Inicio

Beatrice Rana con Mikko Franck

1 comentario

Jueves 8 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Beatrice Rana (piano), Orchestre Philharmonique de Radio France, Mikko Franck (director). Obras de Tchaikovsky y Debussy. Fotos de Pablo Piquero, propias y de las RRSS.

Volvía cinco años después al auditorio ovetense el director finlandés Mikko Franck (Helsinki, 1979) con la orquesta de la que es titular desde hace 10 años, la Filarmónica de Radio Francia, y en esta temporada de despedida traía en su gira española (de nuevo con Oviedo en el mapa) a otra solista de altura, la pianista italiana Beatrice Rana (Copertino, 1993) con un programa que se abría nada menos que con el Concierto para piano nº 1 en si bemol menor, op. 23 de Tchaikovsky.

El cinematográfico y popular concierto del ruso encontró la conjunción de una formación no excepcional pero solvente y muy empastada, un director peculiar pero conocedor de sus efectivos, y una pianista capaz de aportar su personalidad, sabiendo plegarse a la orquesta como un instrumento más y brillar en sus momentos solistas. El arranque del Allegro non troppo e molto maestoso planteó ligeras dudas para encajar la misma pulsación entre la italiana y el finlandés, pero según fue avanzando este primer movimiento todo iría encajando poco a poco en su justa medida.

Beatrice Rana se mantuvo con una excelente sonoridad en los pasajes fuertes, con una digitación siempre limpia capaz de sobrevolar una orquesta que nunca bajó las dinámicas escritas, casi un combate sonoro más que el esperado diálogo y protagonismo compartido, ya que Mikko Franck no siempre trabajó la concertación desde su estilo peculiar de dirección, apoyándose o sentándose por momentos, pero (de)mostrando todo el colorido de «su orquesta», lo mismo que en el Allegro con fuoco final. La solista demostró además de energía en los tiempos rápidos, un exquisito Andantino semplice, delicado, refinado, cristalino y mejor arropado por los franceses, especialmente con la flauta de oro que volvería a brillar en el fauno.

El público que acudió en buen número al auditorio ovetense, premió con una larga ovación a la pianista italiana que nos regaló dos propinas, una rusa (creo que de Tchaikovski) y el Étude 6 “pour les huits doigts (Debussy) lleno de virtuosismo, agilidades y sentido lírico casi etéreo para poder apreciar cuánta musicalidad y calidad atesora Rana, cual prólogo a una segunda parte plenamente francesa.

La orquesta francesa con la coreana Ji-Yoon Park (1985) de concertino, fue ampliando plantilla y mostrando el mismo poderío que en la primera parte, con unos solistas de calidad -especialmente la madera- y en el Preludio a la siesta de un fauno ya gozamos en el inicio con Mathilde Calderini y su flauta de oro protagónica junto al oboe de Hélène Devilleneuve. Mikko Franck más atento a las dinámicas que al tempo, prestaba atención a los fraseos de una cuerda homogénea, de graves profundos,  dejándonos una interpretación sensual y misteriosa aunque sin la ensoñación esperada para una formación que defiende a sus compositores.

Ya con todo el arsenal sonoro llegarían los «tres esbozos sinfónicos» como denominó Debussy a La mer (1903-1905), imágenes sonoras donde volver a disfrutar de todas las secciones de la radiofónica orquesta francesa. Una ejecución limpia aunque algo estridentes los metales (las trompetas sobremanera), pero disfrutando sobre todo de la madera, con la colorida tímbrica de esta composición diferenciando bien los planos sonoros y con tres pasajes independientes en cuanto a diseño y carácter (interrumpidos por un teléfono que parece abonado a estropear los momentos más delicados): el amanecer vaporoso, el juego de las olas algo oscuro  aunque bien fraseado, y los vientos de un agitado y estruendoso final, sin la magia previa de los violines lejanos antes del clímax bien dibujado la por batuta de Franck.

Está claro que los finales grandiosos levantan bravos en el público, y el director presentó una obra «poco escuchada en Oviedo ¿o no?» de su compatriota Heino Kaski (1885-1957) y contemporáneo de Sibelius: el Preludio op. 7 (en versión orquestal del original para piano) donde el director finlandés llevó a la cuerda mirando al patio de butacas, poniendo fin a un concierto muy francés y a una gira española que les dejó exhaustos (así me lo comentaba el violinista napolitano Guy Comentale antes del concierto, avituallándose para el descanso cerca del auditorio) en el día que teníamos a León XIV como nuevo Papa.

PROGRAMA:

Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893):
Concierto piano n° 1 en si bemol menor, op. 23:

Allegro non troppo e molto maestoso

Andantino semplice

Allegro con fuoco

Claude Debussy (1862-1918):
Prélude à l’aprés-midi d’un faune (Preludio a la siesta de un fauno)

La mer:

De l’aube à midi sur la mer

Jeux de vagues

Dialogue du vent et de la mer

Letras asturianas con música

1 comentario

Viernes 2 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertu de les Lletres Asturianes: OSPA, Óliver Díaz (director). Obras de Falla, Bizet, Luna, Korsakov y Lauret. Entrada gratuita.

 

La 46 Selmana de les Lletres Asturianes (que organiza el Principado de Asturias), este año dedicada a la diáspora personificada por  uno de los mayores exponentes del llamado Xurdimientu, Xosé Álvarez, Pin (1948-2001) que defendió nuestra lengua y cultura asturiana desde su Belmonte natal hasta la Argentina que le acogería entre tantos paisanos allí emigrados.

Y llegaba este concierto con mucha inspiración en la literatura y el folklore, especialmente el nuestro a cargo de la orquesta de todos los asturianos con el ovetense Óliver Díaz al frente, que presentaría las obras antes de comenzar armando un programa muy del gusto de todos los presentes, melómanos y aficionados en general, que no llenaron el auditorio carbayón pese a la gratuidad de las entradas.

Literatura española de Pedro Antonio de Alarcón y El sombrero de tres picos en el que Manuel de Falla (1876-1946) se inspiraría para el ballet homónimo y cuya Suite nº 1 afrontó la OSPA bien llevada por el maestro Díaz, complicidad total con la comodidad que da la confianza mutua y el dominio de un repertorio que tienen más que asimilado, y que con la madurez tanto del director como de la orquesta lograron dejarnos una interpretación muy equilibrada, con lucimiento de todos los solistas, riqueza de matices y claridad en los cambios de ritmo.

Óliver Díaz lleva muchos años trabajando dede el foso y eso se notó en la Suite nº1 de la Carmen de G. Bizet (1838-1875), también de inspiración literaria en Merimée y manteniendo ese ambiente hispano  que emocionaría a tantos artistas, el amor de la cigarrera y el militar con fatal desenlace. Cada número de esta suite funciona como un tráiler de los más famosos números de la ópera del francés, permitiendo disfrutar especialmente de las maderas (bellísimo el dúo de flauta y arpa de la «aragonaise») que cantaron bien arropadas por una orquesta sutil, respirando y transmitiendo la magia de esta página lírica así como el famoso número del «toreador» con la formación asturiana brindándonos un sonido compacto, balanceado y rico en dinámicas.

Plenamente asturiana la zarzuela La pícara molinera del zaragozano Pablo Luna (1879-1942) inspirada en una novela de Alfonso Camín, cuyo intermedio tiene entidad musical propia (aunque para muchos de nosotros nos emociona especialmente el «Paxarín tú que vuelas») y con versiones históricas. Así la entendió Díaz con la OSPA, con una elección del aire correcto para disfrutar cada motivo, empaste, amplios matices que llevó con mano izquierda y hasta con el cuerpo, todas las secciones nuevamente inspiradas y la rítmica tan cercana de nuestro folklore.

Palabras mayores en cuanto a orquestación es Nikolái Rimski-Korsakov (1844-1908), quien como marino de profesión sabemos que recaló en España, y aunque sin documentar parece que desembarcó  en Avilés y se acercó hasta Ciaño por su amistad con Pedro Duró, quien probablemente le preparó una espicha con gaita y tambor, pues su Capriccio espagnol, opus 34 bien podría llamarse «Capricho asturiano», y fue sintonía muchos años de Radio Nacional de España en Asturias allá en los estudios de la calle Melquíades Álvarez, donde el valdesano Modesto Gonzáles Cobas (con La Asturias popular) fue defensor e impulsor de nuestro rico folclore. La versión de este primer viernes de mayo en el auditorio carbayón seguro que haría las delicias del ruso, quien se quejaba de que se ignorasen aspectos como los cambios «en los timbres y la elección de concepciones melódicas y patrones de figuras» porque no se puede entender mejor la inspiración asturiana en cada uno de los cinco números (Alborada, Variaciones, Alborada, Escena y canto gitano y Fandango asturiano) donde disfrutar con unos solistas de primera y la sabia mano del director ovetense. No es «música rusa sobre temas asturianos» sino auténtica música asturiana entendida por este marino ruso que en cada puerto recogía lo que escuchaba: la fiesta asturiana al amanecer, unas trompas aterciopeladas arrancando las variaciones para ir dando paso a cada solista (inmenso Andreas Weisgerber), la rica instrumentación y nueva tonalidad de la siguiente alborada, la cuerda (con el arpa de nuevo impecable) hoy muy bien comandada por Daniel Jaime, también luciéndose en los solos, con la sonoridad casi guitarrística del canto gitano desde el redoble amplio de la caja o las trompetas poderosas, más la explosión final de nuestro fandango, vivo, enérgico, con toda la percusión mandando y empujando en un acelerando impetuoso además de poderoso en una excelente interpretación del tándem Díaz-OSPA.

Para finalizar no podía faltar el violinista, compositor y director murciano Benito Lauret (1929-2005) quien trajo a nuestra tierra el convencimiento por una música de calidad tanto en el mundo coral como en el sinfónico desde su plaza en el Conservatorio de Oviedo de «Contrapunto, Fuga y Composición», y aquí dirigió tanto a la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» como a la Orquesta de Cámara «Muñiz Toca» y la Orquesta Sinfónica de Asturias de 1973 a 1985, precursora de la actual OSPA, e inspirándose en nuestro folklore como parece sólo han entendido los compositores que han visitado nuestra «tierrina» y que en el caso del cartagenero se enamoró de ella y su música, dando un paso de gigante a nuestro patrimonio musical esperando por un más que merecido homenaje aún pendiente.

Guardo como oro en paño varias grabaciones suyas pero especialmente el LP «Música Sinfónica Asturiana» grabado hace casi 50 años  para el sello CBS con la Orquesta de Cámara de Madrid por él dirigida, donde aparecen en la cara 2 sus Escenas asturianas, estrenadas en mayo de 1976 con el patrocinio de la Sociedad Filarmónica Ovetense  y que han sonado en múltiples ocasiones incluso más allá de nuestras fronteras, y «renovando» la sintonía radiofónica, posteriormente televisiva de la RTVE en el Principado. Obra dedicada a Manuel Álvarez-Buylla López-Villamil, «con lo que el autor pretende rendir un modesto homenaje a un apellido al que tanto debe la cultura musical de Oviedo y, por ende, de Asturias» como reza la contraportada del disco, con las correspondientes notas a las obras en él grabadas.

Las Escenas asturianas (también en versión para banda) recopilan temas y motivos que Torner reflejó en su «Cancionero Musical de la Lírica popular asturiana» que todos los asistentes al concierto conocíamos desde siempre (Alborada, Corri-corri o Valamé nuestra señora, Mambrú, Vas por agua o El Pericote), y que Lauret entiende desde una armonización, orquestación, elegancia y sabia elección de las canciones para engarzar una obra maestra que sigue viva y fresca. La OSPA la lleva en sus genes, sus músicos son ya tan asturianos como lo fue el propio Benito Lauret, la entienden como nadie. Y Óliver Díaz llevó con la misma elegancia y mesura de la obra cada uno de sus números, jugando con la tímbrica, llenando de color cada motivo, equilibrando sonoridades, dejando a los excelentes solitas gustarse, «cantar la tonada» con el clarinete, tocar el tambor asturiano junto a «la gaita del oboe«, pero sobre todo contagiarnos los ritmos tan bien hilvanados por el maestro murciano donde El Pericote se mezcla genialmente con el Asturias patria querida que armonizase el recientemente fallecido Leoncio Diéguez, otro asturiano de adopción a quien le debemos la versión sinfónica de nuestro «Himno del Principado».

Festín orquestal y auténtico fin de fiesta con estas escenas asturianas que incluso levantaron a parte del público como si de un acto oficial se tratase, para romper en atronadores aplausos con este concierto en homenaje a la España y Asturias vistas desde fuera pero sentidas desde muy dentro.

 

Cuartetos de Brunetti

1 comentario

GAETANO BRUNETTI: «Strings Quartets, Op. 3 (1774). Concerto 1700, Daniel Pinteño (violín y director). Ref.: 1700 Classics, 170008 (2025) / BI-0133-2025 / 84357604530. Duración: 64:35 minutos. Fotos del CD: Elvira Megías.

El pasado 7 de abril salía a la venta el nuevo disco de Concerto 1700, «Gaetano Brunetti: String Quartets Op. 3», coincidiendo con el décimo aniversario de la formación fundada por el malagueño Daniel Pinteño, otra grabación con su propio sello discográfico -con lo que ello supone de libertad en el repertorio e interpretación- y también un programa que llevarán al directo tanto en San Lorenzo de El Escorial (donde fueron compuestos estos cuartetos) como en Colmenar de la Oreja (donde viviría desde los 18 años, se casaría, moriría y está enterrado), todo un homenaje a Cayetano Brunetti (Fano -Estados Pontificios- 9 de agosto de 1744 / Colmenar de la Oreja -Madrid- 16 de diciembre de 1798) y ampliando la riqueza del patrimonio musical de la España del siglo XVIII.

Con este nuevo trabajo continúan avanzando en la senda camerística abierta tras la publicación de los otros CDs «Gaetano Brunetti: Divertimenti» (2021) y «José Castel: String Trios» (2022), en este caso con la primera grabación en tiempos modernos de una integral de los cuartetos de cuerda de Gaetano Brunetti y siempre con el trabajo de investigación de Ars Hispana, donde el riojano Raúl Angulo Díaz también aporta en el libreto unas excelentes notas en cuatro idiomas (español, inglés, francés y alemán), lo que también ayudará a una difusión internacional de este octavo disco en el propio sello de Concerto 1700.

Los seis cuartetos que conforman el opus 3, fueron compuestos en San Lorenzo de El Escorial (Madrid) en el otoño de 1774 durante la estancia de la corte en la localidad de la sierra madrileña, como explico más adelante. Gaetano Brunetti fue, desde 1771, el máximo responsable de la música que se interpretaba en la cámara del Príncipe de Asturias (futuro Carlos IV), siendo encargado no solo de componer música nueva para las veladas de su ilustre protector, sino también de seleccionar el repertorio a escuchar. Desde esta posición privilegiada, Brunetti contribuyó a la difusión en España de las novedades musicales que procedían del resto de Europa, especialmente de París y Viena.

El cuarteto de cuerda puede ser considerado el rey de las formaciones camerísticas y con este trabajo Concerto 1700 pone su mirada en las primeras décadas del género en las que España tiene mucho que decir con compositores como Brunetti o Boccherini, que ya han llevado en concierto, un lugar donde se establece un diálogo cortés e ilustrado entre los instrumentos, dejando atrás la jerarquía que la música del barroco imponía, y dejo a continuación lo escrito tanto en la web de Concerto 1700 como la de ArsHispana sobre este CD:

«No obstante, a pesar de la evidencia del cultivo del cuarteto en suelo hispano, el melómano aún tiene que enfrentarse a prejuicios muy arraigados. Uno de ellos es el nacionalismo que ha excluido de la historia de la música española a autores como Boccherini o Brunetti, cuyas carreras se desenvolvieron dentro del marco de las instituciones españolas.

Precisamente, estos dos autores son los que de manera más intensa y prolongada cultivaron en España el género del cuarteto, siendo Boccherini, además, uno de los protagonistas de su surgimiento y afianzamiento en toda Europa. Un segundo prejuicio radica en la posición central que ocupa el cuarteto vienés en el canon del llamado «clasicismo». De acuerdo a un punto de vista tradicional, el «verdadero» cuarteto de cuerda, tal como se encarna en el Op. 33 de Haydn y en los cuartetos «Haydn» de Mozart, presenta unas características que lo sitúan en la cúspide de la música de cámara. El cuarteto de cuerda se distinguiría por tener cuatro movimientos contrastantes y relacionados entre sí, el protagonismo de la forma sonata, exhibir un concienzudo trabajo motívico o conceder a los cuatro instrumentos un tratamiento independiente e igualitario. Este tipo ideal ha servido de medida para evaluar los cuartetos que se compusieron durante la segunda mitad del siglo XVIII. Aquellos cuartetos que tienen dos o tres movimientos, que priorizan el encanto melódico o la yuxtaposición de atractivas melodías, que inciden en los contrastes de timbre, dinámica y textura o que buscan deslumbrar a través del virtuosismo de los intérpretes, se condenan como ejemplares inmaduros o imperfectos. Boccherini, Brunetti, así como otros músicos que trabajaron en España, prefirieron seguir unas vías que les alejaron del modelo que hoy se tiene por canónico, pero no por ello son menos válidas».

Otro enorme trabajo de investigación ArsHispana y Pinteño con «su» Concerto 1700 que con esta grabación aportan luz a los primeros años del género a través de un lenguaje elegante y refinado, con una excelente toma de sonido en grabación realizada el pasado mes de septiembre en el Auditorio Fray Luis de León (Guadarrama, Madrid), con la asturiana Sonia Gancedo y el pacense Víctor Sordo (VN Studio) como ingenieros de sonido. Bien diferenciados y balanceados los cuatro instrumentistas que interpretan estas joyas (como sus instrumentos de época), en una buena mezcla donde se nota la profesionalidad del tándem Gancedo-Sordo, que además son los supervisores artísticos. De las cinco series compuestas entre 1773 y 1776 (con otras más espaciadas hasta 1791) son estos seis cuartetos opus 3. Destacar, como refleja Angulo, que «en 1774 Brunetti llegó a componer dos series de cuartetos: los de la Opera 2ª y los de la Opera 3ª», y que «los doce cuartetos de estas series se hallan recogidos actualmente en una partitura autógrafa custodiada en la Biblioteca Nacional de Francia (Ms. 1635) mientras que los de la Opera 3ª se compusieron en «San Lorenzo» (…) lo que permite fechar con más precisión los cuartetos en dicho año 1774».

Estos seis cuartetos escritos en dos movimientos siguen el modelo del opus 15 del también «madrileño» Boccherini y no los cuatro del austriaco Haydn (de su opus 9), movimientos breves, con menos virtuosismo y variados en la forma, sin un esquema fijo en los aires aunque se tiende al lento-rápido, y demostrando cómo Brunetti estaba al día de las modas europeas, conformando todo un hallazgo en nuestro siglo XXI de la música de cámara del XVIII español y un grato descubrimiento para todos los melómanos. Dejo a continuación detallados y no en orden cronológico, sino buscando la buena alternancia de tempi, para degustar en este «estreno en tiempos modernos» con los doce cortes:

Cortes 01-02: String Quartet in C Major, L158: Largo sostenuto – Allegretto / Tempo di Minuetto.

Cortes 03-04: String Quartet in A Major, L157: Larghetto espressivo / Allegro non Molto.

Cortes 05-06: String Quartet in E flat Major, L160: Largo Cantabile con sordini / Allegro con Spirito.

Cortes 07-08: String Quartet in G Major, L161: Andantino con variazioni / Allegro.

Cortes 09-10: String Quartet in F Major, L156: Allegro Moderato / Rondeau. Allegretto.

Cortes  11-12: String Quartet in A Major, L159: Andantino con un poco di Moto / Allegro non Molto.

Hoy en día gracias a las distintas plataformas se puede escuchar el CD, y personalmente me encantan todos, tanto independientes, en modo random (aleatorio) o directamente manteniendo el orden del disco. El empaste de los cuatro intérpretes (que dejo al final de esta entrada) es impecable: un solo corazón latiendo en perfecta conjunción, de amplias dinámicas, fraseos claros, afinación impoluta y esa sonoridad «clásica» llena de matices y contrastes con una textura donde todos tienen protagonismo (hay momentos casi orgánicos), participando en los ricos materiales melódicos de un felizmente recuperado Don Cayetano. Difícil escoger alguno en especial, aunque me quedo con el primero escrito en fa mayor (L156) y el segundo en la mayor (L157) por su frescura compositiva, aunque todos sean un descubrimiento dentro de la música camerística desde el formato de cuarteto de cuerda que tanta literatura ha dado a la historia de la música y que en España también se apostó por él.

CONCERTO 1700:

DANIEL PINTEÑO, violín I – FUMIKO MORIE, violín II – ISABEL JUÁREZ, viola – ESTER DOMINGO, violoncello.

Tinieblas luminosas

Deja un comentario

Lunes 14 de abril, 20:00 horas. Catedral de San Salvador, Oviedo: El León de Oro, Marco Antonio García de Paz (director). Tomás Luis de Victoria (1548-1611): Officium Hebdomadae Sanctae (selección).

Inmersos en plena Semana Santa asistíamos este lunes en la Sancta Ovetensis a una selección del «Oficio de Tinieblas» compuesto casi como la despedida romana de nuestro universal Tomás Luis de Victoria, uno de los polifonistas más destacados de la historia, considerado el mayor de las tierras hispánicas, que publicaría en Roma dentro de una colección de 37 obras bajo ese título de “Officium Hebdomadae Sanctae” (1585), todas polifónicas para dejar la monodia a los celebrantes, con todos los textos para la liturgia de Semana Santa -desde el Domingo de Ramos al Sábado Santo-.

La Iglesia Católica ha presentado durante siglos el Triduum sacrum –jueves, viernes y sábado santos- como una de sus celebraciones litúrgicas más importantes (junto al Corpus Christi y la Navidad), un interés que se reafirmaría a partir del Concilio de Trento como respuesta a la Reforma protestante -que comenzó en 1545 y finalizó 18 años después- en la llamada Contrarreforma tomando como modelo a Palestrina, para que la música polifónica nunca impidiera perder la legibilidad de los textos latinos. Aún tendrían que pasar dos décadas para que Victoria compusiese y publicase esta obra considerada como uno de los monumentos musicales de la liturgia católica de Semana Santa por su originalidad y brillantez compositiva (junto al madrileño Officium Defunctorum de 1605), una obra grandiosa que encierra y sintetiza lo que siempre caracterizó al abulense: la perfecta amalgama en la absoluta sencillez y el estilo más directo.

La selección del maestro García de Paz con su coro El León de Oro (LDO) incluía para abrir este lunes de tinieblas (como en Gijón el día antes) el motete O Domine Jesu Christe a 6 voces para el Domingo de Ramos (uno de las tres compuestos), antes de comenzar a fondo con las lamentaciones antes de los Responsorios de Tinieblas del Triduo Sacro. Contando con 13 voces blancas y 16 voces graves, fueron emocionando a lo largo de los casi 90 minutos de la mejor música sacra del abulense con una interpretación que ha recogido el fruto del «apóstol Peter Phillips», verdadera autoridad en la dirección de nuestra Polifonía del Siglo de Oro y que prendió en este proyecto asturiano para triunfar incluso en Londres, que hasta entonces parecían ser los auténticos especialistas del renacimiento musical español.

Todo ayudaría a conmovernos, el sol que iría apagándose sobre las vidrieras, las campanas sumándose a una polifonía a capella refulgente por la reverberación catedralicia, el retablo mayor de fondo, una dicción italiana del latín donde cada verso y versículo tomaba protagonismo con la música del Padre Victoria, fiel a las «normas tridentinas» en un rezo donde todo se entiende (y en los programas con los textos y sus traducciones aún mejor). Cada día del triduo comenzaría con una (dos para el viernes) de las nueve Lamentaciones de Jeremías ya de por sí capaces de formar parte de un concierto, más los distintos Responsorios de Tinieblas (seis por día) que suponen casi un evangelio coral en este “verdadero retablo de la pasión de Cristo“ como  los definió el padre Samuel Rubio Calzón, de los que LDO nos interpretaría trece, «modestos» en composición pero cuidadosos en el uso de las voces con la armonía de música y texto.

El lenguaje coral de Victoria es exigente por todo, pues hay solemnidad, intensidad, espiritualidad, reflexión sobre la crucifixión… todo un abanico de emociones que su música transmite y el coro luanquín se convierte en el perfecto vehículo. Impresionante cómo juega con las voces (cuatro, cinco o seis) y sus combinaciones sin perder nunca el color, con una afinación perfecta, una gama de matices adecuados a los textos utilizados y con García de Paz marcando el «tactus» renacentista bien llevado por sus voces, siempre plegadas a una interpretación recia muy trabajada.

Un coro al que he visto crecer con esa mezcla de generaciones que mantiene la unidad interpretativa tan difícil de alcanzar, de sonoridad ideal para este repertorio donde se mueven con la misma entrega y pasión desde la mixtura de experiencia y juventud con unos timbres homogéneos en cada cuerda. La experiencia de escucharlos con Victoria es siempre conmovedora y con este monumento coral aún más.

Los Sobrino en capilla

Deja un comentario

Lunes 7 de abril, 19:00 horas. III Festival Universitario musicUO. «Música en la Capilla» del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo. Armónicos ecos: Ramón Sobrino Sánchez (armonio), Ramón Sobrino Cortizo (armonio y piano).

Segundo concierto del III Festival MusicUO que organiza la Universidad de Oviedo y desde el pasado 3 abril hasta el 9 de mayo y recorrerá tras las dos primeras citas en Oviedo, los concejos de Cangas del Narcea, Castrillón, Lllanes, Navia, San Martín del Rey Aurelio, Siero y Valdés.

Ramón Sobrino padre e hijo nos ofrecerían un concierto original donde el armonio del XIX de la capilla de la Universidad de Oviedo, restaurado hace ocho años por la Casa Arévalo, recordando a Jesús Arévalo fallecido en noviembre de 2014 (le conocí desde sus inicios en la calle Pajares, después en la Plaza Porlier donde se sumaría su hijo Jesús Ángel, y posteriormente en la calle Santa Cruz donde permanece esta «casa de la música»).

La joya de la universidad volvió a sonar esta tarde junto a otro de la misma factoría cedido por la Iglesia de San Juan el Real, donde «los Sobrino» participan regularmente en su celebraciones como organistas, más el piano YAMAHA©, también propiedad de la institución académica, con los que ensayaba el Coro Universitario en mis tiempos estudiantiles con Luis G. Arias, y también afinado para la ocasión por Jesús Ángel Arévalo. Un concierto reuniendo dos generaciones que siguen recuperando el patrimonio musical de la Universidad de Oviedo y de toda Asturias.

La capilla se quedó pequeña tras la noticia en la prensa y la televisión autonómica, con asistencia tanto melómana como académica en un concierto donde Ramón Sobrino Sánchez y Ramón Sobrino Cortizo nos dejaron un repertorio basado en dúos con piano y dos armonios, con la presentación de las obras así como una pequeña glosa del armonio a cargo del doctor Jonathan Mallada, que como se dice ahora, «puso en valor» un instrumento que tuvo su apogeo en la segunda mitad del siglo XIX y los inicios del pasado, habitual en iglesias o capillas que no podían acoger un gran órgano, y con un repertorio que es mayor del que muchos conocíamos.

Por supuesto que la recuperación del patrimonio musical de la Universidad de Oviedo tiene muchas caras y este festival pretende abordarlas todas, de ahí el empeño del concierto donde volvió a sonar, después de muchos años, el armonio del XIX propiedad de la institución académica, así como un homenaje a ‘La Regenta’ en su 140 aniversario, en colaboración con la Fundación Municipal de Cultura ovetense con dos sesiones de paseo musical por los órganos de ‘Vetusta’ (Santa María Real de La Corte, Monasterio de San Pelayo, San Tirso el Real y San Juan el Real) para conocer algunos de los órganos que operaban a finales del siglo XIX, en los escenarios que sirven de inspiración para la obra de Leopoldo Alas, “Clarín”, potenciando los espacios y bienes organológicos en estos dos primeros conciertos titulados ‘Música en la capilla’.

Imposible glosar el currículo del doctor Ramón Sobrino Sánchez, director de este festival y que explicaba en el diario La Nueva España que «la recuperación del patrimonio musical empieza por el propio recinto, porque se tocará, como ya hizo Yuri Nasushkin la semana pasada, como se hacía antes, interpretando desde el coro y con el público abajo. «No es lo habitual en los conciertos que el público no vea al intérprete, pero ya hemos podido comprobar que ese espacio está diseñado así y tiene muy buena acústica». La otra clave es que vuelva a sonar el armonio, que suponen del siglo XIX (…)».

La música que interpretaron fue desde la religiosa hasta la música de salón propia del XIX, con adaptaciones de época de óperas y piezas clásicas para este instrumento. Comenzarían con unos dúos de armonios, uno en el coro (el de la Universidad) con Ramón hijo, y otro (el de San Juan) en el altar con Ramón padre, perfectamente afinados y con diferentes recursos, como iría explicando Mallada (a partir de las notas al programa elaboradas por los propios Sobrino, que echamos de menos tenerlas en papel), recordando al pianista, organista y compositor soriano Manuel de la Mata (1828-1886), autor de un método para armonio que no solo compondría, como el impresionante La caza con ambos armonios, un estudio del efecto del eco traído a España de otro tratado para este «curioso» instrumento escrito por el compositor y organista francés Louis James Alfred Lefébure Wély (1817-1869) para el estudio de este aerófono y sus distintos registros. Aquí padre e hijo demostraron los distintos timbres y efectos (en un repertorio que en parte ya llevaron a Salamanca) siendo interesante el fragmento del «Estudio imitación de la gaita» además del ya citado eco del que regalarían uno más al final.

No faltarían tampoco, siempre desde el escrupuloso y meticuloso trabajo de recuperación musicológica de Ramón Sobrino Sánchez, una Marcha ofertorio de Valentín Zubiaurre (1837-1914), muy frecuente en las procesiones de una Semana Santa que ya está próxima, y donde la propia universidad asturiana tiene su cofradía de Estudiantes, o dos páginas más allá de lo litúrgico aunque igualmente válidas y dentro de la llamada «música de salón»: El último adios. Adagio espresivo del granadino Antonio de la Cruz (1825-1889) y la Plegaria para harmonium del catedrático de armonio murciano Antonio López Almagro (1839-1904) del que también escuchamos dos estudios, con el esfuerzo de dar aire al fuelle con los pies y ayudar a la expresividad tan propia de este humilde instrumento desde las rodillas, jugando con los pocos registros de que constaban ambos armonios.

Muy habituales serían las transcripciones para armonio de obras muy conocidas, en este caso no solo para el aerófono sino también en dúo con el piano, desde la Rêverie de Schumann a la conocida Marcha Nupcial de Mendelssohn, con el padre al armonio y el hijo al piano, curiosas no ya por el formato sino por la sonoridad tan peculiar de ambos instrumentos, así como el perfecto entendimiento entre los intérpretes, donde poder disfrutar de esas «Transcriptions des morceaux cèlebres pour Harmonium et Piano» del tratado L’Harmonium de Richard Lange (1867-1915).

Más curiosidades con el dúo de armonio y piano, desde la específica Prière en Fa, op. 16 de Alexandre Guilmant (1837-1911) hasta las transcripciones de las óperas que triunfaban entonces (y ahora), incluso citadas en ‘La Regenta’ por el gran melómano Clarín, escuchándose fragmentos de Donizetti (el aria de tenor «Tu che a Dio spiegasti» de su Lucia) donde el harmonium «canta» y el piano realiza una verdadera reducción orquestal en la transcripción de Manuel de la Mata, o la fantasía sobre el aria «Spirto gentile» (La favorita) de Eugéne Ketterer (1831-1870) y Auguste Durand (1830-1909), para proseguir con otra de Gounod y el dúo conocido como la «escena del jardín» de Faust, rematando estas «óperas camerísticas a los teclados» con el bellísimo cuarteto de I Puritani de Bellini en el arreglo que Auguste Mathieu Panseron (1795-1859) hiciese para piano y «melodium» (otro nombre como se conocía el harmonium).

Para concluir otro gran organista francés como fue Charles-Marie Widor (1844-1937) de quien «los Ramones» interpretarían las Variations. Duo nº 6 «pour piano et Harmonium», probablemente la obra más compleja de este concierto para armonio y piano, recuperando patrimonio gracias a esta familia Sobrino-Cortizo que son referentes musicales en todo el mundo.

Oviedo es lírico

1 comentario

Domingo 6 de abril, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: Gaëlle Arquez (mezzosoprano), Le Cercle de l’Harmonie, Jérémie Rhorer (director). Amor, furor, obras de Mozart, Gluck, Donizetti, Verdi, Saint-Saëns, Mendelssohn, Rossini y Bizet.

Desde hace años las llamadas orquestas historicistas (incluyo también las de nuestro Savall) están ampliando el primigenio repertorio barroco hasta el clasicismo y el romanticismo, con incursiones operísticas donde las formaciones francesas han sido de las pioneras defendiendo su patrimonio. Y Le Cercle de l’Harmonie con Jérémie Rhorer llegaron a Oviedo con un muestrario de su buen hacer en un programa variado con la francesa Gaëlle Arquez que nos dejó cinco arias flanqueadas por páginas instrumentales con una excelente entrada en el auditorio para un Oviedo que ama la lírica y no quería perderse esta nueva cita con una voz de mezzo verdadera (nada de sopranos maduras) que está triunfando por su buen hacer.

En las partes instrumentales la veinteañera orquesta de Rhorer arrancó impetuosa en el tempo con la obertura de Le nozze mozartianas, como intentando demostrar su sonoridad aterciopelada y buen quehacer de una cuerda segura y virtuosa, con vientos afinados y bien balanceados, más unos timbales que en el auditorio resuenan como en un circo romano. El director conoce bien su orquesta, y del alemán adoptado francés Gluck nos dejaron dos danzas impecables del Orfeo y Eurídice, la de los espíritus con la flauta impecable de Anne Parisot, llena de musicalidad, más unas «furias» poderosas, jugosas, nuevamente virtuosas y dinámicas, en un repertorio donde se les nota cómodos y cercanos a lo que hoy entendemos por historicismo.

Por su parte Gaëlle Arquez comenzó tras la obertura nupcial mozartiana con la bella aria Voi che sapete aún fría pero con un color homogéneo en todo el registro aunque en los graves la orquesta parece olvidar quitar una letra de los matices pues está detrás de la cantante y no en el foso. Mejor con Gluck y el aria de «Ifigénia en Áulide» con la mezzo, que esperó sentada en un lateral las partes instrumentales, entonada, un hermoso timbre de registro medio muy matizado, agudo tan aterciopelado como la orquesta, y graves suficientes manteniendo un fraseo impoluto, con la dicción natural de su idioma (siempre una ventaja para las cantantes francófonas) diferenciando en dinámicas y aire recitativo más aria.

Una primera parte que se hizo breve y más por los tempi exhibidos por Rhorer antes de entrar en una segunda parte con mucha ópera y plantilla ampliada con el arpa y el oficleido (que sustituiría al el serpentón renacentista en el equivalente a la actual tuba). Impresionante Arquez que arrancó la primera gran ovación con su aria de Leonora del tercer acto («La Favorita», Donizetti), que con su registro gana en fuerza, más aún junto a una orquesta ya amoldada en volúmenes (muy bien las trompas naturales), luciéndose con un fraseo muy melodioso y ornamentos claros. El segundo gran triunfo de la mezzo llegaría con una de las arias más bellas y seductoras para su voz, la Dalila de Saint-Saëns (que bisaría al final del concierto). Por fin una orquesta acompañante para hacer brillar la voz de la mezzo francesa, con buenos instrumentos solistas en clarinete o arpa, unos metales muy afinados y empastados (más difícil con los naturales) más la dirección de Rhorer plegada a la voz.

En las páginas instrumentales otro punto a favor de Le Cercle de l’Harmonie con un preludio de «La traviata» verdiana más que digno, matizado, contrastado en todo primando una cuerda dúctil, más la obertura de «El sueño de una noche de verano» de Mendelssohn que remató las intervenciones orquestales con una rica paleta tímbrica de esta orquesta capaz de sonar igual de bien en toda la música que trajeron a Oviedo antes de partir hacia el Kursaal donostiarra. El remate el aria de «La Cenicienta» rossiniana con Arquez perfecta, dramatizando su personaje, emisión clara, musicalidad plena bien arropada por la orquesta y buen colofón para esta mezzo «verdadera», de agilidades precisas, limpias, respirando entre todos para disfrutar de un timbre esmaltado y rico.

Y qué mejor rol para esta mezzo que la Carmen de Bizet, eligiendo de regalo el aria «Près des remparts de Séville» que la aupó entre las intérpretes actuales con Le Cercle de l’Harmonie ideal junto a un gran concertador como Jérémie Rhorer de gesto académico, claro, contenido y siempre efectivo con los suyos. Público lanzando bravos, varias salidas a saludar y sin esperar que bisasen la Dalila que nos dejó con ganas de más arias de ópera en este primer domingo de abril. Oviedo ama la lírica y hoy disfrutó con este concierto.

PROGRAMA:

«AMOR, FUROR»

Primera parte

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791):

Obertura. «Le nozze di Figaro» (Las bodas de Fígaro)

Voi che sapete «Le nozze di Figaro»

Christoph Willibald Gluck (1714-1787)

Danse des esprits bienheureux «Orphée et Eurydice»

Dieux puissants que j’atteste… Jupiter, lance la foudre «Iphigénie en Aulide»

Danse des furies. «Orphée et Eurydice»

Segunda parte

Gaetano Donizetti (1797-1848)

L’ai-je bien entendu ?… Oh mon Fernand «La Favorite»

Giuseppe Verdi (1813-1901)

Preludio. «La traviata»

Camille Saint-Saëns (1835-1921)

Mon cœur s’ouvre à ta voix «Samson et Dalila» (Sansón y Dalila)

Felix Meldelssohn (1809-1847)

Obertura. «El sueño de una noche de verano»

Gioachino Rossini (1792-1868)

Non piu mesta «La Cenerentola»

Músicas rompedoras

2 comentarios

Viernes 4 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono 10 OSPA, Jacob Kellermann (guitarra), Francisco Coll (director). Coll dirige Coll, obras de Honegger, Coll y Sibelius.

La temporada de la orquesta asturiana avanza ya hasta el décimo con la vuelta del valenciano Francisco Coll (1985), el «compositor que dirige» como se definió en el encuentro previo, en compañía de Fernando Zorita, quien nos daría unas «pinceladas» del décimo programa de abono.

Con una asistencia que comienza a ser preocupante, por no decir desoladora, el concierto era de lo más interesante por las obras elegidas: rompedoras (todas lo son en su momento) y cercanas para nosotros aunque manteniendo el orden casi trasnochado de obertura, concierto y sinfonía.

No es habitual programar a Arthur Honegger (encuadrado en el llamado Grupo de Los Seis) en concierto pese a lo innovador de su producción, y Coll eligió para abrir boca y «calentar» Rugby, una obra no basada en un programa previo aunque parece que pretendía experimentar durante su composición y tratar de plasmar lo improvisatorio e inesperado de un encuentro deportivo. Cierto que hay un regreso continuo al tema central muy melódico (la orquestación es merecedora de análisis por los instrumentos elegidos) desde su libertad compositiva y rico en los cambios rítmicos para una OSPA sin percusión y nuevamente con Aitor Hevia de concertino sonaría rotunda, ensamblada, en cierto modo virtuosística porque necesita no solo técnica sino sonoridad global que el artista valenciano alcanzó, con una versión más allá del propio título, mejor llamarlo simplemente «movimiento sinfónico» como finalmente sería el tercero, tras Pacific 231 y  este Rugby que personalmente pareció preparar la obra siguiente donde en 1976 (mi Viaje de Estudios de COU) descubrí en los laterales del seco paseo del río Turia campos de fútbol ¡y de rugby!.

Y el polifacético artista Francisco Coll llevó a una OSPA casi camerística (por la plantilla) junto al guitarrista sueco Jacob Kellerman, quien estrenaría Turia (2017) en su país, por un cauce bien controlado. Obra encargo de Christian Karlsen y el Ensemble Norrbotten NEO, el valenciano ya nos comentó en el encuentro que se inspiró en sus paseos al bajar a Valencia por el paseo ajardinado del río (hoy muy distinto de aquella mi primera visita adolescente), pues el fluir parecía estar empujándole a plasmarlo musicalmente.

No hay inspiración en su paisano Joaquín Rodrigo con el inmortal Concierto de Aranjuez sino más bien desde un folklore siempre presente en cualquier música desde la prehistoria, y que el compositor calificó como «Flamenco ilusorio», evocaciones de las luces y sombras donde su otra faceta de pintor parece mirar a su paisano Sorolla. Una guitarra bien amplificada fue trazando con un mayor «ensemble OSPA» estos paisajes atemporales y eternos, la invernal fría noche sueca pisando el agua congelada con los músicos que la estrenaron desde una evocación de la España que nuestra guitarra ha universalizado, pero con guiños variables en los estilos. Y en toda obra actual la percusión da color a las composiciones (aún más en el pintor compositor Coll): el piano de Francisco Escoda más visible que audible pero sobre todo el tándem CasanovaRevert, cajón (peruano hoy llamado flamenco gracias a Paco de Lucía y Rubem Dantas, posteriormente el «franco-avilesino» Tino di Geraldo): güiro, platillos, castañuelas, temple blocks o láminas con arco que son como pinceladas junto a los recursos guitarrísticos de rasgeos, punteos, armónicos… con una orquesta que entiende como pocas las obras de nuestro tiempo y mejor aún cuando es el propio compositor quien las lleva a buen puerto. Un Turia que fluye limpio, seguro y bien encauzado.

Del propio Coll el guitarrista Kellerman nos regalaría, con el compositor sentado delante de la percusión, una obra para disfrutar de una musicalidad y sonido entroncado con el concierto anterior pero ampliando el repertorio solista del instrumento español y universal.

Sibelius suele ser buena piedra de toque para toda orquesta, y la primera sinfonía del finlandés nos volvería al norte europeo tras la luz mediterránea, orquesta completa con todas las secciones a pleno rendimiento. De nuevo la cuerda rigurosa, rica en dinámicas, remando junta, con primeros atriles y arpa inmensos, una madera en estado de gracia desde el clarinete inicial, unas lengüetas homogéneas en los dúos y líricas en sus solos, unos timbales seguros y sobre todo unos metales poderosos, afinados, pletóricos brillando en los nórdicos cielos grises, trompas afinadas junto al trío de trombones y tuba verdaderamente «orgánicos» que me transportaron al monumento que Sibelius tiene en Helsinki en un paseo kilométrico.

PROGRAMA

ARTHUR HONEGGER (1892 – 1955):

Rugby, H.67. Movimiento sinfónico nº 2 (1928).

FRANCISCO COLL (1985 – ):

Turia: Concierto para guitarra (vers. guitarra y orquesta de cámara).

JEAN SIBELIUS (1865 – 1957):

Sinfonía nº 1 en mi menor, op. 39

I. Andante, ma non troppo – Allegro enérgico

II. Andante, ma non troppo lento

III. Scherzo: Allegro

IV. Finale (quasi una fantasía): Andante – Allegro molto

Faltaron velas

1 comentario

Miércoles 2 de abril, 20:00 horas, Teatro Jovellanos, Concierto conmemorativo 117º aniversario de la Sociedad Filarmónica de Gijón (1908-2025) (número 1697): Noelia Rodiles (piano), Cosmos Quartet, Mariona Mateu (contrabajo). Obras de Liszt, Haydn, Adès y Schubert.

Hoy celebrábamos un cumpleaños musical en Gijón donde hubo «anécdotas» que podría equiparar a olvidarse la tarta, las velas, o peor aún el mechero para encenderlas, debiendo buscar en la otra punta de la ciudad (desconozco si en coche, moto o bicicleta), y para no «quedarnos a dos velas» se buscó una piñata para no detener la fiesta, y de la que caerían más regalos de los esperados, alargando la celebración hasta pasadas las 22:30 horas. Pero vamos con la crónica de este 117º aniversario.

Para ponernos en situación copio de las notas al programa de Ramón Avello, compañero de profesión, crítico y personalmente el mejor cronista de la Sociedad Filarmónica de Gijón, de la que ha sido presidente, continuando en la actual junta directiva:

«El 2 de abril de 1908 en el foyer o vestíbulo principal del antiguo Teatro Jovellanos, situado en el solar que hoy es sede de la Biblioteca Pública de Gijón, se constituyó la Sociedad Filarmónica Gijonesa. Contaba en aquella fecha con 269 socios promotores, que eligieron ese día a la Junta de Gobierno de la Filarmónica, con Domingo de Orueta y Duarte como presidente y Diego Murillo en el papel de secretario. Los ideales de la Filarmónica, no muy diferentes a los actuales, eran proporcionar a sus socios la mejor música por los mejores intérpretes; promover la música de cámara, de instrumentos solistas y de lieder, dejando al margen géneros como la ópera y la zarzuela, y promocionar la música española, tanto en sus intérpretes como en sus compositores.

Hoy se cumplen exactamente los 117 años del nacimiento de la Filarmónica de Gijón. La labor cultural ininterrumpida de esta sociedad se puede resumir en 1697 conciertos, contando el último: el que interpretan esta tarde Noelia Rodiles con el Cosmos Quartet y la contrabajista Mariona Mateu».

Manteniendo el espíritu original abría este concierto la pianista Noelia Rodiles (Oviedo, 1985), que nos interpretaría dos Lieder de Schubert en la transcripción que hiciese Liszt, quien como toda sociedad filarmónica, ayudaría a promover y dar a conocer las obras de músicos como su admirado y  malogrado vienés, desde unas «versiones» que son recreación sin voz desde un virtuosismo al alcance de pocos, y Rodiles lo demostró con los dos elegidos: la célebre «Serenata» que muchos conocimos tanto sola como cantada (el cuarto de la colección recopilatoria El canto del cisne D. 977), con el piano siempre fiel a la melodía, y la hermosísima «Margarita en la rueca» (Gretchen am Spinnrade) D. 118, tejiendo al piano casi un hilo de oro delicados con unos graves intensos y la expresividad innata de la «avilesina» que nunca defrauda.

Colocadas sillas y atriles para las tabletas llegaba el Cuarteto Cosmos con el gran Haydn y su Cuarteto en re mayor (1793), utilizando este género para expresar y volcar sus ideas, escribiendo 68 donde desarrolla este nuevo estilo camerístico donde los cuatro instrumentos tienen igual importancia, y los catalanes así lo entendieron. Este cuarteto aunque compuesto en Viena se pensó para el violinista, empresario y amigo de Haydn el británico Johan Peter Salomon, quien en la Real Sociedad Filarmónica de Londres marca el inicio y espíritu de tantas como la propia gijonesa. Cuatro movimientos aplaudidos cada uno por un público que parecía estar inaugurando la sociedad en el siglo pasado, bien delineados los temas, con los tiempos elegidos para escucharse todo, un Allegro bien desarrollado y especialmente el Menuetto enérgico.

Y deben seguir programándose obras de autores actuales, caso del londinense Thomas Adès (1971) de quien El Cosmos eligió su Arcadiana (1994) estrenado en el Festival Elgar de Cambridge y que pese a la referencia a los paisajes paradisíacos a lo largo de siete movimientos, su lenguaje atonal aunque buscando efectos y elementos bien explicados perfectamente por Avello en las notas, pero comenzaron las sorpresas del cumpleaños. No sé si el agua veneciana (o el orbayu en e exterior), el «tango mortal» o directamente la «pérfida Albión», con tanto glissando, tirar de las cuerdas, la fuerza e ímpetu que los cuatro imprimían en cada movimiento, poco cercano a un esperado «idilio sonoro», se rompía una cuerda del chelo de Oriol Prat.

Tras la incertidumbre estaba claro que no podía reanudarse, pues cambiar una cuerda lleva su tiempo y más si no se trae de repuesto, así que se adelantó el descanso. Mas no llegaba a tiempo para reanudar la segunda parte, así que llegó la inesperada «piñata» y el verdadero regalo de Noelia Rodiles, anunciando por megafonía que nos interpretaría junto a Lara Fernández dos romanzas sin palabras de Félix y Fanny Mendelssohn, también presentadas cada una de ellas. Es difícil interpretar obras no preparadas para la ocasión, pero Noelia es una profesional y nos dejó del segundo libro de las conocidas como romanzas sin palabras de Félix Mendelsshon, primero la opus 30 nº 7 en mi bemol mayor, y después la opus 30 nº 6 en fa sostenido menor, Barcarola que parecía retrotraernos de la Venezia nocturna de Adés. Dos páginas que como en el Schubert de Liszt hacen cantar el piano con la voz inconfundible de la asturiana, fraseos claros, rubatos sin exagerar y la musicalidad característica de la pianista que comenzó a formarse en el Conservatorio Julián Orbón de Avilés.

Lara Fernández se uniría con igual profesionalidad para sumar su viola con dos canciones de la hermana e igualmente gran compositora e intérprete Fanny Mendelsshon: la conocida Canción de primavera op. 62 nº 6 en la mayor, el diálogo de la voz femenina en la cuerda más cercana a ella, y Schwanenlied (canción del cisne), opus 1/1, también conocida y muy versionada, que pareció otro premio más de esa piñata no esperada pero traída en las ya habituales tabletas (al menos venían bien cargadas).

Aún no estaba preparado el quinteto, así que el inesperado «Dúo Rodiles-Fernández» prosiguieron una especie de Gijonada (cual Schubertiada gijonesa) tirando de recursos como «cantar» Die Forelle D. 550 (sin la letra de C. F. Daniel Schubart) e intentando preparar el quinteto homónimo. Pero difícil sin ensayar y con algún contratiempo o falta de entendimiento en las repeticiones y cantos, al menos el esfuerzo se puede considerar sobrehumano para cualquier músico, y esta trucha parecía estar escabechada o ahumada, aunque comestible.

Seguía la espera pero la música no pararía, y de nuevo una canción sin palabras, el Liebestraum nº 3 (Sueño de amor) de Liszt, mucho mejor dadas las circunstancias, con un entendimiento por parte de Noelia que da la experiencia, más un canto de Lara bien sentido, dejándonos este regalo extra de una piñata a la que aún se debía sacudir, pues eran las 21:42 y no llegaba a tiempo la cuerda del cello (colocarla, atemperar y afinar antes de la última obra prevista).

Noelia Rodiles volvió a rebuscar en la tableta y prosiguió la fiesta con su Schubert querido, trabajado, estudiado, capaz de detener el tiempo y hacer de la espera virtud. El Andante sostenuto de la Sonata nº 21 en si bemol D960, fue un portento de emoción, sabiduría, talento, limpieza, generosidad y profesionalidad para dejarnos con ganas de seguir escuchándola, pero al fin llegaba una trucha del día, casi saltando del río Piles en el Quinteto con piano en la mayor D. 667, marchando Helena Satué (que estuvo de primer violín la primera parte) e incorporándose el contrabajo de Mariona Mateu.

Diez minutos recolocando sillas y atriles para este valiente quinteto en los tempi,  bien ajustados y encajados todos, con el peso del grave bien balanceado, los momentos de la cuerda frotada muy ricos en matices, protagonismo compartido con las cristalinas contestaciones del piano, «tirando, un Scherzo brillante, las variaciones sobre el lied cantadas por todos valientes, en el aire, encajadas a la perfección sin perder el aliento hasta poder soplar las imaginarias velas del Finale como si fuese el «cumpleaños feliz» en el tiempo justo, a las 22:30 horas de este 117º cumpleaños, muy aplaudido, donde sin tarta ni velas los regalos fueron generosos (impagable mi querida Noelia Rodiles) e inesperados, como en toda fiesta que se precie, y aún más en la Sociedad Filarmónica de Gijón.

¡Y que cumplas muchos más!

PROGRAMA:

Primera parte:

Noelia Rodiles (piano):

Franz LISZT (1811–1886)

Lieder de Franz Schubert, S. 558:
Ständchen, nº 9
Gretchen am Spinnrade, nº 8

COSMOS QUARTET: Helena Satué, violín – Bernat Prat, violín – Lara Fernández, viola – Oriol Prat, violonchelo:

Joseph HAYDN (1732–1809)

Cuarteto de cuerda en Re mayor, Op. 71, nº 2 (Hob.III:70):

  1. Adagio – Allegro
  2. Adagio cantabile
  3. Menuetto. Allegro – Trio
  4. Finale. Allegretto

Thomas ADÈS (1971)

Arcadiana, Op. 12

  1. Venezia notturna
  2. Das klinget so herrlich, das klinget so schön
  3. Auf dem Wasser zu singen
  4. Et… (tango mortale)
  5. L’embarquement
  6. O Albion
  7. Lethe

Segunda parte:

Noelia Rodiles (piano), Bernat Prat (violín) – Lara Fernández (viola) – Oriol Prat (violonchelo) – Mariona Mateu (contrabajo):

Franz SCHUBERT (1797–1828)

Quinteto con piano en La mayor, D. 667, «La trucha»

  1. Allegro vivace
  2. Andante
  3. Scherzo. Presto – Trio
  4. Tema con variazione. Andantino
  5. Finale. Allegro giusto

Arranca triste abril

1 comentario

Martes 1 de abril, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara, XII Primavera Barroca: La Guirlande, Alberto Miguélez Rouco (alto), Luis Martínez Pueyo (traverso y dirección). Pastor amoroso: obras de Hernández Illana, Oliver Astorga y Pérez de Camino.

Tras un minuto de silencio honrando a las víctimas de la última tragedia minera proseguía esta «Primavera Barroca» ovetense con otra excelente entrada en la siempre ideal por acústica y aforo sala de cámara, para un concierto  que Pablo J. Vayón titula en sus notas «Cantadas y sonadas» (que dejo al final íntegras) a cargo del grupo La Guirlande que dirige el flautista Luis Martínez Pueyo (Zaragoza, 1988) y con el contratenor alto Alberto Miguélez Rouco (La Coruña, 1994), artista residente esta temporada del CNDM (coproductor junto a la FMC del Ayuntamiento de Oviedo del ciclo), que prosigue su tarea de recuperar y estrenar en nuestros tiempos obras que gracias a la labor impagable de los musicólogos Raúl Angulo y Antoni Pons (Ars Hispana) podemos escuchar tras años de dormir un silencio injusto y con formaciones nuestras que ayudan a difundir este repertorio plenamente exportable más allá de nuestras fronteras, caso de los intérpretes de este arranque abrileño. Destacable también la continuidad de las conferencias previas al concierto (organizadas por los conservatorios de Oviedo y la Universidad) para un alumnado que además de formarse ya es parte importante de un amplio público aficionado a este periodo de la historia de la música que continúa joven.

Como bien escribe mi tocayo sevillano: «La cantada —españolización del italiano cantata— nació de la evolución del villancico como la forma dominante de la música paralitúrgica en la tradición hispana. En un proceso que venía del siglo anterior, en el XVIII la italianización de la música en los templos españoles se aceleró: así, junto a las formas autóctonas, típicas de los villancicos, con estribillos y coplas a la cabeza, se añadieron recitados y arias; a la vez, la instrumentación cambió, adoptándose, no sin resistencias, los modernos violines, oboes, flautas y trompas».

Francisco HERNÁNDEZ ILLANA (ca. 1700-1780), natural de Alcira, fue maestro de capilla en la catedral de Burgos durante más de cuarenta años (de 1729 hasta su muerte), y ahí fueron concebidas las dos cantadas que abrían y cerraban el concierto. Antes había ocupado el mismo cargo en Astorga, pasando también por el Colegio del Patriarca de Valencia, en el que se han conservado un conjunto de nueve recercadas instrumentales salidas de su mano, una de las cuales se pudo escuchar tras la primera cantada. Con No más mundo, mi Dios, cantada al Santísimo (1768) y el grupo al completo ya escuchamos a Miguélez Rouco, aún «frío» pero con ese registro característico de alto más «natural» y buen alumno de Jaroussky. Bien el recitado con el aria algo tensa y el orgánico tapándole por momentos, sobre todo en las agilidades. En la Recercada a tres sobre el ‘Pange lingua’ se prescindió del traverso para un conjunto instrumental siempre cuidando la afinación correcta e intervenciones de unos músicos que mostraron buen entendimiento, una sonoridad compacta y el dominio de este estilo.

Permutando el traverso por un violín, más tiorba por guitarra (la única utilizada) disfrutamos a continuación de la Sonata en trío nº 3 en re mayor del yeclano Juan OLIVER ASTORGA (1733-1830), publicada en Londres en fecha indeterminada (quizás 1769) cuando el compositor triunfaba en la capital británica como virtuoso del violín, una obra como tantas suyas dedicadas al conde de Abingdon, su patrón inglés, escrita en tres tiempos y en el llamado «estilo galante» antes de su regreso a España, donde ingresaría como violinista en la Real Capilla. Impecable de tímbricas con una guitarra barroca dando mucho juego tanto en los excelentes punteos como en las rítmicas, el clave ornamentando con delicadeza, un cello bien ensamblado con traverso y violín en el mismo lenguaje del grupo, que en esta combinación nos brindaron una luminosa interpretación donde escuchar a cada uno con la presencia indicada.

El tercer compositor de la tarde sería un discípulo de Yllana, el burgalés Diego PÉREZ DE CAMINO (1738-1796), que trabajó como maestro de capilla en Santo Domingo de la Calzada y en Calahorra dejando una vasta producción con más de cuatrocientas obras, religiosas sobre todo como Aleph. Ego vir videns, lamentación del Jueves Santo, y la cantada El pastor amoroso, clara diseminación del estilo italiano en centros alejados de la corte en la segunda mitad del siglo XVIII. Con ellas volvía Miguélez Rouco más entonado, en tesitura más adecuada, buena dicción, expresividad y mando para el entendimiento con un ensamble sin el traverso y retomando la tiorba, muy matizada por todos con unos cambios de tiempo encajados, las agilidades sin apuros pero especialmente el momento con los dos violines pp en pizzicato casi rezando con el contratenor, realzando un texto al que la música del castellano elevó como debe ser en estas lamentaciones con un profundo y hondo «Jerusalem» cantado con el ropaje de toda la cuerda.

En El pastor amoroso, cantada al Santísimo, se reincorporaría al orgánico el traverso, aportando ese aire  de égloga pastoril que completa el recitado y enriquece un aria donde Alberto Miguélez estuvo muy cómodo, con una proyección suficiente y el ensamble más «comedido» en dinámicas sin perder nunca estas formas españolas que se acercaban a la llamada música teatral que Benito Jerónimo Feijóo (1676-1764) tan unido a Oviedo ya aludía en 1726: «Las cantadas, que aora se oyen en las iglesias, son, en quanto a la forma, las mismas que resuenan en las tablas. Todas se componen de menuetes, recitados, arietas, alegros, y á lo vltimo se pone aquello que llaman grave, pero de esso muy poco, porque no fastidie» como bien recoge Vayón.

Y para cerrar otra cantada al Santísimo de Hernández Illana, Qué es esto, amor (1775), feliz recuperación de páginas donde todos redondearon una interpretación canónica tanto en el Recitado como en el Area (Vivo), la teatralidad que citaba el padre Feijóo y que analiza el musicólogo sevillano:

«Ese Grave con el que se cerraban las cantadas españolas por entonces distaba mucho de ser universal, pues hay cantidad de obras en que no figura e incluso en esas primeras décadas de la centuria podían escucharse cantadas ya solo con recitados y arias. En un proceso de secularización de ámbito europeo, el género entraría definitivamente en crisis cuando en 1750 Fernando VI prohibió la interpretación de villancicos y cantadas en la corte. Aun así, en muchos lugares continuaron componiéndose, abandonando por norma, eso sí, la complejidad formal de principios de siglo para reducirse a un recitado seguido de un aria».

De regalo una bella página italiana por parte de todos, corroborando las sensaciones de Miguélez Rouco  que irá ganando aún más cuerpo con los años y La Guirlande bien llevada por Martínez Pueyo, siempre magistral con el traverso y la buena elección de unos músicos excelentes, para rematar una sentida y triste velada en el inicio de abril.

LA GUIRLANDE:

Jesús Merino, Andrés Murillo (violines) – Hyngun Cho (chelo) – Ignacio Laguna (tiorba y guitarra barroca) – Jonathan Álvarez (contrabajo) – Joan Boronat (clave).

Luis Martínez Pueyo (traverso y dirección).

PROGRAMA:

Francisco HERNÁNDEZ ILLANA (ca. 1700-1780):

No más mundo, mi Dios, cantada al Santísimo * (1768)

I. Recitado – II. Area

Recercada a tres sobre el ‘Pange lingua’

Juan OLIVER ASTORGA (1733-1830):

Sonata en trío nº 3 en re mayor

I. Allegro – II. Adagio – III. Allegro

Diego PÉREZ DE CAMINO (1738-1796):
Aleph. Ego vir videns, lamentación 3ª del Jueves Santo *

F. HERNÁNDEZ ILLANA:

Recercada a tres

D. PÉREZ DE CAMINO:

El pastor amoroso, cantada sola al Santísimo (versión con traverso) *

I. Recitado – II. Area (Despacio amoroso)

F. HERNÁNDEZ ILLANA:

Qué es esto, amor, cantada al Santísimo * (1775):

I. Recitado – II. Area (Vivo)

* Recuperación histórica, estreno en tiempos modernos

dem lieben Gott

1 comentario

Sábado 29 de marzo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: musicAeterna, Teodor Currentzis (director). Bruckner: Sinfonía nº 9 en re menor, WAB 109 (Ed. Nowak). Fotos de Pablo Piquero, RRSS y propias.

Oviedo sigue siendo «La Viena Española» y está en el mapa de las grandes giras como esta del aclamado Teodor Currentzis (Atenas, 21 de febrero de 1972) con una de sus dos orquestas: musicAeterna (la otra (Utopía) tras Barcelona y Madrid, contando con precios que pueden parecer altos (67€ y 59€ frente a los 148€, 122€ hasta 42€ en el Auditorio Nacional de la capital), pero que son asequibles incluso para melómanos venidos de todas partes, optando por este concierto carbayón antes que en la capital de España donde los hoteles están encareciendo y ahuyentando a tantos buenos aficionados que se acercan al Auditorio Príncipe Felipe y pernoctan en nuestra tierra, demostrando que apostar por la música y optar a Capital Europea de la Cultura en 2031 es siempre una inversión.

Probablemente este concierto del greco-ruso con esta «su orquesta», lo que le permite elegir a los músicos (ahí estaba nuestro Gabriel Ureña en los chelos) y ensayar a fondo cada programa -nada habitual en el resto del mundo- era el mejor reclamo para un auditorio con una entrada para la ocasión, grandes expectativas desde el anuncio de esta temporada y a lo largo de la semana con entrevistas y reportajes en los medios de difusión asturianos (aquí dejo un par de ellas).

En este tour español  de musicAeterna con Currentzis traían la Segunda de Mahler y la Novena de Bruckner, dos monumentos sinfónicos donde poder reconocer y disfrutar de este «orquestón» con una plantilla apropiada para afrontar estos gigantes del siglo XIX, emparentados por muchas circunstancias como contaba el propio director en la entrevista  para Codalario de noviembre pasado :

«Estas son el tipo de obras que, a mi juicio, crearon una nueva era del sonido y de la profundización en las emociones del ser humano. Son obras muy importantes y, para mí, son el punto de partida en la cronología del posromanticismo y expresionismo, porque después de La novena de Bruckner llega el silencio de la modernidad. Después de La quinta de Mahler llega la última batalla de la complejidad. Sencillamente son obras muy importantes, tanto para la orquesta como para el director, y este último debe determinar cuál es el camino correcto para reflejar y traer a la luz estos temas. Mostrar qué «significa» esta música».

También mi admirado doctor Ortega Basagoiti para Scherzo relaciona a los dos compositores, que para la obra póstuma e incompleta del organista de San Florián (Linz) a partir de los 10 contrabajos se puede calcular el volumen en todos los sentidos de esta «obra en el límite» como titula las notas al programa ovetense el compositor Alfredo Aracil, con 3 flautas, 3 oboes, 3 clarinetes, 3 fagotes, 8 trompas (5ª, 6ª, 7ªy 8ª = tubas wagnerianas), 3 trompetas, 3 trombones, tuba, timbales y la amplísima cuerda.

La Novena de Bruckner con dedicatoria «al buen Dios» (dem lieben Gott) quedó en tres movimientos pero está «completa», como flotando sublimemente y en última instancia en el éter (Currentzis mantuvo los brazos en alto más de diez segundos con un silencio respetuoso y emocionante) al final del Adagio ‘Lento, solemne’ tras una hora de ángeles y demonios, de luchas y victorias, de toda la espiritualidad benedictina del organista y compositor vienés, «la sencillez y la monumentalidad, la mística y la artesanía, los contrastes y el lirismo» como escribe Aracil, y con un Currentzis al frente de esta «misión posible» que emocionó a un auditorio puesto en pie al final del concierto. El director hace diez años ya confesaba en una entrevista a la asturiana Lorena Jiménez en Pro ópera (merece la pena leerla completa) que “La música es una cosa aburrida, es pura matemática. Pero la música adquiere vida cuando está envuelta de espiritualidad” y en este sábado primaveral estuvo clara la espiritualidad tan marcada de un maestro que no deja indiferente a nadie (sin entrar a calificarle de transgresor o egocéntrico).

El Feierlich, misterioso marcaría el rumbo a seguir, con una cuerda maravillosa sonando homogénea desde el primer compás tan desgarrador, compacta, rica en matices extremos que se mantuvo siempre presente incluso en los fff del resto. Pero toda la orquesta funciona a la perfección: equilibrada, empastada, con unos solistas de excepción (destacar a la flautista Anna Komarova y el oboe de Maxim Khodyrev) más unos metales que refulgen en los grandes momentos y encantan en los ppp, dotando a esta formación de una sonoridad rotundamente delicada (o delicadamente rotunda), junto a los siempre presentes y ajustados timbales de Dmitry Klemenok con un amplio juego de baquetas matizando cada intervención suya. Currentzis no necesita batuta ni podio, todo en él fluye como la propia partitura que apenas mira, se mueve para los fraseos en los violines (enfrentados) o los cellos que cuando los doblaban los contrabajos daban esa contundencia hasta en los momentos más delicados. Se retuerce, apunta con los dedos, exprime cada tema con una lectura interiorizada donde todos responden en un juego permanente de tensión-relajación hasta extremos casi imposibles.

Si el primer movimiento alcanzó momentos álgidos con un amplio catálogo de dinámicas, el Scherzo: Bewegt, lebhaft; Trio. Schnell sería aún más impactante. Currentzis juega con los acentos, empuja, juega con los cambios de aire con una viveza aplastante por momentos, dotando cada frase de protagonismo en una verdadera cascada de matices que parecían la lucha interior cual llamada a la inevitable muerte de Bruckner: ángeles y demonios, el misterio de una cuerda como poseída (impresionaba ver los arcos movidos con la máxima energía), con unos pizzicati en la cuerda incisivos, precisos y preciosos para mantener su presencia sin ser devorada por los metales, éstos capaces de sonar como un inmenso órgano lleno de registros (¡qué tímbrica alcanza con las tubas wagnerianas!) donde las lengüetas de la madera enriquecieron cada intervención, todos capaces de unos balances perfectos para escuchar todo lo escrito en el punto justo, exorcismos con pausas que invitaban a la reflexión por parte de intérpretes y público.

Y final con el Adagio ‘lento, solemne’, plegaria de violines, las variaciones con temas anteriores del propio Bruckner, la sección en forma de coral que él titula como “Abschied von Leben” (Despedida de la vida), los silencios inquietantes que subrayan lo siguiente: la incomprensión y el dominio de dinámicas con que Currentzis parece hipnotizar a todos. El final transmite esa paz que corroboró el maestro con todos «congelados» desde un sepulcral respeto antes de los atronadores aplausos y bravos.

Una Novena de Bruckner que se quedará en la memoria de todos los presentes y un hito más en este auditorio donde la música parece quedar impregnada en cada rincón que por momentos parece devolvernos la espiritualidad de tan grandes obras sinfónicas que en él hemos disfrutado. Currentzis se suma a mi listado emocional dedicado «al amado Dios» (dem lieben Gott).

PROGRAMA:

Anton Bruckner (Ansfelden, 4 de septiembre de 1824 – Viena, 11 de octubre de 1896):

Sinfonía n.° 9 en re menor, WAB 109 (1896)

I. Feierlich, misterioso

II. Scherzo: Bewegt, lebhaft; Trio. Schnell

III. Adagio: Langsam, feierlich

Older Entries Newer Entries