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Hay talento musical en Asturias

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Viernes 17 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Hecho en Asturias: OSPA, Beatriz Díaz (soprano), Jorge Monte de Fez (trompa), Alejandro Viana (violonchelo), Coro de la Fundación Princesa de Asturias (director de coro: José Esteban García Miranda), Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Tchaikovsky, Mozart y Manuel Fernández Avello. Entrada butaca: 5 €.

Penúltimo concierto de la OSPA tras finalizar la temporada de abono repitiendo la apuesta por lo Fecho n’Asturies del año pasado también con la dirección de Daniel Sanchez Velasco y trayéndonos al auditorio ovetense a tres solistas más un estreno absoluto, la apuesta por el talento de esta tierra nuestra. Se sigue a la espera de un concertino por lo que volvía como invitado Benjamin Ziervogel. Preocupante la poca asistencia de público pese a lo económico de las entradas, y eso que los propios intérpretes ya mueven aficionados no habituales en otros conciertos, pero alguien tendrá que hacer una profunda reflexión sobre el éxodo de seguidores que no hubo en otras ofertas musicales de la capital en esta temporada que va tocando punto final.

Tras una presentación por parte de Sánchez Velasco, el concierto comenzaba con Tchaikovsky y sus Variaciones sobre un tema rococó, op. 33, TH 57 (Moderato assai, quasi Andante – Tema: Moderato semplice; Var. I: Tempo della Thema; Var. II: Tempo della Thema; Var. III: Andante sostenuto; Var. IV: Andante grazioso; Var. V: Allegro moderato; Var. VI: Andante; Var. VII; Coda: Allegro vivo) con el último ganador del Concurso Internacional de Llanes 2018, el madrileño Alejandro Viana (1996), a quien la pandemia impidió el premio de ofrecerlo entonces pero quedando saldada la deuda este viernes. Buena interpretación y sonido en esta página maravillosa del compositor ruso, limpio y claro en las variaciones rápidas y cantabile en las lentas, bien interiorizada la obra con una OSPA adaptada en dinámicas y buen balance con el solista como mantuvo Sánchez Velasco a lo largo de toda la obra.

Uno de nuestros solistas de prestigio, a quien disfrutamos por dos veces en este auditorio (2014 y 2016) con la Filarmónica della Scala, es el trompista ovetense Jorge Monte de Fez (1986) que nos brindaría el conocido Concierto para trompa nº4 en mi bemol mayor, K. 495 (I. Allegro maestoso: II. Romanza: Andante cantabile; III. Rondó: Allegro vivace) de Mozart, partitura de referencia en el instrumento del que Monte de Fez brindó un sonido compacto, aterciopelado, bien templado y hasta bello, especialmente en el popular rondó final, con una cadenza en el primer movimiento verdaderamente espectacular. De nuevo la OSPA arropó con corrección y gusto al solista, Sánchez Velasco concertando a la perfección, permitiendo no ya el lucimiento de la trompa sino también el necesario equilibrio de volúmenes, contenidos y en su sitio.

Tras la pausa llegaría el esperado estreno absoluto del valdesano Manuel Fernández Avello (Trevías, 1947), su cantata Señaldades para solista, coro y orquesta, una obra que en cierto modo ampliaba su «Álbum de Canciones» de 2010 para soprano y piano también con la allerana Beatriz Díaz, sobre versos de Juan Mª Acebal, Pín de Pría y Fernán-Coronas. Evidentemente orquestar va más allá, y añadir un coro le da enjundia a ese intento de cantata profana sobre referencias melódicas a nuestro folklore,  especialmente las rítmicas donde no pueden faltar las vaqueiras y añadas.

Con doce números, Señaldades (en asturiano «sentimientos que produce la separación de la persona o cosa querida») tiene una obertura e interludio instrumentales, con los primeros números pares donde interviene la voz solista y después en los impares, alternando con un gran coro conformado en esta ocasión por 42 mujeres y 27 hombres, de orquestación potente en efectivos con abundante viento y percusión más un piano evocador de las canciones primigenias. Ante tal despliegue, evidentemente no se pueden equilibrar volúmenes entre soprano y orquesta pese a los buenos intentos de Sánchez Velasco, incluso «partiendo» la cuerda en algunos números. Tampoco la tesitura para la que está escrita favorece el lucimiento ni siquiera el del coro pese a los efectivos que La Fundación dirigida por mi querido Pepu (hoy sumándose a los tenores) ya con muchas ganas de volver a escena y sin mascarillas. No se les escuchó muy cómodos en ninguna de las cuerdas aunque tengan momentos de «bravura» que al menos sirvieron para desencorsetarse para recuperar el estado de forma coral.

Probablemente la fórmula funcionase mejor reduciendo efectivos hasta una formación más camerística donde ni en los «pianos» pudimos disfrutar, pues la cantata tiene buenos mimbres pero se fue de tamaño. Una lástima que nos impidió disfrutar más de este estreno. Los números de que consta son:

I. Obertura; II. Durme nenu; III. Dende la mesma ventana; IV. Carril vieya; V. La sardinera; VI. Interludio; VII. Coidosura; VIII. La fonte de fascura; IX. Augua de la fonte; X. La nuiche; XI.  Cantar y más cantar; XII. Epílogo.

Sí funcionaron mejor las partes instrumentales pero una lástima el resto, desde la añada del segundo tapada por la orquesta, algo mejor la vaqueira con el coro en el número siguiente, interesante el cambio de lento a rápido del cuarto, y preocupante el undécimo de tempo medio pero con registros extremos y demasiado grave para la soprano asturiana que defendió y se entregó con todo el esfuerzo vocal para esta complicada interpretación de la cantata del compositor valdesano que subió a felicitar al equipo y recoger los aplausos del público. Supongo que en la grabación los técnicos de sonido consigan el balance necesario que siempre mejora el directo, pero queda el sabor agridulce de lo que pudo haber sido y no fue.

Con este concierto, desigual como toda la temporada, me despido de este irregular y extraño curso escolar, esperando que el próximo mejore todo.

Clausura de «Champions»

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Sábado 28 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: Olga Kulchynska (soprano), Emily D’Angelo (mezzosoprano), Oviedo Filarmonía, Vincenzo Milletarì (director). Arias y dúos de ópera.

Tras la cancelación por enfermedad de la directora Yue Bao, Vincenzo Milletarì (1990) se puso al mando de la gala lírica con la que este sábado se clausuraba la temporada de los Conciertos del Auditorio con dos voces muy interesantes como la soprano ucraniana Olga Kulchynska (1990) y la mezzo canadiense Emily D’Angelo (1994) que nos dejaron una velada de altura para un público entusiasmado. No olvidemos que Oviedo, «La Viena española», es especialmente amante de la ópera, y si en el foso la OFil es seguro de calidad, en escena, con un director italiano muy gesticulante pero siempre claro, teniendo que «adoptar» un programa ya definido, estaba claro que la despedida era de «Champions» como muchos madridistas presentes, incluso algún móvil sonando siempre en los peores momentos.

Gala lírica organizada con arias de ambas voces, dúos y oberturas para cada inicio, ópera mayoritaria pero también zarzuela como era de esperar en una ganadora del Francisco Viñas de 2015 y otra de Operalia en 2018, con páginas conocidas que las cantantes tienen ya muy trabajadas tanto en recitales como sobre las tablas, lo que aseguraba un éxito previo corroborado a lo largo de una velada que fue de menos a más.

Las obertura de La gazza ladra (Rossini) a pesar de las siempre vulnerables trompas que remontarían vuelo posteriormente, puso a prueba las agilidades y limpieza de una orquesta a la que vendrían bien más violines pues el resto estuvo bien compensado con el acierto de poner tarima a los contrabajos para conseguir una sonoridad más rotunda.

Aunque el barroco no sea el fuerte de la orquesta ovetense, estuvo bien comenzar con Claudio Monteverdi y el dúo Pur ti miro de «L’incoronazione di Poppea» para comprobar que las dos voces femeninas empastaban a la perfección aunque la soprano parecía volar más alto que la mezzo (ya estamos más habituados a los contratenores) con unos volúmenes algo tapados pero de estilo correctamente cantado por ambas.

Mozart siempre tiene el engaño de su aparente facilidad escondiendo auténticas arias de exigencias vocales verdaderamente exigentes. Del «Così fan tutte» primero escuchamos a Olga Kulchynska un Come scoglio brillantemente interpretado con unos graves poderosos desde un color bello unido a una técnica prodigiosa, y otro tanto del dúo Prenderò quel brunettino con Emily D’Angelo de nuevo más musical y una línea de canto idealmente homogénea.

Salto a la Francia hoy capital futbolística con tres páginas que no pueden faltar, primero y alternando el orden del programa, una musicalmente agradecida canadiense y su Mon coeur s’ouvre a ta voix de «Sanson y Dalila«, una joya de Saint-Saëns a la que los volúmenes orquestales no impidieron escuchar una línea de canto muy sentida con la excelencia de la madera y un arpa brillante, a lo largo de la gala, de Danuta Wojnar. Después Gounod de su «Faust» el aria de las joyas, O Dieu! Que de bijoux para todo el lucimiento de la soprano ucraniana que pese a no estar «mimada» por Vincenzo Milletarì, más preocupado de encajar que de matizar, mostró su gusto y poderío vocal.

Y nada mejor para cerrar esta primera parte que el famoso dúo de «Los cuentos de Hoffmann» de Offenbach, la Barcarola con apariciones enfrentadas de las cantantes convergiendo en el centro,  orquesta inspirada y bien llevada por el italiano, voces con diferentes volúmenes no ya por tesitura, pero de empaste correcto pese a un color similar en ambas de tesituras tan distintas. Lo bisarían al final del concierto.

Tras el descanso la OFil sacaría lo mejor de su versatilidad con la Polonesa de «Eugene Onegin», sinfonismo de altura del gran Tchaikovski para una ópera no muy representada, tempo exigente al que respondieron todas las secciones antes de dejarnos lo mejor del bel canto como son «I Capuleti e I Montecchi» de Bellini que la canadiense pero especialmente la ucraniana, tienen en su repertorio, cambio de vestuario y más interpretación que en la primera parte, comenzando con el aria de mezzo Ascolta! Se Romeo t’uccise un figlio que D’Angelo «destroyer» masculinizada recreó con fuerza y gusto antes del recitativo y aria Eccomi…oh quante volte, personalmente lo mejor de la gala, con el trompa solista perfecto y una Olga Kulchynska que hizo poner la carne de gallina al respetable, filados, proyección, afinación y dominio completo del rol.

No se quedó atrás el dúo Si, fuggire, a noi non resta disfrutando de estas voces jóvenes que ya están triunfando en los más afamados teatros mundiales, más equilibrio de volúmenes y mejor balance orquestal para esta ópera que tengo entre mis referentes.

Y otra aria para disfrutar, más aún en la voz de «la Kulchynska», la bellísima Canción a la luna de «Rusalka» (Dvorák) con una orquesta perfecta, el arpa tan divina como la ucraniana, más un Milletarì cada vez más cómodo con todo, el punto álgido de esta gala.

La presencia de la zarzuela vendría con «La D’Angelo» que bordaría la romanza de «El barquillero» (Chapí) tan poco escuchada, Cuando está tan hondo, con una pronunciación muy trabajada y muy adecuada elección para esta voz de mezzo con agudos y medios potentes que sumados a la musicalidad y entrega de la que dio muestra a lo largo de este recital, remataría el programa antes de las dos propinas.

Tras bisar la Barcarola, las dos cantantes compartieron Chapí con la conocida romanza de «Las hijas del Zebedeo», donde sin entrar en triunfadoras y con un tempo muy ágil, la mezzo canadiense demostró una tesitura ideal para ella frente a la comodidad vocal y de amplio registro de la soprano ucraniana, con un duelo de ornamentos «ad libitum».

Buen cierre en un Oviedo lírico por naturaleza con dos jóvenes cantantes a las que no debemos perder el rastro porque son las voces de este siglo que ya piden paso.

La excelencia inglesa, «of course»

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Martes 17 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Julia Fischer (violín y dirección), Academy of St. Martin in the Fields. Obras de Schubert, Britten, Mozart y Shostakóvich.

Los Conciertos del Auditorio siguen poniendo a Oviedo, «La Viena española», en el mapa de las grandes giras de solistas y orquestas, sobreponiéndose a pandemias, cancelaciones y todo contratiempo porque los muchos años de buen trabajo consiguen que la capital asturiana sea destino preferente para todos. Y este martes de bochorno que finalizaría con un «orbayu» de lo más british nos dejó un excelente concierto a cargo de la legendaria Academy of St. Martin in the Fields con Julia Fischer que volvía al auditorio once años después, actuando de solista pero también de concertino de los ingleses en una velada para recordar mucho tiempo.

No voy a descubrir las excelencias de los «martiners» pero su sonido es de otro mundo que para mí sigue siendo la mejor orquesta de cámara del mundo con un sonido verdaderamente sinfónico: una cuerda rotunda, homogénea, brillante, tersa y aterciopelada, compacta, transparente, trágica y delicada, que domina cualquier repertorio manteniendo su identidad inglesa, el inconfundible sonido que la ha encumbrado desde hace más de seis décadas y manteniéndose en el tiempo, porque la formación que fundase el siempre recordado Sir Neville Marriner sigue renovándose sin cambios, veteranía y juventud en equilibrio constante desenvolviéndose igual de bien desde el barroco hasta nuestros tiempos.

El programa que trajeron a Oviedo en esta gira de Ibermúsica, contaba con la presencia de la versátil e inconmensurable música muniquesa Julia Fischer (1983) ejerciendo de solista de violín en dos rondós que supieron a poco, y dirigiendo como concertino dos obras del pasado siglo que pocas agrupaciones pueden afrontar, organizando los inicios de cada parte con dos «conciertos solistas» continuando con una joya para paladear las calidades de los londinenses.

El Rondó para violín y orquesta de cuerda en la mayor, D. 438 (1816) de Schubert nos dejó buen sabor de boca por un estilo cercano aún al Clasicismo con un protagonismo del violín en este «concierto» para lucimiento como así lo entendió Fischer y una cuerda académica homogénea en cada sección que agrandó esta obra del malogrado Franz. Del «otro» Rondó en do mayor para violín y orquesta, K. 373 de Mozart, con la presencia de dos oboes y trompas, la sonoridad de los «martiners» resultaría aún más grandiosa sin perdernos ni una nota, nuevamente la calidad y calidez de una Julia Fischer, con cadencia propia, que brilla sobrevolando esta jovial composición del genio de Salzburgo dedicada a Antonio Brunetti y en los tiempos de Colloredo que bien recrea la película Amadeus cuya banda sonora está interpretada precisamente por la Academy of St. Martin in the Fields.

Si ambos rondós resultaron idóneos, precisos, bien interpretados para disfrute de la solista, las otras dos obras fueron como dicen en el fútbol, de «Champions»: las Variaciones sobre un tema de Frank Bridge, op. 10 de Benjamin Britten no pueden interpretarse mejor, el homenaje del discípulo al maestro volcando todos los recursos para una orquesta de cuerda camerística, casi de quinteto, con una tímbrica espectacular y unos cambios en cada variación que descubrieron sonidos increíbles, con unas violas estratosféricas y unos graves que parecía imposible tuviesen tal pegada con tan pocos efectivos.  Cada uno de los movimientos no solo subrayan cualidades del «homenajeado Bridge» sino la inspiración del alumno, con un Adagio en la primera variación evocador, un Vals vienés trasladado a la campiña, el humor del Aria italiana, el recuerdo a los vecinos franceses de la Bourrée, un empuje brillante y milimétricamente encajado del Moto perpetuo o una académica pero muy personal Fuga final. Maravilloso ver el entendimiento y afinación, maquinaria perfecta donde Julia Fischer ensamblaba como una más y volaba en sus intervenciones junto al resto de primeros atriles. Si la obra de Britten es impresionante, la interpretación fue de ensueño y pasará a mi memoria como algo inolvidable.

La Sinfonía de cámara en do menor, op. 110a de Dmitri Shostakóvich, un arreglo de Rudolf Barshai del Cuarteto no 8, op. 110 (1960), resultó un testamento todavía vigente cuyo subtítulo reza “a la memoria de las víctimas del fascismo”, extensible a todos los damnificados por cualquier totalitarismo y describiendo la devastación de la guerra (como bien escribe en las notas -enlazadas arriba en obras- de Andrea García Torres), cinco movimientos camerísticos de sonoridad sinfónica a cargo de los londinenses que parecían poner la banda sonora a las imágenes de los informativos desde hace casi tres meses en Ucrania, así como la propia «derrota» de Dmitri ante las presiones de Stalin. Sobrecogedor el IV Largo con los tres acordes repetitivos que la «Academia» nos hizo sentir como puñaladas más que golpes en la puerta, la cuerda agresiva y punzante capaz de volverse aterciopelada y delicada en el final del eterno V Largo, dejándonos arcos arriba el sufrimiento del compositor hecho magia musical con Julia Fischer comandando a la mejor orquesta de cámara del mundo antes de la atronadora ovación.

Y un regalo igual de grande que el resto del concierto: una «recreación con orquesta» de las  «Mélodie», nº 3 de Souvenir d’un lieu cher Op. 42, TH 116 de Tchaikovsky, originalmente para violín y piano, con la excelencia londinense y la alemana dejándonos una de sus obras llevadas al disco para un concierto en vivo siempre irrepetible (con buena entrada «pese» al Jazz en el Campoamor con Paquito de Rivera) de un ciclo que va llegando al final de temporada. Que no nos falte la música.

Barahona de Oviedo a Madrid

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Miércoles 20 de abril, 13:15 horas. Auditorio del CONSMUPA, Oviedo. Juan Barahona (piano). Obras de Mozart, Schubert y Liszt.

Entre las muchas ventajas del jubilado está poder asistir a conciertos matutinos como el del pianista Juan Barahona antes de su presentación el próximo día 29 de abril en Madrid dentro del 20 Ciclo de Jóvenes Intérpretes de la Fundación Scherzo, con un programa exigente y bien «armado» en cuanto a cronología y dificultades, comenzando con Mozart siempre agradecido para los dedos y el alma, un potente Schubert donde Barahona mostró su hondura, para finalizar con Liszt del que también sería la propina.

El 18 de Abril nos han dejado los pianistas Radu Lupu y Nicholas Angelich, ambos ligados al «Ciclo de Grandes Intérpretes» de la propia Fundación Scherzo, pero siempre nos queda la esperanza de contar con una generación joven dando el relevo a los grandes, ley de vida que el tiempo volverá a encumbrar tanto talento aún en un largo camino de inicio para quienes el ciclo de jóvenes abre una puerta siempre necesaria en la capital de España, y que Oviedo ya ha disfrutado de casi todos ellos.

A Juan Barahona le sigo desde sus inicios y puedo asegurar que está en un momento de madurez interpretativa que le hace más que merecedor de figurar en la lista de pianistas actuales, bien formados, trabajadores, implicados e imbricados en su tiempo, con programas variados tanto como solistas, trabajando distintas formaciones y afrontando los grandes conciertos con orquesta, sin olvidar la faceta docente. En «su casa ovetense» nos anticipó lo que sonará en el Auditorio Nacional de Música de Madrid (Sala de cámara).

De Mozart comenzaría con las 12 Variaciones sobre «Ah vous dirai-je, Maman» en Do Mayor, K. 265/300e, el virtuosismo clásico sobre la «Campanita del lugar» que el genio de Salzburgo siempre atesoró desde una alegría infantil imperecedera, engrandeciéndolo con su inimitable creación; continuaría con la Sonata en do mayor KV 330, lenguaje único de engañosa facilidad (como todo Mozart), tempi justos y limpieza pianística en sus tres movimientos que Barahona afrontaría con su escrupulosa búsqueda de sonido claro y ejecución impecable, primera etapa de este viaje pianístico de Oviedo a Madrid.

Un paso adelante con Schubert del que nuestro pianista seleccionaría cuatro impromptus que sacaron a la luz al intérprete  ya maduro que es Juan Barahona, contrastados en intensidades y emociones, primero dos Impromptus op. 90, D. 899, el nº 1 en do menor (Allegro molto moderato) y nº 3 en sol bemol mayor (Andante), amplitud de color y fraseo, claroscuros bien entendidos siempre moldeando el sonido como buen «lector» del mejor Lupu, más otros dos del D. 935, el nº 1 en fa menor (Allegro moderato) y el nº 3 si bemol mayor (Andante con variaciones), hondos, complejos y completos, ricos de matices y sonoridades delicadamente rotundas de las que el también desaparecido recientemente Bashkirov hubiese disfrutado en la interpretación de su aventajado alumno.

Para cerrar este viaje por todo lo alto, última etapa hasta Liszt y dos obras profundas donde la técnica siempre es necesaria pero el talento aún más para poder ahondar en unas páginas llenas de complicaciones emocionales: el Sonetto 123 del Petrarca (de “Années de pèlegrinage II”, S.161/6) y Funerailles (de “Harmonies poétiques et religieuses III”, S.173/7), alto voltaje donde el húngaro repasa desde ese pianismo orquestal su plenitud vital, guiños de polonesa a su «hermano Chopin» en un «funeral poético» escrito sobre el blanco y negro del teclado y la partitura, fuerza física casi maratoniana y todavía mayor la mental, fuerza psicológica para hacer sonar tanta música desde la preparación que el duro trabajo diario supone.

No podía faltar la propina en casa para los suyos, también Liszt, el Valse caprice Nº 6, S. 427 de las «Soirées de Vienne«, la fragilidad poderosa del baile único en la capital mundial de la música desde «La Viena Española». Madrid disfrutará de Juan Barahona como lo hicimos esta matiné de un lluvioso miércoles (ya se sabe que En abril aguas mil) donde el piano puso la luz y el goce de seguir a una juventud que pide paso.

Felices 20 años de La Castalia

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Sábado 26 de marzo, 20:00 horas. Gala Lírica «La Castalia», XX Aniversario: Oviedo Filarmonía, Isabel Rubio (directora), Alejandro Roy (tenor invitado), Olena Sloia (soprano), Vanessa del Riego (soprano), María Heres (mezzo). Entrada libre.

La Castalia del siglo XXI sigue los pasos de aquella de 1873 con más fuerza y apoyando desde nuestra tierra el talento lírico, celebrando una gala lírica de altura que colmó las expectativas, un auditorio lleno que hacía cola una hora antes del comienzo, para reafirmar que Oviedo sigue siendo capital musical y las nuevas generaciones vienen pisando fuerte, tributo a dos generaciones de cantantes y compositores, la segunda labor de esta asociación que preside Begoña García-Tamargo con el mismo entusiasmo que sus discípulas.

Los que peinamos canas disfrutamos viendo la evolución de estas voces a las que conozco desde sus inicios, desde nuestro gran Alejandro Roy, invitado de lujo con sus paisanas Vanessa del Riego y María Heres, más el feliz encuentro con la ucraniana Olena Sloia, comprobar el talento de «las dos G» de la composición actual en Asturias, Guillermo Martínez (1983) y Gabriel Ordás (1999), la madurez de la directora murciana Isabel Rubio llamada a seguir comandando grandes orquestas, y por supuesto la Oviedo Filarmonía que si siempre es solvente, en estos repertorios aún más.

El programa lo dejo aquí encima detallado y paso a comentarlo globalmente: Primera parte operística donde el estreno de la obertura Homenaje a La Castalia de Ordás no pudo ser mejor inicio, aires empujando una apertura de forma clásica, digna de este aniversario que Isabel Rubio llevó al detalle para una sonoridad muy aterciopelada digna de las grandes formas orquestales.

Y abriendo la siguiente parte el segundo estreno de la tarde, Corona de azahar de Martínez, el intermezzo de su ópera «Bodas de Sangre» con aire hispano a más no poder, el mejor tributo a los grandes como Falla, Granados o Turina digna de ser coreografiada por el Ballet Nacional, impresionante instrumentación y excelente interpretación de OFil con Rubio dominadora de todos los recursos utilizados en esta maravilla que espero disfrutar completa en algún coliseo lírico como el que se convirtió el auditorio ovetense en este feliz cumpleaños. Apoyar estos estrenos con el talento de dos compositores que ya tienen su hueco en la SGAE, bien representada por otra asturiana como Mª Luz González Peña, igual de orgullosa de comprobar el talento de nuestra tierra.

De Alejandro Roy insistir en su excelente momento vocal, el aria de «Romeo y Julieta» (Gounod) Ah lève-toi, soleil poderosa y sentida, la romanza No puede ser de «La tabernera del puerto» (Sorozábal) en la mejor línea de canto con gusto y maestría, ambas concertadas a placer por Isabel Rubio, y la propina que siempre pone la carne de gallina cantada por el tenor gijonés, su Cavaradossi que se despide de la vida en «Tosca» (Puccini), uno de los roles que más triunfos le está dando y atravesando la mejor edad para afrontarlo. Gratitud hacia La Castalia que hizo llegar obligando a subir al escenario a Begoña G. Tamargo, y gratitud de un público rendido al mejor tenor asturiano de todos los tiempos.

Otra excelente voz la soprano Olena Sloia, con un Caro nome de «Rigoletto» (Verdi) ideal para su color y emisión, impresionante la actuación completísima de una página tan difícil como el Glitter an Be Gay de «Candide» (Bernstein) y dos romanzas bien cantadas, perlas vocales con un gusto y afinación ideales junto a la orquesta detrás que no bajó el volumen y la arropó con las mejores galas que sacó con buen hacer Rubio, la Canción del Ruiseñor de «Doña Francisquita» (Vives) y Me llaman la primorosa de «El Barbero de Sevilla» (Giménez). Sabiendo el triste momento por el que pasa su tierra, la ucraniana dio lo mejor y el público lo agradeció con grandes aplausos solidarios con su país y premiando la entrega de Olena.

Y las alumnas aventajadas de La Castalia, que van forjando su carrera, la soprano Vanessa del Riego y la mezzo María Heres, voces perfectas para sus dos dúos, el conocido dúo de las flores de «Lakmé» (Delibes) y el de las majas de «El barberillo de Lavapiés» (Barbieri), empaste y trabajo con piano que la orquesta engrandeció haciéndolas disfrutar aún más. La propina de Mozart redondeó este dúo «marca de la casa», el Prenderò quel brunettino del «Cossì», bien de tempo por parte de Rubio y la OFil completando el repertorio y entendimiento de todas ellas, en femenino plural.

De las arias y romanzas, Del Riego cantó Con onor muore de «Madama Butterfly» (Puccini), con una orquesta más fuerte que en el foso lo que no le impidió seguir emocionándonos en este rol, mientras Heres llevó el mayor peso de la velada, dos arias de «La Favorita» de Donizetti, y «Samson y Dalila» (Saint-Säens) muy trabajadas que con orquesta siempre ganan, especialmente su Mon coeur s’ouvre à ta voix, y otro tanto con sus romanzas de «La Malquerida» (Penella) o «Los claveles» (Serrano), un repertorio que va tomando cuerpo y terminará ampliando en una carrera bien encaminada con muchas horas de estudio.

Siempre hay que destacar la Oviedo Filarmonía que como decía anteriormente, es un seguro de calidad en todas sus secciones, y como orquesta de foso tanto ópera como zarzuela están en los atriles desde sus inicios. La línea ascendente es clara y ya tiene su propia personalidad ganada con las aportaciones de batutas de todas las generaciones.

Volver a tener al frente a Isabel Rubio le dio a esta gala no ya la precisión y gesto de la murciana, un portento de la batuta, también la pasión que transmite y una  concertadora que también va formándose a la sombra del trabajo como asistente en muchas producciones (Oviedo entre ellas). El mundo de las bandas de música es una cantera tanto para instrumentistas como para esta generación joven de directoras que comienzan a encontrar su merecido protagonismo y Rubio es una de ellas.

Esperando que La Castalia no desfallezca y encuentre el apoyo necesario para continuar esta labor impagable, centenares de cursos y actividades para seguir formando y apoyando el talento con mucho trabajo a lo largo de estas dos décadas. Como dice el tango «veinte años no es nada» pero el esfuerzo se nota y los frutos podemos compartirlos y disfrutarlos en este Oviedo que sigue siendo «La Viena española» y la mejor aspirante a capital cultural.

Goethe en el lied

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Miércoles 16 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Concierto nº 1648: «La Lírica de Goethe». Lieder sobre textos de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832). Paula Iragorri (mezzo), Marcos Suárez (piano). Obras de Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Tchaikovsky, Grieg, H. Wolf y Camilo Comas.

No cabe duda que el alemán Goethe, de quien se conmemora este año el 190 aniversario de su muerte, está unido a la historia del lied y muchos compositores tomaron su obra para musicarla, siendo el triunvirato por excelencia el formado por Schubert, Schumann y Hugo Wolf como así nos lo contaba mi admirado profesor Emilio Casares en aquellos felices años de facultad.

Evidentemente la lírica de Goethe resultó ideal por su propia musicalidad como bien explica el musicólogo Jorge Trillo Valeiro en las notas al programa de este concierto de la filarmónica gijonesa, apostando por la calidad de cada concierto y la importancia de la voz en una temporada digna de elogio.

De no afrontar un ciclo completo, siempre muy exigente para un concierto de lieder, elegir las obras con Goethe como inspirador resultó una auténtica lección donde pudimos escuchar otros compositores en la voz de la mezzo donostiarra Paula Iragorri Bascarán y el pianista langreano Marcos Suárez, el protagonismo compartido de todo lied que exige además un dominio idiomático, «genético» en Paula, y un compañero de viaje capaz de afrontar cada partitura como una obra solista para poder dialogar, subrayar el texto, completar el espíritu de cada poema, y brillar a la misma altura, disfrutando además de la proyección de Alejandro Carantoña con la traducción de cada canción, otro tanto a favor de la centenaria sociedad gijonesa que además apoya económicamente la rehabilitación de la capilla de San Esteban del Mar en colaboración con el Rotary Club local, cuyo presidente presentó antes del concierto agradeciendo igualmente el apoyo del consistorio.

Muy interesantes tanto las obras como los compositores elegidos, siguiendo un orden cronológico que además, tal y como nos contó al descanso David Roldán, los de la primera parte siendo más jóvenes que Goethe, murieron mucho antes, mientras en la segunda avanzamos hasta un desconocido para mí abogado catalán nacido probablemente en 1880, Camilo Comas y Mora (o de Mora), «distinguido aficionado a la bella música«, pianista entre otros instrumentos más, y compositor rescatado por María Sanhuesa y la propia Paula Iragorri, que indagando por Internet me encuentro algún dato curioso como haber sido miembro de la delegación española en el Patronato del Festival de Bayreuth creado para sufragar el estreno de Parsifal (Wagner), posteriormente su breve paso como juez de instrucción en Ibiza, donde además de dar un concierto vocal e instrumental en el Círculo Agrícola con un programa donde aparece otra obra suya, también parece que estrenaría en la catedral una Pasión según San Juan en 1901, indicando Mossèn Francesc Xavier Torres Peters en su artículo: «El Sr. Comas en las piezas que cantó y en las que ejecutó, demosstrónos nueva vez que, más que aficionado a la música slecta y al canto, es un acabadísimo profesor y un artista consumado«. La obra que cerraría el concierto, Gretchen, Op. 15, inspirada en el Faust de Gounod, con traducción al francés, demostraría no ya el conocimiento musical de sus «vecinos del norte» sino la inspiración y el excelente tratamiento musical con un piano efectista y una melodía vocal compuesta para mezzo, al mismo nivel que sus compañeros de programa en Gijón.

Comienzo con los pioneros Mozart (Das Veilchen, K, 476) y Beethoven para conocer el camino por el que discurriría el lied, la voz con la tesitura vocal central (habitualmente barítonos pero también mezzosopranos) y el piano casi sonatístico, siempre con la música al servicio del texto como así lo entendieron Iragorri y Suárez, transitando al dramatismo romántico del Egmont. Y el culmen de la primera parte con Schubert, que exprimiría a Goethe en sus casi 80 lieder a él dedicados, eligiendo aquí una pequeña muestra, desde el juvenil Wandrers Nachtlied sencillo y honda declaración de amor, hasta el conocido e impactante Erlkönig D. 328 que la mezzo «vivió» jugando con una amplia gama dramática con el piano brillando de forma frenéticamente segura, eligiendo un tempo exigente para ambos y verdadera joya del malogrado compositor vienés. La propina, en esta misma línea de feliz conjunción lírica, An die musik, paso del estilo final clásico al romanticismo del Sturm und Drang, modelos de lied que ocuparán todo el XIX impregnando de poesía las músicas de salón más allá de lo germano.

Variedad temporal y geográfica duranre la segunda parte, primero Schumann, de quien escucharíamos tres de los ocho lied de su Myrtheu, Op. 25, feliz continuador de Schubert, el piano tan poético como la voz, expresividad de Marcos cual narrador descriptivo y subrayado de Paula, cómoda en su canto pese a la exigencia interpretativa. Continuaría la influencia de las «canciones de Goethe» hasta Tchaikovsky, escuchando el último de los 6 romances, Op. 6 (Nur wer die Sehnsucht kennt), optando la mezzo por la traducción al ruso de este rey melódico, la Mignon casi operística con un piano orquestal, más la quinta de las 6 canciones, op. 68 (Zur Rosenzeit) del noruego Grieg, exprimiendo la dramaturgia del texto que el dúo así interpretó, con dominio estilístico y lingüístico de la mezzo de la mano de un piano poderoso, rico en matices, claro y disfrutando ambos de una escritura que ayuda a lucirse.

Palabras mayores, también en lo musical, las de Hugo Wolf y su noveno número, Mignon: Kennst du das Land? (de los Goethe-Lieder, IHW 10), el último romántico del lied camerístico que abriría puertas a los sinfónicos, el culmen de un recital para disfrutar de este género tan difícil, exigente, ideal para la tesitura y color de Paula Iragorri que encontró en Marcos Suárez su igual y fiel acompañante, dos caminantes a los que también cantaría Schubert.

Broche final el agradable «rescate» ya comentado, Gretchen, Op. 15 del citado Camilo Comas, que puso a este catalán al mismo nivel emocional de sus compañeros de programa compartiendo la lírica de Goethe, sin vender almas y girando en la rueca como Margarita. Así lo defendieron y sintieron Paula y Marcos en un programa atractivo para los amantes de este género, feliz conjunción de voz y piano, que como escribió el Padre Sopeña en su estudio El lied romántico (1973), también citado por Trillo, «la música como autobiografía con genial capacidad de transmigración, es lo que hace de la música romántica novedad y constante a la vez«.

Nasushkin: Ante todo, Música

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Domingo 6 de marzo, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Ensemble Ars Mundi: «Ante todo, Música II. El lenguaje común de lo diverso«. Director artístico: Yuri Nasushkin. Jóvenes solistas y conjuntos de cámara. Música española, inglesa, austríaca, alemana, belga, mexicana, checa, armenia, klezmer… Entrada gratuita.

La llegada de Los Virtuosos de Moscú para instalarse en Asturias a principios de los 90 supuso uno de los hitos de nuestra tierra en el ámbito musical, no ya por la talla de los intérpretes bajo el mando de Vladimir Spivakov sino por plantar la semilla pedagógica de lo que sería la mejor cantera de cuerda española en un país que carecía de un plantel con esta calidad. No ya los integrantes, entre los que estaba Yuri Nasushkin, que se unieron a las orquestas asturianas, también sus familias y luthiers que conformaron un tejido musical del que en esta década del siglo XXI podemos seguir disfrutando con muchos alumnos hoy convertidos en profesionales repartidos por medio mundo (Aitor Quiroga, María Ovín, Mª Teresa López, Ignacio Rodríguez, Sergio Heredia y tantos otros que bien lo indican en sus biografías).

Y es que Yuri Nasushkin se implicó desde el primer día en todos los proyectos posibles, profesor, promotor, fundador de una hoy desaparecida JOSPA, que continuaría en Madrid y no digamos los años al frente de la Escuela Internacional de Música de la FPA, hoy en el aire con la «disculpa del COVID», a la que jóvenes venidos de todas partes del mundo acudían en verano a nuestra tierra a seguir sumando esfuerzos en convertirse en músicos profesionales.

Desde nuestra tierra y desde hace más de diez años, el Ensemble Ars Mundi es otro de los proyectos del maestro Nasushkin que tomando prestadas sus palabras, su «principal objetivo es la difusión de la música de cámara a través del diálogo, la colaboración, la empatía, la amistad o la solidaridad, valores siempre presentes en su filosofía» con una plantilla joven de distintas procedencias y nivel de formación pero siempre unidos por esta pasión que les ayuda a «redondear su formación y calidad musical«. De la parte solidaria dejo el programa escaneado porque es otra seña de identidad.

Este concierto, nada anunciado y «ninguneado» por las instituciones tanto locales como autonómicas, pese a lo que supone para estos intérpretes poder demostrar sus progresos y mostrar su valía musical, nos trajo más de dos horas de historia camerística en formaciones variadas con unos músicos pasando del atril al solo con total naturalidad y muchas ganas de seguir trabajando en esta vida llena de esfuerzos que los consejos de sus profesores y el aplauso del público compensan con creces el sacrificio de muchas horas dedicadas a cada instrumento, ensayos, fines de semana volcados en su sana pasión juvenil y finalmente el directo cual examen del que también sacarán su aprendizaje.

Yuri salía con su ensemble tras el acto público de ayer sábado pidiendo con la música el «No a la guerra en Ucrania», él que nació en Kiev y se formó en Moscú, con tantas amistades que saben lo que es emigrar de tu casa, con familias rotas y la música en la mochila, de ahí sus palabras, «Ante todo, música».

Asturias, la «Leyenda» de la Suite «España» (Albéniz) en un interesante arreglo para cuerda del chelista alemán Werner Thomas-Mifune y el venezolano Henry Crespo dirigiendo, abría el concierto, la obra pianística con la gestualidad de Crespo cambiando de momento su clarinete por la batuta, para sacar toda la sonoridad y cambios de tempo de esta universal partitura, también conocida en su versión guitarrística, que lleva el nombre de nuestra tierra.

Con un ensemble ya más nutrido en cuerda y viento (dos trompas y dos oboes) escucharíamos al siempre terapéutico, fácil de escuchar y complicado de ejecutar Mozart. De su Concierto para violín nº 5 en la mayor K. 219 con Anastasia Pichurina Esipovich de solista y Nasushkin nos dejarían el Adagio y Allegro aperto, el paso natural del atril al solo, la escucha en común, la responsabilidad de darlo todo y la implicación de un maestro en arropar un talento aún en desarrollo.

Para los violonchelistas el Concierto op. 85 de Elgar es un referente y del atril al primer plano Paula Qiao Lebon Real nos interpretó en arreglo de Duncan McIntyre de esta bellísima página concertística que la añorada Jacqueline Du Pré ayudó a popularizar.

Llegaría el turno de Jesús Méndez Camacho para interpretarnos el Nocturno para violín y cuerda del armenio Eduard Bagdasarian (1922-2987) en arreglo del estadounidense Jeff Manookian, sonido claro y preciso en una obra que personalmente desconocía, agradeciendo a Nasushkin su difusión, dirigiendo y llevando de la mano al joven violinista.

El Allegro del Cuarteto en sol mayor op. 85 (Dvorak) estuvo a cargo de Nicolás Ferreras, Lucía Yusta, Xiana Baliñas y Paula Qiao, la forma ideal de la música camerística, paso necesario del atril orquestal al entendimiento solístico compartido, que estos cuatro jóvenes dieron con total naturalidad para uno de los cuartetos señeros de la historia musical checa.

Siguiente paso al frente como solista de José María Revuelta con el Concierto para contrabajo y orquesta op, 3 en fa sostenido menor del ruso Serguei Kousevitzky (1874-1951), emigrado a los EEUU. del que interpretaría los movimientos Allegro y Andante en arreglo actual de Isaac Trapkus, contrabajista de la Filarmónica de NY, bajo la atenta dirección de Yuri más el perfecto acompañamiento de una cuerda solo reducida en número pero amplia de sonido. Las correcciones técnicas y los pequeños vicios que se adquieren se irán puliendo, pero evidentemente el concierto del ruso tiene mucha tela que cortar.

De nuevo el cuarteto, esta vez con Anastasia Pichúrina, Cristina Torres, Laura Torroba y Martín Herrera en el Allegro del famoso cuarteto de Schubert La Muerte y la Doncella, D. 810, muy bien interpretado y sentido, entendimiento con cómplices fraseos más una sonoridad compacta digna de formaciones veteranas que demuestran un trabajo previo exigente.

La viola solista de Xiana Baliñas brilló en el arreglo del oriolano Miguel A. Aniorte para el ensemble de la Elegía op. 50 del belga Henry Vieuxtemps (1820-1881) por sentimiento, sonido, entrega y el buen concertar del maestro Nasushkin con «su Ars Mundi», otra oportunidad para los atriles de dar el paso al frente como protagonistas, que no desperdició la joven violista gallega.

Y original el arreglo con el dúo Rodrigo Aguilera – Martín Herreras de dos de las tres «Danzas latinoamericanas» del chellista y compositor de Monterrey José  L. Elizondo (1972), buen discípulo y seguidor del mexicano con orígenes asturianos Carlos Prieto, que con Otoño en Buenos Aires y Pan de azúcar, trae los aires porteños y brasileños a la viola y el chelo plenamente actuales, apostando Ars Mundi por jóvenes compositores desde sus inicios, sonidos de hoy con dos instrumentistas que se entendieron a la perfección, y un violoncello potente que se nota es el instrumento de Elizondo.

También nuestro compositor Guillermo Martínez arregló las Estampas klezmer basadas en esa danza tradicional, con el Freilech que nos devolvió a Henry Crespo como virtuoso del clarinete, un músico integral egresado de «El Sistema» venezolano (como los hermanos Valeria y Marco Pérez, hoy en los atriles de chelo y contrabajo, todos afincados en Mieres), con un ensemble potente de cuerda, dos trompas, trompeta y percusión que contagiaron la alegría de esa música instrumental festiva que en el pasado se interpretaba en las comunidades judías de Europa del Este como acompañamiento de bodas, festividades religiosas alegres, la celebración de la Torá o la inauguración de una nueva sinagoga. Esta vez la festividad fue musical de principio a fin aunque todavía quedaba el broche emocional.

Yuri Nasushkin con el violín y después acompañado de su Ensemble Ars Mundi nos interpretaron el Himno de Ucrania más sentido que nunca, aunando deseos y esperanzas, hermanando músicos de todo el mundo y amigos soviéticos, hoy asturianos, que no entendemos en pleno siglo XXI la sinrazón ególatra de los dictadores. Pero este domingo «Ante todo, Música».

Músicos:
Violines: Nicolás Ferrer, Jesús Méndez, Anastasia Pichurina, Alba Tocino, Daniel Arnaldo García, Cristina Torres, Lucía Morales, Mencía Gómez, Hannah Kaupp, Carolina Cortijo.
Violas: Marina Gramaje, Rodrigo Aguilera, Laura Torroba, Xiana Baliñas.
Violonchelos: Martín Herrera, Paula Qiao, Lucía Hermida, Valeria del Carmen Pérez.
Contrabajos: José Mª Revuelta, Marco Pérez.
Oboes: José Ferrer, Silvia Andueza.
Clarinete: Henry Crespo.
Trompas: Jaime Sixto, Lucía Díaz.
Trompeta: José Ruibal.
Percusión: Sara González.
Profesor colaborador: Vadim Pichurin.
Compositores colaboradores: Guillermo Martínez, Miguel A. Aniorte.
Director artístico: Yuri Nasushkin.

Música para el dolor

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Sábado 5 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Oviedo Filarmonía, Michael Barenboim (violín), Amihai Grosz (viola), Lucas Macías Navarro (director). Obras de Mozart y Beethoven.

Tiempos de dolor, de pérdidas humanas como la de Francisco González Álvarez-Buylla, Paquirri Buylla, muchos año presidente de la FMC ovetense con la música como bandera, de miles de muertes por la invasión rusa de Ucrania con bandera en la silla vacía, homenaje a una componente de la Oviedo Filarmonía… a ambos dedicó Lucas Macías la Quinta de Beethoven, tras la Concertante de Mozart, dos  obras de estos genios que vivieron tiempos convulsos, como los actuales, y cuya música siempre supone una luz de esperanza, además de balsámica para tanto dolor, pues ninguno renunciaría nunca a la verdad ni a la libertad, y así sentimos todos este concierto.

Con dos grandísimos intérpretes de sus respectivos instrumentos, el violinista francés Michael Barenboim (hijo de Daniel) y el violista israleí de «los berliners» Amihai Grosz además del malagueño Jesús Reina como concertino, comenzaba el concierto con la Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta en mi bemol mayor, K 364/320d (Mozart) para una camerística Oviedo Filarmonía de cuerda más dos trompas y dos oboes al mando del titular, el onubense que tras «sacar del foso» a su orquesta volvió a demostrar la calidad de la formación sobre el escenario de un auditorio con excelente entrada, y la versatilidad de esta formación que tras estos años ha conseguido personalidad alcanzando un sonido propio, como así lo demostró en esta joya mozartiana donde prima el diálogo, algo más necesario que nunca en todos los ámbitos, entre los propios solistas y con la orquesta.  Desde un control dinámico perfecto, Barenboim Jr. y Grosz, éste incluso tocando las partes de los violas para no perderse nada y disfrutando como un atril más, nos dejaron auténticas delicias en sus cadencias de los tres movimientos, especialmente  en el Andante central, con un entendimiento al alcance de músicos de esta talla, y las «caídas» entrando perfectamente encajada la orquesta, con un Macías dominador de la partitura (dirigió todo el programa de memoria), atento a esta página donde Mozart bebería de los crescendi de Manheim y los ritmos grandilocuentes y marcados del París donde le pilló la muerte de su madre entre otras muchas más tristezas personales, como bien cuenta en las notas al programa Gloria A. Rodríguez Lorenzo, pero donde la música parece haberle servido de terapia por la alegría desbordante de esta página. Un disfrute para todos esta «concertante» esperanzadora con dos solistas de altura, el lenguaje operístico del genio de Salzburgo donde soprano y tenor cambiaron de género (la violín y el viola) manteniendo siempre  el inimitable lenguaje mozartiano.

La propina de ambos intérpretes, en la onda de los dúos de Fuchs, redondeó una intervención de altura para un concierto lleno de emociones y homenajes antes del siempre omnipresente sordo genial de Bonn.

Para mí la Sinfonía nº 5 en do menor, op. 67 (Beethoven) ha estado presente en vivo desde hace casi 50 años en mi vida (grabada tengo decenas de versiones y formatos que atesoro), en tiempos de esperanza democrática donde la música sobrevivía al régimen franquista sonando en uno de sus máximos símbolos, con tantas vivencias y recuerdos en su escucha que siguen emocionándome. Por todo, tampoco puede faltar en los programas de los conciertos con más frecuencia, una vez perdido «su año 2020» con más dolor y necesidades, año horrible de ausencias siempre presentes, porque cada cada directo siempre es único, cada interpretación irrepetible y el estado de ánimo distinto en cada uno de nosotros.

Macías Navarro aportó una versión propia y digna de reconocimiento, con una OFil entregada a su director y madura: un Allegro con brio sin respiro, casi agobiante, perturbador, con calderones cortos y silencios mínimos, como queriendo esquivar más dramatismos, sólo la música aunque apostando por un empuje «repetitivo» de las cuatro notas que sobrevolarán toda la Quinta en distintos momentos y motivos, brío oscuramente luminoso y valiente. El Andante con moto también personal, ese «andando con mucho» para un tempo más ligero y esperanzador, chelos y contrabajos poderosos (se agradeció la tarima para el cuarteto grave), viento aterciopelado con trompetas naturales, maderas inspiradas y timbales incisivos. En el Scherzo. Allegro Lucas Macías siguió apostando por acelerar paulatinamente los movientos, al igual que nuestro pulso, exigiendo a sus músicos toda la técnica al servicio de esta «broma» que emerge desde la oscuridad inicial del modo menor para ir avanzando en los cuatro movimientos hacia el luminoso modo mayor con toda la plenitud del Allegro final. Relato sinfónico de nuestros tiempos donde el dolor es menos con música y ojalá los dictadores no oyesen sino escuchasen: más música, a su pueblo, y leyeran para conocer la historia, que parecemos empeñados en repetirla.

Reflexión final de madrugada, sin polémicas porque es mía, incluso estando equivocado, que también puedo, quiero y debo equivocarme:

Los sátrapas solo se representan a sí mismos, su egolatría y falta de escrúpulos siempre es reprobable. Leyendo cada día cancelaciones, suspensiones de conciertos y actividades, insultos personales y reproches por «no mojarse» ni criticar al dictador (sea cualesquiera su nacionalidad), se olvidan que esta historia ya se ha escrito muchas veces y no depara nada bueno. Muchos exiliados, más dolor fuera de tu patria, el olvido posterior, la demonización o hasta perder la vida en el empeño. El arte como única forma de vivir, de expresión verdadera e íntima incluso debiendo renunciar a la libertad creativa para poder seguir subsistiendo.

No confundamos dirigentes de países con sus artistas, muchos también luchan desde su patria interior (en este caso cultural y más concretamente musical); la miopía, la ignorancia o el resentimiento sólo nos privarán de ellos aunque siempre sea difícil separar la profesión de la persona, si es que se puede. Seguiré admirando su arte incluso aunque me defrauden como humanos. Errare humanum est, preserverare autem diabolicum.

Martín esencial

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Viernes 11 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono IV «Bruckner esencial»: OSPA, Nemanja Radulović (violín), Jaime Martín (director). Obras de Mozart y Bruckner.

Mientras seguimos a la espera del nombramiento del director titular para nuestra orquesta, al menos regresan al podio directores que dejan huella en ella como es el caso del santanderino Jaime Martín (1965), que incluso durante la pandemia nos dejó una Séptima de Beethoven para disfrutar desde casa.

Este cuarto de abono (tras la suspensión del tercero por avería de la caja escénica) nos traía a Gijón y Oviedo dos obras que ponen a prueba toda la complicidad de una orquesta con el podio, de nuevo química y entendimiento entre ambos, junto a la presentación del violinista serbio-francés Nemanja Radulović, al que tendremos que seguir muy de cerca, procedente de un país pequeño con mucho talento incluyendo el musical, toda una generación de jóvenes intérpretes balcánicos muy activos y populares en las redes sociales, hoy verdadero escaparate necesario para llegar a todos los públicos que habrá que captar para la música en vivo, pues la imagen y el talento son la mejor carta de presentación.

Nunca está de más escuchar a Mozart con una plantilla ideal para él.  El Concierto para violín nº 3 en sol mayor, K. 216 resultó de una luminosa y juguetona interpretación a cargo de Radulović por su impecable técnica, sonido maravilloso y visión propia teniendo a Martín de perfecto cómplice concertador. Las cadencias de cada movimiento fueron perlas llenas de amplísimas dinámicas, con unos pianissimi en todos muy cuidados dentro de un balance orquestal idóneo donde toda la cuerda, esta vez con el «Quiroga asturiano» Aitor Hevia de concertino invitado, nos dejó un tercero de Mozart imprescindible, tres movimientos a cual mejor y sin perder la homogeneidad, disfrutando sobre todo del Adagio, casi como un aria operística cantada por el violín lírico del serbio, verdadera «prima dona de las cuatro cuerdas», y el Rondó lleno de cambios en una agógica enloquecida pero bien entendida por todos los intérpretes que encajaron y se entendieron gracias a esa virtud de escucharse unos a otros.

Éxito clamoroso de este virtuoso del violín que sigue asombrando en las redes y nos dejó boquiabiertos con las Variaciones de Sedlar sobre el último Capricho de Paganini, capaces de acallar las toses que sobraron en los silencios mozartianos, endiabladamente envidiable y broche de oro para su primer viaje asturiano, que espero no sea el único.

Nuestra orquesta pienso que necesita más Bruckner, tiene músculo para él, y el director cántabro lo sabe, conocedor de todos los efectivos a los que exprimió al máximo en la Sinfonía nº 4 en mi bemol mayor, WAB 104 «Romántica» (versión 1880), no solo por unos bronces poderosos y que son un auténtico órgano sinfónico, también la madera segura y de presencia idónea en esta «romántica», los timbales mandando y al fin una cuerda compacta, tensa y tersa, nítida, presente ante el empuje del resto de secciones y capaz de «sobreponerse», seguir sonando precisa y aunada. Tal vez faltasen más graves pero el trabajo de violas, cellos y contrabajos por mantener el necesario equilibrio dinámico, así como la maestría de Jaime Martín en controlar cada detalle, redondearon una sinfonía imprescindible en los atriles de nuestra orquesta.

La elección de los tempi por parte del director santanderino fueron casi al pie de la letra según las indicaciones que comenzarán a ser más precisas e indicadoras de lo que el compositor deseaba en los albores del siglo XIX, con menos subjetividad que los genéricos términos italianos siempre dudosos, sin contar con las anotaciones a lo largo de cada movimiento, descriptivas y detallistas como en Bruckner era habitual.

No hubo dudas en ninguno de los cuatro movimientos, bien «leídas» por orquesta y director, comenzando con el primero «movido, no demasiado rápido» (Bewegt, nicht zu schnell), ese inicio de la trompa anunciando el nuevo día, como llamando a la puerta para lo que vendría a continuación, reguladores y frases que parece no acabar, volúmenes impactantes pero contenidos, cuerda maleable, sedosa y rugosa según se lo pedía Martín. El segundo «tranquilo y casi rapido» (Andante – andante quasi allegretto), para disfrutar de la cuerda y cada matiz, con metales y maderas cual tubos de lengüetería y bisel de registros únicos para el «órgano sinfónico». Verdaderamente «emocional» (Bewegt) el tercero, espectáculo de fuegos artificiales de trompas, metales al completo y tutti, una montaña rusa que no frena, broma de scherzo en este derroche sonoro que impacta, contrastes dinámicos y rítmicos, las emociones de Bruckner con reminiscencias wagnerianas y siempre necesarias para entender mejor a Mahler, la pletórica Viena toda ella metida en este movimiento con una orquesta entregada, concentrada, atenta y equilibrada al mando claro y preciso del maestro cántabro.

Y el último «movido, pero no demasiado rápido» (Bewegt, doch nicht zu schnell), el paso de la sombra a la luz cegadora, la esperanza en el más allá, visiones y convicciones religiosas, banda sonora de monumentales decorados, procesión no al cadalso sino al paraíso sonoro, estallidos de metales y oraciones de cuerda en un tránsito orquestal que Marina Carnicero en sus notas al programa llama «Un canto de amor a la naturaleza». Cuarta sinfonía romántica, esencial y pletórica gracias al buen hacer de Jaime Martín que volvió a conectar con la OSPA, sensaciones que se notan y transmiten a un público no tan numeroso como querríamos, pero agradecido de conciertos como este cuarto de abono.

Quintetos históricos: alma, corazón y vida

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Miércoles 9 de febrero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Concierto 1645 de la Filarmónica de Gijón. Ensemble 4.70. Obras de Mozart y Brahms.

La Filarmónica de Gijón, muy activa en las redes sociales, escribe cómo los dos quintetos de este miércoles forman parte de su propia historia: «Podría decirse que «se estrenó con el quinteto de Mozart, que fue interpretado en las sesiones inaugurales de la Filarmonica el 7 de mayo de 1908 (concierto n.°2) con el Quinteto de París; el de Brahms fue interpretado el 23 de diciembre de 1922 (concierto n.°150) junto al de Mozart con el Cuarteto Español y el gran clarinetista Miguel Yuste -quien había estrenado en España el quinteto de Brahms en 1893-». También tiene la buena costumbre, amén de comunicar a sus socios el programa de mano y avisar con antelación de cada concierto, de crear una lista en Spotify© (reciente patrocinador del Barça) con las obras a escuchar, lo que supone la mejor preparación para el público: llevarse la lección aprendida para disfrutar del siempre incomparable e irrepetible directo, sin perder de vista la necesaria pedagogía musical.

Por tanto es de justicia destacar el trabajo del nuevo equipo de la Filarmónica de Gijón, con el doctor Antonio Hedreda al frente, y agradecer que vuelvan a sonar estos dos quintetos con una formación de casa y en casa, el Ensemble 4.70, conjunto de intérpretes vinculado a Kras Klásika, proyecto divulgativo promovido por Enrique Valcarce y David Roldán (hoy de intérprete aunque no pudo evitar unas palabras en el intermedio) que incluye un programa de radio (en el 105
FM Gijón) y la organización de conciertos comentados en todo tipo de espacios bajo el lema “Rebélate, escucha música clásica”.

Formado para esta ocasión por ANTONIO SERRANO, clarinete, ELENA ALBERICIO, violín, CARLOS TAGARRO, violín, DAVID ROLDÁN, viola, y SARA CHORDÁ, violonchelo, estos músicos sobradamente conocidos de todo melómano asturiano, nos dejaron estos dos quintetos con clarinete históricos volviendo a demostrar la vigencia de la llamada «Música de cámara» en esta Asturias que sigue siendo una isla cultural desde tiempos inmemoriales, con la visión de futuro y la calidad que todos ellos atesoran. Buena entrada con público de todas las edades, parte de las adultescentes pateando la locución en asturiano (la globalidad llega también a orillas del Piles) y estudiantes respetuosos de principio a fin (alguno preguntaba al salir por la causa del zapateado).

Los dos quintetos requieren como el bolero «Alma, corazón y vida» en la misma proporción para una interpretación más allá de la asepsia que sobrevoló todo el concierto. Alma la puso Serrano por el importante papel del clarinete en las obras, lo que le perdona un «leve despiste mozartiano» rápidamente «reenganchado» o su continua preocupación por mantener su instrumento en las condiciones idóneas; corazón el cuarteto de cuerda aunque les exigiría una afinación más precisa e ir más allá de lo escrito, como se dice coloquialmente echar toda la carne en el asador precisamente para echar más leña al fuego, ya que no se hubiera quemado reconociendo que «El cuarteto», además de una genial película, exige años de convivencia para mantener un mismo corazón latiendo, algo que en un ensemble puntual se hace imposible por mucha profesionalidad y años de experiencia que tengan sus componentes.

Al menos la vida está en las dos obras elegidas para esta parte de la historia local, un homenaje con pasión hacia un instrumento como el clarinete por el que tanto Mozart pensando en Anton Stadler (1752-1812), como Brahms en Richard Mühlfeld (1856-1907), escribieron estas joyas, bien explicadas en las notas al programa de Mar Fernández, otro «fichaje» de la directiva gijonesa.

El Quinteto para clarinete en La mayor K. 581 de Mozart, contiene melodías que han servido tanto para programas radiofónicos, anuncios y bandas sonoras, especialmente su Larghetto que emparenta con el concierto más cinematográfico del genio de Salzburgo, movimiento donde Serrano Argüelles dejó alma y vida mientras el cuarteto arropó con corazón, «despertando» en el Allegro con variazioni, con más presencia de Albericio. Destacable en todos ellos las dinámicas, especialmente los pianissimi tan difíciles y necesarios para enriquecer y revivir las notas escritas.

Del Quinteto para clarinete y cuarteto de cuerda en Si menor op. 115 de Brahms, comentar nuevamente la implicación de Antonio Serrano, «cantando» y enamorando como a los compositores de este miércolerd, y las partes «solistas» de viola o chelo que, sin entregarse del todo, al menos subieron un poco de temperatura a un corazón con pocas pulsaciones, deteniéndose en ese último compás del Con moto que pareció quitarnos la vida tras dos quintetos con más corazón que alma con la melodía principal que resuena al principio y final, ciclo vital, aunque sigua recordándome parte del estribillo de El ruiseñor de Luis Mariano, quién sabe la razón pero estaba yo muy sesentero.

Gratitud por el esfuerzo que siempre supone el trabajo previo de las obras y subirlas a escena para compartir con un público variado y venido de distintos puntos del Principado como bien comentó David Roldán aunque se olvidase de Mieres donde además no todos somos sportinguistas. Pero «La minera» además de una hamburguesa especial de McCharly, es la autopista que nos comunica con la capital de la Costa Verde por la que transito a menudo como un caminante musical, siempre sonando Radio Clásica que en el viaje de ida me ambientó Noelia Rodiles desde la Fundación March, y la vuelta Capriccio, el Winterreise tan cercano en el tiempo, y llegando a casa precisamente sonaba «Música con alma» (aunque ya tenía elegido el título de esta entrada).

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