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Ainhoa Arteta vuelve a enamorar

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Sábado 27 de octubre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo, Conciertos del Auditorio: Ainhoa Arteta (soprano), Juan Jesús Rodríguez (barítono), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Mozart, Leoncavallo, Puccini y Verdi.
Vuelven los Conciertos del Auditorio y nada mejor en plena temporada operística que un programa lírico donde Ainhoa Arteta regresaba a la capital del Principado en compañía de Juan Jesús Rodríguez (hicieron juntos La Bohème del Maestranza con mi querida Beatriz Díaz) acompañada de la OvFi y su titular Marzio Conti que, como la orquesta, están en momentos dulces desde el foso pese a saltar a escena en esta fría tarde sabatina, totalmente rodados, ensamblados, gustándose y cumpliendo el no siempre agradecido papel acompañante, pues cuando la voz es protagonista se hace difícil estar a la misma altura.
Sin entrar en la organización del programa -algunos vecinos de localidad hasta discutían-, la verdad que el público asturiano, sobremanera el lírico tan abundante en la capital, disfrutó de una velada donde la tolosarra se reencontró y volvió a enamorarnos dándolo todo de principio a fin, lo que siempre le agradeceremos.
Mozart es apuesta segura cuando hay calidad, y no faltó en la primera parte. Está bien comenzar con Le nozze di Figaro y su obertura porque anima el espíritu, esta vez sin prisas, preparando las dos arias siguientes con la orquesta calentando motores, que suelo decir, porque la tarde daría para mucho.

El recitativo y aria del Conde «Hai già vinta la causa… Vedro mentrió suspiro» fue la entrada en escena del barítono onubense, más realidad que promesa, sin importarle compartir planos sonoros con la formación carbayona pese a lo que ello supone vocalmente, no se amilanó y tuteó a la masa instrumental.

Otro tanto vendría a continuación, aunque la Condesa guipuzcoana, elegante de blanco y negro, estaba portentosa y pletórica para cantarnos «Porgi amor», presentimiento de gozo vespertino con una voz casi nueva, con cuerpo en todos los registros y decidida a cautivarnos, algo más mimada desde el atril pero igualmente exigente.
El cambio dramático llegó con Don Giovanni y su obertura que sigue siendo una joya, estuvo bien interpretada y entendida por el maestro Conti, hoy en su salsa. La mandolina de mi querido y admirado Héctor Braga acompañó perfectamente el aria «Deh, viene alla finestra» bien cantada por Juan Jesús, gustándose, creíble de inicio a fin, relevado en la escena por Donna Elvira Arteta con el recitativo y aria «In quali eccesi, o Numi… Mi tradi quell’alma ingrata«, magisterio del agradecido y siempre engañoso Wolfgi lleno de guiños bien entendidos por La Diva ya sin estola, que hoy ejerció rematando faena y transformación camaleónica a Zerlinna con el duetto «La ci darem la mano« que nos dejó el empaste y musicalidad en ambos intérpretes contagiando la química escénica siempre necesaria al respetable, con una concertación del director florentino capaz de sacar lo mejor de una orquesta pensada para el foso pero que se crece en el escenario.

La segunda parte volvería al esquema de arias alternadas con preludios e intermedios orquestales para cerrar en dúo. Primero Pagliacci (Leoncavallo) y el Aria de Tonio «Si può?« con Juan Jesús Rodríguez impresionante, dramático sin aspavientos, convincente y bien acompañado que levantó una gran y merecida ovación, compartiendo protagonismo.

Puccini es inimitable y uno de los grandes conocedores no ya de la voz sino de la dramaturgia orquestal, y Manon Lescaut es obra de referencia. Su Intermezzo sonó desgarrador gracias al cello de Gabriel Ureña -pidiendo a gritos más conciertos solistas por su calidad, calidez y musicalidad- bien secundado por el viola Igor Sulyga y el concertino Andrei Mijlin, en una de las páginas instrumentales más logradas de la historia lírica, que la Oviedo Filarmonía desgranó al detalle. El plato fuerte llegó con el aria de Manon Arteta «Sola, perduta, abbandonata» acompañada, encontrada y bien arropada, plenitud vocal y dramática en esta auténtica recreación de nuestra soprano con Conti haciendo de su orquesta una, «el instrumento» para lograr la excelencia.

Y Verdi cerraría este recital lírico como no podía ser menos, en un orden cambiado al primar cuestiones vocales más que argumentales. Germont Rodríguez nos regaló «Di Provenza…» merecedor del completo escénico aunque cerrando los ojos nos situase perfectamente, registro homogéneo de color, dinámicas amplias y musicalidad cantabile que le dará muchos triunfos en un barítono calificado de verdiano. Violeta Arteta le relevó con la emocionantísima «Addio del passato« que resultó única, sin medias tintas, volcada con el personaje en todos los aspectos, provocándome la carne de gallina que sólo las grandes son capaces, delicia y dolor hechos voz.

Merecida pausa que rebobinó musicalmente al Preludio, otra vuelta de tuerca orquestal para la formación ovetense que está en buena forma lírica, cuerdas claras e incisivas, vientos nunca estridentes y percusión en su sitio, conjunto idóneo para la música escénica, «sorbete de limón» idóneo para el esperado final, Germont y Violeta en «el dúo» intenso para ambos personajes que puso en lo más alto un concierto de categoría especial, Juan Jesús Rodríguez convincente hasta en el bastón, suegro intimidador convertido en padre complaciente con una Ainhoa Arteta enamorada hasta los tuétanos y comprensiva desde el mayor de los sufrimientos que es sacrificarse por el Alfredo ausente. Qué final más intenso en todos los sentidos y éxito merecido para los protagonistas con un nivel del que orquesta y titular fueron copartícipes, consiguiendo cuadrar el círculo siempre difícil en estos conciertos.

El dúo del primer acto de Luisa Fernanda (Moreno Torroba) devolvió al Vidal onubense un protagonismo que nunca perdió gracias a una Luisa Arteta que se reconcilió con todos, Diva cercana y enamorada retornando al Olimpo abandonado, e igualando nuestra zarzuela a la ópera cuando las voces ponen su arte al servicio de la partitura. Oviedo sabe del tema, su orquesta también, y el público lo agradece.

Música del Régimen

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Jueves 25 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, XXI Concierto Premios Príncipe de Asturias. Coros de la Fundación Príncipe de Asturias, OSPA, Sergey Romanovsky (tenor), Alexander Vinogradov (bajo), Rossen Milanov (director). Obras de Richard Strauss y Dmitri Shostakovich. Entrada con invitación.

Si el ensayo del día anterior prometía, abriéndolo al público en general que abarrotó el Auditorio, la actuación corroboró las buenas impresiones con la Sala Polivalente para la grandes ocasiones, y el concierto anual para los Príncipes de Asturias es una de ellas, con público variopinto que disfruta con el evento independientemente de lo que se programe, y con las incomodidades conocidas de protocolo y seguridad que todos soportamos con estoicismo y educación, músicos y director incluidos.

Para abrir boca tras el obligado himno nacional algo «tibio», una historieta hecha música, Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel, Op. 28 (R. Strauss) muy bien llevada por una orquesta que esta vez sonó vigorosa y clara, con las dinámicas a las que nos tienen acostumbrados en una obra cuya orquestación exige una amplia plantilla que reforzada para ella rindió como en los conciertos de primera, y Milanov pudo sacarle partido a todos los episodios dramatizados con el protagonismo de los distintos solistas que, salvo pequeños detalles tristemente repetitivos, brillaron como ellos saben hacer, desde los clarinetes y toda la madera hasta la percusión con una cuerda nuevamente centrada y con graves poderosos.

Y llegaba la obra esperada, esa grandiosa cantata -algunos hablan de oratorio- tan del régimen stalinista que es El Canto de los Bosques, Op. 81 del bueno (!) de Shostakovich, compuesta por encargo en 1949 con todos los tics esperados y el excelente oficio de Dmitri que sacó toda la artillería pesada, fanfarria final también, donde los coros personifiquen al pueblo soviético, esta vez más asturiano y protagonista que nunca, con permiso de Vinogradov.

Como hecho histórico local, los tres coros de la FPA unidos para la ocasión, desde los chiquitines que aparecieron al final, pasando por el infantil, ambos dirigidos por Natalia Ruisánchez, el Joven Coro de José Ángel Émbil y el de adultos de José Esteban Gª Miranda, auténtica población coral de todas las edades que cumplieron en todos sus números, afinando, empastando, con matices difíciles ante una mastodóntica orquesta «también de régimen» con el general Milanov al mando y dos oficiales de rango, el narrador moscovita Vinogradov que lleva casi todo el peso con ese timbre casi genético de bajo ruso potente (todo un lujo contar con él) de proyección clara hasta el anfiteatro y recreándose cual militar temeroso de destino en gulag, y el subordinado Romanovsky, tenor que sigue prometiendo aunque se ganó graduación en ese Gloria final que exige darlo todo tras los seis números anteriores.

El pueblo siempre sufridor se mantuvo protagonista, Cuando terminó la guerra era esperanzador y bien guiado por el «mariscal», Visitamos a nuestro país de bosques de difíciles intervenciones por cambios de ritmo y compás exigiendo registros altos, largos y matizados bien mantenidos, El recuerdo de las cosas pasadas siguió esa reforestación muy ecológica en nuestros días aunque mejor no preguntar a quienes les tocó hacerla, dura también musicalmente, tomando el relevo al pie de la letra Los pioneros plantas los bosques de los infantiles que aseguran el futuro coral en auténtico paralelismo con la narración musical como en Los integrantes de la Liga Joven Comunista avanzan ¿qué pensarían los ilustres invitados del número? ante una seguridad y aplomo pese al buen paso exigido por Rossen el general. Claro que Un paseo por el futuro dio la tranquilidad y momentos exquisitos de coro y tenor, con la orquesta en «descanso» aunque estaba cargando toda la pólvora para ese final tan del Régimen, búsqueda de aplauso fácil aunque bien merecido del Gloria con todo el ejército musical de un día otoñal que augura momentos complicados socialmente (al menos ni hubo gaitas destempladas antes ni después) donde también necesitamos unirnos a esta exhaltación de ánimo entre camaradas, calando el mensaje grandioso cual terapia musical. Bien por todos y prosigo mi semana musical, ya que CajAstur dejó la suya en el «Concierto de los Premios» (mejor del día antes), todos sabemos la causa.

Para cerrar, otro himno, el nuestro que sigue sonándome «aldeanu» aunque sea el que tenemos por decisión de los gobernantes (ninguno músico entre ellos, ni siquiera para consultar), donde los pequeños salieron a primera fila para regocijo del respetable y colofón del evento.

Eso sí, lleno hasta la lámpara, entrada previa de cámaras de televisión y fotógrafos con flashes cual fuegos de artificio y toda la corte ¡en un programa muy del régimen! a la que se unirá el mundo periodístico con amplia paleta de colores que convierten a Oviedo en capital mundial por un día y portada de telediarios de todo el espectro mediático. La música sigue siendo perfecta acompañante aunque otros la entendamos como la verdadera protagonista.

Buen general

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Ensayo general para el Concierto de los Premios Príncipe de Asturias este Jueves 25 de octubre. Todos los Coros de la FPA, OSPA, Sergey Romanovsky y Alexander Vinogradov (con fans hasta en Japón, lo que no es de extrañar), y la dirección de Milanov deleitaron a un auditorio lleno con El Canto de los bosques, Op. 81 (Shostakovich) tras Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel, Op 28 (R. Strauss) que ya presagiaban algo bueno. No faltó el Himno Nacional de España para entrar ni el «Asturias Patria Querida» con los peques en primera fila que pondrá el punto y final. Pero el ensayo siguió a pesar de la desbandada general poco educada, olvidando qué es un ensayo, pero ellos se lo perdieron, aunque fuese gratis. Mañana ya será todo distinto por lo visto y oído, MUCHO MEJOR.

Las correcciones surtieron efecto, el coro afrontará la dureza de una partitura agradecida para el conjunto y menos para ellos, con el Maestro Milanov puntualizando muy acertadamente lo que quiere de nuestra orquesta en un concierto extraordinario al que acudiremos algunos melómanos que corroboraremos el trabajo de este general…

Una Lucia de ahora

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Viernes 19 de octubre, 20:00 horas. Teatro Campoamor de Oviedo: LXV Temporada de Ópera, Lucia di Lammermoor (Donizetti).

Sabina Puértolas (Lucia), Albert Casals (Edgardo), Javier Galán (Enrico), Simon Lim (Raimondo), María José Suárez (Alisa), Charles dos Santos (Arturo), Josep Fadó (Normanno); Dirección musical: Marzio Conti; Dirección de escena: Emilio Sagi; Diseño de escenografía: Enrique Bordolini; Diseño de vestuario: Imme Möller; Diseño de iluminación: Eduardo Bravo; Dirección del coro: Patxi Aizpiri. Orquesta Oviedo Filarmonía; Coro de la Ópera de Oviedo.

Con nuevo lleno en el coliseo carbayón pude asistir a otra Lucia que realmente no decepcionó, un segundo reparto o como apuntaban en algún sitio, reparto joven, un triunfo por lo equilibrado de unos intérpretes que logran la magia de una obra de arte total, y donde la navarra Sabina Puértolas fue auténtica protagonista en todos los sentidos.

No hay nada como el directo y mi delantera de principal permitió deleitarme de principio a final con esta Lucia que llevo en lo profundo de mis entretelas líricas formando parte de mi biografía vital.

La escenografía volvió a ser impecable (aunque sigo pensando cambiar daga por pistolón), descubriendo auténticos cuadros humanos y captando el ambiente nublado que logran las transparencias.

La orquesta perfecta, colocada como en concierto logró sonoridades más que dignas, destacando la flauta al lado de un inspirado Conti en la escena de la locura para el mejor entendimiento con la soprano, el arpa en su sitio plenamente inspirada, y un solo de cello con música pura para ese final de «bella alma enamorada». El maestro italiano volvió a sacar del foso lo mejor de sus músicos y a concertar con cantantes y coro de manera «pactada», dejando mandar a los protagonistas y no al revés (como sucedió en las anteriores representaciones), vital pero contenida cuando así lo pedía la partitura.

El coro que dirige Aizpiri sigue asombrando por afinación y actuación en esta ópera que les exige en todas y cada una de sus apariciones, dominándola como auténticos profesionales. Tanto las voces graves como al completo supusieron completar y equilibrar una representación que recordaré en el tiempo.

También repetían la perfecta Alisa de Mª José Suárez que hizo pleno en las cinco representaciones dando una lección de lo que en el cine llamaríamos actores de reparto, en su sitio y sumándose a la musicalidad que flotó en toda la obra, al igual que el Arturo del uruguayo Charles dos Santos, nuevamente ajustado a su breve pero difícil intervención, lo que ya es de destacar.

Del resto y por preferencias personales: bien el Normanno de Fadó, convincente y poderoso el «malo de la película», un Enrico de Galán convincente, poderoso pero nada sobreactuado; el Raimondo del coreano Simon Lim nos devuelve los bajos de antes, redondo en el grave sin perder nunca musicalidad, cantabiles en su sitio y bien empastado en dúos y concertante; el Edgardo del barcelonés Albert Casals nos dejó no ya un sexteto de lo más aseado con sus compañeros, sino unos dúos bien cantados por lo sentidos, más las conocidas arias que dejó con seguridad, con proyección incluso en medio de la escena y fermatas de la «escuela Kraus«, todo con un color de voz apropiado a su personaje, aunque me hubiera gustado algo más de garra ante sus «antepasados», que compensó con un suicidio perfecto.

© Ópera de Oviedo

Y dejo para el final a la auténtica protagonista que nos hizo enloquecer, a mi admirada Sabina Puértolas que recreó una Lucia de nuestro tiempo, personal, «creciendo» desde la enamorada inicial, pasando por la enamorada engañada y rematando en una locura plenamente romántica y nada esquizofrénica, técnica asombrosa al servicio de una musicalidad que desborda cada intervención siempre dramatizada en su punto exacto, llenando por completo el escenario de principio a final. Su gama dinámica resulta impactante por la engañosa sencillez, sus graves poderosos, sus agudos cristalinos y cada una de las agilidades llevadas con una limpieza y tempo que el maestro Conti entendió a la perfección, sin cortar los finales y dejándonos disfrutar de una personal y gran Lucia que renombré como Sabina de Lammermoor o incluso Lucia Puértolas, a seguir en este siglo XXI donde se convertirá en un referente. Toda una recreación de uno de los personajes grandes de la ópera.

No quiero olvidarme del buen programa a 5€ que sustituye aquellos tomos por temporada que guardo de consulta obligada, que incluye ensayos sobre locura y sobre todo textos para la ocasión, destacando «El falso amor» de Vanessa Gutiérrez de quien cito «… has estado más viva que aquello que habrá de sobrevivirte».

Precios asequibles y equilibrio musical para una obra por la que no pasa el tiempo logran resultados óptimos y el delirio de un público que alternaba habitual con nuevo. Al descanso me comentaba una joven autoconfesada heavy con entrada regalada por sus jefes, su feliz iniciación con La Traviata pero que esta Lucia (y faltaba lo mejor) le estaba encantando… Mi respuesta era fácil: fuera prejuicios y a disfrutar.

Así se asegura

Larga vida a la ópera…

Lucia televisada

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Lunes 15 de octubre, 20:00 horas. Casa de Cultura de Mieres, retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de Lucia de Lammermoor (Donizetti).

Mariola Cantarero (Lucia), Arturo Chacón-Cruz (Edgardo), Dalibor Jenis (Enrico), Simón Orfila (Raimondo), Mª José Suárez (Alisa), Charles Dos Santos (Lord Arturo), Josep Fadó (Normanno); Coro de la Ópera de Oviedo (Patxi Aizpiri, director); Dirección de escena: Emilio Sagi; diseño de escenografía: Enrique Bordolini, Orquesta Oviedo Filarmonía. Director musical: Marzio Conti.

Cincuenta y cuatro personas acudimos en Mieres a la televisada segunda representación del título segundo de la LXV temporada de la Ópera de Oviedo que triunfó en la primera del pasado sábado como así recoge la prensa regional de Oviedo y Gijón, aunque más cercano a la de mi admirado Aurelio M. Seco, por lo que no entraré en muchos detalles técnicos de esta Lucia carbayona.

Agradecer que vuelvan a acordarse de los pueblos en tiempos de crisis, pese a la poca presencia de público que achaco a la escasa publicidad y poco lectora de prensa que es la gente de mi pueblo.

Volver a reflejar que no tiene nada que ver el directo del teatro (el viernes estaré en el llamado «reparto joven» fuera de abono) con una retransmisión que sigue adoleciendo de muchos defectos ya apuntados en otras pasadas: fatal la realización, poca luz y un sonido algo irreal que capta hasta el taconeo de los cantantes, con unos planos sonoros irregulares que no reflejan lo que pasa ni encima del escenario ni en el foso (el excelente arpa sonó siempre demasiado presente y por encima de la orquesta).

La Lucia sigue siendo mucha ópera con todos los ingredientes, Oviedo ha tenido muchas para el recuerdo (el «mío» con Rosetta Pizzo y Jaume Aragall) y el elenco estuvo equilibrado, destacando el excelente hacer de Raimondo Orfila, todo un seguro en escena, y Alisa Suárez (no me extraña que David Orihuela le dedique un artículo a la mezzo asturiana), así como un Enrico eslovaco con poderío, tanto en sus arias como en dúos y concertantes, aunque aún podrían limarse algunas asperezas. De los protagonistas el tenor mexicano promete y tiene «poderío» para este rol, aunque creo que deberá cuidar su voz si quiere tener una larga y exitosa carrera, y la Lucia di Cantarero resultó muy personal, más «exagerada» de lo que me gustaría y cuya pirotecnia vocal incluye de todo, vistosidad y relleno que no empañan el resultado global. Sí hubo química en los dúos, aunque «si las mujeres mandasen…».

También cumplieron sin problemas el breve Arturo uruguayo y Normano Fadó.

El Coro de la Ópera volvió a estar impresionante tanto escénica como vocalmente, siendo lo más destacado para mí en una obra que domina de cabo a rabo.

También la OvFi resultó perfecta para lo que fue concebida, bien en todos los aspectos y con un Conti que mimó más a Doña Lucía que al resto, forzando a veces los tempi que hacían perder legibilidad pero ayudan -no siempre- en los pasajes difíciles, siendo más concertador con la protagonista ayudando a una visión vivaz de toda la ópera (de lo que puedo discrepar en parte).

De la escenografía de Sagi nada destacable en ese mundo gótico, romántico y decimonónico de Bram Stoker con chisteras y gafas, donde la imaginación tuvo que funcionar más de lo necesario y las espadas «chirriaban» un poco, pudiendo optar para el suicidio del tenor por un pistoletazo y pólvora en vez de la daga, pero al menos se hace más entendible que otras apuestas escénicas.

Como resumen el equilibrio de todos (sonó muy bien esa maravilla de sexteto) que le dan a esta representación el calificativo de aseada y muy del gusto del público en general. Personalmente no me disgustó pero tengo mucha esperanza en Sabina de Lammermoor…

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No funcionó

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Viernes 12 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto nº 2 de abono: OSPA, Michelle Johnson (soprano), Margaret Mezzacappa (mezzo), Adam Frandsen (tenor), Luis Ledesma (barítono), Coro Lírico de Cantabria, Coro El León de Oro, Rossen Milanov (director). Novena sinfonía de Beethoven.

Qué difícil afrontar una obra tan conocida como la Sinfonía nº 9 en Re m., Op. 125 «Coral» de Beethoven con algo nuevo que aportar, tanto para los intérpretes como para el público. Esta vez, pese a la ilusión previa, nada funcionó. No puedo caer en populismos ni decir que la música de Beethoven triunfa siempre porque precisamente faltó «hacer música», escucharse unos a otros, disfrutarla y contagiarnos. Desde el arranque del Allegro ma no troppo, un poco maestoso ya flotaba cierto temor en el ambiente, indecisión en las entradas, inseguridad, sin pegada en los graves, como una bruma que impedía captar los muchos detalles de un cuadro sinfónico único, más brochazos (y timbalazos) que pinceladas para un fresco brillante que parecía empañado. Era un «querer y no poder» al que le faltaba emoción y limpieza.

El Molto vivace parecía arrancar con otro espíritu pero de nuevo se contagió de cierta melancólica indiferencia, tiempo contenido, partes inconexas, falta de un discurso único, sumas de partes que no lograban el todo. Detalles sin continuidad con altibajos en un «querer y no poder», trompas que no cuajaban, madera por libre, cuerda sin tensión, timbales demasiado fuertes… sin vigor ni rigor.

Parecía que el Adagio molto e cantabile nos redimiría, pero fue otro espejismo. Aquello no funcionaba, esbozos sin cuajar para un movimiento lento que favorecía saborear cada compás pero que el maestro Milanov parecía no tener claro su discurso musical. Las líneas melódicas, las intervenciones solistas, todo seguía con una neblina que impedía arribar a buen puerto. Todos esperando el ansiado Presto final, roto por la aparición de los cuatro solistas que con los aplausos parecían comenzar otra obra en vez de continuar una ascensión ya de por sí tortuosa.

Ni siquiera el tempo elegido logró contagiar algo de este último movimiento que debería suponer esa «Oda a la alegría», hoy tornada en tristeza a la vista de los resultados a pesar de las excelentes notas al programa de mi admirada Hertha Gallego de Torres. La entrada del barítono mexicano prometía por su color vocal, excelente, vigoroso, pero nuevamente quedó en soplo sin continuidad. El coro nunca transmitió confianza ni pegada, juntar dos no hace uno y las concepciones vocales son totalmente distintas, dando como resultado un «simple» entonar olvidando calidad y calidez en la emisión aunque hubiese momentos válidos, pero tampoco funcionó. Si el empaste y color vocal es cuestión de años, es imposible lograrlo en una semana, más el idioma de Schiller y Goethe que requiere mucho tiempo tampoco resultó inteligible, aunque me consta que el LDO lo domina.

La soprano norteamericana, siendo la destacada, cumplió sin emocionar, como su compatriota la mezzo de Ohio, y el tenor danés de color vocal perfecto para el rol, llegó a ser «engullido» por un coro algo desbocado y demasiado apretado en los agudos, parte forzado por dinámicas nunca ajustadas. El cuarteto solista empastó sin más, faltando otra vez la musicalidad, el escucharse todos un poco. Y es que como escribía «en caliente», las partes no lograron hacer un todo, faltó la visión unitaria, el conjunto, el discurrir fluido que esta sinfonía requiere, entenderla globalmente y no sumas individualizadas.

Desconozco el trabajo previo de todos así como lo que buscaba el maestro Milanov en esta versión, pero personalmente me dejó no ya indiferente sino algo cabreado. Beethoven nunca es fácil y requiere algo más, puede que lo que faltó este viernes en Oviedo. Seré raro, especial o vaya Vd. a saber, pero esta vez NO FUNCIONÓ casi nada.

VÍDEO: © OSPA en YouTube®:

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Premio para Guillermo Martínez

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Guillermo Martínez Vega, asturiano de adopción y pación, al que allá por diciembre de 2010 ya destacaba en el Blog como Cosecha del 83, acaba de ganar el I Concurso Nacional de Jóvenes Compositores «Ciudad de Oviedo» (lo recoge la prensa asturiana El Comercio y La Nueva España) con su Rapsodia para violín y orquesta, lo que no me extraña conociendo su trayectoria, aunque en este caso parece que «jugaba con ventaja» puesto que la Oviedo Filarmonía conoce sus trabajos, de hecho estrenó con el Coro Universitario y varios solistas (no estuvieron todos, aunque sí mi querida Patricia Rodríguez) el pasado mes de abril El sueño eterno, con Joaquín Valdeón en la dirección y valedor de otras obras suyas -como ese tríptico– y donde a pesar de todo lo escrito, comenté cómo me había gustado.

Cada obra suya deja huella en quien las escucha, y así recuerdo su Monumentum pro Matematica «Quadrivium Somniat» (febrero 2011) para orquesta de cámara y soprano (con Elisabeth Expósito) en Mieres, o su obra coral con LDO (El León de Oro) que emerge dentro de los nuevos repertorios y se está escuchando en Europa (arriba está el vídeo de ejemplo).

Por lo tanto, además del acierto del jurado formado por el titular de la OvFi, el italiano Marzio Conti, el periodista y crítico musical Guillermo García-Alcalde, valdesano afincado en Las Palmas, y el violinista andorrano Gerard Claret, tengo que darle mi más sincera

ENHORABUENA

por este nuevo galardón que también conlleva premio en metálico (una beca de 3.000€ excelente en estos tiempos de crisis). Espero escucharla cuando se estrene (allá para la Temporada 2013-14), agradeciendo iniciativas como esta de apoyar a jóvenes talentos, que si además son de casa, todavía mejor: será una herencia imperecedera.

VolvemOS PAra bien

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Viernes 28 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 1, inauguración de la temporada 2012-13, OSPA, Jean-Efflam Bavouzet (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Rimsky-Korsakov, Prokofiev y Debussy. Todos teníamos «mono» de OSPA y las ganas de comenzar la primera temporada con el maestro Milanov de titular. Los titulares de prensa previos ya apuntaban bien y la entrada con «orbayu» no impidió saludar a tantos conocidos, amigos, músicos, encantados del reencuentro esperado. El programa elegido tenía muchos guiños y el pianista invitado un lujo para una ciudad que disfruta con los mejores y hasta tiene unas jornadas propias. La aplaudida salida del maestro búlgaro fue mayor tras la lectura de sus primeras palabras en un castellano más que correcto, cumpliendo su promesa de hablar español para su llegada. Incluso dio las gracias a la gerente Ana Mateo por su trabajo constante, y al Gobierno del Principado por seguir apostando por nuestra mejor embajadora, así como a la Consejera de Educación, Cultura y Deporte mi colega de profesión Ana González Rodríguez. Hasta nos invitó a brindar al descanso con una copa de vino de las Bodegas OSCA, patrocinadora del concierto, que animó un descanso algo más prolongado de lo habitual.

Y sin más arrancó la música con ese Capricho español, Op. 34 de Rimsky-Korsakov, la primera obra sinfónica asturiana y compuesta por un ruso, como bien recuerda Ramón G. Avello en las notas al programa que enlazo en los títulos y figuran en el número 1 de la Revista Trimestral enviada a los abonados (se vende a 2€ en el propio Auditorio aunque se repartía una hoja más que suficiente para seguir el concierto, una forma de ahorro que ya aplaudí y comenté). Los cinco movimientos suponen un examen para toda la plantilla (hoy reforzada) tras el merecido descanso veraniego (esta vez sin las visitas que patrocinaba la antigua Caja de -Ahorros inexistentes- de Asturias, ahora un banco en espera de rescate), y el compromiso en el foso con el Werther del Campoamor. La primera prueba para comprobar cómo se entendían Maestro y músicos: prueba superada, con Vasiliev marcando profesionalidad y el resto sin quedarse a la zaga (muy bien Andreas y demás solistas). Tiempos bien contrastados, con tranquilidad para degustar las melodías asturianas (también la «gitana» del cuarto número), sonoridades nunca estrepitosas, el empaste total siempre deseado (incluyendo unos metales que cada vez están más acoplados), los rubati justos y bien entendidos, con pocas concesiones a la galería en una obra que esta orquesta siente casi como propia desde la Alborada (muchos años de sintonía en Asturias del programa homónimo en Radio Nacional del fallecido Modesto G. Cobas) al Fandango Asturiano.

El francés Jean-Efflam Bavouzet nos brindó un Concierto para piano nº 1 en RE b M, Op. 10 de Prokofiev para recordar (de hecho lo grabó Radio Clásica para su posterior emisión en diferido). Obra dura para todas las partes, Milanov concertó a la perfección con el solista, lo que ya es un triunfo, mimando una paleta orquestal no muy clara pero que así está escrita para goce de admiradores y toses de detractores. Y la propina tenía que ser Debussy, preparando la segunda parte en este homenaje en su centenario, y más teniendo un intérprete que ha grabado la integral de su compatriota: el noveno preludio de su primer libro Serenade interrompueauténtica delicia sonora, rítmica, de aire hispano que voló por todo el auditorio flotando sus aromas rememorando mis primeros conciertos en el Filarmónica. Tras el vino del descanso, que me tomé afuera mientras fumaba mi cigarrillo, la segunda parte mantuvo el perfume francés con aromas españoles, primero rusos y ahora galos.

La Fantasía para piano y orquesta consiguió nuevas sonoridades no ya pianísticas desde su protagonismo, sino orquestales, auténtico impresionismo que mantiene la pincelada pero mezcla la paleta en el aire. Nueva lección de concertación y cohesión sonora en sus tres movimientos que sin perder lirismo consiguieron llenar de color una obra no muy escuchada que contó con uno de los mejores intérpretes actuales perfectamente arropado por nuestra OSPA con Milanov al frente. Para cerrar este concierto de aire español, la Iberia (Imágenes) equiparable a la pianística de Albéniz con el buen hacer orquestador de Debussy, deudor de algunos compatriotas pero magistral en su recreación. Inspirado hasta en los títulos, Por las calles y los caminos como ideario para toda la temporada, Los perfumes de la noche delicados y aromatizados con buen vino, y La mañana de un día de fiesta, pues así entendimos muchos este concierto inaugural. Fiesta de la música desde una pasión que el Maestro Milanov va a compartir con todos… esperando sean muchos años. Pese a la premura por llegar a casa (pasaban quince minutos de las diez de la noche), mi comentario rápido fue «Ésto promete», y el próximo concierto el Día del Pilar nada menos que con La NovenaBeethovende …

P. D.: Críticas de Ramón Avello en El Comercio y Javier Neira en LNE, así como de Aurelio M. Seco en su Web «Codalario«.

Experiencia Milanov

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Ya he sacado mi abono de la OSPA, ilusionado ante una temporada que promete ya desde los prolegómenos.
Me consta que la crisis nos pasará factura a todos, y la cultura, en especial la musical (con orquestas que desaparecen) ha sido de las primeras donde se metió la tijera; de hecho la «caída» de la Obra Cultural de la Caja (de Ahorros) de Asturias ya nos privó de la gira de verano con Daniel Sánchez Velasco a la batuta, y la aportación a nuestra orquesta asturiana desconozco si bajó o directamente desaparecerá, como sucederá igualmente con el Festival de Órgano CajAstur (había llegado a la XXIII edición).
Al menos el precio del abono completo es el mismo que el año pasado, 199,50€ en butaca, lo que siempre agradezco tras el «varapalo» (404,00€) del Ciclo del Auditorio (Conciertos y Jornadas de Piano) y las óperas fuera de abono que también me llevan otro pico (56€) de un sueldo cada vez más menguado…
Pero no quería perderme Turandot con mi querida Liù Beatriz Díaz (ya la disfrutaron en Bilbao) o la siempre emblemática Lucia de Lammermoor con Sabina Puértolas (en el primer reparto está Mariola Cantarero). No descarto poder escuchar alguna otra pero el bolsillo no estira más, las localidades baratas se agotan y las navidades no tendrán paga extra. La OSPA estará en el foso, privándonos como abonados de otros conciertos (es parte de la subvención regional) y obligándonos a pasar por taquilla en el Campoamor.
Septiembre para muchos es el inicio del curso académico, y pendiente del pasado el concierto de Krystian Zimerman para el viernes 14 la puesta de largo con Rossen Milanov será el viernes 28.

A destacar, dentro del obligado ahorro, la publicación trimestral con los programas, intérpretes y comentarios, evitando el despilfarro en programas que acababan, supongo, en el contenedor de papel. Los ejemplares sueltos se venderán a 2€ y espero que en los conciertos repartan una cuartilla con el programa, más que nada para los no abonados y no cargar con la «revista» los habituales. La idea me parece muy buena y ya había organismos que hacían algo parecido, hoja suelta del programa y libretos de pago, caso de la propia Ópera ovetense.
También quiero destacar la sabia elección de programas y formas de pago (siguen los bloques temáticos con obras de siempre alternando con otras menos habituales y algún estreno que otro), los solistas de primera como el violinista Kristof Barati, el trompista Stephan Dohr o el pianista Alexander Melnikov entre otros, así como invitados ya conocidos como David Lockington o Perry So,  mientras «los de casa» también tendrán un hueco, volviendo mi querido Pablo González a la batuta, los solistas Vasiliev o Brandhofer, y en especial mi idolatrado coro «El León de Oro» que cantará una Novena de Beethoven ya lejana en mis directos, el día 12 de octubre apoyado por el Lírico de Cantabria.
La campaña publicitaria de la temporada se encuentra por muchas «piruletas» carbayonas con el slogan Experiencia Milanov. Viviremos una temporada donde la gran novedad será convertirnos en la primera institución europea y de la comunidad hispanohablante colaboradora del Carnegie Hall con su exitoso programa Link Up / Conéctate, de la que iremos desgranando desde aquí las aportaciones en la educación musical para estudiantes de 9 a 13 años, implicación directa del maestro búlgaro que siempre apuntó al aspecto didáctico como creación del público del mañana, algo que el Wert del ramo parece no tener en cuenta para la «vuelta a los 60s» donde la Música, como la Plástica, eran consideradas «marías», aunque la otra María religiosa permanezca en la Enseñanza Pública y parece volver la separación por sexos con dinero de todos los contribuyentes. Pero esto es otro cantar.

Voy contando los días para el comienzo de mi actividad habitual donde la música es parte de mi vida, profesión y vocación de la que puedo presumir en estos tiempos. Prometo seguir compartiéndolo desde aquí (ya van a cumplirse cuatro años tecleando).

Final y principio en Covadonga

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Miércoles 29 de agosto, 19:00 horas. Real Colegiata de San Fernando, IV Ciclo de conciertos «Órganos de Covadonga»: Rubén Díez García (órgano), Escolanía de Covadonga (director: Jorge de la Vega Laria). Obras de J. P. Sweelinck, P. Bruna, Julio Domínguez, D. Zipoli, J. Rinck, J. Lidón, J. Mª Beovide, y J. Adam Reincken.

Volvía a Covadonga un día antes de la Novena y como final de un agosto organístico dando comienzo a un curso por parte de la Escolanía que se prepara ya con nuevas voces blancas ilusionadas en esta etapa donde compartirán tanto con los ya veteranos, alternando este cierre de ciclo nada menos que en esa joya del siglo XVIII que es el realejo de la Colegiata y en las manos de mi admirado Rubén Díez con un programa lleno de esquisiteces, que dejo a continuación.

La parte coral bien llevada por el maestro De la Vega (antiguo escolano y alumno de Leoncio Diéguez) estuvo perfectamente elegida para un día y lugar donde la Virgen siempre es protagonista. Tras la apertura organística de la Fantasía chromatica (Sweelinck), clara y pulcra como nos tiene acostumbrados el padre Rubén, el «incipi» del Salve Regina de las voces graves alternado con el Tiento de 1º tono de mano derecha y al medio a dos tiples (Pablo Bruna) del órgano portátil, duro en su mecánica pero realmente sobrecogedor en sonoridades y registros divididos, para seguir la Escolanía completando el gregoriano y rematando el tiento, para al completo desgranar ese bellísimo Ave María de Julio Domínguez, sabedores que la nueva hornada tendrá que acoplarse al duro trabajo diario con los veteranos pero compartiendo desde el primer concierto buena música, siempre un placer ver chiquillos de seis años que apenas pueden con las partituras pero «concelebrando» esta liturgia musical de órgano y coro.

La Suite II en Sol m. de Domenico Zipoli tuvo su «interludio coral» a la mitad de sus cuatro movimientos (Preludio, Corrente, Zarabanda y Giga) con el Pange Lingua de Rinck y el posterior gregoriano de las voces graves, buena elección y momento de esa cesura conjugando el perfecto maridaje de las voces a capella y el subrayado instrumental plenamente espiritual como resultó igualmente el Cantábile para órgano al alzar en la misa y allegro (José Lidón), glosa incluída del Pange Lingua, delicia para paladares auditivos, esquisiteces en los registros y subrayado pleno antes de ese nuevo rezo cantado de la Cantiga a la Virgen (Beovide) entonado por las voces graves, veteranas y sustento necesario en el quehacer diario.

El cierre una auténtica maravilla en este recuperado realejo de la Colegiata que ya le había escuchado en Valdediós: la Fuga en Sol de Johann Adam Reincken, organista sin concesiones delineando unas voces cristalinas para esta obra virtuosa en ejecución maestra.

Volví a disfrutar con todo el programa, parte conocido pero siempre nuevo al escucharlo en este órgano cuya mecánica antigua convive con la tubería nueva respetuosa con su ubicación y reverberación, maestría intrepretativa desde la elección de los registros que lograron pasar de momentos íntimos a sonoridades plenas sin olvidar la perfecta ornamentación en Bruna o Zipoli y la íntima mística de Lidón hasta alcanzar la plenitud con Reincken, un Rubén Díez trabajador, estudioso y artista en el amplio sentido de la palabra al que espero escuchar más a menudo.

Y la propina estuvo fuera cuando la Escolanía subió hasta la Sagrada Cueva a entonar el «Himno de Covadonga» a capella y prefacio musical a la Novena de la Santina. Final de ciclo, principio de un curso escolar que en Covadonga arranca a lo grande como no podía ser menos.

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