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Y que cumplan muchos más

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Viernes 16 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: GALA LÍRICA “30 + 20. MELODÍAS PARA UN ANIVERSARIO”: Beatriz Díaz (soprano), José Bros (tenor), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Recital de ópera y zarzuela. Entrada butaca: 20 €.

Crítica para Ópera World del sábado 17 de diciembre con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Dos figuras de la lírica muy queridas en Asturias se unían para celebrar una carrera que sigue al alza con el paso de los años, cumpliendo treinta desde su debut el tenor barcelonés José Bros y veinte la soprano allerana Beatriz Díaz, dos cantantes que han compartido escena varias veces y volvían este viernes, casi navideño, al Teatro Campoamor (75 años de la Temporada de Ópera de Oviedo,) donde tantas noches hemos disfrutado con sus triunfos, esta vez junto a la Oviedo Filarmonía (OFIL) dirigida por el ovetense Óliver Díaz.

El programa habitual en este tipo de recitales se organizó con ópera y zarzuela en dos partes junto a oberturas e intermedios que sirven para descansar las voces sin perder coherencia con las obras elegidas, entrelazando arias y dúos de calado, más romanzas de nuestro gran género para que Bros y Díaz repasasen sus mejores momentos sobre las tablas.

Tener a la Oviedo Filarmonía bajo la batuta de Óliver Díaz es asegurar calidad y buen entendimiento, una orquesta que también va cumpliendo años y creciendo por igual encima del escenario que desde el foso, como en esta gala aprovechando la escena de “Hamlet”, volviendo a demostrar en las páginas instrumentales una sonoridad corpórea y una musicalidad para la lírica realmente destacable, especialmente en el Intermedio de Manon Lescaut (Puccini) donde sigue emocionando no sólo por conocido sino por lo bien interpretado que estuvo, además de la poco escuchada obertura de La Princese jaune, op. 30 (Saint-Saëns), y otro tanto con las páginas de zarzuela, desde el bellísimo “Intermedio” de La pícara molinera (Luna) abriendo la segunda parte, al menos escuchado y bellísimo de La montería (Guerrero), género donde el maestro Díaz es un referente y verdadera autoridad, reafirmando el buen entendimiento y la química entre formación y director.

En las arias y dúos además de disfrutar con las voces de Bros y “La Díaz”, la orquesta de la capital estuvo siempre al servicio de ellas, con “el Díaz” ovetense sacando lo mejor de lo músicos, mimando cada pasaje, degustando unas partituras que son oro molido, especialmente Puccini y Massenet, y que con la OFil “abajo” nos permitió escuchar al dúo en su vocalidad total “arriba”.

De las arias operísticas José Bros nos dejó dos con su entrega total como “un obrero de la lírica” -así se define el catalán- y la conocida profesionalidad a lo largo de toda su longeva carrera, este viernes con algún problema añadido, puede que alguna afección sobrevenida ante el frío de diciembre que siempre provoca alguna flema o “telilla”, amén de sus cambios de color buscando la expresividad, casi cincelando cada nota, mejorando en el fuerte de unos agudos aún poderosos, que fue solventando a lo largo de la gala, páginas que ha llevado por medio mundo, siendo Oviedo una de las paradas obligadas: la conocida “Una furtiva lagrima” de L´elisir d’amore (Donizetti) del Nemorino todavía frío abriendo velada y “Pourquoi me réveiller”, de Werther (Massenet) con el que siempre viene a mi memoria Alfredo Kraus, flojo pero sentido y aplaudido.

La asturiana Beatriz Díaz, en un momento vocal pleno, se mostró cómoda en escena donde es envidiable cómo afronta cada personaje, eligiendo para comenzar “Ebben? Ne andrò lontana” de La Wally (Catalani), bellísima línea de canto llena de matices, y la esperada “Mi chiamano Mimì” de La Bohème (Puccini) que tras años como Musetta por fin debutará como protagonista el próximo año en Alicante, un rol que no me cansaré de repetir parece escrito a su medida, jugando con los registros, filados “marca de la casa”, emoción y carne de gallina en esta página que nuestra soprano ha hecho suya totalmente.

En esta parte operística, dos de los dúos donde admirar la suma de entendimiento y buen gusto de esta pareja felizmente arropada por la orquesta bajo la batuta clara y precisa del maestro ovetense: “Suzel!… Come si è fatta pallida” de L´amico Fritz (Mascagni), la misma donde coincidieron por primera vez en noviembre de 2002, que con el paso de los años alcanza la madurez necesaria para afrontarla en su plenitud, pura escena donde un Fritz comedido no brilló tanto como la dominadora Suzel, más la emocionante escena de Saint-Sulpice de Manon (Massenet), maravilloso dúo que de nuevo con “La Díaz” asombró de principio a fin, la juventud ya madura para esta Manon francesa hoy allerana (con)venciendo al Des Grieux barcelonés.

Nuestra zarzuela necesita voces como las de este viernes para ponerla en el mismo lugar que “la hermana mayor”, y así pudimos comprobarlo en la segunda parte con las dos romanzas de soprano “Qué feliz mi vida fuera” de La labradora (Magenti) y “Tres horas antes del día” de La marchenera (Moreno Torroba) no lo suficientemente escuchadas pero que Beatriz Díaz cantó con su impresionante técnica y musicalidad, la misma que hace poco llevó a Sao Paulo (Brasil) en una gala puramente española, estilo y salero inconfundibles, gracejo y buen cantar, junto a las más conocidas de tenor “Por el humo se sabe” de Doña Francisquita (Vives) y “No puede ser” de La tabernera del puerto (Sorozábal) donde José Bros superó los problemas iniciales mostrándose cómodo en el registro medio y más pleno en los agudos, agradeciendo su entrega en unas partituras donde siempre sobrevuela en mi recuerdo “el tenor” (entiéndase Don Alfredo Kraus Trujillo).

Y otros dos dúos de altura para redondear las intervenciones en solitario, primero “Le van a oír” de Doña Francisquita (Vives), Fernando Bros y Francisquita Díaz en dramaturgia pura antes de la sorpresa previa al último número. Proyectando un vídeo que recogía los mejores momentos en el coliseo lírico de la capital asturiana de esta pareja, especial el “Elisir” de ambos (2017), o los Puccini únicos de la allerana: Liù (2012) más la inolvidable Butterfly (2020) que emocionó a todos, incluyendo al que suscribe por haberlos vivido con ellos.

Palabras de agradecimiento a “las melodías de Oviedo” como rezaba el último fotograma, Bros siempre querido y entregado en el escenario, Díaz reconociendo estar en casa recogiendo el cariño del público sin el que nada tendría sentido. Secando lágrimas y tragando saliva, al fin el mejor cierre con el conocido “Torero quiero ser” de El gato montés (Penella), Juanillo rematando faena, Soleá con mantón de verónica, Bros bravo, Díaz cautivadora y la música torera de la OFil con el mayoral Díaz en el arte de la doma, que no rejoneo, para completar un cuadro final soberbio.

Y si el regalo fueron las propias voces, aún nos darían el suyo: Bros El último romántico (Soutullo y Vert) con “bella enamorada” rematando esta gala de menos a más, tras la Beatriz Díaz rescatando de su amplio repertorio la canción andaluza de El dúo de la africana (Fernández Caballero), que sigue ganando con los años, y el mejor colofón con la Jota “No cantes más la Africana”, dúo de aniversario con dos carreras que tras diez años de distancia volvían a unir sus caminos en este punto de encuentro lírico que es el Teatro Campoamor, esperando como finaliza la canción que no se interpretó “…Y que cumplan muchos más”.

Ficha:

Teatro Campoamor, Oviedo, viernes 16 de diciembre de 2022, 20:00 horas. GALA LÍRICA “30 + 20. MELODÍAS PARA UN ANIVERSARIO”: Beatriz Díaz (soprano), José Bros (tenor), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Recital de ópera y zarzuela.

Programa:

Primera parte

Obertura de La Princesse jaune, op. 30 (C. Saint-Saëns). “Una furtiva lagrima”, de L´elisir d`amore (G. Donizetti).
“Ebben? Ne andrò lontana”, de La Wally (A. Catalani).
“Suzel!… Come si è fatta pallida”, de L´amico Fritz, (P. Mascagni).
Intermedio de Manon Lescaut (G. Puccini).
“Mi chiamano Mimì”, de La Bohème (G. Puccini).
“Pourquoi me réveiller”, de Werther (J. Massenet).
Escena de Saint-Sulpice, de Manon (J. Massenet).

Segunda parte

Intermedio de La pícara molinera (P. Luna).
“Qué feliz mi vida fuera”, de La labradora (L. Magenti).
“Por el humo se sabe”, de Doña Francisquita (A. Vives).
“Le van a oír”, de Doña Francisquita (A. Vives).
Intermedio de La montería (J. Guerrero).
“No puede ser”, de La tabernera del puerto (P. Sorozábal).
“Tres horas antes del día”, de La marchenera (F. M. Torroba).
“Torero quiero ser”, de El gato montés (M. Penella).

Viva Hamlet, nuestro rey

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Lunes 5 de diciembre, 19:00 horas. Club de Prensa «La Nueva España«, Oviedo. Conferencia de Mª Encina Cortizo:  «’Hamlet’ de Ambroise Thomas: Shakespeare en la ópera francesa».

Con ganas de escuchar el Hamlet de Thomas a partir del jueves 8 a las 19:30 horas en la LXXV Temporada de Ópera de Oviedo, que contaré desde aquí y también para «Ópera World«, vamos preparándonos para este estreno escuchando y leyendo no sólo la historia del príncipe danés más universal por un Shakespeare que ambientó su obra en un Helsingør (o Elsinor), enfrente al homónimo sueco, que nunca pisó pero que hizo famoso por esta bella localización gélida y geoestratégica.

Y la conferencia de la Doctora Cortizo, presentada por Adolfo Domingo López (responsable de publicaciones de la Fundación Ópera de Oviedo), dentro de las actividades en torno a los títulos de la temporada, no sólo nos aclaró los aspectos del libreto sino cómo influyó el dramaturgo inglés en la ópera, recordándome mis años de estudiante cuando Emilio Sagi, entonces licenciado en Filología Inglesa, que leyó su tesis «musical» sobre Los libretos de Shakespeare en las óperas de Verdi, siendo objeto igualmente de todo un «Curso de Extensión Universitaria» en aquellos felices años 80 y toda una premonición de su posterior trayectoria profesional.

Incluso pude viajar mentalmente a mi querida Dinamarca para volver a visitar Jutlandia o la isla de Sealand, que además de la capital, tiene cerca el famoso castillo de Kronborg, y al norte Gilleleje, un pintoresco pueblo pesquero, sin olvidarme del museo de arte contemporáneo más hermosos que conozco: Louisiana.

Shakespeare es teatro puro y ponerle música todo un reto, especialmente Otello con el que Rossini también se atrevió aunque quedase eclipsado por el genio de Busseto, como bien nos recordó mi admirada María Encina Cortizo.

El Hamlet del francés Ambroise Thomas (1811-1896) parte del libreto de Jules Barbier y de Michel Carré, organizado en cinco actos, y se estrenó en la Ópera de París en 1868 con gran éxito, armonizando elementos de la grand opéra, sin olvidarse del ballet que tristemente suele omitirse por cuestiones económicas y de duración, con influencias de Gounod y Berlioz, especialmente su orquestación admirada por Tchaikovsky que se enamoraría del empleo de unos metales regios donde aparecía el saxofón.

Mezcla de estilos artísticos que dan como resultado una obra enormemente atractiva, con excelentes ocasiones de lucimiento para los cantantes, mayormente hombres pero con la Ofelia inspiradora también en pintores como Millais o Delacroix, éste con verdadera «hamletmanía» llevada a una colección de grabados que Cortizo nos mostró. También interesante conocer la evolución de la traducción-traición de Jean-François Ducis, el libreto ya rehecho por Alejandro Dumas padre y Paul Meurice, pasando por las voces que entonces la estrenaron (el barítono francés Jean Baptiste Fauré y la soprano danesa Christine Nilsson), sin olvidarse de un Manuel García al que debemos reivindicar mucho más, Adelina Patti o «la Galli-Curzi«. Algunos números de la ópera como el famoso «Ser o no ser», la «locura» de Ofelia o ese final coral y heróico con el Viva Hamlet nuestro rey también pudimos escucharlos para ir abriendo boca o mejor oído.

Sin entrar a fondo en la estructura del libreto, la doctora nos desmenuzó el original y las adaptaciones del drama de Shakespeare para hacerlo más musical, partes añadidas y eliminadas siempre buscando la carga y acción escénica tan necesaria para una ópera que merece ser más representada. Esta visión o inspiración en el Hamlet presenta de forma clara los episodios fundamentales de la tragedia shakesperiana, en la cual el personaje protagonista (que cantará el barítono asturiano más universal, David Menéndez) se ha convertido en un personaje dramático de carácter universal porque es un icono de la conciencia humana. Y el resto del elenco de Oviedo no tiene desperdicio, con otros nombres conocidos y queridos en la capital del Principado como Simón Orfila (Claudius), Alejandro del Cerro (Laërte) más la muy esperada Ophélie de Sara Blanch con escena de Susana Gómez y la dirección musical de la francesa Audrey Saint-Gil al frente de la OSPA.

Ya vamos descontando horas para una ópera que Oviedo pone en cartel para todos los fieles aficionados, con alguna escapada del resto de España que ya contactaron para no perderse alguna de las cuatro funciones (8, 11, 14 y 17 de diciembre) de este Hamlet.

Piano espectacular y potente

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Domingo 20 de noviembre, 19:00 h. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G, Iberni». Martín García García (piano). Obras de Chopin y Rajmáninov.

Crítica para La Nueva España del martes 22 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Un lleno espectacular en el auditorio este domingo para disfrutar del mejor piano romántico con el gijonés Martín García García (1996), que sigue madurando como el buen vino, esta vez dejándonos a dos compositores, Chopin y Rajmáninov, con los que se encuentra cómodo, confiado, entregado, sin perder aún la pasión juvenil y unas interpretaciones siempre con un toque personal, no importan algunas imperfecciones mínimas, llegando y emocionando aunque tengamos que seguir sufriendo un amplio repertorio de toses en todas las tesituras, tonalidades (domina el flemol), caídas de paraguas y bolsos, luces más tonos de móviles incluso con conversaciones… hasta niños que preguntan o se suman al coro de estertores en su registro más agudo, haciéndonme anhelar aquellos conciertos de aforo reducido y mascarillas (deberían volver) que llegué a pensar, inocente e ingenuo de mí, vendrían para retornar a la escucha de la música desde el silencio, el respeto, la educación… y la salud. El Covid sigue, la gripe nunca se fue pero la esperanza en el necesario civismo que nos permita disfrutar como se debe, ya se ha perdido del todo convirtiéndose en la verdadera pandemia.

Dos románticos para degustar ocupando cada una de las partes del concierto con el piano protagonista absoluto, iluminación cenital y resto en penumbra. Chopin toda la primera, bien organizada comenzando con las cuatro Mazurkas, op. 33 muy contrastadas en aires y rubati muy apropiados, una brillante Barcarola en fa sostenido mayor, op. 68, cuatro de los Preludios op. 28 igualmente ordenados por sus “tempi” buscando ese ambiente contrastante y hasta lúgubre de los días en Valldemosa, donde la tisis pareció contagiar en el túnel del tiempo al “coro de asistentes”, para cerrar con la conocida “Sonata nº 2 en si bemol menor op. 35”, cuya famosa Marcha fúnebre del tercer movimiento, Martín García le dio toda la pasión y visión personal, más el Presto final donde el virtuosismo es necesario pero la musicalidad aún más. Momentos casi sinfónicos con pasajes que el polaco utilizará en sus dos conciertos para piano junto al intimismo de otros en buena conjunción e interpretación del asturiano.

Y el “Chopin de Broadway”, Rajmáninov, que comparte con el polaco la nostalgia desde el exilio, las añoranzas por “la amada Polonia” o “la madre Rusia” transmitidos en su piano de tragedias y depresiones volcadas por un Martín García pletórico, potente, amplio de dinámicas, desde los dos “Momentos Musicales” op. 16, primero el nº 3 en si menor, después el nº 2 en mi bemol menor, nuevamente buscando los claroscuros románticos en el último de los intérpretes virtuosos además de compositores, el melodismo inimitable del ruso canturreado por el gijonés, al igual que con el polaco, como otra seña de identidad de nuestro joven virtuoso, pasajes inconfundibles que evocan también las páginas con orquesta (en especial las Variaciones sobre un tema de Paganini). Todavía quedaba la “Sonata nº 1 en re menor op. 28” para rematar la faena, sonido muy trabajado, ímpetu e introspección en perfecto equilibrio, música a borbotones, juventud con recorrido y mucho estudio para un recital titánico que levantó a todo el público de sus butacas con bravos y hasta un merecido e inoportuno “¡Grande!” rompiendo la unidad del “momento”, y es que las emociones no entienden de buenos modales.

Sin chaqueta salió Martín para agradecer el entusiasmo que levantó y nos regaló tres propinas en una línea argumental acorde con este concierto puramente romántico por todo lo que escuchamos, incluyendo el “coro de ruidos”. Primero el Étude-Tableau, op. 39, nº 8 en re menor, limpio y cristalino; después el Preludio nº 3 en re menor, poderoso, enérgico, arriesgado “tempo di menuetto”, elefantiásico cual las manos de Serguéi transmutado al gijonés como si comenzase el concierto dos horas después; y si se me permite la expresión, desmelenado pero reposado volviendo a la intimidad con la camisa sudada y la tercera del ruso, de sus siete piezas de salón, la op. 10 nº 6, una delicadísima Romanza en fa menor cuyo “Andante doloroso” más que mosso, solo lo rompió un infantil estornudo que no empañó un concierto para el recuerdo que las notas al programa, felizmente en papel, de mi compañera Andrea García Torres tituló “El virtuosismo expresivo”.

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Flores y especias

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Viernes 18 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Abono 3 “Divertimento”, OSPA, Juan Ferriol (oboe), Nil Venditti (directora). Obras de Ibert, Françaix, Puccini y Say.

Crítica para La Nueva España del domingo 20 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Viernes invernal con tres ofertas en “La Viena española” (danza en el Filarmónica, ópera en el Campoamor y OSPA en el Auditorio) que bien pudieron restar público a un concierto distinto, atrevido, original y divertido donde debutaba en el podio de la orquesta asturiana la directora ítalo-turca Nil Venditti, verdadera animadora antes de cada obra que iría explicando, en inglés, y ofreciendo un programa atrevido, inusual pero también muy interesante como bien contó María Sanhuesa en la conferencia previa y autora de las notas al programa (felizmente recuperado en papel en edición bilingüe). La temporada llamada de los “Nuevos comienzos” da otro paso más, aunque sigamos sin concertino titular, esta vez invitada la norteamericana Mirabai Wesmehl actualmente en la Sinfónica de Dubrovnik (Croacia) que mostró buena química igual con la batuta que con la orquesta en este tercero de abono.

Comenzar con una orquesta camerística de ambiente cabaretístico o mejor de verdadero “music-hall” por la calidad de la formación, con Divertissement del francés Jacques Ibert (1890-1962) y Venditti saludando además de presentar micro en mano cual estrella rockera la obra, prepararía al respetable para disfrutar de seis piezas llenas de humor, teatrales o cinematográficas, banda sonora de la casi surrealista “Un sombrero de paja en Italia” (1928) que con los componentes de la OSPA y el empuje de la maestra Nil incluso pidiendo palmas bien respondidas desde las butacas, nos alegraron un frío ambiente que iría caldeándose, original propuesta y plantilla donde la percusión tiene un papel casi protagónico, lleno de guiños a obras como la marcha nupcial de Mendelssohn (el argumento de la película lo explica todo) o un can-can final tributo al “Orfeo en los infiernos” de Offenbach, pues Ibert conoce el oficio al proceder de una familia musical, curiosamente como todos los compositores de este abono que sirvieron para titular como Sagas la conferencia de la doctora Sanhuesa, con los pros y contras que esto pueda tener, musicalmente positivos en este “divertimento parisino” de Ibert.

Con L’Horloge de Flore del también francés Jean Françaix (1912-1997) se apuntarían todos los intérpretes la segunda sorpresa de la velada, esencias más que perfumes en cada una de las siete horas elegidas de este reloj floral, apuntadas con las agujas del oboe solista de la OSPA Juan Ferriol, contestado en varias por su compañero clarinetista Andreas Weisgerber, feliz conjunción de viento madera que el compositor francés siempre tendrá presente en su amplia producción, un concierto para oboe siempre bien arropado por una orquesta amplia con Venditti transmitiendo jovialidad, que les llevó a las mayores ovaciones de la tarde, rendidos al magisterio de Ferriol que todavía nos regalaría el Gabriel´s Oboe de Morricone, excelente “La Misión” de cuerda y solista, amistad de lustros, complicidad más buen hacer.

El Preludio sinfónico en la mayor de G. Puccini (1858-1924) puede resultar al menos asombroso, novedoso seguro, para quien se quede solo con el gran operista del cambio de siglo, pero este trabajo académico final de curso en el Conservatorio de Milán tiene todo el tejido orquestal del genio italiano, con aires wagnerianos nada extraños que en nada deben rivalizar con los verdianos anteriores, aunque Aida le llevaría a dedicar su vida a la ópera (donde llegará a utilizar algunos motivos de este preludio en sus primeras obras escénicas como Le Villi o Edgar), si bien este preludio tiene entidad propia, con la OSPA al completo para disfrutar de una sonoridad rotunda donde apreciar la calidad de cada sección orquestal y el buen oficio del joven organista en su Lucca natal.

Y para finalizar el concierto, siempre preparándonos la “showwoman” Venditti, un compatriota suyo, Fazil Say (1970), que además de excelente pianista -al que pudimos escuchar en Oviedo allá por febrero de 2016 en la Jornadas de Piano– y oboísta por prescripción facultativa -como terapia tras una operación bucal- también compone obras sinfónicas tan maravillosas y cautivadoras como sus Danzas sinfónicas op. 64 , cuatro movimientos que nos transportaron a esa tierra puente de oriente y occidente, melodías norteafricanas para evocar paisajes áridos, caravanas de caballos de Siberia a Estambul, el golfo del Bósforo, el tabaco y el café, hasta un zoco lleno de especias que son riqueza para el olfato y el gusto. Aromas y sabores musicales reflejados por el comprometido y rompedor Say interpretados por una OSPA plegada a la inspiración, empuje y conocimiento que transmite Nil Venditti, quien está haciéndose hueco en varios podios europeos y también españoles, con estas danzas donde la percusión de Casanova y Prentice fueron imprescindibles para llevar por buen camino la riqueza rítmica de estas cuatro danzas turcas con las que toda la orquesta asturiana nos hizo viajar a una tierra rica de sensaciones y puerta europea hacia la Asia que tantos tesoros musicales tiene para degustar.

Concierto con buen sabor de boca, público contento, orquesta feliz, pues se nota sobre el escenario, y una joven directora a la que debemos seguirle la pista porque la energía y “buen rollo” (como se dice ahora) que transmite hace estos conciertos diferentes y para todas las edades.

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El arpa ancestral del siglo XXI

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Miércoles 16 de noviembre, 20:00 h. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO): «La Belle Époque», José Antonio Domené & Cuarteto Galerna. Obras de Saint-Saëns, Debussy y Ravel.

Crítica para La Nueva España del viernes 18 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Segunda edición de los conciertos del Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO) que completan de octubre a junio la oferta musical ovetense, este miércoles con el arpista murciano José Antonio Domené junto a seis músicos de la Oviedo Filarmonía (cuatro de ellos forman el Cuarteto Galerna), y un programa con aires franceses como el propio Erard que inventó el instrumento tal como hoy lo conocemos, pese a ser ancestral y tocada en Egipto o Grecia, siendo su mejor etapa la que pudimos escuchar en la sala de cámara este miércoles con música de tres compositores del país vecino. Como tengo la ventaja de peinar canas, volvieron mis recuerdos de juventud desde el gran Nicanor Zabaleta, habitual de la centenaria Sociedad Filarmónica de Oviedo en los años 60 y 70, hasta mi Mieres natal con María Rosa Calvo Manzano en 1973, que fue profesora de Domené y tanto ayudó a formar arpistas en aquella España aún huérfana de grandes instrumentistas.

La sonoridad del arpa moderna es única, tanto sola como en cualquier combinación, incluyendo su participación en fosos operísticos y obras orquestales, por lo que las obras elegidas por el músico murciano fueron la mejor muestra de tres compositores franceses en combinaciones de todo tipo bajo el título La belle époque.

Saint-Saëns ocupó el primer bloque, primero con la Fantasía para arpa op. 95, después la opus 124 / 194 con el violín de Gema Jurado, prosiguiendo con la espectacular versión bailada por Marta Pardo del más popular de “El carnaval de los animales”, El cisne con el chelo rotundo y sensible de Sara Chordá junto al arpa cristalina de Domené que sonarían plenamente orquestales en este dúo maravillosamente acoplado.

Debussy se inspiró en la música griega y utilizará el arpa en muchas de sus obras sinfónicas, por lo que su Sonata trío para flauta, viola y arpa mostró esa inspiración desde la combinación tímbrica a cargo de Mercedes Schmit, Álvaro Gallego y el propio Domené, tres movimientos que el público aplaudió uno a uno, pues funcionan casi como obras independientes por la conjunción de estilos donde explorar esa original formación instrumental con estos excelentes músicos de Oviedo Filarmonía.

Y con Ravel llegaría la formación al completo con todos los músicos en escena sumándose a los anteriores intérpretes Julio Sánchez (clarinete) y Gints Sapietis (violín), con su Introducción y Allegro para arpa, flauta, clarinete y cuarteto de cuerda, septeto casi sinfónico por la genialidad del compositor hispanofrancés en la orquestación, el arpa funcionando como solista de concierto alternando protagonismo y un sexteto capaz de sonar como si nos encontrásemos en la sala principal del auditorio.

Un verdadero lujo contar con estos músicos “de casa” en un concierto donde Jose Antonio Domené supo no ya elegir un repertorio para disfrutar de su maravillosa técnica y sonido, sino encontrar los intérpretes adecuados para cada obra, entregados todos y cada uno de ellos, remando en la misma dirección de amor hacia la música con el entendimiento y empaste de tantos años tocando juntos.

En un instrumento italiano actual (modelo “minerva natural” fabricada por Salvi), Domené nos regalaría, dedicándoselo a sus familiares asturianos, Pour la señorita de la francesa Freddy Alberti, alumna de Lily Laskine que cerrando el círculo mágico del arpa, fue quien estrenó el Ravel anterior.

Al final hubo tiempo de intercambiar opiniones entre colegas de instrumento, con Danuta Wojnar y Miriam del Río, arpistas de Oviedo Filarmonía y OSPA, que acudieron junto a varios compañeros de ambas orquestas a disfrutar de este segundo concierto del CIMCO, un éxito para confirmar la capitalidad musical a la que no me canso de llamar “La Viena española” por la amplísima oferta a lo largo del año y saliendo del túnel que supuso la pandemia. El del AVE (que será gorrión) sigue en obras…

FICHA

JOSÉ ANTONIO DOMENÉ: arpa.

CUARTETO GALERNA: Mercedes Schmidt, flauta – Gema Jurado, violín – Álvaro Gallego, viola – Sara Chordá, violonchelo.

Marta Pardo, bailarina – Gints Sapietis, violín  – Julio Sánchez, clarinete.

P.D.: Ya mandada la crítica al periódico, de entre los recuerdos no puedo dejarme a Harpo Marx, «mudo» pero con el sobrenombre del instrumento que siempre asombraba en sus películas y antes del cine muchos años de «Music Hall» con Los Hermanos Marx.

El arpa siempre mágica

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Miércoles 16 de noviembre, 20:00 h. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo: Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO): «La Belle Époque», José Antonio Domené & Cuarteto Galerna. Obras de Saint-Saëns, Debussy y Ravel.

Reseña para La Nueva España del jueves 17 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Prosigue este ciclo camerístico que completa la impresionante programación musical de “La Viena española” con el arpista murciano y nieto de asturianos Jose Antonio Domené, junto al Cuarteto Galerna formado por intérpretes de la Oviedo Filarmonía, hoy hasta seis con refuerzo de flauta y clarinete para el último Ravel, uniéndose también la bailarina asturiana Marta Pardo en un cisne de Saint-Saëns bellísimo.

El original programa francés con Saint-Saëns, Debussy y Ravel hizo las delicias de un público que casi completó la sala de piedras del antiguo depósito de aguas, acústica cristalina como el arpa mágica y perfecta en todas las combinaciones con las que Domené fue hechizándonos: solo, dúos con violín y chelo, trío junto a flauta y viola de Debussy aplaudido en los tres movimientos, y el final de Ravel al completo, casi sinfónico del gran orquestador hispano francés.

Una apuesta camerística de CIMCO con un lujo de intérpretes en torno al mago Domené y ese arpa con tanta historia detrás, que no tuvo su parte pedagógica explicando la actual inventada por otro francés como Erard, aunque esta velada utilizase una nueva italiana de sonoridad muy rica (Salvi minerva natural) para una tarde de música francesa igual que la propina dedicada a sus familiares presentes y las fotos con las arpistas de nuestras dos orquestas asturianas.

Kantorow, fuego en el camino

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Sábado 12 de noviembre, 20:00 h. Auditorio de Oviedo: Concierto inaugural de las Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandre Kantorow (piano). Obras de Liszt, Scriabin y Schubert.

Crítica para La Nueva España del lunes 14 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

No se pudo elegir mejor pianista ni programa para arrancar estas jornadas de la llamada “Temporada del rencuentro” que el francés Alexandre Kantorow (Clemont-Ferrand, 20 de mayo de 1997), un prodigio que comenzó su carrera profesional con solo 16 años para ser el primero de su país en ganar el prestigioso Concurso Internacional Chaikovski en 2019, y que llegaba a Oviedo en su gira con tres compositores “fetiche” donde se mueve con una madurez impresionante y técnica puesta al servicio de unas interpretaciones soberbias, modelando el sonido, recorriendo verdaderos pasajes interiores llenos de puro romanticismo. Los cambios en el programa previsto funcionaron de forma homogénea y dándole un sentido global a un recital que puso al público a sus pies tras una velada intensa además de sentida, llegando a regalar hasta tres propinas (ahora se les llama “encores”).

Liszt es un referente para los pianistas por sus exigencias para entresacar de sus obras todos los avances de su época y Kantorow, al que la crítica del magazine Fanfare le ha bautizado como “Liszt reencarnado”, comenzaría con Weinen, Klagen, Sorgen, Zagen S.179, basado en el tema de la cantata 12 de Bach, la contundencia unida a la devoción por el padre de todas las músicas, inicio de un peregrinaje que el joven virtuoso proseguiría con el Soneto nº 104 del Petrarca, perteneciente a los “Años de Peregrinaje” S.161 del abate, clara reminiscencia chopiniana, pleno de contrastes en una penumbra total que ayudaría a un silencio sepulcral poco habitual en el auditorio, con el piano en el centro del escenario sin mover la caja escénica, iluminado levemente en un rectángulo que impresionaba al escuchar todo lo que de él brotaba en las manos del francés. Sin respiros, con una gama amplísima de matices donde primó siempre la musicalidad, para “redondear” este camino literario con Après une lecture du Dante, fantasía en el amplio sentido, tres etapas donde disfrutar de la pasión, fuerza y delicadeza de un sonido limpio, trabajado, rotundo y delicado, mimando cada nota, los pedales realzando y dibujando desde su técnica impecable una primera parte poderosa y llena de claroscursos expresivos al alcance de pocos intérpretes de su edad.

La segunda parte finalizaría el recorrido por el húngaro que enamoraba en los salones parisinos con su endiablada técnica volviendo al íntimismo y hondura expresivas tras la que podríamos llamar pirotecnia pianística, Abschlied que adapta una melodía popular rusa breve y compleja, nuevamente con dualidades bien contrastadas al final de su vida, nostálgica y evocadora, al igual que La lúgubre góndola, la oscuridad llena de amargura, austeridad frente a la opulencia juvenil, donde el pianista francés enamoraría a los melómanos asturianos, ofreciendo la otra cara de la moneda para reflejar el dominio de la globalidad del piano de Liszt, el ocaso del genio premonitorio de la muerte de Wagner dos meses después de finalizarla.

El peregrinaje pianístico daría un salto sin perder la homogeneidad temática con Fers la Flamme, op. 72 del ruso Scriabin, el sinfonismo desde las 88 teclas que canta el triunfo del resplandor sobre la oscuridad, acordes sombríos donde cada nota toma cuerpo para ir moviéndose hasta el estallido emocional de Kantorow.

Y sólo podía poner punto final a este tortuoso camino de luces y sombras el otro Franz, Schubert con su Fantasía “Wanderer” (caminante) D. 760 que alude al lied homónimo. Un homenaje pianístico al primer romanticismo del que todos beberían, el virtuosismo exigente que canta sin palabras toda la gama emocional en tres movimientos para un solo tema que en manos de Kantorow resultó una verdadera lección interpretativa, deslumbrante, sentida de principio a fin cerrando un recital de verdadero peregrinaje íntimo, donde todo los colores posibles sonaron y brillaron llenos de vida.

Bravos y aplausos más que merecidos para regalarnos una etapa extra del “camino francés” desde un pianismo razonado, pues el lied de Schubert Letanía en arreglo del propio Liszt sería el mejor colofón del concierto.

De otro gran virtuoso e improvisador como fue Gyorgy Cziffra, su arreglo del Vals triste a partir de una canción popular húngara volvió a impactar y epatar a un público totalmente rendido a Alexandre “el grande”, este joven francés que aún tendría fuerzas para seguir emocionándonos con su tercer regalo tras un concierto maratoniano para todo pianista: el final de El pájaro de fuego de Stravinski en arreglo de Guido Agosti (1901-1989), el fuego mágico que crea sombras, dando luz y calor además de color. Mejor inauguración para las jornadas de piano imposible.

Buena música para Alarcos

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Martes 11 de octubre, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo (Teatro Filarmónica), concierto 13 del año, 2.038 de la sociedad: Orquesta Filarmonía Ibérica, Melani Mestre (piano y director). Concierto homenaje a Emilio Alarcos Llorach en el centenario de su nacimiento. Obras de: Herschel, García Gago, Jenkins, Mozart y Cases.

Reseña para La Nueva España del miércoles 12 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
En Oviedo todos conocían a Alarcos, y más los más los melómanos, de los que formaba parte, por lo que este concierto a él dedicado recogía parte de la música que le acompañaría en su vida (tal y como comentaba ayer su viuda y directora de la Cátedra que lleva su nombre, Josefina Martínez, desde estas mismas páginas, quien también tendría palabras de agradecimiento y recuerdos al principio de la velada donde no faltó reivindicación ni pedagogía, tras las de Santiago González del Valle, presidente de la Sociedad y el del RIDEA, además de socio de esta Filarmónica, Ramón Rodriguez).

 

La Filarmonía Ibérica, orquesta camerística compuesta por una excelente selección de músicos de cuerda de las últimas hornadas españolas y europeas, formados en las principales instituciones docentes, tiene como objetivo no solo redescubrir el legado y patrimonio musical ibérico desde el barroco más desconocido sino también nuestros compositores, históricos y actuales. Con el maestro y pianista barcelonés Melani Mestre (1976), tras su ingente tarea de recuperación e investigación previa, pudimos disfrutar este martes de su magisterio y buen hacer al frente de su orquesta.
La Sinfonía 8 en do menor del alemán F. W. Herschel (1738-1822) es una de las obras “oscurecidas” por sus compatriotas y contemporáneos Haydn o Mozart o Beethoven, pese a emigrar con 20 años a Inglaterra donde le nombrarían “Sir” más por astrónomo que músico. Tres movimientos (Allegro assai-Andante-Presto assai) en la línea de otras con más enjundia, de las 24 que compuso, pero interesantes, breves y de ágil interpretación.
La Tocata y fuga del berciano afincado en Barcelona Josep García Gago (1921-1999), un avanzado que recupera esta forma barroca desde su cátedra compositiva, que sonó contundente y clara por los once instrumentistas cual órgano de arcos.
El Concerto Grosso “Palladio” (1995) del galés Karl Jenkins (1944), arquitectura sonora de líneas inconfundibles e inspiración barroca del gran compositor británico bien dibujadas y contrastadas, con una excelente concertino.
Para la segunda parte ya con Mestre desde el teclado llegaría su propio arreglo para esta orquesta del conocido Concierto para piano nº 21 en do mayor, K. 467 “Elvira Madigan” de Mozart (1756-1791) que Alarcos tenía entre sus preferidos. El equilibrio entre solista y cuerda con la hondura melódica del genio de Salzburgo desde una interpretación muy cuidada aunque no todo lo limpia desde el piano, especialmente la cadencia del Allegro maestoso, que no desmerece esta personal visión y amor por tan bella página.
Y cerrando concierto la interesante Suite Barroca para piano y orquesta del ecléctico compositor catalán Carles Cases (1958), la modernidad de lo antiguo con perspectiva amplia desde el llamado neoclasicismo con aires cinematográficos.
Intérpretes y obra ideales para cerrar un concierto del que Don Emilio hubiera disfrutado hasta de la propina del marplatense Piazzolla Jeanne y Paul.
LN

Eternamente joven Argerich

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Domingo 24 de noviembre, 19:00 h. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”:
Martha Argerich (piano), Mate Bekavac (clarinete), Kremerata Baltica. Obras de Bach, Busoni, Kremer, Weinberg y Liszt.
Reseña rápida para La Nueva España del lunes 25 desde el teléfono móvil, con los añadidos ya en casa de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Primera visita esta temporada de la eterna Argerich nombrada artista en residencia de estas jornadas, junto a los bálticos de Gidon Kremer, otro “habitual” en Oviedo, de gira española con parada obligada en “La Viena del Norte” español y una excelente entrada para un público algo acatarrado en los movimientos lentos y pianissimos en parte por un aire no acondicionado al gusto de todos.

El fundador de la formación nórdica aunque solo presente como instrumentador de la Chacona en re menor de Bach (a partir de Busoni) es capaz de seguir redescubriéndonos al kantor de Leipzig y más con una orquesta de cuerda poderosamente delicada, compacta y de amplísimas dinámicas comandada por el concertino Dzeraldas Bidva que “hace de Gidon” con igual maestría. Inicio grabado de clave y final de violín encajado por la Kremerata al milímetro.
Otro redescubrimiento del maestro letón es Miezyslaw Weinberg (1919 – 1996), cuya Sinfonía de cámara nº4, op. 153 en cuatro movimientos resulta una autobiografía oscura y dolorosa de este compositor que con el clarinete de Bekavac parece narrar cada etapa con esas reminiscencias de folklore “klezmer” como notas luminosas de esperanza incluyendo las pinceladas del triángulo en el Andantino – Adagissimo final con un excelente Mate Bekavac ejerciendo tanto de virtuoso como ensamblado tímbricamente en el sonido báltico.

La esperada Martha llenaría de más música una segunda parte con Bach siempre presente que en la interpretación de la porteña alcanza cotas sublimes. La Partita núm. 2 en do menor, BWV 826 para piano solo es un testamento vital tanto en lo escrito como en lo escuchado, magisterio de juvenil madurez con balances increíbles, limpieza expositiva y tiempos contrastados de hondura inexpresable en sus seis movimientos con ese Capriccio final pura medicina también para la propia tos de la argentina.
Y madurez juvenil, impetuosa, brillante, vibrante para Liszt y su Concierto para Piano nº1 en mi bemol mayor, S. 124 con la Kremerata casi sinfónica por sonoridades incluido el triángulo. Majestuosa Argerich mandando, valiente de principio a fin con un ímpetu sin perder calidad en nada, emocionando y empatizando con todos desde su eterna juventud pianística.

Propina bachiana para el padre de todas las músicas y esperando ya la próxima visita esta temporada.

Con voz propia

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Sábado 9 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Oviedo Filarmonía, Julia Lezhneva (soprano), Mikhail Antonenko (director). Obras de Mozart, Haendel, Rameau, Vivaldi y Rossini.

Crítica para La Nueva España del lunes 11, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva

La Oviedo Filarmonía (OFil) cumple veinte años felices con voz sinfónica propia en esta “Viena del norte” más allá del foso del Campoamor, conciertos del Auditorio junto a las Jornadas de Piano. El tiempo transcurrido entre tantas óperas y zarzuelas sin perder nunca de vista galas líricas como aquella con el recordado Haider y La Gruberova, ha conseguido que la formación ovetense se haya ganado a pulso desde el duro y continuado trabajo la fama de orquesta ideal para el canto.
En esta línea discurrió el concierto de La Lezhenva el sábado, corroborando la afición por la música vocal en nuestra tierra con un público entregado a obras cercanas y conocidas desde la “Primavera Barroca” que año tras año también llena la sala de cámara.

El joven director ruso Mikhail Antonenko (1989) junto a su compatriota coetánea (y esposa) la soprano Julia Lezhneva armaron una velada con el inigualable Mozart en calidad interpretativa global, el barroco como virtuosismo siempre admirable, y el Rossini casi obligado en la capital asturiana, para una OFil con la versatilidad estilística intrínseca desde su nacimiento, que por momentos resultó excesiva en dinámicas pero no en empaste tímbrico aunque faltase un clave que redondease el buen sabor de boca.

Fígaro el operístico se casaría al principio y volvería al tajo casi al final (más calmado que el parisino del último de enero) para jugar con un mismo personaje desde dos lenguajes, clásico mozartiano y belcantista romántico que no se diferenciaron mucho con Antonenko al frente, elegante y claro aunque algo aséptico. Me resultó chocante que la mejor visión orquestal fuese Rameau y el ballet bufón Platée, más cercano a Mozart que a sus compañeros barrocos de travesía, auténticamente “salvaje” en aire y virtuosismo orquestal (con Marina Gurdzhiya de concertino), como pivotando entre dos mundos para saborear la calidad de OFil.
Bien seleccionadas las partes vocales de Lezhneva, incluso las cuatro propinas que indirectamente alargaron a la duración habitual de un concierto de estas características con un esfuerzo físico plausible manteniendo la unidad.
La voz de la joven rusa es carnosa, nunca hiriente, poderosa de emisión y color muy homogéneo para unos graves bien trabajados siempre audibles merced a una emisión nítida, de agilidades asombrosas que hacían preguntarse cuándo respiraba, y un repertorio que domina sin problemas con Antonenko buen concertador y la orquesta perfecta para estas partituras. Personalmente me quedo con la visión global de Mozart que vocalmente tuvieron más enjundia y musicalidad como el aria Voi avete un cor fedele o el empaquetado triple formado por la obertura de «Don Giovanni» bien leída en intensidades por los instrumentistas, junto a sendas arias de Bodas más Cossì: íntima y sentida L’ho perduta y completa Temerari… Come scoglio recitativo incluido, equilibrado, maleabilidad vocal e instrumental para el genio de Salzburgo en una voz portentosa que seguirá brillando en los próximo años, completado con Voi che sapete de la tercera propina.

Para el barroco siempre agradecido y comercial la orquesta sonó algo excesiva no ya por número sino porque Antonenko debería haber mimado más las dinámicas e incluso exigir un continuo con clave (cello de Ureña y contrabajo de Baruffaldi uniendo fuerzas para rellenar el colorido deseado) en una formación filarmónica que sin necesitar historicismos sonó muy bien en todas sus secciones.
Destacar por bien cantados el superventas Lascia de Haendel, esta vez Spina no Pianga, un aclamado Vivaldi Agitata da due venti de «La Griselda«, instrumentalización total sin falta de etiquetar a Lezhneva, de voz vistosa además de virtuosa, primando colorido sobre sentimiento capaz de llegar a todos los registros, pulcritud técnica manteniendo color vocal, para recuperar emociones con Rossini Tanti affetti de «La Donna del Lago«, afectos que cerraron con belcanto el tortuoso camino barroco tras el obligado peaje mozartiano de este esperado concierto sabatino.

Primacía barroca en los regalos: Haendel con «Alessandro», Mozart, R. Broschi y «Artaserse», o Aleluya de Porpora; las velas de cumpleaños entregadas a todos los asistentes sin necesitar encenderse fueron ideales para un concierto que supo dulce, ligero, optimista y cercano como toda fiesta donde la ópera suena celestial, más para melómanos llambiones, carbayones aparte.

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