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Sin mano izquierda

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Viernes 8 de noviembre, 20:00 horas. OSPA, abono 2: «Una patria sin fronteras», Virginia Martínez (directora). Obras de Verdi, Wagner, Smetana y Dvorak.

En la variación está el gusto y así se presentaba el programa, sin faltar el homenaje a los bicentenarios, una «rareza» poco escuchada en vivo y una sinfonía potente que la OSPA ya ha interpretado en este mismo escenario. Volvía como directora invitada la murciana Virginia Martínez, trabajadora incansable que traía todas las obras memorizadas aunque con distinta respuesta por parte de los profesores, en una pugna donde todos perdimos.

Faltó más implicación por parte de ambas partes porque no es suficiente con el gesto claro si no hay respuesta, mayor precisión de la demostrada por todas las familias, sobre todo en la sinfonía que recordé dirigida por Mr. Griffiths como muchísimo más redonda y rotunda, más el siempre necesario plus de «tener mano izquierda» en el amplio sentido de la palabra. No hubo balances dinámicos adecuados, los tempi resultaron un tanto sosos, y sólo la belleza de las obras salió indemne, así como las intervenciones solistas que siempre son seguras aunque no necesariamente entregadas, tal vez contagiándose del repentino frío tras unos días de «veranillo».

La idea de abrir velada con la Obertura de Nabuco (Verdi) era buena de interpretarse con criterios musicales más claros, pero la orquesta me sonó a banda sinfónica hasta para el esbozado «Va pensiero» que aparece en este mal homenaje verdiano.

El Idilio de Sigfrido, Wwv 103 (Wagner) tiene todos los ingredientes para disfrutarse al contar con una cuerda sobresaliente desde hace años y la plantilla idónea para completar una página bellísima que se quedó en escarceo amoroso, nueva decepción para este segundo bicentenario.

La venganza de Šárka (Smetana) sirvió para enmendar la plana por todas las partes, el auténtico primer plato tras los sosos entremeses previos, obra poco escuchada pese a estar incluida en «Mi patria» por no programarse completa sino algún número suelto de los seis de que consta. La dirección de la maestra Martínez fue más convincente y guerrera, fogosa como el violento inicio, siguiendo el hilo literario previo que refleja muy bien mi colega Ramón Avello en las notas al programa. Tanto las distintas intervenciones solísticas como el tutti parecieron contagiarse del ardor y dar lo mejor de la sesión para una obra realmente hermosa.

El plato fuerte quedó fuera de punto, diría que crudo, demasiado «lineal» y falto de carisma, un tira y afloja para la Sinfonía nº 8 en sol mayor, op. 88 (Dvořák) de la que esta orquesta nuestra nos ha dejado en el auditorio una interpretación a años luz de la dirigida por el maestro Griffiths, adorada por el que suscribe, grabada de la radio digital y subida al portal goear© para disfrutarla en su totalidad. El Allegro con brio no colmó las expectativas, masa sonora sin definir las líneas melódicas salvo las ya escritas en la partitura, el Adagio siempre conmovedor sólo degustado a medias por momentos que apenas se mantenían, el Allegreto grazioso un pequeño guiño cual sonrisa educada, y el Allegro, ma non troppo un poco más sentido como si atisbar el final del concierto diese un toque de viveza y chispa del que careció el resto de la sinfonía pero sin el regusto vienés del compás ternario. Desajustes inesperados en cambios de ritmo, indecisiones y hasta entradas a destiempo quedaron por el camino.

La directora murciana y la orquesta asturiana volvieron a darme la sensación de una relación imposible donde todos perdimos la posibilidad de un concierto variado pero sin gusto. La patria sin fronteras que debería ser la música se quedó en otro ideal. Lástima que el trabajo duro no tuviera la recompensa esperada, al menos por mi parte.

Y mucha incomprensión

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Jueves 31 de octubre, 20:00 horas. Concierto Social, Historia de un soldado (Stravinsky). Siete instrumentistas de la OSPA, internas del Módulo 10 del Centro Penitenciario de Villabona, Gustavo Moral (dirección de escena), Óliver Díaz (dirección musical). Entrada gratuita con invitación.

La OSPA se está abriendo a la sociedad asturiana y con el ciclo «Música y guerra. Una historia de superación» la realidad se trasladó a la cárcel asturiana el miércoles para devolver a las reclusas del módulo 10 un poco de libertad haciéndolas partícipes y coprotagonistas con un septeto de la OSPA formado por Héctor Corpus (violín), Joshua Kuhl (contrabajo), Christian Brandhofer (trombón), John Falcone (fagot), Andreas Weisgerber (clarinete), Maarten van Weverwijk (corneta) y Rafael Casanova (percusión) con la dirección del maestro Díaz, de una historia atemporal, todo un espectáculo ideado por el musicólogo, profesor y animador Gustavo Moral con textos actualizados al castellano del original en francés del suizo Charles F. Ramuz encargado y utilizado por Stravinsky para esta historia, así como la puesta en escena sencilla que pudimos ver proyectada en la pantalla gigante al día siguiente, dado que sólo pudieron acudir las tres narradoras por cuestiones obvias.

Agradecer el esfuerzo por editar el vídeo de los ensayos y la actuación del día antes en el salón de la propia cárcel para comprender en su totalidad esta genial idea de llevar la música a todas partes sintiéndola en primera persona y compartirla en el auditorio ovetense. Me gustaría abrir la mente, o al menos hacer pensar, a parte de un público indignado (y creo algo ignorante) por esta Histoire du Soldat, un espectáculo donde la calidad musical increíble del septeto es cierto que no fue pareja a la narración, olvidando que se trataba de un concierto social, labor que seguramente desconocen y pensaban estar ante una interpretación como la de 1962 que atesoro en CD con el gran Peter Ustinov o Jean Cocteau como diablo y lector junto al soldado y la princesa, dirigidos por Igor Markevitch al frente de unos músicos que puedo decir con seguridad, mejoraron los «siete magníficos de la OSPA», uniendo la calidez y calidad humana que no tienen comparativa alguna.

El esfuerzo de las tres narradoras fue enorme, nervios lógicos ante un auditorio lleno que siempre impone, y la experiencia indescriptible para todos. Actualizar el texto a un español cercano comenzando con el guiño asturiano «Desde Mieres a Avilés, un soldado va a su hogar…» supone la premisa de la propia historia como bien escribe Gustavo en las notas al programa: «(…) nace desde el ahorro y con la intención de ser asequible a cualquier espectador, sin olvidarse de los habitantes de los pueblos más humildes (…) pieza para ser «leída, tocada y bailada» (…) con un narrador que es la pieza angular de toda la obra (…) como un poema sinfónico pero como poema explícito y sin orquesta sinfónica».

Historia en dos partes y nueve números musicales, tres escenas con soldado, diablo y lector femeninas dando lo mejor de ellas y  la música maestra de Stravinsky con todo tipo de influencias para una formación pensada hasta en su disposición, con momentos realmente mágicos bien llevados por Óliver Díaz para una pieza atemporal y tristemente vigente porque mientras hay guerra también tendremos soldados con sus historias, alternancia de momentos de alegría y tristeza como la vida misma hechos música y palabra, en la cárcel y en el auditorio, pactos con el diablo y final moralizante: «No se puede tener lo de hoy y lo de ayer, no se puede a la vez ser quien se ha sido y quien se es. Hay que escoger. La felicidad ha de ser una. No puedes tener el sol… y la luna a la vez».

Cada vez que sonaba la Marche du soldat era una delicia, y sobre todo momentos álgidos como el pequeño, después gran coral que resultaron de un lirismo y delicadeza a cargo de los músicos de nuestra orquesta capaces de emocionar y acallar a un público más respetuoso que en otros conciertos. La Marche triomphale du diable supuso el colofón perfecto para un final real como los tiempos que corren, victoria del mal sobre el bien obligados a pactar por una vida donde la riqueza no es nada.

Al menos me queda lo espiritual, lo inmaterial, el placer de seguir disfrutando de la música, y mi felicidad fue la de un último día de octubre escogiendo un concierto que me deja la alegría artística con el regusto argumental, real para otra historia de superación, con pena por seguir comprobando que todavía existe mucha incomprensión… incluso para la obra de Stravinsky noventa y cinco años después de su estreno.

Ensayando Wagner para el anual

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Miércoles 23 de octubre, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo, Ensayo general del XXII Concierto Premios Príncipe de Asturias: Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (maestro de coro: José Esteban García Miranda), director: Jonas Alber. Obras de Wagner. Entrada gratuita con invitación previa.

Otro año más que la FPA prepara el «concierto de los premios» aunque los recortes también se han notado teniendo que tirar de lo de casa, salvo el maestro alemán invitado y conocido como «mago del sonido» tal y como pudimos comprobar en este ensayo, con todo lo que supone, aunque hubiese algún despistado a mi alrededor que no entendía la razón de repetir pasajes o las explicaciones que la soprano del coro Rosa Álvarez traducía para sus compañeros.

Estamos aún en el año del 200 aniversario del nacimiento de Richard Wagner y el programa buscó páginas conocidas para el gran público, no necesariamente wagneriano, de coros y preludios, con una orquesta algo reforzada para el homenajeado aunque todavía corta en cuerda (y así nos quedaremos a la vista de la tijera cultural), y un coro con mayoría de voces blancas sobre graves, y éstas a medio gas, supongo que guardando fuerzas para el concierto, porque el programa es realmente duro.

Además del protocolo obligado con los respectivos himnos de España y Asturias que abren y cierran concierto, la obertura de Tannhäuser pareció algo adormecida, aunque el director alemán se encargaría de limar detalles. El Coro de caballeros y damas «Freudig begrüssen wir die edle Halle» puso en pie a una agrupación vocal algo descompensada, afinada, con buena pronunciación pero dubitativa en alguna entrada, inseguro aún más en el Coro de los viejos peregrinos del acto III «Beglückt darf nun dich, o Heimat» que sacó a flote esa carencia de efectivos para un coro que requeriría casi el doble, y no era cuestión de aumentar volumen, menos aún en un ensayo. El efecto de colocar tres trompetas en un palco hizo desencajar ligeramente las entradas, aunque al repetir el pasaje resultó mucho mejor.

De Lohengrin escuchamos el Preludio del acto I que nos devolvió nuestra cuerda de primera bien respaldada por el resto de familias, tal vez planos en presencia pero inmensos en dinámicas, corrigiendo detalles de planos y fraseos el maestro Alber. La conocida marcha nupcial del tercer acto «Treulich geführt ziehet dahin» pareció más cómoda de lo que realmente es, con las voces blancas seguras y de emisión perfecta, luminosas y a la vez etéreas (como recuerda las notas del programa de este miércoles, supongo que de María Sanhuesa como las notas del programa «oficial») así como la orquesta en su nivel habitual de calidad, metales presentes y poderosos sin exageraciones, calidad aún mayor en el Preludio que va antes de la marcha que aquí se programó después, lo que no entiendo mucho porque finaliza precisamente cuando aparece la melodía más famosa de Wagner.

Y para cerrar este pequeño gran muestrario wagneriano Los maestros cantores de Nüremberg con el preludio que la orquesta asturiana ejecutó con más convicción, más apropiado para abrir concierto que cerrarlo,  y los coros del acto III, escena quinta «Wach auf, es nahet gen den Tag» realmente exigentes, y el final «Ehrt eure deutschen Meister«, cual himnos no ya de homenaje al compositor sino al «arte de los maestros cantores y el valor de las tradiciones», siendo los conciertos de la fundación una más dentro de la vida musical asturiana.

Interesante ensayo para desenredar la madeja del programa, que tan solo sirve para sacar ideas generales y ver cómo trabaja el maestro Alber con nuestra orquesta y coro en el siempre difícil Wagner. Espero con más ganas el War Requiem de Britten también centenario, con los mismos músicos de hoy más distintos solistas y el titular Milanov al frente. Será el 22 de noviembre.

La belleza del dolor

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Viernes 11 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono 1: OSPA, Adolfo Gutiérrez Arenas (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Marcos Fernández Barrero, Shostakovich y Rachmaninov.

Ya tenía ganas de retomar el pulso de nuestra orquesta tras el rodaje en foso más el extraordinario Réquiem de Verdi en Covadonga, con el estreno de la temporada regular que llevaba por título «Rusia esencial» aunque bien podríamos rebautizarlo como «OSPA esencial» al unirse intenciones cual guía o catálogo de intenciones, a saber:

El titular Milanov, un solista invitado de calidad que además «es de casa», más un programa donde conviven obras de nuestro tiempo, los grandes e imprescindibles conciertos más el atemporal mundo sinfónico, habitual para redondear una larga, emotiva y dura jornada que conjuga situaciones personales dolorosas pero donde siempre aflora la belleza, el arte hecho música desde la profundidad interior.

Escuchaba por tercera vez Resonancias para orquesta (2012) de Marcos Fernández Barrero, obra ganadora del Concurso de Composición OSPA 2013, siempre necesario el poso para degustar, y no me defraudó tras leer mis anotaciones del estreno y las notas del programa, donde pudimos repetir y llegar ahora como el refrán «a la tercera va la vencida». Si la obra en su momento era merecedora del premio, hoy se me quedó pequeña al escucharla entre gigantes e incluso descontextualizada dentro del título programado por no ser «rusa» (aunque en mi primera audición me recordase a Shostakovich) pero sí «esencial» en cuanto al aroma o esencia figurando dentro de la «normalidad» que supone aparecer entre dos obras maestras. Supongo que el compositor catalán con orígenes asturianos, nuevamente en la sala, disfrutó más que nadie de esta (re)interpretación que la OSPA hizo grande, pues esta temporada 2013-14 podremos llamarla como de plena madurez para la formación, así como del asentamiento de Milanov en la titularidad, con ideas siempre claras desde su toma de posesión, manteniendo la colocación vienesa que nos dará muchas alegrías a lo largo del curso musical y con algunos fichajes que no pasarán desapercibidos. Podría decir que la obra de Fernández Barrero no desentonó en absoluto dentro de la globalidad dolorosa por emociones, texturas y climas otoñales como el asturiano que esas resonancias pudieron reflejar.

Mi admirado cellista Adolfo Gutiérrez Arenas volvía a «nuestro» Oviedo con otra cima interpretativa tras sus anteriores «ochomiles» y en compañía de auténticos amigos para esta nueva aventura sinfónica: el Concierto para violonchelo nº1 en mi bemol mayor, Op. 107 (1959) de Dmitri Shostakovich. Si su Saint-Saëns con Dutoit no le pude equiparar al intimismo con Judith Jáuregui, una delicadeza inolvidable, al menos volvía en «la cordada» con esta orquesta que camina a su paso como con Elgar, auténtico Everest solístico lleno de hondura y sombras, el Shostakovich más duro y terrible donde no existe atisbo de luz en ninguno de sus movimientos pero que Adolfo G. Arenas hizo bello de inicio a fin, bien concertado por un Milanov atento y condolente para compartir sufrimiento hecho arte desde todas las secciones orquestales aunque la trompa del maestro Morató influyó y mucho en embellecer el dolor. La incuestionable levedad del ser del Allegretto, la profundidad del Moderato, la soledad de la Candeza que robó hasta el silencio de un público perezoso en respirar por no asifixiarse, y la cima del abismo del Allegro con moto que sacude hasta el último aliento. El bello dolor existencial sin autocomplacencia ni sadismos, no hay placer sin él, dos caras de la misma moneda que Shostakovich explora y explota en un cello humano e individual con la orquesta reflejo global y coral, dolor compartido que parece menor en sufrimiento y mayor en belleza. Indescriptible esa ascensión al abismo que aún subió muchos metros con ese lento como marcha fúnebre de la Suite nº 3, op. 87 para cello sólo de Britten, «ethos y pathos» desde la admiración y recuerdo del centenario del británico pero también a Rostropovich y Shostakovich, placeres dolorosos o viceversa desde la belleza magistral del arte musical en la vivencia compartida por Adolfo Gutiérrez Arenas, inconmensurable.

Tras coger aire al descanso por la angustia antes vivida, la Sinfonía nº 2 en mi menor, Op. 27 de Rachmaninov supuso un remanso de tensión interior pese a recoger emociones del compositor ruso ya musicalizadas en otras obras, angustias amorosas que siempre me parecieron en el segundo de piano donde la cuerda tiene el mismo toque lírico que en esta segunda sinfonía. Madurez orquestal y claridad expositiva de un Milanov que con su peculiar estilo va sonsacando colores para un lienzo total lleno de luz sin perder el tenebrismo que parecía flotar en este viernes otoñal asturiano inigualable por los perfiles claros, delineados sin brumas, emociones de belleza anhelada e inaprensible tras el lúcido y luminoso verano. Fortaleza orquestal en el Allegro molto puramente «rachmaninoviano» (¡vaya calificativo!), el Adagio que puede traducir a música la difícil descripción del título (belleza del dolor) con una formación perfectamente ensamblada y confiada, gustándose melódicamente una cuerda con nombre propio, para en el Allegro vivace remontar la cima con paso firme, ágil sin tropezones, y contemplar desde arriba ese paisaje único, ascenso seguro, controlado pero desfondados tras un esfuerzo que sólo tiene la recompensa de una belleza dolorosa. Interpretación y satisfacción, así sentí este arranque de temporada que solamente acaba de comenzar.

Sinfónico reinvindicativo

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Lunes 23 de septiembre, 19:00 horas. Plaza de la Gesta, Oviedo: Concierto Simultáneo. Organiza AMPOS (asociación de músicos profesionales de orquestas sinfónicas). Músicos de la OSPA y Oviedo Filarmonía, Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Rossini, Mozart, G. Giménez, Luis Cobos y Benito Lauret.

Con una plaza llena en tarde de calor veraniego y humano pese al recién estrenado otoño que esperemos no resulte premonitorio, Oviedo capital musical de la que hace gala desde muchas décadas, también se sumó a esta reivindicación que es un clamor a la vista de la podadora que los gobernantes usan sin miramientos y mucha incultura amén de soberbia.

Las dos orquestas asturianas de mayor solera bajo la dirección del maestro Sánchez Velasco se hicieron escuchar con lo que saben, con La Música para todos, unidos en esta queja que no parará. No más recortes culturales ni educativos, todos queremos que la música ocupe el lugar que una sociedad como la nuestra se merece, música en la formación de melómanos, aficionados y profesionales, orquestas públicas que además de dar trabajo ofrecen su magisterio a toda la sociedad. Quitemos la venda de la ignorancia a unos políticos que sólo miran de otros países «de nuestro entorno» lo pasajero olvidando lo que realmente perdura.

Francisco Revert tomó la palabra haciendo la presentación de rigor, con multitud de agradecimientos y comenzar a las siete de la tarde este «concierto simultáneo» con la obertura de La Gazza Ladra (Rossini), una forma de llamar ladrones inteligentemente a los responsables de los desaguisados culturales que padecemos. El primer movimiento (Molto Allegro) de la Sinfonía 40 en sol menor, KV 550 de Mozart reflejó la grandeza musical y el enorme esfuerzo que requiere su interpretación para que el público disfrute, mientras los dirigentes políticos creen que no dar conciertos una vez finalizada la temporada les permite hacer contratos temporales, desconocimiento total de la profesión de músico cuyo horario es permanente y en vacaciones también se trabaja.

Jorge Martínez «Ilegal» leyó el manifiesto conjunto con pinceladas propias de su verborrea provocativa y hoy más crítico, cítrico e incisivo que nunca.

El conocido intermedio de La Boda de Luis Alonso (Giménez) es para pensar lo difícil que resulta ser músico en España, todo un sainete, y parece que volverán los duros tiempos de postguerra y bohemia donde pasaban hambre músicos y maestros de escuela.

La aportación o tributo «comercial» lo puso Todos Somos Música (de Luis Cobos) más que un slogan todo un sentimiento compartido que ya presentase en marzo pasado volviendo a utilizarse casi como himno de la propia AMPOS con ecos «peliculeros».

Gustavo Fernández Buey también tomó la palabra y nos contó el extra al programa conjunto: el toque asturiano de Benito Lauret y sus Escenas Asturianas, un Maestro de Cartagena que vivió y sintió nuestra tierra, dirigiendo la antigua Orquesta Sinfónica de Asturias o la Capilla Polifónica, impartió clases de composición y dirección en el Conservatorio pero sobre todo supo entender nuestra música popular y hacerla sinfónica, perfecto cierre de concierto con ese Pericote llanisco enlazado con nuestro himno en una joya musical que es seña de identidad sinfónica.

Excelente el trabajo del maestro Daniel S. Velasco con una selección orquestal que unida como sólo la música puede, recreó y compartió su trabajo con niños y viejos, aficionados y peatones… a pie de calle, en una plaza que debería llamarse «Plaza de la música» pues la gesta que conmemora debería borrarse del callejero junto con tantas referencias a un pasado cuya sombra planea de nuevo.

Duro para el bolsillo melómano

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Antes se hablaba de «la cuesta de enero» pero en plena crisis y como escuchaba hace poco a una sufrida madre pagando libros de texto ¡de segunda mano!, todo el año es una cuesta sin fin, y ríanse ustedes del Angliru.

Supongo que debemos estar todos parecidos porque sube todo menos los sueldos, y en este mes de septiembre me toca pasar por la taquilla del Campoamor (¡menos mal que no tengo hijos ni hipoteca!) para pagar mis dos abonos habituales, tras ir quitándome muchos otros (Sociedad Filarmónica, Ópera de Oviedo de la que fui «pionero» en el abono de la segunda función -ahora hay incluso cinco-, Festival Lírico, Zarzuela…) y es que el sueldo de profe no da para tanto, teniendo uno que priorizar, amén de cortar salidas a otros conciertos cercanos (aunque sean en coche con sus peajes y subidas de gas-oil), vacaciones más cortas y en casa, con un cinturón cada vez más apretado que tendremos que cambiar por tirantes ante la ausencia de más agujeros.

No me voy a quejar del desembolso de 664€, aunque sigue siendo una barbaridad, pues en la capital del Principado los precios sigue siendo más bajos que en el resto de España (y doy fe de ello) pese a coincidir muchos programas y artistas en gira por la piel de toro, en parte porque la PPodadora cultural no está tan a flor de piel como en otras plazas, manteniendo Asturias subvenciones (¡qué no falten!) y patrocinadores (¡un monumento a ellos!) a la espera del tan largamente prometido «mecenazgo cultural«, y con protesta musical sinfónica el próximo día 23 de septiembre. Incluso se nos permitía pagar en veces para hacer más llevadero el susto, que comparado con abonos de equipos de fútbol y dividiendo el importe total entre los partidos, a la larga resulta incluso rentable: tienes siempre la misma butaca y asegurados los encuentros importantes sin que nos castiguen con un «día del club» donde tienes que volver a pasar por taquilla. Bendito dinero de plástico que permite a uno reorganizar la maltrecha economía doméstica.
Agradecer a mi querida OSPA, además de 22 años de «matrimonio», que para esta temporada sólo haya subido 50 céntimos, pues si el Gobierno saca pecho por unos pocos parados menos, tenemos que ser como el anuncio aquél del «granito a granito». Así pues 200€ el abono en butaca no es tan caro para los 14 conciertos de la temporada, segunda del búlgaro Rossen Milanov al frente y con programación en la línea de seguir con repertorios de siempre (la Militar de Haydn, Segunda de Schumann, una Séptima de BeethovenMahler con su Quinta cerrando temporada) junto a estrenos (el Concierto para guitarra de Leshnoff) y obras menos programadas (de Pärt o Benet Casablancas), atendiendo naturalmente los centenarios de Wagner, Verdi y Britten, del que destacaré el War Requiem del 22 de noviembre con los Coros de la FPA, dentro de una programación bien pergeñada con el lema «Música y guerra» (vuelve a colaborar la Universidad) a la que se sumará la continuidad de los grandes ballets (Pájaro, Lago y Cenicienta el 15 de noviembre), con directores conocidos (vuelven Lockington, Benjamin Bayl o Perry So entre otros) y solistas de primera (Manuel Barrueco, Kirill Gerstein, Renaud CapuçonDaniel Müller-Schott entre otros). También destaca la decidida apuesta didáctica del maestro Milanov con el segundo año del programa «Link Up» que creemos y queremos repita el éxito anterior de «La orquesta se mueve», este año probablemente «La orquesta canta». Espero seguir contando cada uno de los programas y agradeciendo las lecturas. Habrá alguna novedad más como el programa «Avanti«.
Evidentemente nos quedaremos «huérfanos» de OSPA los títulos en el foso de la Ópera de Oviedo donde vuelve mi «candidato favorito» Guillermo García Calvo nuevamente con Wagner, pero seguiremos con la esperanza de la Primitiva, las transmisiones televisivas gratuitas o esperaremos las entradas de «última hora» que resultan más llevaderas. A los programas extraordinarios espero asistir también aunque «el principesco» siempre inaccesible para el vulgo deba conformarme con el ensayo general, perdiéndome el Réquiem verdiano en Covadonga del próximo 28 de septiembre por compromisos ineludibles fuera de Asturias.
Reflejar la campaña abierta de micromecenazgo y beneficios con el «Club OSPA» que va desde 75€ en el formato «Andante» a los 500€ del «Vivace», incluyendo invitación a un acontecimiento especial ofrecido por el Maestro Milanov. Todo sea por captar fondos ¡de quien los tenga!.
A la vista de mis gastos y por proponer, me postulo abriendo la campaña «Adopte a un melómano» que asegura comentarios en su Blog, Twitter, Facebook, Instagram y lo que haga falta…
Las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» y los «Conciertos del Auditorio» que organiza el Ayuntamiento de Oviedo se llevan el grueso del gasto, abono conjunto de 434€ para 20 conciertos dan una media de 27,10€ para cada uno, lo que resulta ¡barato! comprobando algunas figuras y precios para localidades sueltas. Queda como «Día del Club» el de la O. S. de la Radio de Baviera con mi idolatrado Dudamel al frente el 7 de abril de 2014, cual partido de Champions en que los socios tenemos precio especial de 30€ en nuestra misma localidad.
Ahí está el total de los 664€ porque las matemáticas no fallan, claro que el plantel lo merece y voy con pinceladas: Eugeny Kissin, Maria João Pires, «San Sokolov«, Horacio Lavandera o Javier Perianes con el Cuarteto Quiroga para los aficionados de las 88teclas, Gidon Kremer, Suzuki con el Bach Collegium Japan, Kent Nagano al frente de «su» Sinfónica de Montreal, Esa-Pekka Salonen con la Filarmónica de la Scala (esperando acuda a la cita) o Ton Koopman y sus 35 años al frente de la Amsterdam Baroque Orchestra para los sinfónicos completos, sin olvidarnos los amantes de la lírica de Elina Garança e inseparable consorte llanito Karel Mark Chichon, y el enorme, en todos los sentidos, Thomas Hampson, dos regresos a Oviedo que seguramente llenarán el auditorio (otra razón para el abono), sin olvidarnos otro taquillero como Michael Nyman, sólo para hacerse una ligera idea y donde también tendremos otras figuras nacionales e internacionales que harían prolijo el relato aunque quiera reflejar la unión de dos formaciones que me tienen ganado hace años: Forma Antiqva y El León de Oro el 31 de marzo con una «Pasión según San Juan» de Bach que espero como agua de mayo en Cuaresma. Conti y la OvFi tampoco faltarán en varios conciertos, completando un abono en primera división.
Quedan también algunas entradas sueltas ya adquiridas para la ópera carbayona donde no puedo faltar al Don Pasquale (19 de noviembre, 2ª función) que cantará mi querida Beatriz Díaz (62€ en Anfiteatro) o un Don Giovanni joven con mi admirado tenor cordobés Pablo García López… pero aún toca esperar.

En septiembre no tendré mucho directo aunque siempre hay discos y DVDs por refrescar e incluso comentar. Aquí seguiremos al pie del teclado…

Examen final

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Viernes 7 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono 14, OSPA, Measha Brueggergossman (soprano), Rossen Milanov (director). Obras de R. Strauss y Bruckner.

Nunca me costó tanto hacer un comentario como el de este concierto que cerraba temporada cual examen final de curso en estas fechas.

Escrito de madrugada sin los enlaces que tanto me gusta poner  (por cierto que es lo que más tiempo me lleva, pues el texto va de un tirón del sentimiento al ordenador, tableta o teléfono), no le dí finalmente a «Publicar» hasta completarlo. El fin de semana fue largo y fuera de caso, pero al leer las críticas posteriores en la prensa escrita (del concierto del jueves en Gijón y del viernes en Oviedo) me pasó como con los exámenes: quise repasarlos antes de poner la nota definitiva, y hubo algunos cambios que no voy a desvelar, aunque siempre a favor del alumnado.

Sacando mi vena docente añadir que un mal examen no supone tirar un curso puesto que la evaluación, de momento y hasta que Wert lo imPPida, es continua y también individualizada, sin comparaciones con otros, así que comentarios y nota final puesta al poco del concierto se mantiene pero llegan los pormenores:

Con el final de curso también llegaba la última conferencia previa al concierto, esta vez de Luis Suñén, director de la revista Scherzo, que compro hace años, al que siempre es un placer leer y sobre todo escuchar, más en vivo, con sus conocimientos de «musicógrafo» como bien reconoce, y su pasión de melómano que contagia a la audiencia, familiar en Oviedo como en todas las anteriores (lástima para quienes se las han perdido porque son más que un complemento a los conciertos y a las notas al programa que suelen ser de los conferenciantes como así volvió a suceder) en esta «Lección magistral de clausura». Gracias a Don Luis por hablarnos de Richard y Anton con la familiaridad y cariño habituales más allá de las anotaciones, y animar a la OSPA que mantenga este ciclo pese a la poca entrada, que parece disminuir como el público de los conciertos, aunque el balance y memoria final ocuparán un comentario aparte.

El último concierto presentaba un programa de lujo, y traía a la canadiense Measha como figura invitada, aunque las grabaciones discográficas poco tengan que ver con el duro directo y las Cuatro últimas canciones (1948) de Richard Strauss sean una reválida fin de carrera más que una prueba de acceso universitaria. Cuatro joyas para solista y orquesta cuya mera escucha es todo un placer pero que la soprano mediática no creo triunfe con ellas, si bien las mezclas de estudio pueden hacer milagros. Los «lieder» con orquesta exigen algo más que sentimiento y dicción, que tuvo, pero su proyección vocal no llegó como debiera hasta mi fila 13, y lo digo por algún crítico algo más cercano al escenario, y si además Milanov se limita a seguir la partitura (que tiene mucho que dirigir) sin mimar a la solista, el resultado global se queda en un mero suficiente para la invitada. No soy quien para dar lecciones de dirección pero supongo que las indicaciones de volumen, los matices, no son iguales para el metal que la madera, por lo que pianissimo resulta trabajo desde el podio que además es quien mejor puede escuchar los planos. Y cantar con una gran orquesta detrás exige de la voz no volumen sino técnica para hacerla «correr», fluir, no sólo en los agudos. Pienso que el mal de muchas voces actuales, además de la elección del repertorio adecuado a ellas, estriba en la técnica apropiada para intentar igualar el color en todos los registros sin perder nunca cuerpo ni presencia en los graves, y la soprano de color no estuvo al nivel esperado.

Puede que otro programa y acompañamiento ayude a disfrutar más de su voz, pero para estos cuatro lieder straussianos no creo que esté en condiciones óptimas. Parece que los músicos de la OSPA sí se tomaron muy en serio este último examen porque dieron más de lo que se les exigió, y los solos de Vasiliev y Myra Pears fueron realmente de matrícula de honor. Globalmente las cuatro canciones fueron de menos a más, aunque me quedo con la tercera de Hermann Hesse Beim schlafengehen (como a Suñén tampoco me gusta la traducción literal de «Al ir a dormir») y la de Joseph von Eichendorff Im Abendrot («En la puesta de sol»), auténtica maestría de maridaje texto y música como en Schubert, Schumann o Mahler. El divorcio estuvo entre solista y director, el dulce en la propia obra.

Y cerrar curso con Bruckner y su Sinfonía nº 7 en mi mayor, WAB 107 (revisión R. Haas) suponía el nivel máximo de exigencia tras una temporada más que notable. Además de merecidos «ascensos en el escalafón» preparando el próximo curso, destacar la madurez alcanzada en éste de los metales y en especial las trompas que esta vez tuvieron que reforzarse para que dos de los titulares cambiasen a las trompas wagnerianas (cuatro se necesitaron) en una obra exigente para toda la orquesta que estuvo sobresaliente. Si Strauss resultó bueno pero «breve», más parecería un calentamiento ante la magnitud de esta Séptima. Nuevamente los solistas brillaron a la altura esperada.

La cuerda al completo tuvo el extra de dejarse las yemas para alcanzar el volumen exigido (la plantilla no crece pero sí las exigencias de más en obras de esta envergadura) y equilibrar el poderío de unos metales a los que no podemos ponerles ningún reparo, más una madera que sigue estratosférica. La versión Milanov no resultó igual, sí mejor que Strauss pero optanto nuevamente por la «literalidad», que en el caso de Bruckner exige muchas y profundas lecturas. De nuevo caímos en la tentación de una obra sinfónica total, cumbre en todos los aspectos (puede que menos en el popular) pero que necesitaba más cuerda. Como en el anterior concierto con la Quinta de Shostakovich, el esfuerzo de nuestra cuerda fue titánico y hay que recalcarlo para evitar malentendidos. El público siempre agradece estas «obras de poderío» pero los rectores conocen mejor que nadie las necesidades, y la Séptima de Bruckner quedó corta en efectivos aún a costa de mayores sacrificios (¡dichosa crisis!).

Los tiempos elegidos estuvieron ajustados a las indicaciones, como el Allegro moderato con orquesta plena en un «tutti» sin trompetas ni trombones que daba paso al magistral oboe y clarinetes (los dos) en ese ascenso melódico antes de entrar en el contracanto de violines, que contrapongo a lo poco marcadas que quedaron las modulaciones de la partitura y muy «académica» la reexposición final así como la amplia coda.

El Adagio (indicado Sehr feierlich und langsam, con lentísima solemnidad y calmado), es de lo más emocionante de Bruckner aunque la dirección no logró conmover, puede que esta vez la disposición «vienesa» con contrabajos atrás y tubas wagnerianas a la izquierda no ayudasen (la tuba en el lado opuesto impidió más empaste). Siendo la sinfonía pieza única de la segunda parte no creo que resultase complicado ubicar los contrabajos a la izquierda y dejar todo el metal en la parte trasera, precisamente para esa sensación de tubos de órgano. Cellos y violas sí sonaron homogéneas en su posición para el segundo motivo del adagio y la siempre segura sección de violines en ese inserto del Te Deum del propio compositor antes de desarrollar en contrapunto los temas y el gran crescendo antes de la coda donde los metales realmente truenan.

El Scherzo vivace (marcado Sher schnell, muy rápido) por su rítmica tan marcada resultó lo mejor de la sinfonía a lo que debemos sumar una cuerda al unísono que suena como un todo, nuevo triunfo de la formación asturiana que a lo largo de la temporada ha mantenido este nivel de calidad sin apenas altibajos. Nuevamente la dirección de Milanov buscó más tiempo que color, y el trío central (Etwas langsamer, un poco más lento) fue buen ejemplo, sin poder paladear un poco más los violines tocando esa especie de danza popular respondida por viento y timbales, curiosamente más discretos de lo que deberían.

Y el Finale (Bewegt, doch nich zu schnell, movido pero no demasiado rápido) tan subjetivo como el Martini de James Bond, «ethos y pathos» que escriben los estetas pero donde la energía debe estar controlada antes de ese coral del segundo tema precediendo la luz de las trompas y el siguiente desarrolo y reexposición, corta y tensa antes de la coda. La orquesta pareció entender a la perfección la llamada «vía real» de Bruckner en esta sinfonía, aunque Milanov optase por «referencias» más cercanas a la Primera o Tercera en una visión global y no detallada de esta séptima que tanto tiempo costó componer. Por una vez puedo decir que la orquesta sobrepasó la dirección, lo que puede tener doble sentido.

Comenzaba diciendo que un mal examen no supone suspender, y si la orquesta alcanzó el Sobresaliente, poner tarea para Septiembre no es suspender sino repasar algunas cosas mejorables. Cuando la exigencia es de nota alta, un suficiente debe tener trabajo en las vacaciones.

Con más tiempo haremos la «Memoria final» y avanzaremos la Programación 2013-14, vamos como en el Instituto, aunque todavía nos queden dos semanas de clase y una última de preparación del último curso antes de Wert.

Digo a quienes me conocen que con la OSPA llevo 22 años casado, los mismos que con mi esposa, felices y con las normales diferencias de una convivencia tan larga. Mi filosofía de la vida, si se quiere mis convicciones, hacen que sepa perdonar y olvidar los malos momentos para quedarme siempre con lo positivo, lo que no impide seguir disfrutando de la libertad para opinar aunque no sea compartida. Por pedir, solamente salud para celebrar las bodas de plata…

Dinamismo y color

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Viernes 31 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono 13, OSPA, Lawrence Power (viola), Rumon Gamba (director). Obras de Britten, Rózsa y Shostakovich.

No soy supersticioso, más bien creo que el número 13 da suerte (supongo que es herencia famiiar) y el penúltimo de la temporada de «mi OSPA«, con quien llevo casado los mismos años que con mi esposa, volvió a resultar excelente, en la línea emprendida de ofrecer programas con solistas de primera, obras nuevas sin olvidar el aspecto didáctico, y el repertorio sinfónico habitual, esta vez todo del siglo XX que resulta cercano a muchos de los asistentes, este viernes mucho menos de los habituales y algo preocupante. Tampoco se olvidaron de un centenario que no resulta tan mediático como los de Verdi y Wagner pero que acabará teniendo más hueco este mismo año: Benjamin Britten (1913-1976).

Al inglés correspondió abrir velada con su «Funeral ruso» para metal y percusión (1936) donde estas secciones también dieron el paso de calidad y demostraron un nivel que creció a lo largo de este curso escolar. El maestro Gamba, que volvía al podio, se encargó de mostrar sus cartas en esta obra que sonaba por vez primera: apostar por la dinámica como generadora de color. Empaste broncíneo en una breve partitura llena del particular lenguaje de Britten en un poema sinfónico con carga ideológica como bien explica Cosme Marina en las notas al programa (están vinculadas a los autores al inicio de esta entrada). Guerra y muerte hechas música.

El húngaro Miklós Rózsa (1907-1995), oscarizado varias veces por sus bandas sonoras que también disfrutamos, compuso este Concierto para viola, Op. 37 en los inicios de los 80, siguiendo las líneas digamos académicas. Si además podemos contar con un solista como Lawrence Power no descubrimos ya la obra sino el protagonismo de un instrumento con colorido propio. A lo largo de sus cuatro movimientos el viola británico sacó la paleta al completo de matices, lirismo, virtuosismo y entrega con una concertación sabia desde el podio que siempre atenta a los planos sonoros apostó por la riqueza de volúmenes en pos de texturas bien ensambladas con el solista, sin perder de vista las referencias al folklore de la tierra de Rózsa, siempre presentes incluso en sus obras cinematográficas como firma personal. Conocida es mi tendencia a los movimientos lentos, y el III Adagio no fue la excepción, pero desde el largo I Moderato assai hasta el IV Allegro con spirito el concierto nos llevó a distintas velocidades dependiendo de la senda tortuosa, placentera, en subida o parándonos a disfrutar de un paisaje sonoro que emanaba por sí solo desde una orquesta madura y plena. La clave pienso que estuvo en el amplio diseño de la dinámica que consiguió la riqueza de color instrumental, transmitida igualmente por la viola de Power. La zarabanda bachiana de propina volvió a regalarnos un sonido sin igual desde una interpretación introspectiva como era de esperar.

Siempre digo que no hay quinta mala. La Sinfonía nº5 en Re m., Op. 47 (1937) de Dmitri Shostakovich  (1906-1975) resultó pletórica en las manos de Gamba que con gesto exagerado pero necesario para una orquesta que no es la suya, entendió perfectamente las intenciones desde el primer movimiento Moderato. Este viernes la colocación «habitual» no restó calidades en ninguna de las obras, y «la quinta» surcó por mares de excelencia, con un desarrollo siempre in crescendo y pinceladas pianissimi preparando un desembarco triunfal. El III Largo tuvo tal intensidad dramática que la explosión sonora del IV Allegro non troppo no fue sino el digno colofón a un concierto donde el juego de volúmenes sacó a la luz todo el colorido de la formación asturiana para esta quinta de Dmitri.

Me gustó el estilo del británico Gamba precisamente por su claridad de ideas, dejando que los profesores pusiesen su buen hacer habitual, con pocos refuerzos y algún coprincipal de solista en el penúltimo de la temporada. Maestría y veteranía desde la dirección al conocer que del juego con los matices siempre extremos, válidos por las obras programadas, resultan tímbricas llenas de colorido que amplían una paleta orquestal irisada como nunca.

Sólo queda esperar la interesante clausura de temporada el próximo viernes 7 de junio, de nuevo con Milanov, con las Cuatro últimos lieder de Richard Strauss y la soprano canadiense Measha An Brueggergosman, y de colofón la inmensa Séptima sinfonía de Anton Bruckner, pero como decimos los profesores a estas alturas de curso, la calificación global no cambiará mucho y será alta.

13 inmenso

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No hay Quinta mala y Shostakovich cerró con apoteosis un concierto iniciado con Funeral ruso del centenario Britten y el cinematográfico M. Rozsa con el viola Power. Rumon Gamba apostó por la dinámica pues el color OSPA está asegurado. Ahora toca cenar y el sábado ampliaremos catálogo de sensaciones.

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Alta cocina sinfónica

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Viernes 24 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono 12: OSPA, Stefan Dohr (trompa), David Lockington (director). Obras de Gabriela Lena Frank, Richard Strauss y W. A. Mozart.

Nuestro princpal drector invitado volvía al frente de la orquesta del Principado para cocinar un menú auténticamente magistral por ingredientes, condimentos, entorno, presentación y sobre todo sabor sinfónico de muchas estrellas, tenedores o diapasones…

El menú programado para esta temporada es digno de una carta excelente, apostando por la «nueva cocina» sin olvidar los platos tradicionales. Los cocineros y platos preparados que han desfilado por la carta quedan para el análisis del gourmet profesional, pero la degustación de este duodécimo de abono merece la pena marcarlo como destacado por este cliente habitual.

Estrenar en España una obra como Leyendas: Un paseo andino (2001) de la compositora Gabriela Lena Frank (1972) supongo que sea elección del chef Lockington, pues conoce esa tierra y su(s) música(s) como buen cocinero, siendo capaz sólo con la cuerda de preparar unos entremeses de exquisiteces donde saca o adereza calidades escondidas. Hacer
de seis pequeños números recreaciones culinarias ya indican cómo trabaja este cocinero al que en Oviedo se le aprecia agradeciendo siempre tenerlo como principal invitado. Inspirarse en el folklore andino para crear esta personal suite que transciende del cuarteto de cuerda a la gran orquesta de cuerdas resultó realmente increíble, como si la maitre fuese sacando primeramente los fríos I Toyos o II Tarqueada, para entrar en el diseño del III Himno de Zampoñas y entrar con los calientes: IV Chasqui que por rítmica, desarrollo y visión global resultó muy exigente para todos, extrayendo de la cuerda sonoridades al límite. El auténtico descubrimiento servido casi en cazuela de Pereruela resultó el
V Canto de velorio que transmite ese dolor que tan bien describen las notas al programa de Nerea Barrena de la Rúa (con quien volveré en la segunda parte), con ese cuarteto de solistas de lujo que tenemos en la orquesta: Vasiliev, Atapin, Lev y Corpus, por orden de intervención. Explorando sabores, sonoridades y dinámicas extremas sin olvidar el cuarteto original que crece cuando suenan tutti, y ese último aperitivo
VI Coqueteos con puro olor andino de paladar clásico sin concesiones, nuevamente cocinado, presentado y servido con el «magisterio Lock».

El plato consistente, fuerte, rotundo que llenaría oídos preparados para manjares potentes, fue el Concierto para trompa nº 2 en MIb M (1942) de Richard Strauss con el mejor ingrediente posible: Stefan Dohr, el mejor solista del momento («el rey de su instrumento») con un currículo que se queda «pequeño» nada más escucharle entrar en el I Allegro. El aderezo forma parte del plato y la OSPA preparó con Lockington una versión de referencia, crecidos por la calidad de un trompa que recrea en primera persona la partitura original. El II Andante con moto y el III Rondó: Allegro molto es algo más que colorido en el plato, auténtica delicia al paladar contagiando todo el plato de maestría, pues los dos trompas empastaron con el virtuoso como nunca pensamos, amén del diálogo con el oboe siempre seguro y de musicalidad impecable. Imposible describir cómo suena ese instrumento con el alemán. Moviendo en la boca cada trozo, pudimos disfrutar de sabores preparados con la magia del Maestro Lockington, elegancia desde el podio que sabe preparar platos con cualquier ingrediente, y si es difícil de conseguir lo exprimirá a tope para alargar el placer, como así sucedió con esta «Trompa Strauss». No recuerdo tantos aplausos para un solista en el auditorio (y eso que muchos fueron a cazar «gatos monteses» al Campoamor), y el trompa «D’oro», pues merece españolizar su germano Dohr, nos regaló un Messiaen donde los sonidos que salen de ese corno francés son estratosféricos o galácticos como el título (Los cañones de las estrellas). Nueva salva de aplausos ante un sorbete celestial que sirvió para comentar largamente en el descanso con algunos músicos del mismo instrumento.

Para completar un manjar el último plato debe ser ligero como una «lubina Linz con salsa asturvienesa» del siempre genial océano Mozart. La conferencia previa de mi querida Nerea Barrena nos preparó a los pocos que estuvimos a las 19:00 horas en la cata de las llamadas «sinfonías vienesas» sin olvidar todo el proceso de macerado de otro manjar: la Sinfonía nº 36 en DOM, K. 425 «Linz» (1783). Todas las notas al programa son como la carta antes de comer, la conferencia los detalles de una sumiller de primera, y la interpretación de la OSPA con Lockington el redescubrimiento de un plato con nuevas texturas en boca. Supongo que Ne Re estaría compartiendo este menú en el «comedor Príncipe Felipe», con sabores capaces de aligerar la almendra del carbayón dulce con el chocolate vienés. Y es que el Chef David siempre que viene a nuestra tierra saca lo mejor de los músicos de nuestra OSPA, se crecen como la buena fabada, cocinando a fuego lento y seguro, sin ningún aspaviento, mimando el horno igual que los fogones, ollas, sartenes o woks, sea el I Adagio – Allegro spiritoso como base de cuerda bien aliñada por viento, el delicado II Poco adagio con timbales en su punto y musicalidad a rebosar, un III Minueto efervescente sin quemar y el IV Presto final que daba pena tragar de lo bien que sabía, perfecto regusto alegre que reanima el espíritu con una orquesta plena en boca (oído), dejando en la carta de este restaurante tutelado por Milanov un menú irrepetible que nos hace esperar la siguiente cita gastronómica con auténtica gula auditiva.

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