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Opera(ndo) Zapico desde dentro

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Domingo 15 de diciembre, 12:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo, Palacio de VelardeForma Antiqva: presentación de su nuevo disco «Ópera Zapico«. Entrada libre.

Preciosa y original «matiné» de los Hermanos Zapico, en casa y como en ella, Forma Antiqva en su formación primigenia y sin extras, presentando su último trabajo en el mejor entorno posible, el patio del Palacio de Velarde con amigos y familia arropando, tocando para nosotros

Del disco, otra exquisitez del sello Winter&Winter, disco excepcional para la revista Scherzo y de nuevo nominado a los Premios ICMA 2014 (en la categoría «Barroco instrumental» como en 2012), críticas más que merecidas, música que de antigua solo tiene el nombre porque con los Zapico suena más que nunca como actual, asombrado desde el primer día que lo escuché, esta vez sin los invitados de lujo para poder sentir todo el proceso hasta la elección del repertorio. Búsqueda de sonoridades cordófonas en combinaciones de clave, trioba y guitarra barroca alternada con el archilaúd para equilibrar melodías y armonías de las arias que les (nos) gustan y vuelven a recrear haciéndolas suyas.

Imposible desgranar cada una de ellas, escuchadas casi en medio del trío, sintiéndome uno más entre ellos, vibraciones a flor de piel en el estricto sentido, desde «il mandolino» hecho clave por Aarón para la «canzonetta» del Don Giovanni mozartiano, el dúo de los gemelos Pablo y Daniel de José de Nebra resonando eterno en un entorno propicio, sin olvidarme la Obertura de Artaserse de J. C. Bach auténtica delicia tímbrica donde el trío sonó a orquesta de cámara, si se me permite, orquesta palaciega en «El Velarde«. Siempre un gusto escuchar tan cerca las virtuosísticas ornamentaciones del clave, los potentes bajos de la tiorba luego transmutados a punteos o los ritmos de la guitarra que vuela en las melodías o contrapuntean al archilaúd. Técnica al servicio de la música que siempre subrayo, y auténtico concierto de «concertar«: acordar, pactar, decidir conjuntamente.

Intervenciones también en palabras de cada uno de ellos, en los momentos justos, colocadas inteligentemente para tantos agradecimientos e historias de la «cocina» antes de deleitarnos con el producto en el plato, que tiene por delante mucho recorrido. Händel poniendo emociones íntimas en el «Lascia ch’io pianga» de Rinaldo protagonizado por los tres, y palabras musicales con «el tesoro» de Rodelinda, las gracias con Purcell repartidas entre Dido y Eneas y la chacona mágica de las hadas, hasta rematar la fiesta como si del «Concerto Zapico 2″ (que aún esperamos) se tratase, la esencia fresca de Las Indias galantes (Rameau) y el jolgorio de las Folías que los hermanos trabajan desde las «Diferencias» que unen.

Si este disco es una joya de coleccionista para enamorar a públicos de todos los gustos, los directos de Forma Antiqva son regalos que hacen festivo cada concierto suyo.

Para psicoainadamar

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Jueves 12 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXVI Temporada de la Ópera de Oviedo: Ainadamar (Osvaldo Golijov, 1960), tercera representación. Localidad última hora: 15€. Todas las fotos de esta entrada, datadas ©foto-Alonso para ÓperaOviedo.

Principales intérpretes: María Hinojosa (Margarita Xirgu), Marina Pardo (Federico García Lorca), Elena Sancho-Pereg (Nuria), Alfredo Tejada (Ruiz Alonso).

Compañía Antonio Gades. Coro de la Ópera de Oviedo (maestro repetidor: Patxi Aizpiri); Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA); Corrado Rovaris (dirección musical).

Luis Tavira (dirección de escena), Philippe Amand (diseño de escenografía y vestuario).

Músicos invitados: Adam del Monte (primera guitarra), Jesús Prieto (segunda guitarra), Gonzalo Grau (cajón, congas y djembé), Fernando Arias (realización de efectos sonoros y sampler).

Con muchas ganas entré y muchos interrogantes salí de esta nueva coproducción de la ópera carbayona junto al Festival Internacional de Música y Danza de Granada más el Festival Internacional de Santander, apostando como si del Teatro Real se tratase por títulos nuevos que hacen caer etiquetas, una de ellas la propia de «ópera», siendo más apropiado hablar a estas alturas de espectáculo musical sin más, agradable al público en general, con una partitura más bien irregular -pienso que supervalorada-, de argumento para psicoanalizar, catálogo de buenas intenciones y muy del gusto yanqui con la visión que desde allí tienen de España, de nuestra historia y folklore, en este caso el Flamenco.

De seguir la política de nuevas partituras, las hay muchas mejores que la del argentino Golijov (que ya conocía por la grabación discográfica); no me importaría ver y escuchar, por poner dos ejemplos a Philip Glass (Einstein on the Beach) o La dama del alba «casoniana» de nuestro Luis Vázquez del Fresno que sigue durmiendo en el limbo a la espera de su estreno.

Decir que lo mejor fue la escenografía, realmente muy lograda con pocos medios, es ya para preocupar, precisamente cuando siempre he criticado hacer hincapié o poner siempre en primer lugar este apartado, criticado cuando no aporta nada a la obra, incluso sacándola de contexto, pero esta vez superó a la música para la que fue diseñada.

Como era de esperar desde su aparición en Madrid y el estreno dominical ovetense ya hubo críticas de todo tipo en las que las interpretaciones tamizadas por la cultura, vagaje e incluso ideología del público son poliédricas y todas ellas respetables, freudianas, marxistas, fundamentalistas, republicanas, machadianas, dalinianas o «mediopensionistas».

Impresionante el cuerpo de baile heredero de su fundador que da auténtica vida a este musical algo plano donde los cuadros flamencos son realmente fotogramas llenos de vida, muy en la línea cinematográfica de nuestro Carlos Saura, escenas muy plásticas, fotografías pictóricas, juegos de teatro dentro del teatro realmente conseguidos, sin olvidarme la iluminación acertadísima, incluso en las linternas – fusiles tras matar a Lorca.

En la parte vocal el alma con duende, pellizco y elemento dramático en todas sus intervenciones fue el cantaor malagueño Alfredo Tejada, llenando con su arte escena y argumento. De las voces líricas felicitarlas por el enorme trabajo previo para estudiar una partitura que no parece pensada para ser cantada por estos profesionales, más cómodos en otros repertorios: registros extremos poco agradecidos, por momentos inaudibles, vocalizaciones difíciles e ininteligibles en muchos pasajes, destacando Marina Pardo en un rol (tra)vestido de Federico, debiendo cantar incluso al fondo del escenario, pero con seguridad en todos los registros, algunos endiablados en el grave aunque la orquesta en piano ayudase, con saltos interválicos que no aportaban más allá de un dramatismo algo forzado argumentalmente, y la Nuria de Elena Sancho-Pereg, voz fresca con buena proyección y registro más agradecido que sus compañeros de escena. Actoralmente «la Xirgu» de María Hinojosa impecable aunque vocalmente desigual, pienso que por una concepción del canto ajena a lo que entendemos como lírica. Bien la breve intervención del bajo Francisco Crespo como José Tripaldi y correcto el resto del elenco.

Esta vez el coro femenino no estuvo a la altura de otras representaciones pese a limitarse a cantar, pero situado a un lado de la orquesta quedó tapado, sonó poco empastado y opaco.

De la OSPA añadir la profesionalidad más que reconocida de todas sus secciones con pasajes auténticamente somníferos de notas tenidas, y otros doblando voces; la madera en la línea de excelencia tímbrica para unos pentagramas más bien planos y dificultades similares a las voces (la flauta solista arrancó notas graves dificilísimas), las trompas y sobre todo trompetas dentro y fuera del foso de lo más jazzísticas con sordina, interviniendo con armonizaciones que me recordaron al mejor Gil Evans, junto a la percusión compleja que me despertaba de la modorra, tanto la titular asturiana como los invitados, destacando la parte electrónica que redondea ese ambiente de musical americano contrapuesto a las guitarras flamencas lo suficientemente amplificadas para protagonizar los mejores momentos de este espectáculo que me hizo derramar metafóricamente cataratas (más que fuente) de lágrimas.

La dirección musical del maestro Rovaris no pudo sacar de la obra lo que no tiene, pero mostrando la misma seguridad que cuando estuvo al frente de Peter Grimes hace casi dos años.

La temporada acabará con Don Giovanni al que espero en el reparto joven ya en enero de 2014. Mientras tanto aún quedan música interesante antes de despedir el 13.

Viento en popa con pequeña vía de agua

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Martes 19 de noviembre, 20:00 horas. Oviedo, Teatro Campoamor, Don Pasquale (Donizetti). Producción de la Ópera de Oviedofoto-alfonso de las indicadas, gentileza Ópera Oviedo). Reparto: Carlos Chausson (Don Pasquale), Beatriz Díaz (Norina), José Luis Sola (Ernesto), Bruno Taddia (Malatesta), Coro de la Ópera de Oviedo (director Patxi Aizpiri), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director musical).

LXVI Temporada, segunda representación del tercer título, con buena entrada pese a ser día laborable, en una puesta en escena de Curro Carreres que no molestó aunque hubiese momentos incomprensibles, pero con elegante vestuario, iluminación y movimiento apropiado.

En el apartado vocal citarlos en el orden personal que puse para el reparto por méritos y calidad, haciendo hincapié en la dureza y dificultad de esta ópera de la que comparto la opinión del gran Muti.

El Don Pasquale de Chausson toda una recreación del personaje, escénicamente siempre en su sitio, cómico con los tintes drámticos en su punto y un timbre potente, redondo, cautivador, convincente en todos los registros. Impecable este maño al que los años están dando como ya apunté en otra entrada, poso y peso.

La Norina de Beatriz Díaz de «BraBoo®» que diría un amigo mío, todo un hallazgo en este su debut para este personaje que le va como anillo al dedo en todos los sentidos: la doble personalidad cual Jekyll-Hyde, Sofronia-Norina, embaucadora y enamorada, mandona y delicada, capaz de darle el colorido adecuado y la escenificación apropiada desde una línea de canto asentada en su seguridad, potencia e intimismo, crescendi con fiatos en su punto, derrochando musicalidad y teatralidad, bien regulada tanto en los dúos como en los concertantes con el volumen perfecto para cada intervención y ese color que siempre enamora, a vejestorios y jóvenes.

El Ernesto de Sola en la línea de los tenores actuales, voz ideal para su personaje que fue de menos a más, quedando poco presente en los dúos, algo pequeño pero bien cantado, y reconociéndole el esfuerzo de incorporarse a última hora.

La vía de agua de este crucero estuvo en Malatesta Taddia, como si el apellido le hubiese tirado por la borda en vez del pobre Ernesto al final de la obra, registro grave inexistente, más bien hablado, medio escaso en volumen y «apretado» en el agudo, siendo el único que desequilibró un elenco muy aseado para esta maravilla de Donizetti.

El Maestro Conti fue el perfecto complemento al frente de su Oviedo Filarmonía, que volvió a ser muy solvente en el foso (y muy bien el trompeta solista en la escena con Ernesto del segundo acto), bien llevada por una batuta siempre atenta a las voces, con los planos adecuados para que todo brillase sin destellos, orquesta bien compactada y con sonoridades muy adecuadas para una partitura engañosa en todos los aspectos. Esta titularidad aún nos dará muchas alegrías dentro y fuera del Campoamor.

Destacable el Coro que dirige Patxi Azpiri, en su línea de calidad y seguridad vocal unida a una experiencia en escena que lo sitúa siempre en cabeza, completando la «obra en música» que supone toda ópera, así como el breve papel de Bruno Prieto (notario), una de los excelentes solistas que la formación vocal atesora desde hace años.

No quiero olvidar al actor Carlos Enrique Casero como mayordomo de Don Pasquale, que sin palabras completó y complementó siempre al protagonista, con un guiño al camarero de «El Guateque» para una escenificación muy cinematográfica como desde un principio supimos, aunque Díaz no me recuerde a la Hepburn, ni Grant o Stewart tampoco a Sola y Taddia.

Quedan dos funciones más y la del reparto joven, la primera ha dejado buenas críticas entre todos, esta segunda aquí dejo mis impresiones recién llegado a casa (a pesar de las horas), pero bienvenido a Oviedo Don Pasquale después de tantos años (la última allá en 1990 con doble función), ópera difícil de encontrar repartos equilibrados y con calidad para disfrute total, de cabo a rabo y viento en popa con velocidad de crucero y escala en la capital, que esta vez llegó a buen puerto.

La magia musical es capaz de transportarnos donde queramos… sólo cerrar los ojos y escuchar. En mis años jóvenes, que uno se va acercando en edad a Don Pasquale, el crítico «Florestán» hubiera calificado esta representación como «aseada», aunque el barco seguramente le hubiese mareado pese a no haber galerada, como mucho marejadilla.

P. D.: Por sacar la entrada con premura, allá en agosto, pagué más precio aunque asegurase asiento. Todo sea por acercar nuevos públicos, incluso de fuera de Oviedo, con los que pude comentar cómo trabajan en esta temporada, la segunda más antigua de España aunque no con el mismo apoyo económico de entonces. Gracias por los esfuerzos y a esperar lo que todavía nos queda de ésta.

Con P de Pasquale

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Siempre un placer asistir a los «Encuentros Ópera – Universidad» de la Extensión Universitaria en LAUDEO, este lunes 18 de noviembre en el Paraninfo escuchando los «Diálogos en torno a Don Pasquale» con la presencia de Carlos Chausson y el maestro Marzio Conti bien presentados por Mª Encina Cortizo que nos regaló toda una lección de Donizetti y la ópera representada estos días en Oviedo (este martes asistiré a la segunda representación), en este trío de «Ces» al que añadir Cabaletta y Cavatina como motores de la ópera comentada que tras el coloquio pasaron a ser muchas «Pes» en cuanto a la interpretación de un personaje que necesita Poso logrado con el Paso del tiempo para que cada Papel adquiera Peso, evidentemente con todo un trabajo de años que sólo ellos pueden darnos esa visión tanto interpretativa como auditiva. Para seguir con más «Pe», incluso nos meteríamos en el Psicoanálisis.

Anécdotas por parte de todos, incluído el público, y mucho amor por la ópera, en especial este Pasquale tan divertido y aparentemente sencillo que exige un enorme trabajo por parte de cantantes y orquesta como bien recordaron los maestros. En cierto modo como Mozart cuya sencillez resulta engañosa y endiablada en toda su producción, a quien evidentemente también recordaron dentro de este género más que bufo, giocoso…

Sin entrar en la puesta en escena de «película años 50» que nos presenta ese sesentón canoso y todavía atractivo, más cercano que el auténtico vejestorio del libreto original, sabemos que este Don Pasquale sigue vigente: matrimonios de conveniencia, mujeres con mando en plaza (Beatriz Díaz es la Norina), amores románticos y como bien comentó Chausson, sin llegar a bautizar como «calzonazos» y «marimandonas», una historia imposible sin Ernesto (José Luis Solá) que se niega a este apaño porque está realmente enamorado y es el responsable final de una historia de casi tres horas que contaremos como siempre.

Mieres de Traviata

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Martes 15 de octubre, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta (Casa de Cultura) de Mieres: retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de La Traviata (Verdi).
Un año después volvía a Mieres la ópera, eso sí, televisada, y nada menos que en el 200 Centenario de Verdi con una entrada como sólo esta obra inmortal es capaz de convocar.

Vuelvo a repetir las carencias de una emisión como las anteriores, que esta vez podrán compartir los cientos de personas que se dieron cita en La Escandalera de la capital, donde ni la iluminación está prevista para la televisión, la realización sigue dejando mucho que desear aunque haya mejorado, y el sonido logra el milagro de las voces tapando a la orquesta (!). Supongo que la falta de medios y algo más de conocimiento técnico no sean impedimento para continuar con esta experiencia que hace llegar la ópera a un público no habitual pero al que también debemos educar con calidad.

Las críticas profesionales tras la primera función coinciden con mi opinión técnica, aunque tras las consideraciones iniciales, quiero dejar unas pinceladas de cosecha propia.

Con un decorado casi minimalista a base de espejos – cristales, Susana Gómez es perfecta para la solución económica entre los grandes montajes inalcanzables por presupuesto y espacio escénico, y las versiones en concierto que no deben venderse como ópera en el sentido estricto. Sofá y mesa de despacho (diseño escenográfico de Antonio López), así como una pequeña mesa de juego como único Mobiliario, unido a un vestuario años 50 (de Gabriela Salaverri) completan la coproducción de la Ópera de Oviedo, Festival de Verano de El Escorial, Quincena Musical de San Sebastián, Auditorio Baluarte de Pamplona y Gran Teatro de Córdoba.

Foto de Codalario

Ópera atemporal donde las haya, el reparto resultó equilibrado en su totalidad, lo que es de por sí digno de mención, aunque la protagonista total haya sido Aylin Pérez que fue capaz de cantar y captar toda la evolución de su personaje de Violeta aunque sin camelias y transformada en una pelirroja Gilda Valery, color vocal perfecto para un rol que le está dando muchas alegrías. El Alfredo de Aquiles Machado resultó convincente en sus conocidas arias, delicado en los dúos y con ligeras carencias que no empañan la globalidad, completada por el Giorgio Germont de Gabriele Viviani, otro tanto que «su hijo», bien actoralmente aunque con una pequeña desafinación en la conocida «Di Provenza», puede que fruto del micrófono tan cercano y la orquesta «hundida en el foso», un trío sobre el que se asienta sin cojear esta maravillosa ópera.
Destacar la buena dirección musical de Carlo Montanaro capaz de dar su toque ya desde la obertura, jugar con los tempi de una Oviedo Filarmonía que no pude degustar como seguramente sonó en el teatro, y sobre todo cómo concertó con las voces, respirando con ellas y eligiendo siempre el aire que reclamaban los protagonistas, que lo son siempre.

No quiero olvidarme del Coro que dirige Patxi Azpiri, auténtica delicia escénica y vocal (nuevamente ellas mejor que ellos) con una profesionalidad que el tiempo ha ido asentando.

Los siempre difíciles secundarios cumplieron en sus intervenciones, desde la Flora de la asturiana María José Suárez, seguridad y aplomo, la delicada Annina de Marta Ubieta, siguiendo con Jon Plazaola (Gastone), Carlos Daza (Douphol), el Marqués José Manuel Díaz y el Grenvil de David Sánchez, junto a los «comprimarios» Gonzalo Quirós y Bruno Prieto (del propio coro) en sus breves apariciones como Giuseppe y Commissionario.

El público mierense disfrutó sobre todo hasta el descanso tras hora y media de un tirón, quedando todavía el último acto donde Violeta es «abducida por la luz» tras enamorar al respetable esta Ailyn Pérez como auténtica diva de esta segunda función que sonó en medio Asturias como merecido homenaje a Pepe Verdi. Agradecer estas iniciativas aunque tengan todos los peros que queramos y algunos sigan recordando el año 1958 de La Callas con Kraus, siempre Don Alfredo, en Lisboa… Ay! ¡si hubiesen tenido los medios técnicos de hoy en día…!

Los Zapico «operan» desde Asturias

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Ya tengo en mi poder el nuevo disco «Ópera Zapico» para el sello alemán WinterAndWinter, y ya es el quinto (aplíquese al refrán), disponible también en iTunes© y Amazon©, un disco pergeñado con tiempo y grabado en casa, en el Auditorio de Oviedo, la residencia de la formación Forma Antiqva el pasado mes de marzo con unos arreglos propios desde Monteverdi a Mozart, que sin perder nunca el estilo propio de los hermanos Zapico, cuenta con invitados cercanos de calidad contrastada, dando de nuevo en el clavo con otra apuesta arriesgada pero capaz de atraer a aficionados de todo tipo, incluyendo los líricos, que en Asturias abundan. Como escribía un periodista carbayón, son «bombones de ópera con sabor Zapico«, arias reconocibles para los melómanos y nuevas en su concepción instrumental.

Intérpretes:

Aarón Zapico: clave y órgano – Daniel Zapico: tiorba – Pablo Zapico: guitarra barroca y archilaúd.

Artistas invitados:

Alejandro Villar: flauta de pico – David Mayoral: percusión – François Joubert-Caillet: viola de gamba – Lluís Coll i Trulls: cornetto – coro El León de Oro (director: Marco Antonio García de Paz).

A continuación paso a describir obras, autores y primeras impresiones con el CD sonando en la cadena de música (siempre de más calidad que en otro tipo de reproductores), notas escritas desde la inmediatez de su escucha, aún necesitando, como todo, más tiempo para detalles que necesitan posar y pesar.

1. «Deh vieni alla finestra»Don Giovanni– (Mozart).

Trío en estado puro con un «clave mandolino» y las cuerdas pulsadas cuasi sinfónicas, cantando este oyente en la ventana catódica.

2. «Air pour les Sauvages»Les Indes galantes– (Rameau).

Los tres hermanos con la excelente percusión de Mayoral pletóricamente danzante y rococó.

3. «Quella Clizia innamorata»Il più bel nome– (A. Caldara).

La delicadeza del trío con los ornamentos adecuados y en su sitio creando atmósferas elegantes de protagonismos sabiamente elegidos.

4. 5. 6. «Overture» de Artaserse (J. C. Bach).

Una obertura cual «concerto grosso» se tratase en sus tres movimientos con el desparpajo y jovialidad de los Zapico: el Allegro di molto pletórico de sonoridades, pasajes virtuosos de limpieza prístina, armonías redondas de guitarra funcionando hasta percusivamente alternando con intervenciones solistas compartidas, aún más presentes en el Andante de refinado salón en los tres artistas siempre compartidos, para desembocar en el Presto de fulgor y luminosidad casi de fuegos de artificio.

7. «O morte gradita»Il Sant’ Alessio– (S. Landi).

El órgano nos da atmósferas de claroscuros caravaggianos con pinceladas guitarrísticas a modo de vidrieras que tamizan esa muerte llena de vida.

8. «Lascia ch’io pianga»Rinaldo– (Händel).

El cornetto de Lluís Coll cual voz castrada, contratenor o mezzo, e igualmente vocálica en fraseos con un trío que da continuidad al corte anterior en una transición sin brusquedades, donde la guitarra también frasea y dialoga esa melodía tan reconocible e irrepetible, con ese sustento cordal.

9. «Batti, batti, o bel Masetto»Don Giovanni– (Mozart).

Mozart siempre para descubrir, manteniendo el órgano y unos punteos gemelos que si bien parecen irse a un segundo plano en la mezcla nos sacan a la luz las mal llamadas notas de paso tan importantes como las de la melodía del aria de Zerlina, sentimiento femenino como en la versión original lograda en esta combinación de viento y cuerda reducida a trío para no resultar cargada ni cargante, con acordes «orgánicos» recreando la atmósfera callejera vienesa.

10. «Se giunge un dispetto»Agrippina– (Händel).

La flauta dulce de Alejandro Villar emerge entre el clave y las cuerdas pulsadas en el aria de Poppea del primer acto, que bien recuerda los conciertos barrocos por virtuosismo en ejecución y aire rápido, interpretación instrumental de alta calidad en todos ellos sin perder el origen vocal precisamente cuando las voces se instrumentalizaban de forma diabólica.

11. «A Dios, prenda de mi amor»Amor aumenta el valor– (José de Nebra).

La necesaria y merecida referencia española tenía que darle protagonismo a la guitarra con el contracanto del archilaúd, casi «chitarrone«, melodía y armonía en un dúo de amor fraternal en el amplio sentido.

12. «Mogli mie sconsolate»La Calisto– (F. Cavalli).

Cavalli continúa el anterior amor hispano del dúo fraterno al que se suma la viola de gamba de Joubert-Caillet logrando un ambiente digno de Sainte-Colombe, un trío de cuerda lúgubre y «desconsolado», cuerdas frotada y punteadas con la aparición de un clave en registro de laúd que encumbran aún más la viola en el registro más cercano al de la voz humana.

13. «Vi ricorda o boschi ombrosi»L’Orfeo– (Monteverdi).

Los tres hermanos retoman su trío habitual para este Orfeo monteverdiano cual otra pieza de sus Concerto Zapico, punteos de clave, rasgados en guitarra, basamento en la tiorba, alternando presencias y armonías con un aria realmente luminosa.

14. «Chaconne: Dance for the Chinese man and woman»The Fairy Queen– (Purcell).

Las chaconas también están presentes en los conciertos de la formación asturiana, esta vez reforzados con la percusión de Mayoral (panderos, bombos y panderetas) para una danza con dedicatoria china pero muy inglesa en su concepción interpretativa, auténtico cuento de hadas con punteos de clave y guitarra más el siempre presente laúd, música operística extrapolable al salón de balle en otro acierto de adaptación y arreglo.

15. «When I am laid in earth»Dido and Aeneas– (Purcell).

Contraste anímico para el mismo Purcell en cuanto a ese remanso tumbado sobre la tierra, el trío al natural para un aria siempre increíble que crece en este arreglo instrumental, alcanzando aún más profundidad sin texto a favor de la música pura.

16. «Ritorna, oh caro e dolce mio tesoro»Rodelinda, Regina de’ Longobardi– (Händel).

Arranca el clave ese aria femenina a la que se van sumando y retomando protagonismo los tres Zapico, elegancia de salón y melancólicos ornamentos que no enturbian jamás la melodía presente y reconocible.

17. «Thanks to these lonesome vales»Dido and Aeneas– (Purcell).

Y cerrando esta música de ópera nada mejor que «mi» coro de oro para este agradecimiento purcelliano que arranca la guitarra, continúa la tiorba, engorda el órgano en presentación total que desemboca en la plenitud vocal pura, de empaste siempre único, voces blancas protagonistas arropadas con esa delicadeza que tiene la formación gozoniega, mis dos «debilidades» reunidas en esta maravilla de Purcell que no podía ser mejor final para esta nueva grabación de Forma Antiqva con Winter& Winter, desde el Auditorio de Oviedo con proyección internacional.

Gracias y enhorabuena por esta nueva delicia musical.

Norma ciega

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En un periplo mediterráneo llegamos a Perelada el martes 6 de agosto conocedores de la Norma del Festival con entradas baratas agotadas y caras inalcanzables, autoconvenciéndome que las gradas de Roland Garros no eran lo mismo que la grandeza de un teatro. Pudimos comprobar el calor y la explicación del horario, las 10 de la noche, analizando la posterior ubicación en el punto de escucha porque lo importante era disfrutar desde el exterior, cual entradas ciegas de mi juventud, y en un banco nos sentamos a disfrutar de Bellini en estado puro, compartiendo «palco» con tres melómanos hasta el descanso y solo las dos parejas que llegamos al final, imaginando y recreando la puesta en escena asturiana, porque también la ópera de Oviedo estaba en el Castillo.
Del reparto la única, inimitable y auténtica prima donna Sondra Radvanovsky recreó su personaje, voz poderosa e íntima capaz de despertar y contagiar su musicalidad a los pájaros del castillo, reafirmando la grandeza demostrada en Oviedo en un rol que será suyo en este siglo XXI aunque la Bartoli busque su otro punto vocal.
Prudenskaia con unas arias bien cantadas algo livianas en el registro grave pero unos concertantes y sobre todo los dúos bien empastados completó el protagonismo femenino.
Los caballeros estuvieron un escalón por debajo, Colombara mejor que un Bros válido incapaz aún de convencerme pese a su encomiable esfuerzo, Pollione siempre engullido por la gran Norma.
El coro de cámara del Palau bien en todas sus intervenciones y la OBC estuvo bien en conjunto con detalles excelentes que el Maestro Montanaro se encargó de realzar, optando por tiempos y dinámicas siempre adecuados a las voces.
Experiencia estival que quiero apuntar para reflejar esta «Norma ciega» donde Sondra fue la diva capaz de conmover y arrancar lo mejor de este público volcado con ella.
Caminando hacia el apartamento todavía retumbaba el auditorio en sus salidas a saludar. Después parecíamos unirnos todos en el regusto operístico. La tormenta descargó hacia las 4 pero no pudo protagonizar esta representación única.
Ficha Artística:
Sondra RADVANOVSKY , soprano: Norma.
Marina PRUDENSKAYA, mezzosoprano: Aldagisa
Josep BROS, tenor: Pollione
Carlo COLOMBARA, bajo: Oroveso
Jon PLAZAOLA, tenor: Flavio
Mireia PINTÓ, mezzosoprano: Clothilde
CORO DE CÁMARA DEL PALAU DE LA MÚSICA CATALANA
ORQUESTA SINFÓNICA DE BARCELONA I NACIONAL DE CATALUNYA (OBC)
Carlo MONTANARO, dirección musical
Susana GÓMEZ, dirección escénica
Antonio LÓPEZ FRAGA, escenografía
Alfonso MALANDA, iluminación
Gabriela SALAVERRI, vestuario
Producción de la Ópera de Oviedo.

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Un Momus colorista y sesentero

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Foto ©ACO

Temporada de Ópera de Las Palmas de Gran Canaria «Alfredo Kraus 2013», Teatro Pérez Galdós. La Bohème (Puccini). Miércoles 19, Viernes 21, Domingo 23 y Martes 25 de Junio.

Fiorenza Cedolins (Mimì), Massimiliano Pisapia (Rodolfo), Beatriz Díaz (Musetta), Giorgio Caoduro (Marcello), Felipe Bou (Colline), Simone Del Savio (Schaunard), Jeroboám Tejera (Benoit / Alcindoro / un aduanero), Rubén Pérez (Parpignol / un vendedor), Stefano Ranzani (dirección musical), Mario Pontiggia (dirección artística), Claudio Martín (coreografía y diseño de vestuario). Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, Coro de la Ópera de Las Palmas (dirección: Olga Santana Correa), Coro Infantil de la OFGC (dirección: Marcela Garrón Velarde).

Este martes se clausuraba la 46 temporada de ópera de Las Palmas con este título tan emblemático y representado, habiendo asistido a la función dominical de las 19:30 horas el pasado domingo 23. Producción nueva de los Amigos Canarios de la Ópera (ACO) elegante, colorida, sin perder de vista el argumento, una obra totalmente actual y con un espectacular «Momus» que llenó el escenario de vida y color. Con un reparto equilibrado, coros perfectos y orquesta bien llevada por el maestro Ranzani (al que vi hace años en el Campoamor), el público con mucha juventud se lo pasó genial con la maravillosa partitura pucciniana antes de continuar la fiesta de San Juan.

Foto ©ACO

Personalmente me gustó la puesta en escena y vestuario en ese París de los 60’s que podemos comprobar en las fotos que de la propia ópera canaria que ilustran casi toda la entrada, y el impresionante acto segundo por la ambientación del café Momus, que aparece arriba, con más de 100 personas en escena, cuerpo de baile y figuración incluidos, y la aparición de Musetta que brilló como todo el entorno. La soprano asturiana fue con creces la mejor de un elenco con algunas voces de renombre que no dieron la talla esperada pero lograron una homogeneidad a la que faltó el toque de calidad que aportó Beatriz Díaz en un rol que domina como han hecho antes otras sopranos que acabaron siendo Mimì.

Foto ©ACO

En la balanza masculina me quedo con el Marcello de Caoduro que resultó el complemento perfecto de Musetta. La aparición de los caballeros ya me dejó claro el plantel con un Felipe Bou decepcionante que parece estar pasando un mal momento vocal, opaco y sin la musicalidad que demostró en Oviedo.

Del esperado primer dúo de Rodolfo y Mimí (con linterna sustituyendo vela con palmatoria) me dejó tan gélido como la mano, en parte por un sonido metálico en ambos que empasta precisamente por eso (ya han compartido otros títulos) aunque faltó la emoción y proyección de unos pianissimi que en gallinero no pude degustar. Cedolins tuvo distintos colores vocales a lo largo de la obra y un vibrato demasiado pronunciado en el agudo, así como cierto estatismo en todas sus apariciones aunque lo compensa con una musicalidad innata para Puccini. De Pisapia otro tanto para un Rodolfo que sin compararlo con nadie y menos en este teatro, parece olvidar la importancia de los pianos, puede que por miedo a verse tapado por su compatriota, apostando siempre por un agudo potente que le pierde interpretativamente.

Foto ©ACO

No hubo química en la pareja protagonista ni tampoco convicción para estos sesenteros de Pontiggia.

El segundo acto trajo lo mejor de la ópera con la irrupción del Vals de una Musetta frívola y elegante, convincente en lo vocal y actoral como seña de identidad de Beatriz Díaz, bien respondida por un Benoît tinerfeño que resultó un excelente comprimario (al igual que el Parpignol local Rubén Pérez) y sobre todos el citado Marcello, y ese concertante potente en todos que dejó buen sabor de boca. Muy bien el coro que dirige Olga Santana y excelente el infantil de Marcela Garrón, solista incluido, auténtica fiesta musical y visual.

Foto ©ACO

El descanso pareció enfriarnos para preparar ese cuadro hermoso y gélido del invierno parisino donde los dos enamorados recuerdan a sus parejas pero contagiando frialdad. Destacar la orquesta siempre presente y más implicada que los protagonistas con un Ranzani que logró unos momentos sonoros deliciosos para esa ambientación.

Foto ©ACO

Nueva pausa y un último acto que mantuvo la línea musical, menos pasión en el dúo protagonista, excelencia en el de reparto y desiguales emociones para un desenlace siempre emotivo del que me quedo con «qué buena es Musetta» incluso de amarillo, intimismo y delicadeza que la escena y partitura piden.

Buen final de (mi) temporada donde todavía quedan algunos coletazos y el balance de un curso marcado por las dudas que la crisis impone…

Derbies en Don Carlo

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Este miércoles acudí a la Casa de Cultura de Mieres para seguir la retransmisión desde el Campoamor de Don Carlo (Verdi). 23 personas hasta el descanso que dudaron entre el Madrid-Barça de copa o esta nueva gozada verdiana con titanes y empates al igual que en el fútbol. Además de la OSPA con Corrado Rovaris que prepararon un terreno de juego perfecto, mi clasificación quedó:

Ainhoa Arteta y Juan Jesús Rodríguez como Isabel de Valois y Rodrigo realmente sembrados, artistas y en un momento vocal inmejorables que crecen en cada función. El reinado Arteta tendrá largo recorrido y JJ Rodrigo afrontará con seguridad roles como éste.

2º ex-equo Alex Penda y Felipe Bou, Princesa de Éboli y Felipe II contrastes dramáticos con registros graves difíciles de encontrar, enamorándonos de Alexandrina Pendatchanska ya en el Ensayo General.

Steffano Secco en el rol principal, y el Coro de la Ópera que dirige Patxi Aizpiri, algo desiguales en color o tempo, pero dignos de podio, en especial las damas.

El resto del elenco adecuado y colaborando a un equilibrio difícil para una obra como este Don Carlo tan exigente, debiendo citar a Luiz-Ottavio Faria como Inquisidor.

Volver a destacar la elegancia en vestuario y atrezzo. Mejorable nuevamente la realización que nos ofreció TeleCable que comenté puntualmente desde mi Twitter.

No es igual el directo que la retransmisión y tampoco tenemos los medios del MET, pero este Año Verdi no ha hecho más que empezar…

Don Carlo dejará huella en Oviedo

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Martes 22 de enero, 20:00 horas. Teatro Campoamor. Ensayo general de Don Carlo (Verdi).
Invitado por #operaytuits acudimos unos cuantos «tuiteros» al general para empezar bien el Año Verdi. Además de compartir en tiempo real sensaciones y emociones, estar en un lugar privilegiado para disfrutar como si del estreno se tratase no tiene precio, pertrechados con móviles y tabletas que desgranaban cuadros, arias, dúos, concertantes, situaciones y todo lo que sólo la ópera es capaz de sacar del alma humana.
La magia flotó en el ambiente desde el arranque con una OSPA portentosa en bloque, secciones y solistas bajo la dirección de un Corrado Rovaris magistral de inicio a fin, terciopelo orquestal capaz de abrigar a las voces que por algo llevan «la voz cantante» sin renunciar a momentos épicos cuando lo exige esta obra esplendorosa del gran Verdi. Con esta base lo que vendría después era pura lógica en el discurrir lírico.
Del Coro que dirige Patxi Aizpiri sólo elogios en un general que servirá para aligerar los tempi marcados por el Maestro Rovaris en el estreno del 24, pues vocalmente están en momento dulce y como actores en su sitio.
Del reparto equilibrado que logró una representación triunfal más que un ensayo por darlo todo sin necesitarlo (gracias por la profesionalidad y el contagio emocional) comenzar por Don Carlo Stefano Secco convincente y en especial la Éboli de Alex Penda (Alexandrina Pendatchanska) que enamoró a todos.
Y de los «debuts» en sus roles Juan Jesús Rodrigo/ez que tiene clase hasta para morirse, el Filippo Bou impactante incluso de presencia, pero especialmente una Elisabetta di Valois que desde ahora será referencia, Ainhoa Arteta cuya voz ha ganado tantos quilates desde un trabajo del rol maduro, en plenitud, que logró acallar todo y erigirse en auténtica Majestad con todos postrados ante ella. Generosa, sin guardar nada, regalando una auténtica lección de profesionalidad, belleza interior que fluye hacia su presencia escénica hecha arte vocal.
Añadir una puesta en escena seria, rigurosa, histórica, con guiños pictóricos de libro como un atrezzo y vestuario cuidado al detalle que redondearon un Pre-estreno para los elegidos, entre los que me considero uno de los privilegiados. El 24E será un acontecimiento lírico para la historia del Campoamor y de la propia ópera en el bicentenario de Verdi.

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