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Manolo Quirós ahora y siempre

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Jueves 24 de mayo, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo. «Recordando a Manolo Quirós». Concierto a beneficio de la Cocina Económica de Oviedo. Organiza: Fundación Gvaltier Maldè.

No importa que ya hayan pasado once años de la marcha de Manolo Quirós, pues como se pudo comprobar en el coliseo carbayón, no solo sigue siendo muy querido sino que además es capaz de aunar generaciones y estilos. Él fue la disculpa para corroborar su magisterio, la historia antes y después de Manolín.

Sólo un tema para los muchos artistas que fueron subiendo al escenario, dejándonos con ganas de más.


Cantantes de tonada a los que acompañó en sus inicios y todavía mantienen el tipo, compañeros de escenario, alumnos… todos quisieron estar aunque, como suele suceder, imposible por tiempos y compromisos, «No estan todos los que son… pero son todos los que están», un placer completo.

De los veteranos el siempre seguro Ché de Cabaños, Jorge Tuya con el poderío habitual, y el inconmensurable José Manuel Collado; de las siempre jóvenes Josefina Argüelles recordando lo pioneros entonces de ese «Al pasar por el puertu» en modo menor que sólo un gaiteru como Manolo podían acompañar, la gran Mari Luz Cristóbal Caunedo y una lección quirosana de bien cantar.

Vicente Díaz abría actuaciones con esa Payariega con letra del propio Manolo con el que casi comenzaron un mismo camino que fue ganando ramales sin perder nunca el rumbo, como Manolo Peñayos medio-Nuberu que con la guitarra recordó «a los que no están» haciéndoles estar precisamente a todos.

La evolución de la gaita como folk de raíz actualizado lo retomaron Felpeyu o los hermanos Tejedor, José Manuel y Javier devolviendo a la tierra gaita y tambor, la inspiración, gusto y sabiduría del último compañero de tablas, Héctor Braga, que igual acompañó a la gaita que nos deleitó cantando con el arpa esa «Texedora de Bayu» que tanto le gustaba y cantaba Lolo el de Cornellana.

No faltaron las bandas de gaitas, impensables en aquellos tiempos y que ahora aglutinan más personal del imaginable, la «Ciudad de Oviedo» con Vicente El Pravianu en cabeza, gaitero y constructor como Manolín, entrando al teatro desde la calle al escenario cual obertura solemne, y tras el descanso «Teixo» fundada por el homenajeado y que lleva su nombre también en las notas de su hija como componente de ella.

No pudieron estar, aunque sí en vídeo, Joaquín Pixán con José Ángel Hevia, amigos, maestros e innovadores, nuestro tenor más emprendedor y aventurero, embajador musical con la innovadora gaita MIDI de Hevia que nos dejaron «Ay de mi, que m’escurez» desde la lejanía cercana del Madrid que acogió también a Manolo Quirós en los tiempos de Movieplay

El cierre tenía que ser «Quirós» nada menos que compuesto por otro maestro gaitero, amigo y compañero, Xuacu Amieva con unos músicos de primera.

Y cómo no, el recuerdo de Manolo y la «Misa de Gaita» con su padre Milio,  la variante quirosana primero, la de Salas después con Lolo y Pepe «El Molín», todos con Manolín en esta obra que ha estudiado mi profesor Ángel Medina, autor de la presentación cariñosa y certera, «Semblanza pequeña de un artista grande», de quien tomo sus palabras como si de apuntes musicológicos en una Facultad que muchos de los presentes compartimos:

 

«… para recordar a Manolo Quirós no importan las fechas ni si los aniversarios acaban en cero o en cinco, pues nunca ha dejado -ni dejará- de esttar en la memoria y en el corazón de todos los que aman esta tierra asturiana y la bendición de su música tradicional».

Carlos Abeledo no sólo organizó y presentó, también compartió con todos los presentes momentos personales pasados con Manolo, mucho afecto y admiración hacia el músico pero sobre todo hacia la persona. La grandeza de espíritu lo mantiene siempre vivo entre nosotros.

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Magisterio vasco

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Sábado 19 de mayo, 20:00 horas. XXIII Festival de Órgano CajAstur: Iglesia de San Pedro, Gijón, Esteban Elizondo Iriarte. Obras de Eduardo Torres (1872-1934), Padre José María Nemesio Otaño y Eguino (1880-1956),  José María Beobide (1882-1967) y Jesús Guridi (1886-1961).

A mal tiempo, buena cara, y pese a la lluvia torrencial en el exterior la música de órgano es capaz de atraer como un imán espiritual a tantos seguidores del llamado instrumento rey, y nada menos que con uno de los grandes maestros, el donostiarra Esteban Elizondo, con un programa único casi pleno de su tierra que él ha rescatado de muchos archivos llevándolos por medio mundo, música muy cercana a nuestro tiempo sin olvidar la del gran Guridi.

Todos los compositores elegidos recuerdan la escuela francesa como no podía ser menos por influencia y cercanía, así como la Schola Cantorum tanto parisina como la de Comillas que tanto marcó a esta generación de compositores. Así la selección de diez obras del valenciano Torres rebosó sabores galos con una elección delicada de registros y unos pedales puntuales que ayudaban a redondear una sonoridad típica, desde el Adviento-Ofertorio hasta la Meditación III que cerraba este bloque, reconociendo la Berceuse de la que desconocía su autoría pese a esconderse copias a mano de muchos organistas del norte en tiempos donde las fotocopiadores eran ciencia ficción, así como distintas versiones instrumentales. Impresionante igualmente el número sexto, Ofertorio pascual, de un lirismo apropiado para la ejecución dentro y fuera de la liturgia.

De la colección titulada «El organista español», otra joya musicológica que recobra vida en los órganos románticos que poblaban los templos españoles, llegó la selección con el potente Adagio (1909) del Padre Otaño, exigente en manos y pies con registros más plenos cercanos al tutti, pero con planos sonoros bien diferenciados en los dos teclados y pedalier utilizados por el maestro, limpieza melódica y apoyo armónico realmente académicos en ejecución y escritura.

Otra agradable sorpresa resultó el Ofertorio en Do m. de Beobide, partitura cercana a Widor o al primer Messiaen donde las disonancias sin perder lenguaje tonal brillaron con luz propia en otra lección de registración, siguiendo con las dos obras finales de Guridi, el tercer número del «Tríptico del Buen Pastor» para concluir rebosante el Final en DO Mayor, broche de oro a un programa de su tierra, pues Elizondo ejerce magisterio allá donde va.

El concierto se repitió en la Basílica de Covadonga al día siguiente, supongo que igualmente pletórico en un órgano con mayores posibilidades sonoras que el gijonés, donde la escuela organística vasca tuvo que saber a gloria.

Manolo Quirós sigue en el recuerdo

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Parece que fue ayer… pero han pasado ya once años desde que Manuel Rodríguez Osorio (Ricabo -Quirós-, 1 marzo  de 1949 / Oviedo, 3 marzo de 2001), para todos Manolo Quirós, nos dejase. Del «trío calavera» fue el primero en partir, y cuando se iba a celebrar un merecido homenaje en el décimo aniversario, Manuel Menéndez Lolo de Cornellana quiso marchar con él para seguir echando unos cantarines con sidra celestial. Abeledo siempre ha dicho que se lo debía, aunque como dice el refrán, «El hombre propone y Dios dispone». Y tras mover lo habido y por haber, logró su objetivo de reunir el mundo musical de Manolín para recordar que hay un antes y un después de él. La gaita asturiana está pujante gracias a Manolo Quirós en todo estilo musical y no sólo en el tradicional, siendo como son los genios, un adelantado a su tiempo.
De otras facetas, musicales como la de fabricante de gaitas, investigador, docente, compositor, formaciones (no me olvido su pasado tunante ni tampoco rockero), grabaciones que ya son históricas y colaboraciones allá donde le requiriesen aportando siempre su toque de calidad, hablarán y escribirán otros con más conocimiento; de las humanas supongo que todos tenemos nuestras anécdotas, aunque Carlos se haya quedado «huérfano» y las lágrimas aflorarán siempre que hablemos de Manolín o de Lolo

El próximo jueves 24 de mayo a partir de las 20:00 horas el Teatro Filarmónica será de nuevo capital de la asturianía para un programa que reunirá a muchísimos amigos de Manolo, al menos los que tenían hueco en sus apretadas agendas. Los que no, me consta que participarán de otras formas. Lo recaudado con la entrada (10€) será donado totalmente para la Cocina Económica de Oviedo, pues el espectáculo estoy seguro que no tiene precio, y ya están a la venta en la web, cajeros y Teatro Campoamor.

La organización corre a cargo de la Fundación Gualtier Maldè, con la colaboración y patrocinio del Ayuntamiento de Oviedo, el Ayuntamiento de Quirós, la Fundación Valdés Salas, el diario La Nueva España, Musical Marcos y la Asociación Lírica Asturiana «Alfredo Kraus» que preside Carlos Abeledo, «llanero solitario» en esta velada emotiva que supongo conducirá en primera persona lo de todos:

«Recordando a Manolo Quirós»

En la primera parte (con alguna sorpresa más):

Banda de Gaitas «Ciudad de Oviedo» Poutpourri Asturiano (Tradicional)

Vicente Díaz Aires de Asturies (Pepín Robles)

Ché de Cabaños (con la gaita de Héctor Braga) Soy de Llangreu (Trad. / J. García)

Manolo Peñayos (Nuberu) Danza Prima (Trad. / M. Peñayos)

Josefina Argüelles «La calandria de Vegadotos» (a la gaita Alfonso Fernández) Al pasar por el puertu (Trad. / J. Argüelles)

Jorge Tuya Tengo de dir al molino (Tradicional).

Y para la segunda parte, también con inesperados y queridos amigos:

Banda de Gaitas «El Teixu-Manolo Quirós« Marcha Vaqueira (Julio Sánchez / Gabino Antuña)

Felpeyu El vieyu (Trad. / L. Prieto)

José Manuel Collado (y a la gaita Héctor Braga) En toda la quintana (Tradicional)

Mari Luz Cristóbal Caunedo Al puertu de Güeria (Tradicional)

Héctor Braga Texedora de Bayu (Tradicional)

José Manuel y Javier Tejedor Jota de centro (Tradicional)

El cierre lo pondrá Xuacu Amieva con su tema Quirós.

Lo dicho, tonada y gaita, pareja inseparable de nuestra Asturias folklórica para recordar que Manolo Quirós suma y sigue cual campeador musical.

P. D. Artículo de Carlos Abeledo en LNE.

Música para el cine

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Jueves 17 de mayo, 20:00 h. Teatro Campoamor, proyección de «Metrópolis» (1927) de Fritz Lang; Oviedo Filarmonía, director: Marzio Conti. Partitura original de Gottfried Huppertz, reconstruída por Berndt Heller. Entrada libre.

Lo bueno no pasa de moda aunque lo llamado antiguo se recupere con etiquetas como vintage o histórico. El cine todavía funciona e incluso recuperamos cintas de los inicios sin olvidar que en las proyecciones siempre había música en directo, un pianista por lo menos…

A raíz del centenario del cine o aquél mundial de fútbol español del Naranjito allá por 1982, en Asturias se organizaron muchos pases con esa ambientación, y tuve la suerte de participar en varias, sin olvidar una muy especial con piano y violín de «La aldea perdida» de Florián Rey en el mismo año que la de Lang, con mi añorado Luis Miguel A. Ruiz de la Peña en el Ateneo gijonés y Juan Bonifacio Lorenzo «Boni», siempre organizando estas historias del Séptimo Arte. Tampoco quiero olvidar «Mieres del Camino» (1928) de Juan Díaz Quesada, en el Teatro Jovellanos de Gijón, otra joya recuperada del Teatro Pombo mierense, y un poco más lejos a un grupo catalán de mi juventud, Pegasus, que realzó en vivo la proyección de «Berlín, sinfonía de una ciudad» precisamente cuando «Metrópolis» volvía a la actualidad en los inicios de los 80 por la banda sonora de Giorgio Moroder.

En Asturias se vive el cine y la música con gran intensidad, Prokofiev ha sonado sin las imágenes de «Alexandre Nevski», llevo años clamando por introducir en los conciertos autores más sinfónicos que algunos programados, y esta vez la Universidad de Oviedo devolvíó la Banda Sonora original a la joya de Fritz Lang con la OvFi en el foso y el maestro Conti con muletas y batuta. La música no es tan vanguardista como la película y abusa de efectos que complementan las imágenes más que subrayar la acción, con la referencia casi obligada del Dies Irae, los giros de una Marsellesa que retomaría incluso «Casablanca» y hasta el Charlestón de su época. En parte entiendo otras bandas para la misma película y hasta la «actualización» electrónica para una película de culto más técnica que argumentalmente. Pese a todo es de agradecer el esfuerzo y la siempre pedagógica idea de mostrarnos el origen de muchas cosas tal y como fueron ideadas, y «Metrópolis» la pudimos contemplar con su música en vivo perfectamente adaptada al film en una concertación exacta para una partitura algo light. Las colas para entrar y el llenazo son dignos de análisis, pero la desbandada al descanso (supongo que no estaba en el guión inicial) también.

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DidácticOS PAra todos

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Martes 15 y miércoles 16 de mayo, 10:30 y 12:00 h. Auditorio de Oviedo: OSPA didácticos, Óliver Díaz (director). «5 Héroes 5», obras de Beethoven.

Cuatro conciertos para escolares de todo Asturias a doble sesión y con el protagonismo absoluto del genio de Bonn: las oberturas Egmont, Coriolano, Leonora y Fidelio así como el primer movimiento de la Pastoral, todo ilustrado con textos del propio alumnado interpretados por la actriz y pedagoga Ana Hernández que hizo más que de hilo conductor, por momentos alternando palabras y pentagramas, otros presentando las obras, que también sonaron puras, notándose sus estudios musicales así como la excelente capacidad de comunicación, todo ello bajo la batuta del ovetense Óliver Díaz, experto conductor de estas veladas para escolares aunque abriéndose paso en este difícil y competitivo mundo de la dirección orquestal.

La OSPA con Beethoven está en su salsa, no importa el horario matutino, la profesionalidad está por encima de todo (genial la broma de la «trompeta casera» que sonó impecable) y la musicalidad innata, respondiendo siempre a las indicaciones del maestro Díaz, interpretación ceñida al pentagrama con toques de calidad esperados en las intervenciones solistas (todas aplaudidas merecidamente) y sonido compacto, afinado, lleno de dinámicas y silencios tan expresivos como les exigían las obras.

La escapada a la capital asturiana este martes de San Isidro, en el primero de los conciertos, la realicé con el alumnado de 2º y 4º de ESO del IES «El Batán», bien preparado durante varias clases previas por mi compañera Conchi Olea y el que suscribe, utilizando el tren como transporte barato y ecológico en busca de la libertad que emanaban las obras elegidas más que la heroicidad, aunque llevamos camino de ello todos los que nos dedicamos en este país a trabajar en y por la escuela pública. Si añadimos que «La Música» tiene especificidades que los políticos nunca entenderán, habiendo sido eliminada de 3º de ESO y esperando aumente el número de alumnos por aula a partir del próximo curso, héroes todos. De las enseñanzas musicales en Escuelas de Música y Conservatorios locales, con recortes municipales cada vez más gordos, de lograr sobrevivir a este oscuro panorama que se avecina, Beethoven tendrá que resucitar e inspirarse en sus amigos músicos y profesores.

El resultado de esta experiencia musical en vivo para jóvenes (los míos entre 13 y 16 años) supongo que fue único, algunos repetían tras el Cuadros del curso pasado, los comentarios siguen llegando y espero se conviertan algunos en los melómanos del siglo XXI. El comportamiento de todos los escolares que llenaron el auditorio fue ejemplar, ¡ya me gustaría que en los abonos hubiese un silencio tan sepulcral y emocionante!. Sólo un voluntario (?) de Protección Civil al que supongo poco aficionado, utilizó para hablar sin miramientos su móvil desde el propio anfiteatro para asombro del alumnado que sabía de la falta de civismo de este adulto ¡aunque estuviese trabajando!. La lección quedó reforzada.

En tiempos difíciles sólo pedir que no falte apoyo a estas actividades de nuestra OSPA, así como las que desde hace años realizan en el Jovellanos gijonés, con más implicación y elaboración de materiales didácticos propios. La propuesta navarra (con parte del gran pedagogo Fernando Palacios) que lleva un tiempo rodando, creo que estuvo bien aunque la «teoría» algo escasa y más enfocados a Secundaria, agradeciendo el envío de información previa a los centros con la que trabajamos duramente antes del acontecimiento que supuso asistir a un concierto de nuestra OSPA, ¡la de todos!.

Gracias.

Imperial romanticismo

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Domingo 13 de mayo, 20:00 horas. Ciclo Conciertos del Auditorio, Pinchas Zukerman (violín), Orquesta del Festival de Budapest, Iván Fischer (director). Obras de Beethoven y Brahms.

Programa de los que gustan siempre, orquesta de calidad asegurada, dirección impecable y solista de lujo dan por resultado el éxito. Viena volvía a reunir obras y autores germanos que en ella alcanzaron su explendor y conviertieron de nuevo a Oviedo en capital de una Austria trastocada en Asturia, al menos en lo musical.

Beethoven siempre emociona, y la Obertura «Coriolano» en Do m., Op. 62 resultó la perfecta presentación. Con una orquesta perfecta de sonoridades, colocación original variando la llamada vienesa pero permutando parte de los cellos por los fagotes (después también clarinetes) y conseguir un empaste único, potentes graves al fondo, violines flanqueando escenario y una dirección que hace con «su» orquesta lo que quiere. Las dinámicas resultaron increíbles, claridades expositivas con esos silencios tan expresivos, claroscuros subrayados por unos vientos afinados al detalle y la limpieza de fraseo en todos ellos.

Pinchas Zukerman nos regaló el Concierto para violín y orquesta en RE M., Op. 61 de los históricos. No voy a descubrir a este genio que jugó con la plenitud de esta obra culmen del repertorio. Se le pueden perdonar todos los tics porque la música fluye en cada nota, en cada arco, en cada cadenza irrepetible, en cada pasaje virtuosístico donde percibimos todos y cada uno de sus sonidos de terciopelo ¡hasta en los glissandos!, unas dobles cuerdas que parecían multiplicarse. La complicidad con los músicos participando en sus silencios para mantener su instrumento perfectamente templado, guiños con la batuta que le entendió todas sus múltiples aportaciones. Una lección de Zukerman perfectamente acompañada por una orquesta colocada y adaptada a la dirección de Fischer. Imposible destacar algo dentro del conjunto, el Allegro ma non troppo realmente deslumbrante en su totalidad con una cadencia increíble, un Larghetto donde cada variación y modulaciones brillaban a cada cual más, y la transición al Rondo: Allegro plenamente romántica y bella en cada paso, vertiginoso musicalmente con virtuosismo al servicio de la obra, «perpetuo baile goethiano» que escribe Begoña Velasco Arnaldo en las notas al programa. No podía darse más a pesar de la insistencia del público, tan sólo en una esquina nos pidió cantar con él mientras tocaba el Wiegenlied Op. 49 nº 4 (la canción de cuna) de Brahms con la que hizo mutis por el foro… abierto para la segunda parte. Humor y genialidad.

Recolocada la orquesta plenamente a la vienesa y con todos sus efectivos (pueden calcular con 8 contrabajos) la Sinfonía nº 2 en RE M., Op. 73 de Brahms devolvió ese imperio austrohúngaro donde los alemanes triunfaban con su música, obra alpina en su composición y romántica en toda su extensión de luces y sombras a lo largo de los cuatro movimientos que solistas y orquesta en pleno fueron plasmando en un lienzo sonoro perfectamente dibujado por Fischer de memoria, elegancia en el gesto y efectividad total. Majestuosidad imperial cercana a «mi segunda brahmsiana de Salzburgo» cuyo final del Allegro con spirito me emocionó entonces como nunca, aunque esta vez estuvo muy cerca.

Y a pesar de las dos horas de música, aún hubo tiempo para un regalo también puramente vienés, la Trisch Trasch Polka, Op. 214 de Johann Strauss II sin niños cantores ni triángulo pero con una maquinaria orquestal que volvió a impresionar y la dirección genuina del maestro Fischer. Acabo citando de nuevo a la profesora Velasco porque me viene como anillo (tecla) al dedo: «un cierre resplandeciente y sublime».

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Órgano e historia en Puerto de Vega

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Sábado 12 de mayo, 19:45 horas. Iglesia de Santa Marina, Puerto de Vega (Asturias), XXIII Festival de Órgano CajAstur: Tomé Olives (órgano). Obras de D. Ortiz, Cabezón, Correa de Arauxo, P. Bruna, Mozart, Maurice Green, Juan Cabanilles y anónimos de los siglos XV y XVII.

Escapada al occidente asturiano para disfrutar de una joya de nuestros órganos históricos: el de Puerto de Vega, entre Luarca y Navia, última bocanada de Jovellanos, con un repertorio adaptado y hecho para este instrumento, con un intérprete que lo domina, un órgano cautivador revivido aunque por momentos «afónico» pero siempre único, un instrumento del siglo XVII restaurado en 1988, y un festival que después de 23 años sigue «reanimando» un instrumento que continúa «siendo el rey» aunque solo sea por un día. Apuesta por un patrimonio que muchos países darían parte de su historia por cambiárnosla, inversión que algunos considerarán gasto superfluo pero que el tiempo pondrá todo en su sitio. Escuchar un instrumento resucitado pero al que es necesario mantener vivo, ¡claro que cuesta dinero!, no podríamos perdonarnos otra muerte ya definitiva… y respirar es diario, no anual, limpiar, afinar y todo el proceso de «reanimación» penoso si no mantenemos la actividad. Hablo de un órgano que es como un ser vivo, y este sábado rejuveneció durante casi una hora.

Tomé Olives adaptó el alimento musical a un organismo único, irrepetible, salvaje por momentos y domesticado tras dura lucha. Escuchamos la historia musical del llamado siglo de oro musical, ese renacimiento de la Recerdada tercera de Diego Ortiz hecha viento, cuatro joyas de Cabezón (del que Bach beberá tras un siglo de «sin aire») repasando su tiempo con una Pavana italiana, el reconocido Canto del caballero y ese Ung Gaig bergier hispanizado y actualizando quinientos años en un órgano rebosante de registros plenos, dando paso al Arauxo virtuoso, tientos en registros de bajón surcando música modal que de lejana resulta vanguardista, sonoridades olvidadas en temperamentos remotos, descarga tímbrica en estado puro. Pablo Bruna rezando un Pange, lingua silabeado en los teclados antes del despliegue colorista del Tiento sobre la letanía de la Vírgen.

Curiosidades históricas como ese anónimo español del XVII tan reconocido en las Canciones para la corneta y el eco, exploración de registros de Olives con la inestimable ayuda de Chema Martínez, despliegue sonoro capaz de vencer gemidos de tubos mudos desde hacía años, necesaria regeneración y mantenimiento de un instrumento que vivirá lo que los patrocinadores deseen cual dioses dueños del destino. Lástima e ignorancia por discenir necesario y superfluo ¿qué precio tiene la historia? Música eterna pero perecedera en la voz que Mozart retomó en el Adagio en DO M., KV. 536 (617a). Aún resonaron trompetas y flautados en ese Voluntary VIII del británico M. Green antes de concluir con la Corrente italiana de Cabanilles, saltos de modalidades a tonalidades que vuelven moderno lo eterno, disfrute sonoro del órgano reanimado por Grenzing al que Tomé hizo hablar. Y de propina ese bajo ostinado sobre el que construir una «Batalla del Asturias patria querida» de un compositor y organista menorquín cual foniatra especializado que mantuvo timbre y articulación en una propina única, improvisación para el recuerdo. Qué bien este nuevo festival… por lo menos hasta «la Plata».

Color y sentimiento

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Viernes 11 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 12 OSPA, Amanda Roocroft (soprano), Kynan Johns (director). Obras de Thomas Adès (1971), Alban Berg (1885-1935) y Gustav Mahler (1860-1911).

Encontrarse un programa donde Mahler sea el más antiguo no es habitual; seguir apostando por estrenos siempre un riesgo que comienza a normalizarse; recuperar un director que dejó buen sabor de boca de agradecer, y traer de nuevo a una soprano británica -cuya «Jenufa» de 2005 es recordada en Oviedo- para poner su arte al servicio de la poesía hecha música ya aventuraba un viernes totalmente distinto al pasado. Y la lírica germana superó con creces a la española gracias a compositores de primera y una orquesta que parecía distinta en una semana. Mejor, creo que en el abono nº 11 nos la cambiaron.

El maestro Johns volvió a agradarme, mandando y haciéndose notar en todo el concierto sin gestos para la galería. El estreno en España de las Danzas de «Empolvando su rostro» (Powder Her Face), la polémica ópera de Thomas Adès, nos devolvió lo mejor de nuestra formación en una especie de trailer americano con mucho regusto porteño (Piazzolla revivido) en esta suite sinfónica de 2007 del propio compositor inglés, pero también deudor del Berg que superaría esta primera escucha. Orquestación rica, rítmicas potentes, melodías encadenadas y muchos guiños cercanos a la farsa, paralelismos con la Lulú que apunta Alex Ross aunque esta vez la voz callase. Curioso escuchar las danzas de esta ópera cuando las dos obras siguientes contarían con la soprano Amanda Roocroft que redondearía una actuación completísima.

Alban Berg sigue provocando en parte del público cierto rechazo, supongo que traducido a toses y comentarios en voz baja, pero las «Siete canciones tempranas o de juventud» (Sieben frühe Lieder) de los años 1905-1908 son de lo más escuchado cien años después aunque bocado para paladares abiertos de espíritu. Los siete poemas elegidos son de por sí joyas literarias y microcosmos expresivos, con orquestaciones sutiles y la soprano recreando melodías imposibles para textos profundos (¡qué distinto todo del Neruda pasado!). Será predisposición o ganas de cerrar pronto la herida, pero desde el primer Nacht con letra de Hauptmann quedé cautivado, teniendo el detalle de dejar las luces de la sala encendidas para poder seguir texto y traducción, si bien contemplar la interpretación de Amanda era suficiente para captar el sentido, «Brillan las luces en la silenciosa noche». Schilflied juncos murmurantes y al pie de la letra: «Y entonces me parece que oigo el dulce sonido de tu voz», la cálida de Roocroft arropada por una orquesta que volvió a brillar y con Kynan Johns sin cortarse en dinámicas, trayéndonos el ruiseñor (Die Nachtigall) a la noche ovetense sin jaula, y «coronado de sueños» (Traumgekrönt) de Rilke, nueva ¿coincidencia? literaria en el lied más sentimental de todos, voz e instrumentos con la cuerda resucitada, letra y música fundidos, «Y entonces llegaste a mi para robarme el alma». Pasión como el rojo vestido de Amanda, destellos de sol otoñal «En la habitación» (Im Zimmer) sin perder sentimientos encadenados de los dos últimos, Liebesode ¡Oda al amor! «proporcionándonos sueños maravillosos» y feliz conclusión en Sommertage, poema que explica todo el sentimiento «Calla ahora la palabra, cuando imagen tras imagen viene hacia tí y te llena por completo». Berg, sus poemas preferidos y la bella voz protagonista sabiamente arropada por una orquesta que resultó amante perfecta.

Desandando el tiempo aunque lo bueno siempre sea atemporal, llegaba Mahler, su tiempo de ahora en esta Sinfonía nº 4 en SOL M., naturaleza pura desde el primer sonido, paleta completa de colores, dinámicas que parecían olvidadas, trazos claros desde la batuta australiana con una lectura poética y ceñida a las indicaciones de cada movimiento. Por fin la orquesta en su esplendor, solistas y coprincipales, todas y cada una de las secciones, delicadas, claras, potentes, redondas, disciplinadas, sobre todo compacta… y sin prisas: «Lento sin apresurar» (Bedächtig, nich eilen), qué difícil concepción inicial para resultar tan fácil escucharla; «En movimiento cómodo, sin precipitación» (In gemächlicher Bewegung), pudiendo paladear todas y cada una de las entretejidas melodías en el plano exacto, solistas impecables, gustándose, transmitiendo, dejándose llevar por gestos claros y precisos, atentos. El éxtasis alcanzado «Con mucha tranquilidad» (Ruhevoll): Poco adagio, Mahler en estado puro, montaña rusa sentimental, doliente y pletórica, cielo e infierno en cada sección, compás a compás, remontando y rematando, ¡qué más pedir!…

Pues Sehr behaglich, «Muy cómodo» y la reaparición de blanco de Doña Amanda cantando «La vida celestial» (Das himmlische Leben), la fuente inagotable mahleriana (auténtico cuerno de juventud «Des Knaben Wunderhonr»), el lied orquestal donde nada está al azar, naturaleza y santoral, que reflejando la traducción de Rafael Banús -autor también de las notas al programa- resultó perfecta conclusión del concierto, nudo en la garganta y lágrimas en mi rostro, voz y sentimiento para Gustavo, «no existe música en la tierra que pueda compararse con la nuestra… Son excelentes músicos de corte… Todo despierta alegría».

Purgatorio y paraíso en una semana, Amanda ángel femenino, Kynan cual San Jorge y un dragón que no soltó fuego sino color y sentimiento.

Más no puedo pedir. No hay antes ni después, sólo Mahler que nunca me falla…

XXIII Festival de Órgano en Asturias

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En pleno volcán bancario, con poquísimo dinero para cultura y menos música, creo que es un oasis al que todavía le queda algo de agua, seguir teniendo a CajAstur apoyando muchos eventos, y el XXIII Festival de Órgano que lleva su nombre, aún sigue, seguramente porque José María Martínez, Chema para casi todos, su alma mater, como buen allerano y enamorado del instrumento rey, convence y vence.

Este fin de semana arranca en distintas localidades asturianas este esperado ciclo primaveral que no solamente mantiene vivos instrumentos antiguos, reciclados e incluso nuevos, sino que nos trae figuras de este «mundillo» que no debería ser tan minoritario aunque existan razones para entenderlo. Qué envidia siento en mis viajes a Dinamarca o Alemania al contemplar y escuchar órganos en activo no ya en el culto diario sino en conciertos y ciclos que acercan al gran público un repertorio inmortal. En España se mantiene vivo sobre todo en el País Vasco, Navarra, Cataluña, Granada, y Castilla-León que realizó una inversión reparando instrumentos que ahora resuenan como en sus buenos tiempos y un Festival en León del que soy también seguidor.

Veintitrés años nada menos llevamos en Asturias intentando hacernos un hueco en estos circuitos, con maestros y alumnos aventajados, figuras de talla mundial que llevan nuestra tierra en sus currículos pero también en sus corazones. Avanzo programación e intérpretes para los fines de semana próximos, lamentando perderme algunos por coincidencias y compromisos varios, aunque intentaré acudir a todos los que pueda, pues el plantel y la música prevista ¡es de primera!.

Este viernes 11 a las 19:30 horas en el órgano nuevo de San Tirso (Oviedo) y el sábado 12 a las 19:45 horas en el barroco restaurado de la Iglesia de Santa Marina de Puerto de Vega actuará el compositor y organista menorquín Tomé Olives (1972), seguidor de la escuela de Montserrat Torrent, con amplia trayectoria y formación en Alemania y Francia, las dos escuelas de órgano europeo por excelencia. En el programa ovetense no faltarán Buxtehude, Bach, Brahms, Böellmann o Langlais, pero también K. Koyama (1914-2009), Malcolm Archer (1952) y obras del propio Olivés. Para Puerto de Vega el repertorio español de nuestro Siglo de Oro con Ortiz, Cabezón, Correa de Arauxo, Cabanilles y también P. Bruna, M. Green o Mozart.

Para el siguiente fin de semana tendremos al maestro donostiarra Esteban Elizondo (1945) el viernes 18 a las 20:00 horas en la Iglesia de San Pedro (Gijón) y el sábado 19 a las 16:30 horas en la Basílica de Covadonga con un espectacular y novedoso repertorio por él recuperado de Eduardo Torres (1872-1934) y una selección de la colección titulada El organista español dedicada al padre Nemesio Otaño (1880-1956) donde también estarán J. M. Beobide (1882-1967) y Guridi.

El francés Löic Mallé (1947) hará sonar el nuevo órgano de Santo Tomás de Cantorbery (Avilés) el sábado 26 a las 20:30 horas con obras de Grigny, Correa, D. Scarlatti y Bach, así como alguna improvisación propia, y el «viejo» trasladado y adaptado a la iglesia de Soto del Barco el domingo 27 a las 13:00 horas con Grigny, Bach, Franck y Messiaen ¡casi nada!.

Si el órgano ha tenido pareja en su larga vida es con la trompeta, y precisamente podremos disfrutar el arranque del próximo mes con el dúo hispano-cubano formado por el toledano Juan José Montero Ruiz al teclado y Jennifer Vera Martínez con el corneto barroco (aunque también sea pianista, clavecinista, organista, directora de coro y orquesta) los días 1 de junio en la Iglesia de San Francisco de Oviedo (la iglesia redonda) a las 20:00 horas y el sábado 2 a las 20:30 horas en Pravia (Iglesia de Santa María la Mayor), que interpretarán obras de Crequillon, Courtois, Palestrina, Merulo, Victoria, Rore o Gabrielli en distintas «disminuciones» para esta formación a dúo, cornetto muto y órgano sólo.

El cierre de festival será «de casa» y estará a cargo del sacerdote y músico praviano Rubén Díez (1982) que ya ha sido maestro de capilla y organista en la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat de Roma, actuando en el Órgano de La Corte (Oviedo) el viernes 8 de junio a las 20:00 horas y el siguiente viernes 15 a las 20:00 horas en el Monasterio de Valdediós y un programa musical del siglo XVII con J. Ximénez, J. J. Froberger, S. Durón, W. Hine, P. Bruna, Cabezón, Reincken y Cabanilles.

La oferta para quienes puedan, es realmente hermosa tanto en repertorio como en las distintas sedes, localidades dignas de conocerse y disfrutar, con instrumentos a punto y rincones asturianos que ofertan lo mejor de ellos para todos los aficionados que deseen acudir a los conciertos del festival organístico. Del éxito depende seguir teniendo estos órganos funcionando y mantener festivales como el de CajAstur, pues Chema seguirá trabajando en ello, y desde aquí seguiré aportando mi granito de arena.

Más tristeza que amor

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Viernes 4 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 11 OSPA, Joshua Hopkins (bartítono), Jayce Ogren (director). Obras de Stravinsky, Lieberson y Tchaikovsky.

La conferencia previa sobre Stravinsky a cargo del compositor y musicólogo Israel López Estelche (autor también de las notas al programa que enlazo en los autores) nos preparó para la primera obra del concierto de abono que nos traería un programa realmente interesante donde la sección de viento fue la protagonista como otras veces la cuerda en solitario.

Las Sinfonías para instrumentos de viento (1920) revisadas por Stravinsky en 1947 y retomando el coral para armonio de su Toumbeau de Claude Debussy, permitió disfrutar de la llamemos «sección organística» del viento que tiene desde hace años un nivel altísimo tanto en las maderas como en los metales, y no defraudaron a pesar de que la dirección del joven Ogren, que volvía por tercera vez, se limitó a lo básico y poco más, pero la musicalidad de los profesores sacó adelante las tres secciones de que consta esta obra escuchada poquísimas veces en vivo.

A la vista del resultado global, lo mejor de la velada resultaría el estreno en España y la primera escucha del barítono Joshua Hopkins cantando cinco sonetos de amor de Pablo Neruda utilizados por Peter Lieberson en Canciones de amor y tristeza, para barítono y orquesta. Sin entrar en la trastienda de la obra, interesantes para comprenderla y bien explicadas en el programa, el peso del texto supera al de las melodías que parecen o quieren brotar de la lectura del mismo. El color de voz de Hopkins y la perfecta dicción castellana (con acento ¿chileno?) cautivó desde el primer verso del soneto XLVI «De las estrellas que admiré», cinco números algo desiguales y monótonos por momentos, con melodías poco pegadizas aunque la instrumentación parecía subrayar los sentimientos del poeta más que el canto. Me gustó el tercero, el soneto LII «Cantas y a sol y a cielo con tu canto…» y los solos de cello a cargo de Atapin que fueron aún más líricos ¿el budismo de Lieberson?, si bien el maestro Ogren no ayudó mucho a ninguno pese a la corrección que no es suficiente. Quedé con ganas de escuchar a Hopkins en otro repertorio porque son los barítonos que me gustan, y en esta primera parte predominó el amor de mi tocayo, con esos tres lánguidos Adiós que cierran el soneto LXXXII «Amor mío, al cerrar esta puerta nocturna».

La tristeza total me sobrevino con la Sinfonía nº 6 en Si m., Op. 74, «Patética» (Tchaikovsky), obra cumbre del ruso que exige atención a todos los detalles desde el arranque pianísimo del Adagio introductorio. La falta de más graves tras el fagot inicial me puso sobre aviso. Los «resonantes clamores» de los que habla François-René Tranchefort en su «Guía de la música sinfónica», así como esa melodía «una de las más abiertamente sentimentales que Chaikovski haya escrito», resultó más bien lastimera. La dirección de Ogren me resultó estudiantil y equivocada, aunque expresase en una entrevista que «para un músico es fundamental tener buen gusto y autoconfianza». Si en un texto subrayamos lo accesorio perdemos la idea, si luego queremos volver atrás queda todo tan resaltado que es ilegible, y utilizando el paralelismo escolar, Jayce se pasó con el rotulador fosforito, además de parecer impasible a la formación que tenía delante. De acuerdo que hubiésemos querido mucha más cuerda, pero con lo que hay su obligación hubiera sido controlar las dinámicas de los metales para equilibrar planos sonoros. Tampoco cuidó la limpieza melódica, algo sucia, ni tampoco la precisión y rigor en los «tutti», siempre desencajados en ese Allegro non troppo que esperaba trágico pero no en esta línea. La majestuosidad se confundió con el «fortissimo», no hubo los contrastes esperados en los tiempos ni siquiera algún detalle que destacase en la ejecución.

Pienso que los músicos se percataron de ello y hubo mejoría en el Allegro con grazia, más por la profesionalidad desde cada atril que por parte del podio, como queriendo tomar las riendas de un caballo desbocado. Pero los profesores deben / tienen que amoldarse al director y los desajustes convertidos en melopea sin sentido volvieron en el Allegro molto vivace cuyo poderío parece agradar a un público que ¡volvió a aplaudir! pero personalmente la dedepción iba en aumento, nada del caracter marcial, pizzicati oscuros y tapados, notas poco claras… Claro que hubo menos toses pero también menos aforo del habitual (¡preocupante esta desbandada de abonados!) aunque cambiando estertores por decenas de paraguas cayéndose arrítmicamente y en los momentos más inoportunos (¡hay guardarropa y hasta la opción de dejarlos directamente en el suelo!). El Adagio lamentoso fue literal, lejos del musical y premonitorio, «el testimonio de la próxima destrucción de sí mismo» que escribe el citado Tranchefort, con las últimas notas imperceptibles del final y un silencio respetuoso exigible siempre antes de bajar los brazos ¿por miedo tras el «patón» del tercero?).

Cuando una obra tan compleja y enorme como la «Patética» no se domina, acaba desbocada y aplastando a todos, desde el director sin mando hasta la orquesta que campó a sus anchas sin ton pero con son, que parece no soportar becarios vengándose a la primera de cambio, incluso del que suscribe, pues hacía mucho tiempo que no salía de escuchar a la OSPA tan cabreado.

Al final triunfó la poesía de Neruda.

P. D. 1: En el Facebook© de la OSPA están las críticas de Diana Díaz, Ramón G. Avello e Eduardo G. Salueña.
 P. D. 2: Crítica de Aurelio M. Seco en «Codalario».

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