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Aterballetto en el Generalife

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 10 b). Danza.

Sábado 28 de junio, 22:30 horas. Teatro del Generalife. Centro Coreografico Nazionale / Aterballetto. Don Juan y más. Coreografías de Johan Inger y otros. Música de Marc Álvarez, George Gershwin, Bessie Jones, Beethoven y Keith Jarrett. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

En las redes sociales del festival se comunicaba que debido a una lesión sufrida por el protagonista del ballet Don Juan durante el ensayo general, el Festival de Granada se ha visto obligado a cambiar el programa, y el coreógrafo sueco Johan Inger ha accedido generosamente a modificar el contenido de la velada y, junto a la Dirección del Aterballeto, cambiaron el programa que dejo al final. Y antes de dar comienzo al espectáculo, tanto Paolo Pinamonti como Johan Inger se dirigieron al público para anunciar los cambios, aunque en el programa de mano se añadió el repertorio elegido.

Del esperado Don Juan al menos se representó la escena de la boda, con la música de Marc Álvarez, y casi toda la compañía en escena, con los cipreses de verdadero decorado, una iluminación suficiente y un vestuario sencillo en tonos apagados que contrastaba con la luz, y las parejas asociadas a los mismos. Una muestra de lo que pudo haber sido y no fue con unos excelentes bailarines y bailarinas que mostraron flexibilidad y una coreografía exigente pero muy plástica.

Las excelentes imágenes captadas por Fermín Rodríguez.nos pueden dar una idea de los números que hubieron de prepararse ante el imprevisto cambio. 

Tras una pausa para poder cambiar el vestuario llegaría la Rhapsody in blue de Gershwin aunque primero se escuchó la voz de Bessie Jones cantando Beggin’ The Blues. Con un vestuario en azules como no podía ser menos, un bailarín en solitario abría este segundo número antes de que con la rapsodia fuesen incorporándose toda la compañía, notándose que había que «refrescar» todo el movimiento escénico de la coreógrafa vasca Iratxe Ansa y el italiano Igor Bacovich, para mí lo mejor de la noche por la buena coordinación entre música y danza, mejor ellas y con logradísimas escenas «a cámara lenta» de lo más vistosas.

Otra parada para un número titulado Reconciliato con el primer movimiento de la sonata «Claro de Luna» de Beethoven con dos bailarinas casi en espejo, movimientos exigentes explorando escenario en un dúo con coreografía de Angelin Preljocaj (con quien disfrutaremos el próximo 4 de julio en este mismo teatro).

Me gusta mucho Keith Jarret pero es complicado bailarlo, 27 minutos de piano solo con improvisaciones tituladas Bliss, que ya avanzó Inger al inicio en en itañol. Mucho movimiento sobre el escenario, tránsitos, emparejamientos y agrupaciones variadas que visualmente se notaban trabajadas aunque algo descoordinadas. La idea de transmitir esa idea de improvisación que como en el jazz está reglada, es buena pero la duración algo excesiva.

Quedamos con ganas del Don Juan al completo y sigo recordando mis años universitarios cuando los ballets  de Marta Graham eran auténtica revolución en la entonces llamada «danza moderna» e incluso contemporánea con series como Fama que llenaron las escuelas de baile, técnicas exigentes a nivel técnico y físico, casi acrobáticos pero que cuarenta años después ya no son novedad, y el centro italiano hubo de afrontar como mejor pudieron un imprevisto donde no había un cover para evitar «cancelar» y preparar en tan poco tiempo un nuevo programa que pareció una muestra de lo que Aterballetto puede ofrecer.

PROGRAMA

Fragmento de DON JUAN (Escena de la boda), 15 bailarines.

Coreografía: Johan Inger

Composición musical original: Marc Álvarez

RHAPSODY IN BLUE, 16 bailarines.

Coreografía: Iratxe Ansa e Igor Bacovich
Música: George Gershwin, Rhapsody in Blue; Bessie Jones, Beggin’ The Blues

RECONCILIATIO: 2 bailarinas

Coreografía: Angelin Preljocaj
Música: Ludwig van Beethoven, Sonata Claro de luna

BLISS, 16 Bailarines
Coreografía: Johan Inger
Música: Keith Jarrett
Escenografía: Johan Inger

Cohen, Lorca… y Granada

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Encuentro-homenaje Federico García Lorca y Leonard Cohen (Cátedra Leonard Cohen)

Este jueves 26 de junio tuvo lugar en Granada “Cohen & Lorca. Ecos de la amistad cultural entre España y Canadá”, un encuentro homenaje a las figuras de Federico García Lorca y Leonard Cohen. El poeta granadino y el cantautor canadiense volvieron a unir sus nombres y su obra gracias a una iniciativa de la Embajada de Canadá en España, a la que se han unido el Centro Federico García Lorca y la Cátedra Leonard Cohen de la Universidad de Oviedo, que conviene recordar se creó tras el Premio de la Fundación P. de Asturias (FPA) de poesía en 2011 al canadiense, donando el premio en metálico con el que mi universidad  crearía una cátedra única, pudiendo saludar a mi querida Miriam Perandones, musicóloga y que también fue directora de esta cátedra desde 2016 hasta febrero de 2022, hoy presente en estos actos.

A las doce de la mañana en Granada, con la presencia de Jeffrey Marder (embajador de Canadá en España), Laura García Lorca (del Centro Federico García Lorca) y José Errasti (director de la Cátedra Leonard Cohen de Oviedo), se hizo el descubrimiento de una placa que recuerda este homenaje con el que se pretende rendir tributo a dos figuras que han reunido en sus creaciones un universo cultural y poético con innumerables puntos de conexión, un tributo con voluntad de perdurar en el futuro con el fomento de actividades que den a conocer la obra y los puntos comunes de ambas personalidades.

Y a las siete de la tarde, tras 40 minutos de cola, se abrían las pertas del auditorio del Centro Federico García Lorca, con unas palabras previas de Laura García Lorca, Errasti y el embajador de Canadá en España.

A continuación ocuparía la mesa sobre el escenario del auditorio la doctora en Literatura Española por la Universidad de Cádiz Elena Caballero, que expondría los aspectos más importantes de su tesis “La influencia de García Lorca en Leonard Cohen”, presentada por Fernando Navarro (periodista de El País), que moderaría el coloquio posterior donde participaron Jose Manuel Medina (de la Fundación Enrique Morente), y Chema Cano (autor del libro «Seis acordes»).

La ponencia de la doctora Caballero se limitaría a 20 minutos por cuestiones de tiempo y organización, que arrancaba un viernes 21 de octubre de 2011 viendo en TVE la entrega de los premios de la FPA con su madre asturiana, donde quedó enamorada de Leonard Cohen tras su discurso. En su exposición nos habló de «un viaje de referencias», la relación entre poesía y música, Montreal y Granada, con dos caminos: analizar las traducciones de Lorca al inglés, y la huella textual de Lorca en muchos temas propios de Leonard Cohen.

No podía faltar el recuerdo al asturiano Manolo Díaz (entonces en CBS) quien recogió al canadiense en el aeropuerto de Madrid, y durante el trayecto en taxi de Barajas al Hotel Palace (entonces casi una hora), le fue hablando del proyecto del disco «Poetas en Nueva York» donde quería contar con él junto a otros cantautores del momento. Solamente le miraba y finalmente le contestó: «mi hija se llama Lorca Cohen».

Después vendría el encargo a Cohen, la traducción o mejor adaptación del Pequeño vals vienés, 150 horas de trabajo para su Take This Waltz. Pero no solo este tema (que se haría tan popular), también The Gypsy’s Wife (1979), otra fascinación para Cohen y la que más influye por su escenario poético de la mujer que enlaza con Bodas de sangre según Elena Caballero.

No faltaron las referencias al último concierto en Sevilla de Lola Índigo o Silvia Pérez Cruz como transmisoras actuales de Lorca en sus RRSS para un público adolescente, pero especialmente Enrique Morente quien tras descubrir “el vals de Cohen” conocerá Poeta en NY y lo llevará a su disco “Omega”, una verdadera locura que un flamenco cante a Lorca con un grupo de rock como Lagartija Nick. Gracias a estos artistas aún mantenemos el legado de Federico.

Finalizada la ponencia vendría la mesa redonda donde todos mostraron la adoración por Cohen. Así Chema Cano contaría cómo ficciona en su libro “Seis acordes” y la admiración común por Cohen porque es un “contador de historias”, como en el discurso de la entrega del premio, o Dylan (otro galardonado cuatro años antes en los Premios), el Montreal de entonces para un canadiense de familia judía, su primera guitarra de 2ª mano, las influencias y emociones. Navarro también citaría a Dylan, los trovadores y unas letras por las que pregunta a Elena y cómo influye la faceta de músico en Lorca, quien contesta que toda su obra está cargada de musicalidad, un músico que se asienta como poeta, al revés que Cohen. Fernando preguntaría a Medina y a Chema del «Universo Cohen» qué influyó en Morente, con el que se cerraba la ponencia, y la unanimidad: la libertad.

Proseguiría el coloquio con un público no muy participativo, aunque surgió el tema  de las RRSS que transmiten esas letras y música, hasta los diseños, y aunque a mi generación le parezca triste, está claro que al menos la calidad de los textos de los artistas actuales es volver a mirar la música de nuestros abuelos o el recuerdo a Carlos Cano quien actualizó y «recuperó» la copla como están haciendo esta generación digital de cantantees.

El broche musical lo pondrían Rafael Liñán (voz y guitarra), Juan Trova (voz, guitarra y banjo), más Eva Manzano (baile), que comenzaría como era de esperar con Liñán cantando Take this waltz, estribillo coreado por el público. Trova además de agradecer este hermanamiento que en estos tiempos haya muchos más. Y este trío para la ocasión versionaría el romance de Las morillas de Jaén, con Eva bailando.

Siguiente tema con los tres, Rafael Cohen, Trova al banjo y los «jaleos» de Manzano para otro «hit» cantado por el público, Dancing to the end of love con ese aire flamenco sin perder el original.

Trova recordó a Paco Ibáñez que tanto ayudó a difundir el poema de Lorca El lagarto está llorando, en una versión llevada al blues por Juan y cantado también Eva, con alternancia de estrofas.

Regreso a Cohen con Rafa cantando y Trova al banjo en So long Marianne, y el estribillo coreado por un público entregado y conocedor tanto de Federico como de Leonard, que como comentaba Eva al finalizar el tema, unir danza, música, poesía es estar “en la misma gloria”.

Paco Ibáñez fue pionero en musicar a nuestros poetas, y en su disco de 1964 la portada tenía una pintura de Dalí como bien recordó Juan antes de hacernos su versión de la Canción del jinete, trío lorquiano con el sentido baile de Eva. Y una oración como Hallelujah, bailado y cantado por todos los presente siendo de lo más aplaudido antes de cerrar círculo con el Pequeño vals vienés, cantado por Juan Trova, en castellano con el punteo de Rafa y el baile de Eva, el mismo y distinto vals que Lorca inspiró.

Pasadas las nueve de la noche y con las campanas de la catedral repicando, saludos varios, un cerveza para refrescar y raudo me dirigiría al Hospital (Real)… que ya lo conté antes de esta reseña. Viva Cohen, Lorca y Granada…

Danza y música desde el origen

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 7). Danza.

Miércoles 25 de junio, 22:00 horas. Palacio de Carlos V. Ballet Flamenco de Andalucía / Accademia Piacere, Patricia Guerrero (dirección artística y coreográfica BFA), Fahmi Alqhai (dirección musical, composiciones y arreglos). Origen: La Semilla de los Tiempos. Quiteria Muñoz (soprano), Amparo Lagares Díaz (cantaora), Dani de Morón (guitarra flamenca). Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Tercer año en Granada, tercera noche de danza en mi séptimo día de la 74ª edición de Festival internacional volviendo a unir de música y danza con el Ballet Flamenco de Andalucía y la Accademia del Piaccere, una de las formaciones que han cambiado la forma de afrontar el Barroco con propuestas tan originales como estos Orígenes, verdaderamente La semilla del tiempo. La presentación en la web de este nuevo espectáculo ya lo avanzaba:

Complicidad creativa
Fahmi Alqhai y Patricia Guerrero, dos referentes indiscutibles de la música y la danza actuales, retoman su complicidad creativa y empeño en proyectar al futuro las tradiciones andaluzas de la música y la danza. En Origen buscarán las semillas que nos ha legado el Siglo de Oro, sembradas en los bailes flamencos por jácaras y pasacalles, marionas y zarabandas que muestran evidencias históricas irrebatibles de sus inequívocos compases y rasgueos de guitarra barroca. Este nuevo espectáculo se nutre de nuestra historia y la recorre de pasado a presente y viceversa, en una rapsodia que proyecta al siglo XXI la fuerza del génesis de estas danzas. El poder en escena del Ballet Flamenco de Andalucía, y los sones histórico-vanguardistas de la Accademia del Piacere serán conducidos por la sensibilidad creativa de estos dos grandes artistas de nuestro tiempo.

Nuevas generaciones que insuflan de aire fresco repertorios de siempre, sin etiquetas, el disfrute de la música y la danza en feliz convivencia directa e irrepetible, aunque ya lo pude disfrutar en el canal ARTE, pero los espectáculos en vivo y además en la Alhambra, son únicos. Y otro lleno en una noche con duende barroco, con un órgano en solitario para abrir la sesión, escena sencilla con varios prismas de distintos tamaños, un bailarín abriendo solo, deambulando la escena y comienzo musical acompañado de una flamenca guitarra barroca tras la que entraría la Accademia con la soprano valenciana Quiteria Muñoz (que «descubrí» con ellos en su último CD) para ajustar una amplificación que mejoraría en dos estrofas de la trócola, para relevarse con un inmenso Dani de Morón a la guitarra flamenca, primera fusión junto al cuerpo de baile taconeando y latiendo a unísono.

Vestuario en tonos gris perla y un ballet jugando y transitando por los prismas mientras el ensemble (ubicabado atrás en una tarima) dialogaba entre siglos uniendo músicas y coreografías más que flamencas de genuino baile español. Combinaciones, movimiento escénico aprovechando el pasillo trasero de columnas para circular. Capítulos marcados por las músicas, «locura», jácaras, marionas, músicas de ida y vuelta, de oriente y occidente que transitaron mares y océanos con Andalucía de punto de partida y una Sevilla capital del comercio además de exportadora de nuestra música. Fahmi Alqhai como su hermano Rami representan como pocos  esta interculturalidad que han sabido volcar en sus programas, y este Origen es buena prueba de ello, enriquecido con Patricia Guerrero al frente del Ballet Flamenco de Andalucía (BFA).

Abundantes y enriquecedoras las distintas notas al programa firmadas por el director de escena, el musical y la directora artística y coreográfica, que intercalo con mis comentarios.

Origen
Juan Dolores Caballero
En este mundo nuestro, miserablemente rico y deliberadamente plural, poblado por millones de seres únicos, entendemos y experimentamos la danza solo desde la emoción.

Es en la emoción y la memoria donde habitan personajes confinados y alejados de lo “normal”. No pertenecen a nuestra vida cotidiana, pero existen, viven a nuestro lado, sienten, escuchan, sufren… y luchan por reconstruir, con su memoria difuminada, aquello que llamamos vida, con su dicha y su miseria. Entre luces y sombras, al alba o de madrugada, con la ciudad muda y callada de fondo, emergen estos seres: desconocidos, arrinconados por siglos, excluidos de la luz. Sin artificios, en su estado más puro, coexistiendo en la búsqueda de su espacio esencial, se plantea Origen.

Este espectáculo parte de los espacios poéticos de la ciudad de Sevilla, de la memoria y el simbolismo, del espíritu barroco que cabalga junto al flamenco como expresión universal, unificados en un pensamiento poético.

La propuesta de Origen se inscribe en una ciudad que rezuma memoria, guardiana de huellas y marcas de energía. Es el objeto olvidado en la tienda de un anticuario, aquello que parece no servir para nada, pero que amontona historia, la historia de nuestra propia vida. Es el objeto que, en su abandono, se convierte en un pedúnculo del ser humano, hibridando la carne con la materia inorgánica, hasta negar así la función misma del objeto.

Los utensilios cobran un significado especial cuando las acciones se desarrollan en un espacio concreto, en la intersección entre la vida cotidiana y la ensoñación. Sevilla es la ciudad de la vivencia, de los espacios abiertos y cerrados, de los escondites, de la buhardilla y del sótano, pero, sobre todo, la ciudad de la existencia.

Origen busca compartir sentimientos y emociones en tiempos, formas y espacios ajenos a la normalidad, fusionando lo físico y lo mental, lo barroco y el flamenco, predisponiendo al público a sentir.

Trabajar la imagen barroca en el baile como sugerencia y la música como elemento subconsciente, como vehículo de la memoria, ayuda al espectador a comprender aquello que se agita en los rincones más recónditos de su existencia.

La propuesta de Origen surge de la estilización de la vida cotidiana en una Sevilla barroca. La convivencia entre ensoñación y realidad, sostenida sobre los hombros de lo vivido, será el referente esencial para contar nuestra historia. Un mundo metafórico que no suprime la referencia, sino que la altera, la desdobla y la desplaza, creando una ciudad de nuevo orden, donde el flamenco y la orquesta barroca dialogan.

Origen es la búsqueda de los espacios donde nuestra historia habita, donde música y compás seducen con el secreto desde el que se toman las decisiones. Y es también el reflejo de un mundo interno, de una ciudad que es espacio amado, espacio vivido. En ella, Patricia Guerrero y Fahmi Alqhai, acompañados por el Ballet Flamenco de Andalucía y Accademia del Piacere, exploran un pasado y un presente comunes a través de la música y la danza, vías universales de hermandad entre pueblos y culturas. Dos estilos que se abrazan y se funden, un camino común entre el flamenco y la tradición histórica de la música española, donde cada lugar y cada objeto guardan memoria y significado, testigos de vivencias que trascienden lo íntimo.

Al aprender a habitar la ciudad, también aprendemos a habitar nuestro interior. Los espacios están en nosotros, al igual que nosotros estamos en ellos. La ciudad es el lugar donde se crea la vida y donde también encuentra refugio, es el escenario de los sueños y los ensueños, de los recuerdos y las evocaciones.

Música y danza en feliz unión, con Quiteria «de locura» en escena, belleza más plasticidad vocal y corporal del ballet y sus solistas, flamenco en femenino con la guitarra cristalina y honda de Dani de Morón contestado y completado con el «cante de Fami» que nos transportaría sin cesura al oriente junto a la percusión de Agustín Diassera, velos inquietantes y de pronto la luz con tres bailarinas de miriñaques y mantones creando otra escena maravillosa que crecería en intensidad, como el vito de fandango rompiendo fronteras.

Siguiente cuadro con un sacerdote tocando dos campanillas y un tambor procesional, pasando al negro con una oración de saeta que pone la carne de gallina en la voz de la cantaora Amparo Lagares, coreografiando tras mover las estructuras prismáticas, que también hicieron de percusión, una espectacular semana santa de reclinatorios, virgen en trono, procesión con los vientos, crucificado de pasión sumándose el viento que participaría en una puesta en escena rica, elegante, emocionante, esencia destilada de una tradición aún viva que Sevilla como tantas ciudades españolas siguen viviendo cada año.. Un cuadro impactante donde las manos fueron imaginería pura antes de fusionar un solo de Fami y Patricia que parecía explicar un flamenco barroco natural.

Sobre la música
Fahmi Alqhai
La historia de la música española, como la de su cultura, es el resultado de un mestizaje profundo, donde sensibilidades opuestas han convergido a lo largo de los siglos: Oriente y Occidente, cristianismo e islam, el Viejo y el Nuevo Mundo. De esta fusión nace una identidad musical única que, en los siglos XVI y XVII, conquista el panorama europeo y configura un More Hispano, esencia de nuestra forma de sentir y expresar la música. Un magnífico ejemplo de este crisol de influencias es el flamenco.

En Origen, la semilla de los tiempos, emprendemos un viaje a través de nuestras raíces musicales. Partimos de la herencia árabe de al-Ándalus, que dejó su huella en nuestras melodías y modos, otorgándonos ya en el siglo XV una identidad sonora única, muy distinta a la del resto de Europa y germen de lo que hoy reconocemos como flamenco. Avanzamos después hacia otro punto clave de nuestro mestizaje cultural: el impacto del descubrimiento de América. Y es que la España imperial se entrelazó con los ritmos africanos de los esclavos y las tradiciones de los pueblos indígenas. De esta fusión nacieron las danzas que trajimos de vuelta, como guineos, chaconas, zarabandas y marionas, entre muchas otras.

Este espectáculo no busca reconstruir un sonido histórico, sino reimaginarlo desde una perspectiva contemporánea. La música dialoga con el flamenco para crear un lenguaje nuevo que trasciende sus elementos originales y da vida a una expresión inédita para el baile y la representación dramática. En definitiva, un
nuevo mestizaje donde lo antiguo y lo moderno se entrelazan para celebrar la esencia de nuestra cultura: la fusión de los opuestos.

Y como el día anterior, el paso del negro luctuoso al rojo pasión, intensidad festiva, baile de salón dieciochesco pero actual, unos vientos versallescos traídos a la corte hispana danzados con la pureza de nuestra tierra junto al cante blanco de Lagares. Protagonismos de ropajes trampantojados, faldas en ellos, pantalones en ellas, que danzando cobraban más sentido.

Sobre la coreografía
Patricia Guerrero
El lenguaje de la danza en Origen nace del mestizaje cultural que inspira la obra. Desde el flamenco, exploramos movimientos que evocan las danzas africanas, el folclore e incluso las refinadas danzas barrocas de los salones de época.
Es un trabajo enraizado en el conocimiento musical y la complejidad rítmica del flamenco, pero con una mirada que atraviesa el tiempo, conectando pasado y presente a través del cuerpo en movimiento.

Como final Con qué la lavaré de Quiteria cantando a un «cabezudo negro» (llegaría después el dúo con Amparo) y la guitarra flamenca, todo ropajes blancos evocando nuestras tierras de ultramar, la Cuba colonial, el mestizaje de la nota anterior, pueblos unidos con el Atlántico por el medio, sin obviar las culturas africanas que estaban en la misma raíz, un original cuarteto de máscaras, herencias rítmicas, hasta los difíciles zancos y todos danzando casi como un ritual de música evocadora que navegaba por el palacio antes de la fiesta del fandango coral que coronaría al cuerpo de baile en la reubicación de los prismas y una iluminación sencilla. Cuadro visual aplaudido pero faltaba rematar, despojarse de miriñaques lujosos hasta quedar en lo mínimo, pues «la gloria es efímera pero la memoria eterna», cenizas cantadas, tocadas y bailadas desde lo más profundo con la belleza de un espectáculo enorme.

La semilla se plantó y brotó porque nadie mejor que la Academia del placer con el BFA para recordar nuestros orígenes haciendo historia danzada en otra noche mágica desde una obra de arte total y un éxito atronador en una de las señas de identidad de este festival único por tanto

FICHA TÉCNICA

Fahmi Alqhai (dirección y viola da gamba) – Quiteria Muñoz (soprano) – Dani de Morón (guitarra flamenca)

Accademia del Piacere

Rami Alqhai (viola da gamba) – Johanna Rose (viola da gamba tenor) – Javier Núñez (clave y órgano) – Carles Blanch (guitarra barroca) – Jacobo Díaz (oboe barroco y chirimías) – David García (sacabuches) – Luis Castillo (fagot) – Laura Asensio (contrabajo) – Agustín Diassera (percusiones).

Ballet Flamenco de Andalucía

Patricia Guerrero (dirección y bailaora solista) – Amparo Lagares (cantaora) – Eduardo Leal (maestro repetidor).

Cuerpo de baile:

Adriana Gómez, Álvaro Aguilera, Ángel Fariña, Araceli Muñoz, Arturo Fajardo, Blanca Lorente, Claudia “La Debla”, David Vargas, Hugo Aguilar, Jasiel Nahin, Lucía “La Bronce”, María Carrasco, Sofía Suárez.

Fabián Romero, sonido.

Olga García, dirección técnica y luces.

Valentín Donaire, codirección técnica y técnico de luces.

Alejandra Gimeno, producción.

Rami Alqhai & Agencia Andaluza de Instituciones Culturales, producción ejecutiva.

Muertos de amor

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 6). Danza.

Martes 24 de junio, 22:30 horas. Teatro del Generalife. Manuel Liñán & Compañía: Muerta de amor. Dirección y coreografía: Manuel Liñán. Artista Invitada: Mara Rey. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Sexta noche de Festival y volvía al Generalife para disfrutar de un espectáculo completo que podría haberlo llamado «obra de arte total» porque Manuel Liñán (1980) y su compañía lograron subir sobre las tablas del teatro tal aire libre -con una temperatura ideal- una fusión de baile y cante flamenco, danza clásica, bailarines cantaores (o a la inversa), puesta en escena impecable, vestuario negro bellísimo, proyectando sombras con unas luces por momentos cual caverna de Platón en rojo, con un decorado y utillería sencilla (no faltaron en momentos puntuales la silla ni las pelucas rubias movidas como hace Melody) pero efectista, que darían un juego increíble, más unos «pedazo de músicos» en directo que por momentos también formaron parte de la coreografía, todo bien amplificado hasta alcanzar unas cotas de calidad capaces de llegar tanto a los eclécticos, entre los que me encuentro, como a los flamencos más puristas y los turistas que no suelen fallar cuando escuchan la palabra, aunque esta vez no fuese el Sacromonte.

En la web del Festival se presentaba este espectáculo con las siguientes palabras:

Baile flamenco y copla
«La nueva creación del coreógrafo y bailarín granadino Manuel Liñán, Premio Nacional de Danza 2017, fusiona la tradición de la copla con elementos innovadores y nos presenta una visión fresca y actual del baile flamenco. Con una puesta en escena cuidada al detalle y un elenco de excepcionales bailarines, el espectáculo es un homenaje a la riqueza y la diversidad del flamenco. La música original de Francisco Vinuesa y la voz de Mara Rey aportan una dimensión emocional que nos conmueve profundamente. Muerta de amor es un canto a la vida y al amor en todas sus formas. Una seductora y apasionante propuesta que reivindica la pasión a través del flamenco y la copla».

Se habla de fusión aunque prefiero referirla como transversalidad por todo lo que reúne este «Muerta de amor»: provocación, deseo, intimidad del cuerpo, energía, desgarro… con la copla como hilo conductor, porque las de nuestros abuelos eran microrrelatos que el baile de los siete magníficos iban recreando, sin género y con todos ellos: masculinidad, homosexualidad, bisexualidad, transexualidad, el colectivo LGTBQ+ totalmente actual pero con una elegancia digna de una casa de Bernarda Alba por el poso lorquiano del coreógrafo y bailarín granadino, dando protagonismo al conjunto, músicos incluidos, pero también a cada uno de sus componentes bien en solitario, por parejas, trío… incluso con distintas alturas de una plasticidad bellísima, arrancando el espectáculo cantando «a capella» -muy bien por cierto- desde la negritud que se tornaría stendhaliana.

Respiraciones, jadeos rítmicos, cotidiáfonos como el cable serpenteante o los pies de micrófono utilizados cual bastones de baile y cante de los siete bailarines, numerología pitagórica cargada de simbolismo, e impar: siete pecados capitales, siete notas musicales, siete escenas, variaciones y combinaciones de los siete elementos sumándose a la escena un octavo, Mara Rey (Madrid, 1979), internacional y verdadero vendaval sobre las tablas. Artista completa, actriz, bailaora y cantaora, de voz desgarradora y potente, expresiva en alma y cuerpo capaz de hacer converger en ella desde La Lupe a María Jiménez con el pellizco de Rocío Jurado y el tronío de Juana Reina. Un rojo clavel pero sobre todo un Me muero, me muero que mueve y conmueve, bailado y cantado.

Y no puede haber baile sin músicos porque los «siete magníficos» son ritmo puro en pies y cuerpo, palmas, golpes en el pecho, pitos y gemidos. Mas el peso de todo el espectáculo se sustenta en cuatro gigantes situados casi en penumbra en el lateral derecho, que no solo tuvieron intervenciones solistas increíbles sino que se sumaron a la escena diseñada por Rafael Liñán, Ernesto Artillo (suyo también el diseño del vestuario) y Gloria Montesinos. Vamos con el póker de ases:

Primero el malagueño Francisco Vinuesa (1985) a la guitarra y autor de la música original, aunando todos los estilos desde un flamenco con poso hasta un minimalismo que pasaba de lo diegético a lo incidental sin perder nunca originalidad, con escenas que parecían campanas o gotas de lluvia, rasgeos que conmovían y el toque  complemento inseparable del cante. Y aquí estaba un Juan de la María inmenso, la voz imposible, el desagrro y la «jondura» que le viene de ese mestizaje entre su familia gitana de Jerez más las raíces en Utrera y Lebrija. Y aunque los tacones flamencos son como el tap dance de hoy en día (incluso uno de los bailarines, el que podríamos llamar clásico se marcó al final un Irish Jig), la guitarra de Vinuesa es flamenca como ella sola, la percusión de Javier Teruel (y asesor musical de este espectáculo) fue un portento, con un cajón increíble que encajaba y marcaba cada palo, sustento del baile y refuerzo tímbrico poderoso, compañero habitual de Vinuesa haciendo magia a pares para empoderar el latido común del corazón rítmico. La cuarta pata sería Víctor Guadiana al violín y violín sintetizado, flamenco y árabe de giros casi guturales en el natural o sonidos de flauta (cual Jorge Pardo) en el eléctrico capaz de piar o ambientar los sonidos sintetizados, y por supuesto marcarse una jota sola que quitaría el aliento a los bailaores.

El fin de fiesta convirtió el escenario en un tablao muy del gusto de los turistas (especialmente japoneses y yanquis) que asocian este espectáculo a nuestro país, y que personalmente me resultó algo excesivo en duración rompiendo una línea argumental de rojo y negro para convertirse en un rosa hasta para la última vestimenta del ideólogo y líder Manuel Liñán «jugando en casa» y aclamado por un público que vibró con su artista junto a todo un equipo de altura en una producción maravillosa.

Quiero dejar íntegro el texto del programa de mano escrito por Rosalía Gómez Muñoz trufado con algunas fotos de ©Ferminius porque describe a la perfección las dos horas vividas este día de san Juan en la siempre increíble Granada.

Un canto al amor y a la libertad

«Cuando aún resuenan en este mismo escenario los ecos del triunfo obtenido en 2020 por su anterior trabajo, Viva, dentro del programa «Lorca y Granada», Manuel Liñán regresa al Generalife, esta vez de la mano del Festival de Música y Danza.

Desde su estreno el pasado año en los madrileños Teatros del Canal, Muerta de amor no ha dejado de levantar pasiones y de cosechar aplausos y premios. Un éxito que no obedece a ninguna moda, ni siquiera a su osadía –que la hay, y mucha–, sino al talento indudable de su creador y a un incesante trabajo, cocinado a fuego lento, de desarrollo personal y artístico.

El baile flamenco ha sido siempre la pasión y la esencia de Manuel Liñán. Lo ha demostrado en piezas tan maravillosamente desnudas como Baile de autor, acompañado tan solo de un cantaor y un guitarrista. Pero el arte le ha servido también para saldar cuentas personales, como la relación con su padre, Pie de Hierro –que lo hubiera querido torero como él– y, sobre todo, para liberarse de muchas convenciones, para dejar de ser como el lorquiano «muchacho que se viste de novia en la oscuridad del ropero…» y, entre otras cosas, subir al escenario con bata de cola, dignamente, abriendo espacios de libertad para sí mismo y para todos los que vienen detrás.

Su acierto, sin embargo, no se encuentra solo en las temáticas que aborda, sino en su talento para convertirlas en arte, universalizándolas en lugar de dejarlas, como suele suceder, en simples anécdotas.

Ahora, maduro y liberado de mucho lastre, el granadino ha decidido hablar de amor. De todos sus amores, que son los amores de todos y de todas: amores apasionados, tóxicos, platónicos, fraternales, frustrados… porque para él el amor, real o inventado, es el motor de la vida y del baile.

Y como la generosidad es otro de sus atributos, en lugar de realizar un espectáculo unipersonal como aconsejan estos tiempos difíciles, Liñán se divierte –con el sudor de su frente– y divierte ofreciéndole al mundo una obra grande y jubilosa, con siete bailarines que representan, además, la gran variedad de estilos que posee la danza española.

El hilo conductor de este Muerta de amor es la copla ya que, desde muy joven, desde que la Nati se las cantaba en las Cuevas Los Tarantos, las coplas, con sus letras desgarradas y ambiguas, han sido la banda sonora de todas sus historias de amor. Letras como las de Un clavel o Me muero, me muero, interpretadas por los propios bailarines o por una Mara Rey poderosa como una bacante poseída por el dios Amor, llegan como flechas al corazón del espectador.

Los siete bailarines cantan y bailan en un verdadero musical, expresando sus propios discursos no solo a través de los palos del flamenco –como esas alegrías flamenquísimas que baila el más joven, Juan Tomás de la Molía, o la impresionante soleá del propio Liñán–, sino con otros bailes españoles, incluido el folklore. Todos ellos tienen su momento de gloria y, junto a los magníficos músicos, llenan el escenario de arte, de sorpresas, de humor y de una cierta locura que se contagia en numerosas ocasiones a un público que respira a su compás.

Porque nada es casual en Muerta de amor. Hace años que el Liñán bailaor, poseedor de numerosos premios, incluido el Nacional de Danza, viene desarrollado un talento especial para la coreografía y, sobre todo, para la dirección de escena. Una capacidad, muy rara en los flamencos, que consiste en hacer salir lo mejor de cada uno de sus magníficos intérpretes y en aunar luego todos los ingredientes que intervienen en la escena haciendo que la excelencia final del espectáculo sea muy superior a la suma de sus individualidades.

Un talento que consiste, además, en no querer hacerlo todo solo, sino rodeado de otros grandes profesionales dentro y fuera de la escena: la música excepcional de Francisco Vinuesa, las magníficas luces de Gloria Montesinos… o la complicidad de Ernesto Artillo, entre otras cosas diseñador de unos trajes negros que no saben de géneros.

Todos ellos hacen de Muerta de amor un auténtico canto al amor y a una libertad que lo permite todo, menos la indiferencia».

Manuel Liñán & Compañía

Muerta de amor

Dirección y coreografía: Manuel Liñán

Acompañamiento creativo: Ernesto Artillo

Colaboración coreografía: José Maldonado

Artista Invitada: Mara Rey

Baile: Manuel Liñán, José Maldonado, Juan Tomás de la Molía, Miguel Heredia, José Ángel Capel, David Acero, Ángel Reyes

Cante: Juan de la María
Guitarra: Francisco Vinuesa
Violín y violín sintetizador: Víctor Guadiana
Percusión: Javier Teruel

Música original: Francisco Vinuesa

Espacio sonoro, arreglos y Folclore: Víctor Guadiana

Asesoramiento musical: Javier Teruel

Diseño vestuario: Ernesto Artillo

Diseño escenografía: Rafael Liñán, Ernesto Artillo y Gloria Montesinos

Realización escenografía: Readest montajes – Diseño iluminación: Gloria Montesinos A.a.i. – Técnico iluminación: J. M. Pitkänen – Diseño de sonido: Ángel Olalla – Maquinaria y regiduría: Octavio Romero – Asistente de producción y Tour mánager: Inés García – Guía espiritual: Iván Baba

Desde Monte-Carlo con amor

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 3 bis). Danza.

Sábado 22 de junio, 22:30 horas. Teatro del Generalife: Les Ballets de Monte-Carlo, Jean-Christophe Maillot. Serguéi Prokófiev: Romeo y Julieta, ballet en tres actos basado en la obra de William Shakespeare. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

En anteriores ediciones no solía escaparme a los espectáculos de ballet, que son pareja indisoluble de este Festival (Música y Danza), en parte por coincidir con conciertos sinfónicos o de cámara, y sin que sirva de disculpa. por no estar en mi lista de preferencias pese a haber disfrutado en Oviedo de grandes compañías (Alicia Alonso Martha Graham…) ya desde mis tiempos de universitario y contando con descuentos estudiantiles.

Pero en esta septuagésima edición, primera bajo la dirección del maestro veneciano y medio granadino Paolo Pinamonti, en la programación no se solapan citas, por lo que ir hasta el Generalife y disfrutar del Prokofiev bailado por los ballets de Montecarlo (con mi amada Carolina de benefactora, siendo ya Princesa de Hannover), era una experiencia más que añadir a mi calendario diario, al que se sumarían otras circunstancias.

Imposible relatar o transmitir lo vivido este sábado 21 de junio, aunque las imágenes que acompañan esta entrada, de otro artista como Fermín Rodríguez Ferminius, fotógrafo oficial que en estos años sumo a mis amistades granadinas, pueden ser el fiel reflejo de la belleza de este drama bailado que siempre sigue vigente.

Y nada mejor prepararsw leyendo la presentación en la web, más las notas al programa de Cristina Marinero. Vamos con la primera:

«Cuando, queriendo hacer el bien, se provoca la tragedia
Lleva más de treinta años al frente de la compañía monegasca, desde que la Princesa Carolina le nombrara su director en 1993. Jean-Christophe Maillot ha seguido fiel en estas décadas a su estilo neoclásico-moderno para ofrecer los grandes títulos del repertorio con los Ballets de Monte-Carlo. En su nueva visita a Granada presenta su aplaudida versión coreográfica de Romeo y Julieta, para la que pone el foco del drama sobre el Hermano Laurent. El coreógrafo subraya que el fraile quiso hacer el bien, pero con sus decisiones acaba provocando la tragedia. Maillot utiliza para ello todo el despliegue técnico y dramático de la danza clásica, sobre la bella partitura de Prokófiev, con sus bailarines vestidos con exquisita elegancia por Jérôme Kaplan».

Mi Real Oviedo se jugaba el ascenso a la primera división de La Liga (contra el Mirandés), tras 24 años y no estaba pendiente de unos ballets que solo veía y escuchaba por la oreja que me dejaba libre el auricular durante la retransmisión de la RTPA, pero las imágenes y la música de Prokofiev grabada y bien ecualizada, me hacía pensar lo bueno que sería tener una orquesta en vivo acompañando estos Capuletos y Montescos que con una escena sencilla pero «resultona», sumando una iluminación casi mágica, un vestuario «de película» y un cuerpo de baile espectacular, llenaban de magnetismo una historia conocida donde no hace falta saber idiomas porque la danza siempre se entiende (y mucho público de otras nacionalidades lo corroboró) en este teatro al aire libre (lleno) en un marco único como es El Generalife, difícil de igualar.

Mi «compañera» en Ópera World y crítica especialista en danza, escribe lo siguiente:

«Danza neoclásica para la más famosa tragedia de Shakespeare

Cuando ya sobrepasa las tres décadas al frente de la compañía monegasca, Jean-Christophe Maillot es en uno de los directores de danza más veteranos de Europa y prácticamente del mundo. Granada ha sido testigo de sus avances, ya que Maillot y los Ballets de Monte-Carlo se han convertido en buenos amigos de su Festival Internacional de Música y Danza, con varias visitas al Teatro del Generalife, entre ellas para la histórica 69ª edición, en julio de 2020, desarrollada con éxito en plena pandemia.

Arropado siempre por su benefactora, la Princesa Carolina, desde su llegada al frente de la institución en 1993, el director francés ha ido modelando a los Ballets de Monte-Carlo hacia una personalidad propia con sus coreografías neoclásicas-modernas para ofrecer, sobre todo, y lo que más fama le ha otorgado, los grandes títulos del repertorio de la danza académica a través de su prisma creativo.

Para ello, cuenta con cincuenta y un bailarines –entre ellos tres españoles, Lucía Alfaro Córcoles, Álvaro Prieto y Alejandro Moya Vaquero–, elenco cada vez más internacional, si bien priman también los educados en la Académie Princesse Grace, la famosa escuela de ballet del principado, nombrada en honor a Gracia de Mónaco.

El título que ofrecen este año los Ballets de Monte-Carlo, Romeo y Julieta, es ya un clásico de finales del siglo XX. Se trata del gran éxito de Jean-Christophe Maillot desde que lo realizara para la compañía en sus primeras temporadas como responsable máximo. Creado sobre la espectacular, emocionante, vibrante e inolvidable partitura de Serguéi Prokófiev, este ballet sobrepasa ya las 260 actuaciones por todo el mundo y está incluido, desde su estreno en 1996, en el repertorio de otras siete compañías. Su visita al Festival con este emblemático ballet llega cuando están en los prolegómenos de celebrar el 30º aniversario de su estreno en 2026.

Con su personal estilo neoclásico-moderno, musicalidad en el movimiento y minimalismo absoluto en escenografía y vestuario, Maillot apunta el foco del drama de Shakespeare hacia el Hermano Laurent, a quien acude Julieta buscando consejo por su amor prohibido hacia Romeo. El coreógrafo subraya que el fraile quiso hacer el bien con sus acciones, pero acaba provocando el mal.

Se distancia con este punto de vista, por tanto, de las rivalidades familiares tan encarnecidas como núcleo de la tragedia. Porque Maillot no interpreta la historia como un conflicto social o una lucha centrada en un código de honor, sino como un drama fortuito que causa la muerte de los jóvenes, más preocupados por sus sentimientos de amor adolescente, que por los del odio.

En la puesta en escena utiliza una fórmula cercana a lo cinematográfico, con flash-backs del Hermano Laurent, movimientos a cámara lenta y dibujando su coreografía en diagonales, sin que los bailarines bailen frente al público, al igual que los actores en una película no miran a los espectadores de la sala a través de la pantalla.

Maillot utiliza todo el despliegue técnico y dramático de la danza clásica trufado de su personal simbiosis con movimientos contemporáneos. Sus bailarines están vestidos con exquisita elegancia por Jérôme Kaplan, quien comenzó a diseñar para ballet en la época de este Romeo y Julieta; el espacio escénico es obra de su estrecho colaborador Ernest Pignon-Ernest, diseñador de la inmensa mayoría de sus creaciones, como lo es desde hace años el responsable de la genial iluminación, el también escenógrafo Dominique Drillot».

Más de dos horas espectaculares en todos los sentidos por iluminación, vestuario, puesta en escena, con la mezcla bien entendida del baile clásico y el contemporáneo, siempre universal, llevando los personajes de Shakespeare desde el lenguaje más universal que es el corporal, disfrutando de primeras figuras siempre bien acompañadas de todo un cuerpo de baile verdaderamente magnífico.

Maravillosa la pareja protagonista, Katrin Schrader como Julieta y el Romeo de Jérôme Tisserand, aunque como bien nos informamos, el Hermano Laurent, a quien acude Julieta buscando consejo por su amor prohibido hacia Romeo, comparte una escena plena en todos los sentidos.

Llegaba la jora mágica de la una de la madrugada donde el público salía feliz, parte al ambigú y otros a los microbuses que nos dejarían en el centro de la capital nazarí en mi tercer día de festival que recordaré el resto de mi vida por todo lo que rodeó el drama de Shakespeare con la música de Prokofiev bailado por una compañía internacional donde se hace difícil destacar cualidades y calidades, limitándome al menos a dejar sus nombres al final de esta entrada y casi viendo amanecer.

Y este domingo, mi cuarto día de festival,  otro programa doble que espero seguir contando…

PROGRAMA

Serguéi Prokófiev: Romeo y Julieta
Ballet en tres actos basado en la obra de William Shakespeare

Coreografía: Jean-Christophe Maillot

Escenografía: Ernest Pignon-Ernest

Vestuario: Jérôme Kaplan

Iluminación: Dominique Drillot

Primera representación: 23 de diciembre de 1996, en la Sala Garnier de l’Ópera de Monte-Carlo.

ELENCO:

Julieta: Katrin Schrader – Romeo: Jérôme Tisserand – Fray Lorenzo: Jaat Benoot – Los dos acólitos: Cristian Oliveri y Christian Tworzyanski.

Lady Capuleto: Marianna Barabas – La nodriza: Gaêlle Riou – Teobaldo: Simone Tribuna – Mercucho: Michaël GrüneckerBenvolio: Lukas Simonetto – Paris: Lennart Radtke – Rosalinda: Candela Ebbesen.

Los Montesco: Ashley Krauhaus, Kathryn McDonald, Anissa Bruley, Ekaterina Mamrenko, Emma Knowlson, Alexandre Joaquim, Kizuki Matsuyama, Kozam Radouant, Roger Neves.

Los Capuleto: Lucía Alfaro Córcoles, Elena Marzano, Sooyeon Yi, Emilee Blake, Artjom Maksakov, Alejandro Moya Vaquero, Riccardo Mambelli – Ige Cornelis.

Zarzuela para seguir cumpliendo años

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Sábado 3 y Domingo 4 de mayo de 2025, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Gran Gala de Zarzuela y Música Española. Orquesta Sinfónica MercadanteMariano Rivas (dirección artística y musical)Alexandra Zamfira (soprano) – Quintín Bueno (tenor) – Li Guochao (piano) – Natalia Thaïs (baile). Entradas: 40€ / 30€.

(Crítica para OperaWorld del domingo 4, con fotos propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

El Teatro Jovellanos gijonés cumple los 30 años de su remodelación, y nada mejor que celebrarlos con nuestro género por excelencia como es la zarzuela, que cuenta con miles de aficionados en Asturias y que en esta primera gala llenaron el coliseo del paseo de Begoña para volver a escuchar (tras la inauguración de la temporada 2022-23 de la Sociedad Filarmónica de Gijón) a la Orquesta Sinfónica Mercadante (OSMer) fundada por el asturiano Mariano Rivas (siempre bien recibido en su tierra), dando la oportunidad y el apoyo necesario a muchos músicos de los conservatorios y teatros madrileños desde su conocimiento como docente.

Dos funciones programadas donde además de la propia OSMer el programa ofrecía, como si de un catálogo promocional se tratase, no solo zarzuela sino música española sinfónica, y así junto a las voces de la soprano Alexandra Zamfira y el tenor Quintín Bueno, estaría la pianista china Li Guochao y especialmente la bailarina Natalia Thaïs.

La plantilla de la OSMer se quedó muy corta y desequilibrada en la cuerda (7-5-5-5-2), lo que perjudicó sobremanera las obras sinfónicas y las bailadas, con un esfuerzo por parte de los jóvenes músicos no siempre suficiente en las dinámicas, balances y planos, favoreciendo los matices para las romanzas, si bien el maestro Rivas trabajó con sus músicos como si de una gran orquesta filarmónica se tratase.

Centrándome en estas obras de la orquesta sola, las coincidencias en el tiempo hicieron que el día anterior escuchase en Oviedo a la OSPA con Óliver Díaz tanto la Danza final de El sombrero de tres picos (Falla) como la “Escena, canto gitano y fandango asturiano” del Capricho español (R. Korsakov), en el caso gijonés ambas cerrando cada parte del programa, que evidentemente no soporta, ni pretendo, comparaciones. De Falla diría que le faltó un pico al tricornio, con un enorme trabajo del viento madera, mientras de Korsakov el aire asturiano lo puso Don Mariano, y el concertino más el arpa hicieron el esfuerzo de sus intervenciones solistas. Por último del conocido preludio de Chapí solo diré que se quedó en “La juguetona” por las carencias antes apuntadas.

Es de aplaudir montar el piano solamente para el primer movimiento de las Noches en los jardines de España (El Generalife) de Don Manuel, con todo lo que supone, pero la pianista china se limitó a tocar todo lo escrito (que es mucho). Pese a la buena concertación de Rivas y el trabajo de la orquesta, por momentos tapó a Li Guochao ante su poco volumen y la ausencia del “duende” que inunda este concierto de nuestro gaditano universal enamorado de Granada. Faltó la atmósfera sonora que invita a la ensoñación, la magia que desprenden los arabescos y acordes que la recorren (casi imperceptibles), más el rubato casi necesario, así que espero escuchar en otro momento a la pianista y profesora china de buen currículo y trayectoria que esta vez no se lució.

Más interesante resultó comprobar todo el arte que nos ofreció la bailarina Natalia Thaïs, nacida en Zúrich pero formada en nuestro país en danza española y flamenco. Tres números donde poder cambiar de vestuario y estilo: primero el conocidísimo intermedio de Las Bodas de Luis Alonso (G. Giménez), baile español con castañuelas y zapateado mientras la OSMer rendía al máximo con sus posibilidades, de coreografía elegante y ritmo complementario al orquestal. Vestido goyesco y de nuevo con las castañuelas para el Fandango de Doña Francisquita (Vives) con el maestro Rivas exprimiendo los planos sonoros y Thaïs sin el obstáculo del piano (retirado al descanso) ampliando movimientos con unas manos y gestualidad flamencas. Para rematar la Danza Española de La vida breve (Falla) libre de “palillos” con zapateo y el juego del sombrero cordobés, nuevamente con la orquesta descompensada pero afinada y entregada al magisterio del director asturiano.

Dejo para el final las dos romanzas de cada cantante más los dúos. La joven soprano castellonense Alexandra Zamfira posee una voz de color muy bello, proyección suficiente, buena dicción y además valiente, comenzando con El barbero de Sevilla (Giménez) y la conocidaMe llaman la primorosa”, arropada por una orquesta siempre mimando a las voces (se nota el magisterio de Rivas en la Escuela Superior de Canto de Madrid), bien interpretada con agudos variados en matizaciones (el final levantó al público) y agilidades limpias, más la Romanza de la Duquesa de Jugar con fuego (Asenjo Barbieri), entendimiento con la flauta, Rivas vigilando los fraseos y una correcta acentuación  y afinación (“Tirano amor…”), muy dramatizada, de color homogéneo en todo su amplio registro, de nuevo valiente atacando el agudo final, con proyección más que suficiente ante una orquesta casi camerística. Habrá que seguir la trayectoria de esta soprano lírico-ligera con mucho camino por delante.

El tenor madrileño Quintín Bueno tiene tablas y oficio, eligiendo dos romanzas muy conocidas: “De este apacible rincón de Madrid” de Luisa Fernanda (Moreno Torroba), jugando con el maestro Rivas para cantar en un “rincón de Gijón”, de color no muy brillante, timbre algo metálico de amplio volumen algo apagado en el grave, seguro, más “No puede ser” de La tabernera del puerto (Sorozábal) no todo lo matizada que me hubiera gustado, abusando un tanto del portamento aunque valiente en los agudos, que suelen ser muy del gusto de los aficionados, sin problemas de tesitura y personalmente demasiado abierto el final. De nuevo impagable el trabajo de Mariano Rivas con su orquesta, concertador de primera, templando y respirando con los cantantes.

De los dúos elegidos, en la primera parte “Le van a oír” de Doña Francisquita (Vives) con buen empaste aunque Zamfira tapase a Bueno, arriesgando en el agudo final sin miedo a desafinarlo, y otro tanto en la propina de “Las mañanitas” de Don Gil de Alcalá (Penella) invitando al público a realizar el coro, tímido, tras el pasodoble “España Cañí” (Pascual Marquina) antes del dúo, poco torero, demasiado descompensado en balances, dinámicas y matices, para poner el punto y final a casi dos horas de cumpleaños gijonés, aplaudiendo el trabajo de asturiano Mariano Rivas siempre apoyando esta juventud que muy a menudo debe emigrar para encontrar una hueco en el difícil mundo de los profesionales de la música, y apostando por nuestra zarzuela dentro y fuera de nuestras fronteras.

PROGRAMA:

Primera parte

La Revoltosa: Preludio (Ruperto Chapí)

El barbero de Sevilla: Me llaman la primorosa (Gerónimo Giménez)

Noches en los jardines de España: 1º mov (Manuel de Falla)

Luisa Fernanda: De este apacible rincón de Madrid (Federico Moreno Torroba)

Las Bodas de Luis Alonso: Intermedio (Gerónimo Giménez)

Doña Francisquita: Le van a oír (Amadeo Vives)

El sombrero de tres picos: Danza final -Jota- (Manuel de Falla)

Segunda parte

El Bateo: Preludio (Federico Chueca)

El último romántico: Bella enamorada (Soutullo / Vert)

Doña Francisquita: Fandango (Amadeo Vives)

Jugar con fuego: Romanza de la Duquesa (Francisco Asenjo Barbieri)

La vida breve: Danza española (Manuel de Falla)

La tabernera del puerto: No puede ser (Pablo Sorozábal)

Capricho español: Escena, canto gitano y fandango asturiano (Rimski Korsakov)

Carnaval de zarzuela

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Jueves 27 de febrero, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII edición Festival de Teatro Lírico Español. «Doña Francisquita», “Versión libre” de Lluís Pasqual. Comedia lírica en tres actos, con música de Amadeo Vives Roig (1871-1932) y libreto de Federico Romero (1886-1976) y Guillermo Fernández-Shaw (1893-1965).

(Crítica para OperaWorld del viernes 28, con las fotos de Alfonso Suárez, y propias al finalizar la función, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se puede utilizar)

El 29 de mayo de 2019 asistía en mi casa a la proyección en vivo (por las redes sociales) desde el Teatro de la Zarzuela a esta misma producción de «Doña Francisquita» que entonces rebauticé como Doña Paquita de Pascual al tratarse de una versión libre del escenógrafo catalán Lluís Pasqual (Reus, 1951), que entonces ya levantó polémica como si volviésemos la vista al pasado con tantas críticas por la revisión de títulos conocidos en todo el terreno lírico.

Tras casi cinco años de esta (re)visión de la centenaria zarzuela de Amadeo Vives, pude disfrutarla en vivo con la necesaria aportación del gran actor Gonzalo de Castro, querido en Asturias por aquella serie rodada en Lastres (Doctor Mateo) y que hace comprensiva esta actualización de “teatro dentro del teatro”, haciendo de productor y presentador respectivamente en cada acto, más la longeva Lucero Tena, leyenda viva de las castañuelas que ya estuviese en Madrid, Barcelona y Valencia, con decenas de “francisquitas” en sus manos, y que participó magistralmente en el conocido fandango, con el público que llenó el teatro, rendido a su arte con prolongada ovación solo cortada por el ramo de flores y ubicarla en una silla para presenciar al cuerpo de baile que lo hizo cual homenaje a la más querida de la noche.

Solo los textos cantados permanecen intactos, respetando tanto la música del gran maestro catalán como la letra del productivo tándem astur-gaditano (Romero y Fernández-Shaw), probablemente una de las más grandes obras de nuestro género lírico, mientras el libreto aparca y aparta la inspiración en «La discreta enamorada» (Lope de Vega) para revivirla con el otro catalán que nos muestra tres momentos de esta centenaria «Doña Francisquita» desde el mismo espíritu por reflejar personajes, modas y costumbres que habitaban Madrid durante tres épocas, revistiendo y transformando la acción como suele suceder en tantas versiones de otros títulos escénicos en la memoria de muchos, con menor o mayor acierto y gusto, siempre personal, y funcionando casi cual miniserie televisiva en tres capítulos, quedándonos con ganas de la siguiente temporada, y que como comentaba al inicio el productor, “sin diálogos como en la ópera”, por el coste de la grabación (no han cambiado los tiempos) y la simpática réplica de Milagros Martín, puede que haciendo de ella misma, siempre inconmensurable en todo, presumiendo en cada intervención de sus más de cuarenta francisquitas: “sin diálogos no se entiende” a lo que contestaba Gonzalo de Castro en el segundo acto televisivo: “para eso está Estudio 1”. Una miniserie de zarzuela dentro de la zarzuela ya metidos en las carnestolendas donde con el disfraz todo se permite.

Lluís Pasqual recalca en el programa de mano que su propuesta escénica está hecha desde la alegría que produce esta música “desde ese mundo de recuerdos felices repleto de emociones donde la zarzuela es la banda sonora de mi infancia”, y la de tantos aficionados. Pero también se trata de una propuesta reflexiva e innovadora (que Pasqual comentaba en el programa madrileño) para un auténtico clásico de la lírica española, señalando que «tal vez solo la música, evocadora y real al mismo tiempo, sea capaz de producir esos sentimientos» para disfrutar de ese  «espíritu de fiesta compartida» que titula para Oviedo, y que es el teatro lírico: un lugar de memoria de las artes y las emociones, algo que se dejó sentir en el Campoamor que agotó entradas para las dos únicas funciones, esperando aumenten para próximos festivales dado el éxito del actual.

Como reflejan las notas al programa madrileñas, «La joven Francisquita es sin duda uno de los personajes femeninos de zarzuela más reconocibles y populares. Por eso, como cada época recurre a sus clásicos para contemplarse en ellos, recurre a Doña Francisquita para admirar a esta muchacha enamorada, pero sagaz, que desde 1923 se pasea por los escenarios líricos (…) Y hace falta un grandísimo talento para mostrar, con la versatilidad que requieren cada una de las pasiones presentes en la obra, la inmensa paleta de colores que Vives nos ofrece en Doña Francisquita» y además el maestro catalán siempre componía para la voz pues decía que la zarzuela tenía que ser cantable. Fue Leonor Bonilla esa mujer a quien todos cortejan encarnando su rol con seguridad, gusto, buena proyección, matices cuidadísimos en todo el registro, siempre arropada por la cuidada dirección musical de Diego Martín-Etxebarría, y un gorgeo valiente como canta el ruiseñor.

Contrapunto valiente, timbre corpóreo y amplio incluso en el grave que obliga al cambio de voz pero totalmente creíble La Beltrana de Mónica Redondo, desparpajo y picaresca en la “Canción del Marabú” con la contestación a su altura del asturiano Juan Noval-Moro, un Cardona que arranca la zarzuela y va ganando en cada acto en presencia y buen cantar.

Importante interpretación del tenor argentino Santiago Ballerini como Fernando, color hermoso de tenor, volumen más que suficiente, mucha musicalidad, emociones de su infancia familiar porteña, buen empaste con sus compañeros y muy aplaudida la esperada romanza “Por el humo…” que fraseó en un tempo adecuado con la complicidad de un foso ideal.

Mención especial para la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que dirige acertadamente José Manuel San Emeterio pues el coro es otra pieza irreemplazable en esta zarzuela, y sus intervenciones estuvieron además de coreografiadas (salvo en el estático primer acto), presentes, seguras, afinadas, aportando tantos personajes mal llamados secundarios (como niñas, buhonera, naranjera, aguador o el sereno Sergey Zavalin en el tercer acto), y contagiándonos ese “Canto alegre de la juventud” más el famosísimo “Coro de románticos” que parecía poner la banda sonora a la proyección trasera de la primera película de 1934 (dirigida por Hans Behrendt) que llevó esta zarzuela al séptimo arte.

Si el coro es indispensable, la participación del cuerpo de baile (con coreografía de Nuria Castejón) hizo crecer aún más esta representación que tuvo una cincuentena larga de personas sobre el escenario, aportando color, ritmo, movimiento y buen hacer con el beneplácito de Lucero Tena quien tras su fandango aplaudió la repetición ya con las cinco parejas de bailarines.

Breves pero válidas intervenciones de Bárbara Fuentes como amiga de Aurora, del barítono malagueño Antonio Torres en el brusco Lorenzo, y aún menor el Don Matías de Enrique Baquerizo que desprovisto de diálogos no le perdieron dos frases bien timbradas y hasta el casi autobiográfico canto que “conserva energía”.

Oviedo Filarmonía fue la orquesta perfecta y segura en todas las secciones con primeros atriles contribuyendo a disfrutar de la maravillosa música de Vives. Siempre bien conducida y conocida por el maestro Martín-Etxebarría (quien dirigiese el pasado año «La Rosa del Azafrán» también comentada desde aquí), sonó compacta, bien balanceada, disfrutándola desde su introducción, siempre dejando escuchar las voces, y marcando bien la pulsación para ayudar al cuerpo de baile. Otro tanto la Orquesta langreana de plectro, un septeto con dos mandolinas, dos laúdes y tres guitarras impecables en ejecución y presencia en cada aparición, ajustada tanto en solitario como con la orquesta  donde el arpa de José Antonio Domené aportaría aún más colorido instrumental.

Como resumen y aprovechando las tres escenas de esta miniserie madrileña: estatismo casi total que frena la acción en la grabación discográfica de una radio republicana, que hace propaganda de nuestro género lírico cuya música no necesita traducción, y como recordaba el productor De Castro ya se pondrá en un libro que acompañe al disco.

Buena idea la plataforma giratoria del plató televisivo para las cámaras, con el control de realización y logrando movimiento real con figurantes y coro estáticos en la mazurca salvo los bailarines, así como la alusión al ministro Don Manuel (Fraga) en un directo televisado, puede que en UHF (y prometiendo llevar a El Pardo a Milagros Martín cual figura del momento), donde el público forma parte del mismo.

Y ensayo final sin trampas, con mucho movimiento por los coros, bailarines, Lucero Tena, el plano iluminando (Pascal Mérat siempre impecable) para los diálogos “suprimidos” con los protagonistas sobre una tarima elevada mientras al fondo la película de Behrendt era la vuelta al pasado desde nuestros tiempos de actualizaciones escénicas.

Público satisfecho por la música de Vives y el espíritu de fiesta que Lluís Pasqual, aplaudido al final tras tres horas de espectáculo, trajo a Oviedo como inicio de temporada y un Carnaval recuperado también para nuestro género, patrimonio de la humanidad.

FICHA:

Jueves 27 de febrero de 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXXII edición Festival de Teatro Lírico Español. «Doña Francisquita», “Versión libre” de Lluís Pasqual. Comedia lírica en tres actos, con música de Amadeo Vives Roig (1871-1932) y libreto de Federico Romero (1886-1976) y Guillermo Fernández-Shaw (1893-1965). Estrenada el 17 de octubre de 1923 en el teatro Apolo de Madrid. Coproducción del Teatro de la Zarzuela, con el Gran Teatre del Liceu y la Ópera de Lausanne (2019). Premio Max a la Mejor Producción Lírica (2020).

Edición crítica de Miguel Roa. Ediciones Arteria Promociones Culturales, SRL. SGAE y Editores /ICCM, Madrid, 2005 (2ª edición).

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Diego Martín-Etxebarría – Dirección de escena: Lluís Pasqual – Dirección de la reposición: Leo Castaldi – Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar – Audiovisuales: Celeste Carrasco – Iluminador: Pascal Mérat – Coreografía: Nuria Castejón  Director del coro: José Manuel San Emeterio.

REPARTO PRINCIPAL:

Doña Francisquita: Leonor BonillaFernando: Santiago BalleriniAurora: Mónica RedondoCardona: Juan Noval-MoroDoña Francisca: Milagros MartínLorenzo Pérez: Antonio TorresDon Matías: Enrique BaquerizoIrene la de Pinto: Bárbara Fuentes.
Con la colaboración especial de Lucero Tena y Gonzalo de Castro.

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo

Orquesta Langreana de plectro

FICHA COMPLETA

De la noche al día

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Domingo 7 de julio, 12:30 horas. 73º Festival de Granada, Auditorio Manuel de Falla / Música de cámara | Festival Joven: Liber-Quartet. Obras de Bartók y Stravinsky. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

 

Me confieso muy refranero y a menudo utilizo expresiones populares, así que titular esta entrada para la sesión matutina de mi vigésimo segundo día de Festival De la noche al día no se refiere a la que dice ‘La noche para pensar y el día para obrar ni tampoco que ‘De noche todos los gatos son pardos (pues en La Alhambra los hay variados), sino a la frase hecha para expresar lo diametralmente opuesto más el propio lapso por el contraste vivido ayer de La Consagración de Dutoit con los suizos ayer y esta matinal del Liber-Quartet.

Liber-Quartet son:

Carlos Apellániz, piano – Alberto Rosado, piano – Javier Eguillor, timbales – Raúl Benavent, percusión

En la Web de este evento nos lo describe muy bien titulando «El corazón de la música»:

«Si el latido del corazón marca la vida, el pulso de los hombres, el ritmo es el latido de la música, y la percusión su forma de expresión más natural. A ahondar en ese latido lleva más de una década dedicado el conjunto Liber-Quartet, que forman dos pianistas y dos percusionistas bien conocidos de la música valenciana. Conviene recordar que el piano es en realidad otro instrumento de percusión, así que como cuarteto de percusión se presentan en Granada para un programa formidable: la Sonata que Bartók escribió en los últimos años de su vida puede casi considerarse un cuarteto en la línea de los que dedicó a la cuerda, ciclo esencial del género. Después, el Liber aporta repertorio, al ampliar la versión que el propio Stravinsky hizo para dos pianos de su Consagración de la primavera, obra clave en la modernidad musical del pasado siglo».

Los cuatro músicos valencianos, cada uno de ellos unos solistas increíbles, afrontaron este programa doble de forma espectacular pues también verles en acción es todo un espectáculo, con dos pianos verdaderamente sinfónicos junto a dos percusionistas que dominan sus sets con precisión, gusto y llevando el peso rítmico aunque en este cuarteto » funcionan como verdadera unidad digna de los de cuerda.

Las notas al programa del gran Martín LladeRenacer y rito, desmenuza las dos obras que fueron impresionantes por todo: entendimiento, entrega, vitalidad, dominio… más la acústica del auditorio granadino que es especial, con una buenísima entrada donde alegra ver a público joven además de los incondicionales, de nuevo como si fuesen escritas tras el concierto, pues podría decir que se ciñen «al pie de la letra»:

«Se ha dicho del compositor húngaro Béla Bartók, especialmente a partir de sus conciertos para piano, que empleaba el piano como si de un instrumento de percusión se tratara. Pues, bien la idea de confrontar el teclado con la percusión le preocupaba de manera especial, pues para él, el primero no compensaba del todo la «hiriente» sonoridad de la segunda. Pero halló un modo de encontrar una suerte de equilibro entre ambas mediante la introducción de un segundo piano. Un encargo de la Sociedad Internacional para la Nueva Música de Basilea con motivo de sus diez años de existencia le dio pie a la escritura de la Sonata para dos pianos y percusión.

Bartók, que se mostró detallista hasta el extremo en las indicaciones en la partitura para los percusionistas (por ejemplo, en el empleo de baquetas duras o blandas), decidió utilizar los timbales, el bombo, las cajas, los platillos, el tam-tam, el triángulo y el xilófono. La sonata fue estrenada en Basilea en 1938, y en 1940, Bartók la adaptaría como Concierto para dos pianos, percusión y orquesta, interesante, aunque algo menos audaz, al disponer de unos recursos que la forma camerística revelaba como innecesarios.

El extenso movimiento introductorio arranca con una sección lenta, concebida para mostrar el potencial percutivo de los pianos, a la que le sucede un explosivo Allegro molto, estructurado en forma sonata. El segundo movimiento es un magnífico ejemplo de la denominada “música nocturna” tan cerca a su autor, y en él solicita que los platillos estén suspendidos. La obra concluye con un gozoso Allegro non troppo a mayor gloria del xilófono, y la partitura se desvanece con serenidad, con los ecos de la caja y los platillos suspendidos en el aire, en un “diminuendo” resultante de que estos últimos se rocen, en lugar de chocarse».

Los Liber mostraron y demostraron la grandeza de esta sonata que resultó casi un concierto sinfónico «reducido» a sus cuatro músicos, pero engrandecido por la riqueza tímbrica de los dos pianos (inmensos) y una percusión más allá de mebranófonos o idiófonos variados (cómo suena ese xilófono), pues el empaste y afinación de todos hacían de este Bartók un monumento sonoro plenamente actual pese a estar escrito en 1937. Control absoluto de duraciones, matices, tempi y protagonismo compartido.

Prosigue Llade su disección:

«La consagración de la primavera de Igor Stravinsky, para los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev, se estrenó en el Teatro Chatelet de París, en 1913, entre puñetazos y aplausos de un público profundamente dividido respecto al valor de sus innovaciones. La idea era recrear un rito antiguo de los antiguos escitas, en el que se quemaba viva a una doncella para cumplir con la ceremonia indicada en el título. La presente versión del Liber-Quartet se rige estrictamente a lo plasmado por Stravinsky en partitura sinfónica (téngase en cuenta que el compositor realizó un arreglo para dos pianos, a fin de interpretarlo en los ensayos). Mientras que los pianistas Carlos Apellániz y Alberto Rosado asumen las partes interpretadas por la cuerda y los vientos, Javier Eguillor se ocupa aquí de todos los timbales (si bien en el original hay dos timbaleros, en su caso él asume ambos cometidos) y Raúl Benavent, de forma análoga, asume toda la parte de la percusión, que también es interpretada por varios percusionistas cuando se hace la partitura primigenia. De ahí que este último cuente para su interpretación con un set con distintos instrumentos, en el que llega a compaginar el bombo con el tam-tam, junto con un güiro presente en un célebre pasaje de la obra. A ello hay que sumar crótalos, panderetas, etc., hasta todos los instrumentos de percusión de la orquesta. Aunque a priori una proeza así parece imposible, Eguillor explica que estratégicamente es realizable, por ejemplo, con dos baquetas en cada mano, percutiendo a la vez en varios timbales. «Al final, concentrar en dos personas lo que es habitual ver hacer a cinco músicos le confiere una energía distinta y muy especial a la obra» precisa. Esta versión única, y completamente distinta a las reducciones que se han hecho hasta la fecha, es una primicia que se presenta en el Festival de Granada, que conserva el carácter primitivo, rítmico y brutal del ballet original, sin perder de vista que es una música concebida para ser bailada».

Si la noche anterior el poderío sinfónico de la Orchestre de la Suisse Romande con Dutoit fue  de lo mejor hasta el momento, escuchar esta transcripción de los valencianos resultó inspiradora, cercana, explosiva, matizada, con mucho peso de Apellániz y Rosado pero igual de exigente con Eguillor y Benavent. Ritmos difíciles de encajar pero con entradas perfectas, consiguiendo un colorido propio para «recrear» las secciones sinfónicas, todo un «chute de adrenalina» que nos da esperanza en estos proyectos que en los años con Antonio Moral al frente siempre han tenido su hueco en el Festival, y en este último poniendo el listón muy alto para un Paolo Pinamonti al que todos le deseamos lo mejor.

Bartók y Stravinsky fueron espectaculares, pero la «Brasileira» del Scaramouche de Darius Milhaud en esta nueva recreación por el cuarteto valenciano aún nos contagió los ritmos caribeños de este francés enamorado de Brasil, de su folklore y ritmos, música de ida y vuelta, antillana y universal, otra inyección de alegría para cerrar esta mañana espectacular con los Liber-Quartet que me «enlazaron con La Argerich palaciega, nocturna y sabatina», derroche de energía, vitalidad y plenamente entregados: de la noche mágica al día luminoso.

PROGRAMA

Béla Bartók (1881-1945):

Sonata para dos pianos y percusión, Sz. 110 (1937):

Assai lento – Allegro molto

Lento, ma non troppo

Allegro non troppo

Igor Stravinsky (1882-1971):

La consagración de la primavera (transcr. de Liber-Quartet para dos pianos y percusión)

Granada de danzas y sortilegios

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Sábado 6 de julio, 22:00 horas. 73º Festival de Granada, Palacio de Carlos V, Conciertos de Palacio:
Orchestre de la Suisse Romande, Martha Argerich (piano), Charles Dutoit (director). Obras de Falla, Schumann y Stravinsky. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

Mi vigésimoprimera noche de música en Granada será única y probablemente el mejor concierto de todo el Festival cuando aún queda por delante una semana. Y es que todo se conjugó para sortilegios y danzas, magia nazarí que la Web de este concierto titula La sombra de Diáguilev: «Ya pasaron por el Festival de 2022, y la genial pianista argentina Martha Argerich y el gran director suizo Charles Dutoit vuelven a cruzar sus caminos en Granada, esta vez con la Orchestre de la Suisse Romande, que debuta en la muestra. Será con uno de los grandes conciertos de repertorio del siglo XIX, el de Schumann, en el que Argerich lleva décadas dejando muestras de una maestría casi insuperable. Dutoit abrirá programa con una de las suites extraídas del ballet El sombrero de tres picos de Falla, obra que el maestro gaditano adaptó de su pantomima El corregidor y la molinera para los Ballets rusos de Diáguilev y cuya presentación en Londres en 1919 supuso uno de los mayores éxitos de su carrera. Años antes, en 1913 y en París, Stravinsky revolucionó el mes de mayo con su audaz y excitante Consagración de la primavera, otro ballet escrito para Diáguilev».

La leyenda viva del piano Martha Argerich (Buenos Aires, 1941) con el gran director suizo Charles Dutoit (Lausana, 1936) y la centenaria Orchestre de la Suisse Romande que debutaba en esta edición, con un programa donde el Palacio de Carlos V pareció embrujarnos y sus piedras devolvernos tantas vivencias musicales ante un lleno de los que se esperan ante unos protagonistas históricos.

La orquesta y director suizos abrían un concierto nada menos que con Falla y la suite nº 2 de El sombrero de tres picos, primera gran impresión ante una formación poderosa capitaneada por el concertino rumano Bogdan Zvoristeanu, todas las secciones equilibradas y con Dutoit al frente también ilusionada, feliz, dejándonos una interpretación de altura, pues el maestro suizo sigue enamorado de nuestra música y la hace entender sin folklorismos, música universal más que española, con una sonoridad amplia donde poder lucirse cada solista. Si la madera es excelente, los metales no se quedan atrás, la percusión ajustadísima y sobre todo una cuerda redonda y rotunda de agudos a graves.

Tras el trasiego obligado para colocar el piano, cámaras y micrófonos (al ser un concierto televisado y radiado en vivo) aparecía la muy esperada y aplaudida a rabiar intérprete argentina, un tándem con Dutoit que sus años en común han hecho especial para el entendimiento total que mostraron en el Concierto para piano y orquesta en la menor, op. 54 de Schumann. Por «La Argerich» no pasan los años y su madurez interpretativa sigue dejándonos boquiabiertos (orejabiertos si se me permite), pues es ella quien domina, quien elige el aire aunque Dutoit lo conozca y comparta, a quien escucha la orquesta para contestarse. contentarse y encontrar el balance perfecto donde seguir disfrutando de su limpieza y hondura. Si en el Allegro affettuoso ya comprobamos el estado de forma con una cadenza para guardarla de principio a  fin encajado por todos, en el Intermezzo Argerich «amarró» el tempo por el que Dutoit se había decantado con sus suizos, y el Allegro vivace final derrochó juventud, frescura, ímpetu por parte de todos, con un Dutoit perfecto concertador, una orquesta entregada y Martha resplandeciente. impulso juvenil, nervio y virtuosismo de siempre, verdadera «fuerza de la naturaleza que siempre ha encontrado en el piano apasionado y romántico de Schumann su mejor aliado» como escribe Justo Romero en las notas al programa tituladas Una fuerza de la naturaleza.

Apoteosis en el público y los músicos, varias salidas y un regalo también de ‘Escenas de niñosOp. 15 De extraños países y personas de Schumann de verdadero ensueño que merecía haber escuchado un pianista en este mismo festival.

Nueva locura entre el público, salidas varias mientras los técnicos iban cerrando la tapa del piano tomándolo como una indirecta muy directa, pero faltaba la entrega de la Medalla del Festival presentada por Antonio Moral finalizando mandato, junto a los enviados de todas las entidades políticas y universitarias que tuvieron a bien asistir. Palabras del director que todos pudimos corroborar de merecimiento, agradecimiento, piropos y buenos deseos en este caso compartidos con orquesta y director.

Tras el descanso la Suisse Romande sacó toda la «artillería» para danzar bajo el mando del «Mariscal Dutoit» en una impresionante Consagración de Stravinsky enlazando con Falla y el siempre recordado Diáguilev. Justo Romero escribe: «Apenas un quinquenio separa el nacimiento de dos ballets capitales del repertorio sinfónico. Ambos surgidos y estrenados bajo el impulso de aquel promotor clarividente que fue Serguéi Diáguilev. Si Stravinsky genera una revolución cuando da a conocer La consagración de la primavera en París, en el Teatro de los Campos Elíseos, el 29 de mayo de 1913, Manuel de Falla, desde unos presupuestos rotundamente distintos –pero no menos novedosos– y también con los Ballets rusos de Diáguilev, cristaliza en El sombrero de tres picos, estrenado seis años después, en julio de 1919, en el Teatro Alhambra de Londres, su ideal del “folclore imaginario”, de una música tan radicalmente nueva como arraigada en la más honda sustancia de la cultura popular y universal». En palabras de Falla  «El carácter de una música verdaderamente nacional no se encuentra solamente en la canción popular y en el instinto de las épocas primitivas, sino también en el genio y en las obras maestras de las grandes épocas del arte». Los dos compositores que beben de sus raíces y culturas para abrir un universo nuevo con un lenguaje propio, siendo además grandes orquestadores.

El Stravinsky de esta noche fue mágico con el Maestro Dutoit controlando cada número, cada cambio de compás, jugando con los contrastes, balanceando cada sección al punto exacto de presencia, dejando a los solistas lucirse pero atando en corto. Romero habla de «Fuerzas de la naturaleza que asoman en las descarnadas asperezas de La consagración, y que en absoluto son ajenas a la exaltación palpitante de la farruca, de la seguidilla o de la jota que vuelca Falla en El sombrero». Imposible destacar a los solistas porque el nivel tan alto en cada uno de ellos hace difícil citarlos y la orquesta suiza funcionó como un reloj con estas músicas de ballet que crecen más allá para dejarnos una interpretación para el recuerdo con la orquesta que fundase Ernest Ansermet hoy con su alumno Dutoit, ambos referentes de la música de Stravinsky.

PROGRAMA

-I-

Manuel de Falla (1876-1946):

El sombrero de tres picos (suite nº 2) (1919-21):

Danza de los vecinos (Seguidillas) – Danza del molinero (Farruca) – Danza final (Jota)

Robert Schumann (1810-1856):

Concierto para piano y orquesta en la menor, op. 54 (1845):

Allegro affettuoso – Intermezzo – Allegro vivace

-II-

Igor Stravinsky (1882-1971):

Le Sacre du printemps (La consagración de la primavera, 1910-13. Rev. 1947)

Primera parte: L’adoration de la terre (La adoración de la tierra)

1. Introduction (Introducción)

2. Augures printaniers. Danses des adolescentes
(Augurios primaverales. Danza de las adolescentes)

3. Jeu du rapt (Juego del rapto)

4. Rondes printanières (Rondas primaverales)

5. Jeu des cités rivales (Juego de las tribus rivales)

6. Cortège du Sage (Cortejo del sabio)

7. L’adoration de la terre. Le Sage (La adoración de la tierra. El sabio)

8. Danse de la terre (Danza de la tierra)

Segunda parte: Le sacrifice (El sacrificio)

1. Introduction (Introducción)

2. Cercles mystérieux des adolescentes (Círculos misteriosos de las adolescentes)

3. Glorification de l’élue (Glorificación de la elegida)

4. Evocation des ancêtres (Evocación de los antepasados)

5. Action rituelle des ancêtres (Acción ritual de los antepasados)

6. Danse sacrale. L’élue (Danza sagrada. La elegida)

Martha Argerich y la Compañía Antonio Gades, Medallas del Festival de Granada 2024

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En la última reunión del Consejo Rector del Festival de Granada, del pasado 21 de mayo, se acordó por unanimidad la concesión de dos Medallas de Honor, a la gran pianista argentina Martha Argerich y a la Compañía Antonio Gades.

Los galardones reconocen la relevancia artística y profesional de los artistas y su estrecha vinculación con el Festival de Granada en el que han participado en numerosas ocasiones desde la década de los 70.

Las medallas serán entregadas a la pianista Martha Argerich (Buenos Aires, 1941), por su especial relación con el Festival, en el que debutó en 1979, su enorme talento, su dedicación y servicio a la música durante más de seis décadas y su apoyo constante a los jóvenes intérpretes, ayudándolos y potenciando desde siempre sus incipientes carreras. La señora Argerich es un ser humano extraordinario y una pianista legendaria, que ha escrito su nombre con letras de oro en la historia del piano del siglo pasado y del actual. La medalla le será entregada en el descanso de su concierto en el Palacio de Carlos V, el 6 de julio.

La otra medalla será para la Compañía Antonio Gades, en el 20 aniversario de su creación, uno de los grandes puntales de la danza española y flamenca, que hace gala de la escuela definida por coreógrafo y bailarín Antonio Gades. Además, se celebrará en el Teatro del Generalife el 50 aniversario de Bodas de sangre (1974), una de las grandes coreografías del maestro alicantino, referencia en el mundo de la danza, esencia de la obra de Lorca, que consagra al flamenco como lenguaje dramático capaz de contar historias, convirtiéndose en difusor de la obra del poeta universal. La medalla será entregada en un acto que tendrá lugar en el Centro Lorca, el día 26 de junio, a las 11 horas.

Martha Argerich en el Festival

Su primera visita al Festival fue en 1979, con la Orquesta Nacional dirigida por Antoni Ros-Marbá. 41 años después, en 2020 (año de la pandemia), la pianista vuelve con un recital junto al violinista Renaud Capuçon. Su siguiente visita fue en 2022 en un concierto memorable junto a la Orchestre Philharmonique de Monte-Carlo dirigida por Chales Dutoit. En esta edición, la genial pianista argentina junto al director suizo Charles Dutoit vuelven a cruzar sus caminos en Granada, esta vez con la Orchestre de la Suisse Romande, que debuta en el Festival. Será con uno de los grandes conciertos de repertorio del siglo XIX, el de Schumann, en el que Argerich lleva décadas dejando muestras de una maestría casi insuperable.

La Compañía Antonio Gades

Es desde su creación en 2004 uno de los grandes puntales de la danza española y flamenca. Hace gala de la escuela definida por el maestro Gades, en la que predomina un lenguaje estético y depurado, arraigado en las tradiciones y la cultura del pueblo español. Dirigida artísticamente por Stella Arauzo, la Compañía Antonio Gades es la punta de lanza de la Fundación que, dirigida por su viuda Eugenia Eiriz y presidida por su hija María Esteve, mantiene viva la llama de uno de los legados más trascendentales de la danza española.

Antonio Gades (Alicante, 1936-Madrid, 2004), ha participado en el Festival con sus compañías de entonces, Ballet de Antonio Gades y Ballet Nacional Español, en cuatro ediciones. Entre sus coreografías más aclamadas interpretadas en el Festival, se destacan El amor brujo, Danza de la muerte, Danza del molinero, Jota, Caña, Ensueño, Soleá, Tango, Variaciones sobre el vito, Zapateado y fandangos, Rumba, Seguiriya, Bulerías y Farruca (en 1971); Bodas de sangre, Cantiñas, Debla, Fandangos, Bulerías, Farruca, Flamenco, Guajira, Martinete, Soleá por bulería (en 1979); Carmen (1988) y Fuenteovejuna (1995).

La Compañía de Antonio Gades, creada en 2004, ha participado en el Festival en cuatro ocasiones con las coreografías de Carmen (2007), Ainadamar (estreno en 2011), Fuego (2014) y Bodas de sangre y Suite Flamenca (2024).

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