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Estrenos matutinos

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Domingo 15 de agosto, 12:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, «El jardín de la música»: María Heres (mezzosoprano), Mario Álvarez (piano). Obras de: Schubert, Wolf, Fauré, García Abril, Guastavino, G. Ordás, Gounod, Sait-Saëns, J. Serrano y G. Giménez. Entrada libre (previa reserva telemática).

Enredando con los refranes, «a mal tiempo buena música» y aunque el orbayu carbayón obligó a cambiar los jardines del museo por el patio de columnas, continúa la programación de la capital asturiana dentro de su ciclo «Oviedo, Origen del Camino» y no podíamos faltar esta mañana llena de emociones por asistir a otro estreno de mi admirado Gabriel Ordás pero sobre todo al debut en solitario de la querida María Heres a quien sigo desde sus comienzos, la «Cantera de La Castalia» que sigue demostrando el talento asturiano con estos ejemplos a modo de pequeña muestra. Ahí estaban muchos de los compañeros de María y sus orgullosas profesoras con Begoña G. Tamargo disfrutando y «sufriendo» como sólo las maestras de canto saben, recogiendo sus enseñanzas de la mejor forma posible: un concierto. El público completó el aforo, aún más reducido por las medidas ante el Covid y respondió con merecidas ovaciones a cada página, premios para unos intérpretes que hicieron las delicias en horario siempre difícil para los recitales, habiéndose aclimatado como el entrenamiento de los deportistas en competición.

Programa de altura en este debut de la mezzo pixueta donde hubo de todo: la llamada canción de concierto, ópera y zarzuela, con un Mario Álvarez impecable en cada página, pianista coprotagonista en las primeras canciones, virtuoso en las obras de Ordás, que merecen capítulo aparte, y la orquesta lírica con esas reducciones orquestales al piano que parecen imposibles y sólo los grandes profesionales como él saben afrontar. Siempre mimando la voz, entendimiento obligado y entregado con María Heres, brillando con luz propia desde un plano compañero y privilegiado de compartir estos estrenos desde su posición.

Con puntualidad británica sonaría Erlkönig de Schubert para despertar emociones desde las primeras notas del piano y el poderío de María Heres, el lied alemán tan bien trabajado y sentido, al igual que Verborgenheit (H. Wolf) en la línea de expresividad y entrega musical a la poesía, piano y voz protagonizando dos páginas alemanas que muestran la evolución de la forma y la de la mezzo a lo largo de estos años.

Si el lied es prueba de fuego para los cantantes, la chanson francesa examina la dicción siempre complicada para todos los cantantes no parlantes, pero el trabajo en los idiomas es parte importantísima en la formación lírica, y María Heres es una alumna sobresaliente, dejándonos dos ejemplos de belleza indescriptible en escritura y ejecución: Tristesse (Fauré) y À Chloris (R. Hahn), el piano que viste a medida la voz y la melodía dramatizada de dos poesías que la música eleva a obras de arte como las que rodeaban el escenario.

Continuaría la lección de idiomas con dos tributos, al recién desaparecido García Abril, ligado igualmente a «La Castalia» con su Camiño longo (de las «Canciones Xacobeas«) en este año especial, y el grandísimo Guastavino cuya Pampamapa puso la piel de gallina por la entrega interpretativa, el piano rítmico y único del argentino con la voz poderosa e íntima, Álvarez y Heres en tándem campeón con una de las primeras cimas de la mañana, y que bisarían al final.

Excelente primer bloque con obras elegidas a la perfección para una voz que enamora, potente y nunca estridente, afinada y bien colocada, técnica para dominar cada partitura con una musicalidad innata, más un color homogéneo en toda su amplia tesitura como demostraría más adelante.

El «intermedio» pianístico siempre necesario en los recitales, sirvió para gozar con las músicas de Gabriel Ordás (1999), quien explicaría previamente el germen de ellas, el estreno de «Consonancias» y sus Transparencias, preciosismo cargado de virtuosismo al que Mario Álvarez dio vida, proceso creativo de pintor musical, bocetos que van delineando formas y coloreando con su característica paleta compositiva que bebe de tantas fuentes de inspiración, casi tantas como la ejecución y escucha de esta obra preciosista.

Vendrían después cinco de las «MiniMiniaturas» que así tituló Ordás estas instantáneas pianísticas de corta duración y grandeza en escritura, delineadas con trazo firme, sonoridades del piano bien logradas por Álvarez, reflejos diarios en tiempos de pandemia, Unicornio onírico de raíz astur, Etéreo el contacto del piano con el aire, Montaña de cimas y valles tan poderosas como las notas, Starship auténticamente galáctico y Amor sin más, todas paisajes interiores, juguetes de un talento desbordante y aparente facilidad que esconden complejidades interpretativas solventadas con la profesionalidad y arte de Mario Álvarez.

Y si la llamada canción de concierto es exigente para la voz, no digamos las arias y romanzas siguientes,  primero ópera francesa que para María Heres supone su «aria de confort» por dominio escénico, lingüístico e interpretativo más la orquesta pianística del maestro Álvarez: Faites-lui mes aveux de «Fausto» (Gounod) y sobre todo Mon coeur s’ouvre à ta voix de «Samson et Dalila» (Saint-Saëns), dramatismo concentrado, sentimiento a borbotones, expresión total de un aria que ya es suya, intensidad emocional y vocal con «el piano imposible» que sólo un repertorista conocedor puede amoldar al concierto.

Defendiendo nuestra zarzuela, con la calidad y dignidad que tiene, interpretada sin complejos, con gracejo y poderío, dos pequeñas muestras muy grandes de nuestro género, ¿Qué te importa que no venga? de «Los Claveles» (J. Serrano), total control de la escena para una mezzo ya madura, asentada, dominadora de la situación, entregada, y la alegría desbordante de La tarántula, el famoso Zapateado de «La tempranica» (G. Giménez), verdadero trabalenguas vocal y rompededos pianístico que Heres y Álvarez interpretaron con una frescura digna de elogio tras todo lo que llevaban hasta ese momento.

Comentaba anteriormente que la ópera francesa es ideal para el color vocal de María Heres, y así lo demostró en su propina con la famosa Habanera de «Carmen» (Bizet), profesionalidad a raudales, musicalidad desbocada para esta Mujer con mayusculas libre, enamorada y entregada, la gitana en el cuerpo de la asturiana, amor y entrega por la música con una voz privilegiada que continúa su formación dando pequeños pasos que en su profesión la llevarán a las alturas.

Ovaciones cerradas, emociones variadas en familia, compañeros, profesores, amigos, melómanos, y el bis de Guastavino pusieron este regalo de María en nuestros corazones para estos estrenos matutinos que dejarían despejado un día prometedor.

ENHORABUENA.

Mutaciones al atardecer

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Sábado 14 de agosto, 20:00 horas. Iglesia de Santa María de Valdediós: «Atardeceres en Valdediós» (Círculo Cultural de Valdediós), Ciclo El flujo de la identidad: «Mutaciones«, segundo concierto: Olalla Alemán (soprano) – Daniel Zapico (tiorba). In partita variate -La variación como elemento de composición durante el Barroco-.

Dos días seguidos acudiendo al conjunto monástico cisterciense de Valdediós casi en peregrinación musical de Xacobeo astur, esta vez para acudir al segundo concierto de un ciclo inspirado en la Pandemia, siempre temáticos los atardeceres organizados por la asociación que preside desde hace 13 años el doctor  Martín Caicoya, que presentó el concierto, poesía y música en una iglesia que mejora notablemente el entorno la y acústica del antiguo salón de actos, apostando por intérpretes de renombre ligados, además de suficientemente conocidos, a nuestro Principado melómano, ofreciéndonos a dúo estas «mutaciones» ya con recorrido en los duros tiempos de pandemia, un repaso de obras y compositores barrocos que se están convirtiendo en grandes éxitos de público y ventas, repertorio que no pasa de moda ganando cada vez más adeptos.

La soprano murciana especializada en la mal llamada «música antigua» y el virtuoso tiorbista langreano que ya tiene en el mercado un CD en solitario (AuMonde) de sello propio, prepararon un bellísimo programa con intervenciones solistas de Daniel intercaladas para el siempre necesario descanso vocal de Olalla, excelsa combinación de virtuosismo a cargo de estos intérpretes que son referentes internacionales en este repertorio, pasando a comentar lo vivido este atardecer nublado aunque haya dejado el vídeo del concierto ofrecido en Aledo dentro del Festival ECOS de Sierra Espuña el pasado octubre para disfrutar con estas obras.

Tras unas palabras de Daniel Zapico explicando las obras de comienzos del s. XVII con el creciente interés por comunicar emociones a través de la música, la voz como el gran instrumento, contribuyendo al abandono progresivo de la polifonía y surgimiento de la monodia acompañada en las obras vocales seleccionadas, este nuevo estilo de composición fortalecería la relación entre música y texto, volviéndolos sumamente interdependientes.

Precisamente el puente estilístico entre el Renacimiento y el Barroco lo representa como nadie Claudio Monteverdi (1567-1643), del que escuchamos Laudate Dominum in sanctis eius (Selva morale et Spirituale), la importancia del latín sacro que la música eleva a espiritualidad. La reverberación de la iglesia dotó de buena sonoridad a la tiorba y la proyección vocal, aunque dificulte precisamente entender correctamente los textos, pero la belleza del timbre y amplitud de registros de la murciana suplió esas mínimas carencias acústicas.

Manteniendo ese clima de religiosidad con el telón de fondo del hermoso retablo de Manuel González Manjoya (en 1749), Giovanni Felice Sances (ca.1600-1679) y su Stabat Mater dolorosa (Civico Museo Bibliografico musicale di Bologna) cerrarían este inicio espiritual que marcaría las pautas del gran barroco vocal y camerístico.

Los madrigales de Claudio Monteverdi son una delicia en la lengua de Dante para cualquiera de sus formaciones, germen de la ópera por ser como microrrelatos de una bellezaa infinita, casi arias los dos que escuchamos en la voz de Alemán, Ecco di dolci raggi y Quel sguardo sdegnosetto (Scherzi musicali cioè arie et madrigali), con su recitativo y la tiorba «redonda», una lección armónica de acompañamiento con un instrumento nacido en esta época precisamente para acompañar la voz, añadiendo a los laúdes las cuerdas graves que dan mayor corporeidad al instrumento y el perfecto ropaje madrigalesco, como explicaría de nuevo el profesor Don Daniel al finalizar este primer bloque.

Primer «intermedio» instrumental de Zapico engarzando la Toccata Terza del italiano Giovanni Girolamo Kapsperger (ca.1580-1651), conocido allí como Il tedesco della tiorba, con nuestro Gaspar Sanz (1640-1710) y sus  famosas Españoletas (Instrucción de música), formas de ida y vuelta, bautizadas en Italia y traídas a España desde donde pasarían a Hispanoamérica, inconfundibles y habituales del instrumentista asturiano que siempre resultan emocionantes por su intención y sentimiento, aún más rotundas en la tiorba por sus graves y resonancia que las tocadas generalmente con guitarra barroca, para abrir paso de nuevo a la voz con el gran Sebastián Durón (1660-1716) y su «cantada a solo» Mas, ay, que el llanto y la tristeza, forma hispana para disfrutar en la interpretación de este dúo, fusión de aires cercanos al Mediterráneo y Cantábrico con una música muy sentida en perfecta comunión.

En el tramo final Tarquinio Merula (1595-1665), Canzonetta Spirituale Sopra Alla Nanna (Canzonetta spirituale sopra alla nanna ‘Hor ch’è il tempo di dormiré’), virtuosismo vocal y delicadeza instrumental en perfecto empaste, tempo lento al que la acústica afecta menos aumentando la sensación sonora de esta obra mayor del cremonense. Últimas palabras de agradecimiento y tras el puente instrumental, nuevamente Kapsperger, Villan di Spagna (Libro IV d’intavolatura di chitarrone’), imprescindible en los conciertos donde esté Daniel que como suelo decir, borda este repertorio dotándolo de esa sonoridad tan especial en su tiorba universal, recomendando de nuevo escuchar su disco en solitario.

Dúo de cierre con Benedetto Ferrari (ca.1603-1681) cuyo Amanti io vi so dire (Musiche e poesie varie à voce solo, libro terzo) como bien titula la colección, fueron música y poesía para Alemán y Zapico, dos compases de acordes que dan para mucho, mutaciones de atardecer en el valle de Boiges (Puelles) con la tiorba rítmica arropando y complementando la melodía vocal poderosa, delicada potencia bien entendida, ornamentos y magisterio a dúo que, como escribía en las notas al programa el asturiano (que dejo a continuación), nos dejamos llevar y disfrutamos del concierto.

 

El espejo del tiempo

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Viernes 6 de agosto, 20:30 horas. Iglesia de Santa María de Valdediós: X Ciclo de Órgano de Villaviciosa. Matteo Bonfiglioli (órgano). Obras de: Baguer, Cabanilles, Correa de Arauxo, Fernández Palero, Bonfiglioli, Merulo, Frescobaldi y Baldrati. Entrada libre por inscripción.

Tercer concierto de este décimo ciclo en el órgano de Valdediós con el italiano Matteo Bonfiglioli (Bologna, 1977), que organizaría las obras cual juego de espejos como bien explicó en la presentación Susana G. Lastra, nueve obras con el eje central del propio organista compositor, desde el Renacimiento pasando por el Barroco y el Clasicismo de las dos caras del programa, España e Italia, mostrando la versatilidad de un instrumento barroco en el que un programa bien elegido suena todo atemporal sin perder nunca las esencias musicales. Si además contamos con una climatología más benigna que la pasada semana, la ayuda inestimable en la registración de la propia Susana en las páginas más complejas, y lo bien que se comportó el BIC (no la marca de bolígrafo sino el Bien de Interés Cultural, como dice la Fundación Cardín en sus Tweets), el nivel del ciclo ha subido otro escalón de excelencia.

Arrancaba este concierto con música española comenzando con el catalán Carles Baguer (1768-1808), Carlets ya predestinado al órgano desde la pila bautismal, seguidor de Haydn como demuestra en sus 17 sinfonías, aún sin publicarse las grabaciones, obras poco escuchadas y agradecidos que deba venir un organista italiano a «desempolvarlas» precisamente en Valdediós. La Sinfonia III (Allegro moderato – Minuetto – Adagio. Larghetto [con variaciones]) es fiel tributo a la forma clásica y ejemplo del poderío orquestal que tiene el llamado «instrumento rey», más regio aún en esta joya de instrumento explorando registros casi sinfónicos, complejidad en la elección de los mismos, siempre excelente para poder reflejar la riqueza tímbrica de esta sinfonía, y limpieza en la ejecución de Bonfiglioli comprobando ya la salud del instrumento de la Iglesia de Santa María.

De nuestra época dorada no podía faltar Juan Cabanilles (1644-1712) con la Corrente italiana que sonaría perfecta en su totalidad, digitación esplendorosa y los mejores registros del instrumento barroco para esta  obra; y otro tanto a favor con Francisco Correa de Arauxo (1584-1654) del que el Tiento de medio registro de baxon de duodecimo tono – XLIX (Facultad orgánica, Alcalá 1626) sacó al aire la tímbrica ideal, sin alardes y plenamente cristalino; para cerrar este viaje en el tiempo español, el poquísimamente escuchado maestro de la Capilla Real de Granada durante más de 40 años, Francisco Fernandez Palero (1533 ca.-1597), quien firmaba con su segundo apellido, Palero, y cuyo Ave mari[s] stella es una pequeña muestra de su buen oficio compositivo e interpretativo, destacando ya en la primera publicación española de tablatura, «Libro de cifra nueva» (Alcalá, 1557) compilado por su contemporáneo Luis Venegas de Henestrosa, aunque con una vida al menos curiosa por los continuos enfrentamientos con sus superiores eclesiásticos. La música ayuda a purgar pecados y la dedicatoria mariana supongo que fuese una penitencia bien aceptada, absolución del organista boloñes de nuevo perfecto e impecable en ejecución y registros que lucieron celestiales.

Ya en el eje ítalo a modo de bisagra Matteo Bonfiglioli (1977) con su particular tributo propio usando dos formas muy hispanas como la Pavana e Gagliarda del Cucco (2020) con un poco di improvvisazione, historia organística con la visión del intérprete y compositor, increíbles combinaciones de timbres para un regalo musical que volvería a manifestar la buena salud del órgano ibérico de Valdediós exigiéndole gran esfuerzo del que no se resintió, «pulmones» a pleno rendimiento preparando el desdoble cronológico de este juego de espejos tubulares.

Dos grandes compositores bien elegidos para el sonido de la joya de Valdediós: primero Claudio Merulo (1533-1604), La Palma (Libro secondo di canzoni d’intavolatura d’organo […] a quattro voci, fatte alla francese, Venezia 1606), la polifonía bien construida que cuando la digitación es tan precisa como la del Señor Matteo, permite reconocer y disfrutar la individualidad desde el conjunto, registros partidos y riqueza compositiva; después Girolamo Frescobaldi (1583-1643), la Fantasia Ottava sopra tre Soggetti (Il primo libro delle fantasie a quattro, Milano 1608), virtuosística con el «rubato» justo, la intencionalidad exacta y una interpretación de altura.

Para ir cerrando este círculo en espejo, una danza anónima del XVIII que siempre anima el espíritu, una Tarantella curativa, con los tubos más pequeños en la parte rápida sin perdernos ni una nota pese a unos agudos casi imperceptibles, y los plenos para la parte central de este baile eterno y mágico, más un final pletórico del para mí desconocido Giuseppe Baldrati (ss. XVIII-XIX), cuya Overtur per l’Organo, gracias a una explosión de registros consiguió el salto en el tiempo bien soportado por el «restaurado Grenzing», del que un órgano romántico habría hecho un castillo de fuegos artificiales pero que con el magisterio de Bonfiglioli logró una pirotecnia artesanal bien llevada a esta fiesta del órgano, verdadero espejo del tiempo que brilló como nunca.

Quiero destacar la buena realización en la proyección que permitió ver el inconmensurable trabajo de los registros y la digitación exacta del maestro italiano, con un uso del zoom adecuado a cada momento, y por supuesto al público que tiene sed de la música en directo, ama el órgano, peregrina hasta Valdediós y demuestra que la cultura es segura, aplaudiendo cada obra pese a las advertencias previas de esperar al final para no romper la unidad, pues sigue siendo soberano y agradece el regalo musical además del esfuerzo de los organizadores de este ciclo plenamente consolidado en el verano astur que finalizará el próximo viernes con la propia Susana G. Lastra en «su órgano», esperando seguir contándolo desde aquí.

Pecados operísticos

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Jueves 29 de julio, 20:00 horas. Iglesia de Santa María La Real de La Corte: Oviedo, Origen del Camino. Esplendores Sonoros: Ana Nebot (soprano), Arkaitz Mendoza (órgano). Compositores operísticos y música sacra. Entrada gratuita (previa reserva).

Último de los tres conciertos en La Corte dentro de la programación ovetense veraniega con el dúo Ana Nebot y su «habitual» Arkaitz Mendoza que cambió el piano por el órgano barroco (aunque no todas las partituras), con un repertorio que podríamos titular de «pecados operísticos» al seleccionar a compositores que se acercaron a la música sacra en distintas épocas desde el barroco al pasado siglo.

Pero el rey de los instrumentos barroco, salvo dos intervenciones en solitario del repertorista vasco, el Tiento en fa de Correa de Arauxo (casi irreconocible y falto de mejor ornamentación) y la Fantasía cromática de Sweelinck (algo borrosa en sonoridades y ejecución), no es romántico y carece del pedal de expresión, si bien podría haber hecho del acompañamiento una «orquesta de tubos» o al menos haber trabajado con más variedad los registros, pues las reducciones orquestales para piano no suenan igual al órgano, obligando a esforzarse en demasía la soprano carbayona, que hubo de obviar a menudo los matices originales ante las limitaciones del instrumento. La afinación del instrumento restaurado por Grenzing a 415 Hz. tampoco es la habitual para los cantantes no especializados en repertorios históricos, que no brillan tanto como con orquesta, y menos la reverberación del templo de la plaza de Feijóo, demasiados hándicaps con los que hubo que bregar «La Nebot», así como poco ideales las obras elegidas con ese acompañamiento, aunque todo ayude a una mayor proyección de la personal voz de la soprano que pareció mostrarse más cómoda hacia el final del concierto.

De los grandes operistas abría este concierto sacro el aria de «El Mesías» (Haendel) How beautiful, donde mis temores al comprobar previamente el repertorio comenzaron a salir a flote. Al menos Vivaldi parecía más adecuado con sus motetes Nulla in mundo pax, RV 630 y Ostro picta, armata spina, RV 642, tal vez algo precipitados de tempo para los virtuosísticos pasajes de agilidades forzadas y volúmenes en el órgano poco adecuados.

Mejor el Vidit sumus del «Stabat mater» (Pergolesi) precisamente por su escritura de acompañamiento más apropiada al aerófono, el aire contenido y el color de la soprano ovetense. En cambio Tu virginum del motete «Exsultate jubilate», KV 165 (Mozart) no aguantó tan bien el paso de la orquesta al piano que el órgano precisamente por la escasa riqueza en los registros enturbiaría la belleza de este número previo al Aleluya final (que no escuchamos). Al menos la religiosidad luminosa de Haydn nos transportó con el aria de Gabriel Und Gott sprach… Nun beute… del oratorio «La Creación» que tiene ese color carnoso ideal para la voz de Ana Nebot.

Uno de los grandes compositores de ópera como Rossini no dudaría en acercarse a la música sacra como «un pecado de vejez» y su «Petite Messe Solennelle» es una de esas joyas de las que el O salutaris (que no suele formar parte de la Misa) resulta ideal para el lucimiento de las sopranos incluso solo con piano. Hubiese sido una solución mantener todo el programa en ese formato de recital pero la apuesta por el órgano no creo haya sido la opción correcta pese a la belleza de las obras.

Así lo sentí con los tres Ave María elegidos para concluir el concierto alterando el orden programado como hizo saber de viva voz la propia Ana Nebot, quien añadió que se podía aplaudir cuando quisiéramos dado el silencio sepulcral hasta entonces. Comenzó con el de Gounod sobre el primer preludio de Bach, después el verdiano de «Otello» y  finalmente Mascagni del conocido intermedio de su ópera «Cavalleria Rusticana» con letra de Piero Mazzoni. Tres conceptos operísticos distintos que si bien el primero estamos acostumbrados a escuchar en las iglesias con órgano o piano en muchas ceremonias sin ser parte del ordinario de la misa, aunque muy agradecido por todo el público que al fin rompió su contención; mejor el operístico con órgano y casi imposible de reconocer el último por un instrumento desfigurado en su acompañamiento.

Lástima no haber escuchado a la soprano de casa al piano con el mismo Arkaitz, puesto que la calidad quedó empañada por esta apuesta fallida, al menos eso creo, pero aplaudir como siempre el trabajo y entrega de Ana Nebot ante su público fiel.

Aprendiendo sobre las tablas

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Lunes 26 de julio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala Principal, La Castalia: Concierto de Clausura del VI Taller Internacional de ópera y zarzuela. Entrada gratuita.

Dice el refrán «muriendo y aprendiendo» sin entender de estaciones, vacaciones ni edades. La asociación cultural La Castalia lleva casi 20 años formando voces desde Oviedo como aquella de 1871 con Víctor Sáenz dirigiéndola, antecedente del actual Conservatorio de Música, y que en 2002 con la profesora de canto Begoña García-Tamargo renacería cual ave fénix para continuar una tarea docente de perfeccionamiento y promoción de los cantantes líricos formados en Asturias sin olvidarse de impulsar la creación musical de nuestra tierra, verdadera cantera de talento recogido tras una larga historia de todo tipo de actividades vocales e instrumentales sembradas en los teatros y sociedades filarmónicas de la región.

Es un placer ver el crecimiento de la propia asociación y del nivel que se alcanza en cada curso y taller a lo largo del año, voces jóvenes que comienzan junto a veteranas siempre en formación, comprobar cada concierto final cómo progresan las promesas, el avance de las maduras que no tiene fin, el retorno de profesionales que quieren actualizar y perfeccionar nuevos repertorios o pulir los ya estudiados.

El claustro va ampliando áreas siempre en pos de la mejor formación lírica que va más allá del canto o la fonética, con el tándem Begoña García-Tamargo y Ana Cristina Tolívar desde los inicios. Dos pianistas de repertorio con larga trayectoria en el acompañamiento como Mario Álvarez y Yelyzaveta Tomchuk, sumando para este nuevo taller la escena lírica con Arantxa Atutxa, el análisis musical con Mª José Collazos, la fisioterapia con Mario Bueno y el último fichaje de Priscilla Ortiz en expresión corporal. Experiencia profesional que da el conocimiento real y verdadero para volcarlo con un alumnado mayoritariamente femenino donde conjugar juventud y veteranía, madurez precoz junto a la evolución por el camino correcto, con un repertorio de altura llevado a la escena, con vestuario y el mínimo atrezzo suficiente, al que se sumó la actriz Marina Cañada, para pisar las tablas de un auditorio que siempre impone en su gran sala tras el ensayo del día anterior.

Citar las voces por tesituras: las sopranos María Fernández, Carmen G. Calviño, Lucía G. Casanueva, Andrea Mosteiro, Vanessa del Riego y Beatriz Vázquez, las mezzos María Heres, Andrea Rey y Eugenia Ugarte, el joven contratenor Mikel Malda y el tenor Juan Carlos Santos, que nos deleitaron durante dos horas dando lo mejor de ellos, con mejores o peores resultados pero con el esfuerzo del trabajo bien hecho, nervios contenidos o desatados que el directo examina y ayuda a corregir, bien arropados desde el piano por Mario y Yelyzaveta con esas reducciones orquestales que parecen imposibles de tocar, atentos a las voces eligiendo el repertorio adecuado para cada una de ellas, no solo arias o romanzas, también dúos y hasta haciendo coros, sin desfallecer para tantas partituras, tan distintas y tan exigentes como la parte vocal.

Imposible desmenuzar el programa que como se puede comprobar arriba, abarcó épocas, idiomas y estilos siempre buscando lo mejor de cada voz. Importantes los dúos para empastar, cantar y escuchar, como los conocidísimos Pur ti miro de «L’incoronazione di Poppea» (Monteverdi) y la Barcarola de «Los cuentos de Hoffmann» (Offenbach), disfrutando de la danza de Priscilla Ortiz sumada a la escena, que creció como Mikel Malda a pasos agigantados.

Arias completas como Parto, parto de «La Clemenza di Tito» (Mozart) donde Andrea Rey se mostró segura y convincente al igual que en su empastada Malika del Dúo de las flores de «Lakmé» (Delibes) con María Fernández, o una Carmen Calviño volcada con la muy comprometida O rendetemi la speme… Qui la voce de «I Puritani» (Bellini) que ya siente como suya pese a su juventud.

Interesantes los números de «La flauta mágica» (Mozart) para una Lucía Casanueva de Reina de la Noche aún con mucho recorrido pero valiente en su aria, junto a tres genios curtidas y adaptadas en sus roles «secundarios»  y el breve Tamino de Juan Carlos Santos con la reina reconvertida y más contenida como Pamina.

Destacar de la ópera la escena y aria de «Suor Angelica» (Puccini) con dos realidades maduras en perfecto entendimiento y entrega, Vanessa del Riego que nos puso el corazón en un puño y María Heres, una Zía Principessa a la altura dramática esperada que ojalá podamos disfrutarla en la Temporada de Ópera por estar aún inédita en el Campoamor.

No se olvidó la zarzuela, igual o más exigente que la ópera, con otro título inédito en Oviedo como «El gorro frigio» (M. Nieto) donde pudimos disfrutar tanto las partes habladas, siempre endiabladas de memorizar, proyectar y convencer, como de cantar, las escenas V y VIII con el García de Juan Carlos Santos simpático y completo en sus intervenciones, Lucía Casanueva (la bailarina) y Andrea Mosteiro (el Trompeta). Rescatada en Madrid «Cecilia Valdés» (G. Roig) escuchamos de esta zarzuela cubana la salida de la protagonista con el coro (de alumnos) y Beatriz Vázquez mejor Cecilia que mi querida y ensangrentada Lucía (bravo por Mario Álvarez haciendo toda la orquesta y donde la flauta encajó magistral con la soprano).

Un número siempre agradecido es el dúo de «Don Gil de Alcalá» (M. Penella), unas mañanitas bien empastadas de Andrea Mosteiro y Andrea Rey con coro de lujo, que bisarían todos, público incluido, y el cierre de concierto de «La Malquerida» del mismo compositor, donde la romanza Él va a venir de María Heres, bebiendo de la Bernarda vivida en Oviedo, y con el excelente acompañamiento de Yelyzaveta Tomchuk puso el broche por todo lo alto de esta mezzo completa que va haciéndose su sitio en el Campoamor con papeles menores que esta vez resultaron palabras mayores, profesionalidad, entrega, trabajo y pasión, la receta para triunfar y todo un ejemplo a seguir.

Desde mi fila 15 pude escuchar todas las voces bien proyectadas, técnica diaria que nunca toma vacaciones, distintos estados anímicos, partituras bien elegidas y defendidas con toda la ilusión para disfrute de un público que con todas las medidas de prevención sigue demostrando que «La Cultura es Segura», y amando la lírica en la capital del Principado, apoyando las voces de hoy mañana porque Oviedo merece la «Capitalidad Musical» de esta Viena del norte español.

Feliz cumpleaños barroco

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Jueves 8 de julio, 20:00 horas. Centro de Cultura Antiguo Instituto, XXIV Festival de Música Antigua de Gijón: «Birthday Baroque Party», Raquel Andueza & La Galanía. Entrada: 3 €.

La capital de la Costa Verde sigue siendo destino estival a lo largo de los años y dentro de su amplia oferta cultural no hay descanso tampoco en las vacaciones de verano, siendo su Festival de Música Antigua todo un referente consolidado incluso en estos tiempos de pandemia.

Con entradas agotadas para todas sus actividades, volvía al antiguo Instituto Jovellanos para disfrutar de un auténtico «guateque barroco» con una estrella mundial sin igual que sigue teniendo fans en todas las generaciones: Raquel Andueza y La Galanía celebrando 10 años como formación señera en un estilo cada vez más joven y con verdadero tirón allá donde van.

Recién llegados de otro evento veraniego que tiene mucho mérito, como es «Música en Segura«, y por donde han pasado también nuestros Forma Antiqva (que llenaron igualmente este recinto histórico el pasado lunes), este cumpleaños se suma a la celebración de la música antigua en Asturias, manteniendo el Concurso Internacional en la modalidad «on line» que con el Covid abrió un formato que ha venido para quedarse, a la vista del éxito. Felicitar a toda la organización con Eduardo G. Salueña al frente por el excelente trabajo al frente de un festival plenamente asentado que apoya igualmente al órgano asturiano (huérfano tras la desaparición del suyo propio), potenciando tanto la presentación de un libro imprescindible para todos los amantes del instrumento rey, como el órgano de Valdediós que mantendrá también su ciclo propio.

Esta fiesta de cumpleaños para la «formación galana» tuvo un programa a la medida de los más de quince mil seguidores que tienen en sus redes sociales, quienes eligieron sus obras favoritas del repertorio habitual. Como bien describen en su presentación, «… han sido las que conforman este precioso programa lleno de claroscuros barrocos, con las obras más apasionadas, divertidas, pícaras, dramáticas, amorosas, sensuales y bellas que hemos interpretado en estos diez años. Pasión, ternura, anhelo, ausencia, desgarro, esperanza… todo contado y cantado con una música que se subordina a la palabra de un modo casi servil y, desde luego, revolucionario en su época. Es el albor del barroco, una de las propuestas más audaces e innovadoras de la historia de la música, que empieza a desplegarse en la Italia de Monteverdi, Merula o Cavalli. Líneas intensas, tensión entre melodía y bajo y una disposición retórica que busca conmover al oyente, siempre bajo los principios de la seconda pratica. Raquel Andueza, una voz que se ha convertido en indispensable en el panorama de la música antigua mundial, propone con la complicidad de La Galanía un concierto en torno a la lírica amatoria del primer barroco español e italiano. Un programa que, tomando la pasión como urdimbre, se desarrolla como un auténtico diálogo amoroso: música en estado puro».

La soprano pamplonesa con La Galanía nos trajo a Gijón una auténtica fiesta barroca con el sello inconfundible de su voz y formación, esta vez un dúo de lujo con la tiorba de Jesús Fernández Baena y la guitarra barroca de Pierre Pitzl, disfrute vocal e instrumental en un repertorio propio que ha funcionado siempre, convirtiendo todas sus grabaciones en superventas. Con un público entregado, Raquel Andueza fue presentando esta «selección de bises» como ella misma lo definió, su voz natural capaz de contagiar alegrías y penas, con la dicción siempre perfecta que hace de los textos música en sí, en italiano o español, adaptando las partituras que le gustan y hace siempre suyas, y unas cuerdas en perfecta conjunción donde pude al fin escuchar en solitario a Pierre Pitzl con la cantante navarra, una Galanía íntima que entendió a la perfección este programa festivo que comenzaría con su primer hit Yo soy la locura de Henry du Bailly, sin olvidarse nunca de «Il Divino Claudio» que Andueza interpreta como pocas (hoy con «cuerda doble»), el gran operista Cavalli o esos anónimos algunos musicados por Álvaro Torrente que  ya recuperasen para «El baile perdido» y donde los textos (siempre grande nuestro Quevedo) son verdaderas joyas que siempre podemos degustar en la voz de la cantante de Iruña en todo su esplendor.

Bien elegidos los números instrumentales para el necesario descanso vocal y donde el juego rítmico y melódico del dúo Pierre-Jesús conjugó unas sonoridades redondas, de protagonismos compartidos y feliz entendimiento, desde las Marionas a las Folías, además de ser el ropaje ideal para el «fin de fiesta» donde poder morir a la española con la adaptación de Lully que Andueza ha hecho única e inimitable, la nana monteverdiana que acunó el atardecer barroco y la siempre agradecida «zarabanda del Catálogo«.

Y para este concierto de cumpleaños, la propina de su último éxito, una batalla de amor donde la elegancia erótica se vistió otra vez de zarabanda, música para disfrutar, textos para escuchar y interpretación entregada por un trío que puso la guinda a esta tarta barroca de La Galanía deseando larga vida, «y que cumpla muchos más» y poder seguir celebrándolo con ellos.

PROGRAMA:

Henry du Bailly (1590 – 1637): Yo soy la locura.

Claudio Monteverdi (1567 – 1643): Perché se m’odiavi.

Anónimo (siglo XVII): La Ausençia.

Santiago de Murcia (1673 – 1739) y Lucas Ruiz de Ribayaz (1626 – 1677): Marionas.

Francesco Cavalli (1602 – 1676): Vieni in questo seno.

Anónimos (siglo XVII): Arrojome las naranjicas en reconstrucción melódica de Álvaro Torrente (1963) y Vuestros ojos.

Ferdinando Valdambrini (fl 1646–7): Capona.

Claudio Monteverdi (1567 – 1643): Si dolce è’l tormento.

Con texto de Francisco de Quevedo otra reconstrucción melódica de Á. Torrente: Jácara de la Trena.

Jean-Baptiste Lully (1632 – 1687): Sé que me muero (de «El Burgués Gentilhombre»).

Gaspar Sanz (1640 – 1710): Folías.

Claudio Monteverdi (1567 – 1643): Oblivion soave.

Sobre texto anónimo del siglo XVII y reconstrucción de A. Torrente: Zarabanda del Catálogo.

Anónimo (siglo XVII): Cruda signora.

Un asturiano en el Festival de Granada

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Todo buen melómano que se precie debe acudir al Festival de Granada, al menos una vez en su vida, un peregrinaje obligado como pueda serlo para los wagnerianos Bayreuth, Lucca para los amantes de Puccini, o incluso hacerse una “Ruta Bach” cual viajes a tierras santas como el que realicé hace muchos años entre mis viajes vacacionales, donde evidentemente la música siempre está presente.

Por mi profesión docente siempre son malas fechas las “granadinas” al coincidirme todavía con clases y evaluaciones, pero hace ahora 10 años que se cumplió mi sueño de volver a esa ciudad mágica con tanta historia y tanto arte que la música adorna porque siempre ha estado presente.
Y nada mejor que poder vivir en primera persona el “estreno” de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi por una formación española, nada menos que mis paisanos asturianos de Forma Antiqva con Aitor Hevia de violín solista, que además grabarían para su sello discográfico los días siguientes en el mismo escenario.
Emociones a raudales desde la llegada a la capital, pasear por sus calles, las cervezas con tapas que alimentan para todo el día, la Catedral o la Alhambra siempre distintas en cada visita. Todo preparado, el viaje en el microbús hasta el Auditorio Manuel de Falla, recrearnos con tiempo de las vistas únicas al atardecer siempre irrepetible, el carmen del compositor gaditano cerrado, pero con todo el aroma del músico universal enamorado de este último reducto árabe tras una reconquista que comenzaría en mi tierra trece siglos antes.
Los músicos asturianos en pleno 2011 recrearían en jueves la festividad del pamplonica San Fermín “reconquistando” España con un concierto muy especial para todos, conocedores de lo que suponía esta cita compartida con ellos. Sorpresas agradables donde encontrarse caras conocidas ayudó a redondear una tarde inolvidable, incluso para mi esposa que estudió Psicología en Granada antes de “raptarla” para el norte.
De las emociones es difícil escribir, pero como compulsivo “bloggero musical” (o musicógrafo como bien dice mi admirado Luis Suñén) dejé constancia por partida doble de un evento que todavía recuerdo como si fuese ayer, aunque estos blogs ya estén “archivados” (al menos no caducan) y me pasase a otras plataformas:
La mañana siguiente nos regaló un viernes soleado para darnos un paseo hasta el Monasterio de San Jerónimo a escuchar en su basílica un luminoso Victoria de tinieblas con verdadera devoción a cargo de los barceloneses Música Reservata tras una cola liviana al compartirla con amistades y familiares almerienses que viajaron para estar con nosotros viviendo y disfrutando este nuevo concierto del festival que siempre supone un placer para todos los sentidos.
Imposible encontrar entradas para el Palacio de Carlos V donde sonaría Bruckner con Barenboim y la Staatskapelle de Dresde, pero felices de volver a la Granada siempre única, al Corral del Carbón como corazón del festival y manteniendo un pulso que en diez años ha cambiado tanto como el mundo que nos ha tocado vivir.
El pasado año a pesar del “bicho” que continúa dando guerra, vivimos desde casa gracias a YouTube© un festival distinto, que con la llegada de mi querido Antonio Moral a la gestión, le tocó bautizarse luchando contra los elementos, echándole un órdago convencido de ganar esta partida que ha sido espejo para tantos otros eventos musicales en todas partes, manteniendo buena mano para el juego de este 2021.
Las tecnologías evolucionan, ahora tengo el blog en WordPress© y la rapidez que antaño suponía mi recordado teléfono SonyEricsson© ha volado al pajarito azul de Twitter© o las fotos hasta Instagram©, pero Granada se mantiene firme, 70 años que dan para una enciclopedia en papel, toda una vida plena que espero volver a disfrutar cuando llegue mi esperada jubilación donde el calendario no será escolar sino plenamente melómano y los conciertos de junio y julio en la ciudad de La Alhambra sigan llenando mi mochila de viajes desde “Siana al mundo y con la música por montera”. Larga vida al Festival de Granada.
Mieres, a 9 de junio de 2.021

A la atención de María del Mar Peña, directora de “La Oculta Granada”, con todo mi afecto y amor hacia mi adorada Graná.

Coloridos vientos franceses

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Domingo 13 de junio, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio de Oviedo: Les Vents Français. Obras de Saint-Saëns, Hindemith, Mozart, Klughardt y Poulenc. Entrada butaca: 20 €.

La primavera va finalizando y con ella el curso académico así como las temporadas de conciertos, y este domingo festividad de San Antonio traía aires franceses en un programa camerístico a cargo de Les Vents Français, seis profesores y solistas de larga carrera unidos para este proyecto, concierto variado, ameno y que vuelve a recordarme el importantísimo papel que las sociedades filarmónicas han jugado en la educación musical de muchas generaciones de melómanos, el primer acercamiento a unas músicas que no solo forman sino que preparan el oído y la interpretación para las grandes obras sinfónicas. Tengo pendiente una entrada para testimoniar la influencia que esas sociedades han tenido en Asturias y que han convertido a Oviedo en la Viena española, una tradición que necesita varias generaciones para poder recoger los frutos que degustamos en todos los géneros, del camerístico al sinfónico, lírico con ópera y zarzuela, orquestal y pianístico, siendo muy apreciada y nunca suficientemente programada la música de cámara sin la que es imposible apreciar el resto y demasiadas veces el único camino de poder asistir y vivir con y por la música.

Les Vents Français comandados por «el flautista de Berlín» Emmanuel Pahud lo completan François Leleux (oboe), Paul Meyer (clarinete), Gilbert Audin (fagot), Radovan Vlatkovic (trompa) y Eric Le Sage (piano) se han convertido en firmes defensores y promotores de unas páginas que a menudo son la carta de presentación para formas mayores, y así quedó demostrado con los cinco compositores elegidos para este nuevo Concierto del Auditorio, conocidos y no tanto, aplaudiendo a los programadores que entienden perfectamente la necesidad de este repertorio para continuar sembrando y educando a una afición que no falla ni siquiera en tiempos de Covid. Me congratula además comprobar cuántos jóvenes músicos (muchos de mi Ateneo Musical de Mieres) disfrutaron con estos maestros del viento, espejo en el que seguir mirándose para una carrera con futuro.

Primera parte combinando formaciones y colores, increíble manejo compositivo y conocimiento de cada instrumento, para con estilos distintos pintar unas músicas siempre cercanas, interpretadas con la técnica asombrosa al servicio de la escritura por estos virtuosos.

Primero el francés C. Saint-Saëns (1835-1921) y su Caprice sur des airs danois et russes, op. 79 (1887), trío de maderas (flauta, oboe y clarinete) con piano jugando con aires daneses y rusos reconocibles para lucimiento de las cañas más un acompañamiento siempre agradecido del piano en feliz entendimiento, especialmente sentidas las intervenciones melódicas de los solistas y la luz nórdica de mi recordado Skagen vista desde el pincel musical del galo.

Un pequeño paso cronológico y grande de estilo con el alemán P. Hindemith (1895-1963) cuya Kleine Kammermusik  op. 24, nº 2 (1922) para quinteto de viento, dibuja un lenguaje casi sinfónico, atrevido e inspirado en los «clásicos» para una formación con tímbricas bien entendidas, incluso el guiño al flautín, matices delicados, protagonismos compartidos y la sonoridad redonda que suponen el fagot y sobre todo la trompa. Cinco movimientos (I Lustig. Mäßig schnell Viertel – II Walzer. Durchweg sehr leise – III Ruhig und einfach – IV Schnelle Viertel – V Sehr lebhaft) como acuarelas de trazo fresco enriqueciendo la anterior paleta francesa, delineadas con tinta china, una música de cámara que solo tiene de pequeña el título pues la interpretación fue grandiosa con estos cinco vientos vecinos capaces de soplar desde la leve brisa al huracán sonoro.

No podía faltar el genio de Salzburgo que escribió para todos los instrumentos de viento. W. A. Mozart (1756-1791) en el Quinteto de viento con piano en mi bemol mayor, K. 452 (1784) prescinde de la flauta para mostrar otra combinación de colores con el oboe en la tesitura aguda donde las teclas dan el soporte armónico y contrapuntístico con su firma única y reconocible, mientras cada instrumentista tiene el momento de gloria y lucimiento en los tres movimientos ( I. Largo – Allegro moderato; II. Larghetto; III. Rondo. Allegretto), paleta tímbrica a elegir y seguir por los compañeros de programa desde este clasicismo vienés como escuela compositiva cuyo movimiento central condensa todo el vendaval mozartiano de melodías bien retratadas.

Con un breve descanso para tomar aire y sin movernos  de las butacas esperando la segunda parte llegaría mi personal «descubrimiento» camerístico (aunque grabado por los franceses para el sello Warner): el alemán A. Klughardt (1847-1902) cuyo Quinteto de viento en do mayor, op. 79 (1898) me asombró por la técnica y gusto de esta composición, digna de seguirse con la partitura delante por las combinaciones de estos cinco instrumentos en todos los registros y colores, romanticismo académico lleno de volúmenes, inspiraciones de una musicalidad que estos virtuosos hicieron grande dibujando al detalle sus cuatro movimientos (I Allegro non troppo; II Allegro vivace; III Andante grazioso; IV Adagio – Allegro molto vivace). Largos y merecidos aplausos para una obra desconocida para la mayoría, que encandiló por su calidad y aparente sencillez, algo solo al alcance de unos pocos intérpretes.

Y nada mejor viniendo de Francia que finalizar con F. Poulenc (1899-1963) y su Sexteto para viento y piano, FP. 100,(1932-1939), verdadera joya camerística en tres movimientos que Les Vents Français convirtieron en lección magistral de música de cámara del pasado siglo todavía vigente y actual, colorida, dinámica, brillante, evolución de una escritura que avanza sin perder la línea, rindiendo tributo a un género ideal para experimentar con unas tímbricas y rítmicas explosivas llenas de dinámicas maravillosas, exigencias para los seis intérpretes ensamblados a la perfección en esta obra curiosamente editada en Dinamarca por la Editora Hansen (1945) como queriendo volver al punto de partida de este viaje europeo con escuela francesa.

Y un regalo devolviendo el placer de volver a tocar con público como presentó el trompista croata en un perfecto español, la «Gavotte» del Sestetto op. 6 del ítalo-austríaco Ludwig Tuille (1861-1907), otro «descubrimiento» de estos profesores para despedir una apacible tarde de domingo donde la tormenta musical tuvo su acompañamiento climatológico.

Farándula astur

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Miércoles 26 de mayo, 19:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: VIII Primavera Barroca (Circuitos CNDM). Farándula castiza, Forma Antiqva, Aarón Zapico (clave y dirección).

Llega a su fin esta primavera barroca con entradas agotadas y demostrando que la cultura es segura en tiempo difíciles para todos, donde la música nos ha mantenido vivos, y con todas las cancelaciones que ha habido,

España ha marcado diferencias. La formación que comanda el langreano Aarón Zapico no escapó a un calendario de fechas verdaderamente loco, perdiendo múltiples compromisos como el del Festival Halle en Alemania, donde iba a llevar el previsto A Pleasure Garden, pero la versatilidad de estos músicos y lo amplio de sus programas cambiaron los «perfumes» por su ya «rodada» Farándula castiza en Oviedo, con una formación camerística de cuerda y percusión afrontando sin complejos a músicos que son parte de la propia historia de «la familia Zapico», desde Santiago de Murcia a Nebra, pero también los Castel, Conforto, Corselli o la última incorporación de Baset, adelantándonos el propio Aarón Zapico que en agosto grabarán parte del archivo musical de la Catedral de Oviedo, continuando la apuesta por sacar a la luz y airear tesoros musicales que podemos y debemos presumir de ellos.

La farándula astur se organizó en tres «jornadas» con obertura y fin, además de dos propinas «marca de la casa», bien ordenadas para poder comprobar el nivel de esta formación al uso, combinaciones de todos los instrumentos de cuerda más las pinceladas de una percusión siempre discreta que lució especialmente en las castañuelas de los fandangos, como no podía ser menos.

Impecable el empaste y sonoridad de los violinistas Jorge Jiménez y Daniel Pinteño, igualmente maestros en estos repertorios, sumándose la viola de Jose Ángel Vélez y el contrabajo de Jorge Muñoz, unidos a este «Equipo Zapico» donde la canaria que llamo cuarta hermana (Ruth Verona)  sigue aportando con su chelo el plus a un continuo con los gemelos y el mayor de la estirpe de este trío langreano, perfecta fusión donde Andalucía se suma a nuestra tierra.

Si en el siglo XVIII Madrid era villa y descanso de la corte, la capital del Principado en el XXI es escaparate barroco desde donde exportar talento y mostrar un patrimonio único que Forma Antiqva lleva más de veinte años trabajándolo con valentía, profesionalidad, entusiasmo y originalidad en todas sus propuestas, desde el trío básico a grandes «ensembles». El tamaño medio fue el que trajo cerrando la primavera barroca ovetense en colaboración con el CNDM (hoy con su director Francisco Lorenzo entre nosotros, renovando el compromiso con estos Circuitos donde Oviedo sigue en la brecha), formación ideal para una selección de obras y autores que recrearon la música de la fiesta madrileña en nuestro salón de cámara carbayón.

Imposible desgranar cada etapa, cada jornada, cada partitura elegida, así que dejo arriba al inicio de la entrada el programa para hacerse una idea de las combinaciones entre iguales, tanto de los compositores que hicieron de España su patria como Forma Antiqva y todas sus variaciones desde Asturias.

Combinar una obertura operística de José de NEBRA (1702-1768) con el fandango de Bernardo ÁLVAREZ ACERO (1766-1821) es arriesgar nada más comenzar; emparejar dos sinfonías de José CASTEL (1737-1807) y Niccolò CONFORTO (1718-1793) todo un acierto (verdadera joya el andante francés de La Nitteti, 1756).

No podía faltar en esta fiesta madrileña el recuperado Vicente BASSET (1719-1764) que aparecería varias veces, pues sus sinfonías interpretadas por Forma Antiqva son otro monumento sonoro que tiene protagonismo per se.  Segunda jornada donde tampoco podía faltar el italiano más madrileño, Luigi BOCCHERINI (1743-1805) con su Trío para cuerdas en sol menor, op. 6, no 5, G 93 (1771) para deleitarnos con Jiménez, Pinteño y Verona en su Tempo di minuetto
contrastado con el Andante de Giovanni Battista MELE (ca. 1701-1752) perteneciente a su Sinfonía de Angelica e Medoro (1747), para convivir de nuevo con nuestro Fandango de Conforto y la «Apertura a más instrumentos» del citado Baset con ese presto final perfectamente ensamblado por los músicos.

Y si en Madrid convivían músicas, Forma Antiqva las revive, los hermanos Zapico con la percusión de Pere Olivé nos recordaron a Santiago de MURCIA (1673-1739) y sus Cumbees en el mismo plano de calidad que el invitado Conforto cuya Sinfonía de Siroe (1752) mantuvo «la ira» en intensidades, la elegancia francesa del Andante y el alegre final compartido con otro nombre felizmente recuperado para los programas y grabaciones barrocas: Francisco CORSELLI (1705-1778), cuya Obertura de La cautela en la amistad y robo de las sabinas (1735) confirmó la «buena Forma» y mejor hacer de unos intérpretes que dominan este repertorio, el importado y el nacional de nuevo con el gran Nebra del que su Obertura de Iphigenia en Tracia (1747) sería la penúltima grandiosa parada antes del final, junto a otra sinfonía de Castel emparejada con la de Baset, encajes de cuerda, diría que encaje de bolillos por el primor en la ejecución de estas páginas que siguen sonando actuales y jóvenes, la farándula madrileña en manos de una generación de músicos que triunfan sin complejos y trabajan duro por mantener viva esta llama barroca que en Oviedo sigue encendida. Brillante colofón en casa y con los de casa, dos bises con poesía dramatizada (Aarón rapsoda) y fandango en tutti. Gracias Forma Antiqva.

FORMA ANTIQVA:

Jorge Jiménez y Daniel Pinteño VIOLINES

José Ángel Vélez VIOLA

Ruth Verona VIOLONCHELO

Jorge Muñoz CONTRABAJO

Pablo Zapico GUITARRA BARROCA

Daniel Zapico TIORBA

Pere Olivé PERCUSIÓN

Aarón Zapico CLAVE Y DIRECCIÓN

Asturias madre musical

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Domingo 23 de mayo, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: cierre de la 42 Selmana de les lletres asturianes. «Canciones asturianas» (Antón García Abril). Cristina Gestido (viola), Mario Bernardo (piano). Entrada libre con invitación.

El pasado mes de septiembre acudía a Oviedo para disfrutar de Mario Bernardo con Joaquín Pixán, la voz de «Madre Asturias» por vez primera con los arreglos que Cristina Gestido hizo de alguno de los temas que el siempre recordado Antón García Abril (19 mayo 1933 – 27 marzo 2021) compusiese inspirados en un folklore tan rico como el de nuestra tierra y que Torner recogiese hace más de 100 años.
Buena idea homenajear al turolense completando estos arreglos para viola y piano que unen lo mejor de las dos versiones que el propio García Abril hiciese primero con orquesta (1982) y más tarde con piano (2007), la perfecta simbiosis tímbrica donde el canto de la viola transcurre paralelo al piano, complementándose cual lied  instrumental que gana enteros por la riqueza que supone la cuerda en su amplia tesitura. Tras un vídeo inicial con imágenes de los intérpretes tocando les Vaqueires, cada una de las canciones vendría precedida con una proyección de Ezequiel Esteban incluyendo bellísimas imágenes con la letra correspondiente que el llangreanu León Delestal pusiese a cada una de las obras.
Planificada sucesión de doce temas para disfrutar de esa lograda «recreación musical de Asturias«. las melodías reconocibles vestidas de gala, arreglos muy conseguidos donde el piano se vuelve orquesta, la viola lo complementa, las teclas acompañan esa cuerda vocal. No te pares a mío puerta que con el tenor cangués es lírica pura y la viola de Gestido sublima tímbricamente. Y qué decir de Tengo de subir al puertu, la tonada sinfonica de oboes y cuerdas reducidos al dúo que se entiende en sentimiento y musicalidad. Rítmico y poético el Hasta los naranxales, el piano saltarín con la viola, poesía de «A los campos del rey vas Irene«. Ternura descrita musicalmente en la introducción de Ella lloraba por mi, cantada y después retomada por la viola, la conocida «Cuando salí de Cabrales» donde piano y viola dan con la tecla sentida pero no sensiblera, un arreglo que permite disfrutar melodía y armonización ensamblados tímbricamente enriqueciendo la versión original.
La canción dialogada Ayer vite na fonte alcanza en el arreglo e interpretación del dúo Gestido-Bernardo el cenit al ganar color y extensión, hombre y mujer jugando con las octavas y el fraseo que nos recrea un texto popular siempre reconocible sin más. Contraste con un piano movido, rítmico y rico en un acompañamiento para Yo nun soi marineru que la viola retoma jugando con el arco y haciendo que lo imposible para el canto se torne música pura. El cantu‘l gallu, nuestro urogallo colorido en lo sinfónico y cristalino con piano, que la cuerda entona única y hasta dolorosa por la historia contada.
Nun llores, nina, neña o rapaza que son sinónimos en nuestra lengua vernácula (aún dialecto para muchos) la música acallando disputas, el piano de salón con la viola sentida, contrastando con el siguiente popular «Sal a bailar buena moza» convertido en Una estrella se perdió, virtuosismo en las teclas, «saltarello astur» en las cuerdas, caprichoso entendimiento del piropo, modulaciones celestiales que instrumentalmente nunca resultan tirantes sino titanes, recuerdos de la canción española de concierto que Falla, Granados o Turina entre los grandes entendieron como pocos y que García Abril evoca con su magisterio sinfónico y camerístico. El mismo que para nuestra canción de cuna, la «añada» asturiana siempre íntima, sosegada, Duérmite neñu, el «agora non«, sin dobles sentidos ni lenguaje cifrado para el amante a la espera, con esa melodía poniendo la carne de gallina, el paso al piano de la nana cantada a dos y por dos.
Nuestro Naranjo colorido entendido por un turolense amante de un paisaje casi común, El picu Urriellu de Bulnes, piano extenso como nuestros Picos de Europa, con «los nombres grabados de los que llegan arriba», Gestido y Bernardo, una escalada instrumental, arriba amigos porque la hazaña de despojar la letra para engrandecerla es todo un hito.
Y cerrar el ciclo con algo tan nuestro como «les» Vaqueires, de la braña al salón sin trampa ni cartón el endiablado ritmo contagioso, el piano que no es «gaita de tecla» sino sustento de una melodía donde la interjección surge en la viola, la alegría de comprobar que estas «canciones asturinas» (como figuraba en la pantalla) pueden compartir la misma grandeza que las versiones de Falla desde nuestro folklore elevado a la máxima categoría de la música de cámara (excelente el trabajo en los arreglos de la propia Cristina Gestido), siempre escuela de intérpretes y público, el acercamiento obligado al mundo sinfónico desde la proximidad del salón.
La «cultura es segura» y con ganas de más bisarían Yo nun soi marineru, ninguno de los presentes, aunque el propio Delestal escribió «La mina y el mar«, siempre unidos como este otro tándem, «La viola y piano», Cristina y Mario más allá del folklore, Gestido y Bernardo. Un cierra para un mes de letras asturianas donde la música llega más allá.

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