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Bach a pares

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Martes 15 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XXXIX Semana de Música Religiosa de Avilés: Ángel Montero Herrero (órgano). Obras de Bach.
Segundo concierto y de nuevo el órgano de la factoría de Federico Acitores de protagonista, continuando con la generación de jóvenes intérpretes, bien formados, ambiciosos en sus programas y con medios para seguir trabajando. Este martes el organista de la Catedral de Segovia, Ángel Montero Herrero (Madrid, 1989), alumno de Roberto Fresco con quien prepara el Grado Superior, y ya con una amplia agenda de conciertos que le ha traído hasta la SMR avilesina.

Programa ambicioso el del músico madrileño íntegramente dedicado a Bach, con el Preludio y fuga para órgano pleno, BWV 552 de eje, intercalando en medio seis corales del Dritter Theil der Clavierübung (1739, Misa Alemana para Órgano), verdadero catecismo musical, esta vez y curiosamente los pares, en (s)elección buscada para contrastar efectos y afectos, casi todas en tonalidad menor, con las distintas partes de la misa luterana, el texto como inspiración musical de «Mein Gott», registración recia adaptada a la época y estilo del instrumento, capaz de sonar «alemán» a la orilla de la ría de Avilés en las manos y pies de un español.

El Präludium pro órgano pleno en mi bemol mayor, BWV 552/1 arrancó el poderío del órgano castellano, con flautados redondos en teclado y pedales, buen fraseo respetando la figuración clara y precisa.

Los seis corales que pudimos escuchar fueron desgranándose desde registraciones no siempre claras desde abajo (siempre distintas a como se escuchan en la consola), sobre todo el pedalero que quedó en un segundo plano algo oscurecido especialmente en el acoplamiento teclado I-Pedal, pero con una claridad expositiva y un respeto a la escritura en cada compás digno de reseñar, las notas tenidas precisas, los cantos en la mano izquierda buscando la lengüetería predominante, siempre bien arropada por el resto.
Así fueron surgiendo las distintas partes, «Los Diez Mandamientos»: Dies sind die heil’gen zehn Gebot’ (en sol mayor), BWV 678, delineadas las voces y teclados; «Credo»: Wir glauben all’ an einen Gott (en re menor), BWV 680, casi fuga potente arrancada en flautados poderosos que fueron engordando la expresión desde la contención, pedalero sustento terrenal de las manos al cielo; «La Oración del Señor»: Vater unser im Himmelreich (en si menor), BWV 682, delicia y remanso en la derecha con la izquierda adornando y el coral al pie para no perder nunca referencias; «El Bautismo»: Christ, unser Herr, zum Jordan kam (en sol menor), BWV 684, donde las semicorcheas son gotas de agua del Río Santo, ligaduras variadas cual venera en la mano del Bautista, en un fluir permanente como sonó la interpretación de Ángel Montero; «La Penitencia»: Aus tiefer Not schrei ich zu dir (en mi menor), BWV 686, el tiempo lento que desde la desnudez va tomando cuerpo como inflingiendo dolor y breves aperturas de color, con la disonancia vertebrando un discurso inestable para alcanzar finalmente «La Comunión»: Jesus Christus, unser Heiland, der von uns den Zorn Gottes wandt (en re menor), BWV 688, el ritmo ternario donde bailan incansables las semicorcheas en ambas manos mientras el pedalero marca cada compás, registros trabajados para esta «casi toccata» de virtuosismo de estos «libros de estudio» que en Bach son siempre asombrosos, intrincados, complicados y tremendamente pedagógicos. Una verdadera lección bien aprendida del organista madrileño.

La Fuga pro organo pleno, BWV 552/2 no solo cerró el ciclo sino que vino a ser como la meditación de toda la «misa musical» anterior, catedral sonora que crece paulatinamente desde la seguridad que van dando los continuos ligados, ventanas con vidreras abriendo momentos del leve descanso antes de alcanzar las deseadas agujas pinchando el cielo bachiano, del estrecho y pedal final con corcheas como gárgolas inmensas y escultura intrincada con la propia arquitectura. Trabajo ímprobo (por excesivo y continuado) de Ángel Montero Herrero que se comportó cual maestro de obra en Avilés para defender las trazas y planos musicales del cantor siempre completo y difícil.

Kožená con Cetra, todo un espectáculo

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Lunes 14 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Magdalena Kožená (mezzo), La Cetra Barockorchester Basel, Andrea Marcon (director). Obras de: M. Ucellini, Monteverdi, Merula, Marko Ivanović, Castello, Berio y Marini.

Las grandes voces femeninas pierden su nombre para añadir el artículo al apellido dando ese toque de inimitable y única con el que todos las conocemos. A Oviedo llegaba “La Kožená”, una mezzo nacida en Brno (1973) que enamora desde la primera vez que la oyes cantar, por su voz cálida, pasional, llena de matices infinitos, dicción perfecta, emisión ideal pero sobre todo una presencia y escena capaces de introducirnos en ella e imaginarnos todo el entorno sólo escuchándola, la magia que siempre alcanza esta mujer hoy de rojo en la primera parte, que siente y nos hace sentir a Claudio Monteverdi (1567-1643) como pocas.
Pero el verdadero ropaje no lo pusieron Daniela Flejšarová ni Kateřina Štefková, que también, sino el maestro italiano Andrea Marcon, verdadero modisto o diseñador de la música tanto instrumental como acompañante vocal, cortada a medida por sus alumnos de La Cetra de Basilea, ocho músicos perfectamente ensamblados y sin tacha, desde una interpretación historicista que hoy consideramos «normal» gracias entre otros a nuestro recién llorado Harnoncourt: un par de violines, una viola que alternó con la flauta dulce piccolo, y un continuo donde además de la viola de gamba y el violón, teníamos un laúd alternando con la guitarra barroca, solo en la primera parte, más una tiorba y un segundo clave complemento del maestro. Obras del barroco temprano alrededor del verdadero eje monteverdiano con algún guiño asombroso como era de esperar en un espectáculo único.

Ellos fueron los encargados de entrar a escena con el Aria Quinta sopra la Bergamasca a tre, de «Sonate,
arie e correnti, op. 3» (1642) de Marco Ucellini (1603-1680) antes de la aparición de una Ottavia de rojo pasión y zapato plateado con altura de vértigo, «L’incoronazaione di Poppea» con el aria Disprezzata Regina que “La Kožená” transmitió desde el desgarro de la abandonada emperatriz, un lujo que iría en aumento en el Addio Roma! Addio Patria! Amici Addio! del tercer acto, con un puente instrumental de Tarquinio Merula (1595-1665) encajado a la perfección, la Sonata XXIV, Ballo detto Pollicio de «Canzoni overo sonate conertante per chiesa e camera, op. 12» (1637), esa despedida trágica, con la voz entrecortada sabedora de la muerte, registro dramático desde la grandeza escénica.

Y es que “La Kožená” es capaz de cantar Monteverdi vestida de rojo puro barroco y (re)vestirlo como si su compatriota Marko Ivanović (1976) diseñase manteniendo el taller y la tela, darle la vuelta sin perder ni un ápice desde otra hechura y parecer otro. Arianna has a problem es un encargo de la propia mezzo precisamentre para este programa, un nuevo personaje femenino de abandonada, la Ariadna partiendo del doloroso Lasciatemi morire (con texto de Ottavio Rinuccini) en el que el director de escena -en la segunda parte- Ondřej Havelka inserta sus propios textos, haciendo interactuar a la protagonista con el público, acusándole de no comprenderla en su tragedia por el traidor Teseo, bajando a las butacas, sacando la escena a la escena como el genial Woody Allen en «La rosa púrpura del Cairo» (1985), fractura de tiempo y espacio, el paso del blanco y negro al color, atravesar la pantalla para convivir, o revivir la vida con los fieles seguidores, actual con la duda de volver, sentir y sufrir en uno u otro lado de la (ir)realidad.
Tras el guiño, vuelta de los jóvenes intérpretes a los barrocos jóvenes, eternamente actuales, en el tercer número instrumental, de Dario Castello (1590-1658) y su Sonata XV a quattro de «Sonate concertate in stil
moderno, libro secondo» (1629), moderno entonces, asimilado ahora y con la misma frescura «cetrina».

Solo una diva es capaz de organizar un programa donde los músicos se sientan entre el público y en solitario «marcarse» Sequenza III, para voz femenina, con poema de Markus Kutter (1966), como si fuesen igual 50 que 500 años, porque Luciano Berio (1925-2003) sigue sonando vanguardista y rompedor, más dentro de un quasi monográfico Monteverdi que “La Kožená” interpretó de forma magistral, precisamente ubicado como cierre carnal, impactante y manteniendo expectante a todo el auditorio, provocando, asombrando, jugando con todo en una camaleónica versión donde su voz no perdió compostura ni brillo, cómplice el tiorbista Daniele Caminiti, portazo y susto incluido, en un alarde de dramaturgia. Merece la pena leerse las notas al programa de María Sanhuesa «Mujeres fuertes: mujeres solas» relatando los distintos abandonos tan estructurados como el propio programa, como solo una mujer puede entender y explicar.

Dramaturga y taumaturga se volvió Magdalena Kožená en la segunda parte. Se reorganiza la escena con «La Cetra» a la derecha casi en penumbra, atriles con leds, y una tarima donde solo vemos dos galeas o cascos con penachos diferenciados, como los dos personajes. Suena Biagio Marini (1594-1663) cual obertura en su Passacaglio a quattro de «Per ogni sorte di strumento
musicale diversi generi di sonate, da chiesa, e da camera
op. 22» (1629), muy bien traído antes de la aparición de la checa vestida de romano para representar tres personajes en uno, Il combattimento di Tancredi e Clorinda de «Madrigali
guerrieri ed amorosi…» Libro octavo (1638) del genial Monteverdi, no ya madrigales como hasta entonces sino teatralizarlos realmente, dramatizarlos y crear una mezcla de oratorio y ópera, aparecen dos espadas, del cruzado Tancredi a la amazona Clorinda que piensa guerrero, y el propio narrador, el engaño de la travestida para medirse ambos en armas, canto increíble, diferenciado, natural, con una gama de matices desde una técnica asombrosa, de emisión dulce y clara, todo con una arrolladora personalidad de la checa, el ímpetu de Tancredi siguiendo a Clorinda, la noche y la evocación, fama y gloria resplandecientes, el acero destellando y el pie firme, las ofensas empujando la venganza, fiereza, embestidas… y así la narración que nos convence de los dos personajes moviéndose con las luces mínimas de Lukáš Pondělíček, las candelas creando sombras y tensiones, la sangre cinta roja manando de la dorada ócrea sobre la blanca túnica, la luz que emana de una «cetra» convertida en regio cetro, reina despreciada y abandonada del principio transmutada triplemente en sí misma, narrando y sintiendo por dos. Arrolladora “La Kožená”, convenciéndonos de esta locura desde su propio convencimiento, haciéndonos ver lo invisible, el casco en copa cual grial, el arroyo murmurante, la mano temblorosa, juego de roles y voces como solo ella sabe y puede, el aplomo y dominio escénico desde la madurez vocal y vital. Marcon el maestro, el especialista, el músico completo, discreto desde la sabiduría, dejando fluir la música de sus alumnos vistiendo la voz para ese final que abre el Cielo, curiosamente apagándose voz, luz y música. Casi tres cuartos de hora en este triduo mitológico, la magia del tres como eje perfecto.

Adelantar la caja acústica para el espectáculo fue todo un acierto ayudando no ya la propia sonoridad del «consort» con la mezzo sino por la cercanía ideal, más si cabe para esta escenificación que en un espacio más reducido aún nos hubiese conmovido hasta límites insospechados.
Un auténtico placer Magdalena Kožená, una voz de las que escasean hoy en día y una artista integral, con una propina que no podía ser más que de Monteverdi, Sì dolce é ‘l tormento, totalmente dulce y nada tormentoso, porque el «padre de la ópera» experimentó en los madrigales todo el poder expresivo de la palabra con la música a su servicio, «La Cetra» primorosa desde la cuerda pulsada a la frotada y percutida, puente renacentista al barroco que sigue tendido y manteniendo cada vez más actual este periodo de nuestra historia.

Arranque con órgano para la XXXIX SMR de Avilés

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Domingo 13 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XXXIX Semana de Música Religiosa de Avilés: Raúl Prieto Ramírez (órgano). Obras de Bach, Buxtehude, Saint-Saëns y Widor.

La semana referente de la música religiosa en Asturias se celebra en Avilés desde hace treinta y nueve años, dos menos tiene el organista que abría esta edición, un cacereño universal de nombre Raúl Prieto (1979), al que su carrera de concertista le lleva a cruzar varias veces el «charco», residiendo en EE.UU. y realizando dos giras anuales por Rusia. Entre sus compromisos su presencia en el Ciclo «Todo Bach» del CNDM el pasado jueves en la Catedral de León, sábado en el Auditorio Nacional con entradas agotadas, y por suerte este domingo en Avilés, volviendo a nuestra tierra después de unos años gracias al trabajo de Chema Martínez quien nos los descubriese en el fenecido Festival de Órgano CajAstur y que jubilado de la docencia sigue plenamente activo en la organización de esta SMRA así como de distintos conciertos con el órgano como protagonista.

Algunos temas ya escuchados en León de Bach (con ligeros cambios que he realizado en el montaje del programa) aunque nunca iguales como tampoco los órganos, y menos en este Acitores de acento castellano pero plenamente asentado en el cantábrico tras cinco años largos cerca de la ría, el toque que yo llamo de salitre, más el inconmensurable y nunca suficientemente valorado Buxtehude para poder disfrutar del recio planteamiento barroco del órgano antes del último romanticismo brillante de Saint-Saëns o Widor, idiomas distintos, registros variados y música a raudales donde no faltó la proyección en pantalla gigante del concertista, para disfrutar visualmente de su impresionante técnica.

J. S. Bach (1685-1750) con el Preludio y fuga en re mayor, BWV 532 es el arranque ideal para dedos, tubos y público, la potencia ideal para la iglesia nueva de Sabugo de acústica muy agradecida, continuando con la impresionante Sonata V en do mayor, BWV 529 (de las Trio Sonatas) que en Avilés sonó igual de limpia y preciosista que en León pero con un pedalero más «modesto» aunque la lengüetería resultó ideal para la mano derecha.

Grandiosa la Toccata en Fa, BuxW 145 de Dietrich Buxtehude (1637-1707) digna forma virtuosística del barroco temprano que Bach eleva a las alturas y madurez del estilo, pero que su ídolo trabajó como muestrario o currículo técnico para todos aquellos que quisiesen dedicarse al duro oficio de organista, lo que da para una tertulia más allá de la sobremesa, todos los recursos instrumentales para sacar a flote una página atemporal. Escucharla en Helsingborg no tiene precio, pero desde casa también podemos viajar a Dinamarca en esta interpretación del más internacional de nuestros organistas.

Como el instrumento de Torquemada está diseñado para todo repertorio, estaba claro que las dos obras siguientes nos darían la grandeza de expresión y dinámicas que atesora, junto a timbres casi pensados para lo que vendría: la orquestal Danse macabre de Saint-Saëns (1835-1921) en el arreglo de Edwin Henry Lemare es más una reinterpretación que transcripción porque siempre se ha dicho que el órgano es el instrumento rey y así lo entiende Raúl Prieto que tiene esta obra entre las más demandas allá donde va precisamente por toda la riqueza que el órgano saca de una partitura ya de por sí llena de color en su versión orquestal. Cambios de tiempos, matices casi infinitos, planos sonoros, protagonismo del pedal en su momento, hacen de esta danza macabra una fiesta mexicana en cuanto a la concepción de la muerte, con el sonar de los huesos musicales en un guiño vital.

Y probablemente sea Ch. M. Widor (1844-1937) uno de los compositores que mejor ha entendido el órgano y su «Allegro» de la Symphonie VI, Op. 42/2 , sinfonía para órgano que puede sea una mínima muestra de la capacidad de este extremeño universal en su instrumento, siempre distinto allá donde va y sacando de todos ellos los registros ideales para afrontarla en su amplia gama dinámica y tímbrica. Obra magna y magnífica interpretación en el Acitores de Sabugo.

El regalo nuevamente «de León», con el llamado «ejercicio de pedal» atribuido a Bach para virtuosismo con los dos pies enfundados en zapatos americanos a medida cual guantes con talón para hacer música solamente con las extremidades inferiores, las que no faltan como sustento vital también en el órgano, disfrutándolo en la pantalla cual ballet barroco. Al menos Avilés estuvo en su «escapada a casa» y se lo agradecemos.

Ya es primavera con la Banda

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Sábado 12 de marzo, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta». Concierto de Primavera: Banda de Música de Mieres, Antonio Cánovas Moreno (director). Entrada libre.
La próxima llegada de la primavera, al menos en el calendario, cuenta con una cita cultural que se ha convertido en un clásico dentro de la agenda de actividades de Mieres, una original forma de recibir la nueva estación y este año casi la Semana Santa, de la mano de nuestra Banda de Música (que ya tiene al fin escrita toda su historia y actualizada en la Tesis Doctoral defendida por el musicólogo local y percusionista de ella José Ramón Vidal Pereira). La banda nos ofreció a sus incondicionales seguidores un original programa, con estrenos y clásicos que conformaron un concierto del agrado del nutrido público que casi llenaba el auditorio de la Casa de Cultura.

Con la presentación de cada tema y compositor a cargo de​
Ramón Hernández, presidente de la AMAM,​ la banda fue afrontando pasodobles casi obligados con otros arreglos y composiciones originales, una formación con mayoría de jóvenes bien arropados por veteranos que hacen de nuestra banda la perfecta conjunción de empuje y contención, ganas y sabiduría, puede que algo descompensada en las secciones (por ejemplo solo un oboe o bombardino) pero bien contrapesada por la calidad de sus componentes, clarinetes, saxofones y trombones suficientes, flautas con una flautín que es ya virtuosa, dúo de trompas, trompetas o tubas, percusión al completo y hasta un piano electrónico con una intérprete brillante, presente y segura en sus intervenciones, bien llevados por el profesor Cánovas.

Comenzábamos por el pasodoble Los dos Adolfos de José María Martín Domingo (1889-1961), historia no ya de Adolfo padre e hijo timbaleros de la Banda de Música de Madrid a quienes va dedicado, sino del propio compositor y músico militar menorquín, partitura para banda sin complejos, conocedor del material sonoro y de la forma final como Antonio Cánovas que exprimió cada momento, bien trabajado y aún fresco del pasado concierto de Santa Cecilia (incluido en el enlace del título).
Star Wars Saga es un espectacular arreglo para banda del trombonista y compositor holandés Johan de Meij (1953), un «compendio» de los temas más famosos de John Williams para la «triple» trilogía, conocimiento de primera mano del material humano y sonoro de una banda, demostrado en los diferentes motivos del genial compositor americano que pudimos disfrutar en cada sección con unas contraposiciones bien elegidas por el arreglista, casi recreador del original, desde los potentes metales a las delicadas maderas sumando una percusión segura, todo perfectamente conducido por el maestro Cánovas que sabe buscar y encontrar las partituras apropiadas a esta formación. No tenemos banda sinfónica pero por momentos sonó como tal.

Marta Agustín (2009) es un pasodoble de concierto moderno, obra del valenciano Pere Sanz Alcover (1975), acumulando premios con sus obras y labor, música en sus venas por herencia y geografía, esta vez con el nombre de la fallera mayor destinataria de la forma española más típica de banda y plenamente exportable, con una «actualización» que mantiene vivo un ritmo y forma tan nuestra como la próxima Semana Santa (donde estas músicas son inseparables de las procesiones). Así la entendió el director de Totana con la Banda de Música de Mieres, versión muy digna donde no faltó un buen solo de trompeta, la presencia poderosa de las tubas, la percusión completada con el piano, clarinetes manteniendo el aire marcial, saxofones alternando protagonismo lírico, de una partitura que destila mucha música heredada y vivenciada en una tierra de bandas.
De 1999 es Loch Ness (fantasía escocesa) del ya citado Johan de Meij, un poema sinfónico para banda, con la inclusión de dos gaitas escocesas (esta vez asturianas con Jorge Areces y Pablo Álvarez, director y componente respectivamente de la Banda de Gaites «Villa de Mieres»), donde cada sección tiene su importancia, especialmente las trompas y la percusión, corroborando el buen conocimiento del viento, incluso en máquina, con reminiscencias del Moussorgski de Una noche el el Monte Pelado que relatan en cinco movimientos ambientes con distintos tiempos y texturas, bien llevados por un Antonio Cánovas que parece dar en el clavo con el repertorio y poder sacar a flote con estos mimbres unas obras muy exigentes técnicamente, dinámicas amplias, rítmicas cambiantes y un lenguaje plenamente cinematográfico de lo más actual, que no suele faltar en los conciertos de las bandas de música.

El pasodoble Dauder del riojano Santiago Lope Gonzalo (1871-1906) mantiene el espíritu de banda pero sin alcanfor ni caspa, porque las buenas obras permanecen en el tiempo, que les da aún más solera, obra que ya interpretaron el pasado noviembre con motivo del concierto de Santa Cecilia. Sabor y sentido de nuestra música capaz de compartir programa entre los grandes, y obligado mantenerlo presente.
Para acabar nada menos que el inmenso Danzón nº 2 del mexicano Arturo Márquez (1950) en arreglo para banda de Oliver Nickel, un mosaico de combinaciones afrocubanas y mexicanas con intervenciones solistas difíciles y bien resueltas, apostando por calidades tímbricas así como la base rítmica de verdadera solera y sostén para un universo melódico con un final trepidante bien entendido para banda.

Buen nivel el demostrado por nuestra banda de música local dirigida por un murciano afincado en nuestra tierra, convenciendo y trayendo músicos de todas partes cada sábado para reunirse y trabajar en lo que les gusta, sacrificando su tiempo y así poder deleitarnos puntualmente con conciertos como el de este sábado pre-primaveral. Les seguiremos siempre que podamos y apoyando porque la inversión en cultura siempre es a largo plazo… aunque ya recojamos frutos cada poco.

Festival de talento

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Viernes 11 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Abono 8 OSPA, Jaime Martín (director). Obras de Dvorak y Bartók.

Tras «nuestra» escapada bilbaína la OSPA y manteniendo colocación como en el Euskalduna, volvía a su sede ovetense con un director español en constante crecimiento, Jaime Martín (Santander, 1965), actual titular de la Orquesta de Cadaqués, quien en una entrevista al diario La Nueva España (la dejo casi íntegra al final, en su versión papel) decía: «Una orquesta es un festival de talento» y quiero tomar este titular también para mi entrada del blog.

Todas las virtudes que llevo tiempo destacando de la orquesta asturiana, este octavo de abono se han multiplicado porque al fin la batuta cántabra dio la necesaria seguridad, confianza, serenidad, ilusión por el trabajo bien hecho y sobre todo una honestidad con las obras elegidas que los músicos transmiten.

Las Danzas eslavas, op. 46 (1878) de A. Dvorak (1841-1904) suelen interpretarse sueltas y no en su totalidad como pudimos disfrutarlas este viernes, ni en versión original para piano a cuatro manos ni la orquestal, algo que parte del público no pareció enterarse aplaudiendo indebidamente y haciendo romperse el hechizo de la continuidad de ocho danzas en distintas tonalidades, ritmos y tiempos con un empuje contagioso lógico en una música de baile con inspiración folklórica pero a base de melodías propias que no tienen porqué ser herederas de las húngaras de Brahms. Maravillosa cada sección orquestal y cada intervención solista, dinámicas amplias perfectamente marcadas por el director santanderino, intensidades graduadas para deleite de todos, difícil quedarme con alguna aunque por comparar (aunque sea odioso) con la escuchada el pasado 24 de febrero la «Furiant» Danza nº 1 en Do mayor «Presto» hoy tuvo todo lo que entonces faltó: agilidad, bailable, empuje rítmico y claridad en las melodías, al igual que la última, tal vez la más conocida de todas. Estado de gracia para toda la orquesta y entendimiento total con el podio, plenitud para una integral que pone a prueba formaciones y batutas.

Aún más complejo de interpretar y dirigir que al checo Dvorak resulta el llamado Concierto para orquesta, Sz. 116, BB 123 (1942-1943) del húngaro Bela Bartók (1881-1945), puede que evitando llamarlo sinfonía no ya por sus cinco movimientos, aunque resulten como tales los impares e intermedios los pares, sino por unos contrastes más en la línea de los barrocos, también comentado por Asier Vallejo Ugarte en las notas al programa (enlazadas en los autores al principio).
La biografía de Bartok daría para una película y en sus última etapa neoyorkina parecía abocado al hundimiento total cuando surge este encargo de unos compatriotas que nos dejará una de las páginas orquestales más fastuosas y difíciles dentro del repertorio sinfónico, básicamente por el tratamiento concertante de las distintas secciones orquestales que la OSPA tiene en calidad superlativa como pudimos disfrutar por unanimidad los afortunados: el arranque de la cuerda y luego flautas de Introduzione – Andante non troppo presentó credenciales claras de lo que vendría después, el metal del Allegro vivace sonó virtuoso y claro en las secciones fugadas del desarrollo, con unas trompas en perfecto entendimiento desde hace muchos conciertos, unos trombones a los que llamo el cuerpo orgánico por no decir organístico, y las trompetas seguras y vibrantes, con una percusión mandando sin ensuciar; de la cuerda que enamora destacar su pasaje movidísimo del último movimiento perfecto por claridad, presencia e intensidad pero también destacable el segundo movimiento con todos los instrumentos alternando por parejas en pasajes brillantes sonando como uno solo, respiraciones, fraseo, matices idénticos como verdadera sana competición en mejorar el anterior y dotando de una continuidad marcada por el tambor con «mando Dalai en plaza» ese movimiento realmente de verdadero encaje de bolillos: fagots, oboes, trompetas, flautas… cada tema respirando aire popular desde el dominio instrumental plenamente académico, por no decir clásico del compositor húngaro. Hasta el Intermezzo interrotto, cita del «tema de la invasión» de la Séptima sinfonía de Shostakovich -popularísima en EE. UU.- como guiño de su fino humor húngaro, sonó aterciopelado en una OSPA a la que deseamos mantenga este nivel, con un Finale: Pesante – Presto para guardar y grabar cuando Radio Clásica lo emita dentro de unos meses. Si el viejo Bartók muestra mucha ironía con esta obra, Jaime Martín a quien la batuta le proporciona libertad, nos dejó un guiño de cómo alcanzar no ya magia sino una interpretación magnífica y de altura, fruto de la honestidad, el trabajo, el entendimiento y un saber mucho además de bien de su trabajo. Ha sido un excelente flautista y como director sigue creciendo, contando sus apariciones por triunfos, y el de este octavo de abono en Oviedo ha sido uno más. Esperamos vuelva pronto. En la entrevista citada cuenta muy claro la forma de entender su oficio: «… requiere colgar el ego de una percha. La gran cualidad de un músico de orquesta es la flexibilidad. Una orquesta es como una cometa y el director es el encargado de mantener el hilo. Cuando se hace así soy feliz, es un trabajo mágico». Magia y talento.

Highway to Bach

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Jueves 10 de marzo, 20:30 horas. «Bach en la Catedral», León: Raúl Prieto Ramírez, órgano. CNDM en coproducción con el XXXI FIOCLE. Entrada libre. Fotos del órgano ©Twitter archivos personales de @RPrietoRamirez.

Continúan los jueves con la segunda parte de la integral de órgano de Bach en la Catedral de León, que el sábado en el Auditorio Nacional se convierte en «Bach Vermut«, un hito en nuestra historia musical, que nos traía de nuevo a casa a nuestro intérprete español más internacional, actualmente afincado en EE.UU. pero con agenda mundial completa que esta semana española incluye además de León y Madrid, la Semana de Música Religiosa de Avilés donde además de Bach le tendremos con sus obras más habituales en los conciertos: Saint Säens, Widor o Reger, que también forman parte de sus cursos en la Universidad de Indiana, la Ball State University, la Universidad de Baylor (Tejas) e incluso en el Conservatorio de Moscú o la
Universidad de Graz (Austria).

Y es que Raúl Prieto (Navalmoral de la Mata -Cáceres-, 1979), al que descubrí hace seis años en el defenestrado Festival de Órgano de Asturias, ha tocado en los mayores templos mundiales de la música de órgano: la catedral de Milán, el Victoria Hall de Londres, el Teatro Mariinsky de San Petersburgo o la sala de conciertos central de Moscú, donde se halla el órgano más grande de Asia, así como el órgano del Disney Concert Hall de la Filarmónica de Los Ángeles, y mantiene un dúo único en España con la pianista Maria Teresa Sierra. Imposible reflejar su amplio currículo y palmarés aunque no quiero olvidar que con 27 años le nombraron asesor artístico e intérprete asociado de la OCNE y divulgador, haciéndose cargo de toda la actividad de los órganos del Auditorio Nacional de Música de Madrid con su «Proyecto Órgano» cuyos resultados propiciaron un titular como el del periódico ABC: «El órgano sale de las tinieblas».
Rutilante e imparable carrera que le ha llevado a Estados Unidos, donde la agencia más importante de representación de organistas según la revista especializada «Fanfare» (Phillip Truckenbrod Concert Artists) le ofreció un contrato sin condiciones para hacer giras por Norteamérica, y ahora mismo tiene tantos compromisos mundiales que debe rechazar ofertas inimaginables en estos tiempos.

El programa Bach de León presentaba verdaderas «salvajadas» que no están al alcance de cualquier organista, y debo destacar que las dificultades van más allá de la cuestión técnica, con una elección de registros adecuados que hubiera necesitado de muchas horas (las que Raúl Prieto no tiene) para investigar las infinitas posibilidades tímbricas que atesora «el bicho» de Klais. Apostó por los prefijados de fábrica aunque no desmerecieron en ninguna obra, con especial esmero en el pedalero (incluyendo la propina del conocido estudio atribuido a «Mein Gott» sólo garabateado en una portada de cantata como bien explicó a los asistentes) y con un frío que convirtió esta ruta del organista no como una escalera al cielo sino autopista al infierno gélido capaz de inmovilizar las manos del mejor conductor.

Arrancar con dos Corales de Leipzig son una buena forma de «entrar en calor», la Fantasía super Komm, Heiliger Geist, Herr Gott, BWV 651 en despliegue brutal como corresponde a la propia forma, poderío sonoro desde un tiempo casi vertigionoso, y sin apenas respiro para el cambio de registros Komm, Heilige Giest, Herr Gott, BWV 652 como tanteo no ya digital para una mano izquierda que marca el motivo, sino tímbrico, contrastes también en tiempos para continuar admirando la escritura siempre increíble del cantor. Con Christ lag in Todesbanden, BWV 718 el frío lo acusó sobremanera la mano siniestra, «amortajada» como reflejo de la letra del coral utilizado en la cantata BWV 4, aunque no nos perdimos la limpieza de voces en teclados y pedalero, juego rítmico y melódico diferenciado en ejecución y timbre.

Punto y aparte merece la Sonata V en do mayor, BWV 529 (de las Trio Sonatas) por ser de lo más difícil de escuchar en vivo ante las exigencias planteadas, tres voces cada una con su registro específico que deben sonar casi orquestales y ser interpretadas limpias además de sin trampas, ya que el «puñetero» de Bach es un delator de errores único. La registración fue ideal en planos y equilibrios, más asequible en el Largo pero sabrosísima en los Allegri extremos, pletórico y vibrante el inicial, majestuosamente brillante el final, todo un despliegue técnico e interpretativo por parte de este extremeño universal.

Un poco de aire tranquilo para disfrutar el motivo variado del conocido y versioneado «coral de la Pasión» para Herzlich tut mich verlangen BWV 727, de los Preludios Corales BWV 714 a 765, con exposición clara en presencia aunque me hubiese gustado mayor despliegue tímbrico, apostar por la lengüetería o incluso una trompetería corta que sobresaliese mínimamente en una apuesta muy uniforme en presencia donde el propio registro y su tesitura hace brillar solo el coral.
No faltan distintos números de El Arte de la fuga BWV 1080 en versión organística dentro de este ciclo con la integral de Bach, y los distintos intérpretes eligieron el suyo, Raúl Prieto optó por el Contrapunctus XII a 4, inversus, pulcro como la catedral leonesa, registros en agudos para mantener el espíritu inicial incluso en cada variación y tiempo calmado para no enturbiarse en los trinos con la reverberación gótica, antes de un final apoteósico como es el Preludio y Fuga en mi menor, BWV 548, magno en toda su concepción, un crescendo único desde las primeras notas hasta la matemática artística de la fuga, equilibrios en los planos, valentía en los tiempos y expresividad máxima. Se nos olvidó el frío porque Bach merece autopistas de peajes varios. En Avilés mucho más…

Domingo para cerrar Musika-Música 2016

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Un paseo tranquilo por el Parque de Doña Casilda y al lado de la ría hasta el Guggenheim volviendo antes de la siguiente tormenta que nos precipitó hacia el Euskalduna en una mañana-tarde sin apenas tiempo para nada, solo para la música.

Domingo 6 de marzo, 13:00 horas: Kiosko Cósima, Conservatorio de Música de Calahorra,
Trío con piano: Ana Ausejo (violín), Beatriz Pérez (viola), Camila Bretón (cello), Alfo Fabo (piano): F. Schubert: Adagio y rondó concertante en fa mayor para cuarteto con piano D. 487: Rondó.

Gente joven, estudiantes destacados que se atreven a hacer música juntos con el desparpajo y buen entendimiento fruto de mucho trabajo previo donde tocar en público y templar nervios es una asignatura que superaron sin problema.
Octeto de viento-madera: Nerea Andrés (flauta), Miguel Ibáñez (oboe), Guillermo Arnedo y Ruth Arriazu (clarinete), César Calvo y Josep L. Lloares (fagot), Virginia Montes y Marta Llorente (trompa): F. Schubert: Octeto para vientos D. 72: I. Allegro, II. Andante (arr. R. G. Patterson).

Cuando la música de cámara exige escucharse además de tocar, nos deja momentos como los de este octeto y una lección para no olvidar nunca que estos jóvenes tienen muy claro, así como el necesario apoyo de las familias a las que nunca se recuerda ni agradece su presencia y empuje. No nos quedamos a escuchar el Octeto de trompas por el horario algo apretado aunque teníamos las entradas numeradas para el siguiente. Mi cuerpo necesitaba un café porque el «kiosko» era más frío que las salas, por otra parte con buena temperatura que no influyó en exceso en los instrumentos.

Domingo 6 de marzo, 13:45 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 51, Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Rossen Milanov (director):
R. Strauss: Una vida de Héroe, poema sinfónico op. 40. Entrada: 10,90 €.
Remate straussiano de «nuestra» OSPA donde cada músico tuvo su propia vida de héroe en este monumental Strauss para despedir la presencia asturiana en Musika-Música, lástima la hora poco agradecida con menos público del esperado, y es que la interpretación resultó muy equilibrada y con momentos de una calidad rayando la excelencia. Nuevamente con la plantilla reforzada que funcionó como si llevasen toda la vida juntos y unos solistas que no decepcionaron en los seis números (incluso el dúo de trompetas fuera de escena), heróicos todos ellos en expresividad y fuerza. Sigue adoleciendo Milanov de precisión en las entradas (yo ya le llamo «batuta flácida»), pero logró dinámicas realmente buenas, sin estridencias, gustándome la amplia madera (excelencia de las flautas en rítmica bien encajada con oboes), todos los «bronces» y por fin la cuerda que a todos nos enamora, hiriente cuando se le pide, aterciopelada, con un Vasiliev rejuvenecido en sus solos. Ritmo frenético desembocando en La retirada del mundo y la plenitud del héroe, percusión contagiosa, trombones empujando y por las exigencias del escenario la colocación de percusión atrás y contrabajos a la izquierda detrás de los violines primeros que no restó luminosidad y puede que incluso favoreciese la sonoridad alcanzada en este Ein Heldenleben que inundó el auditorio en esta Odisea fantástica.

Domingo 6 de marzo, 15:30 horas: Auditorio Odisea, Orquesta del Conservatorio «Juan Crisóstomo de Arriaga», Maite Aurrekoetxea (directora): Obras de R. Wagner y F. Mendelssohn. Entrada gratuita.
Los músicos bilbaínos no se arredraron con las obras elegidas para interpretar en el Auditorio. Tres grandes que sonaron más que dignos: Wagner, «Lohengrin«, introducción al acto III, con unos vientos seguros y una percusión «mandando», Mendelssohn con su Sinfonía nº 4 «Italiana» de la que prescindieron del complicadísimo primer movimiento para dejarnos el II y III más que bien, algún desafine puntual de la cuerda que hasta los profesionales deben trabajar, y de nuevo Wagner con el majestuoso preludio de «Los Maestros Cantores de Nüremberg» perfecto colofón de este último concierto en la sala Odisea, realmente tal para una juventud que disfruta con la música y así será toda su vida, independientemente de su dedicación completa o no a esta difícil profesión.
Emocionante contemplar a las familias en el patio de butacas y ver a sus herederos en el escenario grande, verdadero premio a lo estudiado y ensayado, sientiéndose tan importantes como los maestros a los que han estado escuchando este fin de semana y conviviendo con otros estudiantes que han recibido su alternativa en este macroevento. Los locales son habituales del festival y no decepcionaron, con una directora de gesto claro y preciso que lleva a los estudiantes de la mano. Hay cantera de músicos porque el sacrificio tiene estos premios.

Domingo 6 de marzo, 17:00 horas: Sala Schubertiadas, Concierto nº 70, Judith Jáuregui: Obras de Félix Mendelssohn y Fanny Mendelssohn. Entrada: 6,90 €.
Los hermanos Mendelssohn fueron los elegidos por la pianista donostiarra que exigió una iluminación más íntima para ambientar sus obras, comenzando con Albumblatt, op. 117, aplomo y fuerza de pulsación para la ligereza casi chopiniana de esta pieza de salón al igual que la Romanza sin palabras, op. 30 nº 6 (Venetianisches Gondellied), delicadeza y fraseo sentido para estas bellas melodías despojadas de un texto que la música recrea respirando.
La gran desconocida Fanny Mendelssohn a la sombra de su hermano menor nos dejó entre su amplia producción esta impresionante Sonata para piano en sol menor; impresionante la fuerza y decisión de esta sonata que explora todo el registro del universo de las 88 teclas, con una Judith cuidadosa del sonido, pedales apropiados y una musicalidad tan cercana que recreaba aquellas veladas de los románticos elevando el salón a la pequeña sala de conciertos. Y para cerrar de nuevo Félix y sus Variaciones serias en re menor, op. 54, trabajando siempre la melodía aunque se oscurezca en cada reinterpretación, ligereza y pulsación, sonido buscado hasta el detallo en estado de gracia nuestra Judith Jáuregui que sigue su crecimiento interpretativo buscando repertorios que le gustan y hace suyos con total naturalidad. Excelente punto final a nuestra Musika-Música con los hermanos Mendelssohn para descubrir un Félix virtuosístico y poderoso, más la increíble Fanny que seguirá sorprendiéndonos como la pianista donostiarra.

A las 18:05 pusimos el punto y final del «puente romántico 2016» donde Richard Strauss volvió a exigir a todos sus intérpretes, especialmente a las orquestas, y me encantó seguir a los conservatorios, así como a los pianistas. Habrá que esperar la sorpresa del año próximo aunque los tiempos parecen no estar precisamente bien para la música. Esperemos que el sentido común no sea el menos común de los sentidos y se mantenga un festival que representa convertir la capital vizcaína en un referente más allá del turismo músical.

Mañana de sábado con mucho Schubert en MUSIKA

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Impresiona madrugar y escuchar en algunas habitaciones músicos haciendo escalas. El desayuno hay de todo, los que prefieren algo frugal o mejor cargar fuerzas que el día se hará muy largo. Llegar a la fiesta Musika-Música de Euskalduna y encontrarse ya con las primeras colas sigue siendo buena señal.

Sábado 5 de marzo, 11:00 horas: Sala Biblioteca Shakespeare, Concierto nº 23, Luis Fernando Pérez (piano), Aitzol Iturriagagoitia (violín), Andoni Mercero (viola), David Apellániz (chelo) y Toni García Araque (contrabajo).
F. Schubert: Quinteto para piano y cuerdas en la mayor «La trucha», op. 114 D. 667. Entrada: 8,90 €.

Me gusta que los grandes pianistas no se limiten al concierto con orquesta o al recital en solitario sino que formen y participen en la música de cámara que siempre reivindico como la base de todo melómano porque también lo es de los propios compositores. Está claro que para alcanzar niveles altos de calidad en el conocido quinteto «La trucha» se necesitan años de trabajo conjunto porque no sirve solo tocar lo escrito, algo para lo que estos músicos y profesores están más que capacitados, incluso en quinteto puro para el Allegro vivace inicial donde todos son protagonistas. Los tiempos elegidos para los movimientos optaron por un virtuosismo técnico más que por la poesía que el lied original debería transmitir, en inspiración o en la cita directa del tema en las variaciones del Andantino. Mejor el cuarteto de cuerda aunque había química desde el teclado que nos dejó una trucha asalmonada pescada en aguas cristalinas, de esperar en estos profesionales que fueron como el aparejo del cuatro más una caña campeona del pianista madrileño Luis Fernando Pérez que no siempre sacó a flote el esperado pez, al menos de las medidas reglamentarias para no devolverlo al río, si bien su sonoridad y fuerza siguen impresionándonos a todos y el toque de ajuste técnico y afinación estuvo a cargo del asturiano Jesús Ángel Arévalo, un fijo en el staff de este festival.

Sábado 5 de marzo, 12:30 horas: Kiosko Cósima, Orquesta del Conservatorio Rafael Frühbeck (Burgos), Daniel Lorenzo (director).
F. Schubert: Sinfonía nº 8 «Incompleta»: I. Allegro Moderato.
Tras el necesario café escuché de fondo sonar de nuevo a Schubert y me acerqué para disfrutar con este movimiento tan bien escrito, tocado y dirigido, sorprendente calidad de unos estudiantes burgaleses con un director que vamos siguiendo de cerca. Todo ello asegura un futuro optimista en el campo musical, aunque pasemos momentos donde parece volver la sombra del pasado que recordaba Jesús López Cobos sobre que «ser director de orquesta en España es como ser torero en Finlandia«, muchos años de inversión que va siendo hora de recoger nosotros y no otros.

Sábado 5 de marzo, 13:45 horas: Sala La Trucha, Concierto nº 32, Cuarteto Quiroga: obras de  F. Mendelssohn y F. Schubert. Entrada: 6,90 €.

Si en el primero de la mañana reflexionaba sobre la necesidad de la música de cámara y el tiempo de trabajo que hay detrás de un cuarteto, no cabe duda que escuchar «el Quiroga» es siempre un placer por entendimiento, riqueza tímbrica y perfección en la forma y formación. Aitor Hevia (violín), Cibrán Sierra (violín), Josep Puchades (viola) y Helena Poggio (violonchelo) son mejor que la conocida marca de aceite, son cuatro en uno, sonoridad impecable desde una técnica siempre al servicio de la obra que tratan con un respeto digno de reflejarse, siendo reconocidos allá donde van como un verdadero fenómeno. El Andante y Scherzo para cuarteto de cuerdas, op. 81 (F. Mendelssohn) resultó ideal con esos mimbres, arranque casi coral donde todo está medido antes de un Scherzo vibrante y brillante, escuchándose todo lo escrito sin perder detalle, melodías, arcos, pizzicatti, en un enfoque global lleno de musicalidad.
Y el momento grande de nuevo con F. Schubert y su Cuarteto nº 13 en la menor «Rosamunda», op. 29 D. 804. Delicias de un ensamblado cuarteto donde los arcos parecen movidos por un solo brazo, la música que brota por doquier entendida como globalidad, un Schubert limpio, brillante y equilibrado con sentido contraste, romanticismo en estado puro que «el Quiroga» entiende al pie de la letra en cada uno de los cuatro movimientos, sin excesos y sin defectos. Es maravilloso escuchar la melodía pasar de uno a otro sin perder el color, algo al alcance de muy pocos. Referente de este repertorio aunque sin encasillarse en ninguno porque sienten todo lo que tocan y el enorme trabajo previo se nota en cada frase. Hay cuerda para rato… me perderé su cuarteto estrella «La muerte y la doncella» pero el día no da para más. Y con poco tiempo a comer algo antes del primero de la tarde.

Viernes sinfónico de Musika-Música

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Viaje de apenas 3 horas entre Mieres y Bilbao, con tiempo suficiente para guardar el coche, coger los paraguas y pasar por el cajero detrás de las taquillas del Euskalduna recogiendo nuestras 20 entradas para los 10 conciertos que nos esperaban en este maratón musical que es Musika-Música, este año con el lema «Puente para románticos«. La elección y encaje horario resultaron difíciles pero mayoritariamente apostamos por las orquestas y música de cámara muy concreta, sin olvidarnos de los conservatorios… sacando las entradas por Internet, sin coste adicional, el mismo día de su salida a la venta el pasado 18 de febrero.

Y a diferencia de otros años, esta vez el Auditorio tenía las localidades numeradas, por lo que las colas para acceder a los conciertos, salvo los gratuitos, eran menores, aunque también tiene su gracia conocer a otros melómanos en estas esperas para buscar la mejor butaca en las distintas salas, con muchos franceses como es habitual, y una excepcional organización aunque este año los conciertos comenzaron todos con retraso, trabajo impresionante de todos con una amabilidad marca de la casa.

Viernes 4 de marzo, 19:30 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 2, Euskadiko Orkestra Sinfonikoa, José Miguel Pérez Sierra (director). Obras de Wagner y R. Strauss. Entrada: 10’90 €.
Buen inicio de nuestra programación con el Preludio y muerte de Isolda del «Tristán e Isolda» wagneriano con una orquesta que llenó el auditorio, gran formación con Pérez Sierra que apostó por demostrar la gran calidad de estos músicos con una amplia gama dinámica algo contenida y secciones bien equilibradas. Momentos íntimos frente a la explosión anímica que nos dejó saborear la peculiar escritura e instrumentación del primer Ricardo de la noche, porque aún quedaba el segundo, Strauss con su impresionante Muerte y transfiguración, poema sinfónico op. 24.
Verdadera implosión como ruptura hacia dentro en oposición a la explosión wagneriana, favorecida por una orquesta potente en número y calidad, especialmente la cuerda que consiguió el equilibrio de unos metales en estado de gracia, todo con una dirección clara de gesto e ideas a cargo del joven director madrileño a lo largo de los cuatro números donde prima el tiempo contenido pero la expresividad es contagiosa dentro de la intrincada escritura del alemán.

Viernes 4 de marzo, 21:00 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 3, Orquesta Ciudad de Granada, Giancarlo Andretta (director):
F. Schubert: Sinfonía nº 9 en do mayor «La Grande» D. 944. Entrada: 10’90 €.
La elección del repertorio es básica para la plantilla habitual de una orquesta, evitando «tirar» de refuerzos para afrontar obras que a todos nos gustan pero que pueden engañar al público no habitual. La orquesta de cámara granadina OCG con un Andretta vitalista que lleva a su formación «de la mano» supo aprovechar estos recursos con maestría, trompas excelentemente afinadas y empastadas, madera clara y lírica, cuerda de terciopelo capaz de alcanzar todos los matices sin perder presencia, todo lo que hace «Grande» a maestro, orquesta y sinfonía. El espíritu clásico vienés bien entendido en cada movimiento, creciendo en intensidad anímica y tiempos, destacando los dos últimos Allegro vivace del Scherzo y Finale para seguir admirando la magna obra de Schubert como compañero de viaje de Bethoven en ese puente hacia el romanticismo. Un placer escuchar cada sección sin merma alguna de dinámicas, todos entregados a esta sinfonía en su estado puro y como flotando el espíritu de Harnoncourt que ya dejó huella en la historia de la música pero personal y especialmente en Schubert.

Aún hubo tiempo de unas cañas con sus correspondientes pinchos antes de acostarse, que el sábado se preveía largo y había que descansar.

Notas rápidas de Musika-Música 2016

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Recién llegado a casa de esta «maratón» o fiesta de la música en Bilbao que es Musika-Música este fin de semana del 4 al 6 de marzo, con 190 € en entradas (que mi «sufridora» ahí estuvo también) dejando aquí unas notas rápidas tomadas a vuelapluma, vamos tecleando en el móvil nada más terminar cada uno de ellos. Con tiempo las crónicas detalladas con sus fotos, enlaces y todo lo habitual.

Viernes 4 de marzo
19:30 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 2.

Contención dinámica y explosión anímica en Wagner, implosión Strauss en Euskadiko Orkestra Sinfonikoa potente y dirección clara de gesto e ideas de José Miguel Pérez.
21:00 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 3.

Aprovechar recursos con maestría hace «Grande» a Maestro Andretta, Orquesta Ciudad de Granada y Sinfonía de Schubert.

Sábado 5 de marzo
11:00 horas: Sala Biblioteca Shakespeare, Concierto nº 23.

​Una trucha casi asalmonada en aguas cristalinas con aparejo de cuatro y una caña campeona manejada por el pianista Luis Fernando Pérez.
12:30 horas: Kiosko Cósima, Orquesta del Conservatorio Rafael Frühbeck (Burgos), Daniel Lorenzo (director).
F. Schubert: Sinfonía nº 8 «Incompleta»: I. Allegro Moderato.

Llegué al final pero disfrutando con este movimiento y una sorprendente calidad en unos estudiantes que aseguran un futuro optimista.
13:45 horas: Sala La Trucha, Concierto nº 32.

Entendimiento, riqueza y perfección en forma y formación hacen ideales a Mendelssohn y sobre todo a Schubert, limpio, brillante y con sentido contraste.

17:00 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 19.
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​Calidade gallega para una acuarela escocesa  más que óleo, donde las brumas brillaron al mismo nivel que la orquesta Real Filharmonía de Galicia y su director Paul Daniel.
18:30 horas: Sala Schubertiadas, Concierto nº 41.

R. Strauss: Cuarteto con piano en do menor, op. 13 TrV 137.
Impactante y duro romanticismo en estado puro este cuarteto opus 13 de Strauss, la excelencia Galdós con un trío que sólo junto a Ivan Martín puede sonar así.
20:00 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 21.

Un juguetón Till con más sal gorda que Maldon y los lieder con más hueso en el grave que excelente carne aguda pero buen sabor «al dormir» ante una obra asimilada incluso en escena. Tomo nota de «la Müller».
21:30 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 22.

Haciendo cumbre alpina con ostentación sonora para cerrar el sábado, disfrutando del órgano y una pletórica Bilbao Orkestra Sinfonikoa local que casi llena el Auditorio pese a la hora de finalización.

Domingo 6 de marzo
13:00 horas: Kiosko Cósima, Conservatorio de Música de Calahorra:
Trío con piano: Ana Ausejo (violín), Beatriz Pérez (viola), Camila Bretón (cello), Alfo Fabo (piano): F. Schubert: Adagio y rondó concertante en fa mayor para cuarteto con piano D. 487: Rondó. Desparpajo y buen ententendimiento fruto de mucho trabajo previo.

Octeto de viento: Nerea Andrés (flauta), Miguel Ibáñez (oboe), Guillermo Arnedo y Ruth Arriazu (clarinete), César Calvo y Josep L. Lloares (fagot), Virginia Montes y Marta Llorente (trompa): F. Schubert: Octeto para vientos D. 72: I. Allegro, II. Andante (arr. R. G. Patterson).

Cuando la música de cámara exige escucharse además de tocar, una lección para no olvidar nunca que estos jóvenes tienen muy claro.
13:45 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 51.

Cada músico de «nuestra» Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) vida de héroe en este monumental Strauss para despedir la presencia asturiana en Musika, lástima hora poco agradecida y menos público del esperado.

15:30 horas: Auditorio Odisea, Concierto gratuito, Orquesta del Conservatorio «Juan Crisóstomo de Arriaga», Maite Aurrekoetxea (directora):
R. Wagner: Lohengrin, introducción al acto III.
F. Mendelssohn: Sinfonía nº 4 «Italiana»: II y III mov.
R. Wagner: Los Maestros Cantores de Nüremberg: Preludio.
Qué maravilla ver la juventud en el escenario grande, premio a lo estudiado y ensayado sientiéndose tan importantes como los maestros a los que han estado escuchando y conviviendo. Hay cantera.
17:00 horas: Sala Schubertiadas, Concierto nº 70.

En estado de gracia​ Judith Jáuregui que nos pone el punto final a nuestra MusikaMusica con los hermanos Mendelssohn para descubrir, un Félix virtuosístico y poderoso, más la increíble Fanny que seguirá sorprendiéndonos tanto como la pianista donostiarra.

A las 18:05 salimos del Euskalduna, coche, carretera y agua… En casa alegres tras este fin de semana con «puente romántico 2016» donde Richard Strauss volvió a exigir a todos sus intérpretes, especialmente centrado en las orquestas que sumaron mi «plan», los conservatorios verdadero vivero de talento que no podemos dejar emigrar, unos pianistas consagrados que también en cámara atraviesan un momento dulce, y la reafirmación del Cuarteto Quiroga como lo mejorcito en la actualidad dentro de mi complicada elección. Mucho que contar con detalle en una semana donde la música en el Principado tampoco parará… y mi admiración a la organización que sigue asombrándome. No quiero olvidar al trompa ovetense Jorge Monte de Fez que la mañana del sábado (concierto nº 17 en el Auditorio Odisea) interpretó con la OSPA y Milanov el primero de Strauss en un nuevo hito dentro de su meteórica carrera, y a Jesús Ángel Arévalo dentro de los afinadores oficiales de este macro evento. La presencia asturiana en Bilbao sigue dejando el pabellón muy alto y puedo presumir de haber estado ahí.

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