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Las palabras se hacen música

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Domingo 23 de junio, 12:30 horas. 73º Festival de Granada. Monasterio de San Jerónimo / Cantar y tañer | Tríptico Haydn: Cuarteto Quiroga. Haydn: Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

En la iglesia del Real Monasterio San Jerónimo la mañana del domingo invitaba al recogimiento y nada mejor que escuchar Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz de Haydn en un entorno único y con el Cuarteto Quiroga que congregó a un amplio espectro de público respetuoso a lo largo de la hora larga de «ceremonia».

Bernardo García-Bernalt Alonso en sus notas al programa titulaba el concierto Haydn, el orador ilustrado algunas de las cuales iré intercalando, nos ilustra sobre el origen de esta obra «para una celebración devocional singular, muy en consonancia con el modelo cultual de la Ilustración: el ejercicio de Las tres horas. Tal acto se venía celebrando desde hacía años en La Santa Cueva, un oratorio subterráneo en el centro de la ciudad de Cádiz. La ceremonia tenía lugar a mediodía del Viernes Santo y su objeto era la meditación sobre las frases que, según los evangelios, Cristo pronunció en la cruz». El Cuarteto Quiroga en un estado de absoluta compenetración y un sonido compacto, que la acústica favoreció (para ello elegí sentarme hacia atrás), arancó L´introduzione mostrando las cualidades de tantos años trabajando juntos, un solo corazón donde confluyen dos venas (Josep Puchades, viola y Helena Poggio, violonchelo) y dos arterias (Aitor Hevia con Cibrán Sierra en los violines) bombeando y limpiando una sangre musical que fluye por los instrumentos de los cuatro con el mismo latido por las aurículas y ventrículos de cuerda.

Antes de la primera palabra, Sonata I «Pater, dimitte illis, quia nesciunt, quid faciunt» y así a lo largo de los siete sermones primigenios «tras cada uno de los cuales se debía escuchar un movimiento lento que invitara a la meditación ante el calvario que presidía, y aún preside, el oratorio. Prédicas y música irían alternando y, tras la séptima sonata, sonaría la representación musical del terremoto que siguió a la crucifixión», Cibrán Sierra oficiaría de «Pastor» con las lecturas sacadas de los cuatro evangelistas sobre los últimos momentos de Jesús en la Cruz, preámbulo del discurrir de todas ellas y obligada meditación durante su escucha.

Imposible quedarse con alguna de las últimas siete palabras que Haydn convierte en música, estados anímicos, esplendor de esperanza unido al dolor compartido, unas cuerdas que lloran y conmueven, el sonido impoluto lleno de amplias dinámicas respetadas desde un silencio sepulcral que hacían todavía más expresivos los silencios, resonando el cello de Helena Poggio como la piedra que conecta con el suelo. Maravilloso observar los arcos, el escrupuloso respeto a lo escrito y especialmente la unidad de sonido que tanto en unísonos como en respuestas o motivos pasando de uno a otro alcanza el Cuarteto Quiroga del que puedo decir que sigo desde sus inicios hace más de dos décadas. Años de trabajo conjunto y tan necesarios en esta formación consiguen sumar talento y unir en un solo ente y mismo latido unas páginas donde «papá Haydn» encuentra inspiración sinfónica desde lo camerístico.

Vuelvo a citar a Bernardo García-Bernalt Alonso: «La recepción y circulación que la edición para cuarteto tuvo en España fue notable, como atestiguan su presencia en diversas bibliotecas y archivos, así como la venta de la partitura, anunciada en prensa desde 1790. De hecho, es probable que, durante el siglo XIX, fuera esta la versión que se interpretaba en el La Santa Cueva, colocando a los músicos en una galería superior que comunica con el testero de la capilla por dos ventanales. De este modo, como evocaba Castro y Serrano en 1866, «la melodía baja del cielo y suspende el ánimo del auditor»».

Cada lectura del evangelio nos preparaba anímicamente e incluso el «Pater Serra» declamaba con buena dicción unos versículos que Haydn transmutaría en música con la palabra «del Quiroga». La Sonata V «Sitio» jugó con unos pizzicatti delicados contrapuestos a la tensión siguiente, hasta llegar a Il terremoto final que no hubiese necesitado presentación para abrirnos las carnes, los oídos y hasta el amor por una música que el Cuarteto Quiroga ha hecho suya.

Finalizo con las notas del profesor García-Bernalt pues el Cuarteto Quiroga las interpretó al pie de la letra: «(…) cada una de las siete sonatas comienza en el primer violín con una breve melodía que se ajusta al texto evangélico, como si de una línea vocal se tratara; este motivo sirve como idea principal (Hauptsatz) que recorre y vertebra la sonata (Haydn insistió a su editor para que esas palabras aparecieran claramente bajo las notas correspondientes). A pesar de la homogeneidad, Haydn logra una subyugante variedad mediante un plan tonal imaginativo –incluso aparentemente extravagante–, organizado simétricamente en torno a la sonata central por pares de movimientos equidistantes de esta. A ello une una exquisita fluidez melódica y un uso innovador de la forma sonata. Su obra atrapa al oyente y, como fue la voluntad declarada del autor, «provoca la más profunda emoción del alma, incluso en la persona más sencilla». Pura oratoria musical». En mi caso titulo esta entrega «Las palabras se hacen música»….

Buena «misa dominical» antes de subir esta noche al Palacio de Carlos V para buscar un paraíso vienés que contaré sin prisa pero sin pausa.

Cuarteto Quiroga:

Aitor Hevia, violín  – Cibrán Sierra, violín – Josep Puchades, viola – Helena Poggio, violonchelo.

PROGRAMA

Joseph Haydn (1732-1809):

Die sieben letzten Worte unseres Erlösers am Kreuze, HOB.XX:2

(Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, 1787):

L´introduzione

Sonata I «Pater, dimitte illis, quia nesciunt, quid faciunt»

Sonata II «Hodie mecum eris in Paradiso»

Sonata III «Mulier ecce filius tuus»

Sonata IV «Deus meus, Deus meus, utquid dereliquisti me»

Sonata V «Sitio»

Sonata VI «Consummatum est»

Sonata VII «In manus tuas Domine, commendo spiritum meum»

Il terremoto

Un peregrinaje sin destino

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Sábado 22 de junio, 22:00 horas. 73º Festival de Granada. Palacio de Carlos V / Grandes intérpretes: Seong-Jin Cho, piano. Obras de Ravel y Liszt. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

Hace años que el Lejano Oriente, del que conocemos menos que ellos de nosotros, nos está «invadiendo» occidente, y el mundo de las nuevas tecnologías es una pequeña muestra que me viene como anillo al dedo para ampliarla a una legión de intérpretes, cada vez más mediáticos, que hacen dudar si son de este mundo, creados por la llamada IA (Inteligencia artificial) o robots capaces de asimilar como máquinas toda nuestra herencia milenaria. En los años en que el pianista de jazz Herbie Hancock era una leyenda, dio un concierto en el Imperio del Sol Naciente y un nativo estuvo tocando unas melodías que el americano no reconocía, contestándole que eran suyas y las había memorizado de sus discos… Sírvame la comparación con toda la distancia del tiempo y lo rápido que avanza todo, para intentar enfocar lo vivido en mi séptimo día de festival, tras la excelente mañana de órgano y la noche plomiza de piano ¡muchas teclas! y totalmente distintas.

Al pianista surcoreano Seong-Jin Cho (Seúl, 1994) formado en París y residente en Berlín le escuché hace un año en Oviedo clausurando las jornadas de piano, por lo que dejo el enlace a mi reseña de entonces para intentar no repetirme. La técnica asombrosa de esta generación venida de oriente es increíble y ya son verdaderos prodigios en su niñez (hay vídeos en las redes que lo atestiguan), preguntándome hasta cuánto de necesaria es para afrontar partituras al alcance de unos pocos, y una vez mecanizadas llegar a la «verdadera» interpretación o si se quiere, aportar lo propio, la visión tras investigar, conocer y asimilar una música escrita cual guión donde cada actor hace suyo con una impronta única que cuando se copia deja de ser original.

Elegir Liszt y Ravel, que mi admirada Ana García Urcola (d)escribe en las notas como «el peregrinaje técnico, estético y espiritual del piano moderno» habla de dos genios de la composición y que «no se puede entender la pacífica revolución de la escritura raveliana sin la arrolladora técnica y estética de Liszt». Una pena que su documentada presentación no me coincidiese con lo escuchado en el Carlos V, y quienes hemos gozado en vivo de las leyendas del piano en el pasado siglo se nos hace difícil convencernos con el marketing del siglo XXI. Nadie les negará los años de estudio y sacrificio para tocar y ganar concursos (cada vez más desprestigiados) optando por el virtuosismo vacuo, vacío de arte (por muy subjetivo que sea), olvidando lo personal, lo distintivo, lo original… mas cuando hay talento además de cualidades, éste emerge y es elemento diferenciador (al menos también los hay), más allá de fallar notas o comerse compases porque ¡errar es humano!.

Cho tiene una legión de seguidores, fans en todas partes que le idolatran. Cierto que hay algo de hipnótico y hasta mágico al escucharle, pero la técnica apabullante no emociona, al menos a quien esto suscribe. Con algunos cambios de obras sobre el programa inicial, el silencio en palacio que el surcoreano logró es para analizar desde la primera parte dedicada a Ravel, su sonido es vaporoso, etéreo, maneja el pedal perfectamente, los tempi elegidos son correctos, la gama dinámica amplia, más parecía estar escuchando algo pregrabado con las técnicas y programas que reproducen nota a nota las partituras. Del vasco-francés solo me abrió los ojos los Valses nobles et sentimentales porque el resto se me hizo plomizo, pesado y senza anima, será que ahora prima lo inocuo envasado al vacío.

De los Años de Peregrinaje de Liszt llegué a pensar mientras los escuchaba si tomar los hábitos al final de su vida sería para purgar tantos pecados y hasta exorcizarse de la fama de endemoniado («el Paganini del piano») que le precedía. Una estrella asentada y fenómeno de masas del XIX para un aprendiz del XXI que aún peca de excesos, artificio y tentaciones en las que cayeron sus acólitos. Creo que este peregrinaje  de Seong-Jin Chao no tiene destino por muchos años que le dedique, discos vendidos y entradas agotadas, aunque tengo claro que no viviré para saber si estoy confundido y la música va por unos caminos que ya desconozco.

La propina de la Rêverie (número 7 de Kinderszenen Op. 15, Träumerei) de Schumann me sonó a las melodías pregrabadas de algunos pianos electrónicos pese a los bravos de parte del público. Me estoy haciendo mayor y demasiado exigente…

PROGRAMA

-I-

Maurice Ravel (1875-1937):

Sonatine (1903-05):

Modéré – Mouvement de menuet – Animé

Valses nobles et sentimentales (1911)

Le tombeau de Couperin (1914-17):

Prélude. A la memoria del teniente Jacques Charlot III

Fugue. A la memoria de Jean Cruppi

Forlane. A la memoria del teniente Gabriel Deluc

Rigaudon. A la memoria de Pierre y Pascal Gaudin

Menuet. A la memoria de Jean Dreyfus

Toccata. A la memoria del capitán Joseph de Marliave

-II-

Franz Liszt (1811-1886):

Années de pèlerinage, Deuxième année «Italie», S. 161 (1846-49)

Sposalizio

Il Penseroso

Canzonetta del Salvator Rosa

Sonetto 47 del Petrarca

Sonetto 104 del Petrarca

Sonetto 123 del Petrarca

Après une lecture du Dante. Fantasia quasi Sonata

Grand Bouffe chelística

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Miércoles 19 de junio, 21:30 horas. 73º Festival de Granada. Crucero del Hospital Real | Grandes intérpretes / +Bach:
Jean-Guihen Queyras, violonchelo. Obras de Adnan Saygun, Bach y Kodály. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

La amplia oferta del festival granadino hace difícil elegir a qué concierto asistir, y en mi cuarto día entre el órgano en la Iglesia de los Santos Justo y Pastor con Bernard Foceroulle más Lamber Colson, siempre apetecible, me decanté por «Mein Gott» en el Crucero del Hospital Real (cambiado al inicialmente Patio de los Inocentes) con el chelista canadiense Jean-Guihen Queyras pues me permitía escuchar también a un para mí desconocido Ahmed Adnan Saygun (1907-1991) y el siempre agradecido Kodály en el instrumento más cercano a la voz humana.

Las notas en el libro del Festival tituladas «Bach mirando al futuro» nos cuentan que «en el Festival de 2022, el canadiense Jean-Guihen Queyras interpretó en una inolvidable matinal las suites impares para violonchelo de Bach, que preludió con piezas aforísticas de György Kurtág» y este último miércoles  primaveral volvía «por la noche al genial músico alemán con la más compleja y extensa de sus suites, la Sexta, escrita en realidad para un violonchelo piccolo de cinco cuerdas, lo que complica el acercamiento con un instrumento convencional. Y, como entonces, enfoca la música de Bach hacia el futuro del violonchelo, esta vez con dos obras del siglo XX, una, la de Kodály, bastante conocida y difundida también; la otra, estreno en España, es la de un importante compositor turco, que estudió en la Schola Cantorum de París y pasa, entre otras cosas, por ser el autor de la primera ópera turca de la historia».

Parece que el gran Pau Casals se «desayunaba» cada día una de las seis Suites del dios Bach, por lo que en principio me tomé como un aperitivo, con mucha enjundia, la Partita para violonchelo solo, op. 31 «To the Memory of Friedrich Schiller» (1955) del compositor turco que se estrenaba en España para un programa donde las notas de Enrique Martínez Miura se titulaban «Reflejos bachianos», y por tratarse de una novedad mejor las transcribo: «(…) la Partita de Saygun –acaso la música turca más conocida fuera de su país– nace de otra raíz, el folclore de Anatolia, que en noviembre de 1936 estudiaría con Bartók, cuya influencia no deja de percibirse en Saygun. Compuesta para recordar el 150 aniversario de la muerte de Schiller, la obra fue estrenada en Ankara en 1955 por Martin Bochmann. Hasta que se impuso el título actual, la página se conoció por otras denominaciones, como por ejemplo Requiem-cello Suite. La maestría de la escritura instrumental, puesta de manifiesto por todos los violonchelistas, aun en tesis doctorales dedicadas a la obra, se suma al subrayado de un tono algo pesimista, que se dice procedente de la filosofía sufí. Acordes disonantes, ritmos sincopados, ensimismamiento (Adagio, Allegretto) jalonan esta sorprendente cuanto desafiante Partita». Interesante obra en cinco movimientos reflejando el conocimiento de la forma «Partita» en pleno siglo XX donde todos los registros y técnicas del chelo se aprovechan al máximo, desde esa cuarta cuerda que resuena potente (más en el crucero y mejor que en el patio) hasta los armónicos explorando terrenos casi violinísticos donde Queyras «saca petróleo» de su instrumento (un Pietro Guarneri veneciano de 1729, puesto a su disposición por Canimex Inc. de Drummondville, Quebec, Canadá). Lo dicho, un primer plato potente de un menú que resultaría completísimo.

La Suite nº 6 de Bach si entrar en los planteamientos históricos de su exacto destino instrumental, donde hasta nuestro Adolfo Salazar ya en 1951 apuntaba a «la agilidad superior y una tesitura más aguda que un chelo normal, sobre el que la obra puede ser tocada –siempre y cuando el intérprete sea un virtuoso muy consumado–, bien que obligando a la corrección de algunos acordes», lo que no presenta dudas es el obligado dominio del instrumento y Queyras lo demostró. Toda partitura es cual guión donde el intérprete aportará su punto de vista, su trayectoria, sus experiencias y por supuesto el conocimiento, así que la partitura del kantor tiene todos los ingredientes para ser siempre distinta, sin olvidarnos de un lenguaje italiano del que Bach también tomó buena nota. El Preludio inicial enfocado con calma, la Allemande con ornamentos claros en el chelo del francés, bien «bailada» la Courante y virtuosa Sarabande (siempre recordándome a Marin Marais) con dobles, triples y hasta cuádruples cuerdas. Manteniendo ese contraste barroco las dos Gavottes me llevarían al Cantábrico con el aire de gaita francesa de la segunda antes de la última y elegante Gigue, una lectura la de Queyras visceral, sincera y honesta.

Tras una breve pausa donde ni acudir a verter aguas, llegaría lo más brillante de este concierto, la Sonata para violonchelo solo, op. 8 (1915) de Kodály dedicada a Jenő Kerpely, que la estrenaría el 7 de mayo de 1918, donde Queyras demostró su buena fama. Si Bach era el segundo plato del menú, Kodály no fue el postre sino un verdadero banquete por sí solo, original, apreciado por Béla Bartók, sonata virtuosa y explorando tímbricas que en su momento eran impensables, aunque el primer Saygun cocinó también estos ingredientes. Enrique Martínez Miura la define como «un reto para cualquier intérprete (…)  De virtuosismo radical, se recurre a un catálogo de formas de atacar las notas, invocándose un espejismo polifónico, que es inevitable remitir a Bach, aunque en Kodály, salvo excepciones, el chelo sigue un curso básicamente homofónico. Abundan los efectos tímbricos, como la imitación de instrumentos cíngaros, mas ese alarde técnico nunca perturba la línea principal. Se suma la dificultad de la scordatura, de modo que las cuerdas tercera y cuarta, sol y do, deben afinarse como fa sostenido y si bemol».

Sus tres movimientos presentan un derroche de música y el esfuerzo del chelista donde la mano izquierda  llega a posiciones imposibles y el arco entra por todas partes, energía necesaria pero también momentos pastorales y especialmente los aires zíngaros tan familiares, vitales y expresivos donde Kodály muestra la inspiración en el folklore de su Hungría antes del último Allegro molto vivace, considerado como de los pasajes más difíciles de toda la literatura para violonchelo, una rapsodia casi polifónica en las manos del «chef» Queyras con esta fusión de formas para la bellísima y generosa sonata con la que culminaba esta «Grande Bouffe» chelística, por finalizar ya mis referencias gastronómicas.

PROGRAMA

-I-

Ahmed Adnan Saygun (1907-1991):

Partita para violonchelo solo, op. 31 «To the Memory of Friedrich Schiller» (1955)*

Lento – Vivo – Adagio – Allegretto – Allegro moderato

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Suite para violonchelo nº 6 en re mayor, BWV 1012 (1717-23)

Prélude – Allemande – Courante – Sarabande – Gavotte I – Gavotte II – Gigue

-II-

Zoltán Kodály (1882-1967):

Sonata para violonchelo solo, op. 8 (1915)

Allegro maestoso ma appassionato – Adagio (con grand’ espressione) – Allegro molto vivace

* Estreno en España

Todo es posible en Granada

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Martes 18 de junio, 21:30 horas. 73º Festival de Granada, Patio de los Inocentes (Hospital Real) / Música de cámara | +Bach: Israel Galván (baile), Benjamin Alard (clave y dirección), Miguel Colom (violín) – Fernando Arias (violonchelo), Álvaro Octavio (flauta), Ángel Luis Sánchez (oboe), Vicente Alberola (clarinete). Manuel de Falla, entre la influencia y la creación. Obras de Bach, Sánchez-Verdú, D. Scarlatti, Vásquez, Victoria y Falla. Fotos ©Fermín Rodríguez.

Tercer día de mi festival granadino con un espectáculo original en el Patio de los Inocentes (buen nombre para lo que escuchamos) con entradas sin numerar y un lleno hasta los cipreses. Y de nuevo un estreno del gaditano José María Sánchez-Verdú que tomaría la palabra para explicarnos las relaciones e influencias de su paisano Falla y su inspiración en San Juan de la Cruz y su Cántico Espiritual siempre relacionado con Granada, como las Las ínsulas extrañas (2024).

Pero Bach padre de todas las músicas sería el encargado de abrir la tarde (que iría refrescando) con Benjamin Alard al clave del Museo de Falla (que sigo diciendo tiene muy poco volumen), Álvaro Octavio a la flauta y Miguel Colom al violín, el Affettuoso del quinto Concierto de Brandemburgo donde la originalidad fue el baile de Israel Galván, algo impensable aunque todo es posible en Granada, y aunque no hubiese una conexión con la música al menos pudimos comprobar una gestualidad propia que no ilustraba la música de «Mein Gott» sino la indicación de este movimiento.

El estreno de Sánchez-Verdú con la misma formación que el último Falla, estuvo dirigida por el propio compositor, en su lenguaje atonal exprimiendo todas las tímbricas del sexteto (como el día anterior en su trío), inicio de chelo y clarinete imperceptibles para ir sumándose clave, flauta y oboe. Mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón titula las notas al programa como «Ascética y mística del clave» pero en el caso de estas ínsulas al menos fueron creciendo en rítmica con la búsqueda de sonoridades por momentos bruscas, abruptas y atípicas explorando y explotando los recursos habituales del gaditano, que personalmente no me aportan nada nuevo en pleno siglo XXI. El propio compositor escribe de ella: «Mi pieza, lejos de emular el Concerto, describe un viaje casi místico a través de siete paisajes que trazan una ascensión en la percepción. El material musical se despliega en ostinati, bloques que se despliegan como espejos concéntricos, ecos en transiciones orgánicas entre paisajes, y tienen al clave siempre como centro del itinerario. […] Como la ascensión al Monte Carmelo –que describió y también diseñó en un muy especial dibujo con su mano el propio santo– en la pieza musical se conjuga la búsqueda de una plenitud mística y espiritual a través de un terreno místico por naturaleza: el camino. Las ínsulas extrañas es una cartografía de todos estos espejos y resonancias, con San Juan y Manuel de Falla y con el espacio de la montaña que los aunó en espacios y tiempos que dialogan».

Al menos los arreglos del algecireño para «llevarnos hasta Falla» mantuvieron la música primigenia, tanto de Juan Vásquez en De los álamos vengo, madre, ideal la elección de violonchelo y clarinete para ´disfrutar de esos grandes instrumentistas, tan solo algún exceso sonoro y sumando nuevamenre el baile de Galván, tampoco coreografía sino pura heterodoxia desde la expresión corporal, o el Tantum ergo de Victoria para la formación sin el clave, polifonía y tímbrica casi orgánica donde el viento con la cuerda «cantan» sin palabras esta joya  renacentista del Padre abuleño.

Con el cambio en el orden, volvería el sevillano Israel Galván en un taconeo para la Sonata para clavicémbalo en si menor, K. 87 de Domenico Scarlatti que taparía totalmente a Benjamin Alard. Si Bach soporta cante y baile allá donde suene, el napolitano hijo de Alessandro quedó totalmente eclipsado. Cierto que la pulsación del clavecinista francés era clara, precisa y cercana al bailaor, favoreciendo incluso el encaje entre ambos intérpretes, pero hubo más baile que música y la fusión barroca y flamenca aquí no funcionó aunque lo tomaremos como el homenaje a Don Manuel, un gaditano enamorado de Granada que sería lo mejor del espectáculo.

 

El Concierto para clave y cinco instrumentos de Falla, dedicado a Wanda Landowska, «apóstol del clave» como la califica Vayón, y que se lo estrenaría en el Palau catalán el 5 de noviembre de 1926, es en cierto modo una continuación lógica del Retablo que disfrutamos el pasado año con el mismo instrumento que parece enamoró al clavecinista y organista francés. El quinteto al que secundó se mostró impecable en la ejecución y sonoridad a lo largo de los tres movimientos, y escuchando esta página sigue pareciéndome aún más moderna y actual, mirando más a Europa que a España, sin folclorismo y con una desnudez por parte del sexteto que sí enlaza con el ascetismo. De nuevo escuchamos a Falla utilizando a Juan Vásquez en el Allegro, el Lento central con en el Tantum
ergo
victoriano y hasta la fiesta final y colorista del Corpus granadino. La modernidad de hace un siglo que sigue siendo actual.

 

Y la guinda sería utilizar la misma formación instrumental para que Galván se marcarse una sevillana propia (desconozco el arreglo), sentado en una silla (nada flamenca), con sus botines blancos, tocado con una rosa en el pelo, y esas manos que hablan como solo los del sur llevan en los genes. Todo es posible en Granada…

PROGRAMA

Manuel de Falla, entre la influencia y la creación

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Affettuoso del Concierto de Brandemburgo nº 5 en re mayor, BWV 1050, para flauta, violín y clave (1720-21)

José María Sánchez-Verdú (1968):

Las ínsulas extrañas (2024)*

Juan Vásquez (c. 1500-c. 1560) / José María Sánchez-Verdú:

De los álamos vengo, madre (arreglo para clarinete y violonchelo, 2024)*

Tomás Luis de Victoria (h. 1548-1611) / José María Sánchez-Verdú:

Tantum ergo (arreglo para quinteto de flauta, oboe, clarinete, violín y violonchelo, 2024)*

Domenico Scarlatti (1685-1757):

Sonata para clavicémbalo en si menor, K. 87 (L. 33)

Manuel de Falla (1876-1946):

Concierto para clavicémbalo, flauta, oboe, clarinete, violín y violonchelo (1923-26):
Allegro – Lento – Vivace

* Estreno absoluto, encargo Festival de Granada

Oviedo Filarmonía celebra su 25º aniversario

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Oviedo Filarmonía celebra su 25° aniversario con una exposición en Trascorrales del 11 al 16 de junio y un concierto solidario el viernes 5 de julio en el Teatro Campoamor.

• La muestra contará con una selección de fotografías, conciertos de música de cámara a cargo de miembros de la orquesta y un stand inmersivo.

• La recaudación del concierto, dirigido por el maestro Lucas Macías y que contará con la Capilla Polifónica, se destinará a la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE) en Asturias.

•  A estas actividades se suma la próxima edición de un libro conmemorativo que repasa la historia de la sinfónica ovetense.

Oviedo, 03.06.2024.- La orquesta Oviedo Filarmonía celebrará con el público su 25° aniversario con un concierto conmemorativo y solidario, el próximo 5 de julio en el Teatro Campoamor; y una exposición en al plaza de Trascorrales que se inaugurará la tarde del martes 1 de junio y podrá visitarse hasta el domingo 16 de este mes. La muestra, con un recorrido fotográfico por la historia de la sinfónica ovetense, contará con una programación diaria de conciertos, con grupos de cámara de miembros de Oviedo Filarmonía, y un stand inmersivo en el que los visitantes podrán formar parte de la orquesta. Estas actividades se suman a la edición, en fechas próximas, del libro conmemorativo del 25° aniversario, obra de la violonchelista coprincipal de la orquesta, Sara Chordá, ya en imprenta.

La presidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, Pilar Rubiera; la directora general de la Fundación y gerente de Oviedo Filarmonía, María Riera, y el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y presidente de la Fundación Municipal de Cultura (FMC), David Alvarez, han presentado esta mañana las actividades conmemorativas, que buscan, en palabras de la presidenta, «ser una gran fiesta musical que refuerce nuestra unión con la ciudad» y «un gesto de amistad y de unidad».

En el acto estuvieron representados, además del Ayuntamiento de Oviedo, patrocinador principal del aniversario, los mecenas privados, gracias a cuya colaboración han podido organizarse las actividades: TotalEnergies, Caja Rural de Asturias, FCC, Electricidad Llano, Fundación EDP, Banco Sabadell y La Nueva España, que ha cedido de su archivo la colección de fotografías de la orquesta presentes en la exposición y el libro. A todos ellos agradeció Pilar Rubiera su colaboración, porque no hay dinero para gastos extraordinarios, y «sin ellos, y sin el apoyo incondicional y adicional del equipo de gobierno del Ayuntamiento de Oviedo, representado hoy aquí por el concejal de Cultura, David Alvarez, no habríamos podido abordar este aniversario». «Gracias también a la ciudadanía y a todas y cada una de las personas que han hecho posible que hoy estemos aquí», añadió. También quiso reflejar que los conciertos era su deseo fuesen populares, agradeciendo al público el apoyo de estos años, la OFil como «parte de la vida cultural ovetense», y por supuesto la solidaridad, ya que la recaudación del concierto del 5 de julio se destinará a la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE).

La directora general de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, María Riera, explicó los pormenores de las celebraciones por el aniversario, que comenzarán el próximo martes 1 de junio, con al inauguración, a las 20 horas, de la exposición «Oviedo Filarmonía: 25 años de música», en la Plaza de Trascorrales. En el acto participará el primero de los grupos de cámara que actuaran a lo largo de la semana, liderado por el director titular de Oviedo Filarmonía, Lucas Macías; junto al concertino, Andrei Mijlin, y los Principales de viola y violonchelo de la orquesta, Rubén Menéndez y Gabriel Ureña, respectivamente. El repertorio elegido por los propios músicos, será de lo más variado. Para el concierto solidario además de la OFil con su titular Lucas Macías estará la  Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, «un coro muy vinculado a nuestra orquesta y con el que durante años compartimos presidente, nuestro querido Francisco González Álvarez-Buylla ‘Paquirri’, al que especialmente en esta efeméride queremos recordar», apuntó Riera. La exposición será gratuita y los conciertos, con una duración aproximada entre 30 y 45 minutos, serán de acceso libre hasta completar las butacas disponibles, con un aforo aproximado de 90-100 personas. Más abajo dejo los detalles de cada día, pero resumiendo tendremos:

Las mañanas del miércoles 12, jueves 13 y viernes 14 de junio, entre las 11.30 y las 12.30 horas se celebrarán conciertos para escolares, con visitas a la exposición de varios centros educativos del municipio. Entre las 12,30 y las 14 horas la muestra estará abierta al público general. Las tardes de estos días, la exposición abrirá a las 18.30 horas con un concierto y podrá visitarse hasta las 21 horas.

El sábado 15, el concierto de la mañana tendrá lugar a las 12 horas, coincidiendo con la apertura de la exposición, que cerrará a las 15 horas para abrir de nuevo a las 18.30 horas, con un programa de música de cámara, y cerrar a las 21 horas.

El domingo 16 a las 12 horas, se celebrará el último de los conciertos, pensado para público familiar, con visitas a la exposición hasta las 15 horas, momento de clausura de esta. Fuera de estos horarios la muestra permanecerá cerrada.

En Trascorrales se mostrarán, en gran formato, fotografías de algunos momentos especiales en la historia de Oviedo Filarmonía, cedidas por el diario La Nueva España. Además, podrá vivirse una experiencia inmersiva en un concierto de la orquesta, a través de unas gafas que incorporan una grabación en 360 grados.

Finalmente el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y presidente de la Fundación Municipal de Cultura (FMC), David Alvarez comentó la fortaleza ovetense reivindicando la «Capitalidad Musical» de la capital asturiana, recordando aquel febrero de 1999 cuando comenzaba la OSCO (Orquesta Sinfónica Ciudad de Oviedo), hoy OFil, más que una orquesta de foso aunque naciese para colaborar en el Festival de Zarzuela, piedra angular de la música en Oviedo con mucho camino por recorrer, siendo conscientes de las carencias pero trabajando por mejorarlo todo, recordando todos los titulares que ha tenido la OFil.

CONCIERTO SOLIDARIO DE ANIVERSARIO

Como broche de oro a las celebraciones por el 25° aniversario de Oviedo Filarmonía, el viernes 5 de julio, a las 20 horas, el público podrá disfrutar de un Concierto de Aniversario en el Teatro Campoamor, dirigido por el maestro Lucas Macías y con la participación de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. La cita, además de celebrar las bodas de plata de la orquesta tendrá carácter solidario, ya que la recaudación se destinará a la COCEMFE en Asturias, dentro del programa social de la orquesta. Las localidades, a 20, 15 y 10 euros, podrán adquirirse en la taquilla del Teatro Campoamor (de 1 a 14 y de 17 a 20 horas) y en la web entradas.oviedo.es a partir del viernes 7 de junio.

A estas actividades se sumará la próxima edición de un libro conmemorativo que repasa la historia de la sinfónica ovetense, escrito por la coprincipal de Oviedo Filarmonía, Sara Chordá, fruto de la tesis doctoral defendida a finales del año pasado en la Universidad de Oviedo y dirigida por el doctor Ramón Sobrino.

ACTIVIDADES

MARTES 11 DE JUNIO

20 horas: Concierto inaugural.

Lucas Macías, oboe.

Andrei Mijlin, violín. Rubén Menéndez, viola. Gabriel Ureña, violonchelo.

MIÉRCOLES 12 DE JUNIO

– De 11.30 a 12.30 h: Concierto para escolares (visitas programadas). Luisa Lavin e Irantzu Otsagabia, violines. Iñigo Arrastua, viola. Javier Gómez, violonchelo. Salvador Morera, contrabajo.

– De 12.30 a 14 h: Público general.

– 18.30 horas. Concierto. Marina Gurdzhiya y Gints Sapietis, violines. Rubén Menéndez, viola. Guillermo L. Canal, violonchelo. Simon Lewis, trompa.

Visitas hasta las 21 horas.

JUEVES 13 DE JUNIO

– De 11.30 a 12.30 h: Concierto para escolares (visitas programadas). Alberto R. Ayala, Carlos Pastor, Simon Lewis y Rafael Planelles, trompas.

– De 12.30 a 14 h: Público general.

– 18.30  horas: Concierto. Gints Sapietis y Vadim Pichurin, violines. Hans Stockhausen, contrabajo. Miguel Perelló, percusión. Elia Esipovich, piano.

Visitas hasta las 21 horas.

VIERNES 14 DE JUNIO

– De 11.30 a 12.30 h: Concierto para escolares (visitas programadas). Marina Gurdzhiya, violín. Rubén Menéndez, viola. Hans Stockhausen, contrabajo. Javier Pérez, oboe. Julio Sánchez, clarinete.

– De 12.30 a 14 h: Público general .

– 18.30 h: Concierto. Antonio Soriano, trompeta. José Mir, trombón. Iván Carrascosa, trompa.

Visitas hasta las 21 horas.

SÁBADO 15 DE JUNIO

– 12.00 h: Concierto. Mercedes Schmidt, flauta. Gema Jurado, violín. Álvaro Gallego, viola. Guillermo L. Cañal, violonchelo. Salvador Morera, contrabajo.

Visitas hasta las 15 horas.

– 18.30 horas: Concierto. Jorge Bronte y Javier Pérez, oboes. Inés Allué y Julio Sánchez, clarinetes. Domenico Zapone e Ivan Mysin, fagots. Alberto R. Ayala y Rafael Planelles, trompas.

Visitas hasta las 21 horas.

DOMINGO 1 6 DE JUNIO

–  12.00 h: Concierto. Marina Gurdzhiya, violín. Denitsa Lyubomirova, contrabajo. Inés Allué, clarinete. Ivan Mysin, fagot. Antonio Soriano, trompeta. José Andrés Mir, trombón. Miguel Perelló, percusión. Álvaro Gallego, narrador.

– 15 h: Clausura.

Merecida oportunidad para jóvenes pianistas

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Sábado 25 de mayo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta» de Mieres: 1ª Gala Pianística de Mieres. Intérpretes: Juan Vicente Stroup, Iván Gómez García, Laura Puente Novales, Aníbal Mortera Pariente (cello), Hugo Álvarez Lanero, Héctor del Río Fernández y Henry Sebasthian Crespo. Obras de varios compositores. Fotos ©pablosiana.

Una buena entrada en el auditorio mierense para la primera gala de piano organizada por Henry Sebasthian Crespo con diversos apoyos y patrocinios como ya comenté el pasado día 19 en este blog,  donde rodeado de sus compañeros de estudios, todos aún formándose en el CONSMUPA y rondando los veinte años, que tenían esta gran oportunidad de interpretar en público un variado y exigente programa, que además de un permanente examen supone dar visibilidad al esfuerzo y trabajo que no siempre se ve ni aprecia: muchas horas de práctica, estudio, sueño, clases en el conservatorio alternadas con estudios obligatorios de Secundaria y Bachillerato, los incontables sacrificios de sus familias que son el principal apoyo, y muchos sinsabores que, por propia decisión y amor hacia la música, se ven compensados con las actuaciones para el público, esperando proseguir una carrera que está comenzando. Así es la vida de un músico que cuando afronta una trayectoria profesional ya no sabrá qué son vacaciones, fines de semana, ausencia de descanso por el obligado y necesario trabajo con infinitas horas para preparar nuevos repertorios y hacerse un hueco en el difícil mundo de la música, que en España parece serlo aún más, y todos ellos lo saben pero les mueve su juventud y ganas de triunfar.

La artista plástica Paz Mayora Villamil con segundo apellido de pintor que puede tenga algún parentesco lejano, haría las labores de presentación, comenzando con la frase de Franz Listz «La música es un lenguaje poético, para expresar todo lo que, dentro de nosotros mismos, traspasa los horizontes normales, lo que escapa al análisis lógico, lo que se encuentra en las profundidades inaccesibles», antes de ir dando paso a cada uno de los artistas y obras que interpretarían, ayudando a quienes no tenían o podían leer en la penumbra el excelente programa de mano (gracias al Ateneo Musical de Mieres y la Imprenta Álvarez) del que dejo copia aquí.

Tomaría a continuación la palabra el mierense de adopción y organizador de esta gala Henry Sebasthian Crespo, palabras de adulto y contagiando pasión por el piano, agradecimientos por los apoyos y que cerraría una velada de dos horas de excelente música, tras alguna variación mínima en el orden previsto, y una «maratón» en cuyo cartel figuraba el lema «Ideado por los alumnos, para los alumnos y para el público, aportemos en difundir el amor por el arte y la música clásica».

No suelo tomar notas en los conciertos, pero desde mi experiencia docente me dispuse a ir anotando cada actuación para hacérselas llegar como «profesor jubilado» y esta tarde ejerciendo de «tribunal» con todo el respeto y cariño hacia esta generación que pide paso. Desde ellas paso a comentar lo vivido.

El primero en abrir la velada sería Juan Vicente Stroup (Oviedo, 1999) que elegiría a Mompou y sus Variations sur un thème de Chopin,  el lenguaje del catalán adoptando esa forma tan romántica de desarrollar y homenajear páginas de los grandes, en este caso de uno de las figuras del piano como el polaco, siempre reconocible desde su Preludio en la mayor, op. 28 nº 7 en el tema y doce variaciones posteriores que respiraron aires actuales, casi de jazz o banda sonora, difíciles pero que el carbayón afrontó con buena técnica y un sonido muy trabajado navegando por ese engañoso mar en calma lleno de tormentas, cambios de ánimo y adoración de intérprete y compositor por Chopin, que aparece de nuevo en la décima variación (Fantasía-Impromptu op. 66) y además cerraría esta gala, toda ella un homenaje a unas figuras del piano que fueron igualmente virtuosos concertistas y mejores compositores para su instrumento.

El único pertrechado de partitura y algo descentrado en plena época de exámenes finales, sería Iván Gómez García (Avilés, 2004), quien optó por el poliédrico y atormentado Beethoven de su Sonata piano nº 8 en do menor, op. 13 “Patética” aunque obviando el primer movimiento, supongo que para acortar la duración global. Irregular, con muchas dudas y aún en proceso de asimilar la hondura del sordo genial, el de La Villa del Adelantado  tendrá que trabajar aún más la técnica y templar ánimos, pues dentro del conjunto de pianistas, tampoco la obra era de las más complejas para un alumno de su nivel. Supongo que sus maestros le ayudarán en esta tarea para poder incorporar con solvencia al menos las «más famosas» de las sonatas para piano del compositor de Bonn enterrado en Viena.

La música española para piano es auténtica «prueba de fuego» para todo intérprete, y Laura Puente Novales (Bilbao, 2004) optó por los catalanes Granados y Albéniz, recordándome a una paisana suya, que tiene en el primero uno de los preferidos en sus conciertos. Los ocho Valses poéticos del ilerdense fueron de menos a más, sentidos, fraseados, interiorizados, con un sonido muy trabajado al igual que su estudio e profundidad y de buena memoria. Y la Suite Iberia del de Campodrón está considerada como «La biblia del piano» por su dificultad no ya en la interpretación sino en la hondura y madurez que necesita, siendo pocos y ya con edad los pianistas que la han afrontado. La bilbaína eligió la primera de ellas, Evocación, que me sorprendió por su joven madurez veinteañera, reposada, cantabile y con un buen empleo de los pedales, una primera aproximación que apunta a una excelente intérprete de nuestra música.

Jugaban «en casa» y se notó por el apoyo desde el patio de butacas, Aníbal Mortera Pariente (Rioturbio, 2005) y Hugo Álvarez Lanero (La Culquera, Lena, 2001), dúo de chelo y piano, amigos desde su aún cercana la infancia, que llevaron su complicidad en el único dúo del concierto, la Elegía, op. 24 del francés Gabriel Fauré, con Hugo excelente concertador y coprotagonista de esta bella página donde Aníbal mostró un sonido poderoso, rotundo, con los esperables y habituales problemas de afinación en su instrumento pero mostrándose ambos muy expresivos y compenetrados.

Ya en solitario, Hugo Álvarez se enfrentaría a la Ballada n° 2 op. 38 de Chopin, biena memoria para toda ella, dinámicas amplias aunque algo excesivas por momentos pero entendiendo el «arrebato romántico» y algunas dificultades en los complicados pasajes rápidos que solo la práctica conseguirán sortear sin problemas, compensando la interpretación con su musicalidad y expresión que sería uno de los más aplaudidos.

Héctor del Río Fernández (2004) no se amilanó en la elección de sus obras aunque el riesgo le pasaría factura. Si el Albéniz de «Iberia» la he calificado como biblia, la «Suite Española» op. 47 es cual antiguo testamento. De ella Castilla fue árida en sus seguidillas y peligrosa, necesitando repetir el arranque, descentrándose en algunos pasajes con paradas que los fallos no deben obligar sino mantener la tranquilidad y recordar que lo ya tocado no tiene vuelta atrás y la música debe fluir aunque sea con tropiezos. Y probablemente el mayor virtuoso del piano fue el húngaro Franz Liszt, con unas manos (como las de Rachmaninov) que le permitían alcanzar notas imposibles para el común de los mortales. El Étude transcendante nº 1 es mucho más que un «estudio», donde la técnica es muy exigente pero su interiorización y expresión aún son mayores. La ejecución tuvo buen sonido aunque el pedal no siempre ayudó sino que «enturbió» y el vértigo de los múltiples arpegios no es recomendable. También titulado Estudio op. 25 nº 12 en do menor, «Óceano» que Chopin lleva al concierto, es de nuevo complicado extraer del ejercicio la gran capacidad melódica que esconden estas breves e intensas partituras, que incluso en el subtítulo ya parece apuntar los derroteros que toma. El trabajo de limpiar notas y pedales no cesará nunca pero la interpretación estuvo matizada aunque el ímpetu juvenil alcance unos fortissimi cercanos a las «tres efes». Mejor el g ran Vals op. 42 nº 5 en la bemol mayor que hace falta pulir pues la expresión y el tempo fueron correctos, pero el fraseo tendrá que ir estudiándolo mucho más lento para «vocalizar» correctamente e ir poco a poco aligerándolo sin perder esas melodías únicas y «escondidas» del polaco.

El cierra lo pondría Henry Sebasthian Crespo (Valencia, Venezuela, 2003) con las dos obras que pudimos escucharle hace un mes en el acto del premio Tertulia 17 -uno de los patrocinadores- pero esta vez en el piano Kawai© mierense, que se comportó perfectamente ajustado por Jesús Ángel Arévalo (algún día habrá que homenajear a esta generación de origen castellano que se instaló en nuestra tierra, echó raíces y siguen apoyando la música). La vida obliga a madurar prematuramente, pero el talento unido al duro trabajo también otorgan lo que he llamado «poso», el paso de un vino cosechero a crianza y reserva cuando madura en las mejores condiciones, Y como un buen caldo, Henry Sebasthian alcanza ya el calificativo de reserva, pues lleva desde niño al piano y en sus 21 años lleva diez de experiencia concertística desde su tierra natal, lo que se nota en cuanto se sienta al piano. Llamado «el Chopin de Broadway» el ruso Serguei Rajmáninov emigrado a los EEUU puede ser considerado el último pianista y compositor romántico ya en el siglo XX, y su Momento musical, nº 1 uno de sus homenajes a los predecesores de las 88 teclas. Exigente técnicamente, la música la necesita para sobrevolar toda la carga expresiva del virtuoso ruso y así la afrontó el valenciano de Venezuela, con poso, peso y madurez. Para cerrar el círculo del concierto, de nuevo Chopin y su Ballade nº 1 en sol menor, op. 23, tan distinta a la segunda elegida por Hugo, dos visiones, dos interpretaciones que además siempre son distintas por el mismo intérprete porque ahí reside la magia de cada día, hacerse con la obra, interiorizarla y personalizarla en cada momento. Valiente, arriesgado y poderoso este Chopin de Henry que sigue creciendo con su amado y admirado polaco a base de un trabajo y madurez que ya le ha abierto las puertas del Real Conservatorio de Bruselas (Bélgica), donde será alumno del maestro y concertista Aleksandar Madzar quien le aceptó en su cátedra de piano para los próximos dos cursos.

El propio Henry Sebasthian llamaría a todos los participantes a compartir los aplausos de un público entregado a los jóvenes talentos, más agradecimientos y hasta la entrega de los Diplomas acreditativos de esta gala que irán aumentando el currículo de esta generación que en Mieres pudimos disfrutar y los melómanos presumiremos pronto de haberlos «descubierto».

PROGRAMA:

Juan Vicente Stroup (Oviedo, 1999):

Federico Mompou (1893-1987): Variations sur un thème de Chopin.

Iván Gómez García (Avilés, 2004):

Ludwig van Beethoven (1770-1827): Sonata piano nº 8 en do menor, op. 13 “Patética”.

Laura Puente Nováles (Bilbao, 2004):

Enrique Granados (1867-1916): Valses poéticos.

Isaac Albéniz (1860-1909): I. Evocación (de «Iberia»).

Aníbal Mortera Pariente, violoncello (Rioturbio, 2005) y
Hugo Álvarez Lanero, piano (La Culquera -Lena-, 2001):

Gabriel Fauré (1845-1924): Elegía, op. 24.

Hugo Álvarez Lanero:

Frederic Chopin (1810-1849): Ballada n° 2 op. 38.

Héctor del Río Fernández (2004):

Isaac Álbeniz: Castilla (de la «Suite Española»).

Franz Liszt (1811-1886): Étude transcendante nº 1.

F. Chopin: Estudio op. 25 nº 12, «Óceano»  y Vals op. 42 nº 5.

Henry Sebasthian Crespo (Valencia -Venezuela- 2003):

Serguei Rajmáninov (1873-1943)): Momento musical, nº 1.

F. Chopin: Ballade nº 1 en sol menor, op. 23.

La Pires siempre impresiona

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Miércoles 22 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, clausura de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Maria João Pires e Ignasi Cambra (piano). Obras de Debussy, Mompou, Mozart y Debussy.

Cada visita de la pianista portuguesa Maria João Pires (Lisboa, 1944) a Oviedo siempre es un espectáculo para recordar y con miedo a no repertir, pero volvía para la clausura de esta temporada en compañía del catalán Ignasi Cambra (Barcelona, 1989).

Cual madre e hijo salieron los pianistas a un escenario casi en penumbra, con una lámpara sobre el piano y una silla con mesita a la izquierda sobre la que se posaban dos vasos de agua. Y cristalino sería el primer Debussy de la Suite bergamasque con «la Pires» siempre pulcra, sin tics, de sonido claro, matices amplios para dibujar los cuatro cuadros «impresionantes» del compositor francés, una gama de color desde el nítido Prélude hasta el poderoso y saltarín Passapied lleno de ímpetu, aunque el siempre conocido Clair de lune sería de quitar la respiración y obligar a un silencio sepulcral ante la maestría en el diseño que la portuguesa hace de esa sonoridad evanecescente, vaporosa, de sombras coloreadas y unos pedales siempre ayudando a ambientar un aire primaveral desde su eterna juventud.

El «alumno» que escuchó atento a la maestra nos ofrecería seis de las Cançons i danses (las números 1, 2, 5, 6, 7 y 8) de su paisano Mompou, la luz catalana hecha poesía musical que Cambra fue dibujando pausado, saboreando y matizando melodías y ritmos, abundando los tiempos lentos como el de la segunda mediterráneamente clásica (con el inicio recordando Für Elise), una quinta Lento litúrgico introspectiva y casi dolorosa, pero más sentida aún la sexta Cantabile expresivo que resume el piano tan actual de Mompou sin perder de vista la inspiración en un folklore que sigue entre nosotros y no entiende de nacionalismos.

En la segunda parte no podía faltar Mozart del que Maria João Pires sigue siendo irrepetible y los años siguen manteniéndola juvenilmente madura frente a la madurez juvenil del pupilo Cambra que comenzaría con la Sonata nº 4, algo plana y por buscar la forma de expresarme, ambos pintarían acuarela pero mientras el catalán perfilaba con tinta y en las repeticiones rellenaba de color, la portuguesa de un trazo ya dejaba claro todo, dejando la segunda «pasada» para sin apenas cambiar de pincel completar una gama de color luminosa, limpia. Ignasi Cambra interpretó su Mozart con el ímpetu juvenil que pasó por las teclas matizando pero sin profundizar.

Tras la escucha de la anterior, la Sonata 13 en las manos de Pires supo a poco, como explicando «así se toca Mozart» que Cambra parecía empaparse con ella. El Allegro inicial más sosegado que en sus años jóvenes pero igualmente elegante, con las repeticiones recalcando y explicando la «forma sonata» llena de ataques para las frases, motivos claros, trinos que crecen en intensidad; el Andante cantabile de una profundidad que viene con los años para afrontar sin dudar el color exacto, el trazo con un pincel «de lengua de gato» y grafía japonesa, sin prisa pero segura, con poso, casi genuflexión en los pocos instantes donde su pequeña figura se encorva ante el teclado buscando el color de cada nota; y el Allegretto grazioso donde el humor mozartiano es fino, juguetón, los dedos de la maestra portuguesa ágiles arriba y abajo con una izquierda poderosa en los graves y el balance exacto de volúmenes para una acuarela 333 mágica y nuevo referente. Lección magistral como era de esperar.

Y si el primer Debussy de la maestra jugó superponiendo trazos de color que se fundían en la gran sala ovetense, en versión a cuatro manos de Henry Woollett nos regalarían primero la Rêverie donde Cambra llevaría el «sustento» y Pires «los detalles», un gran lienzo sonoro que la maestra pintó y llenó de luz, para finalizar con el Valse romantique donde confluir la tutela de la «juvenil mamá» sobre el «maduro pupilo», encajando los rubati sin desdibujar el tema.

Para hacernos olvidar el recital paralelo de toses y teléfonos que vuelven a ser una plaga y siempre en los peores momentos cual primera ‘Ley de Murphy’, el regalo tenía que ser evidentemente Mozart, esta vez cambiándose los papeles: la Pires al grave, mandando y «tomando la lección» a un Cambra con el que el Adagio de la Sonata a cuatro manos en si bemol, K. 358 volvió a saber a poco, el clasicismo eterno que seguirá por los siglos de los siglos, con la alegría de volver a disfrutarlo en vivo aunque siga saboreándolo en mis grabaciones. Larga vida a «La Pires» esperando siga ejerciendo su magisterio aunque sea en compañía. El piano por partida doble también nos llena y el público salió adorándola en la mejor clausura de estas jornadas que seguro han hecho sonreír al bueno de Iberni, parando la lluvia para compartir emociones a la puerta deseando no se apagasen las emociones.

PROGRAMA

PRIMERA PARTE

Maria João Pires:

Claude Debussy (1862-1918)

Suite bergamasque, L.75:

1. Prélude

2. Menuet

3. Clair de lune

4. Passapied

Ignasi Cambra:

Federico Mompou (1893-1987)

Cançons i danses, Nos. 1, 2, 5, 6, 7 y 8

SEGUNDA PARTE

Ignasi Cambra:

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Sonata nº 4 en mi bemol mayor, K. 282:

1. Adagio

2. Menuetto I – Menuetto II

3. Allegro

Maria João Pires:

Sonata nº 13 en si bemol mayor, K.333:

1. Allegro

2. Andante cantabile

3. Allegretto grazioso

Maria João Pires & Ignasi Cambra:

Claude Debussy

Rêverie

Valse romantique

Mieres presenta a pianistas jóvenes

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El próximo sábado 25 a las 20:00 horas tendrá lugar en el Auditorio «Teodoro Cuesta» de Mieres, con entrada libre (hasta completar aforo) la primera Gala Pianística de Mieres. En ella participarán seis jóvenes pianistas que cursan estudios en el CONSMUPA (Conservatorio Superior de Música «Eduardo Martínez Torner»): Hugo Álvarez Lanero, Henry Sebasthian Crespo, Iván Gómez García, Héctor del Río Fernández, Laura Puente Novales, Juan Vicente Stroup más el chelista mierense Aníbal Mortera P. Las obras elegidas figuran en el programa de mano que dejo a continuación, varias y todas ellas de un nivel altísimo de exigencia, pero como rezaba un eslogan para promocionar un coche hace años de este acrónimo que se convertiría en todo un neologismo, son JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados).

Esta iniciativa proviene de un joven pianista venezolano afincado en Mieres que no para de darnos alegrías a todos los aficionados y vecinos de nuestra villa, también del resto de Asturias, pues en poco tiempo ha conseguido despuntar en un mundo tan difícil donde encontrar talento pueda parecer una rareza, pero que nos devuelve la esperanza en una generación joven más allá de lo que muchos creen, y por ello quiero dedicarle esta entrada en mi blog.

Con tan sólo 10 años de edad y un año estudiando el piano, Henry Sebasthian Crespo (Valencia, estado Carabobo, Venezuela – 2003) inicia de forma prodigiosa su carrera artística realizando una gira de conciertos en los cuales interpretando de Mozart el Concierto para piano n° 3 (KV. 40) en re mayor y la Sonata n°16 en do mayor (KV. 545), además de la Bagatella en la menor WoO 59 ‘Fur Elise’ de Beethoven con varias orquestas en su país: Orquesta Sinfónica de la Victoria, Orquesta Sinfónica de Aragua, Orquesta Sinfónica de Puerto Ordaz, culminando en el Teatro «Teresa Carreño» de Caracas bajo la dirección del afamado director de orquesta Christian Vázquez (que recientemente dirigió en Oviedo) y la Orquesta Sinfónica «Teresa Carreño» de Venezuela.

Solo con este inicio, Sebasthian, que toma su segundo nombre nada menos que de «Mein Got Bach» dando una idea del ambiente musical en su casa, siendo además ahijado del famoso Gustavo Dudamel, probablemente el mayor referente de El Sistema, se presenta como uno de los talentos más prominentes y aventajados que han surgido en los últimos tiempos en
Venezuela, convirtiéndose en el único niño venezolano que con tan sólo un año de aprendizaje al piano, realice el montaje de obras complejas para su edad y con la que emprendería dicha gira de conciertos sinfónicos.

A los 13 años su destacado y precoz talento le impulsa a presentarse con un nuevo proyecto artístico y bajo la dirección
de su padre Henry Crespo y la Orquesta Sinfónica de Aragua, interpreta el primer movimiento del Concierto para piano en la menor de Grieg y como obra extra la Fantasía-impromptu op. 66 en do sostenido menor de Chopin.

Henry Sebasthian Crespo inicia sus estudios musicales con el violonchelo en el Sistema de Orquestas Juveniles de Aragua. Su formación pianística comienza a los 9 años bajo la directrices y enseñanza de su padre.
Después, recibe formación técnica con los maestros, Luis Laya y Antonio Abolió, para, posteriormente tener una relación estrecha con el afamado
concertista de piano David Ascanio, que trabaja con él de forma pedagógica y orientadora en su desarrollo artístico.

En nuestro país fue invitado como joven intérprete en el prestigioso Festival Internacional de Piano de Gijón organizado por la maestra Amy Gustafson que incentiva a su padre con ocasión de los sucesos sociales y políticos de su país, con el objetivo de encontrar un mejor destino para la formación pianística de Sebasthian. De esta manera trasladan su residencia a Gijón y posteriormente en Mieres, iniciando su formación académica en el Conservatorio Profesional de Oviedo bajo directrices del maestro Francisco Jaime Pantín, quien le inspira a participar e incursionar debutando en un concurso como solista de piano, y obteniendo el primer premio de Concurso Intercentros Melómano en Asturias.

En la celebración de dicho concurso para jóvenes solistas interpretó los Momentos Musicales 5 y 6 de Franz Schubert y los Estudios opus 25 n° 2 y opus 10 n° 12 de Frederick Chopin en Avilés.
De su trayectoria formativa en España Sebasthian realiza un importante recorrido con obras emblemáticas de los grandes compositores: Schubert, Rachmaninov, J. S. Bach, Mozart, Beethoven, Chopin…
todas orientadas a una experiencia bajo la tutela de Francisco Pantín, con quien concluye su paso por el grado profesional y prosigue el grado
superior en el CONSMUPA de Oviedo bajo las directrices del maestro Manuel Cabo.

La interpretación de la Ballade nº 1 en sol menor op. 23 de Chopin, uno de sus compositores de referencia, le ha hecho merecedor de críticas que resaltan su madurez interpretativa y las cualidades que le caracterizan al comunicar su interpretación al público.
Recientemente ha participado en el 4th Lugano Internacional Music Competición (Suiza) celebrado «on line» en la categoría de piano solista, obteniendo el 1st Prize, otorgándole como recompensa el premio “Career Project”. Los medios de comunicación no solo venezolanos sino asturianos se hicieron eco del galardón y aquí dejo tanto el enlace a la entrevista en la TPA como el recorte del diario El Comercio del 8 de marzo:

Incansable Sebasthian se encuentra preparando su segunda gira de conciertos en Venezuela y paralelamente elabora una gira de recitales en
Asturias donde estará en esta primera gala pianística de Mieres, antes de irse a estudiar a Bruselas a partir del verano, pues la carrera de pianista no se detiene nunca con todo lo que supone de sacrificio familiar y personal, pero con un buen apoyo y asesoramiento que a buen seguro le llevará a alcanzar sus objetivos con un futuro esperanzador, pues facultades y talento los tiene.

El Ateneo Musical de Mieres, siempre abierto a impulsar y proyectar el talento que no siempre sale a la luz pública, cuenta con él para aquellas obras donde se requiera un piano en la plantilla, y también dar a conocer su increíble musicalidad.

Por citar las dos últimas donde ir dándole a conocer en su Mieres de adopción, el 21 de marzo dentro del Día de la Poesía (Homenaje a Efrén Martínez) ambientó al piano el acto celebrado en el Espacio Cultural 19-10 organizado por la Librería La Pilarica, otro referente en Mieres en la difusión y promoción de nuestro patrimonio.

Y apenas un mes atrás, el 26 de abril Henry Sebasthian Crespo abría y cerraba el acto de entrega del III Premio Gastronómico «Saber y sabor» al Bar Restaurante TC28 organizado por Tertulia 17, celebrado en el salón de actos del IES Sánchez Lastra, donde con un piano electrónico, que nunca es igual que uno acústico o aún mejor de cola) deleitó y asombró con dos obras de altura que dejaron maravillados a los asistentes: el Momento musical en si bemol menor, op. 16 nº 1 de Rachmaninov y la Balada nº 1 en sol m, op. 23 de Chopin, dos partituras que sigue trabajando para interiorizarlas y «hacerlas suyas» dado que la interpretación no para y por mucho que se ejecuten, nunca serán iguales.

Mientras prepara la gala del próximo sábado en buena compañía , Sebasthian aún tiene tiempo para organizar este miércoles 21 a las 18:30 horas en la Casa de la Música de Mieres una charla-concierto con dos de sus compañeros del CONSMUPA, amigos y también pianistas, bajo el interesante título «La música de la resiliencia» que bien conoce en su propia vida, y con el subtítulo «El arte de estudiar piano sin morir en el intento», donde los asistentes escucharán de primera mano cómo seguimos en nuestro país sin valorar los estudios musicales aunque hayamos ido mejorando más adagio que presto en ello, aunque precisamente el piano no sea instrumento sinfónico por lo que las oportunidades menores conllevan dar  visibilidad con conciertos como los que Henry Sebasthian está llevando a cabo gracias a una ilusión juvenil y fuerza que no le sobra.

Desde este blog, personalmente sabe que tiene todo mi apoyo, deseándole todo lo mejor a este talento venezolano que la vida le ha traído a nuestro Mieres del Camino para continuar una andadura que espero sea larga y fructífera.

Ópera para Madagascar

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Jueves 16 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Gala Lírica Pro Madagascar.  Juan Jesús Rodríguez (barítono), Anna Cabrera (soprano), Marcos Suárez (piano). Arias, dúos y romanzas de zarzuela y ópera. Entrada: 10€.

La ONG “Ópera sin fronteras” y la Fundación «Agua de coco» llegaban a Oviedo para presentar un proyecto multidisciplinar, transversal, pedagógico y sobre todo solidario, porque la música lo puede todo, llegar a estrenar en Madagascar su primera ópera con un elenco de allí como después contarían los responsables, «El sueño de Nirina», con libreto de la asturiana Lucía Vilanova , con quien contactaron en el Campoamor tras el estreno de «María Moliner», y música de Juan Antonio Simarro, dos figuras conocidas en nuestra tierra, y además en malgache. Una bendita locura que cuenta entre otros apoyos, nunca suficientes, de la Fundación Ópera de Oviedo, siempre dispuesta a colaborar con estas iniciativas solidarias de cooperación social, siendo su director, el avilesino Celestino Varela, el primero en tomar la palabra presentando el evento.

Paco Azorín como presidente y fundador junto al coreógrafo Carlos Martos De la Vega de la ONG “Ópera sin fronteras” comentarían a dúo quiénes son y cuales son sus objetivos, desde el propósito de hacer llegar la ópera a todos aquellos colectivos que tradicionalmente han sido excluidos de ella, con el fin de visibilizar sus conflictos a través del hecho escénico.

Entienden la ópera como un instrumento de transformación social, no como un elemento de entretenimiento sólo al alcance de unos pocos.
La ópera, como arte integrador, en la que convergen la música, la danza, el teatro y las artes plásticas, es el vehículo idóneo para situar en el centro de la creación a los colectivos más desfavorecidos y ayudarles así, a solucionar sus conflictos, desde sus primeros contactos allá por 2019 en Mérida y después Sevilla con «Sansón y Dalila», el contacto en Badajoz con otra ONG («PIE, Plena Inclusión Extremadura») de enfermedades raras entre muchas más, y lo terapéutico que ha sido la ópera, al año siguiente el proyecto didáctico «El monstruo en el laberinto» (de Jonathan Dove) en el Liceu barcelonés para niños en peligro de exclusión, o el triste 2022 a raíz de la guerra de Ucrania (que aún continúa) dentro de cultura de emergencia en Madrid para integrar a los primeros refugiados en un montaje de «La Odisea» con la Escuela Municipal de Arte Dramático para edades comprendidas entre 7 y 21 años.

Con la proyección de un vídeo con la génesis del proyecto de esta ONG que contarían Paco y Carlos, se centrarían en este continuarían primer proyecto en Madagascar que lleva como título «Madagasikara» con la ONG “Agua de coco” sumándose que lleva años allá, y con distintas fases que movilizan a 300 personas entre 6 y 20 años enseñándoles  música y dándoles instrumentos, por lo que el objetivo o fase final será hacer una ópera participativa y la primera en el idioma malgache, que espera nestrenar en Toliara el próximo 6 de septiembre de 2025 en el centro multidisciplinar CASEL.

Tras la proyección del segundo vídeo, presentarían al compositor Juan Antonio Simarro, que ya hacía sus pinitos «en africano» de crío y también de adulto, explicándonos la génesis tras libreto de Lucía Vilanova primero en francés y la posterior traducción al malgache, proyectándonos las letras y avanzando al piano algunas melodías.

De las muchas ayudas para esta primera ópera de Madagascar, ya con la colaboración entre otros del Teatro Real, del Festival de Perelada o la Ópera de Oviedo, aunque siguen buscando apoyo económico, en otro vídeo nos enseñarían el «Container Solidario» lleno de escenografías, vestuario, atrezzo, decorados o incluso luces viejas, material donado por distintos teatros que las almacenaban «caducadas» pero que serán «tecnología punta» en esta isla que sigue sufriendo, y donde ya embarcó camino del estreno en septiembre, que se espera traerlo a Europa en 2026. De ella vino a vivir a Córdoba un músico tradicional como es Kilema que participaría codo con codo junto al compositor. Después entre el piano de Marcos Suárez y el propio Simarro al djembé nos invitaron a cantar una de las melodías, verdaderamente imposible en malgache pero dándonos idea de cómo sonará en las voces protagonistas del estreno.

Y finalmente comenzaría la gala lírica y solidaria ayudando a recaudar fondos, que nunca son suficientes para un proyecto de esta envergadura, con la actuación del barítono Juan Jesús Rodríguez (Cartaya, 1969), la soprano ruso-cubana Anna Cabrera Eliseeva (Moscú, 1997) que sustituyó a última hora a Graciela Moncloa, con todo lo que supuso cambiar más de medio programa del inicialmente previsto, y el pianista asturiano Marcos Suárez (La Felguera, 1992) que hubo de lidiar contra estos imprevistos con la profesionalidad y experiencia que va acumulando en sus años de docente y repertorista.

Del barítono cartayero solo caben elogios por su entrega humana y musical, con la romanza «Ya mis horas felices» del Germán en «La del Soto del Parral», o el aria «Nemico della patria» del Gerard en «Andrea Chenier» que levantaron los bravos de un público que le sigue fielmente en Oviedo, e incluso de fuera de nuestra tierra. Su poderío vocal, buen gusto, escena, dicción y musicalidad son parte de las muchas cualidades que tiene, por lo que en estas dos obras el acompañamiento «orquestal» al piano de Marcos Suárez no necesitó más que disfrutar con el andaluz.

Me encantó la soprano Anna Cabrera, con varios premios desde su llegada a Madrid en 2016, quien eligió para esta gala la conocida «Petenera» de «La marchenera» y la aún más famosa aria «Caro nome», una Gilda sobrada de matices, agilidades, musicalidad y fraseos, bien acompañada por un Marcos que «las tiene en dedos» aunque la premura de los cambios nunca es buena, pero las tablas de ambos permitieron disfrutar de esta voz en crecimiento y triunfando paulatinamente.

Con estos solistas los dúos no podían fallar, aunque no los programados, pero igualmente de calidad y empaste, el mozartiano «La ci darem la mano» primero, enamoramiento a primera vista del Don Juan onubense y la Zerlina ya madrileña, coqueteo a dúo plenamente creíble con el piano bien encajado.

Y si ambos solistas dominan Verdi, el andaluz más que conocido, la rusa demostrado en el «Caro nome», nada mejor para cerrar que el conmovedor dúo «Piangi, fanciulla, piangi» de padre e hija, Rigoletto y Gilda en este dramático dúo escenificado con los intérpretes entregados, poderosos y dolientes, empaste ideal aunque afinación algo al límite y un piano a primera vista que nos privó de mayor satisfacción global para dos voces muy aplaudidas en esta gala.

Aún quedaba un mensaje en vídeo de la madrina de honor de la ONG, «nuestra» María José Montiel que con su homónima Moliner abrió puertas y dio esperanza a este proyecto. Finalmente la lectura del texto que canta Nirina la protagonista, ópera terapéutica, solidaria y un hito en Madagascar que esperemos disfrutar en Oviedo.

PROGRAMA:

Reveriano SOUTULLO (1880-1932) y Juan VERT
(1890-1931):

LA DEL SOTO DEL PARRAL: «Ya mis horas felices»

Federico MORENO TORROBA (1891-1982):

LA MARCHENERA, La Petenera

Umberto GIORDANO (1867-1948)

ANDREA CHÉNIER: «Nemico della patria»

Giuseppe VERDI (1813-1901)

RIGOLETTO, aria de Gilda «Caro nome»

Wolfgang Amadeus MOZART (1756-1791)

DON GIOVANNI, dúo «La ci darem la mano»

Giuseppe VERDI:

RIGOLETTO, dúo «Piangi, fanciulla, piangi»

Prensa:

Chequeando checos

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Miércoles 15 de mayo, 20:00 horas. Gijón, Teatro Jovellanos, Concierto n.º 1683 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: TRÍO MALATS (Víctor Martínez Soto, violín – Alberto Gorrochategui Blanco, violonchelo – Carlos Galán Lago, piano). Obras de Suk, Dvořák, Rachmáninov y Smetana.

La temporada gijonesa llegaba a su penúltimo concierto con la siempre necesaria «Música de Cámara» , cuyo nombre procede de su origen en las pequeñas salas de los palacios donde se interpretaban estas obras, las llamadas «cámaras» o habitaciones privadas de la nobleza.

Estas piezas generalmente incluyen un pequeño número de intérpretes, y cada intérprete desempeña un papel único, que este lluvioso miércoles nos traía al Trío Malats, a quienes ya escuchase en la homónima sociedad ovetense en diciembre de 2022, y que con su nombre rinden homenaje al catalán Joaquín Malats (1872-1912), un niño prodigio que además de excelente pianista nos dejó páginas tan conocidas como su Serenata española. Este trío de profesionales y docentes, dos de ellos en Avilés, destacan por su compromiso con la música española delos siglos XX y XXI, aunque esta vez optaron por un programa checo donde no faltarían dos rusos, y que su compañero el chelista Guillermo López Cañal en las notas al programa escribe sobre patria y elegía: «Dos nociones se manifiestan intrínseca y musicalmente (…) la idea de patria, y la segunda —tal vez menos abstracta que la primera— es el sentimiento elegíaco en el arte o en la vida». Sobre el término patria relacionado con la música y los nacionalismos, recomiendo la lectura del libro de José Luis Conde recientemente publicado en la Editorial 1/2 tono, y donde aparecen bien diseccionados los compositores elegidos, especialmente los checos Suk, Dvořák y Smetana, pero también la Rusia del exiliado Rachmaninov. En las partituras interpretadas por el Trío Malats también aparece «la elegía como excusa genérica para crear un orden sonoro con el que evocar afectos universales que datan de la Antigua Grecia», musicalmente pieza de lamento o carácter triste ante la muerte de un ser querido o maestro, las cuatro centradas en la común unión patriótica y de padecer la pérdida.

Para abrir velada y oídos checos, Suk y su Elegía opus 23 (1902), alumno y suegro de Dvořák que lleva como subtítulo «Bajo la influencia del Vyšehrad de Julius Zeyer», originariamente para sexteto de cuerda con arpa y armonio, pero arreglada para trío con piano por el propio Suk, bien interiorizada  e interpretada con complicidad por estos tres músicos, que como todo sustento sobre tres patas, no suele cojear, y esta elegía nos llevó a la ensoñadora Praga con su castillo dominando la capital checa, y al cementerio donde están enterrados Dvořák y Smetana (que cerraría el programa), con una música nostálgica y misteriosa.

Más denso de escucha e interpretación sería el Trío nº 4 Dumky, op. 90 (1891) del maestro Dvořák en seis movimientos, formado en la escuela de órgano de Praga y cuya iglesia de San Simón y San Judas es una maravilla donde una placa recuerda los inicios del probablemente más influyente de los compositores checos. El último de los compuestos para esta formación de trío es no solo elegía sino un viaje compositivo sobre la Dumka, danza folklórica eslava con continuos y abruptos cambios, seis Dumky (el plural de Dumka) que «los Malats» fueron desgranando compartiendo protagonismos y en buena compenetración. Tal vez el sonido del cello quedase algo apagado en algunos concertantes, no así en sus temas (como el primer Lento maestoso), brillando más el violín y con un piano todopoderoso que pasa del empuje rítmico a la rotundidad sonora o la dulzura elegíaca. Trío de contrastes, oscuridad y brillo, tristeza y jovialidad, la «marcha fúnebre» del segundo movimiento, la calma del tercero que arranca con el piano, hasta la inocencia  o melancolía de los otros tres para finalizar en un vibrante Vivace, todos los recursos anímicos y compositivos de Dvořák explotándolos al máximo en sus años de madurez, especialmente en sus tres últimas sinfonías y que en este trío, como en general la música de cámara, sirve de banco de pruebas para las obras «mayores».

Un paso adelante en geografía, cronología y estilo vendría con Rachmaninov para abrir la segunda parte con su Trío elegíaco nº 1 en sol menor (1892), más nostalgia y desarraigo fuera de su patria, de Dresde a los EEUU, el primero de los dos tríos elegíacos, parece que este primero dedicado a su mentor Tchaikovsky que moriría al año siguiente del estreno. Más oscuridad y tristeza, elegía y destierro, melodías que no resuelven, que acongojan y tiñen nuevamente con música, bien sentida por los maestros reflejando todo ese catálogo de combinaciones tímbricas, armónicas, técnicas, exigentes para intérprete y público.

Y retornamos a la Praga del Moldava con el nacionalista checo por excelencia, Smetana (su museo al lado del río es otra visita obligada). Su Trío en sol menor, op. 15 (1855) es otra elegía a la muerte por escarlatina de su hija pequeña, una obra que conmovió a Franz Liszt. El primer movimiento, Moderato assai, comienza con un violín de aires populares pero oscurecidos dentro de la textura del trío, con silencios casi suspiros pasando por los tres intérpretes y tejiendo un ambiente casi opresivo. El Allegro, ma non agitato homofónico exige un perfecto encaje de los pasajes, bien resueltos por «el Malats» para llegar al Finale. Presto vertiginoso, juegos y alternancias rítmicas con un piano de reminiscencias románticas (Smetana admiraba a Chopin y Liszt) pero volverá la marcha elegíaca que finaliza cortante, dolorosa y triunfal.

Un programa oscuro en sentimientos, muertes, homenajes a los seres queridos, recuerdos de la patria y donde mis recuerdos se teñían de gris como el día con unas músicas bien interpretadas pero que no ayudan a salir optimista del teatro.

La propina al menos pondría un poco de serenidad con otro ruso emigrado, Paul Juon (Moscú, 1872 – Vevey-Suiza, 1940) de cuyo Trio-Miniaturen, nos dejarían el primero de los cuatro números, la Rêverie, op.18 nº 3, optando por la versión de piano con violín en vez de clarinete y cello (no viola), aún más sentida para otra página de elegía y patria en noventa minutos de penumbra.

PROGRAMA

Josef SUK (1874 – 1935)

Elegía, op. 23

Antonin DVOŘÁK (1841 – 1904)

Trío nº 4 Dumky, op. 90

I. Lento maestoso — Allegro quasi doppio movimento

II. Poco Adagio — Vivace non troppo

III. Andante — Vivace non troppo

IV. Andante moderato — Allegretto scherzando

V. Allegro — Meno mosso

VI. Lento maestoso — Vivace

Serguéi RACHMÁNINOV (1873 – 1943)

Trío elegíaco nº 1 en sol menor

Bedřich SMETANA (1824 – 1884)

Trío en sol menor, op.15

I. Moderato assai — Più animato

II. Allegro, ma non agitato

III. Finale. Presto

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