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ReJoice DiDonato

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Lunes 11 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: Joyce DiDonato (mezzo), Il Complesso Barocco, Dmitry Sinkovsky (violín y director). Obras de A. Cesti, D. Scarlatti, Monteverdi, G. Giacomelli, Vivaldi, G. M. Orlandini, J. A. Hasse, Händel, G. Porta, Gluck y Keiser.

El último disco de la mezzo norteamericana se titula Drama Queens que como bien explica en las notas al programa Carlos García de la Vega, es una expresión coloquial inglesa que «Tiene un matiz jocoso a la vez que peyorativo y viene a definir a aquellas personas que tienden a exagerar y sobreactuar ante la más mínima contrariedad que se encuentran en su vida diaria», y el único que la diva de Kansas tuvo en Oviedo fue entrar para la segunda parte y caerse por dos veces al pisar el vestido de Vivienne Westwood Couture que también luce en las fotos del CD, del que también tenemos información en el programa. No constaban los calcetines rojos de los caballeros, a juego con el color de los dos vestidos de la «Reina Barroca«.

La formación musical italiana de Alan Curtis, que también figura en el CD, estuvo liderada en esta ocasión por el contratenor, violinista y director ruso Dmitry Sinkovsky, lleno de tics y gestos que por momentos resultaron exagerados, pero dejándonos un Concierto para violín y cuerdas «per Pisendel», RV 242 del cura pelirrojo muy aseado, limpio y virtuoso aunque algo pobre de sonido. Los números instrumentales dieron prueba de calidad en una semana plenamente barroca (que finalizará el próximo sábado con otra mezzo como «La Bartoli»), formación de sonido brillante, dinámicas amplias y afinación siempre cuidada. Como acompañante en las arias de DiDonato sonó en su sitio, en tutti y continuo, incluso los solistas como Marco Brolli a la flauta brillando a gran altura.

De los dos bloques elegidos por una de las divas de ahora, y volviendo a las notas de García de la Vega, resultó un «pasatiempo de Auditorio con estas Reinas de Drama, princesas, emperatrices. personajes escritos por músicos del XVIII (excepto Monteverdi) que «La DiDonato» interpretó con su estilo propio y las críticas habituales que no desmerecen en absoluto su entrega en el escenario.

Hace tiempo que las voces se clasifican por color en vez de tesitura, y las mezzos para el barroco necesitan un registro casi de soprano con el cuerpo grave casi de contralto más una técnica que exige incluso más que el belcanto. La americana tiene todo esto con limitaciones; personalmente me gusta su timbre -sé que muchos discreparán- aunque juegue con cambios guturales, dentales o nasales que pueden enmascarar el color aunque siempre se dan en momentos de dramatismo puntual. El estilo para el barroco es impecable en técnica, ornamentos de locura siempre claros, aunque el grave quedase más de una vez tapado por la agrupación camerística y, al menos en Oviedo, demostró una riqueza y variedad interpretativa según los roles, en especial la Ottavia de «la Poppea» de Monteverdi en la primera parte o el aria lenta de la «Ifigenia» de Porta llena de lirismo donde los músicos arroparon aún más la elegancia.

Me encantó el Piangerò la sorte mia del «Julio César» de un Händel (que ya cautivó con su anterior «Furore»), más en la parte rápida que en los lentos flanqueantes, aunque la belleza de la partitura es capaz de sonar siempre bien. Los pianissimi cortaron la respiración y hasta las toses del respetable, porque también las divas son capaces de detener un instante…

El «regocijo» o si se me permite jugar con el inglés ReJoyce de Donato, fueron las cuatro propinas que parte del público parece evitar al llegar la hora de la cena, pillándoles de pie en la puerta de salida. De todos es conocido el caracter extrovertido y simpático de la cantante que también cautiva, incluso su italiano para agradecer los aplausos y explicar que prefiere cantar a caminar con polisones siempre incómodos.

Lasciami piangere de Reinand Keiser (de su ópera «Galsuinde, reina de España»), recogida en el CD, Col versar, barbaro, il sangue de Orlandini («Berenice»), pues ya estaba bien de amoríos y llantos, más los bises de la primera y de Da torbida procella del citado Giuseppe Maria. Sin prisas seguro que hubiera continuado enamorando, pero también los músicos debían alimentarse de algo sólido.

El duelo de mezzos en semana barroca carbayona se decidirá el próximo sábado con «Mission» imposible y entradas agotadas. Para gustos, colores, y DiDonato brilló y enamoró…

Don Carlo dejará huella en Oviedo

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Martes 22 de enero, 20:00 horas. Teatro Campoamor. Ensayo general de Don Carlo (Verdi).
Invitado por #operaytuits acudimos unos cuantos «tuiteros» al general para empezar bien el Año Verdi. Además de compartir en tiempo real sensaciones y emociones, estar en un lugar privilegiado para disfrutar como si del estreno se tratase no tiene precio, pertrechados con móviles y tabletas que desgranaban cuadros, arias, dúos, concertantes, situaciones y todo lo que sólo la ópera es capaz de sacar del alma humana.
La magia flotó en el ambiente desde el arranque con una OSPA portentosa en bloque, secciones y solistas bajo la dirección de un Corrado Rovaris magistral de inicio a fin, terciopelo orquestal capaz de abrigar a las voces que por algo llevan «la voz cantante» sin renunciar a momentos épicos cuando lo exige esta obra esplendorosa del gran Verdi. Con esta base lo que vendría después era pura lógica en el discurrir lírico.
Del Coro que dirige Patxi Aizpiri sólo elogios en un general que servirá para aligerar los tempi marcados por el Maestro Rovaris en el estreno del 24, pues vocalmente están en momento dulce y como actores en su sitio.
Del reparto equilibrado que logró una representación triunfal más que un ensayo por darlo todo sin necesitarlo (gracias por la profesionalidad y el contagio emocional) comenzar por Don Carlo Stefano Secco convincente y en especial la Éboli de Alex Penda (Alexandrina Pendatchanska) que enamoró a todos.
Y de los «debuts» en sus roles Juan Jesús Rodrigo/ez que tiene clase hasta para morirse, el Filippo Bou impactante incluso de presencia, pero especialmente una Elisabetta di Valois que desde ahora será referencia, Ainhoa Arteta cuya voz ha ganado tantos quilates desde un trabajo del rol maduro, en plenitud, que logró acallar todo y erigirse en auténtica Majestad con todos postrados ante ella. Generosa, sin guardar nada, regalando una auténtica lección de profesionalidad, belleza interior que fluye hacia su presencia escénica hecha arte vocal.
Añadir una puesta en escena seria, rigurosa, histórica, con guiños pictóricos de libro como un atrezzo y vestuario cuidado al detalle que redondearon un Pre-estreno para los elegidos, entre los que me considero uno de los privilegiados. El 24E será un acontecimiento lírico para la historia del Campoamor y de la propia ópera en el bicentenario de Verdi.

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David Menéndez recordando a Félix Lavilla

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Martes 15 de enero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Sociedad Filarmónica de Oviedo, Año 107, Concierto 1 del año 2013 (1.883 de la Sociedad). Dúo David Menéndez (barítono) – Rubén Fernández-Aguirre (piano). Obras de Gounod, Guastavino, F. Alonso y Moreno Torroba.

Con el recuerdo por el fallecimiento del pianista pamplonés Félix Lavilla, todo un referente para tantos músicos españoles y muy especialmente el mundo de la lírica, el concierto resultó un perfecto homenaje a cargo del barítono local David Menéndez y el pianista Rubén Fdez-Aguirre, un dúo así entendido en tanto que el repertorio elegido exigía de ambos, perfecta simbiosis muy trabajada que pasó por Bilbao y más recientemente Santiago de Compostela.

Dedicar la primera parte a Gounod y su «Biondina» es una auténtica maravilla, más cuando antes de cada número pudimos escuchar la perfecta declamación, otra recreación poética de los textos en español a cargo del tenor asturiano Jorge Rodríguez Norton. Los doce números requieren toda una dramatización, buen decir, vocalización perfecta e interiorización hecha arte para pasar del enamoramiento al placer del amor, la boda, el dolor y la muerte, siempre remarcado y subrayado por un piano igualmente protagonista en la mejor línea de los lieder, con un Rubén Fdez-Aguirre capaz de sacar todas las emociones subyacentes en el texto: campanillas de Cupido, cuerdas de mandolina, campanas de boda y también de entierro, vientos de cipreses, alegrías y angustias instrumentales que la voz de David Menéndez bordó con una técnica impresionante, gama dinámica increíble, dramaturgia plena en una interpretación rica de matices y sobre todo, como mi primera impresión, de gusto en el canto. Todo un descubrimiento esta «Biondina» en el registro del barítono castrillonense y el pianista baracaldés.

Mucho más liviano y menos trágico pero igualmente colorida resultó la segunda parte con seis canciones de las doce «Flores argentinas» de Guastavino, la segunda «G» de la velada, caleidoscopio rítmico y melódico del folklore porteño elevado a la categoría de concierto, casi diría que como nuestro Falla, músicas con auténtico perfume hermano del otro lado del charco pero con acento nuestro, ¡qué lindo!: jazmines y madreselvas, plumeritos y claveles evocadores y embriagadores. Nueva lección de canto y piano, perfecto ensamblaje en el marco perfecto de un Teatro Filarmónica que tantas veladas líricas acogió en sus cientos de conciertos, incluido el póstumo homenaje del propio Rubén a Félix Lavilla con «su» Teresa Berganza.

El público entrado en años aún disfrutaría con dos romanzas de zarzuela que fueron auténticos números uno por barítonos como Marcos Redondo y sobre todo Manuel Ausensi, la canción de Vidal «En una dehesa» de la Luisa Fernanda de Moreno Torroba, orquesta desde el piano y poderío vocal recreándose como el propio personaje en cada matiz y cada palabra, en cada gesto y cada nota, para rematar ese «borrico» canción del gitano de «La Linda Tapada» del Maestro Alonso.

De regalo ese «Lejos de tí» (M. Ponce) que sigue emocionándome cuando lo escucho por Kraus, esta vez por la voz más natural de las graves, el barítono, canción que David Menéndez interpretó bien apoyado por el piano, siempre en su sitio, tapa abierta y volúmenes apropiados por parte del maestro Fdez-Aguirre.

Y estando en la llamada capital de la lírica española, en nuestra casa, no podía faltar la sidra, quitar el chaqué y la pajarita, remangarse la camisa y cantar el Xuanón de M. Torroba, estribillo del «Canto a la sidra» en dos partes con la salva de aplausos de un público que disfrutó con este espléndido concierto de la centenaria sociedad musical carbayona.

Más que un regalo musical de Reyes

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Sábado 5 de enero, 22:00 horas. Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela. Concierto de Reyes: Beatriz Díaz (soprano), Real Filharmonía de Galicia, Manuel Hernández Silva (director). Obras de Mozart, Haydn y Schubert. Entrada: 15€.

«Noche mágica» titulaba a la salida de un concierto en horario nada habitual pero que tuvo una excelente entrada en la Sala Ángel Brage de acústica perfecta. La orquesta gallega es la excelencia musical en todas sus secciones y perfecta para el programa elegido. El maestro venezolano pergeñó una selección del clasicismo vienés que domina como nadie, transmitiendo todo su conocimiento a los profesores que funcionaron como el gran instrumento que es la orquesta cuando al frente se pone un director de la talla y carisma de Manuel Hernández Silva, quien además comentó cada obra con el humor y gracejo suyos haciendo gala de su vertiente pedagógica. El premio del roscón de Reyes fue la soprano asturiana Beatriz Díaz con unas arias operísticas nuevas pero ya plenamente integradas en una voz que ha ganado cuerpo en el registro grave y le abren un abanico de roles que eran impensables no hace mucho, unido a su teatralidad inconmensurable viviendo cada papel sobre el escenario, contagiando su saber estar y cantar a todos, algo que el director supo ver y sacar a flote.

El concierto comenzaba con la obertura de La Clemenza di Tito, KV 621 (Mozart) que sonó impecable en una orquesta dúctil y de sonoridad cristalina, conducida con gusto y dominio.

Papá Haydn nos trajo dos arias de la ópera jocosa La vera costanza, Hob. 28/8 para disfrutar de Beatriz Díaz en estado puro, verdadera constancia la suya: «Non s’innalza, non stride sdegnosa», la mandamás y metomentodo Baronesa Irene, papel de amplia gama dinámica y de tesitura perfectamente solventado por la allerana, y «Con un tenero sospiro» de la pescadora Rosina, dulzura y buen hacer global, metamorfósis total para dos interpretaciones casi antagónicas como bien explico el maestro Hernández Silva antes de escucharlas. Grandes ovaciones en esta primera aparición vocal lógicas por el resultado global, orquesta en su sitio y protagonismo vocal.

El «Menuetto» de la Sinfonía nº 3 en RE M, D. 200 (Schubert) sonó puramente vienés, «prevals» bien explicado por la acentuación de la tercera parte que los profesores de la Filharmonía bordaron al responder en total comunión con la batuta, entendimiento como si el maestro venezolano llevase con ellos toda la vida.

Y volvía el gran Mozart de Le Nozze di Figaro, KV 492, primero la Obertura «de disco», todas las notas dibujadas y escuchadas en una cuerda de lujo y un viento siempre claro, el preludio de esa ópera única en la historia lírica que más allá del libreto de Da Ponte la música del de Salzburgo ilumina. En el aria «Giunse alfin il momento» la orquesta fue un acompañamiento soñado para el gusto en grado sumo que derrochó Beatriz Díaz (alumna aventajada de La Freni) desde el recitativo, deleitando con unos pianissimi siempre presentes y arropados por la musicalidad de una orquesta de lujo funcionando como un único instrumento tocado por la batuta de Hernández Silva. Todo un descubrimiento esta Rosina «Condesa de Boo» que el público valoró con atronadores aplausos y varias salidas de la soprano para saludar.

Quedaba todavía la Sinfonía nº 35 en REM, KV 385 «Haffner» interpretada como nunca antes había escuchado en vivo, posible por la simbiosis de director y orquesta en una obra tan interiorizada por el venezolano quasi vienés (sus 20 años de residencia en la capital austriaca se notan siempre) que los cuatro movimientos fueron auténticas delicias, fuego, amor y rapidez máxima posible que el propio Mozart dejó anotado en la partitura estrenada en Salzburgo como bien nos contó el maestro: desde el Allegro con spirito, fogoso sin perder nunca ímpetu y abanico de dinámicas; el Andante auténtica declaración amorosa hecha música sinfónica, delicadeza en cada plano sonoro, en cada acento, en cada matiz, en cada intervención instrumental y sobre todo en cada gesto del director; un Menuetto sublime de paladeo en todo su desarrollo, incluyendo el trío; y ese Finale. Presto tan rápido y preclaro que sólo una orquesta con el virtuosismo unido a la calidad de la orquesta gallega es capaz, y Hernández Silva logró que lo diesen todo. Realmente apoteósica.

La noche mágica todavía nos depararía el «premio» de los roscones de reyes al volver Beatriz Díaz para regalarnos «Una voce poco fa» de El Barbero de Sevilla (Rossini), sorpresa y nueva lección interpretativa donde las cadenzas y rubati jugosos de esta nueva Rosina fueron engarzados con el oro directorial de Manuel al mando del instrumento sinfónico atento y respetuoso, escuchándose todos en ese juego musical que resultó esta joya cantada por la asturiana. El público rendido, nueva salva de aplausos y  BraBoos de izquierda a derecha del patio de butacas, un aria conocida y recreada que surgió por sorpresa añadiendo un nuevo papel en el amplio repertorio de nuestra adorada Beatriz Díaz.

La cuerda de la RFG soltó arcos y con el humor que solo la maestría de los grandes logran sacar de los profesores, cerraron la Noche Mágica con una Pizzicato Polka de los hermanos Johann y Josef Strauss que igualó las mejores de Año Nuevo por lo jugosa en matices, calderones, cambios de tempi… ¡Tan sólo faltó el triángulo para hacerla insuperable!

Imposible comenzar 2013 mejor. Gracias a la orquesta, a Beatriz y a mi admirado y querido Manolín… Esta vez llevé «MUCHO CUCHO®» personalmente y el regalo imperecedero.

Bonitatibus y pecados de Rossini

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Domingo 2 de diciembre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara «Luis G. Iberni»: «Oviedo Barroco». Anna Bonitatibus (mezzo), Marco Marzocchi (piano), Un petit rendez-vous (Un breve encuentro), música de Gioacchino Rossini. Concierto patrocinado por  el Ayuntamiento y la Ópera de Oviedo.

La próxima “Agrippina” del Campoamor abrió boca con un excelente monográfico de «El cisne de Pésaro» compartido con un pianista perfecto para la ocasión, conocedor del repertorio y colaborador de su compatriota con quien ha grabado parte del programa de una velada donde los “pecados de vieyera” resultaron la merienda perfecta para el primer domingo de diciembre, con aforo casi completo y «horario canario». Del título de este ciclo ya lo comenté en el anterior concierto y supongo que barroco es el repertorio habitual de la italiana aunque esta vez el protagonista fuese Xuacu Rossini (29 de febrero de 1792 – 13 de noviembre de 1868), otro autor que domina sin olvidarnos de Mozart.

Tras unas palabras iniciales (desconozco al presentador, pidiendo disculpas de antemano) recordando a Rossini, el programa estaba estructurado en cuatro bloques con inicio de piano solo y dos canciones. Así el pianista romano comenzaba con Pequeño Capricho – Introducción” (al estilo de Offenbach) en DOM, Allegretto grotesco de la «Miscelánea de obras para pianoforte» y con el típico humor rossiniano desde la propia digitación indicada en la partitura que obliga al pianista a utilizar los dedos 2 y 5 de ambas manos (hoy sería de lo más heavy) puntualmente. Interesante repescar el repertorio pianístico del italiano, capaz de meter una orquesta en 88 teclas y no perder nunca el humor. Obra dura para calentar dedos, los diez, antes de las canciones a pares donde todo iría más rodado. La mezzo nacida en Basilicata (antes Lucania) fue recibida con aplausos por una clá que animó esta velada dominical, italiana del sur y con ese gracejo que me recuerda mucho a nuestros andaluces.

Siempre comento que el registro de mezzosoprano es el natural femenino como masculino el de barítono, y «la Bonitatibus» representa a la perfección la naturalidad vocal, «mezzo coloratura» como las figuras de su tesitura, capaz de afrontar repertorios barrocos o este Rossini que domina como nadie, siendo igualmente una actriz consumada que desgrana microrrelatos en cada página, auténtica lección de canto pasando por todos los caracteres humanos, dotada de una técnica prodigiosa ideal para el recital de cámara por el clima que transmite, esperando verla y escucharla con orquesta en el foso.

Or che di fiori adorno (La passeggiata), Anacreóntica para voz y piano en SOL M, Allegro fue la carta de presentación de su estilo genuino y portentoso con buen gusto y musicalidad, seguido de Mi lagnerò tacendo para voz y piano en MIM, Andantino del álbum «Musique Anodine», texto de Metastasio que Rossini colocó en colección, sarcasmo hasta el final porque piano y voz rezuman buen gusto, entendimiento y complicidad.

Intermedio pianístico que de «nadería» sólo tiene el título, Un rien, número 8 para piano en SOLM, Allegretto sostenuto, de «Quelques rien pour album», volumen XII de «Péchés de viellesse«, los ya comentados «pecados de vejez», antes del Ave María sobre dos notas para voz y piano en MIbM, Andantino, texto de Giuseppe Torre, auténtica joya lírica de engañosa facilidad más allá de esas dos notas SOL-LAb porque hay que interpretarlas como lo hizo Bonitatibus: con todos los colores posibles, énfasis y plegaria, dulzura y pasión, con el piano (re)vistiendo cada fraseo, otro bendito pecado de Don Joaquín riéndose de sí mismo y de todos, perfección en la ejecución de ambos artistas, pianista rebosante de música por todas partes y mezzo regocijándose y recreándose dramáticamente en las dos notas, siempre iguales pero siempre distintas ¡grande Rossini!. La Partenza para voz y piano, Andantino sirvió para una breve partida a mitad del recorrido, apenas para un trago de agua antes de volver a la sala.

Preludio ‘soi-disant dramatique para piano, del «Álbum de Châteu» (Vol. VIII de ”los pecados») precediendo a “Francesca da Rimini”: Farò com colui che piange e dice, recitativo para voz y piano en SIbM Andantino mosso con texto de Dante (Divina Commedia, Infierno, canto V, 127-138), que Bonitatibus recreó gestual y vocalmente en perfectra sintonía con Marzocchi, y À ma Belle mère, «Requiem eternam» para contralto y piano, Andante de «Miscelánea de música vocal» (pecados Vol. XI) donde la tesitura más grave no fue impedimento para volver al recogimiento místico hecho palabra y música, recreándose en unos pianissimi suficientes para la acústica de la sala.

La recta final con Une caresse à ma femme para piano en SOLM, Andantino del «Álbum pour les enfants dégourdis» (Vol. XI de la vieyera) caricia delicada en las manos de Marzocchi y el humor que no faltó nunca en el siguiente «pecado»: La leyenda de Marguerite para voz y piano en Mim, Andantino, paráfrasis francesa del aria de Angelina «Una volta c’era un Re» de La Cenerentola, recreación autohumorística hasta en el piano quasi orquesta del autor residiendo sus últimos años en un París que tan bien le dio de comer, hoy escenificada por ambos intérpretes haciendo de la sala de cámara un salón familiar sin mesas, café o pastas, sacando una rosa roja del piano entregada al romano, y el último Mi lagneró tacendo (1852) para voz y piano, en LAbM, Allegretto también de «Música Anodina» sólo en título y carcajadas para pianista con rosa entre los dientes cual enamorado latino y un Metastasio (el aria de Laodice de Siroe, 1726) cantado con la alegría desbordante que trajo todavía la propina cacofónica y escatológica hecha arte en francés de La Chanson du bébé, delicia canora hasta en los estornudos, guinda del pastel de esta merienda dominical que augura una Agrippina histórica en Oviedo.

Estaré el día 18 en el Teatro aunque en Mieres también la retransmiten en la Casa de la Cultura, pero donde esté el directo que se quite la televisión.

Triunfa siempre Kraus

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Domingo 25 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, X Concierto Homenaje a Alfredo Kraus: Celso Albelo (tenor), Juan Francisco Parra (piano). Obras de Bellini, A. Scarlatti, Turina, Serrano, Vives, Donizetti y Mompou. Organiza: Asociación Lírica Asturiana «Alfredo Kraus». Entrada Anfiteatro: 14€ + 1€ (comisión imperdonable).

Nada más salir pensé y dije «Hoy ni Alonso ni Albelo…», un «domingo negro» pensando que pudo ser triunfal, pero nada hay previsible en la Fórmula Uno ni en la Lírica, sin buscar culpables aunque haya para llenar muchas páginas… Una tarde mala no echa abajo los muchos años de trabajo ni el apoyo incondicional de los aficionados, aunque acaben siendo como los «curristas», y el canario como el asturiano, despierten pasiones, aunque el de casa llenó más que el insular en la misma sala, pantalla gigante frente a escenario puro y duro.

Tercer año consecutivo con Celso Albelo invitado por la asociación que rinde homenaje al maestro Kraus, el único e irrepetible, «El Tenor», primero con Milagros Poblador, el pasado con «El Barítono» (Leo Nucci) y este último domingo «de campeonato» solo ante el peligro, eso sí, con el mejor pianista acompañante de hoy, Juan Francisco Parra, quien además se lució cual buen subalterno (esta vez como Felipe Massa o el buen par de banderillas al toro indultado).

El programa era de los auténticamente duros, «krausiano» a más no poder y referencia para quien suscribe, esfuerzo superior a tres óperas juntas y como encerrarse en Las Ventas con seis victorinos, pero cuando la climatología no ayuda la puerta grande o el campeonato se resiste. Hay que aplaudir el esfuerzo, las ganas, la buena temporada, el placer de agradar y no suspender la función (El Maestro nunca lo hizo), a costa de forzar sin pensar en consecuencias posteriores, pero este domingo lo quería triunfal, al menos la noche.

Comenzar con las dos arietas de concierto que todo estudiante ha trabajado aunque cantadas con el gusto que le caracteriza y que los grandes también suelen programar en sus recitales, están bien para abrir boca y calentar, pero el Poema en forma de canciones, Op. 19 (J. Turina) ya es otro mundo equiparable al lied alemán pero hecho en Sevilla, para sopranos o tenores, mezzos o quien quiera afrontar estas perlas vocales con la Dedicatoria de piano sólo que Parra bordó, los Cantares que arrancan siempre aplausos fuera de lugar por esa fuerza que caracterizaría la velada, Los dos miedos premonitorios aunque tranquilos, y Las locas por amor jugosas y cierre del poema musical, nuevo recuerdo homenaje a Kraus.

El remate de la primera parte dos joyas de la casa como las que Don Alfredo bordaba y Albelo solventó con más fuerza que precisión aunque el mismo buen gusto que su paisano: «Te quiero, morena» la jota de El trust de los tenorios (Serrano) con final innecesario en el agudo que le pasaría factura, y «Por el humo se sabe…» de Doña Francisquita (Vives), con un Parra capaz de hacer de las reducciones orquestales un placer de acompañamiento.

Las arias de ópera ocuparían la segunda parte salvo el Mompou de Canción y danza nº 6 que nos endulzó con esa melodía tan cantabile e íntima y despertarnos con la dificilísma danza posterior, pianismo puro para un intérprete como el canario capaz de elevar a coprotagonismo su papel.

El aria de Edgardo «Tombe degli avi miei…» cantada por Kraus me introdujo de niño en la ópera y más en la Lucia de Lammermoor (Donizetti) que Albelo «calca» en respiraciones, fraseo y cadencias con la orquesta pianística capaz de rememorar timbales entre cuerda. Salida de escena, supongo que a beber y tomar aire para afrontar Nadir en «Je crois entendre encore», recitativo previo incluido, de Los pescadores de perlas (Bizet) que comenzó a hacer peligrar un buen resultado final (mejor el pasado año), y pese a reconocer la dificultad en «no nasalizar» el canto francés, la afinación y cambio de color me dejó incómodo, siendo aún peor en «T’amo qual s’ama un angelo» de la Lucrezia Borgia, y la faena fue de aliño…

El descanso tras el emocionante Mompou era necesario para afrontar un durísimo final con dos arias conocidas, aplaudidas pero fallidas como se pudo comprobar en el propio gesto del tenor y supongo que corroborará la posterior edición en DVD del recital: «La donna e mobile» (Verdi) y «Spirto gentil» (Donizetti), una voz que ha ganado cuerpo en el registro grave y medio para poner más fuerza en el agudo ante el catarro atenazante, aunque dejase anteriormente los destellos de pianos y línea de canto que caracteriza al gran tenor canario.

Y todavía se (es)forzó por regalarnos una propina tan dura como la segunda aria de «La figlia» no sin reconocer públicamente sus problemas vocales. Seguro que muchos lectores discreparán (sobre todo la señora que tarareaba a Verdi a la que fulminé con la mirada), me pondrán a parir y llamarán repugnante (especialmente el cámara al que tuve que mandar callarse en pleno pianissimo). Admiro y defiendo tanto a Fernando Alonso como a «ExCelso» Albelo, son luchadores, muy buenos, trabajadores, lo dan todo pero no siempre alcanzan la cima. La voz no es un fórmula uno pero requiere mimos, evitar excesos o roturas y estar siempre a punto, con todo lo que ello conlleva. Este domingo me quité el sombrero con Felipe Massa y de nuevo con Paco Parra, son la parte necesaria del espectáculo y demasiadas veces olvidados por la afición.

Es cuestión de esperar porque el tiempo es implacable y lo juzga todo, por eso siempre triunfa Kraus.

Décimo aniversario de la ALAAK

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Martes 5 de junio, 20:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. ALAAK, Concierto X Aniversario: Mercedes Gancedo (soprano), Mario Álvarez Blanco (piano). Obras de Fauré, Schubert, Debussy, Ginastera, Haendel, Donizetti, Mozart, Massenet y Gounod. Entrada: 10€.

La Asociación Lírica Asturiana «Alfredo Kraus» que preside mi amigo Carlos Abeledo celebraba su décimo aniversario con buena asistencia de público y en su línea de ofrecer oportunidades a cantantes en formación con proyección futura, y así llegó a Oviedo la joven argentina afincada en Barcelona Mercedes Gancedo acompañada del asturiano Mario Álvarez Blanco, un repertorista de la casa que cumplió con su cometido, discreto en cuanto a volúmenes pero dando la seguridad que todo cantante quiere tener tras de sí, y poco agradecido sobre todo en las obras orquestales con transcripciones no siempre pianísticas donde el «repetidor» debe sacar del teclado colores que no tiene.

De la soprano comenzar diciendo que me sorprendió su color vocal, más cercano a mezzo pese al repertorio elegido (como curiosidad comentar que muchas de ellas las canta Cecilia Bartoli, pero también mi idolatrada Netrebko, sin olvidarme de mi soprano preferida Beatriz Díaz que también actuó para la ALAAK), donde tuvo sus más y sus menos aunque siempre metida en cada papel, muy expresiva gestualmente y con detalles que supongo apuntan a una prometedora carrera que todavía está comenzando, pues quedan cosas por trabajar (realmente toda la vida) que su maestra espero sepa encauzar a partir de una mejor elección de las obras para poder dar de sí todo un potencial que no brilló en esta velada como cabría esperar.

La primera parte digamos que fue muy «académica» (y lo digo con conocimiento de causa por los años pasados como pianista acompañante del alumnado que Mª Dolores Suárez Tamargo tenía a finales de los 80 y principios de los 90) en su entorno de voz con piano donde lo francés dominó al notársela cómoda expresivamente: Ici-bas! (G. Fauré), bien para su registro y color, Nur wer die Sehnsucht kennt «Lied der Mignon» (F. Schubert), Beau soir y
C’est l’extase langoureuse (C. Debussy) como «ariettes oubliées» bien interpretadas por soprano y pianista, más la siempre hermosa Canción del árbol del olvido (A. Ginastera) cantada con el acento porteño original aunque el piano hubiese resultado más «guitarrístico» para esta vidalita… El cierra con otra preciosidad como el Après un rêve (Fauré) donde la voz «corrió» más que en las obras iniciales, llena de sentimiento y como se dice en el argot taurino, gustándose.

Para la segunda parte llegaba la lírica, dura y no siempre adaptada al color de voz de la descendiente de asturianos (ese apellido Gancedo es muy vaqueiro), nuevamente con la tendencia francesa que resultó mejor que unos «italianos» no apropiados para ella: el aria más famosa de «Rinaldo» Lascia ch’io pianga (G. F . Händel) apta a su color dramático aunque de agilidades poco limpias, Prendi, per me sei libero de «L’elisir d’amore» (G. Donizetti) que no es para ella en nada, no está cómoda ni segura, Vedrai carino de «Don Giovanni» (W. A. Mozart), nunca fácil de cantar y bien solventado, para acabar con dos arias francesas bien dichas pero poco agradecidas: Adieu, notre petite table de «Manon» (J. Massenet) mejor que O Dieu, que de bijoux! o «Aria de las Joyas» de la Magdalena de «Faust» (C. Gounod), a las que podríamos aplicarle lo dicho anteriormente. Lástima que una voz bien afinada, de emisión buena aunque algo corta todavía, y registros muy homogéneos con un grave redondo que crecerá en volumen de trabajarlo correctamente, nos cantase un repertorio que no le luce. Para remate las dos propinas elegidas volvieron a pecar de lo mismo, bien cantadas, interpretadas gestualmente pero sin convencerme del todo, la Canción de Paloma de «El barberillo de Lavapiés» (Asenjo Barbieri) y O mio babbino caro de «Gianni Schicchi» (Puccini).

Con todo, hay que seguir la trayectoria de esta voz aún joven (tiene 22 años) y becada en Barcelona (forma parte del Opera Estudi), desde donde espero el acierto y confianza del maestr@ de canto para enfocarla a repertorios más apropiados a una voz que promete mucho.

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