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La India llega a Granada

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Viernes 26 junio, 22:00 h. 75 Festival de Granada, Danza, en el marco el Año Dual España-India. Palacio de Carlos V:  El sueño del sitar, Un homenaje a Ravi Shankar. Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Mónica de la Fuente (dramaturgia, coreógrafa y bailarina de danza contemporánea de la India), Ignacio García (dramaturgia, dirección de escena), David Murphy (dirección musical), Sukanya Shankar (asesora musical), Ensamble de músicos de la India, Elenco de danza Bharatanatyam, Bailarines de España (Lucía Campillo, coreógrafa y bailarina de danza española, José Manuel Benítez -cedido por el Ballet Nacional de España- bailarín de danza española). Fotos © Festival de Granada | Fermín Rodríguez, y propias.

Si la noche anterior hicimos un viaje en el tiempo hasta las Zambras Moriscas, en este viernes con partido Uruguay-España (ganamos 1-0 y clasificados primeros de grupo para la siguiente fase) había otro viaje hasta la India en un homenaje a Ravi Shankar donde se unían músicas donde las improvisaciones alargaron el evento hasta la medianoche.

La narración que intentaba hacer un relato casi didáctico, con unos textos muy “filosóficos” sobre el Cosmos y el propio hinduismo, no se escuchaba todo lo clara que hubiésemos deseado, y el Ensamble de músicos de la India estuvo amplificado, siendo quienes abrirían la velada, más un bailarín del elenco de danza Bharatanatyam en la galería del primer piso.

En el 150 aniversario de Falla arrancaron con una visión “original” por la instrumentación antes de que la OCG con la dirección de David Murphy prosiguieran El círculo mágico y la Danza ritual del fuego, (de “El amor brujo”) contrapuesta a la hindú.

La orquesta granadina fue combinando y alternando con los músicos de la India la suite titulada “El sueño del sitar. Un homenaje a Ravi Shankar”, con el estreno mundial de la Dance Suite de la ópera Sukanya del homenajeado, intercalada con otras músicas de Ravi Shankar donde los músicos hindúes fueron los protagonistas.

Las coreografías también alternaron las flamencas con las bailarinas de Bharatanatyam, coloristas, tradicionales, y que las fotografías de Ferminius reflejan mejor que mis palabras, circulando tanto delante del escenario como en el primer piso, momentos de plasticidad y musicalidad tanto en nuestras castañuelas como en los cascabeles de los tobillos orientales (como en las primeras zambras moriscas de la noche anterior).

Las notas al programa de Enrique Cámara de Landa además de comentar parte de la biografía de Ravi Shankar y David Murphy, analiza las obras que escuchamos, nos explica los instrumentos utilizados, y presenta conceptos tanto musicales como de la tradición religiosa hindú, muy interesante para la mejor comprensión de un concierto que nos traía “diálogos y convergencias” desde la India hasta el Palacio de Carlos V.

Más allá de las sensaciones que pueden llegarnos escuchando las músicas de la India, la parte sinfónica podríamos considerarla más banda sonora que sinfónica, y lo original es precisamente la combinación tímbrica entre los instrumentos occidentales con los orientales. El virtuosismo de Shubhendra Rao en el sitar quedó más que plasmado, junto a Saskia Rao-de Haas en el violonchelo indio que hizo por momentos de nota pedal, en una “tándem” con buen entendimiento. Y la parte del viento con Hrishikesh Mazumdar en la flauta bansuri, de tímbrica por momentos electrónica por su sonoridad y amplificación junto al shehnai (un aerófono de doble lengüeta) de Ashwini Shankar, que también se ubicaría al inicio en la galería del primer piso. Todos ellos lograron esa sonoridad que asociamos a la India, amén de una percusión que trasciende lo musical para contagiar vitalidad tras los momentos trascendentes.

Los bailes ayudaron a llevar mejor la noche palaciega, especialmente las bailarinas, y las flamencas, que compartían coreografías y contrastes en blanco y negro (hubo un cambio al rojo), también con descripciones gestuales a la narración, más el contraste masculino de dos formas de entender la danza.

El público disfrutó sobre todo de los momentos “Bollywood”, mientras las bailarinas esparcían pétalos y el ensamble parecía entrar en calor con unas improvisaciones que no sabíamos cuánto durarían en Prabhuji – canticos de la India y el Finale – Danza Suite. De la OCG el maestro Murphy, sentado en la tarima cuando sonaban las distintas ragas, marcó claramente los muchos cambios rítmicos y planos con desigual respuesta en algunas secciones desbalanceadas. Me quedo con una de las partes líricas con un piano excelente arropado por la cuerda.

Impresiones a vuela pluma de un homenaje donde el sitar fue protagonista, usado en la coreografía, personificado en la narración y un placer escucharlo en manos de Shubhendra Rao, heredero de Ravi Shankar que tanto ha influido en la música occidental desde la globalización que la música ha ejercido desde sus inicios. Una noche colorida incluso por parte del público en el Año Dual España-India.

INTÉRPRETES:

Orquesta Ciudad de Granada

Ignacio García y Mónica de la Fuente, dramaturgia

Ignacio García, dirección de escena

David Murphy, dirección musical

Sukanya Shankar, asesora musical

Ensamble de músicos de la India

Shubhendra Rao, solista de sitar y líder del ensamble

Saskia Rao-de Haas, violonchelo indio

Ashwini Shankar, shehnai

Hrishikesh Mazumdar, flauta bansuri

Vishwesh Swaminadhan, canto

Madan Mohan, violín

Jayachandra Rao, mridangam

Giridhar Udupa, ghatam

Debjit Patitundi, tabla

Sannidhi Vaidyanathan, mridangam

Elenco de danza Bharatanatyam

Coreografía: Rama Vaidyanathan

Cuerpo de baile: Rama Vaidyanathan, Shubhamani Chandrashekar, Reshika Sivakumar, Vaishnavi Dhore, Nilava Sen

Bailarines de España

Lucía Campillo, coreógrafa y bailarina de danza española

José Manuel Benítez (cedido por el Ballet Nacional de España), bailarín de danza española

Mónica de la Fuente, coreógrafa y bailarina de danza contemporánea de la India

Narración escénica

Lucía Campillo

Mónica de la Fuente

PROGRAMA:

Prólogo

Manuel de Falla (1876-1946):

Introducción, El círculo mágico y Danza ritual del fuego, de El amor brujo (1915)

El sueño del sitar*. Un homenaje a Ravi Shankar:

Ravi Shankar (1920-2012):

Swagatam

Sapney Mein – Raga Yaman Manj

Overture – Dance Suite

Tarana – Dance Suite

Holi – Ghanashyam

Raga Yaman Kalyan (extracto), del Concierto para sitar nº 2

Tilak Kamod – Dance Suite

Raga Mishra Pilu

Raga Adana, del Concierto para sitar nº 1

Raga Tilak Shyam

Prabhuji – canticos de la India

Finale – Danza Suite

* Estreno mundial de la Dance Suite de la ópera Sukanya de Ravi Shankar, intercalada con otras músicas de Ravi Shankar

De Asturias al cielo

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Jueves 18 de junio, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: “Maharajá”. Zarzuela compuesta entre 2016 y 2017 por encargo de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo en el marco de los actos conmemorativos del 125 aniversario del Teatro Campoamor de Oviedo. Música de Guillermo Martínez y libreto de Maxi Rodríguez. Estrenada el 15 de junio de 2017 en el Teatro Campoamor de Oviedo. Producción del Teatro Campoamor (2017).

Desde Granada recibo la reseña de Asunción Tejedor, un punto de vista de aficionada, apreciable precisamente por la frescura y rapidez de sus impresiones al finalizar la representación este jueves en Oviedo, que quiero compartir desde este blog, con los añadidos de mis enlaces siempre enriquecedores.

Entre los aspectos más destacados de esta nueva representación de Maharajá sobresale el excelente nivel del reparto principal. Vanesa (Beatriz Díaz) brilló tanto por la calidad vocal como por su presencia escénica, mientras que Mishka (David Menéndez) aportó solidez y carisma a un personaje fundamental en el desarrollo de la trama. Igualmente notable resultó la interpretación de Velino (Juan Noval-Moro), convincente tanto en el plano vocal como teatral.

Especial mención merece Ana (Serena Pérez), uno de los personajes más divertidos y agradecidos de la obra. Su interpretación estuvo llena de frescura, naturalidad y sentido del humor, contribuyendo de manera decisiva al tono desenfadado de la zarzuela. No obstante, en algunos momentos su emisión resultó algo contenida y ciertas frases cantadas llegaron con menor claridad a la sala, lo que dificultó apreciar plenamente algunos detalles de su intervención.

El componente cómico funcionó especialmente bien gracias al trabajo conjunto de todos los intérpretes, que supieron mantener un ritmo escénico ágil y eficaz. Los personajes secundarios aportaron dinamismo y contribuyeron a crear una atmósfera cercana y entretenida para el público.

Como aspecto mejorable, los diálogos hablados no siempre se percibieron con la nitidez deseable. En varios pasajes la dicción o la proyección dificultaron la comprensión completa del texto, algo especialmente relevante en una obra donde el libreto y el humor tienen un peso importante en la comunicación con el espectador.

En conjunto, una representación muy disfrutable, sostenida por un elenco comprometido y por varias interpretaciones de gran nivel, que permitieron apreciar plenamente el atractivo de esta zarzuela contemporánea.

Música para la Granada Imperial

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Martes 9 de junio, 22:00 horas. 25 FEX, Palacio de Carlos V: Concierto extraordinario “Música para un centenario. Estelas de Carlos V”. Coro Manuel de Falla (Juan Ignacio Rodrigo, maestro de coro) y Orquesta de la Universidad de Granada, Gabriel Delgado (director). Obras de F. Jusid, García Abril y J. Lopez-Montes.

La presentación de este concierto que llenó el palacio imperial, decía: «Un concierto que, con motivo del V Centenario de la UGR, explora el legado de Carlos V a través de tres miradas sonoras, desde la evocación histórica hasta la creación contemporánea». Y tras las fanfarrias a lo largo de día entrábamos a palacio para disfrutar de juventud y buena música.

Me alegra comprobar que las universidades españolas son una cantera musical, una afición como pueda ser la coral, como la orquestal donde comprobar el altísimo nivel de una juventud preparada que poco a poco va ocupando atriles en las profesionales, y siendo la labor docente como la realizada por la Universidad de Granada de alabar. Con una orquesta inmensa, de amplia mayoría femenina, especialmente en la cuerda, bastante equilibrada en plantilla y la acústica siempre increíble de este marco incomparable, la noche (no prevista para mí) arrancaba con música de cine, la de Federico Jusid (1973) organizando una suite con dos series televisivas (Isabel de 2021, y Carlos Rey Emperador tres años después) con la que mis antiguos estudiantes conocieron un poco de nuestra historia, aquí hecha música desde nuestro tiempo mostrando la oposición de caracteres de ambos personajes. Carácter épico que va transformándose hacia lo lírico antes de la explosión final de esta página sinfónica muy bien llevada por el maestro Gabriel Delgado, buen conocedor y director, exprimiendo al máximo a estos jóvenes instrumentistas, atento siempre a los detalles a los que le respondieron todas las secciones.

Del turolense García Abril se eligió para la ocasión el poema sinfónico Alhambra (1996-1998), aprovechando la propia historia hispano-germana (la obra fue un encargo de la Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin para sus 75 años) no solo el entorno donde el Palacio representa al Emperador Carlos V, sino también la plantilla, que dejo  a contiuación para ver la magnitud: 3 (pic) – 3 (crn ing) – 3 (req, cl b) – 3 (cfg) – 4.3.3.1.1 – 5 perc, ap, pf – cuerda). Intervenciones excelentes de los solistas (no tengo sus nombres), desde la concertino al clarinete y oboe, con una orquesta muy empastada con unos metales siempre presentes. Partitura con el sello sinfónico de un compositor completo que también nos dejó unas bandas sonoras y televisivas que muchos conocemos aunque la mayoría desconozcan su autoría.

Asistir a un estreno siempre es un privilegio y nuestros compositores actuales no siempre tienen la posibilidad de que se escuchen sus obras, pero al menos los encargos de distintas instituciones, solistas o incluso orquestas, no solo motivan la creatividad sino que logran ampliar un repertorio que es el nuestro y era norma antes de lo que se ha convertido en repertorio. Aplaudo ue se sigan programando obras nuevas, más aún cuando se mezcla lo sinfónico-coral con la electrónica, poco habitual en parte por la complejidad de los montajes. En esta ocasión se contó con el propio músico, José López-Montes (Guadix, 1977), que presentaría su obra: Icnofonía. Diferencias sobre el Delphin de Narváez y sobre la icnografía del Palacio de Carlos V.

López-Montes, catedrático de «Tecnología musical» en el Conservatorio Superior de Granada, muestra interés, como él mismo refleja en su web, «en el trabajo tímbrico-armónico, la composición algorítmica y la sinestesia, con obras aúnan síntesis de vídeo, tecnologías de espacialización sonora y programación de herramientas de composición asistida por computadora, combinando elementos tales como autómatas celulares, algoritmos genéticos, gramáticas generativas o sonificación de datos. Su producción abarca una amplia variedad de instrumentaciones, técnicas y planteamientos escénicos».

El acitano de prolífico catálogo, nos explicaría antes del estreno, que esta composición es una instalación octofónica por encargo de la UGR,  pensado para el propio Palacio de Carlos V desde el pasado (la vihuela de Narváez y su “Delphin”) y presente, inspirado en la arquitectura renacentista de esta joya monumental con la obsesión por la geometría traducida a la música; también utiliza textos de la poeta y musicóloga franco-libanesa Katia-Sofia Hakim (Bayona, 1988), Garcilaso de la Vega, el granadino Ibn al-Jatib, Juan Boscán, el embajador de Carlos V Andrea Navagero y anónimos, tanto grabados como cantados.

Composición muy interesante y compleja de dirigir e interpretar, pues a una orquesta poderosa se sumaba el Coro Manuel de Falla que dirige Juan Ignacio Rodrigo, más la impactante parte electrónica que en momentos es protagonista y en otros se suma a la masa instrumental, alcanzando una tímbrica que pasa de lo inquietante a lo onírico. Aunque mi ubicación trasera no me permitió la escucha envolvente que los altavoces colocados en torno al círculo «abrazaban» los oídos e incluso parecían rebotar en las piedras centenarias, me pareció encontrar partes de sampleo sinfónico-coral manejadas por el propio compositor dentro de la propia orquesta, para esta feliz conjunción entre pasado y presente. La labor del director canario Gabriel Delgado fue admirable, desde el trabajo con unos músicos sobresalientes (espectaculares los percusionistas), un coro atento, afinado y con buena proyección frente al bloque sinfóncio, hasta el producto final de un directo siempre irrepetible, con unas sensaciones de poder estar asistiendo a todo un espectáculo sonoro.

Ya con tiempo pude leer el programa con notas extendidas de Marina Hervás Muñoz, profesora contratada doctora en el Departamento de Historia y Ciencias de la Música de la Universidad de Granada. De ellas quiero destacar la inclusión de los textos utilizados y su traducción, así como dejar algunos párrafos que ayudan a una mejor comprensión de este estreno:

«(…) Ya en el título se nos presentan sus dos ejes principales: de un lado, la «diferencia», el término renacentista para las variaciones, con la salvedad de que no son solo instrumentales –como acostumbraba a ser en la época–, sino también vocales. Estas diferencias se hacían sobre música, por lo general, muy conocida. Aquí se juega con la tensión entre lo que nos puede sonar conocido y su extrañamiento, en la medida en que parte de los materiales son del Delphin de música de Luys de Narváez, vihuelista granadino vinculado a la corte imperial. Fragmentos de esa música son absorbidos, transformados y orquestados hasta dialogar con sonoridades contemporáneas, revelando también su modernidad latente.

De otro lado, suena el propio Palacio. Tal y como explica José López-Montes: «Icnofonía es una palabra inventada a partir de icnografía, que es la representación gráfica de la planta de un edificio. Icnofonía podría traducirse, pues, como su equivalente sonoro, y por tanto, una suerte de sonificación de las proporciones que se encuentran en una estructura arquitectónica horizontal». La electrónica, distribuida en un dispositivo octofónico que rodea al público, prolonga del octógono presente –aunque no de manera evidente– en la arquitectura del Palacio, algo que refuerza, aún más, su conexión con la tradición andalusí y la Alhambra. El coro, además, canta sobre textos de varios autores de distintas procedencias (…). Los poemas tratan de ampliar las numerosas capas de significado que se pueden extraer del Palacio: la transformación de la ciudad, la vida personal e íntima de los emperadores o el dolor bélico. A ello se suman voces, grabaciones y ecos del paisaje sonoro contemporáneo del monumento, como si la propia arquitectura conservase aún estratos de escucha acumulados durante siglos y que en Icnofonía se nos presentan como ecos espectrales a lo que solo hay que prestar oído. Es una invitación, entonces, a invocar a los «Icnos (ἴχνος)» –que significa «huella, rastro, pisada»– del Palacio, con el anhelo de que quiera revelarnos el enigma de su silencio».

Éxito de público y aplausos para todos los participantes, con dos propinas. No podía faltarnos Falla y de El sombrero de tres picos y el final de las seguidillas y farruca, homenaje a este granadino de adopción con la cuerda de la orquesta algo desbalanceada tras el esfuerzo previo, pero totalmente entregada al maestro Delgado, y todos entonando el muy logrado arreglo del himno universitario Gaudeamus Igitur con el público en pie y algunos entonando las estrofas elegidas.

PROGRAMA:

Federico Jusid (1973)

Suite Isabel / Carlos, Rey emperador (2012-2016)

Antón García Abril (1933-2021)

Alhambra, 1996-1998

José López-Montes (1977)

Icnofonía. Diferencias sobre el Delphin de Narváez y sobre la icnografía del Palacio de Carlos V (2016, estreno absoluto, encargo de la UGR)

Paseando por Vetusta

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Jueves 4 de junio, 19:30 horas. Conciertos del Auditorio: Steven Isserlis, (violonchelo), Oviedo Filarmonía (OFIL), Pietari Inkinen (director). Obras de Parera Fons, W. Walton y Sibelius.

Finaliza la temporada de los Conciertos del Auditorio con la OFIL que es la residente de este ciclo, esta vez dirigido por el violinista y director finlandés Pietari Inkinen (Kouvola, 29 de abril de 1980), y el chelista británico Steven Isserlis (Londres, 19 de diciembre de 1958) que volvía a Oviedo después de cinco años, con el concierto de Walton, del que el londinense es uno de sus mayores difusores.

De esa inmensa cantera de directores que es Finlandia, con una lista que sigue creciendo y están ocupando podios en medio mundo, habría para hacer una tesis doctoral y una reflexión por la juventud de la última “hornada” (mujeres incluidas), dado que a diferencia de otros países, en la Academia Sibelius de Helsinki se estudia dirección en paralelo a otros instrumentos (en España los Conservatorios llevan retraso secular hasta en su nomenclatura), por lo que no es extraño encontrarnos veinteañeros como Peltokoski, mi “último descubrimiento”. Más maduro, en todos los sentidos, Pietari Inkinen viene a sumarse a la “cantera finlandesa” poniéndose al frente de nuestra OFIL para una clausura por todo lo alto, sin que nos faltase un estreno, el de Antoni Parera Fons (Manacor, 1943) y su Vetusta promenade, encargo de la propia orquesta ovetense, aunque sería Sibelius el fuerte de la velada, siempre aplicando mi dicho de “no hay quinta mala”.

De Vetusta promenade las notas al programa del cellista, profesor y doctor en Musicología Santiago Ruiz de la Peña Fernández, nos cuenta y describe la partitura del compositor mallorquín:

«Vetusta promenade, de Antoni Parera, obra compuesta en 2025 por encargo de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, propone un paseo sonoro por la Vetusta clariniana. Concebida por el autor como una mirada a una sociedad de claroscuros, de pasiones ocultas y lamentos silenciados, la partitura despliega un crescendo emocional que avanza de principio a fin. Junto al empleo de un lenguaje modal, que dota a la obra de una ambigüedad armónica generadora de una sensación siempre latente de inestabilidad emocional, el discurso compositivo se construye a partir de una notable austeridad de material. Dos temas, sometidos a continuas reelaboraciones a lo largo de la obra, conforman una sólida unidad motívica, lo que revela una escritura minuciosa, laboriosa y profundamente reflexiva. Mientras que los motivos melódicos recaen preferentemente en las maderas, la cuerda protagoniza los pasajes de mayor sosiego. Los metales refuerzan los momentos de máxima intensidad expresiva, con un papel destacado de las trompas como nexo entre las secciones orquestales, al tiempo que la paleta orquestal se amplía gracias al aporte tímbrico del arpa, la celesta y el piano.

Escrita a modo de obertura, la introducción se articula a partir de un motivo ondulante en maderas, cuerdas graves y celesta, acompañado por arpegios de piano y arpa y trémolos de violines con sordina. Un toque de campana, respondido por una llamada de trompetas y ecos en las maderas, da entrada al primer tema a cargo del clarinete bajo. Se trata de una melodía breve, ondulante, mágica y misteriosa, de trasfondo oscuro, contrastante con el segundo tema, más luminoso y festivo, presentado por el oboe. El desarrollo, construido mediante sucesivas transformaciones de los dos temas y del material introductorio, que se entrelazan superpuestos y confrontados, desemboca en un gran crescendo de toda la orquesta sobre la nota do, centro tonal de la composición».

Paseo clariniano el del manacorí con ecos parisinos de Debussy o Falla con una plantilla poderosa que curiosamente era muy similar al Walton posterior (desconozco si sabía que irían juntas y de ahí esa coincidencia casi total). Interesante instrumentación donde la percusión no puede faltar para crear ese ambiente de neblina carbayona y campanas emulando La Wamba, con toques de celesta, piano y arpa, aunque toda la orquesta se mostró compacta, afinada, con solos bellísimos del oboe y el corno inglés, toda la madera impecable, unos metales empastados y afinados, más una cuerda sutil y muy matizada. El estudio de la partitura por parte de Inkinen se notó en esta primera obra, de gesto no muy grande pero siempre claro, preciso, marcando todo, dando seguridad y empaque a un estreno que enlazó perfectamente con el concierto posterior a cargo de Isserlis.

Prescindiendo del piano y añadiendo dos tubas a una OFIL que nuevamente contaría con el refuerzo de alumnado del CONSMUPA, sobre el concierto de Walton , el profesor Santiago Ruiz de la Peña (con su hijo en la misma cuerda de chelos) escribe:

«El Concierto para violonchelo de William Walton, compuesto por encargo de Gregor Piatigorsky, fue escrito entre febrero y octubre de 1956, periodo durante el cual el compositor y el violonchelista mantuvieron una correspondencia regular sobre diversos asuntos técnicos de la obra. Tras su estreno en 1957, parte de la crítica la percibió como decadente y anclada en la tradición romántica, pues, «aunque bien construido, la disonancia que presenta no alarmaría ni a una anciana». La obra, con una exigente parte orquestal, produce una impresión inicial más cercana a la de un poema sinfónico con violonchelo obligado que a la de un concierto tradicional, y presenta una estructura poco convencional al invertir el patrón habitual de tres movimientos de los conciertos clásicos adoptando un esquema lento-rápido-lento.

El primer tiempo es evocador y nostálgico. Sobre una figura de tic-tac hipnótica y rítmica de las cuerdas en pizzicato y los instrumentos de viento, la suave voz del violonchelo desarrolla lentamente una hermosa y oscura melodía. Tras la serenidad del primer movimiento, arranca un arrebatador y virtuoso Allegro appassionato, donde solista y orquesta se persiguen a toda velocidad en un constante movimiento perpetuo. Melodías elevadas, con armónicos aflautados, escalas vertiginosas y dobles cuerdas, crean un discurso de gran tensión, detenido ocasionalmente por momentos de un lirismo conmovedor a cargo del violonchelo. El último movimiento, Tema ed improvvisazioni, con la segunda y la cuarta variación asignadas al solista sin acompañamiento y concebidas como auténticas cadencias, concluye con un último suspiro del violonchelo desvaneciéndose sobre su nota más grave, un cierre de obra melancólico y nostálgico que Walton revisó en varias ocasiones, pues Piatigorsky deseaba un final más dramático e impactante».

Si Antoni Parera evocaba la capital asturiana, Sir William Walton aún más su Gran Bretaña, con una escritura que pasa por continuos “sobresaltos anímicos” que el Stradivarius “Marquis de Corberon” (1726) en las manos del solista británico siempre estuvo presente, perfectamente concertado por la batuta finlandesa, tiempos para disfrutar de todas las secciones de la OFIL y el virtuosismo de un Isserlis que en sus intervenciones solistas volvió a mostrar una sonoridad amplísima donde la técnica está siempre al servicio de la música escrita por su compatriota.

La propina desprovisto de arco y toda en pizzicato sería «Chonguri» del giorgiano Sulkhan Tsintsadzesonó (1925-1991), si se me permite el calificativo de sonido “british”, muy rítmico y en la línea de Clancy Newman o Jerry Liu e incluso los “juguetes” de Yo-Yo-Ma, donde la sonoridad del chelo solo es plenamente moderna tras el esfuerzo con Walton.

Y en la segunda parte la Sinfonía nº 5 en mi bemol mayor de Sibelius. Hace años que el compositor finlandés me ganó en el terreno orquestal, en parte por el excelente blog a él dedicado del vallisoletano David Revilla. Puedo presumir de compartir con él programas y hasta atesoro muchos vinilos y algunas integrales en CD, incluso compartí mi escapada al barrio de Töölö en Helsinki, donde hice mi personal peregrinaje al Monumento “Passio Musicae”  (obra de la escultora Eila Hiltunen inaugurado en 1967) que tiene en el parque con su nombre. Rodeado de “hordas salvajes” que hacían el tour turístico sin saber siquiera quién fue Sibelius o lo que representaban las dos obras enfrentadas. Hombre orgulloso y tímido, reservado y sensible, con una vida marcada por las contradicciones, como apuntan muchas de sus biografías, aunque otras lo describen como de «vida tranquila, sin turbulencias ni pasiones, no exentas de conflictos pero siempre sin estrépito». Su música parece reflejar esa personalidad que nos transmiten sus fotografías, esa mezcla de serenidad a veces sombría pero sin excesos ni desmesura, un verdadero mago de la orquesta que supo cantar como nadie a su pueblo y los paisajes nórdicos que tanto amaba.

De esta Quinta hay muchísima literatura, casi tanta como el tiempo que le llevó su composición. En el blog “Sibelius en castellano” del pucelano, ya escribe sobre esta sinfonía:

« (…) su creación fue gestada por el músico en un periodo prolongado, durante el cual redactó hasta tres versiones del trabajo, estrenadas respectivamente en 1915, 1916 y 1919, resultado del deseo de que la sinfonía, a pesar del reconocimiento que tuviera en su primer estreno, alcanzara la perfección con respecto a la idea que tenía en su mente de ella. Este largo proceso creativo, y la implicación emocional, su conexión biográfica, y los debates estéticos que suscitaba en la imaginación de Sibelius los cambios y la ascensión hacia la forma que considerará final de sus notas, resultan auténticamente reveladora para quienes nos hemos dedicado, de una manera u otra, a observar y estudiar la música del genio finlandés».

Sinfonía plenamente interiorizada por Pietari Inkinen sin las ataduras del atril, supuso una dirección precisa, acertada, dejando fluir una música rica con una respuesta perfecta de una OFIL versátil, aplicada, que navega por mares muy distintos (y que la próxima semana vuelve al foso del Campoamor para cerrar el XXXIII Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo con “Maharajá”). Una temporada de conciertos que deja un sobresaliente a la  ya veterana orquesta ovetense, siempre enriqueciéndose con directores como el finlandés que jugó con los tempi, los balances y la expresividad de esta sinfonía de su tierra no tan distinta a la nuestra, que hizo disfrutar a músicos y aficionados en buena respuesta.

Ya nos han hecho llegar en los programas de mano un avance de la próxima temporada, pero esperaremos a concretar las fechas, aunque los nombres ya auguran otro curso exitoso para “pasear por Vetusta” y seguir llamándola “La Viena Española”, que espero seguir contando desde aquí.

PROGRAMA

PARTE I

Antoni Parera Fons (Manacor, 1943)

Vetusta promenade (2025)

(Obra de encargo por Oviedo Filarmonía)

William Walton (1902-1983)

Concierto para violonchelo y orquesta (1957):

Moderato

Allegro appassionato

Tema ed improvvisazioni

PARTE II

Jean Sibelius (Hämeenlina, 8 de diciembre de 1865 – Järvenpäá, 20 de septiembre de 1957)

Sinfonía nº 5 en mi bemol mayor, op. 82 (1915, rev. 1916 -desaparecida-, rev. 1917/1919):

Tempo molto moderato
Andante mosso, quasi allegretto
Allegro molto

En femenino plural

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Viernes 29 de mayo, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe – Oviedo. “Dominio mágico”, abono 15 OSPA, Adam Walker (flauta), Kristiina Poska (directora). Obras de Hallik, Puts y Mendelssohn.

(Crítica para LNE del domingo 31, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

Penúltimo concierto de abono de la actual temporada de la OSPA y programa marcado por una significativa presencia femenina. Sobre el podio, la directora estonia Kristiina Poska (Türi, 1978); en el atril, el estreno en España de Transience de su compatriota Elis Hallik (Pärnu, 1986), escuchada por vez primera tanto en Gijón (jueves) como en Oviedo (viernes); como concertino invitada, la violinista polaca Joanna Wronko; y hasta las notas al programa llevaban firma femenina, las de la pianista, gestora y musicóloga coruñesa Marta García Teijido. Todo ello en un concierto que hacía honor al título de esta crítica: un auténtico “femenino plural”.

La velada añadía además otro estreno español, el Concierto para flauta del estadounidense Kevin Puts (St. Louis, 1972), escrito para el británico Adam Walker (Retford, 1987), encargado de defender una partitura tan exigente como comunicativa. Un programa inteligentemente construido, alternando creación contemporánea y gran repertorio romántico.

Resulta esperanzador comprobar cómo muchas obras nuevas parecen recuperar ciertos cánones expresivos y narrativos que durante décadas parecían proscritos. Así ocurrió con Transience, cuya compositora, presente en la sala, recibió una cálida y unánime ovación. La obra, de apenas once minutos, propone una intensa reflexión sonora sobre lo efímero: la fugacidad del instante que desaparece pero deja huella. Como explicaba Poska en el encuentro previo, Hallik trabaja “la idea de aquello que nos atraviesa y se desvanece, casi como una luz suspendida en el tiempo”.

La escritura, de gran refinamiento tímbrico, alterna momentos de explosión sonora con otros de contemplativa suspensión, en un discurso que convierte el silencio en elemento estructural. La cuerda de la OSPA, tratada casi coralmente —tan propia de la tradición musical estonia—, respondió con admirable concentración, logrando esa atmósfera entre lo tangible y lo inaprensible que exige la compositora. Hubo compenetración absoluta entre Poska y Hallik, dos músicas nacidas bajo la misma geografía báltica y aparentemente unidas por una idéntica concepción del sonido.

El Concierto para flauta de Kevin Puts ofreció un paisaje sonoro muy reconocible desde la tradición estadounidense, con ecos de Copland o Bernstein, especialmente perceptibles en sus amplias melodías y en un sentido casi cinematográfico de la orquestación. Adam Walker fue el mejor embajador posible de una partitura escrita claramente a su medida, llena de exigencias técnicas y amplios vuelos líricos. El primer movimiento, Con gran sinceridad y afecto, desplegó una escritura brillante y de corte casi clásico para la flauta solista, mientras que el central, Juguetonamente, con creciente agitación, escondía un ingenioso guiño al célebre Concierto nº 21 de Mozart, reconocible incluso en la presencia del piano, aunque hábilmente reformulado dentro del lenguaje de Puts. El final, Muy rápido, con una sensación de desenfreno, convirtió la obra en un auténtico “tour de force” colectivo: percusión extenuante, cuerda participando con palmas en el final, y una sensación rítmica casi vertiginosa que Walker resolvió con virtuosismo deslumbrante. Todo con el sólido respaldo de una OSPA muy implicada y atenta en cada detalle a la precisa dirección de Kristiina Poska, siempre elegante y clarísima desde su característica batuta sostenida con la mano izquierda.

Como propina, el flautista británico regaló una impresionante lectura de Density 21.5 de Edgar Varèse, demostrando una vez más su extraordinario dominio técnico y expresivo.

La segunda parte devolvía el protagonismo al gran repertorio con la Sinfonía nº 3 “Escocesa” de Mendelssohn. Poska la dirigió íntegramente de memoria, mostrando un conocimiento profundo de la arquitectura de la obra y un admirable equilibrio entre las secciones de la orquesta asturiana. La directora estonia apostó por tempi vivos y un discurso muy fluido, especialmente convincente en el final “guerrero y majestuoso”, evitando cualquier tentación de pesadez romántica. Muy logrado también el Adagio cantabile, fraseado con sensibilidad y naturalidad, mientras la OSPA respondía con madurez y empaste a una lectura refinada y orgánica. Mendelssohn, el compositor viajero fascinado por Escocia, encontraba así una recreación de acentos nórdicos y sensibilidad báltica, pero también impregnada de ese salitre musical asturiano que la OSPA lleva décadas incorporando a su personalidad sonora.

Excelente propuesta de penúltimo abono, equilibrando contemporaneidad y tradición con naturalidad y coherencia. Lástima, una vez más, el preocupante vacío de butacas en una cita de semejante nivel artístico.

PROGRAMA:

ELIS HALLIK (1986- )

Transience *estreno en España

KEVIN PUTS (1972- )

Concierto para flauta *estreno en España

I. Con gran sinceridad y afecto
II. Juguetonamente, con creciente agitación
III. Muy rápido, con una sensación de desenfreno

FELIX MENDELSSOHN (1809-1847)

Sinfonía nº 3 en la menor, op.56 “Escocesa”:
I. Andante con moto – Allegro agitato

II. Scherzo assai vivace

III. Adagio cantabile

IV. Allegro guerriero – Finale maestoso

Apostando por lo actual

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Viernes 29 de mayo, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe – Oviedo. “Dominio mágico”, abono 15 OSPA, Adam Walker (flauta), Kristiina Poska (directora). Obras de Hallik, Puts y Mendelssohn.

(Reseña para LNE del sábado 30, escrita desde el teléfono, con el añadido de fotos propias más  tipografía y enlaces, siempre enriquecedores, que la prensa no suele incluir)

Penúltimo de abono con estrenos y presencias femeninas. Sobre el podio la directora estonia Kristiina Poska, en el atril el estreno de Transience obra de su compatriota Elis Hallik (1986), la polaca Joanna Wronko de concertino invitada, sumando el Concierto para flauta del estadounidense Kevin Puts (1972) actuando de solista el inglés Adam Walker (1987).

De las obras nuevas parece que afortunadamente se vuelve a los cánones llamemos “clásicos” que se perdieron durante la transición entre nuestros dos siglos. Así fue Transience, con su compositora presente (que recibió el aplauso unánime saludando a los presentes). Obra de belleza intensa, evocadora en 11 minutos, enérgica y contemplativa, lo inaprensible hecho música para una formación de cuerda casi coral, como toda Estonia, en feliz entendimiento con las músicas nativas.

El Concierto de flauta de Puts resultó todo un catálogo desde los EEUU y escrito para el solista: recuerdos de Copland o Bernstein, con cadencias para la flauta muy clásicas y brillantes, pero también la inspiración del movimiento central en el famoso concierto 21 de Mozart (piano incluido). Obra virtuosa y exigente para todos (los dos percusionistas sin descanso y hasta la cuerda palmeando un vitalista final) para disfrutar de Walker (su propina increíble) respaldado por una excelente OSPA llevados por la precisa batuta izquierda de Poska.

Segunda parte con la “Escocesa” de Mendelssohn, redondeando un programa para alternar novedades y romanticismo, que se agradece por todos (lástima el preocupante vacío de aficionados). Valiente la dirección de la estonia por los tempi con respuesta fiel de una OSPA madura para esta escocesa refinada con salitre cantábrico.

PROGRAMA:

ELIS HALLIK (1986- )

Transience

*estreno en España

KEVIN PUTS (1972- )

Concierto para flauta

*estreno en España

I. Con gran sinceridad y afecto
II. Juguetonamente, con creciente agitación
III. Muy rápido, con una sensación de desenfreno

FELIX MENDELSSOHN (1809-1847)

Sinfonía nº 3 en la menor, op.56 “Escocesa”:
I. Andante con moto – Allegro agitato

II. Scherzo assai vivace
III. Adagio cantabile
IV. Allegro guerriero – Finale maestoso

“13 Reyes: El Camino Primitivo”

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La saga continúa: 30 de mayo, 19:00 horas, Auditorio «Príncipe Felipe» de Oviedo.

Entrada libre hasta completar aforo (se hará una cuestación en beneficio de la Asociación Down Principado de Asturias)

Esta mañana de San Isidro tuvo lugar a las 11:30 horas la Rueda de Prensa en el Ayuntamiento de Oviedo presentando el «Episodio II: La saga musical más épica sobre la monarquía asturiana», “13 Reyes: El Camino Primitivo”, que dejo con todos los detalles más los enlaces que siempre enriquecen y aportan más información.

El presidente de la Fundación Municipal de Cultura, el concejal David Álvarez ha presentado, esta mañana, en rueda de prensa el segundo concierto de “13 Reyes: El Camino Primitivo”, que tendrá lugar en el Auditorio Príncipe Felipe, el sábado 30 de mayo, un espectáculo de la Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres y la Banda de Gaitas «La Laguna del Torollu» compuesto por Yónatan Santianes y organizado por la Delegación de Defensa en Asturias y la Fundación Municipal de Cultura.


El edil de Cultura, que ha estado acompañado por el Coronel Delegado de Defensa en Asturias, Jesús Moreno del Valle, Iñaki Santianes, ideólogo del proyecto y Pablo Álvarez Fernández, presidente del Ateneo Musical de Mieres, ha asegurado que “este segundo volverá a poner en valor, como lo hizo en el primero, la monarquía asturiana, una de nuestras raíces, seña identitaria de nuestra sociedad y germen de lo que hoy somos, de nuestro país y de nuestra nación. Tenemos una obra creada ex profeso, dando cabida a los creadores musicales, pero también de cualquier tipo, como debe ser la obligación de cualquier institución pública. Y tenemos la unión de dos formaciones musicales: la Banda de Gaitas «La Laguna del Torollu» y la Banda Sinfónica del Ateneo Mieres, dos formaciones que a priori pueden parecer inconexas, pero que encima del escenario forman una conjunción extraordinaria”.

El Coronel Delegado de Defensa en Asturias, Jesús Moreno del Valle, tras agradecer al Ayuntamiento de Oviedo y al concejal de Cultura su apoyo, ha destacado: “La Delegación de Defensa mantiene un firme compromiso con las actividades orientadas a reforzar el vínculo entre las instituciones y las sociedades,  que, entre otras, se materializa en un compromiso permanente para la difusión de la cultura de defensa en particular y de la cultura en general, así como otras actividades de apoyo a asociaciones de carácter social”. Respecto al poema sinfónico “13 Reyes, El Camino Primitivo” se trata, en su opinión, “de una aproximación más épica, si cabe” y lo ha calificado de “ejemplo de colaboración, tradición y proyección cultural, valores especialmente significativos para Oviedo  en su aspiración y carrera a convertirse en la Capital Europea de la Cultura” en 2031.

El recital, ha concluido Moreno, es de entrada libre si bien “incluirá una cuestación voluntaria en apoyo a la Asociación Down Principado de Asturias, con la que se busca contribuir a facilitar la inclusión de las personas con síndrome de Down o discapacidad intelectual”.


El creador del proyecto, Iñaki Sánchez-Santianes, ha especificado: “Esta segunda parte, que dedicamos al Camino primitivo, la dedicamos a Alfonso II. El Episodio I lo cerramos en una lluviosa tarde en el Jardín de los Reyes Caudillos, junto a la Catedral, y ahí consideramos que debíamos empezar ahí la segunda parte, bajo la estatua de Alfonso II. Lo que nos lleva la música es a esa ruta que Alfonso II hacía en ese caminar a Santiago de Compostela, tras el rumor de que allí estaban los restos del apóstol. La música nos va guiando por toda esa historia. Habrá jotas, pandereta, pandero, gaita, la banda sinfónica… creo que es muy interesante esta segunda parte porque introducimos la parte vocal y coral. Viene una soprano que traemos de Salamanca, Inés Cortés, que también nos aporta ese dulce sonido de la voz y que nos ayuda a todavía más a meternos en lo que es la música y en la historia. Es muy interesante saber que va a haber 100 personas encima del escenario , una masa coral, una banda de gaitas,  una banda sinfónica, un grupo de pandereteras, un grupo de panderos, una soprano y alguna sorpresa más».

Desde Bremen, plurales y actuales

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Lunes 20 de abril, 19:30 horas. Sala de cámara del Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo: XIII Primavera Barroca, CNDM Circuitos Oviedo: Marsyas Baroque: Musas y heroínas.

Prosigue la decimotercera Primavera Barroca ovetense en colaboración con el CNDM y con otra conferencia previa para este cuarto concierto, enfocada a estudiantes del Conservatorio Superior de Música de la capital y la Universidad de Oviedo, presentado nuevamente por el doctor Ramón Sobrino, que nos darían la leonesa Sara Johnson Huidobro (a quien recordé hace casi 13 años en Gijón cuando ya apuntaba maneras estudiando en Zaragoza) y la tarazonesa (o turiasoniense) María Carrasco Gil preparándonos el concierto posterior, y aclarándonos tanto el origen del nombre de este cuarteto germano español (dos a dos) residente en Bremen, sin olvidarse de quién era Marsias (un pastor, ora sileno, ora sátiro, cuya leyenda se sitúa en Frigia y considerado el “inventor” del aulós, opuesto a la flauta de Pan, y desafiando nada menos que al dios Apolo, lo que le llevó a morir desollado tras ser vencido en el duelo). Alternando el uso de la palabra nos  desgranarían un programa titulado “Musas y heroínas”, que se completaba perfectamente con las notas del especialista sevillano Pablo J. Vayón que además añade al título “… y artistas”.

Para este concierto, que ya interpretaron en Madrid el pasado enero, lo presentarían desde “La doble cara de la feminidad”: la mujer como arquetipo, alegoría o construcción poética, y la creación de la mujer como arquitecta de su propio discurso y gestora de su autonomía intelectual.

Se agruparon y analizaron las obras y su autoría en seis bloques:

I. “Construcciones de lo femenino: de la ninfa transformada a la palabra de la heroína”, donde estaban Jacob van Eyck y G. Ph. Telemann.

II. “El parnaso francés: El manifiesto de Marin Marais y Michel Blavet”, el barroco elegante especialmente para el clavecín tan distinto del alemán.

III. “Bayreuth como epicentro: El diálogo entre la soberana y la virtuosa” en referencia a las obras de Wilhelmine von Bayreuth y Anna Bon di Venezia (egresada del Ospedalle della Pietà).

IV. “Celdas y Salones: La doble geografía de la creación barroca” con Isabella Leonarda, Claudia Francesa Rusca y Élisabeth Jacquet de la Guerre.

V. “El enigma y la modernidad: De la identidad oculta a la vanguardia de Marsyas”, con esa probable compositora que firmaba como Mrs. Philarmonica, al estreno de la italiana Alessandra Bellino (Nápoles, 1970) de su obra dedicada al cuarteto, con explicación de Sara Johnson sobre un fragmento de la partitura y explicándonos que el clave con el que hoy tocaba no tenía el registro a solo de cuatro pies, que al faltarle la octava aguda no es tal como lo escribió la napolitana para los más actuales, pero sí con el resto de registros, incluyendo el de laúd; finalmente el

VI. “La Pietà: La profesionalidad de la alteridad” con Vivaldi formando a las alumnas del hospicio veneciano de donde salían jóvenes virtuosas y “donde la frontera entre práctica profesional y educación de vida resultó especialmente permeable” como refiere mi tocayo sevillano, y de donde también saldría Anna Bon di Venezia como una de las destacadas en la música de su tiempo y excelente alumna, hija de una soprano y de un libretista de ópera, que escribió mucha música para flauta, siendo una auténtica virtuosa que luego veremos relacionada con Guillermina de Prusia.

Tras tres cuartos de hora y una vez informados del origen de este original programa ejecutado en el orden que figura al final de esta entrada, con tiempo para un café y la necesaria afinación del conjunto, comenzaría con puntualidad británica el concierto de “Las cuatro de Bremen” y otra excelente entrada con todo vendido, lo que corrobora el éxito de este ciclo entre el público asturiano.

De G. Ph. Telemann (1681-1767) y su Sonata en trío para dos violines y bajo continuo en do mayor, serían María Carrasco Gil y Paula Pinn las solistas con ese cambio tímbrico sobre el original en los movimientos asociados a las musas y diosas, siendo la violinista quien nombraría a cada una (Xantippe, esposa de Sócrates, la ultrajada Lucretia, la poetisa Corinna, la valiente Clelia o la legen­daria Dido) en una interpretación bien conjuntada con el continuo de Konstanze Waidosch y Sara Johnson.

La Sonata para flauta y bajo continuo en la menor de Wilhelmine von Bayreuth en tres movimientos (I. Affettuoso – II. Allegro – III. Presto) nos traería el dúo de la leonesa y la alemana que iría alternando a lo largo del concierto las distintas flautas de pico apropiadas a las tonalidades, virtuosa en los movimientos rápidos y con excelentes fraseos en los lentos. Interesante saber que la compositora es Guillermina de Prusia, her­mana de Federico el Grande y margravina de Bayreuth, donde, entre otras cosas, dejó un precioso teatro que sigue en pleno uso y donde Marsyas Baroque también actuaron, la procedencia noble y la ya citada Anna Bon di Venezia, que fue nombrada en 1756, con solo dieciséis años, virtuosa di musica di came­ra en la corte del margrave, cuando a Guillermina le quedaban dos años de vida, como nos cuenta en las notas mi tocayo sevillano.

Si en Telemann uno de los violines fue flauta, en el Divertimento para dos traversos y bajo continuo en re menor, op. 3, nº 3 (de los “Sei divertimenti”) de la alumna veneciana, el violín respiró y cantó con la misma intención que en el compositor del Sacro Imperio Romano Germánico, con un cuarteto bien ensamblado y de balances difíciles por las distintas dinámicas de cuatro instrumentos que lograron buscar un buen “sonare”.

Para las obras siguientes cambiarían la ubicación primera permutando violín y chelo tras presentar Sara Johnson el siguiente bloque, volver a explicar las características del clave ovetense, el diálogo Blavet-Rameau con un bello dúo de cello y flauta, donde las musas son invocadas genéricamente, más la obra de la napolitana Alesandra Bellino presente en la sala, que estrenasen en Madrid y tiene la originalidad de escribir música actual para esta formación instrumental barroca en este universo femenino. Paula Pinn elegiría la flauta soprano más aguda de su “arsenal” (hasta seis usaría) y el cuarteto interpretó esta partitura llena de disonancias, tímbricas extremas y uno uso de cada instrumento “rompedor” para ellos y plenamente innovador. Partitura inspirada en la mitología y en las sonoridades históricas, establece un diálogo contemporáneo con los siglos XVII y XVIII, reafirmando la vigencia creativa de los referentes femeninos y la capacidad del repertorio antiguo para inspirar nuevas lecturas precisamente por la sonoridad buscada en este rendido homenaje al gran maestro Luigi Dallapiccola celebrando el cincuenta aniversario de su muerte.

Tras la explosiva obra el “remanso” del clave solo y elegante de Élisabeth Jacquet de La Guerre , de biografía interesante pues fue niña prodigio admirada por todos, que acabó instalándose en París con su marido -el organista Marin de La Guerre– y lo hizo como compositora libre llegando a publicar colecciones de música para violín y clave, abriendo un salón de formidable éxito social. Criada en Versalles allí coincidiría con Marin Marais, y de él escuchamos dos movimientos de la Suite a tres en sol menor (1692), pues además del conocido legado para la viola, es autor de una colección menos conocida de tríos como el que disfrutamos, manteniendo la colocación y retomando una flauta contralto, con una buena combinación y alternancia de dúos y tutti que cerrarían la primera parte de estas barrocas.

Abriría la segunda parte la flauta soprano sola de Paula Pinn con una de las diferencias sobre “Doen Daphne d’over schoone Maeght” de Jacob van Eyck (ca. 1590-1657), el carillonero ciego de Utrecht, donde se retrata la belleza proverbial de Dafne -la ninfa deseada por Apolo y trans­formada en laurel- como explica en las notas al programa Pablo J. Vayón, para proseguir con la procedencia conventual de Claudia Francesca Rusca y su Canzon prima à 4 ‘La Borromea’ (de Sacri concerti a 1-5 con salmi e canzoni francesi) ya con el cuarteto al completo.

Llegaría el momento del lucimiento de la española María Carrasco al violín con la Sonata para violín y bajo continuo, op. 16, nº12 de la monja ursulina, organista, cantante y prolífica compositora italiana Isabella Leonarda, la primera mujer en publicar una colección de sonatas arrancando con el clave para sumarse el cello en el cambio de tempo.

Esquiva a los historiadores y sin saber su sexo real, Mrs. Philarmonica dejó en Londres un par de publicaciones para violín y de su Sonata terza para dos violines, violonchelo y bajo continuo en sol menor (de la Sonate a due violini…, prima parte, 1715) escuchamos sus cuatro movimientos (I. Largo – II. Vivace – III. Lento – IV. Tempo giusto) donde nuevamente la flauta “hizo de violín” con todas las dificultades de los ornamentos, el virtuosismo del Vivace o el excelente diálogo con el violín en una interpretación de altura por parte igualmente del bajo continuo (siempre impecable Konstanza Waidosch).

Y nadie mejor para finalizar que Il Prete Rosso con uno de sus conciertos de cáma­ra: el Concierto para flauta de pico, violín, violonchelo y bajo continuo en re mayor, RV 92 para disfrutar de una inspirada Paula Pinn bien arropada por sus tres compañeras, los movimientos rápidos vertiginosos más el intermedio que pese a no indicarse el tempo, como ya habían explicado en la conferencia, toman los motivos escritos por Vivaldi que se han utilizado en otros conciertos para violín como el “Per Anna Maria”, del que el cuarteto toma parte de los motivos del veneciano.

Sin entrar ya en musas aunque sí fueron “heroínas y artistas”, el regalo de una danza virtuosa para otra flauta y Marsyas Baroque: «Ballo detto Pollicio»de Tarquinio Merula (ca. 1595-1665), agradecidas tanto al CNDM como a todo el personal del Auditorio de Oviedo y la mejor recompensa de una ovación cerrada en este nuevo concierto primaveral de la capital asturiana a la que aún quedan dos más.

PROGRAMA:

Georg Philipp TELEMANN (1681-1767)
Sonata en trío para dos violines y bajo continuo en do mayor, TWV 42:C1 (ca. 1728).

I. Introduzione. Grave. Vivace. Andante. Vivace – II. Andante. Vivace – III. Xantippe – IV. Lucretia. Largo – V. Corinna – VI. Clelia. Spirituoso – VII. Dido. Triste. Disperato

Wilhelmine von BAYREUTH (1709-1758)
Sonata para flauta y bajo continuo en la menor

I. Affettuoso II. Allegro III. Presto

Anna Bon di VENEZIA (ca. 1738-1765)
Divertimento para dos traversos y bajo continuo en re menor, op. 3, nº 3 (Sei divertimenti, 1759):

I. Andantino – II. Allegro – III. Presto.

Michel BLAVET (1700-1768) / Jean-Philippe RAMEAU (1683-1764)

De la Suite en E, si, mi (Troisième recueil de pièces):

V. L’entretien des muses-Gracieux

Alessandra BELLINO (1970)

Marsýas * (2025)

Élisabeth JACQUET DE LA GUERRE (1665-1729)

De la Suite para clave solo en sol menor (Les pièces de clavecin, premier livre, 1687):

I. Prélude

Marin MARAIS (1656-1728)

De la Suite à trois en sol mineur (Pièces en trio, 1692):

X. Plainte XI. Passacaille

II

Jacob van EYCK (ca. 1590-1657)

De Der Fluyten Lust-Hof (1644):

Diferencias sobre ‘Doen Daphne d’over schoone Maeght’

Claudia Francesca RUSCA (1593-1676)

De Sacri concerti a 1-5 con salmi e canzoni francesi (1630):

Canzon prima à 4 ‘La Borromea’

Isabella LEONARDA (1620-1704)

Sonata para violín y bajo continuo, op. 16, nº 12 (1693)

Mrs. PHILARMONICA (fl. 1715)

Sonata terza para dos violines, violonchelo y bajo continuo en sol menor (Sonate a due violini…, prima parte, 1715):

I. Largo – II. Vivace – III. Lento – IV. Tempo giusto

Antonio VIVALDI (1678-1741)

Concierto para flauta de pico, violín, violonchelo y bajo continuo en re mayor, RV 92 (1720-1724):

I. Allegro – II. [Sin indicación] – III. Allegro

* Estreno absoluto

MARSYAS BAROQUE

Paula Pinn, FLAUTAS DE PICO:

María Carrasco Gil, VIOLÍN BARROCO:

Konstanze Waidosch, VIOLONCHELO  – BARROCO:

Sara Johnson Huidobro, CLAVE:

Germinó y sigue creciendo…

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Oviedo 5 de abril, 18:30 horas. Auditorio de Oviedo, Joven Orquesta Sinfónica de Cantabria (JOSCAN), Juan Floristán (piano), Óliver Díaz (director). Obras de Copland, Rachmaninov y Dvořák.

Este Domingo de Resurrección a una hora poco habitual y con no demasiada publicidad, aunque el público fiel no falla, llegaba a la capital ovetense desde nuestra vecina Cantabria la JOSCAN en el «Encuentro de Primavera 2026«, agradeciendo además que su primera salida haya sido a nuestra tierra tras el concierto en la mañana anterior en Comillas, con muchos asturianos tanto en las responsabilidades de la Consejería de Educación, Formación Profesional y Universidades del Gobierno de Cantabria, como en la propia formación de los jóvenes músicos y al frente de la dirección artística y musical el carbayón Óliver Díaz, quien traía a un pianista amigo, al que sigo desde su «descubrimiento» en 2015 (XVIII Paloma O’Shea Santander International Piano Competition) donde se alzaría con el primer premio precisamente con el mismo concierto que interpretaría en este encuentro primaveral, todo un acontecimiento al que no podíamos faltar.

En su presentación figura que la Joven Orquesta Sinfónica de Cantabria (JOSCAN) es un proyecto pedagógico de marcado carácter artístico, cuyo objetivo es contribuir, de forma muy significativa, a la educación musical y preparación profesional de los jóvenes músicos cántabros y de toda la sociedad a través de sus actividades artísticas. Como proyecto educativo, se pretende tender puentes entre las enseñanzas musicales de los conservatorios de esa comunidad, las enseñanzas musicales superiores y el entorno profesional de la orquesta. Desde sus comienzos en 2011, bajo la dirección artística de Emilio Otero, la JOSCAN ha contado en sus diferentes etapas con prestigiosos directores: el cántabro Jaime Martín, junto a maestros como José Luís Temes, Enrique García Asensio, Vladimir Stoupel, Andrés Juncos, la murciana Virginia Martínez o el mexicano Iván López Reynoso. Desde entonces han dado 10 conciertos, siendo estos del «Encuentro de Primavera 2026» el sexto de esta temporada tras un paréntesis de cinco años felizmente recuperado y necesario en el actual panorama sinfónico nacional. Se plantaron semillas en todos los terrenos que dependiendo del interés, buen abono, barbechos, y tiempo, han germinado e incluso creciendo como es el caso. Se podría escribir mucho de tantos excesos que marchitaron los buenos frutos, la escasa inversión o una mala «comercialización» de un producto que incluso hemos exportado a medio Europa, más allá del viento. Así que solo queda aplaudir esfuerzos como este de Cantabria, pleno además de cantidad y calidad musical, que no solo son cantera para el futuro sino una realidad digna de comentar.

Tras una intensa semana de preparación en las instalaciones del Centro de Programas Educativos de Viérnoles (Torrelavega), Óliver Díaz presentaba un ambicioso repertorio donde comprobar el nivel alcanzado por una amplia plantilla de músicos que lo dieron todo con la frescura de la edad, las ganas de aprender, la entrega y el talento más los vínculos que se crean en esta «pequeña sociedad» que es una orquesta, como así la definió el director asturiano en la breve presentación tras la Fanfarria para el hombre común («Fanfare for the Common Man») de Aaron Copland (1900-1990), breve pero impactante obra que rinde homenaje a la figura del ciudadano corriente mediante una potente llamada de metales y percusión cargada de simbolismo y solemnidad, compuesta en 1942 para la Orquesta Sinfónica de Cincinnati, tras tantos encargos que se hicieron  por el «fervor patriótico» tras la entrada de EEUU en la SGM.

Abrir el concierto con los metales y percusión de la JOSCAN ya suponía una primera prueba de fuego y esta popular composición (de la que bebería tanto el «olímpico» John Williams como algunas notas que tomarían prestadas Queen para «We Will Rock You») no podía ser mejor carta de presentación.

Cada concierto de Juan Floristán (Juan Luis Pérez Floristán, Sevilla 1993), alumno entre otros de la gran Leonskaja, es siempre un acontecimiento único aunque interprete una obra tantas veces a lo largo de su ya larga trayectoria como el Concierto para piano n° 2, Op. 18 de Sergei Rachmaninov, pues los años dan no solo poso y experiencia, también complicidades con la orquesta de turno, con la que sentir ese ambiente camerístico que el ruso crea entre un tejido orquestal que manejaba como pocos en toda su amplia producción. El sevillano, un comunicador de talla internacional como ya asombró a quienes no le conocían en el programa «La Revuelta» con David Broncano hace un año, también quiso aportar antes de comenzar algunas pinceladas de esta famosa partitura más allá del cine o las connotaciones personales del compositor, que evidentemente ayudan a comprender mejor este «segundo» que nunca cansa escuchar. Tras Santander lo interpretaría en este mismo auditorio hace nueve años con Oviedo Filarmonía y ya entonces marcaba desde su personalidad unos tiempos tranquilos, sosegados pese a su juventud así como un perfecto entendimiento con el podio de Kerem Hasan. Más recientemente en Granada (20 de junio de 2024) lo escuchaba interpretarlo con la orquesta de la capital nazarí dirigida por la noruega Tabita Berglund, y donde destacaba que «El sevillano ha madurado y su interpretación resultó en cierto modo rocosa como las piedras del Carlos V, dura y muy contrastada, mandando y mostrando buen entendimiento con la directora noruega atenta al solista» pese a una OCG que estuvo descompensada y hasta gélida. Pero este primer domingo de abril Juan Floristán y Óliver Díaz encontraron en la JOSCAN la herramienta ideal donde volcar una interpretación a la altura de lo escrito. La plantilla, que dejo al final de la entrada, estuvo equilibrada en todas las secciones, con una cuerda que se puede calcular a partir de los seis contrabajos, una madera excepcional, una percusión siempre certera, y sobre todo los metales que presentaron sus credenciales en la fanfarria inicial.

Para quienes conocen a fondo «El segundo de Rach» (compuesto y estrenado entre 1900-1901), es difícil para todos, no ya las partes del piano donde debe dialogar, marcar los muchos cambios de compás y ritmo, encajar cada cadencia con el «tempi» global o ese carácter de último romántico que alterna melancolía, lirismo y dedos virtuosos, hasta sobreponerse con la necesaria fortaleza al empuje orquestal. Para toda formación sinfónica no hay sección que escape a sus respectivos solos y fraseos con el solista, el equilibrio entre lo íntimo y contemplativo con el «poderío» triunfal y expansivo de cada tutti, también muy atentos a la agógica y la plena concentración en la batuta, que debe conducir y concertar, algo que Díaz hace como pocos directores actuales. El entendimiento entre solista, orquesta y director funcionó desde el arranque en solitario del Moderato inicial hasta el último Allegro scherzando. Reconforta escuchar una orquesta bien empastada, con una cuerda sedosa capitaneada por Stefany Andreina Belandria, unos cellos mayoritariamente femeninos y maravillosos en sus fraseos, una madera donde flautas, oboes o clarinetes suenan «a gloria bendita» y sobre todo unos metales «orgánicos» capaces de dinámicas extremas sin perder homogeneidad, musicalidad, buen gusto y protagonismo en su sitio. Y sumemos el piano de Floristán, escuchando, compartiendo, sacando el color y sabor nunca edulcorado, adecuado para cada uno de sus pasajes. Protagonista y compañero sabiendo mandar sin imposiciones, incluso en los rubati, a unos jóvenes que dieron lo mejor de ellos tras un duro trabajo que tuvo la recompensa del aplauso unánime y prolongado.

Tras tanto esfuerzo, tensión y «notas» llegaría tras el verde y duro norte Cantábrico más el sevillano sur florido, el remanso finlandés de Le sapin (El abeto) de Sibelius (la última de sus Cinco piezas para piano, op. 75), donde Juan Floristán nos transportó a la naturaleza pianística de otro gran orquestador donde el piano es el contrapeso necesario para todos, esplendor sonoro lleno de intimismo y melancolía esculpiendo las 88 teclas con maestría y emotividad.

Para toda orquesta sinfónica afrontar la música de Antonín Dvořák (1841-1904) es siempre la piedra de toque de sus músicos y una herramienta donde ponerla a punto con la batuta correspondiente, más que un ejercicio necesario un peldaño en el crecimiento. De la conocidísima «Sinfonía del Nuevo Mundo» vamos bien servidos esta temporada y además con orquestas tanto jovenes como profesionales, que han puesto en los atriles la novena del checo. Así en Gijón las navidades pasadas fue una de las obras elegidas para el debut en su Sociedad Filarmónica de la recién creada Orquesta de la Fundación Filarmónica de Oviedo, bajo la batuta de Pedro Ordieres, donde además participé en las notas al programa para comentar esta página «americana» (más breve Óliver antes de comenzarla), y el 23 de enero fue otro regalo de la OSPA, dos interpretaciones recientes para esta sinfonía que no puede ni debe faltar en el archivo ni en los atriles.

Óliver Díaz supo transmitir a la JOSCAN toda la inspiración que el compositor checo encontró en aquellos años neoyorquinos donde combinar el lenguaje romántico europeo y los ritmos afroamericanos sumados al folklore indígena, «realmente multirracial en sus bases» como la definió Bernstein. Sinfonía en cuatro movimientos con todos los recursos del ritmo, el contrapunto y el color orquestal modernos que nos dejaron una interpretación valiente en los tempi elegidos por el asturiano, segura en cada cambio de aire, dejando a los solistas marcar su pulso, manejando los balances con mano firme, sacando en cada sección lo mejor de sus primeros atriles, de nuevo con una cuerda rica en matices y una concepción brillante sin exageraciones ni desmanes en los volúmenes. Las reconocibles melodías de esta «Novena de Dvořák» irían dibujándose claras, presentes, sinfonismo en estado puro con todas las emociones y lenguajes utilizados por el checo que dejó la semilla para una música que se germinaría, crecería y se haría adulta en el «nuevo mundo» como hoy abría y demostraba Copland.

La JOSCAN ya germinó, crece correctamente y ya da sus primeros frutos, bien regada por Óliver Díaz hoy acompañado por Juan Floristán, dejándonos una excelente «resurrección sinfónica juvenil» en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, la mejor presentación en este coliseo por donde ha pasado lo más granado de la música de mi tiempo.

 

PROGRAMA:

Un gitano ilustrado

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Jueves 19 de marzo, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: Manuel García (1775-1832): «El gitano por amor». Ópera bufa en dos actos, basada en la novela ejemplar «La gitanilla», de Miguel de Cervantes. Estrenada en 1829 en el Teatro Palenque de Gallos, México. Producción de la Ópera Estudio de Málaga – Teatro Cervantes (2024).

(Crítica para Ópera World con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Alfonso Suárez, más alguna propia)

Manuel del Pópulo Vicente García (Sevilla, 1775 – París, 1832) compuso «El gitano por amor» (1828) pensando en una intérprete excepcional: su hija, la legendaria soprano María Malibrán. Estamos ante una ópera bufa en dos actos que mezcla humor, enredos amorosos y un aire muy cercano al teatro popular de su época, encontrando en ella la influencia de la tradición italiana del ‘dramma giocoso’ pero también ese sabor español de los personajes y situaciones. La historia gira en torno a celos, identidades ocultas y engaños, elementos clásicos de la comedia musical que se resuelven finalmente con ligereza y buen humor. Como en muchas óperas cómicas del momento, la música está llena de vivacidad rítmica, melodías ágiles y números vocales pensados para lucimiento de los cantantes, donde nada es casual: García escribía pensando en las voces y conocía como pocos los recursos del ‘bel canto’.

Durante demasiado tiempo esta ópera española permaneció prácticamente olvidada, pero forma parte de un repertorio fascinante que se está redescubriendo y permite comprender mejor la riqueza de nuestra ópera en los comienzos del siglo XIX, así como nos recuerda el talento polifacético de Manuel García y su enorme legado en la historia del canto, un gran conocedor de las tendencias de su época como buen cosmopolita.

Tal como explicó el doctor Ramón Sobrino en la conferencia previa del pasado jueves 12 en el Club de Prensa, García no solo fue un brillante tenor, también empresario, pedagogo y creador incansable, desempeñando un papel fundamental en la difusión de la ópera italiana fuera de Italia, siendo “el compositor español más prolífico en el campo de la ópera” como así lo ha definido nuestro eterno profesor Emilio Casares. Y es que uno de los aspectos más llamativos de «El gitano por amor» es precisamente que se trata de una ópera bufa, en dos actos, sin diálogos, escrita íntegramente en castellano, algo poco común en su época, escrita durante su periplo de Nueva York a México (de 1826 a 1828) a petición de un público que se negaba a escuchar óperas en italiano por no entenderlas. Allí se estrenaría en 1829 esta ópera basada en «La gitanilla» de Miguel de Cervantes, un relato que combina amor, identidad y vida nómada. García supo trasladar estos elementos al lenguaje escénico y musical, creando una obra que dialoga tanto con la tradición literaria española como con el estilo operístico europeo en la etapa final de su vida con el regreso a la música española, especialmente por algunos giros vocales o la utilización de castañuelas o panderetas pero de un “españolismo” tamizado por su bagaje operístico de estilo tanto rossiniano como mozartiano que dominó a lo largo de su exitosa carrera.

La partitura pertenece a la citada última etapa creativa del sevillano, representa probablemente su proyecto escénico más ambicioso de esos años. Sin embargo, su estreno en España ha tenido que esperar casi dos siglos, gracias al trabajo musicológico de Juan de Udaeta (en colaboración con Enrique Amodeo), que tuvo lugar el 20 de noviembre de 2024 en el Teatro Cervantes malagueño, gracias al empeño de su ‘Ópera Estudio de Málaga’, contando con el apoyo incondicional del barítono Carlos Álvarez y la misma producción que hemos disfrutado en este segundo título de la temporada ovetense: la dirección musical de Carlos Aragón más la escénica del eternamente joven Emilio Sagi. Otra apuesta por recuperar (o redescubrir) esta ópera que suscitó la admiración de figuras como Emilio Castelar -presidente de la Primera República española-, lo que da cuenta de la relevancia que tuvo en su tiempo esta ópera bufa del sevillano Manuel García.

El estilo musical refleja claramente la influencia del ‘bel canto’ italiano plagado de amplias líneas melódicas y un exigente virtuosismo vocal para todo el elenco, pero, como igualmente nos contó el doctor Sobrino, también incorpora giros rítmicos y melódicos que evocan el mundo andaluz, generando una fusión estética que le otorga una personalidad propia dentro del repertorio prerromántico. Doscientos años después, «El gitano por amor» encuentra por fin su lugar en los escenarios ofreciendo al público actual la oportunidad de descubrir una pieza que combina historia, virtuosismo y tradición, con Oviedo apostando por nuevos títulos tan necesarios y tan nuestros como los “Imprescindibles” de todo festival lírico, que sigue pidiendo más funciones (pues las dos actuales agotan el papel).

Ópera exigente para todos, la Obertura la Oviedo Filarmonía (con Yuri Pisarevskyi de concertino) bajo la batuta de Carlos Aragón, mostró una sonoridad muy cuidada, todas las secciones bien balanceadas, que respetarían en todo momento la escena, firmada por la calidad y cálida sencillez de Sagi desde un fondo de batas de cola plegadas cual madroños con tres cortinas abriéndose a un fondo amarillo cual caseta de feria (en el segundo acto tres puertas combinado con el blanco luminoso), y todo resaltando aún más con las luces siempre efectivas de Eduardo Bravo.

Todo un adelanto de la línea a seguir en las dos horas y media de función, con el rojo dominante incluso en las sillas de zambra, único y más que suficiente atrezzo durante todo el primer acto (en el segundo cubiertas con telas blancas cual salón de bodas), para ir proyectando los nombres de los personajes, vistiéndose tras una cortinilla igualmente roja mientras salían y saludaban, con tímidos aplausos antes de la primera aparición de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (que dirige José Manuel San Emeterio en esta producción con 16 componentes que cantaron a cinco voces (4-4 / 3-3-2), fueron otro seguro de calidad como titulares del Festival Lírico ovetense: volumen suficiente, escena cómoda (casi siempre sentados y separado las cuerdas), luciendo un siempre elegante y acertado vestuario de Jesús Ruiz, de ocres y rojos con los abanicos, siempre bien coreografiados por Nuria Castejón.

Dos actos de duración desigual (85 y 50 minutos) que fueron desplegando la maravillosa partitura de Manuel García donde hay desde recitativos con clave (bravo por Elia Esipovich) hasta un despliegue combinando coros, arias, dúos, tríos y concertantes para disfrutar de un elenco vocal equilibrado, variado y entregado, gran parte del cual estará en el Teatro de la Zarzuela -con doble reparto- el próximo mes (del 22 al 26 de de abril) donde se respira lo mozartiano por lo melódico, lo rossiniano por las coloraturas y crescendi, y lo mejor de nuestro folklore con seguidillas tiranas, boleros y hasta muñeiras.

Del cuarteto principal, casi  protagonista por la mayor presencia en escena -aunque todos tienen su momento vocal y actoral- quiero comenzar con el barítono granadino Pablo Gálvez como Baldaquín, el criado de Hernando que además de tener este simpático personaje que nos recuerda los distintos barberos, goza de una voz poderosa, timbre rotundo, línea de canto ideal, un empaste perfecto con sus compañeros de reparto (especialmente en todos los tríos con Hernando y Rosita), sin faltarle un papel a doble falsete increíble (“Vuestra ropa, tened / No, mi vida”), conjugado con un movimiento escénico que nunca cortó su emisión y dicción muy clara. Una pena que no lo vayan a disfrutar en el coso madrileño. Cada intervención suya fue un lujo ya desde la primera aparición con el señor Hernando (“Santo Dios!”), su recitativo y aria “¿Estás determinado? / Necesario es ya que os diga” todo un derroche vocal en las agilidades y pronunciación, así como el dúo con Laura (“Corazón de alfeñique / Señor mío, ya estoy viendo”) un auténtico flechazo por parte de la pareja.

Rosita sería la soprano de origen rumano, y formada en Italia, Suzana Nadejde, la misma que cantó el estreno malagueño y también estará en la calle Jovellanos. Debutante en Oviedo, fue “la Malibrán” actual con todas las virtudes de la hija de García: amplio registro de color homogéneo, matizada, con proyección excelente, agilidades perfectas, presencia escénica y musicalidad perfecta para este rol que compendia lo mejor del ‘bel canto’ con aires de Rossini y Mozart más los siempre difíciles ornamentos de copla que redondearon su personaje, fraseando con enorme gracia para brillar tanto en la coloratura como en el embrujo de esta cautivadora gitana. La salida con el coro (“¡Viva el gracejo de Andalucía! / Aquí está la gitanilla”) puso sus cartas boca arriba y no decepcionó en ningún momento. En los tríos antes citados su voz estuvo siempre presente luciendo unos agudos limpios y bien colocados.

El tenor almeriense Juan de Dios Mateos como Hernando tiene una emisión fluctuante, color bruñido, una mezza voce de menor proyección que da sensación de apretarse aunque con el canto natural sus agudos corren y brillan más, defendiendo su rol con valentía además de presencia. Buen empaste en el dúo con Baldaquín y los tríos, dejándonos su mejor momento en solitario con el recitativo, escena y aria “¿Has quedado? / Hernani desventurado”.

No por menor protagonismo pero igualmente acertados estuvieron la mezzo mallorquina Begoña Gómez como Laura, otra debutante en Oviedo, de color bien contrapuesto a su amiga Rosita, el ya citado buen dúo con Baldaquín, más una escena donde nunca faltó el humor de su personaje.

Menor presencia pero igualmente consistentes las siguientes voces del elenco, comenzando con la soprano granadina María José Moreno como Inés, que volvió a mostrar su excelente momento vocal con la hermosa cavatina “Amor, piadoso amor” que abría el segundo acto, muy compenetrada en el dúo con Manolo (cantado por el tenor sevillano José Ángel Florido, que nos dejó buenas sensaciones), o el barítono catalán Enric Martínez-Castignani en el papel de Marqués del Pino, siempre seguro sin excesos, para completar el reparto junto al Corregidor del bajo-barítono mallorquín Pablo López, voces experimentadas que redondearon una excelente producción desde lo vocal y musical a lo escénico.

El público que llenó el Teatro Campoamor, salió tan enamorado como este “gitano por amor” que no defraudó en este San José que prepara una primavera muy lírica.

FICHA

Jueves 19 de marzo, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo, XXXIII Festival de Teatro Lírico Español: Manuel García (1775-1832): «El gitano por amor». Ópera bufa en dos actos con música y libreto del propio Manuel García, basado en la novela ejemplar «La gitanilla», de Miguel de Cervantes. Estrenada en 1829 en el Teatro Palenque de Gallos, México. Producción de la Ópera Estudio de Málaga – Teatro Cervantes (2024).FICHA ARTÍSTICA

Dirección Musical: Carlos Aragón – Dirección de escena: Emilio Sagi – Escenografía: Daniel Bianco – Iluminación: Eduardo Bravo – Vestuario: Jesús Ruiz – Coreografía: Nuria Castejón – Asistente de dirección de escena: Javier Ulacia – Asistente de coreografía: Cristhian Sandoval.

REPARTO
Hernando (hijo del Marqués del Pino y enamorado de Rosita): Juan de Dios Mateos (tenor) – Rosita (gitana enamorada de Hernando): Suzana Nadejde (soprano) * – Baldaquín (criado de Hernando): Pablo Gálvez (barítono) – Inés (prima de Hernando y su prometida): María José Moreno (soprano) – Laura (amiga de Rosita): Begoña Gómez (mezzosoprano) *- Manolo (hermano de Rosita): José Ángel Florido (tenor) *- Marqués del Pino (padre de Hernando): Enric Martínez-Castignani (barítono) – Corregidor Pablo López (bajo-barítono).

* Debutantes en el Festival de Teatro Lírico Español

Oviedo Filarmonía

Coro Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (director: José Manuel San Emeterio Álvarez)

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