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Un gitano ilustrado

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Jueves 19 de marzo, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: Manuel García (1775-1832): «El gitano por amor». Ópera bufa en dos actos, basada en la novela ejemplar «La gitanilla», de Miguel de Cervantes. Estrenada en 1829 en el Teatro Palenque de Gallos, México. Producción de la Ópera Estudio de Málaga – Teatro Cervantes (2024).

(Crítica para Ópera World con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Alfonso Suárez, más alguna propia)

Manuel del Pópulo Vicente García (Sevilla, 1775 – París, 1832) compuso «El gitano por amor» (1828) pensando en una intérprete excepcional: su hija, la legendaria soprano María Malibrán. Estamos ante una ópera bufa en dos actos que mezcla humor, enredos amorosos y un aire muy cercano al teatro popular de su época, encontrando en ella la influencia de la tradición italiana del ‘dramma giocoso’ pero también ese sabor español de los personajes y situaciones. La historia gira en torno a celos, identidades ocultas y engaños, elementos clásicos de la comedia musical que se resuelven finalmente con ligereza y buen humor. Como en muchas óperas cómicas del momento, la música está llena de vivacidad rítmica, melodías ágiles y números vocales pensados para lucimiento de los cantantes, donde nada es casual: García escribía pensando en las voces y conocía como pocos los recursos del ‘bel canto’.

Durante demasiado tiempo esta ópera española permaneció prácticamente olvidada, pero forma parte de un repertorio fascinante que se está redescubriendo y permite comprender mejor la riqueza de nuestra ópera en los comienzos del siglo XIX, así como nos recuerda el talento polifacético de Manuel García y su enorme legado en la historia del canto, un gran conocedor de las tendencias de su época como buen cosmopolita.

Tal como explicó el doctor Ramón Sobrino en la conferencia previa del pasado jueves 12 en el Club de Prensa, García no solo fue un brillante tenor, también empresario, pedagogo y creador incansable, desempeñando un papel fundamental en la difusión de la ópera italiana fuera de Italia, siendo “el compositor español más prolífico en el campo de la ópera” como así lo ha definido nuestro eterno profesor Emilio Casares. Y es que uno de los aspectos más llamativos de «El gitano por amor» es precisamente que se trata de una ópera bufa, en dos actos, sin diálogos, escrita íntegramente en castellano, algo poco común en su época, escrita durante su periplo de Nueva York a México (de 1826 a 1828) a petición de un público que se negaba a escuchar óperas en italiano por no entenderlas. Allí se estrenaría en 1829 esta ópera basada en «La gitanilla» de Miguel de Cervantes, un relato que combina amor, identidad y vida nómada. García supo trasladar estos elementos al lenguaje escénico y musical, creando una obra que dialoga tanto con la tradición literaria española como con el estilo operístico europeo en la etapa final de su vida con el regreso a la música española, especialmente por algunos giros vocales o la utilización de castañuelas o panderetas pero de un “españolismo” tamizado por su bagaje operístico de estilo tanto rossiniano como mozartiano que dominó a lo largo de su exitosa carrera.

La partitura pertenece a la citada última etapa creativa del sevillano, representa probablemente su proyecto escénico más ambicioso de esos años. Sin embargo, su estreno en España ha tenido que esperar casi dos siglos, gracias al trabajo musicológico de Juan de Udaeta (en colaboración con Enrique Amodeo), que tuvo lugar el 20 de noviembre de 2024 en el Teatro Cervantes malagueño, gracias al empeño de su ‘Ópera Estudio de Málaga’, contando con el apoyo incondicional del barítono Carlos Álvarez y la misma producción que hemos disfrutado en este segundo título de la temporada ovetense: la dirección musical de Carlos Aragón más la escénica del eternamente joven Emilio Sagi. Otra apuesta por recuperar (o redescubrir) esta ópera que suscitó la admiración de figuras como Emilio Castelar -presidente de la Primera República española-, lo que da cuenta de la relevancia que tuvo en su tiempo esta ópera bufa del sevillano Manuel García.

El estilo musical refleja claramente la influencia del ‘bel canto’ italiano plagado de amplias líneas melódicas y un exigente virtuosismo vocal para todo el elenco, pero, como igualmente nos contó el doctor Sobrino, también incorpora giros rítmicos y melódicos que evocan el mundo andaluz, generando una fusión estética que le otorga una personalidad propia dentro del repertorio prerromántico. Doscientos años después, «El gitano por amor» encuentra por fin su lugar en los escenarios ofreciendo al público actual la oportunidad de descubrir una pieza que combina historia, virtuosismo y tradición, con Oviedo apostando por nuevos títulos tan necesarios y tan nuestros como los “Imprescindibles” de todo festival lírico, que sigue pidiendo más funciones (pues las dos actuales agotan el papel).

Ópera exigente para todos, la Obertura la Oviedo Filarmonía (con Yuri Pisarevskyi de concertino) bajo la batuta de Carlos Aragón, mostró una sonoridad muy cuidada, todas las secciones bien balanceadas, que respetarían en todo momento la escena, firmada por la calidad y cálida sencillez de Sagi desde un fondo de batas de cola plegadas cual madroños con tres cortinas abriéndose a un fondo amarillo cual caseta de feria (en el segundo acto tres puertas combinado con el blanco luminoso), y todo resaltando aún más con las luces siempre efectivas de Eduardo Bravo.

Todo un adelanto de la línea a seguir en las dos horas y media de función, con el rojo dominante incluso en las sillas de zambra, único y más que suficiente atrezzo durante todo el primer acto (en el segundo cubiertas con telas blancas cual salón de bodas), para ir proyectando los nombres de los personajes, vistiéndose tras una cortinilla igualmente roja mientras salían y saludaban, con tímidos aplausos antes de la primera aparición de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (que dirige José Manuel San Emeterio en esta producción con 16 componentes que cantaron a cinco voces (4-4 / 3-3-2), fueron otro seguro de calidad como titulares del Festival Lírico ovetense: volumen suficiente, escena cómoda (casi siempre sentados y separado las cuerdas), luciendo un siempre elegante y acertado vestuario de Jesús Ruiz, de ocres y rojos con los abanicos, siempre bien coreografiados por Nuria Castejón.

Dos actos de duración desigual (85 y 50 minutos) que fueron desplegando la maravillosa partitura de Manuel García donde hay desde recitativos con clave (bravo por Elia Esipovich) hasta un despliegue combinando coros, arias, dúos, tríos y concertantes para disfrutar de un elenco vocal equilibrado, variado y entregado, gran parte del cual estará en el Teatro de la Zarzuela -con doble reparto- el próximo mes (del 22 al 26 de de abril) donde se respira lo mozartiano por lo melódico, lo rossiniano por las coloraturas y crescendi, y lo mejor de nuestro folklore con seguidillas tiranas, boleros y hasta muñeiras.

Del cuarteto principal, casi  protagonista por la mayor presencia en escena -aunque todos tienen su momento vocal y actoral- quiero comenzar con el barítono granadino Pablo Gálvez como Baldaquín, el criado de Hernando que además de tener este simpático personaje que nos recuerda los distintos barberos, goza de una voz poderosa, timbre rotundo, línea de canto ideal, un empaste perfecto con sus compañeros de reparto (especialmente en todos los tríos con Hernando y Rosita), sin faltarle un papel a doble falsete increíble (“Vuestra ropa, tened / No, mi vida”), conjugado con un movimiento escénico que nunca cortó su emisión y dicción muy clara. Una pena que no lo vayan a disfrutar en el coso madrileño. Cada intervención suya fue un lujo ya desde la primera aparición con el señor Hernando (“Santo Dios!”), su recitativo y aria “¿Estás determinado? / Necesario es ya que os diga” todo un derroche vocal en las agilidades y pronunciación, así como el dúo con Laura (“Corazón de alfeñique / Señor mío, ya estoy viendo”) un auténtico flechazo por parte de la pareja.

Rosita sería la soprano de origen rumano, y formada en Italia, Suzana Nadejde, la misma que cantó el estreno malagueño y también estará en la calle Jovellanos. Debutante en Oviedo, fue “la Malibrán” actual con todas las virtudes de la hija de García: amplio registro de color homogéneo, matizada, con proyección excelente, agilidades perfectas, presencia escénica y musicalidad perfecta para este rol que compendia lo mejor del ‘bel canto’ con aires de Rossini y Mozart más los siempre difíciles ornamentos de copla que redondearon su personaje, fraseando con enorme gracia para brillar tanto en la coloratura como en el embrujo de esta cautivadora gitana. La salida con el coro (“¡Viva el gracejo de Andalucía! / Aquí está la gitanilla”) puso sus cartas boca arriba y no decepcionó en ningún momento. En los tríos antes citados su voz estuvo siempre presente luciendo unos agudos limpios y bien colocados.

El tenor almeriense Juan de Dios Mateos como Hernando tiene una emisión fluctuante, color bruñido, una mezza voce de menor proyección que da sensación de apretarse aunque con el canto natural sus agudos corren y brillan más, defendiendo su rol con valentía además de presencia. Buen empaste en el dúo con Baldaquín y los tríos, dejándonos su mejor momento en solitario con el recitativo, escena y aria “¿Has quedado? / Hernani desventurado”.

No por menor protagonismo pero igualmente acertados estuvieron la mezzo mallorquina Begoña Gómez como Laura, otra debutante en Oviedo, de color bien contrapuesto a su amiga Rosita, el ya citado buen dúo con Baldaquín, más una escena donde nunca faltó el humor de su personaje.

Menor presencia pero igualmente consistentes las siguientes voces del elenco, comenzando con la soprano granadina María José Moreno como Inés, que volvió a mostrar su excelente momento vocal con la hermosa cavatina “Amor, piadoso amor” que abría el segundo acto, muy compenetrada en el dúo con Manolo (cantado por el tenor sevillano José Ángel Florido, que nos dejó buenas sensaciones), o el barítono catalán Enric Martínez-Castignani en el papel de Marqués del Pino, siempre seguro sin excesos, para completar el reparto junto al Corregidor del bajo-barítono mallorquín Pablo López, voces experimentadas que redondearon una excelente producción desde lo vocal y musical a lo escénico.

El público que llenó el Teatro Campoamor, salió tan enamorado como este “gitano por amor” que no defraudó en este San José que prepara una primavera muy lírica.

FICHA

Jueves 19 de marzo, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: Manuel García (1775-1832): «El gitano por amor». Ópera bufa en dos actos con música y libreto del propio Manuel García, basado en la novela ejemplar «La gitanilla», de Miguel de Cervantes. Estrenada en 1829 en el Teatro Palenque de Gallos, México. Producción de la Ópera Estudio de Málaga – Teatro Cervantes (2024).FICHA ARTÍSTICA

Dirección Musical: Carlos Aragón – Dirección de escena: Emilio Sagi – Escenografía: Daniel Bianco – Iluminación: Eduardo Bravo – Vestuario: Jesús Ruiz – Coreografía: Nuria Castejón – Asistente de dirección de escena: Javier Ulacia – Asistente de coreografía: Cristhian Sandoval.

REPARTO
Hernando (hijo del Marqués del Pino y enamorado de Rosita): Juan de Dios Mateos (tenor) – Rosita (gitana enamorada de Hernando): Suzana Nadejde (soprano) * – Baldaquín (criado de Hernando): Pablo Gálvez (barítono) – Inés (prima de Hernando y su prometida): María José Moreno (soprano) – Laura (amiga de Rosita): Begoña Gómez (mezzosoprano) *- Manolo (hermano de Rosita): José Ángel Florido (tenor) *- Marqués del Pino (padre de Hernando): Enric Martínez-Castignani (barítono) – Corregidor Pablo López (bajo-barítono).

* Debutantes en el Festival de Teatro Lírico Español

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (director: José Manuel San Emeterio Álvarez)

Bello fluir lírico

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Miércoles 18 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón: Concierto 1710 (en colaboración con el POEX26): Luken Munguira (tenor), Aurelio Viribay (piano). Schubert: «La bella molinera» (Die schöne Müllerin, D 795).

Descubrí Los lieder de Schubert con el barítono alemán Dietrich Fischer-Dieskau que atesoro en mi discoteca, y después me empapé de su libro escrito en 1971 dedicado a ellos, con el subtítulo de «Creación – Esencia – Efecto» (Alianza Música, vol. 44, 1989). Cada ciclo es un reto compartido entre la voz y el piano, dominar la lengua de Goethe para poder expresar todo el contenido de los textos seleccionados, una técnica vocal apropiada a ese género tan romántico, y la perfecta simbiosis entre los intérpretes. Las notas al programa de la doctora Sanhuesa Fonseca nos da el contexto de «La bella molinera»:

En Die schöne Müllerin estamos aún al principio de todo el viaje. Este ciclo de lieder para voz aguda y piano fue dedicado a un cantante, el barón Carl Von Schönstein (1796-1876). Se trataba de un barítono con agudos, el tipo de voz también conocido como baritenore, o bien un tenor abaritonado. Von Schönstein tenía una voz ligeramente más aguda que la del barítono Johann Michael Vogl (1768-1840), otro gran intérprete schubertiano, al que admiraba profundamente y lo consideraba su modelo e inspiración. Schubert y Von Schönstein coincidieron en las estancias del compositor con la familia Esterházy en su castillo de Zseliz (1818-1824), y el compositor lo consideró el intérprete ideal de sus canciones. Porque en el universo de Schubert, texto e intérpretes iban de la mano en la intimidad de unas veladas que contaban sus historias musicales al público sin el artificio escénico de la ópera. Voz, piano, texto, y el carisma de los creadores y los intérpretes, ante unos oyentes habituados a las distancias cortas.

Acostumbrado a ese timbre peculiar, hace tiempo que tenores más líricos se enfrentan a los lieder de Schubert desde un intimismo con menos rotundez pero mayor expresividad, acercándonos a un lenguaje que con todas las dificultades son la mejor forma de preparar la voz.

Al tenor pasaitarra Luken Munguira (Pasajes, 2004) le descubrí en el Festival de Granada (edición de 2023) cantando a Bach bajo la dirección de Carlos Mena, Academia Barroca con alumnado destacado que ya prometía e incluso estaban comenzando su trayectoria artística en solitario. La confirmación del buen hacer del guipuzcoano la tuve tras escuchar su CD «Aberri Maitiari» precisamente con el maestro Aurelio Viribay, siempre eligiendo voces con las que mantener un crecimiento que nunca se detiene, para ir asentando un repertorio con el que proseguir una carrera de fondo.

A Gijón el dúo Munguira-Viribay llegaban dentro de los Encuentros de Poesía (POEX) nada menos que con este ciclo Die schöne Müllerin, D 795 (1823). Toda una prueba de fuego que tanto el joven tenor como el reconocido maestro y pianista lograron el respeto de un público que seguiría la proyección de los textos traducidos a partir de los veinte poemas que Schubert elige de los veinticinco que Wilhelm Müller de Dessau (1794-1827) publica en 1821: la primera parte de la colección «Sieben und siebzig Gedichten aus den nachgelassenen Papieren eines reisenden Waldhornisten» (en traducción de Adriana Hochleitner de Vigil para el citado libro de Fischer-Dieskau sería «Poemas de los papeles dejados por una corneta del bosque itinerante») con el subtítulo «Para leer en el invierno», perfecta conjunción a las puertas de la primavera, poemas donde existe aún ironía suave y escondida, incluso la modestia donde algunos números entrelazados  (caso de los números XIII y XIV) constituyen todo un ciclo.

A continuación dejo las imágenes que la Sociedad Filarmónica de Gijón subió a sus redes sociales sobre este ciclo.


Luken Munguira transitaría por este camino tan schubertiano con enorme expresividad, riqueza de matices, realzando cada estrofa, marcando las palabras que Müller desgrana y Schubert realza con su música. Todo un fluir con remansos, meandros, saltos, el río de la vida donde el joven molinero errante nos canta la pasión no correspondida desde la ilusión al incierto final. El piano de Aurelio Viribay completa cada página: empuja y arrulla, subraya y respira para que nada pare. Amplias dinámicas desde la media voz hasta los agudos mantenidos y bien proyectados, con la tapa acústica abierta, apoyado en una partitura que el tenor ha interiorizado de principio a fin con una dicción perfecta. Aunque un teatro no sea lo más adecuado para escuchar el lied (mejor un salón «vienés» o una sala más reducida), los retos se aceptan y superan, redondeando un recital que fue de menos a más en emociones y sentimientos, como el joven molinero.

Curiosidades como la parada antes de Ungeduld (Impaciencia), literal, dudando todos de lo que sucedía, vuelta del tenor despojado ya de la corbata, que aprieta pero no ahoga, la contención hasta el imponente final de Mein! que provocó el aplauso espontáneo, aprovechado la Pause para hidratarse discretamente tras el piano, y la emoción de los dos lieder finales, siempre con la complicidad del maestro Viribay.

Un examen de post-grado donde el análisis que el barítono alemán realiza de los veinte números se realizó casi al pie de la letra (y de la música) como iré desgranando en mis comentarios. El «impulso hacia la lejanía» y el fluir, transparencias en el juego del agua de Wohin, ingenuidad y tristeza que desaparecen y se superan (Danksagung an den Bach) con el acompañamiento delicado del piano, transmitido por el dúo con las preguntas del molinero si le mandaba la molinera con el arroyo respondiendo; el enérgico Am Feierabend que contrapone emoción y sosiego. Schubert enriquece a Müller con el suspiro  y cansancio que prepara Der Neugierige, casi el punteo del laúd que llegaría «Con la cinta verde», metáfora del color asociado a la esperanza  -y la muerte- tan presente en este ciclo.

El canto va haciéndose cada vez más penetrante, desde el «Saludo matutino» a Des Müllers Blumen («Las flores del molinero») efusivas, después la «Lluvia de lágrimas» manteniendo métrica y ganando en expresividad mientras el piano fluye como el arroyo desde una pedalización que ayudaba en el efecto buscado. El ya citado Mein! es la naturaleza embriagadora donde las palabras no deben expresar el júbilo con sobreagitación, y donde los cambios de tonalidad llevan al desahogo, como así lo interpretó el dúo vasco.

Proseguirían el sobresalto y la tranquilidad del laúd donde también hay desconcierto, congoja e incertidumbre, así cantados por un Luken asentado, seguro, expresivo a más no poder, enlazado con «El cazador» presentado por un piano emulando las trompas, empujando un texto endiablado pero claro, el enojo del tímido molinero que va aumentando hasta un sol agudo en forte mantenido con el brío suficiente sin caer en la precipitación, con frases que necesitan tomar aliento rápido más las pausas para los «stacato», igual que en «Celos y orgullo» donde el arroyo fluye y todo desciende, también la música, con esa ironía antes comentada.

Maravilla el contraponer los colores querido y odiado, tono mayor y menor, el preferido y amado, penetrante como el cuerno del cazador, y el Böser Farbe (color malo), una despedida que parece inevitable pero llevada con hombría. El piano ligero, elástico y el timbre virtuoso por parte de los dos intérpretes. Tristeza y desesperación que se agranda en «Flores secas», emociones que decrecen en intensidad y tempo cerrado por el escalonamiento descendente en el piano. El agua siempre protagonista, olas sobrenaturales respondidas por el río de las preguntas del joven arrastrado por el «frío reposo» para que misterio y dulzura yazcan sobre el monólogo final: Des Baches Wiegelied, arroyo en arrullo del sueño, sentidos por voz y piano, timbre y color vocal del tenor junto al piano revistiendo las palabras de Müller que Schubert eleva sutilmente.

Buena velada lírica a cargo de un tenor emergente que va enfocando su carrera desde el trabajo apoyado en un pianista que sigue siendo maestro y referente en el difícil campo del acompañamiento, y que con la «canción de concierto» sabe escuchar y dialogar con las voces. Lírica como «poesía apropiada para el canto» en todos los idiomas y épocas, este miércoles con el malogrado Schubert ya eterno.

PROGRAMA:

Franz SCHUBERT (1797–1828):

Die schöne Müllerin, D 795 (La bella molinera). Textos de Wilhelm Müller.

  1. Das Wandern — El caminar
  2. Wohin? — ¿Adónde?
  3. Halt! — ¡Alto!
  4. Danksagung an den Bach — Agradecimiento al arroyo
  5. Am Feierabend — Al terminar la jornada
  6. Der Neugierige — El curioso
  7. Ungeduld — Impaciencia
  8. Morgengruß — Saludo matutino
  9. Des Müllers Blumen — Las flores del molinero
  10. Tränenregen — Lluvia de lágrimas
  11. Mein! — ¡Mía!
  12. Pause — Pausa
  13. Mit dem grünen Lautenbande — Con la cinta verde del laúd
  14. Der Jäger — El cazador
  15. Eifersucht und Stolz — Celos y orgullo
  16. Die liebe Farbe — El color querido
  17. Die böse Farbe — El color odiado
  18. Trockne Blumen — Flores secas
  19. Der Müller und der Bach — El molinero y el arroyo
  20. Des Baches Wiegenlied — La canción de cuna del arroyo

Rescatando nuestras joyas líricas

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Martes 17 de marzo, 12:00 horas. Teatro Campoamor (Salón de Té) Oviedo: Rueda de prensa presentación del segundo título del XXXIII Festival de Teatro Lírico Español. Fotos propias y de Pablo Piquero.

La Fundación Municipal de Cultura de Oviedo (FMC) vuelve a apostar por el valor del patrimonio lírico español con la presentación de El gitano por amor de Manuel García, buscando sacar a la luz auténticas “joyas guardadas” dentro del repertorio nacional.

Manuel del Pópulo Vicente García (Sevilla, 1775 – París, 1832), tenor y compositor, actor y empresario, castizo y cosmopolita, profesor de canto y defensor tanto de la ópera española como de los derechos de los artistas, compondría esta primera ópera bufa en tiempos modernos escrita en nuestro idioma, que disfrutaremos tras su recuperación malagueña antes de llevarla al Teatro de la Zarzuela de Madrid.

El concejal de Cultura, David Álvarez, encabezó el acto de presentación junto al equipo artístico casi al completo de esta producción, destacando el compromiso de la ciudad con un ciclo de Teatro Lírico que no solo da cabida a los títulos más conocidos, sino también a obras menos habituales que reflejan la riqueza y la profundidad cultural de este género. También quiso destacar que Oviedo ha llegado entre las cuatro ciudades finalistas (con Granada, Cáceres y Las Palmas) para la Capitalidad Cultural Europea 2031. Aprovechó también para compartir el éxito del ensayo pre-general del día anterior, abierto a distintos colectivos, y la actividad Off-Zarzuela con Zarzuelíza-TE (encuentros líricos previos al estreno de cada título) que contarán con el director musical Carlos Aragón, la soprano granadina María José Moreno y el pianista langreano Marcos Suárez este miércoles 18 a las 19:30 en el coqueto Salón de Té del Teatro Campoamor.

Esta nueva propuesta forma parte del XXXIII Festival de Teatro Lírico Español y está basada en La gitanilla, la célebre novela de Miguel de Cervantes. La música y el libreto pertenecen al universal Manuel García, una de las figuras más relevantes de la lírica de su tiempo, quien llevó la entonces desconocida ópera italiana hasta los EE.UU., y en el caso de El gitano por amor la escribió y estrenó por un encargo de México, precisamente al estar en nuestro idioma, dado que las italianas o francesas no las entendían.

Durante la presentación, el director de escena Emilio Sagi explicó que la adaptación ha requerido ciertos cambios en la partitura original para hacer la dramaturgia más accesible al público actual. Aun así, definió la obra como “deliciosa y difícil”, destacando lo estimulante que ha sido recrearla y celebrando la apuesta de Oviedo por este tipo de producciones, música de aires rossinianos (como era lógico en el tenor sevillano que estrenaría El Barbero) o mozartianos pero también «lo andaluz» bien entendido desde el belcanto por álguien que lo viviría en primera persona. Nuestro ilustre ovetense volvió a pedir más funciones para este festival que con solo dos agota las entradas, y reivindicando la necesaria inversión para mejoras y mantenimiento del Campoamor, como papel protagonista en la vida cultural de la capital asturiana, aprovechando la candidatura antes citada que de no lograrla, seguirá teniendo su Oviedo natal como capital cultural por su oferta musical y artística.

En la misma línea, el director musical Carlos Aragón subrayó la complejidad vocal de la pieza, asegurando que, pese a su exigencia, el resultado es “una preciosidad” que sorprenderá y emocionará al público, agradeciendo poder contar con Sagi y haber conseguido que el trabajo de Ópera Estudio de Málaga enfocado para formar en la escena a nuevas voces, haya dado el salto ahora a Oviedo y posteriormente a Madrid, las dos longevas temporadas estables en nuestro país. También quiso destacar el trabajo previo de Oviedo Filarmonía y del coro titular, con sus responsables presentes en la rueda de prensa.

Por su parte, Cosme Marina, director artístico de la FMC de Oviedo, elogió tanto la dirección como el reparto, calificándolo de “estupendo” y garantizando una puesta en escena de gran calidad en el Teatro Campoamor, igualmente poniendo en valor a todo el equipo técnico del coliseo carbayón.

Más allá de la propia producción, todos los participantes aprovecharon la ocasión para felicitar a Oviedo por su candidatura a la Capitalidad Cultural Europea 2031, coincidiendo en que la ciudad ya es un referente cultural, independientemente del resultado, alguno con el «corazón partío» como los cantantes granadinos, subrayando la importancia de seguir cuidando espacios emblemáticos como el Teatro Campoamor, sin olvidarse de la gastronomía astur y la propia ciudad que muchos ya conocían de anteriores trabajos tanto en la ópera como en la zarzuela.

El gitano por amor se representará en el Teatro Campoamor en dos funciones: el jueves 19 de marzo a las 19:30 horas y el sábado 21 de marzo a las 19:00 horas, que contaremos desde aquí.

Una oportunidad única para redescubrir una pieza singular de la lírica española y disfrutar de una propuesta escénica que combina tradición y renovación.

Comienza la primavera…

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Lunes 9 de marzo, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: XIII Primavera Barroca. Los elementos (Antonio Literes). Jone Martínez, Pilar Alva-Martín y Soraya Mencid (sopranos), Lucía Cahiuela (mezzo), Forma Antiqva, Aarón Zapico (clave y dirección). Fotos de Pablo Piquero y propias.

Este 9 de marzo se cumplían mis 35 años de matrimonio y 14 de este blog en WordPress, continuación del iniciado en 2008 en el «clausurado» de Blogger©, y aquí seguimos  casi cual notario musical de una pasión que me acompaña desde mi infancia.

El Barroco goza de buena salud entre un público de todas las edades, y Oviedo llega a su decimotercera edición de este ciclo, en colaboración con el CNDM (Circuitos Oviedo), con todo vendido (por lo visto y leído ahora se dice «Sold Out») en este primer concierto que traía a los asturianos de Forma Antiqva bajo la dirección de Aarón Zapico y un elenco de voces femeninas, con las que lleva tiempo trabajando en distintos proyectos, que pusieron sobre las tablas la calificada como “ópera armónica al estilo italiano”, Los elementos (ca. 1705), del mallorquín Antoni Literes i Carrió (Artà, 1673-Madrid, 1747), una puesta en escena que ya realizasen los asturianos en la Fundación Juan March en abril de 2018 bajo la dirección escénica e iluminación de Tomás Muñoz.

Y no hizo más falta para esta nueva joya de un patrimonio musical sin complejos, una fiesta en este actual salón  ovetense nada cortesano, con cuatro cantantes cuidando un vestuario de concierto para personificar cada personaje de estos «elementos» de Literes, que va ocupando su lugar en los programas de nuestro tiempo: una de las triunfadoras del Orlando furioso ovetense, la soprano sopelana Jone Martínez (otro «fichaje» de los langreanos) de blanco para  ser Aire y Aurora, la mezzo madrileña Lucía Cahiuela ocre de Tierra y Tiempo, la soprano granadina Pilar Alva-Martín de rojo Fuego, más un azul Agua de la soprano cartayera Soraya Méncid, cuatro elementos para seis personajes que irían desgranando un libreto del que desconocemos su autoría, pero lleno de simbolismos en un lenguaje castellano muy trabajado y complicado de encajar, tanto en los recitativos como en las coplas, arias, duetos, tonadas…

La escritura del compositor mallorquín, bien explicada  en la conferencia previa (habrá que animar al alumnado a no perdérselas) a las 18:00 horas por el doctor Ramón Sobrino y Aarón Zapico exige «bucear» en todos los detalles, y la interpretación  de Forma Antiqva, buenos conocedores de estas «cantadas hispanas», se ciñó a cada uno de los 36 números con puentes instrumentales -de Corelli, Basset, José de Torres o Gaspar Sanz- muy bien enlazados por parte de los hermanos Zapico (primorosa la guitarra barroca de Pablo pese a una «incidencia» no prevista por parte de una señora algo desorientada) o el violín de Jorge Jiménez, también una sabia elección del acompañamiento ideal para cada solo, con «dúos» entre voz y cello (Ruth «Zapico») que cantaron cada frase en la misma dirección, con el orgánico básico de unos músicos que conforman el «núcleo duro» e imprescindible de los asturianos con Aarón en un clave siempre ornamentando o completando cada página.

Jone Martínez, Aire y Aurora

Las cuatro voces femeninas para esta «ópera armónica al estilo italiano» (no al completo por plantilla que se ampliaría de hacerse «al pie de la letra» como bien explicó el maestro Aarón en la clase previa), fueron un acierto por la elección, de colores y caracteres bien diferenciados, ubicadas a pares atrás escoltando al ensamble (Aire y Tierra más Fuego y Agua) para bien cantar desde sus posiciones o transitar por las tablas de una Sala de Cámara de acústica ideal para estos repertorios, casi la segunda casa de los langreanos, que sin interrupción alguna hicieron las delicias de un heterogéneo y entregado público.

«La Noche» comenzaba con las coplas «Frondosa  apacible estancia» cantadas por Jone Martínez  y Lucía Caihuela, aire limpio y tierra  fértil, soprano y mezzo para abrir esta ópera, prosiguiendo con el dúo y recitado «Moradores de estas playas», antes del primer coro A cuatro, lección de empaste de las voces: «Y así le festejen, celebren y sirvan con tiernos arrullos y suaves caricias». Alternancias vocales donde captar las cualidades de todas ellas, cristalina Soraya Méncid y verdadero fuego de Pilar Alva capaz de pasar de la soflama a la hoguera encendida por su amplia tesitura manteniendo el color en todos los registros. Cada elemento presentándose con distintos «enfoques» manteniendo la difícil escritura textual y musical que los instrumentos subrayaban.

Lucía Caihuela, Tierra y Tiempo

Alternancia de voces con un bajo continuo dialogando o sustentando arietas, o los tutti siempre bien controlados en las dinámicas por Aarón Zapico. «La noche» finalizaba A tres con Aire, Tierra y Agua, «Iras fatales fulminan» sin apagar el Fuego previo antes que el Tiempo anunciara el «Comienzo del Amanecer»:

«Y aunque intente la fatiga,

ilusión, horror o miedo,
con tan confusos rumores

interrumpir mi sosiego…»

Pilar Alva-Marín, Fuego

Literes dota cada número de expresividad, alegorías y carácter que las cuatro voces entendieron a la perfección. Caihuela llenaba estas luces de alborada pasando del Tiempo a la Tierra diferenciando ambos personajes siempre arropada por el orgánico adaptado al mismo carácter vocal. Y cada elemento iba apareciendo, Aire «En brazos del Alba», Agua «Deidades que en el monte bipartido» y la Tonada «Dormida fatiga» de una Jone Martínez verdadera Aurora. Claroscuros instrumentales que Forma Antiqva transmite desde sus inicios, barroco «de libro» con rítmicas poderosas y puentes entre los números elegidos para dotar de continuidad una narrativa peculiar, tanto por estilo y época como demostrando el magisterio de cada uno de sus componentes.

Soraya Méncid, Agua

Y «La llegada del Sol», los cuatro elementos que arrancan cantando las Coplas con el Agua de vida,

«El moble diamante

de espuma rizada,

del yelo erizada

en campo volante…»

«Moble» que significa móvil aplicado al agua como «diamante que se mueve», continuando Tierra («Aqueste hemisferio / y duro obelisco / que sirve de aprisco / a tanto viviente»), Aire («Mi esfera recibe / el plumado velamen, / que vuela al examen / del centro que vive…») y Fuego («La tímida hoguera / y llama medrosa / al frío quejosa, / al yelo severa…»), versos ya de por sí musicales entendiendo la lírica desde este estilo nuestro que las cuatro voces, bien empastadas con el orgánico apropiado (aunque se echasen en falta flautas), nos llevaron sin cegarnos hasta las últimas coplas: «Esfera copiosa» alternando el coro de todas ellas («Con luces e incendios…») con la despedida de Los elementos necesarios para aposentar estas tres etapas, Tierra, Aurora y Tiempo, juego de mezzo y dos sopranos, sumándose la tercera para el último coro:

«Instantes abracen
los siglos enteros
en que aplausos logren sus merecimientos».

Más que merecidos aplausos de un público en pie festejando esta adelantada primavera, retiradas las cuatro voces mientras Forma Antiqva finalizaba y retomaba el inicio para la salida y saludo de todos estos intérpretes que son profetas no solo en su tierra sino más allá de nuestras fronteras…

Barroco español sin complejos, patrimonio musical que debe sonar, porque los papeles no lo hacen. Aún quedan cuatro conciertos más que a buen seguro volverán a llenar la Sala de Cámara del auditorio carbayón, pues la calidad está comprobada y la afición asturiana lo sabe.

INTÉRPRETES:
JONE MARTÍNEZ, soprano (Aire y Aurora)
LUCÍA CAIHUELA, mezzosoprano (Tierra y Tiempo)
PILAR ALVA-MARTÍN, soprano (Fuego)
SORAYA MÉNCID, soprano (Agua)

FORMA ANTIQVA:

Jorge Jiménez, violín

Daniel Pinteño, violín

Ruth Verona, violonchelo

Jorge Muñoz, contrabajo

Pablo Zapico, guitarra barroca

Daniel Zapico, triorba

AARÓN ZAPICO, clave y dirección

PROGRAMA


Diluvio sinfónico

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Viernes 6 de marzo, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Tras el diluvio, abono 10 OSPA , Erika Baikoff (soprano), Nuno Coelho (director). Obras de Brahms, Britten y Schumann.

(Crítica para LNE digital del sábado 7, en papel el domingo 8, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

Brahms sigue siendo una de las piedras angulares en los repertorios sinfónicos, y aún más en nuestra OSPA que estas dos últimas temporadas ha interpretado tres de sus sus sinfonías: Tercera (21/02/25) con su titular Nuno Coelho , Cuarta (21 de marzo  de 2025) con Giancarlo Guerrero, Primera (14 de noviembre de 2025) con Françóis Leleux, más su Obertura para un Festival Académico (23 de enero pasado) con Ramón Tébar, completándose este primer, frío y lluvioso viernes de marzo con la Obertura Trágica que escribiría a continuación, feliz complemento de la anterior, que la doctora María Sanhuesa en sus notas al programa escribe tanto de las dos oberturas como el análisis de la que escucharíamos abriendo este décimo de abono: «Consciente de las diferencias de carácter, el compositor afirmaba de ambas obras que “una ríe, y la otra llora”». Mas la interpretación del décimo abono mantuvo media sonrisa, su escritura en la tonalidad de re menor (que tantas obras maestras utiliza), asociada a lo triste y trágico, que pareció marcar el concierto, la OSPA con Coelho la mantuvo luminosa además de majestuosa, dejándonos el rictus para esperar el resto del programa, organizado a la manera decimonónica de obertura, obra con solista y sinfonía.

La soprano norteamericana Erika Baikoff , que nos enamoró en su Gretel de la ópera ovetense el pasado  septiembre, sería quien cantaría Les Illuminations de Benjamin Britten  en sustitución de Ian Bostridge  que cancelaría su participación por enfermedad el miércoles a primera hora, dejándome con las ganas de escucharle de nuevo tras su paso por el 74º Festival de Granada el pasado verano, precisamente con un Britten emocional e incluso escalofriante. Es de agradecer la prontitud de los gestores para contactar con la soprano de origen ruso para un programa que ya estaba cerrado y ¡tenía en su repertorio! (poco habitual por otra parte), estando encantada de regresar a Oviedo (como nos contaría Nuno Coelho en la conferencia previa al concierto).

Las notas de prensa sobre Erika Baikoff dicen que se está consolidando rápidamente como una de las voces líricas más cautivadoras de su generación y elogiada por su arte “conmovedor” y su canto “luminoso y vibrante”. Tras sus dos visitas a Oviedo puedo reafirmar todos los calificativos, que en mi caso describí como “de voz clara, ágil, excelente proyección y volumen suficiente, transmitiendo la inocencia sin caer en lo infantilizado desde un fraseo siempre elegante dominadora de la escena de principio a fin, con un vals conjunto pletórico por parte de ambas”.

El ciclo Les Illuminations op. 18 de Britten (estrenado el 31 de enero de 1940 por la soprano suiza Sophie Wyss) está compuesto para soprano o tenor solista con orquesta de cuerda, usando nueve canciones de la colección homónima escrita por Arthur Rimbaud que inspiraron al compositor inglés nada más leerlas. La OSPA, este viernes con Jordi Rodriguez de nuevo como concertino invitado (seguimos esperando la convocatoria de la plaza titular tan necesaria) volvió a sonar perfecta, empastada, rica, con los distintos solistas de cada sección que fueron completando una interpretación perfecta de Baikoff , verdadero caleidoscopio lírico repleto de matices, con una voz de emisión clara, sentida, de enorme expresividad acorde con cada poema y una perfecta dicción en la lengua de Molière, que pudimos seguir desde el programa de mano aunque hubiese preferido se proyectaran, gustándome especialmente en la cuarta canción (Realeza: Allegro maestoso), una impactante quinta (Marina: Allegro con brio) y la última (Partida: Largo mesto), auténtica tormenta emocional mientras la cuerda “imitaba” en todos los registros los silbidos, rasgueos de guitarra, arpegios y fraseos donde Britten refleja sobre el pentagrama toda la carga que Rimbaud (sólo él comprende una realidad alucinada) plasmaría con alucinaciones, sueños y magia hecha música de nuestro tiempo. Más allá de la última frase «Départ dans l’affections et le bruit neufs!» (¡Partida hacia el afecto y el ruido nuevos!), mucho afecto y poco ruido. Un triunfo que logró varias salidas de la soprano y el maestro portuense ante los largos y merecidos aplausos de un público fiel que no abandona nuestra orquesta ni en días de tragedias o diluvios.

Y para la segunda parte, una plantilla ideal de esta OSPA plenamente sinfónica y trágica por la susodicha tonalidad menor de esta segunda sinfonía de Schumann (escrita en 1841). Tras revisarla por el poco éxito tras su estreno en Leipzig homenajeando a Liszt ante un lenguaje orquestal novedoso, haría importantes cambios para dirigirla en Düsseldorf el 3 de marzo de 1853 ya como Sinfonía n.º 4, op. 120.

Sería interesante poder escucharla en su primera versión (que a Brahms le parecía “más natural”) pero está claro que tiene pros y contras. Sus cuatro movimientos enlazados, con modulaciones agradecidas, dinámicas amplias siempre bien planteadas por Coelho y bien respondidas por la orquesta, con todas las secciones bien balanceadas y plegadas a cada indicación del portuense, nos “iluminaron” hasta el re mayor final que hizo escampar pese a los presagios. Aires o tiempos arriesgados además de valientes, que la OSPA llevará hasta el Euskalduna bilbaíno dentro del festival “Música-Musika” donde siempre ha brillado, llevando la marca Asturias que mejor nos define culturalmente.

PROGRAMA:

JOHANNES BRAHMS (1833 – 1897):

Obertura trágica, op. 81

BENJAMIN BRITTEN (1913 – 1976):

Les Illuminations, op. 18:

I. Fanfarria: Maestoso (poco presto)

II. Ciudades: Allegro energico

IIIa. Frase: Lento ed estatico

IIIb. Antiguo: Allegretto; un poco mosso

IV. Realeza: Allegro maestoso

V. Marina: Allegro con brio

VI. Interludio: Moderato ma comodo

VII. Encarnando la belleza: Lento ma comodo

VIII. Desfile: Alla marcia

IX. Partida: Largo mesto

ROBERT SCHUMANN (1810-1856):

Sinfonía n.º 4 en re menor, op. 120 (rev. 1851):

I. Ziemlich langsam – Lebhaft

II. Romanze: Ziemlich langsam

III. Scherzo: Lebhaft

IV. Langsam – Lebhaft

Tragedia, luz y poesía

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Viernes 6 de marzo, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Tras el diluvio, abono 10 OSPA , Erika Baikoff (soprano), Nuno Coelho (director). Obras de Brahms, Britten y Schumann.

(Reseña para LNE del mismo viernes en su web, escrita desde el teléfono, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

Tragedia, luz y poesía

La soprano Erika Baikoff brilla con Britten junto a la cuerda de la OSPA bajo la batuta de Nuno Coelho en el Auditorio

Pasado el ecuador de la temporada prosigue la OSPA con un programa de título apropiado a la climatología y “trágico”, donde la soprano norteamericana Erika Baikoff cantaría Les Illuminations de Britten en sustitución este mismo miércoles de Ian Bostridge (que cancelaría su participación por enfermedad). La «Gretel» triunfadora en la pasada edición de la ópera ovetense encantada de volver a la capital asturiana para registrar otro éxito en su carrera.

Abría velada la “Obertura Trágica” de Brahms, sumando repertorio del hamburgués que tan bien le va a la orquesta asturiana con su titular al frente, volviendo a demostrarlo desde un sonido compacto y majestuoso con una dirección precisa y enérgica.

Solo con la cuerda, hoy comandada nuevamente por Jordi Rodriguez, la soprano Erika Baikoff iluminó el Arthur Rimbaud musicado por Britten. Nueve canciones llenas de imágenes oníricas, alucinaciones, enigmas, incluso magia (especialmente en las centrales cuarta y quinta más la “Salida” última) que la soprano transmitió desde un mosaico vocal pleno de expresividad, delicadeza y lirismo poético, al igual que los atriles solistas dejándonos una interpretación de altura premiada con aplausos más que merecidos para cantante y cuerda. Como finaliza el poeta francés “¡Partida hacia el afecto y el ruido nuevos!».

La “Cuarta de Schumann” devolvía el músculo sinfónico en la trágica y mortal tonalidad de re menor, solo con luz mayor en el final transitando cuatro movimientos enlazados, plenos de matices siempre bien marcados por Coelho que sigue sacando lo mejor de la formación asturiana, a la que disfrutarán en Bilbao este domingo en “Musika-Música». Lástima que el público de casa no lo valore y siga habiendo muchas butacas vacías…

PROGRAMA

El barberillo valiente

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Jueves 26 de febrero, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894): El barberillo de Lavapiés. Zarzuela en tres actos con libreto de Luis Mariano de Larra (1830–1901). Estrenada el 19 de diciembre de 1874 en el Teatro de la Zarzuela. Coproducción del Theater Basel (2025), el Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo y el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Fotos propias y de Alfonso Suárez.

(Crítica para Ópera World del viernes 27 de febrero, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Alfonso Suárez más alguna propia)

Oviedo sigue siendo capital lírica, y finalizada la LXXVIII Temporada de Ópera arranca el Festival de Teatro Lírico Español que alcanza su trigésimotercera edición con dos funciones que se quedan pequeñas ante la demanda en la que es segunda temporada estable de zarzuela, tras la madrileña. Y este jueves llegaba a la capital asturiana el director de escena alemán Christof Loy, de fama internacional, quien se enamoró de nuestro género creando su  propia compañía de zarzuela con cuatro artistas españoles llamada “Los Paladines”, con sede en Austria (y a quien le comunicaron en el ensayo general el Premio del Teatro de Rabisbona como “Mejor Emprendedor”). Con ellos ha venido a Oviedo y con quienes ha debutado en Viena con Benamor (Pablo Luna), y en el Teatro de Basilea (Suiza) el pasado mes de septiembre precisamente con este Barbieri de El barberillo de Lavapiés que estrenaba este último jueves de febrero en nuestra sempiterna Vetusta (Madrid deberá esperar a la próxima temporada), para proseguir su andadura en el coliseo de la calle Jovellanos madrileña donde dirigirá El Gato Montés (Penella) el próximo junio, esperando siga periplo y lo traiga para la próxima edición de nuestro festival (personalmente me encantaría disfrutar de Benamor).

De El barberillo de Lavapiés aún recordamos anteriores producciones como la de 1994 en el primer festival, la de 2005 en la duodécima edición con la producción madrileña de Calixto Bieito y la más cercana de Alfredo Sanzol (en 2020) con dirección musical de Miquel Ortega.

Christof Loy confesaba no hace mucho en la prensa especializada que sus pasión por nuestra zarzuela le vino tras ver una representación de La del Manojo de Rosas en el Teatro de la Zarzuela en pleno Covid-19, cuando toda Europa tenía cerrados los teatros líricos mientras los españoles abrían, lo que le ganó para el género, siendo el comienzo de una andadura que ha culminado esta temporada con las tres producciones líricas antes citadas.

El barberillo de Lavapiés sigue siendo la zarzuela emblemática de la amplísima producción de Barbieri, y obra cumbre de la denominada “Zarzuela Grande”, triunfando ya desde su estreno, permaneciendo en la memoria de tantos aficionados al género, siendo de agradecer la edición crítica de los doctores de la Universidad de Oviedo Mª Encina Cortizo y Ramón Sobrino a los que bien conocemos y admiramos, y que se llevó al disco gracias a la Fundación Caja-Madrid para el sello francés Auvidis-Valois, con un reparto encabezado por María Bayo, Lola Casariego, Manuel Lanza y Juan Pons en el cuarteto protagonista, todos bajo la dirección musical de Víctor Pablo Pérez al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife. Muchos nombres ligados a Asturias que han mantenido en alto este «Barbero de Barbieri« que combina intriga política, aventuras con una vibrante defensa del buen casticismo madrileño y goyesco, majos y majas, manolas y estudiantes, guardias y conspiradores para esta “tonadilla escénica dieciochesca” ampliada, que no pierde el tono cómico y le ha asegurado su permanencia en los escenarios a lo largo del tiempo.

No quiero olvidarme de Luis Mariano de Larra, autor del libreto e hijo de Mariano José (que firmaba sus artículos como Fígaro e otro guiño al barbero) de quien heredó el amor a las letras, y escribió muchos textos de zarzuela para Arrieta, Gaztambide y Barbieri entre otros, pero cuyo fin de carrera literaria es digno de una película por estar ligado a una estafa de su hermana Baldomera, que tristemente le trajo el sobrenombre de “Larra el malo” con una furia hacia él que le obligó a abandonar el teatro y retirarse, como bien ha escrito Carlos Gómez Amat en el libreto que acompaña la histórica grabación de 1994, además de las excelentes notas del tándem Cortizo-Sobrino, donde el análisis de esta joya de Barbieri (el “maestro Bandurria” como humorísticamente él mismo se llamó) es referente para todo amante de nuestro patrimonio musical.

Christof Loy se refería a El barberillo de Lavapiés con las siguientes palabras antes del estreno suizo: «Ante todo, he intentado leer la obra con atención y he descubierto que, como toda buena comedia, tiene un trasfondo serio que debe aflorar constantemente. Lo genial del libreto es que personajes como Lamparilla y Paloma siempre logran salir de situaciones difíciles con humor. De este modo surge un nivel jovial tanto del contenido como de la filosofía de la obra. Y ese delicado equilibrio entre lo ligero y lo serio —algo parecido a lo que ocurre en la genial película de Ernst Lubitsch To be or not to be— es lo que intento captar atmosféricamente».

Sigo citando al alemán porque explica muy bien su acercamiento, siendo lo que más le atrae del Lamparilla «su origen teatral, la figura del Arlecchino. Sin proponérselo, se ve enredado en una intriga política que amenaza su vida. Y a lo largo de la acción va perdiendo cada vez más su papel “profesional” de bufón… y solo entonces se convierte en el hombre al que Paloma puede amar. Esta historia de amor entre Paloma y Lamparilla es, de por sí, gran literatura, comparable con las grandes parejas de enamorados en las comedias de Shakespeare. Y yo intento dar a esta evolución tan conmovedora de la pareja una gran autenticidad en mi puesta en escena».

La propuesta de Loy está obviamente actualizada y situada en El Pardo, como bien explicaba el propio director en una entrevista para la revista “Codalario” el 20 de septiembre pasado: «Como siempre en mis producciones, me tomo la libertad de inventar un mundo poético-teatral que corresponda al espíritu de la obra, pero también a mi necesidad de acercarme a los personajes. Para mí era importante representar el mundo del primer acto —que no transcurre en Madrid, sino en El Pardo— como una belleza casi irreal; luego, la barbería de Lamparilla se convierte en el lugar central de la acción, pero también ese Lavapiés es una invención: de un Lavapiés realista solo permanecen los faroles. Y, finalmente, el tercer acto es un espacio íntimo, la vivienda de Paloma, y en principio el escenario de un drama psicológico de cámara. Lo insólito de esta obra es que los personajes principales se sustraen por completo a los clichés. A primera vista parece evidente: está la pareja cómica del pueblo y, por otro lado, la pareja noble y seria. Sin embargo, los celos de Don Luis lo hacen parecer, en ocasiones, el personaje más cómico de la obra; al amor de Paloma y Lamparilla le devuelvo toda la dignidad que quizá se haya perdido con el paso de la tradición escénica. Y al final, también la pareja tragicómica de los nobles alcanza de nuevo esa grandeza. Es maravilloso cómo en esta obra se hace realidad la utopía».

Resaltar por último que esta producción está disponible para todo el mundo en la plataforma Operavision que la ha subido a Youtube© durante seis meses (filmada los días 5 y 7 de noviembre del pasado año). Evidentemente es una elaboración contemporánea (como era de esperar con Loy) pero de estética atemporal, casi de musical americano setentero por el vestuario, incluso anterior por las costureras que me recordaron el taller que tenía mi abuela materna), y donde lo único dieciochesco es la Guardia Walona de Carlos III “el rey alcalde”, elegantes de blanco con tricornio y peluca, pero la trama se sigue sin mayores problemas y sigue divirtiendo igual que siempre, incluso notando que Loy no ha renunciado a los tópicos más asociados al género (danza, colorido y casticismo), en un Madrid colorido donde toda la gente fluye, “todos un poco locos..” como lo describe el propio escenógrafo alemán que piensa ya en la temporada del Carnaval vienés, donde podría funcionar muy bien, reconociendo que está aprendiendo mucho y se acerca con respeto, amor y pasión a este género, pero también con cierta inocencia, “Y en mi teatro siempre es esencial una verdadera emoción”.

El decorado se ve limpio y concentrado en los actores para que nada distraiga, pues siempre funciona bien el aforismo de “más e menos”, unido a una iluminación cálida  que me recordó al mejor Sagi. No puede faltar el cuerpo de baile con cuatro parejas que dieron color y salero, lo que redunda y añade el calificativo de “grande” a esta producción internacional, a la que se sumó el coro titular del festival, la “Capilla Polifónica de Oviedo” que salvo un arranque dubitativo en la “Jota de los estudiantes” volvieron a funcionar en cada acto, estudiantes, vecinos y soldados, destacando especialmente el coro de las costureras (aunque no suspirasen el “Camisón” como el propio Barbieri indica en su manuscrito, en una acotación que me hizo llegar Ramón Sobrino).

En la parte instrumental repetían el Barberillo ovetense de 2020 tanto el coro como la Oviedo Filarmonía y seis componentes de la Rondalla Langreana (guitarras y mandolinas), presentándose este 2026 con el cuarteto protagonista (de “Los Paladines” ): la mezzo donostiarra Carmen Artaza (que también estuvo en el de Sanzol en la calle Jovellanos), la soprano madrileña Cristina Toledo y su paisano el barítono David Oller, completando el cuarteto principal el tenor uruguayo Santiago Sánchez, quien ejerció de presentador antes de levantarse el telón (al igual que en Basilea, allí en un alemán perfecto), por lo que el trabajo de la partitura de Barbieri estaba más que hecho, aunque nunca haya dos representaciones iguales.

Dos dúos bien diferenciados que representan los distintos mundos sociales, aún vigentes incluso en los diálogos que siguen siendo actuales, destacando la inclusión y presencia en ellos de Lope, con el guitarrista argentino Marcelino Echeverría, que iría poniendo el fondo ideal con melodías del propio barberillo pero también fragmentos de Asturias (Albéniz) o Recuerdos de la Alhambra (Tárrega) que enriquecieron la acción hablada, destacando la buena proyección y el mismo color vocal en las muchas y siempre difíciles partes teatrales de todos los protagonistas (lo que es un hándicap para muchos cantantes no hispano parlantes).

Y si la nobleza la representan la Marquesita del Bierzo y Don Luis de Haro, todos estábamos con el pueblo, con Paloma y Lamparilla, verdaderos triunfadores de la función.

La dicharachera costurera madrileña de Carmen Artaza mostró su gracia y buen hacer tanto  en las partes habladas como en cada intervención: romanzas (su canción inicial “Como nací en la calle de la Paloma”), dúos (bisaría con Oller “Una mujer que quiere ver a un barbero” cantado con gusto, al igual que el conocido dúo de las majas del tercer acto con Cristina Toledo (“Aquí estoy ya vestida como hace el caso”), y por supuesto en los concertantes, siempre de empaste perfecto manteniendo un color homogéneo y redondo de mezzo, sumándole una escena completísima haciendo plenamente suyo este rol.

Hace tiempo que el rol de Lamparilla lo abandonaron los llamados tenores cómicos para incorporarse directamente al repertorio de los barítonos, en parte por los guiños al rossiniano que tantas veces aparece en esta zarzuela, y David Oller es un lírico con la obligada vis cómica que dominó la escena dentro y fuera (Rossini le va muy bien) aunque el tempo algo rápido (hubo varios a lo largo de la función) para su entrada del primer acto hiciesen difícil una mejor vocalización, pero mostrando siempre una buena línea de canto, proyección hablada y cantada, presencia y dominio de este barbero castizo.

Un escalón por debajo (que no en lo social), la Marquesita Cristina Toledo no tiene suficiente caudal vocal en los graves pero lució buen empaste y equilibrio en el dúo de las majas antes citado, mientras el tenor Santiago Sánchez estuvo algo más opaco como Don Luis de Haro incluso en las partes habladas, menos “interpretadas” o creíbles que las cantadas, un tenor lírico con una bella línea de pero de poco volumen.

Excelente el bajo gallego Alejandro Baliñas como Don Juan de Peralta, poderoso, cantabile desde su registro y agradecido en escena. De los llamados actores cantantes (aunque prefiero la inversa), Joselu López, un albaceteño de Hellín, funcionó muy bien como Don Pedro de Monforte, completando un elenco vocal donde hubo nobleza canora y triunfo del pueblo.

No quiero olvidarme de los llamados partiquinos, a cargo de tres componentes del coro titular que van buscando su sitio en estos papeles comprometidos precisamente por su brevedad: los estudiantes encarnados por el langreano Adrián Begega y Carlos Prado junto a la contralto Eugenia Ugarte como vendedora, más desenvuelta y espontánea que sus dos compañeros tenores.

El director ovetense Óliver Díaz volvía al foso con Oviedo Filarmonía, una relación de hace años que le permite sacar de esta versátil y ya madura orquesta capitalina lo mejor en todas sus secciones. Además de saber mimar las voces como pocos, ya en el Preludio inicial supo jugar con las dinámicas y el ritmo, al igual que en el Intermedio del tercer acto, dando confianza y feliz entendimiento que hasta en las caleseras finales la dejó sonando sola con la misma calidad. Interesante resultó repetir las conocidas seguidillas “En el Templo de Marte vive Cupido” para favorecer el cambio de decorado sin pausa al tercer acto, haciendo cantar como Lamparilla la corneta de Antonio Soriano, que además adornó como buen valenciano que no olvida su tierra pese a los años que lleva en Oviedo. El maestro Díaz siempre favoreciendo y apoyando las voces, aceleró algún número para no agotar las exigentes capacidades pulmonares que pide Barbieri, aunque fuese en detrimento de unos textos ya de por sí difíciles de encajar, incluso para el coro, pero hay que reconocerle como un defensor de nuestra zarzuela desde su magisterio y experiencia en tantos fosos, incluso operísticos.

Otro éxito en Oviedo, que ama nuestro género por excelencia, y el aforo completo para las dos funciones sigue mostrando una afición que crece cada temporada, aplaudiendo entusiasmada a Christof Loy y todo su equipo en este estreno español dentro de la zarzuela, que pronto corroborarán en la capital de España y allá donde la lleve, valiente en sus apuestas y un idilio hispano que no decaerá, menos con “Los Paladines” que a buen seguro irán rodándose y ampliando plantilla, algo de agradecer en los siempre duros tiempos para la lírica.

FICHA ARTÍSTICA

Dirección Musical: Óliver Díaz – Dirección de Escena: Christof Loy – Asistente de dirección: Silvia Aurea – Escenografía: Manuel La Casta – Asistente de escenografía: Matías Carbia – Iluminación: Valerio Tiberi – Asistente de iluminación: Emanuele Agliati  Vestuario: Robby Duiveman – Coreografía: Javier Pérez.

REPARTO
Lamparilla: David Oller – Paloma: Carmen Artaza – Marquesita del Bierzo: Cristina Toledo – Don Luis de Haro: Santiago Sánchez – Don Juan de Peralta: Alejandro Baliñas – Don Pedro de Monforte: Joselu López – Lope/Guitarrista: Marcelino Echeverría – Estudiante 1º: Adrián Begega* – Estudiante 2º: Carlos Prado* – Vendedora: Eugenia Ugarte*.

* Miembros de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”

BAILARINES

Davide Pillera, Lucía Vázquez, Iván Amaya, Laura García Aguilera, Amparo Uhlmann, Pascu Ortí, Chiara Viscido, Giuseppe Bencivenga

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (director: José Manuel San Emeterio)

Orquesta Langreana de Pulso y Púa

Sara Cuello, Isabel Benavente (guitarras) – Dimas Coalla (guitarra bajo) – Sofía Nevado, Begoña Pérez, Ángel Cuartas (mandolinas)

Carmen cita en Oviedo

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Miércoles 4 de febrero de 2026, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVIII Temporada de Ópera. G. Bizet (1838-1875): «Carmen». Fotos de Iván Martínez.

(Crítica para Ópera World del jueves 5 de febrero, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Iván Martínezmás alguna propia)

Último título de la LXXVIII Temporada de la eterna cigarrera sevillana, «Carmen» de Bizet (también la de Mérimée), cima de la ópera francesa y una de las mayores obras maestras del teatro cantado de todos los tiempos, que es un imprescindible para asegurar buena respuesta de público, también por poseer la mayor cantidad de melodías populares para todos, que regresaba al coliseo ovetense por decimocuarta vez desde1894 (recuerdo personalmente la de 1984 con Carreras y Obratzsova), representada ahora en versión de opéra-comique al recuperar los diálogos hablados del propio Bizet en el estreno parisino de 1875, y dentro de una producción del Auditorio de Alicante firmada por Emilio Sagi en un título que nunca es inocente ni sencillo.

El libreto de Halévy y Meilhac que se inspira en Merimée nos narra la historia de una mujer nómada y hedonista que por encima de todo ama su independencia y libertad (repetida a lo largo de la ópera), y que en nuestros días calificaríamos como “mujer empoderada”, y aunque todos sabemos que su historia de amor fatal termina en tragedia, en pleno siglo XXI seguimos despertándonos muy a menudo con estos crímenes que parece no hay forma de detener.

Fiel a sí misma, Carmen rechaza la esclavitud que José le propone desde esta partitura exquisita y llena de luz que como repite la protagonista, y cita Sagi en el libreto, «Ha nacido libre y libre morirá». Carmen es mito, espejo y herida abierta, y el ovetense lo sabe. En la prensa local, el hijo predilecto de la capital reflejaba haberla despojado del ornato para buscar lo esencial de una mujer que, insistía, «no es ninguna puta, es una mujer que quiere ser libre». Su propuesta, de escenografía sobria y eficaz diseñada por Daniel Bianco, se articula en torno a un espacio único —un coso simbólico de albero rojo— verdaderamente es granza, como una arena pero de goma que “no mete ruido ni suelta ácaros ni polvo, y es muy higiénico. Aquí hay tantas peleas que es estupendo para tirarse al suelo” como explicaba unos días antes el propio Emilio, y que funciona como metáfora de encierro, destino y violencia anunciada, un atrezzo limitado a sillas y mesas que son plaza, taberna, paraje montañoso o coso taurino, siempre con el rojo que lo invade todo: pasión, sangre, advertencia…

La iluminación de Eduardo Bravo, con las bombillas que suben y bajan, siempre muy cuidada, más las videoproyecciones de Pedro Chamizo (hermosa noche de luna llena), hoy imprescindibles y enriquecedoras para estas puestas de escena sencillas a la vez que eficaces, si se me permite el oxímoron son ‘la complejidad de lo sencillo’, completando un marco visual que, sin deslumbrar, acompañan con inteligencia el desarrollo dramático, destacando momentos de gran belleza como la taberna de Lillas Pastia o el clima ominoso del cuarto acto.

Sagi anticipa la tragedia y subraya, desde el segundo acto, la violencia latente de Don José hacia Carmen, sin renunciar al tono ligero y casi burlón que Bizet y sus libretistas reservaron para los personajes secundarios (como en la escena echando las cartas). Las coreografías de Nuria Castejón, siempre orgánicas y reconocibles, extensibles incluso a los cantantes, aportan ese andalucismo estilizado que evita el folclorismo fácil, con un entreacto danzado de notable fuerza simbólica y sin taconeo, bailan sobre las mesas y destacar tanto el cuerpo de baile como el bellísimo solo de Juan Pedro Delgado, un torero con capa de plasticidad y tronío.

En el plano vocal, la más aplaudida de la noche fue la mezzo brasileña Marcela Rahal, debutante en la Ópera de Oviedo, que construyó una Carmen de gran presencia escénica y caudal vocal generoso, aunque los fraseos los cortase más de la cuenta. En la  famosa habanera «L’amour est un oiseau rebelle» mostró alguna respiración excesiva, pero su progresión dramática fue innegable, del blanco al rojo, hasta culminar en un cuarto acto de intensidad y convicción.

El tenor italoestadounidense Leonardo Capalbo, también debutante en Oviedo que sustituyó al inicialmente previsto Antonio Corianò, asumió el ingrato reto de Don José con entrega absoluta, dibujando un personaje extremo, obsesivo y sin redención. De instrumento potente y expresivo, aunque de fraseo precipitado y ciertos agudos forzados restaron matices a un rol que exige tanto lirismo como contención, histriónico por momentos con la violencia del papel reflejada en una voz que solo logró un pianissimi recurriendo a un falsete poco agraciado en la esperada «La fleur que tu m’avais jetée” poco sentida. La soprano italiana Francesca Sassu ofreció una Micaela correcta pero algo limitada en vuelo, proyección y color, con un vibrato que afea sus agudos, mientras que el barítono ubetense Damián del Castillo defendió con solvencia su debut como Escamillo, elegante pero sin buscar la rotundidad, de gran presencia escénica y buen empaste en el “duelo” con Don José, buena faena de aliño en una plaza que conoce bien.

Sólidos los papeles secundarios, con un Zúñiga especialmente acertado  del bajo tinerfeño Jeroboám Tejera tanto en lo vocal como en lo escénico, y una Mercedes eficaz, presente además de convincente de la mezzo barcelonesa Anna Gomà, mientras la Frasquita de la soprano madrileña Inés Ballesteros quedó siempre opacada en volumen e incluso en el inicial trío femenino del tercer acto no empastó todo lo deseado.

Mantuvieron la homogeneidad vocal y el abanico tímbrico los dos barítonos, Morales del mexicano Emmanuel Franco, y Le Dancaïre del cordobés Javier Povedano, más El Remendado del tenor catalán Josep Fadó, moviéndose todos muy bien en escena y logrando un conjunto bien empastado en el quinteto del segundo acto.

Destacar como ya es habitual el gran trabajo del Coro Intermezzo que dirige Pablo Moras, con algún desajuste con el foso, pero bien en conjunto, y especialmente las “cigarreras” además de bandoleras. De afinación intachable, proyección precisa y empaste global, sumaron una escena que con su movimiento ayudaron a que esta producción “minimalista” por sencilla la engrandecieran manteniendo una acción dramática que no decayó nunca.

Del Coro Infantil de la Escuela de Música Divertimento solo elogios porque no solo aportan frescura y cohesión a la propuesta, son verdaderos artistas en escena, desde su primera aparición en el cambio de guardia, unos profesionales desde el juego con las espadas de palo, hasta el desfile torero jugando entre “los mayores”, con un empaste y afinación que se alcanza con mucho trabajo previo bien llevado por Cristina Langa.

En el foso, el avilesino Rubén Díez condujo a la Oviedo Filarmonía con atención al equilibrio entre escena y orquesta, destacando los preludios, impecable el inicial y el del tercer acto de sonoridad presente llena de musicalidad con el arpa de Domené con la flauta de Mercedes Schmidt. Otro tanto en los pasajes orquestales, aunque con los ya indicados desajustes puntuales e  inevitables en una obra compleja de equilibrar, respetando el protagonismo y balance con las voces, con una lectura serena y bien coordinada con todas las secciones, para hacer que la función fluyese con solidez.

El público, casi completando el aforo para esta tercera función, respondió con entusiasmo creciente y ovaciones finales porque son títulos que atraen y el reparto, más o menos equilibrado sin grandes figuras, ayuda a los éxitos en taquilla.

©PabloSiana

Carmen cerraba la temporada ovetense (quedan aún la cuarta el próximo sábado, precedido del “viernes de ópera” con un sugerente segundo reparto) dejándome sensaciones encontradas, pero confirmando que esta obra, tantas veces representada, sigue interpelándonos con la misma crudeza: la libertad (que siempre tiene su precio), el deseo y la violencia, que siguen bailando peligrosamente juntos sobre la arena roja del escenario.

FICHA:

Miércoles 4 de febrero de 2026, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVIII Temporada de Ópera. G. Bizet (1838-1875): «Carmen», Opéra comique en cuatro actos, con libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy, basado en la obra homónima de Prosper Mérimée (1845, rev. 1846). Estrenada en la Opéra Comique de París, el 3 de marzo de 1875. Producción del Auditorio de Alicante.

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Rubén Díez – Dirección de escena y diseño de vestuario: Emilio Sagi – Diseño de escenografía: Daniel Bianco – Diseño de iluminación: Eduardo Bravo – Coreografía: Nuria Castejón – Diseño videoproyección: Pedro Chamizo – Dirección del coro: Pablo Moras – Dirección del coro infantil: Cristina Langa – Fotos: Iván Martínez.

REPARTO:

Zúñiga: Jeroboám Tejera (bajo) – Moralès: Emmanuel Franco (barítono) – Don José: Leonardo Capalbo (tenor)* – Escamillo: Damián del Castillo (barítono) – Le Dancaïre: Javier Povedano (barítono) – Le Remendado: Josep Fadó (tenor) –Frasquita: Inés Ballesteros (soprano) – Mercédès: Anna Gomà (mezzo) – Carmen: Marcela Rahal (mezzo)* – Micaëla: Francesca Sassu (soprano).

Orquesta Oviedo Filarmonía (Ofil)

Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo)

Coro Infantil de la Escuela de Música Divertimento

* Debutante en la Ópera de Oviedo

El lied protagonista

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Sábado 31 de enero, día 4 del Festival Atrium Musicae. Gran Teatro, Cáceres, 19:30 horas: Manuel Walser (barítono), Malcolm Martineau (piano). Franz Schubert: Sehnsucht (Anhelo). Fotos propias y de Sandra Polo.

El Gran Teatro de Cáceres acogió finalmente un recital que, pese al cambio obligado de intérprete, mantuvo intacta la esencia del festival y, si cabe, reforzó su identidad: el lied como centro y razón de ser. La indisposición gripal que impidió la presencia del barítono Florian Boesch fue resuelta con rapidez y acierto por la organización, que confió el programa al barítono suizo Manuel Walser, acompañado por el pianista Malcolm Martineau, ofreciendo un monográfico schubertiano de altura aunque no el programado Schawanengesang (El canto del cisne).

Walser no es un desconocido para el público de Atrium Musicae: y cuentan que ya había dejado una profunda impresión en la primera edición del festival con su interpretación del “Viaje de Invierno” (Winterreise). En esta ocasión regresó con una selección de lieder, un programa nuevamente schubertiano íntegramente como no podía ser menos, cuidadosamente construido en torno a algunos de los grandes ejes de su universo poético: el anhelo, la soledad, la naturaleza y la introspección nocturna. El título implícito del recital, Sehnsucht (Anhelo), actuó como hilo conductor de una travesía emocional tan exigente como coherente.

Desde Der Wanderer an den Mond hasta Totengräbers Heimweh, el barítono suizo desplegó una voz de timbre noble, emisión natural y dicción ejemplar, cantando todo el programa de memoria, lo que favoreció una comunicación directa con el público y con el pianista, así como una expresividad no solo vocal, gestualidad en manos y rostro. Los lieder elegidos pudieron haber memos trágicos y oscuros, y el Schubert del suizo aunque rehúye el efectismo y se apoya en la palabra, en el matiz y en una línea de canto siempre al servicio del texto, adoleció de «más carne» pues sus pianissimi resultaron tan imperceptibles que ante el uso excesivo restaron mayor capacidad y volumen (que lo tiene y se notó puntualmente), hubiese necesitado mayores contrastes en los matices. Especialmente logrados resultaron lieder como Du bist die Ruh, de intimidad suspendida, Aufenthalt, de tensión contenida, o el inquietante Der Zwerg, auténtico relato dramático en miniatura que personalmente fue de lo mejor en esta schubiertiada cacereña.

Malcolm Martineau, figura imprescindible del lied europeo, fue mucho más que un acompañante: su piano respiró con la voz, coloreó atmósferas y sostuvo con inteligencia cada giro expresivo. La compenetración entre ambos fue total, esa que solo se da entre intérpretes que comparten lenguaje y profundidad de enfoque, y capaz de rehacer en pocos días todo un recital con otro barítono, algo al alcance de muy pocos pianistas.

De agradecer también la proyección de sobretítulos, imprescindibles para seguir el diálogo entre música y poesía, esencia misma del lied. Schubert volvió a demostrar por qué sigue siendo piedra angular de este género exigente, no apto para todas las voces ni para todas las escuchas, con dos propinas, lógicas, del malogrado Franz, Fahrt zum Hades D 526 (algo menos ligero de tempo que mi referente en este repertorio) y finalizando con ese “himno” An die Musik D 547. En Cáceres, el lied fue protagonista absoluto: palabra, música y verdad, aunque tenebroso y triste pero pura emoción.

PROGRAMA

Franz Schubert (1797–1828): Sehnsucht (Anhelo)

Der Wanderer an den Mond, D 870 (El caminante a la Luna)

Abendstern, D. 806 (La estrella vespertina)

Die Taubenpost, D. 957/14 (La paloma mensajera)

Du bist die Ruh, D. 776 (Ella estuvo aquí)

Bei dir allein, D. 866/2 (Solo contigo)

Des Fischers Liebesglück, D. 933 (El pescador felizmente enamorado)

Aufenthalt, D.957/5 (La estancia)

Auf der Bruck, D. 853 (Sobre el puente)

Frühlingsglaube, D. 686 (Fe primaveral)

Im Walde, D. 708 (En el bosque)

Im Abendrot, D. 799 (En el crepúsculo)

Der Zwerg, D. 771 (El enano)

Nachtstück, D. 672 (Nocturno)

Totengräbers Heimweh, D. 842 (El anhelo del enterrador)

P.D. Las fotos de Sandra Polo al subir esta entrada (ya en la tarde del 5º día de festival, aún no disponibles) las añadí en la madrugada del domingo al lunes.

Canciones de la «patria querida»

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CD «ABERRI MAITIARI. Basque Art Song». Luken Munguira (tenor), Aurelio Viribay (piano).

Cezanne Producciones, CZ169 / M-26786-2025 / 0 667758 375509

Nuevo trabajo discográfico del maestro Aurelio Viribay que cual arqueólogo de la llamada “Canción de concierto española” sigue recuperando patrimonio musical, y desde la docencia va encontrando las voces adecuadas para cada proyecto, que también lleva al directo.
Y como se trata de un vitoriano de pro aunque afincado en Madrid, nadie mejor que mi admirado Aurelio para las 36 canciones de cinco compositores vascos y uno navarro (por no llamarlos vasco-navarros aunque todos compartan  textos en euskara), por lo cual era imprescindible encontrar un cantante que dominase este idioma tan singular, siendo el tenor guipuzcoano de Pasaia -Pasajes- Luken Munguira Santos (12 de mayo de 2004) el ideal para esta reciente aportación, que como en otros trabajos del profesor Viribay, se ha grabado en los Estudios Cezanne de Javier Monteverde, todo un equipo que está dando calidad y cantidad, ambas necesarias en estos tiempos donde el soporte físico lucha contra los “nubosos”, al que no pueden suplir pues el libreto que acompaña cada CD son otro documento imprescindible para ponernos en contexto con sus notas, además de contar tanto con los textos originales como sus traducciones, esta vez gracias a a la doctora en Filosofía Marta García Rodriguez, Profesora del área de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad del País Vasco, que iré añadiendo en esta entrada, y comienzo mi reseña con el inicio de sus notas:

«Aberri maitiari, una de las Tres canciones vascas que Francisco Escudero escribió en 1939 y que da título a este disco, significa «a la patria querida». La palabra aberri es un neologismo creado por Sabino Arana en el siglo XIX, y está compuesto por los lexemas aba, utilizado con significado de asaba («antepasado») y herri, que significa «pueblo». Es el equivalente a la terra patria latina, que el español redujo a «patria», el pueblo de los antepasados, la tierra de los ancestros. No es, por tanto, necesariamente el lugar que se habita, sino el espacio físico, cultural, espiritual y emocional del que se desciende y al que uno se siente unido por lazos del mismo tipo».

La voz del guipuzcoano Munguira, al que «descubrí» en el 72 Festival de Granada, es la de un tenor joven de bello timbre, amplia tesitura y enorme expresividad, que a buen seguro siempre cuenta con los sabios consejos del maestro Viribay, arropándole y complementando el protagonismo que ambos tienen en el “lied español”. El donostiarra comenzó en el Coro Easo allá por 2013 con Gorka Miranda y ha trabajado con Miren Urbieta-Vega y mi querida Ana Belén García antes de dar el salto a la Escuela Superior de Canto de Madrid, donde estudia con Judith Pezoa y Elías Romero Salamanqués, además de estar becado por Britten Pears Arts para trabajar repertorio de cámara con James Gilchrist y Anna Tilbrook. Estos datos biográficos nos dan cuenta de unos inicios líricos bien asentados y una carrera que va creciendo con recitales y conciertos donde no faltan estas canciones vascas y otros repertorios con distintos acompañantes o formaciones.

Este arduo trabajo que se ha llevado al disco comienza con las Tres canciones vascas de Francisco Escudero (Zarautz, 13/08/1912 – Donostia, 17/06/2002), con Matzaren orpotik (Del pie de la vid) poderosa para proseguir con una sentida Urrundik (Desde lejos) y esa «A la patria querida» evocadora y compartida en todas nuestras patrias chicas, escritura vocal y pianística delicadas. Más «ligeras» las siguientes con tres temas populares armonizados por Escudero que como tantos contemporáneos ayudan a elevar la tradición hasta las salas de concierto, con el euskera tan cantable pese a lo que se pueda pensar del hablado, ya que la música lo embellece y hace plenamente lírico (recomiendo leer las traducciones así como las biografías de los seis compositores). Como bien nos ilustra la doctora García, «Las canciones seleccionadas, que se presentan también en traducción al español, parten de ese acervo musical popular, aunque trasladadas a un lenguaje armónico extendido, aprendido e interiorizado dentro y fuera de la patria».

Los siguientes diez cortes son una selección de las Viejas Canciones Donostiarras (Donostiako kantu zaharrak) de Tomás Garbizu (Lezo, 12/09/1901 – Donostia, 27/11/1989), muy conocido en el terreno de obras litúrgicas desde su cátedra de órgano del Conservatorio de San Sebastián en 1954. Citando de nuevo a Doña Marta García «muchas de las melodías que utilizan (…) están recogidas y clasificadas en el (…) Cancionero de Azkue, y otras se construyen sobre letras vascas».  De todas ellas, que alternan expresividad y sentimiento, me encantó el Kuku tan onomatopéyico, el majestuoso y «guerrero» Jaiki-Jaiki (Levantaos, levantaos) y especialmente la «Habanera del Guria» cantando en euskera y castellano, esa melodía que conocía desde mi infancia como “Dijo el Sabio Salomón”, cercano folklore vasco que tantas versiones tiene y aquí de nuevo Garbizu lo trata desde el conocimiento académico y el amor a la tierra sentida por el dúo con los aires del común Cantábrico.

De los compositores, prácticamente todos iniciaron sus estudios en las parroquias o conservatorios de su pueblo o ciudad natal, siguiendo con ayudas, premios y becas de distintas instituciones para poder ampliar y profundizar sus estudios en el extranjero. Tras la Guerra Civil obtendrían cátedras en los conservatorios de sus ciudades y realizarían una encomiable labor pedagógica -además de ejercer como directores de orquesta- salvo Norberto Almandoz (Astigarraga, 05/06/1893 – Sevilla, 07/12/1970) que fue primero organista y después Maestro de Capilla en la Catedral de Sevilla desde 1919 hasta su jubilación en 1960. Sus Cuatro Melodías de Iparraguirre mezclan cierta conexión espiritual como la tentadora Zugana Manuela (En tí, Manuela), la denuncia política como Zibilak esan naute (Los Civiles me han dicho), con un acompañamiento pianístico interesante desde ese ritmo de zortzico y la voz dramatizando perfectamente los textos, hasta las dos las más aferradas al terruño, evocadoras y casi impresionistas Ara nun diran mendi maiteak (He aquí las queridas montañas) «presumiendo» como todos hacemos de Europa, España y aquí de «Euskal Herria Hermosa y querida»  o la alegre Biba Rioja (Viva Rioja) y también ¡Viva Navarra! y su gastronomía donde no puede faltar el «glu, glu, glu, glu» de sus excelentes caldos. Canciones dignas de ser consideradas a la mayor altura de los lieder alemanes o las chansons francesas. El Padre Norberto obtuvo con estas cuatro melodías un accésit en el Concurso de Composición sobre temas del poeta y músico vasco José María Iparraguirre organizado por el Ayuntamiento de Urretxu en 1920, en el Primer Centenario del nacimiento del popular bardo, todo un símbolo de la literatura en euskera, como recoge el libreto que acompaña el disco y voy reflejando en esta reseña.

Jesús Arrambarri (Bilbao, 13/04/1902 – Madrid, 10/07/1960) fue director de la Banda Municipal de su ciudad natal, ejerció la dirección de la Orquesta Sinfónica y formó su Orquesta Municipal antes de ser nombrado director de la Banda Municipal de Madrid, con la que interpretó muchas obras de compositores vascos. El conocimiento de tanta música se nota en cada una de las Ocho Canciones Vascas , un ciclo que mantiene esas raíces en su aberri (patria), «las referencias a elementos folklóricos y paganos, a tradiciones y costumbres locales» que cita la doctora García. Perfecta conjunción letra y música, lírica pura en la voz de Luken y el piano de Aurelio, paisajes sonoros con distintos tempi siempre acomodados al realce del canto, alternando por ejemplo la bellísima Tun, kurrun, kutun, con la juguetona Ainoarra ñimiño (La anchoa pequeñita), incluso respirando aires fallescos en la sentida Anderegeya (Novia) que entrará «de monja en un convento» enlazando con la alegre Amak ezkondu ninduen (Me casó mi madre) con un acompañamiento pianístico tan importante como la voz protagonista.

La vida del navarro Fernando Remacha (Tudela, 15/12/1898 – Pamplona, 21/02/1984) es digna de película, tras un periodo en el que tuvo que ocuparse de la ferretería que regentaba su familia en Tudela, y que en 1957 pondría en marcha el Conservatorio Pablo Sarasate en Pamplona. Musicalmente se nota haber sido alumno de Conrado del Campo durante su estancia madrileña, y sigue siendo uno de los compositores aún por redescubrir en las salas de concierto con un amplio catálogo que abarca distintos géneros (de sus películas daría para un estudio en profundidad) y a quien como tantos la Guerra Civil truncó una carrera más que prometedora, optando por el denominado «exilio interior», siendo uno de los músicos más representativos de la Generación del 27 que bien conoce Aurelio Viribay en su tesis doctoral sobre el llamado Grupo de los Ocho (también Grupo de la República o Grupo del 31) . En este disco están sus Seis canciones Vascas que el dúo Munguira-Viribay plasma de forma magistral como en los conciertos donde las llevan. Hermosas melodías, amorosas, sentimentales, delineadas en canto y piano de estilo universal plenamente exportable, breves e intensas además de una gran hondura interpretativa, que finaliza cantando a Ondarribia y las hermosas hijas de viuda que emulan en Fuenterrabía a las morillas de Jaén, otra joya recuperada por el «arqueólogo musical» y que siempre suena fresca.

Para cerrar este proyecto nadie mejor que el universal Pablo Sorozábal (Donostia, 18/09/1897 – Madrid, 26/12/1988) y dos canciones que muestran la inspiración melódica sumada al buen hacer de mi tocayo easonense que su nieto Pablo Sorozábal Gómez sigue manteniendo vivo más allá de las zarzuelas, y donde la herencia del folklore nunca se pierde, siendo probablemente su obra menos difundida, y de la que el pianista y musicólogo Mario Lerena Gutiérrez (Getxo, 1981), autor de una premiada tesis sobre el compositor, en el libro bilingüe editado en 2022 por Donostia Musika para conmemorar el 125 aniversario de su nacimiento, describe que «muestra una faceta más reservada del compositor y nos acerca a aspectos inéditos de sus inquietudes y quehaceres cotidianos, revelando entrañables redes amistosas, familiares y profesionales, imprescindibles para comprender a fondo su trayectoria y personalidad artísticas». La popular Gure basetxe (Nuestro caserío) con letra de Imanol Egileor, un caserío distinto al de Guridi que Sorozábal hace schubertiano y casi convierte en pequeño himno pastoral con aire de romanza (al que no falta el brillante final en agudo), y citando de nuevo al doctor Lerena «su acompañamiento pianístico (…) no renuncia a un refinamiento armónico con discretos gestos de modernidad contenida. De ese modo, el autor refleja la particular encrucijada estética y vital en que se hallaba inmerso: entre el elitismo de la alta cultura y la emergente cultura de masas, pero también entre la tradición vernácula y la vanguardia internacional». El último Euskalerria en adaptación al euskera del propio Sorozábal y Fernando Artola Sagarzazu del texto original de «Ay tierra vasca» (1956), broche de oro de estas 36 canciones vascas a las que deseo larga vida en vivo una vez inmortalizadas en este CD donde Javier Monteverde y su equipo de los Estudios Cezanne siguen mimando y apostando por estos repertorios.

Espero escucharlos en Gijón el 18 de marzo aunque será con La Bella Molinera de Schubert en su Sociedad Filarmónica dentro del ciclo POEX, y que me dediquen este último disco.

Cortes, autores y canciones:

Francisco Escudero (1912 – 2002):

Tres canciones vascas:

01.I. Matzaren orpotik (Del pie de la vid); 02. II. Urrundik (Desde lejos); 03. III. Aberri maitiari (A la patria querida).

04. Navidad-Eguberri -popular-.

05. Artaso (Bitoriano Gandiaga) -tradicional Paulo Aguirretaltzategi-.

06. Ollo eder bat -popular- (Una hermosa gallina).

Tomás Garbizu (1901 – 1989):

Viejas Canciones Donostiarras (Donostiako kantu zaharrak) -selección-:

07. Mariya nora zuaz (¿Dónde vas María?); 08. Pello Joxepe (Pedo José); 09. Kaia barrenian (Dentro del muelle); 10. Ikusi nuanian (Cuando vi); 11. Loa-loa (Duerme, duerme); 12. Donostiyako iru damatxo (Tres señoritas de San Sebastián); 13. Kuku; 14. Itzaya (El boyero); 15. Jaiki-Jaiki (Levantaos, levantaos); 16. Habanera del Guria.

Norberto Almandoz (1893 – 1970):

Cuatro Melodías de Iparraguirre:

17. I. Zugana Manuela (En tí, Manuela); 18. II. Zibilak esan naute (Los Civiles me han dicho); 19. III. Ara nun diran mendi maiteak (He aquí las queridas montañas); 20. IV. Biba Rioja (Viva Rioja).

Jesús Arrambarri (1902 – 1960):

Ocho Canciones Vascas:

21. I. Atea tan tan (La puerta, tan-tan); 22. II. Txalopin txalo (Aplauso y aplausito); 23. III. Nere maitia (Amor mío); 24. IV. Tun, kurrun, kutun; 25. V. Ainoarra ñimiño (El ainhoar pequeñito); 26. VI. Arranoak bartuetan (Las águilas); 27. VII, Anderegeya (Novia); 28. VIII. Amak ezkondu ninduen (Me casó mi madre).

Fernando Remacha (1898 – 1984): Seis canciones Vascas:

29. I. Eijerra zira maitia (Hermosa eres, amada); 30. II. Zubietako neskatxentzat (Las chicas de Zubieta); 31. III. Chorietan bürüzagi (Maestro entre los pájaros); 32. IV. Astea luze (Larga semana); 33. V. Bentara noa (A la venta voy); 34. VI. Ondarribia, erri txikia (Fuenterrabía, pueblo pequeño).

Pablo Sorozábal (1897 – 1988):

35. Gure basetxe -Imanol Egileor- (Nuestro caserío).

36. Euskalerria (¡Ay, tierra vasca!) -Pablo Sorozábal y Fernando Artola-.

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