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Un asturiano en el Festival de Granada

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Todo buen melómano que se precie debe acudir al Festival de Granada, al menos una vez en su vida, un peregrinaje obligado como pueda serlo para los wagnerianos Bayreuth, Lucca para los amantes de Puccini, o incluso hacerse una “Ruta Bach” cual viajes a tierras santas como el que realicé hace muchos años entre mis viajes vacacionales, donde evidentemente la música siempre está presente.

Por mi profesión docente siempre son malas fechas las “granadinas” al coincidirme todavía con clases y evaluaciones, pero hace ahora 10 años que se cumplió mi sueño de volver a esa ciudad mágica con tanta historia y tanto arte que la música adorna porque siempre ha estado presente.
Y nada mejor que poder vivir en primera persona el “estreno” de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi por una formación española, nada menos que mis paisanos asturianos de Forma Antiqva con Aitor Hevia de violín solista, que además grabarían para su sello discográfico los días siguientes en el mismo escenario.
Emociones a raudales desde la llegada a la capital, pasear por sus calles, las cervezas con tapas que alimentan para todo el día, la Catedral o la Alhambra siempre distintas en cada visita. Todo preparado, el viaje en el microbús hasta el Auditorio Manuel de Falla, recrearnos con tiempo de las vistas únicas al atardecer siempre irrepetible, el carmen del compositor gaditano cerrado, pero con todo el aroma del músico universal enamorado de este último reducto árabe tras una reconquista que comenzaría en mi tierra trece siglos antes.
Los músicos asturianos en pleno 2011 recrearían en jueves la festividad del pamplonica San Fermín “reconquistando” España con un concierto muy especial para todos, conocedores de lo que suponía esta cita compartida con ellos. Sorpresas agradables donde encontrarse caras conocidas ayudó a redondear una tarde inolvidable, incluso para mi esposa que estudió Psicología en Granada antes de “raptarla” para el norte.
De las emociones es difícil escribir, pero como compulsivo “bloggero musical” (o musicógrafo como bien dice mi admirado Luis Suñén) dejé constancia por partida doble de un evento que todavía recuerdo como si fuese ayer, aunque estos blogs ya estén “archivados” (al menos no caducan) y me pasase a otras plataformas:
La mañana siguiente nos regaló un viernes soleado para darnos un paseo hasta el Monasterio de San Jerónimo a escuchar en su basílica un luminoso Victoria de tinieblas con verdadera devoción a cargo de los barceloneses Música Reservata tras una cola liviana al compartirla con amistades y familiares almerienses que viajaron para estar con nosotros viviendo y disfrutando este nuevo concierto del festival que siempre supone un placer para todos los sentidos.
Imposible encontrar entradas para el Palacio de Carlos V donde sonaría Bruckner con Barenboim y la Staatskapelle de Dresde, pero felices de volver a la Granada siempre única, al Corral del Carbón como corazón del festival y manteniendo un pulso que en diez años ha cambiado tanto como el mundo que nos ha tocado vivir.
El pasado año a pesar del “bicho” que continúa dando guerra, vivimos desde casa gracias a YouTube© un festival distinto, que con la llegada de mi querido Antonio Moral a la gestión, le tocó bautizarse luchando contra los elementos, echándole un órdago convencido de ganar esta partida que ha sido espejo para tantos otros eventos musicales en todas partes, manteniendo buena mano para el juego de este 2021.
Las tecnologías evolucionan, ahora tengo el blog en WordPress© y la rapidez que antaño suponía mi recordado teléfono SonyEricsson© ha volado al pajarito azul de Twitter© o las fotos hasta Instagram©, pero Granada se mantiene firme, 70 años que dan para una enciclopedia en papel, toda una vida plena que espero volver a disfrutar cuando llegue mi esperada jubilación donde el calendario no será escolar sino plenamente melómano y los conciertos de junio y julio en la ciudad de La Alhambra sigan llenando mi mochila de viajes desde “Siana al mundo y con la música por montera”. Larga vida al Festival de Granada.
Mieres, a 9 de junio de 2.021

A la atención de María del Mar Peña, directora de “La Oculta Granada”, con todo mi afecto y amor hacia mi adorada Graná.

Coloridos vientos franceses

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Domingo 13 de junio, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio de Oviedo: Les Vents Français. Obras de Saint-Saëns, Hindemith, Mozart, Klughardt y Poulenc. Entrada butaca: 20 €.

La primavera va finalizando y con ella el curso académico así como las temporadas de conciertos, y este domingo festividad de San Antonio traía aires franceses en un programa camerístico a cargo de Les Vents Français, seis profesores y solistas de larga carrera unidos para este proyecto, concierto variado, ameno y que vuelve a recordarme el importantísimo papel que las sociedades filarmónicas han jugado en la educación musical de muchas generaciones de melómanos, el primer acercamiento a unas músicas que no solo forman sino que preparan el oído y la interpretación para las grandes obras sinfónicas. Tengo pendiente una entrada para testimoniar la influencia que esas sociedades han tenido en Asturias y que han convertido a Oviedo en la Viena española, una tradición que necesita varias generaciones para poder recoger los frutos que degustamos en todos los géneros, del camerístico al sinfónico, lírico con ópera y zarzuela, orquestal y pianístico, siendo muy apreciada y nunca suficientemente programada la música de cámara sin la que es imposible apreciar el resto y demasiadas veces el único camino de poder asistir y vivir con y por la música.

Les Vents Français comandados por «el flautista de Berlín» Emmanuel Pahud lo completan François Leleux (oboe), Paul Meyer (clarinete), Gilbert Audin (fagot), Radovan Vlatkovic (trompa) y Eric Le Sage (piano) se han convertido en firmes defensores y promotores de unas páginas que a menudo son la carta de presentación para formas mayores, y así quedó demostrado con los cinco compositores elegidos para este nuevo Concierto del Auditorio, conocidos y no tanto, aplaudiendo a los programadores que entienden perfectamente la necesidad de este repertorio para continuar sembrando y educando a una afición que no falla ni siquiera en tiempos de Covid. Me congratula además comprobar cuántos jóvenes músicos (muchos de mi Ateneo Musical de Mieres) disfrutaron con estos maestros del viento, espejo en el que seguir mirándose para una carrera con futuro.

Primera parte combinando formaciones y colores, increíble manejo compositivo y conocimiento de cada instrumento, para con estilos distintos pintar unas músicas siempre cercanas, interpretadas con la técnica asombrosa al servicio de la escritura por estos virtuosos.

Primero el francés C. Saint-Saëns (1835-1921) y su Caprice sur des airs danois et russes, op. 79 (1887), trío de maderas (flauta, oboe y clarinete) con piano jugando con aires daneses y rusos reconocibles para lucimiento de las cañas más un acompañamiento siempre agradecido del piano en feliz entendimiento, especialmente sentidas las intervenciones melódicas de los solistas y la luz nórdica de mi recordado Skagen vista desde el pincel musical del galo.

Un pequeño paso cronológico y grande de estilo con el alemán P. Hindemith (1895-1963) cuya Kleine Kammermusik  op. 24, nº 2 (1922) para quinteto de viento, dibuja un lenguaje casi sinfónico, atrevido e inspirado en los «clásicos» para una formación con tímbricas bien entendidas, incluso el guiño al flautín, matices delicados, protagonismos compartidos y la sonoridad redonda que suponen el fagot y sobre todo la trompa. Cinco movimientos (I Lustig. Mäßig schnell Viertel – II Walzer. Durchweg sehr leise – III Ruhig und einfach – IV Schnelle Viertel – V Sehr lebhaft) como acuarelas de trazo fresco enriqueciendo la anterior paleta francesa, delineadas con tinta china, una música de cámara que solo tiene de pequeña el título pues la interpretación fue grandiosa con estos cinco vientos vecinos capaces de soplar desde la leve brisa al huracán sonoro.

No podía faltar el genio de Salzburgo que escribió para todos los instrumentos de viento. W. A. Mozart (1756-1791) en el Quinteto de viento con piano en mi bemol mayor, K. 452 (1784) prescinde de la flauta para mostrar otra combinación de colores con el oboe en la tesitura aguda donde las teclas dan el soporte armónico y contrapuntístico con su firma única y reconocible, mientras cada instrumentista tiene el momento de gloria y lucimiento en los tres movimientos ( I. Largo – Allegro moderato; II. Larghetto; III. Rondo. Allegretto), paleta tímbrica a elegir y seguir por los compañeros de programa desde este clasicismo vienés como escuela compositiva cuyo movimiento central condensa todo el vendaval mozartiano de melodías bien retratadas.

Con un breve descanso para tomar aire y sin movernos  de las butacas esperando la segunda parte llegaría mi personal «descubrimiento» camerístico (aunque grabado por los franceses para el sello Warner): el alemán A. Klughardt (1847-1902) cuyo Quinteto de viento en do mayor, op. 79 (1898) me asombró por la técnica y gusto de esta composición, digna de seguirse con la partitura delante por las combinaciones de estos cinco instrumentos en todos los registros y colores, romanticismo académico lleno de volúmenes, inspiraciones de una musicalidad que estos virtuosos hicieron grande dibujando al detalle sus cuatro movimientos (I Allegro non troppo; II Allegro vivace; III Andante grazioso; IV Adagio – Allegro molto vivace). Largos y merecidos aplausos para una obra desconocida para la mayoría, que encandiló por su calidad y aparente sencillez, algo solo al alcance de unos pocos intérpretes.

Y nada mejor viniendo de Francia que finalizar con F. Poulenc (1899-1963) y su Sexteto para viento y piano, FP. 100,(1932-1939), verdadera joya camerística en tres movimientos que Les Vents Français convirtieron en lección magistral de música de cámara del pasado siglo todavía vigente y actual, colorida, dinámica, brillante, evolución de una escritura que avanza sin perder la línea, rindiendo tributo a un género ideal para experimentar con unas tímbricas y rítmicas explosivas llenas de dinámicas maravillosas, exigencias para los seis intérpretes ensamblados a la perfección en esta obra curiosamente editada en Dinamarca por la Editora Hansen (1945) como queriendo volver al punto de partida de este viaje europeo con escuela francesa.

Y un regalo devolviendo el placer de volver a tocar con público como presentó el trompista croata en un perfecto español, la «Gavotte» del Sestetto op. 6 del ítalo-austríaco Ludwig Tuille (1861-1907), otro «descubrimiento» de estos profesores para despedir una apacible tarde de domingo donde la tormenta musical tuvo su acompañamiento climatológico.

Farándula astur

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Miércoles 26 de mayo, 19:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: VIII Primavera Barroca (Circuitos CNDM). Farándula castiza, Forma Antiqva, Aarón Zapico (clave y dirección).

Llega a su fin esta primavera barroca con entradas agotadas y demostrando que la cultura es segura en tiempo difíciles para todos, donde la música nos ha mantenido vivos, y con todas las cancelaciones que ha habido,

España ha marcado diferencias. La formación que comanda el langreano Aarón Zapico no escapó a un calendario de fechas verdaderamente loco, perdiendo múltiples compromisos como el del Festival Halle en Alemania, donde iba a llevar el previsto A Pleasure Garden, pero la versatilidad de estos músicos y lo amplio de sus programas cambiaron los «perfumes» por su ya «rodada» Farándula castiza en Oviedo, con una formación camerística de cuerda y percusión afrontando sin complejos a músicos que son parte de la propia historia de «la familia Zapico», desde Santiago de Murcia a Nebra, pero también los Castel, Conforto, Corselli o la última incorporación de Baset, adelantándonos el propio Aarón Zapico que en agosto grabarán parte del archivo musical de la Catedral de Oviedo, continuando la apuesta por sacar a la luz y airear tesoros musicales que podemos y debemos presumir de ellos.

La farándula astur se organizó en tres «jornadas» con obertura y fin, además de dos propinas «marca de la casa», bien ordenadas para poder comprobar el nivel de esta formación al uso, combinaciones de todos los instrumentos de cuerda más las pinceladas de una percusión siempre discreta que lució especialmente en las castañuelas de los fandangos, como no podía ser menos.

Impecable el empaste y sonoridad de los violinistas Jorge Jiménez y Daniel Pinteño, igualmente maestros en estos repertorios, sumándose la viola de Jose Ángel Vélez y el contrabajo de Jorge Muñoz, unidos a este «Equipo Zapico» donde la canaria que llamo cuarta hermana (Ruth Verona)  sigue aportando con su chelo el plus a un continuo con los gemelos y el mayor de la estirpe de este trío langreano, perfecta fusión donde Andalucía se suma a nuestra tierra.

Si en el siglo XVIII Madrid era villa y descanso de la corte, la capital del Principado en el XXI es escaparate barroco desde donde exportar talento y mostrar un patrimonio único que Forma Antiqva lleva más de veinte años trabajándolo con valentía, profesionalidad, entusiasmo y originalidad en todas sus propuestas, desde el trío básico a grandes «ensembles». El tamaño medio fue el que trajo cerrando la primavera barroca ovetense en colaboración con el CNDM (hoy con su director Francisco Lorenzo entre nosotros, renovando el compromiso con estos Circuitos donde Oviedo sigue en la brecha), formación ideal para una selección de obras y autores que recrearon la música de la fiesta madrileña en nuestro salón de cámara carbayón.

Imposible desgranar cada etapa, cada jornada, cada partitura elegida, así que dejo arriba al inicio de la entrada el programa para hacerse una idea de las combinaciones entre iguales, tanto de los compositores que hicieron de España su patria como Forma Antiqva y todas sus variaciones desde Asturias.

Combinar una obertura operística de José de NEBRA (1702-1768) con el fandango de Bernardo ÁLVAREZ ACERO (1766-1821) es arriesgar nada más comenzar; emparejar dos sinfonías de José CASTEL (1737-1807) y Niccolò CONFORTO (1718-1793) todo un acierto (verdadera joya el andante francés de La Nitteti, 1756).

No podía faltar en esta fiesta madrileña el recuperado Vicente BASSET (1719-1764) que aparecería varias veces, pues sus sinfonías interpretadas por Forma Antiqva son otro monumento sonoro que tiene protagonismo per se.  Segunda jornada donde tampoco podía faltar el italiano más madrileño, Luigi BOCCHERINI (1743-1805) con su Trío para cuerdas en sol menor, op. 6, no 5, G 93 (1771) para deleitarnos con Jiménez, Pinteño y Verona en su Tempo di minuetto
contrastado con el Andante de Giovanni Battista MELE (ca. 1701-1752) perteneciente a su Sinfonía de Angelica e Medoro (1747), para convivir de nuevo con nuestro Fandango de Conforto y la «Apertura a más instrumentos» del citado Baset con ese presto final perfectamente ensamblado por los músicos.

Y si en Madrid convivían músicas, Forma Antiqva las revive, los hermanos Zapico con la percusión de Pere Olivé nos recordaron a Santiago de MURCIA (1673-1739) y sus Cumbees en el mismo plano de calidad que el invitado Conforto cuya Sinfonía de Siroe (1752) mantuvo «la ira» en intensidades, la elegancia francesa del Andante y el alegre final compartido con otro nombre felizmente recuperado para los programas y grabaciones barrocas: Francisco CORSELLI (1705-1778), cuya Obertura de La cautela en la amistad y robo de las sabinas (1735) confirmó la «buena Forma» y mejor hacer de unos intérpretes que dominan este repertorio, el importado y el nacional de nuevo con el gran Nebra del que su Obertura de Iphigenia en Tracia (1747) sería la penúltima grandiosa parada antes del final, junto a otra sinfonía de Castel emparejada con la de Baset, encajes de cuerda, diría que encaje de bolillos por el primor en la ejecución de estas páginas que siguen sonando actuales y jóvenes, la farándula madrileña en manos de una generación de músicos que triunfan sin complejos y trabajan duro por mantener viva esta llama barroca que en Oviedo sigue encendida. Brillante colofón en casa y con los de casa, dos bises con poesía dramatizada (Aarón rapsoda) y fandango en tutti. Gracias Forma Antiqva.

FORMA ANTIQVA:

Jorge Jiménez y Daniel Pinteño VIOLINES

José Ángel Vélez VIOLA

Ruth Verona VIOLONCHELO

Jorge Muñoz CONTRABAJO

Pablo Zapico GUITARRA BARROCA

Daniel Zapico TIORBA

Pere Olivé PERCUSIÓN

Aarón Zapico CLAVE Y DIRECCIÓN

Asturias madre musical

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Domingo 23 de mayo, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: cierre de la 42 Selmana de les lletres asturianes. «Canciones asturianas» (Antón García Abril). Cristina Gestido (viola), Mario Bernardo (piano). Entrada libre con invitación.

El pasado mes de septiembre acudía a Oviedo para disfrutar de Mario Bernardo con Joaquín Pixán, la voz de «Madre Asturias» por vez primera con los arreglos que Cristina Gestido hizo de alguno de los temas que el siempre recordado Antón García Abril (19 mayo 1933 – 27 marzo 2021) compusiese inspirados en un folklore tan rico como el de nuestra tierra y que Torner recogiese hace más de 100 años.
Buena idea homenajear al turolense completando estos arreglos para viola y piano que unen lo mejor de las dos versiones que el propio García Abril hiciese primero con orquesta (1982) y más tarde con piano (2007), la perfecta simbiosis tímbrica donde el canto de la viola transcurre paralelo al piano, complementándose cual lied  instrumental que gana enteros por la riqueza que supone la cuerda en su amplia tesitura. Tras un vídeo inicial con imágenes de los intérpretes tocando les Vaqueires, cada una de las canciones vendría precedida con una proyección de Ezequiel Esteban incluyendo bellísimas imágenes con la letra correspondiente que el llangreanu León Delestal pusiese a cada una de las obras.
Planificada sucesión de doce temas para disfrutar de esa lograda «recreación musical de Asturias«. las melodías reconocibles vestidas de gala, arreglos muy conseguidos donde el piano se vuelve orquesta, la viola lo complementa, las teclas acompañan esa cuerda vocal. No te pares a mío puerta que con el tenor cangués es lírica pura y la viola de Gestido sublima tímbricamente. Y qué decir de Tengo de subir al puertu, la tonada sinfonica de oboes y cuerdas reducidos al dúo que se entiende en sentimiento y musicalidad. Rítmico y poético el Hasta los naranxales, el piano saltarín con la viola, poesía de «A los campos del rey vas Irene«. Ternura descrita musicalmente en la introducción de Ella lloraba por mi, cantada y después retomada por la viola, la conocida «Cuando salí de Cabrales» donde piano y viola dan con la tecla sentida pero no sensiblera, un arreglo que permite disfrutar melodía y armonización ensamblados tímbricamente enriqueciendo la versión original.
La canción dialogada Ayer vite na fonte alcanza en el arreglo e interpretación del dúo Gestido-Bernardo el cenit al ganar color y extensión, hombre y mujer jugando con las octavas y el fraseo que nos recrea un texto popular siempre reconocible sin más. Contraste con un piano movido, rítmico y rico en un acompañamiento para Yo nun soi marineru que la viola retoma jugando con el arco y haciendo que lo imposible para el canto se torne música pura. El cantu‘l gallu, nuestro urogallo colorido en lo sinfónico y cristalino con piano, que la cuerda entona única y hasta dolorosa por la historia contada.
Nun llores, nina, neña o rapaza que son sinónimos en nuestra lengua vernácula (aún dialecto para muchos) la música acallando disputas, el piano de salón con la viola sentida, contrastando con el siguiente popular «Sal a bailar buena moza» convertido en Una estrella se perdió, virtuosismo en las teclas, «saltarello astur» en las cuerdas, caprichoso entendimiento del piropo, modulaciones celestiales que instrumentalmente nunca resultan tirantes sino titanes, recuerdos de la canción española de concierto que Falla, Granados o Turina entre los grandes entendieron como pocos y que García Abril evoca con su magisterio sinfónico y camerístico. El mismo que para nuestra canción de cuna, la «añada» asturiana siempre íntima, sosegada, Duérmite neñu, el «agora non«, sin dobles sentidos ni lenguaje cifrado para el amante a la espera, con esa melodía poniendo la carne de gallina, el paso al piano de la nana cantada a dos y por dos.
Nuestro Naranjo colorido entendido por un turolense amante de un paisaje casi común, El picu Urriellu de Bulnes, piano extenso como nuestros Picos de Europa, con «los nombres grabados de los que llegan arriba», Gestido y Bernardo, una escalada instrumental, arriba amigos porque la hazaña de despojar la letra para engrandecerla es todo un hito.
Y cerrar el ciclo con algo tan nuestro como «les» Vaqueires, de la braña al salón sin trampa ni cartón el endiablado ritmo contagioso, el piano que no es «gaita de tecla» sino sustento de una melodía donde la interjección surge en la viola, la alegría de comprobar que estas «canciones asturinas» (como figuraba en la pantalla) pueden compartir la misma grandeza que las versiones de Falla desde nuestro folklore elevado a la máxima categoría de la música de cámara (excelente el trabajo en los arreglos de la propia Cristina Gestido), siempre escuela de intérpretes y público, el acercamiento obligado al mundo sinfónico desde la proximidad del salón.
La «cultura es segura» y con ganas de más bisarían Yo nun soi marineru, ninguno de los presentes, aunque el propio Delestal escribió «La mina y el mar«, siempre unidos como este otro tándem, «La viola y piano», Cristina y Mario más allá del folklore, Gestido y Bernardo. Un cierra para un mes de letras asturianas donde la música llega más allá.

Vivica Genaux, la voz de Hasse

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Lunes 10 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: VIII Primavera BarrocaCNDM «Circuitos»: Nápoles en DresdeVivica Genaux (mezzosoprano), Vespres d’Arnadí, Dani Espasa (Clave y dirección). Obras de Hasse, Zelenka y Pisendel. Entrada: 15 €.

Avanza la Primavera Barroca en Oviedo, agotando entradas para la sala de cámara, ya de por sí de aforo reducido, y recibiendo tras la apoteosis madrileña del sábado a la esperada mezzo Vivica Genaux (Fairbanks, Alaska, 10 de julio de 1969) que se ha convertido en la gran defensora y voz de Johann Adolph HASSE (1699-1783), el barroco tardío donde la norteamericana no ya se siente cómoda sino que domina con una técnica apabullante un repertorio que le sigue dando alegrías y a sus seguidores aún más. Con la formación que lidera Dani Espasa traía arias de Hasse, el compositor que el agente Matthew A. Epstein le recomendó como comentaba en una entrevista a Gabriel Rangel en 2014:  “¡Debes cantar Hasse!” Y yo le pregunté: “¿Quién es Hasse?” Un mes después hice una audición con René Jacobs para una ópera de Hasse en la Ópera Estatal de Berlín y obtuve el rol«. Recital perfectamente organizado alternando arias y personajes, intercalando para el necesario respiro obras instrumentales de contemporáneos afincados igualmente en Dresde como Zelenka o Pisendel que permitieron gozar de la calidad de esta orquesta barroca, especialmente la cuerda, con un continuo compacto sin olvidarme de un fagotista excelente y los oboes que dan ese colorido especial, sumándose en algunas el par de trompas naturales, desiguales como suele suceder en este instrumento tan desagradecido y difícil en estos repertorios pero que demostraron el músculo de esta formación catalana.

Hasse abría fuego con  la Obertura de «Didone abbandonata», IJH 36 (1742), el orgánico al completo preparando la salida de una Genaux entregada, pletórica y feliz, recordando a «La Bordoni» prima donna en Dresde cantando la música de su marido, hoy personificada por la norteamericana embajadora del mismo, primero a «Cleofide», IJH 25 (1731) con el aria rápida Son qual misera colomba (acto II , escena 15) y el orgánico sin trompas, primera demostración de poderío y elegancia vocal, un registro grave carnoso, agudos delicados y unas agilidades prodigiosas que aún brillaron más en la cadenza final. Y sin apenas resuello, otro personaje y ópera, «Irene», IJH 54 (1738), con un delicado recitativo de instrumentación elaborada, Il sacrifizio si compisca (acto III , escena 4) más el aria Un sì funesto addio, tiempo lento para saborear la dicción y proyección con ese color de mezzo que no abunda y una cuerda perfecta con el continuo siempre en su sitio controlado desde el clave por el maestro Espasa.

Del checo Jan Dismas ZELENKA (1679-1745), también afincado en la Corte de Dresde, escuchamos De Ouverture à 7 concertanti en fa mayor, ZWV188 (1723), tres movimientos donde degustar la instrumentación sin trompas, colocando el movimiento rápido en el medio (Grave – Allegro – Grave), y disfrutando del barroco que nunca pasa de moda.

Vuelta al canto de Hasse con Genaux y unas Vespres al completo para «Cajo Fabricio», IJH 20 (1731), recitativo Lieto gioisci o core (acto II , escena 14) y aria Nocchier, che teme assorto, rápida y exigente de ornamentos por parte de todos, con la mezzo de emisión uniforme, agilidades de vértigo, coloratura, claridad de dicción, vocales sin trampa y la engañosa facilidad para alcanzar unos agudos que mantienen siempre su color irrepetible.

Un paréntesis de lujo poder escuchar el Allegro del «Concierto para violín en sol mayor», JunP I.4c de Johann Georg PISENDEL (1687-1755), un virtuoso del violín que triunfó en «La Florencia del Elba» interpretado por FARRAN SYLVAN JAMES, la concertino solista esperada, de sonido aterciopelado con el grosso instrumental bien equilibrado de dinámicas y paladeando un continuo realmente de calidad en esta orquesta referente de la música antigua en España.

Nueva ópera, otro rol que dramatizar por parte de una Vivica que transmite pasión y fuego, «Numa Pompilio«, IJH 69 (1741), recitativo Qual di voi prima invoco (acto II , escena 8) y aria Piange quel fonte, con el oboe de PERE SARAGOSSA siempre impecable, y la orquesta de cuerda que me trajo recuerdos, quién sabe si inspiración para el Exsultate mozartiano, bellísimos juegos y diálogos entre los dos «protagonistas», ecos y musicalidad a raudales con éxito compartido y merecido.

Interesante el Hasse instrumental con el Allegro de su Sinfonía en sol menor, op. 5 nº 6, el orgánico sin trompas y sin fisuras, el prólogo preclásico que mantiene el regusto barroco antes del último título por parte de La Genaux, «Solimano», IJH 97 (1753) con el aria Di quell’acciaro al lampo (acto I , escena 12), ensemble al completo de aire marcial, casi guerrero en otra nueva demostración de buen gusto y voz carnosa, redonda, la mezzo verdadera de anchos graves, medios poderosos y agudos seguros, los melismas vocales aún más complicados, la instrumentalización de la voz en el barroco sin perder el sentido dramático de estas heroínas operísticas que hacían las delicias de la Corte de Dresde y ahora de nuestra Corte de Oviedo siempre apoyando el barroco y demostrando que la cultura es segura.

No podía faltar la propina con sonrisa, por supuesto Hasse y de su “Viriate” la conocida aria Come nave in mezzo all’onde virtuosa sin atropellos, «sujetando el tempo», solo con la cuerda, que mantuvo el listón alto en esta verdadera locura barroca con Vivica Genaux y Vespres D’Arnadi.

No hay dos sin tres

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Sábado 1 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Joshua Bell (violín), Steven Isserlis (chelo), Alessio Bax (piano). Obras de Mozart, Shostakóvich y Mendelssohn. Entrada butaca: 28 €.

En tiempos de adversidades si es difícil programar conciertos, todavía más mantenerlos o adaptarse sobre la marcha cuando se tienen unos recitales bien armados y del trío se debe marchar nada menos que el pianista, verdadero reclamo de estas jornadas de piano ovetenses donde esta misma semana nos enterábamos de la cancelación por graves motivos familiares de Evgeny Kissin, al que le deseamos lo mejor del mundo esperando su regreso a «La Viena del Norte» español.

Pero los intérpretes no se rinden, los grandes aún menos, y las ganas de público les espolean para continuar con sus compromisos. Bell e Isserlis son maestros en el violín y el chelo, así que no creo les fuese difícil contactar de nuevo con el italiano Alessio Bax (Bari, 1977), personalmente un redescubrimiento en vivo unos años después para este último recital dedicado al piano como le gustaba al siempre recordado Iberni, y preparar otro concierto distinto además de muy completo que nos permitió disfrutar de los primeros por separado, más un trío que no defraudaría los tres previstos a la vista de cómo transcurrió este primero de mayo muy «currado», con estos verdaderos trabajadores del pentagrama y magos de la música.

Perdimos dos tríos y ganamos dos mundos a dúo, con un impecable Bax al piano que parece llevar toda la vida con Joshua Bell, viendo cómo se enfrentaron a la Sonata para violín y piano nº 32 en si bemol mayor, KV 454  de Mozart, académica y vibrante, perfectamente entendida por ambos intérpretes solistas unidos de nuevo para disfrutar juntos desde el inicial Largo – Allegro, el genio de Salzburgo lleno de guiños y sorpresas, con diálogos juguetones y chispeantes, la reflexión dramática del Andante que hizo cantar el violín cual lied prerromántico por el papel pianístico compartido, y el explosivo Allegretto final del mejor clasicismo mozartiano en una visión camerística de primer orden que siempre nos sabe a poco.

Lo mejor aún estaba por llegar: la Sonata para chelo y piano en re menor, op. 40 de Shostakovich con un Steven Isserlis pletórico y un impactante Bax, el ruso siempre bien entendido por el solista londinense, sonata que conjuga el mundo convulso de antaño con tantos paralelismos de la actualidad, el contrapunto al inicial Mozart luminoso y reflexivo frente a la oscuridad esperanzadora donde no falta el humor como mejor arma contra el dolor. El ímpetu del cello contestado por el piano apabullante, el sonido humano de la cuerda dolorosa revestido de majestuosidad por unas teclas percusivas y perfectas, encaje ideal de intenciones y sentimientos. No se puede entender ni pueden entenderse mejor dos músicos de altura para esta inmensa sonata del ruso.

Y no hay dos sin tres, tras los dúos llegó el esperado trío mágico, no del ruso sino del alemán que «resucitó a Bach» y entendió la música camerística como pocos, bebiendo del clasicismo y dando el paso siguiente para lograr que el entendimiento en formato reducido fuese cual orquesta cercana, así parece concebir Mendelssohn este Trío para violín, violonchelo y piano nº 1 en re menor, op. 49, trabajado en un confinamiento que ayudó a desempolvar partituras por parte de Isserlis y Bell para comprender la música compartida, disfrutar de la escritura clara del alemán junto al espíritu conjunto de las sonoridades a trío.

Cuatro movimientos entendidos tanto en su propia individualidad e identidad como en el conjunto de la sonta a trío: Molto allegro ed agitato, emocional, Andante con moto tranquillo, paladeando la tímbrica, Scherzo: Leggiero e vivace subiendo enteros además de entrega, y Finale: Allegro assai appassionato, cierre perfectamente encajado de esta forma bien construida y ejecutada de manera pletórico. Si el dúo de cuerda fue cómplice en intenciones y fraseos, el piano encajó a la perfección del mismo idioma, limpio y claro, cristalino e impoluto compartiendo protagonismo, trabajo conjunto con el único lenguaje universal que vuelve a confirmarse en la interpretación de estos tres grandes músicos, individualidades enormes que se tornan inmensas cuando se juntan para hacernos disfrutar del género camerístico, verdadera escuela para melómanos y tan necesaria en la eterna formación de todos los genios.

Gracias por el trabajo insensible al desaliento que podría traer la pandemia pero que el hambre de la música en vivo palía con creces, volviendo a colocar Oviedo como capitalidad musical y seguir demostrando que «La Cultura Es Segura».

Todo con cuerda

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Jueves 29 de abril, 19:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo, Primavera BarrocaCNDM «Circuitos«: Enrike Solinís (laúdes y guitarras): «Ars Lachrimae«. Obras del Renacimiento y el Barroco. Entrada: 15 €. Fotos ©PabloSiana.

Continúa la cultura segura, las ganas de directo y el florecimiento de la Primavera Barroca de Oviedo en esta su octava edición que mantiene la colaboración con el CNDM y sus «Circuitos», trayéndonos en solitario al guitarrista vasco Enrike Solinís (Bilbao, 1974) que hizo un recorrido por la cuerda pulsada a través de la historia antigua desde la óptica actual, con cumbres y cordilleras, ascensos y descensos en un denso programa titulado Ars lachrimae, una panorámica de este personal viaje con mucha cuerda pulsada y todo un legado de la música para dichos instrumentos señeros desde una perspectiva y visión con identidad propia y distintas calidades.

Bien el primer bloque con el laúd renacentista y los aires melancólicos de Dowland que nos trajeron el intimismo de salón sin apenas descanso en esa senda hasta los grandes vihuelistas españoles pero desde el mismo laúd, algo que no entiendo pues MudarraMilánNarváez con sus pavanas y diferencias podrían haberse escuchado en nuestro instrumento identitario, «la abuela vihuela» de la que los hispanos fueron su verdadero «tridente». Explorar estas nuevas vías de ascensiones para este repertorio están bien, pero la cuerda elegida no me convenció del todo, si bien las notas al programa de Pablo J. Vayón son como el libro de ruta para explicar este itinerario opcional del instrumentista bilbaíno: «dicotomía entre dos mundos, el renacentista y el barroco, que son visitados siguiendo las líneas de las formas y los géneros esenciales de la música publicada (o simplemente interpretada) para los instrumentos de cuerda pulsada, muy en especial las danzas (…)  En un primer momento, las cuerdas pulsadas se vieron sustancialmente beneficiadas (…) aunque la realidad interpretativa estaba aún indiscutiblemente unida a la improvisación… los géneros trascienden las fronteras … fantasías (es decir, piezas más o menos libres que podían traducir justo una improvisación), glosas y variaciones sobre conocidas obras del tiempo (en España se llamaron «diferencias») y danzas, muchas danzas«.

Al Solinís en «estado puro» lo encontramos precisamente con ese «rabel pulsado» que nos recordó el medievo y la música del arco atlántico, el ritmo con aires reconocibles de los dos manuscritos del siglo XVI: el Barbarino con Quaranta de Francia y el de Osborn con dos danzas renacentistas, el Enrike rompedor desde hace años apostando por estos enfoques arriesgados y convincentes.

Pero el sosiego llegó en la bajada de estos cerros, montañas que son colinas para afrontar con el laúd barroco el ascenso a la verdadera cumbre que fue Robert de Visée (1655-1733) y una selección de la Suite nº 3 en re menor (I. Prélude II. Allemande III. Courante IV. Sarabande), donde la sonoridad es ideal pero faltó una pisada más segura del terreno. Se incrustó a Buxtehude antes que a Bach explicando las afinaciones de los distintos modelos utilizados y cómo la suite será la forma ideal de contrastar aires y transcripciones de la tecla a la cuerda pulsada. Prácticas habituales que personalmente me gustan porque «mein Gott» siempre es único y soporta todos los instrumentos, aunque no tanto Herr Dietrich. Cierto que el kantor se interesó por el archilaúd y la tiorba omnipresente caída en el olvido pero que parece rejuvenecer con esta generación de intérpretes como el propio Solinís o el asturiano Daniel Zapico. La Suite en do menor, BWV 997 de «nuestro señor» es una cumbre que exige un esfuerzo sobrehumano, más en la cuerda pulsada; matizados los cinco números (I. Preludio II. Fuga III. Sarabande IV. Gigue V. Double) la fuga fue lo más destacable por la claridad en las líneas y la sonoridad lograda en este repaso de la danza como columna central de los compositores elegidos.

Enrike Solinís retomó el pulso, cogió aire y nos despertó con la vihuela «salvaje», descarada, rítmica y punzante de nuestro Gaspar Sanz, las danzas que siguen siendo seña de identidad del músico vasco y verdadera alegría su interpretación, manteniendo este final en las dos propinas que fueron gratificantes y muy aplaudidas.

Los montañeros utilizan distintas cuerdas según los ascensos, unos pocos privilegiados han coronado los «ocho miles», todo concuerda en este paralelismo con cuerdas. Un esfuerzo de hora y media sin pausa de Dowland a Sanz sin olvidarse del mítico Bach para otro hito en «La Viena del Norte» español donde el Barroco mueve un público fiel al que la reducción de aforo (de por sí pequeño) en la sala de cámara del auditorio ovetense no le frena para comprobar la acústica ideal de madera y piedra, mucha cuerda que concuerda. La penúltima cita barroca y primaveral será en once días con la mezzo Vivica Genaux y Vespres d’Arnadí (con Dani Espasa), pero aún queda mucha música por el medio arrancando mayo, y aquí lo contaremos si nada lo impide.

Il senso delle parole

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Miércoles 28 de abril, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio de Oviedo: Piotr Beczała (tenor), Sarah Tysman (piano). Obras de Donaudy, Respighi, Wolf-Ferrari, Tosti, Verdi y Puccini. Entrada butaca de patio: 20 €.

Hace cuatro años pudimos disfrutar de Piotr Beczała (Czechowice-Dziedzice, Polonia, 1966) en una gala que titulé «Se detuvo abril«, y de nuevo hizo que se parase el tiempo en un recital con piano para paladear su voz, su buen decir, su presencia, su técnica impecable y con un programa donde más que nunca pudimos entender «Il senso delle parole», el sentido de la palabra en la lengua de Dante que el tenor polaco pronuncia perfecto y las letras en subtítulos fueron tomando vida una a una. Programar la llamada «canción de concierto» con la calidad de los autores elegidos es un desafío que exige entrega total en cada bloque, pues son verdaderos microrrelatos que deben sentirse y compartirse con el piano, el de su habitual acompañante la francesa Sarah Tysman, más allá de las reducciones orquestales habituales para las arias de ópera.

Comentaba en broma que comenzar con el siciliano Stefano Donaudy (1879-1925) era un increíble calentamiento vocal. Así fue porque el público que no llenó el auditorio, pero se entregó al tenor, no respetó el «ciclo» haciendo perder la unidad dramática y una continuidad que impidió hacer brillar un poco más una voz aún fría pero siempre hermosa, desgranando esos tres frescos con un piano adecuado y escrito para realzar los textos: Vaghissima sembianza, Freschi luoghi, prati aulenti y O del mio amato ben.

Otro tanto sucedió con esas seis joyas del boloñés Ottorino Respighi (1879-1936), el lenguaje musical siempre clásico del segundo italiano de la noche, romanticismo en estado puro, poesía de contrastes, juegos de palabras donde el piano subraya cada palabra y el canto las sublima: Lagrime, Scherzo, Stornellatrice, Nevicata, Pioggia y Nebbie, una clase magistral de Beczała con la técnica perfecta puesta al servicio de los textos de Zangarini, Ada Negri o Vittoria Aganoor Pompilj, con unos registros extremos donde el polaco no pierde nunca ese color único, una gama de matices ideales para esta maravillosa música de salón, las agilidades increíbles enfrentadas a los sentimentales tiempos lentos, y el asombro de una proyección que llenaba toda la sala de ese timbre redondo y elegante como su presencia escénica.

El «descanso» vocal lo puso la pianista que eligió al español Isaac Albéniz (1860- 1909) y su conocida Granada (de la «Suite española, op. 47»), resultando más literaria que nazarí en parte por lo comentado de lo difícil que es para un pianista adaptarse al lied o la ópera que son mundos totalmente distintos al solístico, y la francesa optó por una interpretación desde la distancia emocional.

Aún quedaban otros dos italianos para redondear el placer del dúo cercano, tenor y piano bien hermanados, el tantas veces escuchado en Oviedo Ermanno Wolf-Ferrari (1876-1948) el veneciano del siempre recordado Haider, pero el íntimo que pone música a cuatro textos populares con toda la riqueza melódica del italiano: Quando ti vidi a quel canto apparire, Jo dei saluti ve ne mando mille, E tanto c’è pericol ch’io ti lasci y O sì che non sapevo sospirare, un placer escuchar y leer la letra original y su traducción (también el digitalizado programa de mano) que en la voz de Beczała nos transportaba a la península hermana que tanto arte nos ha dejado. Y mejor remate para este bloque literario que Francesco Paolo Tosti (1846-1916) el músico de Ortona, con tres canciones bien acompañadas al piano y mejor interpretadas por el polaco, L’ultima canzone, la menos escuchada Chi sei tu che mi parli y el Ideale literal, un juego donde el «rubato» toma sentido y los agudos imperceptibles una delicia, demostrando que lo que parece fácil siempre es lo más exigente.

Beczała se vuelca en cada partitura, el semblante agradable, su máscara facial toda una lección de canto y los aficionados operísticos venidos de varios puntos de la geografía, conocidos del Campoamor y rendidos ante el polaco, esperando el «tour de force» final, siempre en el repertorio italiano que domina como pocos hoy en día, perfecta «la orquesta desde el piano» más cómoda que en el lied,  sin necesitar el pedal izquierdo que cambia color y tapa abierta para mostrar que el polaco está en un momento álgido de su carrera.

Dos arias del genio de Busseto Giuseppe Verdi (1813- 1901) para quitar el hipo, Di tu se fedele il flutto m’aspetta Un ballo in maschera«) sobrado de recursos y exquisito de principio a fin, más  Quando le sere al placido Luisa Miller«) con ese final a solo que llenó todo el auditorio del color puro y la magia de este tenor completo, verdadera figura mundial.

Y de la Italia protagonista en este lluvioso miércoles lírico asturiano, desde Lucca el gran Giacomo Puccini (1858- 1924) y una de sus arias fetiche para todos los tenores, la maravillosa Recondita armoniaTosca») con un piano perfecto y la salida entre «bastidores» de un Cavaradossi impecable que enamoró al auditorio. Creo que no se puede interpretar mejor y así lo reconoció el público entregado a Beczała.

La hora pasó volando y podríamos estar escuchando al polaco todo el tiempo del mundo porque volvió a transmitir, como hace cuatro años, que «se detuvo abril«, regalándonos todavía dos napolitanas, el Core ‘ngrato de Cardillo, con dedicatoria a «su Caterina» en la sala, el otro título en su dialecto «Catarì, Catarí», y el mismo calor del sur con la famosísima Mattinata de Leoncavallo, un broche de oro con estas canciones escritas para el gran Caruso y recreadas por el enorme Beczała con un recital que dio sentido a la palabra en la voz de este Tenor con mayúsculas que sigue triunfando en Oviedo, parada obligada en las giras de los mejores intérpretes. Esperemos algún día tenerlo sobre las tablas del Campoamor porque el triunfo es tan seguro como la cultura en tiempos de pandemia, y la música más necesaria que nunca.

Melodías de la vida con unos cachorros ¡espectaculares!

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Domingo 18 de abril, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: Past LifeLos Peques del León de Oro, Elena Rosso (directora). Entrada: 6 €.

Es verdaderamente maravilloso comprobar que todavía queden emociones desde la música capaces de hacernos brotar las lágrimas. En tiempos duros, difíciles, sacrificados, montar un espectáculo como el de estos «grandes Peques» merece todos los elogios, pues además de cantar con mascarilla, trabajaron la excelencia del canto coral con un montaje que nos dejó sin palabras. Una puesta en escena sobria, con las luces adecuadas, entradas y salidas perfectamente coreografiadas por la maestra Elena, medias alternando gris y rojo, expresión corporal en todas las componentes (abrumadoramente femeninas como nuestro presente y futuro), cambios de posiciones para cantar en todas las permutas y combinaciones posibles, el piano puntual siempre en su sitio de Maite García, la utilización de la percusión tanto corporal como con «boomwhackers» rítmicos armonizados con estas voces celestiales de afinación pluscuamperfecta donde las campanas no solo daban el tono sino que creaban el ambiente para cada número de un programa que las notas al programa de Violeta Rubio describen punto por punto contando esta historia que quiero dejar aquí:

«Hoy os queremos acompañar en una historia que comenzó hace mucho, mucho tiempo, cuando aún no había nada. Oímos cantos celestiales que nos suenan antiquísimos, Past Life Melodies, como si pertenecieran a una vida pasada, todo estaba oscuro y de repente… se hizo la luz. El Sol con su fuego lo iluminó todo, O nata lux, luz nacida de luz que ilumina todo lo que nos rodea y nos permite ver, por primera vez. El fuego no solo nos dio luz, también trajo el calor y nos llenó de energía y así es como sentimos el Fervor, un abrazo que nos rodea el alma. Luego tuvimos el agua y en ella nacieron las primeras formas de vida. En este elemento, muchos animales como nuestra pequeña foca de The Seal Lullaby tienen su hogar y refugio donde dormirse acunados por las olas del mar. Pero el agua también se evapora, y entre las brumas de la tarde, la lluvia cae con Murasame y algo que no habíamos visto nunca, comienza a florecer. La tierra también se llena de vida: bosques, praderas, desiertos, montañas y un habitante que va a ser capaz de adquirir el Gnothi Safton, el conocimiento necesario, para habitar en cada uno de ellos: el ser humano. El tiempo va pasando y el humano envejece también, experimenta sensaciones nuevas, pero no sabe qué son ni como describirlas… ¡sentimientos! y cuando ya es anciano en On suuri sun rantas recuerda la primera vez que las lágrimas rodaron por sus mejillas. ¡Algo tiene que cambiar, uno no puede llorar solo! Y entonces conquistamos el aire. Aprendimos a hablar, a comunicarnos, a describir nuestro alrededor. Ahora puedo contarte que, bajo el sauce, Under the Willow, no se oye apenas ruido y mi amor descansa con sus cabellos mecidos por el viento. O que, aunque tenga miedo, siempre me quedará la esperanza, Zai Itxoiten, como una mariposa blanca que volando ilumina mi camino. Todo está oscuro otra vez, pero… ¿qué es eso que suena? Parece que son de nuevo esas antiquísimas melodías celestiales, Past Life Melodies, que en su viaje han unido los cuatro elementos, aunque ahora que ya nos sabemos la historia, estamos listos para unirnos a cantar con ellas«.

Palabras que expresan la música, los sentimientos, desde la penumbra inicial y un silencio sobrecogedor con la entrada por los laterales cantando de Past Life Melodies (Sarah Hopkins), mientras Elena Rosso marcial en el centro controla las voces en distintas disposiciones, murmullos, notas tenidas,  círculos y líneas de geometría coral, los «cachorros» entrenados, la disciplina desde el juego y las emociones que saltan como la luz, O nata lux (Richard Ewer), maravillosas armonías, empastes increíbles, la pureza a capella y el Fervor na brétema (Javier Fajardo), campanadas de vida, vibraciones maduras para toda una vida por delante, la patada rítmica que reafirma delicadezas únicas, partituras memorizadas, interiorizadas, sentidas e interpretadas primorosamente.

No podía faltar Eric Whitacre, siempre inspirado para las voces blancas como en la nana The Seal Lullaby con un piano tan coral como las propias voces, lecciones de idiomas, compañerismo, solidaridad, entrega sobreponiéndose a las dificultades, esperanza coral de esta cantera dorada que es modelo a seguir.

En la misma línea de canto total con piano y mensajes claros el Murasame (The Mists of the Evening) (Victor C. Johnson) de espiritualidad oriental y lluvia musical que cala el alma. Los Peques muy grandes, impresionantes tubos sonoros mucho más que juguetes, y palmas tan celestiales como sus voces, Gnothi Safton (Jim Papoulis), de ritmo contagioso y matices increíbles, agudos perfectos con sonidos para un mundo mejor que realmente transmiten estas voces educadas, un «conócete a ti mismo» cantando y compartido, la mejor «autoayuda» porque no se puede pedir más.

Un viaje alrededor del mundo cantando y también con los escandinavos más cálidos, On suuri sun rantas autis (canción tradicional finlandesa en arreglo de Matti Hyökki, voces solistas de Claudia González Aitana Carnicero Peinado a quienes no importan las mascarillas para transmitir buen gusto, el coro escuela de vida arropado por las manos maestras de Elena Rosso.

Under the Willow de Stephen C. Foster, en arreglo de Susan LaBarr, canción de cuna bajo un sauce para un sueño hecho realidad, una siesta reparadora que despierta emociones, armonías de ángeles terrenales transportándonos al paraíso coral, seguida de otra obra que está en los genes de estos peques dorados, pasando de mayores a pequeños, herencia de esta familia dorada y unida,  Zai Itxoiten (Javier Busto), el euskera más musical del «padre espiritual» de los leones, esperando el nuevo día con la inocencia cantada desde la adolescencia que no puede expresarse mejor que con esta unión de letra y música del doctor Busto Vega recetando la mejor vacuna en tiempos de pandemia: su obra coral.

Cerrando el círculo de nuevo Past Life Melodies, melodías de vidas pasadas cantadas hoy, sabedores que hay mucho futuro por delante, esperanza vocal y humana de una juventud admirable con unas familias que transmiten y apoyan su afición. Si las palabras de Violeta Rubio son un cuento en sí, la historia cantada por Los Peques del León de Oro fue todo un espectáculo.

Moreno sigue recuperando al Spagnuolo

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Miércoles 14 de abril, 19:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo, Primavera Barroca, CNDM «Circuitos»: La Real Cámara, Emilio Moreno (violín y dirección): «Bolonia 1708». Obras de Francisco José de Castro ‘Spagnuolo’ y G. Torelli. Entrada: 15 €.

Tras un año pude volver al ciclo «Primavera Barroca» dentro de los circuitos del CNDM, habiéndome perdido los dos primeros por agotarse rápidamente las pocas localidades a la venta (no hay abonos) y el aforo está aún más reducido en esta sala de cámara del auditorio ovetense, pero siempre de agradecer recuperar la música en vivo, el siempre cautivador barroco, y nada menos que un día después de Les Arts Florissants con el histórico William Christie, esta vez con otra leyenda viva de la música barroca en España como es Emilio Moreno al frente de La Real Cámara.

Si el norteamericano casi francés está sacando a la luz muchas joyas desconocidas, el madrileño afincado en Cataluña no es menos, defendiendo y descubriendo autores nuestros como el sevillano Francisco José de Castro (ca. 1670-1723?) muerto en Italia, apodado El Corelli español pero más conocido allí como ‘Spagnuolo’ que en este programa Emilio Moreno lo emparenta acertadamente con el veronés Torelli, quien evidentemente tiene más cercanía e influencia, casi un modelo a seguir, y con la peculiaridad de tener al oboe y la trompeta como solistas.

La formación de La Real Cámara estuvo integrada por el propio Emilio Moreno en la dirección y el violín junto a Enrico Gatti, más los solistas de oboe Rodrigo Gutiérrez y trompeta Ricard Casañ, además del continuo con Mercedes Ruiz al chelo y los hermanos asturianos Pablo Zapico (guitarra y tiorba) y Aarón Zapico (clave).

Tras unas palabras del profesor (quien dio una conferencia previa) y auténtica leyenda en el barroco español, explicando porqué figura la autoría de estos ocho conciertos opus 4 de Castro publicadas en 1708 durante su estancia en Brescia (antes de partir a Florencia y Roma) como Accademico Formato, estando perdidos los primeros (esperando algún día se recuperen) y emparejadas con las de Torelli, más una breve semblanza del músico español bien formado en la Italia aristocrática y culta de los Médici, pudimos escuchar estos conciertos breves donde comprobar la evolución artística del sevillano, movimientos lentos casi como recitativos preparando los rápidos para lucimiento del oboe o la trompeta, incluso el último, bisado, con ambos instrumentos de viento. Compositivamente no se puede negar una evolución hacia el estilo italiano en estos yo diría que bocetos o apuntes, donde los solistas suelen ser contestados por el violín que hace de hilo conductor en todos ellos, y la alternancia típica de aires y matices, con indicaciones precisas en los propios títulos de los conciertos.

La interpretación estuvo bien equilibrada en las sonoridades a pesar del poderío de la trompeta que se mantuvo en un plano apropiado, con los «gallos» traicioneros pero manteniendo el tipo en unos movimientos virtuosos que probablemente con un cornetto hubiesen sido casi imposibles pero hubiesen ayudado a un mejor empaste y en especial en el Concerto ottavo à cinque: tromba, oboè, due violini e basso en re mayorRicard Casañ, salió airoso igualmente en  Torelli (Concerto per la tromba «Estienne Roger 188» en re mayor, ITG 21) aunque estamos más acostumbrados a la sonoridad de la trompeta piccolo menos «arriesgada» y traicionera que la natural. Bien al oboe Rodrigo Gutiérrez, que hubo de lidiar con pasajes virtuosos exigentes en contraste con los lentos bien «cantados».

El «ensemble» también se lució sin los vientos, calentando como los instrumentos a lo largo de la hora de concierto, siendo clara la mayor enjundia de Torelli (Sinfonia à tre: due violini, violonchelo e basso en do mayor, op. 5 nº5) frente a un Castro al que debe seguir reconociéndosele en esta faceta de humanista bien formado, donde la música estuvo presente en su vida como compositor, violinista, pero también teólogo y traductor al latín e italiano de los textos de los autores místicos españoles del Siglo de Oro, tal y como el maestro Moreno comentó al inicio y escribe en las notas al programa, quien sigue recuperando patrimonio español como pudimos comprobar en el verano de 2018 además de seguir enamorado de Boccherini y por supuesto de su Bach, que le mantiene joven y activo.

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