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Wagner se impone a Verdi en el clásico ovetense

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Sábado 26 de octubre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Emily Magge (soprano), Klaus Florian Vogt (tenor), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Gala Lírica bicentenario Verdi – Wagner.

El mismo día que el clásico futbolístico Barcelona – Madrid daba comienzo el Ciclo «Conciertos del Auditorio» con este emparejamiento que tiene paralelismos musicales, no en vano la capital de España, como la de Asturias, siempre han sido verdianas en contraposición a Barcelona o Gijón, más wagnerianas, y el Camp Nou como el Auditorio disfrutó del vencedor en todos los sentidos, disputas aparte que siempre las hubo, hay y habrá.

Como si de una crónica de balompié se tratase, podría hacer la de este concierto teniendo en cuenta que el resultado ha sido el mismo, 2 a 1 en tanto que a Wagner le hemos escuchado por partida doble esta semana, incluso repetido pero siempre distinto. Y si la hinchada carbayona es operísticamente italiana, merengue incluso, la del auditorio reconoció el dominio alemán.

Las figuras invitadas se desenvolvieron mejor en la «Bundesliga» que en el «Calcio», no en vano están reconocidos como cantantes wagnerianos y así resultó, con dos partes bien diferenciadas donde no siempre dominar es suficiente para vencer, planificando el evento en la habitual sucesión de oberturas o preludios entre arias y dúos, repartiendo tiempos y sacrificios.

Verdi jugó cómo en la primera parte aunque sin convencer nunca. La obertura de I vespri siciliani quedó algo desequilibrada entre un ataque de metales dominando la defensa de cuerda, que fue corrigiéndose a lo largo de los 50 minutos, dinámicas y tiempos que fueron de menos a más tal como los planteó la batuta titular.

Emily Magge hizo su primera aparición como Leonora con el aria «Pace, pace mio Dio« de La forza del destino, sobrada escénicamente con un color vocal carnoso en todos los registros, excelente proyección y bien arropada por el maestro concertador Conti, con mejor tino en la obertura de Atilla antes de la salida de Klaus Florian Vogt como Rodolfo en el aria «Quando le sere al placido» de Luisa Miller, quien me dio la sensación de estar en el puesto equivocado, frío, nada convincente a pesar de su capacidad, aún menor tras escuchar la obertura, esta vez después, que la Oviedo Filarmonía sintió como propia en estos repertorios de foso que dominan con el florentino al frente. La mejor jugada de pizarra era Otello y el dúo con Desdémona «Già nella note densa» que la amada cantó mucho más cómoda, casi provocando la muerte del moro de Venecia en un cambio de argumento ante lo poco convincente de un dueto que debería habernos respigado, como los cellos, en vez de mordernos la lengua, dejándonos con la esperanza de la segunda parte y el dominio vocal de la soprano americana sobre el tenor alemán.

Wagner planteó el arranque con su baza Elisabeth – Magge en «Dich, teure Halle» (Tannhäuser), cambio radical para un mismo color pero de sentimiento mayor, dominio del espacio y el texto de cabo a rabo, seguido por la conocida Cabalgata de las valquirias que la Oviedo Filarmonía interpretó como un ataque de película y poderío sonoro en esa Die Walküre plenamente germana. Y al fin Vogt salió «enchufado», borrando errores italianos, regateando y corroborando a la prensa especializada y sintiendo los colores patrios para convencernos como Siegmund en «Winterstürme wichen dem Wonnemond«, un heldentenor wagneriano en toda regla aunque con mucho recorrido en su carrera.

Lohengrin volvía al mismo campo pero con otro equipo y entrenador, demostrando lo importante de implicarse a pesar de diferencias de plantilla o presupuestos. Y es que los preludios del primer y tercer acto que nos interpretó la OvFi con Conti resultaron convincentes, compensando tensión y fuerza en un par de preludios que sonaron realmente bien, más wagnerianos que verdianos como cambiándose las tornas, secciones equilibradas dominadas por un planteamiento del director sin complejos. En medio el hermoso dúo de Elsa y Lohengrin «Atmest du nicht mit mir die süßen Düfte?» funcionó como el «tiki-taka blaugrana«, empastado, alternando protagonismo bien apoyado orquestalmente, mimados en los planos por Conti sin renunciar a las dinámicas originales, convincente, jugada maestra y lo mejor del partido, perdón concierto aunque siga prefiriendo tenores más dramáticos, y supongo que Magee también. Y se ampliaría el resultado con Vogt recreando «In fernem Land» convenciendo a un público que reconoció la posición natural del germano, rematando un dominio en su terreno que compensó el casi calentamiento de la primera parte justificando su presencia como titular.

En el tiempo adicional y sin tensiones, propinas repartidas de «bundesopera», Vogt cantando de Lehar su «Dein ist mein ganzes Herz» (de «El país de las sonrisas»), Magee de Carousell antes de recortar distancias nada menos que con el «Tonight« de West Side Story (Bernstein), María Magge y Tony Vogt emulando a Kiri y Carreras con Conti y OvFi de felices compañeros para quitar el mal sabor de boca a los verdianos y recortar diferencias wagnerianas, maquillando un resultado esperado antes de entrar. Algunos se quejarán de robos, fueras de juego o malos planteamientos, pero no podrán quitarnos un arranque de ciclo optimista viendo el calendario de la temporada.

Mieres de Traviata

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Martes 15 de octubre, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta (Casa de Cultura) de Mieres: retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de La Traviata (Verdi).
Un año después volvía a Mieres la ópera, eso sí, televisada, y nada menos que en el 200 Centenario de Verdi con una entrada como sólo esta obra inmortal es capaz de convocar.

Vuelvo a repetir las carencias de una emisión como las anteriores, que esta vez podrán compartir los cientos de personas que se dieron cita en La Escandalera de la capital, donde ni la iluminación está prevista para la televisión, la realización sigue dejando mucho que desear aunque haya mejorado, y el sonido logra el milagro de las voces tapando a la orquesta (!). Supongo que la falta de medios y algo más de conocimiento técnico no sean impedimento para continuar con esta experiencia que hace llegar la ópera a un público no habitual pero al que también debemos educar con calidad.

Las críticas profesionales tras la primera función coinciden con mi opinión técnica, aunque tras las consideraciones iniciales, quiero dejar unas pinceladas de cosecha propia.

Con un decorado casi minimalista a base de espejos – cristales, Susana Gómez es perfecta para la solución económica entre los grandes montajes inalcanzables por presupuesto y espacio escénico, y las versiones en concierto que no deben venderse como ópera en el sentido estricto. Sofá y mesa de despacho (diseño escenográfico de Antonio López), así como una pequeña mesa de juego como único Mobiliario, unido a un vestuario años 50 (de Gabriela Salaverri) completan la coproducción de la Ópera de Oviedo, Festival de Verano de El Escorial, Quincena Musical de San Sebastián, Auditorio Baluarte de Pamplona y Gran Teatro de Córdoba.

Foto de Codalario

Ópera atemporal donde las haya, el reparto resultó equilibrado en su totalidad, lo que es de por sí digno de mención, aunque la protagonista total haya sido Aylin Pérez que fue capaz de cantar y captar toda la evolución de su personaje de Violeta aunque sin camelias y transformada en una pelirroja Gilda Valery, color vocal perfecto para un rol que le está dando muchas alegrías. El Alfredo de Aquiles Machado resultó convincente en sus conocidas arias, delicado en los dúos y con ligeras carencias que no empañan la globalidad, completada por el Giorgio Germont de Gabriele Viviani, otro tanto que «su hijo», bien actoralmente aunque con una pequeña desafinación en la conocida «Di Provenza», puede que fruto del micrófono tan cercano y la orquesta «hundida en el foso», un trío sobre el que se asienta sin cojear esta maravillosa ópera.
Destacar la buena dirección musical de Carlo Montanaro capaz de dar su toque ya desde la obertura, jugar con los tempi de una Oviedo Filarmonía que no pude degustar como seguramente sonó en el teatro, y sobre todo cómo concertó con las voces, respirando con ellas y eligiendo siempre el aire que reclamaban los protagonistas, que lo son siempre.

No quiero olvidarme del Coro que dirige Patxi Azpiri, auténtica delicia escénica y vocal (nuevamente ellas mejor que ellos) con una profesionalidad que el tiempo ha ido asentando.

Los siempre difíciles secundarios cumplieron en sus intervenciones, desde la Flora de la asturiana María José Suárez, seguridad y aplomo, la delicada Annina de Marta Ubieta, siguiendo con Jon Plazaola (Gastone), Carlos Daza (Douphol), el Marqués José Manuel Díaz y el Grenvil de David Sánchez, junto a los «comprimarios» Gonzalo Quirós y Bruno Prieto (del propio coro) en sus breves apariciones como Giuseppe y Commissionario.

El público mierense disfrutó sobre todo hasta el descanso tras hora y media de un tirón, quedando todavía el último acto donde Violeta es «abducida por la luz» tras enamorar al respetable esta Ailyn Pérez como auténtica diva de esta segunda función que sonó en medio Asturias como merecido homenaje a Pepe Verdi. Agradecer estas iniciativas aunque tengan todos los peros que queramos y algunos sigan recordando el año 1958 de La Callas con Kraus, siempre Don Alfredo, en Lisboa… Ay! ¡si hubiesen tenido los medios técnicos de hoy en día…!

Derbies en Don Carlo

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Este miércoles acudí a la Casa de Cultura de Mieres para seguir la retransmisión desde el Campoamor de Don Carlo (Verdi). 23 personas hasta el descanso que dudaron entre el Madrid-Barça de copa o esta nueva gozada verdiana con titanes y empates al igual que en el fútbol. Además de la OSPA con Corrado Rovaris que prepararon un terreno de juego perfecto, mi clasificación quedó:

1º Ainhoa Arteta y Juan Jesús Rodríguez como Isabel de Valois y Rodrigo realmente sembrados, artistas y en un momento vocal inmejorables que crecen en cada función. El reinado Arteta tendrá largo recorrido y JJ Rodrigo afrontará con seguridad roles como éste.

2º ex-equo Alex Penda y Felipe Bou, Princesa de Éboli y Felipe II contrastes dramáticos con registros graves difíciles de encontrar, enamorándonos de Alexandrina Pendatchanska ya en el Ensayo General.

3º Steffano Secco en el rol principal, y el Coro de la Ópera que dirige Patxi Aizpiri, algo desiguales en color o tempo, pero dignos de podio, en especial las damas.

El resto del elenco adecuado y colaborando a un equilibrio difícil para una obra como este Don Carlo tan exigente, debiendo citar a Luiz-Ottavio Faria como Inquisidor.

Volver a destacar la elegancia en vestuario y atrezzo. Mejorable nuevamente la realización que nos ofreció TeleCable que comenté puntualmente desde mi Twitter.

No es igual el directo que la retransmisión y tampoco tenemos los medios del MET, pero este Año Verdi no ha hecho más que empezar…

Don Carlo dejará huella en Oviedo

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Martes 22 de enero, 20:00 horas. Teatro Campoamor. Ensayo general de Don Carlo (Verdi).
Invitado por #operaytuits acudimos unos cuantos «tuiteros» al general para empezar bien el Año Verdi. Además de compartir en tiempo real sensaciones y emociones, estar en un lugar privilegiado para disfrutar como si del estreno se tratase no tiene precio, pertrechados con móviles y tabletas que desgranaban cuadros, arias, dúos, concertantes, situaciones y todo lo que sólo la ópera es capaz de sacar del alma humana.
La magia flotó en el ambiente desde el arranque con una OSPA portentosa en bloque, secciones y solistas bajo la dirección de un Corrado Rovaris magistral de inicio a fin, terciopelo orquestal capaz de abrigar a las voces que por algo llevan «la voz cantante» sin renunciar a momentos épicos cuando lo exige esta obra esplendorosa del gran Verdi. Con esta base lo que vendría después era pura lógica en el discurrir lírico.
Del Coro que dirige Patxi Aizpiri sólo elogios en un general que servirá para aligerar los tempi marcados por el Maestro Rovaris en el estreno del 24, pues vocalmente están en momento dulce y como actores en su sitio.
Del reparto equilibrado que logró una representación triunfal más que un ensayo por darlo todo sin necesitarlo (gracias por la profesionalidad y el contagio emocional) comenzar por Don Carlo Stefano Secco convincente y en especial la Éboli de Alex Penda (Alexandrina Pendatchanska) que enamoró a todos.
Y de los «debuts» en sus roles Juan Jesús Rodrigo/ez que tiene clase hasta para morirse, el Filippo Bou impactante incluso de presencia, pero especialmente una Elisabetta di Valois que desde ahora será referencia, Ainhoa Arteta cuya voz ha ganado tantos quilates desde un trabajo del rol maduro, en plenitud, que logró acallar todo y erigirse en auténtica Majestad con todos postrados ante ella. Generosa, sin guardar nada, regalando una auténtica lección de profesionalidad, belleza interior que fluye hacia su presencia escénica hecha arte vocal.
Añadir una puesta en escena seria, rigurosa, histórica, con guiños pictóricos de libro como un atrezzo y vestuario cuidado al detalle que redondearon un Pre-estreno para los elegidos, entre los que me considero uno de los privilegiados. El 24E será un acontecimiento lírico para la historia del Campoamor y de la propia ópera en el bicentenario de Verdi.

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Triunfa siempre Kraus

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Domingo 25 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, X Concierto Homenaje a Alfredo Kraus: Celso Albelo (tenor), Juan Francisco Parra (piano). Obras de Bellini, A. Scarlatti, Turina, Serrano, Vives, Donizetti y Mompou. Organiza: Asociación Lírica Asturiana «Alfredo Kraus». Entrada Anfiteatro: 14€ + 1€ (comisión imperdonable).

Nada más salir pensé y dije «Hoy ni Alonso ni Albelo…», un «domingo negro» pensando que pudo ser triunfal, pero nada hay previsible en la Fórmula Uno ni en la Lírica, sin buscar culpables aunque haya para llenar muchas páginas… Una tarde mala no echa abajo los muchos años de trabajo ni el apoyo incondicional de los aficionados, aunque acaben siendo como los «curristas», y el canario como el asturiano, despierten pasiones, aunque el de casa llenó más que el insular en la misma sala, pantalla gigante frente a escenario puro y duro.

Tercer año consecutivo con Celso Albelo invitado por la asociación que rinde homenaje al maestro Kraus, el único e irrepetible, «El Tenor», primero con Milagros Poblador, el pasado con «El Barítono» (Leo Nucci) y este último domingo «de campeonato» solo ante el peligro, eso sí, con el mejor pianista acompañante de hoy, Juan Francisco Parra, quien además se lució cual buen subalterno (esta vez como Felipe Massa o el buen par de banderillas al toro indultado).

El programa era de los auténticamente duros, «krausiano» a más no poder y referencia para quien suscribe, esfuerzo superior a tres óperas juntas y como encerrarse en Las Ventas con seis victorinos, pero cuando la climatología no ayuda la puerta grande o el campeonato se resiste. Hay que aplaudir el esfuerzo, las ganas, la buena temporada, el placer de agradar y no suspender la función (El Maestro nunca lo hizo), a costa de forzar sin pensar en consecuencias posteriores, pero este domingo lo quería triunfal, al menos la noche.

Comenzar con las dos arietas de concierto que todo estudiante ha trabajado aunque cantadas con el gusto que le caracteriza y que los grandes también suelen programar en sus recitales, están bien para abrir boca y calentar, pero el Poema en forma de canciones, Op. 19 (J. Turina) ya es otro mundo equiparable al lied alemán pero hecho en Sevilla, para sopranos o tenores, mezzos o quien quiera afrontar estas perlas vocales con la Dedicatoria de piano sólo que Parra bordó, los Cantares que arrancan siempre aplausos fuera de lugar por esa fuerza que caracterizaría la velada, Los dos miedos premonitorios aunque tranquilos, y Las locas por amor jugosas y cierre del poema musical, nuevo recuerdo homenaje a Kraus.

El remate de la primera parte dos joyas de la casa como las que Don Alfredo bordaba y Albelo solventó con más fuerza que precisión aunque el mismo buen gusto que su paisano: «Te quiero, morena» la jota de El trust de los tenorios (Serrano) con final innecesario en el agudo que le pasaría factura, y «Por el humo se sabe…» de Doña Francisquita (Vives), con un Parra capaz de hacer de las reducciones orquestales un placer de acompañamiento.

Las arias de ópera ocuparían la segunda parte salvo el Mompou de Canción y danza nº 6 que nos endulzó con esa melodía tan cantabile e íntima y despertarnos con la dificilísma danza posterior, pianismo puro para un intérprete como el canario capaz de elevar a coprotagonismo su papel.

El aria de Edgardo «Tombe degli avi miei…» cantada por Kraus me introdujo de niño en la ópera y más en la Lucia de Lammermoor (Donizetti) que Albelo «calca» en respiraciones, fraseo y cadencias con la orquesta pianística capaz de rememorar timbales entre cuerda. Salida de escena, supongo que a beber y tomar aire para afrontar Nadir en «Je crois entendre encore», recitativo previo incluido, de Los pescadores de perlas (Bizet) que comenzó a hacer peligrar un buen resultado final (mejor el pasado año), y pese a reconocer la dificultad en «no nasalizar» el canto francés, la afinación y cambio de color me dejó incómodo, siendo aún peor en «T’amo qual s’ama un angelo» de la Lucrezia Borgia, y la faena fue de aliño…

El descanso tras el emocionante Mompou era necesario para afrontar un durísimo final con dos arias conocidas, aplaudidas pero fallidas como se pudo comprobar en el propio gesto del tenor y supongo que corroborará la posterior edición en DVD del recital: «La donna e mobile» (Verdi) y «Spirto gentil» (Donizetti), una voz que ha ganado cuerpo en el registro grave y medio para poner más fuerza en el agudo ante el catarro atenazante, aunque dejase anteriormente los destellos de pianos y línea de canto que caracteriza al gran tenor canario.

Y todavía se (es)forzó por regalarnos una propina tan dura como la segunda aria de «La figlia» no sin reconocer públicamente sus problemas vocales. Seguro que muchos lectores discreparán (sobre todo la señora que tarareaba a Verdi a la que fulminé con la mirada), me pondrán a parir y llamarán repugnante (especialmente el cámara al que tuve que mandar callarse en pleno pianissimo). Admiro y defiendo tanto a Fernando Alonso como a «ExCelso» Albelo, son luchadores, muy buenos, trabajadores, lo dan todo pero no siempre alcanzan la cima. La voz no es un fórmula uno pero requiere mimos, evitar excesos o roturas y estar siempre a punto, con todo lo que ello conlleva. Este domingo me quité el sombrero con Felipe Massa y de nuevo con Paco Parra, son la parte necesaria del espectáculo y demasiadas veces olvidados por la afición.

Es cuestión de esperar porque el tiempo es implacable y lo juzga todo, por eso siempre triunfa Kraus.

Ainhoa Arteta vuelve a enamorar

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Sábado 27 de octubre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo, Conciertos del Auditorio: Ainhoa Arteta (soprano), Juan Jesús Rodríguez (barítono), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Mozart, Leoncavallo, Puccini y Verdi.
Vuelven los Conciertos del Auditorio y nada mejor en plena temporada operística que un programa lírico donde Ainhoa Arteta regresaba a la capital del Principado en compañía de Juan Jesús Rodríguez (hicieron juntos La Bohème del Maestranza con mi querida Beatriz Díaz) acompañada de la OvFi y su titular Marzio Conti que, como la orquesta, están en momentos dulces desde el foso pese a saltar a escena en esta fría tarde sabatina, totalmente rodados, ensamblados, gustándose y cumpliendo el no siempre agradecido papel acompañante, pues cuando la voz es protagonista se hace difícil estar a la misma altura.
Sin entrar en la organización del programa -algunos vecinos de localidad hasta discutían-, la verdad que el público asturiano, sobremanera el lírico tan abundante en la capital, disfrutó de una velada donde la tolosarra se reencontró y volvió a enamorarnos dándolo todo de principio a fin, lo que siempre le agradeceremos.
Mozart es apuesta segura cuando hay calidad, y no faltó en la primera parte. Está bien comenzar con Le nozze di Figaro y su obertura porque anima el espíritu, esta vez sin prisas, preparando las dos arias siguientes con la orquesta calentando motores, que suelo decir, porque la tarde daría para mucho.

El recitativo y aria del Conde «Hai già vinta la causa… Vedro mentrió suspiro» fue la entrada en escena del barítono onubense, más realidad que promesa, sin importarle compartir planos sonoros con la formación carbayona pese a lo que ello supone vocalmente, no se amilanó y tuteó a la masa instrumental.

Otro tanto vendría a continuación, aunque la Condesa guipuzcoana, elegante de blanco y negro, estaba portentosa y pletórica para cantarnos «Porgi amor», presentimiento de gozo vespertino con una voz casi nueva, con cuerpo en todos los registros y decidida a cautivarnos, algo más mimada desde el atril pero igualmente exigente.
El cambio dramático llegó con Don Giovanni y su obertura que sigue siendo una joya, estuvo bien interpretada y entendida por el maestro Conti, hoy en su salsa. La mandolina de mi querido y admirado Héctor Braga acompañó perfectamente el aria «Deh, viene alla finestra» bien cantada por Juan Jesús, gustándose, creíble de inicio a fin, relevado en la escena por Donna Elvira Arteta con el recitativo y aria «In quali eccesi, o Numi… Mi tradi quell’alma ingrata«, magisterio del agradecido y siempre engañoso Wolfgi lleno de guiños bien entendidos por La Diva ya sin estola, que hoy ejerció rematando faena y transformación camaleónica a Zerlinna con el duetto «La ci darem la mano« que nos dejó el empaste y musicalidad en ambos intérpretes contagiando la química escénica siempre necesaria al respetable, con una concertación del director florentino capaz de sacar lo mejor de una orquesta pensada para el foso pero que se crece en el escenario.

La segunda parte volvería al esquema de arias alternadas con preludios e intermedios orquestales para cerrar en dúo. Primero Pagliacci (Leoncavallo) y el Aria de Tonio «Si può?« con Juan Jesús Rodríguez impresionante, dramático sin aspavientos, convincente y bien acompañado que levantó una gran y merecida ovación, compartiendo protagonismo.

Puccini es inimitable y uno de los grandes conocedores no ya de la voz sino de la dramaturgia orquestal, y Manon Lescaut es obra de referencia. Su Intermezzo sonó desgarrador gracias al cello de Gabriel Ureña -pidiendo a gritos más conciertos solistas por su calidad, calidez y musicalidad- bien secundado por el viola Igor Sulyga y el concertino Andrei Mijlin, en una de las páginas instrumentales más logradas de la historia lírica, que la Oviedo Filarmonía desgranó al detalle. El plato fuerte llegó con el aria de Manon Arteta «Sola, perduta, abbandonata» acompañada, encontrada y bien arropada, plenitud vocal y dramática en esta auténtica recreación de nuestra soprano con Conti haciendo de su orquesta una, «el instrumento» para lograr la excelencia.

Y Verdi cerraría este recital lírico como no podía ser menos, en un orden cambiado al primar cuestiones vocales más que argumentales. Germont Rodríguez nos regaló «Di Provenza…» merecedor del completo escénico aunque cerrando los ojos nos situase perfectamente, registro homogéneo de color, dinámicas amplias y musicalidad cantabile que le dará muchos triunfos en un barítono calificado de verdiano. Violeta Arteta le relevó con la emocionantísima «Addio del passato« que resultó única, sin medias tintas, volcada con el personaje en todos los aspectos, provocándome la carne de gallina que sólo las grandes son capaces, delicia y dolor hechos voz.

Merecida pausa que rebobinó musicalmente al Preludio, otra vuelta de tuerca orquestal para la formación ovetense que está en buena forma lírica, cuerdas claras e incisivas, vientos nunca estridentes y percusión en su sitio, conjunto idóneo para la música escénica, «sorbete de limón» idóneo para el esperado final, Germont y Violeta en «el dúo» intenso para ambos personajes que puso en lo más alto un concierto de categoría especial, Juan Jesús Rodríguez convincente hasta en el bastón, suegro intimidador convertido en padre complaciente con una Ainhoa Arteta enamorada hasta los tuétanos y comprensiva desde el mayor de los sufrimientos que es sacrificarse por el Alfredo ausente. Qué final más intenso en todos los sentidos y éxito merecido para los protagonistas con un nivel del que orquesta y titular fueron copartícipes, consiguiendo cuadrar el círculo siempre difícil en estos conciertos.

El dúo del primer acto de Luisa Fernanda (Moreno Torroba) devolvió al Vidal onubense un protagonismo que nunca perdió gracias a una Luisa Arteta que se reconcilió con todos, Diva cercana y enamorada retornando al Olimpo abandonado, e igualando nuestra zarzuela a la ópera cuando las voces ponen su arte al servicio de la partitura. Oviedo sabe del tema, su orquesta también, y el público lo agradece.

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