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La OSPA conecta

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Jueves 19 de mayo, 10:30 y 12:00 horas. Auditorio de Oviedo. Concierdo didáctico «La orquesta se mueve»: OSPA, Rossen Milanov (director). Con la participación de Gustavo del Moral (presentador), las sopranos Sonia de Munck, Elena Ramos, el tenor Julio Morales, con Vaudí y su grupo de percusión brasileña.

Apostar por la música es invertir en futuro, y el maestro Milanov se marcó como primer objetivo nada más llegar a la OSPA acercarla a los públicos del mañana. La primera apuesta ha sido traer a Europa el proyecto Link Up en el Carnegie Hall, del «Weill Music Institute», que él conoce en primera persona. Movilizar a 3.000 alumnos de 9 a 13 años de toda Asturias con sus profesores supone un esfuerzo que ha tenido el apoyo de toda la comunidad educativa, implicándonos desde el primer momento en que se nos comunica este concierto didáctico donde el alumnado participa directamente y no sólo como mero auditor, pasando a formar parte de la historia al ser Asturias y España los pioneros europeos ¡en algo somos los primeros! y pronto nos seguirán, como Navarra.

En febrero nos mandaron a los centros unos excelentes materiales (traducidos al español por Ana Mateo de los originales) para comenzar a preparar este concierto con la OSPA y su titular Milanov desde todos los niveles, aprovechándolo como parte de las clases de música, esas que Wert entiende no como cultura sino entretenimiento. Tendría que enterarse un poco más…

El ambiente que se respiraba antes, durante (llenazo histórico) y después nos deja con la esperanza del trabajo bien hecho. Las sugerencias las haremos llegar, como siempre, a los responsables, con la gerente Ana Mateo a la cabeza sin cuya entrega e implicación con el proyecto no hubiera sido posible esta nueva experiencia.

El repertorio elegido giraba en torno a The Orchestra Moves, «La orquesta se mueve» en el amplio sentido que incluye mover y conmover, pues la música es única y directa para el movimiento interior y realmente «conectó» (Link Up) con todos los asistentes. El músico y pedagogo cántabro Gustavo del Moral fue quien llevó el peso del concierto haciendo ora de animador, ora de batuta doblada, incluso de apuntador en momentos puntuales, siendo también el «link» del concierto.

Thomas Cabannis es el compositor del tema «Ven a tocar» (Come To Play) a tres voces, donde cantamos, tocamos la flauta de pico (recorder en inglés) y nos movimos literalmente, todavía un poco «oxidados» aunque pronto nos desperezaríamos.

Para movimiento el conocido Can-Can de «Orfeo en los infiernos» (Offenbach), bailarinas incluidas que fueron las encargadas de despertarnos a todos, incluyendo al bueno de Gustavo.

«El Danubio Azul» (J. Strauss) en versión cantada y traducida al español (en inglés quedaba un poco mejor) tuvo la participación de las flautas que resonaron en todo el auditorio con la OSPA casi acompañante ante el poderío sonoro del alumnado. Hubo melodías, contestaciones y sobre todo «rubato» que pese a no estar en Austria sino en Asturias, ¡funcionó!.

También ternario pero relajado resultó el Nocturno de «El Sueño de una noche de verano« (Mendelssohn) donde las dos voces de las flautas completaron a una OSPA aterciopelada como si el ejemplo de Morató a la trompa surtiese el efecto deseado. Las ganas del alumnado les hacían adelantarse en un tempo lento, pero escucharse fue la mejor lección y el resultado final resultó de nota para todos.

La alegría operística comenzaba con Mozart y la Obertura de «Las bodas de Fígaro« para batir el récord de velocidad por parte de los músicos «ospenses» ya en plena forma matutina que prepararon el famoso Toreador de «Carmen« (Bizet) donde el tenor Escamillo no tuvo su mejor faena pero que el «apoderado» del Moral capeó con un «doble» coro gigantesco cantando en un francés excelente para su faena de aliño. Cierto que podía haber utilizado el estoque-micrófono como el resto, pero la valentía tiene sus riesgos y el torospa no era un novillo precisamente.

Mi alumnado ya se quedó enamorado de Beethoven con el primer movimiento de la Sinfonía nº 5 en Do m., Op. 67, pero como toda esta joven hornada, lo de estar más de cinco minutos callados no lo tienen muy controlado, y tras el «subidón» anterior no saborearon la «Quinta del sordo» como deberían, y eso que la Orquesta se movió a bien nivel con un diestro Milanov exprimiendo una obra que siempre exige.

En un espectáculo tan americano no podía faltar otro tema de Cabannis, auténtico anfitrión de este programa, que compuso «Lejos vuelo» (Away I fly) donde la participación del alumnado fue coreográfica siguiendo los 8 pasos ideados por Hilary Easton. Era el estreno en Europa y acostumbrados a ensayarla con piano la versión orquestal resultó magnífica.

Y el fin de fiesta trajo el Carnaval de Río al auditorio para hacer de Oviedo «Cidade Maravilhosa» (André Filho), entrando la «batucada por la butacada», y llegando por momentos a tapar la rica orquestación preparada, cantando todos en portugués con un brasileño medio asturiano como Vaudí. La alegría nos contagió a todos como la cuica siempre simpática, y aunque no vimos a la Consejera del ramo por nuestra ubicación, sabemos que bailó como los demás, para volver a clase con una sonrisa más el optimismo y ganas de seguir trabajando en estos proyectos que conectan y enganchan a alumnos y profesores.

Vendrán los tuiters, correos, Facebook y demás vías de intercambio de experiencias, pero sobre todo la ilusión por el siguiente que seguro llegará en la próxima temporada y curso escolar. Gracias al maestro Milanov, a la OSPA y a su gerente Ana Mateo, pero sobre todo

GRACIAS A LOS ALUMNOS DE ASTURIAS

auténticos protagonistas de este jueves.

Alma rusa en Asturias

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Viernes 3 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono 11, OSPA, Lilya Zilberstein (piano), Carlos Miguel Prieto (director). Obras de Shchedrin, Rachmaninov y Prokofiev.
Volvía a la tierra de sus antepasados el director mexicano Carlos Miguel Prieto y traía un concierto totalmente ruso, pianista incluida, conocedor de que parte de nuestra orquesta asturiana tiene mucha de su alma en su país, como los tres compositores elegidos y bien explicado en las «Tres visiones de un concierto» de las notas al programa escritas por Carlos García de la Vega.
El estreno en España del Concierto para orquesta nº 1 «Naughty Limericks» (1963) de Rodion Shchedrin (1932) puso de manifiesto no ya el sentido del humor del pianista casado con la gran Maya Plisetskaya sino toda la herencia de su amigo y maestro Shostakovich, con una orquestación claramente circense y divertida («coplillas gamberras» como bien explica mi amigo neoyorquino John Falcone en el canal OSPA TV, también con mucha alma rusa) que el Maestro Prieto llevó con la misma chispa y energía de una partitura que nos arrancó a todos una sonrisa y trajo a mi memoria momentos cinematográficos.

El momento cumbre de la tarde, que dejará huella en todos los presentes, lo trajo la genial Lilya Zilberstein que ha hecho del Concierto para piano nº 3 en Re m., Op 30 (1909) de Rachmaninov un referente para todo melómano, volviendo a contagiar la magia que solamente el directo es capaz de lograr aunque haya quedado registrado por Radio Clásica para atesorar otro día memorable que el propio compositor seguramente ni se hubiera imaginado. La virtuosa rusa «hace Música» de principio a fin, la fortaleza física y mental que exige «el tercero» no mermó en ningún momento toda la belleza de una partitura que tuvo en la OSPA el complemento perfecto bajo las manos de un Prieto volcado y contagiado de este alma rusa hecha arte sonoro, compositor, partitura e intérpretes.

Como si la lejanía de la tierra amada fuese motivo inspirador (obra contemporánea de La Isla de los Muertos), las enormes proporciones y la factura pianística tan cargada, hacen de este concierto uno de los más peligrosos del repertorio (y de nuevo el cine en el recuerdo: «Shine» basada en la vida del niño prodigio David Helfgott), pero que en la interpretación de Zilberstein parecía fluir con total naturalidad. La han dirigido y acompañado los grandes y Oviedo se ha sumado a esta lista. El Allegro non tanto arranca tranquilo para ir brillando en cada modulación y cada crescendo de piano y orquesta en una auténtica montaña rusa de emociones hasta la cadenza endiablada y poderosa como sólo el propio Sergei era capaz de interpretar. La riqueza tímbrica que consigue la pianista rusa es de embriagar, sumándose una paleta orquestal que logró aún más brillo (¡shine!). El Intermezzo retoma la belleza melódica algo contenida con una orquesta densa pero clara, madura, empastada, pletórica, y las variaciones cristalinas del piano antes del tumulto pianístico que encadena con el «Alla breve» Finale. Ritmos protagónicos en todos los intérpretes bien llevados por un Prieto casi ruso, preciso en el gesto, cómplice de todos más la vitalidad centelleante en cada intervención de piano, solistas y tutti sin poder destacar a nadie por la feliz conjunción. La «colocación Milanov» volvió a conseguir un colorido casi de titanio, reconfortante, armónicos con el piano únicos y ese abrazo de los seis contrabajos que mecieron al «3 de Rach«, creciendo en una vorágine musical donde todo el alma musical de Lilya nos contagió y rompiendo en atronadores aplausos con varias salidas a escena, felices de haber asistido a un concierto único.

La Sinfonía nº 5 en SIbM, Op. 100 (1944) de Prokofiev completaría este trío ruso para la tarde asturiana, obra impregnada del sentimiento de victoria que alcanzó a todos los presentes contagiando ese aliento épico desde la batuta de Prieto en una partitura exigente para una plantilla algo reforzada que la crisis impide mantener fija. Si hace apenas una semana pensaba que el listón estaba alto, hoy han subido un pequeño peldaño más por la entrega y calidad de todas y cada una de las secciones de nuestra orquesta de cabecera en Asturias. Cierto que en la formación el ruso parece dominar y cuando se programa la música que han mamado desde siempre hay una transformación, pero debemos reconocer que el acento de esta tierrina nuestra les ha empapado como el «orbayu», creciendo todos cuando desde el podio se les exige desde el conocimiento. Y como «no hay quinta mala», así resultó la versión, alma rusa llevada por un mexicano de origen asturiano para nuestra orquesta internacional. Un Andante solemne y dulce que se transforma con vigor y sonoridad así como nuevamente el humor para una «batalla sinfónica» que dice Tranchefort en su «Guía de la música sinfónica». El Allegro marcato con ostinados agitados transitaron por cada sección de una orquesta rotunda de dinámicas contundentes y asombrosa seguridad que transmiten las percusiones atinadas. La emoción llegó con el Adagio que recuerda el inicio del «Claro de Luna» de Beethoven para lucimiento de una madera siempre lírica cargada de dramatismo para culminar con los trombones hercúleos contrastando texturas que Prokofiev domina como nadie. Y el Allegro giocoso que parecía cerrar con la alegría de flautas y fagots seguido por clarinetes cual bufones antes de cerrar una evolución de caracter coral donde las imitaciones las marcaba el Maestro Prieto con los guiños del que se sabe a gusto y bien querido. Los metales recordarán que «la grandeza épica no es extraña a los frenesíes de la alegría popular», como este inicio de mayo que nos devolvió el sol y el alma rusa a mi Asturias patria querida.

Lo han puesto difícil

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Viernes 26 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 10, OSPA, Pablo González (director), Obras de Varèse, Carter y Tchaikovsky. Notas al programa de Eduardo G. Salueña (quien impartió una conferencia previa, a las 19:00 horas: La estética del contraste: abstracción, urbanismo y bucolismo en el lenguaje orquestal).

Visto lo visto sigue pareciéndome increíble que obras de casi 100 años sigan provocando malestar en parte del público y de algunos músicos de la orquesta, evidentemente no entre los intérpretes ni un director que arriesga en cada aparición y volvió a pensar qué figura perdimos pero cuánto ganó personalmente. Las Integrales (1924-25) de Varèse creo que sonaron por vez primera en Oviedo este viernes (y Avilés el día antes), lógico porque se suele programar buscando equilibrio entre «lo seguro y lo arriesgado», olvidándose que la única forma de educar en estas composiciones es precisamente escuchándolas más a menudo y la apuesta fue total por no decir «rompedora». El director carbayón llevó a los once músicos por auténticas búsquedas sonoras más allá de los ancenstrales y conservadores conceptos académicos que precisamente Varèse quería romper, pese a titular los tres movimientos como Andantino, Allegro y Lento.

El recientemente fallecido Elliot Carter puede resultar tras Varèse como ver un Kandinsky tras Max Ernst, máxime en esa Suite del ballet «El Minotauro» (1947) que resulta cinematográfica y creíble hasta en el «hilo» argumental. Sin apenas respiro la OSPA fue desgranando lo mejor de esta selección del ballet, Obertura y dos escenas de tres y siete números respectivamente de lo más variados en todos los aspectos musicales, bajo la dirección impecable e implicada del maestro carbayón, volviendo a dar confianza a los músicos que sonaron como una auténtica unidad y donde volvió a destacar el cuarteto de trompas que ya han alcanzado el mismo nivel que sus demás compañeros, con sonoridades envidiables y seguras, siempre con esa tremenda seguridad y color que parece contagia la cuerda. Incluso los timbales parecen haberse «domado» pese a recuperar la posición superior.

Lograr este éxito es labor de todos pero pienso que Pablo González ha transmitido ganas y amor por todo lo que dirige, y esta primera parte volvió a demostrar que la formación asturiana puede con cualquier repertorio sin mermar un ápice la excelencia, siendo cuestión de trabajo y convencimiento.

La Sinfonía nº 1 en Sol m., Op. 13 «Sueños de invierno» (1866) de Tchaikovsky puso tan alto el listón que resulta preocupante pensar en bajar un mínimo esta calidad. Calificativos para estas obras supongo que vienen de análisis concienzudos y comparativos con otras sinfonías (y autores), pero realmente la primera del ruso sonó grande, pletórica, redonda para esta orquesta compacta, de dinámicas apabullantes nunca estridentes, de rubati perfectamente entendidos con la batuta, de claridad lineal dibujada en cada sección y solista con la maestría equiparable de un Courbet. Volver a insistir en el necesario convencimiento más allá de la técnica, en todos exigible y demostrada. Si la recreación de «esta primera» resultó tan increiblemente buena como para intentar convencernos que es lo que gusta a la mayoría, en mi caso corrobora que hay que volcarse con todo lo bueno desde el conocimiento y el esfuerzo.

Si hacía comparaciones entre Ernst (podía haber elegido a Picasso), Kandinsky o Courbet no es cuestión de prioridades sino de ampliar horizontes y gustos. Probablemente cuanta más pintura veamos más nos gustará uno u otro, incluso ¡los tres!, lo malo es que no podamos contemplarla en directo todas las veces que quisiéramos, y menos en Oviedo. No me importa que la primera «tercera obra hoy» sonase pletórica, ahora a esperar todo lo que queda hasta final de temporada.

Delicada rotundidad

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Viernes 19 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono nº 9: OSPA, Alexander Melnikov (piano), Pablo González (director). Obras de Beethoven y Schumann.

Volvía mi tocayo a casa y su presencia al frente de la OSPA parece inhalar nuevos vientos independientemente de las obras que dirija pues consigue de nuestra formación colores siempre nuevos así como una simbiósis que sólo unos pocos logran de los músicos.

Dos autores que nunca pueden faltar en las programaciones para solaz de melómanos y forjando el necesario «corpus» de futuros públicos que con esfuerzo se van ganando en la capital del Principado, Gijón o Avilés, como sedes de los distintos abonos.

La primera parte Beethoven abriendo con Egmont, obertura, Op. 84 (1809-1810) que no por trabajada nos deja indiferentes. Visión clara en su discurso melódico atendiendo cada detalle de ritmo, dinámicas y colorido orquestal con los silencios subrayando la trama y tiempos bien diferenciados para una formación madura que acepta sin discusión interpretaciones rigurosas como la que ofreció el director ovetense. Si la cuerda debe sonar aterciopelada o los vientos arriesgados, así responden, y todos apostaron por el vigor de esta obertura que como escribe Tania Perón Pérez en las notas al programa del número 2 de la revista trimestral (este viernes se repartí el tercero), «esta obra es un claro ejemplo en el que la historia se convierte en leyenda, la leyenda en drama, el drama en música y la música en historia». Maravilloso juego de palabras para la versión que Beethoven hace del drama de Goethe.

El Concierto para piano nº 2 en SIb M, Op 19 (1795) no es de los más escuchados en directo, pero tras la vivencia con el pianista ruso Melnikov, la concertación de González y la respuesta perfecta de la OSPA tendré que estar muy atento a su emisión por Radio Clásica para grabarla y guardarla como referente absoluto. Si hace un par de años con R. Gamba (también en el 9 de abono) titulaba «Y qué pianista» con el nº 2 de Prokofiev, el primer calificativo que me vino esta vez a la cabeza fue «rotundo», porque cada uno de los tres movimientos fue impactante en todo. El sonido del piano empastó como nunca con el de esa formación orquestal un tanto peculiar del alemán, la nitidez expositiva del solista fue prístina tanto en los concertantes como en los solos desde una escritura clásica que consigue una densidad casi inigualable. Los contrabajos sonaron redondos y potentes sin excesos, la madera se convirtió en una extensión, sino ampliación tímbrica, de una piano potente y delicado, más los metales, sobre todo las trompas, completaron unas texturas inverosímiles. Puedo decir que hubo magia sonora y volviendo a Melnikov (merece la pena escucharle en la entrevista previa en YouTube©) su fraseo e implicación desde el Allegro con brio resultaron perfectos por el entendimiento con la orquesta sabiamente llevada por Don Pablo, usando aquí la batuta para mayor claridad visual de todos que supuso una paleta amplísima de dinámicas y tempi prodigiosos. Pero lo que me impactó fue el Adagio, en la tonalidad de MIbM que siempre he mantenido como perfecta para el protagonismo melódico de las 88 teclas, lirismo equiparable a su homónimo del «Emperador» con la frescura juvenil sin complejos del primer concierto que luego resultaría segundo, simbiosis de resonancias en las cuerdas del piano ensambladas con un único color orquestal que crearon ambientes indescriptibles. Si la cadenza del primer movimiento sonó impactante, todo el segundo pareció paradisíaco. Ante este discurso y entendimiento de un diálogo obvio que Pablo González supo moderar como nadie, el Rondó: Molto allegro transmitió desde el virtuosismo intrínseco el futuro genio compositivo que vendría después, nuevo empuje de vigor y limpieza solística arropada por una orquesta unida y sin flecos capaz de lograr una versión de referencia.

El sonido y técnica de Alexander Melnikov lo disfrutamos en su propina, cristalina, sentida y nuevamente rotunda: me pareció entender y recordar desde casa Brahms el «Intermezzo» de su Fantasía Op. 116. El descanso me sirvió para seguir paladeando un pianismo cercano.

La Sinfonía nº 4 en Re m, Op. 120 (Schumann) ya va siendo hora de quitarle el «sambenito», incluso de Mahler, de lo poco orquestador que era Robert en esta revisión de 1851. El titular de la OBC ya comentaba con Fernando Zorita en YouTube la obra, pero su interpretación resultó todavía más clara y contundente superando los balances o densidades camerísticas que bien apunta el director ovetense. Logrando la continuidad de los cinco movimientos apenas interrumpidos por las «toses obligadas» algo menores de lo habitual, consiguió una interpretación no sólo equilibrada sino brillante y delicada. Todo un muestrario de buen gusto al que respondieron todas y cada una de las secciones de nuestra orquesta, el primer y contrastante Ziemlich langsam – Lebhaft, la reposada y emocionante Romanze: Ziemlich langsam, el movido y contagioso Scherzo: Lebhaft, el nuevo contrate del Etwas zurückhaltend – Langsam, y el brioso Lebhaft final, donde el idioma alemán siempre exigente pero «tranquilo» (lento o aún mejor «Langsam») consiguió desde esa concepción la pluralidad de ideas musicales convergentes en un todo compacto y nuevamente rotundo, redondo, magistrales metales otrora fustigados, timbales delicados y presentes, maderas vigorosas y la buena cuerda que en perfecta conjunción dirigida sin batuta por Pablo González sonaron con personalidad propia, identificativa y diferenciadora para una «Cuarta» impactante, reposada, paladeada hasta el último fraseo y sin prisas en el aplauso.

La semana que viene darán otro «giro de tuerca», pero las bases están asentadas en este romántico, delicado y rotundo noveno de abono.

Premio de composición OSPA 2013

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Viernes 12 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Concierto Extraordinario «Concurso Composición OSPA 2013». OSPARossen Milanov (director). Obras de Marcos Fernández Barrero (1984), Hermes Luaces Feito (1975) y Jorge Ortal Grandal (1969).
El jurado estuvo compuesto por el maestro Milanov, director titular de la OSPA, el compositor Jesús Rueda, la musicóloga María Sanhuesa, más dos músicos de la orquesta asturiana: el concertino Alexander Vasiliev y el fagotista Vicente Mascarell.

Tras la presentación a cargo del violinista segundo coprincipal Pedro Ordieres, se celebró el sorteo para el orden de interpretación de las tres obras finalistas, que paso a la difícil tarea de describir la música según las notas tomadas en la primera escucha, algo que no suelo hacer pero dado el carácter de estreno y la posibilidad de votación popular, tuve el humor de ir reflejando mis impresiones según iba escuchando, dándole un poco de forma para hacerlo más legible. Las tres composiciones utilizaron la misma plantilla orquestal con mayor o menor percusión y de duraciones similares (en torno a los 15 minutos y un poco más escuchada en último lugar) siguiendo las bases del concurso.

Diálogos del tiempo y el espacio (2012) del madrileño Hermes Luaces Feito. El arranque me trajo a la mente un estilo de marcha tipo John Williams buscando el arca perdida jugando con metales y percusiones tanto en la rítmica como en los matices, dando paso a una madera sola contrapuesta con los temple-blocks y pizzicati que redondean un ambiente roto por un crescendo retomando el pulso inicial, sincopado, recuerdos Copland, aparición del vibráfono y nuevo giro hacia el reposo añadiendo la cabaça a la percusión con un viento que hace de colchón antes de cierto oleaje creado con flautas y más percusión (bongos, timbales) siempre jugando con amplios y extremos reguladores. El uso de la trompeta con sordina prepara un largo pasaje donde se manejan tímbricas variadas en percusión, apareciendo el triángulo, cuerda fluctuante, disonancias, trémolos, más juegos dinámicos y una técnica de sustracción en el sentido de ir desapareciendo paulatinamente los instrumenots, texturas y dinámicas con notas tenidas. Lo siguiente siempre en pianos un ostinato del vibráfono y las trompas creando acordes fanfarria para recuperar el pulso y dibujos de motivos melódicos «apagados» contrapuestos al rítmico ostinati de la cuerda que tanto le gustaba a Bernstein, tomando protagonismo la caja y el fagot que irán progresando con la figuración en metales y percusión agitados frente a la calma de los oboes capaces de conseguir un «largo color» con el sustento de la cuerda, pianissimi incluso en la percusión y notas tenidas de los metales, vibráfono, cuerda en pizzicato en continuas sumas y restas de efectivos contraponiendo dinámicas bruscas y rítmicas que concluyen en un decrescendo hasta el punto final.

Trabajo de texturas y dinámicas, del tiempo y espacio musicales que preveían en el propio título desde una orquestación actual capaz de ser danzada o utilizada con imágenes. En mi «quiniela» figuraba en segunda posición aunque no obtuvo mención alguna.

Resonancias para orquesta (2012) del catalán Marcos Fernández Barrero. El inicio disonante y con sordina en cuerda, trompetas y trombones sustentando las intervenciones melódicas de oboes salpicados de marimba tejen una línea que engorda con la tuba dentro del clima opaco muy del gusto de Sostakovich, con pinceladas de flauta y oboe más juegos dinámicos que van alcanzando una densidad sonora en crescendo y súbito mf, acentuados ataques unidos a un acelerando progresivo de la cuerda en ritmo ternario marcado, jugando con la tímbrica en metales muy danzante (Bernstein nuevamente flotaba). La cuerda yace cual sustento para una rítmica clara en metales y maderas que mantienen la pulsación hasta un cambio de tempo y aire que alcanzan la zona central de la composición. Sensación de reposo en dinámicas, gotas en el viento y trémolos acelerantes con trompas y reminiscencias del «Dies Irae» con sordina y sforzandos de la cuerda contestados nuevamente por los metales. El puente pseudomelódico se romperá con la irrupción de viento y cuerda, oboes y flautas a los que se suma la marimba para lograr un ambiente cinematográfico de espectación a cargo de una cuerda con textura húngara o rusa para un final inesperado en decrescendo y «pérdida de efectivos instrumentales».

Se nota una apuesta por llevar a la orquesta la sonoridad del piano añadiendo toda la paleta instrumental en cierto modo «camuflada» y protagonismo de la percusión, con recursos variados en un lenguaje o estilo «cercano» a los años 50 del pasado siglo, especialmente la rítmica típica del lenguaje musical. Personalmente fue mi preferida y coincidí con el jurado.

Elementos vitales (2013) del cubano afincado en Vigo Jorge Ortal Grandal (1969). Un crescendo en la percusión al que se suman metales y madera sustentados por notas tenidas en la cuerda desde un compás de amalgama volvía como recurso recurrente al concierto, esa América de Lenny hasta en la textura lograda por la instrumentación donde aparecen campanas, caja, cuerda en ostinato y una especie de «motivo» que lograrán un sonido redondo sin olvidar las dinámicas a partir de unos cellos y trombón dibujando con el palo de agua que se prolonga en trompeta y trompas desembocando en un crescendo de la cuerda muy rítmica en escalas ascendentes y descendentes que generan la sensación de movimiento. Big Bang y posterior Eclosión metálica que figuran como partes y/o «elementos vitales», trueno percusivo y referencias orientalizantes de oboe y flautas seguidos por trompas siempre arropados por la cuerda y «gotas de la cortinilla» con metálicas densidades utilizadas en la banda sonora de «Memorias de África», juego de cuerda y protagonismo de violines segundos y vioas graves tras crescendos y decrescendos en ritmo cuaternario pasando los metales a intercambiar el sustento tímbrico. Una percusión caribeña o africana que firmaría Barry dará al glockenspiel y la tuba su momento de gloria cayendo en un pianisimo que devuelve la densidad sonora. Un mundo de maderas parece llegar con el breve acelerando y crescendo con un aire vivo en melodía bien escrita para la cuerda, con ritmo más marcado y repetido cual malambo por la caja mientras maderas y trompetas en picados y trémolos dan paso a una «cuerda John Williams«, siempre con el cine protagonista y referente. Se nota el oficio del compositor por la cantidad de recursos que pueden parecer facilones pero muy efectivos. Temple-blocks y metales en distintas octavas y registros, apoyados en una cuerda y apariciones rítmicas siempre dobladas por la percusión parecen preparar el Big Crunch, final casi unísono familiar y acelerando rítmico hacia un bloque que bauticé «Lawrence de Arabia» por lo solemne y piano antes de un crescendo donde la percusión romperá esa calma del desierto o incluso la estepa africana, un clarinete sobre los parches al que se suma el oboe y glissandi de trombones, violas, flauta y el efecto sumativo de los metales que parecen tocar las variaciones sobre el «Canon» de Pachelbel cual fuga final, campanas incluidas, en acumulación tímbrica y dinámica tan del gusto de Ravel en su «Bolero» o Williams en «Superman» por la familia de metales. Como si de una caída trágica la marimba y el pizzicato de los cellos retoman el sentido de canon en un Andante solemne y polirrítmico con relámpagos. Más amalgama y combinación de texturas, redobles en platillos, trompetas con sordina y el gong que acabarán en piano inesperado.

Mucho oficio en una obra «pastiche» en el sentido de mezclar de todo un poco, con orquestación académica, redonda y «populista» en el sentido de más melódica, asequible y digerible al oído no muy entrenado que prefiere referencias y puntos de apoyo antes de esforzarse por probar cosas nuevas. No me equivoqué con este comentario al resultar la obra votada por el público.

Destacar la impecable dirección del maestro Milanov y la entrega de todos los profesores de nuestra OSPA que sacaron de las tres obras probablemente más música de la que estaba escrita, aunque la presencia de los compositores en los ensayos supongo que habrá ayudado a perfilar detalles. Parte del público no esperó a conocer el veredicto y tomando las palabras del director búlgaro a la revista Scherzo del mes pasado, «Hay que conseguir que los nuevos públicos se sientan libres». Al menos su apuesta por dar a conocer obras y compositores nuevos ha tenido su fruto, aunque estemos lejos del ambiente norteamericano en el que tanto ha trabajado nuestro titular.

Una vez conocidos los ganadores del jurado y popular, aplaudimos al premiado Marcos Fernández Barrero sobre el escenario y pudimos volver a escuchar Resonancias para orquesta, que se incluirá en la programación de la próxima temporada. La segunda escucha siempre resulta más enriquecedora para todos y así sonó.

Adiós Sir Colin

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Otro grande que se nos va. Este domingo 14 de abril nos dejaba Sir Colin Davis tras 85 años de vida fructífera, una de las grandes batutas del siglo XX que ya ocupaba un lugar en la historia, y maestro, más que profesor, en Londres del director asturiano Pablo González que estará con la OSPA estas dos semanas, al que supongo habrá afectado esta pérdida un poco más que a otros.

Director británico en el amplio sentido del calificativo que va más allá de la nacionalidad en tanto que los músicos, como la propia música, son internacionales y pioneros en algo que actualmente se llama globalidad.

Tengo grabaciones con distintas formaciones, muchas con «su» Sinfónica de Londres, que anunció su muerte, y los críticos profesionales le ponen como experto en Mozart o Berlioz, sin olvidar la ópera donde también ha dejado versiones de referencia, pero los grandes, y Davis lo era, tienen el don de hacer suyo cualquier repertorio.

Muy dentro de mí conservo un concierto inolvidable del que guardo cual reliquia el Programa con su autógrafo: Salzburgo, 1990 con la Filarmónica de Viena ¡un 13 de abril!. Al cambio de entonces el coste 800 schillings (¡18.000 pesetas!) que eran una barbaridad pero lugar, orquesta, director y programa bien lo merecían.

Son recuerdos imperecederos y poder estar en uno de los templos musicales no tenía precio, como rezaba la publicidad de una conocida tarjeta de crédito.

Me marcó para siempre el sonido de la orquesta, el clarinete solista, que era su instrumento y como tantos otros, no fue admitido para estudiar dirección en un principio, pero muy especialmente la Segunda Sinfonía de Brahms que tras el último acorde con un silencio sepulcral y respeto como sólo los germanos saben, rebotó en lo más íntimo, provocando unas lágrimas de emoción que mirando al lado se repetían en la cara de mi Tío Paco que me acompañaba y también recuerda este concierto.

Descanse en paz uno de mis directores de cabecera. Tengo discos, cassetes, vídeos, cedés, DVDs, pero sobre todo MIS RECUERDOS.

Dejo aquí también el homenaje a Britten con quien ya comparte escenario eterno:

Marcos Fernández Barrero, Premio OSPA

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Este viernes 12 de abril tuvo lugar el Concierto Extraordinario «Concurso Composición OSPA 2013» con Rossen Milanov al frente. Marcos Fernández Barrero (1984), en el centro de la foto, fue el ganador con la obra Resonancias para orquesta (2012) mientras Jorge Ortal Grandal (1969), a la izquierda, con Elementos vitales (2013) se llevó el premio del público que votó tras escuchar las tres obras finalistas, siendo Diálogos del tiempo y el espacio (2012) de Hermes Luaces Feito (1975) la que completaba terna.

OSPA TV entrevista a los tres compositores finalistas

El jurado estuvo compuesto por el maestro Milanov, director titular de la OSPA, el compositor Jesús Rueda, la musicóloga María Sanhuesa, más dos músicos de la orquesta asturiana: el concertino Alexander Vasiliev y el fagotista Vicente Mascarell.

Aunque le dedicaré una entrada más extensa, las tres obras finalistas utilizaron la misma plantilla orquestal con mayor o menor percusión y de duraciones similares (en torno a los 15 minutos y un poco más la preferida del público) siguiendo las bases del concurso.

La obra ganadora para los expertos, Resonancias para orquesta, me resultó «cercana» a los años 50 del pasado siglo con juegos de texturas, dinámicas, cambios de tempo y pinceladas o guiños de Shostakovich a Bernstein en rítmicas de lenguaje musical muy cinematográfico sin olvidar una percusión que parece casi imprescindible en todo autor contemporáneo.

El voto popular optó por Elementos vitales, mucho oficio del cubano afincado en Vigo que construye una obra «pastiche» en el sentido de mezclar de todo un poco, ritmos caribeños, compases de amalgama, John Barry, Maurice Jarre, «Lawrence de Arabia» y «Memorias de África» sin olvidar unas variaciones canónicas Pachelbel o el «Superman» de John Williams, con orquestación académica, redonda y «populista» en el sentido de más melódica, asequible y digerible al oído no muy entrenado que prefiere referencias y puntos de apoyo antes de esforzarse por probar cosas nuevas.

De la tercera en liza, como de las anteriores, espero comentar más detalladamente cada una de ellas. Quede aquí la reseña rápida y a vuelatecla recién llegado a casa.

Creación eterna

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Viernes 22 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario de Semana Santa: OSPA, Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban García Miranda), William Berger (barítono), Topi Lehtippu (tenor), Eleanor Dennis (soprano). Director: Benjamin Bayl: La Creación, Hob. XXI/2 (Franz Joseph Haydn).

Como filosofía de vida puede resultar paradójico hablar de muerte y después creación en un devenir donde la materia ni se crea ni se destruye, se transforma. Música coral donde la palabra (todo un detalle regalar el libreto bilingüe) se recrea, subraya, describe, emociona y transciende. Independientemente del significado que esta obra tenga para mí (se cantó «el dúo» en mi boda), el oratorio La Creación casi siempre es placentero escucharlo, y más cuando confluye todo para lograr un resultado excelente en directo, siempre irrepetible:

  • El Coro de la FPA afrontó con equilibrio, seguridad, decisión, empaste, afinación y convencimiento una composición exigente para todas las voces, que pese a encontrarse con un auditorio medio lleno, dieron lo mejor de ellos. Están en plena forma y como dicen los entrenadores, llegando al pico de rendimiento, pues la fuga final resultó sobresaliente.
  • Los solistas en conjunto resultaron como suele decirse aseados, y utilizando el lenguaje coloquial paso a describirlos: un alto «tenorín» australiano (de origen finlandés) de precioso color vocal aunque algo escaso de volumen para el plantamiento global, una soprano escocesa rubia como la cerveza brillante en todos los sentidos, y especialmente el barítono «roxu» que destacó entre ellos no ya por su color sino por la expresividad en cada una de sus apariciones como Rafael o Adán, narrando o actuando para enamorar a Eva. Las combinaciones que Haydn hace en su oratorio dan mucho juego para disfrutar de recitativos con un pianoforte inusualmente utilizado, arias, dúos y tríos, solos o con el coro, de ahí mi clasificación de menos a más. No me olvido de la mezzo del coro Carmen Luz que participó completando el cuarteto final con sus compañeros.
  • La orquesta plenamente asentada, con calidad desbordante en todas sus secciones que se adapta como un guante a las exigencias de cada director, sabedora de su capacidad para cumplir sobradamente y todavía más en el Clasicismo, siendo el director quien marque las diferencias, contando con Jorge Jiménez como concertino invitado para la ocasión.
  • Y como responsable total el también australiano (que no aunque parecido a asturiano) Maestro Bayl, que volvía de nuevo a Oviedo, tras un Mesías y otro Haydn que en su momento me emocionó así como la última Agrippina, se puede decir que con mando en plaza y con quien los intérpretes locales se sienten realmente cómodos aunque les exprima al máximo para lograr resultados como el del concierto fuera de abono que dió un paso más.

Rafael Banús titula sus notas al programa «Del caos a la luz» que entronca muy bien con mi reflexión inicial de muerte y vida, progresión a lo largo de la obra con tres partes perfectamente estructuradas, «recuperando, a la manera de las Pasiones, la idea de una “pequeña ópera espiritual”, en la que se alternaran los pasajes de las Santas Escrituras con otros líricos y contemplativos, propios del teatro dramático«, con todas las reminiscencias luteranas, anglicanas y hasta mozartianas que queramos, pues de muchas fuentes bebió «Papá Haydn» para este oratorio, que supone seguir ampliando repertorio para el tradicional concierto antes de la Semana Santa, pues no sólo de Bach vivimos los melómanos. Volviendo a las notas de Banús en cita del propio Haydn, “La Creación de Dios ha sido siempre considerada como la obra más noble, la más capaz de inspirar respeto al hombre que la contemple. Componer un acompañamiento musical adecuado a esta gran obra no puede tener otros efectos que intensificar el sentimiento de respeto en el corazón de los hombres y volverles más sensibles hacia la bondad del todopoderoso Creador. ¿Cómo podría ser todo esto irrespetuoso con la Iglesia?”, cerrando el círculo Catedral – Auditorio con la palabra hecha música y ésta Arte. Un concierto redondo del que disfruté como lo hicieron el jueves en el Jovellanos de Gijón… ¡o un poco más!, dando la enhorabuena a Benjamin Bayl como cabeza visible.

Este viernes, además de llorar con «Lágrimas Negras» la muerte de Bebo Valdés, de empatar «la Roja» contra Finlandia (que vuelve a aparecer en esta entrada) también había en Avilés concierto de órgano con mi querido Fernando Álvarez Menéndez dentro de la XXXVI Semana de Música Religiosa, pero humano es carecer de la ubicuidad. De mis próximos conciertos informaré como pueda, vía teléfono, tableta o incluso Twitter©, que la tecnología nunca está reñida con los sentimientos…

Noche completa y vienesa

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Viernes 15 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono 8: OSPA, Matthias Bamert (director). Obras de Schönberg, Mozart y Schubert.
Tres obras de tres compositores con Viena como nexo común y un programa tal vez «obligado por la crisis» pero al que no podemos poner pegas.

La Noche transfigurada, Op. 4 -revisión 1943- (Schönberg) es un auténtico examen para cualquier cuerda orquestal y la de la OSPA volvió a sacar sobresaliente bajo una batuta experta como la del Maestro Bamert, de gesto contenido pero preciso y conocedor de esta Verklärte Nach originalmente para sexteto de cuerdas que además consiguió esa sonoridad camerística para la sección estrella de nuestra formación. Hacía tiempo que no escuchaba con tanta limpieza y vigor los arcos, en general todos los recursos que la obra exige, brillando solistas y conjunto en una lectura clara de la partitura. Emociones contenidas y muestrario anímico hecho música a partir de un texto de Dehmel que recuerda muy bien el maestro Rogelio Álvarez Meneses en las excelentes notas al programa (número 02 de la revista trimestral de la OSPA) que incluyo como enlace en los autores del inicio. Obra aún tonal pero expresionista por lo que a «expresión de sentimientos» concierne, personalmente lo mejor del concierto, con los músicos en total empatía.

Con el trasiego necesario en escena para la siguientre obra, enmarcada en la llamada «Harmoniemusik» (de la que nos habló Rogelio Álvarez en la conferencia previa) y finalmente el descanso que no sabíamos si vendría aquí, apareció el octeto de viento que podemos contemplar en las fotos, con el maestro suizo al frente, personalmente innecesario por la formación camerística pero igualmente artífice del excelente resultado de esta Serenata nº 12 en Do m., KV. 388 (Mozart), como espoleados por la «transfiguración» anterior y demostrando nuevamente el nivel de excelencia también en la sección de viento asturiana: Ferriol y Romero, Mascarell y Falcone, Andreas y Daniel, Morató y Rosado fueron desgranando los cuatro movimientos escritos con la maestría, dificultad y precisión del genio de Salzburgo, y un Bamert sin batuta mimándolos cual coro de cámara, empastes de cañas dobles, muestrario de combinaciones de cuatro a dos, con las trompas ensambladas como una -puntualmente algo fuertes- y clarinetes buscando equipararse a los oboes en presencia, todo un juego de excelencia donde el peso recayó en Juan Ferriol que sigue asombrando por su excelencia en todas sus intervenciones. Una maravilla mozartiana descubierta por muchos aficionados y colocada entre Arnold y el bueno de Franz, aunque la música de cámara con los solistas de la OSPA debería estar en otra programación.

La Sinfonía nº 8 en Si m., D. 759 «Incompleta» (Schubert) nos devolvió la orquesta casi al completo y recuperando la «colocación vienesa» que sigue funcionando a la perfección, sobre todo en este repertorio. Si las dos obras anteriores parecieron «calentamiento» para el tutti, la interpretación que Matthias Bamert hizo de esta sinfonía en dos movimientos hizo brotar todo lo anteriormente sembrado. «Intensidad e introspección» escribe Álvarez Meneses de esta obra polémica sobre su planteamiento, inconcluso o así pensado, resultó más que suficiente para disfrutar del conocido Allegro moderato con la entrada en graves envolviendo todo y el juego orquestal posterior, y sobre todo paladear el Andante con moto, «La apoteosis del amor» cerrando sentimientos presentados en la primera parte. No tiene final buscando el «aplauso fácil», tal vez interrogante buscada en esta «noche transfigurada» pero amorosa y menguada solamente en efectivos, que no en calidad. Sonoridades claras, contrastes en su medida, volúmenes ajustados, conocimiento y convencimiento para un compositor que nunca cansa al descubrir algo nuevo si hay química entre todos.
El próximo viernes tendremos el concierto extraordinario de Semana Santa con La Creación de Haydn donde recuperaremos orquesta, Coro de la FPA y la vuelta de Benjamin Bayl, pero todo a su tiempo…

Brandhofer y So

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Viernes 22 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 7, OSPA, Christian Brandhofer (trombón), Perry So (director). Obras de Mozart, Salvador Brotons y Sibelius.

Dos protagonistas en el séptimo de abono de nuestra orquesta: el maestro So que volvía al podio como un soplo de frescura, juventud y buen hacer, más el trombonista principal que daba el paso adelante como solista en una obra capaz de sacar de su instrumento colores y sonidos inimaginables.

La disposición vienesa se mantiene desde el anterior y el concierto lo abría la Sinfonía nº 29 en LA M., K. 201 / 186a (Mozart), plantilla y colocación «ad hoc» para esta obra de juventud donde el viento reducido a dos trompas y dos oboes que funcionaron como nos tienen acostumbrados, se impusieron a una cuerda que pudo implicarse más en esta hermosa y juvenil sinfonía, pues había motivos para el lucimiento con los tempi elegidos por el director de Hong Kong, echando de menos más claridad en los fraseos aunque se lograsen buenas dinámicas, «belleza en la sencillez» siempre traicionera. El Allegro moderato contagió la vitalidad de la batuta, mientras el Andante dejó momentos en el viento realmente hermosos y una cuerda dulce. El Minuetto devolvió la homogeneidad deseada en cuanto a la visión de conjunto, para rematar «in crescendo» el Allegro con spirito resultando como apuntaba el mismo viernes una OSPAterapia que sube el ánimo y perdona detalles mejorables aunque para muchos impercetibles.

Salvador Brotons es un director y compositor catalán del que habló Israel López Estelche en la conferencia previa («Nuevas líneas compositivas en la música española de finales del siglo XX») y autor de las notas al programa que están enlazadas en los nombres de los compositores. De su primera faceta tengo el gusto de haberle escuchado dirigir a Carmen Yepes con la Sinfónica de Vancouver, aunque la segunda, amplia y variada, tengo que conformarme con la web.

Conocedor de la materia orquestal como nadie, más aún con las bandas de música -de las que habría mucho que escribir-, alumno de Montsalvatge pero sin etiquetas por el lenguaje utilizado («amable» decía el compositor y musicólogo afincado en Oviedo), su Concierto para trombón Op. 70 (1995) explora en sus cinco movimientos sin pausa todo un universo sonoro no ya melódico -del que hay mucho- sino de búsqueda de timbres y registros únicos, juegos de sordinas capaces de lograr trampantojos sonoros en el color y expresividades extremas que requieren del solista todo el virtuosismo posible (dobles notas, trinos, frullatos, glissandos…). Christian Brandhofer se lució desde el Furioso inicial al Presto brillante final, bien concertado por So y sus compañeros que esta vez lo dieron todo para conseguir juntos una interpretación de lujo para este concierto de nuestro tiempo con mucho regusto yanqui.

Y si alguien comentaba lo cercano que estuvo a la voz humana, nada mejor que regalar la asturianada «Si quieres que te cortexe» donde el trombón habló y cantó una melodía que corre por las venas de muchos, incluyendo a nuestro Christian de Noreña. Enhorabuena por alcanzar la excelencia con Brotons.

Suelo escribir que «No hay quinta mala» y la Sinfonía nº 5 en MI b M, Op. 82 de Sibelius es una de ellas. Exigente para todos en sus tres movimientos, Perry So buscó ahondar en la complejidad tanto de dinámicas como de texturas con una labor de orfebre, detallista, mandando con gesto claro y preciso, obteniendo buena respuesta de los músicos. La interpretación fue de menos a más, con un saber hacer del director que contagia su espíritu, siendo el Allegro molto – Misterioso como lo más destacable por lo que supuso de desentrañar pasiones hechas música en una orquestación exigente que va aumentando la tensión hasta los seis acordes finales donde el silencio entre ellos lo pudimos escuchar… nueva «OSPAterapia» que casi adquirió tintes de «OSPAempatía» para un público que esta vez no respondió como en el anterior concierto. Supongo que el frío a ciertas edades deja al personal en casa.

Queda temporada por delante aunque la orquesta se vuelva Guadiana, primero por la temporada de ópera y este próximo fin de semana su participación en «Musika Musica» de Bilbao, pero la colocación elegida por el titular Milanov pienso dará muchas alegrías siempre que los músicos de nuestra formación se impliquen al cien por cien en todas las obras, algo que reconozco difícil pero no imposible. Si en el anterior les exigía excelencia porque calidad hay suficiente, en este concierto la alcanzaron por momentos.

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