientos, cuatro percusionistas, celesta y piano), partitura muy trabajada que nos dejó impactados y emocionados con este mandarín maravilloso que nos «robó» el final trágico de la pantomima original.

La próxima semana volverá la OSPA para el llamado «Concierto de los Premios», aunque me conformaré con el ensayo general, pero el programa (Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis y Dona nobis pacem de Ralph Vaughan Williams) y el director (Martyn Brabbins) merecerá la pena para seguir comprobando el nivel ya recuperado por la orquesta de todos los asturianos.

A celebrar 25 años de excelencia

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Este primero de septiembre al mediodía en la sala de cámara se presentaban los Ciclos «Conciertos del Auditorio» y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», una temporada marcada por las bodas de plata del edificio diseñado por Rafael Beca sobre los antiguos depósitos de agua, y que marcaría a Oviedo como capitalidad musical o como la he bautizado en «La Viena Española».

Peinando canas aún recuerdo la inauguración aquel ya lejano 29 de abril de 1999 con nuestra OSPA dirigida entonces por el chileno Max Valdés, y dos días después vendría Riccardo Muti con la Filarmónica de La Scala, un verdadero lujo que abriría un ciclo por donde han pasado casi todas las grandes formaciones y figuras internacionales a lo largo de estos 25 años, algunos desde aquí reseñados desde 2008. Recordar también que seis años antes Oviedo fue  pionera en organizar las primeras jornadas dedicadas en exclusiva al piano en España en el Teatro Campoamor, que con el Auditorio pasarían a celebrarse aquí, sin olvidarnos del primer gestor que fue el siempre recordado (esta mañana también) Luis G. Iberni, a cuya memoria llevan el nombre del gran musicólogo y crítico aragonés afincado en nuestra tierra donde llegó en la primera promoción de los estudios de Musicología en la Universidad de Oviedo con Emilio Casares al frente.

Tenía que ser este Auditorio, y mejor aún en su Sala de Cámara de acústica excelente, la presentación de este ciclo doble del 25 aniversario, que además arrancaría, como no podía ser menos, con música (el Rondeau, tercer movimiento del Cuarteto para oboe y cuerdas en fa mayor de Mozart ) a cargo de Lucas Macías, director de la Oviedo Filarmonía (OFil), hoy al oboe junto a tres grandes músicos de sa orquesta que va unida tanto a los dos ciclos como a la ópera y zarzuela: Andrei Mijlin (concertino), Rubén Menéndez (viola principal) y Gabriel Ureña (chelo principal) que inauguraba informalmente la temporada, esperando ya el 31 de octubre del primer Concierto del Auditorio.

En el acto tomaron la palabra David Álvarez, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y Presidente de la Fundación Municipal de Cultura, un reconocido melómano al frente del auténtico motor cultural de la capital del Principado y buen fichaje de su alcalde Alfredo Canteli. En sus palabras también recordó y enseñó el abono de aquella primera temporada más el sueño de llegar a presentar 25 años después este ciclo que ha colocado a Oviedo en el mapa mundial de la música por su oferta y calidad  envidiable para una ciudad de su tamaño. También hablaron el responsable de la Fundación EDP en Asturias Juan García-Ovies Sarandeses, tan necesario el apoyo privado a la música en Asturias, el jefe de Oviedo del periódico La Nueva España Álvaro Faes, otro pilar importante en la difusión y publicidad desde su medio de comunicación que presta todos sus recursos a la actividad musical, María Ablanedo como vicepresidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, resaltando el protagonismo femenino tanto en la plantilla de la OFil como en tantos excelentes intérpretes de nuestra tierra, espejo en el que se miran los estudiantes de los distintos centros educativos del Principado, también autores de quienes se estrenarán obras así como de compositoras que tienen su sitio ganado por su calidad, y por supuesto el director artístico de los ciclos, el incombustible Cosme Marina, un gestor digno heredero de Iberni que sigue organizando y trayendo a este Auditorio lo mejor del circuito europeo y mundial, con Oviedo parada obligada que algunas veces fue la única en esas giras que siguen reafirmando a «La Viena Española».

Imposible desgranar lo que nos deparará esta temporada 2023-24, aunque dejo el enlace o link al avance, el Dossier de Prensa que se nos entregó a la entrada y algunas de las fotos que realicé durante la presentación. Las notas del concejal tituladas «El poder de la música» y de Cosme «Un viaje fascinante» expresan a la perfección lo que suponen estas bodas de plata y las líneas maestras de este doble ciclo, donde destacan:

TEMPORADA EXTRAORDINARIA por los 25 años del Auditorio Príncipe Felipe con una temporada muy especial que traerá a Oviedo algunos de los grandes artistas y de las mejores formaciones orquestales de nuestro tiempo, y que no tendrá como en otras ocasiones ningún concierto extraordinario porque toda la temporada lo es.

UN CICLO SOSTENIBLE. Con la deseada y esperada llegada del AVE a Asturias, permitirá, a partir del próximo mes de enero, un diseño de las giras de conciertos con el fin de que la mayoría de las orquestas lleguen a Oviedo en medios de transporte menos contaminantes, sustituyendo el avión por el tren, en un compromiso del ciclo con la sostenibilidad, tal y cómo se está haciendo en los festivales y temporadas de referencia en Europa, y que el responsable de la Fundación EDP también destacó.

GRANDES SOLISTAS. Esta temporada pasarán por Oviedo nombres como Jakub Józef Orlinski, István Várdai, Christina Pluhar, Ermonela Jaho, Antonio Corianò, Christian Tetzlaff, Javier Camarena, Ellinor D’Melon, Dorottya Lang, Alison Oakes, Jakob Pilgram, María Dueñas, Jean-Ghihen Queyras, Dinara Alieva, Ekaterina Semenchuk o Rolando Villazón, entre otros muchos.

Algunos de ellos repiten (están con mis links) conocedores de lo que supone actuar en Oviedo por la historia tan musical de esta ciudad, y otros lo harán por primera vez, convencido que volverán porque así lo atestiguan los años de experiencia de los que mis canas puede dar fe.

DIRECTORES DE REFERENCIA. Maestros de primer nivel estarán en la ciudad: Kirill Petrenko, Sir John Eliot Gardiner, esperando retome su agenda tras el «parón autoimpuesto» por su incidente, Paavo Järvi, Alan Gilbert, Alondra de la Parra, Kahchum Wong, Ádám Fischer, Jaime Martín, Andrea Marcon, Lucas Macías y Aarón Zapico.

En las columnas del Auditorio figuran algunos nombres de grandes batutas que han dirigido en este templo musical asturiano, y seguro que aún queda sitio para poner alguna placa más.

LAS MEJORES ORQUESTAS. Una de las características del ciclo de conciertos de Oviedo es la presencia de formaciones orquestales y camerísticas de referencia: Philharmonia de Londres, NDR Elbphilharmonie Orchestra, Sinfónica de Düsseldorf, Orquesta Nacional de España, Gustav Mahler Jugendorchester, la Cetra Barockorchester, Il pomo d’oro, L’Arpeggiata, Oviedo Filarmonía –como orquesta residente-, Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, Forma Antiqva. También acudirán formaciones corales como El León de
Oro, el Joven Coro de Andalucía y el Vokalensemble Basel.

Como también apuntarían Ablanedo o Marina, Oviedo ha defendido a músicos de nuestra tierra porque la calidad en su paso por el escenario quedó refrendada siempre e incluso dando el salto internacional, caso de Forma Antiqva con Aarón Zapico, El León de Oro con Marco Antonio G. de Paz o la pianista  avilesina Noelia Rodiles, sin olvidarnos de la propia OFil con Lucas Macías que ha supuesto «una bendición» para el panorama musical asturiano, así como el principal invitado Iván López-Reynoso.

EL GRAN REPERTORIO. A lo largo de la temporada se ofrecerán obras que abarcan desde el barroco a nuestros días. Del repertorio tradicional se interpretarán tres de las grandes sinfonías de Dvorák, el Réquiem de Verdi, la Sinfonía Fantástica de Berlioz, la Sinfonía italiana de Mendelssohn, arias de autores como Verdi, Puccini, Bizet, Mascagni o Catalani, la Fantasía Coral de Beethoven, la Quinta Sinfonía de Shostakóvich, la Primera Sinfonía de Brahms, el segundo acto de la ópera Tristán e Isolda de Wagner, La Pasión según San Juan de J. S. Bach, el Concierto para violín de Beethoven, el Concierto para violonchelo de Schumann o la
Quinta Sinfonía de Schubert, entre otras muchas.

ESTRENOS Y MÚSICA ESPAÑOLA. Cómo es habitual, la música española y los estrenos absolutos tendrán fuerte presencia, desde el repertorio barroco hispanoamericano pasando por el estreno de Cloches, concierto para piano y orquesta de Manuel Martínez Burgos, la “Danza ritual del fuego” de El Amor Brujo de
Falla, un estreno que forma parte del “Mapa sonoro de Vetusta” de la canaria Laura Vega o el Preludio del tercer acto de Follet de Granados.

JORNADAS DE PIANO. Las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» se abrirán con el protagonismo de Noelia Rodiles y Oviedo Filarmonía. Además, en clave de piano orquestal también estará Igor Levit, a quien escuché en solitario este verano en Granada, y a Oviedo vendrá con la NDR Elbphilharmonie, más una incursión en el mundo del clave con Diego Ares y Forma Antiqva.

Los recitales tendrán un peso significativo con el más reciente ganador del Premio Chopin y su debut en España, Bruce Liu, y con muy pocos días de diferencia compartiendo con el decano de los pianistas españoles en activo, Joaquín Achúcarro, muy querido en Oviedo y su Sociedad Filarmónica donde es el artista que más veces ha actuado desde aquel primer viaje de casi ocho horas en el FEVE, entonces «Económicos» de Bilbao a Oviedo, que sigue recordando tardaba tanto como sus viajes a Detroit (ironizaba Cosme que en esto no ha habido muchos cambios), además de la presentación en las Jornadas de
Yulianna Avdeeva y la presencia de una leyenda viva del teclado como es la portuguesa Maria João Pires acompañada por el catalán Ignasi Cambra.

ABONOS Y ENTRADAS. A partir de mañana 2 de septiembre se iniciará la renovación del abono conjunto, y la venta para nuevos abonados a partir del 22 de septiembre. Se mantienen, además, a partir del 2 de octubre, el abono separado de Jornadas de Piano y Conciertos del Auditorio. Además, se vuelve a incluir el abono Firmamento Lírico y, por primera vez, se ofrecerá un ABONO
JOVEN
, para menores de 30 años. De este modo habrá abonos
desde 86 euros y localidades sueltas desde 10 euros.

Oviedo será destino de muchos melómanos venidos de todas partes, por lo que no está mal recordar que la música es una inversión y el mejor reclamo turístico, generador de riqueza. En breve volveré a pasar por taquilla para renovar mi abono para otra temporada en #LaVienaEspañola como pongo de etiqueta o hastag en el antiguo Twitter© (mal llamado ahora X), y también el acuñado por David Álvarez #CapitalidadMusical que intentamos entre todos difundir para mantener la capital asturiana en el mapa musical mundial. Que la Gustav Mahler Jugendorchester (Joven Orquesta Mahler) cierre ciclo con Kirill Petrenko (titular de la Filarmónica de Berlín) iniciando una gira donde solamente Oviedo, San Sebastián y Granada serán sus paradas, tal y como ya se ha anunciado en la capital alemana, da una idea de lo que supone el trabajo de estos 25 años que son continuadores de los más de 100 de nuestra Sociedad Filarmónica Ovetense o los 76 de la Ópera, semillas tan bien plantadas como el carbayón (roble en asturiano) símbolo de la capital del Principado.

 

Pixán recupera al Padre Galo con una lectura musical

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Lunes 31 de julio, 19.30 horas. Club de Prensa «La Nueva España». Presentación del Libro-DVD de Joaquín Pixán: «Fernán-Coronas, una ļļectura musical».

Se cerraba la temporada de actividades por este curso del Club de Prensa «La Nueva España» que dirige la periodista ovetense María José Iglesias Suárez, y haciendo de presentadora de un nuevo trabajo del tenor asturiano Joaquín Pérez Fuertes (Pixán, Cangas de Narcea, 4 de marzo de 1950), más conocido por el apellido artístico de su aldea natal, quien me confesaría 35 proyectos en una trayectoria que aún continúa activa a sus años y nunca sabremos hasta dónde puede llegar este emprendedor amante de la lírica y de su tierra natal.

Tras la presentación inicial de María José Iglesias y como «aperitivo», se proyectarían cuatro vídeos de los de los 18 de que consta este trabajo de Pixán con Andante Producciones Culturales y la gestión editorial de Ediciones Trabe., contando con distintos patrocinios como el Principado de Asturias, la Universidad de Oviedo, el RIDEA, el Ayuntamiento de Valdés o la Fundación Valdés Salas por citar algunos.

Sobre textos de Galo Antonio Fernández y Fernández Cantera (Cadavedo, 1884 – Luarca, 1939) más conocido como Padre Galo o con su seudónimo de Fernán-Coronas, la inspiración literaria entendida como «Perteneciente o relativo a la lira, a la poesía apropiada para el canto o a la lírica» sirven para «poner en música» 14 de sus poesías a cargo del propio Pixán más cuatro compuestas por el también valdesano Manuel Fernández Avello (Trevías, 1947), una de ellas ex profeso para este trabajo, como comentaría posteriormente y con el propio compositor presente entre el numeroso público asistente.

Una pequeña muestra de un DVD grabado en vivo en el Conservatorio Profesional de Música del Occidente de Asturias, Luarca, «sin trampas», como comentaría el propio tenor cangués, comenzando con Nido de cantares de Pixán acompañado por la pianista Eve Kerloc’h, también transcriptora (junto a María Cueva, María Álvarez o Manuel Pacheco)  y arreglista del “redactor de melodías” como se definió el propio Joaquín: Duerme nenu de Fernández Avello cantado por la soprano mexicana Dolores Granados, Voce di consolazione (de las cinco con textos en italiano del políglota Fernán-Coronas con piano más el cello del turolense afincado en Asturias Javier Romero, y finalmente Aú tán las Esturias mías? con piano, cello y las Voces Blancas del Nalón bajo la dirección de Hanna del Canto.

No es momento ahora de comentar todo el DVD y libro que dejaré para otra entrada específica, pero sí apuntar ya la perfecta unión de palabra y música, porque la rítmica de cada poema elegido es ideal para conseguir la lírica ideal en el llamado «lied astur» o si se quiere nuestra nueva canción asturiana de concierto, que se enriquece con este último trabajo de Pixán, cuatro ejemplos donde saborear tanto la ya conocida añada (nana) de Avello como el aire «tostiano» o el último número con las voces blancas enriqueciendo aún más unas inspiradas melodías.

De los intervinientes en esta presentación, primero lo haría Xulio Viejo Fernández, estudioso del Padre Galo, coordinador científico del «Proyecto Fernán-Coronas» de la Universidad de Oviedo y la Fundación Valdés Salas, hablándonos sobre su catalogación, legado y difusión así como las investigaciones sobre su figura junto a Adrián Martínez, y también sobre el propio trabajo de Pixán.

Proseguiría Clara García, Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Valdés, que no podía faltar en esta presentación pues no sólo en su conservatorio se grabó el DVD, también por ser el momento de reivindicar nuestra Llingua y todo el grandísimo patrimonio autóctono, incluido el del Padre Galo, orgullo de Cadavedo, de Luarca y de Asturias.

Antón García Fernández, escritor, traductor, estudioso del Fernán-Coronas y que continúa  en esta legislatura como Director General de Política Llingüística del Principado de Asturias, mostraría su satisfacción por el trabajo de Pixán y todo el legado del fraile oblato natural de Cadavedo, poco conocido al quedar mucho de él inédito en vida, teniendo que esperar 40 años para que Carlos Rico Avello le hiciese llegar los manuscritos del valdesano, continuando el trabajo sonre él en el centenario celebrado allá por 1984 del que Ediciones Trabe publicaría parte de la amplísima producción (como su antología «Poesía asturiana y traducciones», 1993). Seguiría contándonos cómo continúa el apoyo con la anterior consejera Berta Piñán durante la pasada legislatura y todas las colaboraciones de este libro-DVD, siendo destacable que en «La Caja de las letras” del Instituto Cervantes se haya depositado junto al asturiano Ángel González a Fernán-Coronas, primer escritor en asturiano. No faltaron por parte de Antón García los agradecimientos a tantos que siguen “custodiando” este legado comenzando por su vecino ilustre y destacando que los cuatro ejemplos que vimos son buena muestra del trabajo basado en el poeta valdesano.

Finalmente intervendría Pixán sobre su trabajo comenzando con su socarronería “Darme las gracias a mi mismo” por su genética, a sus padres, pues con 73 años sigue «trabajando todavía, bien y útil». Por supuesto y como es lógico hubo más agradecimientos, sintiéndose afortunado de contar siempre con apoyo a sus proyectos, comenzando  por Julio ViejoAdrián Martínez, al Ayuntamiento de Valdés donde se grabó este DVD «¿dónde si no?» comentando como antes indiqué que el directo es siempre único, y él lo sabe. También a Antón García desde el citado 1984 o ya en1993 también apostando por su trabajo de «este redactor de melodías” que además partiría del libro de Antón, más las tres canciones anteriores de Avello, entonces interpretadas con la pianista Yolanda Vidal, presente en la sala, con quien estrenaría en aquel ya lejano 93 en el homenaje de la Consejeria de Cultura al Padre Galo. Curiosa la anécdota de cómo estaba trabajando El Río Esva que también Avello le ofreció como nueva e incorporada con el coro.
También dió las gracias en la lengua asturiana que habla desde crío… con ese acento occidental propio de Xuacu. No faltó comentar su fascinación por el Padre Galo tras el Premio de Pueblo Ejemplar a Cadavedo que supuso un resurgir o redescubrimiento del valdesano, una de sus razones junto al movimiento por nuestra llingua que sigue con más fuerza que nunca, el acercamiento a las raíces, a la lengua paterna (pues no debe ser solo «materna»). También dio ánimos para el trabajo, comenzando por sus nietos, pues los proyectos a menudo se quedan en eso. Y así nos confesó el proceso del recordado Madre Asturias faraónico en 1983 con López Cobos en Londres dirigiendo la Filarmónica londinense y para grabarse en los famosos estudios de Abbey Road. Su entonces pianista Miguel Zanetti le recomienda que se lo encargase a Garcia Abril con el comentario, tras escucharle el proyecto, de “esti rapaz ye tontu”; María José Lorenzo le escucharía atentamente y le diría que del tema económico no habría problema (eran 20 millones de pesetas) y con todo ello salió adelante. Los proyectos hay que realizarlos y en eso Joaquín Pixán es único.

Finalmente y reconociendo que no es pianista, citaría a todos los músicos y arreglistas del DVD para cantarnos en directo, pese al aire acondicionado que nunca es bueno para la voz y desde el piano del Club de Prensa, Verdadera fidalguía y La incla interior que fue como el punto de partida de este último proyecto que ya es otra realidad en el haber del incombustible Joaquín Pixán.

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