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Lección vocal de combates y lamentos

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Martes 20 de mayo, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo: «Primavera Barroca«. Combates y lamentos: Anna Caterina Antonacci (soprano), L’Accademia degli Astrusi, Federico Ferri (director). Obras de T. Merula, Monteverdi, Strozzi, Biagio Marini, Marco Uccellini, Pietro Antonio Giramo, A. Corelli, Giovanni Paolo Colonna, Giacomo Antonio Perti, Pietro Antonio Cesti y Maurizio Cazzati.

La clausura de este primer ciclo patrocinado por el CNDM traía a la capital asturiana una agrupación boloñesa fundada por el violonchelista Federico Ferri con un sexteto realmente de calidad y acompañante de lujo para la soprano Anna Caterina Antonacci en distintas combinaciones que nos dejaron una muestra no ya del «lamento» como género musical sino de verdadera lección de interpretaciones barrocas, finalizando esta edición en lo más alto tras conciertos algo desiguales pero que completan una oferta para un público enamorado de estas músicas menos habituales que las camerísticas clásicas o directamente sinfónicas de las que no podemos quejarnos. Desde Madrid siguen apostando por estos circuitos y en la contraportada del programa ya avanzaban la próxima temporada 14/15 también alternando formaciones nacionales e internacionales, aunque escribiremos de ellas en el asueto veraniego.

Citar en primer lugar los músicos del «ensemble» boloñés: el continuo formado por el propio Ferri al cello y dirección, Stefano Rocco a la tiorba, Giovanni Valgimigli al contrabajo (violone) y Daniele Proni doblando clave y órgano positivo, más el dúo de violines Lorenzo Colitto y Luca Giardini, y esporádicamente la viola de Gianni Maraldi.

En sexteto abrieron estos instrumentistas un concierto italiano con La Cattarina de Merula (de las Canzoni overo sonate concertate per chiesa e camera, op. XII, Venecia, 1637), destacando en la primera toma de contacto el perfecto empaste y entendimiento entre los violines.

El prólogo de L’Orfeo de Monteverdi (publicado en Mantua en 1607) era la carta de presentación en Oviedo de la soprano ferraresa Antonacci, de riguroso negro y mantón delicado, Del mío Permesso amato a voi ne vegno con voz plena, clara, de dicción perfecta para una interpretación totalmente creíble acompañada por el septeto al completo. Mejor Barbara Strozzi y Lagrime mie, a che vi trattenete (de Diporti di Euterpe, op. VII, Venecia, 1659) comenzando sola con el continuo mostrando un grave poderoso aunque algo oscuro frente al agudo más metálico (versatilidad que le permite afrontar papeles de mezzo). Partitura de endiablada afinación y dramatismo, fue centrando unos textos bien alternados con los solos de cello y tiorba, melodía de clara inspiración popular que Antonacci marcó con un timbre más natural.



Tras el esfuerzo vocal el Passacalio à 3 et à 4 (de Sonate da chiesa e da camera, op. XXII, Venecia, 1655) de Biagio Marini, septeto alternando órgano o clave de tiempo lento y mandando el primer violín, respirando el mismo aire veneciano con Monteverdi del que la soprano cantaría el lamento de Ottavia Disprezzata regina (de «La Coronación di Poppea«, Venecia 1642) que resultó sólo con el continuo una auténtica lección interpretativa, imaginándomela en la ópera ovetense (donde su compatriota la mezzo Anna Bonitatibus también cantó y participó en este ciclo de cámara): todo el dolor del texto hecho voz subrayada por el acompañamiento casi desnudo para realzar aún más el drama en el que la soprano ya estaba sumergida y contagiada.

Pero llegó la alegría del carnaval veneciano con el Aria quinta sopra la Bergamasca (de Sonate, arie et correnti, op. III, Venecia, 1642) de Marco Uccellini, con un sexteto donde el clave punteaba y la tiorba rasgueaba emulando una guitarra que no había, posteriores «pizzicatti» en violonchelo y contrabajo aumentando un colorido instrumental del más puro estilo barroco.

La primera parte fue literalmente de locura a cargo de «La Antonacci» con Pietro Antonio Giramo y su Pazzia venuta da Napoli: La pazza, sin mantón para interpretar en todo el sentido de la palabra una verdadera delicia napolitana, similar a nuestros andaluces, una loca genial nunca sobreactuada pero dramatizada de pies a cabeza: cantando, riendo, acelerando el trabalenguas y el breve remanso siguiente, entendible el texto gracias a su actitud, actriz y cantante sin descanso para incluso entre dientes jugar con todo el color y acento del sur italiano, «loca de lengua infiel» como pequeña representación con los «académicos» formando parte de la misma.

Sin dejar del todo atrás «La Serenissima» el viaje musical continuaría por Módena pero también Bolonia, patria chica de estos músicos y con lamentos que aparecerían en óperas, cantatas y arias de todo tipo desde el norte hasta el sur, como bien aparece recogido en las notas al programa.

La Ciaccona per due violini e basso continuo (A. Corelli) de Sonate da camera a tre, op. 2, nº 12 (1685) con el sexteto de Ferri sonó a barroco en estado puro con estos grandes instrumentistas, volviendo a disfrutar con el perfecto entendimiento y empaste de los violinistas logrando una sonoridad apropiada a estas sonatas, la misma para acompañar a la soprano en Del dolor che mi tormenta (Colonna) perteneciente a «La caída de Jerusalén» (Módena, 1688) en edición crítica de Francesco Lora (también la siguiente). Anna Caterina Antonacci volvió a deleitarnos con un timbre hiriente en cuanto a la dramatización, distintos colores en el mismo registro para un catálogo de intensidades según marcase el texto, como debe ser, y con un sexteto en la misma línea interpretativa de gusto y musicalidad.

Se sumaba la viola para escuchar Sì, spegni i lumi, o cielo… Sì sì, apritevi per piangere (de «Abramo vincitor de propri affetti Bolonia«, 1683) de Perti, otro descubrimiento que la soprano de Ferrara dibujó sin escatimar recursos, un recitativo con continuo y la consiguiente aria llena de matices y buen hacer.

Los recitales y más barrocos, son más exigentes que toda una ópera, por lo que es normal intercalar música instrumental, como fue la Ciaccona de Tarquinio Merula «hermana» de la inicial, para un sexteto siempre correcto que reforzó el auténtico duelo de violines, más aún cuando era el clave quien estaba en el continuo precisamente por las sonoridades más equilibradas. Antonacci volvía a escena con «Orontea» de Cesti y el lamento Intorno all’idol mio… Ohimè, non son più mia… Dormi, dormi, ben mio, catálogo de caracteres y afectos desde una técnica vocal asombrosa, ahora con mezza voce íntima para la tranquila primera parte, luego el recitativo más dramatizado antes del aria con órgano (que no siempre ayudó para la mejor textura) y el «dormi dormi» final cantado casi como una nana por el ambiente logrado.

Los músicos de L’Accademia degli Astrusi traían de su tierra música de Maurizio Cazzati, un pasacalle de Trattenimenti per camera, op. XXII (Bolonia, 1660) para un sexteto que recordó mucho en su composición el canon de Pachelbel, entrando el «violone» en pizzicatto, después la tiorba con órgano y cello, para ir sumándose el primer violín y todos construyendo una partitura resultona que finaliza a la inversa, desandando lo tocado, alegremente ejecutado por unos instrumentistas de calidad.

Monteverdi es la referencia vocal, solista o coral, especialmente por sus madrigales que resultan microrrelatos u óperas de concierto, y el protagonista por cantidad y calidad de este recital barroco, exigente vocal y teatralmente, con el septeto al completo y la soprano sin mantón como escenificando la desnudez de su personaje, apareciendo en escena mientras los músicos comenzaban el Combattimento di Tancredi e Clorinda (de «Madrigali guerrieri et amorosi», Venecia 1624/38). Recitativo donde la música complementa y enriquece el texto, pequeña gran joya de acompañamiento instrumental para una melodía enorme en emoción, intervenciones de tiorba y órgano vistiendo la voz de Antonacci, cambiante en afectos y efectos con esos contrastes tutti-solo y forte-piano sin olvidar los silencios dramatizando los «intertextos», cantados con agilidades de vértigo, siempre redondas y nada punzantes o hirientes pese a toda la violencia contenida, antes del rápido trabalenguas gestionado con total seguridad. Impresionante igualmente la gestualidad escénica que ayudó a entender todo lo cantado para una auténtica lección de música.

La propina de Händel y su conocidísimo Lascia ch’io pianga (de «Rinaldo«) remató una velada de perfecto equilibrio entre una excelente Anna Caterina Antonacci convincente y artista de principio a fin, recreando cada intervención incluyendo el regalo final, cómoda en este repertorio y acompañada por una formación instrumental a su servicio, que entiende e interpreta el barroco italiano con calidad y rigor, con efectismos justos y nada exagerados, bien llevados desde el cello de Ferri «compartiendo» dirección con Colitto aunque todos desde la discreción que no impide hacer grandes interpretaciones de unas partituras desiguales.

Para lo divino desde lo humano

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Miércoles 14 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Olalla Alemán, Mª Eugenia Boix y Rocío de Frutos (sopranos), José Pizarro (tenor), Los Músicos de Su Alteza, Luis Antonio González (director): Es el día del Corpus día tan grande «La fiesta del Corpus entre Madrid y Nueva España». Música de José de Nebra (1702-1768).

La “Primavera Barroca” está llegando a su final y con buena acogida por parte del público ovetense, en colaboración con el CNDM que ha traído en gira hasta la Sala de Cámara a distintas formaciones españolas especializadas en estos repertorios para poner broche de oro internacional el próximo 20 de mayo con Anna Caterina Antonacci y L’Accademia degli Astrusi que dirige Federico Ferri.

Este miércoles venía con aires de Corpus Christi, fiesta católica por antonomasia que todavía muchos pueblos celebran por todo lo alto en rincones insospechados, recordando que lo profano siempre va emparejado con lo divino.

El teclista y musicólogo maño Luis Antonio González fundó en 1992 Los Músicos de Su Alteza, un ensemble en la línea de otras formaciones vocales e instrumentales dedicadas a trabajar el repertorio barroco hispánico, flexibles según el programa, ayudando a difundir obras olvidadas o perdidas, aunque sin ceñirse a una época concreta. La escuchada en Oviedo (y el día anterior en León) fue compuesta por José de Nebra, hijo de José Antonio de Nebra, música religiosa no litúrgica del maestro bilbilitano de nacimiento -por el oficio de su padre- pero madrileño de adopción donde será más conocido por su música escénica como recogen las notas al programa.

José de Nebra seguirá la tradición de repetir el oficio del padre, conoce y asimila el estilo italiano tan de moda en el Madrid de inicios del XVIII aunque fusionándolo con las formas de nuestra tradición para lograr una síntesis que le caracteriza. Su amplia obra escénica apenas se ha conservado, justo lo contrario de la religiosa de la que hay casi doscientas incluyendo las que Los Músicos de Su Alteza interpretan con rigor y fidelidad histórica, música paralitúrgica como los villancicos, evolucionados desde las Cantigas del rey sabio, las cantatas o cantadas de origen italiano, y los célebres Autos Sacramentales, nuestros oratorios hispánicos sobre textos de Calderón de la Barca.

Estas formas musicales conformaron el «corpus» del concierto, que incluía la recuperación histórica de varias obras por encargo del CNDM y el consiguiente estreno en tiempos modernos, partituras muy difundidas en los virreinatos, especialmente México (su Basílica de Guadalupe, el Conservatorio de las Rosas de Morelia y la colección Sánchez-Garza han sido las fuentes musicales para la recuperación de muchas partituras), con referencias a la ópera italiana de entonces desde la más pura tradición ibérica. El formato similar en ambas partes no hizo sino corroborar mi impresión inicial: siempre se agradece rescatar del olvido estas obras, más la de un compositor con tanto oficio, aunque tal vez excesivo como monográfico y temático. Lo mejor fue la parte final, precisamente la más humana y menos divina, sabedores todos que resulta más cercano lo terrenal que lo espiritual.

Demostraron oficio las tres sopranos Olalla Alemán, Mª Eugenia Boix y Rocío de Frutos, que llevaron todo el peso vocal, y los nueve instrumentistas bien ensamblados dirigidos por el maestro maño, hoy sin tocar los teclados: Pablo Prieto y Eduardo Fenoll (violines), Pedro Reula (violón), Roger Azcona (contrabajo), Francisco J. Gil y Pepa Megina (oboes), Joaquim Guerra (fagot), Josep Mª Martí (archilaúd y guitarra barroca) más Alfonso Sebastián (órgano y clave).

Las distintas formas fueron desgranándose en combinaciones variadas: Villancico a cuatro al Santísimo para abrir y cerrar primera parte (recuperación histórica) «Caminemos al monte de amores» y «De aquel amoroso sagrado volcán» con la participación de todos, recitados y dúos como los de la Loa del auto sacramental Amar y ser amado y La divina Filotea de Calderón también en las dos partes: «El ámbito boreal» recitado “La Culpa y La Gracia” encarnadas por Mª Eugenia Boix y Rocío de Frutos con colores vocales similares que lograron empastar a la perfección, con dicción clara y emisión correcta contrapuestas al calderoniano “El diablo mudo” que resultó ser el tenor José Pizarro, corto de volumen (al igual que en Gijón el verano pasado con Nuevo Sarao) desde el primer sólo y dúo «Señor, piedad», con De Frutos, pese a estar callado el viento, contrastado con «Naturaleza humana, cuyo llanto» fue poderío de la soprano Olalla Alemán, color de mezzo por cuerpo y redondez en todas sus intervenciones, pese a cierto abuso de portamentos como recurso dramático innecesario al poseer técnica, expresividad y registro carnoso suficiente en toda su tesitura «divina» uniéndose Boix más «humana», que en la segunda parte, con todo más rodado, mejoró el dúo y cuarteto «Albricias, mortales, consuelo» de las mismas, o el aria a tres «Ni ardiente fineza» cantando las virtudes teologales de La Caridad, La Esperanza y La Fe, con momentos «a capella» hermosos tanto en escritura como en interpretación de las féminas.

El auto sacramental Andrómeda y Perseo alternó narradores (tenor y soprano) en cada mitad, con las voces blancas detrás de las butacas para semiescenificar “Pecado, muerte, error” en la primera, tutti sin viento ni tenor que sólo se suma al final. Mejor el dúo «La que nace para ser» con Alemán de narradora y sus dos compañeras cantando, igualmente sin viento pero el órgano haciendo un continuo destacable como toda la formación instrumental por riqueza tímbrica, alternando órgano o clave y archilaúd o guitarra según el carácter que los textos marcasen, un dúo de oboes capaces de elevar algunas partituras al mayor nivel interpretativo con tintes y recuerdos venecianos, más la cuerda frotada o el fagot completando esa paleta perfecta en planos y fondos para las voces protagonistas.

Queda recordar la «Cantada a la Asunción de la Virgen» que abría la segunda parte con el recitado «Hoy al ver que su vuelo» y el aria «Suavidad el aire inspire» para volver a disfrutar del color vocal de Olalla Alemán y el fin de fiesta con «La casa de campo», sainetes con tenor cómico perfecto y las tres sopranos, armadas dos con castañuelas y todo el gracejo andaluz: seguidilla y fandango del Alcaldillo valiente, Ez el día del Corpuz subtitulada como ‘gitanada pa bailar’, A mi agüita de nueve y Aunque no hay gigantones, tarasca y visiones, lo eterno del jolgorio, la alegría profana para la fiesta religiosa del Corpus más otro sainete de propina donde la escena deja atrás lo divino haciendo partícipes a público y músicos del oficio humano de vivir.

P.D.: Reseña y cronometraje de Javier Neira en LNE.

Marina cantábrica

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Lunes 28 de abril, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXI Festival de Teatro Lírico Español. Marina (E. Arrieta). Sonia de Munck (Marina), Antonio Gandía (Jorge), Luis Cansino (Roque), Simón Orfila (Pascual), Gerardo Bullón (Alberto), Yolanda Secades (Teresa), Rubén Díez (un marinero), Marta Ruiz Fernández (una menor); Orquesta Langreana de Plectro; Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» (director: Rubén Díez Fernández), Oviedo Filarmonía. Dirección Musical: Óliver Díaz. Escenografía: Juan Sanz y Miguel Ángel Coso. Entrada delantera de entresuelo: 38,50€ (+ 1€ gestión).

Tercer título de esta temporada que nos trajo esta ópera en versión completa del ICCMU en edición crítica de nuestra doctora Mª Encina Cortizo, recuperando dos números y pudiendo asistir a la primera representación cual Teatro Real madrileño que llenó el templo lírico asturiano. Apostar por la Marina de Arrieta asegura taquilla pero cuando el elenco vocal es tan equilibrado como el de este título tan conocido (ya visto recientemente en La Zarzuela madrileña), con un coro veterano y seguro, una orquesta nacida para el foso pero que está creciendo a pasos agigantados y una batuta de la casa que domina la partitura como pocos, el éxito resultó completo. La escenografía bien resuelta aunque personalmente oscura pues más que el Mediterráneo de Lloret casi resultó el Cantábrico de Puerto de Vega, hizo aún más asturiana esta producción.

Comenzaba comentando la partitura, exigente para todos los cantantes que deben hacer suyos unos personajes mejor asentados que el argumento, y Sonia de Munck resultó una convincente Marina que fue asentándose en cada acto tanto en sus romanzas, arias realmente duras y belcantistas como la del dúo con la flauta que tanto recuerda «la Lucía», como en los distintos dúos, cuartetos y concertantes, de color vocal adecuado y dramatizando su rol hasta un final esplendoroso.

Enorme en todos los aspectos el Roque de Luis Cansino (que sustituyó al inicialmente previsto Ángel Ódena), dominando este papel como pocos hoy en día, crecido desde su aparición, puede que algo sobreactuado y casi verdiano, con potencia unida a su reconocido gusto que no me extraña fuese el más aplaudido junto a la protagonista. Cierto que sus romanzas son muy populares y el público las sabe de memoria, pero dibujó su personaje cual Ahab amargado y satírico de gran poderío en toda la extensión vocal junto a una escena prodigiosa.

Otro triunfador en este reparto tan equilibrado fue Antonio Gandía con su Jorge que fue creciendo a la par que el personaje, Costa la de Levante… tenor seguro en el agudo pese a ciertas dudas iniciales rápidamente solventadas, registro medio redondo y grave sin perder color ni volumen, de enorme musicalidad en cada romanza y excelente empaste en los dúos tanto con Marina como con Roque, así como en los concertantes.

El Pascual de Simón Orfila en la línea canora del menorquín, hermoso color vocal y actoral totalmente opuesto a Roque, celoso y elegante, siempre derrochando profesionalidad y entrega para delinear un cuarteto protagonista de enorme calidad.

Las breves intervenciones del canario Gerardo Bullón, así como las de los asturianos Yolanda Secades o Rubén Díaz seguras, la primera con un hermoso dúo con Marina, el marinero con Pascual, de la Capilla Polifónica que volvió a demostrar versatilidad vocal y escénica, empaste, potencia, gusto, algo titubeantes o remolcados por momentos pero que como el resto fueron de menos a más en este «estreno» que siempre supone dificultades añadidas, con las voces graves bien en el «Marinero» pero en el conocido «Brindis» muy presentes aunque algo retrasadas con respecto a Jorge, que encajaron mejor en el «da capo». Estoy seguro que en la tercera función del viernes todos bordarán esta Marina ya de por sí muy equilibrada.

La Oviedo Filarmonía sonó como la perfecta formación de foso que es, con algún detalle mejorable en alguna intervención solista (por otra parte comprometidas), bien de sonoridades adecuadas a cada escena, presente pero nunca dominante ni estridente. Del éxito global fue responsable el maestro ovetense de alma gijonesa Óliver Díaz, artífice de una versión rica en contrastes dinámicos y expresivos, plenamente romántica, mimando las voces, tiempos puede que algo rápidos para los concertantes finales con el coro, pero donde todos respondieron a sus indicaciones, si se me apura capitán lobo de mar de un navío surcando las aguas entre Peñas y Vidio. Dominar el timón, en este caso partitura, permite hablar de interpretación más que de mera representación.

No quiero olvidarme de la figuración y la «recuperada sardana» bien bailada, marcando todos los pasos como auténticos catalanes, sumándose Pascual y Marina que cantaron a continuación sin fatiga alguna. Con poco peso las tres púas y dos guitarras de la Orquesta Langreana de Plectro, aunque ayudó a completar la redonda romanza de Roque llena de brea, que en el norte llamamos chapapote aunque suene menos musical y tenga recuerdos de «poco Prestige».

Aún queda un Curro Vargas muy esperado, elevando la zarzuela ovetense a las cotas de Lírica con mayúscula, equiparable en todo a la ópera de la que el Campoamor entiende, más cuando tenemos repartos como el de esta Marina, asturiana con más salitre y oleaje, galerada mejor que ciclogénesis explosiva y voces internacionales dignificando nuestro genuino y exportable género musical. Pero habrá que esperar a junio.

P.D.: La prensa el día después: Codalario, El Comercio Digital y LNE.

Gratitud lírica

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Domingo 9 de marzo, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Concierto Benéfico Asociación Parkinson Asturias: Ana Nebot (soprano), Simón Orfila (barítono), Mario Bernardo (piano). Obras de Obradors, García Abril, Mompou, Hahn, Tosti, Mozart, Puccini, Bellini, Rossini y Donizetti. Entrada: 15€.

Siempre resulta de agradecer el esfuerzo de asociaciones en defensa de enfermedades máxime en tiempos donde nuevamente la sociedad va por delante de sus gobernantes no ya en el terreno solidario sino en el del bienestar, lucha en la que no podemos bajar la guardia, y ayudar económicamente sigue siendo prioritario. Si la forma de recaudar fondos y concienciarnos a todos de enfermedades que parecen curadas o en retroceso (craso error cuando los recortes llegan incluso a la investigación) es con la música, muy bien, lenguaje universal y directo. Si es con la lírica en una ciudad como Oviedo, el éxito está casi asegurado. Sumemos contar con gente de casa, de nacimiento o adopción, y entonces el (casi) lleno de la sala de cámara -404 localidades según me apuntaron fuentes bien informadas- era previsible.

El pianista gijonés Mario Bernardo domina repertorios tanto específicos de canciones (su Tosti con Pixán lo tengo en mi memoria) como los siempre poco agradecidos operísticos donde las reducciones orquestales son demasiadas veces imposibles. Atento a los cantantes, arropándoles y transmitiendo seguridad en cada obra resultó el apoyo perfecto para este recital en casa.

Mi querida soprano ovetense Ana Nebot sigue trabajando y ganando cuerpo a una voz de timbre algo metálico pero capaz de enamorar tanto en la canción española -poco agradecida para soprano las elegidas- como la francesa (hermosísima A Chloris de Hahn, que incluso nos explicó esa inspiración pictórica), más cercana a su estilo y color, sin olvidarse de unas difíciles arias de ópera buscadas para la ocasión, quedándome sobre todo con su Mozart en los dúos con el asturiano adoptado desde Alayor, Simón Orfila.

Aún fresco en nuestras retinas visuales y auditivas su Leporello, todavía más redondo «el catálogo» con piano, el Don Giovanni de La ci darem la mano confirma un momento vocal álgido del barítono bajo menorquín, con un entendimiento escénico y musical con Ana Nebot en este dúo y en último Quanto amore del elisir donizettiano. Primero nos deleitó con las canciones en catalán (siempre enorme Mompou y el Damunt…) y el mencionado Tosti de L’ultima canzone y Vorrei morire que siguen conmoviendo en cualquier tesitura. La calumnia del barbero de Rossini comienza a ser referencia en el repertorio del menorquín que encontró hueco en su apretadísima agenda para volver a su segunda casa y participar desinteresadamente con sus compañeros en este recital emotivo por muchas razones.

La propina de «Las mañanitas» de Don Gil de Alcalá (Penella) reconvirtió a Orfila en mezzo y a todos los asistentes en coro cumpliendo fielmente el «canta y no llores». Gracias por estos regalos musicales y solidarios.

Cenicienta en San Valentín

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Viernes 14 de febrero, 19:00 horas. Fundación March, Teatro Musical de Cámara: Cendrillon (Pauline Viardot), opereta de salón en tres actos. Entrada gratuita.

Dirección de escena, vídeo e iluminación: Tomás Muñoz
Dirección musical y piano: Aurelio Viribay
Reparto
Cenicienta: María Rey-Joly (soprano)
Príncipe Encantador: José Manuel Montero (tenor)
Barón de Picorvo: José Antonio Carril (barítono)
Conde Barrigula: Pablo García-López (tenor)
Magalona: Mercedes Lario (soprano)
Armelinda: Marta Knörr (mezzo)
Hada madrina: Sonia de Munck (soprano)
Más que un entretenimiento bien llevado y plenamente exportable este género llamado de salón (en cierto modo recogido por las sobrevivientes sociedades filarmónicas), donde también la opereta tiene vigencia cuando se hace con la calidad que la Fundación March ha puesto en esta producción, incluyendo un excepcional libreto con textos, traducción y notas al programa, ampliando un día más ante la demanda que llenó aforo, destacando la crítica de Juan Ángel Vela del Campo en «El País» y la emisión radiofónica de Radio Clásica en la primera representación que supongo animó a presentarse en el salón de la calle Castelló para disfrutar en vivo de un espectáculo para todas las edades.
La puesta en escena bien trabajada desde la economía de medios muy bien aprovechados, con vídeo y sobretítulos muy elegantes, mobiliario y vestuario apropiado con movimientos estudiadamente adecuados para esta cenicienta compuesta y concebida como música de cámara por una Pauline Viardot que no sólo tiene el conocimiento vocal propio de la compositora, con escrituras individualizadas bien entendidas y avanzadas para su época (estrenada en 1904), sino toda una vida musical que es capaz de reflejar en una partitura fácil de escuchar y difícil de cantar (hay entradas sin referencia tonal), con el piano como único acompañamiento, también de partitura exigente, siendo Aurelio Viribay quien lleva todo el peso en un entendimiento perfecto con las voces y un magisterio que siempre resalto como más allá del llamado «pianista acompañante», pues se necesita un plus al mero acompañar, de por sí ya complicado, unido al de responsable de la dirección musical.
De la escena y por las exigencias de su rol resueltas como la auténtica figura que es, el hada Munck tuvo que compartir protagonismo con su perro Fito, un precioso caniche blanco que tiene experiencia operística y capacidad de buena escucha canina. Sonia de Munck siempre segura, convincente y con ese timbre mágico para este personaje de cuento y festividad para enamorados. De Cendrillon Rey-Joly más que cenicienta Margot bella en todos los aspectos. Los tenores bien diferenciados hasta en sus líneas de canto, el engaño seductor bien llevado por Pablo García-López, aún cercano su Ottavio ovetense (que bien conociese el padre de Pauline) y el encanto cómico real de José Manuel Montero más voluptuoso y potente como exigen los papeles. Equilibrado el resto del conjunto vocal, también de las partes habladas con diálogos en español y breves toques de actualidad que mantienen fresca y vigente esta cenicienta y sus hermanas, esta vez sin madrastra, destacando la comicidad natural del barón Carril. Un perfecto regalo para enamorados de la música.

Viento en popa con pequeña vía de agua

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Martes 19 de noviembre, 20:00 horas. Oviedo, Teatro Campoamor, Don Pasquale (Donizetti). Producción de la Ópera de Oviedo (©foto-alfonso de las indicadas, gentileza Ópera Oviedo). Reparto: Carlos Chausson (Don Pasquale), Beatriz Díaz (Norina), José Luis Sola (Ernesto), Bruno Taddia (Malatesta), Coro de la Ópera de Oviedo (director Patxi Aizpiri), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director musical).

LXVI Temporada, segunda representación del tercer título, con buena entrada pese a ser día laborable, en una puesta en escena de Curro Carreres que no molestó aunque hubiese momentos incomprensibles, pero con elegante vestuario, iluminación y movimiento apropiado.

En el apartado vocal citarlos en el orden personal que puse para el reparto por méritos y calidad, haciendo hincapié en la dureza y dificultad de esta ópera de la que comparto la opinión del gran Muti.

El Don Pasquale de Chausson toda una recreación del personaje, escénicamente siempre en su sitio, cómico con los tintes drámticos en su punto y un timbre potente, redondo, cautivador, convincente en todos los registros. Impecable este maño al que los años están dando como ya apunté en otra entrada, poso y peso.

La Norina de Beatriz Díaz de «BraBoo®» que diría un amigo mío, todo un hallazgo en este su debut para este personaje que le va como anillo al dedo en todos los sentidos: la doble personalidad cual Jekyll-Hyde, Sofronia-Norina, embaucadora y enamorada, mandona y delicada, capaz de darle el colorido adecuado y la escenificación apropiada desde una línea de canto asentada en su seguridad, potencia e intimismo, crescendi con fiatos en su punto, derrochando musicalidad y teatralidad, bien regulada tanto en los dúos como en los concertantes con el volumen perfecto para cada intervención y ese color que siempre enamora, a vejestorios y jóvenes.

El Ernesto de Sola en la línea de los tenores actuales, voz ideal para su personaje que fue de menos a más, quedando poco presente en los dúos, algo pequeño pero bien cantado, y reconociéndole el esfuerzo de incorporarse a última hora.

La vía de agua de este crucero estuvo en Malatesta Taddia, como si el apellido le hubiese tirado por la borda en vez del pobre Ernesto al final de la obra, registro grave inexistente, más bien hablado, medio escaso en volumen y «apretado» en el agudo, siendo el único que desequilibró un elenco muy aseado para esta maravilla de Donizetti.

El Maestro Conti fue el perfecto complemento al frente de su Oviedo Filarmonía, que volvió a ser muy solvente en el foso (y muy bien el trompeta solista en la escena con Ernesto del segundo acto), bien llevada por una batuta siempre atenta a las voces, con los planos adecuados para que todo brillase sin destellos, orquesta bien compactada y con sonoridades muy adecuadas para una partitura engañosa en todos los aspectos. Esta titularidad aún nos dará muchas alegrías dentro y fuera del Campoamor.

Destacable el Coro que dirige Patxi Azpiri, en su línea de calidad y seguridad vocal unida a una experiencia en escena que lo sitúa siempre en cabeza, completando la «obra en música» que supone toda ópera, así como el breve papel de Bruno Prieto (notario), una de los excelentes solistas que la formación vocal atesora desde hace años.

No quiero olvidar al actor Carlos Enrique Casero como mayordomo de Don Pasquale, que sin palabras completó y complementó siempre al protagonista, con un guiño al camarero de «El Guateque» para una escenificación muy cinematográfica como desde un principio supimos, aunque Díaz no me recuerde a la Hepburn, ni Grant o Stewart tampoco a Sola y Taddia.

Quedan dos funciones más y la del reparto joven, la primera ha dejado buenas críticas entre todos, esta segunda aquí dejo mis impresiones recién llegado a casa (a pesar de las horas), pero bienvenido a Oviedo Don Pasquale después de tantos años (la última allá en 1990 con doble función), ópera difícil de encontrar repartos equilibrados y con calidad para disfrute total, de cabo a rabo y viento en popa con velocidad de crucero y escala en la capital, que esta vez llegó a buen puerto.

La magia musical es capaz de transportarnos donde queramos… sólo cerrar los ojos y escuchar. En mis años jóvenes, que uno se va acercando en edad a Don Pasquale, el crítico «Florestán» hubiera calificado esta representación como «aseada», aunque el barco seguramente le hubiese mareado pese a no haber galerada, como mucho marejadilla.

P. D.: Por sacar la entrada con premura, allá en agosto, pagué más precio aunque asegurase asiento. Todo sea por acercar nuevos públicos, incluso de fuera de Oviedo, con los que pude comentar cómo trabajan en esta temporada, la segunda más antigua de España aunque no con el mismo apoyo económico de entonces. Gracias por los esfuerzos y a esperar lo que todavía nos queda de ésta.

Mieres de Traviata

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Martes 15 de octubre, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta (Casa de Cultura) de Mieres: retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de La Traviata (Verdi).
Un año después volvía a Mieres la ópera, eso sí, televisada, y nada menos que en el 200 Centenario de Verdi con una entrada como sólo esta obra inmortal es capaz de convocar.

Vuelvo a repetir las carencias de una emisión como las anteriores, que esta vez podrán compartir los cientos de personas que se dieron cita en La Escandalera de la capital, donde ni la iluminación está prevista para la televisión, la realización sigue dejando mucho que desear aunque haya mejorado, y el sonido logra el milagro de las voces tapando a la orquesta (!). Supongo que la falta de medios y algo más de conocimiento técnico no sean impedimento para continuar con esta experiencia que hace llegar la ópera a un público no habitual pero al que también debemos educar con calidad.

Las críticas profesionales tras la primera función coinciden con mi opinión técnica, aunque tras las consideraciones iniciales, quiero dejar unas pinceladas de cosecha propia.

Con un decorado casi minimalista a base de espejos – cristales, Susana Gómez es perfecta para la solución económica entre los grandes montajes inalcanzables por presupuesto y espacio escénico, y las versiones en concierto que no deben venderse como ópera en el sentido estricto. Sofá y mesa de despacho (diseño escenográfico de Antonio López), así como una pequeña mesa de juego como único Mobiliario, unido a un vestuario años 50 (de Gabriela Salaverri) completan la coproducción de la Ópera de Oviedo, Festival de Verano de El Escorial, Quincena Musical de San Sebastián, Auditorio Baluarte de Pamplona y Gran Teatro de Córdoba.

Foto de Codalario

Ópera atemporal donde las haya, el reparto resultó equilibrado en su totalidad, lo que es de por sí digno de mención, aunque la protagonista total haya sido Aylin Pérez que fue capaz de cantar y captar toda la evolución de su personaje de Violeta aunque sin camelias y transformada en una pelirroja Gilda Valery, color vocal perfecto para un rol que le está dando muchas alegrías. El Alfredo de Aquiles Machado resultó convincente en sus conocidas arias, delicado en los dúos y con ligeras carencias que no empañan la globalidad, completada por el Giorgio Germont de Gabriele Viviani, otro tanto que «su hijo», bien actoralmente aunque con una pequeña desafinación en la conocida «Di Provenza», puede que fruto del micrófono tan cercano y la orquesta «hundida en el foso», un trío sobre el que se asienta sin cojear esta maravillosa ópera.
Destacar la buena dirección musical de Carlo Montanaro capaz de dar su toque ya desde la obertura, jugar con los tempi de una Oviedo Filarmonía que no pude degustar como seguramente sonó en el teatro, y sobre todo cómo concertó con las voces, respirando con ellas y eligiendo siempre el aire que reclamaban los protagonistas, que lo son siempre.

No quiero olvidarme del Coro que dirige Patxi Azpiri, auténtica delicia escénica y vocal (nuevamente ellas mejor que ellos) con una profesionalidad que el tiempo ha ido asentando.

Los siempre difíciles secundarios cumplieron en sus intervenciones, desde la Flora de la asturiana María José Suárez, seguridad y aplomo, la delicada Annina de Marta Ubieta, siguiendo con Jon Plazaola (Gastone), Carlos Daza (Douphol), el Marqués José Manuel Díaz y el Grenvil de David Sánchez, junto a los «comprimarios» Gonzalo Quirós y Bruno Prieto (del propio coro) en sus breves apariciones como Giuseppe y Commissionario.

El público mierense disfrutó sobre todo hasta el descanso tras hora y media de un tirón, quedando todavía el último acto donde Violeta es «abducida por la luz» tras enamorar al respetable esta Ailyn Pérez como auténtica diva de esta segunda función que sonó en medio Asturias como merecido homenaje a Pepe Verdi. Agradecer estas iniciativas aunque tengan todos los peros que queramos y algunos sigan recordando el año 1958 de La Callas con Kraus, siempre Don Alfredo, en Lisboa… Ay! ¡si hubiesen tenido los medios técnicos de hoy en día…!

Duro para el bolsillo melómano

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Antes se hablaba de «la cuesta de enero» pero en plena crisis y como escuchaba hace poco a una sufrida madre pagando libros de texto ¡de segunda mano!, todo el año es una cuesta sin fin, y ríanse ustedes del Angliru.

Supongo que debemos estar todos parecidos porque sube todo menos los sueldos, y en este mes de septiembre me toca pasar por la taquilla del Campoamor (¡menos mal que no tengo hijos ni hipoteca!) para pagar mis dos abonos habituales, tras ir quitándome muchos otros (Sociedad Filarmónica, Ópera de Oviedo de la que fui «pionero» en el abono de la segunda función -ahora hay incluso cinco-, Festival Lírico, Zarzuela…) y es que el sueldo de profe no da para tanto, teniendo uno que priorizar, amén de cortar salidas a otros conciertos cercanos (aunque sean en coche con sus peajes y subidas de gas-oil), vacaciones más cortas y en casa, con un cinturón cada vez más apretado que tendremos que cambiar por tirantes ante la ausencia de más agujeros.

No me voy a quejar del desembolso de 664€, aunque sigue siendo una barbaridad, pues en la capital del Principado los precios sigue siendo más bajos que en el resto de España (y doy fe de ello) pese a coincidir muchos programas y artistas en gira por la piel de toro, en parte porque la PPodadora cultural no está tan a flor de piel como en otras plazas, manteniendo Asturias subvenciones (¡qué no falten!) y patrocinadores (¡un monumento a ellos!) a la espera del tan largamente prometido «mecenazgo cultural«, y con protesta musical sinfónica el próximo día 23 de septiembre. Incluso se nos permitía pagar en veces para hacer más llevadero el susto, que comparado con abonos de equipos de fútbol y dividiendo el importe total entre los partidos, a la larga resulta incluso rentable: tienes siempre la misma butaca y asegurados los encuentros importantes sin que nos castiguen con un «día del club» donde tienes que volver a pasar por taquilla. Bendito dinero de plástico que permite a uno reorganizar la maltrecha economía doméstica.
Agradecer a mi querida OSPA, además de 22 años de «matrimonio», que para esta temporada sólo haya subido 50 céntimos, pues si el Gobierno saca pecho por unos pocos parados menos, tenemos que ser como el anuncio aquél del «granito a granito». Así pues 200€ el abono en butaca no es tan caro para los 14 conciertos de la temporada, segunda del búlgaro Rossen Milanov al frente y con programación en la línea de seguir con repertorios de siempre (la Militar de Haydn, Segunda de Schumann, una Séptima de Beethoven o Mahler con su Quinta cerrando temporada) junto a estrenos (el Concierto para guitarra de Leshnoff) y obras menos programadas (de Pärt o Benet Casablancas), atendiendo naturalmente los centenarios de Wagner, Verdi y Britten, del que destacaré el War Requiem del 22 de noviembre con los Coros de la FPA, dentro de una programación bien pergeñada con el lema «Música y guerra» (vuelve a colaborar la Universidad) a la que se sumará la continuidad de los grandes ballets (Pájaro, Lago y Cenicienta el 15 de noviembre), con directores conocidos (vuelven Lockington, Benjamin Bayl o Perry So entre otros) y solistas de primera (Manuel Barrueco, Kirill Gerstein, Renaud Capuçon o Daniel Müller-Schott entre otros). También destaca la decidida apuesta didáctica del maestro Milanov con el segundo año del programa «Link Up» que creemos y queremos repita el éxito anterior de «La orquesta se mueve», este año probablemente «La orquesta canta». Espero seguir contando cada uno de los programas y agradeciendo las lecturas. Habrá alguna novedad más como el programa «Avanti«.
Evidentemente nos quedaremos «huérfanos» de OSPA los títulos en el foso de la Ópera de Oviedo donde vuelve mi «candidato favorito» Guillermo García Calvo nuevamente con Wagner, pero seguiremos con la esperanza de la Primitiva, las transmisiones televisivas gratuitas o esperaremos las entradas de «última hora» que resultan más llevaderas. A los programas extraordinarios espero asistir también aunque «el principesco» siempre inaccesible para el vulgo deba conformarme con el ensayo general, perdiéndome el Réquiem verdiano en Covadonga del próximo 28 de septiembre por compromisos ineludibles fuera de Asturias.
Reflejar la campaña abierta de micromecenazgo y beneficios con el «Club OSPA» que va desde 75€ en el formato «Andante» a los 500€ del «Vivace», incluyendo invitación a un acontecimiento especial ofrecido por el Maestro Milanov. Todo sea por captar fondos ¡de quien los tenga!.
A la vista de mis gastos y por proponer, me postulo abriendo la campaña «Adopte a un melómano» que asegura comentarios en su Blog, Twitter, Facebook, Instagram y lo que haga falta…
Las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» y los «Conciertos del Auditorio» que organiza el Ayuntamiento de Oviedo se llevan el grueso del gasto, abono conjunto de 434€ para 20 conciertos dan una media de 27,10€ para cada uno, lo que resulta ¡barato! comprobando algunas figuras y precios para localidades sueltas. Queda como «Día del Club» el de la O. S. de la Radio de Baviera con mi idolatrado Dudamel al frente el 7 de abril de 2014, cual partido de Champions en que los socios tenemos precio especial de 30€ en nuestra misma localidad.
Ahí está el total de los 664€ porque las matemáticas no fallan, claro que el plantel lo merece y voy con pinceladas: Eugeny Kissin, Maria João Pires, «San Sokolov«, Horacio Lavandera o Javier Perianes con el Cuarteto Quiroga para los aficionados de las 88teclas, Gidon Kremer, Suzuki con el Bach Collegium Japan, Kent Nagano al frente de «su» Sinfónica de Montreal, Esa-Pekka Salonen con la Filarmónica de la Scala (esperando acuda a la cita) o Ton Koopman y sus 35 años al frente de la Amsterdam Baroque Orchestra para los sinfónicos completos, sin olvidarnos los amantes de la lírica de Elina Garança e inseparable consorte llanito Karel Mark Chichon, y el enorme, en todos los sentidos, Thomas Hampson, dos regresos a Oviedo que seguramente llenarán el auditorio (otra razón para el abono), sin olvidarnos otro taquillero como Michael Nyman, sólo para hacerse una ligera idea y donde también tendremos otras figuras nacionales e internacionales que harían prolijo el relato aunque quiera reflejar la unión de dos formaciones que me tienen ganado hace años: Forma Antiqva y El León de Oro el 31 de marzo con una «Pasión según San Juan» de Bach que espero como agua de mayo en Cuaresma. Conti y la OvFi tampoco faltarán en varios conciertos, completando un abono en primera división.
Quedan también algunas entradas sueltas ya adquiridas para la ópera carbayona donde no puedo faltar al Don Pasquale (19 de noviembre, 2ª función) que cantará mi querida Beatriz Díaz (62€ en Anfiteatro) o un Don Giovanni joven con mi admirado tenor cordobés Pablo García López… pero aún toca esperar.

En septiembre no tendré mucho directo aunque siempre hay discos y DVDs por refrescar e incluso comentar. Aquí seguiremos al pie del teclado…

Dicha de Amor es la música

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El jueves 23 pude asistir en LAUDEO, organizado por Extensión Universitaria de Oviedo y el Departamento de Musicología a una nueva proyección en directo, esta vez desde el Teatro de la Zarzuela de Viento (es la dicha de Amor), «Poema lírico sobre El Deseo» basado en la zarzuela con libreto de Antonio de Zamora y música de José de Nebra, con dramaturgia de Andrés Lima a partir de poesía amorosa española de los siglos XVII al XXI, y este sábado 25 volví a escucharlo por Radio Clásica.

María Sanhuesa Fonseca nos dió una interesantísima conferencia previa a la representación que nos puso en antecedentes de lo que era la zarzuela barroca, los teatros, libretos, y sobre todo la figura del gran José de Nebra, a caballo entre el barroco y el clasicismo con un lenguaje musical capaz de alternar lo hispano con lo italiano, francés o incluso alemán. La única referencia que tengo de la obra es la grabación de 1995 (publicada en 1996) editada por el desaparecido sello Auvidis Valois «Viento es la dicha de amor» sin diálogos pero con un completo libreto que incluye textos de Andrés Ruiz Tarazona y y Alicia Lázaro. Al menos la doctora Sanhuesa avisó antes de ver la representación que el título no engañaba a nadie, «Poema lírico sobre El Deseo» con textos actualizados y escenografía de «última generación» donde aparece igualmente la maravillosa música de Nebra bajo la dirección y el clave de Alan Curtis al frente de la Orquesta Barroca de Sevilla, cantada (por orden de aparición) por las sopranos Beatriz Díaz (Amor) y Yolanda Auyanet (Liriope), la mezzo Clara Mouriz (Zéfiro), el tenor Gustavo De Gennaro (Marsias), más Ruth González (Delfa), Mercedes Arcuri (Ninfa) y el actor Alberto San Juan (Antenor) entre otros, junto a un excelente Coro del Teatro de la Zarzuela que dirige Antonio Fauró.

La idea de doblar cantantes y actores no es nueva (personalmente no me aportó nada) y la partitura es hermosa en sí, «llena de melodías pensadas para ser cantadas con fluidez y gracia» (Alicia Lázaro en el CD citado), con sucesión de coros, recitativos, arias, dúos y concertantes llenos de colorido, más una orquesta que funcionó a la perfección bajo la batuta del experto Curtis.

Destacar a la soprano asturiana Beatriz Díaz con este papel barroco nuevo y exigente en un registro grave que está creciendo pese a sacrificar un poco la dicción, excelente en cambio en el agudo que sigue siendo de respigar desde el aria inicial «Teme aleve fementido» a la final «Guerra publique, guerra» sobreponiéndose a trompetas con ese color tan personal. Geniales las coplas «Ay Dios aleve» y bien empastada en los concertantes.

La emergente mezzo vasca Clara Mouriz en ese papel masculino realmente agradecido vocalmente, aunque nuevamente tengamos dificultad en entender el texto, también resultó de mi agrado. Bien sus arias «Tórtola que carece» y «Selva florida», más el dúo «Albricias, Arcadia» realmente potente, creciendo a lo largo de la representación. Bien igualmente los personajes de la soprano canaria como Liriope y su paisana Delfa, así como la Ninfa argentina, siendo el tenor argentino Marsias mejor en la retransmisión radiofónica (excelente toma de sonido) que la televisada (por cierto con algunos fallos debidos a cámaras autónomas, como me informaron el jueves), aunque yo hubiese apostado por una cantante, incluso un contratenor.

De la puesta en escena llevada al «Balneario Arcadia» con fondo alpino tipo spa, excelente la iluminación de Valentín Álvarez, vestuario elegante de Beatriz Sanjuan incluyendo la lencería, pero crujiendo ese intento de modernizar o actualizar para un público nuevo que apenas acude y soliviantando al habitual que pasa por taquilla. Para empezar «Amor» no aparece disfrazado de zagal sino de Marilyn Monroe que continuará así en la Segunda Jornada (como se denominaban entonces los Actos), tal vez diosa furiosa.

En lo humano «Marsias» como cocinero puedo entenderlo en cuanto a interesado por el vino, la comida y las mujeres, sobre todo «Delfa» cual ¿encargada del comedor? ¿servir en vez de entretener? ¿a las ninfas?. De éstas como empleadas en el entorno acuático también servirían, pero supongo que la culpa es mía por conocer el argumento antes de asistir a la representación.

El detalle del rapto de una desnuda actriz con la bañera girando como en los tiovivos, está bien pensado pero se coló el sonido de las ruedas de por los micrófonos y será difícil quitar ese ruido extra caso de comercializar la producción en DVD. Como las imágenes que ilustran la entrada son de la representación, cada uno podrá opinar. Habrá quien me escriba diciendo que para gustos colores… claroscuros barrocos con luces y sombras.

Los poemas están muy bien elegidos (Ángel González, Valente, Hierro…) y apropiados para cada momento, aunque la forma de recitar de Alberto San Juan resultó algo cansina para mi gusto. El directo es lo que tiene y supongo que será difícil encontrar grandes declamadores en los castings. De su «pareja» mejor me callo todos los aspectos (incluso el físico).

La división de opiniones estaba servida antes del estreno, y la quinta función del sábado volvió a suscitar abucheos que seguramente los gestores achaquen a la edad. Creo que debemos dejar algo a nuestra imaginación y no ser tan explícitos. Estamos dando la comida ya masticada, puré que a la larga dejará dentaduras intactas de inútiles. ¿Son necesarias las escenas de «alto voltaje»? ¿el desfile la ropa interior? ¿desnudos cual aquélla «Fedra» de Espríu y Espert de finales de los 70? y un ballet que por momentos resultó excesivo pese a la coreografía de Sol Picó al «estilo Martha Graham» que podría triunfar per sé y descontextualizado.

Cierto que zarzuela es cantar, declamar, bailar, comprendo el «horror vacui» tan barroco, incluso puedo aceptar estas transmutaciones: ¿otro Viaje a Reims? ¿está barata la escenografía IKEA?. Pero al final no se debe olvidar la música y menos a los cantantes, auténticos protagonistas que tienen que actuar en no muy buenas condiciones. El barroco es exceso pero me quedo con el musical sobre el escénico. En estos tiempos de crisis (sobre todo de ideas) donde parecemos retroceder históricamente en muchos aspectos, el landismo parece ser reclamo para captar público en los teatros, ocupando más espacio en las críticas que el específicamente musical. Será que me crié con discos de vinilo y cintas….

La llegada del vídeo supuso todo un descubrimiento y los directos del Campoamor no podían olvidar el banco o la reja que servían para todo. El LaserDisc© me lo comí con patatas y me detuve en el DVD, porque el Blu-ray© nunca lo tuve claro. De la televisión nada de nada, algo más en los cines y sobre todo Internet, aunque la cadena de música y los CDs siguen a mi lado funcionando medio día.

Cumplir años es lo que tiene y debo estar volviéndome un viejo carca que se jubilará con 70 años si esto continúa así. Pero siempre nos quedará la música…

Bartoli siempre un espectáculo

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Sábado 16 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio de Oviedo. Agostino Steffani: «Mission«. Cecilia Bartoli (mezzo), I Barocchisti, Diego Fasolis (clave y dirección).

Las divas del siglo XXI no se parecen a las del pasado en cuanto a voces o repertorio, pero hay que reconocerles que algunas son todo un espectáculo de masas, con entradas agotadas nada más salir el anuncio del concierto, ocupando reportajes de radio y televisión, shows, páginas de periódicos generalistas y muchas hojas en la prensa especializada, vendiendo miles de CDs y DVDs, alcanzando números uno con todo un marketing detrás que sirve para acercar este apasionante mundo a espectadores que no me encuentro habitualmente.

Cecilia Bartoli lleva años como diva, aunque esté alejándose de sus primeros pasos donde asombraba con Rossini, Mozart, Salieri o Vivaldi, así como sus arias antiguas italianas. Más no sólo de la lírica viven las cantantes de ópera y las carreras no suelen aguantar el ritmo que imponen los agentes, por lo que los discos y su promoción forman parte del subsistir. Si unimos una labor investigadora capaz de sacar a la luz compositores poco habituales, incluso desconocidos para la mayoría, vestirla con los abalorios que los estudios de grabación permiten, y realizar giras mundiales, el pan de cada día está más que asegurado. A todo ello sumemos el desparpajo y buen caracter de la mezzo romana, con lo que los llenos están asegurados incluso en el propio escenario.

Tengo un montón de discografía de «La Bartoli» y varios DVDs, (casi) todos comprados, pero sus directos bajan un poco el listón, caso de esta «Mission» donde faltaba nada menos que Philippe Jaroussky (al que también pudimos disfrutar en Oviedo hace dos años) o el Coro della Radiotelevisione Svizzera, pero formación y director los mismos, destacando una dirección de Fasolis a medida de la diva, como debe ser.

La organización del recital fue la habitual en estos casos, contrastes barrocos hasta en el orden y tempi, arias a cargo de la mezzo con oberturas y danzas de varias óperas del obispo y compositor (entre muchas cosas más) veneciano, no grabadas, disfrutando de la calidad de unos intérpretes de primera, en especial la concertino Fiorenza De Donatis y las percusiones de Michael Metzler, creador de climas perfectos en el discurrir dramático, más las puntuales del trompeta Thibaud Robinne, el laúd de Michele Pasotti o el clave del propio Fasolis. Incluso se permitieron hacer coro en algún numero.

De las primeras impresiones el mismo sábado escritas desde el móvil, las mantengo en cuanto a un monográfico Steffani que puede resultar algo monótono (aunque la diva saque brillo a cada una de sus obras). Tomando frases de las notas al programa de María Sanhuesa Fonseca, Steffani «conocía a la perfección el lenguaje musical de su momento… escribió arias llenas de lirismo y de un marcado carácter «cantabile»… otras acariciadoras… números de una alegría contagiosa… alabanza a la música calmada de las esferas celestiales«. Oficio sí, emociones también, pero puntuales porque no es de «los grandes» que nunca me cansan… será que este CD lo tengo demasiado escuchado.

La Bartoli en Oviedo pudo con todo, aunque sean las arias lentas donde más me emocione con sus pianisimi y fraseos, su voz pequeña pero sentida, en especial el registro medio grave siempre carnoso que mantiene con los años (no así el agudo) pues los virtuosismos y agilidades vertiginosas en las llamadas arias «de bravura» me parecen cada vez más fuegos de artificio que cautivan al respetable, reconociendo su dificultad y dominio técnico.

Sí debemos darle las gracias por buscar repertorios «a medida», y esta vez también gratitud por su profesionalidad y entrega: dos horas de recital y ¡media hora de propinas!, para aplacar prisas del cada vez más abundante grupo de maleducados, bisando A facile vittoria con el trompetista Robinne, la otra figura de la noche, sonido y técnica asombrosos en un particular duelo que me recordó el de la película «Farinelli», incluso el guiño al Extraños en la noche de Sinatra con sabor barroco por parte de ambos.

Pero lo mejor de las propinas, Vivaldi (Sovente il sole de «Andromeda liberata«) y sobre todo Händel el Lascia la spina, cogli la rosa, y con el dúo trompeta y oboe del Amadigi di Gaula, el aria de Melissa. Es que el propio «Steffani dio el espaldarazo a un joven Hándel, al que consideró, y no sin motivo, su sucesor operístico. El talento reconoce al talento» que escribe la Dra. Sanhuesa.

Todavía aguantó la diva hasta medianoche firmando autógrafos a una larguísima legión de fans que traían sus tesoros en ofrenda terrenal (menos mal que no soy mitómano, aunque foto con ella sí me hubiera gustado tener).

Una semana barrroca que fue de la cima bachiana hasta el valle monográfico de Gregorio Piva, el alias de Agostino Steffani. Pero del «duelo de mezzos» salió vencedora La DiDonato por clase, estilo, elegancia ¡y variedad!.

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